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[Social] Relajándose puertas adentro [Privado Elise]

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[Social] Relajándose puertas adentro [Privado Elise]

Mensaje por Marc el Jue Mar 23, 2017 6:44 pm

Estirandose en el suave colchón, Marc soltó un suspiro mientras una sonrisa relajada surcaba su rostro. La habitación se encontraba vacía y en silencio, salvo por los crujidos que venían de las pequeñas urnas de barro con los pocos especímenes que había capturado por el camino. Ya para él, ese nivel de ruido era equivalente a un silencio de ultratumba.

Rodó por la cama en toda su extensión, disfrutando el poco habitual tiempo de distensión. Su hermana había salido con el príncipe Xander a asuntos, intuía, demasiado violentos y físicos para su gusto. No que despreciara la violencia, pero la violencia era en su vida algo que le pasaba a otro, en general, por ordenes suyas.

...Si quien recibía los actos de violencia estaba maniatado ya era otra cuestión, que aunque entraba en su jurisdicción y prospecto de trabajo, requería circunstancias más peculiares que el contar con una persona privada de su movilidad. Circunstancias religiosas, principalmente, o científicas en casos más personales. Pero era ya divagar en aspectos poco importantes y demasiado minuciosos hasta para él.

Tras una eternidad de descanso, cuanto mucho unos minutos a estándares de medición normal, se incorporó al fin de su cama y se acomodó sus ropajes de la mejor manera posible. El espejo en el cuarto de invitados en el frió y subterráneo castillo le devolvió aquel rostro familiar que veía con placer día a día en su hermana. Claro, el de ella portaba un significado aun mayor que aquel en el espejo, pero mínimamente debía mantener un cierto porte e imagen por la simple relación que ambos cuerpos tenían. No podía dejarla mal parada, aun si fuera indirectamente, y mucho menos en la base del único gran aliado con el que su fe contaba.

La gloria de Plegia, el Eterno y de su hermana estaban todas en juego unidas muy de cerca una de otras. Por no decir que la gloria de una parte era directamente equivalente al de la otra... Pero nuevamente, divagaciones eternas que nunca terminaría si seguía aquella linea de pensamiento.

Una vez listo, preparó el papel y tinta que Xander había ordenado les proveyeran  (no malgastaría recursos de viaje cuando le eran ofrecidos sin costo alguno) y tocó la pequeña campana de servicio para invocar a un sirviente a sus aposentos. No estaba acostumbrado a aquel protocolo, solía en Plegia no necesitar una campana cuando estaba en servicio y era adepto a la filosofía de "hagalo usted mismo" en sus escasos ratos libres... pero había una verdad mayor afectando su accionar en aquellas circunstancias: el castillo era un laberinto en si mismo, y tenía muchas paradas en el día como para andarse perdiendo por allí (ya para eso harían una excursión nocturna con su hermana en cuanto sus obligaciones se lo permitieran).

¿Las paradas que tenía en mente? Pues claro... ¡Libros! Religión, guerra, e incluso sobre el mundo animal de Nohr con la esperanza de obtener datos concretos de donde encontrar más especímenes para su colección ¡No había empacado jarrones de más por nada!

El príncipe Xander les había prometido acceso a su biblioteca personal, y estaba la capilla personal de la familia real con sus bibliotecas de teología, y pequeños caches de libros varios que podría inspeccionar con tranquilidad aprovechando su soledad de aquel día... ¡Era perfecto!

Sentado en borde de la cama, sus piernas se balanceaban casi por vida propia de la emoción, en espera a que su llamada fuera atendida ¡Qué emoción!
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Re: [Social] Relajándose puertas adentro [Privado Elise]

Mensaje por Elise Nohr el Lun Abr 24, 2017 2:09 pm

“Y la topografía arisca y seca del terreno hace dificultoso los cultivos. A pesar de que normalmente las zonas volcánicas suelen ser zonas fecundas para los pastos, la ausencia de lluvias y la pocos momentos de Sol hacen de las tierras de Nohr en su mayoría estériles y ZZZzzzzz…”

Aburrida. Muy aburrida. Muy muy aburrida. Elise se encontraba en la biblioteca del castillo, leyendo uno de esos pesados y complejos libros, éste de geografía natural del reino, que según decía tenía que aprender para ser una princesa modelo. La princesa no lo entendía ¿de qué servía conocer todo ese conjunto de datos tan sosos y obtusos? ¡Para nada! ¡Seguro que para nada! Era todo aquello una gigantesca y colosal pérdida de tiempo. Tiempo que podría estar dedicando en ocupaciones mucho más importantes y satisfactorias como jugar con sus hermanos.

Pero no, sus hermanos estaban ocupados, y los mentores que habían puesto a cargo de Elise no dejaban tregua a la princesa. Ahí estaba, sentada en una mesa con un enorme libro casi de su mismo tamaño, leyendo aburrida bajo la atenta mirada de uno de sus mentores, dentro de la sala que se utilizaba como biblioteca personal de su hermano mayor Xander. La pobre princesa debía hacer esfuerzos titánicos para que no se le bajaran los ojitos y acabase durmiéndose con la cabeza apoyada encima del grueso volumen. Ya había pasado tres veces en aquel día, y había sido reñida ambas veces con cierta dureza al ser descubierta. Para la pobre Elise aquello era una tortura. Los libros habían sido creados para torturarla. Si alguna vez llegaba a gobernar, ordenaría que se quemaran todos los libros, o que se vendieran y con el dinero comprar chuches para todos.

-¿Cómo? ¿Qué me llama el consejero real? Está bien, voy para allá.-Elise levantó la cabeza y vio como su mentor hablaba con un criado, seguramente enviado allí para trasmitirle un mensaje. El mentor se dio enseguida la vuelta y se dirigió hacia ella.-Vos quedaros aquí estudiando, princesa. A mi regreso, os haré un rápido examen para asegurarme que os habéis empleado a fondo y que habéis leído todo con dedicación.-y dicho eso, se dirigió con el soldado fuera de la sala.

¿Examen? ¡Noooo! Si algo odiaba más que estudiar es que la examinasen de algo que hubiese estudiado. Elise temía y odiaba los exámenes por igual. No, no podía quedarse ahí. Debía escapar. Sabía que la regañarían si lo hacía. La castigarían. Posiblemente harían algo horrible como dejarla encerrada en su cuarto sin salir un día entero, o dejarla una semana sin postre. Cosas terribles que hacía que su cuerpo temblase. Pero no importaba eso ahora. Cualquier cosa era mejor que un examen sorpresa. No lo dudó un instante. Se levantó en cuanto se aseguró que su mentor había abandonado la sala y salió corriendo en dirección opuesta.

Claro, ¿a dónde podía escapar? Elise sabía que en cuanto el mentor volviese y descubriera que no estaba, daría la voz de alarma y todo el castillo empezaría a buscarla. No era la primera vez que se fugaba, a veces fuera incluso del propio castillo, y por tanto la guardia estaba más alerta que nunca ante cualquier intento de pasar desapercibida de la princesa nohria. No, Elise no tenía intención de escapar esta vez del castillo. No quería ver mundo ni sentirse libre como las otras veces. Sólo quería salvarse del examen. Sólo tenía que permanecer escondida en algún sitio hasta que se hiciese de noche y llegase la hora de la cena, y no hubiese por tanto tiempo para examen alguno.

Fue entonces cuando una criada pasó a su lado. Llevaba un cesto de ropa de criadas recién lavada y secada, trajes de sirvientas oficiales del castillo Krakemburg. Elise tuvo una idea maravillosa.

-¡Hola, perdona! ¡Je je!-Elise no podía disimular una risa tonta cada vez que iba a hacer alguna trastada.-Verás, me ha dicho mi hermano Leon que necesita de una criada para una tarea urgente ¿podrías ir? Será sólo un segundo.
-Vuestro hermano… ¿El príncipe Leon?-la criada se sonrojó un poco. Parecía ser que su hermano atraía bastante a las criadas mujeres, por alguna razón que Elise no terminaba de entender.-Encantada lo haría, pero debo llevar este cesto hasta las cocinas para las sirvientas y…
-¡Sólo será un segundo, créeme! Y estoy segura que mi hermano te lo agradecerá de todo corazón, je je.-Elise no estaba acostumbrada a mentir de esa manera, y se le notaba a la legua, pero la criada, cegada por sus juveniles sentimientos por el príncipe nohrio, no notaba el engaño.-Mira, yo me quedo aquí guardando el cesto, así te das más prisa. Corre no vaya a ser que otra se te adelante…
-¡Eso jamás! Gracias por vuestro aviso, princesa. Con vuestro permiso.-Y prácticamente dejando caer al suelo el cesto, marchó la criada corriendo en dirección a los aposentos del príncipe Leon.

En cierto modo, Elise se sentía mal por la mujer. Pero más mal se sentía por tener que hacer un examen, por lo que rápidamente se tragó la culpa y empezó a buscar entre aquel cesto un traje que fuera de su talla y le sirviera. Afortunadamente, el castillo contrataba sirvientas desde bien jóvenes y por tanto había más de uno que servía para la princesa. Elise se escondió detrás de una enorme cortina, y lo más rápido que pudo, logró colocarse todas y cada una de las prendas. Se miró rápidamente en el reflejo del cristal de la ventana y pudo ver con orgullo que lo que veía era la imagen de toda una sirvienta ¡El disfraz era perfecto!

O lo sería si no fuera porque en ese castillo todo el mundo la conocía. Y por muy vestida de sirvienta que fuera, todos sabrían que en realidad era la princesa. Por tanto, sólo quedaba otra solución: ir a algún lugar del castillo en donde no la reconocieran. Sin embargo, sólo existía en la mente de Elise un lugar así, las alcobas de los invitados.

Al castillo Krakenburg venía gente de distintos reinos en misiones diplomáticas que la princesa desconocía por lo complejas que son. A algunos pocos los llegaba a conocer, en cuanto que participaban en eventos oficiales dentro del castillo en los que la princesa debía de estar presente. Pero cuando eso no sucedía, la mayoría de las veces la guardia y los criados exigían a la princesa que se mantuviese alejada para “no molestar” a esas personas invitadas. Por lo que esa mayoría de las veces, esa gente no llegaba a conocer a la princesa.

Esa gente, si la viera ahora, pensarían que era una criada normal y corriente.

Elise sabía que había gente así ese día. No sabía quiénes eran, pero había oído hablar a un par de criados de que su hermano Xander tenía intención de reunirse con una pareja de hermanos de ¿Plegia era? Da igual, el caso es que ellos no sabían quién era Elise, y por tanto, podía funcionar el truco, como funcionaba el truco con la gente de Wildmire cuando iba disfrazada de florista por sus calles.

Elise metió su ropa de princesa dentro del cesto y lo dejó apartado y abandonado a un lado del pasillo. Lo que siguió fueron auténticos movimientos furtivos, avanzando de un lugar a otro de la sala sin ser vista, ya que si un guardia la veía con ese disfraz, no sólo la regañaría por escapar de sus lecciones, sino que también le exigiría explicaciones de cómo iba vestida. Afortunadamente, las habitaciones para los invitados no estaban lejos, sólo un par de pasillos, y no se encontró con ningún soldado que pusiese en peligro todo aquel plan.

La idea era sencilla. Entraría en la alcoba inventándose alguna excusa y trataría de permanecer allí el mayor tiempo posible en compañía de ese invitado. Con suerte, el invitado o invitada era alguien agradable y divertido, con el que poder jugar todo el rato hasta que se hiciera la noche. A lo mejor odiaba también los libros ¡Eso sería fantástico!

Cuando llegó a la puerta de una de las habitaciones, escuchó el sonido de una campana. Elise sabía lo que significaba, ella misma tenía una en su habitación, aunque le habían dicho que sólo debía usarlo para emergencias, tras abusar de la misma para llamar a criadas con las que jugar. El caso es que aquel sonido era un regalo de Anankos ¡No tendría que inventarse una excusa! Sólo tenía que acudir fingiendo que lo hacía para responder a la llamada, y a partir de ahí, ganar todo el tiempo que pudiese. Menos mal que no había nadie cerca que escuchase también la campana, seguramente quien estaba al cargo se habría ausentado para ir al servicio o alguna otra razón. A Elise también le pasaba cuando la usaba, esos cacharros no eran del todo fiables a la hora de conseguir una respuesta.

-¿Se puede?-dijo la princesa golpeando la puerta con sus nudillos, tal y como lo había visto hacer a decenas de sirvientas en el castillo.

Elise esperó la respuesta y cuando la obtuvo, tomo aire y cogiendo la puerta del manillar, la abrió y entró cerrándola dentro de sí con total rapidez.

-Esto… ¿Puedo ayudarle… en algo, señor? Je je.-dijo un tanto titubeante y riendo un poco al final, intentando fingir ser una criada profesional sin demasiado éxito por su parte.
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Re: [Social] Relajándose puertas adentro [Privado Elise]

Mensaje por Marc el Miér Jun 28, 2017 9:13 am

-Adelante- respondió inmediatamente cuando la puerta fue llamada, sintiendose un poco raro en la situación. Nuevamente, si estuviera en Plegia sus subordinados entrarían sin más si fue solicitada su presencia, le era molesto el seguir protocolos extra innecesarios cuando estaba en cumplimiento del deber. Y siempre estaba en cumplimiento del debe en Plegia, de una forma u otra.

Una joven sirvienta de cabellera rubia hizo acto de presencia, e instantaneamente aquella sensación de haberla visto antes resonó en su cabeza. Se jactaba de una buena memoria, cualidad que desde temprana edad se había esforzado en desarrollar y mejorar dado las circunstancias peculiares de su hermana... Pero aun para él, distinguir en uniforme una persona de las otras tantas era una tarea casi imposible.

Posiblemente le había visto en el servicio de cena o circulando por los pasillos tras su llegada. Por su linea trabajo intuía estaba acostumbrada a ser una figura carente de individualidad en el montón por lo que se encogió de hombros, ignoró aquela sensación  y fue directo a sus necesidades.

-Ando necesitando guía por el castillo. El príncipe Xander me ha dado permiso de acceso a su biblioteca personal y me gustaría hacer uso de dicho ofrecimiento- explicó sin más en tono casual, procediendo a levantarse dispuesto a comenzar el trayecto. El tiempo siempre apremiaba y ya había perdido mucho en haraganería pura aquel día.

La joven edad aparente de la muchacha le generaba cierta preocupación, aumentada por aquella risa al final que intuía debía de ser nerviosa. No encontraba nada que pudiera ser gracioso en su apariencia, se había asegurado de eso, por lo que inexperiencia y nerviosismo era lo único que venía a su mente como una explicación lógica: debía de ser de sus primeras asignaciones si aún no portaba aquel aire profesional que despedían la mayoría del personal del castillo.

Confiaba de todas formas que si fue asignada a tratos con una figura extranjera, aun si era una más baja que su hermana, estaría a la altura de las circunstancias.

-En marcha- enunció con una sonrisa que no podía contener la emoción de un día de estudio intenso, con los papeles, pluma y tinta fuertemente aferrados en sus manos.

offrol:
sientete libre de romper como desees los sueños e ilusiones de marc(?)
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Re: [Social] Relajándose puertas adentro [Privado Elise]

Mensaje por Elise Nohr el Mar Jul 18, 2017 6:06 pm

El plan era sencillo. Sencillo incluso para alguien tan inocente como Elise. Consistía en ganar tiempo. Debía no sólo actuar como una simple criada del castillo, sino que debía lograr también que la persona invitada la dejase estar escondida ahí un rato, al menos hasta la hora de la cena, donde sería ya imposible obligarla a hacer ningún examen. Todo el castillo estaría buscándola, pero nadie se atrevería a molestar entrando en la habitación de un invitado. Si se quedaba ahí, estaría a salvo. Todo dependía de la persona que estuviera al otro lado de la puerta.

Cuando entró, Elise se llevó una gran sorpresa al ver al invitado ¡Era tan joven! Era mayor que ella, eso estaba claro, pero era muy joven para la clase de gente que solía venir invitada al castillo, o al menos así lo aparentaba. Pelo moreno, ojos rosáceos, parecía no ser un mal tipo. Aunque para Elise, nadie parecía ser un mal tipo.

¡Eso eran buenas noticias! Alguien joven podría ser alguien interesado en jugar, alguien divertido, alguien con el que poder pasar la tarde entretenida y que no tendría molestia alguna en permitir que Elise estuviese allí escondida a salvo de los demás. Elise se permitió sonreír alegremente… hasta que el susodicho joven le dio las órdenes por las que supuestamente la había llamado.

No. Oh no. No, no y no. Eso no era ganar tiempo. Eso era JUSTO LO CONTRARIO a ganar tiempo. Eso eran malas noticias, muy malas noticias.

Elise se había disfrazado de sirvienta y había entrado en esa alcoba para huir de la biblioteca, sólo para que el invitado en cuestión le pidiese ir a la biblioteca ¡¿Y para qué quería ir a la biblioteca?! ¡Ahí sólo hay libros aburridos! ¡Aburridos, incomprensibles, serios y muy aburridos! ¡Nadie en su sano juicio iría voluntariamente allí!

-¿Quiere ir… a la biblioteca…?-preguntó con incredulidad Elise. Se frotó los ojos, casi como para comprobar si estaba teniendo una pesadilla.-¡No podemos ir a la biblioteca! ¡No podemos! No podemos porque… ¡No podemos!

Tenía que pensar en una excusa. Rápido. La que fuese. La primera que se le pasase por la cabeza. Lástima que para ese tipo de cosas, Elise no fuese precisamente la más indicada. Sin embargo, la inspiración llegó a la joven princesa cuando ésta puso sus ojos en la cama del joven invitado.

-No podemos ir a la biblioteca… porque… porque ¡hay una plaga! ¡Sí, una plaga! ¡Una plaga de chinches! Está toda infestada de chinches.-Elise no sabía lo que era una chinche. Sólo sabía de ellas por las veces que una antigua criada suya la había amenazado cuando era una niña (más) pequeña para obligarla a dormir, alertando que si no se acostaba pronto, la comerían las chinches. Pero al ver la cama de invitados, fue lo único que se le ocurrió por relación directa. Elise decidió ir tirando.-¡Las chinches de Nohr son terribles! Se te suben al pelo, se te meten por las orejas y por la nariz, te llegan al cerebro y te comen por dentro ¡Son muy malas!-Esa criada podía ser muy gráfica en ocasiones a la hora de asustar a pobre princesita. Elise recordaba que en aquellos días, pasó noches en vela temiendo que llegaran las chinches a devorarla. Ni que decir que la criada en cuestión fue despedida.-En estos momentos están fumigando la biblioteca para acabar con las chinches. Es más ¡Están limpiando todo el castillo! No es bueno salir ahora de la habitación ¡Es mejor esperar! ¡Unas pocas horas será suficiente! No quiero que se ponga malito…

Elise respiró rápida y entrecortadamente entre frase y frase. La improvisación no era lo suyo, y no tenía idea alguna de saber hasta qué punto su mentira habría logrado engañar al joven invitado. Se obligó a calmarse un poco y trató de dirigir al hombre de ojos rosáceos la mejor de sus sonrisas.

-Pero aunque no podamos salir ¡podemos hacer muchas cosas! Podemos jugar a lo que quiera, será divertido ¡Vamos a jugar! Como señor invitado, puede elegir a qué quiere jugar.-comentó Elise, recordando al final que debía seguir el rol de sirvienta, aunque eso no le quitase las ganas de jugar. Entonces recordó algo importante.-¡Uy! No me he presentado ¡Me llamo Eli… Elaya! ¡Sí, Elaya! ¡Y seré su sirvienta asignada por toda la tarde! ¡Un placer conocerle, señor!-e hizo una reverencia, como había visto hacer cientos a las criadas del castillo.
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Re: [Social] Relajándose puertas adentro [Privado Elise]

Mensaje por Marc el Dom Ago 06, 2017 7:27 pm

La sonrisa se borró de su cara en cuanto oyó que ir a la biblioteca no se podía ¡¿Pero como?! El príncipe Xander le había otorgado acceso, permiso total para zambullirse en todo libro que encontrase allí. Quizás la joven no había entendido que tenía ordenes de ser llevado a donde quisiese y...

Al ahondar la sirvienta en su explicación, su expresión de decepción rápidamente fue cambiando más y más en una total y completamente fascinada, maravillada. Cada palabra abría más y más sus ojos, cada sílaba hacía ensancharse su sonrisa milímetro a milímetro.

¡Chinches! ¡Come cerebros! Era era...

-¡Maravilloso!- enunció sin pensar, totalmente emocionado ante el conocimiento de la existencia de un insecto de tales características. Había escuchado de ciertas hormigas que devoraban carne cual bestias salvajes y contaba en su colección personal con escarabajos que podían limpiar restos y dejar huesos blancos y pulcros pero...

¿Chinches? ¿De ese estilo? ¡Su interés científico se encontraba extremadamente estimulado ante esa idea!

...Pero todo cambió cuando le informó de que estaban siendo exterminados.

-¡No!- gritó, tomandola de los hombros con fuerza y sacudiendola sin pensarlo -¡No pueden matarlas! ¡Son milagros de la naturaleza! Son son... ¡Sirvientes del eterno como nosotros! ¡Tan importantes como tu y yo! ¡Más que tu de seguro!- la desesperación y preocupación por esas pequeñas bendiciones oscuras con múltiples patitas era clara en su voz.

Sus prioridades habían cambiado... ¡Debía salvarlas!

Corrió a tomar cuantos de los jarrones de barro que había traído cupieran en sus manos. -Nada de juegos, Elaya. Ya mismo debemos ir a la biblioteca ¡Toma cuantos jarrones puedas y dirige la marcha!-
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Re: [Social] Relajándose puertas adentro [Privado Elise]

Mensaje por Elise Nohr el Sáb Ago 19, 2017 7:31 pm

La reacción no fue la esperada ¡Oh, no! ¡Nada que ver con nada que Elise se pudiera imaginar!

Elise se imaginaba que el invitado se horrorizaría ante la descripción de las chinches comecerebros nohrios y entonces aceptaría mantenerse lo más alejado posible de la biblioteca. También se imaginaba la posibilidad de que el joven acabara descubriendo el nada sutil engaño de la princesa y le exigiera explicaciones. Pero lo que no se imaginaba, ni se le pasaba lo más mínimo por la cabeza, es que el joven ¡quisiera ver las chinces!

Y no sólo es quisiera verlas. Es que de alguna forma, le entusiasmaban. Podía verlo en los ojos, eran los mismos ojos que se le ponían a la princesa cuando escuchaba que habría doble ración de postre para cenar o que podía pasar la tarde entera jugando con sus hermanos. Era entusiasmo y felicidad ¡Entusiasmo por un atajo de bichos asquerosos! ¡¿Cómo era eso posible?! ¡¿Estaba ese joven mal de la cabeza?! ¡¿A qué clase de loco había acudido para buscar asilo?!

Pero eso no era lo peor. Lo peor es que cuando Elise le contó que las estaban fumigando, el tipo se desesperó, gritando a los cuatro vientos que había que salvar a esas criaturas. Incluso se atrevió a comparar a las chinches con ambos, llegando a decir que las vidas de esos insectos que la princesa se había inventado valían más que ella misma.

-¿Cómo… cómo puedes decir… algo tan horrible?-lágrimas empezaron a asomarse por los ojos de la princesa disfrazada. No eran lágrimas de cocodrilo, es que realmente estaba dolida, porque nadie se había atrevido nunca jamás a compararla con una chinche. Aquello era peor que un insulto, peor que una ofensa. Aquello era una atrocidad.-¡BUAAAA! ¡No soy una chinche! ¡No valgo menos que una chinche! ¡Eres malo por compararme con una chinche! ¡BUAAAA!

El tipo le había ordenado que cogiera un grupo de jarrones de barro, seguramente para meter las chinches dentro. Pero Elise no obedeció. En vez de eso, se sentó en el suelo, llorando con la cabeza metida entre las piernas.

-¡¿Es que nunca… te han enseñado… a tratar… a una señorita?! ¡¡BUAAAA!! ¡Malo, feo, tonto! ¡¡BUAAA!!-insultó la princesa mientras seguía llorando. Ya no importaba mantener el disfraz o esconderse. Aquel invitado le había hecho verdadero daño con sus crueles palabras, y eso era algo que el tierno y frágil corazoncito de Elise no podía soportar.-¡¿Quieres… ir a por… tus tontas chinches?! ¡Vete! ¡Mira lo que me importa! ¡Malo! Pero no esperes… que te lleve… a la biblioteca… ¡Piérdete buscándolas y que te quedes sin cenar! ¡BUAAAA!

Elise trató de buscar algún pañuelo donde sonarse la carita, pero el traje de Maid no llevaba ninguno entre sus bolsillo, lo cual la entristeció todavía más. Se sentía hundida tras haber recibido un golpe a la moral tan fuerte. Ella, a la que todo el mundo le decía lo adorable y tierna que ella, jamás se hubiera pensado que se encontraría a alguien capaz de decirle cosas tan feas.

Ya se había olvidado por completo del motivo por el que había ido hasta ahí. Se había olvidado del motivo por el cual iba vestida de esa forma, en vez de llevar los distinguidos trajes propios de la familia real nohria. Incluso se había olvidado que le había mentido al joven y que realmente no había chinches en el castillo. Sólo sentía tristeza en su corazón. Y haría falta una buena y contundente disculpa por parte de aquel joven, si quería hacer que la princesa volviera sobre sí misma y recuperase su espíritu más pronto que tarde.
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