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El reino del dragón caído [Privado; Henry]

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El reino del dragón caído [Privado; Henry] Empty El reino del dragón caído [Privado; Henry]

Mensaje por Pelleas el Jue Oct 22, 2015 6:09 pm

Finalmente, Plegia. Uno de los destinos originales de su viaje. Las cosas no se habían dado exactamente como lo había previsto y se había detenido en más de un sitio en el camino, por no mencionar la complicada partida desde Daein y el hecho de que llegaba sin la mayoría de su equipaje, apenas con una bolsa que cargaba al hombro. Pero suponía que así era una verdadera travesía, especialmente una en la que carecía de itinerario. El resto de Akaneia había captado su atención y se había permitido aquello que ilusamente llamaba 'ver el mundo', por un corto tiempo, pero Plegia siempre había sido una de sus dos grandes metas.

Existían tan sólo dos grandes escuelas de magia negra en el mundo: la de Renais y la de Plegia. Se decía que el arte se impartía de forma oculta en otros rincones del mundo, había oído inclusive de un culto secreto en Elibe, también era posible que se enseñase en menor escala en algunas de las grandes bibliotecas, que en varios casos hacían las veces de escuelas de sabios. Pero las únicas escuelas que se mantenían en pie, abiertas de forma relativamente pública, eran aquellas. Pelleas no comprendía por qué era tan poco común aquel arte, por qué se ocultaba como si se tratase de algo vergonzoso, mas le alegraba que el menos aquellas dos escuelas existieran. Comenzaría por Plegia y eventualmente vería Renais con sus propios ojos pero, por el momento, sería Plegia.

Descubría que se le dificultaba distinguir entre el internado y la ciudad entera. Sombría, la capital de Plegia contenía en iguales partes emergidos y ciudadanos vestidos en lo que parecían ser los uniformes de aquellos afiliados a la magia, volviéndola un paisaje casi surreal. Permitir que los emergidos recorrieran las calles tan tranquilamente era impensable en cualquier otro sitio del mundo, estaba seguro, e inclusive él había tenido el instinto de retirarse y buscar refugio al ver el estado de las cosas. No tardaba, sin embargo, en darse cuenta de que eso era lo normal en la ciudad, y a paso lento e inseguro volvió a encaminarse por la vereda. Vigiló con cuidado sus pasos, desviándose del camino allí donde cualquier emergido se le cruzara, ladéandose para verlos andar y preguntándose por qué no estaba bajo ataque. Sus miradas inexpresivas ni siquiera se giraban en su dirección. ¿Era acaso por su magia? ¿Su energía? No vestía de la misma forma que los demás magos oscuros, los de Plegia llevaban mucha menos ropa, destinada a un más cálido clima, aunque habían ciertas similitudes. Además, era posible que simplemente percibiesen la misma magia en otra persona.

La ciudad despertaba demasiadas dudas en él. ¿Acaso los emergidos favorecían a los magos oscuros? ¿O se trataba de un experimento extraño que la ciudad entera había acordado realizar? La gente claramente estaba continuando con sus vidas, inclusive había una pequeña feria de compraventa tomando lugar en una gran porción de la plaza principal. Y los emergidos aparentemente no se entrometían. No comprendía nada.

Aunque debía admitir que no se sentía del todo... mal, ni incómodo. Era un tanto inquietante al principio, sí, pero si pudiese saber con certeza que nada le sucedería, seguramente estaría hasta tranquilo. Se acercó a la congregación en la plaza. Quizás sólo debería de preguntar por el internado más cercano, allí resolvería sus dudas con alguien propiamente informado en la materia y continuaría con su pequeña misión personal. Hablar en público y hablar con extraños, sin embargo, no eran exactamente sus puntos fuertes. - Um... disculpe. - Murmuró, tocando el hombro de una mujer de aspecto menudo e inofensivo, quien le miró de una forma francamente escalofriante. Retrocedió y se giró en otra dirección, probando con un joven de delgada complexión y rostro un poco más amigable. - Disculpe. Buscaba direcciones a un sitio en particular. ¿Podría pedirle su ayuda? -
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Mensaje por Invitado el Vie Oct 23, 2015 3:36 am

La aparición de los emergidos en la ciudad había causado caos pero solo por cortos días, los magos oscuros del país descubrieron enseguida la naturaleza poco humana de aquellas criaturas y no tararon en adaptarse, extrañamente los emergidos no atacaban mientras no fuesen atacados y no tardaron en ser parte e la sociedad de Plegia, caminando por sus calles como parte de la población. Si bien en un inicio los habitantes estaban nerviosos con la presencia al pasar de las semanas y los meses fueron acostumbrándose. Dos años después ya es cosa cotidiana verlos marchar.

Y Henry no era le excepción, a decir verdad ni siquiera había pasado por el periodo de adaptación, para cuando lo habían dejado salir del internado ya estaban aquellas criaturas en la calle y habiendo tenido contacto mínimo con la gente en su vida, lo había tomado como algo natural y normal, nunca había estado en una ciudad tan grande, y su pueblito pequeño junto al pantano no era para nada parecido a la ciudad. Sus primeras salidas habían sido acompañadas por alguno de sus profesores, después enviado con un alumno ya graduado y últimamente ya estaba saliendo solo a hacer compras e incluso pequeñas misiones. Se sentía orgulloso de si mismo y de las responsabilidades que se le estaban dando, sobretodo por que hasta había podido ahorrar un poco, muy poco de dinero y quería comprarse algo más que solo los insumos para sus estudios, quizás una decoración para la pared de su habitación en el internado o algún libro... lamentablemente se había desilusionado un poco al descubrir que con unas 5 monedas de oro no podía hacer absolutamente nada, todo lo que veía costaba cinco o hasta diez veces más de lo que tenía. Pero solo recibiendo una muy pequeña suma por algún que otro trabajo que encima tenía que gastar en sus libros e insumos para sus maldiciones, no le quedaba mucho sobrante, incluso había momentos que ni siquiera le alcanzaba el dinero y tenía que improvisar con sus insumos. Pero al menos podía salir.

Tenía una pequeña bolsita con una corta suma de dinero, contado moneda a moneda del internado y le habían enviado con una lista de cosas para comprar, tenía ya más de la mitad en un bolso que colgaba a un lado suyo cruzando con una ancha correa por su pecho y tachaba con una barrita de carboncillo las cosas que ya había obtenido - Veamos~ ya tengo las antenas de grillos, alas de escarabajo brillante, ojitos de renacuajos y ahora a la tienda de polvos. - se giró disponiéndose a cruzar la acera a la otra tienda cuando alguien le dirige la palabra, su sonrisa amplia y alegre le recibió con un tono alegre y algo infantil - ¡Ah~! Claro ¿En que puedo ayudarte? Tengo poco tiempo, así que si quieres sígueme, solo iré a comprar algunas cosas aquí enfrente. Ups. Cuidado por donde caminas. - dijo caminando un poco demasiado alegre entre la gente casi topándose con un emergido que gruñó al ver al peliblanco en su camino pero este apartándose justo a tiempo. Acercándose a un puesto con muchos frascos y cajoncitos llenos de polvos, hojuelas, granulados con diferentes carteles donde dictaban cosas como "Bilis de rata soluble", "Polvo de hueso de zarigüeya" o "hojuelas de hígado de culebra". El peliblanco consultó su lista nuevamente - Jm... ¿Caspa de puercoespín? ¿Crees que aquí dice caspa? - preguntó al joven mago que se le había acercado mostrando la lista con una caligrafía bastante desprolija que no era la suya y no ayudaba que estuviese algo borroneado por estar escrito en carboncillo.
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Mensaje por Pelleas el Vie Oct 23, 2015 1:52 pm

Tal parecía que había acertado en cuanto a la persona correcta a quien pedir ayuda. Ciertamente parecía atenderle de buena gana, pese a que se le veía ocupado, con una bolsa de compras y algo de papel y carbón en mano; no deseaba molestar ni interrumpir, se sentía suficientemente culpable por tener que pedir direcciones, pero era la primera persona que le dirigía siquiera la mirada en todo aquel reino, además de hablarle amablemente y... ¿acaso había estado hablando en voz alta por la calle, aquel joven? En retrospectiva y viendo que iba a solas, se tornaba obvio que había estado hablándose a sí mismo.

Quizás su disposición parecía un poco demasiado alegre, entonces. Tal era su gesto contento y tan amplia su sonrisa sobre su rostro preocupantemente pálido, que parecían entrecerrados sus ojos, pestañas blancas impidiéndole realmente ver su mirada. Por algún motivo, no era del todo tranquilizador. Pero prefería por lejos aquello, con lo que era un poco más fácil lidiar, que la hostilidad abierta o las miradas críticas. Se sentía un tanto menos consciente de sí mismo de ese modo. Esbozando una pequeña y aliviada sonrisa, hizo amago de seguir al otro, encaminando tras los pasos alegres y ligeros su andar dubitativo, cabizbajo. - Sí, se lo agradezco mucho, es sólo que acabo de llegar y estoy un tanto... desorientado. A-Ah, pero seré breve, sólo quería saber cómo llegar a-- - Trastabilló, cortando sus palabras.

No era normal en él tropezar, sí dejar caer las cosas y arrugar cosas con sus manos sin darse cuenta, pero no tropezar. Se había topado con el pie de otra persona. Al girarse para pedir disculpas se encontró de frente con el emergido que circulaba por la vereda, y por un momento se congeló en el lugar. Los había visto antes, ciertamente había conocido muy de cerca ya lo que hacían y lo que eran, pero jamás había tenido oportunidad de ver a uno así, de frente, cerca, quieto. Su mirada encontró los ojos vacíos, destellando un reflejo rojo que no parecía venir de ningún lugar. No había vida allí, menos en la mano fría y pesada que le empujó hacia un lado. El príncipe parpadeó un par de veces, entre repelido y fascinado. Para cuando atinó a buscar con la mirada a su nuevo guía, este se había apartado una distancia considerable ya, detenido frente a otro comercio. De no ser por su cabellera de un blanco puro, no le habría logrado localizar, pues su ropa era igual a la de varios otros hombres en las calles. Se apresuró inmediatamente hacia él.

- ¿Es este el estado normal de las cosas? ¿Con tantos de 'ellos' en las calles? - No se contuvo de preguntar. No contaba con que el hombre fuese un experto, pero si era un ciudadano, algo debía de saber. Mirando el trozo de papel que ponía frente a sus ojos, ladeó la cabeza un tanto y replicó pensativamente. - Tal parece que lo dice, mi duda es si los puercoespines tienen caspa... y donde compraría uno tal cosa. -

Aquella duda se respondió por sí sola al ver el puesto de venta. La nomenclatura de los productos resultaba difícil de creer, mas mirándolos de cerca y a juzgar por el aroma de varios de ellos, no se le ocurrían otras cosas que pudiesen ser. Tal cosa jamás era vista en su ciudad, su reino. Plegia, más que un país extranjero, se desenvolvía frente a sus ojos como un mundo alterno, y aunque en gran parte estaba llena de cosas cuestionables y temibles, de cierto modo le divertía ver aquello. Daein, pese a ser altamente militarizado, carecía de magos oscuros más que algún misterioso druida viajero. El único mago que conocía bien no era otro sino él mismo, solitario en su aprendizaje. ¿Acaso esas cosas se involucraban en el estudio de la magia oscura en Plegia? Examinó todo con interés, por cuanto el otro hombre permaneciese allí. No pretendía interrumpirlo en sus compras, pero no pudo contenerse de al menos preguntar, en voz baja. - Entonces, ¿es usted un mago oscuro? -
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Mensaje por Invitado el Jue Nov 12, 2015 4:45 am

Un muy ligero tintinear de metales le acompañaba, el collarín metálico que tenía bajo el cuello de su capa tenía pequeñas gotas colgando que se movían cuando él lo hacía, aunque en el bullicio no se escuchaba, era suficiente como para llamar la atención de los cuervos que estaban cerca, uno de ellos revoloteando sobre su cabeza buscando pararse en su hombro pero no acercándose demasiado por la cantidad de gente que había a esa hora en el mercado. Henry no podía perder tiempo, si tardaba demasiado se levaría reprimenda en el internado y no quería enojar a sus tutores, sobre todo por que pronto tendría clases y sería malo que faltase o llegase tarde.

El príncipe le habló haciendo que inclinase un poco su cabeza, como un cachorro que intentaba comprender, aún con la sonrisa en su rostro y sus ojos entrecerrados, mirando a su alrededor con algo de confusión - ¿Normal? Si, no veo nada raro... ¿Te refieres a los muertitos andantes? Sí, siempre estuvieron, creo. Al menos siempre los he visto. - contestó con seguridad, aunque la verdad era que hacía apenas un poco más de un año que había terminado los estudios en el internado y unos pocos meses que se le había permitido salir de allí y ver a los emergidos convivir con la gente de la ciudad, durante sus estudios no había salido más que al patio del internado... un lugar con altas paredes de piedra que lo único que tenía de patio era que carecía de techo y se podía ver el cielo. Antes del internado había estado en el pequeño pueblo y ni siquiera había tenido demasiado contacto con gente como para poder, efectivamente, ver que no era nada normal convivir con muertos vivientes. Sin embargo eran útiles a la hora de practicar magia o maldiciones.

Cuando el dueño de la tienda se acercó Henry se giró hacia este - ¡Hola! Veamos... Cinco ojos secos de hurón, 20 patas de grillo, un frasquito de uñas de aye aye y un frasquito de caspa de puercoespín. - el encargado iba juntando las cosas que le iba pidiendo usando sus manos para tomar los cinco ojos que podrían confundirse con pasas si no se miraban con atención, las patas de los insectos, tomando uno de los frascos ya embasados de un estante y mirando mal al peliblanco cuando mencionó el último ingrediente. De mala gana negando que aquello no existía. Henry volvió a consultar la lista y rió alegre - Quizás diga otra cosa... está un poco borroneado... Mmm... puede ser para las pociones yagas purulentas... ¡COSTRAS! ¡Costras de puercoespín! - dijo alegre, el dependiente entregó el frasco y cuando le dijo el precio el mago contó las moneditas, faltándole una se vio algo preocupado pero sin pensarlo demasiado tomó una de las suyas y pagó, recibiendo algunas monedas de cobre como cambio.

Guardando sus cosas en la bolsa que llevaba volvió su atención al pelivioleta asintiendo con la misma sonrisa alegre - Sí, lo soy, recibido del internado de Grima en artes oscuras, estoy especializándome ahora en Pociones, Encantamientos y Maldiciones. Especialmente en Maldiciones, hehe. No pareces de por aquí ¿No tienes calor con tantas capas de ropa? - su ropa era muy simple a diferencia de la ajena, bajo la capa violeta se veía que solo llevaba una prenda superior algo holgada y de tela delgada, si bien tenía unas telas en su cintura y cadera debajo se veían sus piernas preocupantemente delgadas con unas calzas que parecían segunda piel de lo ajustadas que eran, en sus pies llevaba sandalias, nada de botas o calzado cerrado. - Creo que me dijiste que estabas perdido, ¿dónde quieres ir? Ah, mi nombre es Henry~ - al momento de saludarlo finalmente un cuervo se atrevió a acercarse lo suficiente y pararse en su hombro, graznando hacia el joven de cabello violeta, el alvino emitió una sonrisa contenida - Dijo, caw caaaw, que en humano es algo así como un "Hola ¿Quién eres?", parece que le caes bien, normalmente no les gustan mucho las otras personas. -
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Mensaje por Pelleas el Vie Nov 13, 2015 2:55 am

El albino les llamaba muertos andantes ('muertitos', con exactitud). No era nadie para cuestionar, en Plegia debían de saber del asunto mucho mejor que en cualquier otro sitio, al convivir tan cercanamente, pero... no había modo en que le pareciesen muertos. Se movían con tanta agilidad. Tenían las miradas totalmente perdidas y fuera de foco, sí, también parecían carecer de habla, pero sangraban y morían como cualquier cosa viva. Era extraño. Pero si siempre habían estado allí...

Un feliz gritito del mago le sobresaltó, algo sobre costras, que visiblemente no tenía. El príncipe dejó de lado sus distracciones y miró con interés las compras del mago, preguntándose en qué mundo alterno era aquello una lista de compras común, de la que salía uno a cumplir en el marcado de la ciudad. Terminado el mandado el albino se apartó del puesto y Pelleas le siguió en apenas un par de pasos largos, que abarcaban lo mismo que varios del mago de menor altura. No había logrado mirar tanto como había querido, menos memorizar todas esas cosas, perdido como siempre en sus pensamientos. Al regresar a estos, frunció el ceño al captar cierta pequeña anomalía en lo que había dicho el mago. Enseguida intentó retomar el asunto.

- Al decir 'siempre', no habrá querido decir... ¿los últimos dos años? - Se aseguró de no separarse del otro, tanto por ser una persona dispuesta a ayudarle como por el simple hecho de que se apegaba a seguir tras las personas, cuando se lo permitían. Aún si no le hubiese dicho una palabra más, Pelleas probablemente hubiese continuado siguiéndole. - Es sólo hace dos años que han aparecido, o... será que... ¿han aparecido antes aquí? ¿C-Cuanto tiempo es 'desde siempre', exactamente? - Preguntó, adelantándose en ideas. El mago hablaba con tanta ligereza, pero no podía evitar tomarse muy en serio las pequeñas implicaciones.

Entendía, entonces, que se encontraba en presencia de un mago oscuro bastante avanzado. El primer otro mago oscuro que conocía en su vida. Sonrió ampliamente, una mano tensa en la correa de su bolso y la otra inquieta a su costado, jugando con sus anillos al hacerlos girar de a uno en uno; todo el concepto le emocionaba bastante, tenía hasta especializaciones de estudio y no sabía ni por donde empezar a conocer. - ¡Del internado de Grima...! Es que, es justamente allí donde deseo ir. Al internado. Como estudiante, claro está. - Cuando el mago le preguntó por su ropa bajó la vista a esta. - ¿Calor? Um, sólo un poco, no es importante, yo... - Miró el uniforme del otro, de lejos era notorio que se trataba de alguna clase de vestimenta propia de la profesión, de cerca lo único que notaba en particular era que todos estaban muy escasamente vestidos. Las prendas inferiores de Henry le parecían una falda y alguna clase de ropa interior, demasiado revelador para ser de calle. Alzó la vista de regreso, de sopetón, al oír un graznido, encontrándose con la mirada brillante de los pequeños ojos del cuervo.

Plegia superaba su imaginación. Y siendo aquel el sitio de donde provenía la mayor cantidad de magos oscuros, aquellos que compartían su arte, se sentía como una especie de regreso a casa. Un segundo o tercer hogar en el que jamás había estado, pero al que había sentido necesario ir al menos una vez. - ¿Se comunica usted con los cuervos? ¿Es esa otra doctrina que se imparte en el internado? - Preguntó con contenida fascinación; no sonreía demasiado por miedo a verse bobo, no reía en voz alta por miedo a ser ruidoso, no mostraba emoción por miedo a molestar. Pero, al fin y al cabo, un animal no le intimidaba de la forma en que las personas lo hacían, por lo que inclinó la cabeza y respondió lo que el animal supuestamente pedía. - Mi nombre es Pelleas, hijo de Ashnard, rey de Daein. Oh, pero, aquí mi única intención es la de ser un estudiante más, espero que eso esté bien. -
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Mensaje por Invitado el Dom Nov 15, 2015 4:45 pm

Su atención parecía estar dispersa, más dispersa de lo que una persona normal debería estar, casi no miraba al príncipe, ahora se centraba en acomodar sus compras dentro del bolso y con su palma estirada contar las tres moneditas de oro y unas ocho de cobre que tenía, revisando su bolso sacó una más de plata y la juntó con el resto de su dinero... había gastado más de lo que le habían dado y había tenido que utilizar su propio dinero. No se quejaría la verdad, estaba acostumbrado a dar todo por el internado y dedicar su vida y esfuerzos a este, incluso si significaba utilizar su dinero en ingredientes para clases a las que ni siquiera asistía ya. Guardó todas las monedas dentro del bolso ampliando su sonrisa cuando el hombre se presentó y dijo sus intenciones - ¡Oh, oh! ¡¿Quieres ser estudiante?! Y eres un príncipe, que impresionante, pero ¿no te falta gente para ser un príncipe? Siempre que hay alguien de la realeza salen los profesores del colegio y eso. No creo que haya problema con que ingreses, el curso son... - comienza a contar con sus dedos en voz baja antes de sonreír nuevamente más amplio - ¡8 años! Desde que me iniciaron estuve 8 años en el internado y me gradué, ahora estoy con las especializaciones. Seguro que si te llevo te internan pero no puedes salir. - por un momento se enserió - No, no, a Grima no le gusta eso. Te castigan si intentas huír. - volvió su sonrisa usual como si nada - ¡Pero esa parte puede ser divertida! Theehee. -

Al moverse el cuervo se alzó en vuelo y volvió enseguida parándose en el otro hombro, un segundo y tercero se acercaron parándose sobre una farola y sobre el borde de un carromato que vendía algo así como panes pero de un color un poco extraño. A los alrededores habían varios más, pero parados en los bordes de los techos solo se veían si se observaban - Si, hablo con los cuervos y las plantas, pero no me lo enseñaron en el internado, creo que hay un encantamiento que puede abrir brechas de comunicación entre algunos animales puntuales y un mago oscuro, pero se requieren cientos de sacrificios y es un ritual un poco extenso... y no dura mucho. Es una linda experiencia, igual. Fue una buena semana y no sabía que las ratas tenían tanto que contar, hehe. - se giró como si intentase orientarse hasta que vio lo que buscaba. Alzó su mano señalando un edificio oscuro y de altos muros con rejas un tanto lejos pero que sobresalía de entre las demás casas - Ahí es el internado. No necesitas nada, allí te darán ropa, comida y un lugar para dormir, supongo que no tendrán problema en iniciarte. ¡Podría incluso asistir para tu iniciación! O iniciarte yo, pero no creo que me dejen aún hacer iniciaciones yo solo. ¿O ya eres iniciado en las artes oscuras? - sin tocarlo no podía estar seguro de sentir su energía, por lo que prefería preguntar.

Iba a encaminarse pero un par de emergidos se cruzaron, la gente parecía adoptarlos bien entre la población, caminando a la par con ellos y se apartaban de su camino, incluso les guiaban fuera de negocios si alguno entraba por accidente, pero nunca se atacaban entre ellos, convivían como otra clase de habitantes. Henry los miró - No sé... salí del internado hace solo un año, antes no me dejaban salir. Estaba, internado. Hehehehe... - bromeó con lo obvio mientras avanzaba - Tengo que ir a comprar hojas para mis apuntes y termino. ¿Conoce Plegia, señor príncipe? - preguntó aunque realmente no le estaba tratando diferente por su cargo.
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Mensaje por Pelleas el Lun Nov 23, 2015 2:30 pm

No estaba seguro de estar entendiendo las cosas bien. Sentía que hablaba con un niño, un niño que contaba con los dedos y hablaba con demasiada inocencia de las estrictas reglas del internado. Le hacía dudar de si decía la verdad o sólo bromeaba... aunque, juzgando por el segundo en que su sonrisa decayó, habría de decir que todo era cierto, tal cual lo describía. Descubrió que sus palabras animadas y su mirada entrecerrada se tornaban un tanto inquietantes si dejaba de sonreír y, prefiriendo mantener la alegría que aparentemente compartían por el asunto, respondió enseguida. - N-No, no, este, err-- - Carraspeó, demasiado tartamudeo junto, incluso para él. - D-Debería de haber llegado una carta al instituto explicando todo, m-mi estadía sería breve, quizás unas semanas o un par de meses. - Alzó una de sus manos con un tintineo de joyería, brazaletes en sus muñecas y numerosos anillos en sus dedos, portando en su pulgar derecho un grueso anillo con el escudo de Daein gravado. Se lo enseñó al mago con algo de aprehensión, siendo aquella la primera vez que lo enseñaba para comprobar su identidad. - Esto debería comprobar que soy quien digo ser. -

No pudo sino bajar la mano prontamente, los cuervos miraban con mucho interés el juego de luces reflejando sobre sus anillos y brazaletes, sobre las piedras de distintos tonos. Nunca había visto cuervos acercarse tanto a una persona, mucho menos posarse en sus hombros, como una mascota haría; no cabía duda en él que ese hombre debía de hablarles, no veía motivo para dudarlo. Además, el mago le estaba siendo agradable. Pese a la gravedad del asunto y pese a lo bizarro de absolutamente todo en Plegia, hablaba tanto y tan felizmente que no le daba espacio a sentirse observado (la distracción del mago era mayúscula, francamente), ni juzgado, ni siquiera tenía que preocuparse por hablar y, por consiguiente, por su tartamudez. ¡Ni siquiera veía sus ojos! Resultaba fácil ir tras él, escuchando de las maravillas que sólo en Plegia existían, aquella doctrina en la que se había visto tan solitario en Tellius.

Fue asintiendo pausadamente, una pequeña sonrisa curvando la comisura de su boca. Había esperado tanto tiempo para conocer otros magos oscuros, otras personas interesadas en las artes en que él se había embebido de pequeño y que habían guiado su vida. Súbitamente no era el único, sus viejos y tan escasos libros dejaban de ser su única fuente de conocimiento y Plegia se sentía tan novedosa y fantástica, tan familiar a la magia en él, que podía inclusive olvidar su incomodidad para con los emergidos que deambulaban allí. Había ruido donde no debía de haber, tardó en comprender que era otro de sus pequeños episodios de oír cosas que no estaban allí, pero aquello tampoco le molestó; dejó que el ruido blanco le llenase los oídos, estaba acostumbrado a ignorarlo, mas no pudo evitar pensar que el o los espíritus que hacían de su cuerpo un hogar debían de estar felices también. Un pensamiento extraño, pero reconfortante a su modo.

Comenzó a ingorar las voces, volviendo en sí y sacudiendo la cabeza levemente. - Disculpe. ¿Iniciaciones...? - Intentó ponerse al día con las palabras del mago. - Um, ¿creo que ya estoy iniciado? Ya acepté a los espíritus, si es lo que se refiere, aunque estuve solamente yo en el ritual... c-creo que salió bien, sin embargo. - Dijo. Ahora dudaba de si realmente todo aquello estaba bien, si había hecho la iniciación correcta o había algo que se había saltado, mas no tuvo demasiado tiempo de preocupase. Aún sonando feliz en todo momento, el mago de cabello blanco puro le hacía chistes que no entendía del todo y le preguntaba si conocía Plegia. Sonrió, apresurándose a negar con la cabeza y dando un paso más cerca del albino. - ¡N-No! Nunca he estado aquí-- pero estoy encantado de estarlo, no puedo esperar a conocer y... permítame acompañarlo, por favor. No entorpeceré, lo prometo. - Se atrevió a decir. Ya le había apuntado al instituto, pero quería seguir andando, aunque fuese sólo en mandados, ver todo lo posible antes de meterse al edificio del cual probablemente saldría muy poco.
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El reino del dragón caído [Privado; Henry] Empty Re: El reino del dragón caído [Privado; Henry]

Mensaje por Invitado el Vie Dic 04, 2015 1:05 pm

Se encontraba feliz de tener a alguien con quien hablar, más que con algún que otro estudiante en el internado no tenía demasiadas relaciones sociales, y menos con alguien del exterior. Sus salidas siempre se reducían a ir apresuradamente a comprar lo que se le mandaba, encargarse de lo que se le pedía y nada más, regresando tan pronto como podía. Que se le detuviese a hablar e incluso contarle cosas y planes... ¡incluirlo en sus planes! se apegaba demasiado a la gente, demasiado rápido.

Su mirada fue enseguida al anillo, tan brillante y grande, nunca había visto tanto oro en una sola joya y varios pares de pequeños ojitos negros se posaron también en el brillo de tanta joyería, los cuervos parecían que tampoco, sus cabecitas se movieron a la par de las manos ajenas, todas parejas y a la vez como si fuesen un solo ente conectado. El joven peiblanco miró con más atención el anillo llegando a ver el dibujito en este y enseguida sonrió sin terminar de comprender como un anillo podía comprobar que alguien era un príncipe... quizás por lo caro del mismo. Pese a que prestaba atención y hasta se había inclinado un poco hacia la mano, sus ojos parecían permanecer cerrados, apenas asomándose un brillo violeta entre las blancas pestañas, imposible de percibir si no se le miraba sumamente de cerca. A la cercanía el cuervo en su hombro chasqueó su pico en el aire al cerrarlo intentando alcanzar el dedo ajeno el cual bajó antes de que pudiese hacerlo, más bien intentando tomar el anillo - Oh, ya veo... es muy lindo. - dijo refiriéndose al anillo, él mismo tenía decoraciones doradas, pero lejos de ser joyería, como algunas parecían, eran más de protección o sujetar partes de su traje.

Emprendió camino casi enseguida dejando al otro detrás, quería terminar rápido sus tareas así podría centrarse mejor en el joven que lo acompañaba, le llevaría a recorrer varios lugares de Plegia, ya en su mente pensaba lo que quería mostrarle, ¡tenía que mostrarle los huesos de Grima! así como también aquel callejón que estaba repleto de gatitos que se dejaban acariciar, y también podría llevarle a la fosa en el límite de la ciudad donde podían conseguir cuerpos fácil así como alunas alimañas que no se podían conseguir en los puestos... o que por su abundancia era mejor cazarlas que pagar por ellas. Entró a un negocio donde los libros se apilaban en los estantes, había grandes colecciones de plumas de gran variedad de animales adaptadas a la escritura con su correspondiente puntero, también vendían punteros de diferentes materiales con etiquetas que leían cosas como "plata templada con grasa de virgen" o "acero, 5 noches en sangre de codorniz", así mismo habían punteros que evidentemente no eran para tinta si no que eran afilados cuchillos en forma de instrumento de escritura, también se veía sobre una mesa muy acomodados, fuentes y mangos de plumas de diversos materiales que se evidenciaban a la vista, madera, hueso, cerámica, incluso cristal, algunas con etiquetas tenían las mismas escrituras que las puntas "hueso de manakete", "roble marinado en bilis", "cristal templado con aliento de dragón terrenal", entre otras varias explicaciones.

El peliblanco esperó a que su acompañante le siguiese dentro para hablar. - Oh, si ya fuiste iniciado está bien. Sorprendente que lo hicieras solo... seguro los profesores querrán oír al respecto ya que es bastante atípico. ¿Sacrificaste al mago oscuro o solo lo drenaste? Leí mucho sobre iniciaciones de una sola persona, pero extrañamente funcionan y el usuario termina muerto. ¡Me alegra que no sea tu caso! Me hubiese puesto triste, pues no te hubiese conocido. ¡Aquí está! - tomó una de las plumas de afilada punta, ligeramente dentada en la parte superior y una pluma común de madera. Se dirigió hacia donde había una alta pila de papeles, todos etiquetados de las mismas maneras mostrando diversos colores, nuevamente "papiro de caña crecida en tierra maldita" o "papel pintado en saliva de murciélago", el albino solo tomó el papel común contando las hojas, eran materiales, si bien básicos, seguían siendo caros, sobretodo para el reducido bolsillo del estudiante - Si recibieron tu carta supongo que no tendrás problema, puedes mostrarles tu anillo... aunque seguro te lo quitan, no nos dejan tener joyas que no sean específicamente para ritos. Mejor guárdalo pero no lo dejes a la vista, o alguno de los cuervos se lo puede llevar. Una vez perdí un collar con una reliquia de uno de los templos y lo encontré un tiempo después en el nido de uno de los cuervos, tenía tantas cosas linda que hasta me dio ganas de quedarme allí a mirarlo todo el dia! Por suerte pude devolver el collar antes de que lo notaran. Si se enteran no dejarían entrar más a mis cuervos. - comentaba sin problemas aquellos incidentes como si no fuese de demasiada importancia aunque de haberse enterado probablemente le hubiesen cortado los pulgares o incluso quitado la vida.
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Mensaje por Pelleas el Sáb Dic 05, 2015 12:22 am

Bajó las manos, dejando que sus mangas cayesen sobre estas y ocultando un poco de vista la joyería que llevaba, aunque le parecía que no estaría engañando tan fácilmente a los cuervos. Ya le habían tomado interés, al parecer. Quizás era paranoia suya, pero sentía que se quedaban vigilándolo, acompañando demasiado de cerca su caminata tras el mago, que andaba tanto más rápido que él; alto como era, sin embargo, no necesitaba más que algunos pasos largos para alcanzarle. Juró sentir las patas de un ave en su hombro y se adelantó con un movimiento brusco para escabullirse dentro de la tienda, evadiéndolo.

Era curioso y extravagante, aquel mundo que se abría nuevamente frente a sus ojos. A primera vista una tienda normal, algo sombría como para atraer clientela fácilmente, pero en más cercana inspección, distaba de serlo. Enmudecido por la impresión, Pelleas se apartó un par de pasos de Henry para revisar los estantes, maravillado por las descripciones en sus etiquetas. Le costaba creer que consiguiesen cosas tan rebuscadas y que existiese gente que las necesitaba tanto como para que una tienda existiera, pero si lo pensaba, no era precisamente imposible. Se quedó frente a las plumas, tomando con suma cuidado una, para examinar la punta finamente tallada, guardarla y seguir con la siguiente. Las había afiladas, con puntas metálicas tan ínfimas como la punta de una aguja. No podía saber a qué se suponía que se destinaran, pero se daba a sí mismo bastantes ideas para su uso: escribir invocaciones en la piel del mago oscuro mediante cortes era una práctica común de acuerdo a sus libros, una que él mismo había probado en más de una ocasión, y con una pluma así sería tan fácil como redactar una carta. Las cicatrices en sus brazos, pecho y estómago demostraban que un corte torpe y poco preciso no sólo dificultaba la tarea en sí, sino que apenas y dejaba una cicatriz reconocible, ni hablar de legible. Con aquellas ideas en mente revisó con más atención las plumas, decidido a eligir una para su uso personal, mientras Henry buscaba sus materiales.

El albino hablaba tanto y tan animadamente. Pelleas disfrutaba escucharlo y habría estado más que gustoso de permanecer en silencio y dejarle continuar, sólo oír en fascinación sobre cualquier tema plegiano, pero le convenía intervenir. - Sacrificar a... n-no, no fue necesario sacrificar a nadie, realmente... - No podía evitar dudar un poco, cuanto menos por el hecho de que estaban en público al tener esa conversación, mas ciertamente se sentía menos raro hablando de eso con alguien que comprendía la materia, en un lugar donde no era algo tan obscuro y tabú. Tardíamente y con suma incredulidad cayó en cuenta de que el mago oscuro expresaba que sería triste si no lograse conocerle, lo cual, de cierto modo, le daba a entender que estaba feliz de conocerle en ese momento. Parpadeó con desconcierto, agachando la vista allí frente a las plumas, sujetando entre sus dedos una de larga y estilizada cuchilla. Un marcado tinte rojo subió a sus mejillas. No estaba seguro de cómo reaccionar, era la primera vez que oía tal cosa y no entendía por qué se la diría en primer lugar, pero le alegraba. - Um, - Se aclaró la garganta y continuó con lo que intentaba explicar, esbozando una sonrisa leve pero honesta. - Quizás no se trate de la misma clase de ritual, después de todo, muchas cosas son distintas aquí y en Tellius... allí, le llaman 'encantar espíritus'. Y consiste en un contrato en el cual el mago en cuestión acepta dar su cuerpo a la clase de espíritus cuya magia desea. Se realiza un pacto, los espíritus ingresan al cuerpo del mago para vivir allí... y le dan poder a cambio, por supuesto. -

Y esa era otra cosa que en Tellius no le sucedía a menudo, el poder compartir las condiciones en que había estudiado magia. No recordaba estar tan emocionado en años. Le revolvía un poco el estómago y le tenía la cabeza en un estado deplorable, pero era fantástico. Dejó que la voz del albino llenase el silencio nuevamente, tomando agrado a su voz aún si no se trataba precisamente de características plegianas lo que comentaba en ese momento, y siguiendo su consejo, se adelantó a quitarse los anillos; no sólo el de Daein era importante para él, sino todos. - Ah, muchas gracias por la advertencia. - Dijo, metiéndolos a su bolso. Enseguida se adelantó hacia el mostrador de la sospechosa y extraña tienda, llevando en sus manos no una, sino 3 de las plumas de escritura con puntas de cuchilla: una de filo alargado, una corta y una de mayor grosor, con un leve dentado. Estarían sirviéndole. Sintiendo que se entrometía de algún modo en los mandados de su acompañante, le miró a él y a los objetos que había acumulado entre sus brazos, tomando una rápida decisión. - Yo me encargaré de esto, permítame. - Tomó los artículos del otro mago, cargándolos sin problemas para depositarlos en el mostrador, seguidos de un puñado de monedas de cobre mezcladas con un par de plata. Sólo porque quería deshacerse del dinero pequeño.


Última edición por Pelleas el Lun Dic 21, 2015 10:06 pm, editado 1 vez
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Mensaje por Invitado el Dom Dic 20, 2015 4:34 pm

Al interior del recinto solo le había acompañado uno de sus cuervos, uno que permanecía en su hombro mirando todo su alrededor apenas entreabriendo las alas para mantener el equilibrio por los movimientos que el peliblanco realizaba. Los otros clientes así como los dependientes del lugar ni siquiera tomaban en cuenta al animal, al parecer acostumbrados a ver magos con criaturas encima. Cuando el mago le dijo que no había sacrificado a nadie se sorprendió realmente, entre sus tupidas pestañas blancas se pudo llegar a divisar sus ojos violetas de pupila contraída, tan pequeña que parecía que estaba mirando directamente al sol solo dejando más evidente el tono de sus ojos - ¿Realmente no llegaste a sacrificar al mago? Eso es sorprendente, un drenaje... - se detuvo y sus ojos volvieron a cerrarse con la usual sonrisa, escuchando, bajando su mirada un poco a sus manos nerviosas que sostenían una pluma. Escuchó con atención, mirando en su dirección pese a los parpados que cubrían su mirada y asintió un par de veces llevando su índice a su mentón.

El cuervo sobre su hombro graznó y el joven mago pareció reaccionar a un estado pensativo bastante profundo - Entiendo, entiendo. ¿Espiritus? He leído sobre eso pero no sabía que se podía llegar a realizar algo así. Nosotros recibimos energía oscura de Grima, mediante un ritual donde un maestro cede algo de su propia energía a un pupilo este se encarga de controlarla y fortalecerla. Unos pocos tenemos la capacidad de cultivarla y hacerla crecer. - alzó su dedo índice mientras explicaba -¿Y como es vivir con los espíritus? ¿Son acaso espíritus de animales, de dragones, de personas o solo entidades oscuras? Tendrás que contarme todo, el libro que leí al respecto no era demasiado claro en muchas cosas, apenas mencionaba el ritual, sus efectos y consecuencias, así como la clase de poder que se podía llegar a conseguir... Oh, y mencionaban algo sobre una marca. - el dependiente interrumpió carraspeando y contando lo que tenía sobre la mesada musitó un precio y enseguida tomó las monedas que el príncipe dejaba sobre el mostrador dejando un par de monedas de cobre que sobraban.

Guardando las cosas dentro de su bolso la sonrisa del peliblanco aumentó - ¡Gracias! Permíteme compensarte. Te llevaré al desierto a conocer los huesos de Grima, seguro que los espiritus que están contigo podrán sentir la energía. De allí es donde se concentra más la magia oscura, no es demasiado lago el viaje, solo pesado de hacerlo en el día por el sol tan fuerte, pero de noche, solo tendremos que preocuparnos por las bestias de la noche, pero los cuervos nos protegerán, ellos avisan. - era su manera de agradecerle, a parte el príncipe le había dicho que quería realizar turismo por Plegia, y no había nada más característico de aquel lugar que aquellas ruinas óseas.
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Mensaje por Pelleas el Mar Dic 22, 2015 12:25 am

Ladeó la cabeza en suma curiosidad. Por un momento, había visto un asomo de un violeta claro y saturado entre las blancas pestañas del otro mago, como si en su momento de contemplación hubiese entreabierto sus ojos. Pero había sido tan breve. Cuando reparó propiamente en ello, ya no estaba allí; su característica sonrisa regresaba y nuevamente entornaba la mirada. Realmente era una persona alegre, después de todo. Probablemente la más alegre que conocía. Pero le animaba a él mismo a ese paso, compartiendo la emoción que desde siempre contenía respecto a las ocultas artes que practicaba. Siempre leve y cuidadoso en cada gesto, no aparentaba precisamente emoción, pero el arrastrar de sus pies casi que había desaparecido y sonreía tanto más de lo que le era usual, aunque no dejase de llevar la cabeza un tanto gacha y de desviar la mirada ante cualquier otra persona.

Al menos con Henry estaba a gusto. Quería oírlo y todo y quería contarle todo. Su instinto le retenía, no solía hablar en extensión y no se creía capaz de súbitamente comenzar a hacerlo, titubeaba, dudaba que el cortés interés del albino durase si se ponía a parlotear como un adolescente molesto, pero contra aquel inseguro instinto se batía su alegría por el asunto, incluida cada pequeña cosita que Henry mencionaba. - Por supuesto. Grima, el dragón caído del mito. - Asintió, indicando que entendía de qué hablaba. Se había adelantado a comprar un libro respecto a la religión de Grima en Ylisse y aunque seguramente fuese básico, le había ayudado a hacerse de ciertas nociones. - Entonces usted es... ¿creyente? Espero no parezca imprudente mencionarlo, pero en la mayoría de doctrinas de magia oscura, los magos nacidos albinos son favorecidos como muy propensos, así como naturalmente aptos. Ha de ser usted un gran mago. - Soltó aquello que había tenido en la punta de la lengua desde el inicio, expectante a que el mismo Henry supiese algo al respecto.

Claro quedaba que sabía bastante, pues hasta entendía sobre espiritismo. Pelleas se mordió el interior de la mejilla por un momento, y aún así no logró contenerse de hablar. - E-En el caso de un pacto, sería un vínculo directo entre el mago y la energía oscura, aquella que... provendría de Grima, en teoría, pero que se manifiesta en espíritus. En lugar de, um, tener como intermediario a otro mago. Me temo que no sabría explicar en mayor detalle qué son, pero... - Paró para tomar sus plumas nuevas y guardarlas, cada afilada punta envuelta en gruesa tela negra. Las miró por unos momentos, y al atraparle en ello, el dependiente deslizó hacía él un fino y alargado estuche negro con una marca de 2 monedas de oro. Costoso, pero lo valía. Pelleas entregó el pago y mucho más satisfecho guardó las plumas en el estuche y este en su bolso, luego las acomodaría más ceremoniosamente. Encaminándose hacia afuera retomó. - Lo siento. Estaría encantado de hablarle de todo esto, si realmente está dispuesto a oír al respecto, pero creo que tomaría un poco más de tiempo. No es fácil, de forma tan inmediata... -

Por tanto tiempo había escondido todas esas cosas. Se le había dicho que jamás lo mencionase, que tuviese cuidado inclusive respecto a donde emplear su magia y, por sobre todo, que no dejase a la vista su marca. Pero quizás a él... quizás si se trataba de ese mago, pudiese mostrarle. Quizás pudiese hablarle de las voces, de las visiones, de las sensaciones extrañas, y quizás hasta le comprendiese. Ir con él a un lugar de culto habría sido una idónea oportunidad tanto para hablar como para aprender un poco más, y en su mente la celebraba ya como la cosa extraña y fantástica que era: salir con alguien a hacer algo agradable juntos, como un amigo, o algo así. Jamás había hecho eso, realmente. Jamás le habían invitado a hacer algo en particular, que no se tratase de un deber adjudicado a su título. Exhaló tendidamente para deshacerse de su nerviosismo y al salir de la tienda se detuvo, respondiendo con cierta sorpresa. - ¿Quiere decir... ahora mismo? - Se cercioraba de estar entendiendo bien. Enseguida, temiendo perder a su guía, se acercó a cuenta nueva a su costado. - ¿Podríamos ir ahora mismo? Eso es... um... - Titubeó. No había anticipado eso, pero no veía por qué no. Tanto mejor, inclusive, pues no tendría que ponerse nervioso aguardándolo. Juntó sus manos sobre la correa de su bolso y dobló sus dedos un par de veces, tronándolos contra sus palmas para librarse de la tensión. Entonces se adelantó un paso, y con una tímida sonrisa se expresó en honestidad. - Pues... por supuesto que iría. ¡Me encantaría! -

Excepcional y hermosa Plegia. Esperaba permanecer allí un buen tiempo ahora, y de paso, hallar formas de agradecer al albino por todo lo que hacía. Con extraña confianza se le adelantó un poco, mirando alrededor del 'mercado', si así podía llamarle, y pensando en qué podía hacer por él o conseguir para él.
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Mensaje por Invitado el Miér Dic 30, 2015 5:41 pm

Se sorprendió cuando le escuchó deteniendo sus pasos en seco haciendo que un transeúnte que caminaba por la calle casi chocase contra él dedicando una muy mala mirada mientras lo rodaba y se alejaba, una vez fuera del comercio los cuervos volvían a acercarse siendo ya dos en sus hombros, se giró hacia el pelivioleta con urgencia - ¿Mito? Grima no es un mito. Te llevaré a ver sus huesos, sentirás la energía allí, verás que está latente y expectante. - no dejaba de sonreír, incluso en un tema tan serio. Le tomó de la manga y le acercó un poco más mientras se encaminaban para salir del mercado y donde la gente se amontonaba en esa hora. Sin soltarlo le miró sobre su hombro casi arrastrándolo por la manga - ¡Si! Creo que es por eso que puedo criar la energía de Grima en mi interior y hacerla crecer. Espero poder llegar a servirle, hehe... En el instituto utilizan mucho mi sangre como varios ingredientes, así mismo mi cabello en unas pocas pociones. - su sonrisa se amplió - Espero algún día ser tan bueno como para poder ingresar a alguno de los templos de Grima y poder trabajar allí rindiéndole culto... aunque probablemente me vengan a buscar para la milicia antes. Escuché hablar a algunos profesores sobre los problemas con Altea Y Ylisse, no creo que sigamos en paz por mucho tiempo, espero que empiece pronto la guerra, hehe... - era emocionante la idea de una guerra, de poder ir a un campo de batalla. Disfrutaba muchos los enfrentamientos entre magos como entrenamiento, estaba muy seguro que disfrutaría mucho estar al frente de guerra dejando caídos delante suyo, poder estar en una situación más límite donde su vida realmente corriese peligro y fuese un matar o morir... algo que haría un poco más interesante algo ya llamativo para el albino.

Mantuvo silencio mientras le escuchaba, el tema le interesaba, quizás hasta podría saber de formas nuevas de potenciar su magia y hacerse más poderoso, un peón un poco más útil para el dragón al cual servía. - Entonces... es como si la magia oscura de Grima tomase consciencia y vida ¿no? Sería como pequeños Grimas de energía que buscan alojamiento. Ceo que entiendo. - dijo imaginándose la escena un poco más caricaturesca de lo que debería, aunque enseguida recordando una muestra que habían tenido en una iniciación forzada con un Ylissiano capturado, como se había retorcido en dolor sobre la mesa al serle introducida a la fuerza la energía oscura, sus gritos de dolor hasta que sus cuerdas se quebraron, sus oídos sangrantes y sus ojos desorbitados al perder la conciencia por su cuerpo colapsó y ahogado en su propia saliva espumosa y sanguinolienta había dejado de vivir. Por unos momentos su sonrisa se volvió más forzada sin dejar de caminar, aferrándose más a la tela entre sus dedos, su respiración se agitó ligeramente y su mente comenzó a imaginar aquellas energías vivas, deambulando por el mundo buscando dónde hospedarse introduciéndose a la fuerza en las personas hasta encontrar alguien que pusiese contenerlo dejado gente de mirada perdida y bocas goteando.

El cruzar la salida del pueblo le devolvió un poco la consciencia cayendo en cuenta que habían caminado por varios minutos sin que el peliblanco estuviese exactamente conectado con el mundo real, sin preocuparse si el mago oscuro que le acompañaba hubiese estado hablándole, simplemente le miró con una sonrisa más tranquila - Si seguimos por este camino llegaremos al desierto en poco tiempo, quizás deberíamos aprovisionarnos de agua, la cosa se pone bastante árida una vez allí. - dejando poco apoco el área más poblada ya comenzaban a verse algunos árboles secos y el suelo se volvía más arenoso, frente a ellos se veía un área de arenas firmes mezcladas con tierra y piedras y más adelante el desierto, habían caminos de tierra más firmes para transitar, a lo lejos se podía ver una construcción bastante grande, un templo a Grima y pasando aquello podrían llegar a ver muy borroso por el calor formaciones blancas de los grandes huesos que descansaban allí imperturbables.
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Mensaje por Pelleas el Miér Ene 06, 2016 1:55 am

No necesitaba mucho convencimiento para dejarse tomar por la manga y llevar, siguiendo de a pasos más largos y pausados el ritmo del otro mago mientras le escuchaba, al parecer jamás desprovisto de cosas que contar. Cierto era que el contacto ponía a Pelleas nervioso, un agarre o un breve roce por igual, pero le tomaba por la ropa en lugar de la mano en sí y era tal su contento en ese instante, que le importaba muy poco. Poder acudir al sitio de los huesos que se suponía habían pertenecido al dragón caído parecía un privilegio excesivo para él, un extranjero, ni siquiera grimleal, pero si Henry le llevaba tan fácilmente debía de ser que no rompía ninguna clase de regla. No se quejaría de la oportunidad. Miró con gratitud a su acompañante, a la mano enfermizamente pálida que le sujetaba la manga, silencioso bajo la voz algo aguda en que hablaba hasta que culminó.

- Comprendo. He venido desde Ylisse ahora y cruzar la frontera ha sido un tanto problemático, efectivamente. Aunque debo decir que Plegia ya me agrada mucho más. En Ylisse estuve algunos días y aquí apenas he llegado, pero aún así... - Dijo, inmutado por cuanto le daba a conocer, pues todo lo que mencionaba debían ser prácticas normales en Plegia, o no las revelaría así como así. - Ah y espero que... no sea grave, suceda lo que suceda. - Se le dificultaba un poco dar sus buenos deseos cuando Henry hablaba como si quisiera la guerra. No era algo que estuviese totalmente desacostumbrado a oír, en ciertos círculos de Daein se mencionaban similares cosas muy a menudo, pero seguía siendo complejo. Intentó verlo como en su propio reino lo veía y esbozó una leve sonrisa. - En tal caso, que les sea muy provechoso. -

Y comenzaban a poner la ciudad a sus espaldas, mas lo que llamaba de sobremanera su atención era que perdían también a sus inusuales habitantes. Los emergidos no solían asentarse, hasta donde entendía cruzaban ciudades todo el tiempo, pero era más común verles haciendo uso de sus rutas fuera de estas. Y sin embargo, en el camino entre la capital y el lugar de culto no daban señales de transitar. Quizás se debía a lo despoblado, o a las características del terreno. Pretendió preguntar al respecto, mas al volver la vista hacia el albino le encontró con un extraño y perdido gesto en el rostro, un titubeo extraño en su sonrisa, demasiado obvio en sus pálidas facciones.

- ¿Henry? - Le llamó, en vano. No parecía estar escuchando. - Henry, ¿se encuentra bien? - Presionó en una voz más baja. Lógicamente debía de haber sido más ruidoso, pero el ausente estado del otro le inquietaba y dudaba un poco. En respuesta, el plegiano tan sólo tensó sus dedos donde le sujetaba. Comenzaba a ser preocupante, mas fue por su propia cuenta que acabó por volver en sí, como si nada hubiese sucedido, y hablarle con normalidad. Pelleas soltó un pequeño suspiro, bajando los hombros. - Sólo se ha distraído un momento, ¿no? ¿Algo en su mente? -

No debía de ser nada extraño; a él le pasaba también, pensar demasiado y olvidar hablar. En momentos así, también tendía a tener las manos tensas, y a sabiendas del inconveniente de ello, pacientemente llevó su zurda sobre la ajena, retirando uno a uno sus dedos para que no los entumeciera. Con suma naturalidad acabó por entrelazarlos con los suyos, largos y marcadamente huesudos, tan distante y leve en tacto que era realmente sólo detener sus dedos, sin llegar a sostener verdaderamente su mano. Así le apartó hacia un lado del camino, donde un pequeño puesto distribuía de un pozo lo que debía ser agua limpia. Parecía escasear, de lo contrario no habría un cartel indicando cuanto se cobraba por cantimplora. Sacó la suya de su bolso y la entregó para ser llenada; asumía sin titubear la responsabilidad respecto a las provisiones, Henry estaba haciendo muchísimo por él y lo mínimo con lo que pedía responder era correr con las expensas. Mientras aguardaba por el agua miró en consideración lo que se asemejaba vagamente a carne seca, pero de extraño color y extraña textura. Habían otras provisiones, cada una más irreconocible que la anterior, dejándole incapaz de identificar más que panes. Panes de qué, no tenía la menor idea, pero al menos sabía que el pan tenía que seguir siendo pan incluso allí, aunque algunos estuviesen recubiertos de algo abrillantado y oliesen dulces. Sería mejor confiar en Henry. Le miró, y a lo primero que el mago oscuro volviese la vista, Pelleas apuntó para indicar que se lo llevaba. - Todo lo que guste, adelante. No es problema para mi. -
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Mensaje por Invitado el Lun Ene 25, 2016 2:55 am

La guerra que podría llegar a avecinarse con el país vecino era claramente provechosa para el mago y no podría verla de otra manera, casi que un lavado mental se le era hecho en la academia donde le enseñaban, básicamente, que era su función en la vida servir a Plegia en tal insistencia que hasta ansiaba morir por su país, y últimamente por cualquier cosa con total de hacer que la adrenalina corriese por su sangre, en algún punto le había dejado de importar la palabra "Plegia" y le había comenzado a importar más la palabra "guerra". Sería un lugar ideal para aplicar lo aprendido, practicar su magia y por sobretodo, recolectar grandes cantidades de materiales que de otra manera serían escasos. Había leído de la guerra anterior con dicho país pero no había participado y en los informes se leía que había sido el momento donde más materiales habían abundado y grandes descubrimientos se habían hecho en las áreas de la magia, incluso hasta no hacía mucho, aún se conservaban "especímenes" de Ylisse para ser estudiados. Recordó nuevamente al hombre de mirada perdida y boca goteando.

Desvió su rostro hasta llegar a mirar al príncipe, sus dedos se habían entrelazado y no sabía cuando había ocurrido aquello, pero los aceptó, sus propios dedos se movieron inquietos y comenzaron a tantear lo largo de estos, las articulaciones un tanto más prominentes que los delgados huesos, incluso rozó con sus yemas el dedo meñique recorriendolo en toda su extensión haciendo que se doblase un poco y después comenzando a presionarlo y forzarlo en la posición contraria, como si quisiera que la articulación cediese hacia el otro lado, firme pero sin hacer doler, soltando al notar lo que hacía, dedicándole una sonrisa abierta y más alegre - Pensamientos morbosos. - aclaró con total naturalidad mientras se adelantaba un poco para llevarle con más prisa hacia el puesto de venta. No veía nada de malo en comunicar aquello, sería normal pensar en cosas que daba en sus clases o en sus tareas y para él "morboso" no era sinónimo de "horrible" como para muchas personas

Al llegar al puesto se detuvo para mirar mientras Pelleas se ocupaba de comprar agua. En el lugar no se veía casi gente, y los pocos presentes eran los vendedores y un grupo de tres magos oscuros con túnicas similares a las de Henry, largas capas negras y violetas con detalles en dorado, los adornos de oro que apresaban sus muñecas, tobillos y cuello y sobre su cabeza llevaban cráneo blanqueado de diferentes animales, reconocibles uno de caballo, uno de vaca y el tercero parecía de algún ave pero mucho más grande, suficiente como para cubrir la cabeza del mago, largas telas oscuras caían a sus espaldas y nucas protegiéndoles del sol. Se detuvieron en silencio entregando sus cantimploras también y dejando algunas monedas de cobre y plata, apenas uno de ellos se detuvo a mirar a Pelleas, sobretodo sus ropas y con una inclinación de cabeza saludó a Henry que movió su mano. Nadie parecía notar que no había emergidos allí. Todos se concentraban en la ciudad, o más bien en las diferentes ciudades y poblados a lo largo y ancho de Plegia, vivían entre ellos sin problemas, marchaban junto con los demás magos y soldados del ejército mezclándose ente ellos como si fuesen parte del país. En el colegio se utilizaban como conejillos de indias cuando no había material fresco y se había hablado de utilizarlos en la guerra si es que se desataba una. Henry no prestaba demasiado atención a ello, pero había asistido a un par de clases de investigación de campo en donde intentaban descubrir nuevos ritos para transformar a un humano en un emergido y viceversa... actualmente seguían sin tener resultados positivos, pero había visto reacciones muy curiosas en los humanos y nunca había visto ojos explotar con tanta fuerza.

Igualmente, no había nada que les impidiese dejar el país pero los emergidos parecían cómodos y los plegianos no parecían estar molestos con las nuevas presencias. Henry se acercó más a Pelleas al ver los diferentes panes, muchos de ellos rellenos, otros glaseados, de diferentes sabores. Escogió dos de tonalidad oscura y con un glaseado espolvoreado con pequeños pedacitos blancos brillantes, al serles entregados le dio uno a Pelleas - Estos se los llevamos a Grima, no podemos comerlos, bueno, yo no puedo, hehe, pero tu puedes probar un poquito y decirme a que sabe. Nunca he probado uno pero si he cocinado para una festividad ¡y pude llevarle al templo mis tortitas! Estos son panes dulces, tienen azúcar de remolacha y el raspado de la savia de la caña, dicen que es muy dulce, están hechos con riñones de cordero y se dejan remojados en sangre de aves, se dejan secar al sol para que tomen este color y se acentúe el sabor dulzón de la masa. - los magos oscuros iniciados no los comían pero los habitantes sin magia de Plegia los consumían, claro, sin el remojado ni el secado, pues quedaban un tanto duro, pero si cuando estaban recién hechos. Él en particular había utilizado las sobras de un emergido después de un entrenamiento y había creído que Grima estaba especialmente contento con sus pastelitos, juraba que había sentido la energía emocionarse en su interior, o quizás solo había sido su propia alegría.
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Mensaje por Pelleas el Jue Ene 28, 2016 7:22 pm

Pensamientos morbosos. La verdad, no tenía la menor idea de cómo interpretar eso. Si lo tomaba al nivel literal, tal y como lo oía, no era algo muy tranquilizador. Podía comprenderlo, sin embargo. Bien podía ser una voz sugiriendo algo completamente fuera de lugar en su oído, o una imagen extraña cruzando su mente y engañando sus ojos un instante, ambas cosas que Pelleas había experimentado en repetidas ocasiones. Todas, por supuesto, desde el momento en que había sellado el pacto que le convirtió en mago oscuro. - Usted también, entonces.... - Susurró, su mirada puesta en el albino al emitir aquel pensamiento a voz, más para sí mismo que para oídos ajenos. Le hacía sentir bastante normal, después de todo.

Aunque la inquietud del plegiano le preocupaba un poco; o quizás era sólo la suya propia, habiendo entrelazado apenas su dedos y recibiendo, en respuesta, más contacto del que le acomodaba recibir. Henry le tanteaba los huesos en cada falange, recorría la longitud de sus dedos, le presionaba la articulación. Se sentía curiosamente invadido, tratándose de algo que no llegaba a ser ni un simple tomar de manos. - Um... - Apenas llegó a alzar la voz, no exactamente en queja, cuando el otro mago atinó a detenerse por su propia cuenta. Optó por guardar silencio, eran hábitos que desconocía, pero no estaba en su naturaleza quejarse. Apenas dio una leve risa nerviosa, más por instinto que cualquier otra cosa, y le dejó andar. Él era todo un caso, sí, pero podía lidiar con él, se las arreglaba para ponerle menos en alerta que otras personas. El resto de los magos que en su camino aparecían no eran iguales; si es que le reconocían en la doctrina, no actuaban como tal, pasando a su lado como si poco y nada registraran su presencia. Eso sí era a lo que estaba acostumbrado. Por el momento, sin embargo, estaba perfectamente bien con que fuese así, teniendo al albino para guiarle e instruirle. Sin embargo admiró los uniformes un momento, los cráneos blanqueados y telas oscuras, los diseños que las adornaban; siempre había ojos bordados en ellas, por lo que veía, aunque en distinto número en casi todos. Seguía siendo llamativo y admirable, a su parecer.

Volvió la vista al frente, llamada de regreso su atención por el vendedor. Le había dicho una moneda, no llegó a entender si de plata o de oro, mas por las dudas dejó una de oro y se apresuró tras Henry. Le había explicado ya una variedad de cosas en aquellos cortos momentos, cosas que esperaba recordar en el momento en que pudiese sentarse a tomar anotaciones, mas ningún conocimiento adicional sobre Plegia sería mal recibido. Asintió, mistificado por la idea de que diesen ofrendas activamente a su dragón, aún después de tanto tiempo. Le fascinaba aún más la voluntad de Henry al no haber tocado en su vida una de aquellas ofrendas; por cosas como aquella, seguramente, era que podía ser miembro de un instituto. - Lo toma con mucha seriedad. Está usted realmente dedicado a esto, ¿no es así? - Comentó, recibiendo el pequeño pan de extraña coloración. Henry no había dicho mucho de su persona, o de su existencia fuera del instituto de magia oscura, mas por algún motivo no parecía un tema que debiese tocar. Tan sólo asintió en intención de hacer lo que decía.

- Riñón de cordero, sangre y azúcar de remolacha. Oh. Este, pues... si esto es común Plegia, claro. - Media sonrisa nerviosa y un pesado tragar de saliva. No, no sonaba apetitoso. Y él realmente no comía mucho. Pero la palabra "no" escaseaba en su vocabulario, y una probada era una probada. Se aseguró de seguir el camino, si caminaban no tendría tanta atención sobre sí, y aparentando un gesto casual se llevó un mínimo trozo de la comida a la boca. Para su sorpresa, realmente sólo sabía dulce; fuertemente dulce, demasiado azucarado y cargado, tanto que le hacía estremecer y desear no conocer el azúcar por el resto de sus días. - Es, um... es lo más dulce que he probado en mi vida. Un poco realmente es suficiente... - Murmuró, regresando ala bolsa el resto. Si no se le decía que la sangre era parte de los ingredientes, probablemente no lo habría sabido y quizás hubiese sido mejor. - Está bien dejarlo como ofrenda... aunque me sorprende que hagan ofrendas aún. ¿Es precisamente en el lugar a donde vamos? -

Lugar que, según creía, ya debían haber comenzado a ver. El desierto era principalmente llano y estaban encaminados, pero no había techumbre en el horizonte, menos los afilados picos de las torretas que comúnmente se veían en lugares de culto. Ni un sólo edificio a la vista, en realidad, ni vehículos de rueda, ni presencia de tropas. Vislumbraba para aquel entonces la presencia de algunos blancos arcos en el camino, como una vistosa y elaborada entrada de mármol de gigantescas proporciones, mas no conducía  a nada que pudiese ver él mismo. Curioso, se limpió la boca del resto enfermantemente dulce mientras apresuraba el paso hacia allí, intentando comprender a qué era que guiaba tal camino. A medida que se aproximaba, crecían a su vista los arcos blancos; y si bien ya había notado el gran tamaño, al estar más cerca quedaba en claro la ínfima proporción de un ser humano junto a estos. Se hacía obvia, también, la extraña y un poco amarillenta textura, descartando prontamente que fuese mármol. Al tener una sección de esa construcción cerca de sí, no dudó en apoyar una mano encima, sintiéndola más que rugosa.
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Mensaje por Invitado el Vie Ene 29, 2016 12:14 am

Era ajeno a que la cercanía que estaba teniendo con el otro mago oscuro podía resultar incómoda para este, incluso volvió a tomarle de la manga y lo acercó para seguir caminando al apartarse del puesto de ventas, sus dedos volvieron a jugar con la tela, mucho más gruesa y de aspecto mucho más caro que la que él utilizaba que era simple lino teñido. Delante suyo, no demasiado lejos estaban los tres magos caminando, hablaban en voz baja o más bien uno hablaba mientras los otros dos escuchaban. El peliblanco se acercó más al príncipe para poder hablar en voz baja sin ser escuchado, alzó su dedo para señalar la espalda de los magos, más bien sus capas, siendo uno de ellos teniendo cinco ojos mientras los otros dos solo tenían dos ojos bordados en dorado - Es un profesor y dos alumnos del instituto. Ya tienen sus brazaletes y sus ojos, así que deben estar ya por terminar, el profesor tiene cinco ojos en su capa, es profesor pero no está en el ejercito, no tiene los cositos estos de acá. - hace un gesto con sus manos en el área de sus hombros haciendo referencia a las borlas doadas que se colgaban donde indicaban los rangos en el ejercito... claro, no es algo que Pelleas supiese.

Apresuró sus pasos, apretando su agarre para no perder a su compañero y nuevo amigo, dedicándole una sonrisa amplia al escuchar su explicación - ¿Dulce como las manzanas? Hace muchos años comía manzanas, desde que estoy en el internado no he comido nada más dulce, creo que ni recuerdo a que sabe. - decía las cosas con ligereza como si no fuesen cosas importantes, realmente no le molestaba lo que había sacrificado por el instituto. Le volvió a agarrar de la mano para acercarle - Sí, me entregué totalmente a Grima y sus enseñanzas. Si soy suficientemente bueno me notarán y podré entrar a alguno de sus templos para ser guardián... o sabio. - se emocionó al alzar la mirada y poder ver los arcos alzarse delante suyo, estaba llegando y apresuró un poco sus paso casi corriendo adelantándose a los otros magos - Si, dejaremos la ofrenda por la visita, es lo correcto ¿no lo crees? ¿Por que preguntas aún? Siempre le damos ofrendas y sacrificios, lo mantiene contento y hay diferentes tipos, por ejemplo, estos son pequeños por una visita o para pedir cobijo, quizás sea lo que debas pedir. Le damos comida u objetos pequeño, para otras ocasiones puede ser cosas mayores, banquetes, sacrificios de animales o humanos. Nos recompensa con magia y poder. - explicó con naturalidad.

Al llegar se distrajo un poco soltando al príncipe, alzando su mirada a los huesos que se alzaban varios metros por sobre sus cabezas. Al ver la mano apoyarse contra la estructura se sobresaltó y casi que de un salto se precipitó contra él apartándolo, sujetando su mano para que no volviese a tocar - ¡No! No toques a Grima. Solo los sacerdotes pueden tocarlo. Pero podemos pasar por abajo, será lo más rápido para llegar a la cabeza y poder dejar dentro los pancitos. Sígueme. - soltándolo se metió entre dos de los arcos, desde el interior al alzar su mirada podía ver la columna vertebral, dando mejor idea de que se encontraban en el interior de un gigantesco animal, siguieron avanzando y se pudo llegar a ver huesos a los laterales, grandes contra la arena semi enterrados, como alas gigantes que se extendían por varias decenas de metros. Más adelante se podía ver otro par de alas, la arena estaba más compacta allí, mezclada con tierra para hacer un sendero por lo que caminar era mucho más sencillo, los huesos daban sombra por lo que el sol no quemaba tanto. Delante suyo se vio una estructura ósea mucho mayor, desde el interior parecía una cueva pero a acercarse y ver los dientes y los agujeros de los ojos era obvio que se encontraban dentro de un cráneo. En el interior se veía un altar hecho en piedra oscura, varias velas derretidas a amos lados, incienso, joyas de diferentes tamaños, algunos panes oscuros y hasta libros, no había nada descompuesto o con olor desagradable, en el piso de arena y tierra se veían dibujos oscuros en una tonalidad rojiza. Henry se adelantó señalando un pequeño banquillo de mármol desgastado - Puedes dejar los dos panes sobre el altar, pon una rodilla en la piedra y baja tu cabeza, puedes pedirle permiso para tomar de sus enseñanzas aunque no seas un fiel. - explicó y esperó a que pusiera los panes, por mientras nuscó en su bolso extrayendo una pequeña daga, no mucho más larga que un dedo pero de buen filo, empujó hacia atrás su brazalete ancho dorado exponiendo una muñeca huesuda, pálida repleta de cicatrices rosadas, acarició con el filo su piel y se abrió enseguida una herida superficial la cual llevó sobre los panes dejando que gotease su sangre allí. No parecía siquiera dolerle, demasiado acostumbrado derramó su sangre y apartó la mano apenas sujetándose la herida para que dejase de sangrar un poco, aunque comenzó a gotear.
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Mensaje por Pelleas el Vie Ene 29, 2016 1:46 am

Había tantas cosas que aún no comprendía, pero tenía todo el tiempo que deseara en el instituto para hacerlo. Los ojos bordados en las capas, asumía, sería algo a lo que debería dar suma importancia después, cuando lo entendiese mejor; por el momento, era de esperarse que a mayor cantidad de estos, más alto fuese el rango. No tardó en conectar puntos. La vestimenta de Henry era distinta, de cierto modo más simple, pero tenía aquel extraño collarín del cual salía el amplio cuello de la capa, bordados al interior de esta seis ojos blancos. Una curiosa imagen, en un hombre cuya perpetua sonrisa y tupidas pestañas impedían ver sus propios ojos con claridad. Y si los brazaletes eran aquellas gruesas piezas de oro que pendían de sus muñecas, de tan pesado aspecto que creía que la piel debía resentirlas, estaba más alto aún de lo que aparentaba. Al caminar junto al mago oscuro, guiado por la manga de la ropa, Pelleas se preguntó por qué no había mencionado nada respecto a su rango hasta el momento, a la vez que cual rango habría de tener exactamente.

Henry simplemente no parecía darle importancia a tal cosa. No más que al sabor de la comida y la fruta, al menos. El príncipe parpadeó en desconcierto, intentando conciliar todo aquello en su mente y guardando un atento silencio para permitirle hablar. En ello bajó la vista  la mano que le sujetaba nuevamente, esta vez sin torcer ni tantear sus dedos, sino agarrando. Le sentía frágil. Él también era delgado, huesudo por casi donde fuese que se le tocara, pero Henry parecía especialmente frágil; quizás la palidez daba esa impresión. No se atrevió a sujetarlo de regreso, el contacto de palmas era suficiente para avergonzarlo de todos modos, y le siguió de a pocos pero largos pasos, bastante menos acelerado en relación a su acompañante. - Entiendo. Por supuesto que querré hacer esto de la forma correcta, así que presentar una ofrenda y dar mis respetos será lo mejor. Gracias por explicármelo. Pero, uhm... - Dudó en la forma de preguntar. No querría ser imprudente. Tamborileó los dedos contra los nudillos del mago, encontrando tranquilidad en tales gestos. - Ha dicho que querría trabajar en el templo, como también ir a la guerra, y su... ¿rango, será el término correcto? Es mayor al de aquel maestro, si he comprendido bien. Porta seis ojos. - Apuntó en ese momento al amplio cuello de la ropa ajena, donde veía el bordado. - Lo que no comprendo es... ¿qué es usted? ¿Un sacerdote? ¿Un maestro? Dudo que sea aún un simple estudiante, como habré de serlo yo. Disculpe. -

No habría sabido decir por qué se disculpaba, sólo lo hacía instintivamente. Tuvo buenos motivos, sin embargo, cuando Henry le apartó de lo que creía ser un pilar de cal o de alguna clase de piedra desconocida. A fin de cuentas, se trataba de hueso. Apenas había llegado a concluirlo cuando Henry exclamó que no tocase a Grima, el mismísimo Grima, y la idea le hizo retroceder como si le hubiese quemado al tacto. - L-Lo siento muchísimo, disculpe, lo lamento... - Se apresuró a murmurar, mirando a cuenta nueva la inmensidad de las estructuras a su alrededor. Si así lo pensaba, la imagen se dibujaba de forma mucho más obvia a su alrededor: los arcos no eran sino gigantescas costillas, unidas a la columna vertebral que descansaba como una viga de guía sobre ellas. Distinguía la forma de aquel cuerpo, efectivamente como el de un dragón, con sus alas extendidas en su eterno descanso. Al avanzar apareció un nuevo par de estas, luego otro, seis alas en un cuerpo alargado y descomunal. Marvillado, Pelleas alzó la vista de una cosa a la otra al caminar dentro de la caja torácica y hasta la cabeza, cubierto por la sombra de la estructura. Apenas y escuchó las palabras de Henry, mirando el altar con profundo interés.

- A-Ah sí, como diga. Aunque no sea un fiel... pero, yo... - Se mordió el interior de la mejilla, más discreto que morderse visiblemente el labio. Le servía mejor para controlar sus nervios y centrarse en los pensamiento que se agolpaban en su cabeza. No era fiel, pero quizás podía serlo. Quizás podía llegar a serlo. Se arrodilló donde se le indicaba, dispuso de la ofrenda y observó con cierta fascinación las cicatrices en la muñeca de Henry al descubrirla; la muestra de un proceso repetido hasta el cansancio. Se vio incapaz de apartar la mirada del filo sobre la piel, así como el oscuro carmín que afloraba en la palidez. Lo había hecho consigo mismo tantas veces, cortes precisos en los lugares que los libros indicaban, pero le había tomado años llegar a tener la mano firme al respecto, y aún no podía hacerlo sin quejidos de dolor. Mientras la sangre goteaba sobre las ofrendas, bajó la cabeza y cerró los ojos, susurrando tan bajo como podía. - Deseo aprender de usted. Deseo entender este... vínculo que creo que existe, y aceptarlo si es tal. - Exhaló. No era un fiel, pero era un mago oscuro ya.

Se alzó del sitio lentamente. No negaría que las energías de aquel sitio existían, eran las mismas que utilizaba en la magia y no podía renegar de su existencia. Tampoco cuestionaba, por tanto, la veracidad del sentimiento que le estremecía en ese entonces; y la voz que tan pocas veces oía en un año, aparecía por segunda o tercera vez en el día. Murmullos incoherentes y mezclados, como casi siempre, pero los tomaba como buena señal. Hizo una pequeña mueca por lo ruidosos que se habían tornado. - Henry. Ha dicho usted que toda magia oscura ha de ser, de una forma u otra, vestigios de la energía de Grima en nuestro mundo... ¿no ha de ser, entonces, que cada mago oscuro está bajo sus alas? Sepa o no de su existencia, venere o no a quien le ha concedido la magia. - Preguntó, esbozando enseguida una pequeña sonrisa. Se sentía resguardado en el cráneo hueco, bienvenido en la energía del sitio. - Es una buena sensación. Es bueno pertenecer. -
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Mensaje por Invitado el Vie Ene 29, 2016 3:30 am

Apretó más su muñeca para intentar detener la sangre, era una herida muy superficial por lo que no tardaría en dejar de salir la sangre aunque en una zona tan delicada y de tan abundante en sangre, aunque no dejó ni que dejase de salir antes de mover su brazalete y bajarlo, estaba tan ajustado que se veían las marcas que dejaban sobre su piel así como las heridas ya secas y viejas pero que no cerraban en los huesos de su muñeca. El brillante dorado quedó un poco opaco donde lo tocaba manchándose de sangre y por el borde se condensó una gota que se deslizó por su mano marcando un tembloroso camino hasta caer por su meñique. El peliblanco no pareció importarle dejándolo ser, solo esperó a que el príncipe se apartase para él mismo acercarse y apoyar su rodilla sobre la piedra, su ropa era delgada, tanto que la dureza de la piedra no se vio disminuida contra su rodilla huesuda siendo un poco doloroso el apoyo, bajó su cabeza inclinando su cuerpo contra la pierna flexionada y un sonar tintineante se dejó oír proveniente de las pequeñas piecitas que colgaban de su collarín metálico. Hizo una rápida plegaria en silencio antes de levantarse y retroceder unos pasos para dejar libre el altar sin invadir más de lo necesario.

El sol estaba bajando ya y sus rayos eran mucho más fuerte en las últimas horas del día, las paredes de hueso se sobrecalentaban haciendo que el lugar fuese un pequeño horno al no correr ni la más mínima gota de aire por más que habían varias averturas desde las cuencas de seis ojos hasta a lo largo de la boca dentada, algunos dientes faltaban pero se veía que tenía en abundancia incluso en su paladar se veían hileras de dientes y asomando por entre la arena se veía un maxilar doble con más dientes aún. Volviendo su atención al príncipe giró sobre si mismo para mostrarle su espalda, más específicamente su capa donde se veían cuatro ojos bordados en hilo dorado - Cuatro ojos en la capa~ Soy estudiante avanzado, podría haber salido ya del instituto pero estoy haciendo especializaciones y doy clases a los estudiantes que recién comienzan así como clases especiales. La capa indica el grado dentro del instituto. Nuestro grado de mago lo indicamos con estos, soy grado 6~ el Rey es grado 10. - un poco de orgullo le llenó, si bien normalmente no lo mencionaba siquiera, era uno de los mejores alumnos del internado y sus avances eran alagado por los profesores así como admirado y envidiado por los alumnos. Se preocupó un poco de todas maneras al verse rente a un camino doble... o más bien que se le preguntase algo que saliese de sus manos - Si... es un poco complicado realmente. Quiero ser sacerdote pero seguramente me manden a la guerra, lo cual también está bien, pero si voy a la guerra interrumpiré mis estudios y es probable que muera. Mucho mueren en la guerra pero sería interesante ir, podría poner realmente a prueba mi magia y extraerle la vida a otro... ¿Alguna vez usaste Nosferatu? No nos lo permiten utilizar en el internado pero lo he leído. Hay muchos tomos en el internado para estudiar. - si bien se había mostrado preocupado en un inicio a medida que avanzaba en la conversación eso aprecia retirarse y volvía a mostrar su sonrisa habitual.

Los tres magos llegaron finalmente, uno de ellos, el que había regresado el saludo a Henry le miró y volvió a saludar tomando enseguida la palabra hacia los otros dos. Henry guardó silencio por unos momentos mientras el profesor parecía estar dando una breve clase mientras abría uno de los panes y explicaba que no podían comer ni utilizar las ofrendas a Grima, continuó explicando la correcta manera de colocar el pan, derramar sangre para hacer llegar la ofrenda a Grima y las diferentes clases de ofrendas. Así mismo señaló los dibujos en el piso, círculos de invocación para llamar la energía de grima antes de hacer los sacrificios allí y entregar la vida directamente a su energía, continuó con los sacrificios anuales hasta el honor de ser seleccionado como sacrificio, pues un mago oscuro debía entregar su vida para mantener "con vida" aquellos huesos. Henry alzó su mirada hacia los agujeros en el cráneo, donde en algún momento hubieron ojos y al ver que el cielo lentamente se iba tornando más oscuro borró su sonrisa y se apresuró a salir tomando a Pelleas de la manga - Oh no... Pelleas debemos de regresar... llegaré de noche al internado, no tengo permitido estar tanto tiempo fuera. - sabía que le iban a castigar, probablemente no le dejasen salir por varios días y le aplicarían un castigo físico, en el peor de los casos le azotarían.
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Mensaje por Pelleas el Vie Ene 29, 2016 5:24 am

Siguió con la mirada el hilillo de sangre que bajaba aún de la herida de Henry, señalizando que tomaría su tiempo en sanar todavía. Un poco consternado por ello, pues él mismo era en extremo cuidadoso con las suyas y las sanaba concienzudamente tras las sesiones, le fue imposible retirar su atención de ello. Henry lucía tan pálido ya. No cabía duda de que lo era, su piel tan blanca que en algunos lugares podía apreciar gran parte del mapa de venas azuladas debajo, pero algo en él le daba la impresión de que la pérdida constante de sangre tenía un poco que ver. Había dicho ya que era una ocurrencia regular. Le miró con un preocupado comentario en la punta de la lengua, conteniéndose por cuanto Henry comenzaba a explicarle uno de los más relevantes asuntos respecto a los magos de Plegia.

Entonces, era un estudiante muy avanzado. Y un 6 de 10 en cuanto a magia, en general. Se había topado con una persona verdaderamente conveniente, después de todo. Remitió a memoria cada cosa, cuidadoso de la diferencia entre el grado de mago y el de estudiante, y al comprenderle asintió brevemente. - Es usted alguien impresionante. Ah, me alegra mucho habernos encontrado, quizás luego tenga la fortuna de estar en una clase con usted... o en alguna de las que usted mismo imparte. De cualquier modo, me encantaría estudiar con usted. - Inclinó la cabeza. Henry le trataba confianzudamente, mas no podía él sentirse capaz de tratarle de otra forma sino la formal, aún si se sintiese tranquilo y a gusto, era todo lo que salía de su boca. Le escuchó y llegó a comprender que le atraía la idea de ser un sacerdote antes que cualquier otra cosa, mas enseguida el albino pareció distraer su propia atención con otros asuntos, hablando de tomos de magia y del instituto. Teniendo dificultades otra vez para seguirle el paso y para recordar de dónde conocía el nombre Nosferatu, Pelleas solo parpadeó un poco. - ¿Mh? No, no he... quiero decir, en Tellius no hay muchos... -

Se silenció de golpe al ver a otras personas en el lugar. Se había vuelto capaz de hablar bastante con Henry, mas dudaba en hacerlo en frente de otros, especialmente con la leve resonancia que el cráneo de Grima proveía a su alrededor. Se acercó a quien le había llevado hasta allí para mantenerse a su lado, mirando de soslayo y atreviéndose a espiar un poco la lección que allí tomaba lugar. Mientras escuchaba, abrió su bolso para buscar un poco dentro de este, removiendo el fondo mismo hasta obtener una pequeña botella de medicina. Las había traído consigo desde Daein, el tónico no se arruinaba con facilidad y hasta donde entendía, duraba bastante, así que suponía que tendría que servir. Tomó la muñeca sana de Henry, le volteó la palma hacia arriba y le entregó la pequeña botella de vulnerary, presionándola contra la palma de su mano hasta estar seguro de que allí se quedaría. - Acéptelo, por favor. Ayudará a sanar su herida más rápido. -

Asintió entonces y se preparó para encaminarse de regreso, sin dar demasiada importancia a la hora o a la llegada al internado. Era extraño ver al otro menos sonriente por un momento, pero no terminaba de comprender la gravedad del asunto. Tan sólo podía pensar que él también deseaba llegar ya a su destino. Por interesante y provechoso que le fuese el desvío, el internado seguía siendo el motivo por el que estaba en la ciudad. - Por supuesto, también es hora de hacer mi ingreso. Vamos. - Le sonrió con calma, caminando lento al aprovechar de sacar la cantimplora y beber algunos largos tragos de agua. La temperatura comenzaría a bajar pronto y la caminata de regreso se le haría menos calurosa que la caminata hasta allí, pero seguía siendo más ejercicio físico del que estaba acostumbrado a tener. Le ofreció la cantimplora al albino, y tras terminar y guardarla apresuró el paso bastante más. Parar en el instituto y descansar por la noche sería bueno.
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Mensaje por Invitado el Dom Ene 31, 2016 2:23 pm

El mago oscuro se mostró con clara sorpresa alzando sus cejas y borrando por unos momentos su sonrisa, sin embargo sus ojos seguían ocultos tras las espesas pestañas como si los mantuviese siempre cerrados, le costaba creer que no hubiesen libros de donde él venía, en Plegia eran sumamente comunes y pese al alto precio no eran difíciles de conseguir, incluso algunos más raros se podían llegar a encontrar en las tiendas sin revisar demasiado. Realmente era complicado, como había dicho el príncipe, ser un mago oscuro en ese otro lugar - Debe ser muy difícil estudiar entonces... no se preocupe, la biblioteca del instituto tiene una amplia colección de libros que podrá consultar, puedo llevarle a la parte de avanzadados si algunos son demasiado básicos, pero no diga nada. - como estudiante avanzado tenía algunos permisos extra y si bien tenía prohibido meter alumnos por debajo del nivel a esos salones, podía hacerlo a escondidas por un amigo... por su primer amigo.

Sintió algo frío y duro en su mano, y al bajar la mirada se encontró con el Vulnerary que le había entregado el mago, sus huellas digitales quedaron plasmadas en la superficie manchando la misma de sangre pero con una sonrisa le devolvió el brebaje - Descuide, no es necesario, ya sanará solo, no creo correcto beber de esto cuando a herida fue hecha para Grima, sería como renegar del sacrificio que hice. Sanará por si misma y dejará una marca por él. - explicó con la misma sonrisa alegre y amable que había cargado en en la mayoría de los momentos desde que le había conocido. Solo había recibido medicina o curación en algunos casos muy especiales donde las cosas se habían puesto demasiado intensas o realmente corría peligro su vida, pero un simple corte no era para nada algo que fuese peligroso, incluso uno en la muñeca.

Por un rato caminó separado del otro mago oscuro pero cerca de mitad de camino le volvió a tomar por la túnica, demasiado emocionado con tener un nuevo amigo que le cayera tan bien. Sus pasos se apresuraron al llegar a la ciudad y casi que llevó a rastras al príncipe al estar en la vista el internado, las altas torres oscuras se asomaban por sobre las altas murallas con rejas por encima, el portón de rejas estaba custodiado, era obvio que salir no era algo sencillo, incluso desde el exterior se podían escuchar gritos y risas así como golpes, la energía estaba sumamente cargada en ese lugar al punto que incluso una persona normal podía llegar a sentirla y hacerle temblar las rodillas de miedo.
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