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[Campaña de liberación] El Surgimiento y la Caída [Privado | Vallum]

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[Campaña de liberación] El Surgimiento y la Caída [Privado | Vallum]

Mensaje por Eliwood el Miér Mar 15, 2017 5:46 pm

En favorables y pésimas condiciones, los emergidos habían demostrado poder luchar con exactamente el mismo ímpetu, rara vez detenidos por las inclemencias de la naturaleza o siquiera el cansancio de arduas campañas. No obstante, para la fortuna del noble que hacía las veces de general en aquel frente de guerra, sus barcos respondían a la fuerza de las olas y el empuje de los vientos como cualquier otro, desviados por las impredecibles mareas. Así como se había adentrado él por el mar al norte de Regna Ferox, así como habían salido varios navíos emergidos a su encuentro antes de vislumbrar siquiera la costa, habían sido todos empujados en igual medida por un cambio en los mares durante el extenso encuentro. Ni en ventaja ni lo contrario, proseguía una persecución de días y una lucha exhaustiva, amainada un tanto por el saber que los navíos emergidos habían agotado las cargas de sus cañones, así como los de Altea que Eliwood comandaba habían utilizado hasta el último arpón, flecha de ballesta y proyectil. Se preparaba todavía el aceite y alquitrán para las flechas llameantes que tendrían como último recurso a distancia, pero se reservaba para cuando lograsen aproximarse al enemigo, tan insistente en seguir distanciándose y navegando al Norte.

- El Sur de Jugdral. A este paso, terminaremos arrinconándolos allí... - El pelirrojo habló en voz alta, soltando enseguida un cansino suspiro. Se llevó los dedos el puente de la nariz, subiéndolos hasta presionarse levemente entre los ojos y apartarlos antes de que alguno de sus hombres notara la seña de desgaste. Llevaban días, más días de los previstos en el mar, gracias a aquel desvío. Siempre al borde de alcanzar un enfrentamiento, siempre preparados para un imprevisto o en vigilia por refuerzos tanto suyos como del enemigo en los aires, difícilmente habían conseguido dar descanso a las tropas, turnándose entre platones. Aún así, estaba muy lejos de ser suficiente. Eliwood, en particular, apenas había conseguido descanso; empero tan relevante era para él mantener la moral de sus tropas, mantener su intachable imagen como ejemplo y prueba de que todo seguía bien, que tan sólo las pequeñas arrugas algo más obvias junto a sus ojos delataban su falta de descanso. Respiró hondo y lo hizo todo de lado, volviéndose hacia la tripulación y alzando la voz al comunicarles sus instruccciones. - ¡Seguiremos a los emergidos hasta la costa! ¡Icen banderas blancas! ¡Debemos mostrarle a la guardia de Thracia que no somos parte del enemigo! -

Respondiendo al unísono, los soldados se pusieron de inmediato en movimiento. Eliwood tanteó la espada a su lado, un fino sable del que no había conseguido separarse siquiera para sus pocas horas de sueño. La armadura era tan habitual contra su pecho y sobre sus hombros a aquellas alturas, que se reconfortaba de respirar profundo y sentirla allí, cuando el momento de luchar se acercaba. Ninguna pelea era más fácil que las anteriores, para un hombre que no se sentía en absoluto hecho para matar, pero su objetivo era claro y sólo había una respuesta correcta que tomar: detendría a los hombres emergidos antes de que pudiesen causar estragos en la zona de Jugdral a la que arribarían. La amenaza que tanta fuerza había tomado en Regna Ferox no debía extenderse más allá. Quitando la vista de la costa a la que se aproximaban, Eliwood retrocedió entre los soldados de Altea y de su Lycia natal para preparar la ofensiva.

No pasó mucho tiempo antes de que se avistara el navío emergido encallando en la costa del archipiélago de Miletos, único barco sobreviviente del combate marítimo, y sus ocupantes se viesen descendiendo a toda prisa, alzando las armas ante todo ser humano que hallasen cerca. Con las banderas blancas ya reemplazando a las de Altea en ambos de sus navíos, el contingente dirigido por Eliwood no tardó en aproximarse también a los muelles, con el mismo marqués atentamente de pie en la proa, buscando con la mirada presencia humana allí. A quien les viese, debía avisar cuanto antes que estaban allí para ayudar, que sus barcos no eran de emergidos; pedir autorización para su desembarque, si era necesario. Las largas tablas de descenso se preparaban ya en manos de los suyos, en formación para descender al ataque apenas pudieran pisar tierra firme. Entre tanto, sin embargo, debían mostrarse quietos y dóciles, a fin de evitarse un conflicto nacido de pura confusión con los habitantes del archipiélago. Alzándose en pie sobre el barandal, el hombre de entrada edad llamó a viva voz. - ¡El ejército de Altea y Lycia solicita autorización para desembarcar! ¡Permítannos prestar auxilio! -
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Re: [Campaña de liberación] El Surgimiento y la Caída [Privado | Vallum]

Mensaje por Vallum el Sáb Abr 08, 2017 1:34 pm

Los problemáticos emergidos estaban en todas partes, ya habían librado varias batallas contra aquellos seres, pero no dejaban de aparecer mas y mas. Nadie sabía a ciencia cierta cuantos emergidos había, ni cuantos seguirían apareciendo, pero lo que si sabían es que tenían que pararlos en cuanto encontrarán aunque solo fuera uno de aquellos seres. No traían nada bueno, ellos habían sido los que habían asesinado al padre del joven guardián del archipiélago de Miletos. Por suerte hacía ya unos días que no se reportaban ataques de emergidos en la zona, todo parecía estar seguro gracias a las inteligentes estrategias que el general había ideado para mantener seguro el archipiélago. Había estado colocando guardias en todos los puestos fronterizos, en la ciudad, en los pueblos y había intensificado la guardia en las costas ya que muchos emergidos habían llegado hasta el archipiélago por el mar.

Los guardias que patrullaban las costas habían avistado ya varios barcos que se acercaban hasta Miletos, antes de avisar al mando en la ciudad de Miletos, tenían que averiguar si eran barcos con fines belicosos o había algunos que tuvieran intenciones pacificas o de ayuda. Aquellos barcos aun estaban lejos, por lo que no se podía identificar muy bien de donde provenían. Lo que si pudieron ver es que algunos barcos habían sido atacados por otros, por lo que seguramente habían estado batallando en plena mar, llevándolos hasta aquellas costas. Conforme iban avanzando, pudieron darse cuenta de que algunas naves empezaban a sacar sus banderas blancas, acto que les hizo mandar el mensaje hasta Miletos lo antes posible con la notificación de que había barcos enemigos y barcos que pedían ayuda por parte de Miletos.

Las palomas mensajeras eran mucho mas rápidas que cualquier jinete avezado, llegaban hasta los destinos marcados mucho mas rápido y con mas facilidad. Fue así como llegó el mensaje de ayuda y de batalla hasta Miletos. El joven general estaba aun en su despacho cuando uno de sus guardias irrumpió entonces en el despacho, debían ir hasta la costa cuanto antes, se avecinaba una batalla. -No podemos dejar que otros luchen solos en nuestras costas, vivimos gracias a ellos,
nuestro mercado es importante gracias a que otros países confían en que aquí estarán seguros y podrán vender sus mercancías.
No es que disfrutara de las batallas, pero si dejaba que unos emergidos atacaran y acabaran con unos extranjeros, todo el mundo se enteraría de que, Miletos ya no era un lugar seguro para el comercio y el ocio.

No tardaron demasiado en formar un escuadrón para apoyar a las fuerzas que ya estaban guardando aquellas costas. Las carretas de transporte se llenaron en poco tiempo con los soldados que lucharían contra los emergidos en las costas. El general de castaños cabellos se había montado en el carro junto con sus compañeros. No tardaron demasiado en llegar a las costas, a tiempo para que el general pudiera dar la orden de dejar que los barcos aliados desembarcarán. -Sacad la bandera de permiso! ondeadla! Desde el puesto del vigia, el hombre encargado de aquel puesto saco una gran bandera verde que empezó a ondear varias veces para que los barcos vieran que tenían permiso. El general por su parte empezó a armar a sus tropas, que se colocaron como un muro en la costa, algunos arqueros ya empezaban a apuntar a los barcos enemigos. -Tenemos que dejar que nuestros amigos de Altea y Lycia desembarquen sin problemas,
disparad a los barcos enemigos, usad todas las flechas que necesitéis, pero que vean que no pueden desembarcar aquí.
Los arqueros empezaron a disparar sus flechas contra los otros barcos, dejando via libre a los barcos de Altea y Lycia. -Aprovechad! Venga! Tenéis permiso, poneros a salvo!
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Re: [Campaña de liberación] El Surgimiento y la Caída [Privado | Vallum]

Mensaje por Eliwood el Mar Abr 25, 2017 6:19 pm

El muelle lucía cada vez más cercano, más próximo a su vez el momento de desembarcar o permanecer, para el que el marqués aguardaba todavía instrucción. En breve la respuesta de Miletos llegó ante los ojos de Eliwood en la forma de una gran bandera de tela verde, que se ondeaba aprisa desde lo alto de un puesto de vigía. Su significado era claro. Pese al problema que venía con ellos, eran bienvenidos. - Qué alivio... - Exhaló, alzando entonces una de sus enguantadas manos a la vista de sus hombres, señalizando con un gesto simple poner en marcha los preparativos. No había motivo para dilatar las cosas. Apenas el navío se aproximó al muelle, fue posicionada a estribor la alargada plataforma para descenso, adelantándose por esta cuatro soldados, que coordinados con sus compañeros abordo ataron la embarcación en sitio, asegurándola. Enseguida descendió también el marqués, y marchando tras él, en todavía perfecta coordinación, las tropas alidas; algo que siempre podía alabar de los alteanos que conformaban la gran mayoría de las fuerzas a su cargo, era lo impecable de su sentido del protocolo, mejorando el desempeño de los mismos pheraens a la par.

Había dejado de observar el puerto mientras se ocupaba en la tarea inmediata de desembarcar, perdiendo perspectiva del estado de las cosas allí. Para cuando se halló al fin en tierra, con la mano descansando sobre el mango de la espada y los ojos atentos a su entorno, lo que vio fue mucho más esperanzador de lo anticipado: un contingente considerable de soldados, muchos más de los que había creído ver desde las aguas, había arribado a fortalecer las defensas del lugar. Hombres de imponentes escudos ya en formación, bajo estandartes de Thracia, mas puesto en dorado relieve en sus escudos un emblema que Eliwood desconocía, al no haber tenido oportunidad de conocer Miletos antes de su incorporación a Thracia. Curioso y satisfecho a la par, el pelirrojo de entrados años se aproximó a quien se hallaba por delante de las tropas, el joven general que había dado voz a las instrucciones. Pese a la difícil jornada tras de sí, Eliwood se cargaba aún con dignidad; recto de espalda, compuesto, con la fina vestimenta bajo la armadura de impecable elaboración resaltando aún con las manchas de rojo oscuro secas en su superficie, así como las leves abolladuras en las hombreras. La fina banda de oro entre su cabello, visible sobre su frente, le marcaba como a un terrateniente de buena posición. No obstante, al detenerse frente al muchacho de cabello castaño, a su parecer sorprendentemente joven para dirigir de ese modo, lo primero que hizo fue inclinar profundamente la cabeza.

Pese a lo preparados que los thracios lucían para afrontar la llegada de los emergidos, persistía el hecho de que los navíos extranjeros les habían traído un problema. Eliwood y los suyos les habían traído el problema. Fue por eso que, con una mano puesta en el pecho en seña de sinceridad, manteniendo la cabeza inclinada, el hombre inició su habla con mesura. - Mi nombre es Eliwood, marqués de Pherae y general supremo de este ejército, el de Lycia y Altea. - Se presentó, sólo entonces levantando la vista para enderezarse a cuenta nueva. Aún así, su voz bajó en humildad al proseguir, sin dudar en ver a los ojos al joven general. - Hombres de Thracia... me disculpo ante ustedes, desde el fondo de mi corazón. El mar nos ha empujado fuera de la ruta prevista, el barco emergido que perseguimos nos ha eludido, y por eso ha llegado a ustedes un peligro que no les correpondía enfrentar. Es nuestra culpa que esto sucediese y lo lamento mucho. - Dijo. La vista de los soldados de Altea se hallaba sobre él; era un extranjero quien les lideraba, sin embargo, el código de honor que seguían quedaba satisfactoriamente expresado por el pelirrojo. Ante todo, esa disculpa había sido necesaria. - Agradezco su amabilidad y compasión, pero si nos acepta preferiríamos combatir junto a usted y enmendar lo que hemos causado. Estamos preparados, aún podemos combatir. -

La correcta forma de actuar para un caballero era una sola, en toda situación. En la que se encontraban allí, aquello significaba salvaguardar su honor ayudando a subsanar el daño que ellos mismos traían. Dicho aquello, Eliwood observó la formación defensiva y las flechas que preparaban, apuntadas al navío enemigo, intentando percibir la mejor forma de ayudarles. Parpadeando en asombro, pues ciertamente era ambiciosa idea la de detener a los emergidos donde estaban, miró por sobre su hombro para dar sus propias instrucciones a sus hombres. - Preparen las flechas. Debimos haber traído magos con nosotros... - Dijo, contemplativo. De cualquier modo, a falta de magia de fuego, las flechas llameantes no serían tan mala opción.
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Re: [Campaña de liberación] El Surgimiento y la Caída [Privado | Vallum]

Mensaje por Vallum el Mar Mayo 02, 2017 1:42 pm

Miletos era conocido por su hospitalidad, bien era cierto que aquello no había sido así siempre, pero con el tiempo todo había cambiado, tenían que ser hospitalarios y abiertos si querían seguir siendo el punto de encuentro de mercado internacional de todo el mundo. Era cierto que las relaciones entre sus países no eran las mejores de hecho eran casi inexistentes por lo que había oído, muy pocos países de fuera de Jugdral se interesaban en aquel continente el cual permanecía implacable ante las oleadas de emergidos que asolaban sus tierras. Lo único que si que les interesaba era el mercado de Miletos, pero en ningún momento había oído de alguna alianza entre algún país de Jugdral y uno extranjero. El no era bueno en política ni en la nobleza, no había estudiado sobre aquello, pero como general de Miletos, uno de las zonas de Thracia, estaba enterado de cualquier alianza,rivalidad o ambición de conquista por parte de Thracia.

Era obligado llevar las banderas de Thracia, pero en Miletos aun portaban en sus escudos el antiguo emblema de Miletos, era algo que por mucho que pertenecieran a Thracia no iban a cambiar. La gente de Thracia y de Miletos tenían algunas diferencias claras, de hecho Thracia ni si quiera hacía mucho caso al propio Miletos , dejándolo quizás como una zona de la que podían sacar beneficios pero de la que no sentían gran orgullo, básicamente era como si los estuvieran utilizando. Las fuerzas de Altea y Lycia ya comenzaban a salir del barco, sus banderas y sus emblemas demostraba que el chico estaba en lo cierto, eran de aquellos países. Para proteger un poco el desembarco de las fuerzas extranjeras, los arqueros disparaban flechas contra las naves enemigas. Esto no las lograba parar demasiado, pero al menos serviría por un tiempo.

Al ver llegar al hombre que parecía estar a cargo de todo aquello se puso firme, intentaba tranquilizarse pero la verdad es que muy pocas veces conocía a alguien de la alta nobleza, sobre los hombros de aquel hombre había una gran responsabilidad. El general tragó saliva entonces, recordó entonces que ni si quiera se había echado algo de colonia para oler bien aquel día. Disimuladamente intentó buscar entre sus piezas de armadura alguna que no estuviera bien colocada, quería verse bien presentable. Titubeando un poco nervioso al final logró decir algo. -Yo soy...soy Vallum, Escudo de Miletos y protector de todo el Archipiélago de Miletos, me encargo de toda esta zona...y ah...es un placer conocer a alguien tan importante como vos, es un honor. Se inclinó respetuosamente un momento para después levantar la cabeza y realizar el saludo militar pertinente. Escuchó entonces las palabras de aquel hombre parpadeando varias veces sorprendido, ¿Se estaba disculpando por haber buscado ayuda? No lo comprendía muy bien por eso negó varias veces sonriendo esta vez seguro, con una cálida y jovial sonrisa. -No os preocupéis, mi señor, aquí no estamos juzgando de quien es la culpa, aquí estamos para defender y proteger a la humanidad, si podemos proteger y salvar aunque sea solo una vida.

Asintió convencido entonces girándose un poco para hablar a sus fuerzas, seguramente un contingente unido entre tres fuerzas no sería rival para los emergidos, pero no podían subestimar al enemigo, un enemigo que nunca se cansaba. Las flechas no eran suficientes para parar al enemigo. Encallaron en la costa sin ningún cuidado de que sus embarcaciones fueran a resultar destruidas y aquellos malditos seres empezaron a salir del barco corriendo, levantando sus armas. -Vamos a devolver a esas criaturas al agujero del que provienen! Nunca mas volverá la oscuridad a Miletos! El chico levantó su lanza y agarró su escudo mirando fijamente al otro hombre. -No os preocupéis, estamos preparados... Si mostraba la buena presencia y la fuerza del ejercito de Miletos podría dar una buena impresión tanto para Lycia como para Altea. Las fuerzas de Miletos se colocaron como principal defensa, parando el ataque inicial de los enemigos, ahora que tenían aquella ayuda, sus fuerzas podían bloquear a los emergidos mientras que las fuerzas del marqués los atacarán.
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Re: [Campaña de liberación] El Surgimiento y la Caída [Privado | Vallum]

Mensaje por Eliwood el Mar Mayo 23, 2017 1:55 am

Miletos. Tomó nota del nombre, así como del gravado en los escudos de aquellos soldados. A su vez, observaba con una mezcla de la usual formalidad y un toque espontáneo de agrado el modo en que el general se dirigía a él. En efecto, al estar cerca confirmaba que se trataba de alguien joven aún, y sus conscientes gestos de componerse así como el leve titubeo en su habla enternecían al marqués profundamente, dibujando en su rostro una cálida sonrisa de principio a fin de las palabras del menor. - Así que esta zona es llamada Miletos, ya veo. Comienzo a recordar donde lo había oído. - Dijo, rememorando los conocimientos que hacía unos años había perseguido tanto sobre el Nuevo Mundo y sus reinos, tiempos en que había soñado con visitarlos todos. Comprendía ahora que los reinos que conformaban Jugdral eran menos ya, mas le alegraba que en alguna forma Miletos perpetuaba su existencia. No obstante, más relevante que juzgara al reino en sí, sopesaba el calibre de su general a cargo, sintiéndose aliviado y afín al oír de sus propios labios que eran la clase de ejército que valoraría la vida antes que todo. Esperando disipar cualquier nerviosismo en el otro, el pelirrojo negó con la cabeza y respondió en voz calma. - Pero el placer es mío, joven general. Ha de ser verdaderamente notorio para ostentar ya tan alto cargo; estoy seguro de que será un honor combatir a su lado. -

Habría deseado detenerse por más tiempo a intercambiar palabras con un comandante que parecía compartir sus ideales, sino cuanto menos la forma de obrar, pero la situación no se prestaba a ello. Hizo de lado la intención por el momento, mas no la descartó; inclusive al volverse hacia sus propias tropas, por más de un instante permaneció de reojo observando a Vallum ponerse en movimiento, con carismática disposición entre los suyos. Sí, si todo salía bien, lo buscaría nuevamente cuando el peligro pasara. Demasiado tiempo en guerras en que no creía tornaban a Eliwood algo ansioso de hablar con quien posiblemente pudiese entenderse bien. Por lo pronto, mientras las tropas de Miletos se preparaban para recibir la arremetida del enemigo en tierra, Eliwood comandó también a quienes le seguían.

- ¡Arcos! ¡Carguen! - Indicó, acompañando su voz con un gesto de la mano, en alto. Lentamente veía la formación que tomaban las tropas de Miletos, comprendiendo sobre la marcha el rol con que las suyas deberían complementar. A su orden, los arqueros alteanos se formaron y alzaron los arcos, poniendo ya las flechas a lugar. - ¡Lanzarán a mi orden cuando el enemigo esté agrupado! ¡La infantería avanzará conmigo enseguida! - Eliwood continuó. La firme defensa no permitía que los emergidos avanzaran demasiado tras desembarcar, contenidos por los escudos y lanzas de los defensores; apenas la mayoría de ellos llegara a ese punto, etonces, sería el más conveniente momento para acribillarlos. Y entonces, al reducir los números un tanto, poner a las unidades de pie de ambos bandos a entablar combate abierto para terminar de reducirlos. Sólo necesitaría que la fila defensiva se abriera en el momento justo para dejarles atacar. Avanzando hasta el castaño general, Eliwood lo abordó pacientemente, sin dejar que la urgencia de una situación tras otra alterase su semblante. - Vallum de Miletos, ¿le importaría comandar la apertura de su formación para permitirnos abordar al enemigo de frente? Los apoyaremos al máximo de nuestras capacidades. -  

No era algo inmediato, por supuesto. Alarmado por el distintivo sonido de las armas comenzando a chocar cuando los emergidos intentaron derribar a quienes les recibían y retenían allí, Eliwood alzó la vista a la escena que se desenvolvía. - ¡Arcos, preparen...! - Indicó, alzando la mano a medio camino. Los arqueros tensaron los proyectiles en sus cuerdas. Las tropas emergidas se agolpaban, algo torpes por el reducido espacio y por no estar logrando atravesar la defensa. El marqués finalmente hizo un amplio gesto de la mano hacia adelante. - ¡Suelten! ¡Infantería, en formación! - A su comando, una lluvia de flechas comenzó a caer sobre el grupo de emergidos, tumbando a varios de ellos, pues en esas condiciones era prácticamente imposible no dar en algún blanco. Esperando el proceder de los hombres de Miletos, el mayor desenvainó ya su espada, corriendo adelante flanqueado por los soldados de su reino y el de Altea. No se quedaría atrás, no perdería ocasión de agradecer la gentileza de los extranjeros peleando junto a ellos.
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Re: [Campaña de liberación] El Surgimiento y la Caída [Privado | Vallum]

Mensaje por Vallum el Mar Jun 06, 2017 3:15 pm

Debía calmarse un poco y mostrar lo seguro que había sido siempre en el campo de batalla, como le habían entrenado desde pequeño. Debía comportarse de forma profesional delante de un noble como el otro hombre y hablar correctamente, igual no debería hablar demasiado sobre si mismo ni sus problemas. El creía que era bastante notorio para tener un puesto como aquel, quizás si que lo era, había demostrado con el tiempo que se había ganado aquel puesto como el que mas, o eso pensaba el joven, aun así aquel puesto había sido cedido por su padre adoptivo. -Nunca ha sido fácil para alguien tan joven tener tanta responsabilidad, muchas veces lo he hecho mal y los soldados no me apoyaban... No le iba a contar que además de que era por su juventud era un poco por sus gustos también, los cuales no gustaban a la mayoría. -Pero aun así he conseguido poco a poco que me sigan, con mucho esfuerzo, paciencia y muchas ganas de seguir trabajando cada día! Si algo había que lo hacía tan reconocible es que casi nunca daba por perdida ninguna causa.

Si se organizaban bien, ambos ejércitos podrían acabar con bastante rapidez con aquellos emergidos. Ellos eran básicamente tres ejércitos juntos, el ejercito de Lycia, el de Altea y ahora el ejercito de Miletos, contra un solo ejercito de emergidos, lo único que estos tenían como ventaja es que no se cansaban al luchar, por lo demás no tenían mucho mas. Al llevar la batalla a tierra, era mucho mas fácil contenerlos y las fuerzas de Miletos podrían apoyar a las fuerzas conjuntas de Lycia y Altea. Aquel hombre parecía un gran líder, tenía una gran fuerza de convicción y sus soldados obedecían sus ordenes con suma obediencia, incluso aquellos que eran de Altea, eso provocaba que el chico no pudiera evitar sonreír. Normalmente no conocía a personas como aquel hombre, los nobles no se fijaban en Miletos, era cierto que podía ser un lugar famoso por su comercio internacional...pero a quienes les interesaba aquello era a los mercaderes, los nobles preferían ir directamente a Thracia. Quizás en algún otro momento pudiera hablar con aquel hombre de cabellos como el fuego, pero lo primero era lo primero.

-Dejaré paso a sus soldados, Lord Eliwood de Lycia, no os preocupéis, no dejaremos que ningún emergido entre en Miletos. El chico sonrió entonces ampliamente esperando el momento propicio para dar la orden, cuando escucho por segunda vez al otro hombre levantó su escudo. -Abran la formación! Apoyad al ejercito de Lycia y Altea! Los soldados de Miletos abrieron su formación, dejando pasar justo a tiempo a los soldados de la alianza, a los cuales los emergidos no esperaban, un ataque como aquel podría ser devastador. El joven de castaños cabellos claros se coloco bien el casco, el escudo y la lanza y empezó a correr hacia el grupo también. -Debemos acorralarlos! Que no se escape ninguno de la costa! Sus hombres se comportaban como escudos para los otros soldados, protegían a estos de las armas emergidas y además contraatacaban, Vallum hizo lo mismo se coloco junto a Eliwood en batalla, bloqueo un tajo de espada de un emergido que iba dirigido hacia Lord Eliwood con su escudo, hiriendo su cuerpo con su lanza al apartar la espada con su escudo, se mantenía cerca de aquel hombre para ayudarlo y apoyarlo en batalla. Los emergidos no paraban de atacar, aun atacaban con mas ferocidad al sentirse acorralados y atacados, como si de bestias se tratasen, eso los hacía algo mas agresivos y hacía impredecibles mucho de sus ataques. Los luchadores de hachas intentaban atacar al chico con todas sus fuerzas, logrando incluso que perdiera las fuerzas al recibir tantos hachazos en su escudo.
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Re: [Campaña de liberación] El Surgimiento y la Caída [Privado | Vallum]

Mensaje por Eliwood el Jue Jun 15, 2017 1:14 pm

El grupo de Miletos era todo lo que necesitaban. El extenso jaque mate en que el ejército de Lycia y Altea se había visto las últimas jornadas con sus oponentes emergidos, igualados en fuerza y estancados en una persecución, terminaba al fin con la intervención del ejército extranjero. Los números se ponían a su favor y las condiciones óptimas de los hombres de Miletos prometían un rápido final. Sólo hacía falta un último empujón, un último esfuerzo que Eliwood pedía de las tropas a su comando para que todo acabase de buena manera. Aunque le obedeciesen sin cuestión y muy rara vez perdieran compostura, desempeñándose tan impertérritos como siempre, sabía que era una dura labor la que les encomendaba, pero la recompensa valdría la pena. Liquidarían el asunto de una vez. El hombre mayor suponía que si le seguían incluso en ese punto, debía ser porque entendían lo que la situación había llegado a ser, o bien sólo confiaban hasta las últimas instancias en su comando; como fuese, era desde allí que provenía la importancia que confería a estar él mismo al frente, mostrando con su ejemplo la persistencia que pretendía que sus soldados mantuvieran.

Era parte el rol de un líder, un rol que creía que el general Vallum comprendía. Carismático y enérgico, también guiaba él mismo a sus hombres, habiéndose lanzado al frente del combate enseguida después de dictaminar las órdenes necesarias. Al verle calzarse el casco y tomar la lanza, clara su intención, Eliwood decidió que le agradaba bastante el muchacho. Tenía una buena disposición y su corazón yacía en el lugar correcto. Aliviado y satisfecho en igual medida por la clase de hombre que hallaba liderando ejércitos extranjeros, con su convicción intacta el marqués se apresuró también a la carga, irrumpiendo en la línea frontal en el preciso instante en que los acorazados jugdralitas le permitían el paso. Con el rostro en un gesto serio, la mirada enfocada y la espada firmemente sujeta en la diestra, aceleró el paso para arribar a la carrera hacia sus oponentes, sin detenerse al blandir contra el primero ni al apuñalar bajo el mentón del segundo; se agachaba, giraba o desviaba su curso cuando debía, pero no paraba. Un ataque como aquel debía eliminar lo que quedaba del enemigo cuanto antes, limpio y certero. Los músculos de sus brazos ardían por el esfuerzo, pero su mente priorizaba mucho más lo que tenía ante sí: el ritmo que debía encontrar en el combate, cual veloz danza. Qué enemigo atravesar con su espada, hacia donde moverse con el gesto que hacía al extraerla, por donde proceder y cómo mantener sus pies en movimiento. Recto de espalda, luchaba siempre con una sola mano, dando ágiles estocadas, mientras la otra o yacía en formal posicion tras su espalda o sujetando al enemigo para ayudarse en el forzoso gesto que era retirar el metal atascado en un cuerpo inerte.

Pero estaba exhausto y había más brusquedad de la necesaria en sus movimientos, dándoles un peso que impedía al marqués continuar con su usual rapidez. Se hallaba acorralado más a menudo de lo que era prudente. No obstante, por el rabillo del ojo percibía la plateada armadura de Vallum siempre cerca; los dioses sabrían cómo exactamente lo conseguía, pero parecía estar allí para bloquear cualquier ataque dirigido al pheraen, protegiéndolo. Deteniéndose un instante, pues comenzaba a tardar mucho más de lo normal en retirar la espada de un enemigo tras apuñalarlo, Eliwood volvió el rostro hacia él y le sonrió de la más sincera forma en que podía. - Le agradezco. - Dijo, breve, antes de conseguir extraer su arma, tambaleándose un poco por el desequilibrio que se había ocasionado a sí mismo. Acercándose a Vallum y a la defensa de su escudo, en vista de que parecía tener intención de protegerle, se tomó un instante para respirar hondo y componerse. Se enderezó a cuenta nueva y ajustó su agarre en su espada. Había sangre permeándole los nudillos y el dorso de la mano, por lo profundo que había hundido la espada en un par de estocadas, pero su palma estaba seca y aún podía sostener el arma sin problemas. Preparado para retomar el ritmo, el pelirrojo habló otra vez, dirigiéndose al extranjero.

- Estaremos procediendo juntos entonces, ¿no? Deberíamos mantenernos en movimiento. - Dijo; quietos era fácil acorralarlos, y veía a Vallum bajo demasiados ataques como para no preocuparse. Había aguantado posición por demasiado tiempo, los emergidos se centraban ya en intentar bajar su escudo a como diera lugar, insistentes en la fuerza de sus golpes. Preocupado de que pudiese moverse siquiera sin que se le echasen demasiados encima, el hombre mayor gentilmente le indicó lo que creía mejor hacer, aunque no cabía duda de que se trataba de una orden. No había tiempo para discutir movimientos. - Cambiamos. Usted cuide mi espalda. Ahora. - Dijo, enseguida adelantándose, saliendo del resguardo por el costado del escudo, con la espada lista para blandir enseguida contra los emergidos en un amplio movimiento. De inmediato arremetió directamente entre ellos, hundiendo la espada en línea recta en el abdomen de uno, para girarse al retirarla y blandir contra el siguiente. Si se mantenía en movimiento, se mantenía relativamente a salvo. Un hacha llegó a impactar de lado contra su pechera, de algún modo el filo alcanzando la correa y rompiéndola. La pieza de armadura colgó incómodamente de la otra correa, y Eliwood debió arrancarla y echarla al suelo antes de que se volviera un estorbo. El costado de su pecho sangraba, mojando su ropa paulatinamente, pero no lo sentía como una herida profunda. Rápidamente dio muerte al último de los hombres en la proximidad inmediata, y seguro de que tocaba su límite se tambaleó hacia atrás, casi que cayendo contra la armadura de Vallum. - Ah... lo siento, ha sido una campaña muy larga, no estoy en mi mejor... - Negó con la cabeza, sin terminar, e intentó enderezarse. Sus tropas no podían verle así, sería descorazonante. - Procedamos. -

Igualmente miró a su alrededor, buscando comprobar la posición general de sus tropas, que se movieran al unísono entre el enemigo y avanzaran a ritmo similar. Estaban encargándose de los emergidos, la batalla no duraría mucho más. Con alivio, respiró hondo y alzó la voz para hacerse oír entre ellos. - ¡Han oído al general Vallum! No permitiremos retirada. - Gritó, disminuyendo su tono con desasosiego en la última parte. No había otro modo, sabía que con los emergidos no había otro modo, pero jamás cesaría de dejarle un mal sabor de boca apuntar armas a hombres que intentaban retirarse. Era inmisericorde y poco moral. Por fortuna, las criaturas parecían mucho más interesadas en pelear hasta el último hombre que en intentar regresar, recordándole al pelirrojo la poca humanidad que parecía haber en ellos.
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Re: [Campaña de liberación] El Surgimiento y la Caída [Privado | Vallum]

Mensaje por Vallum el Jue Jun 22, 2017 1:11 pm

Los movimientos del marqués eran rápidos y gráciles, era una verdadera maravilla verlo luchar, como un espectáculo de danza que el joven general no podía evitar admirar. A su lado, el joven chico parecía una tortuga patizamba. Con tanta armadura, no podía moverse de aquella forma, solo podía mantenerse estático y moverse de vez en cuando, utilizando su escudo y su armadura como salvaguarda, en vez de los movimientos ágiles y rápidos, como lo estaba haciendo el marqués. Desde luego eran dos formas de luchar muy diferentes, pero quizás la forma de lucha de aquel extranjero era mucho mas mortífera que la suya, que funcionaba bien, pero no acababa con grandes cantidades de emergidos a no ser que usaran formaciones especificas para ello. Aun tenía que aprender mucho, era joven y ver nuevas formas de lucha le permitían a el hacerse una idea de lo que podía hacer en el futuro, quizás en el futuro podría utilizar alguno de aquellos movimientos tan bonitos y que los demás lo admiraran como el estaba admirando al pelirrojo. -Espectacular...Que gracia... Susurro mientras estaba aguantando las acometidas de por lo menos cinco emergidos a la vez con su escudo.

Tantos ataques comenzaban a convertirse en un fastidio, el joven no podía aguantar tantos golpes y aunque usaba su lanza para atravesar a alguno cuando sentía que podía mover un poco su escudo, otro nuevo ocupaba el puesto del emergido que había muerto. Entonces fue cuando escucho la voz del pelirrojo que ya estaba junto a el por lo que su azulada mirada se giro para observar un momento al hombre sonriendo con gran amplitud, una sonrisa radiante y llena jovialidad. -Tenemos que ayudarnos entre todos! No tienes que agradecer nada, digo eh... y esta vez intentó poner una voz algo mas seria y responsable. -No tenéis que agradecer nada. Suspiro entonces un poco, siempre se le olvidaban las clases de protocolo. El hombre entonces decidió ponerse en marcha de nuevo por lo que el joven asintió sonriendo suavemente, apartó entonces su escudo y avanzó junto al pelirrojo esta vez usando su lanza, ensartando a varios emergidos con ella conforme avanzaba, muchos de ellos usaban sus espadas para intentar cortar su armadura, pero lo único que lograban era arañarla. Solo uno de ellos logro cortar su carne, aunque no logró hacer mucho daño, logró penetrar su arma entre las piezas de su pierna. Ahora estaba cuidando la espalda de aquel hombre, dejando que luchará mientras él también lo hacía.

Notó como aquel hombre terminaba por caer junto a el por lo que no tardó en ayudarlo, agarrándolo un poco mientras observaba las heridas del pelirrojo parpadeando varias veces conforme lo escuchaba. -En Miletos podréis descansar bien, os lo garantizo y podréis comprar lo que necesitéis, no os preocupéis, estáis en buenas manos. Rió levemente volviendo a sonreír con gran amplitud mientras lo miraba ayudándolo un poco a enderezarse para que sus tropas vieran la fuerza de su líder aun. Las tropas siguieron con la lucha, sin dar cuartel al enemigo que al final termino por caer contra las espadas, lanzas y escudos de las tropas aliadas. -Volvemos a Miletos, necesito un escuadrón que se encargue de los cuerpos y otro escuadrón debe quedarse para mantener vigilancia, no sabemos si volverán a aparecer banderas por el horizonte. Entonces miró al hombre y lo ayudo a caminar, apoyándolo contra su armadura conforme andaban. -Vuestras tropas son espectaculares, y tenéis unos movimientos muy bonitos, mas quisiera yo moverme tan rápido y tan grácil como vos, a vuestro lado debo parecer un caracol. Rió divertido y al llegar a la caravana lo ayudo a subirse. -Vuestras tropas necesitan descanso...pero vos sois quien debe dar la orden, la ciudad no esta muy lejos. No moverían la caravan hasta que el noble decidiera si querían o no ir a Miletos.
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Re: [Campaña de liberación] El Surgimiento y la Caída [Privado | Vallum]

Mensaje por Eliwood el Mar Jul 11, 2017 3:55 pm

No había planeado en absoluto aquella formación, el hecho de permanecer cercano al general de Miletos por lo que quedaba de la batalla, simplemente así había sucedido. De alguna forma le había tenido a su lado cada vez que necesitaba la ayuda y oía las armas dirigidas a él dar contra un grueso escudo de metal en su lugar. Aunque espotánea, aquella forma de proceder le había resultado más que beneficiosa. Enternecía hasta el alma del paternal marqués la buena disposición con que el joven seguía ayudándolo, cuidándolo inclusive, quedándose a su lado en una forma que sospechaba que era para protegerlo, mas aún así, no bastaba para borrar la culpa que le generaba verse tan exhausto y decaer de ese modo. Ya no había grandes heridas en él, tan sólo una que otra mancha oscura de sangre del combate anterior, aunque bajo las rasgaduras en la ropa la piel se viera por completo sana, gracias a los clérigos y sanadoras en el ejército; la herida que acababa de conseguir tampoco era de preocuparse, apenas un corte poco profundo que ya cesaba de sangrar. No se trataba de más que el ardor de los músculos de sus brazos, la tensión acumulada como un nudo en sus vértebras y la fatiga de su mente. Aunque le pareciera demasiado ser sostenido en ese momento, no tuvo más opción sino aceptar que el general lo hiciera con él, pues no parecía poder seguir propiamente en pie por sí mismo. Intentó reír con el otro para disipar la verguenza de ese pequeño desliz, con la vista gacha para no tener que mirar a tan honestos ojos. No deseaba actuar frente a un hombre honesto.

- En Miletos será, general Vallum. - Le respondió con la voz algo tomada, pero satisfecho con el modo en que el joven lo había dicho, sin sugerirle que descansara de inmediato sino hasta después de llevar aquello a término. Era lo que necesitaba oír. Con su ayuda consiguió sostenerse recto nuevamente, viendo con ojos consternados y aliento sostenido todo el campo de batalla desplegado frente a sí. En efecto, superar al enemigo en la carga inicial aseguraba el resto del desenlace; dentro de poco se daba muerte hasta al último de los emergidos, y sin que ninguno de ellos necesitase continuar avanzando el peligro terminaba. Eliwood, pues, pudo limpiar su espada en un pañuelo extraído de su bolsillo de pecho, enfundarla y quedarse con el castaño de corta altura, a quien siguió sin cuestionar. Entendía los procesos, sabía lo que venía a continuación. Altea era un país rico que no se involucraba a menudo en recolectar recursos de cadáveres, pero sí los apartaban y quemaban concienzudamente. Asintiendo con la cabeza, el hombre mayor fue discreto en poner una mano sobre el hombro del acorazado, apoyando en esta parte de su peso, cual bastón para un hombre más viejo. No obstante, no se apoyó más que eso, caminando recto a su lado y cuidando quedarse cerca para no perder aquella estabilidad. Nunca era momento para cesar de cuidar la imagen que daba.

Vallum hablaba como lo hacía o un hombre inexperiente en asuntos de guerra, o uno que de alguna forma había visto y hecho mucho pero mantenido su humanidad donde correspondía. Sabiendo el cargo militar al que había llegado y habiendo peleado a su lado, Eliwood sabía con absoluta certeza que se trataba de lo segundo, un rasgo escaso y maravilloso de hallar. Un tesoro para el mundo en esa oscura época. Contagiado de sus energías y halagado por tantos comentarios positivos, el pelirrojo negó con la cabeza y rió con él. Hacía largo tiempo que no se sonrojaba por recibir tanta atención positiva, pero también, hacía largo tiempo que no oía cosas así. - ¡Por favor, caballero! Me sorprende también la forma en que trabaja. Además, me ha protegido casi todo el tiempo, no crea que no lo veía. - Respondió, separándose de su hombro para subir lo mejor que pudiese al carro. No habían traído caballos en la embarcación y no tenían otro modo de desplazarse en tierra sino marchando, por lo que no estaba en posición de rechazar esa asistencia, más aún desconociendo las ciudades y cómo acceder a ellas. Lo aceptaría con gracia, cuanto menos. Asintió sin decir nada al joven general, sabiendo ya lo que tocaba hacer; girándose hacia sus hombres, con su postura impecable y sus manos tras su espalda, esperó a que estos formaran sus filas ante él para hablarles. - ¡Hemos salido victoriosos una vez más! ¡Que Naga y todos los dioses continúen guardando nuestras vidas en sus manos, para que llevemos a nuestra alianza aún más en las batallas por venir! ¡Por Altea y por Lycia! ¡Por Thracia, y por todos nosotros el día de hoy! - Sonrió con amplitud; en ese momento no lucía ni se sentía demasiado cansado. Era un ejército verdaderamente formidable el que dirigía, que alzaba entonces sus armas con un llamado triunfal. Esperando a que las voces bajaran, el marqués alzó la voz para proseguir. - Sin embargo, somos causantes de que estos emergidos llegaran a la costa de Miletos. Presentaremos nuestro agradecimiento a la milicia local por su ayuda y las debidas disculpas ayudándoles en la recolección de recursos y el retiro de cuerpos o en lo que estimen ellos prudente. Por ahora, acudiremos con ellos a la ciudad de Miletos, atenderemos a nuestros heridos, descansaremos, reagruparemos y todo hombre aún capaz asistirá en las labores necesarias. ¡Rompan filas! -

Dadas las órdenes, se tomó la libertad de tomar asiento. Apenas sus piernas pudieron relajarse y su espalda pudo apoyarse, soltó un largo y complacido suspiro. No habían habido bajas en tierra, les había ido increíblemente bien y él mismo se sentía bastante más animado. Volvió la vista a Vallum, a la espera de que él también subiera; con un gesto de la mano le llamó a su lado. - Viene conmigo, ¿no es así? Quería charlar con usted un poco más, si no le es molestia. - Dijo. Estaba dispuesto a ser bastante más persuasivo para asegurarse la compañía de ese muchacho, pues en ese momento le era importante llegar a hablarle a solas. Había algo que, sin falta, consideraba que valía la pena discutir con un dirigente como él. Siendo sutil en su forma de presionar, lo único que hizo fue extenderle la mano con una sonrisa, de modo que fuese en extremo descortés para el otro no tomarla. - ¿Cómo se encuentra Thracia en general, por cierto? Parece que aún luchan con los emergidos, pero no veo dificultades. Imagino que ya han de saber bien cómo lidiar con ellos. -
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Re: [Campaña de liberación] El Surgimiento y la Caída [Privado | Vallum]

Mensaje por Vallum el Dom Jul 30, 2017 11:24 am

Todo había acabado bien después de todo, habían logrado aplacar el ataque de los emergidos contra aquella Alianza y además, Miletos había conseguido la visita de una de las fuerzas militares mas poderosas del mundo. La alianza había conseguido deshacerse de los emergidos en muy poco tiempo, era cierto entonces que la unión hacía la fuerza. Thracia no tenía muchos aliados en aquel momento, Manster estaba cayendo poco a poco por si solo, los emergidos se estaban quedando con gran parte del territorio y Thracia solo se ocupaba de defenderse, de utilizar sus murallas para proteger las fronteras. Grannvale era un territorio bastante grande, y no había visto mucho movimiento por parte de ellos para formar una alianza, Silesse había sido el único territorio de Jugdral que había pedido ayuda. El joven general permaneció estático junto al marques, observando al ejercito y estando atento a las palabras del otro, dejando que en todo momento se apoyará en el mientras este sonreía caminando poco a poco, sin separarse mucho de el para que siguiera caminando sin problemas.

-Ah bueno, tenemos que proteger a nuestros invitados y sobretodo si son tan importantes como La alianza de Altea y Lycia, ¿Que anfitriones seríamos si no os protegiéramos? Rió levemente entonces hasta llegar al carro. Se giró viendo como ya todo había terminado, sus soldados ya comenzaban a formar hacia los carros para dirigirse a Miletos acompañando a los otros soldados de la alianza para que no se perdieran. Antes de todo permanecieron cerca, parados delante del general y el marques esperando a que el general diera el visto bueno. Una vez el marques hablo con sus tropas, fue el general el que habló. -Habéis luchado muy bien! Hemos logrado repeler la amenaza y ha sido gracias a nuestro esfuerzo y trabajo en equipo! Llevaremos a nuestros invitados de Altea y Lycia hasta la ciudad y les brindaremos descanso! Necesito que algunos limpien el campo y la playa de cadáveres. Algunos se presentaron voluntarios y se pusieron manos a la obra, sabían que podrían conseguir algunas cosas mas de los muertos.

Una vez termino, los soldados empezaron a marchar, acompañando a los demás soldados de la alianza. El general por su parte se quedo junto al marques, esperando que este se sentará para ponerse en marcha. Entonces fue cuando escucho la propuesta del noble, era raro que un noble se interesará en hablar con alguien como el y que además quisiera sentarse juntos. El joven asintió entonces de forma cortés y agarro su mano sentándose a su lado después mientras sonreía levemente. -Oh claro! Como negarme? Me gustaría saber tantas cosas de Elibe...perdonadme mi Lord si a veces parezco algo pesado preguntando...la curiosidad a veces me puede, sobretodo si es con personas de otros reinos en los que ni si quiera he estado.


Su rostro cambio bastante cuando escucho lo de Thracia, se puso mas serio, mas tranquilo observando hacia el frente, debía responder aquella pregunta. -Thracia tiene sus problemas como casi todos los territorios de Jugdral. Desde la capital nos llegan muchas ordenes de movilización. Nos piden tropas de Miletos, en algunas ocasiones incluso yo he tenido que salir fuera de Miletos para ayudar a Thracia, lo cierto es que no tenemos mucha ayuda exterior, ningún reino de Jugdral se esta aliando con nadie...Es una pena. El joven suspiró entonces pero después sonrió un poco, de nuevo de forma dulce observando al mayor. -Yo es que no soy buen diplomático, creo, pero si lo fuera creo que le pediría ayuda aunque fuera a un reino de fuera del continente. Se quedo callado un momento entonces meneando sus piernas hacia delante y hacía atrás de forma animada mientras avanzaban a la ciudad. El clima de Miletos era excelente y desde el camino se podían ver las maravillosas playas y calas que se encontraban allí, incluso podían verse ya personas disfrutando de unos baños en el agua, otros pescando y mariscando y niños que corrían aventuras con espadas imaginarias. -He oído que Lycia y Altea están libres de emergidos, son lugares seguros. Debéis estar contento no? Si ya habéis logrado todo eso...¿Porque os habéis movido hasta tan lejos con un ejercito? ¿Veníais a ayudar a algún otro reino de la amenaza de emergidos? Preguntó entonces el joven mirándolo fijamente expectante e inocente. -¿Es cierto que en Lycia odiáis a los dragones? Creo que tengo algunas cosas de Elibe en mi despacho...tengo una pequeña estatuilla de una mujer, Santa...Santa Elimine! Así se llama! Es muy bonita.
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Re: [Campaña de liberación] El Surgimiento y la Caída [Privado | Vallum]

Mensaje por Eliwood el Sáb Ago 26, 2017 12:10 am

Aguardó a que el general se hubiese dirigido a sus tropas, dando sus propias indicaciones del inmediato proceder. No parecía ser que los hombres a su cargo tuvieran problema alguno con extender hospitalidad, tal como el mismo Vallum; Eliwood exhaló con disimulado alivio al notarlo. Recibiría con calma el acogimiento entonces, accedería al descanso y una vez las fuerzas se hubiesen recobrado, emprendería el camino de retorno. A su vez, aquello le daría el tiempo justo para pasar con el muchacho, que por fortuna aceptaba de buena gana. Sus ánimos no parecían menguar jamás, resultaba encantador a su modo. Con toda parsimonia, una mano eguantada tomó y guió a la otra, hasta que el varón de cabello castaño se halló sentado a su lado; su armadura ocupaba un espacio considerable, pero teniéndolo allí se hacía notar que era joven y corto de altura aún, después de todo. El marqués rió a su animado comportamiento. - Lo entiendo, lo entiendo, no se preocupe. No pienso muy distinto a usted, sólo debe ser que no se me nota, pero aprovecharé de buscar alguna que otra cosa que quisiera ver en una ciudad jugdralita. - Dijo. Era su primera vez en Thracia pero no así en el continente, antes de que la situación llegara a la gravedad que había tomado dos años atrás había tenido ocasión de visitar Silesse, mas ese sería asunto para comentar en otro momento.

En esa instancia, parecía haber puesto la actitud de Vallum en un rumbo más grave al alzar el tema de la defensa contra los emergidos. Frunció el ceño y entrabrió los labios para decir algo, probablemente alguna suerte de disculpa por ser quien quitara al general su alegre disposición, pero decidió contenerse. Era necesario hablar al respecto. Era el principal motivo por el que Eliwood había pedido que permaneciera a su lado, algo de relevancia que deseaba discutir. De cualquier modo, el humor decaído no duró prácticamente nada en Vallum. En pocos momentos volvía a sonreír, a la vez que mecer las piernas enérgicamente. Aliviado de no haberlo apesadumbrado mucho, el marqués apoyó la espalda donde se hallaba sentado y le miró mientras hablaba. La humildad con que el soldado admitía sus áreas de conocimiento y desconocimiento se le hacía digna de admiración, tornaba fácil hablarle con honestidad. - Ah, personalmente, hallo la diplomacia mucho más gratificante que el oficio de la guerra... y si a mi me lo preguntase, diría que esa es la idea más razonable. Alguna vez arrasaron Lycia miles de emergidos con banderas de Akaneia en mano; mi alianza con Altea me otorga la seguridad de que nada tuvo ni tiene que ver con ellos. Contra este enemigo en particular, los aliados de tierras lejanas han demostrado ser los más beneficiosos. - Respondió con una sonriente expresión, destinada a felicitar al general por su pensamiento. Movió su mano para dar una breve y leve palmada en su hombro, mas aquel gesto sólo cayó con un ruido seco sobre la fría hombrera de la armadura.

Las preguntas que vinieron a continuación le tomaron algo desprevenido, por lo rápido que llegaban y el énfasis puesto en ellas. Vallum no había estado exagerando sobre su curiosidad y aunque a Eliwood no le molestase en lo más mínimo, pues él tenía un grado de interés similar en cuanto al nuevo mundo, lo repentino de ello le hizo incapaz de contener una corta risa. Su edad se notaba poco en su rostro cuando reía sin contenerse, mas no tardó en parar, pues no quería ofender al joven. - Disculpe, es sólo... sí, por ahora, tanto Altea como Lycia han recobrado control de sí. Las cosas han mejorado muchísimo. Oh, hasta he podido venir hasta aquí con un corazón más tranquilo, ¿sabe? Tengo un hijo, casi hecho todo un hombre ya, y siempre era aterrador alejarme de Lycia sin poder vigilarlo y protegerlo en persona. Pero... - Negó con la cabeza, despejando sus ideas. El motivo por el que estaba allí no era uno que le enorgulleciera explicar, al contrario, dudaba él mismo de encontrarse haciendo lo correcto. Altea estaba conquistando. Ser testigo a la triste situación de los reinos caídos y reaccionar extendiendo control sobre sus tierras no cessaba de dejarle un mal sabor de boca, aunque supiese a ciencia cierta que el príncipe de Altea lo hacía con intención de otorgar protección a una población más grande. Así, la respuesta del pelirrojo fue breve, sin particular énfasis. - Regna Ferox. Combatíamos en el Norte de Regna Ferox. -

Dada aquella respuesta, que tan amarga le sabía, Eliwood no demoró en proseguir, pues esperaba no llamar la atención del honesto joven hacia ese asunto. Con la vista en la distancia, observando el paisaje de Miletos extenderse ante sí, habló a la brevedad para no permitir en ese instante comentario a lo último dicho. - Y no, general Vallum. No se ha visto un sólo dragón en Elibe en siglos, pero... es un asunto muy complicado, me temo que necesitaría de todo un día para contárselo. Tendría que contarle la historia de Santa Elimine también, puesto que que tiene mucho que ver. - Dijo, dándole una rápida mirada de reojo; si eso le interesaba, por supuesto que estaría dispuesto a hacerlo después. Al volver la vista al frente, lo hizo con particular atención al aspecto de los lugares que atravesaban, resaltando en fuero interno la calma de la que parecían gozar los civiles, la buena cantidad de construcciones sanas y las condiciones en general. - Sin embargo, hay algo en particular que deseaba comentarle. Tiene relación con lo que ha dicho de las relaciones entre Jugdral. - Un asunto diplomático, en cierto modo. Su sonrisa disminuyó un tanto, la mirada azul algo perdida en el camino por delante. - Y me temo que no es del todo agradable... -
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Re: [Campaña de liberación] El Surgimiento y la Caída [Privado | Vallum]

Mensaje por Vallum el Vie Sep 22, 2017 11:04 am

Parecía que aquel hombre también parecía curioso por lo que pudiera encontrarse en Jugdral, aunque claramente tenía otras preocupaciones mayores en su mente que escondían aquella curiosidad de la que hablaba. Era normal, tenía en su poder las vidas de muchos hombres, era responsable de muchas personas, incluso de una zona de Elibe...seguramente tener tantísimas responsabilidades era algo agobiante. Vall tuvo problemas en un principio para poder liderar al grupo de soldados que protegían Miletos, casi ninguno le hacía caso y el papeleo y muchas otras tareas le resultaban muy pesadas, le agobiaba, pero ya le había cogido bastante bien el truco...pero no por eso no había sufrido anteriormente. -En Miletos encontrareis un gran numero de mercancías! Ya veréis...es a lo que nos dedicamos después de todo. Sonrió ampliamente asintiendo mientras observaba el campo desde el carro.

Al parecer aquel hombre se especializaba mucho mas en diplomacia que en la guerra...el no había tenido mucha suerte, no servia para descubrir quien le estaba mintiendo y quien no...era demasiado confiado y pensaba siempre demasiado bien de todo el mundo, aquello le había valido muchas veces varios encuentros desagradables y también palizas. Aun así seguía sin poder llevar bien la política y la diplomacia. -Yo tuve que estudiarlo de mas joven, cuando mi padre adoptivo aun vivía... pero nunca se me dio especialmente bien, tiendo a confiar demasiado en la gente, no veo las dobles intenciones o si se quieren aprovechar de mi, yo simplemente actuó y ayudo a quien veo que la necesita y por supuesto... Se observo la mano un momento, quitándose el guantelete de metal que tenía como guante para apretar su mano. -Haría cualquier cosa por mis amigos, aunque fuera una locura. Giro entonces su rostro para mirar al pelirrojo sonriendole. -En cuanto a las alianzas...la verdad es que no he escuchado que nadie quiera aliarse con nosotros aunque se que nos haría falta...y me encantaría tener ayuda, pero la verdad es que no solo los emergidos ponen barreras...si nos uniéramos, si no nos separáramos por que unos somos humanos y otros laguz, o porque unos somos jugdralitas y otros akaneos...seguramente habríamos acabado con esta invasión hace mucho.

Eso era lo que pensaba el joven de cabellos castaños, quizás estaba equivocado, el sabía que podía equivocarse, era aun muy joven y tenía que seguir aprendiendo, sobretodo de diplomacia, algo en lo que el otro hombre estaba mucho mas puesto. Al escucharlo reír de aquella forma, provoco que el joven general sonriera ampliamente mirándolo, parecía muy risueño. -Oh un hijo! Es un guerrero tan rápido como usted? Algún día me gustaría conocerlo, si es alguien tan gentil como su padre seguro que logrará ser un gran líder algún día. El solo había tenido a su padre adoptivo, nunca había conocido a sus verdaderos padres pero tampoco había tenido nunca interés en buscarlos. Podía ver la preocupación de aquel hombre, la había visto antes en su padre adoptivo, sin duda quería a su hijo mucho. -Es genial entonces, ojala algún día esa tranquilidad se palpe también en Thracia.

Las historias de Eliwood parecían mantener la atención del joven, al parecer luchaban en el norte de Regna Ferox, aquel reino invadido por emergidos...por sus escuetas palabras prefirió dejar aquello a un lado y mantenerse atento a las historias que traía de Elibe, sobre dragones y Santa Elimine. -Bueno tampoco tiene que contármelo todo ahora, seguro que es algo extenso y es mejor descansar y ponernos con otros asuntos, ya me contareis. Al escuchar lo ultimo, el semblante del castaño cambio, se puso mucho mas serio. -Adelante, puede hablarme con total franqueza,¿Ocurre algo malo?
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Re: [Campaña de liberación] El Surgimiento y la Caída [Privado | Vallum]

Mensaje por Eliwood el Dom Oct 01, 2017 5:44 pm

Quizás sí pudiese llamar ingenuos a los métodos del general, como los describía, iniciando desde la confianza en lugar de asumir las malas posibilidades primero. En muchos contextos seguramente fuese la mejor forma de actuar, mas en lo que a tratar diplomacia y política respectaba, era el equivalente a marchar a guerra sin armadura puesta. Aún así, a Eliwood no le desagradaba en absoluto, sino todo lo contrario. Era un refrescante cambio de perspectivas. Nuevamente comprendía que el joven no era así en base a ignorancia o a falta de entendimiento, sino porque lo elegía aún sabiendo lo que significaba. - Creo que así está bien, como forma de proceder, general Vallum. No cambie de idea. - Le dijo con un tinte de orgullo en la voz, mirándolo a él en lugar de al camino en ese entonces. En cierta forma envidiaba su espíritu; le comprendía, pero por mucho que deseara él mismo poder comportarse como el castaño, estaba fuera de sus posibilidades. Se movía en esferas demasiado frágiles y complicadas del mundo, de la resistencia humana contra la amenaza emergida. Deseaba ofrecerle su asistencia también, pero siempre era más difícil que eso, desde que debía y dependía tanto de la palabra de Altea.

De cualquier modo, intuía que Thracia no se hallaba en una situación de grave necesidad. La ciudad que aparecía a la vista a lo lejos parecía de buen tamaño, y los campos de cultivo y hogares rurales en el camino antes eran toda una sorpresa de hallar. Eliwood los contempló con curiosidad mientras escuchaba al joven soldado, brotando de él, de súbito, otra risa. La forma en que le había halagado a través de su hijo había sido bastante sutil, para una persona simple; le había tomado por sorpresa de buena forma. - Hmm, excelente y bien ejecutado halago, ¿eh? - Respondió, sacudiendo la cabeza un poco. Era un divertido muchacho el que le acompañaba. La mirada del mayor pronto regresó al camino, a la ciudad que se aproximaba. - Pero puedo ver que así será, en un futuro... Thracia parece ir por buen camino. -

Suspiró, silenciándose unos momentos. De aquella precisa línea de pensamiento versaba lo que desaba platicar con Vallum. Recibida la afirmativa del guardia de Miletos, el pheraen pasó la mirada con discreción a su entorno, comprobando la ausencia de soldados cercanos o que pudieran estar atentos a su conversación. El suave traqueteo del carro y lo que contenía cubría, en gran parte, los sonidos. Tranquilizado respecto al nivel de privacidad, comenzó. - Quizás ese sea, precisamente, el motivo de preocupación... - Admitió en voz baja, pensativo, para de inmediato corregirse y hablar con mayor seguridad, la mirada azul puesta con más detenimiento en su acompañante. - Disculpe. No pretendo ser secretivo, es sólo que... debo pedirle, antes que nada, que tome mis palabras sólo hasta donde le sirvan a su cautela. Lo que deseo compartir con usted no es más que información traída por mis exploradores y soldados; nuestras conclusiones pueden haber sido mal guiadas. - Se expresó con seriedad, un gesto levemente consternado en el rostro. Sus manos se tensaban un poco en su regazo. No obstante, la información no se hizo demorar.

- Verá, el marquesado de Pherae limita con el reino de Bern. Es por eso que, tras la liberación de Lycia y el inicio de las reconstrucciones cerca de la frontera, obtuve pronto informe del estado del país vecino. En ruinas, al parecer... invadido por más números emergidos de los que se habían visto aparecer hasta el momento, y más cruelmente que jamás. Al reportarlo con el príncipe Marth de Altea, aprendí que lo mismo acababa de suceder con la gran Regna Ferox, vecina de Altea. Apenas liberados ambos de nuestros reinos... - Recalcó. No esperaba que Vallum tomara de inmediato las mismas conclusiones que él había hecho, tras pedir mayores detalles a sus soldados y contemplarlo extensamente, por lo que sin perder el parejo y calmo tono de su voz prosiguió. - Los números eran claros, general Vallum. Altea y Lycia jamás exterminaron suficientes emergidos como para hacer mella en sus fuerzas reales. Lo único que conseguimos era que desistieran de nosotros... y, por ende, hicieran lo que hicieron a nuestros vecinos. - Aunque intentase guardar su calma, su ceño se frunció un poco, su vista agachándose en culpabilidad. Necesitó pausar, tomando un par de lentas inhalaciones. Adelante, la ciudad de Miletos se aproximaba cada vez más, llegando a dibujarse de a poco los detalles de sus techumbres y estructuras. - No me cabe duda que Thracia y Miletos conseguirán su libertad. Algo de tiempo ha de requerir, sin dudas, pero... estoy convencido de que habrá de suceder. Cuentan con líderes tan dedicados como usted en la milicia, después de todo. - Intentó dedicarle una breve sonrisa. Desconocía el estado de Grannvale o los demás reinos de Jugdral en esos momentos, mas respecto a Thracia se sentía seguro. - Es por eso que he creído que merece conocer las posibilidades. Nada está escrito en piedra, joven general, pero cuanto menos no sería sorprendido si algo trágico ocurre en el resto del continente. -
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Re: [Campaña de liberación] El Surgimiento y la Caída [Privado | Vallum]

Mensaje por Vallum el Miér Oct 25, 2017 11:49 am

Siempre se había comportado así y sería difícil cambiar su forma de pensar, sabía bien que aquellos pensamientos no le servirían para la política ni para la diplomacia...pero tener que dejar de ser el mismo para eso mismo no es que le atrajera mucho, no era lo suyo desde luego. Aun así aquel noble hombre parecía no disgustarle su forma de proceder, no quería que cambiará por lo que su sonrisa se mantuvo mientras observaba toda aquella zona de Miletos, era cierto que recibían muchos ataques de emergidos, pero habían logrado ir repeliendo todos sus ataques con rapidez...si seguían así quizás en un futuro pudiera ver a Thracia como un reino seguro. -No iba a cambiar de todas formas, se me daría fatal cambiar ahora ,no es algo que tenga pensado por ahora. Miro hacia arriba un momento pensativo y después negó con la cabeza sonriendo. No se le ocurría ningún caso en el que tuviera que cambiar de aquella forma...quizás pudiera ponerse mas serio, pero no ser el mismo...eso jamas.

Rio al escuchar lo que decía el noble, parecía que le había gustado su halago por lo que asintió varias veces girando su rostro para mirarlo directamente. -Ah es que es lo que pienso... Su padre adoptivo quiso que fuera un gran general, lo había conseguido, pero aun así nunca se le termino de dar bien el arco, algo en lo que su padre adoptivo era experto, prefirió la lanza y las grandes armaduras como la que portaba en aquel momento. -Aunque a veces los hijos no siguen exactamente los mismos pasos que los padres, pero no creo que eso sea malo, solo diferente. El otro hombre parecía augurar un buen resultado en Thracia, aquello hizo que el joven sonriera ampliamente, si un extranjero con gran poder lo pensaba es que...estaba haciendo bien su trabajo. -Eso me alegraría mucho...

Despues de decir aquello se mantuvo callado durante un tiempo, manteniendo su atención en el pelirrojo...por lo que decía, en ningún momento se conseguía derrocar a un gran numero de aquellos seres, sino que simplemente se movían a otros reinos, eran repelidos...eso convertía a los ganadores en quienes condenaban a los mas débiles pero...¿Como podría hacerse para conseguir que ninguno fuera perjudicado? No tenia mucha idea de como conseguirlo...pero si todo aquello era cierto, si Thracia se liberaba de aquellos emergidos, significaba la condena de otro reino bajo el yugo de los emergidos. Aquello entristeció un poco al joven de cabellos castaños que se quedo mirando la madera donde estaban sentados. -Eso significa que no hay ganadores, solo supervivientes y condenados... todo el mundo intenta salvar su reino, eso significa ir pasandonos los emergidos los unos a los otros indefinidamente? El joven volvió a mirar a su compañero, su rostro se mostraba serio, incluso había perdido aquel brillo que le caracterizaba. -No puedo decirle a mis hombres que dejen de luchar porque esos seres podrían afectar a otro reino...me parecería fatal aun así que sufrieran otros porque nosotros sobrevivamos pero...Dígame entonces que hacemos? El carro paro, ya estaban en Miletos, se escuchaban ya desde lejos las voces de los comerciantes, se notaba ya el aroma de la comida. -Si es así, no los dejaremos en las garras de los emergidos, estaré atento a cualquier llamada de auxilio...no voy a dejar que esos seres se hagan con Jugdral, ni hagan daño a mis amigos, si tengo que viajar, viajaré.
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Re: [Campaña de liberación] El Surgimiento y la Caída [Privado | Vallum]

Mensaje por Eliwood el Vie Nov 17, 2017 6:30 pm

Luchar contra ejércitos capaces, organizados, inteligentes y numerosos ya era difícil. El duelo entre cualquier humano contra un emergido que no caía de rodillas en dolor, que no frenaba al perder una de las extremidades ni era detenido por nada más que la victoria o la muerte resultaba, en la mayoría de casos, en que el emergido fuera superior. Defender a tierras resultaba ya un complejo desafío y una prueba de persistencia. Agregar a ello la responsabilidad de consecuencias como las que acababa de presentar al general de Miletos no hacía más simple el deber, y aunque le apenara en gran medida ser el portador de tan duras noticias, Eliwood no podía sino estimar que resultaría un poco menos amargo saberlo de antemano que descubrir los resultados sólo después de que la liberación tomase lugar. Era algo a lo que creía que un hombre honesto y bondadoso merecía poner atenerse. Y quizás, si así lo quisieran los dioses, Vallum hallaría la solución que hasta entonces había eludido por completo al marqués; una esperanza pequeña y distante, pero que resurgía al haber compartido el entristecedor secreto.

Guardó su silencio, permitiendo que el más joven sopesara cuanto le hiciera falta la nueva información y esperando a oír sus impresiones. Cuando al fin habló, la forma en que definió la situación no le pareció nada menos que acertada, dolorosamente precisa. - Supervivientes y condenados... sí, así parece ser. - Concordó en una voz baja, moviendo apenas levemente la cabeza en asentimiento. Vallum había comprendido el peso de todo ello, entonces. Escuchando el resto de sus conclusiones, el marqués no demoró en suspirar; ayudar a los demás cuando el desastre cayera sobre ellos podía ser hasta contraproducente, pero él mismo lo había contemplado, por lo que no estaba siquiera en autoridad moral de opinar al respecto. Se limitó a responder la pregunta del general, eligiendo con cuidado sus palabras. - Me gustaría poder decirle qué debe o puede hacerse, pero... es algo que yo mismo aún no descubro. Desearía que fuese tan simple como derrotarlos, pero no parecen cesar de venir. No quisiera nada más que hallar la verdadera raíz de este problema para erradicarlo debidamente, pero, mientras eso me evada... creo que tanto yo como usted tenemos un deber hacia nuestra gente primero. ¿No? - La pregunta final fue dada a bajo volumen, dubitativa, buscando una confirmación que no estaba por completo seguro de conseguir. En su caso, al menos, había llegado a la decisión de que ante todo era el marqués de Pherae, responsable de la Liga de Lycia últimamente, y que debía cumplir las obligaciones de su cargo protegiendo a la gente que dependía directamente de él. Por supuesto que sentía por el resto también, pero aquella era su primera prioridad. - Si hallo una forma mejor, se la haré saber. Le pido que si usted halla siquiera una pista, me permita conocerla también. Es de lo poco que podemos hacer. -

Ofreció una leve sonrisa, posando su mano a cuenta nueva sobre el hombro del menor. Comprendía que eran circunstancias ante las que mantenerse positivo se tornaba bastante más difícil, pero incluso él albergaba esperanzas. En ese preciso segundo, nada deseaba más que regresar un tanto de los anteriores ánimos al rostro del joven general. Fue por ello que no demoró demasiado en cambiar su enfoque, apoyando la espalda con calma en su asiento y mirando en aparente distracción el paisaje en el que el carro ya buscaba su punto de retorno. - De cualquier modo, siempre está la posibilidad de que no suceda aquí como sucedió en Elibe y Akaneia, y que mis observaciones hayan sido sólo circunstanciales. Lamento no poder ofrecer más, pero sentí que debería de saber al menos eso. - Dijo. El vehículo se había detenido entre el llamativo y bullicioso paisaje de un área comercial y Eliwood, ilusionado por el paisaje extranjero y queriendo de inmediato escudriñar lo que yacía en los puestos de los vendedores, se alzó de su lugar junto a Vallum. A la brevedad se giró hacia el joven soldado.

- Ahora, me parece que ya no es momento para temas tan lúgubres. Este luce como un lugar más que ideal para un breve descanso y para reponer algo de provisiones. ¿No deberíamos bajar y salir? - Preguntó, extendiendo la mano para ayudarle fuera de su asiento. No habría de extender tan gesto a menudo a otro varón, pero el castaño había parecido abatido e inconscientemente se esforzaba por serle de ayuda. No eran tiempos para asueto, debía de reagrupar, comprar sólo lo necesario para el viaje de regreso, tomar un breve descanso y partir cuanto antes, pero estaba seguro de que hallaría modo y momento de comprar algún recuerdo que llevar de regreso a Pherae. Disfrutaría el hecho de estar allí y de ver aunque fuera brevemente el lugar, de todos modos.
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Re: [Campaña de liberación] El Surgimiento y la Caída [Privado | Vallum]

Mensaje por Vallum el Mar Dic 05, 2017 12:12 pm

Escuchar aquellas palabras hacía a aquel general reflexionar sobre lo que todos estaban haciendo...Si un territorio se liberaba, otro caía, realmente nadie estaba a salvo, aunque lucharan, si otro reino se liberaba había la posibilidad de que los emergidos se movilizaran hacia otro territorio, destrozándolo en poco tiempo al unirse con los demás que ya estaban. ¿Pero entonces que hacían? Dejar a los emergidos vagar por los reinos como si nada? ¿Dejar que algunos reinos mueran solo porque otros son mas poderosos? No había ninguna respuesta lógica para lo que se podía hacer...lo único que podían era buscar el origen de aquellos emergidos, intentar pararlos...seguramente algún tipo de magia oscura se encargaba de traer a aquellos seres que no eran del mundo de los vivos, al menos ya no. -No se cual es el origen...pero una poderosa magia debe de haberlos traído, una muy oscura y terrible seguro...no creo que los emergidos hayan salido así como así, sin mas.   El no estaba muy puesto en magia, sabía lo básico que había escuchado...pero era lógico que algo tenía que ver con la magia.

Aun pensativo, giro su rostro para observar al pelirrojo ya que de nuevo se dirigía a el, por lo que intento mantenerse atento a sus palabras, pero todo aquello que le había contado no paraba de pasar por su cabeza una y otra vez. La verdad es que ante todo tenían un deber para con los reinos, ambos tenían responsabilidades, aunque seguramente el Marques tenía muchas mas. -Cierto...tenemos deberes que hacer en nuestras tierras, la prioridad es salvarlos, aun así no puedo evitar pensar en como podemos acabar con todo esto... y ayudar a todos mis amigos. Asintió convencido, iba a buscar respuestas, intentaría encontrar aquello que los salvaría a todos, ya fuera en Miletos o en otras partes del mundo, pero ante todo protegería Thracia. -Si encuentro algo le mandaré una correspondencia, aunque sea lo mas mínimo, espero que no sea molestia, seguro que tendrá cartas mucho mas importantes que la de un simple general de Miletos. Rió arrascandose la nuca, volviendo a su verdadera naturaleza, aquella tan positiva que a veces molestaba a la gente y a otras inspiraba.

Lo cierto es que el futuro era algo incierto, no sabrían si pasaría lo mismo allí...en todo caso, si pasaba, intentaría ayudar en lo que fuera a aquellos que hubiera perjudicado, era lo único que podía hacer por querer proteger su reino. Al llegar dentro de la ciudad de Miletos, el chico sonrió levemente mientras observaba al pelirrojo que parecía alegrarse de llegar, siempre había gran bullicio en Miletos, gentes de todas partes vendiendo sus mercancías. -Gracias por su información, aquí encontrareis víveres y todo lo que necesitéis, tenemos de todo y si quiere descansar también, tenemos bonitas playas y lugares donde descansar tranquilo, no se preocupe por nada, sois mis invitados. Asintió convencido y agarro la mano del otro hombre para salir del carro, caminando por aquel mercado con tranquilidad, había sido un día muy extraño, pero lleno de descubrimientos.
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