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Un libro interesante [Privado Pelleas]

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Re: Un libro interesante [Privado Pelleas]

Mensaje por Virion el Jue Dic 10, 2015 7:23 pm

Virion pudo notar cada vez más como el príncipe de Daein y él mismo tenían más cosa en común. Al principio, pensaba que no podían ser más distintos. El joven heredero era alguien timorato, asustadizo, con clara escasa confianza en sí mismo. Por el otro lado, el arquero era alguien soberbio, valiente, locuaz y con un total apego hacia su propia persona. Sin embargo, aunque en apariencia eran contrapuestos, cada vez notaba que compartían un fondo común. Ambos tenían el destino de ser líderes: Pelleas lo iba a ser en cuanto heredara el reino de su padre, y Virion lo sería en cuanto reconquistase su hogar perdido. Y ambos soñaban con dejar un legado para el recuerdo para su pueblo. La única pega es que Virion no podía revelar aun al príncipe lo bien que conocía y padecía sus miedos e inquietudes, limitándose a asentir cuando éste le agradecía las palabras que había pronunciado en respuesta a su pregunta sobre cómo conquistar el amor de su pueblo.

Y había otra cosa que les unían a ambos, quizás no tan saludable como su deseo de ser buenos gobernantes para su pueblo, pero que estaba allí y que era imposible negar. Y ese algo era su interés acerca de los Emergidos. No en vano, si se habían encontrado y unido sus caminos por aquel día era por aquel libro en que ambos tenían puesto tantísimo interés. Por eso mismo, cuando Virion volvió de traer las jarras y el vino, y Pelleas le llamó para que echara un vistazo al libro que había estado leyendo durante su breve ausencia, el arquero fue rápido a echar una ojeada a lo que la parte que el príncipe le indicaba.

¿Clavar la cabeza de Emergidos en una estaca para ahuyentar al resto y que no penetrasen en tu reino? De no estar hablando de ese tipo de criaturas, hasta el mismo Virion se sentiría horrorizado por aquella macabra idea. Decapitar y exhibir cabezas para mantener el orden era cosas de clanes bárbaros y tribus completamente incivilizadas, nada que se le pudiera ocurrir no ya en la pacífica Ylisse, sino en su propio hogar o cualquiera de los reinos colindantes. Semejante crueldad sería abominable y totalmente condenable… si no fueran Emergidos. Pero Virion odiaba a esas criaturas, las odiaba con toda su alma, pasión, corazón, mente y voluntad. Esas cosas oscuras le habían arrebatado todo y de la manera más cruel posible, y no merecían la más mínima compasión. Por ello mismo, lejos de inquietarse ante la idea que le mostraba el príncipe, la tomó en muy seria consideración.

-Es extraño, aunque los Emergidos suelen trabajar de manera muy coordinada entre ellos, también soy consciente de que carecen de empatía a la hora de preocuparse por el estado de sus compañeros en el combate. Ya puede estar uno de ellos agonizando en el suelo, que el resto le ignorará como si no existiera, salvo que tengan a un sanador en sus filas, que le curará sólo para que siga combatiendo. Se me hace raro que puedan volverse atrás al ver cabezas empaladas de los suyos, por lo insensibles que son esos diabólicos seres, más no veo que perdamos nada en intentarlo.-respondió meditando serenamente con una jarra con vino, pero a la que aun no le había dado ningún sorbo.-Lo que sí, empalar cabezas va a ser tarea mucho más delicada de lo que pudiera parecer, puesto que el cuerpo de los Emergidos acaba transformándose en ceniza la mayor de las veces si reciben un golpe demasiado fuerte. En el próximo encuentro que tengamos contra estas infames y brutales criaturas infrahumanas, tendremos que tener cuidado con no hacerles excesivo daño en el momento de darles el golpe final para poder conservar sus cuerpos, y en consecuencia, sus cabezas. Más fácil decir que hacer, sabiendo de primera mano lo aguerridos y fieros que son, pero tampoco imposible. Si la información resultase verídica ¡sería un gran avance por la lucha por la liberación de todos los reinos frente a estos demonios nauseabundos!

Virion no pudo evitar levantar la voz entusiasmado al final. La idea de acabar de una vez por todas con la amenaza de los Emergidos era tan tentadora. En el fondo, sabía que la cosa no podía ser tan fácil. Pero iba a probar todas las formas que hiciese falta hasta dar con la clave para acabar con esos malditos seres. Y toda ayuda era bienvenida.

El príncipe también estaba entusiasmado, y decidió que el brindis fuera dedicado a librar los reinos de ambos de la amenaza de los Emergidos. Virion no lo dudó y entrechocó rápidamente ambas jarras con vino para luego dar un leve sorbo a la jarra que tenía en su mano y degustarlo como si fuera todo un profesional.

-¡Brindo yo también por ello, y por un futuro brillante y luminoso en el que todos puedan contemplar y alabar nuestra grandeza y generosidad!-respondió al brindis con su gran humildad de siempre, pero esta vez reprimiendo hacer otra reverencia al príncipe (y le costó hacerlo). Luego volvió a darle otro sorbo al vino.-Buen vino, quizás más dulce de cómo lo recordaba, pero sigue estando delicioso.

No añadió más todavía para no desconcentrar la lectura del príncipe, sino que se limitó a sentarse a su lado y echar una ojeada al libro que leía, incapaz de esperar a que el príncipe se lo entregase una vez terminada la jornada. También pudo comprobar una cosa acerca del príncipe Pelleas y es que no mentía a la hora de hablar de su capacidad lectora. La concentración que mostraba en aquel momento era absoluta. Virion se imaginó que podía estallar una hecatombe justo enfrente de sus narices y el príncipe seguir leyendo tan ricamente como si nada hubiera pasado. Y al mismo tiempo que su concentración, también pudo notar su velocidad. Virion también era un ávido lector, pero incluso él tenía serios problemas para seguir el ritmo de lectura del joven príncipe. Al final, el arquero se rindió a la futilidad del acto de intentar leer por encima del hombro del príncipe Pelleas y se limitó a esperar pacientemente a que éste terminara su lectura. Algo que no tardó mucho en ocurrir, gracias precisamente a lo rápido que llevaba a cabo esa tarea.

-Dejadme elogiaros por la diligencia y capacidad lectora que habéis demostrado tener y habéis probado delante de mis agudísimos ojos, mi buen príncipe. Realmente habéis mostrado tener una habilidad sorprendente y digna de mérito y reconocimiento.-reconoció con una amable sonrisa en su rostro el arquero en cuanto comprobó que el príncipe de Daein había terminado con el libro.-Decidme pues ¿Ha sido este libro finalmente de vuestro agrado? ¿Consideráis que es mayormente digno y una brillante esperanza para nuestros pueblos o un simple cúmulo de patrañas absurdas? De todas manera, me leeré el libro igualmente, pero quiero conocer de antemano vuestra opinión acerca del mismo para tener una idea aproximada de lo que me voy a encontrar.-y bebió otro pequeño trago de aquel buen vino mientras esperaba la reseña del príncipe Pelleas sobre el libro de los Emergidos.[/color]


Última edición por Virion el Miér Dic 16, 2015 7:58 pm, editado 1 vez
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Re: Un libro interesante [Privado Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Mar Dic 15, 2015 4:11 am

- No creo que se trate de empatía. Tampoco de intimidación... - Murmuró, tan absorto en el texto que si bien prestaba oído a las palabras del arquero, le costaba formar una respuesta decente, dejando la mayoría de sus impresiones para sus propios adentros. Virion estaba en lo cierto, los emergidos no parecían mostrar preocupación por los suyos, tampoco miedo al enfrentarse a resistencias de mayores números o mejor armamento. Aquello no podía ser espantarlos. La necesidad de una cabeza entera, la exactitud de la formación de estacas, el número impar de cabezas que se repetía una y otra vez en las instrucciones y la forma en que se describían las mismas, todo aquello le apuntaba en una dirección diferente. - ¿Quizás... tradición? ¿Una clase de maldición? Hm. -

No estaba muy seguro del ángulo que el libro le daba a los ejércitos emergidos, pero más que rechazarlo, tan sólo podía rogar que fuesen así las cosas. Eran métodos que podía comprender y con los que le molestaría muy, muy poco ensuciarse las manos, considerada la recompensa final. Deseaba creerlo. Con las respuestas revelándose frente a sus ojos en la simple pero prolija redacción del libro, y las alegres palabras de Virion engrandeciendo sus ánimos a su lado, no pudo sino dejarse llevar un poco. Sonrió sin un asomo de verguenza, cedió una pequeña pausa al brindar y gustosamente bebió; vino era vino, a su escaso discernimiento, cual fuese la estirpe era bienvenida. El sabor era dulce a la vez que fuerte, no dejaba ardor en la garganta mas sí un regusto agradable. Apuró la primera jarra casi hasta su fondo, como era no solo usual sino inclusive cortés de donde provenía, sin demorarse en extender la jarra para pedir la segunda servida. La primera siempre era veloz, de la segunda en adelante se disfrutaba. ...o, al menos, lo recordaba así.

- No sé si desee que se alabe mi grandeza o generosidad, quizás sea mejor que no... oh, pero brindo porque sea reconocida la suya, por supuesto. Y por ver el día en que comencemos a contraatacar. - Con lo cual tan sólo quería decir que pasaría una enorme verguenza si se le ponía sobre cualquier clase de vanagloriado pedestal, sería mucho para su corazón, desacostumbrado a demasiadas agitaciones. Se ocupó en más felices prospectos, con un suspiro satisfecho. - Después de todo este tiempo de apenas conseguir defendernos, de perder terreno, de no poder actuar de otra forma sino a la defensiva... si por fin pudiésemos dar un paso adelante y empezar a recobrar, eso sería fantástico. -

Llegó la segunda jarra de vino y aquella, ahora sí, duró su debido tiempo a medida que el príncipe volvía al esperanzador texto. Por algún motivo u otro, la presencia de Virion a su lado no estaba intimidándole ni restándole concentración; fuese quizás porque el resguardo de un sitio tranquilo y un libro eran mayores, o porque no se veía afectado por el anfitrión a quien ya bastante admiraba, no se molestaba en terminar de entenderlo. Tan sólo proseguía, apoyando un dedo al borde de cada página a medida que bajaba rápidamente de línea en línea, alimentado por la emoción que todo el asunto le causaba. Terminó el capítulo en minutos, sin detenerse al iniciar el siguiente y el siguiente, sumido en su mundito y dando apresurados sorbos a su jarra.

No tardó en pedir la tercera servida. El sol bajaba y necesitaba de la luz para continuar, pero creía estar sobrado de tiempo, considerando las pocas páginas que restaban. Encontró el liro inconcluso, finalmente: se cerraba el capítulo pero no se iniciaba uno siguiente, ni se daba una conclusión final ni ninguna clase de cierre. Podía comprender el por qué, mas de cierto modo aquello le agregaba un misticismo aún más fascinante al asunto. Cerrando el libro sobre su regazo, se estiró al enderezarse y atendió de buena gana a las palabras de su acompañante. En absoluto preparado para un halago un poco más que rutinario de parte del arquero, emitió una risa algo nerviosa y apartó la vista enseguida, hablándole al pañuelo en el cuello del noble más que a su rostro.

- El autor es muy claro respecto a la cualidad de su escrito. Es basado en experiencia y conjetura y puede contener errores, que en efecto, los tiene. No me tomaría todo como la verdad, y hay cosas que seguramente falten... pero es una buena recopelación. Valdrá la pena llevarla consigo. Quizás alguien como usted sea capaz de complementarla, eventualmente. - Dicho eso, extendió el tomo sin chistar hacia el otro. Estaba leído y no le costaba, así, desprenderse de él. Acumular las cosas no estaba en su naturaleza y quizás Virion le ofreciese un mejor espacio que lo poco que le restaba a él en su bolso de viajero. - Si hay verdad en las soluciones que propone o no, eso lo sabré pronto, y si gusta se lo comunicaré. Tengo intención de comprobarlo cuanto antes. -

Guardó el resto de los libros de regreso en su lugar. Ansiaba proceder al resto, pero pronto perdería la luz y tendría mejor suerte guardándolos para la posada, donde podría encenderse una lámpara. De cierto modo, sin embargo, le pesaba el guardar. No le restaba más que hacer eso y retirarse. Suponía que había aprovechado la jornada y apenas podría recordar todo lo que querría documentar en su diario personal, pero le pesaba de todos modos. Cerró su bolso con lentitud y se giró un tanto en el asiento, hacia su anfitrión. - Tuvo razón en que la decapitación sería complicada, juntar tantas estacas afiladas tomará su tiempo también, pero me las arreglaré. No pensaba quedarme mucho tiempo en Ylisse y ahora que sé que procederé a Plegia, pronto contaré con un buen sitio donde encontrarme a una gran cantidad de ellos, ¿no es así? - Dijo. Lo último que sentía hacia las criaturas era miedo, realmente. Pelear no terminaba de ser un poco nuevo para él, pero más allá de eso, no les temía a los emergidos en particular, mucho menos sintiendo que contaba con una ventaja estratégica. Bajó la vista a su jarra casi vacía, apurando lo que restaba para regresarla al otro. - Gracias por lidiar conmigo hasta ahora, lord Virion. En pocos días tendré la verdad. -
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Re: Un libro interesante [Privado Pelleas]

Mensaje por Virion el Miér Dic 16, 2015 7:57 pm

Virion descubrió otra cosa en común que tenía con el joven príncipe, aunque éste seguramente no fuera a admitirlo por las buenas si el arquero se lo preguntaba directamente. Se trataba del gusto de Pelleas por el príncipe. El cómo apuró el primer trago tras brindar por el contraataque contra los Emergidos le sorprendió bastante, bebiéndose la jarra hasta el fondo. Afortunadamente, el resto lo bebió más despacio, disfrutando del buen sabor que aquel tinto desprendía. Virion no quería que le acusase en un futuro de ser responsable de acabar emborrachando a un próximo jefe de estado.

Lo cierto es que Virion no se esperaba que realmente bebiera el príncipe tan abiertamente. La gente de joven edad tímida y reservada no suele beber delante de extraños por temor a excederse y quedar mal, o al menos así tenía experiencia el arquero de encuentros pasados. Se imaginaba que el príncipe aceptaría una jarra de cortesía y la usaría para brindar, bebiendo brevemente de ella, y consumiéndola poco a poco para que esa simple jarra le durase todo el tiempo que quedaba por pasar juntos. Pero no fue así y eso le sorprendió agradablemente a Virion, pues pudo sentir que tenía un acompañante también a la hora de beber. Tampoco es que el príncipe fuera un sibarita como el arquero, al fin y al cabo no hizo ninguna valoración o distinción especial sobre el sabor u olor del líquido que demostrase esa capacidad, pero para Virion, el simple hecho de beber y disfrutar del vino de manera tan natural a pesar de estar en ayunas le parecía una cualidad destacable que lo unía bastante más.

Aunque quizás fuera que el joven príncipe no sentía apenas el vino que bebía por la máxima concentración que ponía en el libro que tan concienzuda pero velozmente estaba leyendo. Cuando hubo terminado, el príncipe le tendió el libro a Virion y le explicó cómo se trataba de un compendio realizado mediante observación empírica y acumulación de datos y rumores acerca de los Emergidos. Por lo tanto, Virion se daba la debida cuenta de que no todo lo que en ese libro se exponía fuera a ser fiable, e incluso estaba incompleto, como decía bien el príncipe. Pero era una buena base sobre la que empezar. Se notaba que el heredero de Daein así lo creía, pues se le veía esperanzado ante la idea de poner a prueba la información que el libro le había otorgado. Virion sonrió también compartiendo esa misma esperanza.

-Mi estimado príncipe, como Custodio, guerrero y héroe que soy me comprometo a estudiar detenidamente el libro e investigar cuanto de cierto hay en el mismo, así como obtener nueva información de la antigua aquí acumulada y que pueda sernos útil para lograr nuestro ansiado sueño de lograr exterminar tan grave y terrible amenaza sobre nuestros reinos.-dijo el arquero colocándose el libro en el pecho, como si al hacerlo estuviera cargando sobre sí una gran responsabilidad, pero que la acogía gustoso. Y luego chasqueó un dedo, como si se le acabara de ocurrir una idea.-¿Y si nos ayudamos mutuamente a la hora de completar este recopilatorio, estimado príncipe? Cierto que nos separa un océano entre ambos reinos, pero aun así, podemos mantenernos comunicados mediante correspondencia ¿Qué os parecería si nos vamos enviando cartas entre nosotros tras poder experimentar y comprobar los datos reunidos en experiencias nuestras enfrentándonos a los Emergidos para descubrir la viabilidad de las aseveraciones redactadas e investigar acerca de hechos que no aparezcan mencionados en el libro? Si colaboramos mutuamente, avisándonos del resultado de nuestras indagaciones frente a estas abyectas criaturas, avanzaríamos mucho más rápido que si trabajásemos por separado. Desde luego, contar con un aliado de vuestra sagacidad e inteligencia como sois vos para llevar a cabo tan inmensa tarea me infunde de esperanza. Y si vos contáis con alguien de mi gran talento, determinación, belleza, sapiencia y heroica brillantez, también haréis otro tanto para vuestra causa, que no es distinta que la mía. Ponernos en contacto no es realmente difícil. Basta con que enviéis cartas al Cuartel de los Custodios a mi nombre, y yo sólo debo hacer otro tanto, enviando cartas a vuestro castillo a nombre del príncipe de Daein ¿Qué os parece? ¿No es acaso ésta otra de las geniales y maravillosas ideas de un auténtico sabio como es un servidor?-terminó de proponer el arquero, volviendo a hacer gala de su natural narcisismo.

La luz del Sol se ocultaba ya. El día libre de Virion daba a su fin. Pero el arquero no podía estar más que satisfecho. Y ya no era por el libro. El libro era bienvenido, no cabía duda. Pero el príncipe Pelleas había resultado incluso ser un regalo mucho mejor. No sólo había logrado ganarse la simpatía y hasta admiración del futuro rey de Daein, sino que había ganado un fuerte e importante aliado en su lucha contra los Emergidos. Si Pelleas aceptaba la idea del arquero de compartir la información mediante cartas acerca de lo que fuera cada uno descubriendo por su lado con respecto a aquellas malditas criaturas, Virion confiaba que entre ambos podían realmente conseguir información fehaciente acerca de las grandes cuestiones en torno a esos diabólicos seres: ¿Qué son los Emergidos? ¿De dónde han venido? Y la más importante de todas ¿Quién está detrás de ellos? Un verdadero paso adelante para completar su sueño de reconquistar Rosanne, eliminando a esas alimañas que han invadido su hogar impunemente.

-No hay nada que agradecer, mi estimado príncipe.-respondió el arquero de arqueros ante las últimas palabras del heredero de Daein.-Al contrario, ha sido un gran honor estar ante vuestra futura regia presencia, al igual que ha sido un honor para vos estar ante mi absoluta preciosidad. Aunque nuestro trato con respecto a ser vuestro guía ya esté cerrado, aún puedo indicaros, y hasta acompañaros si gustáis, hacia una buena posada digna de alguien de tan alta talla como la vuestra, para que podáis descansar debidamente después de tan glorioso día como es siempre aquel día en que uno conoce a tan versado e inteligente arquero como soy yo. No hay una muy lejos de aquí, aunque no sé si ya os hospedáis en alguna y me estoy adelantando innecesariamente. Independientemente de eso, sabed que ha sido todo un verdadero gusto el haberos conocido, y espero que nuestros caminos vuelvan a cruzarse y que lo hagamos con el canto de los bardos de fondo, alabando nuestras victorias frente a nuestro enemigo común.-y aquí estuvo a punto de hacer una reverencia más, pero logró contenerse lo suficiente para detenerse a medio camino. En vez de eso, alargó la mano con la finalidad de estrechársela al príncipe y cerrar así lo que era el principio mismo de lo que prometía ser una fructífera y duradera amistad entre ambos.
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Re: Un libro interesante [Privado Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Lun Dic 21, 2015 12:47 am

Había un claro exceso de solemnidad en cada gesto del arquero, así como en su hablar, dando un peso algo intimidante al más simple de los acuerdos. Sin embargo, le agradaba un poco. Engrandecía sus simples esfuerzos y los escasos actos que tomaba, de cierto modo, le confería una clase de importancia que él mismo no se habría adjudicado. Como siempre, le escuchó gustoso y atento hasta el final; como en algunos libros, a veces podía parecer excesiva la verborrea y exagerados los adjetivos, pero el contenido que decoraban era el mismo y no cesaba de ser más agradable si la prosa era digna de admirar. No conocía a otra persona que hablase como un libro estaba escrito, pero se le hacía encantador y más aún le alegraba lo que proponía. Si así lo deseaba y prolongaba las cosas, aquella persona que ahora admiraba no estaría olvidándole tan rápidamente. Y si le escribía... sabía a ciencia cierta que si le escribía, se desharía de su ocasional tartamudeo, de sus bloqueos de ideas y de su incapacidad de alzar la voz debidamente. Varias veces ya había deseado poder realizar su vida como príncipe desde su alcoba, tan sólo escribiendo hacia el mundo exterior. No había forma que le resultase más cómoda de interactuar con alguien y si pudiese limitarse a ella por el resto de sus días, sería más alivio que molestia.

Algo desencajaba, sin embargo, en todo aquello. Algo se sentía tremendamente extraño respecto a aquel guardián que trabajaba a la par del príncipe. El trato que mencionaba era ya de bastante peso, alianzas entre reinos se formaban por aquella misma razón, que no era poca cosa en absoluto: entraba en la categoría de secretos militares, ventajas que podían marcar la posición superior o inferior de un reino respecto a los demás. Era la clase de asunto que habría de remitir a superiores, al menos a quien fuese el líder de los Custodios, sino a la realeza de Ylisse. Aquella no era una falta de confianza ni un descuido, sino un nivel de responsabilidad sobresaliente de parte del arquero. ¿Por qué? ¿Tan lejos iba cualquier Custodio de Ylisse, como para obrar en el peso que un gobernante haría?

Se perdió en esas consideraciones unos momentos, volviendo la vista con atención al confiado semblante del varón. Ciertamente compartir la responsabilidad le aliviaba, tomar algo de importancia en sus torpes manos no era una tranquilizadora sensación para él, tener alguien que le retirase la carga habría sido bienvenido, pero alguien con quien compartirla funcionaba también. Pero, ¿quién era? Su forma de actuar levantaba cierta sospecha en el mago y no pudo evitar mirar a su frente, a los dorsos de sus manos, los lugares en que había visto con frecuencia que aparecía la marca de un miembro de la familia real de Ylisse. Nada a la vista. Apartó la fantasiosa idea de su mente, suponiendo que estaba excediéndose, y finalmente asintió en acuerdo.

- Me encantaría tenerle como compañero en esto, a alguien con... todas las cualidades que ha dicho usted. - Soltó una leve risa, cubriéndose enseguida la boca con la mano. Halagarlo parecía tan redundante si él mismo se daba ya una buena lista de adjetivos admirables en cada oportunidad. - ¡Me honra! Me aseguraré de hacerle saber de cualquier cosa que descubra, así que por favor, no dude en comunicarse. Inclusive suposiciones estarán bien, o teorías. Cualquier cosa merece algo de pensamiento. Si... se da el caso, por cualquier motivo, que Ylisse tenga necesidad de ayuda contra los invasores, si es por su parte, puede contactarme. Quizás pueda hacer algo. - Dijo. Inconscientemente, no soltaba la suposición de que Virion tuviese alguna relación con la realeza, todos ellos varones de azul cabellera. Aún así, se trataba igualmente de una simple muestra de aprecio hacia la primera persona con la que había establecido contacto en aquel vasto nuevo mundo, fuera de los límites de su Daein. Un amigo en tierras lejanas, o algo así.

- Ah, pero, me temo que será futil enviar carta al palacio, al menos por... un largo tiempo más. Por favor, diríjalas al internado de Grima, en Plegia, a mi nombre y cargo. Han sido avisados ya de que me hospedaré allí por una temporada, cuanto tiempo me tome complementar mis estudios con los que allí se imparten. He decidido que me encaminaré a Plegia enseguida, así que no debería tardar demasiado en llegar. - No se molestaba, en ese momento, en ocultar las artes de las que era partícipe. No era algo que gustase de mencionar de frente, principalmente por las reacciones que causaba, pero no era como si deseara realmente ocultarlo; le agradaba su maestría, convivía con el asunto y lo disfrutaba. Era a lo que se dedicaba. Así, lo tomó de la forma más casual posible y sin mayor explicación se puso de pie, sintiendo menos pesada ahora su despedida.

Estuvo a punto de responder afirmativamente a la propuesta del arquero de conseguirle posada, por mera costumbre, mero hábito de darle un "sí" a todo lo que le decían, mas se atrapó a tiempo, y antes de hacerse ver bobo negó con la cabeza. - Ya tengo hospedaje, descuide. Me he encargado de ello apenas he llegado, aunque veo que estaré desocupándolo muy pronto. - Dijo, algo impaciente. Ansiaba proseguir su camino y habiendo visto cuanto Virion le había mostrado y relatado sobre Ylisse, no tenía más motivos para postergarlo. Encontraría una forma de avanzar hacia Plegia y lo haría cuanto antes. Sin encontrar forma de despedirse que estuviese a la altura de la de su acompañante, aquella imagen mental completa con bardos ofreciendo música de trasfondo, simplemente se inclinó frente a él, implícitamente autorizándole una última inclinación a él también. - Hasta nuestro próximo encuentro, lord Virion. -

Se irguió entonces y se alejó de aquel recóndito espacio en la plaza, regresando sus pasos por el camino que recordaba: la fuente, el museo, la turística peatonal, el lugar del mercado... todo, en retroceso, hacia la posada de la que había salido temprano aquel día. Tenía mucho que documentar en sus memorias y no dormiría hasta no hacerlo, antes de que el tiempo borrase las palabras exactas que deseaba recordar del arquero.

"Si os preocupáis siempre por qué dirán o pensarán de vos, nunca haréis nada por vos mismo, ni por vuestro pueblo."

Escribiría como cabecera aquellas mismas palabras, tan precisas como las recordaba, antes de redactar los contenidos pensamientos que siempre volcaba en aquellas páginas blancas. Y al final, sin falta, el esperanzador pensamiento que intentaría mantener con él, tomándose la libertad de parafrasear un tanto para acomodarlo en un prolijo pie de pagina, redactado en impecable y amplia caligrafía.

"Luchad por los sueños de vuestro pueblo como si fuesen los propios. Amad lo que protegéis, luchad por ello hasta el final y la historia os recompensará con el reconocimiento de vuestras intenciones."

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Re: Un libro interesante [Privado Pelleas]

Mensaje por Virion el Mar Dic 22, 2015 8:08 pm

Virion pensó en aquel momento que quizás se había extralimitado. Mantener contactos con una potencia extranjera para mantener información sensible acerca de la naturaleza de los Emergidos era una cosa bastante seria, y si era descubierto por sus compañeros Custodios podría meterse en problemas. Alguno podría considerar que el mismo Virion es un espía o una especie de traidor a la patria. Más en el fondo sabía que si él quería empezar a cambiar las cosas, tendría que tomar riesgos. Y tendría que tomarlos por su cuenta. Todavía no podía depender de Ylisse ni de los Custodios, pues todavía no podía saber si confiaba en ellos.

Tampoco sabía si podía confiar en el príncipe. Para empezar, tampoco sabía realmente si era n príncipe o no. Sus sospechas se acentuaron cuando el supuesto heredero de Daein le dijo que en vez de enviar sus cartas al castillo, lo hiciera a un orfanato ¿Por qué un orfanato? ¿Cómo es que un príncipe vivía allí? La respuesta podía ser sencilla. Quizás no viviera allí, quizás simplemente le diera esa dirección porque no quería que en su castillo o palacio supiesen que el hijo del rey se carteaba con reinos extranjeros sin el permiso paterno real. Era una posibilidad real, al fin y al cabo, él tampoco estaba interesado en que los Custodios supiesen que se carteaba con tan alto mandatario de Daein. Sin embargo, aunque aquello pudiera tener una explicación sencilla y plausible, el noble arquero dejó abierta todas las posibilidades. Y para sus adentros decidió que investigaría por su parte también al príncipe Pelleas, para comprobar si era real o no y si la ayuda que le prometía era factible.

Pero aunque todavía conservase una pequeña semilla de desconfianza, seguía pensando que había conseguido un gran aliado en el Príncipe Pelleas. Primero de todo, ese joven era alguien de palabra: le había prometido que le entregaría el libro en cuanto le hubiese hecho de guía y así lo había hecho en aquella tarde, terminada su lectura. Segundo, mostraba un gran y evidente interés en el tema de los Emergidos, al igual que Virion. Muy probablemente el joven no hubiera sufrido lo mismo que había hecho el arquero, pero podía ver que el deseo de investigar y acabar con esas criaturas era sincero. Y el enemigo de mi enemigo es mi amigo para Virion. Y por último, sentía que ese joven era un buen tipo. Incluso en el caso de que le estuviera mintiendo y no fuera quien decía ser, sentía que era una buena persona, alguien que no buscaba hacer daño a otros. Con un gusto raro por la magia oscura, pero todos tienen manías raras y Virion no juzgaba a nadie por ello. De hecho, el problema que veía en el príncipe era algo de falta de autoestima, y en eso, poco podía hacer el noble arquero. En su narcisismo, consideraba que el poco tiempo que habían estado juntos podría servir al príncipe de inspiración, y con eso debía ser suficiente por el momento.

El caso es que el príncipe había aceptado la propuesta de mandarse correspondencia con los resultados obtenidos a la hora de investigar a los Emergidos. Y poco después había rechazado la propuesta del arquero de conducirle a alguna posada dónde hospedarse, pues evidentemente el heredero de Daein ya contaba con una. Parecía claro también por las palabras de Pelleas que pronto marcharía, siguiendo su viaje fuera ya de Ylisse. Virion inclinó suavemente la cabeza en señal de asentimiento.

-Contad con mi bendición para vuestro viaje, mi estimado príncipe. Os deseo la mayor de las venturas, en todos los ámbitos conocidos incluyendo el amor. Reitero la afirmación explicitada sobre la dicha de tan fortuito y afortunado encuentro entre ambos y mi deseo que se vuelva a repetir más adelante. Tenéis un amigo aquí en Ylisse, no lo olvidéis. Hasta nuestro próximo encuentro, príncipe Pelleas.-y aquí tuvo que evitar conscientemente hacerle otra reverencia, limitándole a saludarle con la mano, antes de darse media vuelta y marchar por su camino mientras que el príncipe hacía lo propio con el suyo.

¿Qué hacer con lo que quedaba de tarde? En primer lugar, regresaría al cuartel de los Custodios donde tenía su habitación y leería plácidamente varios capítulos del libro. No se lo leería entero de golpe, como había hecho el príncipe, pues si bien era buen lector, tampoco estaba al nivel del heredero de Daein y quería estudiar bien lo que estaba leyendo, que se le quedase grabado para poder poner en práctica todo lo que allí se narraba con exactitud. Iría despacio, pero seguro. Calculaba que en una semana o poco más sería suficiente.

¿Y luego? Repasaría un par de poemas y se iría a alguna taberna en búsqueda de lindas mujeres a las que seguir haciendo tributo de su hermosa belleza, como era lo habitual en él por las noches. Aunque tuviera una dura y seria misión por delante, Virion se tomaba también parte de su tiempo en relajarse y buscarse sus propias aventuras amorosas. No era una mera cuestión de frivolidad, sino simplemente no quería obsesionarse demasiado. A veces sentía que la ira contra los Emergidos y su deseo de volver a su hogar sacaban lo peor de él si lo llevaban a un extremo. Su deseo elevado por el sexo femenino servía de freno a aquella obsesión. Un clavo quita otro clavo o eso dicen. Y un deseo quita otro. Mientras mantuviese un equilibrio y no dejase que ningún deseo se apoderase plenamente de él, todo iría bien. Al menos, eso era en lo que podía confiar.

Virion alzó la mirada hacia el Sol del Ocaso. Larga era la travesía que todavía quedaba por atravesar. Pero también gloriosa. Y estaba dando pasos en esa dirección. Hoy sentía que había dado uno importante. Si era realmente un gran paso o no, tarde o temprano lo sabía. Pero Virion era optimista. Siguió caminando en dirección hacia el cuartel de los Custodios con el oscuro libro en la mano y una sonrisa en su cara.
Afiliación :
- YLISSE -

Clase :
Archer

Cargo :
Miembro de Los Custodios.

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Arco de bronce [2]
Arco de bronce [2]
Vulnerary [4]
Tónico de res. [1]
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Support :
Pelleas

Especialización :

Experiencia :

Gold :
2630


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Re: Un libro interesante [Privado Pelleas]

Mensaje por Eliwood el Lun Dic 28, 2015 5:53 pm

Tema cerrado.
70G a cada participante.

+1 EXP a cada participante.
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Dagas de acero [4]
Espada de acero [3]
Gema de Ascuas
.
.

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
3817


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