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Un libro interesante [Privado Pelleas]

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Un libro interesante [Privado Pelleas]

Mensaje por Virion el Jue Oct 22, 2015 5:22 pm

Un día soleado, con pocas nubes y una temperatura agradable hacían de ese un día idóneo para pasarlo fuera. Más aun si cabe si ese día es precisamente el día libre que tienen los miembros Custodios a la semana después de tanto y tan duro régimen de entrenamiento. Virion descubrió además que ese día era festivo en Ylisse, y entre distintas atracciones de diverso tipo y de grato interés para el populacho, había un mercado con las más variopintas mercancías de todos los lugares del continente de Akaneia. Quizás no fuera mala idea ver qué cosas uno podía comprar por ahí, así que decidió investigar a ver si descubría algo que mereciera la pena.

El mercado consistía en una calle principal y varias calles secundarias perpendiculares a la primera con diversos puestos de todo tipo vendiendo prácticamente de todo. Había armas de distintos reinos en distintos estantes puestos a la venta por módicos precios, como Espadas Asesinas de Regna Ferox o Hachas de Acero forjadas en Plegia. Incluso había tomos de magia de Nohr y katanas de Hoshido. Aunque lo único que le llamaba la atención de aquello a Virion eran, como no, los arcos. Había de varios tipos, arcos largos, cortos, de bronce, hierro y acero. Incluso al principio le pareció ver uno de plata, pero en realidad era de hierro pintado. Había que estar atento, las estafas estaban a la orden del día incluso en el Sacro Reino de Ylisse.

No compró nada en ese apartado. Ya tenía su propio arco, y este funcionaba a la perfección por el momento. Además, la idea de reemplazarlo le parecía errónea. Vale, era un trozo de bronce, y no duraría mucho, pero era el único recuerdo que tenía de su hogar. Esperaba conservarlo todo el tiempo que pudiera.

Lo que sí que estaba interesado era en los distintos ropajes que se vendían. Hombre vanidoso como es él, siempre gustaba de ir a la moda, bien arreglado y hermoso para el disfrute de todas las damas con la buena fortuna de encontrarse cerca de su noble presencia. Por desgracia para Virion, no encontró mucha cosa que considerara de valor. La mayoría de ropas que allí se vendían eran ropas de calle para el populacho, nada que alguien tan distinguido como él pudiera dignarse a llevar a ningún sitio decente. Aunque sí se compró un pañuelo a juego con sus ropajes con un bonito bordado rojo y que estaba de ganga.

Y al final llegó a un puesto de libros. La mayoría de los puestos se encontraban rebosantes de gentes y era difícil dar dos pasos seguidos sin tropezar o empujar a alguien, pero ese puesto en concreto se encontraba justo en la esquina con un callejón, y parecía estar más libre de gente. Virion era un hombre instruido y le gustaba leer, por lo que enseguida se acercó a la tienda, esperando encontrar un buen libro de poesía con el que poder entretenerse por las tardes y poder impresionar a las damas por las noches. Pero en cuanto vio las portadas de algunos de esos libros, comprendió enseguida el por qué de tan poca clientela.

“Rituales Oscuros” subtitulado “Como sacrificar una virgen a Grima en diez cómodos pasos” era el primero de los libros que Virion pudo comprobar que se venían en aquel puestecito. Luego había otros grandes títulos como “Loptyr es grande”, “Los Mandamientos de Mateus” o “El Necronomicón 3.0”. Vale. Virion se pregunto entonces si vender esos libros en Ylisse era legal y si lo mejor era alejarse poco a poco de aquel puesto sin que el dueño lo notase. Hasta que se fijó en otro libro que había expuesto. Uno que le llamó poderosamente la atención: “Emergidos. Teorías acerca de qué son y cómo combatirlos.”

El semblante, normalmente alegre del arquero, se ensombreció ante la mirada de aquella obra. Él bien conocía a los Emergidos. Ellos se lo habían arrebatado prácticamente todo. Los odiaba. Su odio era tan grande como la culpa que sentía por haber tenido que abandonar a los suyos en Rosanne y convertirse en un prófugo traidor de su propia tierra. Pero enseguida apartó aquellos oscuros pensamientos y volvió a sonreír. Aquel libro era una oportunidad, una forma de encontrar respuestas a aquello que buscaba en Ylisse ¿Qué eran esas cosas? ¿Por qué llevaban banderas de Akaneia? ¿Por qué atacaron su hogar sin compasión alguna y le forzaron al exilio? Virion quería respuestas. LAS NECESITABA. Y si ese libro iba a dárselas, no iba a vacilar ni un instante más.

-¡Greetings, caballero! Veo que tenéis una selección más que admirable de buena y grata literatura. Estoy admirado y conmovido por tan…
-¿Quieres algo, ricachón?-cortó tajante el dependiente, el cual, por cierto, era más feo que una rata muerta. Hombre mayor, con la cara llena de granos, joroba, cuatro dientes y cuatro cabellos largos grises que parecían a punto de caerse al suelo. Más Virion no se dejó intimidar por las apariencias.
-Si por mi fuera, compraba toda vuestra selección, más mis lánguidos brazos no podrían cargar con el peso de tan Magnas obras cumbres de la literatura, por lo que de entrad…
-Al grano, pimpollo.-volvió a cortar el dependiente.
-Quiero ese libro de ahí.-sentenció ya directamente Virion señalando el libro acerca de los Emergidos.
-Veinte monedas de oro.
-Le doy cinco.
-Veinte.
-Diez monedas.
-Veinte.
-Creo que no acaba de entender cómo funciona el noble y sublime arte del regateo, mi buen señor.-replicó Virion sin perder su sonrisa tan característica.
-Mira, niñato. Esta es mi tienda y yo pongo el precio que más me la trae floja ¿comprendes, pijo de mamá?-respondió encorvado (debido a su chepa) el vendedor con cierto desprecio en su voz.

Virion se encogió de hombros. Al final tendría que pagar las veinte monedas. Tampoco es que le importase, él no era pobre como lo era sin lugar a dudas ese patético vendedor. Pero mientras se sacaba la bolsa donde guardaba cuidadosamente atada parte de sus monedas, otro cliente hizo acto de presencia en aquel lugar.
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Re: Un libro interesante [Privado Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Vie Oct 23, 2015 1:29 am

Las cosas no estaban resultando tan mal, después de todo. La partida desde Daein había sido un poco... complicada, si así podía llamarle a un puerto lleno de emergidos y una carrera frenética a lograr meterse a un barco, pero el viaje resultó exitoso y por primera vez estaba fuera de su patria. ¡En otro continente, nada menos! Había mucho que deseaba ver en Akaneia, aunque aún no tuviese definida la ruta que deseaba tomar. Por lo pronto, sus viajes le habían llevado hasta el corazón de Ylisse, el reino más amigable para con viajeros como él. Aún con el título que ostentaba, nada relacionaba en particular a Daein con Ylisse y su breve estadía allí no merecía anuncio alguno, pues habría se desplazarse como un viajero cualquiera. Y como tal, aquella ciudad le convenía bastante. Calculaba que se detendría allí un poco, donde las posadas le resultaban increíblemente baratas y tenía bastante para recorrer y entretenerse, antes de decidir si procedería hacia Plegia o hacia Nohr.

Tenía que administrarse cuidadosamente. Profundos eran los bolsillos de un noble en un viaje tan extenso, y siempre podía pedir un emisario que le trajese fondos extra si escaseaban, pero quería evitar enviar cualquier pedido a su padre. Alquilando por su cuenta una habitación en una posada, mirando sus mapas y haciendo cálculos con su oro, se sintió más que nunca en alguna clase de aventura. Tanta libertad bastaba para ponerlo nervioso, terriblemente nervioso, pero era lo más emocionante que había hecho. Era lo más independiente que había sido en toda su vida. Estaba muerto de miedo y de alegría a la vez.

Por otro lado... era difícil administrarse cuando había alguna especie de evento afuera. ¿Un festival? ¿Una celebración nacional? El militarizado reino de Daein y su amurallada capital jamás lucían tan vibrantes. Había oído de lo alegre y pintoresco de Ylisse, pero no cabía en su mente que tanto movimiento y tan bella atmósfera fuera cosa de todos los días. Atraído por todo aquello, juntó de regreso algo de dinero y su pequeño bolso de tela blanca con un tomo de magia, sólo por si las dudas, dejando en la posada el resto de sus bienes y su escaso equipaje. Confianzudo de su parte, pero era aún un joven inexperto, aunque a su edad debiese saber mejor. Bajó de su habitación y salió a las ruidosas y ajetreadas calles del barrio del mercado, ansioso de verlo todo.

Por su puesto, pese a su contento, su andar seguía siendo el de siempre, un poco cabizbajo y con la espalda no del todo recta, como si se hiciese menos alto. Esquivaba a las personas, siempre siendo él quien se apartaba del camino y disculpándose a diestra y siniestra por rozar con alguien. Combinada aquella actitud con el aspecto caro de su ropa y los anillos en sus dedos, los vendedores oportunistas prácticamente le saltaron encima, intentando convencerlo de uno u otro producto mágico, místico, especial para él. Pelleas escuchó educadamente, incapaz de dar una negativa tajante, ocupando su tiempo en ser llevado de un puesto a otro. Muy a la larga logró dar con algo de su interés personal: un puesto de libros, libros de doctrinas mágicas de todo tipo. Conseguir un tomo que hablase siquiera vagamente de artes oscuras era la suerte del año en Daein y allí simplemente los vendían en la calle. Ya estaba amando Ylisse.

- Con permiso... - Murmuró al tomar con cuidado alguno que otro libro, examinándolos con interés y levantándolos de a pequeñas pilas, descubriendo debajo aún más libros que querría. Si iba a pasar por Plegia o Nohr, le convendría comenzar a estudiar sobre la religión de Grima. O quizás aprender exactamente cómo entendían y manejaban las doctrinas oscuras en esa parte del mundo, o en otras. No pudo evitar escuchar el intercambio a su lado; parecía estar en juego un tomo de particular importancia y recién entonces lo notó él también: un tomo sobre los soldados emergidos. ¿Ya era estudiado el tema? No se había enterado en absoluto, pero algo así le vendría bastante bien. Alzando la mano un poco para intentar llamar la atención, se unió en voz baja al intercambio.

- Veinte monedas de oro.
- Le doy cinco.
- Veinte.


- Por mi está bien... ajem. ¿Buenas tardes? - Como era usual, si no lograba alzar la voz, difícilmente se le ponía atención. El hombre de larga cabellera azul junto a él persistía, ofreciendo diez monedas. Y el vendedor se mantenía terco en viente. A él, en lo personal, jamás se le habría ocurrido regatear precios de esa forma, especialmente si contaba con dinero de sobra. Intentó nuevamente. - Veinte está bien, disculpe, podría-- - Ninguna suerte. Tal parecía que perdía el libro. Y no era él alguien particularmente competitivo, tampoco pensaba medirse en convencimiento contra un hombre de aspecto más noble y de parla cien veces más segura y floreada que la suya, pero ahora realmente quería ese tomo.

- ¡V-Veinticinco! - Exclamó. Aparentemente, hablar en números sí llamó la atención del dependiente, quien le extendió una mano huesuda en espera al oro. Apresurado y desatando con torpeza el nudo en su bolsa de monedas, Pelleas puso en una desordenada pila las monedas en la mano del hombre. Y siguió. Ingenuamente asumía 25 por libro, por lo que puso hasta el valor de 75 en monedas y en pequeños lingotes rectangulares, para luego tomar otro par de libros que habían llamado su atención, uno de ellos con el sólo y ominoso título de "Grimleal" y el otro con una variedad de símbolos dibujados sobre la tapa, símbolos que reconocía como círculos mágicos. Cargó sus libros con una sonrisita satisfecha, pese al excesivo precio al que ingenuamente los había pagado, y no fue sino hasta que se giró para guardarlos en su bolsa que cayó en cuenta de lo hecho. Miró al hombre de cabellera azul casi que con pánico. - Lo siento muchísimo. -

Spoiler:
ME QUEDÓ LARGUÍSIMO SORRY sdgsdg es el hype del primer post
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Re: Un libro interesante [Privado Pelleas]

Mensaje por Virion el Sáb Oct 24, 2015 11:30 am

Cierto que al principio le pareció oír una voz detrás de él mientras estaba regateando con el vendedor, pero en un principio Virion no la prestó atención. Se imaginó que era el típico murmullo que hay en el mercado, sobretodo estando tan atestado de gente. Por eso mismo, le pilló completamente de sorpresa cuando esa misma voz gritó detrás de él ofreciendo veinticinco monedas por el libro como si aquello fuese una subasta y no un puesto de mercado cualquiera.

-¡Vendido! ¡Trae aquí la pasta!-respondió aquel vendedor extendiendo su mano cual zarpa a las monedas que le ofrecía aquel recién llegado cliente. Virion observó que no sólo le ofrecía las veinticinco que le había dicho sino bastante más, pero enseguida entendió por qué en cuanto aquel joven recogió un par de libros más del estante. Esta vez el dependiente no dijo nada, seguramente porque los libros valían menos de lo que el tipo le ofrecía.

Virion entonces guardó la bolsa con sus monedas derrotado, sin decir palabra por una vez en su vida. El ataque de aquel joven, de claro nobles ropajes (lo cual indicaba un más que probable noble ascendencia) había sido rápido, certero y a traición. Se había aprovechado de que Virion estaba con la guardia baja distraído con el mercader y le había asaltado por la espalda. Una táctica nada elegante pero completamente efectiva.

-Me despido, mi amable buen dependiente. Ha sido todo un placer NO hacer negocios con usted.-sí, Virion estaba un poco irritado. Normalmente no se pondría así, ni siquiera si el objeto fuera una prenda de vestir de moda y gran valor, pero en ese caso, el objeto en juego parecía ser mucho más importante incluso que la vanidad del arquero. Ese libro era posiblemente la llave del armario que esconde todas las respuestas que llevaba anhelando desde que tuvo que abandonar Rosanne. También cabía la posibilidad de que estuviera lleno de bulos y mentiras, pues no se había fijado ni en el autor que había escrito el libro, pero si había una posibilidad para alcanzar la verdad, por remota que fuera, Virion se sentía empujado a perseguirla. Pero eso ya nada importaba, pues se le habían adelantado y ahora esa llave tenía otro portador. Un joven hombre que una vez hecha la compra, empezó a caminar alejándose del puesto, y del que nunca más sabría nada de él… O eso es lo que pensó el ex duque en un principio, más el destino resultó ser totalmente opuesto.

Una voz estridente llegó a los oídos del narcisista poeta. Era una voz de terror, de auténtico pánico. Y venía del hombre que acababa de comprar el libro ansiado por el arquero. Otra sorpresa para Virion, no sólo por el grito en sí, sino porque aquel grito era toda una disculpa e iba dirigido hacia su persona. Entones se dio cuenta, aquel joven le estaba pidiendo perdón por haberle quitado el libro. Y de qué manera lo hacía. Lo notaba realmente nervioso y asustado, como si el mundo se lo fuera a comer en cualquier momento. Hacía unos instantes, estaba enfadado, eso era cierto. Pero al ver a ese joven en aquel estado, no podía evitar sentir algo de lástima.

-No hay necesidad de disculparos con tanta efusividad,  amigable joven.-respondió Virion volviendo a mostrar la típica sonrisa suya amistosa pero al mismo tiempo soberbia, mientras miraba al rostro del nuevo propietario del libro de los Emergidos.-No negaré que no estaba interesado en el libro que habéis recién adquirido, pues es esencial para mi labor que ando llevado a cabo, pero seguro que podemos llegar a algún tipo de compromiso que nos satisfaga a ambos, si estáis dispuesto a escucharme. Aunque lo primero como es costumbre entre caballeros es la de presentarse mutuamente.

Inmediatamente después de decir eso, el joven arquero hizo una leve reverencia doblándose hacia delante e inclinando su cabeza mientras su mano derecha se apoyaba en su corazón. Todo a velocidad lenta para dar la sensación de sumo respeto hacia la persona que se encontraba delante. Pero acto seguido se incorporó y se colocó con los brazos en jarras y una mirada de total confianza cun un poquito de soberbia.

-Sabed que os encontráis delante del gran Virion, arquero de arqueros, aquel cuyas flechas son capaces de herir las sombras mismas con la luz que desprende mi belleza y al que las mujeres sueñan por las noches y se imaginan cuando yacen con otro hombre. Un placer el conoceros.-comentó el joven arquero mirando hacia el cielo en pose “heroica”, pero al final volvió a bajar la mirada para dirigirse a ese otro joven noble que tenía delante.-También soy un miembro de los Custodios del Sacro Reino de Ylisse, al servicio de su majestad, el Rey Chrom.-y entonces señaló la bolsa donde ese joven había guardado el libro que tanto le interesaba a Virion.-Sabed que mi interés acerca de ese libro no es otro del que informarme para poder cumplir mi solemne y sagrado deber para con esta sagrada patria y con mi amado rey de protegerlo de cualquier amenaza que ose perturbar la paz de esta tierra. Los Emergidos acechan por todo el continente y son capaces de atacar en cualquier momento con su maldad, crueldad y fealdad congénita, por lo que uno debe estar preparado para la peor de las eventualidades si quiere tener alguna posibilidad para detenerlos.

Entonces, Virion rápidamente rebuscó entre la bolsa en la que guardaba todas sus monedas y empezó a contar para luego recoger las que consideraba suficientes y se las enseñó al otro joven que había comprado el libro. Obviamente, Virion había ocultado las verdaderas razones por las que deseaba aquel misterioso volumen, pero no iba a revelar su identidad como duque a la ligera, mucho menos a un total desconocido.

-Ahora que comprendéis mis motivaciones, sabed que estoy dispuesto a pagaros el doble que os habéis gastado vos en recompraros el libro. Una suma de cincuenta monedas, la cual es harto más que aceptable por todas las molestias ocasionadas ¿qué me decís?-y esperó la respuesta con la mano extendida con el dinero, aguardando cual sería la respuesta que el joven noble le fuera a dar.
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Re: Un libro interesante [Privado Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Mar Oct 27, 2015 9:36 pm

Temer que el mundo fuese a tragárselo de algún modo u otro era su estado natural, en ocasiones así. Pasar por sobre los demás difícilmente estaba en su naturaleza; ni siquiera cuando debía, como príncipe, imponerse de algún modo. Pero allí había sido él, sin un consejero martillándole el oído para que actuara superior, quien había hecho algo bastante prepotente desde su punto de vista. Pensaría justa la molestia del otro hombre hacia él, si se enojase. Reaccionaba, pues, como un muchacho al que se le hubiese atrapado haciendo algo malo, más que un hombre que simplemente había ido al mercado a comprar un par de libros de su interés. Sus manos se detuvieron, dejando caer los libros al interior del bolso, todos ellos desalineados, y ahí quedó, torciendo ansiosamente el borde de la solapa o halando de algún hilo suelto.

Al menos atinó a pararse derecho, componiéndose un poco. Notorio fue su alivio cuando el hombre de tan gráciles gestos no se dirigió a él con ira, sino comprensivo; sus hombros perdieron tensión, decayendo un buen tanto. ¡Hasta proponía un acuerdo! Si se lo hubiese exigido con un grito, Pelleas probablemente habría acabado por revenderle el libro al instante, pero eso era bastante mejor. - Ah, este, por supuesto que podemos. - Asintió, sonriendo con claro alivio y haciéndose a un lado. Aquel puesto de libros no era exactamente el más concurrido del mercado, pero no quería estar en el camino.

Oh, pero cuando el caballero decía que convendria presentarse, sí que quería decir presentarse. Le tomó bastante desprevenido; su aspecto cuidado, su ropa, sus ademanes... sí, todo en él destellaba nobleza, aún así, no había esperado tales modales, menos en la calle. Su pequeño discurso no se quedaba atrás. La parte de la impresión de las mujeres sobre él se le hacía un tanto excesiva, pero le maravilló de igual modo. Y era un mero soldado, o algo similar, de alguna clase de platón especial del que no había oído jamás, los Custodios. Las costumbres de aquel reino y lo pintoresco de todo no cesaban de sorprenderlo. Inspirado a dar el mejor de sus esfuerzos, se apartó un poco del camino de los transeúntes, un empujón de alguien que intentaba circular le habría hecho bastante mal a su momento, y sujetando la correa de su bolso se inclinó profundamente hacia adelante. ¿...o no debía? ¿Era o no era indicado inclinarse frente a alguien de menor rango? Ah, no importaba, se sentía correcto.

- ¡Ylisse no deja de sorprenderme! Eso fue, um, muy ilustrativo. ¿Siempre hacen eso? - Al enderezarse parecía ya curado de gran parte de su incomodidad, demasiado distraído con su emoción como para recordarla. - Soy Pelleas, hijo del rey Ashnard de Daein. No es que me encuentre en asuntos oficiales ni nada por el estilo... - Cayó en cuenta inmediatamente de lo extraño que podía resultar aquello. Un soldado a servicio del rey de Ylisse encontrando a un príncipe extranjero que simplemente andaba por allí, aparentemente no haciendo nada, sin haber anunciado su visita ni mucho menos. Se apresuró a explicarse, trastabillando un tanto en sus palabras. - Quiero decir, sólo estoy aquí en calidad de viajero, planeo salir del país pronto, ¿espero que no sea una molestia? Igualmente, es un gusto conocerle. -

Entonces quien requería el libro era un protector del reino. Un motivo bastante más noble que el suyo, siendo que sólo tenía curiosidad respecto a las criaturas con las que se había topado al salir de Daein; criaturas a las que ya se había enfrentado exitosamente, por lo que no podía decir que necesitara la información para sobrevivir encuentros futuros, sólo suponía que le vendría bien. Aún así, eran pocos los objetos a los que podía apegarse tanto como los libros y no estaba exactamente ansioso de separarse del tomo. Virion negociaba implacablemente, tan confiado en su gesto y tan generosa la suma de oro, pero por una vez, no podía ceder así como así. - No se trata de oro, lamento decir... - Murmuró. Dar un claro y directo "no" parecía demasiado fuerte, pero asumía que se daba a entender.

Y entonces sí sintió un pequeño empujón en su espalda, el de un hombre que se hacía paso para transitar con una gran caja de madera entre brazos. Se adelantó un par de pasos y, resolviendo que sería mejor apartarse del camino que ser empujado por la mitad de las personas del mercado, se dispuso a adelantarse por el estrecho camino que los puestos dejaban. No era que pretendiese, con esa negativa, dejar al arquero atrás, sólo que la marea de personas lo empujaba un poco. - Ajem-- como decía, - Intentó mantenerse en el sitio y terminar de hablar. - No se trata de oro, um, quizás pueda intercambiarlo por algo más simple, pero... dígame, ¿lo necesita con urgencia? -
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Re: Un libro interesante [Privado Pelleas]

Mensaje por Virion el Miér Oct 28, 2015 4:48 pm

El joven de nobles ropajes que tenía enfrente pareció serenarse un poco cuando Virion habló con él tranquilamente y a su estilo, y no enfadado como había estado a la hora de despedirse de aquel dependiente. Realmente parecía alguien temeroso de hasta su propio reflejo por las noches, por lo que el arquero trató siempre de mostrarse abierto e inofensivo a la hora de tratar con él. No quería que aquel joven (y el libro que llevaba consigo) saliera corriendo a toda prisa y sin mirar atrás asustado si él mismo se mostraba molesto o dispuesto a responder ante la acción de compra del libro de manera más agresiva. Afortunadamente, la exagerada presentación de Virion sirvió para bajar la tensión del momento, pues ese joven parecía ya algo más relajado.

-¡Por favor! Presentaciones así sólo son dignas de auténticos caballeros nobles. Mucho me temo que la gente de Ylisse es en su inmensa mayoría demasiado sencilla como para llevar un acto simbólico de tan envergadura como es la de describirse brevemente a sí mismo de manera lo suficientemente elaborada, sin dejar de ser completamente sincera ni faltar a la verdad ni un ápice, a la hora de introducirse ante un extraño. Cierto es que Ylisse y el mundo entero sería un lugar mejor si hubiera más gente con las buenas y sanas costumbres que yo poseo, más por otro lado comprendo que el mundo es demasiado pequeño para sostener tanta grandeza.-respondió Virion a la simple pregunta de si era normal presentarse así, con la típica verborrea y al mismo tiempo soberbia de la que tanto le gustaba abusar.

Mas luego se presentó aquel joven. Y vino la gran revelación. Virion s quedó en silencio unos instantes, preguntándose si había oído bien ¿Príncipe? ¿Ese chaval? ¿En serio? Había oído hablar del reino de Daein, en Tellius, más nunca lo había pisado y muy pocas cosas sabía sobre él. Desde luego, desconocía por completo a los integrantes de su Casa Real, por lo que no tenía forma alguna de verificar sus palabras ¿Estaba mintiendo? Esa fue la pregunta que se hizo inmediatamente el arquero por dentro tras su sorpresa. Ese joven iba vestido con un traje de alta alcurnia, eso era indiscutible. Pero una cosa era ser noble (o aparentarlo) y otra cosa distinta era ser príncipe. Realmente, Pelleas, si ese era su nombre real, no parecía por su apariencia y forma de actuar alguien destinado a llevar la pesada carga de hacerse dueño y responsable del destino colectivo de todo un reino. Aunque lo cierto era que Virion nunca había conocido a ningún príncipe antes. Sí que es cierto que había oído rumores acerca de la princesa de Ylisse, Lady Lucina. Mas esos rumores solían hablar de lo dura, estoica e implacable que era en ocasiones. Acababa de conocer a Pelleas, pero éste tenía de implacable lo que el Virion mismo tenía de casto y puro.

-Bienvenido a Ylisse, príncipe Pelleas.-A lo que siguió otra reverencia, mucho más pronunciada si cabe que la vez en la que se introdujo su nombre. Al final Virion decidió seguirle la corriente y tratarle como el hijo de todo un monarca. Fuera cierto o no que era el príncipe, lo relevante en aquel momento era el libro, y no quería perderlo por discutir acerca de los orígenes de aquel noble joven. Y en el caso de que realmente fuera todo un príncipe de una nación extranjera, le convenía llevarse bien con la realeza de otros países para situaciones futuras, en cuanto intentase recuperar su hogar perdido.-En verdad sois mucho más valiente de lo que parecéis si habéis acudido a tierras extranjeras sin previo aviso ni escolta de ningún tipo. Eso es algo digno de elogio por vuestra parte.-El arquero había echado un rápido vistazo aprovechando su aguda vista obtenida de años de práctica a sus alrededores para comprobar si había alguien vigilando al joven príncipe de lejos, pero no vio a nadie, por lo que dedujo que, o bien realmente había venido solo, o quien lo estuviera guardando se escondía increíblemente bien.-Por supuesto que no es una molestia vuestra presencia, faltaría más. Ylisse es un pueblo pacífico y abierto a todas las gentes de bien que no buscan alterar esta paz. De haber avisado, seguramente habríais sido cordialmente recibido, con todos los honores que el hijo de un jefe de estado se le otorgan. Mas comprendo que en ocasiones dichos honores pueden llegar a ser fatigosos y le alejen del verdadero propósito por el cual ha llegado a estas tierras.

Virion mismo no sabía si lo que decía de positivo acerca de Ylisse era realmente cierto o no. El Sacro Reino de Ylisse realmente tenía la fama de pueblo pacífico y enemigo de todo tipo de conflictos, pero era simplemente eso, una apariencia. El ex-duque mismo desconfiaba de esa imagen, y por eso mismo había acudido a la capital, con el fin de investigar si Ylisse estaba de alguna forma detrás del ataque de los Emergidos contra Rosanne. Más como Custodio no podía hacer otra cosa que seguir la corriente y hablar maravillas de la supuesta patria a la que estaba sirviendo actualmente.

La conversación pronto giró en torno a la negociación con respecto al libro en el que ambos, príncipe y arquero, estaban tan interesados. Virion se guardó el dinero en el bolsillo en cuanto vio que éste no serviría a la hora de adquirir tan prometedor volumen. Lo cual, era completamente lógico. A un príncipe el oro le sale por las orejas, no es algo que le pueda interesar realmente. Tenía que ofrecerle algo distinto, algo que le fuera realmente útil en el momento y por el cual pudiera estar realmente inclinado a cambiar el libro por aquello. Virion se acarició su barbilla pensativo, mientras veía como el príncipe Pelleas (tras luchar contra la enorme corriente de gente que transitaba por el mercado) le preguntaba si necesitaba el libro con urgencia.

-¿Habéis tenido alguna vez la desdicha de encontraros con un Emergido, Alteza?-preguntó Virion en un tono más serio. Era claro que el tema, pese a todo el tiempo pasado desde que tuvo que huir de su hogar, todavía le afectaba.-Yo sí, y puedo garantizar que no he encontrado en mi vida mayor amenaza para las gentes de bien de todos los reinos. Si existe alguna forma de detenerlos, debo conocerla cuanto antes.-explico sin dar más detalles por el momento, pues no quería revelar más información que pudiera dar indicios de su verdadera identidad. Luego volvió a mostrar su sonrisa altanera de siempre.-Acerca de qué os puedo otorgar a cambio del libro, tengo una idea en mente ¿Qué tal si os hago de escolta y guía durante el resto del día que paséis hoy en Ylisse? Hoy es mi día libre y no tengo nada comprometido, por lo que no me supone molestia alguna por mi parte. Vos podréis caminar con la seguridad de tener las espaldas guardadas, pues si bien Ylisstol es en su mayoría es una ciudad de baja criminalidad gracias al servicio de buenos guardianes (de los cuales yo soy el mejor), siempre existirán por desgracia malas gentes dispuestas a aprovecharse de personas de tan buena voluntad como la suya de muy arteras y ruines formas. Además, puedo actuar como guía de los lugares de más interés de la ciudad, para saciar toda su posible curiosidad acerca de nuestra bella capital. Pero lo más importante de todo, podréis gozar durante lo que queda de día, y es bastante, de tan alta, grácil, simpática, soberbia y sublime compañía como es la de este magnífico héroe que tenéis la gran dicha de tener enfrente ¿Qué os parece? ¿No es acaso ésta la idea de un auténtico genio puesta a vuestra entera disposición?-Y es que Virion era completamente incapaz de vanagloriarse y hablar tan estupendísimamente de sí mismo ni aun teniendo en frente a todo un príncipe en toda su gloria y esplendor. Así era el arquero, y los dioses sabían que si eso cambiaba sería todo un auténtico milagro.
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Re: Un libro interesante [Privado Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Vie Oct 30, 2015 3:06 am

Para su suerte, era aparente que no tendría que aprender a hacer de su persona y su saludo un discurso del calibre que lo hacía Virion, si no todos lo hacían; un alivio, pues habría necesitado 2 años más de educación de etiqueta y aún entonces no estaba seguro de que fuese posible. No tenía cosas tan fantásticas que decir de su persona, excepto su oficio, pero había aprendido que hablar de rituales y espíritus oscuros no era el hobby favorito de muchas personas. Tan sólo asintió, dándole la razón con facilidad. Si proclamaba grandeza y sonaba tan seguro, pues debía de tenerla, se lo creía sin chistar.

Por su parte, él sí tenía bastante que explicar al protector del reino. Al menos esperaba que no le remitiera al castillo o le involucrara con los nobles de Ylisse, de los cuales no conocía ni a uno solo en persona... oh, eso podía ser complicado.

- Creo que su bienvenida ha sido suficientemente buena, realmente. Y, um, ¡gracias! Pero la verdad es que no es ninguna especie de... valiente travesía. Sólo estoy en un viaje de estudio. No habría querido incordiar, siendo que en Ylisse sólo estoy de paso. - Debía insistir en que se iría pronto, que no molestaría. Esquivó a un par de transeúntes que no parecían ni notarlo, esbozó una sonrisa más de disculpa que cualquier otra cosa y continuó. - En un día o dos, a lo sumo, tendré lo que necesito y seguiré, no sé si hacia Plegia o hacia Nohr aún. Ya veo que aquí puedo comprar libros que de ninguna forma habría obtenido en Daein, además de que todo es tan... - Dudó en encontrar la palabra indicada. ¿Vivo? ¿Colorido? ¿Deslumbrante? ¿Tan ajetreado que daba dolor de cabeza, pero tan hermoso que no le molestaba? Miró a su alrededor, tímido pero tremendamente emocionado, pese a que no parecía lograr encajar en el ritmo de las cosas todavía. Lo cierto era que Ylisse no tenía absolutamente nada que ver con los destinos de su viaje, siendo tanto Plegia como Nohr lugares en decadencia, y mucho más militarizados que atractivos al turista común. Según oía, por hacer preguntas simples o pedir indicaciones, era poquísima la gente que ansiaba un paseo hacia cualquiera de los dos reinos. - ...bueno, es un lugar memorable, haha. -

Y esa era la verdad, el motivo de su presencia allí. Pero parecía ser que el Custodio no tenía demasiado interés en interrogarlo, enorme alivio para él. Quizás se debía a que no era parte de sus deberes, o quizás el libro realmente era tan importante para el caballero de altanero semblante, como para desplazar de su mente cualquier otra prioridad. Se compadeció un poco; y tanto más al constatar que iba en serio. Su lenguaje seguía siendo admirablemente floreado, en constante prosa, pero no había nada exagerado en su insistencia por obtener el libro ni en su cautela hacia los emergidos. - Ah, este... brevemente, sí he tenido ciertos encuentros, pero... - Su voz se perdió un poco, apenas una vez en su vida los había visto, y aunque había sido aterrador, nada le había sucedido.

Y sin embargo, sin importar cuanto se compadecía, no podía evitar tomar interés en las negociaciones del hombre. No porque necesitara un guía, no porque necesitara protección, no porque quisiera ver atracciones... bueno, sí, había un poco de aquella juvenil ilusión que llamaba 'ver el mundo', pero por sobre todo, se trataba de aprender de ese hombre. Si seguía a Virion, o si Virion lo seguía a él, seguramente le oiría hablar y le presenciaría regatear con vendedores, o patrullar la ciudad, o cualquier cosa; podía observarlo y quizás si lo estudiaba muy cuidadosamente, o si le pedía un par de consejos, podría aprender a cargarse con la confianza que hacía él. Algo había en Pelleas, después de todo, que hacía que las personas no respetaran su espacio ni su presencia. Era largirucho y para nada corpulento, pero era alto como cualquier hombre de Daein, su cabeza sobresalía un buen tanto del resto de la multitud. Lógicamente, no debería haber motivo para que comandara tan nulo nivel de respeto.

Pero junto al Custodio podía ser que remediase eso. Pese a que su mirada se iluminó como la de un sabio frente a un libro de magia nuevo y misterioso, se contuvo de revelar su intención, en temor a sonar bobo, y con un breve carraspeo hizo su mejor intento de sonar como si apenas lo considerase. - Pues... no necesito protección, mucho menos en un lugar donde está prohibido desenfundar armas. Pero si puede hacer mi paso por Ylisstol una mejor experiencia, y si puede... prestarme sus asistencia en un par de asuntos, o responder a mis dudas al menos, entonces podría acceder. Y le entregaría el libro al final del día. - Sonrió, bastante orgulloso consigo mismo y sujetando la correa de su bolso en anticipación.
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Re: Un libro interesante [Privado Pelleas]

Mensaje por Virion el Vie Oct 30, 2015 4:12 pm

¿Así que sólo está de paso? ¿Qué tiene lo que ya necesitaba y se dirigía ahora hacia otro reino del continente? Ese tipo de cosas llamó la atención de Virion ¿Estaba realmente haciendo turismo, o había algo más que el príncipe le ocultaba? Bien podía estar viajando por el continente para investigar por dentro a los distintos reinos. Quizás el príncipe mismo estaba buscando pistas acerca de los Emergidos y de quien los estaba realmente controlando. Eso explicaría el interés del heredero por aquellos libros de oscura temática, incluido el que despertaba el interés del propio arquero. Mas Virion no podía poner ni de lejos la mano en el fuego de que aquel fuera el caso, así que siguió comportándose con naturalidad, dando por hecho que el príncipe estaba simplemente de visita de placer o por un asunto menor.

-¿Os vais a ir tan pronto, Alteza? ¡Es una pena! Ylisse tiene tantísimo que ofrecer que no basta sólo unos escasos y efímeros días para poder degustarlo exhaustivamente en su totalidad. Pero comprendo que un hombre de vuestra posición se vea tan limitado a la hora de disponer de su tiempo libre para asuntos propios.-y no mentía Virion al decir todo aquello. El Sacro Reino era un lugar muy pacífico, pero no por ello aburrido. Uno podía gastar su tiempo allí de miles de maneras, y no arrepentirse de ello por casi ninguna de ellas. En todo el tiempo que llevaba allí, podía confesar que no se había aburrido ni un instante.-Nunca he estado en el Reino de Nohr, pero sí que Plegia ha tenido la fortuna de ser pisada por mis delicados aunque hermosísimos pies. Si preguntáis a la plebe de Ylisstol, no os echarán más que pestes del lugar, pero no os confundáis. La rivalidad entre ambos reinos viene de bastante lejos, y la opinión del populacho es completamente sesgada y prejuiciosa contra el reino vecino del oeste. Desde luego no goza del orden y a paz que rezuma Ylisse en cada uno de sus rincones, pero también tiene lugares de interés que seguro que os agradarán. Ahora bien, demasiada arena para mi gusto, debo admitir.-Aquí tampoco mentía el arquero. Para llegar desde Valentia hasta Ylisse, Virion tuvo que atravesar las duras tierras desérticas de Plegia. Y por tanto conocía algo del lugar y sus gentes. Aunque en ningún momento llegó a establecerse como sí había hecho en la capital del Sacro Reino.

Otra cosa que sí llamó la atención de Virion es que el príncipe reconocía haber tenido encuentro con Emergidos en el pasado, más no entró en apenas detalles y parecía más nervioso al tratar el tema, cortando su propia voz al hablar. El arquero estaba interesado. Si esas criaturas habían atacado Daein, ese dato era de importancia. Pero no quería forzar la discusión y atraer sospechas hacia su persona innecesariamente, así que dejó el asunto hasta haberse ganado la confianza del príncipe.

Lo cierto es que ya no sólo estaba interesado en el libro. Por supuesto, el libro era la prioridad, pero cada vez sentía más curiosidad por el príncipe Pelleas, si es que ese era su verdadera identidad. No todos los días se conoce a un príncipe, y si aquello era real y no una burda farsa, los resultados de ese encuentro podrían ser provechosos para el arquero, sí sabía jugar bien sus cartas.

De entrada, el príncipe aceptó su propuesta, lo cual era ya un primer paso. Su Alteza aseguraba que no necesitaba protección, y en cierto modo, Virion debía reconocer que en Ylisstol era así en mayor medida. Más si que podía necesitar su ayuda para disfrutar mejor de la ciudad. El arquero sonrió profundamente, si lo que buscaba era una experiencia que lo entretuviera, había ido a dar con el hombre adecuado.

-Si esta liviana tarea es la que me encomendáis por el pago del volumen en cuestión, acepto encantado y sin objeción alguna de mi parte, Alteza.-respondió con otra reverencia (y ya van tres) a la respuesta que el príncipe le había dado con respecto a la propuesta de Virion.-Sabía que os gustaría la idea que mi persona tan sagazmente os ha alumbrado. Dicho esto, tenemos un trato. Descansad tranquilo, pues prometo no defraudaros y hacer de esta experiencia algo inolvidable para vos.

Acto seguido estuvo unos segundos en silencio, meditando precisamente cuales serían las maneras de impresionar al príncipe, mientras el resto de gente pasaba a su alrededor como si ellos dos no fueran dos grandes hombres de noble linaje sino dos columnas plantadas en tierra que obstaculizaba su camino. Al final, Virion probó por algo sencillo.

-Hoy es día de mercado, como habréis observado con facilidad. Muchas son las cosas que se pueden adquirir, no solamente libros. Si queréis ropa, algún instrumento o un suvenir que llevaros de recuerdo de vuestra estadía, puedo indicaros los mejores puestos y locales donde puede indagar y encontrar aquello que vos podáis necesitar.-empezó a hablar el arquero mientras señalaba con su mano distintos puestos que a la vista se ofrecían desde donde se encontraban.-Si lo que buscáis es conocer nuestra historia y cultura, os puedo llevar a los monumentos, estatuas, fuentes y edificios más emblemáticos de la ciudad. Ni qué decir tiene que el Templo de Naga tiene unas vidrieras bastante embaucadoras, aunque soy consciente que nada hay más embaucador que mi propia hermosura. Si tenéis hambre, conozco de posadas y restaurantes que sirven también suculentos manjares tradicionales de la ciudad. Sería una auténtica tragedia si abandonarais nuestro Sacro Reino sin probar nuestro exquisito vino. Conozco varias tabernas donde lo ofrecen a módico precio, y además servido por mujeres camareras aun más exquisitas.-E hizo un guiño cómplice al príncipe, dejando claras sus intenciones en ese tema.-Durante las próximas horas, estoy a su completo servicio. Podéis tratarme como uno de vuestros súbditos más leales sin ningún tipo de resquemor o vacilación por vuestra parte, ya que responderé y os auxiliaré en todas las demandas que me solicitéis con total premura y plena determinación.

Virion volvió a callarse, en contra de su propia naturaleza, en pos de dejar al pobre príncipe pensar por sí mismo acerca de adonde debería dirigir sus pasos. El arquero podía indicar, pero era el príncipe quien tenía que decidir. Pero Virion se consideraba plenamente preparado para cualquier cosa que el heredero le fuera a solicitar o proponer.
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Re: Un libro interesante [Privado Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Mar Nov 03, 2015 12:34 am

Virion le hacía dudar un poco, realzaba tanto la imagen de Ylisse que se cuestionaba si no debería aprovechar su situación, después de todo, estaba en un viaje sin itinerario, en el que podía tomar todo el tiempo que necesitara, mientras no mostrase la cara de regreso en Daein sin haberse fortalecido. Conocer el mundo y sus reinos indudablemente tenía su valor, habría de servirle mucho el día en que tomase el trono. Pero, si pensaba en las semanas o meses que tardaría en sus estudios... no, debía de mantenerse en su pequeño plan. Aún así, atendió con curiosidad a cada palabra de su nuevo guía, inclusive bajando la vista brevemente a sus botas a la mención de "hermosisímos pies", cuestionándose como algo tan aleatorio como eso podía ser hermoso. Más cosas que no entendería en el futuro cercano. Al menos ahora comprendía, si tan negativo era el sentimiento ylisseano hacia Plegia, por qué era tan mal recibida siquiera la mención de magos oscuros.

- Ya veo, así que es inusual... um, pero, quizás sea mejor justamente ir hacia Plegia, entonces. - Dijo a media voz; difícil distinguir si hablaba para los demás o murmuraba para sí, pero era sólo lo usual en él. Si Virion podía informarle sobre Plegia, lo más prudente sería empezar por Plegia, aunque ciertamente le hacía preguntarse cómo un guardián de Ylisse era tan consciente de los prejuicios de la población y bajo qué circunstancias habría estado en el reino grimleal. Ah, seguramente una de las muchas increíbles historias que el hombre debía de tener tras de sí, ya la pediría cuando se atreviese. Como mínimo tenía todo un día con él y pensaba ya como arreglárselas para aprender de él, intentando tomar nota y remitir a memoria su forma de hablar, cuanto menos. - Lamento apartarle todo el día de su trabajo, o privarle de su día de descanso. No incordiaré demasiado. - Aún un disculpador compulsivo, no pudo evitar aquella acotación. Aunque, lejos de hacerle las cosas simples, las palabras del Custodio estaban ilusionándolo quizás más de lo debido respecto a la ciudad. Se sintió, entonces, como un verdadero protagonista de una novela, aquellas novelas de náufragos de la vida conociendo lugares exóticos y vagando por el mundo a sus anchas. Su letárgica mirada casi brillaba en emoción, tanto así que hasta pudo ignorar el vergonzoso comentario sobre meseras.

Tenía ya su pequeño plan: si tenía que entregar el libro, y no pensaba faltar a su palabra en ello, lo leería antes. Más que un grueso tomo recopilatorio, este parecía una especie de cuaderno de notas en modesta tapa dura, no debía de tomarle mucho de tiempo leer, especialmente si se esmeraba en ir rápido. Si había un talento que sabía que tenía y del que no dudaba en confiar, era su capacidad de ser ridículamente organizado con el estudio y un lector muy veloz. En algún punto pararía y echaría a leer, no abusaría de los servicios de Virion demasiado, aunque estaba tentándolo considerablemente.

- Si Plegia es un lugar cálido, entonces... quizás ropa adecuada... - Musitó, desviando su vista a los puestos de venta. Camisas colmadas de puntilla y volados hasta donde el ojo llegaba; ropa que un hombre como Virion podía hacer funcionar, pero en la que él luciría como un pastel viejo. - Um, no no, me vería ridículo, mejor olvide eso. ¡Oh! Quizás la fuente de los dragones de tierra, siempre he querido ver-- no, no, mejor el museo de la travesía del primer... e-exacerbado... - Titubeó, 50% seguro de que le estaba errando a la palabra. - ¿Se permitiría el ingreso a un extranjero? La iglesia de Naga también sería imperdible, en su defecto. ¡Procedamos! -

Sonriente, se adelantó a andar, aunque en su caso se trataba a medias de caminar y a medias de ir por donde el resto de la gente lo empujaba, su cabello ondulado sobresaliendo sobre la altura de la mayoría de transeúntes. Entre tanto, sacó el delgado libro de su bolso, abriéndolo entre sus manos para ir adelantándose un poco a leer, al menos su inicio, de paso ojeando el tamaño de la letra para calcular cuanto le llevaría leerlo. Buscó con la mirada a su anfitrión y se excusó por lo que hacía. - No me preste atención. -
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Re: Un libro interesante [Privado Pelleas]

Mensaje por Virion el Mar Nov 03, 2015 2:23 pm

El joven príncipe había aceptado definitivamente la propuesta del arquero, y éste sonrió para sus adentros de manera triunfal, satisfecho consigo mismo por el éxito de su propia genialidad. No sólo  iba a conseguir ese libro, sino que además, lo iba a conseguir gratis. Tampoco es que le preocupase el dinero, pero siempre era un plus a tener en cuenta. El heredero de Daein se disculpó por las molestias ocasionadas, pero Virion negó sus disculpas con un leve movimiento de mano.

-No tenéis que disculparos lo más mínimo, mi estimado príncipe. Como os he trasmitido en un comienzo, hoy sólo soy un afortunado siervo vuestro más, y no tenéis por qué tratarme de diferente manera.-remarcó el arquero de arqueros mientras hacía su cuarta reverencia del día. La gente de los puestos de alrededor empezó a fijarse en tan extraña actitud de Virion, hasta el mismo punto de que él mismo se daba cuenta de que debía cortarse un poco con sus gestos de caballerosidad, o llamaría demasiado la atención sobre el asustadizo príncipe.

El primer puesto que le solicitó el príncipe Pelleas era algún lugar donde comprar ropa para el desierto. Suerte que enseguida cambió de opinión, puesto que pocos lugares hay en Ylistol capaces de vender semejante indumentaria, y Virion no recordaba especialmente donde. Si bien, Ylisse está rodeado de países desérticos, el Sacro Reino era una tierra fértil y frondosa, por lo que no tenían no hacían falta allí vestimentas especiales para tierras arenosas, calurosas y estériles como las de Plegia.

Sin embargo, sí que conocía dónde se podía encontrar los siguientes lugares a los que mostraba interés el príncipe de Daein. Eran edificios de tan importancia que cualquiera que estuviera sólo un par de días en la ciudad podía localizar sin muchos problemas, no hablemos sí ya vivías un tiempo como era el caso del mismo Virion.

-Se dice Exaltado, mi estimado príncipe. Pero no temáis, es un error bastante común.-y tan común. Él mismo cometió el error varias veces antes de aprenderse bien el nombre la primera vez que llegó.-También se le conoce como el primer Venerable. Él fue el fundador del Sacro Reino de Ylisse y durante milenios ha sido el gran héroe de nuestra tierra… hasta que nací yo, como nuevo héroe a quien alabar y admirar.-sí, la vanidad de Virion era tal que hasta le permitía compararse con personajes de leyenda.-Podemos ir perfectamente al museo, dejan perfectamente el paso a extranjeros. La única diferencia es que en días como los de hoy, los residentes de Ylistol tienen la entrada gratis, mientras que los turistas como vos debéis pagar entrada, pero nada que alguien de vuestra sobrada altura no se pueda permitir sin ningún problema.-explicó mientras señalaba una de las calles que salían del mercado.-Además, el museo nos pilla a mitad de camino del Templo de Naga y a partir del tempo podemos visitar otros edificios de interés. Lo cierto es que todo está bastante cerca, dentro del Casco Histórico de la ciudad. Es lo que ocurre normalmente con las ciudades de larguísima trayectoria, seguro que en Daein pasa algo muy parecido ¡Seguidme pues, y no me perdáis de vista! ¡La aventura nos aguarda!

Virion inició raudo el viaje en dirección al museo, más pronto se vio obligado a frenar su marcha en cuanto se dio cuenta de que al príncipe le costaba seguirle el ritmo. Por lo visto, no sólo le costaba enfrentarse a la marea humana del lugar, sino que además estaba hojeando el libro por el que se había iniciado el encuentro entre ambos. Virion entendió enseguida, era normal que el príncipe quisiera leer el libro, o al menos enterarse algo del mismo, antes de entregárselo al arquero. Virion entonces decidió hacer de muralla con su delgado cuerpo lo mejor que podía, para que la mayoría de gente que pasaba enfrente de él no entorpeciera también el paso del príncipe. Retrasaba el caminar del arquero, pero aumentaba el del heredero de Daein, y así se aseguraba que éste no se perdía por el camino.

Aunque pronto salieron del mercado y las calles se despejaron de gente. Todavía estaban en el centro de Ylistol, y había comercio y turismo, pero ya no era la sensación agobiante del principio. Siguieron caminando lo que serían quince minutos hasta llegaron a lo que parecía ser un pequeño palacete de varias plantas. El edificio era de piedra solida, moderno, no hacía mucho que se había construido. Era el Museo de Ylistol, o así lo indicaba los distintos letreros que se encontraron de camino. Las majestuosas puertas de roble del mismo estaban abiertas de par en par, invitándolos a entrar. Lo que no les invitaba tanto era la larguísima cola de gente que esperaba pacientemente su turno de entrar. Cola que tenía su fin en la puerta misma del museo, y tenía su inicio TAMBIÉN en la puerta misma del museo, ya que era tan larga como para dar la vuelta al edificio entero.

-Bendita sea Naga y todos los dragones!-exclamó sorprendido el arquero, en un intento de no soltar una maldición malsonante que el príncipe pudiera tomarse a mal.-Lo había olvidado por completo. Hoy hay una exposición especial dentro del museo. Algunos de los mayores tesoros de la Casa Real de Ylisse se exponen estos días. He escuchado que incluso una réplica de la Falchion, la espada su Alteza el Rey Chrom. Obviamente no es la espada real ni mucho menos, puesto que esta siempre está en posesión de nuestro monarca, pero por lo visto es una copia prácticamente idéntica de la misma.-le explicó Virion al príncipe mientras al mismo tiempo señalaba otro cartel con un dibujo de la Falchion en medio, anunciando la misma exposición. Justo al lado de un cartel de su Majestad, el Rey de Ylisse desnudo con una balanza en una mano y una espada en la otra más el lema “¡CHROM OS NECESITA!” llamando a la gente a alistarse a la guardia de Ylisse. Sea quien sea el director de propaganda del Reino, Virion pensaba que debía ser despedido rápidamente. Decidió hacer como que tal cosa no existía y siguió hablando con el príncipe.-Ante vos se os abren varias opciones, mi estimado príncipe, y debéis tomar una regia y sabia decisión. Por un lado, podemos formar parte de la cola y esperar a que esta termine para poder penetrar en el umbral del museo y descubrir los sagrados objetos que allí se muestran. Aunque mayor tesoro que yo no vais a encontrar, si tenéis interés en la historia de nuestro reino, la espera puede mereceros la pena. O si lo preferís, podemos pasar de largo y dirigirnos a nuestro siguiente destino. El templo de Naga no está a más de quinientos metros de donde nos encontramos, y me imagino que tendrá tal caudal de gente en su interior. Como siempre, a vos os toca tomar la decisión, y éste, vuestro humilde y temporal servidor, la acatará con todas sus posibles consecuencias.-y sí, esta expresión vino acompañada con la quinta reverencia del día, para luego esperar efectivamente a saber cual era la reacción del príncipe y que dirección tomaba al final.
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Re: Un libro interesante [Privado Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Vie Nov 06, 2015 5:26 am

Si algo tenía que ir aprendiendo de Virion ya, era que una inclinación nunca venía mal. Aunque la primera y la segunda habían sido bien recibidas, la tercera generándole demasiada consciencia de sí mismo, y ni hablar de la cuarta, que ya le hacía sentir acaloradas las mejillas; demasiadas muestras de respeto hacia su persona por un día. Pero tomaba nota de ello, para bien o para mal, aún si lo que escaseaba en él era mil veces más la soltura que el conocimiento del protocolo.

Sus manos se tensaron un poco al ser corregido su error, mas hizo su mejor esfuerzo por mantener la cabeza en alto y centrarse en la magnífica explicación de su guía. Su educación había sido apresurada y no muy completa, desconocía todo aquello tanto como desconocía la cultura ylisseana en general. La mayor parte de la vida del mago oscuro había transcurrido en un orfanato, institución de la que recibía sólo educación centrada en Daein y orientada a nada más que Daein. Luego, puesta sobre su cabeza la falsa corona que se le adjudicaba y llevado ante su supuesto padre, había sufrido la educación militar correspondiente, y como toque final, dos terribles años de etiqueta y otros intentos de moldearle como a un noble presentable. Y seguía sin saber de la historia de otros reinos, o por qué los manaketes eran sagrados y los dragones blancos eran sub-humanos. Muchas de aquellas cosas, no se interesaba en lo más mínimo en conocer. Pero otras tantas había que sí, y en Ylisse residía de momento su curiosidad.

- Oh, ¡muchísimas gracias, lord Virion! - Recordó dar una pequeña inclinación de la cabeza. - En Daein, los extranjeros no tienen permitido ir al museo, ni a ningún edificio con tesoros nacionales, a menos que sean miembros honorarios del ejército... si es sólo pagar entrada, no es problema, mis fondos están casi intactos. Le sigo. - Dijo, delatándose como un muchacho que cargaba encima mucho más oro del que era prudente cargar. Oro que casi no había tocado, siempre guardándolo para más adelante; aunque, contando con algo que le interesara, era obvio que no dudaba en derrocharlo con facilidad. Quizás demasiada facilidad.

Regresó su atención al libro, leyendo con sumo interés el prefacio y la introducción del autor. Seguía la espalda de Virion por el rabillo del ojo, siendo difícil perder de vista la larga cabellera azulada, tan cuidada que parecía la de una mujer. Igualmente difícil era poder seguir en línea recta, aunque ya era más por su propia distracción que por tener que esquivar a las demás personas, que eventualmente se volvieron menos y, a su parecer, menos agresivas. El príncipe leyó cuanto pudo, pese a que su mente insistía en desviarlo a pensar en el museo. Había algo que sabía del Exaltado, algo leído antaño en una adaptación novelesca de su travesía, que le hacía sentir una gran afinidad y fascinación hacia su historia... pero tenía que verlo por sí mismo.

De allí que, al ver la fila y oír la explicación de su guía, su expresión decayera de sutil emoción a no-tan-sutil decepción, agachando la cabeza enseguida. - Ah, uhm, pero-- - Debió de esperar a que el Custodio terminara. Sus oraciones, en ese momento, se le hacían infinitas. - Yo... si no es molestia, puedo esperar. Lo siento, es sólo que realmente quisiera ver esto, he leído sobre el Exaltado y he estado esperando por ver cómo lucía él y su casta y, um, puedo ser paciente. Si me permite. - Acabó por ser sincero, Virion había recalcado suficientes veces que Pelleas lideraba y que él tan solo sería un servidor, suficientes como para darle la confianza de no asentir y decir "está bien así" a todo. Entonces, adelantándose por la pequeña escalera que daba a la gran entrada del museo, tomó su lugar al final de la fila. Al menos en cuanto a moverse, se movía rápido.

Bajó la vista inmediatamente de regreso al libro. Terminado el prefacio sobre los viajes del autor y la introducción sobre la naturaleza de las notas tomadas en el libro, procedía al contenido, finalmente. Las primeras observaciones parecían bien, las descripciones de las criaturas eran acertadas, aunque diferían un poco de su opinión. - No son carentes de inteligencia, los emergidos... - Murmuró en desacuerdo mientras leía, dando cortos pasitos para seguirle el paso a la fila.
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Re: Un libro interesante [Privado Pelleas]

Mensaje por Virion el Vie Nov 06, 2015 3:19 pm

Al final, el príncipe había tomado una decisión. La había tomado hacía tiempo, pero no la había expresado antes porque el mismo Virion no le había dejado con su verborrea interminable e infatigable. Sin embargo, al final el heredero de Daein tomó la delantera y se colocó raudo en la fila que iba al museo, antes que la cola misma se alargara todavía más. El arquero siguió al príncipe sin queja alguna. La decisión que tomase el príncipe le traía realmente sin cuidado, ya había tenido él tiempo suficiente para conocer y aburrirse con la historia de Ylisse. Pero eso no significaba que esa guía fuera a suponer un tormento para él. Poder llegar a conocer al príncipe de Daein y establecer conexiones con su reino podía ser muy fructífero, así que le siguió el juego sin problemas.

La cola avanzaba, lentamente, pero avanzaba. Virion calculó que recorrer la cola entera hasta la entrada supondría una media hora aproximadamente. El príncipe Pelleas debió hacer una estimación similar, pues decidió aprovechar el tiempo de espera para sacar el libro que tanto interés despertaba en el arquero de arqueros y empezó a volver a leerlo rápida pero intensamente. Durante ese rato, Virion no abrió la boca, sino que dejó que el príncipe leyera tranquilo. Mejor si se lo acababa antes de que terminase el día, no fuera a ser que al final de la tarde, el príncipe se quedara con una parte sin leer y luego decidiese que mejor se llevaba el libro para terminar con lo que falta, rompiendo el trato. Virion no creía que el príncipe fuera de ese tipo de personas que incumplen su palabra de esa manera, pero no convenía bajar la guardia del todo.

Aun así, cuando escuchó murmurar cierta frase al príncipe, sí que se vio obligado a dar su propia opinión en el asunto, pues era algo que realmente le tocaba muy de cerca.

-Tenéis razón, un servidor vuestro tampoco considera que los Emergidos sean seres descerebrados, como algunos consideran. Si el libro dice algo como eso, empieza a decepcionarme.-comentó suavemente por encima del hombro el arquero, mientras empujaba levemente al príncipe para que siguiera avanzando al ritmo de la cola y no se quedase atrás por estar ensimismado con la lectura.-En mis encuentros con semejantes diabólicos, despreciables e inmundos seres -Virion no disimulaba su odio hacia los Emergidos para nada- he podido comprobar que luchan de manera disciplinada, organizada y sistemática. Igual que un ejército humano, incluso mejor. Emboscadas, ataques de pinza, formaciones… Las bestias nunca luchan así. Y sin embargo, parece que esa “inteligencia” solo la ponen a disposición de luchar y de matar. Uno no puede comunicarse con ellos, no puede comerciar con ellos, no puede relacionarse con ellos. Uno sólo puede esperar que su objetivo esté fijado en otra parte y que no vengan a matarte a ti y a tu pueblo, masacrando civiles, quemando cosechas y no dejando nada a su paso.

Los recuerdos de lo que hicieron los Emergidos en Rosanne eran todavía vividos y estaban completamente marcados en la memoria de Virion. Hizo todo lo posible para que de sus palabras no saliera ni una sola pista de que él provenía de una tierra tomada por aquellas criaturas diabólicas, pero no pudo controlar que en su tono se notase cierta rabia y odio. El deseo de venganza de Virion contra esas criaturas fue intenso desde el primer día que salió de Rosanne, y en ningún momento se apaciguó pese al tiempo trascurrido.

-Perdonadme, quizás me he excedido en el tono. Mi mayor temor es que tales entes demoníacos ataquen Ylisse, el hogar que he jurado proteger. De ahí que a veces me encienda en exceso cuando sale un tema como aquel.-y para acentuar más su disculpa, el arquero de arqueros realizó su SEXTA reverencia del día. Murmullos empezaron a circular entre la gente de la cola alrededor de Pelleas y Virion, la mayoría cuestionándose la salud mental de este último, pero Virion los ignoró.-Aun así, me gustaría conocer vuestra opinión sobre este tema, que veo que a vos también os interesa en grado sumo. Es una cuestión que me lleva inquietando bastante tiempo, y para que algo inquiete al gran Virion no puede tratarse de un asunto baladí en lo más mínimo. Decidme vuestra honesta opinión, mi estimado príncipe ¿vos creéis que los Emergidos actúan con conciencia propia, o son dirigidos por algún agente externo? Y de haber un agente externo ¿quién creéis que podría ser?

Virion tenía en mente las banderas que los Emergidos portaban en aquel ataque contra Rosanne. Eran banderas de Akaneia ¿Esos seres llevaban esas banderas porque eran dirigidos por alguien de ese continente? Viron había acudido a Ylisse para encontrar respuesta a esa pregunta, pero por ahora estaba tan carente de respuestas como el primer día que pisó Akaneia. Por eso estaba tan interesado en aquel libro, por si por fin lograba descifrar algo de ese misterio de una vez por todas.

La cola avanzaba, pero todavía quedaba un rato. Después de tocar el tema de los Emergidos, Virion decidió cambiar de tema, más que nada para evitar ponerse demasiado en evidencia. No es que quisiera perturbar la lectura del príncipe, pero había algo de lo que tenía curiosidad y esperaba que el príncipe Pelleas pudiera satisfacérsela.

-Debo confesaros que Daein todavía no ha tenido el colosal privilegio de haberme tenido en su seno, si acaso una jornada siquiera. Se sigue como conclusión lógica que desconozco completamente como es el reino que un día me imagino que habréis de heredar ¿Cómo describiríais vuestro propio reino, mi señor? Me gustaría tener una idea acertada, por si alguna vez los hados del destino me conducen precisamente hasta vuestra tierra, estar preparado para lo que me fuera oportuno encontrarme allí.-el interés de Virion era sincero. Le vino desde el momento en que el príncipe Pelleas mencionó la limitación de entrada para extranjeros en sus museos. Se imaginó entonces que Daein e Ylisse serían entonces países bastante distintos, pero no quería hacerse una idea completa de un reino sólo por un mero dato comparativo tan particular. Y si en un futuro pensaba ganarse la confianza del príncipe Pelleas para que le ayude a recuperar sus tierras, que menos que mostrar un mínimo de interés por el reino que éste estaba destinado a gobernar en el futuro.

Y mientras hablaban, la cola seguía avanzando. Hasta tal punto que la meta ya se hacía visible. Muy pronto podrían entrar dentro, y contemplar los tesoros que allí dentro se guardaban, para disfrute del príncipe Pelleas, que parecía bastante interesado.
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Re: Un libro interesante [Privado Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Miér Nov 11, 2015 3:29 pm

Inclusive a la hora de referirse a sus viles enemigos, la entonación y el vocabulario del arquero hacían que sonasen impresionantes, novelescos. Pelleas procedió con su lectura, escuchándole distraídamente y asintiendo con la cabeza, lento y pausado, sólo para hacerle saber que le oía. Si se centraba en el libro, su objeto inanimado más cercano, en lugar de en la gente que tenían en frente y detrás, su humor mejoraba como si de magia se tratase y se mantenía sonriendo con avidez. No obstante, las palabras de Virion se tornaron cada vez más lúgubres y no pudo evitar alzar la vista, a medida que las oía, parpadeando con desconcierto. Que no vengan a matarte a ti y a tu pueblo, las palabras resonaron en su mente y llevaron un escalofrío por su espalda. Masacrar a su gente, quemar su Daein hasta los cimientos. Nunca lo había pensado de ese modo y súbitamente se sintió atroz, tan lejos de su patria y tomándose su tiempo en sus viajes.

- Um, - Carraspeó, mirando detenidamente al arquero. Aún si se disculpaba y proseguía con su impecable carácter (debía tomar nota reglamentaria: entre más inclinaciones, mejor), la impresión que había dejado seguía allí, y ahora el príncipe estaba más que apesadumbrado. Bajó la vista con lentitud, dejando un par de silenciosos momentos pasar antes de hablar. - M-Me hace pensar que usted ha intentado hacer esas cosas, razonar, comunicarse con los monstruos... lo lamento por usted. Oh, p-pero descuide, supongo que sólo habla como alguien que ama profundamente su reino y no desea verlo, um, así como dice. - Y por reino se refería a Ylisse, asumiendo lo más natural y lógico.

Le pedían su opinión en algo, no sucedía muy seguido que le permitiesen darla, pero ciertamente tenía sus definidas ideas respecto al asunto. - Pienso que son manejados por alguna clase de líder, - Dijo con considerable seguridad, su vista puesta en las páginas nuevamente, pero avanzando por la escritura a un paso mucho más lento, similar al ocasional par de pasitos en la fila. Mantenía en volumen bajo de siempre al hablar, mas no se esforzaba en lo particular por ser secretivo sobre sus ideas. - Alguien, en algún rincón del mundo, disfrutando difamarnos al usar nuestras banderas y armaduras para vestir impostores. De cierto modo, está utilizándonos. Cómo esa persona logra que sus soldados sean tan disciplinados, no lo sé, pero no es lo importante... lo importante es que desde su escondite mancha el nombre de Daein, pretendiendo que estamos interesados en atacar todos esos reinos. - Su tono podía no ser el más alto y firme, pero ponía bastante vehemencia en lo que decía. Era él un nacionalista fiel al agresivo estilo de Daein y una ofensa a su patria era imperdonable. - Dicen que nunca se ve un soldado de Daein atacando aquí en Akaneia, y vice versa... o-oh, aunque seguramente usted ya sabe eso. Es realmente extraño, no tenemos aliados en particular por aquí. Me pregunto si ese patrón de atacar e ignorar es parte de la estrategia de aquellos impostores... ah, supongo que lo leeré en breve. -

Era mucho más de lo que solía hablar de una sola vez, pero el hombre había tocado lo único tema sobre el que podía realmente apasionarse. Alzó el libro más cerca de su rostro para disimular, bastante avergonzado por su pequeño episodio. No hubo voluntad que pudiese detenerle, sin embargo, cuando el caballero de azul le pidió que hablase más sobre su lugar de origen. Entonces definitivamente despegó la mirada de las páginas, alzándola a un punto indefinido con un gesto nostálgico. - Daein es de los países más fuertes del nuevo mundo, es fantástico, las ciudades son tan seguras y las costas son tan bellas... ¡y las montañas! Aunque lo mejor, en definitiva, es que... - Dio una risita inquieta, bajando la velocidad a la que hablaba. - Puede sonar poco ortodoxo, pero es el lugar más justo del mundo. En Daein, quien es bueno en algo y desea demostrarlo tiene oportunidad. Y si realmente es bueno, puede ser un soldado o hasta un general, o tener un buen trabajo, o ser alguien importante. Todos quienes amamos a Daein y queremos ayudar, podemos ayudar. Por eso tenemos tan grande ejército. Nuestros apellidos o nuestra fama y riqueza no-- oh, creo que podemos entrar. Venga. -

Su humor era ya otro. Se apresuró a la entrada, pagando sin chistar una única moneda de oro y avanzando al frente, girando la cabeza hacia un lado y hacia el otro al intentar captar cada detalle de su entorno a la vez. Un par de estatuas de imponentes dragones perfilaban la entrada al museo, repleto de armaduras, modelos, escritos antiguos enmarcados, estatuas... olvidó el libro que llevaba y observó felizmente, dándose el tiempo de leer cada descripción gravada en cada placa.


Última edición por Pelleas el Vie Nov 13, 2015 2:58 am, editado 1 vez
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Re: Un libro interesante [Privado Pelleas]

Mensaje por Virion el Jue Nov 12, 2015 6:46 pm

Virion escuchó con suma atención la opinión del príncipe de Daein acerca de los Emergidos. Él también consideraba que aquellas criaturas no actuaban por sí solas, sino que estaban dirigidas por alguien. La cuestión que se seguía era inmediata ¿quién podía ser ese alguien? Para Pelleas, se trataba de alguien que estaba jugando con todos los reinos, levantando banderas de todos los continentes con el fin de crear tensiones entre todas las naciones. Claro que eso despertaba nuevas cuestiones, sobre cómo y por qué alguien querría hacer algo así. El príncipe aseguraba que Daein no tenía nada que ver con esos ataques, por mucho que hubiera Emergidos portando también banderas de su continente. Virion asintió comprensivo, aunque en el fondo tenía sus reservas. Era obvio que el príncipe no iba a admitir que su país era responsable de los ataques de los Emergidos, como no lo había hecho ninguna nación hasta ahora. Sin embargo, Virion actuó como si confiase plenamente en las palabras del heredero de Daein.

Luego la conversación se volvió precisamente en torno al reino de Daein, tal y como había orientado Virion que así fuera. Se notaba que Pelleas estaba orgulloso de la patria a la que estaba destinado a gobernar algún día. Lo que le quedó claro a Virion es que Daein era bastante distinto a Ylisse, e incluso a Rosanne. Sobretodo en lo que a potencia militar se refería. Cuando un alto mandatario lo primero que hace al hablar de su pueblo es hablar de lo importante que es su ejército, es que quiere dejar claro un mensaje al reino que está de visita. Aunque quizás en el caso de Pelleas no se había dado cuenta de ese detalle, al fin y al cabo, está de turismo y no como enviado a ningún asunto de Estado. Virion iba a hacer un comentario al respecto de cómo le gustaría a él conocer aquello que el príncipe le decía con sus propios ojos, pero se calló antes de hablar, pues la cola había llegado a su fin.

El príncipe pagó la modesta entrad curioso y risueño, mientras que Virion sólo tuvo que mostrar su acreditación para acceder al enorme recinto sin gasto alguno. El príncipe Pelleas se lanzó a ver las primeras obras. La multitud se lanzaba en todas direcciones, pero la mayoría caminaban a una sala enorme en cuyo centro se encontraba la réplica de la famosa Falchion. Sin embargo, la primera parada de ambos fue un cuadro en el que se mostraba a un hombre grande y musculoso, de fornido porte y traje real. Virion leyó la placa junto al príncipe y luego asintió con la cabeza.

-El difunto padre de nuestro amado rey Chrom, es un certero e innegable gozo el poder contemplar su retrato aquí. Realmente es un cuadro magnífico: los trazos, la mezcla de colores, el uso de las sombras… Todo para mostrar la grandeza agresiva y pasional de tan elevado hombre. Prefiero el arte escrito al plástico, mas debo reconocer que semejante proeza logra conmover mi alma y sacudir mi conciencia con fuerza.-expresó en tono no muy alto, de tal forma que el príncipe le pudiera escuchar a la perfección pero que no molestase al resto de turistas que estaban observando las obras expuestas.-Lástima que fuera demasiado agresivo y pasional. Fue un gobernador realmente temible, un auténtico ferviente servidor a Naga hasta el punto de llegar al fanatismo. Las purgas y persecuciones a los “paganos” tanto dentro como fuera de nuestras fronteras crearon mucho desorden y caos en nuestro reino. Afortunadamente, nuestro actual rey es mucho más pacífico y aunque también es creyente y practicante de la religión de Naga, tiene el suficiente sentido común como para comprender que la Fe no puede imponerse por la fuerza.

Virion había tenido mucho cuidado de conocer y estudiar la historia de Ylisse desde el momento en que decidió establecerse en el Sacro Reino para empezar su búsqueda de respuestas y ayuda para recuperar su hogar. Es por ello que podía saber cosas tan básicas de la historia de aquel reino pero que cualquier forastero bien podía ignorar como si él mismo hubiera vivido allí toda su vida. Lo cual le servía de manera perfecta para mantener su máscara de Custodio protector del Reino.

El siguiente objeto de exposición que ambos contemplaron se trataba de una especie de escudo reducido un tanto extraño, hecho de bronce y con cinco extrañas ranuras circulares. Dentro de una de esas ranuras había una gema brillante. Virion no reconoció el objeto en cuestión, mas leyendo la placa pudo ver que no era un objeto real, sino otra réplica como la Falchion ahí puesta. Sin embargo, si lo que decía la placa era cierto, la versión real de aquel objeto expuesto era un artilugio mágico de gran poder, capaz de salvaguardar al Sacro Reino en sus horas más oscuras. Virion soltó una pequeña mueca incrédula.

-Interesante artículo, mas completamente inútil. Pues de concurrir mi amado reino en peligro semejante, el gran Virion basta y se sobra para proteger a las gentes de bien con el milagro de su indescriptible y exuberante belleza sin necesidad de aparatos mágicos de dudosa procedencia.-comentó altivo y orgulloso. Aun así, el rabillo de su ojo seguía en dirección hacia el objeto en cuestión, pues si bien era una simple réplica, había algo en él que le intrigaba. O quizás fuera curiosidad, quien sabe. El caso es que pasaron a la siguiente obra expuesta.

Obra que no era ni más ni menos que el plato fuerte del museo, la mismísima Falchion (su copia, realmente). Acercarse a ella era complicado, debido a la cantidad de gente que rodeaba la vitrina, mas Virion logró encontrar un hueco por el cual el príncipe y él podían observar la réplica de aquella mítica espada. Se trataba de una monstruosidad, todo un espadón, de filo ancho pero afilado que cerca del pomo se dividía en dos para volverse a unir. Lo primero que pensó el arquero de arqueros es que semejante arma debía pesar una enormidad, y que no cualquiera podía tener la suficiente fuerza para llevarla. Si el Rey Chrom era capaz de cargar con ella todos los días, es que debía ser alguien con una capacidad física realmente impresionante. Al ver la espada, Virion no pudo evitar sentir cierto respecto por el rey al que había jurado servir pero aun no tenía el gusto de haber conocido.

-Todo lo que os digo ahora no son más que rumores y leyendas sin confirmar, mi estimado amigo.-esta vez se abstuvo de llamarlo príncipe, pues ahora había demasiada gente pegado a ellos contemplando la espada y no quería comprometer la identidad de Pelleas.-Cuentan que la espada real fue forjada hace milenios a partir de un diente de la misma Naga, que nunca se envejece rompe u oxida y que sólo aquellos con la sangre del Venerable son capaces de esgrimirla. Además, es tremendamente efectiva contra wyverns. Aunque eso último tampoco es que tenga demasiado mérito, mis flechas son también letales contra esas criaturas. Lo cual demuestra una vez más que el gran Virion es más fiable, fabuloso y hermosísimo que cualquier tesoro nacional.-comentó nuevamente con tono claramente confiado y soberbio, el cual claramente molestó a algunos de los visitantes del museo que no se sentían satisfechos con que se hablara así de uno de las reliquias más emblemáticas del reino de Ylisse. Mas Virion ignoró sus miradas y comentarios y continuó la visita con el heredero del reino de Daein.
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Re: Un libro interesante [Privado Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Vie Nov 13, 2015 4:46 pm

Lo que leía en la placa y lo que Virion explicaba no sólo eran cosas distintas, sino prácticamente opuestas; donde la placa daba una honrosa descripción de un gran rey de Ylisse, el arquero contrastaba describiéndole por sus fallas y excesos. Ciertamente había tomado con seriedad su deuda y su deber de servirle como guía, para ir tan lejos. - Paganos... aquellos serían de la religión de Grima, entonces. - Murmuró, principalmente para sí. A sus ojos, ambas deidades dracónicas estaban en igual nivel, no tenía perspectiva respecto a cual fuese la divinidad 'correcta' y cual no. Si era cierto que Grimea era el origen de las artes oscuras, sin embargo, no vería otro camino sino el suyo. La magia negra jamás le había jugado mal. Alzó la vista a la dura mirada pintada en la faz del anterior exaltado, encogiendo sus hombros un tanto. Inclusive en una pintura, parecía intimidante. Con gusto procedió alejándose junto a Virion, aunque sin poder evitar lanzarle una última mirada por sobre el hombro a la pintura.

Aquella vez, al acercarse al siguiente objeto, esperaba ya con ansias por la explicación de su acompañante, mirándole expectante. No parecía haber mucho que decir, al menos nada particularmente emocionante. Más bien, Virion casi que menospreciaba el valor del escudo de simple aspecto, lo cual le ponía un tanto nervioso; no había forma en que fuese apropiado decir tales cosas. Aún así, el príncipe extranjero se tomó el tiempo de leer la placa, que versaba del poder mágico del escudo y de la historia de sus gemas perdidas, para luego mirarlo el solemne silencio. Sería otro de los misterios del mundo y algo le decía que no lograría olvidarlo con facilidad, no con tan esperanzadora leyenda. De allí hasta que se le llevase a su siguiente parada, Pelleas miró el escudo como si en fuero interno tuviese un profundo intercambio con la reliquia.

Ylisse parecía irreal, simplemente irreal. La espada frente a la que se detuvieron a continuación sólo profundizaba esa impresión en él, aún si el vallado que protegía la exposición les mantenía a distancia. - Héroes, escudos, espadas, dioses benevolentes que eligen hombres nobles para preservar un reino bendecido... - Musitó finalmente, con una exhalación. - Esto parece más una novela que la vida real. ¿No cree? Gobernar y ser un héroe... sólo en una novela podría ser tan perfecto como para llevar siempre por un camino tan... noble y luminoso. Y encima de todo, he de creer que es justamente este continente el que jamás ha atacado el mío, ni siquiera a través de aquellos impostores... ¿es Akaneia realmente así? ¿Libre de toda culpa, o de involucramiento? Parece demasiado. - No se lo llegaba a creer. No de Ylisse, no de Akaneia en general, no tan así; no podía existir un gobierno tan puro ni tan justo para con todos. En Daein, pues... hacían todo lo que fuese necesario para estar en la cima, se preocupaban de alejar a sus enemigos de la frontera y hacían ojos ciegos al empujarlos hacia Crimea. No había mucha nobleza en el asunto, sólo eficiencia. Y era la única realidad que conocía y aceptaba. No podía simplemente creer que Ylisse y Akaneia eran lugares en los que podía confiar, sin condiciones ni peros. ¿...acababa de implicar que no confiaba en el reino ni en el continente? Al razonar aquello palideció.  - Ah, c-con lo cual no quiero decir que no crea lo que hay frente a mis ojos, es sólo... es... um. - No tenía forma de corregirlo, había hablado de sobra, y por mucho. Carraspeó. - No ponga atención a un turista deslumbrado. -

Igualmente creía que lo mejor sería alejarse. Nuevamente, sentía que Virion había restado un poco de la importancia de la exhibición para dirigirla a su persona, y si bien a él mismo no le molestaba, deseando aprender de aquella infinita confianza en sí mismo, ya le preocupaba de sobremanera. De donde venía él, hablar de ese modo frente a tesoros nacionales garantizaba una estadía menos que cómoda en el calabozo más próximo. Y la gente tampoco miraba con mucho agrado a Virion; un par de conversaciones se habían detenido a su alrededor al escucharlo y les miraban demasiado ya para comodidad del extranjero. - Dice usted cosas, um... peligrosas. Será mejor que... - Temiendo sinceramente por el bienestar de ambos, tomó la muñeca del arquero por entre la puntilla y la elaborada terminación de su manga, y le jaló para retirarlo con poca discreción. Mejor estar a salvo que preocuparse de eso. Dio una breve risa, que sonó todo menos despreocupada. - M-Mejor vamos por aquí, si no le molesta, ¡gracias! -

Y en su improvisado rescate le llevó por un pasillo aleatorio, de a pasos apresurados. Sólo al tomar una prudente distancia le soltó así como aminoró el paso, encontrando a su alrededor una nueva hilera de retratos pintados. Una seguidilla de hombres de cabello azul y muy similares miradas, con tan sólo una mujer entre ellos, una dama de cabello rubio acomodado en grandes bucles, con un gesto tan apacible, que sólo mirarla en pintura le hacía sentir tranquilo. Sobre la frente de la dama yacía una marca que había visto dibujada incontablemente en textos. Parpadeó y no pudo sino detenerse allí.
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Re: Un libro interesante [Privado Pelleas]

Mensaje por Virion el Vie Nov 13, 2015 8:04 pm

Virion escuchó las reflexiones que hiciera el príncipe Pelleas delante de la falsa Falchion, acerca de cómo aquello era más propio de historias de novelas que del mundo real. Virion no podía estar más de acuerdo, aunque no pronunció palabra al respecto. Bien sabía el arquero que gobernar un pueblo consistía en mucho más que coger una espada y matar demonios. Él conocía lo que es la pesada carga de tener sobre los hombros el destino de un pueblo. Y Virion conoció también el sabor del fracaso, de fallar a esa gente a la que el destino le había conducido a proteger y las trágicas y fatales consecuencias de ello. No, la vida no era un cuento de hadas, y eso es algo que el arquero conocía de primera mano, por mucho que se designase a sí mismo como héroe la más de las veces.

Tampoco ignoró las sospechas que el mismo príncipe lanzó sobre el reino de Ylisse, preguntándose si su reino era tan blanco como aparentaba. Virion asintió para sus adentros, pues él mismo compartía esas sospechas, y si se había hecho Custodio era para conocer como era Ylisse una vez arrancado el velo de paz, concordia y luminosidad con el que se muestra al mundo. Pero como miembro de los Custodios mismos, sería ya muy descarado si le diera la razón al príncipe de buenas a primeras.

-Comprendo vuestros miedos e inquietudes más de lo que os podáis imaginar, mi estimado amigo.-nuevamente utilizó aquí el apelativo “amigo” y no “príncipe” para no revelar la identidad del heredero de Daein a los turistas ahí reunidos.-A la hora de juzgar, uno no ha de basarse en apariencias y preconcepciones, sino en hechos objetivos. Hechos como mi innegable y deslumbrante belleza. Sé que su estadía en nuestro reino es breve, pero espero que pueda ver por sí mismo dichos hechos sobre nuestro reino y comprobar que en este caso apariencia y realidad sí coinciden.

Posteriormente a ese comentario, vino otro dedicado directamente hacia la Falchion y Virion mismo se dio cuenta de que dichas palabras generaban rechazo y desafección entre aquellos que los rodeaban. El príncipe Pelleas parecía inquieto por esas mismas reacciones y se lo hizo saber directamente al arquero de forma timorata y nerviosa.

-Un líder nunca debe temer las opiniones de la plebe. Si os preocupáis siempre por el “qué dirán o pensarán de vos”, al final nunca haréis nada por vos mismo, ni por vuestro reino.-reprendió al principio con un leve murmullo con el cual sólo el príncipe pudo escucharlo. Pero luego empezó a caminar en la dirección a la que le indicaba el heredero de Daein, alejándose de la multitud y sus frías miradas. Cuando estuvo algo más alejado, su tono de voz volvía a ser mucho más suave aunque igualmente a bajo volumen para no ser escuchado por los demás.-Os pido disculpas por haberme extralimitado con mis palabras hace unos instantes. Por muy guapo, sabio e ilustre que sea yo, no soy quien para daros lecciones. Al fin y al cabo, sigo siendo un mero súbdito vuestro más.-sí, lo habéis adivinado. La SÉPTIMA reverencia tocó en ese momento.  Al menos se tomó la molestia de hacerlo en una esquina sombría en donde nadie salvo el príncipe pudo verle.

Virion mismo se regañó a sí mismo por esa reacción que había tenido antes. Pero en cierta manera, también le tocaba de fondo. Al fin y al cabo, los supervivientes de Rosanne calificaban al exduque como un traidor y un cobarde. Él conocía de primerísima mano lo que era que su propio pueblo pensara y hablase mal de él. Y aun así, había decidido que eso no importaba. Es más, llevaría consigo esa carga, aceptaría el ser despreciado por su gente. Pero no por ello iba a dejar de luchar por ellos y por sus tierras. Si su pueblo le odiaba, sólo tenía que volver a ganarse su amor, derrotando a esos condenados Emergidos y volviendo a traer la paz y la libertad a Rosanne. Que le odien cuanto quieran, pues él seguirá luchando.

Mientras sus pensamientos divagaban en ese sentido, se dio cuenta de que estaba avanzando por un pasillo en compañía del príncipe rodeado de cuadros de distintos miembros de la realeza de Ylisse. La mayoría de ellos, de pelo azul. Mas el príncipe Pelleas se paró ante el retrato de una mujer de cabello rubio vestida con el traje de Venerable. Virion miró la placa para comprobar si era realmente quien creía que era, pues nunca la vio en persona, y entonces cogió amistosamente al heredero de Daein por un hombro.

-Veo que tenéis buen gusto, mi príncipe. La mujer es realmente hermosa.-comentó el arquero de arqueros con cierta guasa, y permitiéndose de nuevo darle el trato de “príncipe”, pues en aquel momento la sala estaba vacía. Mas enseguida se dejó de guasa y utilizó un tono algo más serio.-Si queréis un hecho concreto y no meras apariencias acerca de Ylisse, lo tenéis en este mismo cuadro.-y de ahí señaló a la frente de la mujer, en donde el pintor había dibujado y pincelado una pequeña pero clara cicatriz cerca de la Marca de Venerable de la frente.-Esta dulce dama aquí presente es Emmeryn, que fue Exaltada durante un breve periodo de tiempo hasta que su hermano Chrom decidió ocupar su lugar y proclamarse Rey. La cicatriz se la hizo su propio pueblo, lanzándole piedras. Las masas de Ylisse habían sufrido el dolor del reinado de su padre y, desaparecido éste, pagaron en ella toda su rabia contenida. Mas ella demostró enseguida seguir una línea completamente opuesta y trabajar por sanar las heridas que tantos conflictos cometidos por el antiguo rey habían provocado. Pidió disculpas a su pueblo públicamente en numerosas ocasiones, cesó las persecuciones religiosas, la caza de los taguel y se firmó la paz con Plegia. Al final, su pueblo la “perdonó” a pesar de no ser ella responsable de nada y ahora es un ídolo de paz para el pueblo. Esta mujer es toda una inspiración para todos nosotros.

La historia de Emmeryn es de lo primero que se aprende cuando uno se interesa lo más mínimo por la historia de Ylisse, pues el pueblo entero está muy orgullosa de su Venerable y se lo hacen saber a cualquiera que se lo pregunten. De ahí que Virion estuviese tan informado sobre el tema. Pero no mentía acerca de que Emmeryn era una inspiración, incluida para él. De hecho, es exactamente lo mismo de lo que estaba divagando el exduque hacía unos instantes. Emmeryn aceptó el odio de su pueblo y aun así luchó por su reino, logrando que ese odio se transformase en amor. Virion también era odiado por los suyos, pero él mismo aspiraba a alcanzar la meta que la antigua Venerable había alcanzado y lograr el perdón de su gente. Por eso mismo, aunque no la conocía, solo por ello ya la respetaba profundamente.

-Sigamos avanzando, mi señor. Todavía nos quedan muchos tesoros que ver y el tiempo avanza de manera inexorable.-recomendó entonces el arquero al príncipe, mientras seguían la marcha por aquellos pasillos y seguían contemplando retratos de antiguos reyes de Ylisse.


Última edición por Virion el Vie Nov 27, 2015 12:57 pm, editado 1 vez
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Re: Un libro interesante [Privado Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Dom Nov 22, 2015 3:44 am

Era un hecho que el príncipe pensaba millares más de lo que decía y la mayoría del tiempo, si se le encontraba distraído, era o porque estaba dándole más vueltas de las necesarias a alguna pequeñez, o fantaseando de sobra, o compartiendo un momento con el susurro que a veces creía que oía en su cabeza, pequeño efecto secundario de su pacto espiritista. En aquel momento, se trataba de un sentido trascendental que percibía respecto a las palabras del arquero. Si se preocupaba por lo que los demás pensaran, jamás lograría mucho como príncipe o como rey. Parecía ser verdad. Ciertamente el actual príncipe se preocupaba en enorme medida por tal cosa, era indecible el temor que sentía a decir algo errado o hacer algo tonto frente a otro ser humano, la sequedad de garganta y el temblor de manos le eran lo más familiar del mundo y... ¿era por eso que sentía que hacía tan poco? Quizás si temiese menos a tales cosas, habría actuado más y sido un mejor miembro de la corte, en general. Quizás era, en parte, lo que le hacía falta.

Aquello duraría semanas en su mente. Literalmente semanas. Por el momento, pesaba ya en su pecho, le hundía el corazón hasta las entrañas. No sabía si algún día aprendería a gobernar con la excepcional firmeza de su padre o ser alguien a quien su pueblo quisiera o respetara, pero sabía lo que quería para Daein y estaba seguro de que eso le importaba aún más que su temores.

Se preguntó si los Custodios tenían entre sus deberes, aparte de la defensa del reino, alguna clase de función de consejo. Quizás solo Virion era excepcionalmente sabio al respecto. Totalmente perdido en sus pensamientos, con el gesto ausente y la mirada perdida, alzó la cabeza con un pequeño sobresalto a la inclinación del arquero, finalmente pensando que aquella, la séptima, quizás quedaba un poco de sobra. Negó con la cabeza lentamente.

- No, por favor. Creo que es, um, el mejor consejo que he recibido en este viaje, hasta el momento. Después de todo, se supone que regrese de toda esta travesía como un mejor príncipe. O al menos, eso me he propuesto, y... me ha dado en qué pensar. - Admitió, sonriendo con una calma que acababa de encontrar. - ¿Es usted alguna clase de consejero real? ¿De diplomático? Parece un tanto más que un guardián, lord Virion. Um, dicho como un cumplido, claro. -

Era una curiosidad totalmente inocente. Con el mismo interés observó la solemne pero tranquilizadora imagen de la última reina de Ylisse, encontrando de inmediato fascinación con la cálida mirada, la sutil sonrisa y la paz en sus facciones. La historia que Virion le adjudicaba no era sino inspiradora, otra historia más sacada de un cuento que de cualquier realidad que Pelleas conociera, mas si así la contaba su guía, no dudaba que fuese verdadera. Leyó la placa bajo la fotografía, mas esta sólo daba el nombre de la mujer y el período de su reinado. - Ser alguien gentil y bien intencionado es realmente difícil, ¿no es así? Incluso más que ser un gobernante poderoso. - Dijo en un murmullo apreciativo. No parecía humano ser así, él mismo elegiría por lejos, de tener la oportunidad, ser alguien fuerte y capaz de tomar decisiones, aunque al resto del mundo o inclusive a su pueblo no se las pudiese explicar; su timidez no era en absoluto señal de pureza de espíritu, sus intenciones eran tan inexorables como las del actual rey de Daein y confiaba en ellas, sólo dudaba más en ejecutarlas. Posando la vista un buen rato sobre la marca en la frente de la dama, tomó otro pensativo y perdido silencio.

Virion le indicaba que era hora de proseguir. Parecía que había visto tanto ya, y tenía ya tanto más en qué pensar... no estaba hecho para tal cantidad de emociones, de cierto modo, le agotaban. Quizás era toda esa sociedad, estar entre personas jamás le había sido fácil. Negó con la cabeza, manteniéndose en su sitio. - Lord Virion, - Llamó la atención del Custodio antes de que este se alejase demasiado. - Creo que me he servido de su tiempo más que suficiente. He visto mucho, tanto como para llevarme recuerdos de Ylisse que me duren por años. Si puede darme un sitio donde sentarme a leer, creo que terminaré el libro tan rápido como pueda y se lo cederé. No hace falta que sea particularmente tranquilo, si se trata de leer, puedo aislarme bastante bien. ¡E ir bastante rápido! - Esbozó una leve pero honesta sonrisa, pudiendo contar sus talentos donde tenía confianza en que los tenía. Entonces fue él quien dio una profunda inclinación ante el caballero, su cabello un tanto largo cayendo hacia adelante, así como la capa blanca sobre su túnica, con un tintineo de joyas. - Debo agradecerle por todo, cumplió fantásticamente mi petición, aunque era un poco... erm... no muy razonable. Ahora téngame un poco más de paciencia y pronto tendrá lo que buscaba. -

Había decidido dejar el recorrido hasta allí y cumplir su parte del trato, y siendo él quien parecía estar en la posición de poder, se sintió en confianza suficiente como para dar por sentado que así se harían las cosas. No podía sino sentir que le debía el libro a Virion ahora, pese a que se había tratado de un trato en mutuo acuerdo. Era su forma de estar agradecido para con aquel admirable hombre, no creía haber aprendido a desenvolverse como él, pero seguramente alguna otra cosa de provecho estaría sacando del encuentro.
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Re: Un libro interesante [Privado Pelleas]

Mensaje por Virion el Vie Nov 27, 2015 12:56 pm

El joven príncipe había tomado bastante en serio las palabras de Virion acerca de cómo debía comportarse un líder ante opiniones ajenas. Quizás demasiado en serio. Así lo pudo notar el arquero al notar la reacción del propio príncipe, poco disimulada. De hecho, el príncipe de Daein preguntó directamente a Virion si es que era algún tipo de consejero o diplomático. Éste sonrió autocomplaciente ante esas palabras pronunciadas por aquel joven llamado a gobernar todo un reino.

[clor=cyan]-Claro que me lo tomo con un cumplido, y os lo agradezco encarecidamente por ello, mi estimado príncipe.[/color]-respondió alegre con una mano en el pecho y agachando levemente la cabeza complaciente el heroico arquero.-Como miembro Custodio, principalmente soy un soldado, y en eso soy entrenado a tesón y con dureza. Más no exclusivamente. También se nos adoctrina en artes del diálogo y negociación, como bien habéis intuido, para poder llevar a cabo misiones de diplomacia, afianzamiento de alianzas y comercio con reinos colindantes. No todos los problemas se resuelven por la fuerza, mi querido señor, y mucho menos en Ylisse.-explicó detalladamente Virion, con cierta altivez, como si estuviese orgulloso de aquella característica del reino, mas luego añadió.-Sin embargo, en mi caso particular y concreto reconozco que siendo el más grande arquero que ha pisado jamás estas tierras en el pasado y probablemente también las pise en el futuro, mi mayor fuerte no son el arte de la guerra si no el arte del buen conversar. Conmover el corazón con un vasto y distinguido vocabulario, una impecable sintaxis y una gramática ejemplar es mucho más limpio y bello que atravesarlo directamente con un par de certeras flechas. Nada de esto sirve si no se tiene nada realmente importante que decir, pero ayuda bastante cuando el mensaje es acertado y directo al centro. Las palabras son… como las mujeres. Lo importante es cómo son por dentro, independientemente de su forma y aspecto. Pero si por fuera lucen bonitas, eso es un extra que no debe ser despreciado sino reconocido y elogiado.-y aquí hizo una serie de guiños cómplices al príncipe Pelleas ante la naturaleza misma de ese comentario.

Mientras Virion seguía hablando tanto y tan gustosamente de sí mismo, deporte que gustaba de practicar regularmente ante cualquier desdichado que tuviera delante, el príncipe hizo un comentario acerca de lo difícil que era ser un líder gentil y amable. Virion asintió con la cabeza más luego añadió lo siguiente mientras miraba él también al dulce rostro pintado en el cuadro:

-Si que lo es. La prueba está en lo breve que fue su reinado como Venerable.-su tono de voz volvía a ser serio y hasta algo formal.-Pero a cambio ha logrado algo que su padre no logró en su mucho más largo periodo de gobierno. Y eso es el amor de su pueblo. Os puede sonar un poco demasiado moralista pero un servidor considera que no hay nada más poderoso que todo un pueblo unido, no a través de la fuerza y el miedo, sino por el amor y la concordia.-al menos, eso era lo que soñaba construir Virion cuando pudiera retornar a Rosanne.

Virion sentía que el príncipe Pelleas tomaba en consideración bastantes cosas de las que decía el arquero. Eso era toda una novedad, la mayoría solía ignorar casi todo lo que salía de la boca de tan contumaz parlanchín. Y sin embargo, él no sólo escuchaba sino que le respondía y asimilaba todo cuanto el arquero le decía. Esa era una de las razones por las que, pese a no conocer apenas al futuro gobernante de Daein, le empezaba a coger estima, más allá de su deseo de obtener el libro o de ganarse la confianza de un posible aliado futuro a la hora de iniciar su reconquista. Por eso mismo, incluso se sintió un poco apenado por dentro cuando el príncipe le dijo que detuvieran ya su tour por Ylisse, pues ya había tenido suficientes emociones para toda una larga temporada. Virion se lo estaba pasando bien, y era una pena que aquello acabase tan pronto. Pero habían hecho un trato, y Virion no había renunciado, ni de lejos, al libro que había iniciado aquel encuentro entre ambos, por lo que aceptó el cambio de planes del príncipe Pelleas sin dar ninguna objeción ni dar muestras de querer interponer alguna.

-Como usted desee, mi estimado príncipe. Conozco un sitio idóneo para poder llevar a cabo su lectura. Se trata de un parque e proximidad cercana al museo donde nos encontramos. Es un sitio realmente tranquilo y acogedor, especialmente con el buen y cálido tiempo que tenemos hoy. Con verdadero placer os guiaré hasta allí.-y enseguida se pusieron en marcha, pero no sin que antes Virion realizara la OCTAVA reverencia del día dirigida hacia el príncipe.

No tardaron en salir del museo. Mientras la entrada todavía continuaba con una cola aparentemente infinita e interminable, la salida estaba bastante despejada, por lo que pronto llegaron a la calle. Y de ahí no tardaron mucho en llegar al susodicho parque, pues se encontraba a no más que unos quinientos metros del museo. Efectivamente, era un bucólico pinar, con fuentes, bancos y columpios para los pequeños. De fondo se veían niños jugando, ancianos paseando y alguno que otro haciendo deporte, pero Virion encontró un banco alejado del resto de gente, donde pensó que el tímido príncipe podría estar más a gusto y disfrutar de su relajada lectura.

-Creo que este sitio es más que idóneo para poder leer plácidamente. Yo mismo vengo aquí a veces a leer poemas de amor con los que inspirarme, cada vez que tengo un rato libre tras mi entrenamiento como Custodio y hace un buen día como el de hoy.-dijo señalando el banco indicando al príncipe que se sentara cuándo y cómo gustase.-Si tenéis hambre o sed, no tenéis que pedirme algo e iré raudo a traéroslo. Este parque está en pleno centro de la ciudad, por lo que hay multitud de tiendas y tabernas de todo tipo, por lo que me puedo acercarme en cualquier momento a traeros algo. Sólo tenéis que pedirme lo que necesitéis y os lo traeré gustoso.-y entonces cerró la boca, con el fin de dejar al príncipe que leyera tranquilo y le probara si era tan rápido y ávido lector como había presumido momentos antes en el museo.
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Re: Un libro interesante [Privado Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Miér Dic 02, 2015 2:01 pm

Quizás debía de considerar en más seriedad instruirse en aquel "arte del buen conversar", como Virion le llamaba. Conmover el corazón, ser oído atentamente y que sus ideas fuesen apreciadas... podía aspirar a bastante más de lo que su falta de seguridad cedía y suponía que no perdería nada con estudiarlo, si era una doctrina como cualquier otra. Ser oído sonaba suficientemente increíble y tentador como para buscar estudios al respecto. Si tan sólo no se sintiese totalmente perdido por la comparación entre palabras y mujeres; oh, si ese hombre aludía al tema de mujeres con tanta confianza debía ser porque era un exitoso romántico, no podía ser de otra forma, pero al mago le avergonzaba demasiado la sola mención de tales cosas como para querer abrir la boca. Apartó la vista de la forma menos discreta posible, clavándola en un área blanca de la pared más cercana. Sería el último heredero del mundo en comprometerse, y por algo sería...

Prefería, por lejos, pensar en historia pasada. No sólo le era una reconfortante temática, sino que le interesaba lo suficiente como para hundirse en ella, asegurándose de remitir a su memoria todo cuanto aprendía de los anteriores regentes de Ylisse. Fantasear con las proezas de otros héroes, admirar aquello que era tan distinto a él... no le venía mal, era la clase de pensamientos con los que se distraía a diario y probablemente estaría queriendo comentarlo todo después, o escribirlo en sus memorias personales, o enfrascarse enseguida en más libros sobre aquella Emmeryn. Lo más probable era que estudiar no le daría a percibir la inefable cualidad que Virion adjudicaba a la mujer, tal cosa sonaba apta para ser descrita sólo por quienes la viviesen de primera mano, pero eso sólo hacía todo más genial.

Debía de comendar su suerte por tener a un guía dispuesto a hablar de los detalles que más apreciaba, además de mostrar su propio interés y respeto hacia todo lo que exponía sobre Ylisse. Había sido la mejor persona que pudiese posiblemente pasearle por un museo y atender a sus curiosidades. En el tiempo próximo estaría soñando con reinos unificados y sus épicos líderes, lo sabía. - Gracias nuevamente, por toda su ayuda, además de-- - El arquero se inclinaba otra vez, había perdido la cuenta como para saber en qué numero iba con el gesto, pero era ya suficiente para tentarlo a él y a su muy, muy extensa paciencia a pedirle que cesara de hacerlo. O sujetarle la cabeza a la próxima. Se mordió la lengua como medida preventiva.

Mejor seguirle el paso. Miró de soslayo lo que dejaba atrás, no sólo las obras de arte y la sabiduría plasmada en estas, sino también la cerrada atmósfera del museo, el olor a metal, óleo y pergamino viejo; le agradaba más de lo que debería agradarle y se quedaba extrañándolo, al salir de regreso a la brisa de una buena tarde y el brillo del sol que aún no se ocultaba. No era un fanático del mundo exterior, eso por seguro, pero no estaba allí para continuar paseando. Contó con el alivio de pasar por un bullicioso y concurrido camino, mas terminar en un rincón apartado, donde la arboleda y los pequeños arbustos florales terminaban de cerrar el camino transitable, cerniendo bastante sombra en donde pudiese sentirse más oculto. Exhaló con calma y miró entre los árboles, sólo para saber que no había nada en particular del otro lado.

- Esto será más que adecuado, no tenía que molestarse en mucho. Estaré bien. - Aseguró con una genuina sonrisita. El ruido de las demás personas le llegaba distante y amortiguado, se le hacía extrañamente cómodo. - Me abstendré de más peticiones, siento que me he excedido ya, y es sólo que... um. - Hizo una pausa, su vista detenida en la distancia, como si se hubiese perdido o se hubiese olvidado de terminar su oración; tenía a varios consejeros reales creyendo que tal cosa le sucedía, que era tan volátil como para olvidarse de hablar, aunque sólo se iba demasiado en pensamiento. No era que tuviese más peticiones, más bien eran preguntas, Virion le había llevado a cuestionarse bastantes cosas y aún no quería perder la oportunidad de darles voz. - Este, ¿Lord Virion? Si puedo preguntarle al menos una cosa más-- prometo que me concentraré enseguida, es sólo que, ah, tiene usted bastante para decir y es-- quisiera tener su opinión, es todo. - Se sintió trastabillar horriblemente con sus ideas. Mantenía su sonrisa y un semblante tan tranquilo como podía, aunque dentro de su cráneo fuese como oír un carruaje desbocarse lenta y vergonzosamente. Ninguna novedad para él.  - Y por favor, no se incline. - Agregó aprisa, alzando una mano en gesto de que permaneciese donde estaba. Hasta él sabía que los halagos se recibían con inclinaciones, pero ya había habido más que suficiente de eso.

Se sentó en el borde del banco, quitando de su hombro el bolso con sus libros, para separar los que había comprado aquella tarde de aquel tomo nuevo en particular. Mientras lo hacía volvió a hablar, explicándose con más calma entonces. - No he podido evitar pensar en ello... dígame, ¿que cree que usted que toma afianzar el amor de un gobernante para con el reino? ¿Cómo sabe el pueblo que su gobernante le ama? Muchas veces explicar todas las decisiones no es una opción, también sucede que se dude que ciertas acciones sean para el bien mayor... aún si un rey ama a su pueblo y se dedica a su bienestar, me es fácil imaginar que la gente no... lo note. O no lo comprenda. - Dijo. No escondía su interés personal en el asunto, no veía motivo para hacerlo, preocuparse de la forma en que gobernaría no le parecía algo malo. Igualmente, no era sólo por él mismo que cuestionaba, sino que buscando un entendimiento en general de la historia de la última Venerable. - ¿Cómo establece uno aquel vínculo...? Mi padre ha tomado decisiones muy difíciles y ha cambiado muchas cosas, no ha sido exactamente... de explicar todo, pero de algún modo, el pueblo le comprende. Entienden que todo lo que hace, hace por Daein, y aunque los reinos fronterizos no se lleven tan bien con nosotros, el pueblo está feliz, satisfecho y agradecido. Me pregunto si será lo mismo conmigo... si tan sólo con amar a mi reino, de algún modo, sucederá que entiendan y confíen en mi. -

Bajó la vista, había hablado demasiado. Había necesitado hacerlo, usualmente se reservaba sus ideas para cuando le pidiesen su opinión, pero se había dejado llevar un poco en la ocasión, o eso suponía. Carraspeó, hojeando el libro para volver a la página en que había quedado; al desocupar sus manos de ello no pudo evitar más de algún gesto que le ayudase a sentirse calmo, rascar la piel a los costados de sus uñas, arrancarse discretamente pedacitos de capas de piel que se hubiese mordido antes, girar los anillos en sus dedos. - Q-Quizás si querré algo de beber. - Murmuró.
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Re: Un libro interesante [Privado Pelleas]

Mensaje por Virion el Jue Dic 03, 2015 3:15 pm

Durante todo el tiempo en que Virion acompañó al príncipe Pelleas, el arquero estuvo estudiando al heredero de Daein con sumo detenimiento, aunque no se le notase lo más mínimo. Quería saber si era alguien de fiar, si era un posible futuro aliado en su añorada Reconquista de Rosanne. Y de entrada, su valoración estaba siendo positiva. El joven no sólo parecía honesto sino también bastante simpático, si le quitamos su timidez exacerbada. Además, era alguien que aspiraba a ser un buen gobernante, aun que parecía no saber si estaba a la altura de lo que le esperaba. Y además, y no menos importante, parecía ser que el príncipe había cogido bastante aprecio hacia Virion. Quizás demasiado. Virion no había hecho apenas nada por él, simplemente acompañarle por la ciudad un rato y darle algún que otro consejo, pero se podía ver en los ojos del príncipe Pelleas que éste le apreciaba por ello en grado sumo. Parecía que se había ganado realmente su aprecio. Aunque sólo había sido un encuentro, todavía era demasiado pronto para asegurar nada. Mientras por fuera se mostraba tan abierto y confiable, por dentro Virion seguía teniendo una mentalidad calculadora.

Ya en el parque, el príncipe le solicitó un favor. Se trataba de una cuestión, simplemente quería conocer la opinión del arquero Custodio sobre cierta materia concreta. Mas no se pronunció enseguida, pues le parecía que le costaba hablar. Debía ser algo importante. Virion hizo un amago de hacer otra reverencia cuando el príncipe le hablaba, pero le interrumpió. El príncipe parecía harto de tanta reverencia. Eso le sorprendió a Virion.

-Veo que además de todo, sois alguien humilde y de poco agrado de los halagos continuados. Me imaginaba que siendo príncipe estaríais más que acostumbrado a este tipo de trato y quería que no os sintierais como pez fuera del agua, mas veo que erré por completo. Supongo que en Daein ese tipo de formalidades se considera una frivolidad o algo peor y por ello mismo no se lleva a cabo esta práctica tan a pecho. Os pido disculpas si lo habéis considerado una ofensa, pues en mi defensa diré que no era mi intención, sino todo lo contrario.-reconoció Virion e incluso iba a empezar a hacer una reverencia de nuevo pero se detuvo a mitad y se golpeó en la frente con la mano al ver lo que estaba a punto de hacer, para luego soltar una carcajada como si se riera de sí mismo.

No era broma, Virion creía que ese era el trato que debía hacerle al príncipe. Al fin y al cabo, era el trato que había estado recibiendo desde niño por todos sus sirvientes hasta el momento en que lo perdió todo tras el ataque de los Emergidos. La única persona dentro de su servicio que no se arrodillaba continuamente ni le halagaba ni le adulaba sino que le hablaba de tú a tú fue Cherche. Uno de los motivos por el que al arquero le gustaba tanto aquella mujer hasta el punto de convertirla en su confidente y amiga. Pero era obvio que si bien en Rosanne el halago y el excesivo delicado trato eran la norma, eso no tenía por qué ser así en el resto del mundo, así que el arquero se obligó a contenerse… un poquito.

Entonces, al final formuló el príncipe su pregunta, y el arquero tuvo que detenerse un momento a responder. Y es que la pregunta iba directamente al centro. El príncipe le preguntaba directamente qué debía hacer un gobernante para ganarse el amor de su pueblo. Era como si el mismo príncipe hubiera cogido un arco y le hubiera disparado una flecha al corazón del mismo Virion. Pero este no expresó ninguna emoción, sino que se contuvo lo suficiente para tomar aire y responder con calma, aparentando completa normalidad.

-Me temo que en esta cuestión, ni siquiera el gran Virion os podrá ser de gran ayuda, mi estimado príncipe.-respondió con una sonrisa pero arrepentido de no poder dar la respuesta que el príncipe deseaba.-Saber gobernar no es una cuestión baladí, y si alguien le dice que es fácil, le está mintiendo descaradamente. No en vano vais a tomar decisiones que afectarán a centenares, miles o incluso decenas de miles. No es mi intención agobiaros con ese pensamiento, pero es la realidad y cuanto antes la asumáis, mejor.-su tono de voz se volvió serio y se permitió el lujo de sentarse al lado del príncipe mientras pronunciaba sus palabras.-¿Queréis ser amado por vuestro pueblo? Lo único que se me ocurre es que demostréis que os preocupáis realmente por él. Hablad con vuestros súbditos y que os expliquen lo que sienten, que necesitan, cuáles son sus sueños e ilusiones. Y luego luche por ellos como si fueran sus propios sueños. No sé si un gobernante así será reconocido como un buen gobernante de buenas a primeras. Pero si seguís luchando por vuestra gente, continuamente, hasta el final, sin importar lo que os pueda ocurrir a vos, sino poniendo a vuestro pueblo en primer lugar… Yo creo que al final, la historia os hará justicia y vuestra gente os reconocerá. Como a nuestra Emmeryn. Al menos, así lo deseo. Cruel y oscuro sería el mundo de otra manera.

Virion hablaba con el corazón y se notaba en la seriedad y el tono con el que trasmitía esas palabras, clara diferencia a como se expresaba normalmente. Al fin y al cabo, eso le afectaba de lleno. El príncipe acababa de preguntar por cómo hacer que su pueblo le ame a aquel que había conseguido en su breve mandato que su pueblo lo odiase y tachase de traidor. Virion era completamente incapaz de responder a la pregunta del príncipe de Daein, lo único que podía trasmitir era una vaga idea de esperanza, la esperanza que el tenía de que el futuro cambiase y él pudiera retornar a su hogar, y lograr el perdón y amor de su pueblo que tanto ansiaba.

-Lo confieso, yo también he acabado algo sediento.-respondió el arquero cuando el príncipe afirmó al final que necesitaba beber algo. Virion estaba acostumbrado a hablar en demasía, pero ese tipo de conversaciones siempre tocaban la fibra sensible, y un buen trago ayudaría a aliviar la tensión que sentía.-Esperadme aquí, iré rápido a traer algo para los dos, no tardaré.

Rápidamente, el arquero se levantó del asiento del banco y fue rápido en dirección a una de las tabernas más cercanas. No había mentido cuando dijo que ese parque era céntrico y enseguida encontró una taberna en la que pudo comprar por bastante módico precio aquello que buscaba. El arquero no tardó más que unos pocos minutos en volver, y se traía con él una botella de vino y un par de jarras no muy grandes.

-He vuelto, y no he tardado como os dije. La palabra de Virion es más sagrada que las mismas escrituras divinas de cualquier religión que se os ocurra.-comentó Virion orgulloso mientras le pasaba una de las jarras que había traído consigo al príncipe y le enseñaba la botella de vino para que Pelleas la viera bien.-Os dije que irse de Ylisse sin probar su vino es todo un crimen. Este es bastante bueno, dulce, quizás excesivamente afrutado pero exquisito si se saborea bien. Y no sería mala idea aprovechar y hacer un brindis por nuestro breve encuentro, mi príncipe. O si tiene alguna idea mejor por la que brindar, soy todo oídos.-comentó el arquero con una sonrisa, mientras hacía ademán con su mano para servirle un poco de vino a la jarra que le acababa de entregar al príncipe.
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Re: Un libro interesante [Privado Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Mar Dic 08, 2015 4:58 pm

Por algún motivo, le traía bastante alivio ver a su acompañante reír, aún siendo por algo simple como el leve problemita de las inclinaciones. No atinaba con exactitud, pero al menos tenía razón en que no estaba del todo acostumbrado. Tal cosa se curaría con el tiempo, estaba seguro, pues en el fondo podía admitirse que no le desagradaba, mas en aquel momento prefería con creces las entendidas palabras y las interesantes opiniones del varón de larga cabellera, más que sus respetos, halagos y grandilocuentes gestos.

No era común encontrar con quien discutir ideas, cuanto menos no para él. Discutir conllevaba en gran parte a ser oído con seriedad, ser puesto a nivel, cosas que escaseaban en su extraño limbo de ser demasiado inferior frente a su padre y maestros, y demasiado superior frente a los demás. Fuese o no a través de un libro y un trato, había ganado temporalmente la atención de aquel arquero y ahora que había comprendido que era alguien cuya mente le interesaba, no estaba por terminar la jornada sin satisfacer cuanta curiosidad le quedara. Con sumo detenimiento vigiló los gestos de su acompañante al dar su respuesta, el libro quieto y desatendido entre sus manos, tan sólo aguardando a por él.

Y aunque la respuesta no era lo que habría esperado o deseado, no borró la admiración que estaba albergando por aquel caballero. - Soy consciente de esa parte, descuide. La responsabilidad es grande y será pesada, pero si dejo de pensarlo como afectar a miles de personas con cada decisión mía, y lo pienso como unir mi vida a la de mi reino... es un peso que me gustaría mucho cargar conmigo. Más liviano que cargar a mi sola persona. - Dijo, expresándose en la única forma en que él mismo entendía el asunto. Más trabajoso le era ser Pelleas, el muchacho sin carácter ni sentido de ser, que ser el príncipe y eventualmente señor de todo lo que había apreciado en su vida. Ser su sola persona jamás le había agradado en demasía para comenzar, era algo que estando en tal humor podía admitirse. Y al oír el consejo del mayor, sin poder interpretarlo como nada menos que optimista y reasegurador, se sentía extrañamente justificado. Encontró en aquellas palabras también algo agradable, digno de recordar para futura redacción en sus memorias. - Luchar por sus sueños como si fuesen los míos. Qué bello suena, honestamente... casi tanto como la idea que, a fin de cuentas, la historia recuerde nuestras buenas intenciones y nuestros mejores intentos, en lugar de nuestros errores. Sé que los tendré, es reconfortante pensar que lo que yace detrás sea percibido. Gracias. - Y aquel "nosotros" en su hablar no apuntaba a ser más que una generalización, tan sólo una irónica coincidencia respecto al ex-duque de quien sólo conocía limitadas facetas.
   
Por lo pronto, quedaba satisfecho, hasta feliz. Permitió al custodio apartarse a conseguirle algo de beber, volcándose a su deber con aquel misterioso libro. No demoró en encontrar el sitio en que se había quedado y reanudar, metiéndose en las descripciones con interés. Qué eran las criaturas y qué hacían no le era del todo un misterio, ya no, por lo que pasó por aquel par de capítulos a gran velocidad, llevando su dedo índice a ritmo lento por el papel mientras bajaba de línea en línea de la escritura. Murmurando una que otra palabra en su concentración, pasó varias páginas así, aminorando su paso al alcanzar la sección tercera, que detallaba las mejores formas de combatirlos. Y ninguna le parecía correcta. Frunció el ceño, preguntándose cada vez más quien era aquel autor y qué tanto se le podía confiar; adjudicaba toda clase de supersticiones extrañas a pelear con las criaturas, desde que sólo remover la cabeza los daba por muertos, hasta no enfrentarlos bajo agua de lluvia. Saltó numerosas páginas de aquello, llegando así a algo que regresó, de golpe, su fe en la utilidad del tomo.

Para aquel entonces, su acompañante regresaba ya. El príncipe tardó más que un par de momentos en notarlo, alzando la vista con desconcierto y leyendo apresuradamente la etiqueta de la botella. Sonrió, tomando sin chistar la jarra y sujetándola para que se le sirviese, hacía mucho tiempo que no consumía alcohol, probablemente desde la última fiesta nacional, pero no venía en absoluto mal recibido.

- ¡Virion! ¡Mire, debe ver esto! - Se apresuró a comentar, maniobrando torpemente para volver al libro hacia él. En una de las páginas se veía el texto en aquella manuscrita ordenada pero algo grande, en la otra, una interesante ilustración en carboncillo: una larga estaca de madera, quizás una lanza, clavada en el suelo de revés, su punta atravesando el cuello cercenado y la cabeza de una de las criaturas, cuya mirada persistía tan vacía como antes. Habían algunas anotaciones a los costados del dibujo, las cuales Pelleas aclaró de antemano. - Dice aquí que es la forma de evitar que regresen a un reino: tomar a sus caídos y poner sus cabezas en estacas, en una hilera impar en cualquiera de las fronteras, mirando hacia el exterior. De hacer esto, desviarían su marcha en otra dirección. - Alegre, no miraba con menos que apreciación el morboso dibujo, pasando ya la página para continuar leyendo las instrucciones. - Brinde por expulsar la plaga de su reino, custodio. ¡Esta debe ser la solución! No puedo esperar a probarla, necesitaré afilar... varias estacas... -

Su voz se perdió en la continuación de la lectura. Por supuesto que pensaba hacer como el tomo decía, sonaba a una buena opción y no había pérdida en probarlo, pues nadie en su sano juicio defendería la integridad de ese ejército. Mantuvo quieta su jarra mientras se le servía, acercándola enseguida para el brindis. No era un gran bebedor, no se le incentivaba a ello a menudo ni lo quería realmente, pero en las escasas ocasiones como esa, lo disfrutaba bastante. No entendía mucho sobre tipos y cualidades de vino, por lo que todo le sonaba igualmente bien.
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