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[Entrenamiento] Mercenarios cazando mercenarios [Priv. Cleah y Khirel]

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[Entrenamiento] Mercenarios cazando mercenarios [Priv. Cleah y Khirel]

Mensaje por Invitado el Miér Mar 08, 2017 6:07 pm

La luz se filtró entre los rotos y escasos tablones de madera del techo del establo , incidiendo directamente sobre los ojos de un Alan que, molesto, se dio la vuelta y aplastó su cara contra un montón de paja pegajosa y maloliente. Abrió os ojos. Se hallaba embotado por la juerga de la noche anterior y tardó unos segundos en reaccionar, en reconocer el olor que su nariz le ofrecía. Con una mueca de asco, se retiró de la mierda que acababa de aplastar con la cara y se incorporó poco a poco. A su lado, tres caballos pacían cómodamente sin inmutarse por su presencia. Se frotó los ojos y salió de la estancia pequeña y cuadrada donde había acabado tras la borrachera. Al salir, se encontró el bebedero de los caballos, y aprovechó para lavarse la cara.

"Menos mal que nadie lo ha visto..."

Una vez límpido, apresuró el paso hacia la taberna, el último sitio donde recordaba haber visto a sus camaradas. El pequeño poblado en el que se encontraban rara vez disfrutaba de la presencia de visitantes así que no le extrañó suscitar las miradas de unos y otros y el correr de los rumores. Hinchó pecho y arqueó los hombros, tratando de dar mejor impresión de la que sabía que ahora mismo tendría. La noche anterior había sido loca. Entre los cinco casi acaban con las reservas de cerveza y las dos prostitutas del pueblo quedaron exhaustas al final de la noche aunque Alan no recordaba muy bien los detalles.

"Ah, mierda, ¡qué seca tengo la boca!"

Se movió a través de las casitas de rectos tejados que no dejaban de sorprenderle. Al fin y al cabo, en su tierra natal los techos eran a dos aguas porque nunca había habido problemas de lluvias pero aquí las cosas eran distintas; la tierra yerma y la fruta tóxica. Había de andarse con cuidado si no quería enfermar gravemente. Cruzó el mercado del pueblo ignorando las miradas que iban a su arco, al carcaj y a su cara alternativamente. En su paso por el lugar, arrampló una manzana de un puesto y le tiró una moneda al vendedor antes de que este replicara. Cuando cerró la bolsa tanteó el peso y se decepcionó. Frunció el ceño. Anoche habían derrochado demasiado y tendrían que volver a trabajar pronto. La última paga fue cuantiosa pero ya se estaba acabando. Se comió despacio la manzana, saboreando su sabor después de tan largo tiempo sin probar bocado.
Abrió las puertas dobles de la taberna con decisión y se encontró la taberna vacía. O casi. Cuatro hombres altos, fornidos y armados estaban tirados unos sobre otros totalmente dormidos, o puede que desmayados. Alan sonrió y negó con la cabeza mientras se encaminaba a la barra.

- ¡Jefe! - gritó mientras ponía unas monedas en la barra. El tabernero salió de debajo de la barra con una pelusa en la ceja izquierda y un trapo lleno de mugre - hazme el favor de llamar al alguacil y poner unas jarras para calmar la sed. Y una sopa de cebolla, anda.

- Por supuesto monseñor, enseguida - hizo lo que parecía una reverencia e hizo de sus manos un micrófono antes de gritar - ¡Marie trae al alguacil ahora mismo. Los monseñores quieren el trabajo!

El encargo se cumplió y cinco jarras llenas de espumosa cerveza de un amargor que echaba para atrás coparon la barra. Alan agarró una  y le dio un largo trago, disfrutando del frescor que resbalaba por su garganta. Se relamió los labios, donde la espuma había quedado y se dirigió a sus compañeros de trabajo, agachándose para quedar casi a su altura. Sonrió y se aclaró la garganta.

- ¡Vuestras mujeres están aquí! - voceó, ante la estupefacta mirada del tabernero, tras la barra. Los cuatro se levantaron más rápido que lo que tardas en decir Naga con caras de terror y suplicantes mientras balbucían disculpas y excusas. Alan no pudo parar de reír durante un buen rato pese a llevarse unas buenas patadas y puñetazos en los brazos y piernas. Al rato llegó el alguacil con un pergamino, tinta y un sello. Se sentó en una mesa y les hizo señas de que se acercaran. Viendo las caras de los recién levantados, Alan les frenó y señaló a la barra - tenéis allí unos refrescos para pasar la sed. Dado vuestro estado creo que será mejor que me ocupe de esto en solitario - los muchachos no refunfuñaron siquiera, pues ante la perspectiva de la cerveza hablar de negocios parecía mucho peor idea. Al verles apelotonados sobre la barra Alan se encogió de hombros y sonrió, dirigiéndose hacia la mesa donde se hallaba el alguacil del pueblo.

- Buenos días alguacil - cogió una silla, le dio la vuelta, y se sentó en ella apoyando los brazos sobre el respaldo y la cara sobre los brazos. No hubo respuesta. Se fijó en la cara del hombre que tenía delante de él. Arrugas, ojeras, el ceño y los labios fruncidos... parecía que estuviera enfadado con Alan, pero él sabía que no había hecho nada malo.

- De buenos nada - replicó al fin con voz ronca y exhausta - tú y tus perros abusasteis malamente de la moza Juliana, quien a bien tenía el aceptar mancebo en poco tiem... - se detuvo cuando el puño de Alan se estrelló en la mesa.

- De abusar nada, alguacil. Si yazco con una mujer es de pleno consentimiento, y la mayoría de las veces con un pago por mi parte, dicho sea de paso. La "moza", como llamas a esa ramera, se nos ofreció las piernas una vez vio la bolsa de oro cargada y, he de decir, que se vendió más cara de lo que en verdad valía - la cara del alguacil se enrojeció y se aclaró la garganta.

- ¿Y el destrozo del gallinero? - bramó con furia el alguacil - ¿y el caballo que se escapó cuando destrozasteis el tejado? ¿Y cómo demonios lo hicisteis? Por el gran dragón que pagáis lo que habéis destrozado u sos achucho a los perros y sus mando colgar de un fresno.

A la mente de Alan comenzaron a llegar fragmentos de la noche anterior, de sucesos como entrar en un gallinero, borrachos, y quemarle las plumas a un par o tres de gallinas o de practicar el tiro al tejado con una figura de bronce que encontraron junto a una casa medianamente opulenta. Entonces sonrió, aunque al ver la cara del alguacil trató de ponerse serio.

- Vale, de acuerdo. Hemos hecho cosas malas y soy hombre de honor que paga sus deudas - tanteó la bolsita de las monedas y sintió un sudor frío en la espalda al tiempo que escuchaba las risas y voces de sus compañeros pidiendo otra jarra.
El alguacil desenrolló el pergamino, que no estaba en blanco para firmar un contrato, sino lleno de cantidades a deber por parte de Alan y los suyos a causa de los destrozos. Al moreno se le cayó el alma a los pies. Revisó uno por uno los costes de todo y observó que incluso estaban siendo benévolos con ellos, o eso o eran unos paletos que no sabían lo que cuesta una gallina en Nohr. Alan hincó un codo en la mesa y alzó el dedo índice de esa misma mano mientras con la otra vaciaba la bolsita de monedas en la mesa.

- Como ves, no tengo dinero para pagarte ahora, pero aceptaré el encargo aquel del que se me habló ayer, de dar caza a dos sujetos. Cuéntame sobre eso. Sé que pagáis más de lo que debemos aquí, y por los problemas causados no te pediré nada por adelantado.

- ¡Faltaría más! - dijo sin disimular su desdén - Puesto que para eso estamos aquí no perdemos ya más tiempo ni yo ni vosotros. Dos tipejos hay, se dice, que quieren alistarse en el ejército de Hoshido para cargarse emergidos. Todos saben lo que va a pasar si se cargan a esos hideputas ahí, que vienen para acá a la frontera y nos queman el pueblo. Los monstruos esos bien en Hoshido están, que aquí ya se peleó en su tiempo y las pérdidas tuvimos. Pero eso no lo respetan los mercenarios ni los caballeros errantes, no - pronunció mercenarios con bastante acritud- son un hombre y su mujer y van armados los dos, bien se sabe. Dicen las malas lenguas que la mujer vence a espada a aquel que la desafíe y...

- Tonterías. Todos sabemos cuál es el sitio de las mujeres. Como bien has dicho, es un hombre y su mujer. Lo que cuenten los rumores no nos atañe a nosotros. Os traeremos sus cabezas y nos daréis el pago, y la deuda quedará saldada. ¿Sí o sí? - el alguacil asintió - sea pues. Firma ahí el contrato y trae acá el pergamino, que nosotros emprenderemos la marcha a lo menos ya mismo - y así lo hizo el alguacil, dejando su sello en la cera y dándole el pergamino a Alan, que lo enrolló y recogió las monedas de la mesa para volver a introducirlas en su bolsita - pronto estaremos de vuelta. Tenme el dinero preparado y dile a Juliana que pronto volveremos a requerir de sus servicios.

Alan se levantó, no sin antes mostrar una sonrisa de superioridad al ver la cara del cabreado alguacil ante el comentario de la moza. El jefe espiritual, por llamarlo de alguna forma, de los mercenarios fue hacia la barra y les explicó a sus compañeros lo que habrían de hacer. Parecía un trabajo fácil, pero no sabían cuánto se equivocaban.

Partieron al cabo de un rato, gastando casi todo su dinero restante en provisiones para el camino. Sólo sabían que las presas habían marchado a Hoshido, y el camino más cercano era atravesar el bosque Forlorn, así que a él se encaminaron. El susodicho bosque estaba poblado de gigantescas secuoyas de troncos gruesos y nudosos. Tan grandes eran que pese a no ser hora del almuerzo aún apenas pasaba luz a través de sus frondosas ramas. El lugar era perfecto para una emboscada y debían de estar atentos por si se les había dado el aviso. Al fin y al cabo, las condiciones del contrato no habían sido las mejores y bien podrían querer librarse de Alan y compañía en lugar del caso contrario. Hasta que no tuviera el dinero en el bolsillo no podría estar seguro. Se separaron en tres grupos, yendo Alan solo y dos grupos de dos. El bosque parecía inmenso y apenas se veía. Aparte de insectos y arácnidos apenas se observaba vida en aquel bosque. Durante la caminata, observando las ramas de los árboles por si hubiera alguien acechando allí arriba, logró distinguir la figura de una lechuza y otra con una larga cola que se le antojó una ardilla. Se escuchaba el sonido del viento atizando con violencia las ramas superiores, que cerraban con furioso hermetismo el bajo bosque a su cuidado. Allí, Alan sentía que la humedad de la transpiración de las plantas no pasaba más allá de las copas, y costaba ligeramente respirar. Pese a tan gruesos árboles y tan altos, estaban muy separados, como era lógico, pero las plantas rasas no crecían allí. Toda la luz era captada por las secuoyas y, además, tras coger un puñado de tierra, Alan comprobó que aquello era casi más arena volcánica que tierra fértil. Parecía un milagro que los grandes árboles siguieran vivos. No podría decir cuánto tiempo había pasado cuando al fin encontró lo que se asemejaba a una pisada que caminaba hacia el oeste, hacia donde había ido el grupo de Roro y Zagush. Siguió el rastro y poco después, por el suelo desperdigados, restos de comida y más huellas, esta vez correspondientes a dos personas. El pie de una de ellas era más grande que el de la otra, lo que podía significar que había encontrado lo que buscaba. Antes de dar la señal de alarma, Alan avanzó un poco más, aminorando el paso y pendiente de todo cuanto le rodeaba. Las huellas se fueron haciendo más y más recientes y, aunque era difícil reconocerlas debido a la pobre calidad del terreno, diría que no estaban lejos. Tras avanzar un par de minutos más llegó a su nariz el olor del humo de una hoguera recién apagada. Alan silbó como trina un sinsajo y se subió a uno de los árboles más bajos, no sin gran esfuerzo, para tratar de tener una mejor vista de las presas. Las chicos no tardarían en llegar debido a la señal.
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Re: [Entrenamiento] Mercenarios cazando mercenarios [Priv. Cleah y Khirel]

Mensaje por Invitado el Jue Mar 09, 2017 10:56 pm

Tras el percance en el paso del cañón entre Ylisse y Nhor Cleah se encontraba agotada, llevaban caminando unos cuantos días antes de siquiera estar cerca de su destino, su brazo seguía siendo una molestia, aquella flecha había causado mas daño del esperado y aún estaba curándosele, ¿Quizás la flecha portaba algún tipo de veneno?, era extraño pero se sentía cansada y desorientada alomejor simplemente estaba cansada o perdió demasiada sangre, sin embargo, el gran bosque estaba a la vista, el gran bosque de secuoyas se alzaba ante ellos, sin duda era un lugar espeluznante, apenas existía visibilidad 20 metros mas adelante, y eso que el sol estaba en lo alto, sin lugar a dudas era un lugar peligroso, aunque el mas rápido para llegar a Hoshido, no había tiempo que perder.

-Tengo una extraña sensación Khirel, este lugar esta muy cargado. Argumentó la joven al dar el primer paso sobre el oscuro bosque. -Según tengo entendido no debemos comer nada de por aquí, los ciudadanos de Nhor los comen a menudo pero los frutos para los extranjeros con un estomago no acostumbrado son mortales, contamos únicamente con nuestras provisiones, ademas debemos mantenernos alerta, este lugar me da escalofríos aunque es solo un paso mas en nuestra aventura ¿No crees? Afirmó con una leve sonrisa en la boca. Se hacía tarde a su entender, o iba siendo hora de cambiar aquel vendaje, apoyó su mochila y su arma junto al gran tronco, se podía sentir la humedad en el pesado aire, casi costaba respirar, Khirel encendió una hoguera tras hacer sus cosas.

Los parpados le pesaban, desenvolvió la venda con cuidado, bajando aún mas el ritmo cuando tuvo que quitar el ungüento que estaba creando la costra junto con su propia cicatrización para cambiarlo y evitar así la infección. Dolió, aunque no lo suficiente como para que gritara, aunque si para que su rostro se estremeciera mientras lo hacía, era sin duda una herida profunda, aquella flecha había atravesado su escudo y brazo y tras tan pocos días era difícil una recuperación mayor, sin embargo para cuando alcanzasen Hoshido posiblemente estuviera en perfectas condiciones. Saco de su bolsa otra venda limpia a diferencia de la otra, el trozo de tela estaba separado en cortes individuales, como si tuviese la mochila preparada para simplemente meter la mano y utilizar, sacó una bolsa de cuero un poco mas pequeña e introdujo la venda con suavidad como el que unta mantequilla en una tostada, colocando la plasta verde sobre su brazo y haciendo presión con el resto de la venda atándosela con fuerza, el fresco de la misma hizo que su rostro se aliviase y calmara, tras mirar el vendaje usado se podían observar restos de la caspa creada por su propio cuerpo, sin duda debió haberse cambiado el vendaje antes, tuvo suerte de no tener la herida infectada.

El cansancio era evidente en su rostro, llevaban dos noches sin dormir para poder despistar de una vez por todas a aquellos bandidos, debían estar ahora a un día de ventaja de ellos, tiempo suficiente para poder llegar a Hoshido y que ni siquiera puedan encontrar sus rastros, ademas, ya estaban bien aventurados en el bosque, solo un experto podría seguirles la pista, y si ese fuera el caso ya les habrían atrapado o al menos alcanzado, mejor descansar ahora que podían, sus ojos se cerraban lentamente mientras Khirel estaba sentado junto al fuego, por primera vez en mucho tiempo no tenía la necesidad de dormir abrazada a su arma, el rechinar de las ramas chamuscándose en la hoguera la tranquilizaba conduciéndola a una siesta inevitable.

Parecían haber pasado cinco minutos, pero algo la despertó sobresaltándola, los nervios la obligaban a no estar cansada mas tiempo, y cuando Khirel se dispuso a dirigirle la palabra le cayó con un gesto -¿No escuchas eso? Como si de una invocación se tratase ante el silencio de ambos los pasos resonaban a su alrededor, como si estuvieran caminando en círculos alrededor de su campamento, ocultos en la neblina, y, o se movían al unísono o habían únicamente dos individuos, el brazo de la joven se resentía y sentía como el canto del sinsajo que sonó en ese mismo momento acompañaría la carga de aquellos desconocidos.

La verdad es que no fue así, los dos corpulentos hombres salieron de entre la niebla mientras el sinsajo resonaba, no era una gran sinfonía, ademas, ¿Que demonios hacía pensando en un pájaro?, parecían sincronizados el mas corpulento fue directo a por Khirel, intentando atraparlo por sorpresa, el otro sin embargo, se acercó a la herida muchacha de frente y vacilante, sacó su daga de la funda en su cintura y corrió hacia ella, Cleah trató de agarrar su espada, sin embargo el dolor del brazo la traicionó y no logró sostener y su mano dominante ya no alcanzaría a agarrarla a tiempo, por lo cual opto por correr alrededor del gran tronco, el atacante la persiguió como si estuviera cazando a una niña pequeña, continuaba balbuceando groserías sobre las cosas que le haría al cuerpo de la chica cuando la atrapase, insinuaba no querer dañarla demasiado para no perturbarse su diversión para luego. Ya no podía mas, la ira le recorría el estómago y seguía subiendo, ¿Acaso se había vuelto blanda por la compañía de Khirel?, era hora de recordar quien era, y para que había entrenado tantos años, con total confianza y el semblante frío como un témpano de hielo observo la curvatura del árbol y cuando encontró el punto en el que se perdía la visión al girar cruzó y se frenó en seco, cuando el parlanchín enemigo cruzó se encontró la mirada de Cleah sin tiempo a frenar su carrera. La joven lanzó el mayor rodillazo sobre la barriga de aquel individuo como jamas había golpeado a nadie, lo cual lo dejó vomitando sangre en el suelo arrodillado debido a su propia fuerza y a la inercia de la misma persecución, una vez incapacitado en el suelo golpeó su daga lanzándola lejos de su propietario, sus ojos eran fríos y verdes, posiblemente inspiraran pánico, su semblante no dudaba, tenía claro que deseaba la muerte de ese espécimen el cual habló suplicando piedad mientras Cleah levantaba su bota sin mostrar el mas mínimo sentimiento en su rostro, arremetiendo con fuerza y golpeando la cara del hombre con la suela de tacón cuadrado, repetidas veces contra su rostro, primero le golpeó hasta que pudo dejar de suplicar por su vida, luego hasta que dejó de balbucear sin sentidos y por ultimo hasta que el cráneo se fragmentó, escuchándose el eco en toda la zona.

Terminado el enfrentamiento buscó en los cuerpos algún tipo de identificación u ordenes sin éxito ninguno. Esperó pues por las ideas de Khirel pues su mente aún seguía con el cabreo y no podía pensar con claridad. El odio la carcomía, no soportaba verse débil a sí misma ni mucho menos que la intentasen asesinar. -¿Quién demonios son estos tíos? Es totalmente imposible que aquellos bandidos de pacotilla nos alcanzasen tan rápido, esto no me gusta Khirel, pero menos me gusta que intenten asesinarme, sinceramente, por primera vez espero que lo vuelvan a intentar, me gustaría llegar al fondo de este asunto. De todas formas no parecen demasiado inteligentes, no creo que supongan un problema. Dijo la joven desbordando ira y arrogancia. Aún no sabía lo que les estaba por venir, sin embargo, no iba a ser una tarea sencilla sobrevivir, lo difícil aún estaba por llegar, una prueba que pondría a en duda el mismísimo ingenio de la estratega.
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Re: [Entrenamiento] Mercenarios cazando mercenarios [Priv. Cleah y Khirel]

Mensaje por Invitado el Vie Mar 10, 2017 3:39 pm

Khirel maldecía a todas y cada una de las divinidades y religiones que existían sobre le tierra ¿Acaso estaba destinado a correr por siempre llevando semejante armadura consigo? Pese que correr por salvar la vida de uno mismo ya no era algo por lo que alegrarse, imaginar al pelirrojo haciéndolo con dicha carga extra podía parecer algo más duro aún o desde el punto de vista de otros, algo cómico. Tenía buen cuerpo, bastante resistencia y una increíble voluntad pero... No eran infinitas sus posibilidades, como todo ser, Khirel tenía su limite. Habían estado días sin dormir, caminando sin apenas parar, se habían alejado lo suficiente de aquellos truhanes pero los párpados de Khirel luchaban contra sí mismo, ellos querían proceder a descender, mientras que el pelirrojo se negaba, abriendo exageradamente de vez en cuando sus propios ojos, como si les estuviera dando una orden, la de no rendirse para ser concretos.

Esto tenía pinta de ser otro largo y concurrido dia cuando llegaron al frondoso bosque de Nohr. Tan oscuro y con tan poca señal de vida como los rumores decían, un lugar que daba mucho respeto y te hacía tener la sensación de que no fue hace mucho cuando los propios Nohrios echaron de este mismo bosque a aquellos emergidos que se extraviaban o simplemente, buscaban emboscarlos. Grandes árboles donde quiera que miraras era lo único que encontrabas, pequeños y recelosos hazes de luz alumbraban lo más mínimo el camino, la mayoría de la luz que el astro rey les ofrecía, se la quedaban los árboles y la reclamaban en gran medida pensaba Khirel al mirar hacia arriba y no ver más que un atisbo de sol el cual parecía querer escapar de la copa de los árboles para llegar hasta el mismo suelo, pero que aquellos no se lo permitían.

- El bosque representa vida normalmente, este no parece más que anunciar muerte... ¿No notas la sensación de que hubo una guerra apenas unos minutos? El aire, floreo de los grandes árboles, la brisa... Cuentan que sucedió algo malo hace un tiempo, pero el bosque lo recuerda como si fuera ayer ¡Es una pena que los árboles no puedan hablar! ¿Verdad? - Decía mostrando una sonrisa mientras pasaba una de sus manos por la corteza áspera y agrietada de un árbol de gran altitud. - Este tipo de árbol se caracteriza por su longeva vida, altitud y diámetro del tronco. - Añadió.

Era cierto lo que Cleah decía, él también había escuchado hablar del duro estómago de los Nohrios. Su cerveza también era más amarga para los extranjeros y el bosque no era un lugar donde pudieras coger bayas y comerlas sin más, aquí todo era un poco más duro para los que provenían de fuera del país. El joven asintió, tocando un momento su propia bolsa en la cual había unos pocos panes más, agua y algo así como una "mermelada" de frutos rojos que ni él mismo sabía cuáles eran, todo esto acompañado de unos libros y su aún guardada espada.- Me alegra no ser el único que siente algo de incomodidad caminando por este lugar. - Dijo continuando con un gran suspiro. Adentrándose un poco en el bosque decidieron parar y montar el campamento, Cleah necesitaba curar aquella herida lo antes posible y Khirel con los recursos que el bosque le ofrecían, creo una hoguera suficientemente buena como para calentar por un rato ambos cansados cuerpos. Habían acostumbrado a dormir fuera en la interperie pero en aquel oscuro bosque sería mejor hacer turnos, se ofreció primero ya que él aún no estaba herido y su compañera necesitaba más el descanso.

Khirel había sacado su espada y apoyando su espalda en un árbol se encontraba, con esta a su lado pues nunca sabía que se podría encontrar por tierras desconocidas. Su cabeza se tambaleaba, también tenía sueño y de vez en cuando sus ojos se cerraban por puro impulso pero de repente, el sordo sonido de unos pasos alertaron al joven quien como si fuera un corcho de un vino, se apresuró con un salto algo torpe y se irguió. Fue a despertar a Cleah pero esta también se había alertado. No tuvieron que esperar mucho más para que dos siluetas comenzaran a salir de la profunda oscuridad del bosque y se abalanzaran sobre ellos. - ¿Más bandidos? Oh vamos... Llevamos corriendo días ¿Uno no puede descansar en paz? ¡Ya añoro la tranquilidad! - El más grande fue a por el más grande, aunque sea, todos usábamos la lógica allí. Khirel empuñó rápidamente su espada y enfrentó el tajo con el que el rival ya venía, el férreo rebotar de las armas se escuchó en todo el lugar. Haciendo un gran bloqueo, desequilibró al malhechor y hizo impactar el rudo pero bello mango de su espada en su cráneo, quedando este casi incapacitado. No quería matarle, así que solo lo dejó inconsciente, quizás luego le serviría para algo. Rápidamente, un grotesco sonido del romper de un hueso llamó la atención, Cleah no había opinado lo mismo, ella de alguna manera que el chico desconocía había acabado con su pierna incrustada en la cabeza de aquel pobre hombre ya sin duda muerto.

- Parecen más bandidos. - Dijo algo molesto. - Trata de pegarte a mí, tengo la sensación de que este solo era el principio. No te equivoques, admiro tu fuerza y constancia, es comparable a la que el sol tiene para poder amanecer cada día, pero si hay algo que ahora mismo quiero proteger, eso es tu futuro porque tal como me lo has pintado será brillante y por ello, yo decidí guardar secretamente las flamas en mi interior para poder pasar mi presente y parte de mi futuro contigo. No estoy dispuesto a perderte a mitad de camino, además, tu brazo me agradecerá que me haga cargo de ti en la medida de lo posible. - Confesó mientras se acercaba a ella, haciéndole entender que pese a los diferentes miedos que tuviera, este los había guardado para poder permanecer a su lado y juntos completar su objetivo, exterminar a los emergidos, solo que de una manera dramática y muy trabajada, era alguien peculiar en ocasiones y eso no lo podía esconder. - Mires por donde lo mires, debo empezar a escribir ¡Cada día mis diálogos heroicos mejoran por momentos JA JA JA JA! - Si, el chico reía grande y abiertamente separando como si fueran en estrofas distintas, cada "ja" de su risa, el pobre ya parecía delirar y una de las razones podría ser el sueño.
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Re: [Entrenamiento] Mercenarios cazando mercenarios [Priv. Cleah y Khirel]

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