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— El camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones [Privado — Issun ] [Entrenamiento]

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— El camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones [Privado — Issun ] [Entrenamiento]

Mensaje por Invitado el Jue Mar 02, 2017 1:01 am

Inicio: 20 flechas en el carcaj.

Justine aguardaba, silenciosa y paciente, apoyada en la rama gruesa de un altísimo cedro. Como buena depredadora que era, se concentraba principalmente en controlar la intensidad de su respiración, a la vez que su mirada vigilante no se despegaba del sendero de madera tendido a unos 7 metros debajo de ella. Confiaba en terminar esa misión lo antes posible, sabía que el objetivo no se demoraría en aparecer. La información que le había ofrecido su cliente abundaba tanto en detalles, que costaba pensar que su próxima presa no fuese alguien que estuviese grabado, a fuerza de aborrecimiento y de cólera, en las capas más inmediatas e importantes de la memoria de su contratista.    

Si tenía que ser sincera, trabajar fuera de las fronteras de Sacae no era algo que le despertara demasiado entusiasmo. Un asesinato era un asesinato: aquí, en Nohr, en Ylisse, o en cualquier otra parte. Pero mientras el metal no se encontraba con la carne, el momento previo (con su debida espera) se diversificaba considerablemente dependiendo del lugar. Todo país estaba constituido por una amalgama de  aromas, música, colores, costumbres, leyendas, etnias y silencios que variaban poderosamente de división política en división política. Un conjunto de aspectos que transformaban a cada territorio en un universo único, que interpretaba a su forma la realidad sobre todas las cosas. Por ésta misma razón, para trabajar bien Justine debía de acelerar los procesos de adaptación a base de prestar  mucha atención y ser extremadamente detallista a la hora de analizar el entorno; llegando en cuestión de un rato a diferenciar el canto de un Mejiro de un silbido humano para poder sobrevivir.  

Pasaron unos cinco o seis minutos antes de percibir el particular sonido de un par de getas aproximándose a su posición. Con mucha calma la asesina coloco el arco en ristre y apuntó al objetivo. Paso a paso, esa silueta, al principio resumida en un oscuro contorno, fue adquiriendo definición. Las hojas del árbol sobre el que estaba escondida enmarcaban la figura de un hombre pálido de mediana edad, con el rostro afilado de pómulos marcados y una curiosa carencia de vello facial. Sus ojos se caracterizaban por ser de parpados encapuchados, y el pelo negro y lacio estaba recogido en un apretado moño. Su complexión era la de una persona muy fuerte, de hombros anchos, y probablemente una altura que acariciaba el metro noventa. Justine sonrió y, sin esperar un segundo más, lanzó una primera flecha cuya punta atravesó el empeine del pie izquierdo de su victima, sin llegar a clavárselo a la sandalia por la ridícula profundidad de medio centímetro.  

Escuchó el gemido de dolor y vio como el rostro se le arrugó por el espanto. Sus ojos huidizos rebotaban desesperadamente en todas direcciones en busca de su agresor, sin éxito aparente...  hasta que Justine no pudo reprimir una espantosa carcajada que termino por develar su posición exacta. Así que antes de que ella logrará  tomar otra flecha para concluir el trabajo, el aterrado hombre dio una media vuelta para después correr a toda velocidad en dirección opuesta, adentrándose en el bosque.  

La asesina arqueo una ceja. No entendía como se podía mover con tanta soltura pese a tener una punta lítica de bordes irregulares incrustada en el pie. Aparentemente lo que en un principio pareció ser una misión de máximo dos flechas, acabo complejizandose. De manera inmediata guardo el arco en el carcaj que estaba sujeto a su espalda y empezó a descender por el tronco con la ligereza de una araña desplazándose por una pared de piedra. Apenas piso el suelo, se volteó y comenzó a perseguirlo con celeridad. Sentía como la corriente de sangre bombeada por su corazón se triplicaba en intensidad, al tiempo de que cada musculo se desperezaba de una larguísima siesta, acostumbrados a los esfuerzos abruptos.  

Cruzo el sendero y se interno entre los gruesos troncos de los cedros, árboles de ciruelo, y fagus, cuyas ramas torcidas se le antojaban como dedos negros y reumáticos saliendo de la tierra. Era una lástima que no supiese nada sobre jardinería... porque ganas no faltaban de poder plantar uno en los terrenos de su lastimado castillo.

Fin: 19 flechas en el carcaj.


Última edición por Justine Lorsange el Miér Abr 12, 2017 11:58 am, editado 3 veces (Razón : Mal conteo de flechas c':)
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Re: — El camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones [Privado — Issun ] [Entrenamiento]

Mensaje por Issun el Sáb Mar 11, 2017 4:25 pm

El sonido de las hojas al viento fue lo único que se escuchaba mientras Issun esperaba paciente atrás de un arbusto. Normalmente prefería los enfrentamientos cara a cara con un rival dispuesto a todo para ganar, pero en este caso su contrincante era poco común, problemas en el pasado lo habían convencido de optar entonces por estrategias poco convencionales. Solo fueron tres día desde que lo conoció pero en ese escaso tiempo el se volvió en el peor de sus enemigos. Con una importante cuota de astucia abusaba en cada enfrentamiento del espadachín, quién se sentía en una disputa colosal y personal debido a las continuas derrotas colaborabando así en incrementar ese resentimiento en su rival definitivo.

Issun había sido instruido desde chico en el arte del combate, por eso que un ser tan indómito apareciese de la nada y demostrara sus habilidades superiores lo dejaba en ridículo. Era mas rápido, perspicaz, ágil y, aún cuando él no lo quería admitir, mucho mas inteligente. Sus intentos de apresarlos siempre terminaban en un continuo escape del salvaje, que antes de terminar de escabullirse siempre miraba atrás. Con sus ojos rojos carmesí contemplaba el patético intento del muchacho en someterlo para luego irse dando saltos de alegría.

Horas llevaba esperando entre los matorrales pues había puesto un poco de comida como cebo para atraer al objetivo. Por suerte para él en efecto apareció con sus displicentes saltos. La rabia le invadía al verlo feliz y campante aparecer de la nada, moviendo su cabeza en todas direcciones buscando alguna señal de peligro. Issun tenía ganas de desenfundar su espada y partirlo al medio pero se contuvo, ya lo había intentado y  no iba a matarlo de esa forma por lo que tenía que esperar a que cayera en su trampa.  Agazapado en su escondite observó como la liebre que tantos problemas le dio no se percató del pozo tapado debajo del cebo y cayó en el. La felicidad del muchacho explotó en un gran grito de celebración.

¡Al fin lo conseguí! -exclamó luego de saltar de su escondrijo para correr hasta su ''trampa'' y poder ver su presa de cerca.- Maldito infeliz, días me la pasé tratando de poner mis manos en pescuezo. Eres mío y no tengo que decir que te volverás mi cena ¿verdad?.

Con una cara siniestra Issun agarró al animal de sus patas y lo sacó del pozo. Sabía que Naga le reveló una señal desde el momento en que él había caído en el mismo agujero por estar distraído esa misma mañana. Todo era cuestión de tapar con unas ramas débiles y hojas para que no se notara la profundidad, luego poner algún alimento liviano para atraer al animal y ¡listo! una trampa.

Todo era felicidad en el joven espadachín mientras preparaba su cuchillo para degollar al animal. Sin embargo cuando menos se lo esperaba pasó una tragedia. Escuchó unos pasos, algo torpes y presurosos que lo obligaron a darse vuelta. ¿Alguien aquí? ¿en medio del bosque y llegando casi al anochecer?, era sumamente raro. Tal vez de no haber sido tan descuidado hubiera podido evitar ser sorprendido por un hombre que salió de entre las sombras y lo atropelló, provocando que el muchacho soltara su cena.

¡Noooooooo! ¡mi conejo! ¡mi victoria! ¡mi comida! -se lamentó agarrándose la cabeza con ambas manos luego de ver que el animal libre se escabullía de vuelta entre los matorrales para seguir viviendo. Tanto tiempo había invertido para agarrarlo y encima contaba con que el animal fuera tan astuto de no volver a caer en lo mismo. Por eso no había que mencionar la ira que lo invadía antes de darse vuelta para dirigirse al culpable de todo. Al verlo notó que era un hombre muy alto y robusto, extrañamente herido en el pie izquierdo; aunque en realidad a Issun encolerizado le importaba un comino quien era.- Tienes diez segundos para decirme por qué no debo matarte... ¡dejaste escapar mi cena!

No te vi, estoy huyendo... me quieren matar muchacho -dijo el hombre con un tono desesperado mientras trataba de incorporarse aunque fuera con un solo pie.- Mi pie está herido, no puedo huir mucho mas... ¡ayúdame por favor!

¿Y yo que ganaré si lo hago?

T-tengo monedas de oro conmigo -agarró una bolsa de cuero que colgaba en su cinturón y se la lanzó al muchacho.- Puedo darte más, lo juro, pero necesito ayuda.

Issun atrapó la bolsa y miró su contenido con desconfianza; pero para su sorpresa era verdad. El oro brillaba con una intensidad tentador, en su vida estuvo ante la presencia de tanto dinero. Incluso en el santuario donde no carecía de nada su padre era partidario de controlar el dinero, El muchacho con suerte veía una moneda al año.

Bien esto si es convincente... -dijo con una sonrisa codiciosa antes de guardarse para si el dinero- pero dime ¿dónde está tu agresor?
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Re: — El camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones [Privado — Issun ] [Entrenamiento]

Mensaje por Invitado el Miér Abr 12, 2017 11:57 am

Inicio: 19 flechas en el carcaj.

La asesina esquivaba arbustos, pasaba por encima de gruesas raíces que sobresalían de la tierra como venas negras, y sorteaba cualquier rama baja que amenazara con morderle la piel. Estaba tan acostumbrada a correr grandes distancias que los ritmos de su respiración no se aceleraban. Sus piernas se desplazaban con agilidad y rapidez sobre todas las superficies que le ofrecía el bosque, cómo si éste se amoldara a sus propias capacidades. Pero demás de divertirse, todos los sentidos de Justine estaban enfocados únicamente en dos cosas: en su presa y en la distancia que los separaba. Se movía entre los árboles con la facilidad de un depredador que se desenvolvía en su territorio, pese a que era la otra persona quien conocía el terreno años luz mejor que ella. Se concentraba en los sonidos, los olores y los colores en cómo guías especificas; lo podía ver a la distancia y eso le obsequiaba la certeza de que en cualquier momento podría alcanzarlo.  En algún momento el dolor de aquel flechazo tendría que resultar insoportable y el agotamiento demasiado fuerte como para poder ignorarlo; sabía que era sólo cuestión de tiempo verlo derrumbarse sobre sus propias piernas. Momento para el cual ella se aseguraría de perforarle la cabeza tantas veces como  ese cráneo le permitiera antes de quebrarse con la facilidad de un jarrón de cerámica.  

Mantuvo éste ritmo hasta que la regia figura que huía de ella empezó a manifestar los esperados síntomas del cansancio inminente, aminorando la velocidad, transformando su desplazamiento  en una sucesión espasmódica de movimientos torpes. Lo primero que pensó fue que un minutos deberían bastar para poder alcanzarlo... pero tras echar un vistazo más atento al punto del horizonte se dio cuenta de que, lamentablemente, habían dejado de estar solos.  

Aprovechando el bruto impacto entre su presa y el intruso, Justine dobló hacía la izquierda para esconderse tras el tronco de un árbol que era tres veces más ancho que ella. Como acto de reflejo tomo su arco y lo cargó con una flecha antes de siquiera pensar fríamente la situación. Su cliente le había prohibido asesinar a otra persona en Hoshido que no fuese el objetivo designado, aunque ciertamente dudaba de que el mercader contase con las herramientas necesarias para poder comprobar todos los detalles de esa cacería cuando ésta estuviese consumada. No obstante, se mantuvo en silencio, con la mirada enfocada en el suelo y toda su atención puesta en la conversación que se desenvolvía cerca de ella.  

—No te vi, estoy huyendo... me quieren matar muchacho. Mi pie está herido, no puedo huir mucho más... ¡ayúdame por favor!– “No se conocen...” pensó — T-tengo monedas de oro conmigo... Puedo darte más, lo juro, pero necesito ayuda.– “Menudo cabrón...”—Bien esto si es convincente... pero dime ¿dónde está tu agresor?– Esa última voz sonó mucho más joven de lo que la asesina esperaba. Ese hombre estaba lo bastante desesperado como para ver con buenos ojos la idea de ofrecer un culo más nuevo que el suyo.

Suspiro y se puso de pie, saliendo de entre las sombras de aquel inmenso ciruelo. Gracias a que estaba enmarcada por un entorno de marrones oscuros y verdes intensos, su piel lucía aún más pálida de lo que realmente era, obsequiando la impresión de que si se encontraba viva era más por capricho del destino que por el merito de una salud estable. Su cabello corto lucía despeinado por la persecución, y sus ojos amarillos brillaban con la intensidad de dos brasas ardiendo. Así que si no fuese por el estilo de su ropa, la lánguida asesina podría pasar perfectamente por una residente de ese país. O al menos así sería hasta que le tocase hablar. —Aquí está su... “ag-esog”, ma vie. Una débil... – sonrió, exhibiendo una medialuna de dientes en punta —Indefensa... – Puso el arco en ristre — y solitagia mujeg... – tensó la cuerda del arco —Vamos, cielo, no seas tonto y deja que los adultos solucionen sus miegdas. Que me dagía mucha pena tener que perfogagte la fgente con una de éstas... ¿Te gustagía dagle a tu madge  o a tu padge ese susto? – se río maliciosamente, aunque sin perder de vista que el muchacho estaba armado. Debía guardar distancias, pese a que la imagen de aquella criatura de poca altura y facciones tan delicadas le inspirase el menor de los respetos.  

Por otra parte, su victima real pareció encontrar ese momento idóneo para escapar, empezando a retroceder con lentitud, aprovechando que la mirada de la asesina era monopolizada por el arma del más joven.  

Fin: 19 flechas en el carcaj.
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Re: — El camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones [Privado — Issun ] [Entrenamiento]

Mensaje por Issun el Jue Abr 27, 2017 7:22 pm

Una voz de mujer con un tono extravagante irrumpió en el momento propicio la conversación del espadachín con el herido contratista. Issun giro la vista para enfocarse entonces en el nuevo actor en el escenario. Una mujer de altura casi idéntica al del chico se reveló entre las sombras nocturnas. Su tes pálida sorprendió tanto que no pudo quedarse callado mucho tiempo mas.

¡Mierda! ¿un fantasma? -Retrocedió algo espantado por que aunque no lo quisiera admitir los espíritus lo inquietaban desde pequeño. La impresión que le había dado la mujer desde el momento que se presentó hizo que un frío recorriera su médula espinal, estremeciendo al espadachín violentamente. Pero luego la escuchó hablar y ahí se dio cuenta que no era un ser etéreo. Una fantasma después de todo no tendría por qué amenazar osadamente con un arco y una flecha.- Te faltó decir que también eres bastante estrafalaria cariño.

Issun agarró con su mano izquierda la vaina de su espada mientras que con su otra mano acariciaba el mango de su arma. De esta forma mantenía la amenaza presente de que si ella disparaba contra su contratista, él le haría mucho daño antes de que pudiera recargar. No quería pelear con una mujer de ser posible, menos si ese conflicto podía terminar en algo peligroso como la muerte, sin embargo si ella insistía con su amenazante arma sobre él no le quedaría otra opción que cortarle el cuello.

Aww que tierno que te preocupes tanto por mi, ¿será acaso que te rendiste a mis encantos masculinos tan pronto?. Bueno es un efecto que usualmente tengo en las mujeres, hago lo que puedo por evitarlo pero me parece que es algo que no va a cambiar. Te soy sincero, no quiero tener que pelear contigo pero ese sujeto que ves arrastrándose para huir me dio mucho dinero. Te propongo algo hermosa: por que no nos vamos a algún lado para charlar con mayor calma. Unos tragos, tu, yo, piénsalo; la noche es joven y podemos pasarlo muy bien pues tenemos mucho de que hablar. -Miró de reojo como su contratista terminaba de escabullirse por unos matorrales, seguirlo no sería difícil pues seguía dejando un rastro. Incluso alguien tan despistado como él podía encontrarlo, por lo tanto debía detener a esa mujer.- Mi nombre es Issun, soy un artista que viaja por el mundo. ¿No eres de aquí verdad? lo digo por que es evidente que tienes unos cuantos problemas con el idioma. Justo estaba buscando alguien que me enseñe lenguas extranjeras... ¿eh? ¿qué piensas? ¿puedes ser mi tutora?.
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