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[Social] Lejos del norte [Priv. Pelleas]

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[Social] Lejos del norte [Priv. Pelleas]

Mensaje por Aran el Mar Feb 28, 2017 12:30 am

Anochecía. Como el día había sido soleado y despejado, la noche que se acercaba era capaz de poner la piel de gallina a cualquiera. Por suerte no habían vientos, sino solo una brisa ligera. En esas condiciones Aran se abría paso por un largo camino de tierra, hecho principalmente por el ganado y las carretas que viajaban hacia la costa. Había estado deambulando una hora al menos, pero estaba seguro de que si retrocedía por el mismo camino, no se perdería. No planeaba huir ni desaparecer para siempre, por supuesto que no, pero había tenido la urgente necesidad de estar a solas.

Todo este tiempo, desde que había huido de su patria, había estado acompañado por personas nuevas en su vida. Gente que se preocupaba por él y por lo que le había sucedido, acogiéndolo en su grupo. Desde ese punto de vista no le faltaban razones para estar contento con su mundo, y no podía negar que desde que había conocido a Mulitia, había dormido noches más tranquilas. Pero eso no era suficiente para salvarlo de su culpa, y de sus pesadillas. Intentó, por supuesto que intentó, y logró ocultar su conflicto interno de la clériga y sus aliados. Su corazón, eso sí, pesaba como el plomo, pues no se sentía digno de la dicha que le había tocado. Cuando veía su reflejo en los charcos de agua, siempre encontraba el rostro de Aran, el desertor, el asesino, y la indiferencia que mostraba su expresión ante esos hechos. Una vez más recordaba que no sentía una gran culpa por acabar con las vidas de esa gente, sino por no haber sentido su dolor cuando llevó a cabo aquel acto atroz. Él era capaz de matar, de hacerlo sin conflictos, y aquello lo asustaba hasta límites que no conocía.

Entonces, pensando en sus problemas, creyó justo y necesario entrenar a solas en alguna parte donde nadie lo viera. Más que mejorar sus habilidades, lo que buscaba era un ambiente tranquilo donde no sintiera que lo miraban ojos ajenos, donde pudiera hablarse a sí mismo. Y con lanza en mano y la armadura puesta, llegó a un cruce de caminos donde uno de ellos llevaba al mar, y allí descansó a un lado del mismo camino, fijándose en que no hubiera nadie. Practicaría con lo que fuera, sus blancos podían ser los insectos o las estrellas. Tomó la lanza desde abajo, y con ella simuló atacar a una persona de menor tamaño que él. Sentía sus músculos tensos por el frío, pero conseguiría entrar en calor si mantenía su ritmo.

En un principio estaba excesivamente preocupado por que alguien lo viera, pero al cabo de un rato dejó de preocuparse, y prefería concentrarse en sí mismo y en su arma. A él llegaban las emociones mientras entrenaba; sentía ira, y golpeaba la tierra desgarrando el pasto de ella; sentía melancolía, y tiraba la lanza lejos para ir a recogerla con calma. No podría haberse expresado así si hubiera alguien a su lado, pero ahora podía dejarse llevar por sus arrebatos, y no por la necesidad de tener que luchar mejor.

Ya era de noche, el sol no se veía. Una carreta pasó junto a Aran camino al puerto, y eso hizo que se detuviera un momento. Todavía no quería volver, aunque le preocupaba que pensaría el resto de su escapada nocturna. De todas formas no era nada grave, pensó. No es que pudiera sucederle nada grave cuando estaba enteramente armado.
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Re: [Social] Lejos del norte [Priv. Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Miér Mar 22, 2017 7:07 pm

Faltaban aún un par de horas, quizás más, para la partida del navío a Daein. La luz del alba, el despejar de la bruma y los favorables vientos tempranos eran cruciales para el inicio de la travesía, última en la ruta del príncipe hacia su patria. Al despunte del amanecer, ese último viaje iniciaría. Y sin embargo era ya en ese entonces, con la noche todavía cerrada sobre la costa y las islas, que Pelleas se encaminaba al puerto de salida. Resguardado al interior de un carruaje cerrado, ponía a sus espaldas la ciudad etruriana en que había comprado los últimos libros que pretendía llevar a la bilbioteca de Daein, así como las últimas provisiones que en Durban olvidase procurarse. Concluido aquel desvío, no le restaba más que dirigirse al pequeño muelle del que zarparía la reducida pero veloz embarcación dispuesta por la reina del Este para él, y esperar el momento. Por naturaleza alguien de hábitos nocturnos, las condiciones sumadas al nerviosismo de lo que yacía por delante habían terminado por impedidirle al príncipe conciliar más que un par de horas de sueño, y sin embargo, no hallaba nada más en qué ocuparse en ese espacio de tiempo. Su concentración no se prestaba para la escritura y sus manos no hacían más que girarse los anillos en los dedos, acomodarse las mangas o tronarse ocasionalmente los tensos nudillos. En ocasiones como aquella, contar con el apoyo de su consejero, quien se encargaba de cada tarea suya al punto de dejarle prácticamente sin responsabilidad ni deber sobre su propia persona, no parecía un alivio tan grande como siempre.

Entreabriendo la pequeña cortina para permitir el ingreso de la azulada luz de luna, Pelleas contempló el paisaje que atravesaban, mas sin hallar en este mucho para distraer la mente o siquiera entretener la vista. El área boscosa, por la noche, se tornaba tan oscura como las fauces de una bestia, imposible de penetrar por las mortecinas luces del cielo nocturno. Los pequeños claros que llegaban a divisarse tampoco ofrecian nada de interés. A la distancia, en las más próximas de las Islas de Durban se podían distinguir aún pequeños puntos de luz más cálida, grandes faroles o ventanas probablemente, pero nada en detalle. No dejaba al mago oscuro más que los recurrentes pensamientos del retorno a su patria, que aunque largamente deseado, en esos momentos estaba afectando sus nervios. El movimiento desigual en el camino de tierra tampoco ayudaba. La inquietud, hacía tiempo tornada en una tenue sensación de mareo y un insistente golpeteo del pulso en su garganta, se tornó una incomodidad que tendría que resolver. Acercándose al frente del carruaje, el príncipe tocó la ventanilla de madera antes de abrirla, pidiendo en voz baja al conductor que se detuviesen. Una parada en tan anónimo lugar a tan altas horas de la noche era irresponsable, cuanto menos, mas cierto era que el tiempo sobraba. Y aunque imponerse era lo último que Pelleas sabría hacer, también cierto era que su palabra era final allí.

Con su techo alto, sus ventanas tapadas, sus enormes ruedas y el par de caballos de tiro que lo llevaban todo, el carruaje se detuvo en la primera área medianamente iluminada que halló. Una de las ruedas traseras terminó prácticamente junto al soldado presente al parar, causando así que el príncipe no lo distinguiese enseguida; al abrir la puerta lateral, todo lo que notó fue lo bien que le sentaba el correr del aire frío contra su rostro, así como el sepulcral silencio de aquel páramo. Con un extenso suspiro de alivio, el mago de considerable altura pero largirucha constitución agachó la cabeza un poco para salir por la reducida puerta, aún entonces justificándose en voz alta para los oídos de quien guiaba a los caballos. - No me alejaré, y no será por mucho tiempo, le aseguro. Uhm, si gusta hasta puede dormir un poco y yo le despertaré cuando esté listo para continuar, después de todo ha perdido sueño por mi culpa... -

Con un suave crujido del único escalón de madera, el príncipe descendió y cerró la puerta tras de sí. Entonces, con la vista puesta más hacia abajo que en cualquier otra dirección, pensando sólo en caminar para desgastar sus nervios y serenarse, echó a andar apresuradamente por el costado del carruaje; tanto, que tras dos pasos su hombro dio de inmediato contra el asta de la lanza ajena, empujando sin intención y sobresaltándose a sí mismo. Alzando de sopetón la cabeza gacha, Pelleas parpadeó al ver a una persona efectivamente de pie allí, y con el color ya subiendo a su rostro se disculpó de inmediato. - L-Lo siento, disculpe, salí demasiado aprisa, no le vi en absoluto y-- lo siento mucho. - Reiteró, frenándose antes de agolpar demasiado sus palabras o tornarse inentendible. Retrocediendo un par de pasos, inclinó la cabeza para acentuar su disculpa, evitando mirar al rostro del hombre. El resto de él y la armadura que lo revestía, sin embargo, no quedaban fuera de su vista. Hallando una extraña familiaridad en ello, difícil de procesar al estar pensando tan sólo en Etruria y en las Islas de Durban, Pelleas se contuvo de huir y permaneció donde estaba, emitiendo en voz baja y aún algo insegura una pregunta. - Será que... dígame, ¿es este todavía territorio etruriano? -
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Re: [Social] Lejos del norte [Priv. Pelleas]

Mensaje por Aran el Mar Mar 28, 2017 11:35 am

Dejar que la brisa le helara la piel era una manera de contemplar el momento en que se encontraba, intentando olvidar sus propios pensamientos que, a veces, eran tan dañinos. No le dio importancia al carruaje cuando se detuvo, porque se imaginaba que solo era una inconveniencia y, por lo tanto, seguiría su camino apenas la resolviera. Era en parte similar a hacer guardia como cuando era su trabajo: no había que molestarse por lo que los demás hicieran, solo permanecer en el mismo puesto hasta que acabara su turno y tuviera que volver de vuelta a las barracas. Sin embargo él ya no hacía rondas en los caminos, y el transporte no tenía prisa de marcharse. Una persona bajó de dicho carruaje sin que Aran se percatara, y la dirección que tomó no fue otra que hacia él.

- C-cuidado. -murmuró apenas sintió que chocaba con alguien, mirando en esa dirección al ser distraído de sí mismo.

Lo que menos quería cuando entrenaba era que alguien se le acercara sin que lo supiera. Era común que olvidara sus alrededores y a quienes estaban allí, y bien sabía que podía herir a alguien si se descuidaba. Tocar a quien fuera con su arma le erizaba la piel, incluso si no la estaba moviendo. Al menos esa vez no había manera de que hubiera podido hacer daño, porque descansaba la lanza sobre la tierra. Ahora, ¿quién era el que había bajado de la carreta? Al ver en esa dirección se encontró con un hombre quizás más alto que él, aunque su postura no lo ayudaba mucho a demostrarlo, y cuya voz parecía la de alguien perdido y avergonzado, aunque no podía ver bien su rostro tanto por la oscuridad como por la manera en que se lo ocultaba. Aran se llevó la mano izquierda al cuello mientras lo observaba, sin estar muy seguro de cómo tratar con él y con sus disculpas. Tenía la apariencia de ser alguien de muchos recursos, suficientes como para viajar en transporte, por lo que no comprendía cómo es que tenía la cabeza agachada ante alguien que se había encontrado en medio del camino.

- No te disculpes tanto conmigo, no me importa. -le dijo con calma.

No encontraba manera de entender por qué el viajero se había puesto tan nervioso, aunque era cierto que entonces llevaba la armadura, y parecía que fuera una autoridad a la que se debía respetar. Pero su vestimenta era tan diferente a la Etruriana que era difícil confundirlas, por lo que era bastante imposible que se hiciera pasar por un soldado. Seguro solo estaba de paso por la nación y no reconocía esos detalles a primera vista. Esto lo confirmó con sus dudas, las que descolocaron un poco a Aran, pues lo había tomado de sorpresa.

- Esto... ¿sí? Creo que sí, seguimos en Etruria. -Había preguntado a quien menos sabía de direcciones, pero confiaba en que no se había ido tan lejos como para salirse de los bordes limítrofes. Por suerte no le había preguntado nada específico, porque sino no hubiera sabido qué decir.- Creo que vas al puerto, ¿No? Está bastante cerca. Y bueno... Oye, disculpa, ¿pero acaso eres de Tellius? Creo que reconozco tu acento...

Aquella pregunta había venido de la nada, pero cuando el peliverde se había dado cuenta de la manera en que hablaba esa otra persona, no pudo sino notarlo. Se expresaba como alguien de su continente, aunque no sabía diferenciar de dónde exactamente. Podía estar seguro de que no era de Begnion, porque la manera en que hablaba su gente era la que más recordaba. Tampoco era de Crimea... conocía muy bien la voz de un crimeano cuando la oía.

- ¿No serás de Daein? -adivinó, con una media sonrisa en el rostro. - lo sé porque yo soy, digo, era de allí. Quiero decir que viví mucho tiempo allí... -ahora era él quien se avergonzaba por el error de sus palabras. Eso ya había sido hace tantos años, y sinceramente ya no sabía decir de dónde era, a qué bandera o persona era fiel. Ladeo la cabeza hacia un lado, pensativo, creando un momento en que ninguno de los dos se miraba directamente.
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Re: [Social] Lejos del norte [Priv. Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Lun Abr 10, 2017 7:00 pm

La reacción real que las demás personas dieran, en lugar de la que Pelleas imaginaba y temía, no solía ser algo que aguardara a ver antes de tornarse nervioso. Así mismo, la amabilidad que se le dirigiese no disipaba del todo su forma de actuar, ni borraba su crónica timidez. Era por ello que las disculpas brotaban tan fácilmente de sus labios, y su primer instinto era siempre el de retroceder, cabizbajo. Un hombre temeroso en atavío superior era aún sólo un temeroso, así como Pelleas, con su otorgado título de príncipe, era aún el mismo Pelleas de siempre. Las palabras del soldado, aunque las agradecía en fuero interno, no quitaban la necesidad de excusarse, mas sí le permitían exhalar con alivio y relajar visiblemente sus hombros. Nada conflictivo pasaría; se alegraba de ello, pues con los nervios del viaje había estado teniendo suficiente. Pudo despreocuparse al menos un poco ante la voz tranquilizadora.

El ruido no había sido suficiente como para alertar al conductor del carruaje, que efectivamente se había acomodado para dormir en su lugar mientras el príncipe tomara la pausa que necesitara, por lo que la agitación había pasado. Pudiendo componerse, Pelleas se enderezó donde estaba y se atrevió a ver al otro hombre al rostro. Recto, su altura fácilmente rebasaba la del hombre promedio en el nuevo mundo, pues un varón de Daein rara vez era pequeño; toda su ropa era de costoso aspecto, con una capa blanca de pesados bordes dorados cubriendo la mayoría de las demás prendas, mas no así los numerosos y gruesos anillos en sus dedos, destacando en el pulgar el más ancho de todos, aquel que visto de cerca mostraba un gravado del escudo de su reino. Aún así, no se movía ni se paraba siquiera con autoridad. En la escasa luz, no distinguía por completo el detalle de la persona ante sí, pero reconocía la familiaridad en la forma de la armadura, así como algo en su relajada entonación al hablarle. Algo curioso, prestó especial atención a sus palabras, parpadeando al acostumbrar la vista de a poco.

- M-Muchas gracias. Sí, debo cruzar de regreso a las Islas de Durban antes de que amanezca... - Se explicó, hablando con mucha más fluidez que en el nervioso inicio. Si seguía en Etruria todavía debía faltarle un buen tramo, aunque sobraba el tiempo para realizarlo. Suponía que, con el carruaje y todo, se tornaba obvio. Aún así, viendo al otro hombre, la pregunta había llegado a estar en la punta de su lengua para cuando el de cabello verde la formuló primero. Una sonrisa en cierto modo esperanzada se dibujó en las facciones del mago. Un acento de Begnion tendía a sonar pomposo al oído deinita, uno de Crimea demasiado llano y poco modulado. Alegre de ser reconocido por la nación a la que tanto apego tenía, no demoró ni dudó en contestar.

- ¡Sí! Sí-- es allí a donde me dirigiré, justamente. Soy de Daein, estaba por regresar a Tellius y a casa. - Dijo. No hacía falta que preguntase de regreso, pues ahora que la idea había surgido, podía ver con suma claridad los mismos rasgos en el otro. Una constitución para nada frágil, un acento poco marcado ya, pero que llegaba a reconocer, algo en sus facciones que con toda seguridad adjudicaba al mismo Daein. En ese momento, Pelleas no pensó siquiera en mencionar quien era; rara vez surgía en su mente la necesidad de presentarse por título y aquella ocasión no era distinta, tan sólo hallar a un compatriota era suficientemente emocionante como para dejar en segundo plano todo lo demás. Sin embargo, la particular forma en que el soldado hablaba de su procedencia llamó su atención. Sin que decayera la tímida pero alegre sonrisa que había aprecido en sus labios, cuestionó. - Uhm, ¿a qué se refiere? Usted también lo es, es obvio. Su forma de hablar es un poco, um... ¿neutra? Pero es notorio, es de mi patria, cualquier otra persona también lo reconocería. -

Para quien tanto se enorgullecía de sus raíces y tanto cariño albergaba por su hogar, era inconcebible que otro deinita no se identificase así de inmediato. Aún así, no juzgó negativamente al otro hombre, sino que sólo buscó en un ansioso par de instantes el modo de prolongar aquel intercambio, el modo de expresar su emoción y plantear las mil preguntas que aparecían en su mente. Alzando a medio camino la mano para un gesto que no llegó a completar, inseguro y titubeando, el joven de cabello ondulado alzó la voz cautelosamente, perdiendo volumen a medida que hablaba formulaba una petición. En ese momento, era él quien se dirigía de forma más directa al soldado, mucho menos temeroso sabiendo lo que creía saber, capaz ya de mirarle. - Este, si no está ocupado, ¿le importaría acompañarme un momento? Necesitaba salir un poco de todos modos, y me encantaría saber qué propósitos persigue un hombre de Daein en Etruria. No esperaba ver a alguien de casa, son tan pocos quienes dejan el país en estos días, es... es un poco emocionante. Uhm, disculpe. -
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Re: [Social] Lejos del norte [Priv. Pelleas]

Mensaje por Aran el Mar Mayo 02, 2017 1:01 am

Debía admitir que, al ver la fina manera de vestir de aquel hombre, un poco se decepcionaba Aran de no estar a su altura a la hora de hablarle. Era cuando no se sentía muy a gusto tratando con otra persona, y por instinto tendía a comportarse de manera formal y educada. No es que por ello lo respetara más que a sí mismo, pero nunca estaba seguro de si su comportamiento llegaba a ser el más adecuado. En algo ayudaba que el desconocido no se mostrara orgulloso con él, lo hacía acostumbrarse más fácilmente a su presencia. Con suficiente estudio podía adivinarse que vestía más como un académico que un simple noble, lo que era algo digno de admirar.

- Qué curioso. -respondió Aran también con una sonrisa, una de muy sincero interés.- Es curioso que... bueno, encontrarte aquí. Yo, aunque quisiera, no podría regresar a Daein. -no quiso ahondar en detalles, al menos no por el momento. Ladeó la cabeza, escuchando a esta nueva persona, que muy pronto se había ganado su confianza. Podía ver la buena voluntad en sus palabras y, aunque no lo conociera, estaba seguro de estar frente a alguien con quien podía dialogar con bastante libertad. Ahora mencionaba que era muy obvio reconocerlo como oriundo de Daein, cosa que lo hizo levantar las cejas, levemente sorprendido. - Bueno, tienes razón. Todo el mundo lo adivinaba allá en Begnion... -sus característcas nunca pasaban desapercibidas. Muchas veces se había encontrado diciendo "Es obvio, ya lo habrás adivinado. Soy de Daein", aunque nunca le había dado demasiada importancia a este hecho. No habían prejuicios contra los deinitas en Begnion, al menos ninguno del que se hubiera enterado, por lo que era la menor de sus preocupaciones.

Se puso a pensar al respecto, distrayéndose con la vista puesta en la hierba, hasta que el hombre en frente lo distrajo. Si no le hubiera hablado, lo más probable es que se hubiera perdido en sus recuerdos del pasado, cuando todavía ni siquiera se alistaba al ejército, y no conocía otro lugar más que la caravana en la que su padre adoptivo lo había transportado a Begnion a lo largo de toda una semana. Nunca se había sentido tan extraviado en toda su vida, al menos hasta entonces. Etruria seguía siendo un mapa en blanco en su mente, y todavía no acababa de conocer ni sus costumbres ni religión, mucho menos a su gente.

- O-oh..., ¿Acompañarte? -se preocupó un instante por el tiempo que le llevaría caminar con él, pero pronto recordó que el viajero debía tomar un barco, por lo que tampoco tenía el lujo de tardar demasiado.- Claro, claro. -no quería dar la impresión de tener prisa. Se llevó uno de sus guantes a la cara para limpiarse el rostro, pensando en que ya no entrenaría más con su lanza por aquella noche.

Empezó a caminar con pasos cortos hacia una dirección indefinida, quizás hasta donde el camino tomara un rumbo distinto, para luego dar la vuelta hacia la carreta. Les tomaría unos varios minutos llegar hasta donde doblaba el camino, por lo que tenían suficiente tiempo para dialogar en calma mientras iban y volvían. La brisa chocaba contra ellos, helándoles el rostro, mas para ambos parecía no ser problema.

- Yo tampoco me hubiera imaginado ver gente de Tellius, aunque creo que estando cerca del mar puedes encontrar gente de todas partes. Aunque hasta ahora no he conversado con nadie que crea en Ashera... No acabo de entender a Santa Elimine, y la verdad no sé si quiera hacerlo. -Suponía que el desconocido también tenía su fe en la diosa del orden, pues su culto se expandía por todo el continente sin distinción, al menos hasta donde él sabía. Aran no solía hablar mucho de religión, no era habitual en él, pero debía admitir que se sentía distante de las iglesias y capillas de Etruria que había visitado hasta entonces. Era igual que irrumpir en casas ajenas, y nunca se sentía a gusto- Ah, se me había olvidado completamente. Perdona. Mi nombre es Aran. -Dijo, como si hubiera cometido un grave error. Le cedió la mano, esperando que la recibiera.- ¿Y el tuyo? - le preocupaba más aclarar eso antes que explicar por qué estaba allí. La verdad es que no quería hacerlo, no quería contárselo aunque se lo hubiera insinuado. Eran razones muy personales, por lo que hasta el momento había eludido la pregunta, confiando en que así el interés del viajero se desvaneciera.- Seguro debes ser alguien importante. Parece que has venido a Elibe para estudiar, o algo así... discúlpame si no sé mucho al respecto.
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Re: [Social] Lejos del norte [Priv. Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Jue Mayo 18, 2017 5:37 pm

Compartir algo como la patria, en el caso de Pelleas, era suficiente para otorgarle suficiente confianza ante el hombre de armadura, tratándole con una cercanía mucho mayor de la que usualmente podría con un extraño. Y era que, a sus ojos, ya no era nada cercano a un extraño. Sin demasiado cuidado, no se contuvo de preguntar apenas escuchase que no se hallaba en ruta a Daein en el futuro próximo. - Um, ¿se encuentra en un viaje importante? - Dijo, asumiendo que habrían de ser condiciones similares a las que lo retuvieron a él fuera de su hogar por tantos meses. De no ser motivos de fuerza mayor, no imaginaba mucha más razón por la que un daeinita se viese tan lejos de su tierra. Mirando con curiosidad al hombre, se adelantó en intentar alentarlo. - Le aseguro que no pasará mucho tiempo antes de que el transporte se vuelva más fácil. Sé de buena fe que Daein está a salvo ahora, pronto se reparará su puerto, habrán mejores rutas de acceso, barcos desde Durban... - Habló sin mucha consideración. De momento, tan sólo él, su consejero y el palacio de Durban sabían del relacionamiento que pronto se tornaría público entre ambos lugares, mas no era bueno teniendo esa clase de tacto, mucho menos cuidando qué omitir y qué no. Pensaba tan sólo en lo conveniente que podría llegar a ser una ruta directa y veloz que conectase a menudo Tellius y Elibe, en tiempos en que trabajar en el libre transporte no era la prioridad de nadie.

Cuando el otro hombre comenzó a andar, Pelleas lo hizo casi que un paso entero atrás, limitándose a seguirlo. Desconocía la zona, y al interior del carruaje cerrado no había estado vigilando el camino lo suficiente como para orientarse. - Gracias. - Sonrió más ampliamente, inclinando la cabeza por un instante. Le quitaba al hombre su tiempo, era consciente de ello y debía ser cortés, aún si no le aterrara tanto incordiar como con otras personas sucedería. Al tomar el grueso camino de tierra en lugar de las planicies y arboledas derredor, la luz de la luna le permitía discernir bastante más de su entorno. Los pasos tomados en una leve cuesta arriba ayudaron tambiéna revelar un poco más, aún así, Pelleas volvió la vista pausadamente a su alrededor, murmurando. - ¿En qué dirección se halla el mar? De poder verlo, por seguro entendería mejor qué tan lejos estoy. -

De cualquier modo, se fiaría del rumbo tomado por el varón de cabello verde. Confiar mucho y cuestionar poco era una prevaleciente falla en el príncipe, y en aquella ocasión no sería distinto. Además, había necesitado la caminata. Si bien su nerviosismo había desvanecido en gran medida, distrayéndose de sus preocupaciones con la feliz coincidencia que hallaba, sería mejor para él agotar algo de fuerzas. Alzó el rostro un poco y suspiró con calma en el fresco aire nocturno, nada comparable a los nevados inviernos en casa, pero agradable a su propio modo. Al son del amortiguado ruido de sus pasos, escuchó con agrado a su acompañante, más cómodo con ser quien menos hablase, mas sin poder contener cuanto menos un comentario cuanto mencionó su experiencia con la religión local. Simpatizado, dio una callada y breve risa.

- ¿Es algo demasiado complicado? Esta es la primera vez que piso Etruria y sólo vine rápidamente a comprar algunos libros, pero me he asegurado de llevar uno sobre la religión local... bueno, um, varios. Las de Akaneia eran tan fascinantes que no podía irme sin saciar esa curiosidad. - Dijo, tanteando el interior de su capa para constatar que no tuviese sobre sí ninguno de los ejemplares, que en efecto había dejado dentro del carruaje. Dos pilas bastante altas de libros comprados en Etruria, de las cuales no había iniciado lectura alguna todavía. La religión se había tornado una de sus temáticas predilectas. Todo lo debía a Plegia, lugar en que había leído ya todo cuanto había disponible sobre el culto grimleal, un descubrimiento gratificante e increíble para un mago de su rama; no dudaba que la experiencia de un daeinita en otra iglesia fuese a ser de su interés también, cuan escueta fuese. Se halló a punto de mencionar a la otra deidad en que ahora creía, sin renegar de su diosa original, cuando la presentación del hombre le recordó aquel paso que habían completamente omitido. Detuvo sus pasos un instante, descolocado por olvidar algo tan simple.

- E-Este... Pelleas. Mi nombre es Pelleas. - Respondió, respirando hondo antes de proseguir. Lejos de notar cualquier evasividad en la forma en que el soldado le hablaba, se preocupaba sólo de lo que inevitablemente le tocaba decir, de alguna forma algo vergonzoso. Tomó la mano ajena, adrede empleando aquella en que relucía el grueso anillo de su estirpe, para un apretón de muy escasa fuerza para alguien de su tamaño. - Hijo del rey Ashnard. Aunque quizás no haya oído de mi, sería normal que me desconozca... - Explicó, intentando mantener la vista a la altura del rostro ajeno y fallando. Rogaba no sonar como un mentiroso, con la poco glamorosa presentación que sabía que daba.
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Re: [Social] Lejos del norte [Priv. Pelleas]

Mensaje por Aran el Dom Mayo 28, 2017 9:35 pm

Aran no conocía la situación actual de Daein, y por lo mismo no entendió cuando el otro se refirió a sus puertos y a un tal Durban, que bien podía ser el hombre de un reino, si tuviera que adivinar. Ignoraba completamente los problemas internos de la nación al norte de Begnion, pues nunca había vuelto desde que había abandonado por primera vez su hogar. Había sido hace ya tanto tiempo, y los años habían sucedido sin preocuparse ya de la tierra que lo vio crecer. De todas formas, ¿Qué hubiera hecho él si hubiera tenido la oportunidad de volver? Tenía una familia de la que cuidar, no podía estar preocupándose de sus recuerdos. Lo único que le hubiera interesado visitar habría sido el cementerio donde descansaban los restos de sus padres, de sus verdaderos padres. No, no tenía más conexiones con Daein que ellos, pero la posibilidad de que alguna vez regresara todavía existía, solo que no ahora, ni en mucho tiempo. No estaba seguro de poder decir nada, y no quería promete nada a aquel hombre si es que un día volvería o no.

Aran señaló en dirección hacia donde creía estaba el mar cuando se lo preguntaron. Podía ver el movimiento de las olas a la distancia, las había estado vigilando todo este tiempo y por eso las había notado, porque a simple vista se camuflaban junto con el cielo negro, mucho más ya que había subido la marea y no dejaba ver el blanco de la playa. Si uno ponía suficiente atención podía escuchar el movimiento del mar, su calmo arrullo.

- Simplemente no se me hace cómodo. es como si algo dentro de mí me dijera que está mal entrometerme, sé que no tiene sentido. - se refirió de nuevo a la religión y suspiró, sonriendo por lo simple de sus problemas. Nunca había preguntado demasiado a la clériga sobre Santa Elimine, siendo la persona que mas podía comunicarle sobre el tema, y eso quizás había sido un error cuando él no podía informarse muy bien por su cuenta. Aran sabía leer, pero no con mucha fluidez, y jamás había terminado un libro en su vida, por muy corto que fuera. No comentaría mucho al respecto, prefería no admitirlo pues no servía de nada hacerlo.- Akaneia... suena a que está demasiado lejos. -y mucho más que Elibe de Tellius. A Aran no le gustaba viajar largas distancias, estaba seguro de que jamás visitaría todos los continentes del mundo. Quien tenía en frente era en verdad un viajero, teniendo la oportunidad de visitar dos continentes en un mismo trayecto.

- ¿Pelleas? -dijo con cierta duda. Soltó un poco el apretón de manos, pensando en ese nombre. Creía haberlo oído antes, pero escapaba de él. Fue cuando este hombre admitió su título que unió cabos y entendió. Pellas, príncipe... -¿ p-príncipe de ...Daein? - el rostro de Aran se volvió uno de genuina sorpresa. Frunció el ceño y miró fijamente a aquel sujeto que decía ser hijo del rey Ashanrd, sintiendo como lo recorría un escalofrío. Aran no fue capaz de hablar por varios segundos, soltando la mano de Pelleas lentamente. No podía creerlo, pero nada le impedía hacerlo. El hombre tenía un carruaje propio, viajaba por el mundo, era un ávido lector y vestía ropas de calidad. Pero, ¿Cómo era posible que el hijo de un rey le estuviera hablando a él, un soldado cualquiera, y fuera de la protección de algún guardia? ¿Es que no había considerado que fuera un peligro? En todo esto pensaba el peliverde, sin acabar de observar de pies a cabeza al príncipe.- No puede ser. Usted, yo... No.   - se le trabó la lengua, cosa que lo hizo apartar la vista. Los nervios lo atacaban de una manera que nunca antes había creído posible.- Si usted es el príncipe de Daein, debería irse. Yo ya no soy un soldado de su reino... ¿Y si fuera un enemigo? Se habría  puesto en riesgo. No puedo permitírmelo.

Ahora no solo se encontraba ante alguien de mayor estatus social, sino que de mayor importancia que cualquier persona con la que había hablado en toda su vida. A Aran lo llamaba el deber; iba a regresar a aquel hombre a su carreta.

- Su guardia debería estar protegiéndolo, incluso si solo viaja con el hombre del carruaje. Vámonos. -estar al descubierto lo alteraba todavía más. Sentía que era su responsabilidad preocuparse de él, estando ambos en medio de la nada y desprotegidos ante el peligro. Seguro parecía, ante ojos del príncipe, que exageraba, pero Aran sinceramente no podía reaccionar de otra forma. Con firmeza, pero mucho cuidado, puso la mano en el hombro ajeno para guiarlo de vuelta por el camino que habían tomado.
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Re: [Social] Lejos del norte [Priv. Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Vie Jun 09, 2017 2:15 am

Pelleas apenas notaba cuan poco el soldado decía de sí mismo. En unos pocos minutos en compañía que asumía de confianza, él soltaba sin la menor mesura su identidad, sus motivos y cualquier cosa que se le preguntase, por completo desacostumbrado a tener cuidado; el otro, tan sólo lo básico e indispensable. Donde Pelleas soltaba inclusive más de lo que debía, el soldado ante él se guardaba aún las partes delicadas de su situación. Y sin embargo, el mago apenas lo notaba. Cegado por su alegría y sentido de unión para con un compatriota, además de su inexperiencia en sutilezas, tan sólo prosiguió cuesta arriba y escuchó lo que Aran optase por decirle, contentándos con ello. Cualquier cosa parecía suficiente; la duda ante otra religión parecía mucho que compartir.

- No es lo que ha conocido y creído durante su vida. No es parte de su ser. - Musitó sin pensarlo; nadie mejor que él sabía lo que significaba nacer bajo una bandera, con todo lo que esa inherente identidad conllevaba. Creencias, hábitos y visiones que jamás serían separadas de él. Disfrutaba esa especie de pertenencia innata, le hacía sentir cercano a su reino. Parte de algo. No obstante, notando tardíamente lo frontal y seguro que había sido su comentario, cualidades tan raras en él, el príncipe se apresuró a corregirse, temeroso de que Aran se sintiese prematuramente juzgado o de alguna forma se ofendiese. Alzó una mano para moverla hacia un lado, desestimando como si nada sus propias palabras. - C-Creo que a eso se refiere, quiero decir, este... porque me ha sucedido en más de una ocasión, en el extranjero. - Dijo, y tras enmendarse dio una leve risa, un tanto nerviosa. Cierto era que le había sucedido, desde sentirse horriblemente incómodo en sitios en que los subhumanos no eran retirados de las ciudades por la misma gente, hasta toparse con pequeñas diferencias que simplemente le impedían adaptarse del todo, como las porciones de comida en exceso generosas en ciertos países. Podía entender que otra fé pareciera en exceso ajena, algo en lo que sentirse intruso. Cualquier daeinita, hasta donde sabía, tenía sus problemas de perspectiva en el extranjero.

Aún así, ansiaba mencionar Akaneia, lo más lejos que había llegado a estar de casa antes de emprender el retorno. Más dado a plática de lo que era con extraños, Pelleas se vio a punto de abrir la boca nuevamente, hasta captar la duda en la expresión del otro hombre. No parecía creer que estaba mintiendo, lo cual era un considerable alivio. Sin embargo, tampoco parecía cómodo con la información. Súbitamente sintiendo un buena parte de la crónica timidez regresar de golpe a él, Pelleas agachó la vista a sus propias botas, retrayendo aprisa su mano del apretón. Fallaba en comprender la reacción o las palabras ajenas, una retórica que le parecía imposible en absolutamente todo sentido. - ¿C-Cómo podría ser un enemigo? Procedemos del mismo Daein, es por eso que se lo he dicho, yo... - Se explicó a medias, descolocado. Aquellos dos conceptos no se mezclaban en su mente. Considerarlo parecía en vano. Sintió la mano del otro en su hombro y, en exceso manipulable para alguien de su altura, le costó de sobremanera no seguir la indicación, quedándose donde estaba y tanteando la forma de su libro de magia al interior de su capa; no porque creyese en los peligros que Aran insinuaba, sino porque le transmitía una sensación de seguridad. No dio un paso más.

- N-No estoy viajando con guardias, se supone que me encargue por mi mismo, es... una larga historia. Lo siento. - Dijo, explicando la trivialidad de regresar o no a su carruaje. Aún así, la necesidad de disculparse era innata e inevitable. Atreviéndose a sostener la mirada del soldado, buscó otro motivo tras todo, ya soltando inclusive otra disculpa preventiva. Su voz salió más apresurada, dubitativa. - ¿A-Acaso es que le he molestado? Si es así, me disculpo de corazón, Aran, n-no he pretendido hacerlo, no deseaba incordiar... - Sincero, bajó los hombros e inconscientemente encorvó un tanto su postura en humildad. Asumía, desde su incapacidad de imaginar el hilo de pensamiento del otro, que le había quitado suficiente tiempo ya y que por eso le enviaba de regreso. El peligro seguía sin parecerle digno de consideración. Pero si había hastiado al otro daeinita, suponía que podía continuar su caminata a solas, por más que la idea hundiera sus ánimos. Hizo su mejor esfuerzo por mantener el rostro en alto y mostrarse comprensivo. - Aunque se halle lejos de casa, sigue siendo quien es, m-me temo que no entiendo bien lo que dice... pero... ¿prefiere que, um, le deje en paz? Porque puedo hacerlo. -
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Re: [Social] Lejos del norte [Priv. Pelleas]

Mensaje por Aran el Sáb Jun 24, 2017 3:37 am

Su rostro, acomplejado y serio; su pensamiento, solo ocupado en la seguridad que debía dar a Pelleas. Veía en él a las figuras importantes, a los senadores de Begnion que había debido escoltar más de una vez en su servicio. Aran estaba acostumbrado a ponerse detrás de quien merecía mayor respeto e importancia, era su manera de funcionar, la que le habían instruído con tanto ahínco en las barracas. Tardó en asimilar la negativa del príncipe a avanzar de vuelta al carruaje, molestándose apenas un segundo por su obstinación, hasta recaer en que no se negaba a ello por simple inconformismo. Dio la media vuelta y buscó los ojos del noble, los cuales ya no se sostenían con los suyos. El peliverde se vio confuso ante esta reacción, una que nunca había encontrado con quienes era su deber proteger. Lo escuchó atentamente y con la debida preocupación de quien cree haber cometido un error.

- Yo... -el ahora revelado príncipe creía estar incomodándolo, cosa que no era cierta. Aran permaneció quieto, no sabiendo cómo adaptarse a su actitud. Tenía claro que debía corregirse, pero aún así no hallaba la manera cómo. Debía hacer un esfuerzo por ser cortés, ponerse en su lugar, entender que ese hombre era más que un noble, y que en ese momento parecía verse traicionado con la falta de confianza del lancero desertor, cuando en su lugar se había abierto con tanta sinceridad hacia él. Aran aguantó la respiración un momento, parpadeó y decidió responderle.- Señor, yo... lo lamento. Simplemente estoy acostumbrado a, bueno, a ser guardia. A proteger a gente como usted. -se pasó una mano por la frente y se despeinó un poco el cabello.- fue muy estúpido, ... y rudo. No quiero que se vaya porque no quiero hablar con usted... Todo lo contrario. Yo... yo quizás si necesito hablar con otra persona. -se lamentaba enormemente de haber dado esa impresión. Aran miró hacia un lado y dejó su mano en su frente, como si quisiera protegerse de la mala imagen que había dado.- perdón, de verdad. Por favor, quédese conmigo.

Entonces tomó asiento en el suelo, dejó su lanza a un costado y apoyó los antebrazos sobre las rodillas, para después descansar su barbilla ahí. Suspiró brevemente, y luego miró a Pelleas, buscando mirarlo desde abajo y no a su misma altura para que no tuviera la urgencia de encorvarse frente a él. Había suficiente espacio junto al soldado por si lo que quería era sentarse a su lado.

- Yo era un soldado de Begnion, pero nunca de Daein. Viví, bueno, la mayor parte de mi vida allí. Apenas recuerdo algo de mi lugar de nacimiento. Lo siento mucho, ... príncipe... Pelleas. -le era una gran tarea dirigirse a él, no sabiendo de qué forma iba a tratarle a partir de entonces.- ... pero nunca me he visto vuelto a Daein, porque no siento que sea de allí. Mi familia no está en ese lugar. No soy un verdadero daeinita, o al menos no el que usted cree. -recalcó. Mantuvo el silencio un momento, no sabiendo si referirse al otro tema del que estaban hablando. Aran habría querido advertir que no confiara tanto en la gente de su nación, ¿Pero cómo podía atreverse a decir algo así a quien clamaba ser el legítimo heredero del trono, quién era él más que un soldado para cuestionar el pensamiento de un futuro rey? El peliverde sintió palidecer su rostro ante el pensamiento. Por eso decidió retomar su conversación desde otro punto, uno que no fuera tampoco la disonancia que poseía con Etruria. Estaba de acuerdo con lo que había dicho antes el príncipe, era cierto que las costumbres del nuevo continente no pertenecían a él, y quizás nunca lograría acostumbrarse a ellas, incluso si su vida de veía ligada a esa nueva patria más que ninguna otra.

- ¿Me puede decir entonces por qué no viaja con guardias? Al menos para dejar mi corazón tranquilo. -murmuró sonriéndole, para así apoyarlo a que recuperara su confianza. No había recaído en lo extraño que era estar auxiliando a alguien de la nobleza a recuperar la calma, pero honestamente había hecho aquello tantas veces con sus hermanos menores que le era un hacer natural. Era extraño, imaginando que el príncipe seguramente era un hombre mucho mayor que él, con todavía más experiencia.
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Re: [Social] Lejos del norte [Priv. Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Jue Jun 29, 2017 11:40 pm

La ansiedad hacía largos los instantes, le ponía las manos torpes y temblorosas, tensas y rígidas a la vez que demasiado inquietas. Dejaría a Aran cuanto antes si estaba incordiándolo, pero cabría sentirse culpable por ello de todos modos, motivo por el que Pelleas se hallaba así. Por fortuna, esa familiar acumulación de nervios que bien podía durarle horas si la ocasión lo ameritaba, en ese caso se resolvió en cuestión de pocos momentos, con la disculpa y las sinceras palabras del otro hombre. Llanamente le decía las palabras que le hacía bien oír, las mejores posibles: que quería hablar con alguien y que su presencia estaba bien allí. Relajando sus hombros, el príncipe pasó completamente por alto la preocupación ajena, respondiendo sólo con alegría. - ¡Q-Q-Qué alivio! - El drástico cambio y su prisa por hablar le hicieron trastabillar la lengua más de lo regular en modular palabras, pero era claro que estaba feliz. Una sonrisa nunca era fingida en un rostro tan tímido como el suyo. Bajó las manos del interior de su capa, donde había estado tanteando su tomo mágico para darse seguridad, pues ya no hacía falta, y continuó en una voz más calma. - Gracias, Aran. M-Me alegraría mucho ser de ayuda, así que um, me quedaré aquí, por supuesto. No sabes cuanto me tranquiliza oír eso. -

El asunto estaba decidido, pues. Algo consternado por la postura de profunda desazón que el soldado tomaba al sentarse, Pelleas permaneció mirándolo con atención, ahora que en efecto se sentía más bienvenido. No se consideraba una compañía particularmente divertida, pero estaría allí para él. Creyó un poco extraña y difícil de leer la forma en que le miraba entonces, mas no terminó de entender sino hasta que Aran se explicó. Sin dudas, debía ser de sus circunstancias y su procedencia que venía su advertencia de no exponerse con tanta rapidez. El mago lo comprendía y a la vez no. Tal como Aran pasaba a serle un extranjero y a la vez no, en esos instantes. Entreabriendo los labios sin decir nada, se halló incapaz de pensar lo suficientemente rápido como para llegar a hablar. Y era que, en su mente, no podía dejar de catalogar a Aran como un hombre de Daein, aún si él mismo decía lo contrario. El nacimiento marcaba al ser, tan ineludible como el destino y tan tangible como la forma que el rostro o el cuerpo tomaban al crecer; Pelleas no podía verlo de otra forma, aunque el mismo Aran pareciera pensar distinto. No podría creer que la vida en Begnion reemplazara la sangre de su sangre o cambiara la más inherente raíz del alma, regidas por el origen verdadero de un hombre. No estaba en sus manos contradecirlo o declarar erróneo lo que decía, pero era incapaz de aceptarlo.

- Eso es... muy difícil de imaginar... - Murmuró al fin, bastante carente en expresar lo que realmente pasaba por sus pensamientos. Se estaba perdiendo demasiado en sí mismo. Nuevamente, la buena disposición del otro lo trajo de regreso, eficazmente haciendo a Pelleas reaccionar. Retornando la sonrisa con facilidad, el sabio de larga capa aprovechó ese momento para bajar a la altura del lancero y sentarse a su lado, sin cuidado de sentarse sobre su ropa. No era quisquilloso con esa clase de cosas. Desde allí, el entramado oscuro de los árboles derredor impedía la vista al mar, pero el rumor distante y el aroma tenuemente impregando en el viento confirmaba su cercanía. De alguna forma contento con ese simple hecho, además del de ser bienvenido junto a alguien, respondió a su pregunta sin dudar, su voz grave pero siempre en bajo volumen. - Muy pocas personas me conocen, en verdad. Fuera de Daein, mi padre ni siquiera me ha anunciado como sucesor todavía... así que, um, no es como si alguien fuera a reconocerme de vista... - Explicó, sin mostrar pesar alguno por ello, sino que sólo nombrando los hechos como eran. - Pero, más allá de eso... salir de Daein para aprender magia fue mi petición, mi capricho. Mi padre me permitió tenerlo. A cambio, cuanto menos, se supone que me vuelva lo suficientemente fuerte como para cuidarme a mi mismo aquí afuera. Así, mi padre-- este, su Majestad sabría que mis deseos han servido. Dejamos toda mano armada defendiendo Daein y yo fui escoltado sólo hasta salir del reino. -

El poder en cualquiera de sus formas era la vara medidora de las cualidades de un hombre en Daein, inconvenientemente para algunos. El regreso a salvo de Pelleas demostraría a su padre que no era del todo débil, cuanto menos, aunque lo cierto era que su dominio sobre la magia había aumentado de sobremanera en ese tiempo. Ansiaba el momento de volver a casa por eso, en parte. Ladeando la cabeza para mirar a Aran, el príncipe no podía evitar pensar que aún en eso era adecuado para su patria; un guerrero era idóneo daeinita. Tranquilo a su lado y quieto bajo la profunda noche, podía desenredar sus pensamientos al respecto con un poco más de facilidad, aunque como siempre la mayoría de ellos acabarían surgiendo cómodamente sólo sobre las páginas de su diario o sus escritos. Seguía creyendo que su caso era uno extraño y contradictorio, pero en extremo interesante. Sin poder contenerse de abordarlo, pues de todos modos con algo debía de llenar el silencio, con el paso de varios segundos volvió a hablar.

- Lo lamento, Aran, pero me es muy difícil terminar de imaginar su situación y... y realmente deseo preguntar... - Comenzó, dócil y evitándose presionar demasiado, aunque en ese punto era igual hacerlo o no. El caso de Aran le atribulaba desde un punto de vista filosófico, desafiaba sus ideas del mundo; era necesario para él entenderlo mejor. - Usted es un soldado. Todo hombre necesita tener paz consigo mismo, y un soldado más aún, infaltablemente ha de tener un propósito tras sus actos, un motivo que enaltezca su labor... que le de orgullo de lo que hace. - Dijo, planteando con cuidado y lentitud la cuestión a la que intentaba llegar. No podía evitar hablar más extensa y tendidamente en ese entonces, tratando ideas que no podían ser expresadas sino en la línea de pensamiento y palabras exactas. Un giro mucho más profundo de lo que planeaba hacerlo, aunque necesario. Tomó aire y culminó. - ¿Y si se lo preguntara, me diría usted que su causa es Begnion? ¿Que le hace feliz servir a Begnion? ¿Que encuentra paz y hace lo que ha nacido para hacer? Como alguien sigue un destino, satisface su propósito o busca su lugar en el mundo... como viviría alguien que, aunque luzca para mi como un daeinita, de alguna forma ha llegado a pertenecer a otro hogar. -
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Re: [Social] Lejos del norte [Priv. Pelleas]

Mensaje por Aran el Vie Jul 14, 2017 7:41 pm

Aran correspondía con una sonrisa a la alegría del recién descubierto príncipe, sin embargo una muy tímida, quizás un tanto forzada. Oyó con atención la explicación de Pelleas y sus razones allí en otro continente, pero a pesar de ser palabras que se suponía aclararían dudas, el soldado no pudo sino expresar confusión en sus facciones, pues lo habían tomado desprevenido sus motivos, pero sobre todo la voluntad de su rey padre de no anunciarlo. Tener una misión propia para ganar fortaleza era algo comprensible, incluso admirable, pero Aran no podía dejar ir ese pequeño detalle de su cabeza. Además, encontrarse que era uno de los pocos que conocía su presencia fuera de su reino, logró brindarle una inexplicable angustia, como si el peso de aquel secreto aumentara enormemente sobre su espíritu. Se llevó una mano por detrás del cuello, sin saber realmente qué decir. De repente creía haberse puesto nervioso, incluso más pálido, pero solo otra persona sería capaz de notar lo tenso que se había puesto.

Luego de un silencio que él compartió, el diálogo del príncipe continuó sin que Aran lo interrumpiera. Tenía preguntas, ante lo cual solo se cuestionaba si sería capaz de responderlas. Era cierto que se sentía incitado a hablar con la misma libertad con la que Pelleas se había atrevido a dirigirse a él, pero simplemente lo temía, no le agradaba hablar sobre sí mismo. y mucho menos sin poder predecir la reacción ajena como positiva o negativa. Hasta ahora ambos habían dialogado con muchísima sinceridad y respeto, pero el peliverde no podía suponer con qué sensibilidad reaccionaría el príncipe a su relato. Era una de estas tantas instancias en las que confiar ciegamente le parecía un error.

Pelleas entonces comenzó a explicar sus ideas. Aran inmediatamente contradijo en su mente aquellas primeras palabras, "usted es un soldado". Aran no había mencionado en ningún momento que era un desertor, por lo que sudó frío a medida que él continuaba. Abrió la boca, a punto de interrumpir, de decir lo que no era capaz de mencionar, pero su silencio continuó. Entendía bien el argumento del príncipe,  pues era cierto que en un principio se había enlistado por respeto al reino que lo había acogido y no por otra cosa. Aquello había sido su móvil durante todos los años que había durado su labor entre las filas, su única razón, poder defender y auxiliar a la gente de Begnion. Pero... sí, había dejado todo aquello atrás. Había escondido todos sus errores bajo la alfombra, y se había marchado. Incluso más nervioso, Aran pasó sus dedos por entre sus cabellos y su cuello, y sin quitar su mano de allí, intentó volver a articular palabras, mas le temblaron los labios de la duda antes de poder dominarse.

- Príncipe Pelleas. -hizo su voz firme para así esconder sus dudas, y miró a aquel hombre de manera tranquila y controlada.- Si me uní al ejército fue porque era un trabajo en que pagaban bien, y además me daba la oportunidad de ser útil para las personas. Pero... yo ya no sirvo a Begnion como usted cree. Mi período allí se acabó, eso es todo. Lo único que me queda en Begnion es la familia que me acogió mientras yo entrenaba, pero ya no dependemos del otro, así que... simplemente... ya no vivo allí... -su voz acabó por desvanecerse.

Lo había dicho, aunque dejando mucho sin aclarar. ¿Inquiriría todavía más el príncipe en los huecos que había dejado en su pequeña explicación? Aran esperaba que la historia le pareciera todo menos importante. El soldado no estaba en la mentalidad de ceder, por lo que cualquier intento de descubrir más de lo que decían sus palabras sería, seguramente, algo inútil.

- Pero, no se moleste hablando de mí. Si estoy en Etruria es porque estoy auxiliando a unos amigos como guardaespaldas, siempre es más útil alguien con entrenamiento militar que un mercenario cualquiera, ¿no? -Aran no había mentido hasta ahora, pero la presión le había saldado cuenta.- Ahora, si me lo pregunta, no sé qué haga cuando termine con ello, eso sí. ¿Quizás me quede? La verdad es que viajar no es algo que me guste demasiado. Seguro así piensa que soy demasiado simple, pero es verdad que me conformo con poco. -había ya quitado la vista del príncipe a su lado, mirando hacia ningún punto en específico.- Lo cierto es que ha mencionado la magia, y me gustaría saber cuál estudia. -cambió de tema, no importándole cuán abrupto pareciera.
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Re: [Social] Lejos del norte [Priv. Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Miér Ago 02, 2017 5:11 pm

Era en extremo rara la ocasión en que Pelleas se hallara en presencia de alguien más nervioso o inquieto que él, como Aran pareció estarlo por un momento. Curiosamente, aquella instancia era una en que él mismo se sentía considerablemente calmo en contraste. Ladeó la cabeza con un buen tanto de curiosidad y preocupación hacia su acompañante, a su mano pasando tras su nuca en un gesto que no sabía si interpretar como angustia o hastío, mas aquellas señas no demoraron más que un segundo en desaparecer. Para cuando Aran respondió, su semblante parecía haberse compuesto a cuenta nueva, dejando atrás toda duda y pasando a hablarle con claridad. Parecía poner especial cuidado en darle aquella respuesta. Y aún así, Pelleas no sentía que se tratase de una delicada revelación ni algo a tomar negativamente.

Al contrario, creía que tenía todo el sentido en el mundo. Demostraba que servir a Begnion no era el llamado de la vida de Aran, no era el móvil y razón de su existencia; el modo en que hablaba de ello no lo daba a notar siquiera como algo de lo que se enorgulleciera enormemente, carente de patriotismo marcado. El hecho de que hubiese cesado de servir allí lo confirmaba más aún. Más aliviado y contento de lo que debería de estar con ese hecho, Pelleas mantuvo su sonrisa leve, bajando la cabeza un poco para permanecer otro momento con sus ideas. Podía aventurarse a adivinar un par de motivos por lo que Aran hubiese decidido al fin dejar Begnion, mas lo de mayor importancia no eran los argumentos, sino el hecho en sí. Complacido, portaba entonces una expresión repentinamente pacífica y a gusto en el rostro, con la sonrisa tercamente plasmada allí. Cuando el soldado pidió menos atención sobre su persona, Pelleas no pudo evitar soltar una leve risa, acallada rápidamente con timidez; se había relajado, pero hacer ruido seguía siendo mucho para permitirse. Sólo mantuvo la sonrisa en sus labios.

- Discúlpeme. Lamento si mis preguntas son, uhm, extrañas, pero le aseguro que es relevante para mi. Es de importancia. Le agradezco mucho contarme al respecto. - Dijo. Su disposición a escribir extensamente en su diario personal sobre el hombre que acababa de conocer y el caso que acababa de desafiar sus creencias había aumentado. Las numerosas palabras que se guardaba en voz alta requerían la libertad de explayarse en papel. Por otro lado, le aliviaba enormemente saber que en ninguna forma hablaba con alguien leal a Begnion, reino con que Daein no se relacionaba de forma pacífica o siquiera cortés, sino siempre tensa; quitaba un tenue peso respecto a ese encuentro. Satisfecho con las respuestas, Pelleas guardó silencio al oír al soldado proseguir. En los minutos juntos, aquello era lo máximo que había llegado a extenderse respecto a sí mismo, aunque el mago no lo notara del todo. A fin de cuentas, eran dos personas que rehuían a ser el centro de atención, una mezcla un tanto difícil.

- No pienso que sea simple, siendo honesto. Yo tampoco soy bueno estando en lugares nuevos, o lejos de casa. Es sólo que la clase de magia que obtuve no es la más común en Tellius, jamás hallé alguien de quien aprender o siquiera otro estudiante como yo, mientras que en el extranjero era sabido que sí existían escuelas... es sólo por eso que he venido tan lejos. ¿No sería este un motivo muy simple, también? - No dudaría en admitir nada de ello, aunque sí lo hubiese hecho un instante respecto a cuanto compartir. Acostumbraba a pensar de las personas como él, los magos, intrínsecamente distintos y separados de hombres como su padre o como el mismo Aran, hombres de armas; no creía que los detalles pudieran sonarle sino tediosos y confusos al otro. Además, no desistía de lo que percibía como lo más relevante y crucial allí.

Con la vista siguiendo prontamente a la de Aran al paisaje nocturno a su alrededor y una cierta familiaridad en el frío que a esa hora hacía, su voz volvió a sonar dócil y baja. No le presionaba; no era capaz de presionar a prácticamente nadie, por lo que no había gran insistencia en sus palabras, mas no podía evitar el contento que a él mismo le traían. - ¿Por qué no volver a Daein, una vez que sus asuntos en Etruria hayan terminado? Por supuesto que no estaría mal permanecer con sus amigos, si aquello le hace feliz y este lugar le agrada, pero... creo que entendería mi forma de sentir mucho mejor si fuera a Daein alguna vez. Desconozco por qué dejaría el servicio a Begnion cuando aún es tan joven, pero me es claro por qué ha podido hacerlo, por qué no ha sentido el deseo de continuar dedicando su vida a ese lugar. Pienso que si pisara su verdadero hogar, la tierra de su nacimiento... sentiría ese empuje. Quizás, como sucede conmigo, todo se sentiría correcto y parecería encajar en su lugar, o hallaría una causa en la que su corazón pueda creer de inmediato. Es lo que la pertenencia verdaderamente significa. - A voz grave y pareja, sin atreverse a mucho énfasis ni siquiera a subir su volumen mucho, inevitablemente se tomó la libertad de extenderse un poco al hablar de ello. Era ilusa filosofía personal, pero era en lo que Pelleas creía con la totalidad de su ser, la fuente de donde había obtenido toda motivación para continuar viviendo y para cada paso dado en los últimos años. Si para él había funcionado, si para un hombre tan débil como él mismo había sido una fuente de fuerzas, al punto en que se tornaba mucho más seguro sólo mencionándolo, suponía que para otro podía también. Con cautela, instintivamente juntando sus inquietas manos para girar y acomodar el grueso anillo con el emblema del reino en su pulgar, agregó. - Uhm, eso es sólo lo que yo creo, por supuesto... como un hombre con la maravillosa oportunidad de dedicar mi vida a mi hogar, gustosamente... pero, cuanto menos, ¿no consideraría probar una vez? ¿Visitar por un tiempo? Podría hallar una parte de sí mismo que no poseía antes. -
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Re: [Social] Lejos del norte [Priv. Pelleas]

Mensaje por Aran el Jue Ago 17, 2017 9:49 am

Hizo lo posible por olvidar el exagerado miedo que tenía entonces al ocultar sus verdades, respirando pausadamente. Preocuparse de esa manera lo cansaba, y mucho, pero no era cosa que pudiera evitar de ninguna manera. Si de algo podía sentir verdadera vergüenza, era transformar una situación agradable como aquella en una incomodidad, tanto para él como para los demás. A veces, lo único que ansiaba era hablar de temas simples, pensar en el hoy y no en el mañana, pero siempre era más complicado que eso. Hasta entonces había tenido la impresión de que había hecho de la conversación un problema, pero al dar cuenta de los gestos del príncipe, se halló en gran confusión -y alivio- al notar que sonreía. Aran levantó ambas cejas en signo de sorpesa y relajo, como diciéndose a sí mismo "me he preocupado por nada". Y entonces el soldado se contagió de su actitud tranquila y sonrió también con cierto relajo.

 - Ahora sí que no entiendo... -no sabía a qué podía referirse al decir que le era importante. Quizás insinuaba que era mejor toparse en el camino con un soldado sin patria a uno dedicado a su nación, aunque esas eran imaginaciones suyas. Luego, Pelleas respondió a sus ideas, y lo que dijo hizo reflexionar a Aran un momento. Decía él que no acostumbraba a moverse de lugar en lugar, y la verdad es que tenía bastante razón en ello. Porque, por ejemplo, los senadores de Begnion nunca abandonaban Sienne, y si ellos no lo hacían, ¿Por qué se encontraría un príncipe necesitado de explorar tierras que no eran suyas, si no era por rebeldía, o una causa como sus estudios? Aran lo veía así, como un apego a sus tierras y a sus comodidades.- Así que es una clase de magia extraña... ¿Ni viento, ni fuego, ni rayos? Eso sí es raro.-comentó a un bajo volúmen de voz. Ahora mismo no le alcanzaba la imaginación para adivinar la naturaleza de sus habilidades, y aunque le interesara preguntar más, porque nunca había momento en que su curiosidad no floreciera por alguna parte, se guardó sus palabras para otra ocasión. De todas formas no entendía de magia, lo más probable es que jamás lo haría, e intentar descubrir más al respecto seguro sería un esfuerzo inútil.
 
Entonces el príncipe de Daein formuló una duda, una petición en específico. Y lo que dijo consiguió silenciar a Aran, quien no pudo sino sorprenderse por aquello que le proponían. Enserió su rostro, hizo una mueca y miró a un lado calculando quizás qué tan difícil sería prometer cualquier cosa a aquel noble.

 - Volver a Daein... -repitió, todavía con el mismo rostro complicado.- ¿Qué haría yo allí? No conozco a nadie, no he visitado el lugar en años. Tal vez el pueblo en que vivía ni siquiera es lo que yo recuerde, y todo lo que recuerdo es pura nostalgia. -habló.-...Pero supongo que si tuviera que volver a Tellius, no sería una mala idea llegar ahí. Aunque, como ya dije, viajar no es algo que me guste, y mucho menos llegar a un lugar sin tener idea de qué hacer. -rió con algo de gracia ante la insistencia del príncipe, y no porque le pareciera ridícula, sino porque su obstinación en cierta manera le levantaba los ánimos. Por supuesto, su actitud no podía ser otra que la de un príncipe que amaba a su patria. Volvió a mirarlo a él, aún divertido.- ¿Qué piensa usted que podría yo hacer en Daein? Unirme al ejército no es una opción, no, lo lamento mucho si creía eso. Pero, ¿Como se le ocurre a un príncipe que podría ser la vida de un simple pueblerino? -preguntó con una vena sarcástica de la que tardó en darse cuenta que había sacado, y cuando  lo hizo se rectificó casi inmediatamente.- O-osea, digo... ¿Tiene alguna proposición? Ni siquiera tengo una familia allí. -cruzó sus dedos y miró la hierba, rememorando tan solo por un breve segundo a sus padres.- y no sé si lo que sugiere es que vaya a formar una, porque no me veo haciendo eso.
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Re: [Social] Lejos del norte [Priv. Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Lun Sep 04, 2017 1:40 am

Seguía sin parecer que le molestase a Aran darle de su tiempo y Pelleas no podía estar más aliviado, calmo y hasta contento con ello. Disipada su momentánea inquietud alrededor de Begnion, se hallaba en paz con todo; encontrar a un daeinita en ese lejano reino del Sur, los motivos que habían llevado a cada uno de ellos a coincidir y el tiempo transcurrido con él. Socializar no era algo que se le diese muy bien al mago oscuro, las oportunidades tampoco se presentaban todo el tiempo, pero había tenido buena excusa para intentarlo allí y resultaba bien. Aran no podía sino darle la impresión de una persona paciente por platicar todo ese tiempo con él, a la vez que gentil por interesarse en sus palabras y su persona, aunque inevitablemente le acobardaba un poco que le preguntase cualquier cosa. De inmediato dudaba en si debería responder largamente, si acaso no fuese a aburrirlo. Sentía más apego a su magia que a su propia persona y adoraba referirse a uno de aquellos temas que tan interesantes se le hacían, mas en esa instancia, no podía hacer mucho más que agachar un poco la cabeza y responder vagamente. Sería tedioso para un guerrero oír los asuntos de un mago, estaba seguro. - Uhm, sí, supongo que es raro... este... si le interesa, algún día podría mostrarle propiamente... - Murmuró, aplazando para no molestar al otro en ese momento, mas agregando enseguida con una sonrisa. - Si algún día nos encontramos en Daein u otro sitio, quizás. -

Pero debía de ser Daein, creía él. Cuanto menos, el mismo Pelleas ansiaba regresar y preveía que cuando lo hiciese podrían ser hasta años antes de que volviese a salir del reino, entre todo lo que deseaba hacer y la simple y mera necesidad de estar en su hogar un tiempo. A Aran no parecía agradarle demasiado la noción, por otro lado. Arqueó las cejas un poco en pesar, cual triste cachorro dejado en el frío; una de las expresiones más comunes en su rostro, realmente. No obstante, en breve el panorama mejoró un tanto, cuando las palabras de Aran le dieron a entender que cuanto menos se lo pensaba. Consideraba posibilidades. Pelleas no tardó en inclinarse un poco hacia él para responder con los mismos acallados y contenidos ánimos de antes; si había habido un tono de humor tenso por un instante, había pasado metros por sobre su cabeza sin que lo notara.

- N-No piense que intento reclutarle a algo peligroso o hacerle luchar más de lo que seguramente ya ha tenido que, por favor, presionarlo es la última de mis intenciones. - Dijo. Aún si Aran sólo parecía estar considerando todas sus opciones, hasta de buen humor, temía ser malentendido. Las disculpas hasta por pequeñeces de ese estilo siempre estaban en la punta de su lengua. - Creo que hay muchas cosas que podría hacer. Pero a mi, en verdad, me complacería tan sólo con que visite. No necesitaría que permanezca si no le place, tampoco que se involucre con mucho... - Se explicó, con el mismo gesto relajado y sutil sonrisa en el rostro, su mirada perdiéndose un poco en el paisaje oscuro que poco a poco se volvía más fácil de discernir, si acaso porque sus ojos se habían acostumbrado por completo a la oscuridad o porque se acercaba la hora de las primeras luces. Contemplaba lo que él mismo quería decir. En el fondo, sólo deseaba que el soldado experimentara la vida en Daein una vez más, independientemente de lo que hiciera. Sin decidir con precisión qué debería sugerirle, lo sopesó en voz alta. - ¿Qué tal si sólo visita Nevassa? ¿O, um, cual era el pueblo en que creció? Por diversión, quiero decir. Me daría gusto asegurarle un alojamiento, podría ver cómo están reconstruyéndose las ciudades dañadas y expandiéndose... habrá un nuevo puerto dentro de poco, inclusive. -

Le contentaba suficiente esa idea a él mismo, pero era verdad que un ciudadano necesitaba más que eso. Entendía que necesitaría un motivo mayor para tomar aquel tiempo fuera del rumbo actual de su vida, así como un asidero un poco más estable en el mismo Daein. Pensativo por unos instantes más, manos unidas por lo bajo al continuar manipulando ociosamente sus anillos, mantuvo en mente lo poco que Aran había dicho de sí mismo al volver a hablar. - Y si usted gusta, podría intentar conseguirle un, este, trabajo temporal allí, quiero decir... - Posó la mirada en el semblante de Aran por un par de segundos. Había dicho que su anterior trabajo no era más que una forma de ser útil, en lugar de un agrado innato por el combate o la guerra, y podía entender ese tanto. Dubitativamente, con cuidadosa lentitud, continuó planteando sus vagas ideas. - Usted... disfrutaría una actividad más tranquila que combatir, ¿no es así? Quizás algo pacífico, como ayudar en las construcciones por la duración de una estación, o algo de tierras que trabajar, o una ocupación de simple centinela, o de guardia en una ciudad pequeña... podría ver lo cálida, perseverante y orgullosa que es la gente en mi patria, y estoy seguro de que se sentiría bienvenido mientras esté allí. Se sentiría parte. - Seguía siendo tan honesto como había sido en todo aquel tiempo, seguro de lo que creía. Tras un momento, deseando ser claro respecto a las posibilidades que habría en Daein, agregó. - En mi regreso, estoy llevando conmigo los planes para el nuevo puerto. Si me es posible... pienso que desearé también reparar la biblioteca real, o construir otra en un sitio aparte... a-aspiro a enseñar magia, alguna vez. Hay mucho en el futuro, no escasearía labor para nadie que desee trabajar. ¿Podría pensar en ello, Aran? -
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Re: [Social] Lejos del norte [Priv. Pelleas]

Mensaje por Aran el Jue Sep 28, 2017 5:53 pm

Parecía que no recibiría entonces la explicación que esperaba, cosa que lo decepcionó, aunque solo un poco, porque entonces estaba en culpa de no haber preguntado como era debido. Sin embargo, el príncipe sugirió demostrárselo en otra ocasión.- A eso no me negaría -sonrió Aran de regreso. Si se lo ilustraba de esa manera, sería capaz de comprender mejor la clase de magia a la que se refería, aunque cómo lo haría no entraba en su entendimiento. Seguramente sería una de la que no hacía uso el ejército de Begnion, porque si no tendría al menos una leve concepción de a lo que se refería.- Espero que sí sea cierto que volvamos a vernos. Si vuelve a Etruria, no sería raro. -dijo esto, pues Daein aún no era un destino fijo para él, incluso si no lo negaba del todo. E incluso de esa manera, no le gustaba la idea de decepcionar las esperanzas del príncipe. Tan solo imaginar que alguien muy respetado daba su tiempo para hacerle una proposición como tal, lo obligaba a considerarlo detenidamente. Es más, incluso si decía que no, no podría dejar de pensar al respecto, tentado por el simple hecho de cumplir lo que le sabía a una orden. Entonces se sorprendió al encontrar a Pelleas algo más cerca, cuando creía que sus palabras lo desanimarían de seguir insistiendo. No era esa su intención, pero lo había imaginado.

Al parecer, lo que quería el príncipe de él era en realidad muy insignificante, y eso trajo dudas al soldado, quien no podía creer del todo que al reencontrarse, tan solo compartieran palabras, si es que era en Daein. Sobre todo porque no se veía a sí mismo haciendo tal cosa, con la idea de que en verdad tan solo ocuparía el tiempo de alguien de su estatus y nobleza. Debía haber una razón firme para ello, o solamente iría a ocupar un espacio, a pararse en un rincón de un gran salón sin nada que decir, tan solo teniendo a una persona a la que dirigirse, y bajo la silenciosa mirada de quienes, sin mencionar cosa alguna, lograrían reducirlo, como siempre, al papel de un simple soldado de infantería.

- Si quisiera reclutarme, ya sabría mi respuesta, pero como sé que no lo está haciendo, no he dicho nada. -afirmó seriamente, hablando ahora con total confianza. Aquella era una mentalidad que por nada del mundo cambiaría, por lo que no temía compartirla entonces.- ...Pero en verdad parece que querrá saber que tan solo he vuelto a Daein, aunque sea solo una vez, por la razón que sea, ¿No? -cruzó los dedos y frunció el ceño. En verdad era bastante simple. Entonces, en su pensamiento intentó encontrar otras razones para volver a Tellius, una que tarde o temprano podría llevarlo al reino del príncipe, así cómo él deseaba. Se sorprendió al escuchar que Pelleas nombraba la capital, cosa que le sacó una súbita sonrisa- ¿Sabe usted? Nunca he estado en Nevassa. Mis padres solían contarme como era la capital, pero nunca he podido imaginármela como tal. Era uno de mis sueños, antes. -la pregunta que le sucedió hizo que continuara con aquel nuevo y animado tono de voz.- Kisca, vengo de Kisca. Probablemente no conoce el pueblo, es uno muy pequeño, y apenas tiene una capilla muy humilde. -o al menos así le recordaba. De todas formas, la posibilidad de que la ciudad de Kisca hubiera crecido en magnitud e importancia en los últimos años era muy reducida, ya que nunca habían tenido ventajas en ningún ámbito comercial que trajera recursos del reino a ellos.

Ahora era que el príncipe mencionaba para él un gancho para quedarse en el país, cosa que atrajo su atención inmediatamente.- Un trabajo... -Aran no necesitaba oro. Ni comida, ni alojamiento aparte de lo que había encontrado ya en Etruria. No era cierto que quería uno, pero la posibilidad de ayudar, aunque fuera un poco, a la nación que lo había visto crecer era demasiado dulce como para ser ignorada.- Lo que usted dice, no está tan mal. -murmuró, mirando hacia abajo y posando sus dedos en su barbilla.- Aunque, si tuviera que hacer algo por un cambio, me gustaría dedicarme a un oficio mucho más humilde, como, quizás ...¿El tallado?-no había mencionado su gran interés en este último.- Para eso no necesito que usted me consiga un empleo, no tiene que molestarse con suministrarme nada cuando no me lo merezco. Soy quien menos desea que le paguen. -le dijo. Su preocupación era cálida, pero no tenía razón de ser. Aún así, todo aquello había dejado en Aran una expresión tranquila y asertiva. Miró al príncipe y le sonrió de medio lado.- En verdad Daein parece en buenas manos con usted. Nunca había oído de un príncipe que se dedicara a enseñar a otros. Parece que el reino en verdad ha cambiado, ¿No? Pues... -estiró y rotó su brazo derecho, poniéndose de pie.- Creo que en verdad me está convenciendo. Quiero ver que tan distinto es Nevassa de Sienne; si están reconstruyendo, no puedo verme diciendo que no a prestar una mano. Y si, quizás, vuelvo a visitar a mi familia, podría asegurarle que pensaría en cruzar la frontera, si ya sé que el viaje no es tan largo, ni extenso. -observó por detrás de él, donde se encontraba aún la carreta del príncipe.- ¿Lo dejaría tranquilo si de alguna manera le mencionara que estoy allí, aunque no nos veamos? No sé por qué le alegraría tal cosa, pero puedo hacerlo, con gusto.
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Re: [Social] Lejos del norte [Priv. Pelleas]

Mensaje por Pelleas el Dom Oct 15, 2017 12:43 am

Asintió un par de veces a medida que el soldado hablaba, percibiendo que, en efecto, la noche comenzaba a aclarar desde la inexorable negrura a un tono cada vez más azul, permitiéndole ver mejor al hombre a su lado. Confirmaba que todo lo que quería era, en primer lugar, no perder por completo el contacto con un errante daeinita, y en segundo nada más que saber que se había reencontrado con la patria. Sólo eso, pura y llanamente; esperaba que en sus intentos de transmitírselo Aran pudiese creerle. Parecía hacerlo, cuanto menos. Pelleas le escuchó, a sabiendas que todo lo que había propuesto era de peso, nada simple que considerar ni rápido de decidir. Aún así, seguía cada palabra y se hallaba esperanzándose cada vez más a medida que el varón de claro cabello verde proseguía, hablando con más soltura respecto a Daein. Por algún motivo, esa clase de conversación era también suficiente para ponerle en buen humor, ampliando la sonrisa en los labios del sabio. Contento de una forma inexplicable hasta para él mismo, se vio momentáneamente despojado de su timidez y sus reservas, respondiendo pronto al oír del pueblo de origen de Aran.

- ¡N-No lo conozco! ¡Me sorprende! Conozco un poco todas las regiones, y sin embargo no había escuchado el nombre... vaya, perdón. - Aún disculpándose, lo hacía de buena gana, francamente sorprendido de desconocer Kisca. Debía ser tan pequeño como el soldado lo recordaba. - Yo tendría que visitar, como usted también tendría que visitar Nevassa. Hay mucho pendiente, ¿no es así? - Agregó, riendo un poco, aún cuidadoso respecto a su volumen. La perspectiva futura le hacía feliz, aunque aún hablasen solamente de muchos si es que sucede. Pelleas intentaba mantenerlo en mente, mas la esperanza persistía. Dejándose llevar, comentó en una voz calmada, muestra de su comodidad con la compañía y la situación. - De pequeño vivía en una ciudad no muy grande, separada de Nevassa... pero podía ver la muralla a lo lejos. La miraba todo el tiempo, cómo se juntaba la nieve en invierno y no desaparecía del todo hasta el verano. Cuando al fin pude ir, vivir con su Majestad... hice lo mismo, pero desde adentro. Es agradable lugar. -

Dejando de lado aquellos recuerdos sueltos, la clase de ideas que sólo acudían a él cuando extrañaba demasiado su hogar o se hallaba particularmente alegre, se volvió un poco más hacia su acompañante y le escuchó, paciente, en lo que parecían ser sus pensamientos en voz alta. Era testigo de cómo Aran consideraba el viaje, las opciones, cuestionaba la posibilidad y parecía comenzar a decidirse. A su vez, en la quietud de los momentos previos al amanecer, hallaba agradable silenciarse un rato y sólo seguir el profundo sonido de la voz ajena, hablando de temas de un futuro que no se le hacía nada menos que nostálgico, interesante y alegre. Más de una vez Aran había dicho ser alguien muy simple, en un tono más negativo que positivo, mas Pelleas discrepaba con firmeza. Había algo confortante en lo simple. - Por algún motivo, es... fácil imaginarlo en una carpintería. - Fue todo lo que le dijo al respecto, sincero. Parecía la clase de persona, de algún modo, y sin falta se lo imaginaba ya tallando en una de las carpinterías de reconstrucción de la ciudad. No se lo diría en ese entonces, pero querría estar seguro de que consiguiese un trabajo de su agrado y ayudaría como pudiese, fuera de vista, si no sucedía. Miró al hombre alzarse y volvió a sonreír ante su halago, sin temor a responder aún en sinceridad. - ¿Quizás se deba a que yo soy un mejor mago que príncipe...? P-Pero lo intento, quiero que mi patria esté bien. - Estaba bastante seguro de que así era. Era un buen estudiante de magia y aunque ya había intentado serlo en política, no funcionaba de la misma forma. Quizás fuese algo que en cierta forma tenía en común con Aran, el soldado que prefería oficios calmos.

Y allí estaba la conclusión a todas esas ideas respecto a Daein, la respuesta que el príncipe había estado esperando. Al oírla, no pudo sino seguir al otro en ponerse de pie, aprisa. - ¡S-Sí! - Respondió enseguida. No era algo concluyente, Aran no estaba prometiéndole que iría con todas sus letras, mas desde la perspectiva del mago así lo veía ya. Si tan sólo fuese alguien más físico habría tenido algún gesto celebratorio, mas se limitaba a cesar de mover sus anillos en sus dedos con inquietud, en su lugar mostrándose relajado. Continuó, apresurándose y moderándose a la vez. - ¡Pero, uhm, por supuesto que quisiera verle! Por favor. Me gustaría mucho. No me entrometeré si está visitando a su familia, pero sólo deme aviso y estaré con usted en la capital, sería fantástico. - Dijo. Inadvertidamente había cambiado su forma de hablar de un estaría con usted a estaré. Con un satisfecho suspiro, sintiendo que el pico de emoción le había cansado de algún modo, desvió su mirada al horizonte al final del camino y allí encontró los primeros asomos de rosa sobre celeste. El venidero amanecer. - Oh... está aclarando. Debería partir, mi barco zarpa temprano. -

Dicho eso, él también se giró en dirección al carro, el viento más fresco aún removiendo su capa y su cabello algo largo. Tenía los dedos algo helados, pero no representaba molestia alguna. A juzgar por la quietud del vehículo y un lejano pero rítmico rumor proveniente de allí, diría que el conductor se había dormido y roncaba en su asiento; su consejero y acompañante, dentro de la parte cerrada, seguramente también continuara durmiendo. Odiaría molestarlos, pero debería partir. Pensando en el tiempo de descanso que seguramente también le había quitado a Aran, no era capaz de retirarse sin mencionarlo. - Lamento mantenerle en vela de este modo. He de irme, espero tenga tiempo de descansar... y, uhm... verdaderamente espero que volvamos a vernos. - Inclinó la cabeza un poco. No cesaba de ser él, siempre sutilmente encorvado reduciendo la impresión de su altura, pero se movía con más confianza en ese entonces, sin disimular la sonrisa en su gesto ni intimidarse respecto a ver al otro a los ojos. Persistía el eterno toque melancólico en sus cabizbajas facciones, pero sin dudas estaba feliz.
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Re: [Social] Lejos del norte [Priv. Pelleas]

Mensaje por Aran el Vie Oct 27, 2017 2:33 am

En realidad no le sorprendía que no conociera un pueblo tan pequeño como el de su infancia, porque no debía, y no era importante en ningún sentido, siendo solo una comunidad en la que vivían familias.- No se preocupe de visitar Kisca. La gente allí no se preocupará, creo... -dijo con algo de gracia, aunque hablaba por lo que recordaba. Lo cierto es que rara vez mencionaban allí algo como la realeza, y por lo mismo suponía que nadie debería tener interés en conocer quién se sentaba en el trono cuando no los afectaba en absoluto en su vida diaria. Pelleas comentaba sobre la gran ciudad, la cual en su mente solo podía ver como Sienne, porque era lo que mejor conocía.- En verdad, Nevassa suena bien, pero nunca me han gustado mucho las capitales. -pensaba que a Pelleas le gustaría más por la expectativa que habría tenido de joven, pero él jamás había sentido algo similar por ningún sitio en específico.

Rió al escuchar su comentario, ante el que inmediatanente se tocó el rostro con una mano.- En verdad tengo la cara del hijo de un carpintero. -rió, sin ofenderse por la coincidencia.- Pero, no creo que usted sea mal príncipe. Al menos, lo parece, igual que yo a ese oficio. Y las apariencias sirven bastante, en verdad.- Aran había estado muy calmado también, pero la notoria emoción del príncipe lo alteró un poco, sin saber muy bien cómo responder a ella.- Le aseguro que avisaré si sucede... -dijo, careciendo seguridad. Aún no podía confirmarle nada.

Observó entonces el cielo, que anunciaba el amanecer. La oscuridad había pasado fugaz como un rayo. - En verdad es ...tarde... -y ni siquiera estaba cansado, quizás por estar ya acostumbrado a las noches de vigilia cuando le tocaban sus turnos. De todas formas sintió una profunda culpa por haber rehuído tanto tiempo de sus compañeros, cuando se suponía iba a entrenar tan solo unos minutos antes de volver al campamento. Debían de estar preocupados, era verdad, pero Aran no llegaba al extremo de despreciar su encuentro con Pelleas, ¡Era el príncipe de Daein, por Ashera! Recordarlo siquiera hacía que se sonrojara apenas un poco, por la inseguridad que tenía, de que si en verdad se había comportado de buena forma frente a una figura de tal impotancia. Aún no podía verse como un igual en ningún sentido, aunque aquella conversación había sido el esfuerzo para que empezara a considerarlo. Suspiró algo cansado, y entonces miró al príncipe con una media sonrisa.- Que tenga buena fortuna. Confíe en que le escribiré. Si es que me permiten comunicarme con usted, obviamente. -entonces le hizo una corta reverencia, bien practicada, preparada por si un día debía usarla con una alta autoridad como lo era la mismísima realeza. El caso es que su madre adoptiva le había comentado que lo hacía de manera tan torpe, que no hubo día desde entonces que no hubiera intentado mejorar al menos esa muestra de respeto.

Luego de enderezarse Aran volvió a sonreír, asintió brevemente y comenzó a bajar por la colina, rumbo al campamento. Por el camino se acercó a la carreta del príncipe, y tocó con su lanza la puerta del conductor, sin saber si estaba dormido, pero para llamar su atención de todas formas.- Atiende, el príncipe viene en camino. -le dijo. Hecho esto, continuó su marcha, sin nunca dejar de mirar por detrás de sus espaldas, para comprobar que todo sucediera como debía. Pelleas llegando a su destino, y él, donde sus compañeros. Aran pensaba que, si hallaba la inspiración suficiente, comenzaría a redactar aquella carta tan pronto fuera posible, tan solo para asegurarse de no escribir un horror como siempre acostumbraba a hacer.
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Re: [Social] Lejos del norte [Priv. Pelleas]

Mensaje por Eliwood el Sáb Nov 04, 2017 1:19 am

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