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La guerra no lo hace a uno más grandioso ( Priv. Zephiel )

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La guerra no lo hace a uno más grandioso ( Priv. Zephiel )

Mensaje por Leon el Vie Feb 24, 2017 6:32 pm

Si bien todos los preparativos habían sido minuciosamente revisados por el cuarto príncipe de Nohr, este no se podía estar tranquilo y mordisqueaba sus uñas sin cesar nervioso.
Bien protegido dentro de una carreta de viaje, el príncipe viajaba en una caravana que, en apariencia, no era otra cosa que un grupo de mercaderes que transportaban víveres y otras mercancías bajo la escolta de un pequeño grupo armado. Armadurados con los uniformes locales, el pequeño pelotón que acompañara a Leon en su travesía por Etruria, ahora se escondía tras disfraces y en carretas viajando con gran anonimato hacia un país del que solo se sabían miserias y desgracias, el caído Bern.
Porque tanto cuidado y disfraz? Porque en la actualidad su reino estaba en buenos tratos con Etruria, y sabía que  estos podrían complicarse si se veía a un  noble de Nohr viajando  hacia uno de sus países eternamente enemigos. Toda esta operación era innecesariamente arriesgada y complicada, pero el caprichoso príncipe tenía un plan, y haría todo lo que estuviera en sus manos por llevarlo a cabo, por más que fuera mucho lo que podía perder si fallaba y no tanto lo que ganaría si tenía éxito.

El carromato empezó a dar más saltos de lo habitual por lo que el mago supuso que habían dejado atrás los limpios terrenos de Lycia y se habían adentrado por fin en la caída Bern.
Sus fuentes no le habían mentido, no bien habían cruzado la frontera  pudo divisar a lo lejos los vestigios humeantes del campamento principal de sobrevivientes.
Cerró la cortina de la ventana y procedió a cambiar sus ropas. Hasta el momento venia viajando como príncipe, pero ahora debería  él también ponerse su disfraz como el resto de sus hombres. A tropezones por los baches del camino, sacó sus extremadamente prolijas ropas y se puso unas más modestas y propias del hijo de un rico comerciante. El último detalle, y el que más le dolía, fue guardar su preciada diadema, su santo distintivo como noble, y esconderlo  dentro del baúl debajo de su asiento.

***
El naranja de la tarde teñía el cielo cuando su caravana finalmente llegó hasta el campamento. Sus hombres, quienes tenían muy aprendido su papel, enseguida comenzaron a repartir alimento y bebida entre los cansados aldeanos, quienes extrañados que los comerciantes les regalaran su mercancía, estaban demasiado desesperados como para hacer preguntas, hambrientos se apelotonaban frente a las carretas con las manos extendidas mientras las fuerzas de Nohr sacaban barril tras barril diferentes  tipos de grano y agua.  
Leon, ya en tierra, caminaba seguido por dos grandes guardias y barría con ojo crítico todo aquel desdichado panorama. Apenas y se veían fuerzas militares entre los sobrevivientes y el joven mago empezaba a pensar que todo esto había sido un enorme desperdicio de recursos.
Arrugando la nariz, terco por naturaleza, no se dio por vencido y se acercó a un grupo de soldados quienes bebían cabizbajos en una improvisada atalaya.

-Muy buenas tardes caballeros-

Dijo con el único tono pedante que podía usar ante alguien que le era inferior a él en casta y posición. Así era él, ni las circunstancias adversas le cambiarían tal detalle.

-Somos un grupo de mercaderes que buscan … Revivir el espíritu combativo de las caídas fuerzas de Bern. Según dicen los rumores, su rey todavía vive y presta pelea a la plaga, mas nadie ha sabido señalarnos la dirección.
Como verán, venimos en son de paz y convivencia así que.. Serían tan amables de señalarnos donde podemos encontrar a tan distintivo caballero?-


Obviamente no esperaba que solo las palabras lindas motivaran a los soldados a darle lo que quería, asi que extendió una pequeña bolsa de oro a los presentes cuyo contenido era una miseria para un príncipe, pero el doble de lo que ganaba un soldado en todo un año.
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Re: La guerra no lo hace a uno más grandioso ( Priv. Zephiel )

Mensaje por Zephiel el Sáb Feb 25, 2017 11:12 am

Ya el sol estaba a bordes del horizonte, desvaneciendo el color de todas las cosas. La oscuridad prevalecía en el refugio entre las montañas, pues estaba prohibido iluminar el exterior, tan solo siendo las habitaciones protegidas por la luz de los candeleros. Como el cielo era lo último que se volvía negro, era posible divisar a quien sea que sobrevolarla los aires, por lo cual los jinetes de wyvern que venían en esa dirección no pasaron desapercibidos por los vigías. Corrían el riesgo de ser derribados por las ballestas, por haberse acercado cuando caía la noche, pero lograron identificarse a tiempo antes de que sucediera. Aterrizaron y requirieron la atención del Rey, con quien trataron un asunto del todo particular.

Los soldados que venían con el mensaje se habían encontrado con dos opciones antes de emprender el vuelo hacia la última fortaleza. La primera había sido revelar la ubicación exacta del rey de Bern, llevarse el dinero y huir lejos del territorio antes de ser calificados como traidores. La segunda era la que habían llevado a cabo, la más inteligente, el advertir al monarca de la amenaza antes de que los intrusos llegaran personalmente a él. Conservaron sus cuellos, pues la misiva había llegado a oídos de Zephiel, y atraído su curiosidad. ¿Cómo no podría haberlo hecho? Una banda de mercaderes... ¡requiriendo su presencia! ¡Sobornando a sus soldados para verlo! Era hilarante que cualquiera se hiciera conocer en Bern, siguiendo una corazonada. ¿Pero no estaba el mundo hecha enteramente de ellas?

Quienes lo habían llamado tuvieron que esperar hasta altas horas de la noche para recibir noticias de que, efectivamente, el rey vendría a su encuentro. Esto llegó a oídos de cuanto superviviente había en ese campamento, quienes simplemente no podían creer a sus oídos. Hasta ahora habían vivido en un completo caos, sin dirección ni límites, siendo vigilados por soldados constantemente sin siquiera saber de dónde provenían. Por la vigilia de esos soldados se había rumoreado que su rey seguía vivo, lo que ahora se había vuelto una realidad. Bern amaba, o al menos había amado al rey Zephiel, pero ante su llegada solo se veía incertidumbre y miedo.

Pasaron unas cuantas horas más de silencio, esperando. Y por fin una bandada de wyverns pudo notarse en la lejanía, viniendo en esa dirección. Las criaturas aterrizaron por detrás de una montaña, sin permitirle a nadie ver quiénes eran sus jinetes. Se oía que al parecer primero vendría un mensajero, porque el rey no deseaba mostrarse en persona. De entre las montañas apareció una sola persona encapuchada, la cual se acercó tan solo a mitad del camino, esperando a que el mercader que quería hablar con él se acercara por su propia cuenta. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca para escucharse los unos a los otros, la figura encapuchada alzó la voz:

- El rey no se presentará hasta que el mercader explique, de nuevo y en detalle, sus objetivos al convocarlo. -dijo. La brisa ondeaba las terminaciones de su capa, larga y oscura. De su rostro no podía verse nada.

Más allá podían verse los wyverns, ahora encima de la montaña donde se escondían, vigilándolos. Cualquier movimiento en falso, y el encuentro acabaría. Tenían apuntadas sus armas hacia la escolta, e incluso hacia los supervivientes que se aproximaban con curiosidad.

-Necesita saber a qué, exactamente, se refieren con revivir "el espíritu combativo de Bern".
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Re: La guerra no lo hace a uno más grandioso ( Priv. Zephiel )

Mensaje por Leon el Mar Feb 28, 2017 12:45 am

Leon caminaba de un lado al otro inquieto dentro del campamento de refugiados. Si bien todos eran extremadamente amables con todos ellos, ya que le estaban salvando de las calamidades de la falta de agua y comida, las miradas sospechosas para el “grupo de generosos mercaderes” estaban en cada rincón. Esto de hecho, si bien molestaba al príncipe, no era lo que le tenía inquieto. La noche había cerrado sobre sus cabezas y todavía no tenía noticias del rey de Bern.  Es más, la mayoría de los aldeanos a los que había preguntado, aseguraban que estaba muerto, que había caído junto con el palacio.
Mordiendo su uña pulgar incesantemente, Leon no se estaba quieto. Había sido todo este viaje, todo este despilfarro de recursos solo una pérdida de tiempo? No, se negaba a creerlo. Sus fuentes fuera del país le aseguraron que el rey, si bien oculto, respiraba y vivía escondido en las sombras. Por eso estaba sobornando cuanto soldado vio, ya que seguramente más de uno sabia donde escondía sus colores el rey del ahora literal negro país. Pero de momento su plan parecía no querer dar frutos, solo chuparle recursos.

Acomodó todo dentro de su carromato para poder partir. Sin un rey con el que comercializar no tenía sentido permanecer entre esas ruinas, así que todo estaba dispuesto para que la caravana viajara de regreso a Etruria a la primera luz del alba.
Estaba por cambiarse sus ropas por las de cama, cuando la voz de alarma de que un grupo de wyvers se aproximaban hizo diera un pequeño salto en su sitio.
Expedito salió del carromato para poder verlo con sus propios ojos. En el horizonte a la lejanía podían verse las siluetas de las enormes y escamosas bestias camino hacia ellos. Enormes y feroces bestias que inquietaban un tanto a sus hombres pero que alentaban al príncipe a seguir con su plan.

“La invitación ha sido recibida, bien bien… esto no ha sido del todo en vano”.

El encapuchado y misterioso mensajero se paró a la corta distancia del campamento y vociferó a voces su concreto mensaje.
Leon chasqueo la lengua. En su plan suponía que el rey se presentaría en persona, mas ahora que estaba allí y veía de primera mano la situación le era claro que enviaría un mensajero antes para aclarar todo.
Sin perder la calma, se acomodó el cuello de la camisa y se dispuso a amoldarse al cambio de planes. No se le estaba cerrando ninguna puerta en la cara, tan solo se le agregaba un escalón más a su ascenso.

Sin guardias que le acompañara, el príncipe vestido de mercader caminó hasta parase frente al vocero, vistiendo una elegante camisa blanca y unos pantalones azabache simplemente, avanzando con las manos extendidas para demostrar que iba en son de paz y completamente desarmado.  
Detrás de él sus guardias se removían nerviosos por verle pararse frente a tanta bestia alada. Pero más detrás los murmullos del campamento se incrementaban a cada segundo. El mensaje había llegado: su rey estaba vivo.

Cuando estuvieron cara a capucha habló con un tono que le escuchase el mensajero, pero que se le dificultara oír desde el campamento de supervivientes.

-Muy buenas noches. Como su majestad lo pide me presento, mas solo ante usted, vocero, ya que no quiero develar mi posición o título ante todo un campamento que rápidamente esparcirá la voz.
Mi nombre es Leon, cuarto príncipe a la corona de Nohr, perteneciente al linaje de Anakos.-


Se sacó el anillo con su heráldica del pulgar y se lo extendió al encapuchado para que este pudiera verificar que sus palabras eran ciertas.

-Si tengo tu palabra de que me lo regresaras, puedes llevarte mi anillo como prueba para tu señor.
Mi motivo de este viaje hasta tierras tan lejanas a mi hogar? Aliar fuerzas por supuesto. Los detalles los discutiré únicamente con su majestad y en privado.
Puedes llevar mi mensaje hasta tu señor. -
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Re: La guerra no lo hace a uno más grandioso ( Priv. Zephiel )

Mensaje por Zephiel el Mar Feb 28, 2017 5:49 pm

El mensajero oyó sin mediar palabra, quieto, enfocado en quien tenía frente suyo. Era tan joven como le habían hecho saber, mas demostraba una alta educación por las cualidades de su habla. No era la imagen que tendría de un mercader, al menos de ninguno que tuviera las agallas para adentrarse en tierra de nadie. Y su escolta, una cantidad digna de guerreros como para proteger una casa noble. La manera en que hablaba no se le hacía familiar, por lo cual podía adivinar fácilmente que no provenía de Bern, mucho menos de Elibe. Un extranjero, el cual no tardaría en revelar su alto estatus. No fue apreciable como, en la oscuridad de su rostro, el encapuchado alzó ambas cejas en manera de sorpresa. Había mencionado a Nohr, nación de otro continente conocida más que nada por su poderío militar y tierras áridas, de la misma manera que el territorio de wyverns donde se encontraban. Más importante que eso, se había revelado como príncipe de su reino. Un príncipe aventurero, por lo que podía suponer. El mensajero alzó la mano y recibió la joya, testimonio de que las palabras del otro eran ciertas. Acarició el anillo en la palma de su mano enguantada, demasiado grande para sus propios dedos, y apreció el sello de cerca.

- Sin lugar a dudas, es el símbolo de la realeza de Nohr. -corroboró en un susurro, el cual pronto se transformó en una silenciosa y sutil carcajada.

El encapuchado volvió a alzar la vista, encontrándose con ojos ajenos a los de su conversación. Viendo esto, levantó su mano en el aire, de manera que los wyverns apostados en la montaña pudieran verlo. Después señaló por detrás de la figura del príncipe, donde existía la brecha entre ellos y el campamento. Los jinetes reaccionaron en el acto, levantando en vuelo a sus bestias de sangre fría, y planeando prestos hacia el punto que les habían señalado. Cayeron con fuerza sobre la tierra, y cortaron en camino incluso a los guardias del príncipe, ahuyentando a los supervivientes y sirviendo de muro. Así por fin estaban solos, sin que pudieran ser interrumpidos.

- No entres en pánico, príncipe de Nohr, o me veré obligado a combatir a tu pequeña resistencia. -dijo, todavía en un volumen en que era difícil que fueran escuchados.- Como ves, estoy también desarmado.

De su boca venían palabras que ningún vocero sería capaz de dar, si es que quería conservar su cuello intacto. Si sus órdenes no habían sido suficientes para delatarlo, acto seguido echó su capucha hacia atrás, revelando su rostro. La única luz capaz de descubrir sus facciones venía del campamento, de la cual los wyverns hacían largas sombras en su dirección. Sin embargo el rostro de Zephiel, rey de Bern, era inconfundible. Había permanecido indistinto desde la última vez que lo había visto su pueblo, y si no fuera por la intervención de los wyverns, sin duda lo habrían reconocido. No llevaba puesta la corona, aunque podía notarse que llevaba puesta su armadura ligera bajo la capa negra.

- No perderé el tiempo contigo. Me hablas de una alianza, ¿Pero vienes siquiera en nombre de Garon, rey de Nohr? -apretó en ceño.- Me pareces una mala broma. Sin embargo, te daré el beneficio de la duda.

No confiaba. Ni siquiera hubiera confiado del primogénito de Nohr, heredero al trono, si se hubiera presentado en lugar del príncipe Leon. Parecía además que venía por su propia cuenta, sin respaldo de nadie. No había razón para creer que un reino lejano y en ascenso tuviera la benevolencia de formar una alianza con los restos de una nación caída.
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Re: La guerra no lo hace a uno más grandioso ( Priv. Zephiel )

Mensaje por Leon el Lun Mar 06, 2017 7:03 pm

El príncipe arqueó una ceja ante la súbita risa del mensajero  por mostrarle su sortija real. Acaso en Bern no se acostumbraba mostrar la sortija con la heráldica al presentarse casas nobles? Desconocía esto pero si bien, podía tomarlo como un simple choque cultural, ahora empezaba a temer que no se le fuera a devolver el anillo.
Cuando sus ojos se encontraron, Leon volvió rápidamente a su expresión estoica que tanto le identificaba mas poco le duró su firmeza porque el mensajero alzó la mano y las bestias aladas que viajaban como escoltas alzaron vuelo para colocarse en la brecha que les separaba de su propia escolta personal.
El susto fue notorio en el cuarto príncipe de Nohr quien rápidamente llevó sus manos a donde generalmente  colgaba su tomo mágico solo para cerrarlas en el aire con frustración. Se giró hacia el mensajero a punto de exigirle explicaciones de todo este alboroto y este de inmediato se quitó la capucha, mostrando las facciones que le habían descripto con anterioridad como las del rey de Bern.
Sus propias tropas, desde el otro lado de la barricada de bestias, desenfundaron sus armas y a poco estuvieron de cargar contra los dragones, si no fuera que  Leon levantó en alto su puño en una postura estoica habitual en él. Su hombres la vieron y entendieron que todo estaba bajo control sin necesidad de gritar órdenes por encima del chillido de las bestias. Los soldados enfundaron sus armas nuevamente pero mantuvieron formación, listos para cargar contra la barricada.

Leon soltó un largo suspiro mientras bajaba lentamente el puño y esperaba que su corazón se calmara. Muy cerca había estado de presenciar un auténtico caos que le podría haber costado algo más que solo unos pocos hombres. Colocó las manos tras la espalda y se giró hacia su anfitrión.

-Lord Zephiel, gobernante de Bern, si no me equivoco.-

Dijo con tono apaciguador dando una ligera reverencia con el  torso intentando mostrarse calmo y sereno, pero una ligera gota de sudor en su cien daba cuentas que su tranquilidad no era total todavía.

-Es un honor estar en su presencia, le agradezco mucho que se haya tomado las molestias de recibirme.
Como le he dicho cuando le creía un mero mensajero, una alianza es lo que os vengo a proponer. Y permítame pedirle disculpas si le he faltado el respeto en cualquier momento mientras no sabía su verdadera identidad.-


Hizo una pausa antes de continuar ya que ahora había un factor que el príncipe desconocía con el que iba a tener que liderar y era el conocimiento de parte del monarca de su reino.
Leon había intentado estudiar la historia real de Bern antes de abandonar Nohr, pero los libros sobre Elibe eran difíciles de conseguir desde Akaneia. Cuando llegó a Etruria no compró libros o miró nada que tuviera la heráldica de Bern, para no levantar sospechas y recién al cruzar la frontera con Lycia, y bajo el resguardo de su fachada de mercader,  prestó oreja a los rumores y recaudó información de su posible futuro aliado.
Aun así, todavía en su bolsillo guardaba la poca pero vital información que había obtenido por su tuerto retainer, la cual lo habían empujado en toda esa loca y arriesgada expedición, la que hacia que sintiera que no estaba caminando a ciegas ante el fornido rey.
Que sabía de Bern? Pues que el lord Zephiel era quien gobernaba. Hijo legitimo del anterior gobernante, el rey Desmond, y que su país se encontraba en situación tensa con.. bueno, con casi toda la región.
Suspiró una vez más. Si bien no sabía que tanto más sabia el monarca de él mismo, tenía que jugar como si supiera toda la historia de Nohr, de igual manera se creía capaz de salir victorioso a pesar de las pocas cartas que tenia de su lado.

-Veo que su majestad es no solo poderoso sino que también ilustrado. En efecto mi padre, el rey Garon, se encuentra actualmente lejos de nuestra tierra natal y he venido hasta aquí por mi cuenta.
No menosprecie mi propuesta todavía, se lo ruego. Sé que no le paso de los hombros pero he viajado desde tan lejos con una idea para usted que, creo, le interesará.
Además todo momento no hemos mostrado sino buenas intenciones para con usted y su gente. Por favor, no nos llame resistencia, no tenemos ninguna intención de pelear con usted. –


Última edición por Leon el Lun Mar 20, 2017 12:53 am, editado 1 vez
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Re: La guerra no lo hace a uno más grandioso ( Priv. Zephiel )

Mensaje por Zephiel el Mar Mar 07, 2017 10:40 pm

No lo subestimaba. No había quien ignorara que hacer daño a un príncipe era razón suficiente de guerra, y si no era necesario para su supervivencia no valía la pena tomar el riesgo. Por eso dio la orden sigilosa a los jinetes para que callaran a sus wyvern , pues ya habían hecho su trabajo que era el de espantar a los indeseados. Se dio el tiempo de escuchar a quien lo había convocado, quien al parecer tenía el temple suficiente para enfrentar la tensión que los separaba. Hubiera sido muy distinto si le hubiera tocado intercambiar palabra con un cobarde, pues hubiera tentado su paciencia. Y en un principio creyó que se trataba de uno, por la ridícula puesta en escena que había creado, de la cual siguió el ritmo hasta que dejó de causarle gracia.

- No vienes en nombre del rey. Hmph… espero no ser tu juguete para practicar la diplomacia, príncipe. -comentó, relajando la expresión de su rostro.-Te escucharé. Sin embargo, no a campo abierto, y mucho menos cerca de este campamento. -le hizo saber.

Era cierto, pues estaban completamente desprotegidos. Zephiel podía estimar con mucha facilidad que el tiempo que llevaban esos supervivientes allí era muy corto, porque sino sus tiendas de campaña hubieran sido arrasadas a escombros. Si un emergido llegaba a identificarlos en la oscuridad de la noche, bien podían esperar ser emboscados por un grupo mayor.

- Iremos a un fuerte abandonado. -le anunció, sin darle cabida a que lo contradijera, pues para él no había otra opción.- Son diez wyverns, solo puedes traer a nueve de tus hombres si desconfías de lo que ordeno. -Zephiel montaba una bestia propia, donde el príncipe lo acompañaría.

El rey había sido instruido hasta la excelencia en los dos tipos de monturas predominantes de Bern, el caballo y el wyvern, aunque mejor sabía manejar los primeros que los últimos. Tampoco poseía el entrenamiento necesario para luchar a lomos de ellos, por lo que usaba a sus bestias tan solo en el transporte. Una criatura voladora, al menos una oriunda de Bern, solo era capaz de cargar con dos cuerpos a la vez, y de ese modo el vuelo ya se les hacía muy dificultoso. Cuando el wyvern de Zephiel, una criatura de escamas de un color celeste opaco, se acercó a su llamado, el monarca subió presto y esperó con la bestia agachada a que el príncipe también subiera.Los otros jinetes hicieron lo mismo por si los guardias se atrevían a enfrentarse al vuelo.

- Admitiré un detalle, príncipe. -le llamó la atención a lomos de la bestia, sin ni siquiera mirarlo directamente.- Sé bien sobre las monarquías de cada continente, y conozco gran parte de las características de cada reino. Sin embargo, hace meses que deambulo en la total ceguera. Bien haces en no mentirme, pero serías capaz si me dieras falsa información sobre Nohr, ya que no tengo manera de corroborarla. Aún así, sé que los wyverns también rondan tus tierras...

Cuando Leon subiera junto a él, emprenderían el vuelo hacia dicha fortaleza, que no era en la que se escondía su ejército sino otra muy lejana.
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Re: La guerra no lo hace a uno más grandioso ( Priv. Zephiel )

Mensaje por Leon el Mar Mar 14, 2017 5:52 pm

Leon intentaba permanecer estoico y erguido en todo momento, con la espalda perfectamente recta y ambas manos detrás de la espalda, postura que se le reconocía como propia en su corte y la que siempre tomaba cuando quería demostrar confianza y seguridad, en especial porque ayudaba a disimular como le temblaban las manos a su espalda.
Motivos para estar nervioso? El príncipe tenía millones. Para empezar salir vivo de toda esa enredada situación. Que el monarca frente a él  aceptara el trato a pesar que Nohr ya tenía tratos similares con otros países de la región y por último, que su hermano en persona, aunque volviera exitoso a casa rodeado de éxitos y triunfos, no le encerrara en una torre por décadas por ponerse en una situación complicada. Si, el peso que ponía en la balanza era mucho y si, debió mandar a un mensajero en lugar de ir él en persona, pero el estoico mago rara vez confiaba en alguien más como para dejar que hablaran por él.

-Como usted diga majestad-

Se giró sobre sus talones para dar las ordenes a sus hombres y dos de sus hombres dieron un paso hacia adelante con sus armas enfundadas para subir sobre las bestias que se les ofrecían. El resto de las tropas de Leon se reagruparon alrededor de los carromatos y empezaron a armar campamento, preparándose para  esperar pacientes el regreso del príncipe.
Leon volvió entonces y  de buen ánimo aceptó el lugar a lomos del wyvern personal del rey Zephiel.

-Todo un honor viajar con usted, majestad.
Eso es correcto. Sin ir más lejos mi hermana mayor, la princesa Camila de Nohr, es una habida y poderosa entrenadora de wyverns. Y lo que le digo podrá comprobarlo con suma facilidad en cualquier taberna en Akaneia. Es tan sabido como que yo me dedico a la magia o que mi hermano Xander es un gran espadachín. –


Mantenerse hablando le ayudaba  a mantener la mente ocupada y no prestar atención a la cantidad de errores que podía estar cometiendo el monarca en comparación a la perfecta técnica de su hermana a la hora de levantar vuelo. Si bien el mago había volado en anteriores ocasiones sobre bestias similares, admitía que no confiaba en ninguna que no hubiera sido entrenada por su hermana mayor, quien era la única en quien confiaba en poder calmar a la bestia más desaforada, así que tragando saliva se sentó a la espalda del monarca y afirmó sus dedos con fuerza a la montura.  

-Si bien en Nohr no nos dedicamos a la cría de  wyvers, ya que nuestro principal comercio es el de armas, sabemos que nuestro clima es ideal para su crecimiento y desarrollo y tenemos un par de nidos de estas criaturas–

Apretó los labios para no gritar en el momento que abandonaron tierra firme.
Guardó silencio todo el viaje y la llegar, pese a que intentó disimularlo con todas sus fuerzas, si alguien le tomara de la mano notaría enseguida que esta le temblaba.

-Es-es un encantador lugar este… Estoy seguro que antaño brillaba con luz propia.-


Dijo Leon mientras terminaba de recuperarse del agitado (para él) vuelo, sin prestar real atención a su alrededor.

-Ahora si podremos por fin poner las cartas sobre la mesa sin más interrupciones? O continua dudando sobre mi palabra?-
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Re: La guerra no lo hace a uno más grandioso ( Priv. Zephiel )

Mensaje por Zephiel el Jue Mar 16, 2017 3:31 pm

Zephiel no quiso responder a lo que el príncipe decía, más los comentarios rondaban en su mente. "No es sino deplorable que sus nombres se conozcan en esos agujeros", por ejemplo. En todo momento miraba a sus espaldas, sin descuidar los movimientos del príncipe. Que viajara junto a él mientras sostenía las riendas era algo que nunca antes había permitido a nadie, ni siquiera en sus entrenamientos, cuando el antiguo general de wyvern de su padre tenía su enseñanza bajo su cargo. Pero debían irse; Zephiel sabía bien que las bestias voladoras eran fáciles de detectar en vuelo, y ya había sufrido una vez las consecuencias de un descuido de esa magnitud.

Tiró entonces de las riendas, y presionó con sus pies las alas del wyvern para hacerle saber que debía elevarse. El enorme reptil rugió y aleteo, levantándose en los aires. Manejaba a la criatura con mucha rudeza, aunque bien estaba acostumbrada a ese trato y obedecía sin resistencia. Sus jinetes imitaron sus movimientos y lo siguieron yendo en dirección contraria por la que habían llegado, pasando por encima de las cabezas de la guardia que se había asentado en el mismo sitio. Siguieron la cadena montañosa de la que el reino tanto se enorgullecía, divisando a un costado una de las pocas planicies del territorio, cubiertas de verdes pastos. Los pueblos solían asentarse en lugares así; incluso podía verse una villa vuelta cenizas en la distancia. Iban rápido, cubriéndose detrás de cuanta roca pudieran mientras planeaban. No tardaron en hallar el edificio mencionado, una estructura enteramente hecha de piedra, con dos torres a cada horizonte y cuyo costado derecho estaba derrumbado y dejaba ver su interior. Zephiel aterrizó a la criatura justo delante de la puerta, y con un simple salto desmontó de ella.

Sacudió sus vestimentas mientras esperaba a que el príncipe hiciera lo mismo, y una vez allí lo escuchó, teniendo todavía la paciencia de hacerlo.

- No era más que un puesto de avanzada. -aclaró, aunque era un detalle sin importancia.

Se quitó la capucha, posándola en el lomo de su wyvern que esperaba pacientemente, y en plena oscuridad decidió platicar junto con el príncipe Leon, no permitiéndole a nadie encender fuego para iluminar sus rostros.
Debía admitir que al escuchar al príncipe, poco a poco comenzaba a ver en él una juventud que creía olvidaba. No indagó demasiado en las similitudes, ya que tampoco era su de su interés hacerlas conocer, aunque a primera vista fueran tantas. Ahora lo que importaba era esa propuesta y sus implicaciones en el futuro de Bern. Una alianza... ¿qué pensarían otras naciones de una acción similar?

- Tienes el permiso de desarrollar tu propuesta.-dijo, agravando la voz.- Las fuerzas de Bern están diezmadas, no hay manera de ocultarlo. Y por eso mismo debes responder a estas preguntas. -Su voz seria y pausada.- ¿Qué clase de relación tiene Nohr con el resto de Elibe? ¿Por qué Bern, siendo que no es el único reino caído a tu disposición de convencer? Es algo que no debe faltar en tu extraña propuesta, príncipe..

El rey mantenía su distancia, observando al joven noble, estudiándolo. Pudo notar su pose rígida, pero no mucho más, pues no había luz que delatase el resto de sus gestos. El silencio era entonces suficiente razón para permanecer expectante de lo que ellos dijeran; sus guardias observaban desde donde no pudieran escuchar, apuntando sus armas el uno al otro ante la orden de quienes los comandaban. Pero podían descansar sus armas, pues Zephiel estaba dispuesto a escuchar como no habría hecho con ninguna otra nación del continente.
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Re: La guerra no lo hace a uno más grandioso ( Priv. Zephiel )

Mensaje por Leon el Lun Mar 20, 2017 1:29 am

Con una mano sobre su pecho, el cuarto príncipe de Nohr todavía no se recuperaba de la emoción del viaje en wyvern. Simulando estarse acomodando el cuello de la camisa, Leon trataba enérgicamente de hacer que le dejaran de temblar las manos, pero por supuesto, apurarse a hacerlo no ayudaba en nada.

-Pues, será solo un puesto de avanzada, pero sigue teniendo una gran y fuerte infraestructura que se nota que no cedió ante la tempestad. Un testimonio en pie del carácter de este reino, si no me equivoco.-


Con sus manos ahora un poco más en control, Leon pudo por fin girarse y enfrentar cara a cara a su anfitrión, irguiendo su espalda como le era costumbre y ocultando ambas manos a su espalda.

-Majestad, no suene tan derrotista con usted mismo. Si sigue repitiendo tales palabras cometerá el error de creérselas usted mismo.
Las fuerzas de Bern podrán haber perdido la batalla, pero derrotadas? Esta realmente su espíritu combativo y su afán, su chispa, muerta? No, hasta que eso no ocurra a mis ojos Bern no ha perdido, solo le ha llegado el momento de mirar el tablero con otros ojos.-


Tomó una larga bocanada de aire mientras juntaba valor para decir las siguientes palabras. Iban a ser las más difíciles, ya que eran la pura y cruda verdad.

-Porque nos interesa Bern? Porque sois una nación a la que podemos considerar hermana, la única en todo vuestro continente.
En Nohr seguimos al gran y negro dragón como nuestro guía espiritual. Nosotros, la familia real, incluso nos enorgullecemos de poseer parte del legado de Anakos en nuestras propias venas. Algo similar pasa en nuestra hermana Plegia, aunque ellos le cambian el nombre.
Grima creo que le llaman… no viene al caso.
Por lo que he podido escuchar de vos al otro lado del mundo, es que compartís una visión similar a la nuestra. Que es Anakos, nuestro señor, quien debería estar en control de esta tierra. Por favor corríjame en este instante si he malinterpretado su accionar, sería muy fácil hacerlo estando yo al otro lado del mundo y solo basándome en escritos y crónicas de guerra, pero si algo me ha llegado una y otra vez de usted, es que … afirmáis que los dragones son la raza más pura, y los humanos la plaga-


Contuvo el aliento al terminar de decir estas palabras, ya que eran un extracto casi literal de las páginas robadas del diario de su majestad. Cual serian el impacto? Pues esperaba que pasaran desapercibidas, pero de igual manera estaba listo para afrontar cualquier tipo de reacción por parte del guerrero en desgracia.

-Si no estoy mal informado, pues es exactamente lo mismo lo que buscamos. Por lo que aliarnos es simplemente lógico, no lo cree?-
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Re: La guerra no lo hace a uno más grandioso ( Priv. Zephiel )

Mensaje por Zephiel el Miér Mar 22, 2017 1:35 pm

Zephiel no decía más que una verdad. Ya hace tiempo no sabía si llamar a su ejército como tal, o tan solo referirse a él como supervivientes armados. Los cumplidos del príncipe no hacían nada por cambiarlo, pero algo en ellos era cierto, y ese algo era que el rey, junto con sus generales, no se había rendido todavía a las fuerzas emergidas. Todavía faltaba para que cediera su brazo ante la tempestad, y no daría tregua a sus enemigos hasta que le arrebataran el aliento con la hoja de una espada. El reino de Bern todavía existía, y llegaría el día en que volvería a levantarse.

Ahora importaba qué clase de interés tenía Nohr en la tierra caída, y el príncipe no tardó en hacerle saber a Zephiel sus razones. Este último en un principio no parecía impresionado, ¿Naciones hermanas? ¿Adoradores de dragones? En Bern Harmut, héroe del pasado, era el progenitor de la realeza, y la religión del país se enfocaba de forma estúpida en una clériga de nombre Elimine. No había parecido, al menos hasta que Leon habló de una visión similar entre ambos. Zephiel abrió los ojos incluso antes de que el príncipe terminara su discurso, legítimamente sorprendido de lo que aparentaba saber. Recordaba haber escrito esas palabras mucho antes de que el castillo cayera en manos enemigas, un escrito que había perdido, y que había continuado a pesar de ello. Su voluntad estaba explicada de manera que cualquiera que leyera el libro por su cuenta fuera capaz de entenderlo, pero no estaba pensado para ser difundido de ninguna manera, y mucho menos para la realeza extranjera.

Buscó el pomo de su espada, pero no la encontró allí donde siempre la traía. No sabía si arrepentirse o no de haber dicho la verdad, estando realmente desarmado, pero olvidó pronto ese detalle. Bastaba con sus palabras para hacerle saber su voluntad. Se acercó hasta cerrar espacio entre ambos, tanto que ahora sí podían verse claramente, y podía apreciarse mucho más la diferencia de altura entre ellos dos.

- No sé cómo es que tienes esta información... -su tono era hostil, mas se cuidaba de alzar la voz.- Sin embargo... no puedo decir que no es cierto, incluso cuando tu definición de mi filosofía es esquelética.

Sin darle ningún espacio para respirar, Zephiel continuó sus palabras. Su tono pronto dejó de ser agresivo, pero mantenía cierto desprecio entrelíneas.

- Sé de Anakos, o Grima, que lo veneran como a un dios, igual que a Naga, su "contraparte". Hmph, no me sorprende que un continente entero se dedique a dar sus alabanzas a ellos, al menos posee más sentido que bendecir a sus hijos en la palabra de una mujer cualquiera. -dijo, intercambiando miradas entre la nada y los ojos del príncipe.- Sé suficiente de los dragones gracias a los antiguos pergaminos del castillo de Bern, los cuales he leído constantemente desde mi juventud. Y tengo la certeza de que ellos son criaturas que viven y respiran, igual que nosotros, tan solo que superiores en todo sentido. Ahora entenderás la diferencia crucial entre mi pensamiento y el tuyo... -una pausa, para dar más fuerza a sus palabras.- ¿Qué es Anakos para ti, príncipe Leon? ¿Tan solo un dios del que tu linaje dice poseer la sangre? Cualquiera es el caso, poco me importa si Nohr cree en los dragones como oráculos o concededores de deseos.

No había dicho todo lo que hubiera querido decir entonces, pero esa no era la ocasión para discutir su filosofía con nadie. Tan solo recalcaba las faltas vitales en el argumento del príncipe. Y sin embargo, un detalle de interés vino a la mente de Zephiel, ahora que tenía a la mismísima realeza de Nohr frente a él. Siempre había conocido el legado de aquella realeza lejana, pero nunca había sido testigo de pruebas que corroboraran la veracidad de sus historias. ¿Era cierto siquiera que ellos poseían sangre de dragón?

- Dime algo. -habló Zephiel, con un tono inmensamente más calmado.- ¿Tienes una manera de probar que la sangre de Anakos corre por tus venas, tanto como por las de tu familia?
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Re: La guerra no lo hace a uno más grandioso ( Priv. Zephiel )

Mensaje por Leon el Miér Mar 29, 2017 8:08 pm

Leon estaba preparado para una reacción violenta de parte del rey. Cómo no estarlo? Le estaba declarando en la cara cómo había irrumpido en su privacidad y espiado a sus espaldas. Pero por más preparado que estuviera no pudo contener un leve paso hacia atrás cuando el portentoso señor llevo su mano a donde solía guardar su espada.  
Contuvo el aliento
La distancia entre ambos se acortaba pero Leon mantuvo su espalda recta y barbilla levantada intentando mostrar calma y entereza pese a que sabía que lo próximo que podía venir era una fuerte descarga sobre su mandíbula, por lo que apretó los dientes  y escuchó con atención al molesto rey, fijándose bien en sus palabras y tratando de hacer oídos sordos al tono amenazante en ellas.

-Si bien entiendo poco de su filosofía, ya que poco es lo que he llegado a obtener de ella, de su letra pude entender que es usted un hombre turbado por un principio de justicia poco valorado por sus contemporáneos.
En mis pasajes por estas tierras el único templo que he encontrado es el de St. Elimine, una deidad humana si no he entendido mal, que ayudó en el exterminio de los dragones junto a otros siete guerreros. Estoy en lo correcto?-


Para fingir que estaba en dominio de sus emociones, pasó distraído la mano por su cerquillo acomodándolo tras el sobresalto de hace un rato. Se estaba sacando los argumentos de una galera, atando cabos en el momento mientras tenia al rey enfrente. Todo lo que sabía de los templos locales lo sabía gracias a la clériga que tanto había ayudado a su país, pero el impacto que pudieran tener estos razonamientos en el monarca… bueno, todo lo que pasara a continuación sería un constante armado de castillos con naipes.

-Oh! La existencia de dragones es algo en duda en estas tierras? Valla… no estaba enterado de ese pequeño detalle… supongo que ahora que lo menciona todo tiene un poco más de sentido. No ha viajado usted por Tellius, no? –

Callo unos segundos evitándose a sí mismo ahondar sobre el gran continente, ya que perdería el único punto de interés con el que podía encantar al monarca y su país. Tosió para disimular la pausa y prosiguió con el mismo tono altruista que venía teniendo cuando hablaba de algo que dominaba.

-Y permítame alteza sacarle un poco del desconocimiento sobre Anakos.
Tanto en Nohr como en Plegia nunca hemos dudado de la existencia física en este mundo de nuestro señor. Sin ir más lejos, los restos materiales de su última encarnación se encuentran en nuestra hermana Plegia, y ellos mismos aseguran estarse preparando para su segunda llegada.-


Hizo una nueva pausa mientras trataba de dejar de lado una larga charla sobre las diferencias culturales de ambos países que solo confundirían a su audiencia. Esta charla improvisada le estaba costando más de lo que había calculado inicialmente, sus pausas eran cada vez más notorias  y largas, solo esperaba que no se diera demasiada cuenta el guerrero.

-Oráculo? Cumplidor de deseos? Por favor, no piense que tratamos a nuestro señor como si fuera una vulgar gitana en un mercado. Anakos es nuestro guía y por su mandato nos movilizamos y mantenemos fuertes. Él es quien nos permite sobrevivir en el inhóspito Nohr, y por él es que logramos exterminar a la plaga de nuestras tierras.  
No, si lo pone en esos términos pareciera que él sirve a nosotros, cuando es todo lo contrario. Pero no se preocupe, considerando como funciona el culto a su St. Elimine por aquí, no me sorprende ni ofende tal comparación.-


Zephiel ahora le pedía pruebas sobre su linaje y Leon, por primera vez, tuvo que apretar los puños tras su espalda con rabia. Pedirle tal cosa era una completa falta de respeto, hacia él como hacia el resto de su familia, pero decidió dejarlo pasar. Cerró los ojos mientras la ola de indignación se calmaba dentro de él y decidió darle un pequeño merecido al insolente, al mismo tiempo que colmaba su curiosidad.

-Por supuesto! Si está usted realmente interesado no tiene más que mirarme directamente a los ojos.-

No perdió el tiempo, en cuanto sus ojos se cruzaron liberó aquella aura suya la cual siempre contenía dentro de él. Sabía que hacer esto podía complicar las cosas de aquí en más, pero por Anakos quería hacerle pagar de alguna forma por el insulto de recién.
Como reaccionaria? Eso era lo que más intrigaba a Leon. Cuando practicaba con sus criados en el palacio estos sudaban ligeramente y no podían mantenerle la mirada. En cambio cuando lo hizo en el campo de batalla había visto empalidecer a su enemigo.
Ver la reacción del monarca le daría una respuesta rápida de que opinaba de él.
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Re: La guerra no lo hace a uno más grandioso ( Priv. Zephiel )

Mensaje por Zephiel el Vie Mar 31, 2017 12:48 pm

No parecía cierto, pero sucedía justo delante de él. Existía quien contradecía sus argumentos con una lógica a su nivel, o al menos así lo parecía a simple vista, siendo ya mucho desde que no veía ejemplo de una discusión de esa naturaleza. Utilizaba como recurso los escritos robados, cosa que todavía lo encolerizaba por dentro (razón por la que todavía lo enfrentaba, cerrando el espacio entre ellos) pero parecía haberlos leído con suficiente detalle como para justificar su uso. Zephiel escuchaba, suponiendo ya por qué mencionaba el continente de Tellius. Respecto a eso, ¿No era él un príncipe? Bien debía saber que un Rey difícilmente abandona los confines de su reino, poniendo de ejemplo a su padre, pues su presencia se es necesaria... al menos en una tierra que todavía se mantiene en pie.

- Hmph. -no interrumpió el discurso del príncipe en ningún momento, pero sin duda le parecía curioso e incluso denigrante que el susodicho Anakos estuviera dispuesto a velar por la humanidad, ¿tan necesitado estaba de la aprobación y respuesta de esta última? Jamás comprendería la devoción que se daba por esas religiones. Pero dado a que decían tener testimonio del dragón oscuro en carne y hueso, el interés de Zephiel acabó por aumentar. Que mencionara su reencarnación le hacía pensar en su poder, y su sola existencia significaba un vuelco para el mundo. Sin duda la longevidad de los dragones lo fascinaba, yendo más allá de poseer tan solo un cuerpo lo que duraran sus vidas.

Entonces esperó a que Leon diera cuenta de su sangre, tal como se lo había pedido. Mantuvo su postura quieta, distanciándose unos centímetros del príncipe ante la expectación. No se imaginaba cuál sería su truco, e incluso existía la probabilidad de que hiciera el tonto con él y no le demostrara nada en lo absoluto. No fue así, cosa que le convenía. Zephiel obedeció sus palabras con cierto matiz de escepticismo, mirando los ojos ajenos directo a las pupilas. Sucedió que apenas clavó sus iris en las del otro, fue incapaz de pestañear; lo había cautivado. Por un momento sintió la misma sensación que la de ver atentamente un caleidoscopio, permaneciendo inmóvil ante lo que emanaba esa aura. La punta de sus dedos y pies se helaron como si no llevara prendas en ellos, mas no sintió temor ni repudio, todavía mirando atentamente. Por un momento olvidó la situación y el contexto en que se encontraba presente, hasta que logró desprenderse de la muestra que el príncipe hacía, la que seguramente había detenido a voluntad. Hubo una pausa, un silencio, como si estuviera liberándose de un trance, algo que el príncipe notaría al verlo. Pero una vez había acabado y vuelto a la realidad, el rey sonrió.

Su sonrisa no era sino perversa, si había una manera de describirla. Pocos eran quienes veían a Zephiel hacer tal gesto, incluso conociéndolo hace ya años. Las comisuras de sus labios se extendían abiertamente y dejaban relucir su dentadura, blanca y pulcra sobre otras. El resto de su rostro permanecía serio, dándole una extraña e intrigante connotación a su ya perturbadora sonrisa.

- Lo que me has ...mostrado... Sí, puedo verlo. Tú y yo no tenemos razón para oponernos, príncipe. -dijo, deshaciendo su expresión en apenas un instante.- Creo en tu linaje, aunque todavía quisiera conocer en qué otras formas se manifiesta este poder en el resto de tu familia. Lo que es más importante, descubrir en qué manera los afecta a ustedes, y a otros, como yo. Pero aquello es algo que puede discutirse en otra instancia...

Todavía embelesado por aquella sensación de asombro, Zephiel se dio el momento de observarse, pensando en lo que suponía para Bern aquella conexión con un pueblo de creencias y filosofía distinta. Qué costo supondría para su pueblo perdido el crear lazos con quienes posiblemente buscaban influir por sobre su ya establecida cultura, y de que manera podría conservar sus principios en aquella situación. Por mucho que despreciara a Elimine, Bern tenía sus cimientos sobre su palabra, y estremecerlos era un riesgo considerable. El rey había perdido vista de Leon, pero volvió a encontrarse con él cuando se dispuso a continuar su conversación.

- Ahora, tu proposición. Admito que te has vuelto mucho más convincente, a pesar de que no hayas terminado de exponerte. Seguro sabes de lo que hablo, ¿Qué buscas a cambio de esta alianza?   -arqueó una ceja.- A menos que admitas que has estado construyendo tu propuesta mientras se ha desarrollado nuestro encuentro.
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Re: La guerra no lo hace a uno más grandioso ( Priv. Zephiel )

Mensaje por Leon el Vie Mar 31, 2017 5:53 pm

Leon vio el escepticismo primero en los ojos del monarca y luego la reacción al mirar dentro del abismo. Oh! Esa maravillosa reacción que tenían todos. Esa mirada de incertidumbre al haber prejuzgado por su tamaño al pequeño príncipe y que rápidamente los ponía en su lugar. Deliciosa reacción.
Aunque esperaba una reacción un poco más violenta de su parte, igualmente no se sintió decepcionado y disfrutó de breve espectáculo que le proporcionaba mantener la mirada fija, pero por más que disfrutaba del show, al poco tiempo volvió a contener aquellas negras energías dentro de él, ya que no era correcto abusar ni tirar demasiado de los hilos. El mensaje ya había sido dado y el rey parecía haber sido receptivo  a él.
Se peinó el cerquillo distraído mientras el rey se reía dándole la espalda. Una extraña sensación familiar le hizo acordar aquella escena. No se había estado comportando de forma similar su padre recientemente?

-Sus palabras me alegran la velada, majestad
Ahora que podemos dejar las asperezas de lado, nada me gustaría más que discutir nuestros asuntos en un lugar más… placentero.
No digo que estas ruinas no sean encantadoras, pero creo que obtendremos un trato mucho más provechoso para ambos con algo en el estómago… o siquiera teniendo un lugar para sentarnos.-


Intentó decir esto último con la mayor alegría y sutileza posible y evitando dar miradas de desdén hacia el recinto y la fina capa de polvo que todo lo cubría.
Extendió la palma abierta, ofreciéndole un claro apretón de manos al rey.

-Majestad, que a partir de este momento comiencen nuestras negociaciones.-
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Re: La guerra no lo hace a uno más grandioso ( Priv. Zephiel )

Mensaje por Eliwood el Vie Abr 14, 2017 1:33 am

Tema cerrado. 50G a cada participante.

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Re: La guerra no lo hace a uno más grandioso ( Priv. Zephiel )

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