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En cada muerte hay honor y el honor, lleva a la redención [Priv. Ayase & Hana]

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En cada muerte hay honor y el honor, lleva a la redención [Priv. Ayase & Hana]

Mensaje por Invitado el Mar Feb 21, 2017 8:05 pm

Joven pero capaz, Ayase ya había descansado en su plácido Nohr. Ahora, con las energías repuestas estaba preparada para volver a salir en busca de dignos rivales. Ya mucha gente conocía su existencia, una terrible mercenaria de increíble velocidad, el filo escarlata aún quería más, quería ser mundialmente conocida. Para ello, se batiría en duelo con más y más espadachines y mostraría con ímpetu lo que tanto anhela.

Caminaba hacia la taberna mas transitada de Nohr, donde habían muchos conocidos, allí, encontraría un nuevo contrato u oponente. Además, fue poco tiempo el que tuvo que esperar, pues según dio unos pocos pasos dentro de aquel establecimiento, una chica se lanzó sobre ella. - ¡Ayase! Cuanto tiempo ¿Verdad? - Alegó mientras aún abrazaba a la joven de pelo negro. Ayase se sorprendió, dando un pequeño salto apenas notable pues ya era agarrada. - Nyuma, pensé que no te volvería a ver... ¿Qué haces por aquí? - Le preguntó tras reconocer su voz y aquel recortado pelo. Nyuma era otra mercenaria con la que Ayase había en anteriores ocasiones coincidido. - Estoy aquí por trabajo, es más, debo partir justo ahora hacia Hoshido. Estoy contratada por el clan Yato, me encargaré de unos cuantos emergidos por la zona y me iré con los bolsillos algo mas llenos. - Aclaró. Ayase hizo un gesto que expresaba confusión, era muy raro que ese trabajo no hubiera llegado a ella, estando por la zona. - Dicen que en Hoshido existen varios espadachines interesantes ¿Habrás estado alguna vez allí por eso, verdad? - El filo escarlata negó con la cabeza, pues solo fue una vez y fue algo así como turismo, además, Hoshido era algo mas seguro.

Tras unos segundos, asintió con la cabeza y amplió su sonrisa. - Te acompañaré hasta allí, debo de ver con mis propios ojos si allí existen dichos espadachines. - Ya otra vez, en menos de unos segundos, la decisión estaba tomada. Cada vez era mas ambiciosa en cuanto a conseguir derrotar a otros se refería. - Espero que así sea, aunque no seas cruel con ellos Ayase. Todos aquí sabemos de tu manejo de la espada y de como eres en combate, evitemos una desgracia a poder ser, al fin y al cabo... Eres procedente de Nohr. -

Asintió nuevamente y soltó una carcajada. - Oh vamos vamos, ya no soy como antes Nyuma, ahora sé mas que de sobra lo que significa la palabra "consecuencia". - Dijo divertida. Y con esto, comenzaron a andar hacia Hoshido. Un bonito paseo pensaba que tendrían pero no fue así, la paz que el aire de Nohr dejaba respirar, cambiaba al salir, Hoshido ya no era como antes y su camino lo daba a entender. Algún que otro emergido tuvieron que matar antes de llegar al puente que unían por así decirlo a dichos países. Y allí fue donde ocurrió aquella desgracia, una desgracia que Ayase recordaría de por vida... Unos emergidos, avispados cuanto menos, cogieron a las chicas con la guardia baja y en menos de lo que había cantado un gallo, Ayase y Nyuma se vieron rodeadas por estos seres. Sin vacile, Ayase desenvainó su espada. - Vuélvete escarlata ¡Hizume! - Allí, cubriéndose las espaldas mutuamente, luchaban por sobrevivir. El puente era un sitio sumamente peligroso en estos momentos, estaban en medio, con varios emergidos a ambos lados de este. Lucharon en una batalla incesante, a diferencia de Ayase, Nyuma era más inexperta en el cuerpo a cuerpo, pues su arma se trataba de un arco de una preciosa madera tallada. Por ello mismo, la entrecortada respiración de la chica, llegó a oídos de la espadachina. - Aguanta Nyuma, aún no has completado tu trabajo. - Dijo intentando armar a su compañera del mismo valor que ahora mismo ella llevaba consigo. Pero no sirvió de nada, avanzó en linea recta por el puente, matando a cada uno de los emergidos que estaban por delante en una hermosa espiral de frío acero. La sangre manchaba su rostro y cuerpo, pero el grito de su compañera rompió su alma... Un desgarrador grito sonó a su espalda. Un último grito en forma de "Adiós", fue entonces donde los emergidos pasaron por encima de su cuerpo, insensibles y feroces, con mas sed de sangre.



Ayase estaba horrorizada, otra vez más, un ser querido había muerto ante sus propios ojos. Jamás se acostumbraría a ello y esto era fácilmente visible, los gritos de la fémina sumado a las lágrimas que brotaban de sus ojos, la hacían verse terrible. Un tajo tras otro fue acabando uno a uno con esos seres que tanto odiaba, que tanto ya le habían quitado y que aún a día de hoy seguían quitándole sin siquiera preguntar. Uno tras otro, uno tras otro fueron cayendo hasta que no quedó ninguno más. Solamente ella, en el escenario mas bello para todo sádico, amante de la tragedia, solo una chica se mantenía en pie, llorando, empapada en sangre y mirando hacia el cielo.

Caminó unos pasos hacia donde estaba su fallecida compañera en combate. Quitando a un emergido de encima de ella, contempló unos segundos su rostro, ensangrentado y con varias heridas. Con el grito en el alma y el corazón en el puño, esta se arrodilló y le cerró los ojos, pues era la despedida, justo a su lado, estaba lo que parecía ser su contrato con el clan Yato. En ese momento, Ayase ya no iba solo a explorar las habilidades de Hoshido, también como última voluntad, como último adiós, decidió llevar a cabo su trabajo en su nombre. Y así, la espadachina comenzó a andar hasta la frontera de Hoshido, dejando tras de sí, una terrible visión de lo que fue una terrible batalla.
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Re: En cada muerte hay honor y el honor, lleva a la redención [Priv. Ayase & Hana]

Mensaje por Hana el Miér Feb 22, 2017 6:10 pm

¡Detrás de ti! ¡Cuidado! —gritó Hana a su compañero, arremetiendo contra el último emergido y hundiendo la katana en su torso—. ¡Ja, ja! Ha faltado poco, ¿verdad?

Vigilar las fronteras de Hoshido era el deber principal del ejército formal de Hoshido. Si bien Hana no tenía por qué acudir al frente a combatir contra los grupos de emergidos que hostigaban la próspera nación, le gustaba ayudar en la medida de lo posible a los valientes soldados que allí luchaban sin descanso día a día. Era pues, que compaginaba con diligencia sus labores como vasalla de la princesa Sakura con la tarea voluntaria de ofrecer su apoyo a las milicias siempre que tenía algo de tiempo. La presencia de la samurái suscitaba admiración, y se decía que garantizaba la victoria en las campañas frente a los infatigables invasores. No había ningún otro espadachín en el país que blandiese con tanta gracia la espada como ella, o que se tomase tan en serio su adiestramiento como protectora de Hoshido y de la familia real. Eso era algo que todos los soldados hoshidanos podían apreciar al verla desenvolverse en el campo de batalla. Sin embargo, y a diferencia de lo que haría cualquier otro en su lugar, la joven muchacha jamás alardeaba sobre sus habilidades con la espada. Prefería permanecer firme en la estricta y humilde senda del samurái, dando cada día lo mejor de sí misma. Solo así, decía, llegaría a superar a su difunto padre como guerrera.

Ya hemos terminado aquí, señorita Kazahana. Deberíamos volver al campamento.

Tienes razón. ¡Vayámonos pues! —dijo Hana mientras asentía a su compañero con una sincera sonrisa. Se estaba haciendo tarde, y pronto se ocultaría el sol. La joven agitó con brío la empuñadura del arma para que la sangre enemiga se desprendiese de la hoja de su espada, y dirigió una última mirada al paisaje. Estaban rodeados por una extensa planicie repleta de abundante maleza, cuyas hojas llegaban a la altura de sus rodillas. Antaño, pasear por aquellos fértiles campos habría podido resultar hasta poético, mas en esos momentos la tierra lloraba, pues estaba teñida de rojo y cubierta bajo interminables pilas de cadáveres. No obstante Hana, en vez de sucumbir a la negatividad por la precariedad de la situación, prefería mostrarse optimista. Claro que comprendía que los tiempos no eran propicios para Hoshido, pero precisamente por ese motivo era más importante que nunca mantener la moral del ejército lo más alta posible.

Hana enfundó con cuidado la katana en el cinto de su uniforme, internándose más allá de la trinchera en dirección al campamento. Estaba algo cansada, y su frente empapada de sudor, pero se contentaba con saber que le aguardaba una cena copiosa para reponer las fuerzas. Aquel punto de la frontera solía servir también para controlar la cantidad de visitantes extranjeros que venían a Hoshido, pero debido a los constantes intentos de invasión de los emergidos, ya casi nadie se atrevía a cruzarlo.

La samurái se dirigió a su puesto y empezó a quitarse las piezas de su armadura ligera. Observó satisfecha que su coraza no tenía abolladuras, ni tampoco las protecciones de sus muñecas. Pensó que lo ideal sería darse un baño antes de irse a comer, pero justo cuando se disponía a desatar la funda de su katana, un murmullo cercano la distrajo. Eran los vigilantes nocturnos de la frontera quienes hablaban, y parecían preocupados por algo. Hana tuvo un mal presentimiento, así que apartó la tela de su tienda de campaña para salir a enterarse de lo que ocurría.

¿Sucede algo? —preguntó con inquietud.

Alguien se acerca, señorita Kazahana.
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Re: En cada muerte hay honor y el honor, lleva a la redención [Priv. Ayase & Hana]

Mensaje por Invitado el Miér Feb 22, 2017 7:17 pm

El camino de la espada no siempre era fácil, además ser una mercenaria implicaba no confiar en nadie, no querer a nadie y no tener la compañía de nadie. Una y otra vez, el mismo suceso volvía a pasar, una conocida moría a sus ojos. Sin poder hacer nada, si no era capaz ni de cuidar la vida de una sola persona ¿Cómo iba a poder llamarse a si misma espadachina? Eso no fue lo que le enseñaron, no fue lo que le inculcaron cuando aún era una cría. Ella debía perseguir sus sueños, debía de seguir su propio sendero, sola, sin nadie pero... ¿Ella sería capaz?

Ella pensaba que el tiempo la había endurecido, que los combates la habían hecho mas fuerte tanto física como mentalmente, pero no era así, solo la habían hecho mas astuta. Aún no era capaz de luchar sin mostrar sentimientos y justo ahora, andaba con una mirada fija pero perdida. Sus ojos no brillaban, su alma no se veía representada en su habitual sonrisa, pues esta misma también había desaparecido de su fino rostro el cual estaba manchado al igual que su ropa de rojo, por la sangre resultante de aquellos tajos a los emergidos. Sus pasos eran lentos, doloridos, sin ganas...

Además, sus pensamientos no eran positivos, maldecía todas y cada una de esas criaturas, maldecía a la propia vida. Pero aún tenía algo mas que hacer, siendo consciente de que jamás creerían que es Nyuma, optó por ser realista e ir a por lo que iba desde un principio : A derrotar al mejor espadachín de Hoshido.

En estos instantes, Ayase era una deshonra para cualquier samurai, siendo incapaz de calmar sus adentros ¿Pero a quien le importaba? Era una mercenaria, su misión era matar, no controlarse. Hubo un tiempo atrás en el que se consideraba una heroína, un tiempo en el que pensaba que hacía el bien y que por ello, se vería recompensada en el futuro. Ahora, con la muerte en sus ojos nuevamente, había perdido ese ápice, ese hálito de vida por el que también se le conocía. Nunca dejaba de tropezar con la misma piedra ¿Realmente había elegido bien en marcharse a cumplir aquello que ansiaba? ¿Había abierto sus alas demasiado pronto? ¿Como iba a saberlo...?

Llegando a Hoshido, la chica se paró allí, sus pasos seguían siendo cansados y su mirada inerte. Levantó su espada señalando a donde se encontraban aquellas personas y dejándose llevar por la ira que aquel momento le había causado gritó - Soy Ayase, el filo escarlata de Nohr, la muerte de un solo ojo ¡Mostrad ante mí al mas honorable y fuerte espadachín de Hoshido! Decidle que la conocida mercenaria esta aquí solo por él. - Sonó muy amenazante, pero para nada quiso que sonara así, pues en ningún momento pensaba matar a aquel espadachín.

¿Vendría alguien sabio que supiese controlar y volver a entrar en razón a Ayase? Era toda una duda, sus gestos, su voz, todo de ella parecía haber adquirido un tono mas oscuro y triste. - No vengo contratada, es algo personal.- Añadió clavando su espada en la tierra y ponía sobre su mango las dos manos.
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Re: En cada muerte hay honor y el honor, lleva a la redención [Priv. Ayase & Hana]

Mensaje por Hana el Miér Feb 22, 2017 9:56 pm

Hana no tenía una buena visión nocturna, pues ya se había puesto el sol y hacía una noche fresca de luna llena. Tras forzar durante un rato la mirada para tratar de distinguir la figura a la que se referían los vigilantes, pudo verla al final. Para su sorpresa, no se trataba de un emergido solitario al que despachar, sino que era una mujer con las ropas manchadas de sangre ajena, como si hubiese estado luchando recientemente. Caminaba con dificultad, y a pesar de que eso inquietó bastante a la samurái, no vaciló en dar la orden para que los vigías dejasen de apuntar a la extraña con sus arcos. Hana sospechaba que aquella debía de ser una de esas mercenarias que solía contratar últimamente el clan Yato. Se les dejaba pasar la frontera sin hacerles demasiadas preguntas si contaban con el salvoconducto adecuado, pero en realidad a ningún hoshidano le hacía demasiada gracia abrir las puertas a extranjeros en una época tan crítica. Por fortuna para aquella mujer, Hana carecía de prejuicios contra los forasteros, y estaba más que dispuesta a darle un trato amable y cordial.

Sin embargo, antes de que pudiese exclamarle una cálida bienvenida a Hoshido, la extraña se le adelantó y se presentó con unas palabras breves, pero concisas. Decía llamarse Ayase y venir de Nohr. Alegó que la razón por la que se encontraba ahí era porque deseaba batirse en duelo con el espadachín más hábil de la nación. Al escuchar semejante monólogo, se hizo un silencio incómodo en la trinchera, que terminó por romperse cuando los vigías no pudieron contener más su risa. En Hoshido se guardaba cierto rencor al reino de Nohr. Pues era bien conocido por todo el mundo que los dos países vecinos eran como el día y la noche, y solían mantener un trato por lo general bastante frío. A diferencia de los soldados que no parecían dispuestos a dejar de reírse, la samurái se llevó una mano al mentón, pensativa.

¿De qué va esta estúpida mujer? ¿De verdad quiere enfrentarse al príncipe Ryoma? ¡Debe de estar loca! —cuchicheaban entre carcajadas.

Hana hizo entonces un gesto para que se callasen. Ella podría no ser la líder de aquella milicia o su general, pero disponía de la suficiente reputación como para que respetasen sus órdenes. La joven no compartía las burlas, aunque sí que consideraba una temeridad que aquella mujer retase al príncipe Ryoma a un combate. Lejos de dirigirse a ella con aires de superioridad, bajó del puesto de vigías y se encaminó a su encuentro.

Hoshido está en guerra, nohria —le dijo con cierta frialdad al alcanzarla—. No podréis retar al más fuerte de nosotros todavía. Pero creo que enfrentaros a mí podría bastaros.

El atuendo de la samurái destacaba sobre el del resto de la milicia. Su uniforme como miembro de la Guardia Real era mucho más llamativo, y consistía en ropajes tradicionales de colores rosados y violáceos.

Me llamo Kazahana y soy la primera vasalla de la princesa Sakura de Hoshido.
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Re: En cada muerte hay honor y el honor, lleva a la redención [Priv. Ayase & Hana]

Mensaje por Invitado el Jue Feb 23, 2017 9:52 am

Escuchaba las risas, las burlas de aquellos guardas de Hoshido, pero no le importaban, estaba ciega y no tenía razonamiento alguno en estos momentos. Una joven vino hasta ella, portaba una espada, parecía ser alguien importante frente a los otros. Su ropaje era distinto y su actitud era mas seria. Escuchó su voz, una voz preciosa, pura a decir verdad. Con ella, explicaba la situación de Hoshido, pero Ayase rió. - ¿Cómo es posible teniendo a tan buenos espadachines como dicen, estar claramente encerrados por los seres sin corazón? No me gusta la política, ni siquiera vengo en nombre de mi propio país, Nohr es únicamente mi procedencia. Soy de esas personas que creen en que todos deberíamos ayudarnos en cuanto a esta plaga, no me confundas con otro ser deprorable que aprovecha la desgraciada situación del país ajeno. -

Aún conservaba algunos de sus principios, su mente seguía siendo en parte al lógica. Además era cierto, no le gustaba la política ni las guerras, consideraba a Hoshido un hermoso y honorable país desde la última vez que pasó por ahí, donde conoció al "no tan joven" Zeno. Incluso, en su momento Ayase tuvo pensamientos de hacer un intento de vivir en Hoshido, le había parecido muy bonito.

Sus piernas estaban flexionadas pero claramente, por el desgaste de la anterior batalla. Sus palabras y cuerpo mostraban terrible cansancio. - Medirme a ti será un placer, espadachina. No subestimes... A... L-lo... Que viene de N-Nhor...- Junto a esto, un movimiento algo confuso hizo. Pareció un mareo y dejó caer su pierna izquierda sobre el terreno. Su cabeza daba vueltas y un intenso dolor traspasaba todo su cuerpo, se estaba sobreesforzando, pronto caería por la propia fatiga, por el cansancio. En parte ella era consciente, ya le pasó una vez en presencia de su antiguo compañero, Arthem. Pero aún no había siquiera empezado el combate... ¿Cuántos golpes sería capaz de dar antes de caer al suelo y no poder moverse? Era una buena pregunta.- ¡No h-... No ha sido nada! Tan solo necesito ser mas fuerte. Si lo hubiera sido, ella no hubiera... Muerto. -

Con un poco más de esfuerzo recobró aliento e hizo intento de comenzar el combate, envainando su espada y poniendo su cuerpo en posición defensiva, con el propio desenvaine repelería cualquier ataque, sus manos aún reaccionaban a la perfección, todo iría bien si no forzara su arma principal, sus ágiles piernas, las cuales a veces tenían incluso temblores.
- Adelante Kazahana, muéstrame la fortaleza de una espadachina. - Dijo en bajito, casi imperceptible para otros oídos que no fuese los suyos. Y ahí empezaba todo, lo que sería una batalla mas en el interior que el propio exterior de la mercenaria.
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Re: En cada muerte hay honor y el honor, lleva a la redención [Priv. Ayase & Hana]

Mensaje por Hana el Vie Feb 24, 2017 10:11 am

En el pasado, Hana había mantenido un profundo rencor hacia todos los nohrios. Les culpaba del cruento asesinato de su padre, considerándolos responsables de la infame traición orquestada por el Rey Garon cuando ella era todavía pequeña. Si bien ya no pensaba de aquella forma, podía comprender las burlas de los vigías. Que una extranjera de Nohr viniese a exigirles un duelo con el espadachín más diestro de toda la nación sobrepasaba la arrogancia, pues pese a que las heridas de Hoshido podrían sanar con el tiempo, la memoria era algo que tendía a mantenerse intacta. Olvidar el daño que el reino vecino les había infligido durante siglos llevaría tiempo y mucho interés por ambas facciones, y por el momento, ninguno de los dos países parecía tener ganas de dejar atrás sus diferencias para apoyarse mutuamente. Nohr aparentaba vanagloriarse del hecho de ser uno de los primeros territorios en librarse de la amenaza emergida, y tenía total desinterés con respecto a ofrecer apoyo a Hoshido. Se limitaban a observar desde la lejanía, como buitres, la precaria situación en la que la fértil nación bendecida por Naga se encontraba.

Hana escudriñó con detenimiento a la mujer que decía llamarse Ayase. Vestía con ropajes claramente foráneos, a pesar de que la espada que portaba era un sable con una estructura idéntica a las de las katanas hoshidanas. A la samurái le llamó la atención que la hoja del arma fuese de un extraño color escarlata, pero decidió no hacer preguntas al respecto en cuanto escuchó la risa y la consiguiente mofa de su interlocutora. A Hana le molestaron sus palabras, así que apretando los dientes, acarició con delicadeza la empuñadura de su espada a modo de advertencia. Quería dar a entender a Ayase que con solo un gesto, podía ordenar una lluvia de flechas que acabase con su vida. Los vigilantes nocturnos no titubearían si llegaba a darse el caso.

Resulta irónico que vos, nohria, digáis que sois de quienes creen que la gente de nuestras tierras y de las vuestras deberían ayudarse —empezó a decir la samurái, bastante indignada—. ¿Acaso es que vuestro deshonroso rey no os cuenta que parte de la culpa de nuestra situación vino propiciada por vuestra liberación?

Los vigías escuchaban atentamente la conversación de las dos espadachinas. En esos momentos ya no reían, y el semblante de sus rostros se había ensombrecido. No eran más que meros espectadores, pero sentían la misma indignación que la valiente muchacha. En Hoshido preferían asumir la responsabilidad de la repentina invasión de emergidos que sufrían día a día, mas en el fondo les resultaba imposible ignorar los hechos.

Cuando Nohr solicitó ayuda en sus campañas, algunos hoshidanos acudieron a la llamada. ¡Mirad a vuestro alrededor ahora! Hoshido se encuentra en peor estado que vuestra nación en aquel entonces. ¿Dónde está vuestra ayuda?

Hana se estaba empezando a dejar llevar por sus emociones. Como samurái, amaba a Hoshido sobre todas las cosas, y por eso se esforzaba día a día por protegerlo y preservarlo de la amenaza invasora. Le irritaba que Ayase hubiese soltado un monólogo gratuito sobre que los reinos debían ayudarse los unos a los otros frente a la plaga de emergidos. Aquello eran tan solo palabras vacías, no hechos. Y si de hechos se trataba, Hoshido había demostrado mayor dignidad y honra en ese aspecto que Nohr. Que la espadachina extranjera encima se burlase de su situación, solo porque el príncipe Ryoma prefiriese combatir en el frente de batalla en vez de invertir su tiempo en batirse en duelo con nohrias insignificantes, carecía también de propósito y sentido.

La samurái se fijó entonces en que Ayase apenas podía mantenerse en pie. Le temblaba la voz y parecía cansada. En otras condiciones, le habría ofrecido una buena comida y un sitio donde descansar, pero la nohria había sido bastante clara con sus ideas.

Me retracto. Estáis a punto de desfallecer —dijo Hana antes de darle la espalda y empezar a regresar al campamento, con la cabeza bien erguida—. No hay honor en acabar con la vida de una adversaria a la que le cuesta sujetar la espada. Por favor, no me hagáis perder el tiempo y largaos de vuelta a Nohr.
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Re: En cada muerte hay honor y el honor, lleva a la redención [Priv. Ayase & Hana]

Mensaje por Invitado el Vie Feb 24, 2017 11:40 am

Nohr, Hoshido, Plegia, Ylisse, Altea... ¿Que mas daba? Ayase retorcía su puño, apretándolo con fuerza. Odiaba todo este tipo de asuntos ¡Maldita diplomacia! Desde el punto de vista de la joven de pelo oscuro, todos eran seres vivos, todos se merecían ayuda, todos merecían tener apoyo contra aquellos que no eran seres honorables, contra los emergidos, contra la plaga de ojo rojizo y blanquecina piel. Ese no era su objetivo, ella no peleaba en nombre de un país, ese no era su objetivo... ¡Claro que no lo era! ¡No era para nada su objetivo! Su misión era ser reconocida por ser una legendaria viajera que ayudaba a quien lo necesitaba, poniendo su espada como escudo de los demás... Pero el tiempo le había hecho olvidar sus verdaderos motivos, su verdadera intención, el avaro mundo había corrompido sus deseos, imponiendo el reconocimiento a las formas.

Pero Kazahana, tras las palabras de Kazahana esta calló. Recordó todo aquello que había olvidado... ¿Qué estaba haciendo? Ella no era una asesina, ella no necesitaba retar otros espadachines para demostrar su supremacía... Ella... Solo quería ayudar con su  espada. Quería ser reconocida por ser una heroína.

- No, no es irónico, Kazahana. Yo procedo de Nohr, en eso concuerdo pero ¿Qué pasa con ello? ¿Insinuas que todos los Nohrios somos iguales? ¿Estás diciendo que yo tampoco guardo honor en mi espada por proceder de esas volcánicas tierras? No es así Kazahana, mi honor, mi forma de ver las cosas, nuestra aura tienen el mismo tono. Así como yo te juzgo por tu persona, por querer defender a los otros de los emergidos, me gustaría que no me trataras como una Nohria carente de honor y moral. Pues yo, Ayase Niimura, no soy como tus ojos al parecer me miran. -

Calló unos pocos segundos, solo unos pocos... Y continuó hablando, continuó expresando sus sentimientos, esos que con las conversación con Kazahana, estaban volviendo. - N-Nohr... Nos os ayudó ¿Verdad?- Avergonzada por esto, avergonzada por este hecho, por no haber estado aquí antes, Ayase envainó de nuevo su espada y rápidamente se postró ante Kazahana. - Se que no sirve de nada que lo diga, pero en nombre de aquellos amigos que conozco, en nombre de aquellos que quiero en Nohr, en nombre de los que quisieron... Y no pudieron llegar, yo, pido disculpas. - Con la cara a ras del suelo, su nariz incluso se manchaba de tierra, pero todo era poco. Hoshido debía de estar claramente ofendido por esto, ofendidos por verse solos en batalla.

Levantando nuevamente a duras penas su cuerpo, hizo lo que iba a ser su último comentario antes de una batalla. - Ahora que te he dicho como juzgar mi alma, mídete a mí en duelo como una espadachina, no como una Nohri-... Pero en un noble acto, Kazahana al ver el cansancio y el aparente dolor de Ayase, se retractó y dio media vuelta. El honor le impedía luchar contra una persona en esas condiciones pero Ayase no retrocedió. - Aún puedo... luchar... ¡AÚN PUEDO LUCHAR! No te tomes el lujo de poder irte como una rosa arrancada por el viento de mi vista, Kazahana. - Fue en ese mismo momento cuando sacó el contrato, el salvoconducto de Nyuma y sin pensarlo, lo lanzó para quedara al lado de la joven samurai. Con lágrimas cayendo de los ojos de la mercenaria, se dirigió de nuevo a Kazahana. - ¿Sabes? Ella no pudo siquiera llegar hasta aquí y... ¿Sabes de donde era? Procedía de Nohr ¡Procedía de Nohr! Y además, era mi amiga. Ella decidió ayudaros, podría haber cogido cualquier otro trabajo, habían varios mejor pagados y menos controvertidos ¿Pero sabes que Kazahana? Ella decidió venir a ayudar a Hoshido, aún sabiendo vuestra situación, aún teniendo en cuenta lo que le podía pasar ¡Ella, como honorable mercenaria, prefirió ayudar a quien más lo necesitaba! Por favor Kazahana, déjame luchar por última vez en su honor, déjame comprobar si lucharé codo a codo con verdaderos espadachines, con seres de alma pura. Déjame comprobar por qué ella decidió venir aquí y yo a cambio, si sobrevivo a este duelo, ayudaré tal y como habría hecho ella. Ocupare su lugar. - Y con esto, llevó su puño al corazón.

Ayase ya había tomado una decisión, si sobrevivía, este sería el último combate por razones egoístas. Había recuperado el sentido, tan solo tenía que soltarlo todo. Otra vez, volvería al camino del que se había descarrilado. Esperando la respuesta de Kazahana, se mantenía a duras penas erguida, sin mover un solo dedo.
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Re: En cada muerte hay honor y el honor, lleva a la redención [Priv. Ayase & Hana]

Mensaje por Hana el Vie Feb 24, 2017 6:37 pm

Hana ya había escuchado demasiado, y prefería ignorar a la extranjera que parecía empeñada en encontrar una muerte prematura. Ayase la estaba acusando de juzgarla como alguien sin honor por provenir del reino vecino, mas se equivocaba de cabo a rabo. La samurái no sentía ningún tipo de rencor hacia los nohrios, sino a Nohr y todos los valores que esa oscura nación representaba. Comprendía que era imposible escoger nacer en uno u otro lugar, y si de verdad existía alguien que merecía la entera plenitud del resentimiento que su corazón albergaba, ése era el rey Garon. Por esa razón le sorprendió ver como la espadachina se postraba ante sus pies, dispuesta a asumir los errores de su pueblo con la intención de pedir disculpas. Era un gesto honrado, desde luego, pero que a los ojos de Hana no servía para nada. Las personas mentían. ¿Cómo podía estar segura de que Ayase Niimura le estaba siendo sincera? Además, aquel acto no cambiaba nada. Al día siguiente, Hoshido seguiría en guerra contra los emergidos mientras que Nohr disfrutaría de su inmerecida libertad.

Fue entonces cuando Hana, cansada de oír tanta palabrería barata, le dio la espalda para retirarse. Al igual que su interlocutora, estaba bastante cansada, y todavía tenía mucho por hacer antes de acostarse. Si bien había creído en un primer momento que la extranjera sería una digna rival a la que enfrentarse, en esos momentos se sentía decepcionada.

Mientras caminaba de vuelta al campamento, se hizo un mordaz silencio que nadie se atrevió a romper, ni siquiera los vigías que desde lejos contemplaban expectantes la escena. La actitud de la samurái era firme, y ni siquiera llegó a volverse cuando la otra espadachina declaró a gritos que todavía podía luchar. Hana trataba de actuar como se suponía que alguien de su posición debía actuar. Con orgullo y entereza. Sin embargo, no pudo evitar detenerse al escuchar la última petición de Ayase. Decía querer enfrentarse a ella para honrar la memoria de su amiga fallecida, y eso fue algo que a Hana le tocó la fibra. Dubitativa, bajó los párpados y dejó escapar un profundo suspiro. Sabía que no debía inmiscuirse, que ya había tomado una decisión. Pero aun así su naturaleza bondadosa le impedía ignorar a alguien que le rogaba una y otra vez ayuda. Hana lo entendía. La mercenaria ya no quería batirse en duelo con ella con la intención de expandir su fama, sino porque necesitaba descargar todos aquellos sentimientos que debían de estar desbordándola.

Creed que lamento profundamente la muerte de vuestra amiga —dijo al final, volviéndose para encarar a su adversaria. Ya no había vuelta atrás—. Comprendo vuestro dolor, y si desafiarme a un duelo a muerte os ayuda a encontrar la paz, que así sea.

Hana desenvainó sin florituras su preciada katana de empuñadura blanca. El brillante filo rasgó el aire mientras que la samurái se colocaba en posición de combate, con las piernas ligeramente flexionadas y la espada apuntando a la mercenaria extranjera. La muchacha se había dejado la coraza y los protectores de antebrazo en el campamento, pero sabía que no los iba a necesitar. Estimaba que el duelo no duraría demasiado, y que pondría fin cuanto antes al sufrimiento de la mujer que apenas se sostenía en pie.

Niimura Ayase, ‘Filo escarlata de Nohr’ —anunció con respeto a su oponente—. ¡Enfrentaos a mí en honorable combate!

La suave brisa nocturna removía con delicadeza los mechones marrones del cabello de Hana mientras que ésta, sin apartar la mirada de su objetivo, esperaba a que la otra espadachina diese el primer golpe.


Última edición por Hana el Lun Mar 06, 2017 4:41 pm, editado 1 vez (Razón : Corrección de una errata)
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Re: En cada muerte hay honor y el honor, lleva a la redención [Priv. Ayase & Hana]

Mensaje por Invitado el Jue Mar 02, 2017 10:25 am

Un combate de poca duración. Eso pretendía Ayase, las piernas le temblaban y no duraría mucho en pie, era muy probable que por su estilo de lucha se desequilibrase ella misma. Tenía que ver que era lo que Nyuma buscaba en Hoshido, que era lo que hizo que ella viniera aquí aún sabiendo la peligrosa situación. Dos espadachines no se conocen hasta que juntan el alma y el honor de sus espadas, allí, con el chirriante sonido de las espadas, con el férreo mandato de ellas... Es donde se conocía una persona de verdad, su estilo de lucha, sus gestos, sus ojos ¡Describían totalmente a la persona!

Hana había aceptado la petición de la mercenaria, había hecho caso a la chica de pelo negro pese a ver las condiciones en las cuales se encontraba. - Es duro perder día a día gente de tu alrededor... Pero esta es la vida que yo misma elegí, la vida de un mercenario.- Dijo haciendo referencia a que realmente, no podía esperar mas de la clase de vida que ahora mismo tenía, no podía asentarse en un solo lugar y mucho menos pensar en una familia ni amigos. Ayase también ansiaba poder poner los pies en la tierra y vivir de otra manera, pero no sería posible hasta que lograra su cometido en el mundo... Pues por ahora, no sabía hacer otra cosa tan bien como hacer uso de su rojiza katana.

- Kazahana, no pretendo llevarme tu vida en este combate. Mi intención es medir mis capacidades contigo, jamás se me ocurriría matar a un futuro rival con tanto potencial en su alma. Debo dejar aspirantes a mi próximo título, cuando sea la "legendaria espadachina".- Con ello, esbozó una sonrisa. Realmente, Ayase había recuperado por completo su cordura, la cordura con la que había salido de Nohr al principio de todo su recorrido. No trataba de crear enemigos, trataba de ayudar y tener rivales con quienes poder hablar con la espada.

- Que así sea, Kazahana ¡Vamos a hablar ahora con nuestras katanas!- Ahora su rostro era mas alegre, un extraño acontecimiento para los demás pues hace muy poco era una persona totalmente distinta. Pero ahora que había sacado todo a la luz, ahora que había pensado en su verdadero objetivo en la vida un poco más, todo había cambiado. - Vamos compañera, es tu hora.- Susurró mirando hacia Hizume, su espada. Una vez más, flexionó sus piernas y desenvainó su katana. Era hora de hacer un gran esfuerzo, en ese momento, Ayase daría todo lo que tenía, le daba igual quedarse al límite de sus fuerzas pues Kazahana merecía un buen combate por haberla escuchado y comprendido. Centró sus piernas, el tambaleo cesó, humedeció sus labios y sin esperarlo mucho más... ¡Explotó en velocidad comenzando con un salto hacia delante cortando distancias con Kazahana! Un fuerte salto y unos pocos pasos más bastaron para llegar a la samurai, la cual esperaba su movimiento. La mercenaria llegó con su espada algo levantada, dejando caer un tajo de aparentemente gran fuerza sobre Kazahana, pero justo cuando la katana iba a llegar a su objetivo, cambio la posición de su espada y cuerpo, era una finta. El tajo de ahora entraba hacia el costado de Kazahana, a quien Ayase había intentando engañar con una finta. Debía terminar rápido el combate, no podía estar en ese estado mucho tiempo, su cuerpo acabaría por ceder tarde o temprano, un mal movimiento de piernas, un simple resbalón podía significar el final del duelo. *Con mi mayor fortaleza... Derrotaré tu mayor fortaleza.* Pensó con la mirada posada siempre sobre la joven adversaria.
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Re: En cada muerte hay honor y el honor, lleva a la redención [Priv. Ayase & Hana]

Mensaje por Hana el Jue Mar 02, 2017 7:39 pm

El reino de Hoshido era una nación que a diferencia de sus vecinos, buscaba la paz y no la expansión por medio de la conquista. La bendición de Naga permitía a sus habitantes disfrutar de las tierras más fértiles que jamás se hubieran visto en todo el mundo, mientras que su sociedad se regía por unos valores estrictos centrados en la humildad y la entereza. Valores que cualquiera, desde el más sanguinario de los ninjas hasta el más honorable de los generales, debía encarnar. El ejército hoshidano podría no ser tan numeroso y potente como el de Nohr, y era precisamente por eso que sus samuráis tenían que ser capaces de hacer frente por su cuenta al menos a diez hombres. Cada miembro de la Guardia Real en cambio, debía de ser capaz de diezmar al doble. Por esa razón generaba tanta expectación en los vigías de la frontera el presenciar aquel inusual enfrentamiento. Algunos de ellos corrieron a buscar a sus compañeros para que fuesen testigos de semejante duelo. Pues si Kazahana había aceptado el desafío de la extranjera maltrecha, debía de ser porque la consideraba una digna rival.

La joven samurái no quiso atacar primero. Prefería brindarle a su contrincante la oportunidad de empezar ella el combate. Sabía que contaba con el apoyo de los vigilantes nocturnos, quienes parecían convencidos de que ella se alzaría con la victoria final. Pero lejos de dejarse llevar por la emoción del momento, la dulce muchacha se centró únicamente en Ayase. Sus brazos sujetaban firmes, pero a la vez ligeros, el peso de la katana de empuñadura blanca. Para Hana, ahí solo estaban ella misma y la mercenaria nohria. El resto no importaba. Ni siquiera prestó atención a lo que se le dijo a continuación. Respiraba de manera uniforme, con todos sus sentidos puestos en el campo de batalla. Las palabras entre dos guerreras orgullosas sobraban. Ya que ambas sabían blandir una katana, lo apropiado sería que se comunicasen con ellas. El lenguaje verbal estaba plagado de mentiras e hipocresía, mas en el idioma de las espadas no existían engaños ni falsedades. Medirían su acero y su voluntad en un combate a muerte.

Basta de tonterías. Lo que deba ser será —le dijo con una severidad que no encajaba del todo con ella—. No os contengáis porque os aseguro que yo no lo haré.

Hana nunca había combatido antes contra alguien de Nohr. Las espadas que allí se utilizaban eran más pesadas y largas que las que se usaban en Hoshido, pero Ayase portaba una katana como la suya. Era por eso que la samurái se preguntaba cuál sería el estilo de lucha de su adversaria, pues suponía que ésta carecía de un conocimiento formal en el uso tradicional de aquel tipo de arma.

Las dudas no tardaron en despejarse de su mente en cuanto la mercenaria se abalanzó en su dirección. Hana vaciló durante unos instantes al verla de pronto con tanta energía, pero adoptó una postura defensiva para bloquear el ataque. Sin embargo, lo que había considerado un corte bastante predecible se convirtió en una finta. La espadachina hoshidana se percató de que había sido engañada, pero lejos de apartarse para esquivar la embestida rival, se abalanzó contra la contraria para acortar la distancia que las separaba en una milésima de segundo y, con un hábil movimiento marcial de giro, se aprovechó de la inestable postura de Ayase para posicionarse justo detrás de ella. Sin querer darle espacio a voltearse y contraatacar, Hana golpeó horizontalmente la espalda de la rival con la empuñadura de su katana. Se trataba de una técnica arriesgada, pero para la que se requería un temple bien entrenado. Pues en batalla, el primer instinto de un soldado era el de alejarse del peligro. Mas una samurái tan diestra como Kazahana sabía que a una corta distancia era imposible que un rival pudiese herirla con una espada. El empujón del final le permitía desestabilizar el equilibrio de su oponente, en aras de eliminarlo con el siguiente corte.

No obstante la joven prefirió optar por la prudencia y se apartó varios pasos de la contraria, empuñando de nuevo la katana con las dos manos en una postura claramente defensiva. Sentía gran desdén por el primer ataque de Ayase, pues había sido sucio y a traición.

Así que las historias son ciertas —dijo enfurecida—. Vosotros, los nohrios, presumís de honor. Pero en realidad combatís con engaños. No me puedo creer que unos guerreros tan débiles hayan logrado librarse de los emergidos, así que atacadme sin mentiras. ¡Mostradme que vuestra espada es digna de la mía!
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Re: En cada muerte hay honor y el honor, lleva a la redención [Priv. Ayase & Hana]

Mensaje por Invitado el Lun Mar 06, 2017 12:12 am

En espera de la hermosa y usual eficacia, Ayase pensaba que la finta descolocaría a la rival y asestaría un corte letal. Pero Kazahana era mas diestra de lo que su fachada daba a entender, pese a demostrar en su aspecto una clara edad, no le faltaba experiencia en combate y eso lo demostraba con cada uno de sus muy bien calculados movimientos. Quedó a espaldas de Ayase, en una posición que a la cual la espadachina de Nohr le era imposible seguir con la ofensiva con su propia espada, el rango era demasiado corto, además Kazahana ya había bloqueado el intento de giro de Ayase sobre si misma con el mango de su katana. - Ahora, ahora mismo puedo tirarla.- Pensó... Y con esto, hizo gala de su grandioso juego de piernas, ejecutando una patada dándole aún la espalda a Kazahan en la cual incluso se ayudaba de su cuerpo, con un giro de todo este, empujando su propio cuerpo también para abajo para asestar con mayor potencia la patada, que barrería ambas piernas de Kazahana y la tiraría al suelo, además la mercenaria aprovecharía el giro de su cuerpo para encararla, dejándola al merced de Ayase. Pero... Unos simples pasos de Kazahana alejándose de ella, hizo que la patada de Ayase por debajo, diera el giro de 180 grados sin encontrar donde golpear.

- Oh vamos... ¿De verdad optó por alejarse tan rápido? Parece ser mas astuta y precavida de lo que parece.- Concluyó en su mente. Pronto una demanda por parte de la samurai llegaría, otra dura comparación sobre los demás Nohrios llegó a los oídos de el filo escarlata. -¿Iguales? No me hagas reír, soy única e irrepetible y eso será lo que me lleve a ser mundialmente reconocida. Por mi empeño y coraje, por mi trabajo duro en el sendero de la espada, por salvar a quienes lo necesitan... Yo no soy como "ellos".- A decir verdad, Ayase no entendía muy bien el concepto de honor que había implementado en los espadachines de Hoshido, pues ella pensaba que el honor en una batalla residía en unos pocos términos :

1.-) Si se trataba de un duelo, sería un uno contra uno pasara lo que pasara.
2.-) No se podrían usar otros elementos externos que no fuera tu cuerpo y tu espada.
3.-) Siempre tratar de que el rival esté en un estado físico razonable (Esto Kazahana lo había respetado, pero Ayase pidió personalmente aliviar su dolor con una disputa).
4.-) Honrar con un un tiempo en silencio, la muerte del rival si este perecía en combate y cerrar sus ojos, si estos quedaban abiertos. (Pero en este caso, Ayase no pretendía para nada herir de gravedad a la samurai, a su actual rival).

Tras reincorporarse de su patada y haber escuchado y respondido ante aquellas acusaciones, volvió a responder - Parece que nos han llevado por distintos ríos, pero ambos con la misma desembocadura. Yo, lo que tú acabas de nombrar como algo poco honorable, yo lo veo como un acto astuto. Mi estilo de combate usa mucho las fintas y casi las piernas en su totalidad. Me han enseñado desde que fui una cría, a usar mi cuerpo en combate y a pensar en este y quien me enseñó, no procedía exactamente de Nohr. Esto quiere decir... ¿Qué no podré golpearte con mis piernas si se me presenta la oportunidad? Ha decir verdad, era la forma mas viable que tenía para noquearte.- Calló durante unos pocos segundos, algo confundida y cayó en la cuenta de algo, ambas luchaban con una mentalidad totalmente distinta. Aunque Ayase solo pretendía medirse con Kazahana, empezaba a dudar sobre si ella tendría los mismos objetivos para el combate.

- Una pregunta Kazahana... ¿Cómo podría preguntarlo? Verás... ¿Tú estás intentando matarme, no es así? Con esto dejó clara la duda sobre la finalidad que el duelo tendría y su repercusión en ambas espadachinas. Por cualquier razón de la vida, Ayase siempre daba a entender cosas que no resultaban ser lo que parecían, por ello mismo, por su terrible e impulsiva actitud, tenía muchas veces que preguntar y o dejar claras sus intenciones haciendo uso de la palabra, algo triste pero cierto. - Puede parecer extraño a tu manera de verlo, pero con este combate no pretendo llevarme tu vida. Ha decir verdad, jamás se me ocurriría llevarme algo más que tu orgullo, pues al fin y al cabo, eres una digna rival con la cual medirme nuevamente más adelante ¿No es así? Realmente, espero que la explicación haya sido obra de mi adorable ingenuidad y tú lo hubieras entendido desde un principio.- Una explicación algo extraña, pero necesaria. Había que dejar claras las intenciones de la mercenaria. - Teniendo esto en cuenta, me temo que no podré hacer una excepción esta vez por ti sobre el uso de mi cuerpo en el combate.-

Turnos para que Ayase de desmaye:
Está a punto pues está luchando muy cerca de su límite y caerá fatigada, le quedará un poco más de resistencia. Le doy unos muy pocos turnos.
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Re: En cada muerte hay honor y el honor, lleva a la redención [Priv. Ayase & Hana]

Mensaje por Hana el Lun Mar 06, 2017 6:09 pm

Hana sostenía con firmeza la katana a la altura de su rostro, con la punta de la hoja apuntando hacia Ayase. A pesar de sentirse molesta por la traicionera técnica de su adversaria, prefería no dejarse llevar por la emoción del combate y esperar para entender los patrones de movimiento de la mercenaria de Nohr. Tenía que reconocer que le sorprendía que ésta pudiese seguir arremetiendo contra ella con tanta soltura a pesar de la fatiga que debía de estar sintiendo su cuerpo, pues a pesar de haber salido bien parada del primer ataque, aquella finta bien podría haberse cobrado su vida. A diferencia de la samurái, que prefería permanecer quieta y atenta antes de abalanzarse hacia el peligro, la extranjera parecía depender mucho de sus piernas para tratar de imponerse sobre su rival. Por fortuna, la intuición de Hana no falló, consiguiendo eludir a tiempo la patada trasera de Ayase al apartarse unos pasos de ella. La muchacha hoshidana frunció aún más el ceño al escuchar las consiguientes palabras, sumamente consternada al ser testigo de tanta arrogancia ajena. Se limitó a no decir nada más, sin querer dejarse llevar por la emoción del combate mientras se esforzaba por permanecer impasible.

Los vigilantes nocturnos de la frontera tampoco decían nada. En el fondo sabían que la tenacidad de la joven samurái se impondría al dudoso honor de su adversaria, pero fuese cual fuese el resultado, no querían interrumpir el enfrentamiento. Entendían que estaban siendo testigos de un inusual combate en el que ya no estaba en juego la reputación militar de ambas espadachinas, sino que estaban presenciando un auténtico choque de voluntades. Hana cargaba con orgullo con todos los valores del reino de Hoshido, mientras que Ayase luchaba al borde de la extenuación en un venerable acto de autosuperación. Sin embargo, la mercenaria nohria parecía confundida por las duras acusaciones de la samurái hoshidana, por lo que empezó a excusarse por su ataque anterior. Decía que consideraba que estaba siendo astuta, en vez de poco honorable. Como respuesta, Hana negó levemente con la cabeza, sin apartar la fiera mirada dibujada en su rostro. La extranjera no estaba entendiendo nada, pero aun así se abstuvo de interrumpirla. Si deseaba malgastar lo que le quedaba de energías hablando, ella no la detendría. Mas al escuchar la pregunta que ésta formuló a continuación, le fue imposible seguir quedándose callada.

¿Es que acaso no lo comprendéis? —le espetó Hana a Ayase sin ni siquiera darle a tiempo a terminar lo que decía—. Venís a estas tierras para mediros con la estirpe de guerreros más virtuosa de los seis continentes, ¿y esperáis no luchar a muerte?

Estaba claro que ellas dos hablaban en idiomas diferentes, y seguían filosofías también diferentes. No obstante, Hana creía entender las motivaciones de su rival, pese que en realidad su rival no pareciese entender las suyas. Fue por eso que Hana tomó la decisión de mostrarle de una vez a Ayase lo que en realidad debía de ser el propósito de ese combate para ella misma. Abandonando entonces su postura defensiva, pasó a sujetar la katana con una sola mano. A diferencia de otros samurái de cuerpos más fornidos, a la joven hoshidana le costaba blandir el peso de la espada con soltura. Pero lejos de considerar ese detalle como una desventaja, con el tiempo había aprendido a aprovecharse de su debilidad para convertirla en fortaleza, adquiriendo el estilo de lucha honesto y completo que estaba a punto de mostrar. Justo al contrario que Ayase, cuya principal fortaleza que eran las piernas, se transformaba también en su principal debilidad.

Si de verdad queréis ser la mejor espadachina del mundo, tendréis que aprender de nosotros, los samuráis. ¿Sabéis acaso en qué nos distinguimos de vosotros, los extranjeros? —en ese momento, y casi sin dar tiempo a reaccionar, Hana se abalanzó vertiginosamente hacia su rival. Ya no le importaba defenderse, sino atacar con todo lo que tenía. Quería hacerle entender a las malas lo que estaba en juego en ese combate, y por esa razón dirigió con furia su primer golpe a la espada de la mercenaria con la suficiente fuerza como para desarmar a un espadachín normal y corriente. —Nos distingue la destreza— Para no quedar expuesta a un posible contraataque, la samurái giró su cuerpo de forma agresiva, dejando que la brillante hoja de su katana describiese un arco en el aire, con el objetivo de asestar un nuevo corte diagonal destinado a rasgar superficialmente las ropas de Ayase. —Nos distingue el dominio— Sin querer dejarle tiempo a recuperarse y esperando una reacción defensiva por parte de su contrincante, la joven procedió a agacharse para ejecutar un barrido de piernas a la vez que, blandiendo la espada al unísono, se aseguraba de mantener una defensa. —Nos distingue la voluntad— Para finalizar la repentina arremetida, Hana tan solo apuntó el cuello de su adversaria con la punta de su katana.

Pero sobre todo, lo que más nos distingue de vosotros es que no tenemos miedo de morir.
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Re: En cada muerte hay honor y el honor, lleva a la redención [Priv. Ayase & Hana]

Mensaje por Eliwood el Miér Jun 14, 2017 1:47 am

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Hana ha gastado un uso de su espada de bronce.

Hana obtiene +2 EXP.
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Re: En cada muerte hay honor y el honor, lleva a la redención [Priv. Ayase & Hana]

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