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[Campaña de Liberacion] Cuando un loto florece en tiempos adversos, hasta los dioses voltean a verlo [Priv. Hana]

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[Campaña de Liberacion] Cuando un loto florece en tiempos adversos, hasta los dioses voltean a verlo [Priv. Hana]

Mensaje por Kija el Vie Feb 17, 2017 4:21 am

Cuenta la leyenda que existe un templo pedido entre un bosque de cerezos en la cima de la montaña más alta de Hoshido, un lugar tan cerca del cielo donde incluso se puede escuchar la voz del dragón sagrado. El viaje tan arduo pone a prueba el corazón de los peregrinos audaces que se aventuran a escalar la montaña, subiendo uno a uno los escalones de su infinita escalinata. En ese lugar donde un aura casi sobrenatural de paz y armonía inundaba el ambiente, un joven vestido con la túnica de un clérigo se podía divisar a los alrededores, su cabello lucia un color blanco puro como la nieve y una piel tan clara que casi era transparente, podía contemplarse a su lado derecho una zarpa recubierta con escamas tornasoladas similares a ópalos blancos que ocupaba el lugar donde debería haber un brazo humano. Aquel muchacho pasaba las horas limpiando y reparando aquel viejo templo que le vio nacer y crecer, una estructura tan antigua como él y quizá un tanto más.... una pequeña pieza de paraíso, solitario, pero que a final de cuentas podía llamar hogar. Se aseguraba que todo estuviese en orden pues no pensaba quedarse, aun había tantas cosas que hacer, tantos lugares a donde ir.... la tranquilidad que ese lugar le brindaba a su alma tendría que esperar un poco mas pero.... de momento, por respeto a todo lo que había vivido allí se dedico un poco de tiempo para cuidar de aquel lugar como este lo había hecho con el por tanto tiempo, si, podía permitirse unos breves momentos de paz antes de regresar a la locura de guerras y conflictos que había en el exterior.

Estaba Kija entonces entretenido en sus cosas cuando, sin previo aviso un horrendo escalofrió le recorrió desde la espalda baja hasta la nuca, haciéndole girar la cabeza casi de inmediato hacia el punto en el horizonte donde sentía provenir una cantidad enfermiza de energía maligna, una fuerza impía que alteraba el ambiente pacífico de aquella tierra sagrada. El joven mestizo cerro entonces los ojos un momento, desde la cima de la montaña no podía verse más que el denso bosque de cerezos y la neblina característica de la increíble altura a la que se encontraba, mas por alguna razón un leve sonido llegaba a sus oídos triduo por el viento.

Un cantico.... una plegaria tan sutil como un susurro que se perdía ligeramente entre el sacudir de las ramas de los cerezos.
.................
..........
......
...
"Ayuda"

El joven abrió lentamente los ojos, perdiendo la mirada en el cielo celeste sobre su cabeza. De alguna manera, gracias a la conexión tan profunda que tenia con su tierra natal logro percibir, de alguna o de otra manera la sensación de que alguien pedía su ayuda, una petición que había recibido claramente pese a no haberla escuchado directamente. Fue así que, sin pensárselo demasiado el muchacho de blancos cabellos comenzó a emanar una luz cálida color celeste que lentamente le fue cambiando de forma; el manakete de blancas escamas brillantes abrió sus enormes alas que parecían estar hechas de un cristal transparente y emprendió grácil vuelo hacia las faldas de la montaña, más concretamente al lugar donde sentía mas fuertemente la presencia del viento aciago.
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Re: [Campaña de Liberacion] Cuando un loto florece en tiempos adversos, hasta los dioses voltean a verlo [Priv. Hana]

Mensaje por Hana el Dom Feb 19, 2017 10:37 am

En los últimos días, los jardines del Santuario de Sevenfold se habían convertido en un auténtico campo de batalla. Los emergidos marchaban a sus anchas por todo el lugar, y de vez en cuando se organizaban para tratar de tomar alguno de los numerosos templos y capillas que se extendían por el paisaje. Hasta entonces se había creído que los monjes que cuidaban de aquellos sacros terrenos estaban a salvo, o bien habían sucumbido a la invasión. La atención del reducido ejército hoshidano estaba más pendiente de proteger las fronteras del país de la entrada de más fuerzas hostiles, que de ocuparse de los emergidos que ya se encontraban dentro. Era ahí donde los mercenarios contratados por el Clan Yato, motivados por la promesa de recibir una considerable suma de dinero, entraban en acción. Sus deberes consistían en recorrer cada uno de los rincones de Hoshido en busca de enemigos a los que eliminar, aunque de vez en cuando se unían a las filas de la milicia oficial para hacer frente a determinadas situaciones aún más críticas. En cambio, las capillas del Santuario de Sevenfold no eran prioritarias para nadie. Estaban tan repletas de emergidos que tratar de recuperarlas se consideraba un suicidio, sobre todo cuando no existían ni siquiera garantías de que en su interior hubiese supervivientes.

Sin embargo, el informe de una reciente y arriesgada incursión oficial a los sagrados jardines indicaba lo contrario. Se había descubierto que aún quedaba un número indefinido, aunque considerable, de monjes y civiles atrincherados en algunos templos. Los emergidos en principio preferían merodear a los pies de la montaña, sin atreverse a adentrarse más allá. Aunque algunos habían empezado a hostigar los templos de más difícil acceso. Sabiendo esto, las autoridades no podían permitirse ignorar la actividad de los inexpresivos invasores en aquella zona. Pero al no disponer de efectivos suficientes como para organizar una campaña militar que exterminase a los emergidos, se procedió a aplicar la cuestionable medida de reclutar voluntarios.

Hana fue de las primeras en alistarse. Su reconocida habilidad con la espada fue suficiente como para que la nombrasen de inmediato líder del grupo, por lo que de la noche a la mañana se había convertido en la comandante de un centenar de voluntarios, muy a su pesar. Ella era una samurái, no una estratega, y temía no saber dirigir bien al equipo. Sus subordinados eran en su mayoría simples aldeanos que a duras penas podían manejar en condiciones la naginata, pero que al menos disponían de la férrea voluntad de luchar y morir por una causa que consideraban justa. Algunos otros eran soldados veteranos que estaban cansados de luchar en la frontera, pero que cuyas habilidades en combate palidecían frente a las de la joven. Aunque de entre todos los voluntarios, había un miembro que destacaba como nadie del resto. Aquel hombre vestía un traje tradicional de lo más humilde, y su cabello negro como el carbón le caía sobre los hombros. La mirada de su rostro era tan gélida que bastaba para intimidar al resto de sus compañeros, e iba armado con la katana más bien afilada que Hana había visto jamás. Se trataba del propio Nhat, el cabeza de familia del clan Yato, y principal responsable de reclutar mercenarios extranjeros que luchasen por Hoshido. Al haberse incorporado en el último momento al equipo, no le habían propuesto convertirse en el líder de la campaña, pese a que todos los presentes conocían historias acerca de su legendaria habilidad en la guerra.

Comandante Kazahana. Ordene a sus subordinados a ponerse en guardia. Nos están acechando.

¿Eh? —preguntó la samurái distraída—. ¡Sí, sí!… esto… ¡¡Todos en guardia!!

El repentino susurro del maestro ninja la había desconcertado por unos instantes, sacándola de su ensimismamiento. Se suponía que ella era la líder de aquel grupo de voluntarios, pero era Nhat quien en realidad le susurraba al oído qué decir en qué momento para dirigirlos. Hana agradecía la ayuda, pero se sentía patética. Como primera vasalla de la princesa Sakura, estaba acostumbrada a recibir órdenes, en vez de darlas. Tener a su lado a alguien más versado que ella en estrategia le daba cierta confianza, pero también se sentía inútil. ¿En qué estaban pensando al nombrarla a ella como líder? ¡Lo suyo era proteger, no mandar!

Comandante Kazahana. Mi pupila estuvo en aquel primer grupo que entró a este sitio. Ahora sabemos que nuestros enemigos están organizados y nos tenderán una emboscada —dijo Nhat con tranquilidad sin quitar ojo a los alrededores—. Tienen también fuego. ¿Se puede saber entonces por qué está tan dis…? ¡Al suelo!

El maestro ninja, haciendo gala de unos increíbles reflejos, apartó de un empujón a la samurái evitando que una silbante flecha enemiga la hiriese. Hana estaba confundida, pero cuando alzó la vista de nuevo se percató de que estaban rodeados por más de cien soldados. Los emergidos les superaban en número, pero ella estaba convencida de que podrían hacerles frente. Se incorporó de inmediato y empuñando con firmeza la katana que una vez perteneció a su padre, gritó a pleno pulmón.

¡Por Hoshido! ¡¡Al ataque!!
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Re: [Campaña de Liberacion] Cuando un loto florece en tiempos adversos, hasta los dioses voltean a verlo [Priv. Hana]

Mensaje por Kija el Miér Feb 22, 2017 6:03 am

Kija viajo por muchos lugares hasta ese día.... no había contemplado pocos paisajes y si bien lograba sentir cierta conexión con la naturaleza y el mundo en el que vivía tenía un aprecio especial por Hoshido su tierra natal. Si bien la sola idea de que los emergidos destruyesen pueblos enteros, quemando cultivos y cometiendo todo tipo de atrocidades le molestaba, tratándose de su "hogar" lo hacía enfurecer a un grado que no creía posible.... no perdonaría a quien osase profanar aquellas tierras sagradas ya fuera hombre, emergido o laguz por lo que el manakete emprendía raudo vuelo hacia donde podía sentir el peligro.

Su cuerpo de dragón lucia una figura esbelta, alargada y elegante muy parecida a las esculturas y dibujos sobre Naga que abundaban en los templos y sus escamas que reflejaban los rayos del sol le hacían emanar un brillo tornasolado bastante llamativo. Sus alas con fuertes membranas transparentes aleteaban sin hacer ningún ruido y con una gentileza tal que el viento que estas provocaban al aletear apenas y ceiba una briza que mecía las ramas de los cerezos. Voló grácilmente por los alrededores hasta que finalmente pudo encontrar un numero de emergidos que podría considerarse ridículo, casi rodeando uno de los pequeños templos ubicados a las faldas de la montaña.

Spoiler:
El rugir del manakete era imponente pero reflejaba al mismo tiempo su naturaleza gentil, pelearía por así era necesario y no por que disfrutara de hacerlo realmente. Las fauces de la bestia blanca se abrieron a la par que su pecho comenzaba a brillar de un color celeste muy llamativo, soltando momentos después un halito de energía que erradico en un parpadeo a un gran número de emergidos.... Kija no era capaz de ver al pequeño ejército de humanos que estaba peligrosamente cerca de el pues ellos no emanaban el aura impía que le hacia fácil detectar a los emergidos, el problema radicaba en que el colosal cuerpo del manakete le complicaba el maniobrar con poco espacio y al no desear dañar su adorado bosque de cerezos más de lo necesario se vio limitado a aterrizar en las cercanías del templo, comenzando a atacar a la armada enemiga sin ser aun consciente de que había humanos cerca. Los sacerdotes por supuesto estaban aterrados con la situación por lo que se mantenían encerrados en el lugar, a salvo de momento más los soldados en las cercanías quizá no saldrían bien parados si el manakete continuaba luchando sin notar su presencia
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Re: [Campaña de Liberacion] Cuando un loto florece en tiempos adversos, hasta los dioses voltean a verlo [Priv. Hana]

Mensaje por Hana el Miér Feb 22, 2017 8:50 pm

Hana tenía que reconocer que aquellos emergidos eran hábiles. El maestro ninja ya le había advertido instantes atrás que estaban siendo acechados, pero en ningún momento había imaginado que tras la maleza se ocultaban más de cien soldados enemigos, aguardando a la espera de que se acercasen lo suficiente a la trampa. El informe de la incursión predecesora de la operación que estaban llevando a cabo hacía mucho hincapié en las asombrosas aptitudes de organización de aquellos oponentes, quienes parecían capaces de planificar emboscadas estratégicas peliagudas en cuestión de minutos. Pero Hana y su escuadrón de subordinados estaban preparados. Quizá no contasen con lo mejor del ejército oficial de Hoshido, pero la samurái estaba convencida de que tenían oportunidades para imponerse sobre los emergidos. Por desgracia, carecía de las dotes de mando necesarias para transmitir su optimismo a las tropas, y por esa razón no pudo evitar que todos entrasen en pánico al verse superados en número.

Los invasores los observaban con cautela desde detrás de los árboles, armados la mayoría con espadas y lanzas, y una minoría con arcos y flechas. Aguardaban el momento justo para iniciar el combate, creando así una densa tensión que se apoderó de la atmósfera y contagió a la milicia hoshidana de miedo y ansiedad. ¿Cuántos morirían allí? ¿Qué bando se alzaría finalmente con la victoria? Aquello no iba a ser más que la primera de una serie de batidas militares destinadas a exterminar a los emergidos de los jardines de Naga, y aun así la incertidumbre campaba a sus anchas en las mentes de los soldados de Hoshido.

La flecha que casi habría acabado con la vida de Hana de no ser por la intervención de Nhat, había sido solo una advertencia. Sin necesitar de palabras para ser comprendida, todo el mundo allí presente supo que era una manera sutil de decirles: “No os queremos aquí. Largaos”. Pero ni la samurái ni sus hombres estaban dispuestos a retroceder. Podrían tener miedo, pero regresar sin haber siquiera luchado sería la peor de las deshonras. Con firmeza, los hoshidanos contuvieron la respiración a la espera de la orden que diese inicio al inevitable enfrentamiento.

El “¡Por Hoshido! ¡¡Al ataque!!” de Hana no se hizo esperar, y de un momento a otro el caos se hizo en todo el lugar. La marabunta sanguinolenta de soldados tanto emergidos como humanos era confusa, y la joven samurái estaba justo en el epicentro de la lucha.

Blandía con valor su espada en medio de una vorágine impetuosa de colores y de sangre, sintiendo que debía de estar participando en algún tipo de macabro baile junto a la misma Muerte. Había instantes en los que un oportuno bloqueo bastaba para salvar su vida y la de algunos de sus camaradas, y otros en los que con un certero corte diezmaba el número de oponentes. Ella era una luchadora nata a la que le sonreía la fortuna, pero por desgracia no todos sus subordinados compartían ese rasgo de su naturaleza. Muchos sucumbían al cansancio y eran derribados por los emergidos al carecer de las fuerzas necesarias para seguir defendiéndose. Algunos decidían, al ser incapaces de comprender el sinsentido de esa guerra, repetir para sí mismos plegarias en busca del amparo de Naga.

Mientras tanto, el maestro Nhat había desaparecido. Libraba su batalla entre las sombras, eliminando a los arqueros uno a uno, justo como había enseñado a hacer a su rebelde pupila. Pero se detuvo al escuchar un sonido peculiar. Su entrenado oído captó el rugido de la criatura antes que nadie, y alzó la vista al cielo para contemplar al majestuoso dragón que se aproximaba a proteger aquellas tierras sagradas.

El manakete descendió y aterrizó un poco más allá de donde ocurría el combate, como si temiese destrozar por accidente el bosque de cerezos. La bestia empezó a atacar a los invasores sin darles la más mínima tregua. Parecía enfurecida.

Hana quedó embelesada por unos momentos al ver la milagrosa aparición. Fue entonces cuando se volvió a sus soldados y gritó con esperanzas renovadas.

¡Mirad! ¡Los dioses están de nuestro lado! ¡Esta batalla es nuestra!

No obstante, la samurái se fijó en que al dragón le costaba maniobrar. A pesar de su descomunal tamaño, si no era capaz de moverse con total libertad, se convertiría en una presa fácil para los emergidos que se acercaban a él para atacarle. Confiando el combate principal a sus subordinados, se dirigió lo más rápido que pudo al templo cercano en el que el manakete combatía.

¡Eh! ¿Puedes entenderme? —exclamó, espada en mano, en cuanto pudo alcanzarlo.
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Re: [Campaña de Liberacion] Cuando un loto florece en tiempos adversos, hasta los dioses voltean a verlo [Priv. Hana]

Mensaje por Kija el Jue Feb 23, 2017 4:02 am

El numero de emergidos que infectaba la tierra sagrada era incierto para el manakete quien con una facilidad descarada despachaba a los enemigos con solo moverse un poco.... el numero para el no era el problema si no el lugar en el que estaba tomando en cuenta que la criatura media al menos unos 5 metros de alto. Los emergidos atacaban implacables al dragón blanco atraídos por el llamativo brillo prismático que sus escamas producían al reflejar los rayos del sol mas sus armas rebotaban contra la dura armadura del manakete sin hacerle siquiera un rasguño pues aquellos aparentes ópalos blancos que recubrían todo su cuerpo parecían mucho más resistentes que el metal mundano del que estaban hechas la mayoría de las armas humanas. Las flechas tampoco eran efectivas, fácilmente comparables a una avispa quien intenta clavar su aguijón a un caballero atravesando con este su armadura de metal pues incluso las alas de aspecto frágil y transparente repelían los proyectiles sin ser dañadas siquiera.

Aun con todas aquellas ventajas y de poder "sentir" la presencia de los enemigos Kija no era capaz de verlos con claridad y menos aun cuando estos se escondían por entre el bosque y los arbustos por lo que su capacidad combativa se veía reducida al claro frontal en los alrededores del templo dedicado a Naga, tampoco es que en realidad fuese un guerrero y por tanto las tácticas de combate y estrategias no eran algo que se le diera muy bien en realidad; tampoco es que tuviese un estilo de pelea en si mismo valiéndose de zarpazos, mordidas y pisotones para eliminar a los enemigos.

Entre todo aquel caos y sin necesidad de estar en realidad demasiado concentrado en lo que hacía fue que una voz se alzo en medio de la batalla, llamando su atención por supuesto pues era bien sabido que los emergidos permanecían silientes y estoicos en todo momento.

- Supongo que sí.... -

La gran cabeza del gigantesco dragón se giro entonces hacia donde había escuchado la voz, ligeramente confundido pues no esperaba ver a ningún humano por las cercanías. Su voz sonaba profunda pero no resultaba tan intimidante como podría esperarse en realidad de una criatura como esa y casi de forma instintiva abrió una de sus alas y así cubrir a la joven de algún posible ataque a distancia. Por supuesto también la pregunta en si misma lo había tomado por sorpresa pues lo normal era que los humanos dieran por hecho que sabía hablar el mismo idioma que ellos, haciendo que la enorme cabeza del dragón se girase ligeramente hacia un lado dibujando en su rostro un notorio gesto de intriga.

- No parece ser un buen momento para charlas pero supongo que si ha logrado abierse paso por entre la horda de emergidos no sera precisamente para tomar el te. Dígame señorita, en que puedo ayudarle? -

Podía hablar perfectamente aun en aquella forma aun que prefería hacerlo en un tono tranquilo y pausado al ser consciente de la diferencia de tamaños que tenia con los humanos y que probablemente de hablar en un tono más alto podría resultarles algo molesto.... aun con esas precauciones e intentando ser gentil su voz resonaba con facilidad dándole un toque más imponente a la criatura blanca. Al final para el solo bastaba hacer pequeños movimientos para repeler sin contratiempos a los emergidos que atacaban por lo que podía darse el lujo de "distraerse" para escuchar lo que la chica tenia para decirle, acercando su gran cabeza hacia ella para poder verla y escucharla mejor.
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Re: [Campaña de Liberacion] Cuando un loto florece en tiempos adversos, hasta los dioses voltean a verlo [Priv. Hana]

Mensaje por Hana el Sáb Feb 25, 2017 10:01 am

Sin duda aquel día hacía un sol de lo más radiante. La joven samurái nunca había esperado poder ver con sus propios ojos a uno de esos dragones sagrados de los que hablaban las leyendas de Hoshido. La luz reflejada en las escamas tornasoladas de aquella majestuosa criatura la cegaban por momentos con tal intensidad, que ni siquiera haciendo sombra sobre el rostro con la ayuda de sus manos, podía mantener la mirada en el manakete. Pero allí estaba ella, de pie y con su katana de empuñadura blanca empapada de sangre ajena, ante un ser de naturaleza divina al que los emergidos no podían ni hacer cosquillas con sus armas. Hana no estaba muy segura de por qué había sentido el impulso de correr al encuentro del dragón. En parte quería asegurarse de que no fuese una amenaza para su pequeño ejército, y por otra quería verlo de cerca. Mas ahora que se encontraba enfrente de aquella presencia tan extraordinaria, sentía sus piernas temblar e ignoraba qué decir a continuación. Por fortuna, la criatura rompió el incómodo silencio volviendo su cabeza hacia donde ella y, con una voz profunda y gentil, le contestó que podía entenderla.

De dragones, la muchacha lo único que sabía era lo que le habían contado de pequeña. Todas aquellas historias de que eran considerados representantes de la propia diosa Naga y cosas por el estilo. Pero encontrarse cara a cara con una leyenda la dejaba un poco amedrentada. Desde luego que no había esperado que el manakete supiese hablar su mismo idioma, ¡o que tan siquiera pudiese entenderla! Mientras trataba de enfocar con dificultad al dragón, tartamudeaba en busca de las palabras adecuadas.

Eh… yo… e-esto…

No pudo evitar dejar escapar un grito ahogado de sorpresa al verse rodeada de pronto por una de las enormes alas de la criatura. La membrana que las recubría era transparente, pero lo suficientemente recia como para aislar y proteger a ambos de los emergidos que trataban de herirlos. La samurái, percatándose de que tenía que dar una respuesta cuanto antes, hundió la hoja de la espada en la tierra y se dio varias palmaditas de frustración en el rostro. “¡Vamos, Hana! No puedes quedarte ahí quieta con cara de boba cuando ya has molestado al dragón, ¡estamos en mitad de una batalla!” pensó antes de decidirse a postrarse ante el manakete, en señal de devoción y respeto, con la mirada fija en el césped.

¡Me llamo Kazahana! Lidero al grupo de soldados que luchan contra los emergidos en el bosque de cerezos. ¿Podéis ayudarn-? —llegó a decir antes de quedarse sin palabras ni bien alzó ligeramente la vista. Quedó tan sorprendida al ver de cerca la cabeza del majestuoso dragón que no pudo evitar exclamar sin quererlo—. ¡¡Por el amor de Naga!! ¡¡Qué susto!!

La corta distancia que separaba su rostro del de la criatura bastaba para que la muchacha pudiese distinguir, con más nitidez que antes y sin el molesto reflejo de la luz del sol, los rasgos del manakete. El sobresalto de Hana fue también tal, que inconscientemente se había puesto de pie otra vez, con la espalda apoyada en la sólida membrana de las alas del dragón.

E-eh… ¿y cómo puedo llamaros a vos? —dijo a la desesperada en un intento de disimular el sobresalto anterior.
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Mensaje por Kija el Mar Feb 28, 2017 6:26 am

Era más que notorio el nerviosismo de la joven mas aquella reacción era una de las tantas que acostumbraba a ver en los humanos por lo que no le era muy ajena. La joven se postro ante el presentándose como Kazahana mientras el dragón por su parte la escuchaba atentamente.... Las reverencias en Hoshido eran parte de una tradición que el conocía bien por lo que no le pareció mal que la chica lo hiciera pues a final de cuentas no se estaba humillando frente a él como podrían pensarlo los forréanos. No, una reverencia al ras del suelo era una profunda señal de respeto haciendo a su vez que Kija entendiese la gravedad de la situación que le planteaba y lo importante que era para la joven.... un pequeño ejército luchando contra aquella implacable horda de emergidos, intentando proteger el bosque de los jardines sagrados de Naga. Antes de poder siquiera acabar la frase la pobre chica pego un grito por la cercanía contra, levantándose de golpe para quedar apoyada de espaldas con la membrana transparente de su ala.

- Naga bendita!!! -

Exclamo casi en respuesta el pobre manakete quien se vio igualmente sorprendido por el grito de la chica, posando su zarpa derecha en su propio pecho pues su corazón se había acelerado un tanto con el susto.... no estaba acostumbrado a que lo sorprendieran de esa manera pero tampoco podía decir que culpaba a la muchacha por esa reacción.

- L-lo lamento, no pretendía asustarla.... es solo que sería grosero de mi parte atender a su petición estando alzado. -

Al final sería una falta de respeto mirarla desde arriba pues no se consideraba superior a ella ni a nadie, ambos estaban vivos, ambos tenían sentimientos y anhelos, ambos compartían el mismo mundo y luchaban por la misma causa.... a ojos del manakete, eran iguales.

- Puede llamarme Hakuryuu, hijo de Tenkuugen y Hellen Silverwings. A sus servicios señorita Kazahana. -

Tenkuugen era un nombre ya casi olvidado por los hombres, uno que aparecía en algunos de los cuentos más antiguos de Hoshido como el dragón sagrado que habitaba cerca de un poblado cuya ubicación no quedaba del todo clara, uno que podía sanar cualquier aflicción solo con su sagrada presencia pero tras ser traicionado por un samurai avaricioso que deseaba conseguir la vida eterna bebiendo su sangre alzo el vuelo hasta perderse en el cielo, llevándose consigo la buena fortuna y prosperidad abundantes de las que llego a gozar esas tierras de antaño.

- Me encantaría ayudarles señorita Kazahana.... pero si entro al bosque de los cerezos es un hecho que acabare destruyendo parte de él. Los arboles de este lugar tienen siglos de edad, algunos incluso me vieron crecer.... no sería capaz de perdonarme el destruir uno solo de ellos. -

El pesar del dragón era notorio tanto en sus gestos como en su tono de voz, siendo su gentileza su mayor debilidad en aquel momento. Aun así, permanecía tranquilo pues alguna manera debía de haber para eliminar esa plaga sin lastimar el bosque.

- Si los atraen hacia este lugar yo podría encargarme de ellos sin problemas.... Sera imposible para mi distinguir a los humanos de los emergidos en todo caso pues desde la altura se ven bastante similares. Por ello, quizá sea buena idea que usted y sus hombres porten ramas de los cerezos en sus armaduras; los colores claros de sus pétalos los harían destacar entre los tonos obscuros de las armaduras enemigas y sabré que son ustedes. -

No era un estratega militar pero sabía de sobre lo restringido que estaba en aquella pelea por lo tanto la joven espadachín y sus hombres debían igualmente todo su empeño en ello.... Tampoco se negaría si la joven teya alguna otra idea mejor por lo que, aun con su gran cabeza agachada la escucho atentamente.
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Re: [Campaña de Liberacion] Cuando un loto florece en tiempos adversos, hasta los dioses voltean a verlo [Priv. Hana]

Mensaje por Hana el Jue Mar 02, 2017 7:33 pm

La criatura que se encontraba frente a ella era majestuosa y solemne. Hana se sentía tan insignificante a su lado, que no pudo evitar sorprenderse al presenciar la súbita reacción del dragón a su susto. ¡Él también se había sobresaltado! Verle ahí, con una zarpa puesta sobre su torso escamoso, desentonaba en demasía con la imagen de manakete anciano y sabio con la que la joven le había estado asociando. Peor aún, oírle disculparse de aquella manera por haberla asustado provocó que la samurái no supiese dónde meterse. No todos los días se tenía la oportunidad de intercambiar palabras con un dragón divino, y mucho menos de oír a uno pidiéndole a ella, que era solo una mera humana vulnerable, disculpas con titubeos inconclusos. Pese a que Hana se sentía algo incómoda por la estrambótica situación, trató de disimular nuevamente sus impresiones, aunque en su interior estaba siendo acosada por un incesante número de cavilaciones inseguras. “¡¿Pero qué estoy haciendo?!” se decía una y otra vez, avergonzada de sí misma “Para una vez en mi vida que podría protagonizar una leyenda... ¡voy y meto la pata! Espero que al menos mis futuros descendientes sepan decorar esta historia para que yo no quede en completo ridículo”. Hana negó entonces varias veces con la cabeza para apartar esos pensamientos. Quería aliviar la tensión que se había apoderado de la atmósfera, por lo que se despegó de inmediato del ala del manakete y volvió a acercarse a él, dispuesta a escucharle sin más sobresaltos.

M-me honra poder llamaros por vuestro nombre, Hakuryuu, dragón blanco —respondió la samurái con diligencia. Claro estaba que le había extrañado oírle decir que era hijo de alguien llamada Hellen Silverwings. Aquel era un nombre poco divino a decir verdad, pero prefirió abstenerse de preguntar por si ofendía a la sagrada entidad. Además, tampoco disponían de mucho tiempo para conversar, pues a los pies de la colina sus propios hombres seguían librando una cruenta batalla contra los emergidos. Hakuryuu le dijo a continuación que aunque le encantaría ayudar, no podría hacerlo a menos que el ejército hoshidano atrajese a los enemigos hacia donde él se encontraba. La estrategia improvisada que expuso después parecía tener sentido. Que cada uno de los soldados pusiese una rama de cerezo en sus corazas sería una manera sencilla de diferenciarse de los invasores, por lo que sin pensárselo dos veces, Hana elogió la idea.

¡Tenéis un buen plan, dragón blanco! —respondió con una temblorosa sonrisa, todavía sin acostumbrarse a hablar a Hakuryuu—. ¡H-hagamos eso!

Sin embargo, cayó de repente en la cuenta de que con tanto jaleo en el bosque de cerezos, sería incapaz de imponer sus órdenes. ¡Se dejaría la voz en el acto si lo intentaba siquiera! Pero antes de que pudiese decirle nada al manakete, vislumbró a través de la membrana transparente de su ala a un nutrido grupo de emergidos que, armados con espadas y lanzas, penetraban en el templo que la sagrada criatura parecía haber estado protegiendo hasta que Hana le interrumpió. El informe de los restos de la primera milicia que se aventuró a explorar el Santuario de Sevenfold aseguraba que todavía quedaban muchos civiles resguardados en los monasterios, por lo que la samurái empezó a temer que en el interior de aquella edificación todavía quedasen monjes.

¡Los emergidos! ¡Están entrando al templo! —exclamó Hana al dragón. Empuñando de nuevo su katana de empuñadura blanca, se abrió paso como pudo para salir de nuevo al campo de batalla y corrió en dirección al monasterio. Si había civiles en peligro, era su deber como samurái protegerlos.
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Re: [Campaña de Liberacion] Cuando un loto florece en tiempos adversos, hasta los dioses voltean a verlo [Priv. Hana]

Mensaje por Kija el Dom Mar 05, 2017 2:51 pm

Kija dibujo una pequeña sonrisa en su rostro en cuanto la joven elogio su idea pues al no ser un guerrero tenia poca confianza en si mismo en cuanto a las estrategias humanas. Parecía entonces que ya tenían un plan mas solido que seguir. Sin embargo la atención de ambos se vio desviada a unos emergidos que comenzaban a derribar una de las puertas del templo que el manakete protegia, al parecer los emergidos aprovecharon aquella pequeña charla entre ambos para pasar a travez de la defensa que inmenso dragón proporcionaba. Kija se apresuro abriendo sus alas para intentar atrapar a los intrusos mas sus esfuerzos resultaron inútiles pues estos entraron a la edificación, volviendo a la criatura inútil pues al ser tan grande cualquiera de sus ataques podría tirarles a todos en templo encima, sintiéndose tan impotente como un felino que ve a las ratas esconderse detrás de un hoyo en la pared.

Molesto, el inmenso dragón centro su atención en los emergidos que seguían llegando a través del bosque, atacándolos sin piedad para evitar que entrasen mas al templo. Se sentía realmente frustrado por no poder hacer otra cosa, porque pese a su inmenso poder no podía ayudar tanto como deseaba. Fue en ese momento que un emergido especialmente habilidoso logro clavar su lanza entre las escamas de su brazo dando de golpe en un punto blando nada mortal pero tan doloroso como seria el piquete de una avispa en la piel de cualquier humano, por otra parte Kija quien no estaba acostumbrado a sentir dolor en aquella inmensa forma soltó un potente rugido que resonó por todo el bosque, haciendo eco incluso un poco más lejos. Mover el brazo solo le provocaba más dolor en aquella extremidad que resultaba más molesto que letal, mas aun por que en aquella ubicación no era capaz de sacárselo por su cuenta. Por ello se replegó un tanto agazapándose sobre sí mismo, limitándose ahora a tirar coletazos en un intento por no moverse demasiado. Aun así, el dragón se quejaba de vez en vez, sin preocuparse en modular su voz pues la batalla y el dolor que le provocaba aquella lanza clavada en su cuerpo no le permitían preocuparse por eso…. finalmente pareció que los emergidos se retiraron para reagruparse o quizá para seguir peleando en el bosque lejos del área donde el dragón se encontraba. Aprovechando ese pequeño cese al fuego Kija intento quitarse el arma incrustada entre sus escamas por la boca, logrando únicamente partirla a la mitad dejándola aun enterrada pero ahora haciendo imposible el sacarla con sus garras o su boca.

- Por Naga!! -

Gruño frustrado sin poder aliviar aquella molestia que sentía, siendo un hilo de sangre el que emanaba de aquella apertura, un rasguño para el pero que desde la perspectiva de un humano debería verse mucho más seria pues lo que Kija quizá consideraba un pequeño hilo de sangre desde otra perspectiva la cantidad de liquido rojo debería de verse mucho mayor. Aun echado frente al templo el manakete se asomo ligeramente en la entrada, preocupado por como las cosas le habían resultado a la joven de la espada.

- Señorita Kazahana…. esta usted bien? -

Pregunto notoriamente preocupado pues no podía ver lo que sucedía en el interior del lugar, se culpaba a sí mismo por haber permitido que el enemigo entrase a corromper un lugar sagrado como era un templo de Naga, mas poco y nada podía hacer al respecto.
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Re: [Campaña de Liberacion] Cuando un loto florece en tiempos adversos, hasta los dioses voltean a verlo [Priv. Hana]

Mensaje por Hana el Miér Mar 08, 2017 1:13 pm

Hana se dirigió lo más deprisa que pudo a la entrada del monasterio. Había enfundado nuevamente la katana para desplazarse más rápido, pues el peso de cargar con libertad su espada, sumado al de las protecciones de sus extremidades y al de su coraza ralentizaban sus movimientos en demasía. La samurái ignoraba la razón por la que los emergidos querían entrar al templo, pero estaba dispuesta a acabar con todos ellos antes de que siquiera osasen herir a un solo monje. El dragón blanco se percató también de lo que ocurría, por lo que adelantándose a la muchacha, trató de impedir en vano que los invasores terminasen de penetrar en el edificio. Hana chasqueó la lengua, sumamente asqueada. Sin la ayuda de Hakuryuu, tendría que enfrentarse a alrededor de diez enemigos por su cuenta. Sin embargo, lo que le preocupaba no era ese detalle en particular, sino el hecho de que si no regresaba al bosque de cerezos pronto para liderar el combate, sucumbirían todos al ataque emergido. La samurái, consternada por la serie de imprudencias que llevaba cometiendo desde que puso un pie en los jardines del santuario, intentaba controlar a duras penas el flujo de pensamientos que la invadían. Se sentía muy tensa en esa batalla, pues a pesar de estar más que preparada para salir airosa de escaramuzas como aquella, seguía siendo la primera vez que actuaba de comandante.

Fue entonces cuando vio que un nutrido grupo de emergidos, portando un estandarte que Hana no pudo reconocer, salió de repente del bosque en dirección al dragón divino. Hakuryuu actuó con rapidez y furia, y empezó a despedazarlos para evitar que siguiesen entrando en el templo. La samurái le dedicó un gesto de agradecimiento a su aliado escamoso antes de atravesar los portones derribados del edificio, y entrar por fin al interior.

Sin embargo, lejos de lo que esperaba, si bien encontró en el vestíbulo sangre esparcida por doquier, ésta no procedía del cadáver de algún monje, sino de los restos de una decena de emergidos que yacían tendidos en el suelo, terriblemente desfigurados por laceraciones profundas. Y allí, contemplando el paisaje a través de una puerta corredera abierta que daba a un balcón, se encontraba aquella misteriosa figura que Hana no habría esperado encontrar en ese lugar. La katana que sujetaba estaba empapada de rojo, y en la otra mano sostenía una jaula de bambú en la que una paloma blanca aleteaba nerviosa.

Comandante Kazahana. Os estaba esperando —dijo el maestro ninja, volteando su rostro para fijarse en la samurái— No os preocupéis por los emergidos. Ya me he ocupado de eso.

¡¿N-Nhat?! ¿Qué hacéis aquí? —respondió la joven anonadada.

No hay tiempo. Tomad este pájaro, subid a lo alto del templo y dejadlo volar. Nos veremos en el campo de batalla.

Antes de que Hana pudiese hacer más preguntas, una nube de humo carmesí envolvió el cuerpo del hombre y al desvanecerse, éste había desaparecido dejando solo la jaula detrás. La muchacha no se permitió el lujo de cuestionar la orden del mayor, por lo que confiando en lo que Nhat le acababa de decir, tomó a la paloma y empezó a subir a toda prisa las escaleras del templo. Imaginaba que los monjes debían de haberse recluido en alguna habitación bien resguardada, pues no llegó a ver a ninguno de ellos en su recorrido antes de alcanzar el palomar ubicado en el piso más alto del monasterio. En ese instante, un rugido atronador hizo vibrar las paredes del endeble edificio obligando a Hana a taparse los oídos. “¿Q-qué ha sido eso?” se preguntó cuando el ruido hubo terminado “¿Acaso esto ha sido cosa de Hakuryuu?”. La samurái se asomó por el balcón a comprobarlo. Desde ahí arriba pudo distinguir al dragón blanco, todavía peleando contra los emergidos, y obtuvo la obvia respuesta que esperaba.

Hana quería regresar lo antes posible al combate, por lo que abrió la jaula y dejó salir a la paloma tras percatarse de que ésta llevaba un pequeño pergamino atado en la pata. El ave emprendió el vuelo al verse libre, mientras que la samurái volvía a las escaleras para asistir al dragón.

Al llegar al vestíbulo, le sorprendió ver la cabeza de la majestuosa criatura ligeramente asomada en la entrada.

¡Sí! ¡Estoy bien! ¡Los monjes están a salvo y yo tengo una fantástica idea! —dijo respondiendo eufórica a la pregunta. Hana salió entonces del monasterio con la intención de reunirse otra vez con su aliado. No obstante, no pudo evitar fijarse en la lanza partida que Hakuryuu tenía incrustada en su brazo.

¡Por Naga! ¡Estáis herido! —exclamó llevándose una mano al pecho, sumamente preocupada por el estado de aquella herida—. ¡Dejad que os ayude!

La samurái se acercó con cuidado a la criatura y sujetó el arma con la intención de tirar de ella.

Veo… ¡que hasta los dioses pueden ser también unos tontos! —llegó a decirle con dificultad mientras trataba de hacer fuerza para extraer la lanza. Pudo sacarla por fin al tercer intento, cayendo de bruces al suelo por el esfuerzo.


Última edición por Hana el Dom Mayo 14, 2017 9:52 pm, editado 1 vez
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Re: [Campaña de Liberacion] Cuando un loto florece en tiempos adversos, hasta los dioses voltean a verlo [Priv. Hana]

Mensaje por Kija el Dom Mar 26, 2017 12:28 am

Kija no pudo evitar soltar un suspiro de alivio ante las palabras de la joven, al parecer todos estaban a salvo y el dragón le estaba agradecido a la chica por ello, ignorando que ella no había sido quien elimino a los emergidos intrusos. El dragón permitió que la joven se acercara haciendo un leve gesto de dolor cuando ella comenzó a tirar de la lanza mas se mantuvo quieto para no dificultarle más las cosas a la joven. Soltó un pequeño rugido en cuanto aquella arma por fin fue extraída de su brazo aun que este tenía un tono ligeramente agudo pues era más un quejido que una amenaza tal como los que les soltaba a los emergidos. Aun así, la voz de Kija resonaba fuertemente aun sin así desearlo pues no estaban en una situación que le permitiera modular su voz para no molestar a la muchacha, al igual que antes utilizo su ala para atrapar a la joven y que no cayera al piso abruptamente, dejándola desaislarse por esta hasta que sus pies tocasen el suelo. Giro su cabeza hacia ella una vez mas y agradeció con un pequeño inclinamiento de cabeza.

- Gracias, por mi cuenta no habría podido sacarme eso, me siento mucho mejor ahora. -

La herida no era importante realidad, apenas sangraba y pese a la pequeña sensación de dolor que sentía no era nada que no pudiese curarse con algo de descanso. En ese momento tañían asuntos más importantes de los cuales ocuparse en realidad pues la batalla aun no había concluido.

- Dijo algo sobre tener una idea…. creo si algo necesitamos en este momento es un buen plan. Apoyare en lo que me sea posible así que si necesita algo de mí no dude en pedirlo. Lamento decirle que no soy muy versado en esto de las batallas pese a todo así que confiare en su buen juicio. -

El dragón se preparo una vez más para atacar a los emergidos que osasen poner un pie fuera del bosque de cerezos…. pero estos parecían ser lo bastante listos como para darse cuenta de que derribar al dragón era una tarea complicada por lo que de momento habían desistido de atacar el templo. Sin embargo nada podía hacer por los valientes guerreros que aun luchaban dentro del bosque, el cual era importante pero comenzaba a dudar que lo fuera más que las vidas humanas que se perdería si no actuaba, un gesto de profunda congoja se vio reflejada en su mirada azulina, mirando hacia los cerezos donde aun se escuchaban los gritos de guerra y el chocar de las espadas.
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Re: [Campaña de Liberacion] Cuando un loto florece en tiempos adversos, hasta los dioses voltean a verlo [Priv. Hana]

Mensaje por Hana el Sáb Jun 10, 2017 4:57 pm

La lanza enemiga estaba tan profundamente incrustada bajo la densa capa de escamas del dragón blanco, que intentar extraerla era una tarea delicada. La samurái temía empeorar la herida de Hakuryuu si tiraba con demasiada fuerza, pero el sonido de las armas entrechocando entre sí en el bosque de cerezos la ponía muy nerviosa. No necesitaba dirigir la mirada hacia atrás para saber que sus subordinados estaban empleándose a fondo en aquella batalla. Podía escuchar sus gritos de ira, sus firmes plegarias a los dioses… aunque la mayoría de esos soldados provisionales fueran humildes aldeanos, a Hana le había sorprendido descubrir que sus voluntades no flaqueaban ni un ápice. Podrían no estar acostumbrados al combate, aparte de que su habilidad con las armas dejaba mucho que desear, pero lo que importaba a la hora de la verdad era que no se dejaban desalentar en su empeño de recuperar las tierras sagradas del Santuario de Sevenfold. Por muy terrorífico que pudiese ser el enemigo, estaban plantando cara a las hordas de emergidos con honor y valentía.

En el fondo, Hana deseaba unirse de nuevo a la milicia improvisada. La habían nombrado comandante, a pesar de lo mal que se le daba dirigir pequeñas tropas, por lo que era su deber permanecer junto a sus hombres durante el combate. Tenía miedo de que el hecho de haberse alejado de ellos no fuese una decisión muy sabia. Si no estaba ella para dirigir las acciones de sus subordinados, ¿cómo podrían imponerse al enemigo? Sus inquietudes eran aliviadas en parte por la presencia del misterioso maestro ninja. La muchacha ignoraba qué tipo de planes tenía éste en mente con todo aquello de la paloma mensajera, pero su presencia la inspiraba y tranquilizaba a partes iguales. Confiaba en que en el peor de los casos, si algo le ocurría a ella, Nhat tomase las riendas de la batalla.

Por otra parte, la divina aparición del manakete blanco constituía una oportunidad única que la samurái no podía ignorar. Las leyendas hablaban de la legendaria fuerza destructiva de esas criaturas, capaz de hacer frente a ejércitos enteros. Estuviesen o no esas historias basadas en exageraciones o supersticiones populares, Hana había podido presenciar desde muy cerca que el dragón era fuerte. Más fuerte incluso que un samurái. Con la ayuda de sus poderosas fauces o de sus afiladas zarpas, podía eliminar con facilidad a grupos enteros de emergidos. Aunque por el momento, Hakuryuu pareciese solo interesado en ocuparse de la amenaza que tenía enfrente, la joven intuía que si conseguía convencer más tarde a la bestia a que apoyase la entera totalidad de la causa hoshidana, ¡podrían recuperar el Santuario de Sevenfold en un santiamén! O al menos eso quería creer. La herida del brazo del manakete evidenciaba que incluso los dioses eran vulnerables, y por mucho que se esforzase en no darle demasiadas vueltas a esa certeza, la duda yacía sembrada en sus pensamientos más recientes. Hana todavía recordaba lo que el dragón le había dicho instantes atrás, cuando le contó que podía encargarse sin problemas de los emergidos si conseguían atraerlos fuera del bosque. En ese momento parecía muy seguro de sus propias palabras, pero tamaña declaración contrastaba bastante con la situación en la que ahora se encontraban. Después de extraer la lanza rota, e incorporarse de nuevo con la ayuda del ala de la bestia, la samurái preguntó con algo de intranquilidad.

Dragón blanco, ¿estáis seguro de poder enfrentaros a tantos enemigos a la vez? —comentó con voz preocupada—. Nuestros enemigos son más hábiles de lo que parecen en realidad, y no es necesario que os expongáis tanto al peligro.

Hana sabía que las circunstancias no le facilitaban algo de tiempo para titubear, y que debía de reunirse con su pequeño ejército cuanto antes. Pero quería asegurarse de que Hakuryuu entendiese de verdad que la batalla podría complicarse incluso más. Quizá fuese también bastante arrogante al poner en duda a tan majestuosa criatura, mas su manera de comportarse era extraña y no encajaba con el estereotipo de divinidad sabia que ella tenía en mente. Aunque su pensamiento pudiese ser tildado de herejía, Hana se preguntaba si de verdad estaba enfrente de un dios. Era educado, pero sus ademanes parecían algo joviales. ¡Incluso se había asustado como reacción a su propio susto! La samurái negó entonces con la cabeza, intentando apartar esos pensamientos de su mente. Lo que de verdad quería evitar a toda costa, era involucrar al dragón en una batalla que no tenía por qué librar.

Es culpa nuestra que estas tierras sagradas se encuentren en este estado. No supimos protegerlas. Así que por esa razón, no tenéis que arriesgar vuestra vida y derramar vuestra sangre para enmendar nuestros errores.

La mirada de Hana brillaba con determinación. Por mucho que desease poder contar con la ayuda de Hakuryuu, tampoco podía permitirse forzarle a participar en una guerra en la que no tenía nada que ver. Algo así sería injusto.

Si todavía queréis ayudarnos, escuchad mi plan: —dijo ella—. Vuestra voz es muy potente. Estoy convencida de que resonará en todo el bosque, y de que mis hombres os escucharán. Si les pedís que salgan al claro y porten ramas de cerezo en sus armaduras, lo harán.
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Re: [Campaña de Liberacion] Cuando un loto florece en tiempos adversos, hasta los dioses voltean a verlo [Priv. Hana]

Mensaje por Kija el Mar Jun 13, 2017 1:19 pm

Kija escuchó atentamente las palabras de la joven, acercando su cabeza hacia ella lo más posible para poder escucharla pero sin acercarse demasiado para no volver a asustarla. Kija ladeo ligeramente la cabeza hacia un lado, haciendo en su rostro un gesto parecido a quien enarca qua ceja…. ella parecía intentar convencerlo de que dejase de pelear notando la preocupación en sus palabras, el gran manakete entonces soltó un pequeño bufido con gracia a la par que sonreía ampliamente.

- Hoshido es mi hogar tanto como lo es suyo y se qué dan lo mejor de ustedes para protegerlo por que aman estas tierras. No recae la culpa en ustedes ni en nadie el que una plaga como esta intente destruirlo pero si es responsabilidad de todos el protegerlo. Como Hoshidiano que soy no puedo solo quedarme de brazos cruzados viendo como alguien pretende destruir el hogar que amo. -

El plan que la joven le proponía era, de hecho, bastante sensato aun que siendo franco consigo mismo nunca había hecho nada similar y le daba algo de corte…. sin embargo parecía no haber otra manera de hacerlo pues estaba seguro que con el ruido de la batalla la voz de la joven difícilmente podría ser escuchada aun si gritaba con todas sus fuerzas. El dragón de blancas escamas entonces asintió suavemente para hacerle constar que estaba de acuerdo con el plan, abriendo sus grandes alas para alzar el vuelo de forma grácil y aleteando con tanta delicadeza que sus poderosas alas apenas y provocaban una brisa agradable. Se alzo hasta que los rayos del sol dieron de lleno en sus escamas las cuales soltaron sus característicos y llamativos brillos tornasolados a la par que soltaba un rugido atronador para llamar la atención de los guerreros.

- Valientes guerreros de Hoshido!.... Ustedes que portan corazones valientes y voluntades mas férreas que las katanas que portan, acudo a ustedes. Es mi intención ayudarles a sobrellevar esta batalla más mis capacidades en el bosque se ven limitadas…. por ello les pido, fieros guerreros de Hoshido, lleven la batalla al claro del templo donde dejare caer toda mi furia sobre nuestros enemigos. Tomen, a su vez, una rama de cerezo y pórtenla orgullosamente en su armadura, el bosque los protegerá así como ustedes lo protegen a el por lo que mi poder no podrá hacerles daño. -

Y al decir aquello, el pecho del dragón comenzó a brillar de un intenso color azul celeste a la par que tomaba aire….. si las cosas salían bien podría eliminar a un gran número de enemigos con uno de sus potentes halados, por supuesto, esperaría el momento adecuado donde ninguna unidad que portase un ramo de cerezo en la armadura saliera lastimada.
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