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[Social] Pains of the past [Priv. Hana]

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[Social] Pains of the past [Priv. Hana]

Mensaje por Invitado el Mar Feb 14, 2017 10:27 am

Por mucho que pasen los años, la reunión de difuntos siempre conseguía tocarle la fibra sensible y el desdén se reflejaba claramente en el rostro del joven príncipe por no mostrar indicios de debilidad. Gran parte de Hoshido estaba hoy en asamblea para rendir homenaje al difunto rey Sumeragi y los valientes que lucharon por intentar protegerlo; sacrificando el final de sus días con la última gota de sangre disponible para que el dragón divino les abriera las puertas de la tierra protegida y hallaran la paz soñada. La tradición consistía en recitar en público un discurso solemne que explayara los recuerdos más memorables de la persona, hacer que el individuo más joven de la familia real y del populacho hagan sonar juntos la pequeña campana de las puertas de palacio, brindar un minuto de silencio para rezar tranquilamente y acabar el evento con un baile japonés dirigido por Takumi usando abanicos junto a la colaboración de sus hermanos, ya sea danzando o aportando musicalidad con sus instrumentos.

Después de eso, la reina Mikoto daba su consentimiento para que cada uno volviera a su nido y retomara la jornada normal de trabajo. Sin embargo, el susodicho tenía otros planes en mente. Nada más retirarse a sus aposentos y quitarse el kimono festivo con ayuda ajena, ordenó que lo dejaran solo y acabó con los últimos arreglos del uniforme de uso habitual que siempre vestía de forma cotidiana para la batalla. Aseguró los lazos del pelo, el que hacía de cinturón y también el cambio de calzado a uno más cómodo que los zancos de madera. Solo después agarró las pertenencias que él veía necesario como el arco y la flauta, y atravesó el patio trasero para escalar y saltar ágilmente el muro de piedra que delimitaba el palacio con la calle. Algún que otro aldeano que pasaba por el lugar, se dio cuenta de su presencia y se sorprendió cuando aterrizó sobre el asfalto con una mano apoyada en el suelo para no perder el equilibrio. Sin prestarles ni una pizca de atención ni habla, Takumi recobró la postura bípeda y corrió en dirección al Santuario de Sevenfold. Para ello, tuvo que bajar parte de la montaña y precipitarse en dirección a los exteriores.

Antes de alcanzar el sendero de cerezos en flor que debía seguir para alcanzar su destino, paró en un puesto de aperitivos y compró un obsequio para dejarlo más adelante. Pidió amablemente que se lo envolvieran para llevar y a continuación, disfrutó el resto del tramo caminando a paso común y sereno. A esta distancia del Castillo Shirasagi podía respirar tranquilo con la mente relajada creyendo que nadie conocido le estaría siguiendo. Fue cuestión de tiempo que llegara al cementerio situado por detrás de los templos.

No te quejarás. Esta vez he traído tu preferido. — Dijo, mientras se agachaba a desenvolver el envoltorio de hojas que tenía colgado al cinto de tela. En su interior yacía una humilde bola de arroz cuyo cuerpo lo conformaba un alga seca y relleno de curry picante. Le estaba hablando a los fallecidos Sumeragi e Ikona como si fuese capaz de ver sus espíritus o algo semejante. Obviamente, falso. — A madre le encargué este otro. — Señaló el segundo onigiri con núcleo de ciruela de envoltorio diferente. Supervisó ambas lápida para comprobar si tenía alguna mota de polvo o suciedad visible antes de acercar los alimentos. No obstante, estaban impecables. Los monjes de la zona hacían bien su trabajo así que colocó los snacks entre las dos losas de piedra esculpida. Permaneció sentado de rodillas con las piernas juntas frente a sus progenitores.

La guerra parece no ceder nunca pero nosotros tampoco lo haremos. Ryoma se está volviendo en un auténtico soberano respetable, en serio, si lo vierais... cada día me recuerda más a ti, padre. Guía al pueblo con gran devoción y eficiencia. Todavía no he escuchado a nadie decir que odia su forma de ser y tampoco flaquea en ofrecer su mano a los desvalidos. Hinoka es impresionante. Su lanza pone justicia allá donde la mandan a lomos de su pegaso y es una guerrera de sobresaliente. Fuera del campo de batalla, es una hermana mayor amorosa, atenta y comprensiva en ocasiones... a veces se pone muy pesada que si no haga esto o ni intente lo otro pero la quiero. En cambio, Sakura sigue siendo igual de amable y reservada. Se esfuerza por mejorar pero creo que estaréis de acuerdo conmigo si os confieso que no lo necesita. Su gentil forma de ser es la fuerza que mantiene unida a nuestra familia. Sin ella, estaríamos perdidos y cada vez que la veo, está más hermosa. Se te parece mucho, madre. ¿Y yo? Sigo siendo quien soy ahora. Nada importante que resaltar. Todavía me queda mucho que aprender y siento que voy retrocediendo.

Dicho esto, se puso en pie y pudo distinguir desde la lejanía a los eruditos sin pelo tomando sus puestos en los templos menores. — Está a punto de comenzar. — Todos los días a la misma franja horaria, tocaban la misma sinfonía que llevan arrastrando de generación en generación. Takumi se la sabía de memoria e iba a compañarles con su propio instrumento de viento. — Espero que os guste. — Sin más dilación, el arquero sacó su shinobue y se preparó para el gran acontecimiento. Alzó la vara de bambú por encima de su hombro y juntó la barbilla en el apoyo que disponía junto al orificio donde expulsaría el aire por la boca. Cerró los ojos para concentrarse mejor en los tempos.


   
   
   
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Re: [Social] Pains of the past [Priv. Hana]

Mensaje por Hana el Mar Feb 14, 2017 5:35 pm

La dedicación y devoción de Hana por servir como fiel vasalla de la princesa Sakura era bien conocida por todos. Acostumbrada a ser infravalorada a ojos de los consejeros reales por lo joven que era, la samurái dedicaba la mayor parte de su tiempo a entrenar cuando no le correspondía cuidar de su mejor amiga. Cada madrugada se levantaba más temprano que nadie del castillo Shirasagi para blandir en solitario la espada hasta que saliese el sol, y lo mismo hacía durante el anochecer. Estuviese enferma o herida, tampoco se permitía el lujo de faltar a su legítimo puesto como protectora de la princesa. Sin embargo, sí que había un día específico de todo el año en el que abandonaba por sí sola el palacio sin mediar la más mínima palabra. Aquel día no era otro que el del aniversario del fallecimiento de su querido padre, caído en batalla junto al honorable rey Sumeragi de Hoshido en aquella infame emboscada nohria. Por esa razón, y para el desdén de muchos, nunca había estado presente en ninguna de las ceremonias públicas que honraban la memoria de los difuntos. Hana era humilde por naturaleza, así que en vez de participar en ese tipo de emotivos actos, prefería permanecer al lado de la tumba de quien en vida había sido su progenitor y maestro. Con la única compañía del sonido del viento que mecía las hojas de los cerezos del Santuario de Sevenfold, y de sus propias y vívidas memorias del pasado, la samurái meditaba en armonía consigo misma.

A diferencia de otros miembros de la nobleza, ella no disponía de bonitos vestidos en sus armarios con los que vestirse para la ocasión. Por lo que había optado por ataviarse de la misma manera que siempre, pero asegurándose antes de que sus ropajes rosados estaban limpios y su coraza impoluta. Llevaba también consigo la ancestral katana de empuñadura color nieve de la que nunca se separaba, mientras que una característica cinta blanca coronaba su frente.

Como de costumbre, se había despertado muy pronto para llevar a cabo los preparativos de la visita anual al cementerio de detrás de los templos. A su padre le encantaba comer takoyaki, y por ese motivo se entregó a la tarea de preparar varias bolas de pulpo como ofrenda. No obstante, la verdad era que cocinar nunca había sido su fuerte, así que a pesar de haberse empleado a fondo en el proceso, no terminaba de estar convencida de que el plato resultante tuviese algo de decente. Pero fuera como fuese, allí estaba ella sentada de rodillas de todas maneras. Delante de la sencilla lápida de su padre, sobre la que había depositado con sumo cuidado el takoyaki, un cuenco con el mejor sake que pudo encontrar e incienso como ofrenda. Al llegar, le había alegrado descubrir flores aún frescas a los pies de la tumba. Al fin y al cabo, su padre había sido muy querido, y aquellos gestos significaban que la gente seguía recordándolo con cariño.

Así que aquí estamos otra vez más… —murmuró tras dejar escapar un leve suspiro de melancolía. Pese a que se encontraba completamente a solas y nadie podía oírla, seguía resultándole un tanto extraño hablar de ese modo. Ignoraba si su progenitor podía escucharla o no, pero de lo que sí estaba segura era de alguna forma debía de estar ella, guiándola en silencio mientras se esforzaba por convertirse en la mejor samurái que podía llegar a ser. Antes de continuar, Hana dedicó unos instantes a cerrar los ojos para sentir la agradable brisa del viento acariciando su rostro. Sabía que tenía que mantenerse fuerte para proteger a la princesa Sakura y al resto de sus amigos cuando llegase el momento, pero sencillamente le costaba mantener la compostura y contener las lágrimas delante de aquella tumba. Cuando su optimismo se resquebrajaba, y la inundaban los recuerdos de un tiempo anterior y diferente, se sentía sola y vulnerable.

H-he estado mejorando, padre. ¡De verdad! Cada día practico con la espada tal y como tú me enseñaste, ¡y puedo asegurarte con orgullo que Sakura no ha sufrido ningún daño desde que me convertí en su vasalla! —empezó a decir atropelladamente. Aunque trataba de disimularlo cambiando de tono, se le notaba que la voz le temblaba ligeramente. — El memo de Subaki sigue diciendo por ahí que es perfecto. Y así consigue que todas las chicas vayan detrás de él. ¡Si supieran que la primera vez que nos conocimos se cayó al intentar subirse encima de una montura quieta…!

Fue entonces cuando una hermosa melodía tradicional empezó a escucharse por todo el lugar. Hana se calló de inmediato para prestar atención. Debían de ser los monjes que cuidaban los jardines en honor a la diosa Naga quienes tocaban, pero esa vez había algo diferente en la música. El sonido de una armoniosa flauta shinobue acompañaba los compases de la sinfonía con desenvoltura, y rápidamente se apoderó del protagonismo. La flauta pasó a dirigir al resto de los instrumentos que sonaban, e impregnó la canción de emoción. La samurái, intrigada, se incorporó y caminó en busca del origen de aquel bello shinobue. Cuanto más aumentaba la intensidad de la melodía, más se sentía ella a punto de ser desbordada por sentimientos que se esforzaba por suprimir. Y aun así necesitaba escuchar más.

No tardó en descubrir al flautista que tanto la había cautivado. Incluso aunque éste se encontraba de espaldas, pudo reconocerlo rápidamente. Era el príncipe Takumi. Aunque ya apenas se hablaban en comparación a cuando eran niños, si existía alguien que pudiese entender con todo lujo de detalles cómo se sentía Hana aquel día, no era otro que él. Al igual que la joven muchacha, él también se había sentido muy unido a sus padres. Fue por eso que la samurái apoyó su espalda en el tronco de un cerezo cercano y le dejó tocar, sin querer sobresaltarlo.

Cuando la música llegó a su fin, el silencio se apoderó con delicadeza de la pacífica atmósfera que reinaba en el lugar. Los monjes se retiraron, y el príncipe y la vasalla quedaron a solas.

Algún día tendréis que enseñarme a tocar el shinobue, mi señor. Ha sido una melodía preciosa —dijo Hana con voz suave cuando lo creyó oportuno —. ¿Qué tal os encontráis?
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Re: [Social] Pains of the past [Priv. Hana]

Mensaje por Invitado el Jue Feb 16, 2017 10:27 am

En cuanto cesó el último golpe de tambor, el resto de instrumentos hicieron lo mismo y en la montaña volvió a reinar el relajante sonido de la fauna salvaje. A Takumi le sabía amarga la flauta en el sentido no literal de la palabra. Múltiples recuerdos nostálgicos invadían su cabeza y a pesar de que ha estado luchando toda la mañana por reprimir sus emociones, hubo un instante que la tristeza se reflejó en sus ojos cuando los alzaba al concluir la melodía. Se sentía completamente abatido, con ganas de echarse bajo la sombra de un cerezo y desconectar del mundo que le rodea. No obstante, volteó a contemplar sus espaldas y reconocer al instante la persona que se apoyada en el tronco.

Buenas Han... quiero decir, Kazahana. — El arquero sacudió la cabeza un par de veces durante su rápida rectificación, aludiendo evocar más fantasmas del pasado llamándola por su apodo. Se trataba de una de las escoltas personales de su hermana menor y una emblemática compañera de la infancia. Aun sin compartir una amistad propiamente declarada por parte del príncipe, el susodicho admiraba tanto su brillante forma de ser como sus cualidades guerreras. Mantuvo a todo momento un semblante relajado que no transmitía ninguna sensación en especial. — Es lo que tiene ser el próximo sucesor del linaje familiar. Creo que sabes perfectamente a qué me refiero. Tu increíble dominio de la katana demuestra el fruto de tus esfuerzos y tampoco pasa desapercibido a mis ojos. Ya podrían ser los soldados igual de competentes. — Ahora que estaban sus sentimientos a flor de piel, tenía que tener especial cuidado con lo que decía y evitar mancillar descuidadamente su aclamado estatus social.

Me halaga saber que os preocupáis por mi. — No parecía que estaba por la labor de sonreír por mucho que intentara sonar agradable para la fémina. Mientras continuaba hablando, el joven aprovechó la ocasión para regresar el shinobue de vuelta al cinto de tela localizado en su zona lumbar inferior. — Podría estar mejor dentro de unos días pero ni me quejo. A estas alturas, cualquier ingenuo creería que las personas como nosotras, acostumbradas a ver sangre desperdigada por todos lados, carecemos de la sensibilidad y el tiempo necesario para este tipo de eventos pero se equivocan conmigo. — No había nada que ocultar. Mentir ante una situación tan evidente como esta solo iba a conseguir gastar saliva sin sentido alguno. Se llevó una mano a la cintura. — ¿Viniste por lo mismo?
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Re: [Social] Pains of the past [Priv. Hana]

Mensaje por Hana el Sáb Feb 18, 2017 2:51 pm

El príncipe se volvió para ver a Hana después de oír sus amables palabras. Takumi parecía esforzarse por que no se le notase, pero la samurái le conocía lo suficiente como para saber que trataba de disimular la gran pesadumbre que sentía aquel día. Tampoco pasaba desapercibido para ella el hecho que el arquero tuviese la manía de imitar un carácter mucho más duro del que realmente tenía, y pese a que no entendía el porqué de ese estricto comportamiento suyo cuando podía hacer lo que quisiera, consideraba que reprochárselo sería de hipócritas. Al fin y al cabo, ella hacía también lo mismo al intentar parecerse más y más a la figura idealizada de la samurái que quería llegar a ser. No obstante, Hana sentía que suprimir sus heridas más profundas para evitar mostrar cualquier atisbo de debilidad se hacía cada año más difícil. Sin importar lo mucho que intentase convencerse a sí misma que no tenía que sentir pena por la muerte de su padre, y que él debía de estar con ella, las cicatrices del pasado seguían doliendo.

La joven no pudo evitar fruncir ligeramente el entrecejo al oír su nombre completo. Si bien era cierto que ya no se hablaba tanto con el príncipe Takumi como cuando eran pequeños, ese gesto distante le hizo daño. Kazahana la llamaban los desconocidos o sus superiores, y hasta ese instante había creído que ella significaba algo más que una mera subordinada para el príncipe con el que antaño solía reír y jugar.

¡Un momento! ¡Esperad! —exclamó acercándose al arquero—. ¿Qué habéis querido decir con eso? Sabéis que podéis llamarme simplemente Hana.

Aunque velar por el bienestar de Sakura era por lo que más se desvelaba la dulce joven, también sentía el deber de cuidar del resto de la familia real. Le preocupaba especialmente Takumi, pues era el más introvertido de sus hermanos. Todo el mundo decía que tenía una personalidad compleja, pero Hana no lo creía así. Antes de que empezasen a distanciarse por algún motivo que ella ni siquiera podía recordar, había crecido junto a él y Sakura, con quienes compartía un lejano parentesco. Takumi podía ser la persona más gentil de todo Hoshido si se le llegaba a conocer bien. Por esa razón sentía inquietud por que su relación se hubiese enfriado en los últimos años. En el fondo temía tener la culpa de ello, pues sus deberes como vasalla la mantenían demasiado ocupada la mayor parte del tiempo, y ya apenas hablaba con nadie.

Sin embargo, la tomó por sorpresa que de repente el príncipe halagase su habilidad con la espada. Satisfecha por recibir semejante cumplido, Hana le dedicó una sonrisa sincera y respondió con diligencia.

Me honráis, mi señor. Pero todavía tengo mucho que aprender. Mi deseo es llegar a ser algún día casi tan diestra como lo es vuestro hermano Ryoma —expresó la samurái algo ruborizada—. Pero os suplico que no seáis tan estricto con vuestros subordinados. ¡De buena fe sabéis al igual que yo que no existen en el mundo soldados más honorables que los de Hoshido!

El príncipe Takumi le dijo a continuación que se le alegraba de que ella se preocupase por él, y Hana se ruborizó más aún. No porque el arquero hubiese mencionado nada atrevido ni mucho menos, sino más bien porque era la primera vez en mucho tiempo que mantenían una conversación relajada en la que no se tratasen temas concernientes a su posición como miembro de la Guardia Real. Si el día anterior el príncipe bien podría haberse dirigido a ella sólo para solicitar un informe, en ese momento el rumbo de la conversación se estaba tornando hacia algo más personal. Quizá propiciado por la situación, estaban hablando como cuando eran niños. Y Hana no podía sino más que alegrarse de ello.

Os entiendo. También vine por lo mismo —contestó la samurái con humildad, disimulando su alborozo. Tras pronunciar sus breves palabras, se hizo un silencio incómodo que no tardó en romper.

Hoy es un día de locos, ¿no creéis? Ya no me siento ni siquiera yo misma…
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Re: [Social] Pains of the past [Priv. Hana]

Mensaje por Invitado el Mar Feb 21, 2017 4:18 pm

El repentino acercamiento por parte de la fémina, desconcertó tanto al arquero que flexionó por acto reflejo los músculos del cuello. Dicha acción generó que retrocediera su cabeza y contemplara el rostro ajeno con el mentón apuntando hacia abajo por el ángulo tan cerrado que debía adoptar para verla. Incluso retrocedió su pie derecho con tal de guardar la distancia entre las caras. Sin embargo, no dejó que aquello lo perturbara y mantuvo su inexpresivo rostro intacto. ¿Por qué Hana tenía que complicar la situación de esta manera? Con lo fácil que era simplemente continuar hablando de temas más superfluos e ignorar el detalle del nombre; Takumi estaba indeciso sin saber que contestar para no parecer el malo de la película.

¿Qué? — Se encaró con el cejo fruncido y los brazos cruzados a la altura del pecho. No parecía sentir ni un ápice de arrepentimiento en sus palabras padeciendo indignación por la joven samurai. — Ha pasado un tiempo desde la última vez que nos hablamos. Es comprensible que pensase que te incomodaría llamarte como antaño. — En ningún momento despegó la mirada de aquellos irritados ojos marrones y tampoco estaba dispuesto a concederle la razón abiertamente. El joven príncipe era demasiado orgulloso para admitir un error como este a un cualquiera. — En fin... ya lo se para la próxima vez.  — O al menos, eso debería ser si la vasalla fuese otra persona en particular. Bajó los párpados antes de dejar escapar un desganado suspiro para después, alzarlos y pedir disculpas colaterales al aire. — Lo siento.

En términos normales, respondería con alguna grosería y se quedaría tan fresco pero tampoco era plan decir ese tipo de cosas cuando ella lucía enérgica en una fecha tan peliaguda. Cruzaba los dedos dentro de su subconsciente para que se tragara aquellas palabras piadosas y se conformara con una mentira que nunca alcanzaría ver la luz del Sol. Lo último que deseaba era herir sus sentimientos cuando él estaba decidido en seguir refiriéndose a ella como Kazahana. A fin de cuentas, era de las pocas personas que lo acompañó a lo largo de su infancia; le tenía aprecio y sería muy cruel corresponderle con un comportamiento hostil.

Que hablasen tan bien de su hermano mayor incluso sin estar ante su presencia, lo consideraba pan de cada día y se alegraba por él los primeros minutos. Cuando los halagos se extendían por la calle y la gente pasaba a señalar deliberadamente al arquero para referirse a Ryoma, en ese preciso momento era cuando perdía la paciencia. — Totalmente acorde pero sin la disciplina reglamentaria y una mano confiable que los guíe por el camino correcto, resulta ridículo esperar sentados a que la superación caiga del cielo. Naga no concede milagros así como así. Pienso que siempre tiene que haber un gran esfuerzo de por medio para lograr impresionarla. — Mientras tanto, era capaz de seguir controlando sus celos como ahora.

Takumi entrelazó nuevamente la extremidad con forma de asa con su otro brazo libre nada más formarse el silencio. Había un misterio que todavía no ha sido capaz de descifrar y le carcomía por dentro. — Ahora que lo dices y aprovechando que te tengo delante, ardo en curiosidad por preguntarte algo desde que tengo consciencia de ello. — Dubitativo, formuló la siguiente cuestión con la cabeza inclinada con ligereza a su izquierda. — ¿Por qué nunca acudes a la ceremonia de todos los años? Y si me equivoco, todavía no he sido capaz de localizarte entre el público. — Sabía que Hana aprovechaba cualquier mañana para entrenar pero un acontecimiento tan importante como lo era rendir homenaje al difunto rey de Hoshido, le olía a chamusquina y no precisamente por el aroma a incienso del entorno.
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Re: [Social] Pains of the past [Priv. Hana]

Mensaje por Hana el Jue Feb 23, 2017 7:36 pm

El desconcierto del príncipe no pasó desapercibido para Hana. La samurái estaba tan empeñada en sonsacarle la razón por la que la que éste la había llamado por su nombre completo de una manera tan frívola, que ni siquiera llegó a percatarse de lo peligrosamente cerca que se encontraba de Takumi. Sin embargo, sí que pudo notar que el arquero intentaba disimular incomodidad al ver su espacio personal invadido de repente. Su lenguaje corporal le delataba ante la inquisitiva joven de todas maneras, y fue por eso que cualquier atisbo de duda sobre si quizá estuviese sacando las cosas de contexto desapareció casi al instante. Hana sabía que le estaba ocultando algo. Por lo que sus nuevos planes consistieron en no apartarse hasta recibir las explicaciones que buscaba, limitándose a seguir creando más y más tensión en el ambiente. Las excusas del príncipe no tardaron en llegar, y la samurái las escuchó con atención mientras alzaba con escepticismo las cejas. Tampoco apartó en ningún momento la mirada de aquellos introvertidos ojos color miel, esperando oír sinceridad.

¿Eso es todo? —preguntó cuando el chico terminó de explicarse. Apartándose por fin de él para dejarle respirar, se llevó una mano al mentón, pensativa. Los argumentos del príncipe tenían sentido, así que llegó a la conclusión de que debía de haberse excedido. Temiendo haber ofendido al arquero, decidió reconducir el tema de la conversación. Dando una sonora palmada, volvió a dirigirse al joven—. Bueno, ¡tengo una idea! ¿Qué os parece si a partir de hoy nos volvemos a tutear como cuando éramos niños? ¡Llamaros todo el rato “mi señor” o “señor mío” es agotador! Yo os llamaré simplemente Takumi, y vos a mí Hana.

El humor de la samurái parecía mejorar por momentos, pues de alguna forma, hablar con el muchacho le estaba ayudando a olvidarse por unos instantes de lo que significaba aquel día. Alejados de los tenues pasillos de madera del palacio Shirasagi, ya no tenían por qué seguir jugando a ser príncipe y vasalla. Conversaban como viejos amigos, sin necesidad de refugiarse detrás de estrictos protocolos de comportamiento. Sin embargo, el semblante alegre de la joven espadachina se ensombreció en cuanto Takumi le preguntó por su ausencia en la ceremonia. Inclinando su cabeza hacia abajo, apartó la mirada del arquero sumamente avergonzada.

No os equivocáis…—empezó a decir con voz tenue mientras se cruzaba de brazos. Sabía mejor que nadie que no estar presente junto a Sakura aquel día la desprestigiaba como vasalla, a pesar de que solía entregarse con la más absoluta devoción a sus tareas como miembro de la Guardia Real el resto del año. La princesa, bondadosa y comprensiva, nunca le hacía preguntas, pues entendía que incluso alguien tan diligente como ella necesitaba de vez en cuando pasar un tiempo a solas.

La verdad es que nunca he asistido. No me siento… preparada.

Hana se sentía una vez más inundada por todas aquellas emociones que durante mucho tiempo había tratado de suprimir. Pudo percibir cómo la pesadumbre regresaba, aferrándose en su interior para hacerle sentir un nudo en el estómago. Con una expresión amarga, buscó asiento en el suelo e hizo un vago gesto a Takumi para que le acompañase. No se sentía lista para sincerarse, pero si esperaba que el príncipe fuese franco con ella a partir de ese momento, debía de demostrarle al menos que confiaba en él.

Supongo… que recordáis a mi padre, ¿verdad?
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Re: [Social] Pains of the past [Priv. Hana]

Mensaje por Invitado el Dom Feb 26, 2017 3:24 pm

Una gota de sudor frío resbalaba de la frente de Takumi. Le gustaba la idea que había propuesto Hana pero por cuestiones de orgullo, disimulaba la pequeña sonrisa que gesticuló sus labios fingiendo un ataque de tos repentino. Para ello, acercó el puño derecho a la boca y tosió con el rostro vuelto hacia la derecha. Incluso aprovechó la ocasión para aclarar la voz entre carraspeos. — Cofcofcof. — Solo después apartó la mano para observar a la intrépida samurai sin engaños. Envidiaba su forma de ser tan auténtico pero tenía que admitir que lo desconcertaba en ocasiones. Tantos sobresaltos perjudicaban sus nervios.

Está bien, tu ganas. — Acabó rindiéndose finalmente con todo el pesar del mundo. Cuando parecía que iba a dar por zanjado el asunto, rápidamente cayó en las consecuencias que tendría de cara al público y se ruborizó ligeramente. Ni si quiera recordaba la última vez que dejó de referirse a ella como Hana y aunque pueda sonar tonto, le daba un poco de vergüenza continuar con el hábito de aquel entonces. Fue ahí cuando sintió la necesidad inmediata de extender el dedo índice y tocar la frente de la joven sin despegar la yema durante el habla. — Pero que conste que solo lo hago para que me dejes de insistir tanto. El tema se estaba volviendo tedioso. — Verdad o no, el arquero estaba feliz en sus adentros al contar con el permiso de la joven para llamarla libremente por su apodo. Ya podía asegurar a ciegas que había sacado algo bueno entre tanta melancolía del día de hoy o al menos, la que estaba por venir.

El repentino cambio de tono que empleó su amiga para justificar su ausencia de palacio, hizo que el príncipe activara sus cinco sentidos sobre ella e ignorase cualquier tipo de estímulo externo innecesario. Lucía triste y desamparada; como si algo o alguien le hubiese drenado todo el optimismo de hace escasos segundos para seguir dialogando con sutileza. ¿Acaso se le estaba escapando un detalle indispensable que desconocía de la susodicha? ¿Puede que ocurriera cuando empezaron a distanciare a medida que crecían? Y eso que pensaba que no había ningún secreto oculto durante tantos años de amistad impoluto... Que tan equivocado estaba. Poco a poco lo fue comprendiendo. La muerte siempre dejaba tras de sí un velo de dolor y amargura en los corazones de todas las personas. Él incluido.

Takumi sospechaba que en cualquier momento la guerrera iba a caer desfallecida al suelo, presentimiento que le hizo preocuparse y verse anímicamente contagiado de la pena en el rostro. — Por supuesto. — Dicho esto, accedió a la petición de sus señas y tomó asiento a su izquierda con las piernas cruzadas. Tampoco es que supiera tratar estos temas tan delicados pero estaba dispuesto a escucharla hasta el final. — Hoy en día sigo escuchando sus hazañas en boca de los trovadores. — Con el propósito de hacerle saber que lo iba a acompañar a lo largo de su odisea, estiró su brazo derecho y la agarró del hombro con gentileza. En cierto modo, le recordaba a Sakura de las veces que ha tenido que intervenir en su consuelo y el sentimiento de impotencia carcomiendo sus entrañas. — Cuéntamelo todo.
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Re: [Social] Pains of the past [Priv. Hana]

Mensaje por Hana el Sáb Mar 04, 2017 10:24 am

La joven Hana y el joven Takumi habían empezado a distanciarse largo tiempo atrás, desde el asesinato a traición del rey Sumeragi y sus escoltas a manos de Garon. Sumado a la gran conmoción que sendos niños sintieron por la pérdida de sus progenitores a tan tierna edad, se vieron de repente obligados a cargar con el peso de responsabilidades adicionales. Hana, por su parte, era la única y más joven heredera de su familia, por lo que su adiestramiento se intensificó en aras de convertirla en una samurái digna del legado de su padre. El cumplimento de estas nuevas y estrictas obligaciones hicieron que la dulce muchacha empezase a dejar de hablarse con el príncipe de Hoshido muy a su pesar. Carecía casi de tiempo libre, y cuando disponía de un poco de éste, lo terminaba dedicando a cuidar de Sakura. Con el paso de los años, la relación de Hana y Takumi se fue enfriando. Apenas se hablaban, pese a que de cuando en cuando se dirigían miradas incómodas, en las que aún quedaban vestigios de añoranza hacia el pasado.

Sin embargo, la joven samurái sentía que aquel inusual día, ambos se estaban reencontrando por fin, o más bien retomando una vieja amistad que parecía estar olvidada. Y ella se sentía a gusto con eso.

Takumi tomó asiento a su lado, aceptando la petición de la muchacha. Desde la colina donde se encontraban, podían ver con claridad cómo se extendían las bosques y praderas del Santuario hasta los inescrutables confines de los jardines en honor a la diosa Naga. Hacía ya rato que los monjes se habían retirado a sus respectivos templos, por lo que allí solo quedaban la samurái y el príncipe, contemplando el armonioso paisaje que tenían delante. Las ramas de los cerezos se mecían rítmicamente según los designios de las suaves corrientes de viento, mientras que el gentil canto de las aves imbuía el ambiente con una atmósfera de paz y quietud. Hana permaneció unos momentos callada, oyendo la nada. Takumi estaba dispuesto a escucharla, aunque ella todavía no se sentía del todo preparada. Hablar acerca de algo que tanto había intentado reprimir durante años no era tarea sencilla, pues le resultaba difícil encontrar las palabras por las que empezar. Agradeció por esa razón el noble gesto del príncipe, que apoyó la mano en su hombro. Estaba sentada sobre el césped al igual que el príncipe, aunque con las rodillas juntas y flexionadas. Ocultaba parcialmente su rostro detrás de las piernas, que abrazaba como si fuese otra vez una niña.

Mi… mi padre murió junto al tuyo en aquella emboscada de Nohr —empezó a decir la samurái con cierta dificultad, refiriéndose a Takumi de tú a tú por primera vez en mucho tiempo—. Dicen que tuvo la oportunidad de salvarse, pero que prefirió dar su vida y morir en acto de servicio junto al rey Sumeragi…

Hana hizo una pausa para respirar hondo. Su mirada seguía fija en el horizonte, pues no se atrevía a volver su rostro hacia el arquero. Si ya de por sí le costaba contener las lágrimas al pensar en todo aquello, no quería imaginarse lo que le ocurriría si encaraba a su amigo. Temía que la amabilidad de éste pudiese convertirse en la gota que colmase el vaso, y que al final terminase desbordada por todos aquellos sentimientos que como samurái debía suprimir.

…C-cada año desde entonces… solo durante este día… suelo pensar en ir a la ceremonia. Pero no puedo… quizá sea la costumbre, o quizá porque no quiero que me vean así… pero lo que importa es que termino viniendo aquí a visitar a mi padre.

Hana se quedó otro rato en silencio y, sin saber muy bien cómo continuar, cerró los ojos unos instantes para adoptar una postura idéntica a la de Takumi. Fue entonces cuando tomó la katana que llevaba sujeta al cinto y pasó a sujetarla con respeto sobre las palmas de sus manos.

Esta es la espada de mi familia —dijo ella—. Mi padre la usó para defender a la familia real hasta el final, o eso dicen. Me gusta pensar que está imbuida en su alma y en las de mis ancestros… guiándome en los momentos difíciles… pero eso son solo tonterías mías, ¿verdad?

Hana volteó inconscientemente el rostro hacia el príncipe, pero ni bien se dio cuenta de ello, apartó lo más rápido posible la mirada.

A veces oigo cosas… la gente dice que mi padre fue un insensato que murió en vano… Pero... ¡Pero yo creo que se equivocan!
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Re: [Social] Pains of the past [Priv. Hana]

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 04, 2017 11:20 pm

Observando que Hana tardaría un tiempo en prepararse y contar su desasosiego, Takumi optó por levantar la mano que la tenía agarrada del hombro y se la llevó disimuladamente al cuello para tocarse la nuca. A su vez, pasó a contemplar el hermoso paisaje que les aguardaba delante con el brazo todavía flexionado. Fingía rascarse detrás de la cabeza para concederle nuevamente su espacio personal. Durante unos instantes, el cuerpo del arquero reaccionó como si se tratara de Sakura y se sintió libre de manejar la situación como lo hubiese hecho; ofreciéndole el cariño incondicional de hermano mayor que recorría sus venas. Sin embargo, la parte racional de su cerebro acabó con dicha ilusión óptica, logrando así retomar el control del resto de fracciones anatómicas y quitarse aquella carga emocional de encima. El príncipe carecía de la confianza y el valor necesario para atreverse a tocarla de esa manera sin que sus dedos temblaran de intranquilidad.

Mas allá de los exuberantes jardines dedicados a la diosa Naga, el joven pudo ver desde lo alto de la colina el poblado bosque de cerezos extendiéndose a kilómetros de distancia. Incluso con su ejercitada vista de lince pudo divisar a escasos metros dos mapaches adultos acompañados de sus cuatro crías; todos ellos acabando por desaparecer entre la vegetación. De seguro se atiborraron de ofrendas y volvían a casa con el estómago lleno. También había aves alzando el vuelo en completa sinfonía junto al sonido del viento y las corrientes de agua descendentes. En resumidas cuenta: un escenario natural lleno de vida y color.

Oír la quebrada voz de su compañera lo contagiaba de melancolía. Aun así y con todo el dolor, mantuvo la compostura reprimiendo una vez más la manifestación física de sus emociones. Sin embargo, la máscara no era perfecta ni por asomo. Takumi lucía un semblante más triste del que procuraba simular al contemplar el rostro ajeno con tanta atención. Ver como sufría Hana por el mero hecho de intentar expresar con palabras lo que la tenía tan apagada, se arrepentía profundamente de haberle preguntado pero ya no había marcha atrás. Debía asumir las consecuencias como el hombre y el adulto que afirmaba ser. Por ende, escuchó a la joven desahogarse mientras miraba como se aferraba a sus propias piernas vulnerable.

Alzó los párpados en cuanto escuchó el nombre de Sumeragi. — Lo suponía... — Dijo durante la breve pausa que brindó la susodicha para no interrumpirla. Relajaba también sus exaltadas cejas mientras le consumía el mismo infierno que vivió de pequeño cuando quedó huérfano. Estaba claro que vino a rendir homenaje a su difunto padre pero ya podía confirmarlo al cien por ciento. Solo con esa anotación, se hacía una idea de lo siguiente que iba a narrar y pensar que se parecían tanto; era la primera vez que veía a Hana tan decaída.

No se perdió ni un solo movimiento de la fémina. Incluso cuando adquirió la misma postura de piernas que él para sentarse y desenvainar la espada que traía consigo. Su longitud abarcaba prácticamente la anchura de ambos. Hasta veía su propio reflejo de lo bien que estaba cuidada. La tercera parte de la explicación la estuvo oyendo con la mirada puesta en el arma. Ni si quiera se percató de que había volteado a verlo.

Si algo me enseñó mi padre es que "Nadie puede hacer por ti lo que tú mismo debes hacer". —  Antes de proseguir, posó la mano derecha con gentileza sobre el filo de la katana. — Si de verdad crees en ello, es que tiene que ser real aunque el resto de personas estén en tu contra porque siempre habrá alguien que crea en ti... tanto como yo. — Esto último lo dijo mirando a la joven mientras le dedicaba una breve sonrisa de labios cerrados aunque sus ojos yacían al borde de la tristeza. — Fue un gran hombre y me aseguraré que sea recordado como uno de los guerreros más célebres del reino. Te lo prometo.
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Re: [Social] Pains of the past [Priv. Hana]

Mensaje por Hana el Dom Mar 05, 2017 4:43 pm

Hana sabía que no se estaba expresando tan bien como querría. Le costaba pronunciar las palabras adecuadas, pues el torbellino de recuerdos y sentimientos encontrados la seguían aturdiendo constantemente. Pensamientos inconexos cruzaban su mente una y otra vez, mientras que trataba de explicarle al príncipe lo que habría querido explicarle a quien fuese durante todos esos años. Ya nada le importaba. Ni los preceptos de conducta de su clan, ni que estuviese mostrando a Takumi su cara más frágil y vulnerable. Pese a que sentía que le estaba contando todo, las palabras eran insuficientes. Tanto tiempo reprimiendo lo que de verdad albergaba en su corazón le estaba pasando factura, y pese a que quería decirle más, no sabía cómo continuar. Ignoraba la razón, pero notó, sumamente consternada, que poco a poco sus ojos empezaban a humedecerse. Aquello sí que no podía permitírselo, ¿llorar enfrente de un amigo cuya familia había jurado proteger para preservar el honor de sus ancestros? No quería parecer más patética de lo que ya estaba quedando, por lo que se frotó el rostro con el dorso de una mano y trató de disimular.

Fue entonces y para su sorpresa, cuando Takumi le dedicó unas dulces palabras en las que repitió algo que, según él, el rey Sumeragi le había enseñado. Hana estuvo a punto de volver su rostro hacia él otra vez al escucharle, pues recordaba que aquella era una frase que su padre también solía decirle mucho cuando era niña. Pero antes de que siquiera pudiese murmurar nada como respuesta, el príncipe posó su mano sobre la espada que ella sujetaba. Lo que dijo a continuación fue tan conmovedor, que la muchacha no pudo reprimirlo más y miró al joven con sorpresa.

¿D-de verdad confías en mí? —llegó a tartamudear sin pensárselo dos veces. Había llegado a temer que Takumi debía de haber estado guardándole algún tipo de resentimiento debido al descuido con el que ella había tratado la amistad que los unía. Pero aquello… lo que acababa de decirle, la breve sonrisa que se formó en su rostro… despejaba cualquier atisbo de duda. Y Hana no pudo contenerse más. Primero brotó una tímida lágrima de uno de sus enrojecidos ojos, y luego la siguieron muchas otras más. La joven muchacha lloraba con desconsuelo, odiándose a sí misma por no saber reprimir el torbellino de emociones que sentía.

E-eres un tonto —dijo entre sollozos—. Mi padre… mi padre no querría ser recordado como un célebre guerrero. Él solo… él solo hizo por su cuenta lo que nadie más podía hacer…

Una lágrima cayó sobre la gentil hoja de la katana de empuñadura blanca, rompiéndose en miles de gotas más pequeñas. Pese a que a ambos jóvenes les rodeaba un paisaje armonioso y vivaz, Hana estaba ensimismada en lo que sentía. La embriagaba una contradictoria mezcla de tristeza y alborozo que no sabía cómo gestionar. Así permaneció durante varios instantes, inmóvil y con la vista fija en la espada hasta que pasado un rato, las lágrimas dejaron de caer. Hana se enjugó el rostro con la manga de su uniforme.

Gracias…
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Re: [Social] Pains of the past [Priv. Hana]

Mensaje por Invitado el Miér Mar 08, 2017 1:44 pm

La emboscada a sangre fría que llevó a cabo Garon; recordar aquel incidente invadía su mente de imágenes grotescas. Incluso a pesar que el príncipe no llegó a contemplar la muerte de Sumeragi en directo. Takumi ya se hacía una idea por el modo que se lo explicaron y al igual que Hana, él quería recordar a su propio padre como el rey que luchó por Hoshido hasta el final. Por tanto, mantener aquella sonrisa resultó ser una tarea sumamente ardua. Después de todo, era humano y su rostro iba pudriéndose en tristeza a medida que oía el desahogo de su compañera. Takumi trataba en secreto este tipo de sentimientos que ocasionaban una seña de debilidad hacia su ilustre persona. Ya no solo por evitar ser comparado en inferioridad con sus hermanos mayores. También como modelo de autoridad y confianza  para las tropas hoshidanas. Un líder que le daba demasiada importancia a los valores bélicos era igual de incompetente que uno cuyos ideales rondaban a la prosperidad exclusiva de las relaciones sociales. La clave era tener un equilibrio de todos estos aspectos para acabar siendo un rey diligente que el pueblo ame en el futuro. Tal y como lo estaba logrando Ryoma.

Sin embargo, tratar esta clase de situaciones le resultaba todo un reto cuando yacía tan débil. Ni si quiera tenía fuerzas para levantarse e irse como haría cuando no quiere proseguir con la conversación. Mucho era que estuviera asintiendo en respuesta a la pregunta de la joven con la felicidad en los labios. ¿Confiaba en ella? Por supuesto, sin duda. ¿Que anímicamente estaba para el arrastre? También. ¿Que deseaba estar solo ahora mismo? Una parte de él protestaba en contra mientras que la otra accedía con mucho gusto. No quería reconocer abiertamente que agradecería un poco de consuelo. Es mas, tampoco se tomó en serio su insulto y mucho menos sintió rencor o molestia hacia la susodicha. Era comprensible conociendo la ola de emociones que estaría azotándole en este preciso instante. O bueno, al menos eso quería creer. Empezaba a perder el control de sus propias acciones y el disimulado llanto de la fémina fue la gota que colmó el vaso.

En vez de rechazar su agradecimiento, el arquero optó por callarse y dejar de ver a la castaña. Bajó la mirada a contemplar el suelo a punto de explotar en melancolía mientras se agarraba la muñeca opuesta a su zurda. — Cuando ocurrió nadie quiso explicármelo pero... sabía que algo no andaba bien. — A medida que iba hablando, rescataba del baúl de los recuerdos la evocación de tres infantes recorriendo los extensos pasillos del Castillo Shirasagi en kimomo y descalzos. — Hinoka me cogía la mano mientras que Ryoma nos conducía hacia los aposentos de nuestra madre. Ella estaba allí... llorando... de pie en medio de la sala... rodeada de sirvientes que intentaban consolarla en vano... — Aplicó tal fuerza adicional en el agarre que se estaba lastimando así mismo. — En aquel entonces, no quise aceptar la muerte de Ikona y acusé injustamente a Mikoto de lo sucedido delante de todos.

No podía soportarlo ni un segundo más. Apoyó ambos codos sobre las propias rodillas e inclinó ligeramente el torso hacia adelante. Se llevó una mano a taparse el ojo derecho mientras que la sombra del flequillo ocultaba el otro. — "Si nunca hubieses venido, padre seguiría vivo y seguiríamos siendo una familia". ¡MIERDA! — Gritó al final, levantando el puño izquierdo y golpear el suelo con rabia por la parte de los nudillos. — Antes de que Sumeragi partiera, le dije que lo odiaba por haberse olvidado tan rápido de Ikona y que no quería que volviera jamás. — Dicho esto, levantó ese mismo puño y volvió a golpear la tierra con bruteza. Cuando quiso repetir la acción por tercera vez, parecía que lo hacía a cámara lenta de la poca fuerza que empleó para ello.

Yo... — Parecía que iba a seguir hablando, pero le fue imposible continuar. Tuvo que apretar los dientes para contener las ansias de llorar delante de Hana. Aun así, quiso ser precavido y mantuvo la vista clavada en la hierba bajo sus pies. Incluso contuvo la respiración para no oír el sonido que producía al hiperventilar.
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Re: [Social] Pains of the past [Priv. Hana]

Mensaje por Hana el Vie Mar 17, 2017 9:42 pm

Hana sentía que haberse desahogado de manera tan penosa frente al príncipe no había servido para mucho. Sus emociones, contradictorias entre sí, seguían sin fluir adecuadamente, y el torbellino de dolorosos recuerdos continuaba afligiéndola de manera incesante, como inequívoca señal de que las heridas del pasado tardarían en sanar. Al menos ya no le quedaban más lágrimas que derramar, pero para la joven resultaba imposible dejar de sentir inquietud ante las consecuencias que traería semejante situación. Había quebrado los principios de conducta de los samurái, y aunque tenía el presentimiento de que su amigo le guardaría para siempre ese secreto, ella jamás olvidaría que se había dejado ver débil ante él. Mas pese a todo, ignoraba la razón por la que había dirigido aquella puntual palabra de agradecimiento al príncipe. La había murmurado sin pensarlo demasiado, mientras seguía sintiéndose la vasalla real más penosa en comparación con todas aquellas que la antecedieron. Pensó entonces que quizá en el fondo, la sola presencia de Takumi había bastado para consolarla un poco. Ahora compartía con él la pesadumbre que llevaba cargando en su corazón durante todos esos años, y el hecho de que por fin alguien se hubiese acercado a ella con la intención de escucharla, la llenaba también de amargo regocijo. Pero en esos momentos ya no tenía nada más que decir. Se sentía vacía y a la vez exhausta. En otras condiciones lo primero que habría hecho sería levantarse e ir en busca de un buen lugar en el que entrenar, mas se resignaba a hacerlo. La compañía de Takumi la reconfortaba en parte, y temía perder la oportunidad de reconstruir la vieja amistad olvidada que a pesar de las adversidades, debía de seguir uniéndolos.

El silencio del príncipe era significativo. Lejos de interrumpirla, había preferido mantenerse callado escuchándola, cuando no tenía razones para hacerlo. Hana alzó el rostro enrojecido para mirarle, a pesar de que el muchacho tenía la vista fija en la hierba que cubría el suelo. Entonces, el arquero habló. La samurái sabía bien que su amigo no solía sincerarse con nadie. A diferencia de sus hermanos, él era bastante introvertido y parecía no querer que los demás vieran lo mejor de sí mismo. Esa amabilidad que él se estaba esforzando por mostrarle a ella era excepcional, pero la profesaba con toda naturalidad. Lo que dijo a continuación, en cambio, hizo que Hana se sintiese de repente paralizada. Le estaba contando sus recuerdos. Recuerdos de aquel fatídico día en el que sus vidas quedaron marcadas para siempre. La viveza de los detalles en el entrecortado relato no dejaba lugar a dudas, y Hana descubrió que había estado siendo egoísta, pues no era la única que sufría por el pasado, sino que su amigo también lo hacía. Takumi cargaba a su manera con el peso de sus propias memorias, y al igual que hacía ella, durante mucho tiempo había tratado de enterrar las heridas para mostrarse digno de un título que él nunca había pedido ostentar.

Hana escuchó con atención sin decir ninguna palabra, justo como el muchacho había hecho momentos atrás, y sintió escalofríos al verle enfurecido mientras golpeaba una y otra vez la tierra. Sabía que el chico estaba haciendo un gran esfuerzo para contarle todo aquello que lo afligía, y por esa razón sentía preocupación por él. Cuando Takumi apretó los dientes, en un claro intento de controlar los sentimientos que debían de estar hiriéndole, Hana se lanzó instintivamente hacia él y le abrazó con fuerza. La espada de empuñadura blanca que hasta ese momento había estado descansando sobre su regazo se resbaló y cayó al suelo.

Estoy contigo —le susurró al oído tratando que su voz sonase tranquilizadora—. No tienes que decir nada más si te duele, pero estoy contigo.

Quería ofrecerle todo el consuelo que podía brindarle. Ver al serio y orgulloso Takumi derrumbado de aquella manera le hacía sentir apenada, puesto que distaba mucho de la imagen de firmeza que éste solía dar frente a los demás. Lamentaba que sus palabras no pudiesen sonar más reconfortantes, pero en esos momentos no se le ocurrió nada mejor que decir. Lo único que deseaba era que el príncipe supiese que no tenía por qué seguir cargando con ese dolor en solitario, y que pasase lo que pasase, ella permanecería a su lado siempre que él lo necesitase.
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Re: [Social] Pains of the past [Priv. Hana]

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 25, 2017 10:59 am

La opresión que sentía en su pecho lo estaba matando por dentro. Takumi quería seguir hablando; terminar de una vez por todas con aquel remordimiento que estuvo lastimándolo durante tantos años. Sin embargo, le era más complicado de lo que había imaginado y estaba perdiendo la noción del espacio. En cuestión de segundos, yacía tan asumido en la tristeza que ni si quiera pensó en la posibilidad de que sus ataques de ira incomodaría a la joven allí presente. No podía hacer nada por cambiar el pasado y el mero hecho de sentirse tan frágil delante de la susodicha cuando era él quien debía animarla, le hacía sentirse más miserable e inútil todavía. Incluso oía los sonidos de su alrededor igual de distorsionados como cuando uno se sumergía en el agua. ¿En qué momento del día le pareció buena idea intercambiar experiencias personales? Bah. ¿A quién trataba de engañar? Daba igual el método que emplease para ser una mejor persona; una que dominara la tolerancia a la frustración, sonriera e hiciese amigos sin temor a que desaparezcan tal y como lo hizo sus padres biológicos. De igual modo temía que en algún momento, tanto sus hermanos como Oboro, Hinata y la propia Hana les sucediera algo malo por haberles abierto su corazón. El resultado siempre era el mismo independientemente de las veces que continuara intentándolo o el tiempo que emplease en ello.

Toda la gente que me importa acaba muriendo de un modo u otro.

Coincidencia o no, este era su pensamiento y la fortuna que el arquero mismo designaba a todo aquel que se atreviera a congeniar con él por defecto. Ser frío, borde e incluso arrogante formaba parte de su plan para seguir estando solo por mucho que le duela. En lugar de erradicar la vida de alguien, prefería ser odiado por estos y seguir su propio camino de manera solitaria e independiente. No obstante, por dentro sigue siendo un blandengue que llora y se preocupa por niñerías. Contemplar anteriormente las lágrimas de su amiga fue el detonante que lo empujó a intervenir como el verdadero Takumi hubiese hecho; el mismo infante que años atrás sollozaba cuando se le acercaba un bicho, aquel que todavía jugaba con muñecas y no le daba vergüenza admitirlo en público, ese que se aferraba al brazo de la intrépida samurai para sentirse seguro y que la trataba con la misma confianza que un miembro más de la familia. Mirase por donde lo mirase, una vida sin Hana es como un rico sin seres queridos con los que compartir su felicidad.

Estaba por levantarse e irse; con una mano ya puesta sobre la hierba para usarla como punto de apoyo. Si tenía que llorar, quería hacerlo donde nadie lo viera y después retirarse a sus aposentos. Sin embargo, una fuerza y peso externos le impidió reincorporarse. Con su pierna derecha flexionada en forma de "V" y el brazo estirado con la que iba a impulsarse si no lo hubiesen interrumpido para alzarse, sostuvo la carga de Hana concentrada sobre sus hombros. De la misma sorpresa, Takumi se dignó a mirar a la susodicha un tanto confundido aunque manteniendo el semblante serio. Ella abrazó su cuello cariñosamente con ambas extremidades superiores mientras le susurraba al oído. Se encontraban tan cerca el uno del otro que sentía el calor de su aliento chocando contra su piel. A su vez, al contrario también notaba el frío del peto de acero que traspasaba sus finos ropajes.

Era como si le hubiera leído la mente. Si por él fuera, yacía tan cómodo acogido en los brazos de Hana que se engurruñaría a estos cual gorrión con su buche de plumas en pleno invierno. No obstante, una vez más tuvo que contenerse y conformarse con recibir el calor residual de la misma a través de la nuca aunque una cosa tenía bien clara. Ninguna sensación que podría ofrecerle Hana podría compararse a la tranquilidad que le proporcionaba cuando hablaba con ella. Su tierna forma de ser lograba tarde o temprano apaciguar su mal genio y eso, si que no era casualidad. Se llamaba amistad.

Tomándose al pie de la letra las palabras de la joven, el príncipe redirigió su mirada a contemplar el suelo nuevamente. Permaneció en silencio unos segundos para luego decir lo siguiente tras meditarlo. — Hana. No tienes que decir nada más si te duele. Pues ahí lo tiene. Llamarla por su apodo era la mayor alegría que podía darle y su compañía el mejor de los consuelos. — Ya lo he dicho. — Volvió a repetirlo con un tono más vivo por si todavía no había captado la indirecta. Para ello, levantó ligeramente la barbilla y pasó a observar a la susodicha con el rabillo del ojo más próximo al rostro de la fémina. Un ligero sonrojo casi imperceptible decoraba esa misma mejilla. Los nervios del momento le cortó la melancolía. Lucía como el Takumi orgulloso y recelado de siempre. — Hana. — Por el modo tan directo y escueto que descomponía las frases, parecía un niño ya más tranquilo y arrepentido tras cometer una rabieta.
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Re: [Social] Pains of the past [Priv. Hana]

Mensaje por Hana el Vie Mar 31, 2017 12:03 pm

Los brazos de Hana rodearon con afecto al joven y trataron de retenerlo, pues a juzgar por la postura que el arquero había adoptado, la samurái intuía que se encontraba a punto de incorporarse y de retirarse del pacífico lugar, posiblemente dolido por los tristes recuerdos que acababa de compartir con ella. La muchacha entendía que todo aquello que les estaba ocurriendo sobrepasaba los límites de ambos, y que la situación había tomado un rumbo inesperado e incómodo. Por mucho que le avergonzase reconocerlo, ella había terminado llorando abrumada por la pena y él, por su parte, se había quitado por fin esa máscara de arrogancia que llevaba casi siempre para empezar a sincerarse con ella, al igual que consigo mismo. A pesar de que en el fondo, Hana se sentía agradecida por poder entender mejor a Takumi, también se consideraba responsable de provocar que éste reviviese amargas memorias. Al fin y al cabo, ella era en realidad quien se había dejado llevar primero por sus emociones en un desesperado intento de recuperar esa amistad que de pequeños les había unido. Mas el sentimiento de culpa se terminaba entremezclando con la dulce satisfacción de estar allí, abrazando a su amigo y ofreciéndole todo el consuelo que podía brindarle. Hana habría esperado que Takumi terminase apartándola ni bien recuperase la compostura, pero los segundos transcurrieron con inusitada lentitud, y el príncipe seguía manteniéndose en silencio, entregado por completo al cariñoso gesto de aprecio de la samurái. Él podría no verlo, pero Hana, con el rostro apoyado sobre el robusto hombro de su amigo, sonreía contenta de estar compartiendo ese profundo y significativo momento con él. Ya daba igual que las heridas del pasado pudiesen o no sanar con el tiempo, porque ahora sabía que mientras estuviesen juntos, podrían seguir apoyándose para mirar hacia delante. Por su parte, Hana se esforzaría por atesorar en su memoria lo ocurrido aquel día, y trataría de impedir que su relación volviese a marchitarse.

Takumi dijo su nombre dos veces y ella, sin captar la indirecta, se separó del muchacho con una expresión pícara. —Así me llaman. —dijo solamente mientras rompía a carcajadas para aliviar la tensión de la situación y disimular el leve rubor que había aparecido en sus mejillas. En Hoshido las muestras de afecto de ese calibre eran raras y susceptibles a la malinterpretación. La norma social se endurecía aún más cuando se pertenecía a la nobleza, donde incluso las parejas se abstenían de abrazarse en público, pero por fortuna allí no había nadie más observándolos. Estaban ellos dos solos, pudiendo comportarse como lo considerasen oportuno.

¡Bueeeno…! —exclamó la samurái con voz divertida mientras se sentaba de rodillas frente al muchacho—. Todo esto ha sido muy… raro. ¿Y eso que veo en tu mejilla es un sonrojo, pequeño príncipe?

Al igual que Takumi parecía haber vuelto a ser el de siempre, Hana también estaba comportándose como de costumbre. Sin embargo, podía percibir que algo había cambiado en ellos dos. Aunque no dejase de ser una simple impresión sin demasiados fundamentos, la cercanía con la que ahora se estaban hablando tenía poco que ver con la que había al principio de su reencuentro, cuando la samurái había descubierto al arquero tocando aquella conmovedora melodía con su shinobue. Y percatarse de ese detalle llenaba a Hana de alborozo y esperanza. Sin embargo, ¿qué podrían hacer ahora? Si se separaban y retomaban sus rutinas habituales, posiblemente no volverían a hablarse en mucho tiempo. La muchacha se sentía un poco egoísta por querer disfrutar un rato más de la compañía de su amigo, y también necesitaba olvidar la amarga sensación que le había causado rememorar el pasado. Imaginaba que el varón debía de estar pasando por lo mismo, por lo que tras recoger su espada y atarla de nuevo en su cinto, caviló y caviló en busca de una solución.

Oye, ¡tengo una idea! —dijo dando otra de sus características palmadas—. Ya que todavía no ha terminado el día… ¡no creo que a tu familia le importe que te secuestre un ratito más! ¡Quiero enseñarte algo!

Dicho aquello, Hana se reincorporó con brusquedad y tomó a Takumi de la mano, arrastrándolo colina abajo.
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Mensaje por Eliwood el Vie Abr 14, 2017 3:00 am

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