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Hijo del desierto | Bâhir ID

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Hijo del desierto | Bâhir ID

Mensaje por Bâhir el Lun Feb 13, 2017 6:09 am

Bâhir
Tactician
Is in the past where the key of future is hidden

Datos
Nombre: Bâhir Alssuqur Al-Irfan, portador del título "Halcón del ardiente desierto"

Edad: 29 años

Clase: Tactician

Especialización: Magia elemental (Fuego)

Afiliación: Hatari

Ocupación: Profesor de Historia en la Universidad y Estratega Mayor del Ducado

Personalidad
Se dice que los nómadas del desierto son gente seria, encerrados en sus tradiciones y con tendencia a preocuparse de su propio clan, de amistad escasa con forasteros y  con una lengua tan rápida como sus cuchillos… Puede que Bâhir tuviera suerte y esquivara todos estos atributos negativos al pasar años fuera de las caravanas, pero eso no evita que en su mente se hayan mezclado el pensamiento nómada tradicional y la modernidad de la vida en ciudad.

Bâhir es un hombre sediento de conocimiento y comprensión sobre el mundo y su historia, alguien que disfrutaría de la sencilla vida del vagabundo que viaja por los cinco grandes continentes descubriendo maravillas y novedades a cada paso que da en nueva tierra. Pero, encontrándose en una situación de responsabilidad como la suya, su deseo de saber se llena con la investigación constante y la búsqueda de nuevos ejemplares para su biblioteca personal, además del empaparse de la historia del mundo, lo que sucedió en el pasado, como y por qué, y allí encontrar la clave para mejorar el presente y crear un brillante futuro. De carácter calmado, es alguien que mantiene una expresión de serenidad en su rostro, como si se tratara de una irrompible roca en el centro de un rio. Y aunque este es su carácter más estable y conocido, también se ve a veces bajo el influjo del enfado, el cual se da especialmente cuando sus estudiantes no  muestran el nivel esperado, aunque tiene una pequeña tendencia bromista con ellos, y tiende a jugarles malas pasadas si descubre una distracción en lugar de escarmentar públicamente su actitud…Pero no es buena idea provocarle fuera de las aulas, pues su rabia es fría y rencorosa, y no olvidará una afrenta por muchos años que pasen desde que sucedió.

Su posición dentro de Shindhu le llena de orgullo, pero también siente el peso de su responsabilidad para por el ducado encima de sus hombros, por lo que se entrega en cuerpo y alma a las tareas que este requiere, viajando a donde sea necesario en caso de que sea importante encontrar algo de valor, o pasando noches sin dormir estudiando estrategias del pasado para saber cómo contrarrestar el frente de emergidos que se acerca a una posición en particular. El ducado le ha dado cosas que jamás encontró en su núcleo familiar, considera al desierto y a la ciudad redonda su hogar, y morirá con gusto antes de verlo desaparecer entre el polvo y la arena. Pero, mientras mantenga su aliento, el táctico mayor se encarga de estudiar informes y textos sobre los emergidos, repasar estrategias pasadas para combinarlas o replicarlas, y educar a una generación de intelectuales con voz  firme a la par de sabia y tranquila.

Sus relaciones personales se basan en el respeto y la humildad que siente hacia otras personas. Bâhir es alguien que considera que todo el mundo posee una historia a sus espaldas digna de ser contada, por lo que no desprecia ni rechaza a nadie juzgándolos en primeras impresiones, y no es raro que, en alguna ocasión que otra, invite a una copa y comida a algún mendigo o transeúnte a cambio de escuchar sobre su vida y por lo que ha pasado. Así mismo, se preocupa por sus estudiantes y procura sacar el máximo rendimiento de cada uno de ellos, tratando de señalar cual es la cualidad que ve cada uno y hacia donde deberían dirigir su enfoque y cómo hacerlo de la forma correcta. Con todo esto, no es de extrañar que sea uno de los más importantes mecenas de Shindhu, aunque claramente es incapaz de llegar al nivel de apoyo de la duquesa. Fuera de este estrato, y en un ámbito más personal, se trata de alguien honorable, leal y respetuoso con sus allegados, a los que brindará consejo honesto siempre que sea necesario y nunca ignorará en caso de que necesiten ayuda.

Por supuesto, aunque todo esto le muestre como alguien perfecto, posee también sus defectos como todo ser humano. Bâhir es alguien demasiado testarudo, como un toro que cierra los ojos al atacar, y no sabe cuando parar para tomar un descanso, por lo que en ocasiones puede llegar a poner en peligro su propia salud por poner otros intereses por delante de esta. Así mismo, sus palabras sinceras pueden no ser siempre las mas indicadas en el momento, dado que es alguien que pone la verdad por delante de los sentimientos personales. Sumando otras pequeñas cosas a esto, se podría decir que en el mago es posible encontrar, sencillamente, a alguien tranquilo que disfruta del conocimiento y descubrir cada día una cosa que ignoraba el anterior.

Historia del personaje
Puede que el desierto de Hatari sea, para muchos, el lugar de encuentro de rechazados y marginados, de aquellos que son apartados por la sociedad por su forma de pensar, de vivir, o simplemente por haber nacido con atributos diferentes a los humanos. Sin embargo, hay gente que lleva años haciendo del desierto su hogar, mucho antes de que los laguz y soñadores marcharan hacia allí con intención de crear su propia tierra. Gente que ha peleado contra lobos y la naturaleza desde que pusieron pie en el mundo. Nómadas del desierto, hijos de la arena, los autoproclamados grandes olvidados por la historia y aquellos que conocen las dunas de Hatari como las líneas de sus manos. Comerciantes, cazadores,  mercenarios, magos, esclavistas… De toda clase y tipo surgen, en diferentes familias pero con un nexo común: Sangre, clan y arena bajo los pies. En esta historia y en este entorno nació Bâhir, hijo de Irfan el de los nueve anillos, en un mundo que acababa de abrirse y un clan que se cerraba en sí mismo.

Irfan era el patriarca del clan Alssuqur, uno de los más grandes de entre el pueblo nómada de Hatari, conocido por controlar el comercio del desierto y transportar todo lo que fuera necesario entre el este de Daein y el norte de Begnion, emprendiendo travesías entre las montañas que otros podrían llegar a considerar suicidas. Mas no para él, quien veía todo como un negocio, incluidas las vidas de otros, tomando la pérdida de gentes en sus viajes no como un inconveniente para él, sino simplemente como un balance negativo extra en sus travesías. Aun así,  fue capaz de amasar una fortuna comerciando entre las montañas y en el mismo desierto y sus fronteras, por lo que no tuvo nunca problema económico para mantener a una gran familia, la cual engendró con una esclava extranjera, no por amor sino por ver en ella lo que quería en sus descendientes, aquellos que llevarían su nombre y su sangre hasta el final de los tiempos.

De aquella unión nacieron nueve hijos a través de los años, siete varones y dos mujeres, y fue el sexto de ellos, con nueve años de diferencia con respecto al mayor de todos, un niño de piel oscura y pelo como el carbón, el que nació con el sol en su más absoluto zenit, recibiendo el nombre de Bâhir, en honor a su bisabuelo y con un significado perdido en las arenas del tiempo. Siendo el sexto, y menor por esos tiempos, el pequeño no encontró demasiada atención de parte de sus progenitores o sus hermanos, pues solo era otro nombre en la lista de bocas que alimentar, alguien más que portaría el nombre Irfan hasta el fin de los días. Solo su matrona le ofreció cariño y atención, contándole historias de los pueblos nómadas del pasado hasta que se quedaba dormido, donde soñaba con estrellas, espadas y tormentas de arena envolviendo el desierto. Con el paso de los años, los estudios, el aprender sobre el mundo en el que vivía y en el que se movía su progenitor llenaron la vida del pequeño Bâhir quien no tardó demasiado en dejar de ser el menor de la descendencia del comerciante. Sin embargo, el nacimiento de otros tres infantes terminó por agotar las energías de la madre de todos, acudiendo a por ella la negra señora con el nacimiento del último hijo, más nadie lloró por ella, ni siquiera su marido o hijos, pues nunca había sido cercana a sus descendientes y solo se apegaba a su esposo por lo que poseía. Con su cometido cumplido en este mundo, Irfan ordenó que su cuerpo fuera abandonado en el desierto con sus pertenencias personales, pues solo aquellos que nacen entre las dunas tienen el honor de ser enterrados bajo ellas en el momento de su muerte.

La primera gran piedra de guía en esta historia se encuentra en el decimocuarto verano de Bâhir, año en el que por primera vez se sentó en un taburete, y pensó sobre cuál podría ser su futuro en aquella familia, en aquel mundo del comercio y el transporte. Heredar el negocio familiar era imposible, aun habiendo ascendido de posición hereditaria tras el extraño fallecimiento del tercer vástago mayor de Irfan, quien apareció muerto en su tienda a causa de lo que parecía ser la picadura de un escorpión. Las opciones que tenía eran escasas en realidad, pues podía trabajar para sus hermanos o buscarse la vida en otro de los clanes como asesor, tal vez contraer matrimonio con la hija de otro señor del Clan, un plan que su señor padre muy seguramente tendría ya preparado. Pero seguir órdenes no era su estilo, él quería buscar su propia meta en la vida, y aunque dedicarse a dialogar y razonar era un aspecto del negociar que le gustara, la actividad al completo no le atraía lo suficiente como para querer dedicar el resto de su vida a ello. Por suerte para él, por aquella época viajaba con ellos un anciano bibliotecario que había desembarcado a causa de un desvío más al norte de lo esperado en Begnion, por lo que se había visto obligado a comprar un asiento en la caravana a su padre en el paso por las montañas.  Este anciano, que no era capaz de recordar su nombre, cargaba consigo un morral lleno a reventar de libros, lo cual llamó la atención del curioso joven de forma extraordinaria, y no paró de usar un falso desinterés hasta que aquel extraño hombre accedió a mostrarle el contenido, y no podía haber sido algo mejor para Bâhir.

Magia

El pequeño nunca había visto a un mago en su vida, siempre de un lado para otro y rodeado por mercaderes y esclavos que solo sabían de oro, especias y telas, por lo que ver brotar fuego de las manos de aquel hombre gracias al tomo que portaba encendió su alma y creó un incendio en su corazón, nunca mejor dicho, pues acababa de encontrar aquello a lo que quería dedicar el resto de su vida.  Por ello, desde aquel día se esforzó en dos cosas: Por un lado, pasar el máximo tiempo posible con aquel misterioso anciano aprendiendo lo más básico de la magia, y por otro, convenciendo a su padre de que le dejara abandonar el grupo para quedarse a estudiar magia con aquel hombre. Por supuesto, Irfan no estaba de acuerdo con esta idea, pues tenía planeado casar a su hijo con la primogénita de otro clan del desierto para dar poder a su nombre y clan. Por ello, fue necesaria una conversación entre padre y maestro que duró una noche entera y tuvo a Bâhir sentado frente a la tienda paterna, observando las sombras de los hombres discutir tras las telas que le separaban del exterior. Pero, al fin, cuando el sol salió por el horizonte el pequeño obtuvo su respuesta: Su padre había accedido, podrá quedarse con el hombre en su ciudad y estudiar magia. Por supuesto, el mercader había sido convencido a base de halagos hacia sí mismo y hacia su hijo, asegurando el anciano que tenía un don natural para las artes arcanas, lo que junto a una buena educación le convertirían en alguien cuyo nombre recorrería los cinco continentes…Y por supuesto, el de Irfan también sería conocido.

La caravana un ciclo lunar en llegar hasta la ciudad de destino, donde la despedida del núcleo familiar de Bâhir se resumió en un “no me decepciones” y silencio por parte de sus hermanos, mostrando casi más cariño y pena por la despedida los esclavos que le habían cuidado durante años que aquellas personas con las que compartía sangre. Sin embargo, tampoco fue dura la separación dura para el joven aprendiz de mago, pues ante él tenía algo más emocionante aún, que era el aprender algo espectacular, algo que le había llamado con verlo solo en  una ocasión. Sabía que el camino sería duro, pues jamás había estudiado algo como aquello, pero estaba dispuesto a pasar por lo que fuera necesario para ser capaz de estudiar las artes arcanas del mundo, pues no había otra cosa para él que ese destino en el mundo, ya era demasiado tarde para tomar otra ruta en la vida. Era convertirse en mago, o terminar como cualquier otro hombre más: Tabernero, ganadero… Y ninguno de aquellos destinos era uno que deseaba alcanzar. Por ello, desde el día uno se aplicó al completo a sus estudios y su nuevo de vida, que se dividía entre aprender junto a otros aprendices de aquel hombre los secretos de la magia elemental, y realizar los cuidados necesarios en la biblioteca o en el hogar que compartían todos ellos, pues de alguna forma tenían que ganarse el pan más allá de estudiando. Durante los seis años que duró su aprendizaje de magia junto a aquel hombre, Bâhir aprendió dos cosas sobre sí mismo: Era extremadamente pulcro a la hora de limpiar y tener sus posesiones en orden, y era endiabladamente buen con la magia. Tal vez fuera porque la sangre de los nómadas tenía ese poder durmiente de serie, o tal vez fuera porque su mente analítica y planificadora natural le ayudara a comprender y asimilar con facilidad los complicados procedimientos del mundo arcano, pero adelantó a muchos de los discípulos que llevaban años con el anciano mago sin demasiada facilidad, siendo el mejor de todos ellos al cumplir los veinte años, momento en el que su maestro le hizo llamar a sus dependencias privadas, y con un té helado entre sus temblorosas manos le dijo doce palabras que jamás olvidaría.

“Ya no tengo nada que enseñarte… Salvo el sitio donde otros podrán.”

Fue en ese momento donde el aprendiz de mago escuchó por primera vez, sin ninguna clase de juicio positivo o negativo, del condado de Shindhu, una ciudad oculta en el desierto fundada por Laguz que escaparon de la crueldad humana en el pasado, y que se había convertido en un refugio del conocimiento y la libertad según los rumores que los mercaderes traían, pues el lugar se encontraba cerrado al mundo salvo caravanas comerciales y estudiantes de su universidad. Y a esto último se refirió el anciano precisamente, señalándolo como el siguiente paso que Bâhir debía tomar si quería avanzar como mago y sabio, añadiendo con una sonrisa que, si tomaba ese paso, podría llegar a ser superior a él mismo. Por ello, una vez más se encontró el joven de piel morena en la brecha de la soledad y el abandono de la gente que conocía, y una vez más dio el paso, aceptando la invitación de su maestro con gratitud y seguridad en sus propias capacidades, mas también con precaución y curiosidad sobre que encontraría en aquella ciudadela escondida. El día de la partida, acompañando a una caravana que se dirigía a la ciudad, el aprendiz de mago pudo despedirse de sus compañeros de estudios y maestro con tranquilidad, entregándole este último una carta de referencia y una bolsa llena de oro para que se financiara la estancia y los estudios en caso de que no encontrara, según él dijo, “alguien que vaciara el bolsillo para llenar tu mente.” Durante el tiempo que la luna llena tardaba en esconderse viajó la caravana, atravesando dunas y cordilleras, Bâhir supo sobre cómo le iba a su familia biológica: Dos de sus hermanos habían muerto, una de sus hermanas había contraído matrimonio y su padre seguía al mando de todo: Más gordo, más anciano pero más poderoso que nunca. Aquella información. Aunque interesante, no hizo que levantara ni una ceja, ¿pues porque iba a importarle la vida de una familia a la que nunca se había sentido ligada?

La travesía por el deserto se le hizo corta pero intensa, debido a la mezcla de sensaciones que era volver al lugar donde nació y la espera por ver cómo era exactamente la ciudadela de Shindhu… Y la primera visión que tuvo de sus murallas, con la primera estrella de la noche brillando en el firmamento, fue una imagen que se grabó a fuego en su retina. Aquel sitio era un testimonio de la fortaleza de los hombres y mujeres del mundo, de aquellos que se habían negado a inclinarse porque otros lo dijeron y decidieron buscar su suerte, la de aquellos que, sin hogar, crearon el suyo propio donde nadie pudo establecerse. Cada paso que dio dentro de la ciudadela solo hizo mayor su incredulidad ante lo que estaba viendo, sabiendo al instante que había tomado la decisión correcta al dejar todo atrás y embarcarse en aquella aventura, aun sin saber a dónde le llevaría. Y el primer paso, según supo gracias a dos estudiantes y el encargado de una posada, fue presentarse a una dura entrevista con la Canciller de la institución, dura porque ella conocía el apellido de su familia y el nombre de su padre, y sabía que transportaba esclavos Laguz sin problema alguno… Pero, al final del día, Bâhir consiguió convencerla de que no era igual al resto de su familia, que respetaba a la raza mayoritaria de Shindhu, y que sus conocimientos eran los suficientes como para ser un estudiante eficiente de la Universidad, lo que le consiguió un puesto entre el alumnado de tan prestigiosa institución.

Los siguientes siete años del estudiante fueron duros, mucho más de los que tuvo hasta el momento. Los estudios le anegaban por todos lados, y los exámenes le exprimían hasta el último hueco de su cerebro para ser capaz de memorizar y aprender la información necesaria para pasar cada bimestre y poder seguir estudiando allí. Por suerte, su trabajo duro se veía recompensado en cosas como conseguir su muy necesitado mecenas, primero en la forma de un comerciante amigo de su padre, un favor indirecto con la intención de aumentar aún más su nombre muy seguramente, y más tarde en la forma del profesor de historia de la misma Universidad, quien le ofreció este honor tras recibir Bâhir felicitaciones por parte de la misma Duquesa en una de sus clases especiales, dado que fue el único alumno presente capaz de resolver la situación estratégica que planteó la gobernante de la ciudadela. Con un gran mecenas a sus espaldas y continuos aprobados frente a él, además de una mente brillante para la estrategia y la planificación, lo que demostraba con cosas como ser imbatible en diversos juegos de mesa, señalaban para su persona un gran porvenir en el futuro cercano… Pero esas ideas fueron rotas cuando contaba con veintisiete años, momento en el que surgieron los primeros rumores e historias sobre los emergidos, cuando comenzaron a aparecer soldados heridos en las puertas de la ciudad hablando de una armada invencible, sin dolor y sin miedo… Cuando los tambores de guerra enemigos sonaron ante las puertas de Shindhu, y junto a otros peleó para defender la ciudadela.

Bâhir estuvo en un escuadrón compuesto totalmente por magos, todos ellos bajo el mando del estratega mayor del ducado y su mecenas, el profesor de historia de la universidad. Bajo su comando las tropas de la duquesa se enfrentaron a lo que parecía ser una horda infinita de seres invencibles, los emergidos que habían tomado por asalto el desierto y el mundo entero por lo que había escuchado… Pero lo importante era pelear allí, lo importante era impedir que tumbaran las cuatro puertas de Shindhu. Pero, por desgracia, cada momento que pasaba ese objetivo parecía más lejano, pues a su lado morían camaradas y compañeros constantemente, mientras que aquellos seres no hacían más que avanzar, tomando uno el puesto de aquel que caía bajo el acero, el fuego o las garras de los defensores. Y cuando todo parecía perdido, cuando el joven mago, sabiendo de la muerte de su mecenas y de la misma Duquesa, estaba preparado para abrazar la muerte… El milagro sucedió. El rugido de un dragón rompió el chocar de las armas, y el batir de sus alas elevó cientos de miradas al cielo, observando esta gente, por primera vez, ver volar a Sissi sobre el desierto y la ciudad. Bâhir pudo ver de primera mano cómo la hija de la duquesa arrasaba con aquellos seres que tanto dolor y daño les habían causado a los defensores, como jugaba con ellos y los masacraba por doquier, ya fuera con su cola, sus fauces, sus garras o el poderoso fuego que salía de sus fauces… Cuando quiso darse cuenta, lo único que vio a su alrededor fueron cuerpos calcinados de emergidos y cientos de gargantas coreando el nombre de la nueva duquesa del ducado de Shindhu.

Con la batalla finalizada, sus heridas tratadas y la ciudad comenzando a ser reconstruida, Bâhir fue convocado a la presencia de la nueva duquesa, quien le informó de su deseo de reiniciar las clases de la universidad lo más pronto posible, pero a causa de la pérdida de varios maestros durante la batalla contra los emergidos no podría hacerlo hasta que estas plazas fueran cubiertas… Y si lo deseaba, el puesto de profesor de Historia, junto al de Estratega mayor de Shindhu, serían suyos. La noticia impactó al mago por sorpresa, pues no se lo esperaba de ninguna manera. Pero, sin tomar más tiempo del necesario para tragar aquella nueva, aceptó el puesto con todo lo que conllevaba sin un deje de duda en su voz.

Desde entonces, durante los dos años que han pasado desde aquel día, Bâhir se ha dedicado en cuerpo y alma a educar a las nuevas generaciones de genios que pasan por la universidad, a la par de dar consejo sincero a la duquesa y apoyar al ducado en todo lo que fuera necesario, ya fuera  de forma militar o cultural... Aunque no ha sido capaz de protegerlo como desearía. Durante su último viaje, en busca de una obra escrita que consideraba en riesgo de perderse para siempre, recibió noticias de que el desierto había caído bajo el ataque de los emergidos, y ahora aquellos seres gobernaban las arenas. Ante tal nueva, la sangre se congeló en las venas del profesor y estratega del ducado, temiendo por la seguridad de la ciudad redonda y sus habitantes, por lo que tomó la decisión de embarcarse en el viaje de regreso a Shindhu en cuanto le fuera posible, sin ninguna clase de rodeos ni distracciones.

Extras
◆ Las marcas de nacimiento presentes en su rostro le hacen parecer mucho más mayor de lo que es en realidad, por lo que mucha gente confunde su edad y le añaden mas años de los que en realidad posee.

◆ Como todo ciudadano de Shindhu, respeta y acepta a los Laguz como iguales, encontrando a aquellos que les rechazan y desprecian incultos y bárbaros.

◆ No sabe nadar, pero no por ello teme viajar en barco. Sin embargo, su mayor temor es encontrar una tormenta en el mar, pues sabe que si sucede y el navío naufraga sus probabilidades de sobrevivir son mínimas.

◆ Se trata de una persona extremadamente organizada y limpia. Cada cosa debe estar en su sitio, sin un solo ápice de polvo o suciedad, y cualquiera de estos dos factores pueden provocar reacciones negativas en su interior. Por suerte para el mundo, los trabajadores de su residencia saben muy bien sobre esto, y nunca dejan mancha a la vista o libro descolocado.

◆ Disfruta de los pequeños placeres que le otorga la vida: Cosas tan sencillas como tomar una copa de vino mientras lee un buen libro, o una conversación durante un paseo por los jardines tienen un valor incalculable para él.

◆ Aún respeta muchas de las tradiciones de la gente del desierto, como enterrar bajo la arena los huesos de todo animal comido durante una travesía por las dunas o no mirarse en un espejo durante las noches sin luna.

◆ No ha vuelto a tener contacto con ninguno de los miembros de su familia, aunque tampoco ha mostrado especial interés en encontrarlos. Para él no son mas que otra familia de mercaderes que se ganan la vida como bien pueden.

◆  Obtuvo su título honorífico durante una apuesta pública de un alumno excesivamente engreído, quien le retó a a acertar a una vela en concreto de entre veinte repartidas a su alrededor mientras el sol estaba en su cenit. Tras encender la vela en cuestión al primer intento, nadie se atrevió a dudar de su bien ojo, cálculo mental y puntería.

Procedencia
Nombre original del personaje: Mohammed Avdol
Procedencia: Jojo's Bizarre Adventure: Stardust Crusaders
Spoiler:


Última edición por Bâhir el Lun Feb 13, 2017 7:14 pm, editado 1 vez
Afiliación :
- SINDHU -

Clase :
Tactician

Cargo :
Profesor | Estratega

Autoridad :

Inventario :
Tomo de Fuego [2]
Vulnerary [3]
.
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Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
246


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Re: Hijo del desierto | Bâhir ID

Mensaje por Eliwood el Lun Feb 13, 2017 7:45 pm

¡Ficha aprobada! ¡Bienvenido!
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Esp. de bronce [1]
Vulnerary [1]
Dagas de acero [4]
Espada de acero [4]
Katana de bronce [3]
Gota de Veneno [2]

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
2952


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