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Those who die, and those who come back | Hikaru's ID.

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Those who die, and those who come back | Hikaru's ID.

Mensaje por Hikaru el Vie Feb 10, 2017 9:26 am

Hikaru
General
"Durante mi vida he aprendido a sangrar por quienes no deben hacerlo, a resistir las lágrimas de quienes no merecen llorar. Quizá sea incapaz de protegerlos a todos, pero moriré protegiendo a los que pueda."

Datos
Nombre: Hikaru.

Edad: 25 años.

Clase: General.

Especialización: Espadas.

Afiliación: Nohr.

Ocupación: Trotamundos | Guardaespaldas ocasional.

Personalidad
Hay quienes osan de llamarlo alguien brutal; personas que, fuera de todo intento de hacer justicia a semejante personaje, prefieren englobar su faceta visible en una única palabra, esperando eso sea suficiente. Pero, en lo que a personas se refiere, un único adjetivo nunca resulta lo justo para entenderlas a fondo. Ésta no es una excepción; y mucho menos podría serla, teniendo en cuenta quién y cómo es este singular pelinegro.

Sus palabras no son en vano; su prosa es única, especial, correcta cuando debe serlo, y desalmada ante aquellos quienes no merecen su hospitalidad. El viento no borra lo que dice, y sus promesas se graban a fuego sobre su piel; inaudita es siquiera pensar que sería capaz de darse por vencido o renegar de un pacto, sin importar cuán alocado o imposible de cumplir éste pueda resultar. Su mente trabaja como una máquina impulsada por el fuego que arde en su interior, por la fuerza interna que le obliga, sin importar qué obstáculo ose interponerse en su trayecto, a seguir adelante. A empujar contra viento y marea, a plantar pie donde otros nunca hubieron de intentarlo.

Su corazón late por algo más; por un sentimiento diferente, ajeno a él, complementario a su existencia pero imposible de describir enteramente. Su alma obra, no por intereses propios, sino por el de aquellos a quienes defiende; personas inocentes que han sufrido por los pecados de quienes hubieron levantar sus armas contra ellos. No posee ninguna ambición particular: la fama es apenas una consecuencia ligeramente indeseable, y la fortuna escapa de su interés. ¿Qué busca, entonces, un guerrero semejante? ¿Qué podría impulsarlo a alzar su escudo, a interponerse ante la más trágica calamidad? El deseo de frenar lo irrefrenable; de hacer frente al enemigo, sea éste quien sea, y poner un fin a un conflicto que nunca le interesó entender. Conoce de primera mano que su visión es algo utópico, que podría ser considerado una locura, pero los verdaderos locos son aquellos que creen se puede vivir, en todo el sentido de la palabra, mientras la guerra consume el mundo.

Nihilista, portador de una sutil soberbia que se traduce en una confianza propia que no tiene igual. Sus manos no tiemblan, su pulso no se acelera, y sus fuerzas no menguan ante visiones desfavorables: muchas veces ya la vida lo ha derribado, y en todas se ha levantado con más fuerzas. Quiere vivir para proteger a quienes considera suyo, y planea morir haciendo de éste un lugar mejor.

Entonces, si tan bondadosas son sus intenciones, tan fuertes sus convicciones, y tan centrada su ideología, ¿por qué habría alguien de llamarlo «brutal», de encasillarlo en tan despectiva cualidad? Quizá aquello se deba a que este guerrero ya ha olvidado lo que es la diplomacia. Sus expresiones son certeras: hirientes si necesitan serlo, ajenas a toda censura o límite moral. Piensa lo que dice, como no podría ser de otra forma, pero no se guarda absolutamente ninguna palabra para sí.

Es un guerrero en toda norma; un cuerpo forjado para la batalla, y templado por las experiencias y los dolores que ha tenido que sufrir en carne propia. Una mente ambientada a la rápida toma de decisiones, a la contemplación del lugar de batalla. Un corazón adaptado al dolor y la pérdida, y al regocijo de la victoria. Posee un estricto código de honor que sigue en todo momento, el cual limita su actuar en ciertos aspectos; las trampas y el juego sucio le resultan ajenos y despreciables, por lo que prefiere mantenerse alejado de semejante accionar. El combate se rige por reglas que, aunque no están escritas, son tan válidas como cualquier otra: nunca atacar a un enemigo que esté desarmado, distraído o incapacitado de defenderse, o aprovecharse de que un adversario esté de espaldas o desprevenido. Eso tan solo lo convertiría en un monstruo más de los que intenta combatir.

Su más fatal defecto es que, en todos los casos, es siempre el primero en entrar al combate, y el último en retirarse; sin importar que su cuerpo caiga preso de la fatiga, o cuán ínfimas sean las posibilidades de victoria, siempre está dispuesto a pelear las batallas que le son dadas. No sigue ciegamente guerras ni peleas ajenas, resulta oportuno aclarar, pero sus metas personales son cuestiones diferentes. Seguirá hasta el final; hasta la victoria o la derrota, la gloria o la muerte.

Adora la adrenalina de un combate, y se siente revitalizado cuando siente esa hermosa sensación recorriendo sus venas; no es una persona que busque peleas, pues ha llegado a una etapa donde aprecia cada momento fuera de todo combate como si fuese único, pero tampoco es alguien que menospreciaría semejantes oportunidades. La lucha y la disciplina que encima lleva le han proporcionado una singular concepción de la paciencia y la sabiduría: conoce cuándo es apropiado desenvainar su espada y cuándo es mejor levantar el escudo. Incluso, y aunque no sea de su agrado, sabe bien cuándo es oportuno retirarse.

Pese a todo, tiene un carácter fuerte que a veces lo domina. Los impulsos se traducen primero en su cuerpo; sus músculos se tensan, sus ojos se centran en el objetivo de su furia, sus manos se cierran en puños, y el resto es historia. Intenta controlarse, y la más de las veces esta intención es exitosa, pero mentiría si dijese que nunca ha perdido una batalla contra sus propias debilidades. Y mentir es algo que ciertamente odia.

En el ámbito social, resulta increíble, pero no es tan difícil acercarse a su ser; se considera abierto en cuanto a personalidad se refiere, y logra apreciar las relaciones sociales cuando éstas no son forzadas. Bajo ningún concepto aceptaría el ser, por ejemplo, amigo de alguien tan solo por conveniencia, y es un trato que espera del contrario. Está más que agradecido de las amistades que es capaz de crear, siempre y cuando éstas se basen en conceptos de confianza mutua. Su presencia es agradable, su hablar es calmo, sus palabras son dichas con sutileza y empleando su inteligencia, sin usar dobles sentidos ni raras insinuaciones. Seductor, ducho a la hora de moverse en semejantes ámbitos, aunque su interés se ha ido enfocando lentamente en mantenerse vivo, en vez de intentar buscar una fémina capaz de mantenerse a su lado. En cierta parte, teme con fervor a las relaciones amorosas serias: no soportaría el dolor de la pérdida, y no querría hacerle pasar a la contraria por una sensación semejante, en caso de ser él quien abandone este mundo. Es el único ámbito donde el terreno que pisa no es totalmente firme, y donde su voluntad realmente puede llegar a titubear a la hora de seguir adelante.


Historia del personaje
Quizá, antes que elaboradas descripciones sobre un hombre, es mejor entender la historia detrás, el contexto que lo ha convertido en lo que ahora es.

Dos años de guerra son apenas un ínfimo período que no tardará en aparecer en los libros de historia, ya sea en forma de un suceso sin igual, una mancha oscura provocada por errores que nunca deberían volver a suceder, o como el inicio de algo aún peor. Lo cierto es que, sin importar cómo sea vista esa situación por quienes vengan luego, hay que entender que a veces, la visión general no hace justicia a la individual. Las guerras se ganan y se pierden; los territorios se conquistan y se destruyen, y los ejércitos se forman y deshacen a voluntad de quienes están por encima de ellos. Pero, ¿qué sucede con aquellos meros mortales, esos soldados de a pie, que ven su contexto cambiado de un día para otro, sumiéndose en una guerra que nadie termina de entender, pero aún así participando?

Desde el inicio de sus días, desde el momento en el que aquel pequeño infante dio su primera bocanada de aire, estaba dicho que su vida se dedicaría a la batalla. Nacido en un continente afán de la militarización, su educación consistió en, no solo mantenerse vivo, sino en quitar la vida ajena. Al parecer, aquella era la vida de los luchadores: matar para no morir. Pero, ¿era ése el único destino que podía darle a sus brazos, a la fuerza con la que había sido bendecido?

Su entrenamiento consistió en más errores que aciertos; la más de las veces terminaba en el suelo, con la cara ensangrentada y las extremidades presas de la más apabullante fatiga. Pero sin importar cuántas veces los demás hubiesen de tirarlo, desarmarlo o golpearlo, siempre supo volver a levantarse; las prácticas se volvieron más intensas a medida que crecía, pero el ritmo en el que avanzaba era aún mayor. No podía tolerar la idea de seguir cayendo: tenía la idea de hacerse fuerte, de ganar el poder suficiente para plantar partido a cualquier amenaza. Con el pasar del tiempo, una única duda comenzó a crecer en su mente: quería poder, pero no sabía para qué quería usarlo.

Entonces, nació su hermana, aquella única luz en un mundo que, sin saberlo, hasta entonces había sido oscuro para él.

En ese preciso instante entendió que él no quería mantenerse vivo para quitar vidas ajenas: él quería vivir para evitar los demás hubiesen de morir. Sangrar por los que no sabían sangrar, y aguantar las lágrimas en honor a quienes ya no podían llorar. Por fin, tenía un objetivo: conseguir poder y crecer, ser fuerte y proteger a esa pequeña muchacha que no demostraba su misma fortaleza.

Aumentó aún más el ritmo con el que se entrenaba: tonificó su cuerpo, y templó su mente. Recibía los golpes y aprendía a devolverlos, aguantando todo dolor que le fuese destinado. Su hermana creció a medida que pasaron los años, poco a poco convirtiéndose en una bella dama que despertaba no solo la admiración de quienes hubiesen de posar su vista en ella, sino el sentido lujurioso de quienes no tenían tan buenas intenciones para con ella. Más de una vez hubo de intervenir, interponerse entre ella y algún ocasional acosador o borracho que quisiese sobrepasarse, velando en todo momento por su salud y bienestar: quería protegerla, proteger aquella hermosa sonrisa que parecía ajena al mal y a la pérdida, al dolor. En cierta forma, quería mantener aquella inocencia, alejarla de todo el sufrimiento, incluso si ello significase sufrirlo él. Eran muy unidos; la misma sangre corría por sus venas, y eran las caras opuestas de la misma moneda. Ella, con su bondad sin igual y su amable personalidad, y él, siempre predispuesto a ir adelante y golpear a quien osase mirarla mal. Se mantuvieron juntos, pero algo habría pronto de cambiar.

La guerra estalló; enemigos comenzaron a llegar a su tierra, y su patria pronto reclamó la ayuda de quienes estuviesen dispuestos a defenderla. Lo único que quería era un lugar sano para que su pequeña hermana pudiese crecer sin preocupaciones: decidió entonces que participar en aquella guerra, una que no entendía en absoluto, era la acción más sensata si lo que quería era mantener la paz, aunque fuese en esa pequeña porción del mundo. La guerra lo llevaría lejos de su casa, y ni siquiera estaba seguro por cuánto tiempo, o si habría de volver.

Pero, cuando pudo hacerlo, deseó nunca haberlo hecho.

El conflicto lo mantuvo lejos durante más tiempo del esperado, pero ese día, había logrado escabullirse lejos; a tomar caminos que hacía mucho no recorría, y revivir poco a poco los recuerdos de antaño, que lo inundaron como vívidos fantasmas a medida que avanzaba por aquel sinuoso recorrido. Volvía a casa, después de tanto; volvería a ver la inocente sonrisa de su hermana, el ceño fruncido aunque orgulloso de su padre, que se preocupaba de sobremanera por el bienestar de su hijo que iba a la guerra; la amabilidad de su madre, que siempre hubo de portar una sonrisa para enmascarar su preocupación. Pero, cuando sus pasos hubieron de llevarlo a su destino, lo que encontró fue muy diferente.

Su casa ya no ardía, pues hacía mucho había dejado de hacerlo: lo que había ahora eran restos de lo que una vez hubo de llamar su hogar, consumidos casi en su totalidad por las llamas del enemigo. Los muebles habían sido deshechos, las paredes derrumbadas, y ningún rincón había logrado escapar de la insensata furia de quienes lograron abrirse paso por entre las defensas de aquel pueblo, que sin duda había dado pelea.

Ya no reconocía las caras de sus amigos, y tampoco lograba ver las de sus parientes; el corazón se le aceleró, preso por primera vez de un verdadero pánico. Un escalofrío le recorrió el cuerpo de punta a punta, comunicándole la fatídica conclusión a la que su cerebro había llegado, pero a la que su corazón se negaba a aceptar. Recorrió el lugar; veloz voló sobre la tierra de punta a punta, cuestionando sobre los sucesos para los que no hubo de estar presente. Y, de boca en boca, comenzó a entender la historia: sus padres habían muerto en la línea del deber, y su hermana había desaparecido. ¿Había sido, acaso, raptada por los hombres de extraños estandartes, provenientes de tierras lejanas? ¿Había logrado huir, corriendo más allá del implacable ejército, lejos de donde pudiesen hacerle daño? Su corazón estaba destruido; su mundo se había venido abajo en apenas unos instantes, sus fuertes pilares derrumbándose al unísono. Pero, entre tanta desolación, su alma se aferró a la única esperanza que le quedaba: quizá, y tan solo quizá, aquella muchacha de cálida sonrisa todavía seguía viva, en alguna parte.

Sin hogar al que volver, y con el mundo entero para adelante, supo que debía continuar con su travesía; sus pasos terminarían por llevarlo a páramos desolados y extraños ambientes, donde más de una vez tendría que luchar no solo por su vida, sino por la de quienes estuviesen a su lado. Pero sin importar cuán largo fuese el camino, o cuán intensa la marcha, siempre habría de ser el primero en avanzar, y el último en retroceder: pues la emoción de querer encontrar a su hermana lo lleva a adelantarse, y la desilusión de tener que volver con las manos vacías hace que la marcha de regreso sea una horrenda agonía; una que, lamentablemente, se repite constantemente ahora que está dispuesto a participar en todas las aventuras que este mundo le depare. Si no puede recuperar a su hermana, al menos intentará evitar que otros pierdan la suya.


Extras


» Duerme solo; sin importar cuán amable sea la invitación, o cuán necesario sea, siempre intentará evitar el compartir cama, o mejor aún, una habitación en general con otra persona. Tiene sus motivos para ello, y aunque le duele el tener que explicarlos, considera que su accionar está completamente justificado, pues intenta proteger a los demás de sí mismo. Hasta tal extremo llega esta particularidad que ha llegado a preferir dormir a la intemperie, bajo el cielo nocturno, en vez de verse en una incómoda situación que podría escaparse de su control.

» Tiene pesadillas y terrores nocturnos. Esta es la razón por la que prefiere dormitar en soledad. Horrendas visiones que por la noche lo culpan de su ausencia cuando más necesario era, fantasmas que lo acosan cuando la noche cae, buscando poco a poco extraer su fuerza vital. Por las noches duerme poco, y su sueño es constantemente interrumpido por estas agónicas alucinaciones, que lo despiertan de forma abrupta y lo desvelan. Durante el día, a veces se lo puede notar cansado en extremo, o con grandes ojeras; no es raro observar que caiga rendido en el más extraño de los lugares, pues su cuerpo llega a estar tan exhausto que es capaz de ceder en cuanto logra conseguir un ambiente calmado. En cierta forma, prefiere dormir ya con los dorados rayos del Sol inundando la bóveda celeste: considera que esa iluminación le ayuda, de alguna manera, a evitar las pesadillas.

» Es un guerrero; su especialidad se basa, no solo en empuñar su espada, sino en su capacidad de usarla con la suficiente maestría como para poder combatir con prácticamente cualquier persona y evitar matarle. No le gusta el quitar una vida, pues ha dedicado la propia a protegerlas: entiende que el soldado ajeno es una persona como él, y es casi una falta de respeto a sí mismo el levantar su espada sin sentido. Ni hablar de teñirla de sangre enemiga por el simple afán de hacerlo.

» La cualidad más importante de su ser es, quizá, su enorme capacidad de tolerar el dolor. Su infancia y adolescencia se moldearon en base a ésto: como no era el mejor luchador en sus años como iniciado, terminó siendo usado como saco de boxeo la más de las veces, recibiendo incontables golpes a medida que progresaba y aprendía a defenderse. Gracias a esto, además de a su robustez natural, ha aprendido a tolerar gran clase de penurias y dolores. Obviamente, las heridas actúan de igual manera en su ser, pero es más resistente a la sensación de dolor en sí misma, pudiendo continuar en situaciones donde otros ya habrían desfallecido.

» Mide aproximadamente un metro ochenta y siete, y pesa alrededor de ochenta y cinco kilogramos. Su cuerpo es mesomorfo: se caracteriza por su gran contextura, sus anchos hombros y amplia espalda, además de una fuerza natural superior a la media. Sus músculos se tonifican más rápido a causa del entrenamiento, y su cuerpo da muestra de sus marcados músculos. Sus ojos son de un intenso color amarillo, y en su rostro porta dos cortes: uno que desciende en diagonal, bajando desde la parte superior de su ceja derecha, pasando por la nariz y finalizando en su mejilla izquierda, y otro que se origina y finaliza en esta última. Ambas cicatrices han ido asimilando el color de su piel, pero lo cierto es que no espera desaparezcan por completo. La historia sobre cómo se las hizo es algo que solo él conoce, y resulta ser una anécdota de esas que no le gusta relatar.

» Porta, en todo momento, la mitad superior de una armadura de placas, que cubre su pecho y su cuello como si de un collar se tratara: además, también posee siempre los protectores de hombros y brazos. Cuando va a un combate, su vestimenta se cambia a una típica de un samurái, pero con la particularidad de que posee un casco único, similar al rostro de un demonio: éste es completamente rojo, y cubre todo su rostro, excepto los ojos y la boca, que si bien se encuentran protegidos, tienen la correspondiente abertura.

» Su estilo de combate, si bien ha sido adaptado a las espadas, también se caracteriza por hacer uso de su propio cuerpo, de su armadura, o de algún aditamento defensivo como un escudo. Su cuerpo es también un arma, y no duda en utilizarlo: es hábil a la hora de pelear sin armas, usando sus puños con rapidez y contundencia.

» Actualmente reside en Hoshido; son frecuentes los viajes que realiza a su tierra natal, mas al no poseer hogar en ésta, decidió conseguir un nuevo establecimiento en un lugar más apto para que la vida se desarrollase con tranquilidad. Lleva un nivel de vida característico de un soldado, siendo que debe gestionar sus raciones de manera inteligente para no pasar hambre o frío. Sus ingresos lo posicionan en un nivel medio-bajo de vida, aunque sabe cómo ganarse el pan y sobrevivir en situaciones que le sean adversas, incluso en lugares ajenos a la patria que le vio nacer.


Procedencia
Nombre original del personaje: Doudanuki Masakuni
Procedencia: Touken Ranbu.
Imágenes de ejemplo.:
Clase :
General

Autoridad :
-

Inventario :
Espada de bronce [2]
Vulnerary [3]
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Support :
None.

Experiencia :

Gold :
229


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Re: Those who die, and those who come back | Hikaru's ID.

Mensaje por Eliwood el Vie Feb 10, 2017 9:55 pm

¡Ficha aprobada! ¡Bienvenido!
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Dagas de acero [4]
Espada de acero [4]
Katana de bronce [3]
Gema de Ascuas
.

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
3173


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