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[Ficha] Zephiel, King of Bern

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[Ficha] Zephiel, King of Bern

Mensaje por Zephiel el Vie Feb 10, 2017 1:25 am

Zephiel, Rey de Bern
General
"As long as humans control, as long as humans dictate, as long as humans exist… this madness will never end.”

Datos
Nombre: Zephiel de Bern

Edad: 28

Clase: General

Especialización: Espadas

Afiliación: Bern

Ocupación: Rey Legítimo de Bern

Personalidad
Como sucesor del trono, Zephiel tuvo la obligación de desarrollar una personalidad paciente, educada y culta, capaz de controlar sus emociones incluso en las situaciones más adversas. Siguió el molde que le fue hecho tanto como se lo pudo permitir, pero varios rasgos de su psiquis fueron condicionados por su entorno y la familia a la que estaba atado. Por ejemplo, aprendió a absorber el miedo de tal manera que ni siquiera el hecho de su muerte, o la de sus seres cercanos, puede aterrorizarlo. Esto porque fue testigo de muchas ejecuciones, de ladrones grotescos y bandidos repugnantes, incluso la de personas que podían adivinarse inocentes.

Todo quien le conoce tiene la impresión de que el Rey es incapaz de entender o expresar humor, o de siquiera comprender las emociones de los otros. Lo primero puede que sea cierto, pero hay quien dice que le ha oído reír junto a Guinivere en sus aposentos, cuando no hay nadie que los interrumpa o perturbe. Lo segundo, en cambio, podría refutarlo él mismo. Él sabe lo que los otros sienten, y, por consecuencia, conoce el arte de la manipulación. Ha estudiado largo y cansado sobre la mente humana, y se podría decir que su mayor ocio es el encontrar las justificaciones primitivas para cada comportamiento. Así mismo, si a él se le preguntara por qué su semblante serio y lo estricto de sus órdenes, podría argumentar cada detalle. "Un rey no podría actuar de otra forma a menos, claro, que aspire a ser un payaso populista."

Zephiel no aspira al poder, pero tampoco hacer crecer su reino ni imponer su voluntad sobre los otros. Lo más importante para él sería su filosofía, darla a conocer a quien no la entienda, y nunca flaquear ante quien difiera de ella. Nunca se oirá del rey una discusión inútil, pues por fin ha hallado la cruda verdad de las cosas, y las mentiras que los su misma imagen divulgan para ocultarla.

Historia del personaje
Dichoso el día en que Hellene, noble de Etruria, se unió en sacro matrimonio con el Rey Desmond. Caballos blancos tiraron de su carruaje, mientras la capital la recibía con alegría camino a la catedral. Dieron sus votos sin que nada distrajera sus voces, iluminados por la luz que traspasaba los vídriales tintados, que representaban antiguos héroes y leyendas, en las alturas. Se cantaron alabanzas sobre la boda, la que presumía de fortalecer la relación entre ambas naciones. Y siendo este el propósito de su matrimonio, no era sorpresa oír que Rey y Reina nunca antes se habían visto las caras.

Zephiel nació el mismo año en que consumaron su unión, y siendo un varón, fue recibido como la luz de Bern, el primogénito que continuaría el linaje de la realeza. Su temprana niñez fue apacible, al menos el tiempo que Desmond tardó en encontrar una concubina. De aquella relación oculta, que cada vez se hizo más visible, nació la hermana bastarda de Zephiel, Guinivere. El príncipe tenía seis años, edad en la que ya había adquirido un buen raciocinio de lo que sucedía a su alrededor. Por esto desde el principio supo que esa niña no era hija de su madre, aunque aquello no alteró la alegría que sintió al conocerla en su cuna.

Su padre, a medida en que crecía el amor por su hija, había desarrollado un profundo desprecio por su primogénito. Mucho de ello se debía a la aversión que sentía por la Reina, quien restregaba en su rostro el hecho de que Zephiel poseía sangre noble Etruriana. Además, siendo educado por ella, no podía confiar en su juicio. Todo apuntaba a que la vil serpiente de su esposa utilizaría a ese niño para manipular el reino a su gusto. Y aunque Zephiel hizo lo posible por ganar su cariño, empeñándose en sus estudios y el arte del combate, nunca logró cambiar el corazón de su padre. Este acabó por decidir que el esposo de Guinivere sería el próximo gobernante, y no su hijo. Por supuesto, para que esto último sucediera tendría que deshacerse de los obstáculos que lo impedían. Igual que al antiguo Rey de Bern, su padre, a quien le había arrebatado la vida.

Fue una tarde gris en la que Zephiel, ya con catorce años de edad, supo que Hellene había caído gravemente enferma. Se trataba de una muerte lenta, que ninguna medicina pudo sanar antes de que surtieran sus efectos. Su madre, postrada en cama, perdió primero la movilidad en sus piernas, después en sus manos y brazos. Y así, inválida, no tardó mucho tiempo que se degenerara su mente, volviéndose ella no más que una carcasa de su antiguo ser. Los médicos anunciaron al Rey que la única manera de llevarla al descanso era atravesándole el corazón, cosa que Desmond aceptó hacer personalmente. Se anunció una semana de luto para la difunta reina, tiempo que Desmond usó para reconocer oficialmente a su hija.

Zephiel estaba a punto de llegar a la edad en la que podría suceder a su padre, si éste no se encontrara disponible. Desmond, al tener conocimiento de esto, tuvo en cuenta a sus enemigos, y fue eliminándolos uno a uno hasta que no quedara persona que afrentara contra él.  Por su parte, el príncipe sabía que había fallado en sus intentos de obtener respeto de su padre, por lo que hizo todos sus esfuerzos por no parecer una amenaza; incluso declarando abiertamente que, si su padre falleciera, estaría dispuesto a ceder el trono al marido de su hermana, aunque por supuesto sus palabras volaron con el viento. Cumplido un año más de vida, Zephiel enfrentaría su prueba más difícil hasta entonces.

Era la fiesta de mayoría de edad del joven príncipe, donde se celebraba con un gran banquete. La noche, como todas las de Bern, era fría, pero dentro de las puertas del castillo se sentía un infierno de sabores y colores. Sin embargo, el silencio en la mesa era igual al de un sepulcro, y se respiraba desasosiego entre los presentes. Zephiel evitaba mirar a su padre, pues ahora no le inculcaba otra cosa más que temor.

 - Zephiel. -le llamó Desmond, alertándolo.-Escuché lo que dijiste esta tarde, llegó a mis oídos. -mantuvo su mirada en el chico, quien se mantenía derecho, observando el plato lleno delante suyo.- No quedarás impune de castigo, lo sabes bien. Pero aún así... hoy es un día en el que debemos hacer las paces.

Recogió la copa de vino que él mismo se había servido, pero de la cual no había tomado ni una sola gota. Estiró el brazo hacia su hijo, que se sentaba a su derecha, y esperó a que cogiera lo que le daba. Zephiel tomó la copa con ambas manos, le temblaban.

 - Bebe, y mientras bebes piensa en las palabras que has dicho, para que te las tragues también.

Esa noche Zephiel comenzó a convulsionar en su habitación. Si no hubiera golpeado la puerta antes de desmayarse, Murdock no lo habría escuchado, y no hubiera ido en su ayuda. Su guardaespaldas buscó de inmediato un elixir y una medicina que darle, antes de que el veneno llegara a su cabeza. Poco a poco sus latidos volvieron a escucharse, hasta que Zephiel fue capaz de abrir los ojos. Ambos sabían lo que había ocurrido, y sabían también que todo el castillo esperaba encontrarlo muerto esa mañana.

Desmond esperó a que las sirvientas dieran cuenta del fallecimiento de su hijo. No respiraba, le decían, vaya a verlo por favor, le rogaban. El Rey dejó su trono para visitar el cadáver de su hijo, frío como una piedra. Lo dejaron a solas, mientras admiraba a su primogénito tan pálido como la de la antigua Hellene.

 - ...somos iguales...

La voz que Desmond oyó revolvió sus entrañas de pavor. Buscó con la vista a quien había dicho aquello, tan solo para volver a ver la cama y encontrarse a Zephiel abriendo los ojos.

 - ...somos iguales. -volvió a decir.- Probablemente hubiera sido el mismo rey que tú, si no fuera por el hecho de que eres mi padre. También hubiera sido capaz de matar a mi propio hijo.

El Rey estuvo a punto de decir algo, pero fue callado por la navaja que atravesó su garganta. Murdock había entrado y acabado con la vida del Rey en un parpadeo. Acto seguido rompió los cristales de la ventana mientras Zephiel tan solo observaba, todavía adormecido por los efectos del somnífero. Cuando llegaran los guardias, él habría sido el único testigo del asesinato de su padre, cometido por un intruso que había entrado por la ventana, al que tarde o temprano le encontraría la cara.

La coronación de Zephiel sucedió después del luto, bajo la mirada crítica de quienes creían que no tenía la edad suficiente como para gobernar. Hasta ahora Bern no había sufrido época de penurias, y no faltaba quien temiera por el destino de la nación. Aún así fue una ceremonia magnífica, de la cual siempre se guardaría memoria.

Pasó el tiempo con Zephiel en el trono, sin reina, sin concubinas, sin hijos. Hubo incluso rumores de que, no compartiendo los mismos lazos, tomaría la mano de su hermana cuando fuera el momento justo. Pero eso nunca sucedió, pues el Rey parecía preferir la estabilidad de su puesto a asegurarse un linaje. Su reinado era inusual, pero por extraño que fuera, nadie podía criticar la estabilidad con la que había mantenido la nación hasta ahora. Alejada de otros reinos, parecía que nada jamás tocaría a Bern... pero las sorpresas para su pueblo todavía no habían acabado.

Los emergidos, criaturas sobrenaturales que aparecían en gran número, nunca habían logrado penetrar la frontera de Bern hasta entonces. Pero Bern tampoco había lanzado una ofensiva contra ellos, confiando más en sus capacidades defensivas. Esto llevó al reino a la ruina, porque dio tiempo a los emergidos de pensar en la estrategia correcta para hacer añicos a los caballeros de wyvern, cruzar las montañas, y llegar a los pueblos y ciudadelas. La capital de Bern fue la última en caer, pero la familia real y sus súbditos lograron escapar a tiempo de la catástrofe.

Casi se podría decir que el reinado de Zephiel había acabado a causa de los emergidos, porque llevaba la corona de gentes que ya no existían, y de tierras quemadas hasta quedar negras. Sin embargo, el monarca no estaba muerto, y por lo tanto tampoco su historia.

Extras

*Posee una debilidad: Guinivere. Siendo su hermana menor, ha desarrollado el deseo de velar sobre ella desde que nació. Para él es una lástima que ella, su única hermana, esté condenada a compartir su misma sangre. Ve en ella los mismos patrones que en cada persona, aunque quizás más perfecta, más pura de alma. La suerte que le tocó no debió ser suya.

*La persona que más respeta, además de su hermana, es Murdock, el comandante militar de Bern, y su mano derecha. No le importan sus orígenes plebeyos, pues ha demostrado ser fiel a su causa, e incluso comparte algunos de sus pensamientos. Una que otra vez ha diferido, y por supuesto Zephiel terminó por interesarse en sus capacidades de liderazgo tanto como en su personalidad.

*Zephiel escribe sobre su filosofía, pero solo para sí mismo, y para conservar su voluntad entre la realeza de Bern. Una de sus frases dices así:

"Es un error llegar a la conclusión de que cada individuo debe ser despreciado por su condición humana. Aquello que nos condena a la eterna penuria no es otra cosa que nuestros ancestros, nuestra historia. Estamos malditos desde el primer día, por haber sido hechos bajo quién sabe cuál capricho de un ente que no sabía lo que realmente quería. Aquí las razones de por qué no trato a mis súbditos con odio, y el motivo por el cual acepto mi posición por sobre los demás hombres."

*Piensa que los dragones, antes de ser desplazados por los humanos, fueron la raza más pura de corazón que podría conocerse. Debajo de ellos están los "mitad dragones" y los "mitad animales", los cuales también sufren el pecado de tener un lado humano.

*Su bebida favorita es el té.

*Exaccus es su posesión más preciada, aunque nunca abusa de su uso; prefiere que sea blandida solo en las ocasiones más necesitadas.

*Le gusta caminar, leer, ver retratos, aunque sobre todo escuchar música. Las artes, según él, son el único testimonio de inteligencia que se puede dar, siendo todo lo demás una pérdida de tiempo.

Prueba de rol
 
Ya estaba anocheciendo. Quien quisiera aprovechar la luz del día había llegado demasiado tarde. En las alturas del castillo, de donde se podía ver la cadena montañosa que lo protegía, Zephiel descansaba, admirando la grandeza del reino que recién le había sido concedido. Llevaba todavía sus ropas ceremoniales, blancas y brillantes, que hacían destacar su altura, aunque no tanto como su armadura real. Se veía, sin duda alguna, imponente.

Quizás ese siempre había sido su destino, por mucho que lo creyera imposible. A final de cuentas, sus estudios no habían sido en vano, y podría ejercer como monarca como era debido. No había aprendido solo con la intención de impresionar a su padre, o ser juzgado por su propia madre, sino que pondría sus conocimientos a buen uso. Observó sus manos, y suspiró. Oyó cómo tocaban su puerta, cosa que lo confundió, ya que había dicho a Murdock que no dejara pasar a nadie.

-Entra. -Dijo Zephiel, mirando hacia atrás.

Murdock fue quien abrió la puerta.

-Su Majestad -habló, su semblante serio como siempre.- la princesa desea hablar con usted a solas. ¿Debo dejarla pasar? -la joven podía verse detrás de él, aguardando el permiso.

-...Sí, que pase. -no habían hablado en todo ese día, por los preparativos de la ceremonia de su coronación.

Guinivere entró cuando Murdock le cedió el paso. Vestía de ropas blancas, igual que su hermano, y llevaba su diadema como de costumbre. Parecía estar feliz, una sonrisa en su rostro. Zephiel la miró, e hizo el esfuerzo de corresponderle, pero no estaba seguro si en verdad había sonreído también.

- No sabes cuánto he visto venir este momento, Zephiel. Sabía que algún día serías el rey, y que por fin haya sucedido... -se observaron mutuamente. Era la clase de miradas que podían darse dos supervivientes de una larga y cruenta guerra.- Hermano, ¿qué sientes?

- Hermana. -la recibió como era debido, invitándola a sentarse en una silla cerca de la ventana. Ella lo hizo, y el rey continuó hablando.- No sé si podría explicártelo. Es lo correcto sentirse honrado, y creo que es lo que en realidad siento.

-Oh, Zephiel... -murmuró Guinivere.- Recuerdo el día en que me dijiste, mejor dicho, en que nos dijiste a todos que no querías ese puesto. Pero hete aquí. Te lo he preguntado mil y un veces, y seguro lo seguiré haciendo, pero ¿Realmente quieres esta responsabilidad sobre tus hombros? No podría soportar verte hacer algo que no deseas.

El rey mantuvo el silencio unos segundos. Había relajado las facciones de su rostro, pensando en la respuesta que daría. Por supuesto estaba cansado, más que en ninguna otra ocasión. Pero aún así debía sobreponerse, pues tenía una larga jornada por delante.

-Lo que dije entonces no era cierto, esa es la verdad. -respondió.- La gente miente para protegerse, Guinivere. Y yo lo he hecho en más de una ocasión. -se acercó a ella, y le tendió la mano para ayudarla a levantarse.- No quiero que te preocupes por mí. Soy el rey, y siempre supe que lo sería. Por eso lo que más necesito es descanso, así que te pido que me dejes solo, al menos por ahora.

La joven titubeó, pues no quería terminar la charla en ese punto. Pero finalmente cedió, y se ayudó de Zephiel para levantarse, quien la guió a la puerta.

-Adiós, hermano. -dijo, a lo que él asintió, cerrando la puerta.
Afiliación :
- BERN -

Clase :
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Cargo :
Rey de Bern

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Re: [Ficha] Zephiel, King of Bern

Mensaje por Eliwood el Vie Feb 10, 2017 5:37 pm

¡Ficha aprobada! ¡Bienvenido!
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

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★ ★ ★

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Esp. de bronce [1]
Vulnerary [1]
Dagas de acero [4]
Espada de acero [4]
Katana de bronce [3]
Gota de Veneno [2]

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
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