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[Social] Still alive [Hyrion]

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[Social] Still alive [Hyrion]

Mensaje por Invitado el Sáb Ene 21, 2017 6:23 pm

Esa tarde los músicos se habían excedido un poco. Era cierto que Sayen había aceptado bailar cualquier tipo de ritmo en el contrato de palabra que habían hecho, pero aquello de verdad era excesivo. Entendía la idea de hacer felices a las personas con la música acompañada por su figura danzante, pero creía que aquel ritmo provocador sólo traía alegría y a excitaba a los hombres mientras que podía llegar a avergonzar a algunas mujeres. Por supuesto, ella no estaba avergonzada ni mucho menos, sino que seguía el ritmo sin quejarse, actuando como una dama seductora lo haría y buscando en cada paso que las miradas quedaran atrapadas en ella sin poder ver nada más. La magia de baile, la delicia de la música, la pasión encarnada en una historia que su propio cuerpo contaba en la melodía si música.

La historia era sencilla de entender: ella era una dama del pueblo, una mujer seductora que engañaba hombres y los arrastraba a su cama. Su cuerpo daba placer y calor a quienes lo buscaban, tenía mil nombres en boca de otros hombres que descargaban en ella las pasiones más oscuras. Había aprendido a ser lo que los otros querían pero no podía ocultar que disfrutaba de ello, cada mano que la tocaba, cada piel que la rozaba le generaba placer y podía seguir por ese camino toda la vida. una mujer que había decidido compartir su lecho con muchos hombres con tal de saciar su propio apetito sexual. Un personaje muy lejos de lo que realmente la bailarina era pero que en ese momento podía actuarlo de tal manera que casi creía que era aquella mujer.

Sobre aquel escenario improvisado en la parte trasera de la sala del bar ella podía ser lo que la música quisiera. No tenía prejuicios ni vergüenza, sentía lo que la música y a veces la letra le transmitía y lo representaba con al seguridad de que una vez terminada la pieza volvería a la normalidad. Volvería a ser la muchacha sonriente y llega de orgullo por el arte que nunca haría nada delo que sus personajes se atrevían a hacer.

Se mordió el labio inferior cuando el violín quedó sólo en al melodía y siguió la nota larga y agua con una mano paseando por su cuerpo. Hecho su cabeza hacia atrás, giró sobre un pie cuando los demás instrumentos se acoplaron de nuevo. El final estaba cerca, sentía que se anunciaba con cada nuevo compás por lo que dejó su cuerpo terminar la historia. Giró hasta una de las puntas del escenario, fingió ir a derrumbarse y cerró los ojos. Dios dos pasos hasta el centro del escenario, contoneó sus caderas, le dio la espalda al público y cuando el final llegó elevó sus manos como si quisiera tocar el techo mientras echaba su cabeza hacia atrás.  Su cabello dorado quedó todo suelto sobre su espalda y resaltó aún más el color rojizo de su traje, las monedas que decoraban su traje soltaron un tintineo y la canción se terminó.

Se quedó en esa posición unos segundos hasta que el primero de los presentes soltó unas suaves palmadas que se contagiaron por el lugar. A medida que los aplausos continuaban ella se enderezó su postura y giró con una suave sonrisa hacia el público haciendo una reverencia al igual que los cuatro músicos, los silbidos comenzaron a llenar la sala y cuando Sayen elevó el rostro no pudo evitar sonreír con gracia. Al parecer se habían tomado todo muy en serio.

Observó a los músicos y asintió una vez cuando el líder de ellos, el violinista, le indicó que por hoy terminarían. Lo que quedaba tras eso era dejar que las personas aportaran al menos una moneda a la gorra que los muchachos pasaban al final de cada presentación y luego repartir las ganancias. La bailarina recibía una paga pequeña pero al menos con esas monedas de más y sus ahorros podría pagar un nuevo viaje, tenía pensado ir a Chon'sin tras su parada en Lycia, pero sabía que a veces su destino podía cambiar en medio del viaje y eso le encantaba.

De un salto bajó al suelo del bar y se dirigió a la barra con la garganta seca. Necesitaba tomar algo de agua e ir a por un trapo para secarse las gotas de sudor que le cubrían el cuerpo. Bailar era una actividad exigente y con el calor de la taberna en esa tarde sentía que había perdido no sólo agua sino también peso por sudar. Sonrió un poco molesta con esa idea, no le gustaba sentirse sucia o pegajosa, pero no le quedaba de otra pues más entrada la noche tocaría bailar de nuevo y asearse por completo para luego volver a quedar en ese estado era una pérdida de dinero. El agua era costosa, mejor no desperdiciarla y conformarse con un paño húmedo.

Sin embargo a mitad de camino, mientras observaba de reojo a las personas que pronto volvían a sus conversaciones o a los solitarios que seguían con su bebida, notó que un hombre regordete y con un rostro feliz se le acercaba. Se detuvo al verlo como si supiera lo que se avecinaba y clavó la mirada en él con seriedad, casi como con una advertencia escrita. Siempre terminaba encontrándose con algún borracho con ganas de jugar cuando terminaba las presentaciones en un bar y con hombres interesados en su cuerpo tras bailar en las calles. No era fácil lidiar con ello pero estaba comenzando a costumbrarse tras haber estado unos cuantos días trabajando allí.

—Aliwe —la llamó el mayor arrastrando las sílabas y deteniéndose frente a ella casi con un tropiezo—, usas demasiada ropa, deberías mostrar más cuando bailas así —casi exigió el borracho extendiendo una mano hacia ella.

Sayen reaccionó pronto y apartó sus dedos con un manotazo, frunciendo apenas el entrecejo. El hombre pareció un poco sorprendido por ello.

—No necesito desvestirme para danzar —se defendió.

—Las putas se desvisten para trabajar —dijo el borracho escupiendo a un lado. Los hombros de la bailarina se tensaron.

—Qué triste es su concepción del arte —replicó ella girando el rostro y siguiendo su camino.

Las personas que estaban cerca de la escena comenzaron a reírse por lo más que había quedado el hombre frente a todos y eso pareció ser suficiente como para frustrar al borracho que en dos pasos acortó la distancia con ella y la tomó con brusquedad del brazo. Sayen volvió sus ojos a él y apretó los dientes mientras intentaba soltarse dando un tirón.

—Suélteme, ahora —ordenó.

Con una sonrisa ladina el borracho apretó más su brazo, generándole algo de dolor, y las personas de las mesas cercana e incluso de la barra amagaron a ponerse de pie.
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Re: [Social] Still alive [Hyrion]

Mensaje por Invitado el Dom Ene 22, 2017 1:13 pm

Sí, todos los hombres en ese momento amagaron a pararse, una reacción en conjunto que puede ser justificada por muchas razones, aunque ninguna suficiente como para hacer que cualquiera de ellos interviniera; los varones advirtieron, solo uno de ellos actuó.

Los dedos del borracho se despegaron de la brillante piel de la hermosa bailarina. El dueño de la extremidad opresa volteó su cabeza, una expresión enfurecida que se transformó en algo muy similar al miedo, el cambio incluyó un penoso quejido, mas no hubo queja alguna, su asqueroso hocico porcino fue zurcido por la mirada carmesí de quien irrumpió la escena.

La paciencia del dueño escasea este día —advirtió quien oculta su cuerpo entre telas negras —, pero afuera puede hacer lo que se le antoje.

Y apretó, el decadente guerrero hizo uso de su fuerza inhumana para estrujar el antebrazo del desubicado cliente. Saber que de aplicar la presión suficiente podía destrozar aquella zona de la extremidad, ver como aquel sujeto comienza a respirar agitado, a traspirar por lo agresivo de la situación; podía jurar Hyrion sentir como su corazón rogaba clemencia, como aquel aliento infestado en alcohol iba a exteriorizar dicha petición, el conjunto de sensaciones provocó un demoníaco brillo en las iris del marcado, el torpe ebrio no sería el único testigo, la víctima tenía la oportunidad de observar desde una perspectiva privilegiada los ojos del único hombre presente con derecho a odiar su arte y todo lo que intenta expresar con esta.

Soltar su brazo y darle un brusco empujón al irrespetuoso fue misericordioso, como recuerdo las marcas de su tacto maldito y un vacío que siempre ocurre luego de adentrarse en la mirada de un condenado; el cliente sería atendido por dos sujetos que estaban muy en contra del maltrato hacia la sensual artista de hebras doradas, entidad a la cual aquel “salvador” le prestó todo su atención, aunque de una manera poco ortodoxa a lo que refiere la situación, pocas palabras y una expresión que refleja aquella mencionada aversión.

El guerrero sin patria buscó aquellas perlas violetas que con tanta gracia viste. Dos colores inhumanos con mucha suerte se cruzarían, esa era al menos la intención del mayor. Dentro de sí mismo, detrás de toda una capa de impenetrable ceniza, admite la belleza ajena, en especial lo que creyó contemplar a través de su mirada, sin embargo ha de estar en contra de todo lo dicho en aquel talentoso baile: la historia desgarró sus entrañas, vomitiva como la realidad de su madre, él fue producto del deseo y cualquier cosa que estuviese relacionada con su concepción resulta aborrecible. Eso es algo que la ajena puede ignorar, pero lo que sí resulta evidente es la amargura que en todo momento se expresa en su frío semblante, artística es la vida de la ajena, una existencia así es demasiado brillante para él, le teme porque en el pasado también se dejó cegar de esa forma, ahora cuando se da cuenta de muchas cosas solo puede sentir lástima, y tan reprochable actitud produce arcadas en su alma.

Mujer estúpida…

Fue un susurro que seguramente ella escucharía, un hilo de voz que arrastra un interminable rencor, un rechazo tan grande que es incapaz de esconderse en la sutileza. Él ya cumplió con su trabajo, sin esperar respuesta de ella se volteó, le dio la espalda con evidente desprecio, encarando aquella mesa que abandonó para ir a su rescate. La silla estaba lo bastante alejada de la mesa, la copa de vino que abandonó perdió algo de su contenido debido a su repentina reacción; aquel hombre como si fuese una urgencia respondió, cosa que refleja lo comprometido que estaba con su trabajo, a él lo habían contratado para que ningún tipo de disturbio ocurriera en esa tarde, podría decirse que ahora solo debía sentarse y ver el tiempo pasar, ya que algunas miradas siguieron al guerrero que esconde la mayoría de sus cicatrices tras una larga capa con rastros de cenizas y quemaduras, lo que le había hecho aquel no era algo ordinario, quienes intentaron apaciguar al ebrio escucharon sus quejas, nadie en su vida lo habría lastimado tanto con solo tomar su antebrazo.

Salvando algunos detalles, el mercenario es de caminar lento y desganado. Al trasladarse un fiero suspiro dejó escapar antes de dejar morir su visión en la oscuridad, unos segundos que se tomó para sí mismo y aliviar el amargo sabor de tener que intervenir, y no es que no le agradara imponer su autoridad por medio de la fuerza, sino que detestó tener que estar cerca de aquella muchacha, estuvo obligado a ver todo el espectáculo y para colmo tenía que estar pendiente de aquellas personas que quisiera hacerle mal; Hyrion anhelaba que se fuera de allí y que aquel asqueroso ebrio la violara delante de la fachada de la taberna, no escucharía nunca más de ella y lo único que debía hacer es quedarse sentado para luego recibir un poco de comida, un trato conveniente, aunque de momento un tanto molesto, intuía que sus palabras no iban a morir sin respuesta.
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Re: [Social] Still alive [Hyrion]

Mensaje por Invitado el Dom Ene 22, 2017 3:04 pm

Unos dedos fuertes, envueltos en cuero, apretaron la muñeca del borracho y de pronto Sayen se vio libre. Dio un paso hacia atrás para poder ver de frente a aquel molesto hombre pero sus ojos se detuvieron principalmente en el muchacho que la había ayudado. Estaba envuelto en una capa negra y manchada como de cenizas, corroída por lo que podía ser el tiempo o algo muy caliente, por lo que su aspecto era bastante temible. La diferencia de altura que tenía con ella la hizo dar un paso hacia atrás nuevamente mientras sentía las garras del miedo rozando su espalda, avisando que pronto llegaría a ella. El borracho no la había asustado pero es figura sí, a pesar de que estaba haciendo algo bueno.

Por sus palabras pudo entender que posiblemente fuera un guardián contratado por el dueño del bar, alguien encargado de velar por la tranquilidad del establecimiento y por el bienestar de las personas dentro; o eso suponía. Aún así, estaba claro que su trabajo se limitaba a tratar dentro de la cantina los asuntos porque le dejó claro al hombre pasado en bebidas que podía hacer lo que quisiera fuera. Los ojos de la bailarina lo miraron con un dejo de molestia, casi como agradeciéndole con ironía la idea que le acababa de dar a ese sujeto. Lo que le faltaba a Sayen era tener que lidiar con ese intento de ser vivo fuera del bar.

Tras hacer sufrir con un aire de satisfacción al borracho, el guardián lo lanzó con un empujón brusco que lo hizo trastabillar hasta una mesa donde lo atajaron para ayudarlo después de todo parecía tener dañado el brazo que el encapuchado había apretado. ¿Qué tan fuerte era ese joven? ¿Sería humano o dejaba de esa ropa negra se encontraba un laguz poderoso? No pudo evitar sentir curiosidad pero la oleada de preguntas que quería hacerle se detuvo cuando recordó ese brillo casi endemoniado en los ojos rojizos que para ese instante estaban clavados en los suyos.

A pesar de que algo dentro de ella le dijo que se apartara, que se fuera pronto, fue su propio orgullo lo que la obligó a mantenerle la mirada pese a la aversión que notaba en él. Ah, si es un laguz debe saber que soy una marcada, pensó la muchacha con amargura. Eso explicaría porqué la veía de esa forma y eso la molestaba aún más que aquel borracho, ¡ella no había elegido nacer así! ¿Qué le pasaba al mudo que veía mal a todos los de su "clase"? Sayen ponía todo de sí para creer en las personas pero cuando se encontraba con esas discriminaciones no podía evitar sentirse completamente decepcionada de todos y de todos.

Y entonces llegaron a sus oídos sólo dos palabras que le hicieron fruncir el entrecejo.

—¿Disculpa? —murmuró con molestia mientras él se retiraba, ignorándola, dándole la espalda con un claro desprecio que la indignó.

¡¿Pero qué demonios le pasaba a ese sujeto?! Dio un golpe en el suelo con uno de sus tacos y se giró con la molestia clara en toda su postura. Tenía los labios apretados, los hombres rígidos y subidos, sus pesos eran demasiado recto y por la forma en al que exhalaba era más que obvio que estaba enojada. ¡Y cómo no estarlo! ¿Quién se creía él para llamarla estúpida? Sabía que no era la persona más inteligente del mundo pero siquiera haber hecho algo para merecer esa vez que la trataran así. ¡Increíble!

Con grandes pasos pasó por un lado de la barra y se dirigió a la parte trasera del lugar, que se conectaba con la cocina, donde el dueño les dejaba guardar sus objetos personales. Una vez allí, sólo por seguridad, recuperó sus cinturones donde llevaba las dagas y se los abrochó. Uno lo dejó escondido por debajo de su falda, colocádolo alrededor de una de sus piernas y asegurándolo con unas tiras de tela cosidas apropósito por dentro de su traje. El otro lo colocó alrededor de su cintura pero cubrió el arma con el pañuelo que llevaba atado a la cadera, dejando así ese cuchillo a mano por si llegaba a necesitarlo. Por lo general ella evitaba pelear, pero no iba a arriesgarse esa vez. Se sentía repentinamente incómoda con todo lo ocurrido.

Cuando volvió al salón principal sus ojos buscaron, casi sin quererlo, a la figura negra que ocupaba una solitaria mesa algo apartada de los demás. Se le quedó viendo unos segundo y al final apartó la mirada con un chasquido de su lengua, no podía sacarse sus palabras de la cabeza.

—Aliwe —la llamó el cantinero acercándose a ella con un plato de comida en una mano. Aún le era extraño que incluso él la llamara por ese nombre pese a saber el real—, llévale esto al muchacho —le pidió entregándole el plato y señalando con un movimiento de la cabeza al encapuchado.

—¿Qué? ¿Por qué yo? —se quejó ella.

—Porque al menos tienes que darle las gracias —explicó el mayor con una mirada severa y ella se sintió regañada.

Apretó los dientes y le sacó el plato de la mano con un movimiento poco elegante pero sin derramar nada de la comida.

—Ya lo sé —se quejó mientras empezaba a caminar.

¡Ya sabía que a pesar de todo tenía que darle las gracias como un mínimo gesto de cordialidad pero...! ¡Pero...! ¡Argh! Su orgullo estaba cada vez más molesto y fue por eso que cuando llegó a la mesa del joven apoyó el plato con algo de brusquedad sobre le mesa. Intentando controlarse empujó la comida hacia él y desvió la mirada.

—Lo manda el cantinero —le explicó sin verlo y cruzándose de brazos—. Oye... —Con cierta reticencia lo miró de reojo—. Gracias por lo de antes, se que puede que sea nada más que tu trabajo pero de todas formas: gracias.

¡Pero no gracias por la idea que le diste al borracho!, quiso gritarle pero se contuvo volviendo la mirada al suelo. En el escenario los músicos se entretenían tomando algo mientras finaban sus instrumentos, el sonido de las cuerdas al ser estiradas hasta el tono correcto comenzó a flotar en el lugar.
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Re: [Social] Still alive [Hyrion]

Mensaje por Invitado el Dom Ene 22, 2017 11:23 pm

Llegó a la mesa aliviado, tanto que no pudo evitar mirar lo que había a sus espaldas, aquella bailarina desapareció entre la madera y la pobre iluminación, no tendría que lidiar con ella.  La mano zurda se apoyó en la pequeña mesa que tenía delante, desde su posición podía observar su extraña espada protegida por un conjunto de pieles y el tahalí algo descuidado que le ayuda a trasportar tan pesada herramienta, apoyada contra una de las patas del mueble.  Apretó los labios ante el vacío que se le generó en el pecho, relajó sus hombros en extremo y en silencioso lamento dejó escapar un hediondo suspiro alcohólico, prácticamente se deslizó hasta la silla, apenas y se molestó en acercarse al borde de la mesa.

Sus muertos ojos intentan robar la luz de la mayor fuente de iluminación de la taberna; era de tarde y el crepúsculo aún no reclama la sangre solar pero el lugar posee su cierta oscuridad, a falta de grandes ventanas estaba a aquella lámpara que cuelga del salón, ¿cuántas veces habrá utilizado  aquella luminaria en los típicos combates que pueden ocurrir en cualquier taberna? Debe ser gracioso hasta para el dueño, pero como todo, debe llegar un momento donde la rutina y el maltrato agobian el alma; aquello justifica mejor su presencia y la anexa cuidadosamente con la de esa mujer, ahora difusa entre sus vacuos pensamientos.

Navegar por aquel río miserable y frío no lleva a las puertas del paraíso, mucho menos a las del infierno; pero allí él se quedó, atrapado en un estado de ausencia que implica dejar caer sus brazos a los lados, recargar la espalda y la nuca contra el respaldo de la astillada silla. Por temor no cerró los ojos, por instinto fue recuperando su posición cautelosa, sus ojos poco a poco pararían sobre la mesa, especialmente en aquella copa de vino tinto aguado, cosa suficiente para calmar su sed; no iba a quejarse con la calidad de ninguno de los servicios del lugar: todo estaba relativamente limpio y la gente era un poco más educada de lo normal, de no ser por el incidente con la rubia podría decirse que su presencia sobra y que la mesa que le han asignado podría ser ocupada por dos o más clientes.

Apoyó Hyrion los codos sobre la madera, estaba dispuesto a dar un sorbo de aquella bebida, pero algo le detuvo, un sonido que le obligó a voltear hacia la izquierda…Era ella trayendo la comida que le correspondía como pago; el hombre marcado se decantó a la idea de que el cantinero era un ignorante, aunque por la brusquedad con la que ella dejó el recipiente podía darse el gusto del dudar y deducir que su sentido del humor era un tanto retorcido, no había que ser demasiado inteligente para notar su molesta. Ella estaba molesta, derrochó señales en cantidades indignantes.

Escuchó lo que tenía que decir, en pleno musitar se quitó la capucha, exponiendo así las quemaduras que hacen inolvidable su rostro. El lado diestro de su cara estaba más comprometido, la marca más pronunciada rodeada todo el ojo derecho y solo rozaba el extremo inferior del izquierdo, conectándose por medio del puente de su nariz. Su frente, sus pómulos y el lado derecho de sus labios inferiores; escatimando en excesivos detalles, un gran porcentaje de su semblante. No sería la única parte de su cuerpo que desvelaría, los guantes de cuero que lleva consigo también se los quitó, dejando estos a un lado del plato. Su mano diestra estaba vendada, ocultando así la marca de su maldición, la izquierda por otro lado expone cayos y quemaduras menores.

Espero no hayas escupido la comida —con un tono vacuo musitó.

Escuchar no implica tener en consideración; no hubo una sonrisa ni correspondencia a su mirada reticente, fue cruelmente sincero, lo único que le interesaba en esos momentos era la humilde comida que le habían dado: un pedazo de pan negro, apenas dos cucharadas de gacha de avena  y un surtido de legumbres cocidas, productos que nacen de la tierra y que están al alcance de cualquier trabajador.
La mirada del hombre se quedó por unos instantes estática, estaba a punto de rememorar las comidas que tanto disfrutó en el pasado, mas antes de cometer ese error se encargó de tomar un pedazo de pan, ajuntar con el mismo un poco del resto de lo que allí había y luego llevarse eso a la boca. Masticó con poca sutileza, el sabor que invadió su boca era decente a pesar de que la humildad impera en el platillo, por muchas razones no pudo distinguir con detalles la propiedades de la comida, tampoco le importaba, tenía hambre y su estilo de vida le obliga a tener que estar alimentado si pretende sobrevivir, especialmente estando solo.

Lárgate, me enferman los de tu clase —ordenó sin siquiera mirarla.

Incluso si ella hubiese orinado en su plato, no pretendía detener la ingesta. Un lobo famélico que no encuentra más que muerte, lo único que necesita es un momento a solas, comer y pensar que luego del anochecer debe entregar a su vida a la profunda oscuridad de la noche antigua, porque no tiene lugar donde dormir, no tiene un hogar y mucho menos la dignidad para exigir uno. Así es como fue condenado a vivir, en una pobreza absoluta, sin siquiera tener definidos sus sueños. “¿Para qué?”, siempre dice cuando está solo, evitando así perder la cordura, el futuro es algo que incluso debe de ser inaccesible para los vivos ¿qué pretende aferrándose a algo que no sabe si llegara? Contradictorio sería que quisiera que ocurriera cuando su mayor anhelo es no tener ningún tipo de camino que seguir; después de enfrentar la muerte en varias oportunidades uno se aferra a la idea de que esta es una certeza, nunca una posibilidad.

Por eso come, y no pretende dejar ni una sola miga en el plato, quería estar alimentado para así ofrecerse a la perdición mientras agita su espada como un demente. Hyrion esperaba que le diera asco su sinceridad, que se ofenda y lo maldiga con todas las fuerza de su quebradizo corazón, aquel odio solo demuestra la absoluta incompatibilidad, ella es feliz con una vida que él desprecia, y si pudiera arruinaría todo tipo de anhelo, para que jamás baile y su llama se apague; tenerla cerca carcome su cansado espíritu, este contra la voluntad de su dueño desea subsistir, haciendo de esa pulseada constante un silencioso castigo.
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Re: [Social] Still alive [Hyrion]

Mensaje por Invitado el Lun Ene 23, 2017 1:04 pm

Al escuchar su réplica, la bailarina volvió la mirada. ¡Claro que no le había hecho nada a la comida! ¿Quién haría algo tan bajo como eso? El alimento era para vivir y por más huraño que fuera la persona que iba a recibirlo, mancillar la comida era un acto de desprecio a la vida misma. ¿Cuántas personas morían de hambre? ¿Cómo sería alguien capaz de escupir en un plato? A Sayen nunca se le hubiera pasado eso por la cabeza pero su negación se le quedó atragantada en la garganta al ver que el joven se había quitado la capucha y los guantes dejando a la vista una piel marcada.

Fuego, aquello era fuego. La piel estaba tirante en ciertas partes, marcada como si casi se hubiera derretido, dejando un camino en el rostro y los brazos del muchacho de tal forma que parecían trazar un mapa de crueldad. Sayen se preguntó si eso había sido obra de un accidente, si acaso alguien se lo había hecho apropósito. ¿Un mago? ¿Un incendio? ¿Qué historia había detrás de eso? Podía casi oler el dolor y la crueldad, la carne caliente y el humo. No sintió pena por él pero si creyó que el fuego podría haber marcado algo más que su rostro.

Y mientras comía, él la echó. No podía decir que se esperaba otra cosa después de cómo la había tratado pero sí sintió que su enojo creía un poco más. ¿A qué venía eso de "los de tu clase"? ¿Qué sabía él lo que ella era? Al parecer, muchas personas tenían la facilidad de señalar algo que no conocían y decir que no les gustaba por detalles estúpidos, así era como se creaba el odio en el mundo, así resultaba ser que todos los de su "raza" terminaban estigmatizados por ser simplemente un ser con sangres mezcladas. ¡Argh! ¡No entendía a esas personas y que la odiaran por puntos estúpidos le dolía!

Se mordió el labio inferior sólo para no contestarle y giró sobre sus talones en dirección a la barra. Que ese sujeto se pudriera solo, no iba a discutir con alguien que parecía tan corto de palabras y tan simple de opinión. Dio unos pasos hacia donde estaba el cantinero y se detuvo. ¡Pero le seguía molestando no saber qué había hecho para que pareciera odiarla de esa forma! Podía seguir excusando todo eso con el asunto de su raza, decir que era un laguz y que la detestaba por eso pero el joven no parecía tener ni alas ni orejas ni nada que lo identificara como un miembro de alguna de las razas que podían tomar forma de animal.

Soltó un suspiro grave, sacudió su cabeza quitando todas las ideas que tenía. Debía seguir con sus asuntos, no tenía razón para continuar hablándole y, sin embargo, antes de darse cuenta había tomado una silla disponible que estaba cerca. Arrastró el asiento hasta la mesa del muchacho, lo colocó frente a él y se sentó allí clavándole la mirada.

—Disculpa —dijo en un tono cordial, serio pero no molesto—, ¿acaso te he hecho algo malo? —le preguntó sin dar vueltas ni apartar la mirada.

Si lo había hecho, se disculparía. Si no lo había hecho y sólo la trataba de esa manera por un detalle menor que no tenía nada que ver con su memoria, le aclararía el disgusto que le estaba dando. Sabía que a muchos les importaría un demonio lo que dijera, pero no iba a quedarse con las palabras atragantadas en ka garganta. Ya muchas veces se había tragado lo que deseaba decir, había agachado la cabeza para aguantar los maltratos, los golpes, las humillaciones pero desde que viajaba había decidido que mientras pudiera hablar diría todo lo que la hacía sentir incómoda.

No quería volver a ser la niña callada de antes, no quería volver a ser lo que los otros decían que era.
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Re: [Social] Still alive [Hyrion]

Mensaje por Invitado el Lun Ene 23, 2017 9:17 pm

Ración pobre para un estómago que no puede dejar de sentir hambre, las cosas no terminaron demasiado mal por el simple hecho de que había “terminado” de comer en aquel instante donde el marcado sufrió la irrupción por parte de la rubia; fue claro, su mensaje no podía ser mal interpretado, aun así ella se plantó con sus ojos purpura, compartían mesa y ahora él se vio obligado a comunicar las razones de su malestar, cosa que no le agradable en lo más mínimo.

Su mirada muerta se despegó de la insípida comida, sus codos se apoyaron sobre la mesa y sus antebrazos se flexionaron hacia dentro, apuntando a su propio pecho, las manos acabarían cayendo por el borde del mueble, superponiéndose la zurda sobre la diestra al cruzarse. Sus hombros se tensaron y a modo de queja un bufido se escapó de su alma, los parpados cayeron pesados por apenas unos segundos, la oscuridad iba a ayudarle a encontrar palabras precisas y que no escaparan de su básico dominio del lenguaje.

Y los sigues haciendo —respondió cansado sin disimular su repudio—. No fue suficiente tormento aquel baile, quieres acercarte, hacer alarde del brillo que hay en tus ojos.

No, no era un intento poético de enmendar las cosas, él no encontró otra forma de expresar aquel extraño vacío en su pecho que sintió al verla actuar, aunque más repugnancia sintió por lo que él dijo a la vez que entrecerraba su mirada. Parecía estar acusando a la chica de todos sus males, Hyrion es consciente de su error, por eso mismo no permitió que la pausa fuese lo suficientemente larga como para dar lugar a una respuesta.

Cualquier imbécil puede notar el poder de tu baile, lleno de vida y humanidad —explicó al empuñar sus manos, refiriéndose tales conceptos como blasfemias —, eso me enferma —sentenció con fuerza.

¿A qué hace mención aquel hombre? Muchas personas en ese establecimiento han captado aquella suerte de “magia artística” de una manera primitiva, como lo haría el cuerpo en ausencia de raciocinio. A él también le ocurrió, era una mujer y ciertamente es mucho más hermosa que una pueblerina anónima. Los movimientos tampoco ayudan a ignorar los instintos, aunque lo cierto es que su invitación no era la causa de su enojo, aunque el dolor físico predomine en una determinada situación, él la aceptará de forma irrespetuosa, engañando los sentidos ajenos al jamás hacer escuchar su opinión.
Pero bien, pocos eran los presentes que podían cruzar aquellas barreras mundanas que se erigen gracias al deseo; y es ese punto el controversial. No es extraño para un mago sentir las amenas corrientes mágicas, un escritor puede percibir el alma de una persona en las letras, un guerrero tiene la capacidad de encontrar vida en las chispas que se producen al chocar dos espadas; Hyrion puede entrar dentro de aquella categoría sin nombre, aunque es claro que su visión es influencia para el desprecio que siente a su propia persona y a la vida en general ¿no resulta evidente lo que pueda llegar a opinar de un acto lleno de tanta vitalidad? A eso apunta, pero con cierto cuidado para no entrar en contradicción con sus acciones y lo que refleja al blandir su deformada espada.

Aleja tu pasión y jovialidad de mi —sentenció —, no tengo ganas de ver a otro estúpido ahogarse en sus propias fantasías.

No tenía nada más que aclarar, la respuesta estaba allí ¿podría ella comprender o encontrar algún reflejo que le ayuda descifrar la clase de persona que tenía delante? El apagado hombre dejó escapar un último y pesado suspiro; rompió con su cómoda posición y llevó la zurda hasta su frente, sus dedos se enmarañaron con sus secas hebras negras, un tanto sucias como el resto de sus prendas. Agobiado por tener que hablar de esa forma, lo único que pretende Hyrion es que ella se largara, esperar que el crepúsculo llegara y así marcharse de Lycia para ocuparse de sus propios asuntos; el trabajo en aquella taberna se volvió extremadamente tedioso por culpa de la artista, detestaba hablar temas de tal profundidad, pudo haber mentido, eso es cierto, pero prefirió ser directo y cortante, sus motivos tenían que ser suficientes para que ella respetara su espacio, si realmente quería ser agradecida entonces solo necesitaba levantarse de la mesa y hacer sus…cosas de bailarina.
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Re: [Social] Still alive [Hyrion]

Mensaje por Invitado el Mar Ene 24, 2017 3:59 pm

La reacción del hombre fue de clara molestia, toda su postura encorvada, tensa y su suspiro fueron muestras de que su presencia le molestaba.  Sabía bien que estaba interrumpiendo su comida y que por alguna razón él parecía no soportarla, pero no es como si fuera a esperar a que el muchacho terminara de comer, hiciera la digestión y estuviera más tranquilo para hablarle. Para ella los problemas debían resolverse en el momento si eran posibles y si no había una fuerte agresión de por medio; aunque algo le advertía que provocar demasiado a ese hombre podía acabar con ella en una muy mala situación.

Se mantuvo erguida, viéndole el rostro a pesar de que él había ocultado sus ojos y lo escuchó con claridad. Torció los labios en un gesto de molestia cuando él le dijo que buscaba hacer alarde, ¡no era eso lo que buscaba! Sayen era consciente de que ponía mucho esfuerzo en sus bailes y en que trataba de verse bien en cada uno de ellos pero en ningún momento estaba intentando hacer alarde de nada, sólo buscaba una buena presentación y dejaba que el personaje elegido para la danza hiciera lo que quisiera. ¿Qué culpa tenía ella si la música la obligaba a hacer de una mujer bastante creída y entregada o de una sumisa y débil? Siquiera podía culpar realmente a los músicos de eso, tal vez la responsabilidad la tenía la musa. La próxima vez se iría a gritarle a un rincón para descargarse con ella.

Antes de que pudiera replicar él se apresuró a dejar en claro que era a él a quien le enfermaba su vitalidad, su forma de mostrarse ante los demás. La bailarina parpadeó una vez y bajó con mirada a su regazo. Aquella respuesta le recordaba a su padre, a la amargura que él mostraba contra cualquier alegría, al desprecio que había visto en sus ojos cuando por primera vez había cantado para todo su pueblo, a los golpes sufridos que no quería recordar. Aquello volvió a su mente en un instante y en lo que dura un parpadeo se desvaneció. Entonces entendió que aquel muchacho podía ser igual en ese aspecto, alguien que no podía ver aquello que más le dolía, aquello que podía no tener. Su padre no podía siquiera verla bien a ella porque le recordaba a su madre, no podía escucharla cantar porque las memorias de la mujer que amaba volvían a él con fuerza y fue por ello que su relación acabó mal. Su padre estaba vivo, pero ella estaba muerta para él, ya lo había dejado claro. Aquel hombre era igual: no podía ver la jovialidad, la vitalidad o humanidad de ella porque, posiblemente, era algo que anhelaba o deseaba tener y ya no tenía.

Los ojos violetas volvieron a él. ¿Sería que el fuego había matado algo de él, que le había quitado eso que ella mostraba y una parte del joven quería tenerlo de nuevo? No se atrevía a preguntar a pesar de que la pregunta estaba rozando sus labios entreabiertos. Ella no era quién para hacerlo.

—No tiene nada de malo tener fantasías —replicó con un tono de voz más apagado.

Aquellas palabras, estaba segura, ya las había pronunciado alguna vez a otra persona.

Con un movimiento suave corrió la silla hacia atrás mientras se ponía de pie sin desviar los ojos del muchacho. ya no había rastros de molestia en ella, ese enojo casi infantil salido de su orgullo se había apagado como una llama a las que se le tira un balde de agua encima. No tenía ganas de discutir eso, no deseaba seguir recordando cosas del pasado, quería terminar con ello antes de que su mente le recordara lo que había pasado con el grupo de artistas con quienes había viajado.

—Lamento haber hecho que se sintiera enfermo —se disculpó casi por cordialidad y no por sentirse responsable—, sólo hacía mi trabajo. No todo lo que se ve en un escenario es cierto —aclaró al final—. Si me disculpa...

Tras eso se inclinó ligeramente en una reverencia, apartando sus ojos de él y dejando que parte de su cabello cayera hacia adelante rozando la mesa. Se irguió pocos segundos después y tras dar un cuarto de vuelta retomó sus pasos para apartarse, volviendo en dirección a la barra para poder ir a comer algo a la cocina y hacer tiempo hasta que los músicos terminaran de afinar los instrumentos. Las notas que flotaban en el aire sonaban cada vez mejor.
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Re: [Social] Still alive [Hyrion]

Mensaje por Invitado el Miér Ene 25, 2017 4:45 pm

La insatisfacción era tan grande que fue suficiente como para acabar con su apetito; la mirada entrecerrada y cansada el hombre marcado se posó sobre los alimentos que estaba obligado a ingerir; porque ahora ya no hay forma de que pueda permanecer en paz con la armoniosa música de fondo y con la viva imaginen de lo inalcanzable rondando libremente por el local, su trabajo desde que recibió al comida terminó, era su paga y una vez hecho el intercambio lo que pudiera ocurrir en ese lugar no era de su incumbencia.

Reflejo de su condición social, su comida describe perfectamente el tipo de vida que está condenado a llevar, ni en el plato ni en la copa quedaría rastro alguno de alimento.
Algo brusco se levantó, acomodó como pudo el tahalí y se dispuso finalmente a cargar con el excesivo peso de su gran espada sobre su espalda. Claro que, todo esto lo hizo luego de colocarse de nuevo sus gruesos guantes de cuero y ocultar su rostro una vez más bajo las penumbras de la capucha que intenta proteger su nefasta identidad, Así como estaba podía marchar, pero antes de dejarse abrazar por la oscuridad nocturna decidió hablar con aquel cantinero, arquitecto de un innecesario encuentro entre ambos marcados.

Su paso fue algo apresurado hacia la barra, impaciente por cruzar el umbral que separa la “seguridad” del local del salvajismo de las penumbras. La zurda se posó sobre la madera que conforma la alargada estructura, sus ojos invisibles llamaron la atención del hombre encargado, por parte de este solo habría silencio, sabía desde el comienzo que su trato carecería de todo tipo de calidez; aunque al parecer por esa tarde no necesitaría de él, fueron amainadas las pasiones despertadas por el baile de la rubia, ahora solo prevalecerá aquello que impera en los corazones de cada individuo, la convivencia es posible.

No tengo nada que hacer aquí —musitó con sequedad el mercenario antes de darle la espalda —. No nos volveremos a ver, al extremo oeste solo hay muerte, con suerte quedará algo de mi cadáver.

Una extraña sonrisa ornamento el rostro del condenado, endemoniada, puesto que se está hablando del final de su existencia. La idea de poder hallar vida en aquel infierno provoca a Hyrion una felicidad indescriptible, sentirse vivo como antes; eso es lo que constantemente su lado más humano busca, el resto de su ser lo único que puede hacer es compadecerse por ese deseo y crear una faceta enfermiza capaz de comprender que la única paz posible se halla en la nada misma. En los límites con la civilización, allí están los esclavos que en algún momento también se han entregado a algo incapaces de controlar, entre gritos y banderas profanadas la única forma de dialogar en por medio del fervor por la batalla.
Sus pasos extasiados por aquel lejano sentimiento, sus manos empuñadas y esa dichosa fantasía plasmada en su cara, así es como pretendía retirarse aquel hombre del establecimiento, pero algo irrumpió por completo el único momento de satisfacción que pudo llegar a sentir en aquel sitio, una entidad capaz de generar rechazo, aún más enfermizo y notorio que el que podría provocar la artista.

Un poco más de dos metros de altura, una contextura qué fácilmente destaca por su musculatura y su anchura. Rasgos fríos provenientes de un alma acostumbrada a la servidumbre y a una vida más apegada a la miseria que a la fortuna. Hebras largas de tonalidad carmesí, falto de bello facial, afeitad con el filo de alguna daga que ha de guardar entre sus pertenecías. Se pueden apreciar unas orejas puntiagudas, una nariz extremadamente ancha, al igual que los labios. Cejas pobladas y un aura autoritaria que sirve para poner de rodilla a cualquiera escoria que no tenga rumbo en su vida. Protegido por un peto, un espaldar, las grebas y finalmente una barbuta sostenida por su mano izquierda. El resto de su cuerpo estaba cubierto por cuero oscuro, lo bastante pesado como para atentar contra su agilidad. Lo único que estaba expuestos eran sus brazos, fornidos y repleto de cicatrices.
Un Laguz bestial, un digno león de melena bermellón y piel morena. Por la capa de color carmesí que porta y el estado de sus prendas se puede asumir que se trata también de un mercenario, para Hyrion aquella criatura tan imponente era la “competencia”, cosa que ninguno simuló al estorbarse.

Tu, bestia… —susurró el marcado antes de retirarse la capucha y clavar los ojos en la negra mirada de su adversario.

Sangre sucia —el Laguz dejó escapar un gruñido al musitar con notorio desprecio.

De no ser por la diferencia de altura se podría decir que ambos sacaron pecho y se atrevieron a chocar los mismos con rudeza. El condenado llevó la zurda rápidamente hacia la empuñadura de la espada, su extremidad temblaba con levedad, dispuesto a desvainar y asesinar allí mismo a su adversario. La bestia por supuesto que no se quedó atrás, sus zarpas estaba preparadas para arrancar la yugular del falso humano, su expresión de por si salvaje se tornó rabiosa, prácticamente preparado para sufrir una trasformación.
Probablemente no había guardia o guerrero que se atreviera a meterse entre ambos; no solo porque se trataba de un asunto personal, sino porque ambos en su momento demostraron tener una fuerza que excede lo humano. Nadie en ese lugar podría detenerlos, y por todas las miradas que se dirigieron hacia ese lugar se puede decir que ambos estaban dispuestos a terminar todos los negocios pendientes. Ninguno puede soportar la presencia del otro, el silencio que repentinamente se adueñó del local reflejó perfectamente la tensión. La tarde peligraba con teñirse de rojo antes de tiempo.
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Re: [Social] Still alive [Hyrion]

Mensaje por Invitado el Jue Ene 26, 2017 2:27 am

Una vez llegó a la barra le avisó al cantinero que se tomaría un descanso para comer en la cocina que quedaba detrás del escaparate lleno de bebidas y adornos que hacía años no tenían una limpieza adecuada. Había encontrado en los días que había pasado allí un sector de la cocina que se usaba poco y donde había un barril vacío, que sólo ocupaba espacio, donde podía sentarse un rato.

Fue hacia allí pasando por entre los encargados, que eran dos muchachos que resultaban ser los hijos del cantinero, y se sentó en el rincón aprovechando para comer un poco de tarta de ciruelas acompañada con un vaso de sidra que los muchachos le ofrecieron. Eran buenos hombres, rondaban ambos los treinta años y se veían alegres, animados y positivos, nada parecidos al hombre encapuchado con quien había estado hablando hasta hacía pocos momentos atrás. Estar con personas que irradiaban luz la ayudaban a sentir con menos fuerzas las heridas con las que cargaba y espantaba los fantasmas que la acechaban.

Mientras comía con rapidez, pues no podía estar mucho tiempo allí ocupando espacio, los jóvenes le pidieron si les hacía un favor. Después de que ellos le daban de comer y la dejaban ocupar ese lugar ella no podía decir que no así que limpiándose la boca con el dorso de una mano asintió sintiéndose un poco más renovada. El favor era simple: volver a la barra y tomar desde abajo del mueble uno de los vinos blancos de su padre ya que el que tenían atrás para las comidas se había acabado. Les preguntó respecto a las reservas de la bodega pero desestimaron el lugar y le pidieron que se encargara de eso.

Sayen no era quién para decirles qué hacer o no por lo que aceptó el pedido y se fue hacia el lugar indicado. Pasó por detrás del cantinero que sólo la observó con una ceja levantada pero no se movió, eso le pareció extraño ya que solía preguntarle respecto a sus movimientos tan libres como si el lugar fuera suyo. Sin embargo, apresurada por el pedido de los cocineros, no se molestó en leer el ambiente y fue sólo cuando tuvo el vino en las manos y se puso de pie que notó que algo no estaba del todo bien.

Observó al muchacho encapuchado, con su cabello negro al descubierto, enfrentando con una furia casi palpable a un hombre fornido equipado como un mercenario y que en su cabeza lucía unas orejas felinas que dejaban en claro lo que era: un laguz. Tanto él como el guardián marcado por fuego tenían una postura que indicaba el inminente ataque y el silencio del felino dejaba en claro que podía saltarle a la yugular en cualquier momento. Eso no era bueno, nada bueno, no sólo alguien terminaría herido sino que además podrían armar un desastre en el bar. Observó de reojo al cantinero, pensando en qué podía hacer, y notó que había dejado el trapo sobre la tabla de madera para llevar una mano a un hacha que tenía escondida ne la barra para, al parecer, esos casos.

Los ojos de la bailarina se abrieron como platos, ¡si ese hombre se metía en el medio iba a terminar mal! La muchacha se apresuró a dejar la botella en el suelo y sin pensar mucho lo que hacía dio un salto y se subió a la barra, dejando sus piernas juntas a un lado. Su cabello se alborotó con el movimiento, la falda roja de su traje cayó hacia adelante de la barra y por su postura sus zapatos que combinaban quedaron expuestos con claridad así como la marca en su tobillo.

La muchacha sonrió, con amabilidad y manteniendo ese gesto extendió una mano hacia el laguz para llamarle la atención. El felino reaccionó alejándose un paso y viéndola también a ella con unos ojos que la declaraban una nueva enemiga.

—Oh, señor, ¿no cree que está importunando a las personas actuando de esa forma? —le dijo con un tono cantarín, manteniendo su rostro cargado de inocencia mientras se acomodaba mejor sobre la barra dejando sus pies colgados hacia adelante—. Vera, mi amigo aquí es un poco gruñón —dijo señalando al joven marcado con el fuego—, no querrá verlo enojado enserio y la verdad es que el señor cantinero aprecia mucho su bar como para que ambos se pongan a pelear.

No sabía si estaba actuando de manera correcta o no, pero no deseaba que se desatara una pelea allí dentro. Los presentes no eran los culpables de aquella posible riña. Como si se llevara una mano a la cintura, Sayen se acomodó con sus ojos mirando fijo al laguz y tomó por debajo de su pañuelo el mango de su daga.

—¿Qué tal si llevan sus problemas afuera? —preguntó volviendo su mirada al apático muchacho con quien había estado hablando antes—. Afuera pueden hacer lo que se les antoje —dijo devolviéndole al guardián las palabras que él había utilizado antes.
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Re: [Social] Still alive [Hyrion]

Mensaje por Invitado el Jue Ene 26, 2017 6:50 pm

El laguz no fue el único que miró aquella peculiar dama de hebras amarillentas, el marcado por unos instantes quitó la zurda de la empuñadura, retomó una compostura más racional, bajó la guardia ante la sorpresa que le provocó escuchar su voz, la cual roza entre la malicia y la inocencia, la situación no parecía más que un juego para ella; una respuesta sagaz, todos los hombres insensatos le darían crédito por eso, Hyrion por su parte solo entrecerró la mirada, su rostro se mostró apaciguado, aunque la opinión que ahora tenía de ella sufrió un pequeño cambio a su favor: “Hay que ser valiente para hablarle así a este sujeto” , antaño quizá hubiese reído, aunque en esos momentos era aquel guerrero consciente de lo que eso había desencadenado.

El condenado retrocedió muy lentamente, la expresión de aquella bestia acabó por deformarse aún más que antes, la respiración del salvaje parecía más agitada, el mensaje de la bailarina había sido interpretado de la peor manera posible, la poca cordura que parecía quedarse a esa entidad se nubló. Los ojos estorban en aquella reacción, la afilada diestra del Laguz se posó sobre esta parte de la cara, dejó que su espalda se arqueara, su cabeza lentamente apuntaría hacia el rústico techo del local, de su maniática sonrisa una espantosa risa emergería, respondiendo la mofa con locura, la aversión se dibujó notoriamente en el rostro del marcado.

¡No sé qué es lo que me da más risa! —lentamente separó el felino su extremidad de su deformado rostro, su tono de voz alterado penetra en el corazón de los oyentes —, que una prostituta me dé ordenes o que esta se atreva a defender a un asqueroso marcado.

Lo sabía, era un laguz a fin de cuentas. Desde el primer momento que se cruzó con él pudo deducir fácilmente que aquel vagabundo era un maldito, poseedor de una condición que provoca que el destino se muestre demencial allí donde él va; un ser que no es reconocido por los dioses. Palabras como esas no pueden ser dichas con tal descuido, no habría ser viviente que se quedara tranquilo luego de escuchar tan terrible acusación. La respiración del mercenario más humano comenzó a agitarse, su mirada lentamente adoptó una tonalidad carmesí, refulgente debido al gigantesco vacío que provocó la ponzoñosa lengua de su enemigo. Una persona ordinaria se hubiese descompensado, la presión a la que se le expuso era suficiente para hacerle perder la consciencia, pero lamentablemente allí él estaba, sintiendo como el peso de sus pecados lo anclaba en aquel sempiterno infierno; las miradas a su alrededor se mostraron aterradas y a la vez indignadas, sus pupilas retienen la imagen del maldito rodeado por la desgracia que implica su existencia, la explicación de su fuerza, de su antipatía y de las marcas que asolan su cuerpo.

¡Así es! ¡Un hombre que solo arrastra desgracias se atreve a aparecer en medio de estos territorios que ustedes, humanos, intentan recuperar! —la criatura habló con el acento de un tirano, sus brazos se extendieron hacia los presentes, enfatiza perfectamente su discurso de odio — ¡Miren sus ojos inyectados en sangre! ¡¿Acaso no son idénticos a los de los soldados que azotan nuestro mundo?!

La bestia perdió por completo todo rastro de humanidad en aquella mirada ahora blanca, totalmente decadente debido a la terrorífica sonrisa que se dibujó que volvía decrépito su semblante.
La atención del laguz conocido como Rausam se centró desde ese momento en su enemigo y patética competencia. ¿Qué iba a responder aquel humillado hombre? ¿Acaso tenía objeción o prueba de que no estaba maldito? El felino repulsión sentía cada vez que tenía que observar al mercenario, y tanto era el odio que sentía por los de su clase, y en especial por su persona, que no podía darse cuenta de que aquella mujer sobre la barra también era una de sus tantas marcas; puesto que sí, el imponente león cumplía un papel macabro en el mundo; era una suerte de cazador, sus presas eran todos engendros concebidos por la unión entre un humano y un miembro de las tribu. Desvelar su condición en un lugar tan concurrido era solo el primer paso, en aquella tarde realmente pretende matarlo.

No volverás a escapar, basura —las zarpas se afilaron de nuevo, solo para intimidar a su víctima un par de pasos avanzó hacia él, había una mínima distancia entre ambos, aquel hombre no podía reaccionar como uno podría imaginar.

En encuentro ocurrió días antes de que él pudiese llegar al actual país. Ambos transitaban el mismo camino, fue una rebuscada situación impuesta por el destino. Lo normal sería que jamás se hubiesen notado, pero aquel león solitario está bendito con unos agudos sentidos que le permitieron detectar al marcado. La oscuridad cubría todo el escenario con excepción de un ínfimo sector iluminado por una fogata en plena agonía. Hyrion sufría la falta de sueño y su condición respiratoria, pelear en esos momentos parecía un suicidio, pero el cazador cometió un pequeño y fundamental error, no utilizar su forma bestial para acabar con el exhausto condenado. El león es infinitamente más poderoso que el guerrero, el depredador en aquel entonces llevaba una enorme lanza teñida por la sangre de sus anteriores objetivos. A pesar de la gran ventaja respecto a las distancias, el oriundo del viejo imperio aprovechó de la mejor forma posible los pocos segundos que podía utilizar para defenderse, las pesadas estocadas no eran efectivas, pero más contraproducente fue haber utilizado la susodicha asta como una espada, el maldito poseía una agilidad poco común entre guerreros acorazados y caballeros, no le fue muy difícil acortar distancias y proporcionarle un golpe nacido desde la zurda, horizontal contra la cabeza. Su espada sin filo, la cual es muy similar a un pedazo deforme de hierro, fue suficiente como para dejarlo incapaz de luchar; un chance que Hyrion utilizó para huir lo más rápido que pudo, dejando atrás a aquel orgulloso laguz que forjó un irracional odio hacia aquel marcado; su naturaleza no le permitió pasar por alto aquel encuentro, y ahora nuevamente tras la sutil manipulación de las casualidades, el destino los vuelve a encontrar, mostrándose muy desfavorable para aquel que no podía hacer más que caminar por un mundo que lo desprecia.

Algunos hombres del lugar se levantaron de golpe; personas que tenían armas consigo se acercaron por la espalda del acusado, las espadas largas de bronce clamaban la sangre del maldito, engatusados completamente por las palabras emergidas de la sonriente bestia. Ya no había forma virtual de escapar, no intervenir implica también ceder ante el argumento infalible de león, y nadie en su sano juicio atacaría al laguz, nadie se sentiría tocado por aquel discurso racista que vuelve redundante la diferencia entre clases; los marginados están destinados a mantenerse al margen, morir en soledad y olvidados, la dicha es algo exclusivo para aquellos que pueden ser afectado por el juicio de los espíritus.
El hombre de capa negra miró de soslayo a los tres humanos ebrios, a lo lejos también se podía ver al borracho regordete acribillando con sucias maldiciones a aquel que evitó que se propasara con la artista, aún en una situación favorable era lo suficientemente cobarde como para mantenerse lejos; aunque es también sensata su decisión ¿quién se atrevería a ponerse en medio de una bestia de lunática naturaleza? Solo un insensato que desea apegarse con locura a la perdición.

¿Cómo puede reaccionar? Atacar a los pueblerinos implica un terrible crimen que seguramente ha de pagar con su vida, las personas allí lo lincharían. Por otra parte, pelear contra el laguz es imposible, sus heridas aún duelen, su espada es inservible contra sus zarpas, además de que le supera en prácticamente todos los aspectos físicos, el cazador estaba en otro nivel. Para empeorar las cosas, los hombres a su espalda no eran los únicos que pretendían sumarse, cualquiera podía participar en aquella persecución, sillas, mesas o cualquier elemento que tuviesen a mano, el lado más oscuro de la humanidad se refleja tanto en extranjeros como en residentes, incluyendo por supuesto al propio cantinero, quien con hacha en mano parecía dispuesto a ignorar su puesto, siendo él quien lo contrató hace apenas unas horas y lo trató con moderada amabilidad.

De ser por Hyrion, asesinaría a todos los presentes de ser necesario. Arrinconado, su odio exteriorizado insiste con aquel primitivo impulso de aprovecharse de los humanos que hay detrás, robar una espada y comenzar un festival sanguinolento que terminen dando razón a las palabras emitidas por el león, mas algo detiene aquel blasfemo llamado, es su alma que busca con desesperación atestiguar el siguiente amanecer, la única verdadera herramienta que le permite analizar meticulosamente todo lo que hay a su alrededor; necesitaba solo una oportunidad, un movimiento en falso por parte de los inexpertos para poder crear una ruta de escape. Allí no ganará, no puede pretender matar al laguz en su estado, necesitará meses para recuperar la completa movilidad de su cuerpo, y miles de batallas para enorgullecerse de una fuerza inhumana.  

Solo una cosa es segura, aquella sería su última tarde en Lycia. Vivo o muerto, no podrá jamás acercarse al país, los céfiros de la discordia recordarán por siempre a todos los caminantes que él es un marcado, una anatema viviente que no tiene perdón de los cielos. Escabullirse en el anonimato, evitar a los salvajes y tratar de luchar siempre en solitario…Si cumple esas condiciones podría quedarse en el continente por un tiempo, no podría soportar un seguimiento, mercenarios y organizaciones fanáticas están más que complacidos en empalar su cabeza para el deleite de las masas.

Hyrion deja que sus manos caigan a los lados de su cuerpo, sus piernas sin embargo están preparadas para reaccionar violentamente, desplazarse de manera inusual en aquel desafortunado campo de batalla. Solo una intromisión aliada, el sonar de los instrumentos en silencioso y el objeto de ojos violetas que fue, peligrosamente, objeto de una efímera atención. La esperanza es uno de los demonios más crueles que acosa a la humanidad, pero él en esos momentos está a obligado a esperar algo, por su dignidad, por el odio interminable que ruge desde adentro y le obliga poco a poco sonreír por la situación, por esa pequeña chispa de vida que se aloja tímidamente en su corazón grisáceo, impregnado en lastimeras cenizas.
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Re: [Social] Still alive [Hyrion]

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