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[Social] En el bosque de las estanterías [Priv. Sindri]

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[Social] En el bosque de las estanterías [Priv. Sindri]

Mensaje por Yrumir el Sáb Ene 07, 2017 1:41 pm

Biblioteca de la Universidad de Sindhu,
Ciudad Redonda, Ducado de Sindhu,
Hatari.

Por la mañana.

Yrumir intentaba alcanzar uno de los libros que estaban en la parte superior de la estantería pero no lo lograba. La escalera de la que disponía en su despacho no eran más que tres escalones de madera estabilizados en un triángulo y no daba para mucho. El pequeño dragón maldecía cada vez que le ocurría esto. Ninguno de sus predecesores había sido tan bajito como él hasta ese momento y sólo tenía una escalerilla a su altura, la cual había “perdido” hacía un par de días. Le habían notificado la pérdida de un libro que además se habían llevado sin permiso, y nadie lo conseguía encontrar. Seguramente se lo habría llevado un estudiante curioso, pero ya hacía una semana que no aparecía. Hacía dos días seguían sin tener noticias del volumen y al darle la noticia pillaran en un momento de mal humor del Bibliotecario Jefe ocasionando que la escalera de madera saliese volando por la ventana del despacho por la mano del dragón, y dado que el despacho se encontraba a la altura de una cuarta planta el mueble de madera no se salvó de astillarse. La cristalera también se rompió y ahora los dos ayudantes presentes le rehuían pero eso eran problemas menores.

Lo importante en ese momento es que no alcanzaba el dichoso catálogo por la dichosa escalera baja. y aquello le ponía de mal humor. — ¡Maldita sea! ¿Por qué no puede ser una estantería más baja? — Había pedido que le cambiasen la estantería pero se lo habían denegado alegando que ya crecería. ¡Adultos malnacidos! Hubo un momento en que llegó a rozar el borde bajo del lomo pero nada. Ya no sabía ni cuanto tiempo llegaba en su odisea pero paró cuando la voz de uno de sus trabajadores le interrumpió.

Mis disculpas Maese Yrumir, ¿me había echo llamar? — Preguntó con una leve inclinación de cabeza una joven de pecas y pelo corto y oscuro. Yrumir se olvidó por un momento de su problema y giró la cabeza para observar a la muchacha.
Sí, sí. — Contestó el pequeño laguz desde la escalerilla.— Hoy voy a recibir a un invitado importante. Cuando llegue guiale hasta aquí. Creo que estaré. — Dijo sin mucha seguridad en sus palabras.— Se llama Sindri, y es bibliotecario de la Gran Biblioteca de Ilia, así que reciba el trato que merece. — La ayudante asintió sin rechistar la orden y ya estaba por irse cuando Yrumir prosiguió.— ¡Y otra cosa! — Bajó los dos escalones de madera hasta el suelo y señaló la estantería.— ¿Puedes buscarme una escalera más alta? — No le hacía gracia pedir aquello pero más vergüenza sería pedir que le alcanzase el catálogo que quería coger. La ayudante volvió a asentir reprimiendo una sonrisa que se desvaneció al ver la cara de pocos amigos de su jefe y salió presta del despacho de Yrumir.

El laguz suspiró. Quería alcanzar uno de los catálogos para poder empezar a realizar una selección de obras que ofrecer. La noticia de la visita de alguien procedente de otra biblioteca le había hecho mucha ilusión, tanta que hasta casi abrazó a Seraphiel cuando la tarde anterior se lo contó. Se murió de rabia por dentro por no haber estado presente pero había tenido una importante reunión con la canciller  que había durado horas. Así que ese día por la mañana lo primero que había hecho había sido enviar un mensaje al bibliotecario de Ilia invintándole a que se acercase en el momento que prefiriese de la mañana. Apenas había podido dormir por la noche, de lo nervioso que estaba. Era su primer encuentro con un bibliotecario extranjero y estaba un poco nervioso. Además el invitado había dado a Seraphiel unos libros de la lejana biblioteca e Yrumir por supuesto, quería hacer lo mismo. ¿Qué podría presentarle? Recordaba que su amigo Seraphiel le había comentado que parecía preferir algunos tomos sobre especies del continente de Tellius o también sobre algo menos terrenal, sobre las diosas que en Tellius se adoraban. Aunque en libros sobre generalidades de Sindhu también estarían bien… La garza no había sido muy específica.

Yrumir observó su despacho. La habitación era de un tamaño mediano con todas las paredes cubiertas de extanterías, excepto la pared del fondo en la que había una gran cristalera que daba luz a toda la estancia. En un lado del ventanal había dos tablones de madera cruzados intentando tapar provisionalmente el agujero del cristal roto. Delante de las regias columnas que sobresalían de la pared había plantas en tiestos grandes, la mayoría eran especies vegetales bastante raras. Junto con el resto de los muebles eran lo único que sobresalían de un suelo cubierto de multitud de libros y archivos. El laguz se mordió el labio pensando en que aquel desastre no era para nada adecuado para recibir a nadie. Si la Canciller o Sissi lo vieran... Se giró de nuevo a la estantería. No le daría tiempo a ordenar todo aquello así que lo mejor era continuar intentando alcanzar el registro de libros que quería. Se le antojaba una empresa menor que el de poner orden en su propio despacho. Así que hasta que llegase su invitado seguiría intentándolo.
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Re: [Social] En el bosque de las estanterías [Priv. Sindri]

Mensaje por Sindri el Dom Ene 15, 2017 8:32 pm

Sindri se miró por última vez en el espejito que llevaba en su zurrón antes de salir de la estancia que le habían prestado para su estancia en Sindhu.

Dispuso que su ropa estuviera en buen estado y más que presentable, puesto que llevaba una muda nueva. Y no era para menos, desde que se había levantado había tenido que soportar aquél calor por lo que agradecía llevar algo de ropa fresca para combatirlo. Dentro de la estancia, y dentro del edificio de hecho, a veces pasaba algo de brisa, pero la sensación era de un calor inclemente y pesado que lo seguía a todas partes sin excepción. Y había una buena razón: estaba en pleno desierto cuando durante los cuatro últimos años había vivido, por decirlo así, en un lugar en el que nevaba incluso en los veranos. Un cambio muy notorio. Mientras el Dark Mage se acercaba al escritorio, un caos organizado de notas, cuadernos, tomos, plumas y tinteros, no pudo sino reconocer que, al menos, las noches las pasaba bien ahí.

No es que hubiera salido de fiesta, ni siquiera en Ilia hacía eso. Aunque a ver quién era el valiente que proponía una fiesta cuando las ventiscas eran completamente impredecibles ahí. No, se había pasado la noche trabajando y copiando las notas que había anotado en Goldoa y durante el día anterior en la biblioteca de Sindhu. Localizar tomos le había sido una tarea complicada, el estilo de nomenclatura era distinto que el que usaba él, pero pudo encontrar un bibliotecario en los sitios usuales donde tales profesionales solían estar, en el área de descanso, que le ayudó con presteza para volver a descansar cuánto antes. Había cosas que nunca cambiaban. Pero no podía quejarse, había pasado el día rodeado de libros que trataban temas relativos a los Laguz… ¡Habían en su mesa más libros de esa temática de los que había visto jamás! Exagerando muchísimo podía bien asegurar que había más información en sus notas sobre Laguz Dragón y Garza que en toda la Gran Biblioteca de Ilia.

Salió con buen pie de su habitación y recordó cerrar la puerta, para adentrarse en el laberíntico complejo de la biblioteca de Sindhu. Caminó con presteza con rumbo aproximado, asomándose en el quicio de cada puerta para pedir indicaciones. Las salas que le daban la bienvenida le trataban de tentar con numerosos volúmenes desconocidos en pequeñas estanterías y varios sillones que parecían mullidos… pero el bibliotecario tenía una misión. Aunque grabó a fuego en su memoria el camino que estaba recorriendo para más tarde.

Tras varios minutos completamente perdido en la estructura, al doblar una esquina el Dark Mage vio a lo lejos a una mujer salir de una estancia y dirigirse hacia lo desconocido. Quizá ella podía darle algunas indicaciones sobre cómo llegar al despacho del bibliotecario con el que le concertaron la reunión, por lo que apretó el paso para alcanzarla. No pudo sino mirar por curiosidad la estancia al pasar por delante y lo que vio le hizo parar en seco – Menuda aventura tuvo que tener este ventanal. – dijo en voz alta. Sus ojos no pudieron sino sentirse atraídos por aquél agujero que rompía con la estética del lugar. ¿Qué habría pasado ahí exactamente? Si fuera Ilia podría achacarlo a alguna ventisca especialmente violenta pero… ¿En un desierto?

Su mirada fluctuó por la estancia hasta encontrarse diversas plantas de tipos y colores que Sindri jamás había visto. También era cierto que en Ilia casi no crecía ningún tipo de vegetal, entre el suelo árido y las temperaturas gélidas… la profesión de botánico no era exactamente demandada ahí. Movido por pura curiosidad, el Dark Mage dio un paso en la estancia y dejó que sus ojos vagaran un poco por ella. Eventualmente convergieron en una figura humana que la ocupaba – Uhm. Hola. Sí, disculpe. – era un joven. Muy joven. Un niño, incluso dirían algunos, pero Sindri no era lo bastante adulto para clasificarlo así todavía. ¿Sería el hijo de algún bibliotecario? ¿Un aprendiz de tal oficio? Si era así, mejor ser amable. Sabía muy bien por lo que estaba pasando – Buenos días. Mi nombre es Sindri, bibliotecario de la Gran Biblioteca de Ilia y… bueno, tengo una reunión con un bibliotecario de Sindhu. ¿Qué podría ayudarme, por favor? – preguntó con una sonrisa. Sindri se había encontrado con mucha gente desagradable durante sus tiempos de aprendiz y lo último que quería era resultar una carga para alguien que acababa de empezar en tan majestuoso oficio.
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Re: [Social] En el bosque de las estanterías [Priv. Sindri]

Mensaje por Yrumir el Sáb Ene 28, 2017 2:08 pm

Yrumir ya pensaba que podría llegar a escalar la estantería para llegar al catálogo. Sus ojos buscaron sitios donde poder apoyar las manos y los pies con firmeza. Los libros dejaban un pequeño margen de madera en el ancho de la balda pero era demasiado estrecho para que la sujeción con los dedos fuese firme. Yrumir se llevo la mano a la barbilla. Quizá si sacaba los libros de la estantería baja a la que alcanzaba y lo intentaba desde ahí... pero daba pereza tener que colocarlos luego con lo que ya tenía que ordenar...

El corazón se le paró por un segundo al escuchar una voz desconocida por detrás suyo, tan centrado estaba en su reflexión estaba como casi siempre que se concentraba en algo sin darse cuenta de lo que ocurría a su alrededor. El pequeño dragón se giró sobre sí mismo y miró con cierta molestia al adulto que acaba de entrar e interrumpirle. Parpadeó sorprendido. No le había visto nunca pero le llamó la atención la ropa que usaba no parecía ser propia de Sindhu, así que sería un extranjero. Ni siquiera lo saludó educadamente nada más él lo hizo. Pensó en despacharlo rápido pues no quería entretenerse con otras cosas antes de reunirse con el bibliotecario de Ilia.

Sin embargo su pensamiento cambió radicalmente cuando el adulto se presentó. ¡Era él, era él! ¡La persona a la que estaba esperando! Su expresión acompañó en el cambio a su idea sobre el desconocido y se dibujó en sus labios una sonrisa de ingenuidad ilusionada. Dejó por completo el asunto de no llegar a coger el catálogo a un lado. El laguz bajó los dos escalones de la pequeña escalera de madera de un salto y se acercó al vivistante casi corriendo y esquivando las distintas pilas desordenadas de libros.
Bienvenido maese Sindri a la Biblioteca de la Universidad de Sindhu — Intentó contener su alegría por la visita, no le parecía muy decoroso.— No esperaba que llegase tan pronto. — Se daba cuenta que la ayudante que había mandado a esperar al invitado esperaría en vano. Bueno ya se aburriría de esperar y le trearía la escalera.

Soy el Bibliotecario Jefe de la Biblioteca de la Universidad de Sindhu, me llamo Yrumir. Un placer tener en nuestra casa a un bibliotecario de la Gran Biblioteca de Ilia. — Al presentarse hizo una reverencia educada con una inclinación de cabeza. Se le notaba animado, algo muy raro en él y más con un adulto y beorc pero aquella ocasión era especial. Iba a ser el primer Bibliotecario Jefe que recibía a otro en la biblioteca y tenía muchas expectativas. Hablar sobre intercambios de libros, colecciones de volúmenes que tuviesen, conocimientos en general, ideas diferentes que se utilizasen en otras bibliotecas...

Rodeó a Sindri y empezó a recoger libros con el objetivo de abrir un camino que facilitase el tránsito hasta la mesa principal del lugar. — Pase, por favor. — Pidió al avanzar el primero hasta su mesa de trabajo. Le ofreció asiento en una silla de madera tapizada de color morado. Por su parte Yrumir cogió con esfuerzo, o más bien arrastró la pesada silla del Bibliotecario Jefe que estaba al otro lado de la mesa y la colocó enfrente de la silla para el invitado. Se sentó en la silla y como iba descalzo, cruzó las piernas sobre el asiento. — Es la primera vez que recibimos a un representante de una biblioteca extranjera. No tengo ningún refrigerio aquí para ofrecerle pero cuando venga alguno de mis ayudantes le pido que traiga lo que desee.
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Re: [Social] En el bosque de las estanterías [Priv. Sindri]

Mensaje por Sindri el Dom Feb 05, 2017 7:47 pm

De buenas a primeras pudo obrservar las diferencias entre las dos bibliotecas. ¡Alguien tan joven y ya era un Bibliotecario Jefe! Sindri era bastante más mayor y no había pasado del rango de bibliotecario raso… y no tenía perspectivas de futuro cercano. Había un número cerrado de puestos en la Gran Biblioteca de Ilia, por lo que el organigrama resultaba bastante estable: en los cuatro años que llevaba ahí no habría presenciado más que un par de ascensos tras una gran consideración de aquellos altos mandos nebulosos. Ocultar la sorpresa fue una ardua tarea que no consiguió completamente… aunque de veras lo intentó. No sería nada comentar sobre tal hecho sin ponderar bien si un diplomático diría lo mismo: no estaba ahí simplemente como Sindri, sino que llevaba el peso de la reputación de la Gran Biblioteca de Ilia en sus espaldas.

Le agradezco la cortesía, señor Yrumir, pero me temo mucho que no tengo categoría suficiente para ser llamado “maese”. – aunque no iba a reconocerlo, le encantaba que se dirigieran a él con respeto y palabras grandes. Tal vez era una herencia de su tiempo como noble en el que había sido tratado entre sedas… hasta los quince años, claro. Sus últimos seis años habían sido bien distintos, teniendo que aprender a la fuerza austeridad y oportunidad a partes iguales… aunque algunas noches el Dark Mage no podía evitar sino soñar con los maravillosos banquetes que tomó en su infancia en Ryerde – ¿Qué le interrumpo o vengo en mal momento, señor Yrumir? Puedo acercarme en otra ocasión si esta no es propicia, no quisiera entrometerme en sus quehaceres… – se cubrió las espaldas, puesto que él tampoco tenía mucha noción del tiempo que había tardado en llegar ahí. Su intención era preguntar la dirección pero había encontrado por casualidad el lugar correcto.

Es un honor que un miembro de tan alto rango de la Universidad de Sindhu me reciba. Agradezco su amabilísima bienvenida. – acompañó aquellas palabras con una ligera reverencia de la cabeza. Realmente, si comparaban los rangos de ambos en las respectivas bibliotecas él no era más que un organiza-tomos más recién salido del aprendizaje, mientras que la persona que tenía delante no era nada menos que alguien que podía introducir la palabra “jefe” en su tarjeta de visita. ¿Cómo iba él a competir con eso? Ni siquiera tenía tarjeta de visita propia – Me gustaría disculparme por no haber avisado de mi llegada con tiempo, pero ha sido una visita improvisada sobre la marcha. Fue en mi estada en las tierras de Goldoa cuando conocí de la existencia de esta biblioteca y no tuve ni el tiempo, ni los medios, para ello. – de hecho, sólo tuvo tiempo a negociar y subir en la caravana minutos antes de la partida.

Sindri empleó toda la educación que había aprendido durante su niñez para moverse en aquél espacio y finalmente sentarse en la silla que le habían indicado de la forma más correcta posible – No se preocupe, señor Yrumir. He sido tratado maravillosamente bien en esta biblioteca. Más de lo que merezco, de hecho. – había pasado una buena noche allí y la habitación que el Laguz Garza, Seraphiel, le había proporcionado era muy acogedora. Mucho más que su pequeño dormitorio en Ilia, al menos. Ese pensamiento le recordó que había algo que debía decirle al Bibliotecario Jefe.

Debo agradecer también al señor Seraphiel por hacer posible este encuentro. Además, fue muy amable conmigo en mi llegada a Sindhu. – ¡De no ser por Seraphiel, no tendría ni habitación ni un encuentro con el mismísimo Bibliotecario Jefe de Sindhu! El Dark Mage no sabía bien cómo lo había conseguido, pero si alguien quisiera hablar con el Bibliotecario Jefe, o un puesto equivalente de la Gran Biblioteca de Ilia podría tener que esperar un mes entero.
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Re: [Social] En el bosque de las estanterías [Priv. Sindri]

Mensaje por Yrumir el Sáb Feb 18, 2017 6:49 am

La silla propia a ocupar por el bibliotecario de su rango era más bien incómoda, al menos lo era para él. su principal razón era quizá que el asiento que las cuatro patas talladas sujetaban era quizá demasiado mullido.  Apenas solía utilizar esa silla, pues trabajaba preferentemente en el suelo y no en la mesa de aquel despacho. Aunque la mesa era grande, el suelo era aún más extenso para esparcir libros, papeles y notas.

El pequeño dragón se ruborizó un poco al escuchar tan amables y corteses palabras del otro bibliotecario. No era común, y más en alguien extranjero, que de primeras le reconocieran como alguien con su cargo. Generalmente cuando se presentaba les parecía que era una broma de un chiquillo y no le hacían caso. Tarde o temprano caían en su error. A más de un alumno nuevo le había ocurrido también. Hasta el mismo se imaginaba a un bibliotecario de tan alto rango con una larga barba blanca, lentes y manos arrugadas como pergaminos viejos. Pero en Sindhu hasta el bibliotecario se salía de los arquetipos.

Por favor, no se disculpe, el placer es nuestro de que haya querido visitarnos. — Aunque, ¿quién no quería visitar la fastuosa biblioteca de Sindhu al oir hablar de ella? Yrumir era muy orgulloso con la colección de conocimiento que el edificio había acumulado a lo largo de los años, centenarios de esfuerzo de bibliotecarios y cancilleres. Pero dado que el aislamiento de Sindhu del que acaban salir hace poco no era muy conocida. Al principio a Yrumir le gustaba más que fuese así, no quería foráneos en su biblioteca. Pero tras largas y largas conversaciones con la canciller y la Duquesa parecían que habían conseguido convencerle de lo contrario y lo bien que era para la institución.— ¿En Goldoa? — Enarcó las cejas sorprendido por el lugar donde maese Sindri había escuchado hablar de ellos. De todos los países, el que había sido su antiguo hogar era del que menos se lo esperaba, pues sabía que era otro reino.— ¿Le dejaron entrar en Goldoa? Debe de ser de los pocos beorcs que han podido estar ahí, incluso a otras especies de laguz, a muy pocos se les permite pasar las fronteras. O así era antes. — Cuando él había vivido en Goldoa tampoco había sido consciente de las reglas de su propio país y las había conocido una vez ya había llegado a Sindhu. La tierra de los dragones llevaba con la misma política desde hacía milenios, antes de la fundación del ducado.

La Duquesa y la Canciller me castigarían si no fuese tratado con el máximo cuidado y como bien se merece Maese Sindri. — La sinceridad fue rotunda. Su carácter arisco en muchas ocasiones era bien reprendido por la Cánciller, y temido por los alumnos. Además Sissi le había repetido mil veces que fuese más amable con los beorcs, y se lo repetiría mil más porque aquella ocasión era cuanto menos especial.— Sí, la garza idio-... digo Ser-... mi amigo el embajador Seraphiel me habló de usted en cuanto pudo y también me dio los libros que trajo como regalo consigo. — Yrumir buscó los tomos con la mirada pero el gran desorden que poblaba aquella estancia los escondía muy bien. Ya ni se acordaba de dónde los había dejado... pero tenían que estar por ahí.— Es muy amable, aunque suele dejar pasar las fechas devolución de los préstamos... — Hizo un mohín junto al último comentario.— Aún no pude siquiera echarles un vistazo a los tomos, pero el embajador me aseguró que eran muy enriquecedores.— El trabajo se le había acumulado además de las continuas reuniones que había tenido con la canciller últimamente no habían ayudado a aligerar las tareas. Se mordió el labio en un gesto de rabia por no haber podido leer ni una página antes de encontrarse con el bibliotecario de Ilia.
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Re: [Social] En el bosque de las estanterías [Priv. Sindri]

Mensaje por Sindri el Vie Feb 24, 2017 8:30 pm

Sindri sonrió ligeramente mientras estudiaba con ojos curiosos la disposición de la habitación ahora que tenía tiempo y una excusa para hacerlo. Mientras el buen bibliotecario que le superaba en rango por diversos títulos hablaba, el Dark Mage observaba cada rincón del lugar en el que se encontraba, desde el techo hasta lo que podía ver en las estanterías. Apuntó cada cosa que le gustaría tener en su despacho si alguna vez lo ascendían… las plantas le daban un toque muy hogareño, pero ¿Qué plantas podrían crecer en Ilia? No, esa no era la pregunta correcta. ¿Qué plantas podrían sobrevivir en Ilia? Quizá si pedía a algún artesano moldear el metal con forma de plantas y luego las pintara podía lograr un efecto parecido. Pero eso le costaría mucho dinero, por no decir que tendría que contactar con algún herrero, y en el pueblecito más cercano a la Gran Biblioteca de Ilia el herrero no hacía mucho más que herraduras, clavos y herramientas para los pocos que practicaban la agricultura ahí.

Pero que estuviera estudiando no quería decir que no hubiera prestado atención: había escuchado atentamente todo lo que le había dicho y dispuso a contestar al amable bibliotecario de Sindhu. ¿Cómo debía responder, eso sí? El bibliotecario estaba siendo muy amable, pero no quería parecer que estaba tomando tantas confianzas. Lo primero era lo primero, por lo que debía contestar a lo planteado.

Le agradezco sus amables palabras, señor Yrumir. La verdad es que no me imaginaba que en mi viaje a Tellius podría visitar una maravilla arquitectónica como ésta… al menos no lo tenía previsto cuando comencé el viaje. – recordó que su “mapa de viaje” no era más que una ruta de Ilia a Goldoa y un gran interrogante a continuación. Claro que sabía donde ir, pero no qué hacer ahí, qué visitar o cuándo debía volver. Era uno de esos viajes de descubrimiento personal en los que el mayor descubrimiento era como volver a casa de una pieza – Bueno, no puedo decir que “dejaron entrar” es la construcción más correcta para describir lo que ocurrió. Más bien “no pudieron evitar mi entrada” ya que llegué por mar, y allí no hay ningún tipo de aduana por mar.

Su mano, juguetona, simuló ser un barco que llegaba a una orilla, y con sus dedos índice y anular simuló alguien que caminaba. Realmente no había entrado “legalmente” por una frontera, pero tampoco había accedido al país de manera ilegal: las aguas eran de todos, al fin y al cabo. Aunque seguramente eso no hiciera mucha gracia a ciertos gobernantes.

Pero una vez dentro del país conocí al Príncipe Kurthnaga, con quién tuve una interesantísima conversación sobre los Laguz Dragón. Hay poca información sobre los Laguz Felinos y los Laguz Ave en Elibe… ¡Pero no hubiera conocido la existencia de los Laguz Dragón de no ser por un visitante de Tellius en la Gran Biblioteca de Ilia! – sonrió, sin saber bien si el bibliotecario conocía el desconocimiento general sobre todos los Laguz de Elibe – Aprendí mucho de la visita, y he podido conocer en esta misma biblioteca un Laguz Garza, otro tipo de Laguz completamente desconocido para nosotros. – sacó un vetusto libro de su zurrón y lo abrió por una página que conocía tan bien que ya podía hacerlo sin mirar – El ámbito de mi investigación se centra en la relación entre los Laguz Dragón y los dragones legendarios de La Batida en Elibe, un evento que sucedió según las crónicas hace mil años. – sujetó el libro de forma que el bibliotecario jefe pudiera ver una rica ilustración de un enorme dragón en plena batalla contra una muy pequeña figura embutida en una armadura y enarbolando una espada.

Me alegro que mi bienestar esté asegurado por la Duquesa y la Canciller de Sindhu. – no pudo sino imaginar qué quería decir con que sería “castigado” por una autoridad tan alta y porqué dudó tanto en mencionar el nombre del Laguz Garza. Aunque le sentaba bien ser tratado bien, eso no lo iba a negar en ningún momento… quizá mejor centrarse en el presente y en lo que iba a decir – No se preocupe por eso, aunque estoy plenamente seguro que usted podrá apreciar la enorme calidad de esos volúmenes. ¡Fueron escogidos a mano por los mayores expertos en la materia de la Gran Biblioteca de Ilia! – aseguró con una de sus mejores sonrisas plasmada en la cara, puesto que tenía la entera confianza que un entendido en la materia podría disfrutar como el que más leyendo tales escritos.
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Re: [Social] En el bosque de las estanterías [Priv. Sindri]

Mensaje por Yrumir el Vie Abr 07, 2017 1:13 pm

Escuchó con interés la historia del viaje de Sindri hasta las tierras del continente de Tellius. El príncipe Kurthnaga debía ser el mismo con el que se había carteado Sissi. El joven príncipe debía ser muy diferente a su rey padre, y de Goldoa en general.
¿Y le gustó Goldoa? – Él se había pasado la mayor parte de su vida en la tierra de los dragones encerrado, así que no guardaba variados recuerdos de su país de origen más que la compañía de su madre. Lo más que pudo apreciarlo fue cuando ambos huyeron.– Sus escabrosos parajes rocosos tienen su encanto. – Habían pasado una temporada escondidos entre las montañas de la frontera y esas sí las recordaba.

Yrumir entrelazó los dedos de las manos, las apoyó sobre las piernas e inclinó un poco hacia delante la espalda. Dejó el pasado lejos de su pensamiento por el momento. Sus redondos ojos celestes se clavaron en el bibliotecario beorc. La mención de que estaba interesado en conocer más a los laguz dragón captó toda su atención.

Si lo que quiere es conocer más sobre los laguz, o en concreto sobre nuestra raza ha venido entonces a un lugar muy indicado. Dado que Sindhu es un sitio de estudio donde han convivido casi todas las razas hay la información más variada al respecto. – Entrecerró los ojos analizando la cuidada ilustración que le mostró su invitado. Extendió un dedo por delante de su fija señalando para así mismo los detalles.  Frunció un poco el ceño viendo la imagen de la lucha entre el dragón y el pequeño caballero en comparación con la criatura draconiana. Si así eran los dragones de esas crónicas entendía porque podía pensar la relación con los laguz dragón. Una voz de tono mosqueada empezó a susurrarle ideas prejuiciosas sobre el bibliotecario pero se mantuvo dominante la voz que le calmaba y le obligaba a ser abierto y debidamente respetuoso. – La Batida… ¿es una importante leyenda de su país? ¿U ocurrió en verdad? – El pequeño dragón conocía muy pocas cosas, apenas le sonaba sólo el nombre. Sabía que era algo que formaba parte de la cultura popular del continente de Elibre pero desconocía cuáles eran sus hechos. Por desconocimiento nunca le había interesado ahondar en esa leyenda en particular.

Pero viendo la ilustración  podía imaginarse que se trataba de peleas entre humanos y dragones, y si el oriundo de Ilia no conocía a los dragones de primera mano, podía concluir quienes no vivían ya allí. Nunca había prestado atención a esa leyenda pero ahora captaba su curiosidad, y más que eso, la posibilidad de que si hubiese habido dragones en Elibe estuviesen relacionados con los de Tellius.
¿Y tiene ya alguna hipótesis de cómo los laguz dragón y los dragones de La Batida pudieran estar relacionados? – Preguntó expectante por conocer si la visita al país de los laguz dragón había sido lo suficientemente provechosa para tener alguna teoría que compartir.
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Re: [Social] En el bosque de las estanterías [Priv. Sindri]

Mensaje por Sindri el Jue Abr 13, 2017 6:41 pm

¿Que si me gustó, pregunta usted? Pues no puedo decir que me quedara el suficiente tiempo como para considerar que hice turismo… – el Dark Mage cruzó los brazos y miró al techo, tratando de recordar alguna curiosidad del lugar. Llegó por mar, por lo que vio la costa y sólo transitó por el camino principal, casi a toda prisa, porque al parecer no todos los Laguz Dragón eran tan amables como el Príncipe Kurthnaga. Y si lo atacaban, tendría que poner en práctica sus teorías sobre la resistencia mágica de los Laguz, algo que no le acababa de hacer el peso ahora por ahora. ¡No tenía datos fiables! ¿Y si resultaba que los Laguz eran inmunes a la magia, o altamente resistentes? Ahora que lo pensaba, podía hacer esa consulta si el momento era propicio – Es una manera de decirlo, ciertamente. Es un lugar en el que tener alas seguramente es una ventaja, o al menos tener piernas fuertes y musculosas. Me temo que yo no soy un ávido explorador… – hizo un gesto cómico de flexionar sus (casi inexistentes) bíceps – … si no más bien un simple bibliotecario. Debo admitir que los acantilados son escarpados y llenos de destellos de color. Al sabio Demetrius seguramente le gustaría echarles un vistazo… si ideamos una manera de amarrar con seguridad a un octogenario. Y luego subirlo. Intacto, si es posible.

¡Me alegro que me diga eso! Puesto que aquí mismo tengo una pequeña lista de preguntas sobre los Laguz que no tuve tiempo a preguntar… con unos añadidos durante el viaje. – hurgó unos segundos en su zurrón y sacó un rollo de papiro que, a simple vista, podía parecer completamente negro. Pero con una detallada inspección se podría advertir que era un papiro del color usual que se empleaba en Elibe, sólo que tan lleno de letras y palabras que casi ocupaban todos los espacios – Hábitos alimentarios, hábitos sociales, magia Laguz o equivalentes, sociología, datos demográficos… ¡Hay demasiado que no sabemos! Y mucho que pretendo descubirir. – volvió a guardar aquel elemento de forma distraída, casi automática, esperando que el bibliotecario que le superaba por mucho en rango le pudiera apuntar dónde descargar aquellas cuestiones – Digo “descubrir”, claro que no “descubrir”. Los Laguz ya las saben. Pero yo no. De alguna forma hay que llamarlo, ¿cierto? – ¿“Nuestra raza”? Tuvo que arreglar las apariencias como pudo. ¿La raza de ellos dos? ¿Los Beorc? ¿O se acababa de llamar Laguz a sí mismo? ¿O Laguz Dragón? Había ahí cierto grado de ambigüedad…

Y tras esta divagación, escuchó atentamente la cuestión que se le planteaba. Y la sonrisa más pícara que Sindri había tenido en un buen tiempo se alojó en su rostro, mientras que sus ojos trataron de leer la cara del otro. Era una respuesta que no podría reprimir ni con toda su voluntad – Sí. – y se mantuvo en silencio durante unos segundos, manteniendo la sonrisa. Y es que tal y como había planteado la pregunta, esa era una respuesta aceptable – Tanto la una como la otra. Es una leyenda que todo un continente acepta como verdadera sin excepción. De hecho, es una piedra angular de la historia de Elibe, puesto que cada país traza sus orígenes a uno de los héroes legendarios de La Batida. – explicó, plenamente consciente de lo raro que es que un continente entero, albergando culturas y personas tan distintas, aceptase unánimemente como verdadero un mismo hecho – Sin embargo… no hemos sido capaces de encontrar ninguna prueba fehaciente de lo ocurrido durante aquel tiempo. Lo único que conecta La Batida con el día de hoy son las armas mágicas con propiedades antidracónicas, las únicas herramientas que pueden mellar las escamas de un dragón, que se describen en las leyendas. – negó con la cabeza efusivamente, casi como lamentándose a su vez – Presuntamente en manos de la realeza de cada reino y país. Presuntamente. Ninguna de ellas se ha visto en décadas.

¿Teorías? Traía conmigo una bolsa de preguntas y volveré a Ilia con un cargamento entero. – se encogió de hombros, pero no parecía de mal humor por ello. No esperaba encontrar el secreto debajo de una piedra – La Batida ocurrió hace mil años, según nuestros cálculos. Y el Príncipe Kurthnaga me informó que los dragones podían vivir durante milenios sin problema alguno… ¿No querría decir que algún dragón de Goldoa hubiera vivido al mismo tiempo que La Batida ocurrió? Sin embargo no tenía conocimiento alguno de los sucesos. Al mismo tiempo, si bien los Laguz Dragón o los Manakete tienen formas dracónicas, ninguna información tengo que sean grandes como torres. – ladeó la cabeza con curiosidad insatisfecha.

Sin embargo… los Laguz Dragón tienen una doble faceta: dracomórfica y antropomórfica. Los Beorc tienen una única faceta antropomórfica. ¿Podrían existir seres con una única faceta dracomórfica? – le habían pedido una teoría y una teoría había expuesto. ¿Una buena teoría? ¿Una teoría con fundamento? Seguramente no, pero el único hilo conductor del que disponía era ése.
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Re: [Social] En el bosque de las estanterías [Priv. Sindri]

Mensaje por Yrumir el Vie Abr 21, 2017 8:26 am

El bibliotecario laguz parpadeó sorprendido al ver la cantidad de letras escritas en un sólo pergamino, no habría creído hasta se momento que se pudiese aprovechar también una hoja para tomar notas y apuntes. Sin interrumpir al invitado ¡Si parecía negro! Yrumir se preguntó si el beorc podría enseñarle a hacer tan buen uso del papel sin perder información en el proceso. También el dragón tenía una letra demasiado grande para poder escribir así. Pensando en lo siguiente que iba a proponer se rascó un poco nervioso detrás de la oreja, dejando visible la terminación puntiaguda que normalmente ocultaba su cabello azul.

Bueno... yo si quiere puedo responder a algunas preguntas sobre los laguz dragón. — Comentó el laguz con cierta vergüenza, algo también perceptible por la tonalidad más roja que tornaban sus mejillas. Hablar sobre su propia especie con un beorc era algo de lo más inusitado si quiera lo hacía con los beorcs más cercanos a él aunque ellos conviviendo con diferentes razas de laguz desde siempre no tenían tales cuestiones en la mente. Él intentaba cambiar su perspectiva hacia los beorcs extranjeros y siguiendo las enseñanzas y también directrices de su gran amiga, haría el esfuerzo de enseñarles.— Sobre la sociedad de los dragones en Goldoa no puedo decirle mucho pues abandoné el país cuando era más pequeño, así que no lo recuerdo bien.— Concluyó. El otro bibliotecario parecía tener buenas intenciones y voluntad de aprender, así que le enseñaría.

¿Mellar las escamas de un dragón? — Formuló la pregunta para sí mismo, pensativo. Las escamas de los laguz dragón aunque sí duras dependiendo de la subraza y de la edad, no eran una protección impenetrable frente a las armas normales. La historia de la Batida comenzaba a suscitar preguntas al Bibliotecario Jefe. ¿Habían existido más razas de dragones aparte de manaketes y dragones terrenales? Por su rotunda afirmación, tal así parecía. Yrumir nunca lo había tomado en consideración hasta ese momento. — Los laguz dragón se estima pueden alcanzar los 3000 o más años de edad. Hay varios que sobrepasan los mil años pero temo que alcanzar a hablar con ellos para preguntarles directamente sobre el asunto es tarea más que complicada. — Eso tenía entendido. Que el supiera siquiera Sissi había conseguido hablar con alguien que tuviese mayor rango que el Príncipe Kurthnaga.

¿Dragones con sólo forma dracomórfica? Podría ser posible, aunque ahora no existan tal especie animal. — Dijo convencido. Aparte de bibliotecario sus estudios le habían llevado a ser un naturalista avezado. Y en ninguno de los círculos académicos de la Universidad se ponía en entredicho tal no existencia.— Si no recuerdo mal los maneketes, la raza de dragones más antigua de todas, vivieron hace muchísimos milenios en una única forma dracónica pero luego terminaron adoptando forma antropomórfica guardando su poder de transformación en unas piedras muy especiales para ellos. Pero ninguna de estas historias tiene su homóloga en los laguz dragón, siempre hemos sido así y no necesitamos un objeto para transformarnos.  Las diferencias descritas en tamaño entre ambos tipos de dragón parecen indicar que se podría descartar una línea de relación parecida. Y tampoco coincidirían con la crónica de los eventos... — Yrumir se dio cuenta de pronto que había seguido hablando sin dar turno a expresarse al invitado.— ¡Perdone! Estoy especulando mucho sin dejarle hablar. — Se había emocionado demasiado ante la oportunidad dada para formular hipótesis ante la rastra de dudas y preguntas que el bibliotecario de Illia tenía en el zurrón. Pero antes de dejar de coartar tenía otra pregunta de naturalista e investigador, quizá un poco escéptico.— Pero una última pregunta, que sería piedra angular para elaborar teorías. Dice que lo único relacionado con los grandes dragones de la Batida son armas mágicas con propiedades antidracónicas pero, ¿ha sido corroborado y comprobado? Porque si además su existencia es presunta... — Era poner en duda una de las creencias más arraigadas de Elibe pero era lo habitual en aquel ambiente académico. Poner en duda las cosas.
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Re: [Social] En el bosque de las estanterías [Priv. Sindri]

Mensaje por Sindri el Lun Mayo 15, 2017 1:04 pm

La pluma de Sindri parecía encontrar espacio. Siempre había algún recoveco que la letra, o el ángulo, habían dejado sin cubrir. Y así, a una velocidad bastante adecuada, el bibliotecario hacía gala de una de sus pocas habilidades: la capacidad de ser un eficiente escriba. Se preocupó incluso de no dejar su tintero en la mesa, sino en su rodilla, bamboleándose de manera preocupante – ¿Nativo de Goldoa? Asumo pues que usted es un dragón. ¿De qué color? El Príncipe Kurthnaga me dijo que habían dragones… – torció el papel brevemente y buscó unos puntitos en una esquina del pergamino, que denotaban para él una lista. Tuvo que acercarse el papel a la cara para leerlo bien – … rojos, blancos y negros. Además, me dijo que no era de mala educación preguntar por el tipo de Laguz Dragón que uno es. ¡Me aseguré de preguntarlo todo para no insultar! – añadió como si fuera algo novedoso y original. Tenía que evaluar bien los Laguz Dragón antes de decidir algo tan irreconciliable como ser descortés o abiertamente hostil.

Mellar las escamas de un dragón. Según tenemos recogido en los libros de historia, los dragones podían aguantar sin problemas cualquier tipo de ataque de los habitantes no-dracónicos de Elibe. – se resistía a usar el vocablo “Beorc” para referirse a uno mismo o alguien de su especie. De hecho, no reconocía el concepto de “su especie”. Cuando encontraba a otro no-Laguz no decía “ahí va alguien como yo”, no había entre ellos un vínculo subyacente de camaradería o comprensión, un fenómeno entre Laguz del que había aprendido hablando con el Príncipe Kurthnaga – Armas blancas, armas punzantes, magia… absolutamente nada funcionaba, los dragones eran una fuerza implacable que asolaba castillo tras castillo, pueblo tras pueblo, ciudad tras ciudad, no dejando más que destrucción y ruina a su paso. – confirmó Sindri, adivinando por dónde iban las saetas. El Príncipe Kurthnaga ya había apuntado algo de desconfianza sobre las armas míticas de Elibe, pero el bibliotecario había hecho sus deberes esta vez y podía contestar con más soltura – Será cuestión de encontrar un Laguz Dragón milenario y preguntarle educadamente. Aunque puede ser difícil, viendo que no se puede juzgar sus edades por sus físicos. – mencionó, como si fuera la cosa más natural del mundo.

Y entonces el bibliotecario jefe comenzó a disertar sobre los dragones, lo que hizo que Sindri pusiera especial énfasis en copiar todo lo que decía. No importaba si hablaba mucho o poco, rápido o lento, con eco o sin él o con acentos extraños, el Mago Oscuro podía transcribir con un 95% de fidelidad cualquier conversación o explicación de su cercanía. Cuatro años encerrado en una biblioteca hacía que o bien te preocupabas de buscar hobbies y trabajo o las horas pasaban muy, muy lentas.

¿Hm? ¿Qué? No se preocupe por eso. – musitó el ocupado escriba mientras se detuvo a punto de mojar la pluma en el tintero. Viendo que la explicación parecía detenerse, se movió a una posición más cómoda y cambió el tintero a un punto más estable de una forma ensayada una y otra vez – El propósito de mi viaje es recoger la mayor cantidad de conocimiento, por lo que es normal que mi lugar sea escucharlo y plasmarlo. – con una sonrisa, alzó levemente el pergamino, con las letras de tinta todavía refulgentes – Además que estoy seguro que es usted un experto en la materia. – afirmó el bibliotecario antes de pasar al siguiente tema.

La existencia de las armas de los Ocho Héroes Legendarios está fuera de toda duda. – explicó Sindri, sin una onza de fervor, enfado por la duda o animadversión. El tono empleado era el mismo con el que alguien diría “el sol sale por el este” o “es de día” – Durandal, Apocalipsis, Forblaze, Aureola, Eckesachs, Maltet, Armads y Murgleis. Todas y cada una de ellas piedras fundacionales de las naciones del Elibe actual y su cuidado encomendado a las diferentes familias reales. Todas las crónicas apuntan a su existencia y las pocas descripciones que hemos encontrado coinciden en su descripción a grandes rasgos. – su mente fue arrullada por suaves memorias de tiempos mejores, que casi hicieron que perdiera la noción de dónde estaba por un segundo. Tuvo que emplear toda su fuerza de voluntad – Armas con un poder superior que podían acabar con los dragones con tanta facilidad como un dragón podía acabar con un ser no dracónico. Armas como jamás se ha vuelto a ver en Elibe. – o si las había, nadie las había sacado a la luz todavía – Otra cosa es que las Ocho Armas Legendarias estén donde algunos afirman, pero si tales armas han existido y han resistido una guerra contra los dragones dudo que puedan ser destruidas así como así.
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