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Engañoso Ataque Montañés [Campaña - Priv. Ches]

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Engañoso Ataque Montañés [Campaña - Priv. Ches]

Mensaje por Invitado el Sáb Dic 31, 2016 12:55 pm


CLIMA: Soleado / NOTAS: Acalorado / PALABRAS: 676

La carreta lo llevaba hacia el punto de destino entre pensamientos, cada salto lo interrumpía, pero no podía dejar de pensar en lo que le habían mencionado ya en la ciudad. Suspiró y observo alrededor, a los soldados que fueron otorgados para realizar la ardua tarea que le habían impuesto… o más bien, él se había autoimpuesto. Sabía que donde estaban yendo se encontraban emergidos que intentaban emular ser de su país, pero no solo eso, sino que también le habían llegado rumores que bandidos se habían mudado a vivir con ellos y aprovechaban los objetos y alimentos que los emergidos no requisaban para vivir.
No hubiera sido tan malo, si no fuera porque estos bandidos incluso atacaban las villas y ciudades con los grupos de emergidos y asesinaban a todo lo que se encontrara en las cercanías.

Aldeano, niño, soldado, mujer embarazada… todo era juego limpio para la escoria social que se había reunido allí, cual si fuera mugre debajo de la uña que pureza que, en su mente, era Jugdral. Sin tardar demasiado, notó que una de las personas que venía en la carroza con él no era un soldado, debido a su indumentaria, y también el color de cabello que era curiosamente llamativo. De momento, la dejo de lado y se volvió a hundir en sus pensamientos… ¿nadie quería atacar a los emergidos que se encontraban en un campamento en los bosques detrás de la zona montañosa? Eso le habían dicho, puesto que, la idea de planear una estrategia de ataque en una zona montañosa les era complicada y ajena… una sonrisa se dibujó en el rostro de Thorben.
Él se había criado en zonas montañosas, y para colmo, nevadas… había aprendido a combatir en las mismas como si se tratara de un juego de cartas. Podrían arrinconarlos, incluso emboscarlos… pero tenía otra táctica de momento, otra que explicaría a los soldados al reunirse esa misma noche al pie de la montaña.

Salió de sus pensamientos al volver a notar a aquella persona que no era un soldado… ¿Quién sería?, su mente se llenó de diversas ideas intentando definir o descubrir de quien se podría llegar a tratar… por lo cual con presteza se movió sobre la carroza, pese a que uno de los saltos casi lo hace caer al suelo, y parpadeo un par de veces para luego sonreír y comenzar a hablar frente a la chica. – “Buenas tardes, jovencito. ¿Qué te trae a esta batalla?” – Su tono, como habitualmente, amable y cálido… cual si buscara hacerse amigo de todos.
Y tras estas palabras, se mantuvo examinando con la mirada a la chica, intentando divisar bien que era lo que podría llegar a hacer mediante su contextura física, su equipo, sus ropajes, incluso no pudo evitar pensar en que motivaciones le habrían traído allí.

Pero, no tardo en percatarse que posiblemente ella podría llegar a pensar lo mismo de él, y después de todo… ¿Quién no pensaría mal de una persona con el claro acento marcado del norte, arrastrando las erres cada vez que las pronunciaba? O peor aún, observando su túnica con bordados en colores fríos generalmente. Quizás incluso se lo podría llegar a confundir con un mago, ya que él portaba un tomo de viento en su cinturón… oh, incluso por uno de los magos de vientos de Silesse, tan reconocidos en el mundo.
Él no se merecía tal honor, ni mucho menos pensó en otra situación que podría llegar a ser reconocido como tal… sacudió la cabeza, volviendo en sí mismo mientras aun esperaba la respuesta de la chica. Al menos, no estaba abrigado ni vestido de invierno… podría hasta decir que esas montañas eran demasiado calurosas para él.
La carroza dio otro salto, esta vez, el llego a apoyarse apropiadamente… y al hacerlo se llevó la mano a la frente limpiándose unas gotas de sudor que caían de la misma. No hacía falta que alguien dijese que él era extranjero, se notaba a la distancia… ¿Cómo reaccionarían los ejércitos a que su estratega lo fuera? No lo sabía.
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Re: Engañoso Ataque Montañés [Campaña - Priv. Ches]

Mensaje por Ches el Sáb Dic 31, 2016 4:38 pm

De algún modo había llegado hasta el centro de Begnion y como de costumbre estaba comiendo sus últimas monedas en la primera posada que se cruzó. Cuando terminó su plato de pastas, vaso de jugo fresco y dos porciones de pastel de chocolate dio vuelta su monedero con la cantidad justa de dinero para pagar lo que había consumido. Tal vez había un par de monedas de cobre de mas pero era tan poco que no valía la pena molestarse.

- Tienes alguna idea de dónde puedo conseguir algo que hacer para rellenar esto? - Le preguntó al joven mesero que la había atendido señalando la pequeña bolsa de cuero ahora vacía en su mano y este sonrió luego de contar las monedas.

- El ejército está buscando voluntarios para una excursión contra unos Emergidos, no solo van a pagarte sino que dar comida y lugar donde dormir durante lo que dure la encomienda. - Le sugirió señalando un cartel colgado en la entrada del local que efectivamente buscaba reclutas para la campaña.

Y allí estaba en aquella carreta llena de soldados.
Sí le habían dado comida que dejaba  que desear, y una cama bastante incómoda que apenas pudo usar unas horas antes de que le despertaran a las 5am para comenzar una marcha forzosa hasta que al fin los hicieron subir a unas carretas y tuvieron un descanso.

El problema es que era alrededor del mediodía, el sol estaba en lo alto y hacía calor. Mucho calor.
Odiaba el calor. Y aburrirse. Y comenzaba a odiar a los soldados. Había intentado entablar una conversación desde que se había despertado, en principio para intentar no dormirse de nuevo a aquellas horas de la madrugada y luego para pasar el rato. Pero todos sus intentos fueron en vano. Sólo recibió un par de respuestas a medias y desganadas que claramente pedían silencio y que los dejara en paz.

Ahora entendía por qué, aparte de los soldados porque era su obligación, casi nadie había hecho caso a aquel cartel de reclutamiento. Luego de cansarse de instigar a las aburridas personas que tenía cercanas se dedicó a observar el paisaje y a maldecir el calor en silencio extrañando un poco las llanuras nevadas de su hogar.

- Buenas tardes, jovencito. ¿Qué te trae a esta batalla? -
Se había distraído tanto que casi no se da cuenta la pregunta era dirigida a su persona y se giró para observar de quién provenía, si hubiera sido un soldado se hubiera sorprendido.

- Buenas tardes! - Respondió el saludo con entusiasmo y luego recordó que efectivamente se dirigían hacia una batalla contra Emergidos, pero con toda esa gente debía ser algo fácil, con suerte ni siquiera le sería necesario desenfundar su daga.
- El dinero supongo, la comida y que no tenía nada mejor que hacer. - Se encogió de hombros y le devolvió la pregunta. - ¿Y tú qué haces aquí? Si yo hubiera sabido iba a ser tan aburrido no hubiera venido. - Soltó una risilla junto al último comentario.
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Re: Engañoso Ataque Montañés [Campaña - Priv. Ches]

Mensaje por Invitado el Sáb Dic 31, 2016 6:07 pm


CLIMA: Soleado / NOTAS: Acalorado / PALABRAS: 557

El carruaje volvió a saltar mientras el convoy seguía, y esta vez el hombre estuvo más cerca de caerse de lo que nunca antes había estado… apoyándose en una de las maderas que sostenía la tela con la que los venían cubriendo del sol. Al menos habían pensado en eso, ¿no? No eran tan soberbiamente tercos.
Thorben se había adelantado y había advertido al noble de la zona, cualquier cosa que pasara por alto y fuera una necesidad de las tropas habría de generar estragos en su moral, en sus movimientos, incluso también en el ataque. Pero no se hubiera esperado de ninguna manera que le prestaran tanta atención… considerando su poca fama y que era claro de dónde provenía. No dijo más nada al respecto.

Sonrió levemente ante las palabras de Ches, puesto que sintió que sus palabras no cayeron a oídos huecos. – “Son motivos erróneos para dirigirse a una posibilidad de muerte, ¿no aprecias tu propia vida?” – Una mueca de decepción se dibujó en el rostro del silessiano… finalmente suspiró levemente y le restó importancia con un gesto de su mano. – “Cada uno tendrá sus motivos. Yo soy el encargado de estos soldados… debido a mis experiencias anteriores se me encomendó el grupo y llevar la menor cantidad de muertos posibles.” – No pensó en como eso sonaba, ni que eso lo hacía de alguna manera el superior de aquella persona con la que hablaba, por lo cual luego de eso volvió a secarse el sudor de la frente con cierta molestia.

Un suspiro a modo de queja fue su único comentario al clima. – “¿De dónde eres? No había escuchado a alguien con tu acento antes… aunque tampoco soy un sabio de lenguajes.” – Dijo mientras tomaba el lugar al lado de la chica, que aún no conocía su género real. Lo cierto es que al decir esto observo hacia afuera, no faltaban más de un par de horas para llegar al lugar exacto en donde debían de encontrarse… por lo cual la miro con cierta curiosidad. No quería aun preguntar nada con respecto a sus habilidades.

Varios de los soldados asomaron un poco la cabeza, la mayoría no esperaba encontrarse en el lugar en donde estaban yendo… las montañas. Si allí hubieran de emboscarlos, habría posiblemente muerto más de la mitad… pero solo velando por la suerte que podrían llegar a tener, y la estupidez de los emergidos, Thorben había decidido que la mejor forma de combatir a estas criaturas sería un conjunto de asaltos de guerrilla llevado a cabos a lo largo de un par de días. Una vez en la nocturnidad, otro a la luz del sol… luego intercalando, entre dos grupos. Así desconcertarían también a los emergidos y bandidos que estaban cerca de ellos.
Thorben había revisado mapas del lugar desde semanas atrás, pero no se sentía aun tan conocedor como de su propia tierra… por lo cual, desde su zurrón, retiro un mapa del lugar y comenzó a observarlo con atención… aprendiéndose donde se encontraba cada falla, cada cueva, y cada recoveco por donde podrían llegar a alcanzarlos.

Su atención, sin embargo, se encontraba dividida, puesto que tras esto se había decidido. – “¿En que se especializa? Si no le molesta mi pregunta, señor” – Le dijo a Ches, mientras pasaba el dedo a lo largo de uno de los acantilados de la montaña.
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Re: Engañoso Ataque Montañés [Campaña - Priv. Ches]

Mensaje por Ches el Sáb Dic 31, 2016 9:31 pm

- ¡Claro que la aprecio! Pero por cómo está el mundo hoy en día, no hay diferencia en ir hacia ellos o en esperar a que ellos vengan hacia nosotros. - Respondió a su prejuicio en un tono despreocupado y no agregó que de todos modos siempre podría huir en el furor de la batalla.

Por suerte se detuvo a tiempo de comentar aquello ya que seguido el hombre le informó que era quien estaba a cargo de aquellas tropas. No era muy conveniente hacerle saber a su superior que había un posible desertor en sus filas ¿Aunque ése no era siempre un riesgo cuando contrataban mercenarios que ni siquiera pertenecían a aquél país?

- ¡Regna Ferox! - Contestó con orgullo sin importarle que hablaba de un país caído.
Y allí se detuvo la conversación mientras el hombre sacaba un mapa y lo observaba. Ches observó el papel durante unos momentos antes de perder el interés e imitar a los soldados volviendo a asomar la cabeza fuera de la carreta para ver el paisaje.

En frente se alzaban montañas.
Una sonrisa se posó en su rostro al contemplar la posibilidad de que se dirigieran hacia ellas, si subían el aire se haría más frío y no haría tanto calor.

- ¿En que se especializa? Si no le molesta mi pregunta, señor. - Volvió su atención dentro de la carreta cuando el hombre habló de nuevo.

- Eeehhhhmmmmm. - Dudó un momento y lo pensó antes de responder. - Dagas. Combate rápido, evasión y sigilo. - Dijo al fin luego de descartar su primer respuesta, “Últimamente soy un ladrón” no creía fuera la mejor respuesta que podría dar en aquella situación.
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Re: Engañoso Ataque Montañés [Campaña - Priv. Ches]

Mensaje por Invitado el Dom Ene 01, 2017 1:01 pm


CLIMA: Neutro / NOTAS: Serio / PALABRAS: 846

Escuchó en silencio la respuesta del chico, y se mantuvo pensativo por un par de segundos con un gesto sumamente serio. Claramente barajando posibilidades estratégicas, hasta que de repente una sonrisa enorme se dibujó en su rostro y volvió a observar al chico como si se tratase de una pepita en bruto que debía ser lavada y tratada para volverse una lujosa pepita de oro en todo derecho.
– “Excelente” – Susurró mientras observó por última vez al chico antes de sumergirse en los mapas y las tácticas nuevamente. Mientras lo hacía el tiempo pasaba, y cada minuto la carroza parecía mucho más cerca de la meta final a la que se estaban dirigiendo en ese momento.

Al acercarse la noche se comenzó a sentir fresco, el sol se puso y la luz se retiró junto al gigante del cielo… la mayoría de los soldados comenzó a armar sus tiendas en el bosque, al pie de la montaña, tras una pequeña caminata guiada por el estratega. Se notaba sin lugar a dudas que estaban ya en un punto que él había decidido con anterioridad, debido a que mientras caminaba iba guiándolos con un mapa en sus manos y observando diferentes marcas características del lugar.
Una vez se habían asentado en el lugar, que las tiendas ya estaban armadas, que todo estaba en su lugar… Thorben se acercó al chico nuevamente. – “Disculpa, ¿vendrías conmigo un minuto? Voy a hablar acerca de la metodología de ataque y me gustaría que estuvieras cerca mío al explicar parte de lo que haremos.” – Sonrió levemente, y como siempre intentaba, su voz resultaba cálida y amable… aun y si se pudiese examinar la mente del hombre, era imposible encontrar algún ápice de intención de manipulación, puesto que sus palabras eran completamente verdaderas.

Se mantuvo esperando por su respuesta, pero en caso de que fuera negativa, él habría continuado con sus planes. Al reunir luego de esto a todo el ejército comenzó a hablar con su tono cálido, sin embargo, esta vez parecía más firme y voluntarioso en sus palabras. – “Primero que nada, quiero agradecer a todos los que están aquí… la mayoría no quieren estarlo, unos pocos están por su propia voluntad y todos lo sabemos. No deseo que la vida de nadie corra peligro, pero ustedes son parte de un ejército y sus vidas siempre correrán peligro… no puedo prometerles cosas que no están en mi poder, pero si puedo prometerles algunas cosas.” – Hizo una pausa, tomando aire para luego continuar con aquel discurso que se encontraba dando en ese momento. – “Puedo prometerles que aquí, no importara nada. Todos seremos hermanos, sangraremos juntos, lucharemos juntos, odiaremos juntos… y dándose el caso, moriremos juntos. Así que actuemos como los hermanos que somos, procuremos la seguridad de nuestros amigos, y de nuestros cercanos también. El egoísmo trae la caída a cualquier armada, nosotros tenemos que demostrar nuestra capacidad para superarlo.” – Mientras decía esto gesticulaba, mostrando movimientos de brazos que claramente centraban y motivaban sus expresiones a una más similar a la de un sacerdote u orador hablando a su clero. Estaba intentando hacerlos sentir a todos, parte de la misma comunidad y darles el sentimiento de unidad.

De esta manera tomó su mapa y comenzó a explicar de manera que fuera comprensible para todos, pero sin perder aquel semblante afanoso y fraternal. – “Nos encontramos aquí.” – Dijo, mientras señalaba.  – “Y un pequeño grupo de personas, ustedes pueden elegir quienes, van a acompañarme hasta aquí… traeremos a nuestros enemigos hasta este estrecho en la montaña y el resto de la unidad esperara en la misma para atacarlos por sorpresa. Necesitaré que los arqueros estén preparados desde antes, necesitaremos un vigía en la montaña, y necesitaremos una tropa de soporte a nivel físico en la parte inferior de la montaña por si nos vemos en problemas quienes atraeremos a los emergidos.” – Cada palabra salía de su boca como si fuese una flecha, intentando dirigirse constantemente hacia todos como una unidad y procurar mantener aquella idea de que todos se encontraban juntos, en la misma situación y con las mismas dificultades.

Finalmente, tomo aire al acabar de explicar todo con mapas y volvió a hablar pero esta vez en un tono más, aun, paternal que otra cosa hacia la unidad del ejército que estaba guiando – “Sé que algunos habrán pensado en huir…  no los condenaré de ninguna manera. Si quieren hacerlo, háganlo… pero ahora, esta noche, y no mañana en medio del combate. ¿Quieren saber que les voy a prometer? Les voy a prometer que si mueren aquí, me ocupare personalmente que sus nombres estén grabados en un memorial y que jamás sean olvidados como los héroes que fueron. Porque si hemos de morir.” – Esta vez, se incluyó entre las posibles víctimas… y no solo eso, sino que al decirlo se llevó una mano al pecho. – “Moriremos juntos, como héroes, y dejando atrás todas nuestras diferencias. ¡Por Tellius! ¡Por Begnion! ¡Y por nosotros! ¡Que todos volvamos vivos! – Pueden romper filas.” – Al decir esto último, el mismo se dejó caer sentado en una silla cercana, observando en silencio una fogata.
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Re: Engañoso Ataque Montañés [Campaña - Priv. Ches]

Mensaje por Ches el Dom Ene 01, 2017 4:46 pm

Luego de aquella pregunta el hombre no volvió a hablarle y se sumergió entre sus mapas y papeles por lo que no se atrevió a molestarlo y volvió a aburrirse durante el resto del viaje.
Pero cuando las carretas se detuvieron ya no tuvo más tiempo para ello y se vio abarrotada de trabajo yendo y viniendo,  ayudando a preparar el campamento hasta que al fin tuvo un tiempo de paz luego de instalar su tienda. O eso creía.

– Disculpa, ¿vendrías conmigo un minuto? Voy a hablar acerca de la metodología de ataque y me gustaría que estuvieras cerca mío al explicar parte de lo que haremos. – El hombre de la carreta apareció de nuevo para hablarle y sin tener nada mejor que hacer lo siguió. No vendría de más saber un poco sobre en qué se había metido.

- Bla bla bla. Bla bla bla. Bla. - En su discurso había nada interesante ni nuevo hasta que unas palabras llamaron su atención. Ese llamado a camaradería le resultaba familiar, aunque no era exactamente lo mismo le recordaba a cómo su padre hablaba sobre sus compañeros de armas, varios de ellos hasta habían pasado por su casa alguna que otra vez de visita, sino todos. Algunos hasta habían traído regalos para ella y sus hermanos como si fueran familiares lejanos que hace mucho no veían.

Y para colmo aquél hombre lo decía en serio o por lo menos parecía decirlo en serio. Su expresión, gestos  y su tono de voz… Bien. Tal vez podría pensárselo dos veces si en algún momento le era conveniente escapar. Pero eso no significaba que si le parecía realmente necesario no fuera a hacerlo.
No pensaba arriesgarse más de lo necesario por personas aburridas a las que apenas acababa de conocer así que no. Cuando su discurso giró en torno a “Si morimos moriremos juntos” no pudo evitar pensar lo opuesto. “Si todo se complica, ustedes mueran juntos. Yo me largo.”

Cuando el hombre pareció haber terminado de hablar se giró para irse, aunque no había prestado mucha atención, algo sobre la estrategia que había descrito había escuchado y no pudo evitar tener un mal presentimiento al  respecto. Básicamente un grupo iba a hacer de carnada ¿Y no era aquél el mismo hombre que le había preguntado sobre cuál era su especialidad? "Maldición!" Básicamente se había descrito como la persona perfecta para el trabajo con su respuesta!

¿Tal vez era el momento de huír? Aunque el discurso de recién podría haberla persuadido de quedarse un rato más... Pero también estaba el dinero prometido, y la comida... Y...
- Tsk! - Ches soltó un chistido algo molesta consigo misma mientras caminaba hacia su tienda. ¿De qué se preocupaba? Ése no era su estilo. Terminaría lo que empezó y conseguiría el dinero. O en el peor de los casos huría cuando la situacón lo amerite. Pensar en lo que podría suceder de antemano era algo inútil y molesto.
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Re: Engañoso Ataque Montañés [Campaña - Priv. Ches]

Mensaje por Invitado el Lun Ene 02, 2017 11:20 am


CLIMA: Neutro / NOTAS: Serio / PALABRAS: 625

Al ver que ella no se acercaba, alzó la mano con un movimiento de poca filigrana y gesticulo a Ches para que se acercara. Se quedó esperando a que un par más de soldados se acercaran, aunque nadie parecía estar por venir… y tras esperar un tiempo apropiado, una sonrisa comenzó a crecer en su rostro y se comenzó a mesar la barba con su mano derecha mientras empezaba a hablar a Ches nuevamente. – “Sé que seguramente para usted parezca un desquiciado… pero no se preocupe. Todo está planificado para que, de una manera u otra, nosotros seamos los que menos posibilidades de accidentarse tienen… aunque, hay que tener en cuenta, que sí tenemos posibilidades altas de salir lastimados. Espero que no le moleste.” – Tras esto último, saco un pequeño cuadernito en el cual parecía tener anotaciones a montones y mantener algo en cuentas.

Pasó una página, y luego alzó un poco la vista hacia ella, distraído. – “Aunque, necesito pedirle algo que solo confió en usted para hacer exitosamente. ¿Podría salir a primera hora y comprobar que lo que se me informo es correcto? No deseo encontrarme con sorpresas.” – Arrancó una de las hojas de aquel cuadernito, con unos escritos… si ella los leía en el momento, podría ver que estaban anotados con flechas y patrones generales los movimientos que, según le dijeron, realizaban los emergidos… así como también un número aproximado del total, tanto de emergidos como bandidos.
Una vez le dio esto sonrió levemente a la mujer y volvió a observar alrededor, a medida que prestaba atención divididamente a Ches y al resto de la pequeña armada que le habían otorgado con la finalidad de cumplir esa misión. En su mente había calculado una cantidad ínfima de desertores… pero con los ánimos como estaban, no le extrañaría que perdiese a la mitad del batallón sin que siquiera pudiese intentar convencerlos de que no se vayan.

Acto seguido, comenzó a revisar el zurrón y retiro un par de trocitos de chocolate, de los cuales ofreció uno a Ches. – “Mañana, por muy cursi que suene, sangraremos juntos… al menos acepta un regalo. Ya que, honestamente, si los soldados no se han sentido tan motivados por el discurso… dudo que usted se haya sentido tocada realmente por el mismo” – No tardó demasiado después de decir esto, puesto que un par de soldados se acercaron al estratega y comenzaron a hablarle acerca de cuan complicado creía que sería todo realmente y cuantas posibilidades de morir tenían.
Thorben, sin pensárselo dos veces, contesto con total honestidad. Pero las respuestas sorprendieron a los soldados, puesto que el afirmaba que la posibilidad de muerte de los mismos era inferior a un veinticinco por ciento.

Esto fue lo que realmente contentó a los soldados, y muchos de ellos comenzaron a reír y festejar una victoria. No iba a apagar aquella llama de esperanza que se había despertado en el corazón de ellos… pero esperaba no estar en lo equivocado. Casualmente, otro de los soldados del conjunto parecía mantenerse especialmente lejos de Thorben y se comportaba cual si le guardara un intrínseco rencor u odio… él, parecía no haberlo percibido aun, pero la tensión que se generaba en el ambiente alrededor de aquel soldado cada vez que se encontraba cerca del lector era casi tangible.
Una vez los soldados se marcharon, comentó a Ches – “Creo que los bandidos que están dentro del grupo que atacaremos… tienen contactos dentro del ejército y les están dando información.” – Chasqueó la lengua tras decir esto y cerró uno de sus puños con fuerza, claramente le enojaba toda la situación más de lo que posiblemente debiera… pero, aun y si era temporalmente, eran su batallón. ¿Por qué el destino estaba tan empecinado en complicar que lo quisieran?
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Re: Engañoso Ataque Montañés [Campaña - Priv. Ches]

Mensaje por Ches el Lun Ene 02, 2017 12:57 pm

Se estaba yendo pero el jefe de la campaña le hizo un gesto para que se le acercara. Sus primeras palabras fueron un intento de tranquilizar sus dudas y miedos sobre toda aquella estrategia que acababa de describir para luego pedirle un favor. O mejor dicho, darle una orden disfrazada.
Tenía que hacer reconocimiento sobre el enemigo. Bueno… Por lo menos era mejor que actuar de carnada como había supuesto le encargaría, aunque nada quitaba que aquella orden no podría venir más tarde.

Thorben, como se había presentado en medio de su discurso, le pasó una hoja que a simple vista parecía estar llena de garabatos y anotaciones indescifrables pero una vez la observó con atención era un estudio bastante claro sobre información y patrones del enemigo.

Mientras observaba el papel notó de reojo como el hombre revolvía en su bolso y sacaba un par de pequeños ítem muy similares a los cubos pequeños de … chocolate!
No tardó un segundo en dejar la hoja a un lado y tomar el pequeño dulce que le ofrecía, desenvolverlo y llevárselo a la boca. Iba a agradecerle y advertirle que no planeaba sangrar pero no tuvo tiempo antes de que dos soldados llamaran la atención de Thorben.

¿Hace cuánto que no comía de aquello? Disfrutó del chocolate mientras se disolvía en su paladar. Dulce y algo amargo, delicioso. Dobló y guardó la hoja que tenía en la mano en uno de los bolsos que colgaban de su cinturón, luego la estudiaría en mayor detalle.
Miró el otro cuadradito de chocolate que el hombre no le había dado y, notando que estaba distraído hablando con los soldados que se le aproximaron a discutir no muy convencidos sobre la estrategia que este les había explicado, aprovechó para robar el otro dulce sin mayor planificación o disimulo.

No era un movimiento muy inteligente robarle a su capitán, pero era un mísero dulce y no parecía ser una persona que fuera a molestarse por ello. ¡Además! ¡Planeaba mandarla en una misión suicida! Lo menos que podía hacer era cederle otro pequeño trozo de chocolate.

- Mañana temprano voy de reconocimiento. - Aceptó cuando Thorben volvió a estar libre. - Pero si tienes más chocolates ahí dentro los quiero para cuando vuelva. - Señaló el zurrón y se llevó el segundo trozo de chocolate a los labios y sonrió feliz cuando volvió a sentir aquel sabor dulce con una pizca de amargo.

- Los espías nunca son una novedad. - Se encogió de hombros y le comentó una vez hubo disfrutado del dulce sin prisas hasta acabarlo. Cómo había extrañado ese sabor. - ¿Seguro que hiciste bien en revelar tu estrategia a todo el mundo? Yo podría ser un espía y mañana traerte información falsa. - Cuestionó el accionar y la confianza ciega que parecía estar depositando en ella. Después de todo hacía menos de un día que se conocían y no habían cruzado más que un par de palabras.
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Re: Engañoso Ataque Montañés [Campaña - Priv. Ches]

Mensaje por Invitado el Lun Ene 02, 2017 1:47 pm


CLIMA: Neutro / NOTAS: Enojado / PALABRAS: 695

No se le había escapado de la vista que le había robado el otro trozo de chocolate… pero ciertamente se lo iba a regalar de todas maneras, ya que el sólo lo comía cuando hacía mucho frio. Sonrió levemente al escucharla y ladeo la cabeza. – “¿Y quién dice que esa es toda la estrategia? Solo conoces el exterior.” – Sonrió ante esta afirmación y luego continuó para decirle. – “La estrategia será revelada a medida que nos vayamos acercando al momento del ataque, elijo confiar en ti, porque no eres parte del ejército. Eso dice que no eres el espía. ¿De que serviría a un espía no formar parte del grupo general? Pero no nos entretengamos hablando de esto… vayamos a descansar, mañana será un día importante y es necesario que estemos listos. Duerme bien, come bien, y nos veremos en la mañana.” – Tras decir esto retiro otro trozo de chocolate de su zurrón, era casi media barra, y se lo dio cual quien le estaba regalando un dulce a un niño. Si es que no existía mejor comparación. Obviamente que él le iba a despedir con tanta presteza, ya que lo próximo que quería dedicarse a hacer eran cálculos e intentar observar la posibilidad de crear algún tipo de ariete pequeño o catapulta improvisada.

Todo para él se concentraba, en aquel momento, en la posibilidad de apabullar a los ejércitos enemigos sin importar nada. Una catapulta seguramente sería demasiado… pero en la mañana pediría a algunos hombres que talaran un par de árboles y crearían dos arietes para tirar rocas desde la parte superior del precipicio.
Una vez la chica se dio media vuelta y comenzó a caminar, él hizo lo mismo por su parte por el bosque detrás de su tienda mirando cuales serían los mejores arboles… y mientras él llenaba su cabeza de diferentes pensamientos, el desenvainar de una espada rompió con el silencio de la noche en el bosque… tan solo para ser acompañado por las palabras ofuscadas de un soldado, que claramente podrían ser audibles desde la cercanía.
- “Basura de Jugdral, ¿Cómo te atreves a venir aquí a mandarnos así? ¿Crees que somos tus títeres? Prepárate para morir” – Lo cierto, es que no pasó demasiado antes de que el soldado intentara dirigir un ataque hacia el estratega, pero este último con dificultad alcanzó a esquivarlo… únicamente resultando en un par de cortes en su abrigo.

Gruñó por lo bajo mientras tomaba su tomo mágico y entrecerró los ojos – “Eres la escoria de las buenas comunidades, ni siquiera tuviste el honor de atacarme de frente” – En la situación, no se prestó a mucho e intentó recitar algunas palabras para utilizar el tomo, pero fue interrumpido por otro ataque del soldado que, para colmo, se encontraba riendo maniáticamente al percatarse de que podrían llevarlo a una corte marcial o destituirlo completamente, incluso negar la paga, por sus acciones en este momento. La única salida que tenía, era matar al estratega e inculpar a los emergidos.
La noche tampoco permitía a Thorben ver muy bien, pero entre una cosa y la otra, aprovecho para recitar un conjuro y un fuerte viento emergió desde el libro, empujando al hombre atrás, casi pasando la tienda de él. Sin embargo, esto no era lo único, puesto que con el viento se notó que un corte afilado que resonó por el movimiento mismo de fuerzas azotó uno de los brazos del soldado, y unas palabras fueron vociferadas por el estratega luego de esto – – “Si aprecias tu vida… deja lo que estás haciendo y te perdonaré. Pero es la última advertencia.” – A la vez que esto sucedía, mientras Ches se acercaba a su lugar de descanso, un soldado también se acercó por detrás de ella y empezó a hablarle. Claramente, este únicamente tenía una espada normal que estaba apuntando hacia ella ya desde el comienzo. - “¿Por qué eres aliada del enemigo? ¿Acaso quieres morir? ¿O eres su perra y por eso tan obedientemente vas con él?” – Palabras fuertes, para alguien tan poco hombre que ni podía mantener la espada erguida al hablar.
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Re: Engañoso Ataque Montañés [Campaña - Priv. Ches]

Mensaje por Ches el Mar Ene 03, 2017 12:40 am

Bien… Su explicación era válida. Al no ser parte de los soldados, era quien menos probabilidades tenía de ser el espía. Y era cierto que no había dado más detalles que la idea general de la estrategia.
- No decía que me lo des ahora, pero no voy a negarme a un adelanto. Gracias! - Ches sonrió al ver el chocolate y lo tomó de inmediato. - Buenas noches. - Agregó contenta antes de darse vuelta para disfrutar de su nueva adquisición mientras caminaba a paso lento y despreocupado hacia la parte del campamento donde se encontraba la tienda que le correspondía.

Estaba por llegar cuando sintió algo afilado en su espalda y palabras de amenaza en su oído. Pero por más que la repentina aparición de un enemigo la tomó por sorpresa no lo dio a notar. Solo detuvo sus pasos y siguió comiendo su chocolate tranquilamente.
- ¿Tengo pinta de zorra? Creí que apenas y tenía pinta de mujer. - Comentó despreocupada luego de tragar el último trozo de chocolate, mientras se limpiaba los restos del dulce de los dedos con su lengua.
Lo que creía una daga o espada apoyada en su espalda aumentó un poco la presión. -Deja de bromear. -

- Voy obediente porque se supone que para eso era el cartel de reclutamiento que había en Begnion, no sabía que iba a ser tan complicado… Además me dio chocolate! - Se encogió de hombros y luego preguntó. - ¿Que no los Emergidos y aquellos bandidos eran los enemigos? - Ya había respondido dos de las preguntas que le había hecho.

El hombre a su espalda perdió la paciencia y respondió él mismo la última. - Parece que sí quieres morir. - Dijo con voz cansada a su espalda y la hoja afilada aumentó su presión.
Pero Ches se movió rápido y evitó serias heridas. Por suerte su intento desesperado surgió efecto.
Se agachó llevándose sólo un tajo superficial en su espalda y en sus ropas. Apoyándose sobre sus manos lanzó una patada hacia atrás, hacia donde creía estaban las manos de su enemigo y la empuñadura del arma. La espada salió volando.

Su deducción había sido correcta, si había un enemigo dentro del campamento debía ser un traidor, si era un traidor era un soldado y si era un soldado dudaba que usara dagas.
No tuvo tiempo de regocijarse en ello. - ¡Maldita perra! - No tuvo tiempo de incorporarse que el soldado la obligó a pararse tirando de su cabello y le dio un puñetazo en pleno rostro. Pero ella sonrió y se abrazó con uno de sus brazos y una de sus piernas a su oponente para incomodarle los movimientos mientras sacaba su daga de su funda y apoyaba el filo en su nuca.

- ¿Eso se supone fue un golpe? Mis hermanitos me han pegado más fuerte mientras jugamos. - Se burló del soldado en su oído mientras seguía abrazándolo pero bajaba su pierna para poder moverse y no tener que depender del balance del enemigo para mantenerse en pie.

Aunque no podía ver la cara del hombre notaba su mal humor y lo frustrado que estaba. - No creo que quieras hacer ningún movimiento brusco. - Le advirtió mientras giraba a su alrededor con cuidado de no soltarlo ni separar la daga de su cuello. - Ahora al piso. - Le indicó ya a su espalda y lo guio hasta que estuvo recostado bocabajo sobre el suelo donde pudo al fin soltarlo e inmovilizarlo sentándose sobre él para poder liberar sus manos y atar los brazos de aquel inútil tras de él. Para ello utilizó las vendas que llevaba siempre sujetando y aplanando su pecho y, junto al corte en su espalda, se habían cortado y soltado.

- Arriba. - Salió de encima de él y le indicó una vez confirmó tenía las muñecas bien atadas, volviendo a poner la daga contra su cuello y ahora sujetándolo de la camisa. - Camina. - Fue la siguiente orden y lo guio en busca del maldito del capitán que la había metido en aquella situación por prestarle tanta atención tan abiertamente.
Aunque no era precisamente su culpa pero… ¡Más le valía darle mas chocolate!

Agradeció que la única resistencia que el soldado ofrecía eran insultos y amenazas de “lo que le haría si se soltaba” pero ningún intento verdadero de soltarse. Si lo hacía le sería difícil no apuñalarlo y eso era algo que prefería evitar.
El hombre le pasaba casi una cabeza de alto y mientras caminaba frente a ella, Ches apenas podía ver frente a él por sobre su hombro.

Aunque… Algo era extráño. ¿Por qué nadie había acudido? ¿Y el resto de los soldados? Era cierto que ella se había vuelto algo antes de la reunión pero…. ¿Tal vez sólo había tenido mala suerte de no recibir ayuda?
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Re: Engañoso Ataque Montañés [Campaña - Priv. Ches]

Mensaje por Invitado el Mar Ene 03, 2017 12:58 pm


CLIMA: Neutro / NOTAS: Enojado / PALABRAS: 687

Por su parte, mientras la mujer peleaba contra el rebelde, Thorben tras realizar aquel conjuro logro calmar un poco la sed de sangre del soldado. La intimidación era un aspecto clave de cualquier tipo de estrategia, y tras haber hecho aquello tan vistoso y peligroso había generado la impresión de que era mucho más fuerte de lo que realmente era. Un par de palabras de por medio y el hombre yacía allí, cuidando su vida por primera vez. – “Ahora quédate ahí, diremos que atacó un grupo de emergidos y así tu familia no tendrá que sufrir las consecuencias de tu traición… por sobre todo, un estúpido. ¿Quedo claro?” – Luego de decir esto, pese a que él no estaba a favor de aquellos métodos, llevo una mano hacia la herida sin tratar que le había generado en el pecho y amenazó con presionar dentro de esta.

El hombre ensangrentado, atemorizado y claramente demostrando su inferioridad intelectual frente a cualquier persona común, se asustó más aún y comenzó a asentir dándole la razón al estratega. Él, no podría haber estado más conforme con su accionar, pero nunca había quitado la vida a alguien y tampoco quería que esa fuera la primera vez… observaba cada tanto la herida e intentaba mantener un ojo por si la pérdida de sangre estaba causando estragos en el hombre, realmente le preocupaba.
Sin embargo, a medida que se dedicó a apresar al rebelde y tratar las heridas del mismo un poco para que no se desangrara, no tardó en escuchar los pasos de la mujer que ahora se acercaba allí y alzo la vista. – “Oh, ¿sucede alg…?” – Y en ese mismo momento cayó en cuenta del hombre que había entre ambos… lo cual lo llevo a que se golpeara la cara con su propia palma y lentamente la retirase, con un gesto de frustración y molestia que no podía ocultarse bajo ningún tipo de mascara.

Nunca había conocido a un ejército tan desorejado. Estaba seguro de eso, pero no podía tampoco decírselo a uno de los nobles… así que, de momento, lo guardaría para sus interiores y algún día lo comentaría como una anécdota graciosa. Así se crearon muchas de las historias de guerra, después de todo. – “Lo siento mucho… también a mí me atacaron. Este estúpido. Pero llegue a un acuerdo con él” – Finalizó por decir a la mujer, mientras tranquilamente terminaba de cerrar las hemorragias más fuertes del rebelde.
Pese a ser estúpidos, tenían una familia que cuidar en su hogar… eso era lo que tenía en mente cada momento que pasaba el estratega.

Tras acabar con lo que hacía se levantó, se veía que él no tenía heridas notables, pero a medida que se acercaba también fue perceptible que intentaba divisar si Ches tenía o no alguna herida… lo cierto es que le preocupaba, pese a haberle conocido muy poco tiempo atrás, puesto que ella era la única persona que, parecía, podía confiar en.
Llevó una mano a su pecho a medida que caminaba y observaba a ambos, mujer y rebelde, y tras indicarle a Ches que moviera al soldado junto a su “compañero”, este arqueo ambas cejas viendo su espalda. – “Dejame tratarte eso… necesito que mañana estes en buena forma y es mi culpa que estos estúpidos con cerebro de pájaro estén haciendo lo que hacen… conozco algo de medicina” – Finalizando sus palabras, retiro de su zurrón aguja e hilo y volvió a mirar a los rebeldes… le habían hecho enojar ya lo suficiente como para pensarse el eliminar aquel trato que había llegado con el otro rebelde… suspiró. – “¿Qué dices de hacer con ellos? Creo que voy a dejarlos en el medio del bosque a su suerte por idiotas.” – Suspiró nuevamente tras decir esto, el cansancio, la frustración y el enojo nunca son una buena mezcla. Estas emociones lo llevaron a que, antes de siquiera intentar sanar la herida de Ches, se acercara al dúo y pateara a uno para que cayera encima del otro, con sus armaduras y todos los pertrechos del ejército, posiblemente se dañaran entre sí mismos sin que él se preocupara demasiado por el tema.
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Re: Engañoso Ataque Montañés [Campaña - Priv. Ches]

Mensaje por Ches el Mar Ene 03, 2017 2:20 pm

Cuando al fin llegó donde se había despedido de Thorben tuvo que seguir caminando un poco más para encontrarlo. Se había adentrado en el bosque pero no había llegado muy lejos. Aparentemente porque había sufrido la misma suerte que ella.

Se limitó a bufar ante el inicio de la pregunta que este comenzó a hacerle cuando la vio llegar pero luego soltó una risa suave, divertida por la visible frustración del estratega.
Por lo menos ella no había sido la única que había tenido problemas.

- Oh, pero si no me atacaron! Solo traigo un rehén para intercambiarlo por más chocolate. - Bromeó de forma visible, sobre todo por su tono de voz y luego agregó medio en broma medio en serio. - Si lo sientes tanto, más vale que me lleve algún pago extra cuando todo esto termine. - “Si no me largo antes”  Agregó en silencio. Luego llevó al soldado que tenía prisionero donde el otro como se le había indicado y lo dejó agradecida de poder dejar de amenazar al hombre. Además de la constante tensión también lo había estado sujetando de una forma realmente incómoda para ella gracias a la estatura del maldito.

- Bien. Gracias. - Aceptó la oferta de que tratara su herida. No tenía muchas opciones realmente. Allí en la espalda donde la tenía ni siquiera podría lavarla con propiedad ella sola.

Fue hacia un tronco caído cercano, suspiró mientras se sentaba dándole la espalda a Thorben y evitó soltar un quejido por la puntada de dolor que le provocó la herida. Ahora que había terminado la batalla y no tenía que preocuparse por el maldito idiota que la había atacado podía permitirse aunque sea quejarse y lloriquear para sus adentros. ¡El maldito tajo dolía!

- Haz lo que quieras con esos imbéciles. - Le dijo encogiéndose de hombros, acción de la que se arrepintió al instante. No quería tener nada que ver con la suerte que les deparara aunque no pudo evitar preguntarse si dejarlos sueltos en el bosque cómo Thorben había propuesto era la mejor opción ¿No irían hacia los bandidos para unirse ellos o continuarían su revuelta de alguna otra forma? … No era de su problema hasta que se los cruzara de nuevo, si lo hacía.

Se quitó la capa que llevaba y buscó en ella el tajo que creía se había hecho en la tela. No tardó en encontrarlo. Buscó entre los bolsillos de su cinturón un pequeño bolso y de allí también sacó también aguja e hilo. Pero ella tenía otros propósitos y había elegido el color del hilo con cuidado.
Se  levantó la parte de atrás de su remera y camiseta para dejar la herida al descubierto pero no así su frente y luego se dispuso a hacer una de las cosas que más odiaba. Coser. Pero no piel, sino su ropa.

Si ya le dolía la herida no quería saber cuánto le iba a doler el tratamiento y no quería pensar en ello así que pensó era mejor distraerse con algo que igual tendría que hacer más tarde de todos modos.
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Re: Engañoso Ataque Montañés [Campaña - Priv. Ches]

Mensaje por Invitado el Mar Ene 03, 2017 4:04 pm


CLIMA: Nublado / NOTAS: Calmado / PALABRAS: 745

Concentrándose en la tarea apropiada, le levanto un tanto la ropa para poder ver bien la herida y luego apoyo una mano en la parte superior de la herida con el motivo de ver si seguía sangrando fuertemente al hacerlo. Una vez hizo esto retiro una tela y dejo caer un poco de alcohol sobre la misma, para comenzar a limpiar la herida tan pronto pudiese con la misma… aún no se había percatado del verdadero genero de Ches, pero no parecía importarle, puesto que continuaba limpiando mientras fruncía el ceño con un gesto de molestia. – “Espero que no hayan usado algún tipo de veneno en sus armas… sería sumamente molesto” – Musitó mientras continuaba limpiando, y luego de esto comenzó a revisar la herida buscando por las zonas más heridas, o donde la carne se habría separado más… en aquellos lugares, fue donde utilizando la aguja y el hilo cosió varias partes para evitar el sangrado general o la apertura de heridas. No quería que su nueva amiga se desangrara hasta la muerte tampoco.

Una vez acabada la primera parte del tratamiento, restaba aplicar la primer capa de vendaje… pero tras colocar esta retiro un frasco de su zurrón y comenzó a mezclar el contenido del mismo con otra venda y atarlo en la misma cual si lo estuviese intentando hacer una especie de bolsa.
Una vez acabo de prepararlo y lo acercó a Ches, ella debió de haber olido la peste que emergía del frasco, puesto que el viento ya habría hecho el trabajo de llevarla. Pero sin tardar, Thorben se dedicaba a aplicar la otra venda por encima del emplasto para que pudiese ayudar a la sanación natural de la chica. Si se observase, podría leerse que el frasco tiene escrito en un pergamino a su alrededor “Mezcla de Hierbas Medicinales”. Dejando las implicancias de esto detrás, una vez acabo, alzo la vista para mirar el rostro de la fémina y percatarse si le molestaba mucho o no el olor. Pero esto no era lo único, puesto que el emplasto aplicado también estaba húmedo.

Sonrió levemente al acabar, no iba a decir nada… pero al ser la primera vez lo hizo. – “Espero que no te moleste el olor… se irá en un par de horas, es un preparado herbal mío. Ayuda a la sanación y la regeneración natural de la piel” – Todo sonaba muy bonito, lo cierto es que la utilidad de lo mismo no se vería sino hasta la mañana siguiente… pero esa misma noche, únicamente se sentiría el penetrante olor a las hierbas, que no era especialmente rico o perfumado.
Una vez acabó, le dio un par de palmadas en el hombro intentando advertirle que había acabado y ladeó la cabeza mientras se frotaba el cuello para comenzar a decirle – “Ya es tarde… los dejaré pasar la noche atados, mañana los ataremos a un árbol y los dejaremos allí. Cuando nos vayamos, a su suerte en ese mismo árbol quedaran” – Se notaba casi tangiblemente que el enojo que había generado aquel grupo de personas sobre él era considerable, y de igual manera, el castigo que les daría había cambiado tan solo y gracias a la ignorancia de haberla atacado a ella también. Aunque, claro, si ambos lo hubieran atacado a él tampoco hubiera tenido tanta suerte como tuvo, quizás hasta estaría muerto… lo cual lo llevó a tomar la siguiente decisión, darle la otra mitad de la barra de chocolate que ya le había dado; lo cierto es que aun guardaba otra para más tarde.

Esperó que la chica se alejara un poco y esta vez se sentó con tranquilidad sobre una roca, detrás de su tienda, para comenzar a musitar algunas palabras y cerrar los ojos. En una pose de meditación, pero a la vez, cual si intentara dialogar con algún ente que se encontrara allí. Cada palabra, cada gesto de sus manos, incluso los movimientos de su rostro y gestos interpretaban una charla que estaba teniendo con algo o alguien, quizás solamente en su imaginación, quizás para él era mucho más real que eso.
Media hora duro aquella sesión de meditación tan extraña, hasta que se levantó de la piedra en la que estaba sentado y se fue a su tienda a dormir… esta vez, deseando y pidiendo que, mediante suerte, fuera la definitiva de la noche. No quería más ataques, ni tampoco desvelarse la noche anterior a un combate.

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Re: Engañoso Ataque Montañés [Campaña - Priv. Ches]

Mensaje por Ches el Mar Ene 03, 2017 5:48 pm

Ches no  dio respuesta al comentario sobre la posibilidad de que las armas estuvieran envenenadas ni volvió a abrir la boca durante el tiempo en el que Thorben atendía a su herida.
Le fue casi imposible no gritar cuando sin previo aviso presionó sobre su herida y luego ante cada cosa que hacía a su espalda. Sobre todo le costó mantener la calma y no alejarse ante el ardor del alcohol pero eso no se comparó al dolor y la horrible sensación de la aguja e hilo atravesando su piel.

Hasta entonces se había distraído cosiendo su capa, con dedos temblorosos y pinchándose por accidente varias veces. Ésos pequeños pinchazos en su mano hasta eran un alivio comparado al dolor en su espalda.
Pero cuando Thorben comenzó a coser su herida tuvo que dejar de hacerlo. Ya de por si tenía aquella horrible y dolorosa sensación que le provocaba nauseas, no necesitaba empeorarla haciendo una acción similar.
Dejó la capa a medio coser y después de hacer un nudo rápido para continuar la tarea más tarde cortó el hilo y lo guardó junto a la aguja en la pequeña bolsa que había sacado antes y estaba llena de cosas de costura. Luego regresó aquella bolsa a su lugar en uno de los bolsillos de su cinturón.

Varias lágrimas recorrieron sus mejillas durante el proceso, pero siempre las limpió al instante agradeciendo que el otro estuviera a su espalda. Llorar era una muestra de debilidad y no necesitaba que nadie lo viera.
Con todo, el repentino olor asqueroso que invadió el ambiente ni le importó y sospechó lo que Thorben no tardó en confirmarle. Hierbas medicinales. ¿Qué otra cosa podía ser si olía así de horrible?

Con la palmada en su hombro vino el alivio de saber que ya había terminado, se colgó la capa al hombro e inhaló profundo antes de suspirar, preparándose para el esfuerzo que sería ahora pararse y moverse. Sobretodo ya sin la ayuda de la adrenalina.

-Gracias y … serían más útiles fileteados, ya sabes, uno nunca tiene suficientes provisiones en estas marchas. - Le agradeció por el tratamiento y el resto de chocolate que esta vez no agarró tan apresurada ya que prefería evitar los movimientos rápidos y bromeó un poco para subir sus propios ánimos mientras se iba. Quería apresurarse a llegar a su tienda y estar sola oculta tras las paredes de tela.

Caminó con paso lento de regreso al campamento, concentrándose en terminar su chocolate hasta llegar a su tienda. Ahora sí había soldados yendo y viniendo por la zona, parece que antes solo había tenido mala suerte.
Atravesó las puertas de lona, tiró la capa al suelo junto a su cinturón, se quitó la remera y camiseta y las tiró sobre la capa. Luego se sentó en el piso junto a sus cosas y buscó en sus bolsos un juego extra de vendas que siempre tenía por las dudas y reemplazó con esfuerzo y cuidado de no reabrir la herida que acababan de coserle las vendas que se le habían soltado y había usado para atar al maldito responsable de que ahora tenga un tajo en la espalda.

Una vez hecho eso y casi en penumbras por el avance de la noche, encendió una lámpara de aceite y sacó de nuevo sus cosas de costura.
Se puso a remendar sus ropas. Sabía que aunque se recostara no lograría dormir y de todos modos, tampoco le quedaban muchas horas de sueño si al día siguiente debía levantarse temprano para ir de reconocimiento… Tal vez le convenía irse en aquel instante pero ¿A dónde? Tenía ganas de tirarse en su cama allá en Regna Ferox lamentándose de su herida hasta que ésta se curase. Mientras su madre le atendía cada capricho y su padre le gritaba que dejara de lloriquear y que dejara de ser débil. Pero eso no estaba dentro de sus posibilidades ni aunque supiera con certeza que su hogar había sobrevivido a los Emergidos. Estaba muy lejos.
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Re: Engañoso Ataque Montañés [Campaña - Priv. Ches]

Mensaje por Invitado el Miér Ene 04, 2017 12:26 pm


CLIMA: Nublado / NOTAS: Serio / PALABRAS: 787

El día había acabado… ya era hora de dormir. La luna prestaba su iluminación natural mientras que las tiendas su resguardo y las almohadas su regazo, la gran mayoría de los soldados, si no todos, se encontraban ya durmiendo en los brazos de los espíritus y dioses encargados de los sueños. La noche continuó tranquila tras aquel altercado, incluso los dos rebeldes que habían sido dejados atados contra un árbol tras ser desarmados y después de quitar todo lo que pudiera cortar la cuerda de ellos.
La noche pasó con relativa rapidez para todos aquellos que dormían, lo suficiente como para que antes de que cualquiera pudiera despertar por sí mismo… antes de que cualquiera tuviera siquiera la oportunidad de despertar uno de los soldados salió con una campana de su tienda y comenzó a sacudirla, mientras a los gritos, aclamaba – “¡Hora de despertar! ¡Hora de despertar!” – Apenas eran las 6 de la mañana pero a quienes la campana no había despertado, sufrieron el destino de ser despertados por quienes se estaban levantando en esos momentos.

Cada grito, cada queja, cada gruñido fue disipado por la aparición de Thorben, sin mostrar cansancio aparente, caminando hacia el grupo de soldados… ni una herida, ni un golpe. Alguno que otro parecía sorprendido, quizás sabían de los rebeldes, pero lo cierto es que el silencio abundó ante su presencia.
No quería decirlo pero comenzó con su discurso matutino. – “Hoy, marcharemos y lucharemos… para vencer, para volver, y para dejar a nuestras familias felices. Eso es lo que haremos. Dividan los grupos, ¿Quiénes formaran parte del grupo de choque? ¿Quiénes esperaran en las montañas? ¿Alguien desea acompañarme a atraer los enemigos?” – La mayoría de los miembros del ejército se miraron entre sí… Thorben también lo había notado, un 25% del total de los soldados se habían marchado en la primera noche. Pero no le molestaba, no necesita mucha cantidad de gente para hacer esto funcionar… quedaban 16 soldados, con que 6 se asentaran en las montañas y los demás prepararan el grupo de choque para recibir a los sobrevivientes estaría perfecto.

Sin embargo, tras esas preguntas un conjunto de murmullos comenzaron a aparecen y rellenar el ambiente, se escuchaban múltiples palabras acerca de cómo dos soldados tan entrenados y con tanto tiempo en el ejército habrían actuado de esa manera… lo cierto, es que eso solamente dejaba al estratega ver que la sociedad del país estaba yendo en declive, los soldados estaban buscando otras maneras de ganarse la vida debido a su incapacidad de hacer dinero. – “¡Silencio! Quienes se hayan marchado no recibirán castigo alguno, fue lo que dije. ¿No es así? Perfecto. Dividan los grupos, explicaré que harán.” – Mientras decía esto, buscaba a Ches con la mirada… rogando, y esperando, que ya hubiese ido a hacer de batidor y no hubiera escapado… aunque nunca se sabía, siendo ella de Regna Ferox.
Tras dividirse los grupos, se acercó a los que esperarían en la montaña y comenzó a explicar. – “Deben de llevar arcos, no importa si no saben disparar bien, mientras apunten a los enemigos que vendrán disparen… aun y si fallan, con que una de todas sus flechas atine estaremos en una ventaja importante. De igual manera, necesitaré que busquen rocas grandes y las hagan rodar cuesta abajo después de que los emergidos pasen. Si los bandidos intentan ayudarlos, tenemos que inhibir esa ayuda tanto como podamos… ustedes son los encargados de eso.” – Al acabar con esto, retiro un pequeño mapa que ya había formado y se lo entrego al soldado de rango más alto del grupo, allí es donde debían esperar.

Luego de esto, comenzó a caminar hacia donde se encontraba el otro grupo… a estos les había pedido que portaran armadura constantemente con anterioridad. – “¿Preparados? Ustedes, deberán de esperar del otro lado del cruce entre las montañas… nosotros traeremos a los enemigos desde el frente, los demás atacaran por arriba, ustedes tienen la misión de sacarnos de allí y acabar con las sobras de aquellos enemigos. ¿Nos entendemos?” – Tras hablar con ellos, repitiendo las mismas acciones de la vez anterior, retiro un mapa marcado de su zurrón y se lo otorgo al soldado de mayor rango… luego de esto, comenzó a alejarse un poco de los grupos diciendo – “Prepárense, tienen 2 horas para prepararse y llegar allí… estamos a media hora paso medio. Pueden cambiarse de grupo si lo desean… no hagan estupideces. Nos veremos allí.” – Él, por su parte, salió caminando tranquilamente hacia el lugar para esperar a Ches… quien, el asumió, volvería por ese camino puesto que era el más cercano y también, el de más fácil acceso.
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Re: Engañoso Ataque Montañés [Campaña - Priv. Ches]

Mensaje por Ches el Miér Ene 04, 2017 4:37 pm

Lamentablemente no tardó nada en terminar de remendar sus prendas. Acabó bastante rápido y volvió a vestirse de nuevo sin prisas y con movimientos lentos. Maldiciendo en silencio y dejando que su rostro que normalmente mantiene una sonrisa juguetona se desfigure de malhumor y muecas adoloridas.
Después se recostó en el suelo boca arriba y sacó la hoja que el capitán le había pasado con datos e instrucciones sobre el enemigo para repasar bien lo que decía y ver bien qué debía hacer.

Cuando ya repasó todo, memorizó lo importante y sin tener otra que hacer, apagó la lámpara de aceite. Como había supuesto, no pudo dormirse y algunas horas más tarde, aburrida y sin mejores opciones se levantó para salir a hacer lo que le habían encomendado aunque fueran algunas horas antes de lo necesario.
Es mas, mejor que saliera con tiempo extra ya que podía caminar cuan lento quisiera.

Cuando salió de su tienda no se sorprendió de la oscuridad que invadía el campamento, sólo iluminada por la luna y las estrella y la algo lejana fogata del soldado que había quedado de guardia esa noche.
Tal vez en otras circunstancias se hubiera acercado al vigía, para intercambiar algunas palabras y dejar avisada su partida. Pero luego del ataque de aquella noche y lo malhumorados que habían sido todos durante el viaje no tenía ganas y se alejó sin siquiera saludar e intentando pasar desapercibida de aquel soldado, cosa que logró sin mucho esfuerzo.

Ya a una buena distancia del campamento se dió cuenta que moverse era mucho mas fácil de lo que había pensado sería. Probablemente gracias a las hierbas que el capitán había aplicado en la herida... Hierbas que... Ahora que lo pensaba, debía deshacerse de ellas. Aunque su olfato ya se había acostumbrado, sabía que apestaban. Y si iba de espía no era bueno que le detectaran por ese olor horrendo.

Aprovechó que tenía tiempo cuando se cruzó con un pequeño arroyo para quitarse las hierbas y darse un rápido baño con el fin de quitarse aquella peste de encima. Después continuó su camino, hacia la dirección donde estaba anotado en la hoja que Thorben le había pasado, debían estar de forma aproximada los enemigos.

Y allí estaban. Primero se cruzó con el grupo de bandidos, un par de tiendas desprolijas desparramadas en un claro y hombres aún mas desprolijos durmiendo despatarrados en el suelo cercanos a aquellas tiendas y un par más despiertos o intentándolo, manteniendo guardia y vigilándose mutuamente y despertando al compañero cuando éste comenzaba a cabecear.

Desde los arbustos mas cercanos a los que llegó para esconderse sin que la vieran, Ches llegó a contar una docena de ellos e identificó que mayormente estaban armados de espadas y hachas. Sólo divisó un arco y un par de lanzas.

Después de vigilar y observar por un rato mas a los bandidos, se alejó de la misma forma silenciosa y con cuidado como había llegado y siguió su camino. Aún debía encontrar a los Emergidos.

Y los halló un buen trecho más adelante, los bandidos habían acampado a una distancia prudente de ellos.
A diferencia del campamento de bandidos. Éste apenas podía llamarse campamento y no pudo acercarse tanto como al asentamiento anterior.
Había unos 20 Emergidos dando vueltas, yendo y viniendo sin descansar preparándose para, probablemente, seguir su marcha hacia su próximo objetivo.

Ésta vez no se atrevió a quedarse observando mucho tiempo y apenas estimó la cantidad de enemigos que allí había dió media vuelta y se alejó lo más rápido que pudo sin perder el sigilo.

Una vez se alejó, pasó a los bandidos y estuvo mas cerca del campamento al que pertenecía por contrato relajó su pasó y comenzó a pasear por el bosque hasta que encontró lo que buscaba, comida. En este caso un arbusto de bayas.

Recogió unas cuantas en un pañuelo de tela que sacó de su bolsillo y luego retomó su camino de vuelta mientras comía.
Caminaba sin prisas ni cuidado cuando divisó una figura a lo lejos en el camino. No dejó de comer pero recobró algo del sigilo que había utilizado durante su misión de espionaje hasta que reconoció al hombre, Thorben, y dejó de esconderse tras el follaje para seguir caminando tranquilamente.

Cuando estuvo segura él la vio acercarse le sonrió y saludó con un gesto de su mano y cuando estuvo lo suficientemente cerca, le extendió el pañuelo con las bayas que quedaban.

- ¿Quieres? - Le ofreció y luego empezó su reporte. - Hay unos 12 bandidos. Acampan lo suficientemente lejos de los Emergidos como para que no los noten y exterminen, pero lo suficientemente cerca como para seguirlos y estar al tanto de sus movimientos. Y de Emergidos hay unos 20. - Le informó de forma despreocupada mientras comía alguna que otra baya al hablar.
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Re: Engañoso Ataque Montañés [Campaña - Priv. Ches]

Mensaje por Invitado el Jue Ene 05, 2017 9:59 am


CLIMA: Lluvia tenue / NOTAS: Preocupado / PALABRAS: 811

La espera se estaba volviendo algo pesada después de los primeros 10 minutos… pero saco uno de sus libros del zurrón y comenzó a leer mientras se encontraba allí parado, apoyándose suavemente contra uno de los arboles cercanos. Pasaron los primeros 20 minutos mientras él continuaba leyendo sin preocuparse demasiado por nada, aunque ciertamente cada cierta cantidad de minutos olisqueaba el ambiente intentando encontrar cualquier criatura que se pudiese llegar a estar acercando a él… o al menos advertir la presencia de quien pudiera llegar a estar cerca.
Los minutos continuaron pasando, y llegaron a la primera hora… para cuando el grupo de la montaña se acercó y comenzó a escalar, Thorben indicándoles cuales eran los mejores lugares que podrían llegar a tomar después de haberlos observado durante varios minutos desde abajo. Sonrió levemente al ver que lo obedecían obedientemente tras todo lo sucedido… parecía que incluso habían hablado entre ellos puesto que ninguno hizo ningún comentario acerca de los dos rebeldes.

El miedo había sido la mejor arma y la mejor respuesta frente a todos los inconvenientes y acciones egoístas que los soldados habían tomado. Lo cierto es que pasó otra media hora y recién entonces el ejército de pie llegó. Gesticuló hacia los lados indicándoles en qué lugares deberían de situarse puesto que debían de mantenerse en una formación específica, escondidos, hasta que él regresase y dijese la palabra clave que ya había establecido. ¿Cuál era esta? “Banana”. Por algún motivo, sabía que nadie iba a gritar o decir banana por un motivo estúpido en aquel lugar, así que se estaba confiando en que era la mejor opción disponible en aquel momento.
Después de todo, ¿Qué tipo de soldado gritaría nombres de fruta al azar hasta acertar a la que habían definido? Ninguno, mucho menos, un emergido… por lo cual, sólo restaba esperar a su batidora; la cual no lo decepcionó y terminó asomándose por el camino antes de lo que él esperaba. – “No, gracias… no suelo comer antes de las batallas.” – Pese a su tono, era claramente visible que en otra situación hubiera tomado algunas de aquellas bayas.

Sin tardarse demasiado, cerró los ojos y comenzó a hacer algunos cálculos mentales… antes de que pasaran no más de dos minutos, ya había tomado una decisión y asintió para sí mismo. – “¿Cómo te sientes? ¿Estas cansada? Si no lo estás, podríamos ir ahora… de otra manera, puedo darte 15 minutos para descansar. Todos los demás ya se encuentran en sus posiciones y preparados para lo que tienen que hacer… parece que hacer un ejemplo de los dos estúpidos generó bastante respeto.” – Comentó esto último con cierto tono gracioso, pero se notaba por su rostro que aún y así lo sucedido en aquel momento le molestaba y causaba frustración. Siguiendo aquellas palabras, retiró el mapa de la zona de su zurrón y alcanzó el mismo hasta frente a ambos. – “¿En qué lugar se encuentran, más o menos, los bandidos y los emergidos?” – Terminó por preguntar a la chica mientras mostraba más curiosidad y duda que cualquier otra cosa en su rostro.

En su interior se arremolinaban un conjunto de sentimientos a los cuales no podía poner en una situación diferente o calmar… había estado en batallas ya, siempre como ayudante del estratega principal. Había visto como soldados sacaban las entrañas de los otros en el campo de batalla y las usaban incluso como decoración para intimidar a sus enemigos… pero, él nunca había matado a nadie y mucho menos se planteaba hacer algo así.
¿Cómo sucedería todo? Había escuchado que un sinfín numérico de personas con estomago débil habían vomitado tras asesinar a su primera persona, incluso había escuchado por parte de su antiguo maestro que posiblemente él lo hiciera debido a su personalidad… pero eso, era una muestra de debilidad frente a los soldados a los que se había dedicado tan arduamente en proteger, no podía… al menos sabía que el hombre al que había herido la otra noche se mantenía vivo, quizás podría llegar a lograr que alguno de los emergidos se rindiera… ninguno lo había hecho antes, pero, ¿Por qué no podría ser uno de estos el primero?

Los pensamientos continuaban oscilando y arremolinándose en su corazón y mente mientras estaba ya a cuestión de minutos del ataque… era su primera batalla a muerte y esperaba, por el amor a todos los espíritus, no decepcionar a nadie.
Fue entonces cuando la primera gota cayó en el rostro de él… la segunda en el de Ches. La lluvia había comenzado. ¿Se llevaría penas y pecados por igual al acabar?
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Re: Engañoso Ataque Montañés [Campaña - Priv. Ches]

Mensaje por Ches el Vie Ene 06, 2017 3:56 am

Se encogió de hombros cuando Thorben le negó el ofrecimiento de bayas y retiro su brazo para acercarlo a ella y tener los frutos mas cerca para seguir comiéndoselos uno tras otro.

- Bien y nada que no pueda manejar. ¿Qué eran esas hierbas? Fueron bastante útiles. - Le respondió y devolvió la pregunta entre bocados. En verdad aquél ungüento le había servido sobremanera. La herida casi ni la sentía mientras no hiciera movimientos rápidos o amplios ni moviera mucho su columna, agachándose o girándose.

Vio al capitán retirar de nuevo un mapa y Ches respondió la otra pregunta que le dirigió luego de limpiarse con la boca el jugo de bayas de sus dedos índice y pulgar.

- Por acá están los bandidos, en un claro. - Señaló luego de acercarse para inspeccionar el plano y una vez se hubo ubicado. - Y por acá. - Marcó un poco mas adelante de ellos. - Los Emergidos. No dejaban de moverse preparando cosas y yendo de acá para allá así que no se cuánto tiempo vayan a permanecer allí. - Le informó explicando un poco lo que había visto y luego continuó su comida mientras emprendía la marcha que detuvo a los pocos pasos, aunque sospechaba hacia donde iban, el capitán nunca se lo había dicho de forma explícita...


- Vamos yendo, prefiero usar el tiempo caminando sin prisas que descansar y luego tener que correr. - Dijo terminando las últimas de sus bayas, esperando a que el hombre guiara el camino mientras aprovechaba a buscar su cantimplora de entre las cosas que colgaban de su cinturón y tomar algo de agua.

Limpió sus dedos en el pañuelo en el que antes habían estado los frutos, guardó la cantimplora en su lugar, hizo un bollo con el pañuelo y también lo guardó planeando limpiarlo si pasaban cerca del arroyo con el que se había cruzado horas antes.
- Ah! Y los bandidos son bastante desorganizados y laxos. Están armados mayoritariamente con hachas y espadas aunque hay un par de arcos y lanzas dando vueltas. No vi ningún caballo. Los Emergidos sí tenían algunos caballos y una o dos monturas voladoras. - Agregó a último momento al recordar.
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Re: Engañoso Ataque Montañés [Campaña - Priv. Ches]

Mensaje por Invitado el Vie Ene 06, 2017 9:31 am


CLIMA: Llovizna / NOTAS: Frustrado / PALABRAS: 1.177

Se estremeció un poco frente a todas las ideas, pero no dejo ver que su sempiterna aptitud estaba cambiando de alguna manera, por lo cual intentó cambiar el tema que pasaba por su mente… y las palabras de Ches ayudaron perfectamente. Se aclaró la garganta y comenzó a responder sus preguntas mientras se acomodaba y revisaba que sus ropas estuvieran preparadas y llevara en su zurrón todo lo que era necesario para cumplir sus planes. – “Era un conjunto de hierbas propias de Silesse, las fermenté por dos semanas para que pudieran tener ese efecto… bajo un sauce, puesto que la savia del sauce beneficia esas características también.” – Las palabras que él decía parecían un poco más frías en semblante de lo que habían sido hasta ahora… parecía algo tenso y nervioso, pero una vez acabo con toda la preparación tragó su saliva y comenzó a caminar, guiando.

Al salir caminando sintió un peso en su corazón que no se encontraba allí desde la época en la que comenzó su trabajo como consejero. Aquella pesadumbre, la duda, el temor de fallar… se llevó la mano al pecho y se tomó de los ropajes con fuerza; no había dejado de caminar. – “Te aseguro que correremos… así que nos conviene estar descansados. ¿Tienes sed? Tengo una cantimplora que puedo prestarte” – Sonrió levemente, pese a que pareció un poco forzado frente al resto de sus emociones y reacciones… sin embargo sus últimas palabras cambiaron totalmente el rostro del estratega. ¿Monturas voladoras? No se había preparado para eso, ni esperaba algo tan horriblemente abrumador a nivel táctico. Silbó con fuerza y observo a uno de los arqueros que se había escondido arriba, que se había asomado ante su silbido. – “¡Centren la atención en las voladoras!” – Intentó hacerlo tan corto y confuso como le fuera posible para el oído ajeno… pero lo cierto es que, en este punto, era matar o morir.

Luego de esto dirigió a Ches durante un buen par de minutos caminando… y tras aproximadamente media hora de caminata tranquila, habían llegado al punto en donde habían marcado a los emergidos… quienes allí se encontraban, marchando de un lado a otro cual autómatas mientras que otros estaban parados haciendo guardia sin mover ni un musculo… todos con las armaduras gastadas, manchadas, oxidadas, e incluso varios de ellos olían extremadamente mal… cual si no solo no se hubieran bañado en mucho tiempo, sino que además olores típicos de heces y falta de aseo general en el campamento se hacían cada vez más fuertes a medida que se acercaban… no se podría sentir desde lejos, pero al acercarse se percataron de algo.
Aquellos emergidos que habían muerto en sus puestos seguían en el suelo, con sus camaradas parados sobre ellos, algunos con cadáveres tan podridos que los gusanos estaban comiéndoselos mientras los otros se encontraban parados arriba… esto dejaba ver un conjunto desagradable de huesos rotos, sangre oscurecida, diferentes órganos que se asomaban o caían en diferentes lugares y finalmente… pero no menos importante… las armaduras que utilizaban los que aún se encontraban vivos sin lugar a dudas eran las de los muertos.

El gesto de su rostro no fue de desagrado, más bien, fue de frustración. Miró a Ches sin querer estar allí por demasiado tiempo y movió una de sus manos para intentar alcanzar el tomo de viento que ya había utilizado anteriormente, planeando atacarlos para luego correr… pero mientras él se planteaba hacer eso, pero se detuvo de momento, puesto que se pudo ver que una persona con conocimientos demasiado básicos, quizás ignorante, de lo que podrían llegar a hacer los emergidos… intento atacarlos sola. El sentimiento de impotencia se volvió fuerte en Thorben en ese momento y puso la mano por delante de Ches – “No se te ocurra moverte hacia allí… no podemos ayudarla. Querría hacerlo, pero si nos movemos ahora sin seguir la estrategia nos mataran a los 3 y no tendremos éxito en nada” – Las palabras del estratega eran ciertas… pero no quitaban la vista de él mismo de lo que estaba viendo, la chica corrió hasta clavar una lanza hecha únicamente de madera contra el pecho de uno de los emergidos… cual si reventara una ampolla, sangre salió de la herida y baño la lanza asi como parte de las manos de la chica.

Sólo entonces el emergido pareció tomarla en serio, puesto que lentamente se movió, mientras la chica enfurecida intentaba apuñalarlo sin demasiado éxito a través de algunos agujeros de la armadura con un cuchillo demasiado corto. El emergido luego de esto, con un gesto sin emoción alguna y tan solo sus ojos llenos de un brillo carmesí, clavo su espada en el omóplato derecho de la chica… fue seguido por quien hacia guardia con él, que también movió su arma, una lanza, para clavarse en el vientre de la chica. Ella aun permanecía viva, sufriendo, y pataleaba e intentaba moverse… quería seguir luchando, parecía, pero los dos emergidos no estaban siquiera tomándola en serio.
El emergido de la espada comenzó a presionar hacia abajo con la misma, y a la espada claramente le faltaba filo, puesto que cada segundo que pasó haciendo presión sobre esta se escucharon los gritos de la chica y el metal serruchando cada una de sus costillas hasta finalmente llegar a su vientre donde también estaba la lanza… una vez allí, retiró la espada y ayudó al otro emergido a levantar la lanza de manera tal que la chica continuara empalándose hasta la muerte; si es que no caía inconsciente y se desangraba antes.

Los quejidos de dolor de la chica continuaron durante varios minutos más y mientras duraron se podía escuchar como el cuero de los guantes del hibrido se quejaba cada vez más debido a la tensión con la que estaba presionándolos. No podía creer lo que estaba viendo y no podía permitirlo tampoco… pero no podía hacer nada para enfrentarlo. Era un inútil, era un inútil con tropas pero finalmente al acabar de escucharse estos mismos se escuchó la voz entrecortada y rasposa del estratega, casi como si hubiese estado al borde de llorar. – “Ve y ataca los del otro lado… entretendré los del medio, y llevaremos todos los que podamos a la emboscada.” – Thorben no lo pensó dos veces y se movilizo hasta tener vista en el medio del campamento, en donde comenzó a utilizar su tomo de viento para canalizar las energías de los espíritus elementales y atacar a varios de los emergidos. Planeaba correr, pero lo cierto es que hasta el momento había actuado por inercia tras que el sentimiento de frustración y la ira por haber sido inútil se apoderaran de él.
Esperó, deseando, que Ches lo hubiera acompañado… puesto que, en ese momento se percató… todos los sentimientos hasta el momento lo habían llevado a darse cuenta de que realmente, por encima de todo, no quería morir… y todas sus acciones hasta ese punto habían sido para evitar eso. Ahora solo podía esperar, y rogar.
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Re: Engañoso Ataque Montañés [Campaña - Priv. Ches]

Mensaje por Ches el Sáb Ene 07, 2017 7:51 am

Siguió a Thorben hacia los emergidos y se arrepintió un poco de no haber huido cuando tuvo la oportunidad o de siquiera haberse anotado a aquella campaña. La advertencia de su capitán de que no se moviera no le era necesaria. Aunque había visto a la chica y sabía lo que le pasaría no tenía intenciones de salvarla. Habría sido arriesgado y casi suicida.

Nauseas. También se arrepintió de haberse comido aquellas bayas más temprano. Por más que había desviado su vista para evitarse la escena, no pudo evitar echar un vistazo ante todos los gritos. ¿Para qué? Aquella sí había sido la peor decisión que había tomado en un buen tiempo.

Pero ya había llegado bastante lejos, después de todas las molestias que se había tomado terminaría aquello y se quedaría con el oro prometido. Por otro lado si se iba justo en aquel momento, Thorben sería hombre muerto y por más poco que le importara la suerte ajena, el hombre parecía ser una buena persona y hasta le había dado chocolate y tendido a sus heridas.

- Bien. - Murmuró a regañadientes ya cuando este se hubo ido impaciente y Ches tuvo que apresurarse a hacer su parte. Dio un rodeo cuidadoso por entre los arbustos hasta estar cerca de los Emergidos que le había asignado y luego de un hondo suspiro empuñó su daga y salió de su escondite sin mayores rodeos forzando una sonrisa en su rostro aunque en aquellos momentos lo último que quería era sonreír.

- Hey! Es un día precioso ¿Verdad? En vez de masacres podríamos ir a tomar un té y… Nop. Parece que no. - Obvio, los emergidos no aceptaron su invitación y el más cercano no dudó en abalanzarse hacia ella hacha en mano. Por suerte era un hacha. Pudo esquivar el ataque sin mayor dificultad y atacar al instante aprovechando el envión del arma y el movimiento amplio del Emergido.

Pero aunque ese cayó otros varios se estaban dirigiendo a ella. Odiaba admitirlo pero parecía ser que eso de carnada se le daba bien ¿Y a quién no frente a Emergidos? Esas cosas Iban hacia las personas como polillas a la luz. Con la diferencia de que las polillas no destruían la lámpara.

- Oh, vamos yo solo quería un té! -
Gritó frustrada antes de darse vuelta y correr hacia el punto asignado. Lo que más se le dificultaba era el correr. Tenía que observar por sobre su hombro que no dejaba a los Emergidos muy atrás, sino que los mantenía relativamente cerca cuando en realidad todo lo que quería era huir a toda velocidad, corriendo lo más rápido que pudiera.
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