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[Libre] Siempre se deja algo atrás

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[Libre] Siempre se deja algo atrás

Mensaje por Invitado el Jue Dic 29, 2016 1:08 pm

El día era algo más caluroso de lo normal, quedando reflejado en los continuos y a veces estresantes resoplidos de Marlon, el comerciante más ancho que alto que había permitido a Daryun acompañarlos en su camino hacia Lycia. Marlon, de abundante mostacho negro y escaso cabello, regía una caravana de una veintena de mercaderes dedicada a la venta de productos naturales (pieles, principalmente) por gran parte de Elibe.

Daryun dio con ellos al tercer día de huida de los territorios Kutolah, pidiendo permiso para poder acompañarlos a cambio de protección. Marlon, al ver su intimidante aspecto, no dudó en aceptar, ya fuera por la seguridad que le ofrecía o por el miedo a las posibles represalias si se negaba. Fuera como fuese, Daryun, tapando su rostro con la capucha de la capa, montaba a Volk a la diestra del carro principal, con Marlon en las riendas.

-¡Fiiiiiiiu! ¡Esta caló es insoportable!- masculló Marlon mientras refregaba el grasiento brazo por su frente.  -Y lo peor es que aún falta pa'llegá a las montañas...- las quejas se sucedían a la par que las miradas entre el resto de mercaderes. -Y tú tapao con esa capucha...
-Prefiero guarecer mi rostro de posibles miradas curiosas.- Daryun había tomado esa precaución ante los más que posibles jinetes Kutolah que estuvieran en su búsqueda.
-¡Eso mismo hago yo con mi suegra! ¡Jajajaja!- su risa, como no podía ser de otro modo, era bastante repelente. -Y dime, "Dayún"- consiguió decir tras secarse las lágrimas. -¿Pa'qué vas a Lycia?
-Estoy interesado en los contrastes arquitectónicos entre los diferentes marquesados de la región.- daba igual la excusa que se inventase para evitar tratar el tema sobre la huida de su tribu nómada, Marlon vivía en una realidad muy diferente a la de cualquiera.
-¿Arqui-qué...?

La tarde comenzó a caer, el sol languidecía tímidamente dando paso a la luna y obligando a encender antorchas por los diferentes carros. La caravana buscó cobijo próxima a los riscos que delimitaban el camino. Formaron un semicírculo con los carros, dejando a un lado el ganado y al otro las tiendas. Aquella noche, Daryun se ofreció voluntario para realizar la primera guardia de vigilancia.

Se apostó tras la barrera de carros, sentado en la fría hierba, con la lanza de cobre sobre sus piernas y un pequeño candil justo a su lado. Su caballo Volk dormía de pie justo detrás de él. En la oscuridad de la noche, iluminado únicamente con el candil, Daryun observaba el pequeño mapa, que sostenía con su diestra, donde había trazado una ruta hacia la lejana región de Kilvas, allá donde tenía pensado empezar a redimirse de sus pecados.

Pasaron un par de horas cuando un ruido extraño, difícil de identificar, se escuchó en la lejanía. Daryun se puso rápidamente de pie, apagando el candil y sujetando el arma con las dos manos, mirando a la oscuridad reinante en el horizonte. La tensión provocaba que sujetara fuertemente su lanza, y entonces...

-¡Vaya pesadilla más chunga he tenío, "Dayún"!- Marlon apareció justo a su lado con su propio candil. Cuando vio a Daryun, su orondo rostro mostraba confusión: -Chiquillo que haces tan a oscuras, que te vas a quedá dormío.
-¡Cállate!- le espetó a la par que le apagaba el candil y le ponía la mano sobre su boca.

Acto seguido, el sonido volvió a sonar, más fuerte.
-Algo se acerca.- Daryun frunció el entrecejo.
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Re: [Libre] Siempre se deja algo atrás

Mensaje por Khigu el Lun Ene 09, 2017 11:28 pm

Khigu salía de viaje para cazar nuevas pieles, de nuevo. Se dirigía hacia el suroeste, donde la geografía de Sacae iría siendo más montañosa, señal de que habrían mejores bosques y con ello animales con excelentes pelajes. Iba sola, como siempre. No le gustaba ir acompañada con el grupo de caza de su tribu. Y de todas formas, ellos usualmente tampoco la querían cerca, decían que les traía mala suerte. Pero en realidad, sólo era porque ella era bastante competitiva y acababa cazando más que los demás.

Habían sido unos días bastante ajetreados, demasiado calor para ser otoño en las planicies. Aunque a ella el tiempo no le afectaba en su forma de vestir las ropas tradicionales de su tribu, si acaso los días más fríos de invierno se colocaba una piel de oso por encima. Aunque en Sacae el tiempo casi siempre era estable, en comparación a otros lugares donde ella había estado.
Se había encontrado además un par de emergidos idiotas que siempre rondaban los largos caminos vacíos que atravesban el país. No habían sido mucho problema para ella, portadores debiluchos de lanzas que nunca podrían en contra de una mujer tan bruta con el hacha como Khigu.

Durante todo el día, ella siguió su camino, sin detenerse a menos que encontrara posibles amenazas. Sin embargo, y para tristeza de alguien al que le encantaba luchar como ella, esta vez no se dio el caso. La noche pronto caería, y ella no alcanzaba aún los bosques. Acampar en medio del camino no era ningún problema, pero sí comenzaba a tener algo de hambre. Gruñó al darse cuenta que se había olvidado agarrar alguna liebre para el camino. El hambre la ponía de mal humor, pero tenía que seguir hasta que encontrara algo de comida.

Más avanzada la oscuridad de la noche, Khigu dislumbró a lo lejos varias luces de fuego. Ver varias antorchas significaba que allí habría gente, más ella no sabía si se trataban de bandidos. Igual, el hambre le hizo caminar en modo automático hacia aquellas luces. Al acercarse cada vez más, Khigu prefirió andar sin hacer ruido. No tenía miedo de enfrentarse a nada, estaba preparada para ello, pero más valía primero comprobar el aspecto físico de aquel grupo. Aunque esas carretas parecían ser de mercancía, seguía sin estar segura de si eran bandidos o incluso emergidos con algo más de cerebro. En ese momento, a ella le había parecido escuchar algo, pero lo ignoró pensando que provenía de aquel mismo campamento.

Al rato, gateando por el piso escondiéndose entre algunos bajos arbustos, vio que la única luz que había quedado encendida, se había apagado de golpe. Oyó unos murmullos y se escondió detrás de una de las carretas. Para mala suerte de Khigu, su estómago rugió. Sin embargo, tampoco se escuchó, ya que justo había vuelto a escuchar un ruido. Un extraño gemido que conocía muy bien, y que no parecía provenir del campamento.

Al mirar hacia atrás, apenas en la oscuridad logró encontrar el par de orbes rojizas brillantes del emergido que andaba haciendo esos ruidos, correteando hacia donde había escuchado el murmullo. Además, allí había un caballo, tenía que salvarlo. Khigu no pudo evitar levantarse rápidamente y correr hacia el emergido.

- ¡¡GGGGGRRRRRRRAHH!! -exclamó, abalanzándose sobre el monstruo antes de que atacase a los dos hombres, provocando que se cayera al piso. Ella aprovechó en ese momento para atestar un gran hachazo contra el emergido, sin pensárselo dos veces, acabando con él.

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Re: [Libre] Siempre se deja algo atrás

Mensaje por Invitado el Jue Ene 12, 2017 1:26 pm

Pese a la oscuridad envolvente, Daryun consiguió ver a la chica que frente a él y a Marlon, y con la fiereza de un animal, se abalanzó contra el Emergido hundiendo su hacha y provocándole, irremediablemente, una rápida muerte. Daryun orientó sin vacilar su lanza hacia la mujer.

Sorprendentemente, Marlon fue raudo al encender nuevamente el candil pese a que su cuerpo, incluido el bigote, no dejaba de temblar. Gracias a la luz que los iluminaba, Daryun pudo observar con más detalle la joven que frente a ellos se presentaba.
Daryun valoraba el coraje y decisión que había tenido la chica para, aún estando sola, acabar con el Emergido sin saber a quién estaba ayudando. Para él, al igual que ella había demostrado, eso no importaba. Un humano iba a estar siempre por delante de un Emergido, sin importar el color de su bandera, su raza o su idioma.

-Usas una técnica poco ortodoxa, mas no por ello menos eficaz.- dijo Daryun, muy sereno y algo serio, sin dejar de apuntarla con su lanza. Tras una breve pausa, Daryun colocó su arma en posición vertical. -Mmmm... Creo que nuestra invitada se ha ganado una porción de tu mejor carne asada.- dijo finalmente, esbozando una leve sonrisa.
-¡De la mejó!- apuntilló Marlon, ya con el susto en el cuerpo más controlado.

Sin embargo, el banquete tendría que esperar, pues el rugido soltado por la mujer en su ataque, fue como un llamado a los Emergidos que, vagando como zombis, se hallaban por la zona. Ojos brillantes de un tono rojizo pálido se vislumbraban en el horizonte. Daryun calculó que habría una docena de ellos y, sin perder tiempo, saltó sobre Volk, montándolo.

-Marlon, ni hagáis ruido ni salgáis de las tiendas. Vienen más.- Daryun tenía intención de hacerles frente a campo abierto, sin darles tiempo a que se acercasen al campamento, donde sería mucho más difícil defender que ninguno sobrepasase la barrera de carros. 
-Este trabajo no'tá bien pagao...

El jinete Kutolah se echó la capucha hacia atrás para ponerse el casco de combate y posteriormente sujetar la lanza con su diestra y las riendas con su siniestra. Sobre Volk y con su armadura negra iluminada tenuemente con la luz del candil, le profería una pose intimidante.
-Es hora de arrancar unas cuantas malas hierbas. ¿Vienes?- le dijo a la chica con el convencimiento de que no hacía ni falta la pregunta.

Daryun agitó en un movimiento rápido y seco las riendas, provocando que Volk arrancase en galopada casi instantáneamente. Daryun se inclinó hacia delante para fundirse en un solo ser con su caballo, que con la potencia de sus cuartos traseros iba adquiriendo una velocidad espectacular. A campo abierto, el caballero negro era una centella donde el silencio quedaba adornado por el síncrono sonido de los cascos del animal.

Cuando estuvo lo suficientemente cerca de un grupo de ellos, con un leve toque de su pie izquierdo, Volk giró rápidamente hacia esa dirección y Daryun sacó su torso hacia el lado contrario, equilibrando las fuerzas para que el giro fuera lo más cerrado posible sin perder velocidad. En ese movimiento de su cuerpo, Daryun extendió su lanza, rajando las gargantas de sus oponentes que no fueron capaces de reaccionar ante la endiablada velocidad del movimiento conjunto entre Volk y Daryun.

Enarbolaba con pulso y precisión su lanza a ambos costados del animal, clavando sin piedad su punta de bronce en aquellos que osaban acercarse lo suficiente. El renombre de Daryun entre los jinetes de la tribu Kutolah estaba, cuanto menos, merecido.

Mientras tanto, en el campamento, Marlon intentaba calmar a los mercaderes para que ninguno saliera de sus tiendas.
-Tranquiiiiilos, el ruido ha sido de... un gato, ¡sí sí! Un gato.- dijo finalmente, inventándoselo sobre la marcha.
-¿Pero los gatos no maúllan?- se escuchó desde una de las tiendas.
-Ya'tá el listo que le tiene que decí al animá lo que tiene o no que hacé.- dijo, molesto, pues para Marlon la tapadera del gato era sublime.
-Pero...
-¡A dormí!- sentenció.

Los mercaderes y comerciantes no insistieron y dejaron correr el asunto sin saber que, cerca de ellos, se luchaba por sus vidas.

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Permiso más que concedido. ¡Gracias por unirte!
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Re: [Libre] Siempre se deja algo atrás

Mensaje por Khigu el Jue Ene 12, 2017 4:58 pm

Después de despegar el hacha arrancándolo del cuerpo del emergido que comenzaba a convertirse en polvo, se levantó, desviando la vista hacia la luz del candil que uno de los hombres acababa de encender. Viendo la lanza del otro hombre -más valiente que su compañero- apuntando hacia ella, enseguida volvió a ponerse en posición defensiva, agarrando el hacha con las dos manos y apuntando hacia él también.
Fue más bien, un acto reflejo, los miró más detenidamente, para comprobar que aquellos dos no eran más que humanos y no emergidos. No dijo nada, esperando a comprobar si la iban a atacar, estando preparada para devolver la intención. Estaba contra un grupo grande, y ella no era ninguna bandida, no veía necesario atacar primero.

El hombre de la lanza fue el primero en mencionar sus palabras. Khigu frunció levemente su ceño, ¿qué quería decir con poco ortodoxa? ¿Acaso se estaba riendo de ella?
Pero antes de reclamarle nada, ni si quiera gruñir, vio que el hombre apartó la lanza, y ella levantó la mirada. Le estaban ofreciendo comida. Lo que acababa de escuchar. ¡¡Comida!! Su estómago rugió sonoramente y empezó a babear de tan solo pensar en la mencionada carne asada. Tragó saliva para no perder la compostura. - ¡¿De verdad?! -exclamó, casi desesperada por probar por fin un bocado en todo el día, relajando sus brazos y apartando el hacha.

Ese estado de felicidad, sin embargo, no duró mucho. Notó como el hombre de la lanza había visto algo en los alrededores, montándose rápidamente sobre el precioso caballo negro. Khigu de dio la vuelta para darse cuenta de lo mismo. Tal y como se lo había temido, aquél emergido no había venido solo. Eran varios pares de ojos rojos, apretó su hacha y volvió a ponerse en posición. Iba a ser complicado acabar con todos ellos a la vez, y no se le daba muy bien el tema de preparar estrategias. Por lo que su mente realizó un simple y sencillo plan: ir a atacar a los que se movieran más rápido, a los que llegaban antes.

Mientras el jinete se preparaba para el ataque, el hombre más regordete retrocedía hacia el campamento. Al parecer eran un grupo de mercaderes. No era de su costumbre proteger a nadie, no era de su incumbencia. Tan sólo pensaba que debía acabar cuanto más monstruos mejor. Desde que el lancero le había preguntado, ella salió corriendo hacia los emergidos, sin responder. - Hmpf. - No necesitaba la invitación de nadie para acabar con aquellos seres.

Obviamente, el hombre había llegado antes que ella, al andar montado en el caballo. A ella nunca le había parecido bien el hecho de que los humanos montaran a esos seres tan divinos, y menos llevarlos a mitad de un campo de batalla, donde podrían resultar heridos. Muchos de los caballos que cuidaba su tribu eran antiguos caballos de guerreros, por lo que estaban llenos de cicatrices. Así que si algo procuraría defender en aquél momento, sería al pobre animal, conociera al hombre o no. Aunque se viera como un potente y fuerte caballo, no podía evitarlo.

Al llegar, sin embrago, pudo ver como luchaban en sintonía, que eran ágiles. Eso no la detuvo en sus movimientos amplios y bruscos, balanceando sin un ritmo fijo su hacha, partiendo en dos a cada emergido que osaba a acercársele. Temeraria, poco le importaba que algunos de ellos lograran realizarle cortes en varios lugares del cuerpo. Las duras fibras de sus músculos lograban amortiguar el dolor. Atestando golpes con un lado de su hacha, y con el lado afilado rebanaba todo lo que tocaba. Cualquier movimiento que hiciera tumbaba a sus enemigos, agitaba los dos brazos juntos como si el cuerpo de los emergidos fuera el gran bombo que ella quería hacer sonar.

Tenía suerte de que aquel grupo de emergidos eran usuarios de dagas, y algunos lanceros con picas cortas. Eran armas contra las que ella tenía ventaja. Cuando acabó con el pequeño grupo que estaba más cerca de ella, miró de reojo hacia su compañero, para comprobar el estado del animal sobretodo. No le importaba que ella tuviera heridas que comenzaban a sangrar. Aún quedaban algunos emergidos y no planeaba rendirse.

Por mucha fatiga que estuviera dándole.

No, debía concentrarse. Ya había pasado por eso un millón de veces. Se había vuelto más fuerte los últimos días. No dejaría que un emergido arquero que andaba oculto consiguiera disparar su flecha hacia allí.

Espera un momento, ¿cómo?

Intentó calcular el recorrido que haría aquella flecha si la disparaba, e iría hacia el caballo. Con lo que le costaba pensar, el primer movimiento de Khigu fue correr hacia donde estaba el jinete de negro, más que correr hacia el arquero. - Cuid... ¡agh! -Fue entonces que el flechazo impactó contra el costado de la cintura de ella, en lugar de una de las patas traseras del animal. En ese momento, ella soltó un quejido de dolor a través de sus apretados dientes.

Entre el dolor de aquella flecha clavada, los cortes que ya tenía, y el hambre; Khigu no se resistió a caerse de rodillas al suelo.
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