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[Social] Una libertad que huye. [Priv.Kija]

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[Social] Una libertad que huye. [Priv.Kija]

Mensaje por Izaya Orihara el Dom Dic 18, 2016 2:33 pm

Izaya estaba tan emocionado que llevaba toda la mañana con una sonrisa de oreja a oreja en los labios. No era una mueca bondadosa. Sus sirvientes, y demás personas que vivían en su villa, pensaba que su actitud era algo tan aterrador que se mantenían lo más alejados posible de él. No era difícil, pues la casa que tenía el informante en Begnion era el sueño de todo noble: un enorme terreno con una hermosa mansión en el centro. Los jardines que la rodeaban se componían de cuidada naturaleza, estatuas de mármol blanco, varias fuentes que funcionaban gracias al río que cruzaba una parte del recinto y que creaba un pequeño lago, y varios edificios anexos como un invernadero, un establo, y un par de casitas donde dormían las familias labriegas. Sin duda era un lugar digno de alguien con un título nobiliario, pero Izaya carecía de él y no parecía interesado en adquirirlo. Disfrutaba de hacerle saber a sus vecinos, altos cargos de Begnion, que alguien como él podía adquirir lo mismo que ellos a pesar de ser forastero y plebeyo.

Estaba orgulloso de su propiedad predilecta, nada comparable a las casas, mucho más humildes, que tenía en Ilia y en Plegia. Era la mansión en la que había empleado la mayor cantidad de su dinero, en especial en los últimos años para mantenerla a salvo durante las incursiones emergidas. Con el ejército enemigo expulsado casi del todo, Izaya ahora se dedicaba a reconstruir aquellas zonas más afectadas por los ataques. Los jardineros trabajan todos los días para restaurar los árboles, muchos de ellos talados, plantar de nuevo las flores que habían muerto y hacer que el huerto que antes ocupaba una buena porción volviera a resurgir. Había contratado además a varios carpinteros para que arreglaran los estropicios en las edificaciones, y a varios mercenarios para que  vigilaran que ningún emergido volviera a hacer de las suyas en su villa. Su casa de Begnion rezumaba vida por todas partes. Las sirvientas ayudaban en la medida de lo posible y, en especial en los últimos días, se habían dedicado a preparar la habitación de un nuevo invitado que según el Señor Orihara, pasaría un buen tiempo con ellos. En definitiva: todos tenían muchas cosas que hacer, y cuanto más lejos de Izaya mejor. Menos sus protegidas, que le seguían allá donde el estratega fuera, con la misma mirada de adoración a pesar de las cosas horribles que les hacía realizar de vez en cuando.

Sin embargo, ninguno de los humanos a su alrededor lograba captar su atención. Estaba esperando la llegada del manakete adquirido en Plegia de manos de un sujeto algo idiota pero eficaz. Le había dado la dirección de una taberna de Begnion en donde había especificado que quería que se le entregara la mercancía. Allí, había asentado a tres criadas de aspecto amable y cinco mercenarios corpulentos que comprobarían que el laguz llegaba en las condiciones requeridas y se efectuaba la segunda parte del pago debida. Aguardarían en la posada una noche: las muchachas limpiarían, vestirían, y arreglarían al manakete para que fuera presentado a Izaya de forma debida. Les había ordenado que fueran muy gentiles con él. A los mercenarios, por otro lado, les había encomendado que debían vigilar que ningún fisgón metiera las narices en sus asuntos. Además, su tarea principal sería dejarle claro al laguz que o cooperaba, o las consecuencias serían peores. Que escapara sería una situación que el informante no toleraría, y por esa razón había optado por cinco hombres fuertes para guardar que llegaba desde la posada a su villa a salvo y sin montar un escándalo.

El carruaje y los tres caballos que había dispuesto para transportar a las señoritas, a los mercenarios y al manakete debían de estar a punto de aparecer por la entrada sur, pues les había indicado que les quería allí para mediodía y el sol estaba a punto de alcanzar su cénit. Desde su despacho, situado en el segundo piso de la mansión y que daba de frente al camino principal, Izaya no perdía detalle de los trajines de sus empleados al mismo tiempo que vigilaba la carretera de arena. Un muchacho joven llegó corriendo por allí mientras alzaba los brazos y gritaba: “¡Ya llegan!” El informante saltó de su cómodo asiento y se volvió hacia la sirvienta que en ese momento estaba colocando una bandeja de té sobre su escritorio. – Avisa a todo el servicio. Os quiero a todos frente a la puerta para cuando lleguen. – le dijo con una sonrisa en los labios. La muchacha asintió y corrió fuera de la estancia para avisar a sus compañeros. Por su parte, Izaya esperó a que sus órdenes fueran cumplidas y ver que la comitiva aparecía por entre los árboles a ambos lados del camino. Solo entonces, salió del despachó.

Todos los habitantes de su villa estaban colocados en filas horizontales, paralelas a la gran mansión. Justo cuando el carruaje se detenía frente a ellos, Izaya se decidió a hacer presencia. En un acto teatral, emergió de dentro del caserón con su abrigo de piel a los hombros, los anillos de plata brillando en sus dedos, y una sonrisa falsamente amable en los labios. Cualquiera, que no le conociera, diría que parecía el anfitrión ideal, incluso para recibir un esclavo adquirido en Plegia. El informante alzó los brazos cuando los mercenarios abrieron las puertas del transporte, y salieron primero las mujeres seguidas por el manakete. - ¡Bienvenido a Villa Shinjuku! – exclamó con tono jovial.- Yo soy Izaya Orihara, dueño de esta propiedad.y de ti.Puedes llamarme Señor Orihara, O solamente Izaya, si tienes la valentía suficiente. – le sonrió con algo de picardía y se acercó a él.- Las personas que ves detrás de mi son mis empleados y, a partir de ahora, tus compañeros de trabajo, sé amable con ellos. – Los sirvientes hicieron una suave reverencia y le miraron con curiosidad.- Pero ya te presentarás luego. Ahora sígueme, tenemos muchas de las que hablar. – y dicho esto, se giró mientras le hacía una seña a Kija para que fuera tras él.- El resto, continuad con vuestras impecables tareas, como siempre. – añadió, y todos regresaron a lo que estaban haciendo antes de que el manakete llegara.
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Re: [Social] Una libertad que huye. [Priv.Kija]

Mensaje por Kija el Dom Dic 18, 2016 4:01 pm

El camino hacia Begnion desde algún puerto desconocido de Akaneia fue inesperadamente largo…  con anterioridad ya había viajado a Tellius en barco pero esta era la primera vez que tenía tantas cosas en la cabeza que los minutos parecían días. Se encontraba totalmente desnudo, confinado en una pequeña jaula metálica que le resultaba fría al tacto y por tanto le dificultaba la tarea de dormir pues por las noches el frio se hacía casi insoportable. Quizá un humano normal habría muerto de alguna pulmonía en medio de aquel viaje tan largo pues cierto pelirrojo especifico que al "monstruo" no se le diera prenda o manta alguna a lo largo del viaje aclarando que debía de ser alimentado regularmente. Aquello no podría ser más que una terrible pesadilla pues aun que Kija temblara de frio no había posibilidad de que cayera victima de enfermedad alguna; su sangre de maniquete que normalmente lo protegía ahora actuaba como un cruel y efectivo método de tortura, ya ni hablar de aquel balde donde estaba forzado a depositar sus desechos para mantener la higiene del lugar.

No es que deseara alimentarse tampoco, en esos momentos su alma y corazón estaban tan destrozados por la humillación y la tristeza que difícilmente la comida podía pasar por su garganta, aun así sus captores descubrieron que para bien o para mal la bestia que tenían encerrada comía dócilmente y de forma abundante cuando le daban sopa caliente o estofado…. lo único que lograba calentar su cuerpo a ratos y darle breves momentos de alivio. Definitivamente el joven mestizo sentía que había sido arrastrado a un infierno, uno que no merecía pues hasta ahora su único deseo había sido siempre el de ayudar a los demás; no era capaz de entender cómo es que al final había terminado en una situación como aquella si al final siempre se había esforzado en no lastimar a otros.

La tristeza poco a poco se fue transformando en ira con el paso de los días, recordaba las palabras de su amigo garza sobre la idea de abandonar la sociedad humana y unirse definitivamente a la alianza laguz. En su momento Kija rechazo la oferta por el simple hecho de que parte de él era humano y porque de per tener a aquel grupo más temprano que tarde acabaría enfrentado con los humanos…. actualmente ya no parecía una idea tan mala pues pese a que algunos eran considerados preciados amigos en ese momento resultaban ser minoría, la crueldad que reinaba en el mundo superaba con creces a la bondad que le habían extendido. En ese momento, por primera vez en siglos, Kija lloro en silencio ante el recuerdo de su madre humana y de las maravillas que ella le hablaba del mundo.
Spoiler:
Al llegar a su destino la mirada de lo que antes fue un joven gentil y amable se había tornado mas fría que los barrotes de metal que lo mantuvieron prisionero por los las semanas que duro el viaje, por supuesto que en ausencia de su dragonstone era totalmente inofensivo pero de poder poner su zarpa en una de esas piedras probablemente la usaría sin dudarlo para reducir todo aquel lugar a la nada y a menos que la nada, sin importarle ir totalmente en contra de sus principios y su naturaleza en general.

Al igual que antes Kija se comporto de forma dócil pues nada ganaba con actuar de forma violenta u oponer resistencia más que quizá maltratos innecesarios por lo que, casi como si se tratara de un muñeco sin voluntad ni aspiraciones se dejo asear y vestir por las doncellas que le habían mandado, al parecer, para prepararlo y conocer a su nuevo dueño, sorprendiéndose un poco de que esas mujeres no se quejaran ni un poco de aquel desproporcionado brazo recubierto de escamas que sabia sin lugar a dudas que muchos humanos consideraban repulsivo. El viaje hacia aquella mansión en Begnion transcurrió en total silencio y aunque fue con creces más agradable que su viaje en barco la sensación de que el muchacho albino pretendía matar a cualquiera que se le acercara con aquella mirada afilada se mantenida; estaba siendo arisco a su manera, dejando en claro su desacuerdo con aquella situación aun dentro de su aparente tranquilidad; sin demasiada demora Kija ya estaba siendo recibido por todos los criados del lugar que se habían puesto a ambos lados del camino como una forma de recibirlo.

Cuando lo que parecía ser el dueño del lugar apareció frente a el Kija guardo silencio, uno tan pesado e incomodo como el que había mantenido ya desde aquella noche donde derramo hasta la ulema de sus lagrimas, no había rastro de simpatía alguna en su mirada sino más bien un intenso y marcado odio hacia quien tenía enfrente, mas pese a su severa mirada su cuerpo se encontraba totalmente relajado, sin indicios de pretender comportarse de forma violenta pues dentro de su disconformidad el sabía perfectamente que poco y nada podía hacer al respecto, aun dentro de su rencor e ira era un hombre prudente y muy listo…. si quería escapar no sería ese momento en el que estaba rodeado de tantas personas ni guarda espaldas de aspectos rudos….. no, si deseaba regresar con sus amigos debía ser paciente y esperar; cosa que a las criaturas longevas como él se les daba de maravilla.
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Re: [Social] Una libertad que huye. [Priv.Kija]

Mensaje por Izaya Orihara el Vie Ene 13, 2017 2:14 pm

Izaya no podía sentirse menos intimidado por el manakete. Ni siquiera su brazo de características bestiales, visible por debajo de la manga de los ropajes, podía infringir el más mínimo miedo en el informante. Al contrario, esa característica no la esperaba y llamó su atención de inmediato. Pero debía esperar un poco más para saciar su curiosidad, pues antes tenía que evitar que su nueva propiedad hiciera algo estúpido, como siquiera pensar en escapar, por ejemplo. Era tan obvio que el informante se reiría de él por ser tan inocente, tan crédulo de creer que él era una persona normal de la que se podía deshacer con facilidad, un simple esclavista como muchos había en el mundo: tontos y predecibles en sus deseos y aspiraciones. En cambio, había dedicado un enorme tiempo a planear el encuentro con Kija, y había llegado a la conclusión de que si el manakete era infeliz con él, o le guardaba alguna clase de resentimiento, sus planes no funcionarían. Debía engañarle y despertar en él cierta simpatía, y eso era algo que a Izaya no se le daba nada mal. Al fin y al cabo podía ser encantador si se lo proponía, y mentir era su especialidad. Algo tan natural en él que sus artimañas tenían incluso honestidad, cierta verdad retorcida.

Mientras el informante caminaba hacia el despacho, seguido por Kija, iba parloteando animado sobre la vida en la villa: los horarios, el tipo de flores que iban a plantar, la vajilla nueva que acababa de llegar, la importancia de apagar las velas al salir de una habitación, los cuidados menús de cada comida, la hora del té… Cualquier cosa sin verdadera importancia. Ni siquiera parecía demasiado preocupado por el manakete, sino que se desenvolvía con naturalidad y confianza a su alrededor como si fuera casi un viejo conocido. Poco antes de llegar a la habitación destinada, sin embargo, Izaya se detuvo y giró un poco el rostro hacia el nuevo, como sorprendido. Dejó al frase que antes estaba en sus labios a la mitad para decir: me está sorprendiendo que no digas nada. Ni siquiera te has presentado. Sé que a lo mejor esto no es lo que esperabas pero creo que tu silencio no es por eso. Pensaba que mis enviadas te lo habrían explicado, pero me parece que no. – musitó algo pensativo y abrió la puerta del despacho. – Estas chicas de hoy en día, no se les puede pedir nada. – dijo exasperado mientras urgía a Kija a tomar un asiento y cerraba la puerta tras ellos. Él se sentó en el sillón principal tras el escritorio, y así dio comienzo el juego.

- Contrario a lo que debes de creer ahora, yo no soy la persona que te compró como esclavo. – le comentó con la vista fija en el dragón, su voz sincera.- Lo que soy es el hombre que te ha liberado, así que por favor, deja de mirarme de esa manera tan incómoda. Es realmente molesto. – hizo una pausa y continuó.- Ahora bien, ¿Cómo hemos llegado a esta situación? Te explico: el tipo que te compró, un antiguo cliente mío, se reunió hace unos meses con un ladrón o un mercenario en Plegia. Por alguna razón utilizó mi identidad e hizo un trato para comprar un Manakete, es decir, tú. El rumor de que Izaya Orihara es un esclavista a partir de entonces corrió por muchos círculos de importancia, y mi reputación quedó manchada.  Tengo clientes de todas partes del mundo, y que se diga esa clase de cosas de mi hace que muchos no quieran volver a contratar mis servicios. Y cuando digo muchos, digo muchos. De normal no me importa lo que digan de mi, pero si influye en mi trabajo eso es otra cosa más seria. Me ha obligado a tomar cartas en el asunto, así que pagué a la gente correcta para que en vez de que te entregaran a sus hombres, te entregaran a mis enviadas. Se supone que ellas deberían haberte explicado el cambio de planes, pero es posible que estuvieran algo incómodas por eso de que eres un laguz y todo eso. Luego hablaré con ellas.

Había ido explicando todo con tranquilidad, pero haciendo las pausas correctas e incluso poniendo un tono de enfado al hablar de cómo le habían robado el nombre para hacer negocios ilegales en muchos lugares. El rumor no existía, pero todo lo demás era cierto, solo que había sido Izaya suplantando a otra persona que pretendía suplantarle a él quién había realizado el trato con Gaius. No obstante, a pesar de las mentiras escondidas en la verdad, en ningún momento flaqueó o titubeó al hablar, sino que las palabras brotaban con tremenda honestidad de sus labios. Juntó ambas manos sobre la mesa y continuó su relato:

- Aclarado este punto, pasemos al siguiente: no creo en la esclavitud, pero sí en el quid pro quo. Es decir, yo te he liberado, pero a cambio me gustaría que trabajaras para mi hasta que tu deuda se salde. Una deuda de vida, déjame decirte, porque según mi información, esa persona no tenía demasiadas cosas buenas planeadas para ti. Envolvía algo como desatar fuego sobre Begnion o algo así, una locura propia de un hombre que ha perdido su hogar y que culpa al resto de países. La gente de Crimea puede llegar a ser muy rara. – alzó una ceja con cierta sorna.- Pero volviendo al tema en cuestión, lo que yo te ofrezco es un trabajo como secretario. Hacía tiempo que buscaba a una persona para el puesto, y creo que alguien como tú podría resultar interesante.  Además, no hay nada mejor que redirigir un rumor de “Izaya Orihara es un esclavista” a “Izaya Orihara se venga de suplantador y consigue un nuevo secretario”. – una sonrisa de oreja a oreja adornó su rostro. Se le notaba satisfecho e incluso divertido con la supuesta venganza que había realizado.

- Obviamente eres libre de irte, no tienes puestos grilletes ni nada, pero no lo aconsejaría, y mi trabajo es precisamente informar y aconsejar a personas. – aclaró el estratega.- Para empezar porque no sabes en qué parte de Begnion estás y eso puede meterte en aún más problemas de los que tienes ahora mismo. Este país es extremadamente racista, y si caminas fuera de aquí eres básicamente un esclavo andante que está suplicando que le pongan cadenas. Además, nos pondrías a todos los que vivimos aquí en peligro por dos razones: la primera es que este hombre nos va a estar buscando a ambos, a ti para reclamar lo que cree que es suyo, y a mi para matarme si no lo hago yo antes. Si descubre esta casa, todos aquí estaríamos amenazados, y soy responsable de la vida de todos mis empleados y todos mis protegidos. – miró por los grandes ventanales de la habitación, por los que podía observar a muchos de los trabajadores en el jardín concentrados en sus tareas, inocentes a lo que sucedía en el despacho de su señor.- La segunda razón, es que con esta actitud que estás demostrando ahora mismo, intentarías vengarte de este sujeto o pagarlo con cualquier persona que encuentres en tu camino, y sin duda lo que hicieras sería asociado conmigo, y mi reputación es lo que nos da de comer. Si se viera manchada aún más de lo que está, un plebeyo como yo se quedarían sin trabajo, sin clientes, y seguramente sin método de supervivencia. – le explicó con seriedad, sus ojos rojos clavados en los del contrario como para hacerle entender que era muy importante.

Podría haberle explicado lo que le sucedería al Manakete si escapaba: muerte, tortura, diferentes tipos de dolor, pero en vez de eso jugó con las emociones del esclavo. Pretendía hacerle sentir mal, chantajearle con el terrible destino que le depararía a todos los habitantes de la villa si osaba huir. Había ordenado a los niños presentarse con los demás criados también, de modo que también influyera la presencia infantil para ablandar el herido corazón del muchacho y quitarle las ganas de escapar, porque si lo hiciera todas esas vidas se perderían, o eso le había hecho creer con su retórica. Lo que había dicho tenía mucho sentido, si no hubiera sido porque el hombre que buscaba a Izaya e Izaya eran la misma persona. Por supuesto, si Kija decidiera salir por la puerta, el informante no tendría más remedio que obligarle a quedarse por esas mismas razones de seguridad, pero esperaba que el dragón fuera lo suficientemente inteligente como para leer entre líneas. Su mejor baza era quedarse allí por voluntad propia, pues eso suponía seguridad, tres comidas calientes al día, un estilo de vida digno, una oportunidad de trabajo y, muy posiblemente, la oportunidad de retribuirse de la persona que le había comprado en primer lugar y de la que Izaya también quería vengarse. Así pues, el estratega se convertía en su mejor opción para ser libre sin temor, y poder devolver todo lo que le habían hecho. En su discurso, había dejado caer que se dedicaba a saber cosas de los demás, por lo que emplear esa clase de habilidades también le podría ser útil al Manakete pero solo si cooperaba con su nuevo jefe.

- Ahora, aclarado este malentendido, un mínimo de cortesía dicta que te presentes. – terminó por decir, una sonrisa divertida en sus labios pero no perdía el aire encantador y educado con el que le había estado hablando durante todo el rato.
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Re: [Social] Una libertad que huye. [Priv.Kija]

Mensaje por Kija el Sáb Ene 14, 2017 4:01 am

Aun que Kija se mantenía en absoluto silencio escuchaba atentamente todo lo que le decían.... no estaba de humor para charlas tendidas y amenas como las que suelen gustarle y de hecho, si no tuviese las entrañas revueltas por el estrés con un pequeña dosis de rencor quizá y hasta podría haberle caído bien el pelinegro. No lo tenían encadenado ni estaba restringido de ninguna manera más Kija no se sentía tranquilo, se sentía vulnerable sin su dragonstone y aquella sensación desagradable le burbujeaba en la boca del estomago.

- Hakuryuu.... -

Se limito a contestar cuando le pidieron su nombre, tomándose su tiempo para procesar todo lo que el hombre le había dicho. Un fraude, un supuesto rescate y al final de todas formas le daba a entender que debía quedarse soltando un montón de argumentos que parecían, de hecho, bastante razonables. No detectaba mentiras o duda en sus palabras porque simplemente aquello no se le daba bien. Miro hacia la ventana distraídamente admirando a todos los trabajadores y a sus hijos que arreglaban el jardín. El rostro del hibrido entonces se suavizo ligeramente más su mirada y sus gestos seguían siendo severos.

- Suena razonable.... aun que creo que está pasando muchas cosas por alto. Detalles importantes que, si no le molesta me gustaría hacerle saber. -

Le encantaría tener una taza de té en esos momentos, se sentía tenso, molesto, dolido y aquella humeante bebida probablemente lograría mitigar un poco sus malestares. Deseaba recostarse a la sombra de un árbol y retozar para despejar su mente, escupir todo el veneno llamado odio que aun merodeaba en su interior como una serpiente. No podía evitar sentirse inquieto y mostrar cierta hostilidad hacia su afinito en ese momento pues a diferencia de los humanos cuyos corazones y emociones cambiaban en cuestión de minutos, las criaturas longevas como Kija resentían mas las heridas emocionales, sus corazones y mentes tardaban mucho más tiempo en sanar que los humanos por que si, a los dragones les sobraba tiempo.

- Habla usted como si nunca hubiese estado en Begnion. Lamento decirle que si y, de hecho, viví aquí por una temporada. Bastaría que me indicara en un mapa donde me encuentro para poder orientarme así que esa no es una razón que me impida marcharme. Como segundo punto igualmente le hago saber que estoy al corriente de la percepción que se tiene aquí de mi raza.... se moverme por los lugares menos problemáticos, igualmente tengo amistades que son de confianza en este continente y podrán darme asilo si se los pido. Como ve, no corro ningún peligro. -


No tenía idea de que estaban tratando de engatusarlo, aun así el muchacho mantenía la cabeza fría, manteniendo la calma y la templanza pese al revoltijo de emociones poco gratas que se arremolinaban en su corazón, sentimientos que le torturaban hacia ya bastantes días.

- Quid pro quo ha dicho, cierto?. Expresión que significa ‘una cosa por otra’ y hace referencia tomar una cosa o persona a cambio otra, valga la redundancia. Me dice que estoy en deuda por salvarme de quien sabe que destino sin siquiera darme tiempo de agradecerle a mi manera. "Te doy libertad y a cambio trabajas para mi", sin preguntas, ni acuerdos, simplemente trabajar sin derecho a una paga sobre una suma que desconozco de por vida... perdone mi escepticismo pero desde mi punto de vista así no se trata a una persona libre, por que lo soy, no es así?. Le hago saber que yo vivire, por lo menos, unos 8 siglos mas que usted así que me gustaría saber que implica una "deuda de vida" en mi caso. Aun así, tomando en cuenta lo que me ha contado usted nunca pensó en mi bienestar si no en el propio; sacarme de una jaula por que otro humano ha manchado su honor no es una razón que yo considere válida para estarle agradecido, su finalidad no era mi rescate si no arreglar sus asuntos y de paso sacar provecho de mi situación. Desde que me recibió aquí no me ha preguntado cómo me encuentro, tampoco sobre si se algo de aquel que me hubiese capturado en primer lugar, no me ha preguntado si tengo hambre, si estoy sediento o cansado, siquiera me ha preguntado si deseo quedarme pues en lugar de eso usted solo "me aconseja que no me vaya". Lamento decirlo de esta manera pero su hospitalidad, Izaya, me resulta ofensiva. -

La rudeza no desaparecía de su semblante pues no estaba tranquilo ni cómodo, por mucho que estuviese en contra de su naturaleza en ese momento parecía guardarle cierto resentimiento a los humanos por igual.... en definitiva los dragones eran bastante tercos cuando algo se les metía en la cabeza.

- Solo.... déjeme acceso a una pluma y papel para poder contactar con algunos amigos que me ayuden a desplazarme sin llamar la atención. Punto y aparte, si lo que desea es limpiar su nombre lo peor que puede hacer es tenerme cerca pues solo acabaría reforzando los malos rumores. Tampoco diría que me hace gracia quedarme mucho tiempo en un "reino racista" como Begnion cuando tengo muchas otras cosas más importantes que hacer en otros lados. -

Finalizo suspirando con fastidio mientras que ponía su dedo pulgar e índice en su cien haciendo algo de presión, el agotamiento de aquella experiencia tan traumática comenzaba a agobiarlo y se manifestaba ya en síntomas como dolores de cabeza, mareos y visión borrosa a ratos.
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Re: [Social] Una libertad que huye. [Priv.Kija]

Mensaje por Izaya Orihara el Sáb Ene 14, 2017 9:37 am

Izaya asintió con una sonrisa cuando el Manakete le dijo su nombre, y esperó con paciencia a que se ordenasen los pensamientos en la cabeza de Hakuryuu, pues la gran cantidad de información que le había dado no solo había sido extensa, sino sorprendente al mismo tiempo. A su vez, el informante se dedicó a observar a su invitado con una atención que no se molestaba en ocultar. Sus ojos rojizos tomaron nota de cualquier característica que le pareciera interesante. Cuando el otro hablo, dejó que se explayara en sus opiniones sin interrumpirle. Tenía gran interés genuino en saber lo que pudiera decirle. Estaba claro que no iba a aceptar la oferta de Izaya de primeras, como nadie lo haría en sus circunstancias, pero al informante le pareció que iba en buen camino. Aún así, su rostro no mostró más que la misma expresión tranquila que había mantenido desde que Hakuryuu llegara a su puerta, a pesar de que por dentro estaba disfrutando con el juego. Si bien el laguz era laguz, y no un humano, había generado en él una expectativa atractiva y sorprendente que pocas personas lograban despertar en él, y eso era algo peligroso.

- Tus palabras reflejan una tremenda ignorancia de la situación. – comenzó a decir el estratega, su voz sincera como si le hubiera espetado lo más obvio del mundo.- Tu situación ha cambiado desde la última vez que estuviste en Begnion. Me atrevería a decir que antes viniste como un hombre libre, pero esta vez has llegado como un esclavo que, actualmente, tiene un precio a su cabeza porque eres mercancía desaparecida. No podrás llegar a la frontera de Begnion sin que te atrapen. La caída de tantos reinos en este continente, así como la liberación de Goldoa, tiene a todo el país en alerta. Las fronteras tienen una cantidad ingente de vigilancia y controles. Además, como te he dicho, este sujeto te está buscando y déjame decirte que si sales ahí fuera a la aventura, te encontrará. En Begnion todo es posible con posición y dinero, y este hombre tiene ambas. Era un antiguo noble de Crimea que se volvió loco cuando los Emergidos tomaron su país y obligaron a todos a huir. No obstante, tenía aún muchos contactos en Begnion y Daein así como reservas monetarias guardadas, de modo que podía planear la venganza contra, precisamente, estos dos países a los que culpaba de la caída de su reino. Pretendía usar tus poderes para hacer llegar un “castigo divino” sobre Begnion y Daein, entre otras cosas. – bufó un poco como si le pareciera la idea más estúpida del mundo.

- Si resultaba que su manakete era macho, le haría aparearse para tener más dragones, si fuera hembra, la haría concebir para tener más dragones. Así potenciaría el ejército que está creando y que no solo pretende utilizar retomar Crimea, sino para atacar a los mismos países que le están ayudando ahora mismo. Realmente esperas que una persona tan retorcida, que viajó a Plegia con el único propósito de comprarte y hacer que te enviaran a su residencia, ¿realmente esperas que desista en tu búsqueda? Déjame decirte que aunque ya no trabaje para él, tiene otros medios para encontrarte. Y cuando lo haga, créeme que lo que hayas vivido hasta ahora parecerá un camino de rosas en comparación. No solo te destruiría a ti, sino que arruinaría la vida de cualquiera que estuviera contigo o que te hubiera ayudado. Cuando un hombre vengativo tiene poder, riqueza, y hombres que le siguen puede hacer cualquier cosa que quiera.

Mientras había ido hablando, se había incorporado del sillón y había tirado de una cuerda cercana que colgaba del techo. Por un mecanismo que al final tenía un cordel con una campanita, permitía saber al servicio que su señor deseaba tomar un refrigerio. No tardaría demasiado en llegar un delicioso té acompañado por diferentes pastas y bocaditos. La tetera que una sirvienta le había traído con anterioridad seguía en su sitio, sin haber sido tocada, pero con el contenido ya frío o más tibio del que a Izaya le gustaba. Encima, no iba a darle a un invitado té pasado, sino que la etiqueta indicaba que debía mandar hacer uno nuevo y fresco. Además, era bastante obvio que Hakuryuu necesitaba algo que le calmase y que le abriera los ojos respecto a la situación: daba igual dónde quisiera huir, Izaya no lo permitiría, y haría lo posible por hacerle creer al dragón que el peligro al que se enfrentaba era tan real como ellos dos. No solo para el manakete, sino para todos los que vivían allí también. El modo en el que había caracterizado al falso noble de Crimea daba a entender que no iba a detenerse y que se trataba de un sujeto con potestad para actuar como considerase. Al fin y al cabo parecía haber hecho lo imposible por conseguir un manakete, y alguien así haría lo propio por recuperarlo si fuera una persona real, por supuesto, pero el estratega mentía tan bien, con tanta seguridad, que tal personaje podría por uno de carne y hueso y no uno ficticio. La dotes de actuación corrían en su familia.

- Y claro que es una deuda de vida. continuó con calma, pero no sin cierta obviedad, y volvió a sentarse de vuelta a su lugar tras el escritorio.- Podría haberte matado en esa asquerosa jaula en la que te trajeron, pero no lo hice. Podría matarte ahora mismo y no lo hago. Es más, ese sería el modo más lógico de proceder ya que me quitaría un serio problema de encima y no tendría que estar preocupado por saber si voy a ser atacado por su ejército esta noche, esta semana, o nunca. Mi intención era enseñarle a este hombre su lugar, y si murieras sería la forma más sencilla de cortarle sus aspiración y además hacer que perdiera dinero. Pero he creído que podrías ser más útil si estabas vivo y trabajabas para mi, según la lógica cuantitativa que he aplicado. No ayudo a los desamparados por gusto o desinterés, sino que como buen empresario busco siempre una ganancia. En realidad nadie ayuda a los demás a cambio de nada, solo que yo soy sincero en ese aspecto. – sonrió un poco.

- Tienes toda la razón en que buscaba sacar provecho. Se llama supervivencia. Pero en mi beneficio te has beneficiado tú, así que yo no juzgaría de manera tan severa a los demás. ¿Acaso solo vas a agradecerme si hago algo por ti por nobleza de corazón? El resultado ha sido el mismo, así que un “gracias” no estaría mal dado el caso. Me refiero, eres un laguz libre que ha podido evitar la esclavitud, y la muerte, y al que encima se le ha ofrecido un puesto de trabajo. Si quieres un sueldo, o discutir los términos y condiciones, soy todo oídos. Para eso estamos conversando, para llegar a un terreno común en el que poder negociar. No te he ofrecido un contrato cerrado, sino que he tenido en mente que podrías tener tus propias objeciones e intereses personales. Lo tengo en cuenta con todos mis empleados y tú no serías diferente. Aquí todos cobran según su trabajo y además tienen un lugar cómodo donde dormir, tres comidas calientes al día más té, protección frente a los emergidos, clases gratis de lectura y escritura, y muchas otras comodidades que la mayoría del mundo no disfruta. Hasta tengo varios trabajadores con sobrepeso cuyas mujeres me han pedido que les ponga a régimen. Así que no diría que mi oferta es mala, ni mucho menos. Se basa en las necesidades de ambos: yo necesito un secretario inteligente y capaz, y tú necesitas un lugar de descanso y protección, además de que me debes una, pero si consideras que lo que he hecho por ti no es nada de importancia, pues poco le puedo hacer al respecto. – se encogió de hombros y añadió: ni siquiera necesitaba preguntarte si eso es lo que necesitas porque es terriblemente obvio por tu aspecto. – dijo mientras le señalaba.- Y aunque no lo fuera, por lógica sería correcto afirmar que en ese asqueroso barco no te alimentaron con la mejor comida y no te dieron a menudo de beber.

Alguien llamó a la puerta y tras una confirmación de Izaya, una muchacha agradable y joven entró en la habitación con una bandeja que dejó sobre el escritorio y recogió la otra para llevársela de vuelta a las cocinas. Tranquilo, sirvió dos tazas y le hizo una seña a Hakuryuu para que se pusiera leche, azúcar o una rodaja de limón según su gusto. Él prefería el suyo más bien amargo, de modo que no le añadió nada. En un plato al lado de la vajilla de porcelana habían colocado varios sándwiches que el informante ofreció al dragón también con un gesto. Como si la interrupción no hubiera tenido lugar, continuó:

- Ahora bien, ¿por dónde iba? Ah, sí, lo del papel y la pluma. – miró al manakete y le sonrió con suavidad. - No tengo ninguna obligación moral de ayudarte a salir de Begnion. No soy una hermanita de la caridad. Si quieres irte, te lo he dicho antes, ahí está la puerta. Pero no tengo porque proporcionarte los medios para ello. Aún menos incluso cuando has dicho que mi hospitalidad te resultaba ofensiva. Primero me insultas y luego me pides ayuda, eso sí debería ser considerado ofensivo. Tampoco sé muy bien porqué me pides un favor si el último que te hice, que fue salvarte la vida, ni me lo has agradecido. Sé que la situación está cambiando demasiado deprisa, pero pareces inteligente, dejar que el odio nuble tu juicio para tomar decisiones razonables es muy peligroso y estúpido.
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Re: [Social] Una libertad que huye. [Priv.Kija]

Mensaje por Kija el Dom Ene 15, 2017 2:17 pm

Kija nuevamente escucho con envidiable atención lo que le decían aun que ciertamente no estaba en condiciones de lidiar con los problemas que tenían delante y su marcado desagrado por quien tenía enfrente se hacía cada vez menos notorio. No tenia forma de saber toda la red de mentiras que le estaban diciendo pero el joven hibrido era un hombre inteligente, por tanto y aun que tomara por verdadero el escenario que le planteaban no podía evitar sentirse incomodo ante la actitud que mostraba el contrario, incluso sintiendo que había alguna que otra amenaza oculta entre palabra y palabra. Tenía igualmente que lidiar con la identidad de aquel misterioso comprador que parecía obsesionado con él, admitía que en cierto punto sabia de la existencia de humanos de esa índole pero no esperaba que alguno se fuera a interesar por él; caía en cuenta que quizá había llamado mucho la atención en aquellas campañas donde prestó ayuda para la eliminación de los emergidos y al ser los manaketes una raza que no se había dejado ver en siglos entendía quizá la raíz de su problema. Aun con esas, con la información que recién le habían proporcionado Kija se pudo dar un respiro…. al parecer ese humano que tenía enfrente se preocupaba demasiado.

- Ya veo, es un plan terrible sin duda…. o lo seria de no ser porque es tan ridículo como intentar secar la ropa bajo del agua. -
Spoiler:

Comento atraído por el delicioso aroma del té que recién habían traído pues parecía uno distinto al que normalmente consumía. Se dio la libertad de tomar una de las tazas de ya que se la estaban ofreciendo pues era lo que sentía necesario para calmarse aun que fuera un poco, el tacto caliente de la taza le resulto reconfortante y aquella mirada severa y tensa en su rostro desapareció casi por arte de magia. Era una criatura tranquila después de todo, un gigante amable por así decirlo y ya que le daban la oportunidad de tranquilizarse se mostraba como realmente era.

- Dudo que esa persona pueda lograr su cometido aun si me captura de vuelta, comenzando por lo mas básico es que en este momento soy totalmente inofensivo…. no podría pelear o transformarme aun si así lo deseara, por tanto su plan de utilizarme como un arma de venganza seria un total fracaso. -

Bebió tranquilamente un sorbo de su taza de té, soltando un pequeño suspiro. El sabor era agradable aun que un tanto fuerte para sus gustos regulares, le había agregado un par de cubos de azúcar y con cada sorbo parecía regresarle un poco de color a su pálido rostro.

- El segundo error que ha cometido es que ha dado por hecho de que soy un manakete solo porque aquel que me ha vendido le ha dicho que lo era. La verdad es que soy un mestizo, padre manakete y madre humana para ser exactos…. eso quiere decir que dado el caso, si me forzaran a reproducirme, aun si fuese con una manakete habría altas posibilidades de que mi descendencia fuera humana -

No tenía problemas en admitir que era un hibrido, nunca los tenia y ese caso no sería excepcional. Había heredado la habilidad de su padre para transformarse pero estaba lejos de ser un laguz en su totalidad. Era inútil en ese momento tanto para propósitos bélicos como los reproductivos.

- El tercero y más importante es que por más que se esfuerce nunca tendrá el ejercito de dragones que desea por mas recursos y tiempo que invierta en ello. Es algo muy simple si se pone a pensarlo, queda claro si tomamos como base la pregunta "que edad cree que tengo?". -

Termino su taza de té sintiéndose un poco más relajado y con la mente despejada. Dibujo una sonrisa de medio lado, discreta y sutil pues aquello le hacia un poco de gracia. Había olvidado lo mucho que los humanos suelen exagerar las cosas, viendo peligros inminentes donde no había peligro alguno. Había tantas cosas serias de las cuales preocuparse que un hombre loco, o al menos desde esa perspectiva lo veía.

- Poco mas de 300 años, ve a donde voy Izaya?.  Soy un mestizo por lo cual mi crecimiento es…. por así decirlo más acelerado que el de un manakete pero mucho más lento que el de un humano. Un manakete de 300 años seguiría siendo apenas un infante y dado a que son la raza más pequeña de dragones que existe, a esa edad, aun transformados no serian más grandes que un perro.  En resumen, esa persona de la que me habla probablemente muera de viejo antes de poder criar siquiera al primer dragón. Por otro lado poco importa en verdad si me están buscando, a como está la situación actual de verdad cree que los soldados se van a preocupar de un esclavo fugitivo?. Sería tonto igualmente hacer público que soy un "manakete" ya que se arriesgaría a que otros quisieran ponerme el guante encima así que dudo mucho que haya una recompensa publica por mi cabeza…. Para finalizar, las armas humanas no pueden lastimarme o no lo suficiente como para doblegarme; si estoy en esta situación fue por que baje la guardia con la persona equivocada y no tome las debidas precauciones. -

Kija no temía el hecho de ser perseguido, había enfrentado a hordas enteras de emergidos por lo que suponía que un grupo de humanos con armas mundanas no serian ningún problema. Imaginaba que incluso, una vez tuviese acceso a una dragonstone pocos serias lo bastante valientes o tontos como para enfrentarse a un dragón, menos aun a hacerle enojar o nada similar. Dejando ese tema de lado había otras cosas a considerar, su situación era en verdad complicada y el joven de ojos rojos no se lo ponía nada fácil tampoco.

- Respecto a que no esta obligado a ayudarme, no, no lo esta y solo por lo que ha hecho tiene algo de mi gratitud; supongo que como usted ha dicho le debo por lo menos un "Gracias por no asesinarme" y mas sinceramente un "gracias por el té". Yo lo he llamado descortés y usted me ha llamado ignorante, diría que estamos a mano en ese asunto. Diré también que no deseo quedarme y no lo hare, por lo menos no mucho tiempo pero sí que le puedo prestarle mi ayuda una temporada…. un par de meses a lo mucho. Respecto a que le debo la vida porque "decidió no matarme" vamos a dejarlo en que tendré la misma consideración en el momento en que usted quepa en mi boca y así estaremos a mano. Al final si mi objetivo fuera pasar el resto de mi vida tranquilo y cómodo no me habrá marchado de mi hogar en primer lugar  -

Estaba siendo impertinente, lo sabía de sobra. Quizá fuera el hecho de lo irritante que le resultaba sentirse restringido, la facilidad con la que el llamado Izaya hablaba de lo fácil que habría sido solo matarlo o del hecho de que gracias al pelirrojo que lo vendió en primer lugar se había quedado a medias en algo tan importante como resultaba ser apoyar en la lucha de su tierra natal contra los emergidos o cosas tan simples como cumplir las promesas que les había hecho a sus amigos.
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Re: [Social] Una libertad que huye. [Priv.Kija]

Mensaje por Izaya Orihara el Dom Feb 05, 2017 3:42 pm

Izaya no había tocado su té, a pesar de que se había servido una taza. Su interés estaba puesto en algo mucho más interesante que cumplir la función de nutrición. Era sorprendente que un subhumano despertase su curiosidad hasta tal punto. Si bien había tenido escaramuzas con otros laguz con anterioridad, nunca le habían llamado la atención como lo hacía la raza humana. No es que el estratega fuera especialmente racista, o por lo menos él no se consideraba así, sino que su método de ver las cosas era mucho más pragmático. La razón por la que pensaba que los laguz eran inferiores, en cierta manera, a los humanos, era porque eran más predecibles y más aburridos que ellos. No les odiaba, ni les guardaba ninguna clase de rencor, sino que como pensaba que sus instintos les hacían actuar de forma obvia, como animales, no despertaban en él más que hastío e indiferencia: para él, eran monstruos. Había decidido esclavizar a un manakete porque, según la información que había averiguado, eran las criaturas en el mundo laguz que más se asemejaban a un humano.

De no ser por el brazo amorfo de Hakuryuu, casi podría pasar por uno. Era interesante y sorprendente que pudiera sujetar la taza sin romperla. Debía de tener un buen control sobre sus habilidades si las garras ni siquiera rallaban la fina porcelana de la vajilla. O quizás era que el té tenía una especie de efecto sedante en él. No le conocía lo suficiente como para saber eso, pero esa clase de información solo era cuestión de tiempo averiguarla. Al fin y al cabo el dragón no se iría de allí en una buena temporada, aunque eso no es algo que él supiera en esos instantes. Pobre iluso, aún creía que tenía opciones de escape o de ser libre. Izaya le había devuelto la esperanza perdida, aunque fuera una pequeña ilusión, un laberinto de mentiras sin salida y sin un patrón claro que diferenciara los recovecos y callejuelas del interior. El manakete parecía fardar de lo mucho que parecía conocer, gracias a su edad, y de lo estúpido que había sido el plan del supuesto hombre que pretendía esclavizarle.

Izaya ya sabía, sin que el otro se lo dijera, la gran cantidad de fallos que tenían las ideas que le había relatado. Las había formulado de tal manera para que fueran defectuosas y ridículas, algo totalmente contrario a lo que él haría en la misma situación. Tenía tres razones para haberlo hecho: la primera, para continuar con la farsa que había montado y diferenciarse aún más de la identidad del falso comprador; lo segundo, para medir la inteligencia de Hakuryuu: tenía que comprobar que su nueva adquisición no era corta de mente o fácil de engañar ya que necesitaba gente inteligente que trabajase para él; y la tercera, para sacar información sin necesidad de parecer interesado en adquirirla. No había mejor forma de responder preguntas que fingiendo no buscar la respuesta.  El manakete había hecho un gran trabajo en desvelar datos útiles y que Izaya absorbió como una esponja. Hubo cosas que le gustaron y otras que no tanto, pero su rostro se mantuvo con la misma expresión sonriente y tranquila, aunque de vez en cuando alzaba las cejas en falsa actitud de admiración.

En su interior, el informante era una persona totalmente diferente: sintió cierta rabia cuando se le dijo que no era un manakate puro, sino un híbrido entre humano y laguz. Había pagado por uno que fuera auténtico, no una especie de “marcado”. Ah, lo que le pasaba por confiar una persona tan estúpida como Gaius. Por suerte, tanto para Hakuryuu como para él, no parecía que el ser un mestizo fuera un impedimento para ejercer como un manakete porque, según le había dejado caer, él también podía transformarse. Necesitaba a alguien con habilidades especiales y si el dragón hubiera resultado ser como un humano normal, salvo por su sangre monstruosa, habría preferido prescindir de él o simplemente parar ese juego que habían iniciado. Las razas laguz de Akaneia debían de ser diferentes a la de Tellius, si le estaba diciendo la verdad y tenía todas las mismas capacidades de un Manakete puro a pesar de haber nacido de una madre humana. Indagaría en el asunto más adelante, y se centraría en cosas más urgentes por el momento.

- Tienes toda la razón en que la estrategia de este sujeto no era demasiado inteligente. Yo ya le dije que los dragones no son como los laguz felinos, pero cada cuál cree lo que le conviene. – se encogió de hombros y apoyó la cabeza en su mano, con el codo recostado sobre la enorme mesa de madera oscura, repleta de objetos pero todo colocado de forma nítida e impecable. Le sonrió. - Te felicito por llegar a esa edad, es mucho más de lo que la mayoría pueden presumir. Pero aún así, con tantos años a la espalda, deberías saber ya que casi todos los humanos de este planeta harían lo que fuera por dinero, incluso dedicarse a la búsqueda y captura de un laguz dado a la fuga. Además, esto es Begnion, aquí la gente se toma muy en serio el sentido de la propiedad, en especial lo concerniente a esclavos. Pero bueno, puesto que tampoco puedo estar seguro de la resolución de este conflicto o cómo se va a desarrollar con plena convicción, lo lógico en mi caso, y el tuyo, es jugar seguro. Mejor prevenir que curar, ¿no es así? Al fin y al cabo, como bien has dicho tú, fue un error de falta de seguridad lo que te ha llevado hasta aquí. – le comentó de forma obvia y fijó su mirada rojiza e inteligente en los ojos azules de Hakuryuu. – Y si encima estás en un estado en el que no puedes defenderte, con más razón aún. Me alegro de que consideres mi oferta aunque sea en el lapso de un par de meses.

Después, se echó hacia atrás y se rio con muchas ganas ante las últimas palabras del dragón.- Además, creo que va a ser interesante tenerte por aquí. ¡Nunca me habían amenazado con comerme! No en esta clase de circunstancias, al menos. No puedo negar que me resulte cuanto menos peculiar: siempre he pensado que he de saber delicioso, pero mi constitución es bastante menuda y carezco de grandes trozos de carne que puedan aportar demasiado. A lo sumo sería un montón de huesos con los que uno se atragantaría. Me temo que es algo que corre en mi familia, si soy sincero. Aunque tampoco es que tenga mucha intención de comprobarlo, estoy bastante bien como estoy ahora, gracias. – le bromeó con un tono ligero, sin sentirse amenazado en lo más mínimo por el dragón.

Iba a añadir algo más cuando llamaron a la puerta. La misma criada de antes se asomó a la puerta con el rostro preocupado y las cejas fruncidas. -Mi Señor, lamento molestarle pero la joven Lydia se ha caído del pony, creemos que se ha hecho daño de verdad. – Comenzó a decir.- Estaba cabalgando en el campo de atrás cuando algo asustó al animal y la joven Lydia se cayó al suelo. Ya hemos mandado llamar a un médico, pero la niña insiste en que vaya usted con ella, mi señor. – Izaya le había comprado un pony a la niña después de lo bien que se había portado cuando habían visitado a Lord Eliwood. Le había prometido un caballito si ayudaba a conseguirle el trabajo, e Izaya cumplía sus promesas a pesar de ser un mentiroso y un cobarde. Sabía desde el principio que era una mala idea, pero bueno, que se le podía hacer. Los niños eran bastante idiotas en general. – No te preocupes, querida. Ya había terminado con el Señor Hakuryuu de todas formas. Dile a Lydia que enseguida estaré con ella. Antes acompañaré a nuestro invitado a sus aposentos. Mientras, llevadla a su cuarto y dadle un vasito de ginebra para calmarla antes de que llegue un sacerdote. Ya sabes cómo se pone con cada herida que se hace. – Le sonrió y la sirvienta hizo una reverencia antes de salir a cumplir lo mandado, dejando la puerta abierta.

Izaya se incorporó y caminó hacia la salida.- Creo que ya continuaremos más tarde con esta conversación. Tengo asuntos que atender y creo que te vendría bien dormir un poco. Sígueme, tu cuarto no está lejos.
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Re: [Social] Una libertad que huye. [Priv.Kija]

Mensaje por Kija el Mar Feb 07, 2017 7:02 am

Kija no pudo evitar soltar un pequeño suspiro, se sentía aun bastante inquieto sin lograr entender por qué exactamente.... quizá solo seguía arisco por la experiencia tan desagradable por la  que había pasado siendo bastante probable que tratase con recelo a los seres humanos por una buena temporada; al final las heridas emocionales de una criatura tan longeva como lo era el tardaban mucho en sanarse y, de momento, sentía que de momento ya había sufrido suficiente.

- El mundo no es un lugar tan cruel como pretende hacerlo ver, Izaya. -

Negó suavemente con la cabeza ante aquellas palabras. No habían sido pocos los sinsabores que había experimentado a lo largo de su viaje pero así mismo conoció gente maravillosa a lo largo y ancho de sus recorridos por el mundo, tanto humanos como laguz que luchaban por ideales nobles, amables, admirables... esa otra cara de la moneda de la cual el humano frente a el parecía insistir en no ver. Le entristecía en cierto punto el pensar que pasaría los próximos meses al lado de una persona que pensaba de aquella manera, egoísta al punto de salvarle solo para beneficio propio.... Cerró los ojos un momento mientras daba sus últimos sorbos de té, reconfortado por la única calidez que era capaz de recibir en ese momento.

Frunció igualmente el seño en cuanto el otro se rio de él.... al parecer no había logrado hacerle llegar el mensaje que realmente deseaba trasmitirle. Era verdad que en cierta forma le había lanzado una amenaza pero era una destinada a hacerle ver lo ridículo que sonaba el pedir que alguien muestre gratitud cuando prácticamente le sueltas a la cara que podrías matarlo en cualquier momento, no se sentía a salvo y por sobre todo no sentía que le debiese nada a aquel humano que lograba saltarle las alarmas.... casi como si muy dentro de sí sintiese que "algo" estaba fuera del lugar.

Kija sabia de sobra que su situación no era buena y eso le deprimía en gran medida, para su desgracia la honestidad del manakete se reflejaba claramente en sus expresiones siendo el muchacho de pelo albino mas fácil de leer que un libro para niños.  Demasiado honesto para su propio bienestar y más blando que un pan recién horneado, un corazón noble que no dudaba en cuidar a otro aun si ello le atraía repercusiones... Afortunadamente era bastante sabio e inteligente como para racionalizar las cosas, siendo permisivo pero nunca tonto o ignorante. La atención del hibrido se centro entonces en cuanto entro la criada quien antes había tocado la puerta por lo que Kija no pudo evitar dar un pequeño respingo, después de todo aun se mostraba desconfiado para con los humanos y su guardia estaba bastante alta en ese momento.... cualquier movimiento brusco o aumento de voz parecían ponerlo nervioso y su actitud defensiva saltaba a la vista aun para aquellos que no eran observadores.

Se mantuvo callado, sin ganas de decir palabra alguna mas mostrando un notorio gesto de preocupación en cuanto se entero de la noticia.... imaginaba que hablarían de alguien joven si usaba una montura tan pequeña como un poni y, aun que suelen ser animales relativamente mansos un accidente con un caballo a veces podía ser bastante grave. Sintió que el corazón le daba un vuelco al imaginar a la pobre criatura sufriendo por dicho accidente.... quizá si usaba su aura podría mitigar un poco el dolor de la jovencita en lo que llegase el clérigo pero no se animaba a decir palabra al respecto, siquiera estaba seguro de poder liberar aquel poder bajo las condiciones en las que se encontraba, incapaz de ver a los humanos de ese lugar con buenos ojos.

- Espero que no sea grave.... -
Spoiler:

Se limito a comentar el joven mientras se mantenía cabizbajo y preocupado, sabiendo de sobra que poco podía hacer para ayudarla al no tener una capacidad curativa per se.... pero quizá incluso podría preparar un medicamento si tenía acceso a plantas medicinales pues tenía un vasto conocimiento de ello. Aun con esas, su acongojo más grande era su debate interno sobre si debía decir algo o no... si era buena idea mostrar sus habilidades frente a alguien a quien, si bien no le tenía entera confianza, activamente le desagradaba un poco.
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Re: [Social] Una libertad que huye. [Priv.Kija]

Mensaje por Izaya Orihara el Sáb Mar 25, 2017 9:54 am

A Izaya le hacía gracia que el manakete siguiera siendo tan optimista a pesar de lo mucho que debía de haber sufrido. Parecía que sentía una especie de aversión hacia los seres humanos, normal después de haber sido apresado por uno y vendido como esclavo a otro, pero ese rechazo no se extendía hacia “el mundo” como concepto general. Quizás se refería solamente a los laguz que formaban parte del planeta, o a los híbridos como él. Lo cual no dejaba de ser estúpido porque había más humanos que laguz habitando la tierra, en especial con la caída de cuatro de los cinco países principales en los que habitaban esas criaturas: Gallia, Phoenicis, Kilvas y Hatari. Según su información, al parecer todos los emergidos de Begnion habían escapado a estas regiones y eso había propiciado su destrucción y matanza de sus ciudadanos. Posiblemente, que Daein se hubiera librado de gran cantidad de ellos también debía de haber tenido algo que ver. Se nuevo, la superioridad humana se superponía a la laguz. Si, por el contrario, “mundo” incluía a todos los seres dotados de mínima inteligencia, no podría más que considerar a Hakuryuu un hipócrita por sentirse tan amenazado por él.

Sin embargo, Izaya no le culpaba. Al contrario, entendía a la perfección que nadie confiara en él, aunque de normal eso sucedía cuando mostraba sus cartas y, por ende, la vida de alguien era arruinada. Lo interesante era que, mientras la mayoría de la gente confiaba en el estratega hasta el final, el dragón parecía leerle muy bien. No es que el informante tuviera especial consideración en fingir su naturaleza en esa situación, como lo había hecho con Eliwood, pero como mínimo debía evitar que el manakete le viera como un enemigo directo porque si no sí que sería una auténtica molestia. Por suerte, el mismo Hakuryuu le había asegurado que no podía transformarse en esos precisos momentos. Debía llegar al final de ese asunto, pues sus libros tenían versiones contradictorias sobre la capacidad transformativa de los manaketes, aunque lo pospondría a más adelante, cuando no tuviera que lidiar con la niña que se había caído de su estúpido pony.

Si bien el híbrido parecía preocupado por ella, Izaya no demostró verdadera ansiedad por la situación. Conocía a Lydia y sabía que era una pequeña mentirosa y una gran actriz. Capaz era de haberse tirado ella misma del animal para llamar la atención. Su atención, específicamente. Quién sabía. El informante era una persona analítica que confiaba por encima de todo en lo que él mismo veía. Ya juzgaría con sus propios ojos lo que había sucedido en verdad, pero no perdería el sueño entre medias. Por lo que caminó con tranquilidad a la salida y le hizo una seña al manakete para que siguiera sus pasos. – No te preocupes, Hakuryuu. Estoy seguro de que no es algo grave, pero, aunque lo fuera, estamos equipados con todo tipo de personal y suministros para hacer frente a cualquier problema. Durante la invasión de los emergidos, esta parte de Begnion estuvo muy amenazada y desabastecida, por lo que los pocos que nos quedamos aquí hicimos lo posible por ser autosuficientes y no tener que depender de nadie, ni del Gobierno, ni del ejército, ni de mercaderes y demás. Por supuesto, eso no quiere decir que no agradezcamos que hayan logrado hacer que esos terribles seres se vayan, solo que ya podrían haberse dado un poco más de prisa y conciencia. No han sido años fáciles aquí, pero bueno, hemos logrado sobrevivir, como estoy seguro de que lo hará Lydia. No pierda el sueño por ello. – le comentó mientras iban internándose en la mansión.

Todo el interior estaba limpio y muy cuidado, con criados yendo de arriba a abajo con tareas del hogar y demás menesteres. Todos aquellos con los que se cruzaban, al verles, hacían una suave reverencia acompañada por un “Señor Orihara”, algunos incluían un breve informe sobre su actividad del día, a lo que el informante respondía con una sonrisa y un cumplido o sugerencia de mejora. Justo en el momento en el que dos sirvientas estaban saludándoles a ambos, un grito agudo pudo escucharse en la cercanía. No en el mismo pasillo, pero sí en ese piso y seguramente a un par de corredores de distancia. Entonces, Izaya dejó la conversación de manera abrupta y se asomó a una de las galerías de la gran casa. Un grupo de personas cargaban a una niña llorando, con pecas salpicando su rostro rollizo y las mejillas rojas por el llanto. Se agarraba la muñeca izquierda que estaba hinchada, y emitía pequeños gemidos de dolor mezclados con hipidos. En cuanto advirtió la presencia del estratega, su rostro se contrajo aún más y comenzó a llorar con muchísima más vehemencia y dramatismo. – S-señor Ori-hara… M-me duele…- se lamentó la pequeña mientras hacía un gesto para que Izaya la cogiera en brazos y fuera él quien la llevase a su cuarto.
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Re: [Social] Una libertad que huye. [Priv.Kija]

Mensaje por Kija el Miér Abr 19, 2017 8:11 pm

Le decían que no tenía nada de qué preocuparse aun que francamente no podía evitarlo. Aun así, seguía sin decir palabra al respecto pues nuevamente no estaba seguro aun de donde había ido a parar y por ello no creía prudente hablar más de la cuenta. Mal que le pesara de momento se sentía bastante inquieto y alterado por lo que difícilmente accedería a cooperar con cualquier cosa que se le pidiera, después de todo los manaketes eran criaturas tercas cuando bien se lo proponían. El trato del humano de cabello negro para con sus trabajadores no era malo, de hecho todos parecían bastante satisfechos, sin embargo el seguía sin sentirse totalmente bien al respecto…. quizá fuese en parte responsable la charla que tuvieron unos momentos atrás. Pese a todo Kija se mantenía respetuoso y tranquilo pues aun que sintiese que algo no andaba bien el otro no le daba señales de querer hacerle daño pese a sus amenazas y por tanto el joven maniquete tampoco reaccionaba de una mala manera…. aceptaría la hospitalidad de momento y se iría de aquel lugar en cuanto tuviese una oportunidad pues aun había muchísimas cosas que debía de hacer.
 
Punto y aparte, pese a que sabía que no podía culpar a todos los humanos pos su situación ciertamente de momento su corazón se sentía de alguna manera traicionado, era incapaz de verlos como aliados pese a que su cabeza le repetía una y mil veces que nadie en ese lugar era un enemigo. Esto se reflejaba en aquella aura tan misteriosa que solía emanar de el naturalmente, la cual en ese momento brillaba por su ausencia…. por supuesto que quienes no la hubiesen sentido antes no tenían posibilidad alguna de notar que faltaba pero el muchacho alvino sí que se percataba de ello y aun que fuera consciente de que eso contradecía enormemente su usual ideología no podía hacer nada al respecto. No sentía que estuviese tranquilo, en un lugar seguro o rodeado de aliados; más bien se sentía como un prisionero de aquella situación que escapaba totalmente de sus manos.
 

Kija entonces admiro en silencio la escena después de haber escuchado los estruendosos llantos…. casi tan rápido como él te logro calmarlo el joven manakete relajo mas sus facciones pues aun si lo intentaba activamente no podía ver a un niño como un enemigo, y menos aun si este lloraba desconsolado a causa de haberse lastimado. El carácter gentil del hibrido difícilmente podía ser erradicado por malas experiencias; por mucho que estuviese mental y emocionalmente herido no podía pelear contra si verdadera naturaleza por lo que se acerco un poco casi de forma automática en pos de atender a la niña que parecía sufrir mucho. En ese momento, casi como un suspiro, el aura de Kija logro manifestarse por unos momentos bastante efímeros, mas cuando sus ojos contemplaron que la torcedura de la niña no era tan grave como su llanto hacia parecer esta volvió a desaparecer, quizá porque dentro de sí el muchacho de ojos celestes entendía que no era necesario actuar en ese momento por lo que dejaría que su anfitrión acabase por resolver el problema. Con ojo crítico el manakete se limito a seguir observando cómo se desenvolvía la situación, sin intentar intervenir a menos que fuese necesario tal como solía hacerlo.
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Re: [Social] Una libertad que huye. [Priv.Kija]

Mensaje por Izaya Orihara el Miér Abr 26, 2017 1:17 pm

Se aproximó a la niña y la tomó en brazos. La pequeña, con su brazo bueno, rodeó el cuello del estratega y comenzó a llorar desconsolada en su hombro. Izaya suspiró y le dio varios golpecitos suaves en la espalda para confortarla. – Ya está, ya está. Sé una niña buena y pórtate bien mientras te cuidan, ¿vale? Luego les diré a los cocineros que te hagan tu postre favorito para cenar, pero solo si te portas bien de verdad. Y eso incluye dejar de llorar. De todas maneras, ¿No te dije que no montaras sin la supervisión de un adulto? Los animales son animales, ya lo sabes muy bien. No se pueden controlar, al final harán lo que sus instintos les digan. Y te lo he dicho mil veces, Lydia: no te metas en ningún percal si no estás segura de salir vencedora en toda clase de situaciones. – le fue regañando Izaya, usando una voz suave, aunque cansada, como alguien que ha repetido lo mismo una y otra vez. La pequeña comenzó a llorar con más ahínco cuando escuchó las palabras de reprimenda de su tutor.

Ah, no tenía caso. Como los animales, los niños también hacían lo que querían. No podía culparla del todo, él a su edad había sido mucho más impertinente y temerario. Era normal que se le pegaran algunas características propias al tenerle como maestro. Aun así, no podía evitar sentirse algo molesto, como siempre sucedía cuando le interrumpían en sus maquinaciones o en su trabajo. Era un hombre muy ocupado, cuyos servicios se requerían por muchas personas en muchos lugares del mundo, y perder el tiempo no era algo que le gustara demasiado, aunque muchos creyeran que así era. Estaba acostumbrado a ser eficiente, rápido y metódico consigo mismo, lo que trataba de aplicar a los trabajadores y residentes de sus tres casas repartidas por el mundo. Sin embargo, esa tarea se probaba como algo complicado por la diferencia en personalidades, edad y ambiciones. Mientras que la mayoría buscaban una vida tranquila, lejos del fragor de los conflictos y el odio y muerte del exterior, Izaya anhelaba verlo todo en su mayor y caótico esplendor.

Sabía que era diferente, y se vanagloriaba en esa distinción que le separaba de los comunes mortales. Aunque hubiera veces que debía descender a tierra y lidiar con las responsabilidades a su cargo. En ese caso, era cuidar de Lydia hasta comprobar que podía volver a dejarla sola sin que creara una escena de melodrama que en más de una ocasión había molestado de sobremanera al informante. Gracias a los dioses, Izaya tenía una paciencia infinita, en especial hacia el género humano, que apreciaba por encima de todos los demás. No tenía caso seguir regañando a la niña en aquel estado, por lo que dijo: Veamos qué dice el médico cuando te vea. Seguro que no es nada, por favor cálmate. Ya no eres una niña pequeña, ¿verdad? Eres mayor. Y los mayores nunca lloramos. – Por supuesto que los adultos lloriqueaban. A veces incluso más que un infante, pero eso no era algo que el estratega quisiera decirle a Lydia en aquellos momentos.

Se giró hacia Kija y cuando fue a abrir los labios para despedirse, sintió algo que le hizo fruncir los ojos con una suavidad imperceptible. Izaya mantenía un control neurótico sobre sí mismo y sus sentimientos. Pero por unos breves instantes, pudo notar como algo cambiaba dentro de sí sin razón aparente salvo el hecho de que el manakete se había aproximado a ellos. No tenía pruebas de ello, pues la sensación desapareció tan rauda como había comenzado, pero no pudo más que pensar que había sido obra del dragón. La niña incluso disminuyó su llanto, lo que dudaba que fuera por su reprimenda, ya que los más pequeños se quejaban más en caso de recibir una regañina. Esa calma que había experimentado, debía de tener por causa alguna clase de habilidad extraña de Hakuryuu, puesto que era impropio de él el sentirse de esa manera. Iba en contra de su personalidad, sus ambiciones, y sus deseos. Lo detestó por ello, por cambiar algo de sí mismo que no tenía intención de cambiar. Pero ese rencor no se hizo presente en ningún momento en su rostro. Lo único que permitiría a Kija saber que Izaya se había dado cuenta de su pequeño truco fue el hecho de que el estratega le miró muy fijamente, con sus ojos rojos algo entornados como si le analizara.

- Me temo que tengo las manos ocupadas ahora. Pero estas dos amables muchachas se encargarán de ayudarte en lo que necesites. – hizo un gesto con la cabeza a las dos sirvientas que antes había visto en el pasillo y que se habían acercado a ver qué es lo que sucedía. – Llevadle a su nueva habitación y dadle lo que desee de comer y de beber. – después se volvió hacia el manakete y añadió: y si quieres un baño, lectura, o cualquier otra cosa, no dudes en pedirlo, Hakuryuu. Al fin y al cabo, eres mi invitado, y se te tratará como tal. Espero que descanses. Ya hablaremos mañana, si te parece. – Le sonrió, y dicho esto, se dio media vuelta con la niña que continuaba gimoteando y se internó por otro de los pasillos que llevaban a la habitación de la pequeña, dando fin a su primer encuentro. Las muchachas, por su parte, hicieron un gesto al dragón para que las siguiera.

De ese modo, los hilos del destino volvían a tejerse en una nueva historia, enganchando a nuevos actores y nuevas puestas en escena, sin posibilidad de salida o de pérdida. Como un enorme guiñol en el que el escenario era el mundo. Al mismo tiempo, una libertad huía rauda y lejos. Pero la pregunta era, ¿de quién era esa libertad?
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Re: [Social] Una libertad que huye. [Priv.Kija]

Mensaje por Kija el Jue Mayo 11, 2017 8:20 am

El joven humano parecía manejar la situación de forma bastante decente, la niña por supuesto no ponía mucho de su parte pero nada podía hacer para ayudarla y menos aun cuando su propio estado de ánimo era tan precario y sombrío. Aun así, la mirada celeste del manakete se topo de lleno con los ojos carmines contrarios que le miraban fijamente, sintiendo un escalofrió extraño sin saber la razón de porque pues no sentía hostilidad alguna por parte del joven humano. De todas maneras solo se limito a asentir con la cabeza ante las palabras contrarias pues no tenía que decir o aclarar así que se retiro con un ligero y educado inclina miento de cabeza antes de seguir los pasos de las jóvenes que lo guiarían a lo que sería su habitación por quien sabe cuánto tiempo.

- Desea que le traigamos algo de comer? -

Pregunto una de ellas a lo que el manakete se limito a lanzar un pequeño suspiro…. no era culpa de las jóvenes, siquiera del pelinegro el que quisiera alejarse de los humanos en ese momento, lo sabia pero la presencia contraria le parecía molesta y poco grata. Aun con esas, se admitía a si mismo que efectivamente tenía algo de hambre pues podría decir que las desabridas sopas que le dieron en esa jaula no le alimentaban demasiado.

- Un poco de té y algo sustancioso seria grato, gracias. -

Como siempre era educado y correcto, no se desquitaría con quienes no tenían la culpa de su situación y no respondería de mala manera siempre que el trato fuese mínimamente cordial, de momento y por poco que le agradase el asunto no le quedaba más que descansar, reponer sus fuerzas así como intentar sanar sus heridas tanto físicas como emocionales…. llevaría tiempo y quizá una vida tranquila como el pelinegro se la había prometido no fuera tan malo después de todo, por una temporada al menos.

Llego a lo que sería su habitación a partir de ahora, un lugar con todas las comodidades esenciales para descansar de forma adecuada, una cama cómoda, una mesita de noche…. nada muy ostentoso y que increíblemente llego a gustar al joven albino. Se recostó en la cama sintiendo su cuerpo pesado, agotado en todos los sentidos…. quizá una siesta, una pequeña podría mejorar las cosas; por supuesto hablando de manaketes una "siesta pequeña" era muy relativa. Sin ser consciente de ello Kija se sumió a sí mismo en un letargo profundo y pesado, quizá era una manera en la que su propio corazón se encerraba a sí mismo para poder recuperarse. Era por ello que el muchacho alvino no despertaría por mas estímulos que recibiera del exterior, estaba dormido pero era simplemente parecía incapaz de reaccionar…. y efectivamente, no lo haría hasta pasadas un par de semanas.
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Re: [Social] Una libertad que huye. [Priv.Kija]

Mensaje por Eliwood el Miér Jun 14, 2017 12:58 am

Tema cerrado. 50G a cada participante.

Izaya obtiene +1 EXP.
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Re: [Social] Una libertad que huye. [Priv.Kija]

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