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San [a lonely wolf]

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San [a lonely wolf]

Mensaje por San el Vie Dic 09, 2016 4:11 pm

Nombre del Personaje
Laguz, Wolf
...

Datos
Nombre: San

Edad: Real 19 años, aparenta 17

Clase: Laguz, Wolf

Afiliación: Hatari, Tellius

Ocupación: Cazadora, Salvaje

Personalidad
San es increíblemente alegre y divertida, le gusta chapotear en ríos, subir a árboles, escalar montañas y correr por los montes. Siempre y cuando esté sola. Sólo se siente ella misma en soledad o acompañada de animales salvajes. Es raro que se acerque a ciudades e imposible que lo haga con otros seres humanoides. Ante cualquier ruido se refugia en la piel de su hermana y su máscara y no busca huir sino matar a todo lo que le parezca una amenaza (claro a menos que sea una clara batalla perdida). Aunque prefiere los métodos prácticos y rápidos a la hora de resolver problemas, porque aseguran una rápida huída y por supuesto la supervivencia, disfruta mucho de emboscar y plantear trampas. Siempre analiza todo lo que le parece enemigo antes de tomar acción, sea cual sea. Sus instintos son fuertes pero sabe controlarlos y evaluar las opciones que le aseguren su supervivencia antes que la satisfacción de sus impulsos.

Tiene un profundo respeto y conexión por la naturaleza por lo que busca que todas sus reacciones sean en beneficio a ella, o al menos no la perturben en lo más mínimo.

Posee un odio irracional por los magos oscuros y todo lo que se relacione a Grima. A pesar de sentir la necesidad de despejar qué sucedió aquella noche no quiere develarlo ni inmiscuirse en la brujería, tiene muy en claro que nada de lo que pueda llegar a saber tiene algo positivo que brindarle y mucho menos dará solución o devolverá algo de lo perdido.

Ante los desconocidos puede dar la impresión de recelosa, y es claramente desconfiada y reservada. El hecho de no poder hablar no ayuda, ya que no hace –tampoco.- ningún esfuerzo por comunicarse con otros.

Historia del personaje
San es nació en una comunidad Wolf nómade originaria de Hatari (país al que, por tradición, regresan al menos una vez al año para celebrar la “tierra madre”). Podemos decir que su infancia fue normal. Mordisquearse entre hermanos de camada, corretear en cada espacio verde, ayudar en la caza y pesca tanto para alimentar a la tribu como para las esporádicas transacciones en los pueblos o ciudades de turno para tener algo de gold. De sobra decir que la niña amaba esa clase de vida, libre, perfecta y equilibrada. Todo congeniaba, cada raza de forma encajaba en su sitio, todo tenía un papel asignado, una razón. El mundo tenía un encastre perfecto…

Hasta que, en la primavera de sus 9 años, llegaron al sector de ruinas de Plegia. Aunque el sitio daba mala espina al comienzo, el recibimiento por el primer pueblo fue tan cálido que lo dejaron atrás. Se celebró, por su llegada, un gran banquete con bailes y festejos como los que nunca habían visto antes. Las mesas eran interminables y todos muy serviciales. Los shows entretenidos y los bailarines invitaban a la tribu a participar de las danzas con todo el ímpetu.

Se les asignaron, incluso, varios cuartos para dormir. Con ropa de cama blanca, limpia y colchones cómodos y mullidos. Se acotaron con sonrisas pintadas y estómagos llenos, listos para reponerse y continuar su camino el día siguiente.

San abrió los ojos a media noche, fuera de su cama. El viento despeinaba su cabello y el aroma de su madre la rodeaba. No era eso lo que le alteraba, sino el constante movimiento y el ambiente cargado de ceniza y olor a sangre.

- ¿Mamá? –Alzó la cabeza, indudablemente estaba en el lomo de su madre convertida, una de sus hermanas mayores la sujetaba con firmeza.- ¿Q-Qué pasa? –Alternó los ojos entre la nuca del lobo y la cara de su hermana. Se oían aullidos por doquier.

- …no han emboscado, tranquila, saldremos de aquí. –Su hermana hablaba en susurros, su madre seguía al trote con la vista al frente.- No huelas. –Le pidió tomándola con dulzura de la nuca para esconderla entre su pecho y el pelaje de la loba. Le hubiera gustado forcejear, quitar el rostro del refugio, demostrar que como todo Wolf era valiente y podía enfrentarlo; pero el miedo fue más fuerte y obedeció sin rechistar.

Los minutos era agonía, mitigantes, y se detuvieron, como su corazón, cuando su madre se desplomó. Entendió el gruñido a la perfección: “huyan”. La miró desesperada, aferrándose a su pelo mientras su hermana la tironeaba por la espalda. ¿Porqué se había caído? ¿Qué pasaba? ¡No quería dejarla!

- ¡SAN! –La regañó su hermana jalando con más fuerza. La separó dejando a la niña con pelo entre los dedos y viendo cómo una flecha se clavaba en el suelo, allí donde cinco segundos antes estaba su mano. Fue colgada como un saco de patatas mientras emprendían una nueva huída.

A donde fuera que mirara veía lobos emprendiendo batallas. Peleando contra aquellos hombres de túnicas que habían sido tan buenos anfitriones. Cuerpos de todo tipo regaban el suelo casi de forma tan asidua como la sangre.

Giró la cabeza sobre el hombro, viendo la salida a unos metros. La gran puerta de entrada se alzaba al frente y varios miembros de la tribu se unían por los distintos laterales a ella. Lograrían salir muchos y entre ellos no se hallaba su madre…

A pesar de la confusión y la angustia, una pequeña parte de ella se sentía aliviada, a salvo con la sola existencia de esa puerta. Enfilaron, ya juntos, para escapar. Entonces, como la cortina del telón de las actuaciones de la noche, las puertas enrejadas con sus picos de encastre en la base bajaron sobre ellos. Todo se puso negro.

Despertó con un dolor punzante en la garganta, una tibia humedad en todo el cuerpo y la seguridad de no poder respirar. Tenía algo pesado encima y no hallaba las fuerzas suficientes para quitarlo de allí. Logró empujarlo y un agua espesa se coló por su boca y su nariz. Inmediatamente salto, como si tuviese propulsión, y emergió del líquido. Comenzó a toser, a escupir aquello que indudablemente por el conocido sabor en su palabra y por el olor incrustado en ella era sangre. Se refregó la cara para intentar limpiarla, aunque era inútil estando tan embedida. Cuando abrió los ojos se vió en el borde de un piletón lleno de sangre… A unos metros de ella una pared de red metálica se alzaba con cuerpos de su tribu colgados boca abajo con los cuellos abiertos, algunos en su forma humana y otros en su forma lobo: su sangre drenada era lo que llenaba el piletón y todos ahora compartían un círculo grabado a fuego en el esómago; no era experta pero estaba casi segura que ése círculo era el símbolo mágico que usaban los seguidores de Grima.

Fue allí, gritando a todo pulmón, que notó que no emitía sonido. Le pareció poco importante comparado a que no era la única flotando en esa pileta. No. Claro que no. Estaba acompañada por todos los lobeznos, la mayoría flotaba boca arriba. Estática fijó la vista en el más cercano y se quedó unos segundos evaluando si respiraba o no. Contuvo la respiración hasta que comprobó que los pechos subían y bajaban a un ritmo acompasado, y tenían… Tenían… ¿Qué eran esas cosas? Un extraño círculo rodeaba los cuellos a modo de collar gigante, se unía a la carne atravesado por dos agujas perpendiculares que lo cruzaban de lado a lado perforando las gargantas. Automáticamente subió la mano para tantear con cuidado. También lo tenía. Eso era lo que le dolía.

Temblando subió las manitas hasta ubicar los finales de las agujas y pasó los puños a una. Juntó coraje y tiró, pero el dolor fue tan intenso que lo soltó a la mitad.

Frustrada ya no quería hacerlo, la nueva posición de esa aguja le daba más dolor aún. Entendía que debía usar eso como motivación para terminar lo empezado, pero a la vez era lo que más la hacía flaquear. Volvió a cerrar las manos en torno a la aguja, inspiró para volver a recuperar la confianza, cerró los ojos con fuerza, contó uno, dos y… Toda su valentía se esfumó. Su cuerpo falló antes de lograr nada y estaba lista para desistir, no sólo de quitarse esa maldita cosa del cuerpo sino para dejarse morir en esa pileta rodeada de lo que alguna vez había sido su familia. Y las agujas fueron arrancadas de la carne en un movimiento rápido y limpio.

El dolor le hizo abrir los ojos y algo presionó con mucha fuerza su cuello. Su hermana estaba delante, mirándola fijamente mientras ajustaba lo que ella asumió como un trozo de tela en las heridas. No pudo hablar, ni agradecerle. Y no era miedo. Sencillamente no podía usar su voz, el aire atravesaba todo el interior de su cuello pero se veía incapaz de emitir sonido alguno. Llorando estiró los brazos hacia su hermana, pero antes de tocarla ella se transformó en lobo y la cazó con las fauces del cuello de la ropa. Comenzó a trotar los pocos metros que quedaban hasta la pared de red y cuerpos, saltando al llegar a ella para escalarla con ayuda de sus garras. Al llegar al borde saltó y todo se detuvo.

Pudo ver a más lobeznos saliendo de allí. Algunos solos, otros transformados cargando a los más pequeños o inconscientes. Algunos aún corrían por alcanzar el borde y otros aún flotaban en la sangre.

Un brillo intenso comenzó a nacer en el centro, íntenso y fijo al comienzo para empezar a expandirse después. Algo se había activado, algún tipo de magia que no entendía. ¿Qué? ¿Porqué?

En el aire, por inercia, miró el cuello de su hermana y notó que no tenía la rueda pero sí sangre manchando todo su pelaje por donde debían haber estado las agujas.

No fue hasta que tocaron el suelo y el ambiente se halló en completo silencio, que notó que todo el tiempo había una canción entonada en el aire. Un rezo constante y a voces susurrantes. Un rezo que ahora se interrumpía por su escape de ese espantoso escenario.

Personas con túnicas empezaron a aparecer por todos los rincones, venían directo a ellos, derecho a los otros. Estaba segura que querían apresarlos otra vez. Nadie se detuvo a batallar. Todos los lobos se enfocaron en saltar, esquivar, y practicar fintas en los enemigos. Había una prioridad y era abandonar el maldito lugar.

Hallaron la salida, cada uno por su lado, y sin mirar atrás corrieron tan lejos como pudieron.

No se detuvieron hasta poder adentrarse en un boque, muchos kilómetros por delante de las ruinas, muchos kilómetros dentro del refugio de los árboles. Su hermana aflojó el agarre para dejarla en el suelo y volver a su forma humana. En cuanto se conectaron sus ojos rompieron en llanto y se fundieron en un abrazo. Lo vivido no se habría aparecido ni en sus peores pesadillas.

Tardó varios días, y varias revisiones y experimentos, en entender que ya no podía hablar. Su hermana sí, por lo que terminaron deduciendo que su intento fallido de retirar la aguja fue el causante de dañar su voz.

Su hermana se ocupó de las infecciones y las fiebres hasta estabilizarla. Se encargó de las provisiones y del armado de refugios, también de espantar predadores… San no llegó a procesar que con los cuidados que le daba estaba descuidándose a ella misma y con el mes cerrado y ella curada la fiebre se llevó a su hermana.

Pasó abrazada a su cuerpo semanas antes de animarse a continuar. Su hermana había dado la vida por ella y no la desperdiciaría.

Como tradición, en su tribu, cuando alguien fallecía recibía honores. Era una noche de banquetes y fiesta, de cuentos y anécdotas del difunto. El cuerpo se preparando la piel, carne, órganos y huesos. La piel quedaba en la familia, los órganos se cocían y se servían a los cercanos en muestra de respeto y promesa de que iba a acompañarlos y formar parte de ellos por el resto de sus días; mientras la carne y los huesos se fundían en el fuego hasta ser cenizas. Parte de ellas se usaban para bendecir a los vivos en un rezo y el resto se esparcían en tierra, preferentemente en Hatari sino se visitaba el lugar favorito del difunto.

Preparó de forma precaria el festival y festejó sola, recordando anécdotas en voz alta entre el llanto y la risa. Celebró también a su madre y a cada lobo de su tribu. Lamentó no poder despedir a todos apropiadamente, pero se veía limitada.
Armó una máscara con corteza de árbol para poder ocultar su rostro de allí en más. Procuró mantenerse sola con el pasar del tiempo, no sólo porque así mantenía la esperanza de que muchos se encontraran con vida, sino porque le daba miedo intentar buscarlos… ¿Qué pasaría si los usaban de anzuelo? ¿Qué pasaría si ella era un anzuelo? ¿Qué pasaría si en realidad todos estaban muertos?

Pasó el resto de los años lejos de Plegia, lejos de todo Akaneia, buscando refugio en otros bosques. Intentó mantenerse alejada de toda clase de sociedad y creció en ella un odio irracional por los magos oscuros.

Extras
- Es muda
- Sabe leer, escribir y entiende perfectamente el dialecto si le hablan.
- Siempre lleva la máscara puesta y piel de lobo sobre sus hombros si está en su forma humana.
- Le gusta la carne cruda, la comida cocida es rara en su dieta.
- Hace mucho uso de sus habilidades de Wolf.
- Sus orejas y cola suelen quedar ocultas bajo el cuero de lobo.
- Su tribu era formada por lobos de pelaje blanco.
- Detesta los murmullos y cualquier tipo de rezo.
- Si eres mago oscuro, buscará matarte, no hay análisis lógico que valga.
- Tiene respeto por todo lo natural; por lo cual respeta a todo quien respete a la naturaleza. Nunca se acercará pero puede dedicar tiempo a ver esa clase de gente interactuar con el entorno, es una pequeña forma de confiar que el mundo no está tan torcido como cree.
- Nunca más regreso a Hatari.
- Aún porta las cenizas de su hermana con ella en un estuche bajo la ropa.
- Ha intentado juntar valor a volver a Plegia, aunque no tiene gusto por develar qué pasó si tiene interés en recuperar cuerpos de su tribu; especialmente de su madre. Nunca lo logró.

Procedencia
Nombre original del personaje: San
Procedencia: Mononoke Hime
Spoiler:



Clase :
Wolf

Autoridad :
-

Inventario :
Vulnerary [3]
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Support :
None.

Experiencia :

Gold :
493


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Re: San [a lonely wolf]

Mensaje por Eliwood el Vie Dic 09, 2016 7:02 pm

¡Ficha aprobada! ¡Bienvenida!
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Dagas de acero [4]
Espada de acero [4]
Katana de bronce [3]
Gema de Ascuas
.

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
3173


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