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El Futuro en Manos de Nadie [Privado | Judal, Virion]

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El Futuro en Manos de Nadie [Privado | Judal, Virion]

Mensaje por Pelleas el Lun Dic 05, 2016 8:49 pm

Spoiler:
Avisito para los curiosos etc: este tema va inmediatamente después de mi último tema con Virion, por lo que es del Prólogo, de ahí que Regna Ferox siga normal.

Orden de posteo: Pelleas - Judal - Virion

La mañana no era la hora usual de Pelleas. El ambiente luminoso pero frío de las tempranas horas, cuando el sol apenas ascendía y parecía brillar más suavemente, le era muy poco familiar. Encontraba que le adormecía bastante. Acostumbrado a un muy mal horario de centrarse en sus actividades por la noche, dormir antes del amanecer y levantarse entrada la tarde, estar en pie a aquella hora había significado todo un esfuerzo para él. Aún seguía luchando por enfocarse apropiadamente; si se mantenía ocupado y centrado en alguna cosa u otra estaba bien, pero cualquier momento ocioso era uno en el que terminaba sentándose y bostezando junto a la ventana, o perdiéndose en sueños medio despiertos. Haber llegado a la posada tarde y con media botella de vino en el estómago, por su reunión de la noche previa, no facilitaba precisamente las cosas. Buscando prepararse un poco más mientras podía, el príncipe volvió la vista fuera de la ventana, al interior de la espaciosa y cómoda habitación.

- Le he contado la historia hasta el final ya, ¿no es así? - Preguntó en voz alta, dirigido al hombre con el que viajaba en aquel entonces, presente allí con él. Después de todo, la habitación ocupaba media planta en el piso más alto de aquella edificación, dando más que suficiente espacio a dos camas de gran tamaño, así como un juego de mesa y sillones sobre una amplia alfombra de mediana calidad, sin contar un escritorio sobrante y algunas cómodas sillas de respaldo alto. Era natural que su acompañante estuviese allí, donde al apenas despertar Pelleas había podido contarle en todo detalle lo que recordaba de cierto arquero de Ylisse, incluyendo lo que le había sido relatado en su reunión nocturna con el mismo. - Sobre Rosanne, su ex-duque, la llegada a Akaneia, los asuntos en Ylisse, el estado en que está todo en Valentia ahora... también mi intención de ayudar a un amigo, si resulta posible... lo cubrí todo, ¿no? -

Era importante tener al otro hombre informado de tales cosas. Se dedicaba a la política y a la administración, según Pelleas sabía; le había ofrecido sus servicios, mas en ese punto el joven mago oscuro seguía algo inseguro respecto a ello, pues le costaba ver a un hombre oriundo de Begnion realmente dedicado a Daein. Aún así, era una persona de confianza, probablemente el segundo amigo hecho en sus viajes, y el indicado para consultar por ayuda en los complicados asuntos del ex-duque y el príncipe ahora involucrado. Estaba seguro de que podría guiar o dar una perspectiva que hasta entonces no hubiesen considerado. Pelleas ansiaba oír su opinión y rogaba a dedos cruzados que verdaderamente tuviese sugerencia que dar, o cuanto menos un visto positivo o negativo a su propia inexperta decisión, consistente en nada menos que convencer a su severo padre de prestar tropas a una tierra lejana y pequeña en tamaño. Sin embargo, hasta aquel entonces, Judal no había emitido juicio alguno, incrementando la impaciencia y la curiosidad del mago de inquieta mente. Y podía pasar tiempo aún hasta que escuchara cualquier cosa de él, dependiendo de cuando llegase el hombre la persona con que se reunirían. Buscó a Judal con la mirada y volvió a intentar.

- ¿Sabe ya qué es lo que deberíamos hacer? ¿O qué debería hacer yo? Nunca me vi en esta clase de situación, tampoco he consultado antes a alguien de su oficio... me genera un poco de curiosidad. - Dijo, con una leve y culpable risa. Yacía entre los extremos de no pensar mucho de ello, y esperar milagros. En muchos de sus libros y novelas históricas, los consejeros jugaban papeles cruciales en cual fuese el contexto del relato, tornándose convenientes complementos a los gobernantes con que trabajaban. De ser así, significaría un gran alivio para él. El interés resultaba inevitable. Aún así, intentaba mantenerse racional al respecto. - Ah, por cierto. Lord Virion sabe mi nombre y el suyo, le he dicho en qué posada preguntar por usted, así que sabrá llegar por su cuenta. Sólo debe excusarse de la presencia de su señor, están aquí en asuntos de Ylisse, pero por seguro vendrá en estas horas. -


Última edición por Pelleas el Mar Mayo 30, 2017 7:36 pm, editado 1 vez
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Re: El Futuro en Manos de Nadie [Privado | Judal, Virion]

Mensaje por Judal el Jue Dic 22, 2016 3:02 am

Detestaba las mañanas y no necesariamente por ser una persona nocturna, solo le gustaba dormir más de la cuenta y quedarse en la cama despierto hasta que el sol estuviese en lo más alto y fuese hora de la comida. Sin embargo tenía que dar buena impresión con su más nuevo contratante así que cuando se escucharon los primeros ruidos en la posada de las empleadas haciendo el pan para el desayuno, saliendo a alimentar a las gallinas que daban huevos y carne para la comida y los portazos de los que se iban temprano en la mañana a los caminos para seguir su ruta y poder llegar antes del anochecer a sus destinos, el pelinegro se desperezó en su cama y se removió un par de veces antes de levantarse de muy mala gana incluso antes del príncipe. Había ido por el desayuno llevando una bandeja de madera con un par de rodajas gruesas de pan con queso blando embadurnado y un par de copas de metal con leche endulzada con miel para que comiese el príncipe al levantarse, él solo bebiendo la leche apenas cortó con un cuchillo una pequeña porción de una de las rodajas de pan que masticó con pereza mientras, estando sentado en el escritorio de aspecto algo rústico pero que servía para su función, revisaba los papeles que él mismo anotaba. Había escuchado la historia completa y al nota que era algo más importante que solo "ayudar a un amigo" si no que era algo que involucraba ducados, ejercitos y favores políticos, había hecho detenerse en su relato al pelivioleta y había ido por carbón y papel para tomar apuntes de datos importantes que no podía dejar por alto.

Pese a que había cortado una porción pequeña de pan con queso aún quedaba la mitad de esta sobre la tapa de madera de la caja donde guardaba su pluma, tinta y carboncillas, apuntes de ese estilo no merecían la pena ensuciar su pluma y gastar la tinta tan cara, las carboncillas, varitas cortas de madera quemadas muy lentamente hasta formar un carbón duro y poroso que era ideal para escribir y dibujar y por sobretodo, barato. Con letra elegante que pertenecía claramente a alguien de buena cuna el bailarín completaba línea tras línea de los datos más importantes, incluso un pequeño mapa bastante burdo donde le había pedido al príncipe que ubicase más o menos donde estaba las tierras a recuperar. Había ya llenad dos carillas de papel y el mapa ocupaba un cuarto contra una de las esquinas, ahora que el somnoliento príncipe redondeaba el asunto el pelinegro releía la información que tenía para asegurarse de no haber faltado en nada, había hecho varias preguntas durante el relato que le ayudaban a tener una perspectiva más centrada y clara de toda la situación. Finalmente creía tenerlo todo y con una sonrisa bajó los papeles mirando al otro hombre en la habitación - Creo que si queda algo suelto no tiene la información suficiente como para atarlo. Tengo aún preguntas referentes a las intenciones y objetivo de las acciones de... su amigo, sobretodo en que está haciendo exactamente en el ejercito de Ylisse, por que apoyo militar conseguirá poco y nada en un país tan egocentrista y que cuida tanto sus propias polleras. - había estado en Ylisse y había conocido poco pero esa era la impresión que había tenido de aquel lugar al igual que de Altea. En todos los continentes habían problemas y enfrentamientos pero los religiosos eran los que más había que tener cuidado y Akaneia parecía ser el horno donde se estaba cocinando una guerra santa entre dos grandes deidades. Ylisse tendría más problemas que soluciones y ayudar a un recluta no sería un punto muy cercano a la lista de prioridades. Claro, ahí veía la razón por la que aquel hombre había recurrido a Pelleas, un hombre con más poder del que creía tener y una personalidad bastante empujable, pero no permitiría que otro intentase cosechar donde él estaba cultivando.

- No se preocupe, mi príncipe. Es una situación más común de lo que parece, muchos nobles abandonaron sus hogares en Begnion cuando aparecieron los emergidos dejando atrás a sirvientes y obviamente a los feligreses que trabajaban las tierras y que vivían en las viviendas alrededor de las mansiones, casi todos los marquesados, condados y ducados más alejados de la capital, sobretodos los más cercanos a la frontera con los países sub humanos, quedaron completamente abandonados. Hizo más que muchos y no todo está perdido. - aclaró para tranquilizar y justificar un poco a ojos del príncipe la decisión del amigo de este. Ahora, un tema importante a tratar antes de que el lord en cuestión llegase, cosa que ocurriría en cualquier momento según decía el pelivioleta, tenía que saber cuales eran realmente las intenciones de Pelleas y que tanto estaba dispuesto a ceder en aquel trato, o si solo significaba ayudar a un amigo y nada más sin ver en el obvio provecho que podía tomar de la situación. Tomó aire para hacerle algunas preguntas pero no llegó a pronunciar ni media palabra que el golpear de la puerta le interrumpió. Se levantó molesto arrastrando la silla y abrió mostrando a una dama joven con las mejillas sonrojadas anunciando que había un hombre que deseaba verles - Si, le esperábamos, hágale pasar. - y sin dejarle siquiera responder cerró la puerta en el rostro de la pobre damita girándose con tal apremio que su larga trenza se movió como un látigo a su espalda - No tiene que preocuparse, si me permite manejar el asunto verá que su amigo podrá recuperar su título y sus tierras así como a su gente. - Presuroso se acercó a la mesa para despejarla de sus apuntes a la espera que la puerta se abriese para revelar al invitado, los sillones sería el lugar ideal para hablar aunque dejaría que fuesen los hombres de título que escogieran donde estarían más cómodos.
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Re: El Futuro en Manos de Nadie [Privado | Judal, Virion]

Mensaje por Virion el Miér Ene 18, 2017 4:11 pm

Frío. Cuando se despertó, Virion sentía frío. Daba igual que se hubiera tapado con tres mantas, en ese lugar seguía sintiendo frío. Virion seguía sin acostumbrarse a las bajas temperaturas de Regna Ferox, de milagro había logrado conciliar el sueño. Si al menos hubiera podido dormir en compañía de una dulce señorita, el calor corporal le habría aliviado su situación. Pero no, en aquella cama sólo estaba él, y era normal. Tras su encuentro el día anterior con el príncipe Pelleas, no le quedó tiempo para vagar por ahí con la finalidad de llevar a cabo su hobby favorito del ligoteo.

Aunque no hubiese dormido muy bien, Virion se obligo a despejarse y a actuar con normalidad. Tenía una cita importante, había vuelto a quedar con el príncipe Pelleas. Parecía ser que el príncipe resultó muy interesado de la conversación que mantuvieron ambos la noche anterior, y parecía dispuesto realmente a ayudar al exduque a recuperar sus tierras perdidas. Para ese fin, el heredero de Daein le había mencionado además que conocía a alguien que podía ayudarle en esa misión que el arquero se había encomendado como objetivo en la vida, y que podían quedar juntos los tres a la mañana siguiente. Y ese momento había llegado.

Virion no sabía qué podía esperarse. Lo único que había dicho el príncipe de ese hombre era que se llamaba Judal y que era un consejero político y alguien con contactos. A partir de ahí, podía imaginarse cualquier cosa. Lo cierto es que por lo poco que habló el príncipe Pelleas de él, parecía tenerle en buena estima. Pero Virion no sabía hasta qué punto eso era bueno o malo. Ya había podido comprobar de primera mano que el príncipe era alguien en extremo dependiente y no era difícil imaginar que hubiera gente interesada en aprovecharse de esa debilidad para su beneficio. Por un segundo, se preguntó si acaso él mismo no estaba haciendo lo mismo. Pero descartó la idea enseguida de su cabeza. Lo que él hacía, lo hacía por el bien de Rosanne, no por el suyo propio. No era lo mismo.

Se preparó para la ocasión vistiendo sus suaves y elegantes galas, con su pañuelo de cuello favorito incluido. Se bañó, se perfumó, desayunó y estuvo plenamente listo para salir a la calle. No llevaría armas, pues no consideró que fuera necesario. Le dejó un sobre para sus compañeros Custodios debajo de la puerta de su habitación avisándoles que estaría unas horas fuera, pero que volvería a tiempo para trabajar juntos en su búsqueda de talentosos guerreros. Se imaginó que ellos pensarían que había salido para ligar, en otras ocasiones acertarían de pleno. Es posible que aquello le granjeara algunos problemas, pero si aquella reunión salía bien, no le importaba pagar las consecuencias.

Afuera hacía frío. Era normal, era bastante temprano, la mayoría de la gente estaría en sus casas todavía desayunando. Todos ellos calentitos. Y él apretándose el abrigo contra su cuerpo todo lo que podía para resistir las gélidas corrientes de aire matutinas. La posada donde se hospedaba el príncipe y su compañero Judal no estaba alejada de la posada en la que dormían los Custodios, pero aun así, el trayecto se le hizo insufrible para el arquero. Y tampoco podía correr para entrar en calor y llegar antes, puesto que el suelo estaba completamente nevado, y un mal pisotón era un resbalón y una caída asegurada. Cuando entró en la posada donde le esperaban y sintió el calor de una chimenea recién encendida en el salón mismo de la habitación, Virion se sintió en la gloria.

Y más que en la gloria que se sintió cuando fue rápida y servilmente atendido por una bella muchacha sirvienta de la posada. Virion se quitó rápidamente el abrigo, colgándolo de un perchero apropiado para las visitas e hizo una rauda y elegante reverencia a la jovencita.

-¡Greetings, mi hermosísima dama! Ahí fuera hacía un frío gélido capaz de congelar ríos de lava, pero una simple mirada tuya de tus lindos y brillantes ojos ha bastado para hacer como si estuviera en las más cálidas aguas termales.-exclamó el arquero de arqueros con la poca vergüenza que le caracterizaba.-Tengo entendido que aquí se hospedan el insigne Pelleas y su compañero Judal, y que ambos andan esperándome ¿Puede anunciar mi llegada? Me sentiría en grata deuda con vuestra preciosa y excelsa persona si llevarais a cabo tan humilde tarea.

La mujer, seguramente poco acostumbrada a este tipo de tratos, enrojeció sus mejillas hasta convertirse en dos tomates maduros y marcho en dirección a un pasillo sin mirar marcha atrás. Al principio, Virion no supo si es que la mujer había ido para cumplir con el recado que le había solicitado, o simplemente había salido corriendo de él a toda velocidad. Pero al final la mujer volvió, avisándole que le estaban esperando e indicándole cual era la habitación en donde iba a tener lugar la reunión, en el piso más alto de aquella posada.

Virion agradeció la ayuda pero la mujer se marchó rápidamente antes de que pudiera volver a lanzarle otro de sus alargados piropos. El arquero suspiró, pero luego caminó firme y decidido al encuentro del príncipe Pelleas y su consejero. Cuando llegó a la puerta, ésta estaba entreabierta, pero aun así, Virion golpeó la misma con sus nudillos de manera educada y esperó respuesta desde el otro lado.

-Con vuestro permiso, estimado príncipe, procedo a entrar.-Virion se aseguró que nadie le escuchaba llamar príncipe a Pelleas salvo los hombres que estaban dentro de la habitación. Al fin y al cabo, no estaba seguro que el príncipe estuviese manteniendo ahí también en secreto su identidad. Virion entró en aquella espaciosa y cómoda habitación, que no sólo tenía un par de camas, sino que contaba con escritorio, sillones mesita y distintos muebles más. Un lugar espacioso, como le había prometido el príncipe la noche anterior, donde poder hablar a gusto y a salvo de oídos indiscretos. El noble exduque puso sus ojos primero en el príncipe, luego en el otro hombre, que presumió que se trataría de Judal, para por último volver a mirar al heredero de Daein. E hizo una solemne reverencia a ambos.

-Greetings, mis señores. Es como siempre un honor, un placer, una alegría y un privilegio estar en frente vuestra y gozar de vuestra compañía, mi príncipe.-dijo primero hablando educadamente hacia el príncipe heredero, para luego volverse en dirección al otro hombre.-Me imagino que el príncipe ya os habrá hablado de mí. Soy Virion de Rosanne, exduque de Rosanne en el continente de Valentia. Además soy poeta, estratega y arquero de arqueros. Un placer el conoceros, mi señor.-y cerró con una nueva reverencia.
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Re: El Futuro en Manos de Nadie [Privado | Judal, Virion]

Mensaje por Pelleas el Mar Ene 31, 2017 12:10 am

Ya en otras ocasiones el mago se había sorprendido de la tenacidad y la explosiva energía del bailarín en ciertos contextos, mas volvía a hacerlo sólo de verle encargarse de tanto. Estar en pie antes que él, peinar el metro y medio de cabello que imaginaba no debía ser liviana tarea, prepararse, ir por la comida, razonar toda la compleja historia que le contaba y tomar apuntes al respecto parecía demasiada actividad para tan temprana hora. Sólo podía verlo ir de una cosa a la otra desde su adormilada perspectiva, aliviado de no tener que seguirle el paso en nada más. Algo le decía que Judal traía, quizás, una pizca de humor un poco agrio esa mañana, pero la forma en que se desenvolvía era admirable igualmente. Él, por su parte, seguía cubriéndose la boca para bostezar a cada tanto. El tiempo que había ocupado en salir de la cama y vestirse seguramente fuese un récord en lentitud. Consideró vagamente, para el futuro, que proponer reuniones matutinas no sería lo más provechoso. Por lo pronto, una cosa a la vez estaría bien; se enfocó de lleno en los comentarios del consejero respecto al ejército de Ylisse, rememorando entre las palabras de Virion al respecto.

- Oh, pues... no sé mucho al respecto, ahora que lo dice. Creo que los Custodios son cercanos a la corona, pero no pregunté detalles. Sin embargo, seguramente la pertenencia a ellos sea algo muy útil, lord Virion parece ser un muy buen estratega y debió de haberlo tenido en consideración. - Dijo. Él no sospechaba de nada en particular, ni en un hombre ni en el otro. Sólo respondía a lo que se le preguntaba, confiando en que Judal sabía donde mirar, donde hallar la información crucial que podría servirles para luego. Y como esperaba, el bailarín pronto le reaseguraba sobre el proceder del noble extranjero y los resultados que esperaba que tendrían. Imaginando que Judal veía un camino hacia adelante que él no, Pelleas sonrió con alivio. - Gracias, Judal. Creo en usted. Confío en que, si las cosas marchan bien, resultará como dice. - Se alzó de su sitio, sin haber oído con claridad a la muchacha en la puerta, mas asumiendo lo que debía de ser. Se aproximó de antemano al bailarín, pues antes de la interrupción había parecido tener palabras en la punta de la lengua; no suponía que fuese algo que no pudiese decirse frente al Custodio que estaría por llegar. - Pero, ¿hay algo que hayas querido decirme? Creí que estabas por hablar justo ahora... ¿qué era? -

Enseguida, como esperaba, se hizo oír la voz del otro hombre. Pelleas le dio una mirada pasajera al pelinegro antes de volverse hacia la puerta, y apenas entonces titubeó, despabilando su mente a asuntos de los que tendría que haberse preocupado antes. De entre todo lo que el príncipe le había comentado a su amigo sobre Judal, había muchísimo más que había pasado por alto, algunos detalles de importancia incluidos. A qué se dedicaba además de la política, por ejemplo, parecía un dato de tal importancia: la impresión que a él le había causado en primera instancia era una de la que tendría cierto cuidado, entre la vestimenta reveladora y el maquillaje en un hombre, impensables a los estándares sociales de Daein. Inclusive siendo otra persona, le generaba cierto pudor. De haberlo pensado antes, habría implorado al otro cambiar de vestuario, pero resultaba tarde ahora como para hacer cualquier cosa. A su vez, pese a todo lo dicho al consejero, no había hecho gran mención de la personalidad o las características de Virion antes de la reunión. Nada negativo, pues el mago oscuro veía como nada menos que muestras de saludable confianza los modos del mayor, pero pensaba en ese entonces que quizás debía haber mencionado su inclinación a la grandilocuencia, y la paciencia que era mejor tenerle. Nada malo pasaba de una forma u otra pero, a fin de cuentas, no era Pelleas si no se preocupaba demasiado de tales minucias, más aún en lo social.

Apenas ingresó a la cómoda estancia, el arquero hizo gala de aquella misma grandilocuencia. Si en algo podía contar infaltablemente con el noble de largo cabello celeste, era que supiese hacer una impecable presentación, cuando no un espectáculo de sí mismo. Pelleas retornó su inclinación con una breve risa. - ¡Buen día! Cuanto ánimos tiene usted también... - Alabó lo que, nuevamente, parecían hazañas a esa hora de la mañana. No se extrañaría si él mismo llevase ojeras o algún otro rastro de lo opuesto que era su ser a una persona matutina. Mientras no tuviese que enfocarse en mucho a la vez, estaría bien, sabía que despabilaría eventualmente. De momento desvió la vista hacia Judal con curiosidad, esperando ver en él el mismo con que había visto a Virion por vez primera. Con su lentitud en esas horas debió recordarse sus propios modales, indicándole al Custodio entrar a gusto en la habitación alquilada. - Adelante, por favor. - Regresó al área pulcramente amueblada él también, casi arrastrando a sus pies la túnica oscura especialmente larga que vestía, al no prever salir de la habitación en la jornada; por su propio trabajo, sino los asuntos entre ellos tres. - Ya le he contado a Judal todo lo que sé de su... de su situación, en general. Lo que he podido recordar, al menos, puede que algún detalle me eludiera. Uhm, por eso, espero que no le moleste que haya mostrado alguna de las cartas de cuando estuve en Valentia. -
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Re: El Futuro en Manos de Nadie [Privado | Judal, Virion]

Mensaje por Judal el Vie Abr 14, 2017 9:57 pm

Se había quedado con palabras en su boca, quizás más preguntas deberían haber sido planteadas antes de recibir al arquero ex gobernante pero Pelleas había coordinado esa reunión demasiado temprano sin dar tiempo para informarse correctamente ni para planificar demasiado. Su corto tiempo para razonar y procesar le hacía ser paranoico y pensar lo peor del arquero, desde que él habría dicho de reunirse de inmediato para evitar mayores planificaciones o que Pelleas tuviese tiempo para cancelarle hasta de que estaba intentando tomar lo más posible en el menor tiempo. En cortas palabras, pensaba que Virion era un trepador y sanguijuela como él mismo lo era con el príncipe iluso. La mirada venenosa no se apartó del arquero, como una dama que observa a su competencia frente a un soltero examinó su andar, su manera de saludar y de dirigirse hacia ellos. Claramente no era de su misma liga, ese hombre pese a tener cabello largo y rasgos delicados y cuidados no podría utilizar encantos andróginos para confundir de manera sexual al príncipe de Daein, y bien sabía el dancer que Pelleas no se acercaría a un hombre de esa manera sin importar cuanto alcohol en sangre tuviese... por que si lo había pensado, la noche anterior Pelleas había llegado oliendo a vino y a horas insanas de la noche. No necesitó más que unas palabras del otro para comprender de manera inmediata cual era la habilidad encantadora de aquel hombre; su labia. Las palabras que decía y como las decía le recordaba mucho a los vendedores que se movían entre los nobles en Begnion, sobretodo los que traían mercaderías de otros países que valían el doble de su peso en oro, lo que sea que ese hombre estaba vendiendo Pelleas estaba comprando y eso no le agradaba a Judal.

Sonrió finalmente para intentar no quedar en evidencia delante de ambos caballeros y acomodando su larga trenza sobre su hombro hizo una reverencia adelantando un poco su pie e inclinando su pecho, una reverencia masculina pero con un ligero deje femenino en la delicadeza de sus acciones, como siempre bailando en la línea entre los géneros tal como había descubierto que le agradaba a Pelleas - Un gusto, mi lord, mi nombre es Judal de Daein, consejero y administrativo del príncipe Pelleas, heredero de la corona de Daein. He oído de usted y de su salida nocturna de anoche, espero poder serles útil en sus problemas. Adelante, tome asiento y póngase cómodo, si desea algo de beber hay vino especiado y caliente junto al fuego, en la mesa encontrará copas, seguro el frío del exterior llegó a sus huesos y querrá sacarlo. - su voz era claramente masculina, un poco contrastante con su aspecto delicado y mirada femenina con sombra violeta y delineado negro. Se enderezó y atrajo una de las sillas para ponerla de la punta del escritorio donde estuviese más cerca de los sillones y señaló con su mano el sillón más cercano a él - Príncipe Pelleas, tome asiento. - lo había dicho con cortesía pero no dejaba de ser una orden a fin de cuentas.

Extendió sus papeles sobre la mesa y se sentó cruzado sus piernas y poniendo su larga trenza sobre su regazo, tomó la barita de carbón y revisó nuevamente sus papeles dándole tiempo a los nobles a que se acomodasen en sus lugares y si deseaban se sirvieran vino, él no era un siervo ni un mayordomo para andar llenando copas, si lo hacía a veces era para lamer botas o por que su papel como dancer y acompañante lo exigía pero si podía evitarlo, lo evitaba. Tras una pequeña pausa agregó - Sepa disculpar pero no he tenido demasiado tiempo para embeberme en el tema, he leído las cartas que me ha facilitado mi príncipe y tomé algunas anotaciones, pero me gustaría escuchar de sus labios, Lord Virion, cuales son realmente sus intenciones con su territorio caído. Creo que sabe que Valentia es tierra de nadie ahora, con suerte Chon'Sin se mantiene contra los emergidos pero sin ganar terreno, me atrevería a decir que perdiendo por lo que he escuchado en los puertos en nuestros viajes. Incluso si pudiese regresar a su tierra dudo que encuentre mucho allí. - la cruel realidad era planteada sobre la mesa casi de manera inmediata, no podía perder tiempo en sueños irreales de volver a una tierra donde sería recibido de brazos abiertos, los emergidos eran conocidos por destruir todo a su paso, como una gran plaga de langostas, usando lo que pudieran para destruir, lo más común, fuego. Si había sobrevivientes estarían en situaciones precarias esquivando a los emergidos en su paso y más bien sobreviviendo y no tanto viviendo, ya había visto ese escenario en otros lugares.
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Re: El Futuro en Manos de Nadie [Privado | Judal, Virion]

Mensaje por Virion el Miér Mayo 10, 2017 1:13 pm

Nada más entrar en aquella habitación, la atención del arquero se centró única y exclusivamente en aquellos dos hombres, obviando cualquier tipo de dato superficial como el tipo de habitación que se encontraban o el tiempo que hacía fuera. Primero se fijó en el príncipe, como no, quien a pesar de su recibimiento alegre y su reverencia en respuesta al típico saludo del arquero, daba clara señas en su cara de estar todavía algo dormido. Cierto es que aquella reunión ocurría bien temprano, pero era bueno conocer el dato extra de que el príncipe Pelleas no era una persona muy madrugadora.

El otro hombre también llamó bastante la atención del arquero. Lo primero, su forma de vestir, bastante apropiada en algunos lugares nocturnos y ocultos, pero difícil de ver en otro tipo de situaciones, mucho menos en una reunión diplomática del calibre que se iba a celebrar en la sala. Sin embargo, Virion no juzgó a Judal por esa curiosa vestimenta. Él más que nadie sabía que no se podía juzgar a un libro por su cubierta, y si el príncipe Pelleas lo tenía en tan alta estima, por algo sería. Virion ansiaba saber qué era ese “algo”.

-Acepto con gusto vuestra invitación, y procedo a servirme de inmediato un poco de vuestro vino. Ya lo sabe el príncipe que soy amante de muchas cosas, pero el frío no es una de ellas. Mi gratitud de antemano por vuestro más que bienvenido y bien pensado gesto.-dijo Virion en cuanto Judal le ofreció sentarse y tomar un poco de vino. Se acercó a una mesa a coger una de las copas vacías que había y de ahí al fuego a servirse un poco. Apenas probó un sorbo delante de todos, dejando el resto dentro de la copa, sujeta en su mano mientras se sentaba en el asiento ofrecido.-No es mal vino. Buen nivel de acidez, me gusta. Buena elección.

A Virion no se le pasó en lo más mínimo la manera en que Judal le pidió al príncipe Pelleas que se sentase. Una manera correcta en lo formal, pero que a oídos del arquero le sonaba demasiado imperativa para alguien que sólo ostentaba el cargo de consejero. Conociendo la actitud y forma de ser del príncipe, el arquero podía considerar aquello como una pista para empezar a comprender qué tipo de hombre era Judal. Pero era sólo eso, una pista. No era suficiente para atreverse a hacer juicios de valor sobre esa persona, no aún.

-¿Le habéis enseñado mis cartas a Judal, príncipe?-preguntó seriamente el arquero a Pelleas, cuando este mencionó que efectivamente, lo había hecho. Luego sacó una sonrisa, casi como si estuviese de broma.-Qué pena. Esperaba tener la oportunidad de contarlo todo de viva voz. Ya sabéis que hablar es una de mis pasiones favoritas, y más si se trata de mí mismo. Pero imagino que así podemos ahorrar tiempo, por lo que habéis hecho bien, estimado príncipe.

No tenía miedo. No tenía nada que no tuviera que ocultar a Pelleas pero que sí tuviese que ocultar a Judal. No es que se fiase del consejero, puesto que no le conocía de nada. Pero la información que disponía el príncipe no era demasiado comprometedora. Lo máximo, la identidad misma del arquero, se sabía ya desde el principio.

El arquero volvió a beber un suave sorbo de vino, acercando su silla cerca del fuego, aparentando relajamiento y calma. Pero en los hechos, prestaba plena atención a las palabras de Judal. El consejero fue directo, y le preguntó acerca de cuáles eran sus intenciones para con Rosanne, no sin poner al descubierto el estado en que probablemente se encontraban las tierras en virtud a la horda emergida. Virion mantuvo unos instantes de silencio que ocupó tomando un tercer pequeño sorbo, dejando la copa con cuidado en el reposabrazos derecho del asiento. Se cruzó de brazos y miró con atención al hombre de estrafalarios ropajes.

-Mis intenciones con mi patria son claras y abiertas: recuperarlas de mano de esa escoria malnacida que son los Emergidos.-el tono era serio, duro, cortante y a fondo. Virion quería que este punto no tuviera otra interpretación posible y lo dejaba claro no sólo con sus palabras, sino con sus gestos y forma de hablar.-Soy perfectamente consciente de lo que hacen los Emergidos con las tierras que toman, lo he visto con mis propios ojos. Sé que, en el caso de que lograse volver, me encontraré con un erial que tardaré años en reconstruir, quizás décadas. Pero sé también que, a día de hoy, todavía hay supervivientes. Gente escondida, malviviendo como puede mientras lucha por su supervivencia. Tengo varias fuentes que me han confirmado esto, entre ellas el propio príncipe aquí presente en la cena que tuvimos ayer.-y aquí señaló al príncipe Pelleas como para reforzar sus palabras.-Aunque me encuentre en el exilio, y ya no cuente con el amor de mi pueblo, me debo a cada uno de ellos. A los vivos, que todavía siguen luchando a duras penas frente a los monstruos que desde hace ya varios años todavía los siguen atormentando. Y también a los muertos. Para que yo esté aquí, hablando cara a cara con ustedes, muchas vidas se han perdido. Vidas de gente honrada y valiente, que lucharon con su último aliento por mí y por sus hogares. Y no pienso permitir que ninguna de esas muertes haya sido en vano. Haré todo lo que tenga que hacer para salvar a mi pueblo, porque aunque muchísimo es lo perdido, todavía no es demasiado tarde. Mientras yo siga con vida, no será demasiado tarde. Esas son mis intenciones, estimado Judal.

Terminado su pequeño discurso, Virion cogió delicadamente la copa que había dejado a un lado y se sirvió un cuarto sorbo, disfrutando de su sabor. Suavizó levemente su rostro, pero en ningún momento dejó de prestar atención a ninguno de sus dos interlocutores. Sabía de las buenas intenciones del príncipe Pelleas y confiaba en él, pero desconocía a Judal y sabía lo fácilmente manipulable que podía llegar a ser el heredero de Daein. De aquella reunión dependía mucho, dependía la posibilidad real de una alianza con el reino militar de Daein. No podía bajar la guardia ni un segundo. Debía de conocer a Judal, y ver cuál era su punto de vista cuanto antes, si esperaba poder convencerle también a él de ayudarle en su empresa. Porque no había mentido antes, sus intenciones eran claras y haría todo lo que fuese necesario para llevarlas adelante.
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Re: El Futuro en Manos de Nadie [Privado | Judal, Virion]

Mensaje por Pelleas el Vie Jun 02, 2017 12:35 pm

Francamente le sorprendía que Judal no se mostrara tan encantado como él había estado con los modos de Virion de expresarse, en cuanto a primeras impresiones, pero suponía que se trataba de la compostura de personas mucho más habituadas que él a la alta sociedad. Ambos de ellos, por seguro, sabían ya desenvolverse a la perfección. Su propia experiencia en reuniones de ese tipo y en tratos oficiales era nula aún, motivo por el que había sentido necesitar de la asistencia del joven de largo cabello oscuro; algo esperaba aprender de cada uno. Atento a sus palabras, dudó un poco al oír que Judal se llamaba ya su consejero y administrativo, cuando aquel contrato aún permanecía sin cerrarse. - Uhm-- - Abrió la boca para acotar algo, mas acabó por decidir que era un detalle menor, que no serviría para más que entorpecer la plática. Después de todo, si las cosas marchaban bien justamente en cuestiones como aquellas, no tardaría en sellarse el acuerdo. Guiado con facilidad por la seguridad que el bailarín mostraba, no titubeó en hacerle caso al serle dicho cuando y donde sentarse. - Ah, sí. - Asintió, retornando de inmediato a su lugar, con agrado de tener a su asistente cerca. No competía con un carácter dominante, ni se atribulaba por ello, pues en mayor medida se le hacía más cómodo acatar.

Muchas cosas comenzaban a tornarse agradablemente cómodas. Alcohol a cualquier hora en que pudiese antojarse no era un deleite comúnmente dado al príncipe en su hogar, pero el hombre con quien viajaba parecía siempre abogar por su mayor holgura y tenerle los caprichos a mano. De momento se abstuvo, a sabiendas de que podría tornarse más somnoliento de lo que ya estaba. Por la ocasión, no acompañaría a Virion en ello. Algo tomado por sorpresa por la mención de las cartas, su vista se apartó con cierta culpa de aquel hombre que bebía del otro lado de la mesa; aún si decía que era más eficiente así, caía tardíamente en cuenta de lo personal que podían haberse considerado esas cartas, pese a que la información en ellas ya no fuese secreta. El descontento del pueblo hacia Virion era, en particular, el tema que más sensible se le antojaba, aunque posiblemente crucial a la hora de considerar la recuperación del ducado. - Agradezco su comprensión... sé que su señor de Ylisse le aguarda, es por eso que lo creí mejor. - Sonrió con algo de alivio, explicándose. En efecto, manipulando la información que todos los allí reunidos manipulaban, parecía que no habría dilación a afrontar el asunto. Se iniciaba por la parte más complicada.

No obstante, le preocupaba un poco la severidad con que Judal comenzaba a plantearse. Súbitamente más despierto, Pelleas escuchó hasta el final su intervención, en igual medida cohibido por la franqueza y convencido de que debía permitir a quien tenía experiencia explayarse. Con una mirada más lúcida en los ojos, permaneció algo tenso mientras Virion le proporcionaba su respuesta, paulatinamente consiguiendo bajar los hombros a través de ello. Era una esperanzadora perspectiva, la que el arquero mantenía. Ladeando la cabeza hacia el consejero, el príncipe le habló en un tono calmo y conciliador, ya familiar como su forma de tratarle. - Abandonar Rosanne no es una opción que deseemos considerar, mientras haya cualquier otra, Judal... - Informó. El optimismo era todo menos propio de Pelleas, pero aquello no se trataba de él y, de alguna forma, nunca había pensado siquiera en la opción de abandonar. Con lentitud, mas sin necesidad de estresarse demasiado con su elección de palabras ante un compañero de viaje y un confiable amigo, explicó su punto de vista. - Son las tierras que pertenecen a lord Virion. Aunque las cosas sean algo complicadas en Valentia ahora mismo, es su hogar y le pertenece aún. Hasta donde vi, aunque no sea un sitio muy extenso, todo parecía... um, no bien, precisamente, pero habían supervivientes y el terreno estaba relativamente sano. No creo que recuperarlo sería en balde. ¿No podemos enfocarnos en la forma de conseguirlo de regreso? -

En su rostro se dibujaba ya un gesto de disculpa por lo que pedía de Judal. En la fresca perspectiva de una agradable mañana feroxi, con horas de sueño separándolo de la reunión de la noche anterior, comprendía un poco mejor la complejidad del asunto, mas no pensaba desistir. No podía ser la pieza que flaqueara tras la inspiradora muestra de voluntad del noble de Valentia. Apoyó las manos en los posabrazos del gran asiento al enderezarse en este, comenzando a mostrarse más participativo al despabilar. - Debe de haber algún modo en que pueda funcionar, ¿no es así? - Agregó, suavizando un tanto su petición. Con una tenue sonrisa pasó la vista de un hombre al otro, sin necesidad de alzar la voz, pues en la tranquilidad de esas horas igualmente los alcanzaba a ambos. - Supongo que reclamar las tierras de su ocupación sería, usualmente, la parte más difícil. Y creo que de eso es lo que más fácilmente podemos encargarnos. - Dijo. Fuerza militar era lo último de lo que Daein carecía, lo último en que podría fallarle al arquero.
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Re: El Futuro en Manos de Nadie [Privado | Judal, Virion]

Mensaje por Judal el Sáb Jul 15, 2017 12:53 am

Tomando asiento se quedó un momento en silencio revisando sus notas y dejando que los hombres tomasen sus lugares, sin preocuparse demasiado de como lo hacían. Tampoco parecía darle importancia a su apariencia, era como estaba día a día y era como a Pelleas parecía gustarle, estaba cómodo con su cuerpo y con las miradas sobre él, en parte también disfrutaba mucho que le subestimasen tomándole como una figura bonita, tenía muchas ventajas que había sabido sacar provecho, desde que la gente se descuidase y hablase más de la cuenta o incluso solo para disfrutar ver la sorpresa en los rostros ajenos cuando él mostraba ser algo más que solo un cuerpo lindo. Ya por el poco rato que compartían estancia dejaba ver su personalidad dominante y satisfecha de como el príncipe obedecía y no le contradecía, incluso cuando se había autopuesto el título de su futuro trabajo. Tenía muchas razones para hacerlo, la principal era darle la importancia necesaria para que Virion hablase y le tomase en cuenta, la segunda y no menos importante, era simplemente seguir el dicho de “una mentira dicha mil veces se hace verdad” o también “viste y actúa para el trabajo que quiere, no para el que tienes”, tomaba terreno y plantaba firme su pie allí incluso cuando aún no le correspondía oficialmente. Pero así como Pelleas se sentaba cuando él lo decía confiaba que también lo nombrase cuando él lo hacía.

Las cartas que había leído no revelaban nada comprometedor y si lo hacían Pelleas había cuidado de no entregar páginas que así fueran, más que nada era información que el príncipe consideraba pertinente que el consejero supiese, igual cubrió al monarca - No se preocupe, soy discreto en la información dada, igual no veo problema en ello si a fin de cuentas necesitaré todo dato necesario si lo que busca en un consejo y ayuda informada. - nuevamente anteponía sus palabras a las del príncipe tomando su lugar en hablar pese a que el arquero se había dirigido directamente al pelivioleta y no a él. Se lo quedó observando mientras bebía, cada gesto que tenía era elegante y cuidado, nada parecía fuera de lugar y en el entrenado ojo del pelinegro todo en él gritaba cuna noble, sin embargo veía que no era de portar grandes joyas ni ropas de telas importadas bordadas en oro y perlas como muchos nobles hacían, aquello podía significar que era un reflejo de su actual situación o era un noble mucho más inteligente que sabía como mantener elegancia y pasar más desapercibido. Se tomaba su tiempo para responder y aquello exasperaba al ansioso bailarín que picoteaba el rincón del papel con la barita de carbón, no hacía suficiente ruido para ser molesto y con su rostro pasivo y tranquilo no parecía ser hacia afuera más que un tic propio y no una muestra de exasperación. Asintió un poco con la cabeza mientras hablaban para indicar que estaba escuchando. Giró su rostro a su príncipe cuando este comenzó a acotar de su conocimiento y corroborar lo que decía el arquero.

Mantuvo silencio un momento mientras consideraba las opciones, no era estratega de guerra, no era para nada su enfoque y si en esa mesa se decidía por una solución bélica se quedaría en las tratativas políticas y pasaría el asunto a alguien con experiencia en el tema pero por el momento tenía un abanico gigante de posibilidades que rápidamente fue cerrado en muchas menos cuando le dijeron directamente que dejar tal cual las cosas no era opción y que lo que pretendían era volver a poner a Virion en sus tierras y con su gente, pero como era normal veía lo que pocos nobles llegaban a ver, no asumía que ambos estuviesen en ignorancia pero creía tener un punto que estaba siendo pasado por alto. Se enderezó un poco en su asiento y lo atrajo contra la mesa poniendo sus papeles frente a él - Si la gente continúa en ese lugar incluso cuando su gobierno cayó es por que quieren estar allí. La comida escasea y el peligro es evidente, pero hay salida de ello a su alrededor, Chon'Sin no estará en las mejores condiciones, pero están mejores, en Elibe las cosas parecen ir mejorando, ya un país está libre de esta plaga y con los desastres que han causado les está costando ponerse en pie, en las caravanas siempre se escucha de Lycia y que reciben gente dispuesta a trabajar, les sobra el trabajo y por sobretodo les sobran los recursos y las tierras. Lord Virion, tiene algo muy valioso y es que la gente que se quedó allí no peleó por usted, peleó por su tierra, por sus hogares y por su herencia. - era algo fuerte y algo que ningún noble quería oír pero era una cruda realidad. Tomó un poco de aire haciendo una pequeña pausa para que ambos razonaran lo que estaba diciendo y a donde iba su punto - La gente común no se preocupa de quien esté en el poder, los reyes van y vienen, las guerras pasan, conspiraciones familiares, cambios de mando, conquistas... son todas cosas que les competen a los soldados, a los caballeros, como mucho a algunos grandes comerciantes, pero ¿que tanto les afectan a las personas de más abajo? Ellos asumen su postura y continúan su vida independientemente quien esté arriba. Un caballero puede jurar lealtad, puede ponerse frente a usted para recibir una flecha en su lugar y entregarle su vida solo por ser usted, por servir a su familia, pero no un granjero que solo sirve a su propia familia y pelea día a día para llevar pan a la mesa. ¿Entienden a donde estoy yendo? - no era un plan aún, apenas era una forma de ver las cosas y de sacar lo mejor de ello, carras peó y presentó muy en bruto su idea, tendría que pulírla pero era un punto por donde empezar si ambos líderes estaban dispuestos a verlo desde ese punto - Si quiere volver le recomendaría que tomase ese enfoque. Regresarles sus tierras, su trabajo, ofrecerles protección y seguridad para sus familias. No hable de su apellido ni intente limpiar su nombre. En la situación que esta gente se encuentra creo que tomarían la mano de los mismos emergidos si estos les ofrecen paz y trabajo. - se quedó expectante a ambos. Buscando algo que hacer se levantó para ir por el resto de su desayuno.
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Re: El Futuro en Manos de Nadie [Privado | Judal, Virion]

Mensaje por Virion el Mar Ago 15, 2017 6:24 pm

-Efectivamente, mi querido príncipe. Mientras siga con vida, seguiré luchando por mi hogar, no importa las circunstancias ni las probabilidades de victoria.

Virion poco a poco se hacía una composición de la situación. Una idea parecía estar bastante clara ya, y es que tenía al príncipe Pelleas de su parte. A pesar de lo tímido y cohibido que era el heredero de Daein, cuando se expresó diciendo en voz bien alta que abandonar Rosanne no era una opción, el arquero se emocionó un poquito por dentro. Empezaba a sentirse orgulloso de aquel muchacho. Pero no dejó que se le notase en el rostro, mostrando la misma compostura de siempre. La partida había empezado, no era bueno mostrar debilidad.

Y una partida era la que estaba jugando. Pese al impulso mostrado por el príncipe, cada vez era más obvio quien mandaba de los dos. Hablando por encima de su “señor”, utilizando un tono confiado y directo, mostrando serenidad pero fuerza, estaba claro que tenía la posición dominante. A Virion aquello no le sorprendía, conocía lo suficiente al príncipe para saber que era fácil que se situase en una situación de inferioridad, incluso con un subordinado. Lo que significaba en cierta medida problemas. Pelleas estaba claro que deseaba ayudar al duque a recuperar sus tierras, pero si su “consejero” se negaba a ello, podría incluso llegar a convencer a su “señor” de desistir en su desinteresado intento, o posponer sine die la ayuda necesaria para retomar sus tierras.

Eso significaba que debía convencer también a Judal para que apoyase su misión, o al menos evitar que se interpusiera en su camino. Tenía que medir cada palabra, cada gesto, cada respiración. Pero aunque la situación pudiera ser tensa, Virion no lo estaba. Aquel tipo de situaciones eran naturales para el arquero. Había sido entrenado en ellas, vivía de ellas, las disfrutaba. Adelante, Judal. Muéstrale al exduque de lo que eres capaz.

Y Judal empezó a hacerlo. Empezó a hablarle de la gente que se había quedado, de sus motivaciones a la hora de quedarse en Rosanne en vez de huir, de porqué prefirieron quedarse y enfrentarse al horror de los Emergidos cuando la opción más lógica era la de escapar. Virion escuchó serenamente, bebiendo ligeramente del vino ofrecido, y alternando su mirada entre el consejero y su señor, tratando de deducir qué se le pasaba por la cabeza de ambos. El exduque asentía con la cabeza mientras escuchaba a Judal. Definitivamente, no era un cualquiera.

Cuando terminó Judal de hablar, volvió a hacerse un silencio. Virion estuvo meditando serenamente las palabras, para luego sonreír ligeramente al consejero.

-Si me hubierais dicho estas mismas palabras hace unos años, me hubiese sentido profundamente ofendido. Posiblemente os hubiese insultado, e incluso os habría arrojado el contenido de mi copa a la cara.-empezó a hablar Virion, con sobrada naturalidad.-Pero afortunadamente, ya no soy TAN joven. Sigo siendo joven, es evidente para cualquiera que tenga la gracia de poder contemplar mi hermosura, pero he ganado también algo de experiencia en estos años de dura odisea. La suficiente como para poder ver toda la justeza y veracidad de vuestras palabras, estimado Judal.

Virion se recostó un poco en el asiento. En apariencia, buscando comodidad. En la realidad, para poder observar a sus interlocutores, y en especial a Judal, desde distintos ángulos sin llamar la atención. Bebió otro sorbo de vino más antes de dejar la copa nuevamente en el respaldo de su asiento.

-Lo que habéis contado, ya lo tenía aprendido, mas tuvo que ser por las malas. Así se lo expliqué ayer mismo a nuestro querido príncipe. El error dramático y fatal que cometí…-aquello era correcto. Virion le confesó a Pelleas cómo su error al valorar la posición de su propio pueblo en el conflicto contra los Emergidos. Parecía ser que Judal lo desconocía, así que no importaba repetir su narración en aquella habitación.-Ante la hora oscura, cuando los Emergidos acosaban nuestras puertas y no había ya posibilidad de victoria, tomé una decisión: la de huir y abandonar a mi pueblo. Lo hice con la intención de salvar el mayor número de vidas. Pensé que si huía, mi pueblo dejaría de luchar y escaparía, teniendo en cuenta que su señor los había abandonado. Mas no lo hicieron. Se quedaron y siguieron luchando. Lucharon por sus casas, sus tierras, sus familias. No por mí. Lucharon y murieron, y yo fracasé a la hora de salvarlos, porque no supe ver lo que realmente era importante en sus vidas.

La voz de Virion se quebró un poco al final, en contra de los deseos del propio arquero. Por mucho que lo intentase, todavía aquellos recuerdos le atormentaban, y aún en una situación como aquella donde debía controlar sus emociones al máximo, no pudo evitar que estas asomasen un poco a través de sus palabras. Sin embargo, el exduque bien sabía lo que estaba en juego, así que se recompuso enseguida y siguió hablando, como si nada hubiese pasado. No podía permitir que aquel momento de debilidad lo echase todo por tierra.

-Ahora sé qué es lo que mi pueblo realmente quiere y valora. Mi exilio me ha obligado a mezclarme con gente de clases mucho más pudientes y comprender mucho mejor cuáles son sus anhelos, esperanzas, motivaciones y pesares. Conocimiento que valoro esencial a la hora de volver a conseguir la confianza perdida de mi pueblo.-la voz de Virion mostraba confianza y determinación, como si no pudiera haber duda alguna acerca de toda su experiencia adquirida.-La batalla por recuperar el apoyo y el amor de mi pueblo es mía sola. Es mi pecado, y no puedo pedir que nadie la luche por mí. Sin embargo, para poder librar esa batalla, primero tengo que librar otra: la reconquista de mi hogar. Y aquí sí que necesito ayuda. Ayer le solicité al príncipe que me concertase una audiencia con su padre, el rey de Daein, con la intención de pedirle auxilio en tamaña empresa. Auxilio que soy plenamente consciente que no se me dará de manera gratuita. No tengo problemas. Estoy dispuesto a sacrificar mi propia alma, si con esto logro salvar a mi pueblo del terror de los Emergidos que ya llevan sufriendo tanto tiempo. Pero antes tuvo a bien de concertar otra cita todos juntos aquí, para valorar toda posible estrategia de victoria ¿Qué pensáis vos, estimado Judal?

Virion no sólo miró al consejero, sino también al príncipe. Pelleas le había dicho que era perfectamente posible un encuentro con su padre para negociar una posible expansión de Daein hacia el sur con el apoyo del exduque a cambio de conseguir ayuda para recuperar sus tierras. Sin embargo, no sabía si Judal era de su misma opinión ¿Tendría el consejero contacto también con el rey de Daein además de con el príncipe? ¿Podría ayudarle en aquel posible encuentro? ¿O sería un obstáculo en su camino? Fuera como fuera, Virion no se iba a rendir.
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Re: El Futuro en Manos de Nadie [Privado | Judal, Virion]

Mensaje por Pelleas el Mar Sep 05, 2017 12:28 am

Si bien Pelleas conocía la situación cercanamente, inclusive mejor que Judal al ser quien se la había remitido, depositaba su plena confianza en la sagacidad de los dos hombres con él en cuanto a cómo proceder. Consideraba la opinión de cualquiera de ellos inherentemente mejor que la propia, inexperiente en comparación, además de hallar alivio en no poseer en sí mismo la responsabilidad de seleccionar un curso de acción con tantas vidas humanas involucradas. No se sentía en absoluto preparado para ello. Así, agradecía tener mentes capaces tomando ese peso en su lugar y se disponía a poco más que respaldar lo que ellos hallaran más conveniente, dispuesto a prestar sus fuerzas, la poca influencia que tenía y el puente que representaba con el rey de Daein; todo menos formular el plan. Por supuesto, su "sí" final no sería dado si no le precedía un "sí" del bailarín de fuerte carácter que había reclamado el puesto a su lado, así como del admirado noble a quien quería asistir.

Repentinamente mucho más despierto, por cuanto la perspectiva futura ponía su mente a trabajar, escuchó con gesto paciente en el rostro y las manos quietas en su regazo la valoración de su aspirante consejero. Bastante habían platicado en las semanas de viaje juntos, mas por primera vez le veía aplicarse a una situación actual y deseaba seguir cada palabra. Complacido con el modo en que tomaba todo asintió pausadamente, sin atreverse a pronunciar respuesta hasta no oír también del arquero del otro lado de la mesa. En efecto, se le hacía bastante grave la aseveración de que no era por su lord por quien luchaba Rosanne, y fallaba en comprender de lleno aún cómo aquello sería positivo. Cayó en cuenta de aquella diferencia de motivos sólo tras oír a cuenta nueva cómo habían transcurrido las cosas en el más crítico momento. Judal y Virion parecían concordar en aquel concepto, no obstante, curioso de a qué conclusión llegarían con ello y deseando mantenerse al tanto, el príncipe alzó la voz apenas halló una pausa adecuada en que no sintiese que interrumpía demasiado.

- Uhm, este... quieren decir que... ¿no sería lo más conveniente que sus viejos súbidtos vean a lord Virion aparecer con tropas? ¿O, al contrario, sería lo mejor a fin de cuentas que encabece movilizaciones? Comprendo que valorarán el hecho, independientemente de donde provenga, mas aún así... - Consultó con calma. Podía entenderles a la perfección, sus silencios eran señal de un carácter débil antes que una mente débil, mas predecir a las personas jamás había sido lo suyo. Imaginaba que apuntaban al método que menos posibilidades tuviera de realzar el resentimiento público, algo que cimentara el camino a que el viejo gobernante retomara mando. Miró de soslayo al hombre de largo y lustroso cabello celeste, tan sólo para constatar la clase de expresión en su rostro y asegurarse de que se hallase aún bien con esa conversación. Comprendía que debía ser difícil. Continuaba adelante, sin embargo, y con una tenue sonrisa de alivio apareciendo en sus labios Pelleas asintió a lo que decía.

- Así es. Yo gustosamente acudiría a asistirle-- supongo que no lo he mencionado mucho, pero he debido combatir ya numerosas veces contra los emergidos. He tenido la oportunidad de estudiarles mucho en este tiempo, también. Creo que no sería un estorbo si me uniera a usted en el campo de batalla. - Le dijo, ofreciéndose con humildad, mas un nivel de confianza alto para provenir de él. Hasta el momento no había coincidido con Virion en tan peligrosas circunstancias, pero su estudios de magia no hacían más que progresar a pasos agigantados en Plegia, como estaba seguro que seguirían haciéndolo en Nohr, y el perdido temor a las criaturas le permitía mantener manos firmes y conjuros eficaces en su presencia. No obstante, sabía que un sólo mago más en un frente de guerra no haría gran diferencia. - Daein también podría disponer de tropas para ello, seguramente... tenemos más que suficientes hombres, ¡y muy bien entrenados! - Agregó. Poder militar era lo último que faltaba a su reino y lo primero que había podido plantear ofrecerle. En ese momento, titubeando un poco la sonrisa en sus facciones, Pelleas volvió la vista al bailarín que se había apartado momentáneamente de su lado. - El problema es que, lamentablemente, no tengo la potestad de tomar tropas sin el consentimiento de su Majestad, mi padre, y habría de convencerle. -

Era en eso, principalmente, en que necesitaba su ayuda. Virion tenía la disposición, por supuesto, mas lo que pudiera poner sobre la mesa era tema de cierta complejidad. No poseía un ejército e implicar al de Ylisse, aunque era posible por los contactos y el posicionamiento del arquero cerca de la corona de tal reino, quizás no fuese lo mejor. Y hasta allí Pelleas había dejado sus cavilaciones, sabiendo que debía tener alguna clase de argumento convincente para su padre empero sin lograr imaginar cual. La noche anterior se había mencionado, en la confianza de las altas horas y de dos hombres bastante bebidos pero lúcidos, la disposición de Virion a colaborar hasta en las menos altruistas e inocentes intenciones del reino que Pelleas heredaría, mas el mago no había hallado modo de transmitir aquello a su acompañante que no sonase terrible y por ende no lo había compartido aún. Su mirada siguió el movimiento de la gruesa y larguísima trenza negra contra la espalda de una persona que se le hacía pequeña en contraste.
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