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[Campaña de liberación] El bosque escarlata [Priv. Gerome]

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[Campaña de liberación] El bosque escarlata [Priv. Gerome]

Mensaje por Kagura el Dom Nov 06, 2016 3:41 pm

Las campañas de liberación contra los emergidos que invadían el reino de Hoshido estaban siendo un éxito. Contra todo pronóstico, el hecho de que el clan Yato hubiese contratado por su cuenta a cientos de mercenarios, había resultado ser la clave crucial para dar la vuelta a las tornas y retomar el control de la situación. La perspectiva era optimista, propiciando que aún más ciudadanos se armasen de valor y decidiesen alistarse en el ejército provisional para participar en el conflicto. No obstante, y a pesar de que la presencia de emergidos había sido considerablemente diezmada en algunos territorios del país, todavía quedaba bastante trabajo por hacer. Los jardines del santuario de Sevenfold, por ejemplo, arrebatados a Hoshido casi al principio de la invasión, servían ahora de refugio a numerosas huestes de emergidos que campaban a sus anchas por el lugar. La importancia religiosa de las capillas erigidas en aquellos jardines o la notable presencia de invasores no eran las únicas razones por las que una pequeña parte del ejército del reino se dirigía allí dispuesto a recuperar los terrenos sagrados. Marchaban más bien por un motivo distinto. Por una carta, concretamente, que la milicia había recibido días atrás al interceptar a la paloma mensajera que la llevaba atada a su pata.

La carta en cuestión, aparentemente escrita por monjes, decía que ellos mismos y algunos civiles se habían recluido en el templo de la montaña, cuyo difícil acceso les había permitido protegerse de los emergidos. El mensaje decía también que las provisiones se les estaban agotando y que temían no poder resistir durante más tiempo a los invasores. Rogaban por ayuda.

Como era de esperarse, la información llegó a oídos del líder del clan Yato, que no dudó en ordenar a algunos de sus subordinados y mercenarios que se incorporasen a la milicia local encargada de rescatar a los supervivientes. Para llegar al templo primero tendrían que abrirse paso por espesos jardines infestados de enemigos. Arriesgada misión por la que cualquier tipo de apoyo adicional podría marcar la diferencia entre una victoria o una derrota.

Kagura, la joven ninja cuya reputación estaba en auge debido a sus recientes logros en las campañas de las que había formado parte, era una de las kunoichis que el Gran Maestro Nhat había escogido para ayudar a las tropas oficiales del reino. Aunque en aquella ocasión no tenía un grupo al que liderar, como legítima miembro del clan, tenía el deber de asegurarse de que los mercenarios contratados por su mentor obedecían al pie de la letra las órdenes del general a cargo de la misión. Su vestimenta consistía de nuevo en su liviano kimono rojo, por lo que su aspecto destacaba sobre el resto de soldados de armaduras blancas y verdes. Como no podía ser de otra forma, Kagura llevaba además consigo su inseparable parasol azul mientras marchaba callada detrás de las ordenadas tropas de la milicia. Pronto se adentrarían en el territorio enemigo, así que la tensión se palpaba en el ambiente.
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Re: [Campaña de liberación] El bosque escarlata [Priv. Gerome]

Mensaje por Gerome el Lun Nov 14, 2016 12:41 am

Como parte de un servicio que Gerome usaba más por el interés de destruir Emergidos que por la sincera voluntad de ayudar a Hoshido, ahora el joven se encontraba entre las filas de mercenarios y demás guerreros contratados que se alistaron para ayudar en una misión que podría definirse como una locura.

Tenía que seguir al pie de la letra las ordenes y ayudar al ejercito oficial de Hoshido en su campaña, en su intento de recuperar una zona arrebatada. Los riesgos eran altos y era obvio que toda la ayuda posible era necesaria. Gerome fue elegido entre los que se ofrecieron al emprendimiento principalmente por su gran fuerza de ataque. Con una armadura de peso medio y un Wywern gigante siguiéndole, sus poderes de ataque y defensa eran llamativos.

Y no era lo único llamativo... entre las filas de los característicos Pegasus Knights de Hoshido, una gran y grisácea Wywern con un hombre vestido en armadura negra resaltaban literalmente como una mancha negra en un cuadro blanco. Los Pegasus de crin clara y pelaje blanco eran bellos, criaturas dóciles y elegantes, pero el hombre no confiaba mucho en sus habilidades ofensivas. Sin embargo estar rodeado de Pegasus Knights, en su mayoría mujeres aunque habían varios hombres también, le hacía sentir extraño. Si saliera volando a lomo de Minerva pensaría que lastimaría a algún caballo alado.

Sin embargo, y pese a toda predicción interna, Gerome servía entre las filas donde estaba. Notaba como algunos mercenarios más resaltaban por su ausencia de uniforme oficial. Había una mujer con un parasol y vestida de rojo, prácticamente una señal a fuego que atraería a los enemigos... Era una elección curiosa pero el hombre que se vestía de negro y usaba máscaras no iba a cuestionar las elecciones de vestuario de otros. Era preocupante igual que hubieran un manojo de personas tan extrañas.

Al frente se vislumbraba su destino, aquél templo tomado por los Emergidos y que debían ser recuperados prontamente. Gerome afirmó bien el agarre en su hacha. Minerva caminaba a su lado, superándolo en altura por varias cabezas. El Rider solo podía concentrarse en la batalla próxima. Casi sentía la presencia de esos monstruos horrendos y repugnantes. Su llama de sed de sangre de Emergido vibraba fuerte en su pecho. El grupo se aproximaba cada vez más, se sentía la tensión en el aire, que estaba mucho más pesado que de costumbre...
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Re: [Campaña de liberación] El bosque escarlata [Priv. Gerome]

Mensaje por Kagura el Dom Nov 27, 2016 11:11 am

Kagura posó repentinamente su mano sobre el hombro del joven caballero con máscara. Era bastante típico de ella importunar al resto con sus ocurrencias en los peores momentos, y para llegar a donde estaba el soldado extranjero había tenido que empujar y romper la formación de las filas de la milicia; justo cuando estaban atravesando las enormes puertas de los jardines del santuario.

-Oye tú, oye tú…- le espetó con informalidad la ninja al joven misterioso. -¿Es verdad que los wyvern comen gente?-

En el ejército de Hoshido no existían demasiadas de aquellas dracónicas criaturas, ya que en su lugar se prefería utilizar dóciles caballos alados. Por esa razón, siempre que Kagura veía un wyvern sentía la imperiosa necesidad de acercarse a su dueño a preguntarle por curiosidades, estuviesen carentes de fundamento o no, que había escuchado de boca de cualquier charlatán en la taberna del poblado más cercano.

-¿Y es verdad también que escupen fuego por la boca? ¿Y que mudan de piel cuatro veces al año?- continuó bombardeando a su interlocutor, como si no pudiese advertir que estaban en territorio enemigo y por lo tanto, en peligro.

-¿Pero se puede saber qué estás haciendo, Kagura?- le recriminó de repente un muchacho que parecía tener la misma edad que la kunoichi. Se trataba de Ame, el miembro del clan Yato con quien mejor se llevaba la joven de cabellos pelirrojos. El Gran Maestro Nhat le había enviado allí también con el objetivo expreso de vigilar a la revoltosa ninja, pues temía que con sus excentricidades terminase poniendo en riesgo una misión tan delicada como aquella. -¡Mira la cara que te está poniendo el General! Vuelve a tu sitio.-

Ame, que vestía con ropa tradicional de color blanca, parecía más maduro y sensato que su hermana, a la que sujetó en contra de su voluntad para arrastrarla devuelta a la retaguardia de la milicia. Kagura agitaba desesperadamente sus brazos mientras protestaba con gritos y maldiciones de todo tipo. Tan variable comportamiento no tenía explicación, si bien en algunas campañas había adoptado una actitud mucho más adulta y reflexiva de lo habitual, en otras como aquella, se portaba igual que una niña caprichosa.

-¡Dejadme subir al wyvern!- suplicó por última vez Kagura. Con tanto ruido, podía considerarse un milagro que los emergidos aún no hubiesen reparado en la presencia de la milicia.
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Re: [Campaña de liberación] El bosque escarlata [Priv. Gerome]

Mensaje por Gerome el Jue Dic 08, 2016 12:06 am

Gerome pasaban sus ojos vigilantes por la formación delante de él, se seguía sintiendo extraño al ocupar más espacio que los Pegasus Knight en su zona de las filas, pero Minerva medía casi 6 metros, era obvio que ocupaba más espacio que un pony con alas. Lo que lo sacó del pensamiento de ese momento fue la mano en su hombro, en su metálico hombro con armadura protectora para jinetes. Miró al costado para encontrarse con la mujer pelirroja que había notado hace pocos minutos en la formación. Solo arqueó una ceja, esperando quizás alguna orden o...

El soldado la quedó mirando fijo cuando dijo sus preguntas. Minerva, a su lado, miraba intrigada a la mujer puesto que ella tampoco la había sentido acercarse, quizás el aroma de la zona le dificultaba el rastreo de presas.

-Los Wyvern atacan a quien los agreda, señorita. No cazan una presa específica, aunque no descarta a los humanos si es que no se ha afiliado a uno.-

Explicó el joven con paciencia. Minerva era su tema de discusión favorito desde la infancia. Una hermosa Wyvern que creó un lazo con un humano niño y ahora trabajaban como equipo. Nunca le molestaba hablar de ella, aunque los rumores sobre tan admirables criaturas fueran torpemente infundamentados.

-No escupen fuego pero su aguijón, al final de la cola, es venenoso. Y... desconozco los patrones de muda de piel... no son serpientes, señorita... pierden escamas como los humanos pierden cabello en la época de muda de pelaje-

Y así, sin más, Gerome se encargó de comparar a un humano con una criatura mamífero de pelaje corto... cosa que solían reprocharle en su unidad en Ylisse. No quiso responder más preguntas por dos razones, una: ya había dicho lo suficiente, y dos: un superior se acercaba. O por lo menos por su aspecto era un superior, quizás no lo fuera pero se veía mayor que él. Y mayor que la muchacha.

Vio como la chica era arrastrada por el superior. No se dispuso a decir algo ya que no le habían pedido la palabra y, sinceramente, no vio necesidad de defender a la chica. Se había ido de la formación y las formaciones son para los disciplinados, si un soldado no tiene disciplina, no es buen soldado.

Al escuchar el grito de pedido de la chica, Gerome frunció el ceño detrás de la máscara.

-¡Es un ser vivo, no un juguete!-

Reprochó molesto y agarró a Minerva más cerca de él, acelerando un poco el paso para poder alejarse de ella. Minerva gruñó levemente, golpeando su nariz escamosa contra la piel del rostro del muchacho.

-No eres una mascota, Minerva, ni tampoco un juguete cualquiera de festival-

A Gerome le molestaban los pedidos así. Ella era su aliada, él no ve a otro soldado y pide de subirse a su espalda, Minerva no era diferente. Pero sacando eso de su mente, el joven visualizó por fin los arcos del santuario, sentía en su pecho la presencia de esos pútridos Emergidos y se olvidó totalmente de su disgusto anterior, preparándose para la batalla. Inconscientemente agarró la empuñadura de su hacha, la ansiedad era inevitable. Estaban cerca y la pelea sería memorable.
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Re: [Campaña de liberación] El bosque escarlata [Priv. Gerome]

Mensaje por Kagura el Sáb Ene 28, 2017 1:31 pm

Kagura fue devuelta a su lugar en aquella aburrida formación militar sin poder oponer la más mínima resistencia. ¡Odiaba las formaciones! Eran lentas, se podían detectar a la legua, y les convertían en un blanco perfecto para un enemigo bien preparado. Si el fragor de una batalla era caótico y frenético, ¡¿qué necesidad había entonces de marchar hacia ella de una manera tan ordenada?! Pero lejos de continuar carcomiéndose la cabeza con iracundos pensamientos, la kunoichi suspiró para relajarse, siendo consciente de que más de una decena de miradas curiosas se habían posado sobre ella por el espectáculo de antes con el wyvern. En realidad, sentía algo de ansiedad y nerviosismo ante lo que sabía que iba a suceder. Por muchas batallas que hubiera librado con anterioridad, nunca podría acostumbrarse del todo a aquella tensa atmósfera que precedía a la guerra.

A Kagura le gustaba llamar la atención. Eso lo dejaba entrever con su comportamiento infantil y hasta con su vestimenta, impropia de un buen shinobi. Eso le había granjeado cierta fama de ser alguien muy problemática entre aquellos que la conocían, aunque en realidad era una de las más feroces y peligrosas luchadoras de su clan. La joven pelirroja creía precisamente que aquel era el único don que tenía, y por ello solía estar siempre dispuesta a alardear de él cuando y cuanto podía. Era su orgullo, aunque le costase reconocer que si era tan buena en el combate, se debía sobre todo a la herencia laguz que corría por sus venas.

La milicia cruzó las grandes puertas de los jardines del santuario sin musitar la más mínima palabra. Desfilaban en silencio y con cautela, preparados para cargar en cualquier momento contra los enemigos. Pero allí no había nadie. Los soldados sujetaban sus armas con firmeza, mientras escudriñaban con temor los alrededores. Aquellos vastos terrenos estaban tan calmos como un cadáver, y eso era lo verdaderamente inquietante, pues no había rastro de los emergidos que se suponía que debían estar ahí. Algunas de las tropas se volvieron, nerviosas, hacia el General que lideraba a la milicia desde la retaguardia en busca de alguna orden específica. La operación consistía en rescatar a los presuntos civiles atrapados en el templo de la montaña, pero en esos momentos no había ningún atisbo de las hordas de emergidos de las que hablaban los informes recientes. Todo aquello apuntaba a que se estaban dirigiendo a una trampa, pero el General no daba atisbo de inmutarse siquiera.

-Cobarde.- murmuró Kagura con recelo. No le caía bien el General, y odiaba tener que estar a sus órdenes. A su parecer, un verdadero líder tenía el deber de estar al frente de sus subordinados, y no escondido detrás de ellos. Fue entonces cuando a la kunoichi se le ocurrió una idea. Acercándose de nuevo a su hermano, le susurró al oído. -¡Ame!, te apuesto veinte monedas de oro a que este generalucho de tres al cuarto nos abandona a nuestra suerte a la primera de cambio.-

-¿Qué es lo que pretendes, Kagura?- cuestionó encolerizado el joven. -Ya es la segunda vez que abandonas tu puesto. A tu sitio, ¡ya!-

A la muchacha pelirroja no le sentó bien la respuesta del shinobi, por lo que le sacó la lengua antes de regresar a su lugar en la formación. La milicia seguía avanzando sin dificultades por los jardines que, a pesar de estar descuidados por el abandono, seguían conservando su encanto. La maleza crecía frondosa por doquier, y no parecía en absoluto que el lugar hubiese sido tomado por los emergidos. No obstante, aquellos jardines habían sido muy frecuentados hacía no tanto por millares de fieles del dragón divino. Verlos tan desolados y vacíos era siniestro.

Mientras marchaban sin sufrir más sobresaltos que el de un par de pequeños animales que huían al paso de los soldados, los rayos de luz crepuscular que se filtraban entre las hojas de los cerezos se iban debilitando. El día estaba dando paso a la noche, y aunque ya llevaban bastante rato caminando, todavía no se habían topado con ningún emergido. Lo peor era que el templo de las montañas, erigido en la lejanía, seguía pareciendo tan distante como al principio. Fue entonces, cuando los jardines ya estaban cubiertos por el oscuro manto de la noche, que los caballos alados de los caballeros pegaso empezaron a relinchar, más nerviosos que nunca. Kagura arrugó la nariz, porque también podía percibir lo que ellos gracias a su sentido del olfato sobrehumano. Más allá del dulce aroma a noche y vegetación que impregnaba el lugar, la kunoichi podía oler el tenue y pútrido olor a emergido… y el del fuego.

-¡¡Es una emboscada!!- exclamó con todas sus fuerzas la ninja, pero nadie tuvo tiempo a reaccionar a su advertencia antes de que un centenar de flechas incendiarias comenzaran a caer sobre la tropa. El caos se apoderó de la milicia, que abandonó su ordenada formación para huir en busca de refugio seguro. Algunos trataron de huir yendo marcha atrás, sólo para morir a manos de un numeroso grupo de emergidos equipados con espadas y mandobles que les cortaban cualquier vía de escape, otros tuvieron más suerte y pudieron escapar a lomos de sus monturas aladas antes de que una nueva lluvia de flechas normales derribase a la mayoría de ellos. Estaban atrapados, y ante la incapacidad del General de poner orden entre sus propios soldados, Kagura trató de abrirse camino por su cuenta armada con su parasol y sus cuchillos.

El escenario no podía ser más desolador. Aparte del griterío y la confusión de la batalla, el incendio que había prendido la lluvia de flechas incendiarias se extendía por el frondoso jardín. Su humo impregnaba el campo de batalla, sofocando a los pocos que se atrevían a plantar cara a los enemigos, mientras que las flechas se encargaban del resto del trabajo.
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Re: [Campaña de liberación] El bosque escarlata [Priv. Gerome]

Mensaje por Gerome el Dom Feb 12, 2017 4:42 pm

Cuando el jinete estaba más tranquilo a solas otra vez, pudo divisar arcos que señalaban la cercanía del jardín. Toda la formación caminaba lento pero algo no estaba bien. Si bien Gerome nunca fue el más instintivo de su grupo en Ylisse, esta situación se veía mal. Y Minerva no dudó en darle un pequeño golpe con el hocico en el hombro a su jinete, presintiendo algo malo también. Gerome no estaba seguro de qué era lo que olía mal en la situación. El general no encabezaba las filas, aunque pensó que era algo más cercano a lo cultural las razones por la cual pasaba eso. Miró hacía atrás y divisó a quien los comandaba pero no le estaba prestando atención a él así que aprovechó la situación.  

Subió sobre el lomo de Minerva, sin levantar vuelo, obviamente. No tenía la autorización para desplazarse por aire aún, pero quería estar preparado. Algunos Pegasus Knight que estaban cerca de él, preocupados, imitaron la acción de subir a sus monturas. Gerome creía que no resistirían los ataques de flechas, lo sabía, ya había sido derribado por una antes y Minerva tenía la piel mucho más resistente que esos caballitos.  

-Minerva, ante el mínimo ataque... levanta vuelo ¿Entendido?-  

Le susurró a su reptiliana compañera, la cual asintió y sus alas estaban preparadas. Se encargó de no asustar demasiado a los Pegasus. El tamaño de ella era el triple, mínimo, que el de ellos y sus movimientos bruscos podrían incluso herirlos. Pero todo cambió cuando la noche empezó a hacerlos sus presas, a devorarlos lentamente tras su manto. El Templo aún no se divisaba enteramente, la misión de rescate era un poco menos que imposible pero ahí estaban... caminando a su muerte.

Y no tardó mucho en venir la fría mano de la Parca. Gerome escuchó un grito que anunciaba a una trampa y Minerva emprendió vuelo rápidamente. A tiempo justo para esquivar por poco una lluvia de flechas de fuego. Unos 5 Pegasus Knights despegaron a la par de Gerome y probablemente serían los únicos que sobrevivirían. Minerva volaba lejos del rango de los arqueros y el humo hacía casi imposible ver con precisión. El fuego se esparcía y si no lo detenían, estarían acabados.  

El chico usó el pañuelo que tenía al cuello para cubrirse la boca y la nariz y así evitar la inhalación de humo que soplaba a su contra. Sin la visualización de su general, el jinete decidió tomar su supervivencia en sus manos. La formación se había perdido y poco había que hacer más que luchar. Para salvar la mayor cantidad de soldados posibles, Gerome comandó a los jinetes que estaban cerca suyo para volar de determinada manera. Minerva y los 5 Pegasus empezaron a volar alrededor de la zona incendiada en forma circular, generando un torbellino de tierra y secando la zona de oxígeno, lo cual provocaba que el fuego mermara hasta apagarse lentamente. Dejaba de propagarse por la zona de batalla principal, aunque aún quedaba algún foco menor cerca.  

El jinete intentó ver entre el humo que se desvanecía muy lentamente, a alguien, a quien sea, para ayudarle en el combate. Un soldado Emergido atacaba a dos soldados, una maga que cayó con una lanza en el pecho y un lancero que no estaba preparado del todo. Gerome dirigió a Minerva en caída libre contra el soldado Emergido, golpeándolo con la cola de su Wyvern, la cual lo envenenó y empezó a carcomerle la carne ya bastante muerta del enemigo. El lancero quedó ileso, aunque por poco ya que más soldados Emergidos se acercaban. Los únicos que Gerome podía ver ahora entre la tierra, el humo y el caos, era a aquel lancero y a los 5 Pegasus Knight que lo ayudaron con el remolino. Si eso era todo lo que quedaba... probablemente no saldrían vivos de ahí.
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Re: [Campaña de liberación] El bosque escarlata [Priv. Gerome]

Mensaje por Kagura el Miér Feb 15, 2017 4:55 pm

Envuelta en un humo denso que se extendía por todo el campo de batalla, a Kagura le costaba orientarse o siquiera respirar. A pesar de no poder distinguir más que siluetas borrosas entre todo el caos que reinaba en la zona, todavía podía apañárselas para esquivar los ataques de los enemigos de a pie. Sin embargo, protegerse de la lluvia de flechas que caía rítmicamente cada cierto tiempo era una tarea algo más complicada, y dependía en gran medida de la suerte. A la ninja le costaba dar crédito a lo que veía. Nunca había luchado contra emergidos tan bien organizados como aquellos, pero tampoco disponía del tiempo suficiente como para ponerse a reflexionar sobre qué había podido salir mal para que estuviesen aniquilando a la milicia hoshidana de esa manera. Los gritos y el sonido del acero entrechocando contra el acero impedía que nadie pudiese asumir el liderazgo de las unidades supervivientes, por lo que lo único que podían hacer realmente era tratar de huir. Con algo de suerte, podrían reorganizarse más tarde y contraatacar, pues la batalla estaba perdida.

Mientras Kagura avanzaba a toda prisa sobre pilas de cadáveres recientes, la punta de la lanza de un piquero emergido la sorprendió y rasgó parte de sus vestiduras. Aunque no llegó a herirla más que superficialmente, la ninja supo que el siguiente ataque sería inminente y no podría esquivarlo. Actuando por puro instinto, la muchacha bloqueó el palo de la lanza con la ayuda de su parasol azul en el último momento, forzando a la hoja a quedar enterrada en el césped. El emergido dio un traspiés, desconcertado.

-¡Cre…creías que me tenías! ¡¿No?!- le espetó con dificultad como si su oponente pudiese entenderla. Acto seguido, derribó al emergido con una patada y utilizó la propia lanza para acabar con su propietario.

Aunque a primera vista no lo pareciese, el parasol azul de la kunoichi no era un simple accesorio decorativo. Había sido fabricado para ser casi tan resistente como una de esas porras que portaban los salvajes onis de la Tribu del Fuego, aunque ese detalle en particular lo conocían muy pocos. Principalmente porque Kagura, al ser una experta en el combate a distancia, prefería utilizar sus dagas para combatir. Era pues en aquel tipo de situaciones cuando utilizarlo le permitía salir airosa de enfrentamientos desfavorables. No obstante, la muchacha se maldecía por haberse metido en semejante berenjenal, y únicamente se preocupaba por su propia supervivencia.

Fue en ese momento y para sorpresa de la ninja, cuando una repentina y potente corriente de viento irrumpió en el campo de batalla, levantando la tierra y mermando así los principales focos del incendio en un santiamén. El humo se retiraba poco a poco, y el ataque de los arqueros cesó unos instantes. Kagura y algunos otros que trataban de retirarse, se detuvieron confusos, en busca de los responsables. Los encontraron en medio del fragor del combate, y como la nube de polvo seguía siendo densa, solo podían distinguir sus siluetas. La joven muchacha reconoció al instante la sombra más grande. ¡Era el wyvern de antes! Tanto la criatura como su jinete parecían estar combatiendo con valor, pero si no alzaban el vuelo de nuevo, podrían convertirse en víctimas de la siguiente e inminente lluvia de flechas.

Kagura negó con la cabeza. Si bien resultaba esperanzador que ya no tuviesen que preocuparse por el fuego, era más que evidente que el extranjero y su montura iban a morir. Pero entonces, justo cuando se disponía a abandonarlos a su suerte, se le ocurrió una idea. “… ¿y si no hubiera más lluvias de flechas?” En sus bolsillos todavía conservaba un par de bombas de humo del clan Yato. Las llamaban Semillas del Loto Rojo, y a pesar de lo potentes que eran sus efectos hacía tiempo que no las utilizaba. Los emergidos podrían comportarse como autómatas sin alma, pero parecía que seguían dependiendo de los sentidos para orientarse. Kagura extrajo las esferas de cristal con cuidado, y fijó la vista en su destino. Sortear la sólida formación que cercaba a los soldados hoshidanos sería casi un suicidio, pero si existía al menos una oportunidad de cambiar las tornas del rumbo de la batalla, merecía la pena intentarlo. Los caballeros pegaso que quedaban y el jinete wyvern extranjero podrían aguantar más si ella se encargaba de los arqueros.

La ninja no tenía más tiempo que perder, así que arremetió contra las unidades inmóviles y acorazadas que le cortaban el paso. Kagura se había fijado en que las primeras flechas que cayeron durante la emboscada parecían provenir de algún lugar más allá de aquella fila de emergidos, por lo que dedujo que para llegar hasta los arqueros tendría que pasar a través de ellos. Cuando los enemigos prepararon las armas para ensartarla con sus lanzas, la muchacha dejó caer las esferas de cristal, y una impenetrable capa de humo rojo cubrió toda el área.

El gas carmesí se desvaneció a los pocos segundos, pero la kunoichi también había desaparecido.

Mas si algo podía afirmar Kagura con total certeza en medio de todo aquel caos, era que ya no lloverían más flechas del cielo.
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Re: [Campaña de liberación] El bosque escarlata [Priv. Gerome]

Mensaje por Gerome el Jue Feb 23, 2017 9:50 pm

Gerome contó mentalmente sus fuerzas, de la espesura del humo y polvo había emergido una... ¿Cómo se llamaban en Hoshido las magas? En fin, una mujer que hacía magia, por lo que ahora contaba con 5 Pegasus Knights, un Lancer y una Mage. Calculó rápidamente que lo mejor para los que estaban en vuelo era alejarse lo más posible de las próximas flechas, pero ese muro de soldados Emergidos hacía imposible atacar a los arqueros o, incluso, escaparse rápidamente. Y tampoco podría dejar solos a los dos soldados de a pie. Por un instante pensó que no habría una estrategia posible cuando, de repente, una bomba de humo roja (o un color similar, que él es soldado, no pintor...) explotó a cerca distancia. Esto distrajo a los soldados de las filas primeras.  

En ese momento, los alados despegaron. Dos Pegasus Knight armados con jabalinas, atacaron a distancia a sus enemigos más cercanos mientras que los otros tres derribaban a dos Emergidos con espadas. Gerome tomó en su montura a la Maga y la transportó hasta una distancia segura de combate contra dos caballeros Emergidos. Uno de ellos tenía una jabalina y la lanzó hacía el jinete pero Minerva logró esquivar en el aire ese tiro bastante mal hecho por parte del enemigo. Una vez esquivado el ataque, aterrizó en el suelo, haciendo volar más tierra por el aire. Gerome bajó de su montura armado ya con su hacha y se abalanzó contra el otro caballero.  

El ataque para el caballero fue sorpresivo, no solo por la fuerza bruta que utilizó Gerome contra él sino también por el ataque de la maga a distancia, que él no había visto hasta entonces pues se ocultaba muy bien cerca de Minerva. Mientras, la Wyvern se colocó a la defensiva junto a la maga para encargarse de protegerla mientras su jinete combatía a los dos caballeros de lanzas. El lancero de Hoshido también se unió al jinete en combate cuando llegó a la zona donde estaban.  

El ruido era ensordecedor, el viento soplaba leve pero había humo y polvo por el ambiente. Por alguna razón los arqueros no habían atacado. El resto del ejercito de Hoshido estaban o muertos o desorientados. Gerome no sabía donde su general estaba ni qué comandos seguir, así que solo se concentró en sobrevivir. ¿Dónde estarían los demás? No podría ser que solo hubieran sobrevivido ellos de la emboscada. Aun podía escuchar ruido de pelea en el fondo, habían más soldados solo que dispersados. Esta batalla era tan suicida como había parecido desde el inicio.  
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Re: [Campaña de liberación] El bosque escarlata [Priv. Gerome]

Mensaje por Kagura el Sáb Feb 25, 2017 4:19 pm

Alejada a una distancia considerable del combate, Kagura podía seguir oyendo el sonido metálico de las armas entrechocando. La muchacha pelirroja respiraba con dificultad mientras observaba los cuerpos inertes de una veintena de arqueros emergidos. Acabar con todos ellos no había sido tarea fácil, pero por fortuna estaba más que acostumbrada a lidiar con ese tipo de unidades. A larga distancia sus flechas podían llegar a ser mortíferas, pero de cerca apenas tenían tiempo de tensar el arco antes de que la ninja los derribase con la ayuda de sus dagas. Sortear el muro de guardias acorazados de aquella manera había sido sin duda una idea temeraria y absurda, pero efectiva. Alguien tenía que hacerlo, pues a diferencia de los samuráis, de los aurigas celestes o de los augures, la intrépida joven podía moverse con gran soltura. Lo que importaba al final era que en el claro donde se estaba dando lugar la batalla ya no tendrían que preocuparse por la lluvia de acero. Sin embargo Kagura, lejos de volver con sus aliados de inmediato, permanecía pensativa mientras descansaba sentada sobre un tronco de árbol caído.

Ella ya había cumplido con su parte, y era completamente libre de marcharse de vuelta a casa. Pensó que si le llegaban a preguntar más tarde por el destino de la milicia, tan solo debería responder que habían muerto en una emboscada inesperada. Les diría que aquellos emergidos contaban con una capacidad de organización extraordinaria, y que tendrían que enviar a un escuadrón más preparado si querían recuperar los jardines del Santuario de Sevenfold. Pero por otra parte, comprendía que abandonar a su suerte a los pocos soldados que quedaban no era lo correcto. Entre ellos podía encontrarse su propio hermanastro, Ame, aunque creía que lo más probable era que éste ya hubiese encontrado una manera de escapar. No obstante, ya no le quedaban más bombas de humo con las que desorientar al enemigo. Si tomaba la decisión de volver, quedaría a completa merced de lo que fuese que le deparase el futuro. Esta vez sin garantías de salir con vida de la emboscada.

La kunoichi pensó y pensó hasta que la cabeza le dolió. Tampoco es que le resultase sencillo concentrarse con todo el barullo que provenía del bosque, aunque en ese momento se percató de que le faltaba algo importante. -Un momento, ¿dónde está mi parasol?- se dijo a sí misma al darse cuenta de que su pertenencia más preciada ya no estaba consigo. No recordaba donde debía de habérsela dejado, pero todo apuntaba a la conclusión más evidente. Kagura suspiró, mientras se llevaba una mano a la frente. -¿Por qué me tiene que pasar esto a mí?-

Incorporándose con una expresión molesta en el rostro, la ninja se encaminó de vuelta al campo de batalla. En cuanto vislumbró otra vez el muro de soldados acorazados, cogió carrerilla y arremetió en su dirección. Y como no podía abrirse paso a través de ellos de forma directa, tuvo que sortear a los emergidos pasándoles por encima gracias a las ramas de los árboles que rodeaban el claro. Desde allí arriba se dedicó a buscar desesperadamente con la mirada su parasol, pero en su lugar se encontró con el jinete wyvern de antes, que parecía estar luchando junto a una augur y un lancero hoshidano. Kagura se fijó en que estaban siendo rodeados por una horda de soldados enemigos. Ella no quería que la wyvern muriese antes de que pudiese siquiera tener la oportunidad de subirse encima suyo, así que valerosamente saltó y se dirigió a toda prisa a donde los supervivientes se encontraban.

-¡Eh! ¿Necesitáis ayuda?- les gritó. Empuñaba una daga en cada mano, y lanzó la primera de ellas al cuello de un emergido que se disponía a atacar al lancero de Hoshido.
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Re: [Campaña de liberación] El bosque escarlata [Priv. Gerome]

Mensaje por Gerome el Dom Feb 26, 2017 4:28 pm

El lancero de Hoshido y él terminaron de derribar los dos caballeros Emergidos cuando otro enemigo fue a por el lancero. Justo a tiempo una daga atravesó el cuello del adversario, haciéndolo caer. En un instante Gerome escuchó esa voz que reconoció enseguida porque nadie le había fastidiado en tan poco tiempo antes. Miró de reojo en dirección de la pelirroja que hacía recién acto de presencia.  

-Si te refieres a ayuda a morir, estamos bien. Los Emergidos son muy amables en ayudar... pero si decides pelear contra ellos, no me ofenderé-  

Respondió casi sarcástico, lo cual ya de por sí era una sorpresa. Su sarcasmo no era fácilmente reconocible en su batallón en Ylisse, por no decir que siempre lo tomaban literal por su incompetencia en cambiar de tono en su habla. Pero esta vez, bajo el furor de la batalla... definitivamente había sonado sarcástico.  

En ese momento los cinco Pegasus Knight retornaron a unirse al grupo. Habían logrado derribar a varios Emergidos pero otros seguían brotando de dentro del humo y la tierra esparcida en el aire. Minerva gruñó señalando a la diestra de ellos y se incorporó en sus dos patas para intimidar. Desde esa dirección venía un grupo de nuevos enemigos que, rápidamente, lanzaron una ráfaga de fuego contra el conjunto de lo que quedaba del ejercido Hoshidiano.  

Los Pegasus Knight esquivaron el golpe, menos uno, que cayó herido al suelo. La Mage de aquellas tierras lanzó otro ataque mágico y Gerome, junto con el lancero, fueron directo al ataque de frente hacía los enemigos. No había tiempo para cruzar palabras con la mujer pelirroja ni para idear un plan. O mataban a todos o morían todos. Y la única razón que el Wyvern Rider veía por la cual los Hoshidianos seguían combatiendo en una causa perdida... era por honor. Sabía poco y nada de ese pueblo pero entendía que tenían un nivel alto de honor en sus combates. Morir en el campo era más honorable. Él, por su parte, sentía que el Destino estaba ya tomado desde el momento en que comenzó la emboscada, pero el resultado... eso es lo que no sabía.  

Los enemigos al frente eran dos magos, dos lanceros y tres caballeros (dos con lanza y uno con espada). Del grupo de Hoshido quedaban el lancero, la maga, y solo cuatro Pegasus Knight. Gerome y la otra chica pelirroja no parecían ser del ejercito pero estaban apoyando. Eran pocos, pero suficientes para dar pelea. El Rider continuó golpeando con su hacha contundentemente a uno de los caballeros con la ayuda de un Pegasus Knight con jabalina. Los otros trataban de detener Hoshidianos trataban de detener al resto, lo cual de por si era dificil. Las ráfagas de fuego y electricidad que venían desde atrás de los caballeros indicaban que los magos Emergidos eran feroces.
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Re: [Campaña de liberación] El bosque escarlata [Priv. Gerome]

Mensaje por Kagura el Sáb Abr 01, 2017 10:43 am

Kagura se acercó al emergido que acababa de derribar con la intención de recuperar la daga. Aparte de las que empuñaba en sendas manos, guardaba otras dos de reserva entre la ropa. No podía permitirse prescindir de ninguna de sus armas pues aquella batalla en la que se encontraba envuelta ya estaba perdida, y si ella y las restantes unidades supervivientes del ejército hoshidano pretendían sobrevivir, lo único que podían hacer era encontrar una manera de escapar de la emboscada enemiga. La situación era sin duda precaria, y quizá por esa razón la ninja se sorprendió al escuchar la sarcástica respuesta del caballero wyvern, quien a pesar de parecer ser alguien extremadamente serio y diligente, estaba demostrando disponer en realidad de la suficiente energía como para espetarle mordaces ironías. La kunoichi frunció el ceño, algo molesta. Había esperado recibir una bienvenida más acorde con la gran hazaña que acababa de llevar a cabo después de todo. No cualquier miembro de la reducida milicia disponía de la suficiente movilidad como para abrirse paso a través de la formación emergida y acabar con sus principales arqueros sin ayuda externa. Claro estaba que los presentes, concentrados sobre todo en sobrevivir a las oleadas de hostiles emergidos, carecían de esa información, pero Kagura simplemente no llegó a pensar en ese detalle antes de contestar con brusquedad al jinete.

-¡Si os quedáis aquí quietos esperando a que venga Naga a ayudaros está claro que vais a morir!- gritó enfurecida, antes de pasar a señalar el muro de acero que, constituido por los voluminosos cuerpos de la infantería pesada enemiga, los acorralaba. -¿Acaso no os dais cuenta de que se están moviendo? Intentan rodearnos todavía más y dejarnos sin espacio para luchar.-

La ninja tenía razón. En medio de todo el polvo y el humo que reinaba imperante en el campo de batalla, era difícil fijarse en ese detalle. Pero después de tener la oportunidad de atravesar la sólida formación de los emergidos en dos ocasiones, Kagura se había percatado de que poco a poco la disposición circular de los soldados que los cercaban era cada vez más estrecha. La muchacha pasó a fijarse entonces en las fuerzas de las que disponían. Sin contarse a sí misma, tenían al jinete wyvern de la misteriosa máscara, cinco aurigas celestes, una augur y un piquero. Por lo que supo enseguida que todavía tenían posibilidades de salir con vida. Sin embargo, antes de que pudiese preguntar por la razón por la que las unidades de a pie no se subían también a las monturas aladas para escapar, una ráfaga de fuego se dirigió de repente hacia ellos. Kagura pudo esquivar el ataque sin problemas, pero uno de los aurigas celestes no tuvo tanta suerte y acabó tendido en el suelo. El enmascarado, la augur y el piquero se lanzaron directos contra la nueva amenaza, dispuestos a impedir que volviesen a atacar. Se les sumó uno de los aurigas con su jabalina.

La ninja supo que no había tiempo para atender al caído, pues los dos magos emergidos que lanzaban conjuros de fuego y trueno desde la retaguardia parecían peligrosos, nada que ver con los endebles y desprotegidos arqueros que instantes atrás había derribado. Los otros tres caballeros pegaso parecían encolerizados, y se lanzaron contra los magos que habían malherido a su compañero. Kagura quiso seguirlos a pie, pero le resultó imposible porque dos lanceros se fijaron en ella y le cortaron el paso.

-¡No puede ser! ¿Estáis de broma?- exclamó la kunoichi cansada de todo aquello. Empezaba a arrepentirse de haber regresado al campo de batalla, pues ni siquiera había rastro del paradero de su querido parasol azul. Hacer frente a veinte arqueros novatos era una cosa, pero dos lanceros con armadura ayudados por feroces magos constituían un peligro mayor. No obstante, el caballero wyvern y los demás parecían ocupados enfrentándose a sus respectivos adversarios, por lo que si quería llegar hasta la retaguardia para apoyar a los caballeros pegaso, primero tendría que derribar a sus dos nuevos oponentes.

El primero de los soldados que arremetió contra ella trató de hundir la punta de la lanza en su vientre, pero Kagura estaba preparada y pudo esquivarlo casi sin despeinarse. Sin embargo, el otro emergido aprovechó la situación para abalanzarse contra ella y tratar de herirla con un amplio corte horizontal. La ninja supo que no podría eludir ese coordinado ataque, por lo que bloqueó la hoja del arma con una de sus dagas mientras arrojaba la otra al cuello expuesto del emergido. Pero por mucho que su puntería fuese certera, a su adversario le bastó con ladear un poco la cabeza para esquivar el cuchillo.

Kagura se dio cuenta entonces de que se encontraba completamente atrapada. La única daga que empuñaba en esos momentos estaba ocupada bloqueando el ataque del segundo lancero, y si trataba de soltarla, no tendría modo alguno de eludir el consiguiente tajo que desparramaría sus tripas. Por otra parte, el primer lancero que había tratado de atacarla, acababa de recuperar la compostura y se encontraba ahora detrás suya. Mas Kagura estaba demasiado ocupada resistiéndose a la abrumadora fuerza del oponente que tenía delante como para poder permitirse el extraer una de sus dagas de reserva.

-Genial…- llegó a mascullar mientras intentaba observar la figura del primer emergido por el rabillo del ojo. El lancero libre no tardó en actuar, y empuñando su arma con firmeza de nuevo, trató de asestarle un corte mortal por la espalda. Por fortuna, Kagura había predicho instintivamente esa acción, dejando de bloquear la lanza del segundo adversario en el momento justo para escabullirse lejos de la escena. Fue así como los emergidos, sin poder reaccionar a tiempo, se hundieron sin querer sus respectivas armas entre sí. La coraza metálica podría ser suficiente como para rechazar los cortes de las dagas de Kagura, pero al parecer, no bastaban para hacer frente a sus propias lanzas.
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Re: [Campaña de liberación] El bosque escarlata [Priv. Gerome]

Mensaje por Gerome el Sáb Abr 22, 2017 1:20 am

Gerome se cansó del caballero que le cubría el paso. Si continuaban así morirían todos ahí y, por más que el joven sabe que su futuro es morir, no planea hacerlo en una emboscada ayudando a un Reino que siquiera es el suyo. Enfurecido impulsó su hacha con todas sus fuerzas, atravesando la armadura de su enemigo y cortándole en dos por la cintura. El Pegasus Knight que le ayudaba quedó congelado por un instante hasta recuperarse. La brutalidad de un Wyvern Rider no parecía ser costumbre en Hoshido, más bien usaban Pegasus Knight y lanzas.  

Enseguida el joven observó sus opciones, silbó y Minerva a los instantes estaba cerca de él. Al parecer, durante su combate, la maga de Hoshido se había refugiado junto con una Pegasus Knight y otro de los caballos alados ayudaba al lancero. El Pegasus Knight que le seguía a él parecía querer cooperar en su siguiente objetivo. Se montó sobre Minerva y despegó a una distancia corta del suelo, esquivando un rayo eléctrico proveniente de un mago Emergido. Gerome odiaba a los magos Emergidos.  

Visualizó en medio del combate a la chica pelirroja de antes pero siquiera pudo lograr llegar a ella cuando, de una maniobra particular, los dos enemigos terminaron atravesándose entre ellos con sus armas y la chica salió casi ilesa del enfrentamiento. El Rider bajó rápido hacía ella.  

-No habrá posibilidad de victoria aquí, retirarnos será la única posibilidad de supervivencia-  

Aclaró rápidamente a medida que ojeaba a su alrededor. Enseguida bajó de su Wyvern cuando un lancero Emergido se precipitaba contra ellos, saliendo de una nube de humo y tierra en el aire. Como venía corriendo Gerome decidió apuntar su hacha a las piernas del sujeto pero Minerva pensó primero y de un movimiento de cola lo lanzó lejos, gruñendo incómoda.  

-Tsk. Gracias-

Le dijo a su montura mientras ella miraba el terreno y extendía las alas. Por poco esquivó una bola de fuego y trueno que venía por detrás del muro de caballeros, lentos pero con gran fortaleza en su defensiva armadura. Gerome tragó saliva, sabía bien que esos eran difíciles de derrotar y además eran cinco.  

Entonces escuchó aleteos cercanos y al parecer los Pegasus Knight que habían arremetido contra los magos que atacaron a uno de ellos, habían tomado la decisión de escapar. Uno llevaba a la maga y el otro al lancero. Había uno más sin otro acompañante y a lo lejos el cuarto iba en su dirección volando pero un rayo lo derribo como si fuera una mosca. Inmediatamente al ver eso, el jinete enmascarado miró a la pelirroja.

-Sube, tenemos que irnos, ya-

Y de un movimiento rápido volvió a subir en su Wyvern, quien esperaba impaciente que la mujer subiera también. No le gustaba la situación y parecía como si ya la hubiera vivido antes, nadie quiere estar cerca de un Wyvern inquieto o temeroso y los de su especie pocas veces se ponen tan tensos en combate.
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Re: [Campaña de liberación] El bosque escarlata [Priv. Gerome]

Mensaje por Kagura el Sáb Mayo 13, 2017 8:45 pm

Kagura respiraba con algo de dificultad. Aparte del evidente cansancio que sufría su dolorido cuerpo, en esos momentos le pesaba más que nada saber que había estado a punto de morir. Aquellos dos lanceros emergidos, que ahora yacían inertes sobre el ensangrentado suelo de tierra y hierba, habían sido sin lugar a dudas oponentes más difíciles de lo previsto. La ninja supo que de haber calculado de forma incorrecta su contraataque, probablemente habría encontrado su final de la manera más ridícula posible. Fue entonces que, viéndose tan vulnerable por primera vez, las perspectivas con respecto a aquella guerra dejaron de parecerle tan optimistas. No había rastro del general encargado de dirigir las tropas o incluso de su hermano Ame, aunque confiaba en que éste último hubiese encontrado alguna manera de escapar de la emboscada. Mientras tanto, los pocos soldados que quedaban de la milicia enviada a rescatar a los monjes perecían uno tras otro, a pesar de que ya ni siquiera llovían flechas del cielo. Habían perdido.

La kunoichi se incorporó, aferrando todavía en su mano la daga que le había salvado antes, y contempló con desazón su alrededor. Ahí atrás, después de eliminar al grupo aislado de arqueros enemigos, ya había predicho aquel resultado. ¿Por qué razón entonces se sentía tan frustrada? Aquella era la única conclusión lógica que podía tener semejante enfrentamiento. Suspiró con pesar y observó la palma de su mano libre, sin preocuparle en absoluto el desenlace próximo de la batalla que libraban sus compañeros contra los dos magos emergidos. Había luchado ya demasiado contra la amenaza invasora, y éstos no parecían dejar de seguir cruzando la frontera de Hoshido. Con milicias infinitas e inagotables, ocupaban y destruían todo a su paso, sin ni siquiera mostrar la más mínima empatía por sus víctimas. Pero lo que resultaba aún más preocupante era que seguía sin dar con la más mínima pista del paradero de su querido parasol azul. ¿Dónde demonios lo había dejado? Habría jurado que en el momento de cruzar al otro lado de la formación enemiga, todavía lo tenía consigo. Podía decirse que aquel objeto tenía un valor sentimental para ella, pero tampoco le entusiasmaba demasiado perecer en los jardines buscándolo.

Resignada, Kagura cerró el puño y volvió a enfocarse en el combate. Siempre podría pedirle a alguien del clan que le fabricase otro parasol de sustituto, así que salir de allí con vida debía de ser su prioridad. Miró a su alrededor, pero no parecía haber ningún tipo de escapatoria. Las moles metálicas de las armaduras de la infantería pesada emergida se iban aproximando más y más, cercando a los escasos supervivientes. Huir utilizando los altos árboles como la otra vez podría funcionar, mas en esos momentos no había nada cerca que pudiese ayudarla a alcanzar las ramas. Mientras dudaba, se le acercó el jinete wyvern, y le informó de lo que parecía evidente.

-¡Eso ya lo sé!- le respondió enfurruñada. Con tanto jaleo le costaba entenderle, y su interrupción no la ayudaba en absoluto a idear un plan. Pero antes de que pudiese añadir nada más, observó cómo un emergido lancero surgía en mitad del humo arremetiendo contra ellos. La ninja estaba preparada para responder al ataque con su daga, aunque la wyvern se ocupó del problema lanzándolo lejos. Les quedaba poco tiempo, y no tardarían mucho en verse rodeados por decenas de enemigos como aquel. El enmascarado, cuyo nombre Kagura ignoraba todavía, dedicó unos instantes en echar un vistazo a su entorno. La proposición que le hizo a continuación fue inesperada.

-¿Yo? ¿Encima del wyvern?- preguntó con sorpresa. Habría jurado que horas atrás, le había dicho que la criatura no era un juguete y que no le dejaba subirse en ella. Aunque quizá le hubiese entendido mal, ya que en ese momento se encontraba siendo arrastrada por Ame de vuelta a su puesto. Sin embargo, Kagura supo que no era momento de dudar. El enmascarado parecía capaz de abandonarla a su suerte si tardaba demasiado en formular una respuesta digna, así que se limitó a obedecerle.

-Pensaba que jamás me lo propondrías- dijo finalmente con una sonrisa burlona. Aunque la misión de rescate había terminado siendo un gran fracaso, ella por su parte se había salido con la suya y volaría a lomos de un wyvern.
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Re: [Campaña de liberación] El bosque escarlata [Priv. Gerome]

Mensaje por Gerome el Mar Mayo 23, 2017 2:33 pm

Disconforme el jinete miró a la mujer. Minerva gruñó pero seguía mirando a los costados, atenta. El campo a su alrededor era un caos enorme y no podían hacer nada por controlarlo. Las fuerzas, ahora locales, eran más poderosas. El intento de tomar de regreso el Santuario era imposible, no con un ejercito pequeño y voluntarios a disposición de la corona de Hoshido.

-No me agrada llevarte, pero debemos escapar y no dejaré a ningún aliado atrás si puedo hacerlo.-

Bufó el hombre, no era el momento adecuado pero una vez que ella estuvo sobre Minerva, el jinete comandó a su montura emprender vuelo. Fue difícil, el humo y la tierra dificultaban el intento de escape, siquiera los ojos acostumbrados de su Wyvern podían visualizar bien. Un rayo de un mago a lo lejos se atravesó frente a ellos. Minerva esquivó dando un giro poco práctico.

-¡Agárrate bien, sino vas a caer! El camino será complicado...-

Le advirtió a la chica. Minerva no solía tener tantos problemas en volar en terreno difícil pero el aire del lugar le complicaba. Además de que seguían siendo perseguidos por un conjunto de magos que no paraban de lanzar sus mañosos hechizos. A los Pegasus Knight que les acompañaban le costaban lo mismo que a ellos y eso que los caballitos alados eran menos potentes que un lagarto super desarrollado.

Una lanza de fuego sobrevoló sus cabezas y otra estuvo muy cerca de derribar a un Pegaso, pero el equipo pequeño logró salir del área de peligro de magos. Sus velocidades eran, obviamente, superiores a la de aquellos a pie, sean o no Emergidos sus rivales. Una Pegasus Knight suspiró aliviada de que la magia no siquiera apareciendo de entre las nubes de humo y preguntó qué harían ahora.

No era deber de Gerome responder eso, no había alguien al mando, todos ellos tenían la misma jerarquía en su cabeza así que lo primero que pensó era simplemente en salir de la zona de caos. Y una vez salidos de la espesa nube de terror se podía divisar unas siluetas de un grupo de personas alejandose.

-¿Serán otros soldados que lograron escapar? Deberíamos ir para esa dirección, de todas formas, ahí es donde debemos ir si queremos sobrevivir...-

Murmuró el jinete, siguiendo en esa dirección a pesar de que no le hubieran dicho. El grupo adelante tenía un estandarte pero la distancia no permitía ver qué decía. Pero definitivamente se estaban alejando y, por las dificultades que algunos presentaban al caminar, no eran soldados en buen estado.
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Re: [Campaña de liberación] El bosque escarlata [Priv. Gerome]

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