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Uroko ID ||

Mensaje por Uroko el Lun Oct 31, 2016 4:09 pm

Uroko
Laguz
”Cuando algo aparece, algo se pierde. De ese modo, todo sigue igual al final.”

Datos
Nombre: Uroko, aunque no es su nombre real.
Edad: 820 aprox. // aparenta unos 25

Clase: Laguz (Dragón Blanco)

Especialización: -

Afiliación: Goldoa

Ocupación: Consejero de la Corte Real de Goldoa

Personalidad
Uroko puede aparentar de todo menos de lo denominado ‘responsabilidad’. Irónico, ¿verdad? Pero este dragón puede mostrar muchas y variadas facetas con las que le vuelven alguien impredecible y complicado de comprender, siendo alguien bastante excéntrico por ello. Eso no lo convierte en alguien estúpido, inconsciente o temerario, si no todo lo contrario. De brillante ingenio y facilidad para jugar con las palabras, parecerá que en todo momento tenga una contestación lista, aunque pueda ser brusca o quizás lo más brillante a decir. Dado al sarcasmo a las mofas, sólo son por diversión propia, en una primera instancia puede parecer ser un borde antisocial incapaz de tratar como es debido a alguien, pero no es cierto, ya que si la situación es importante y lo amerita, se comportará con la mayor sutileza y seriedad que se pueda apreciar en alguien como de la categoría que carga. Está concienciado en ayudar a su patria desde que volvió a la misma y su juramento de lealtad es verdadero por completo aunque pueda preparar alguna trastada por el camino. Considera que las emociones en extremo son dañinas, y por eso puede parecer que se tome la vida con despreocupación y pasotismo e incluso como un juego, y de alguna manera sí lo hace. Temeroso en realidad de cometer los errores de su pasado, será complicado ganarse la confianza de este laguz, siendo una tarea que, puede que incluso para los seres con una vida bastante corta en comparación con la de los dragones, pueda ser imposible, y también es por eso que sobrelleva mejor las reacciones contra él de molestia o recelo que las que pueda ser de afectividad o buen trato. Eso no quita que las acepte o que incluso pueda retribuirlas si cree que pueda merecerse, pero no será tan común como pueda ser intentar incomodar o sonsacar detalles de quien trate con él.

Con una gran cantidad de años de experiencia y vivencias en diversas tierras por detrás, su mente ha llegado a un momento en que ve el futuro con una neutralidad dirigida más hacia el negativismo tras ver parte de ‘la realidad’ que corría en su momento por el mundo. Y recayendo más el peso de su negatividad y desesperanza en los beorc, no sentirá compasión ni lástima por lo que pueda ocurrir con ellos aunque tampoco los rechazará en primera instancia. Simplemente los observará y hará un balance general de si merecerá la pena o no entablar conversación o si, por el contrario, deberá deshacerse del ‘problema’ antes de que pueda traer consecuencias.

A pesar de ser el primero en sonsacar la máxima información del resto, será complicado que alguien le sonsaque a este laguz algo tanto de su historia como de cualquier detalle en general, tendiendo a devolver las preguntas con otras preguntas y muchas veces causando el desconcierto e incluso la duda a quien le habla, haciendo de él alguien misterioso y esquivo. Rencoroso sin remedio, no dudará en devolverle en su justa medida la ofensa que puedan haber cometido contra él, aunque sea solo una pequeña broma él la devolverá. No tiene porque ser con maldad, pero la devolverá, haciéndole así también alguien de carácter travieso y quizás hasta perverso, sin pizca de vergüenza.

Pero todo esto no le hace alguien falto de sentimientos y emociones. Es solo que las que cree necesario las esconde y el resto la deja vagar a cambio de las que guarde para sí.

Historia del personaje
Los primeros años de la vida de Morgan se pueden considerar como ‘la calma que precede a la tormenta’. Nadie duda, ni él mismo, de que no fueran buenos. Tuvo una infancia considerada buena y fructuosa, donde no le faltó de nada y sus padres se aseguraron de que fuera así. Cercanos a la costa del reino de Goldoa, Morgan vivió con el murmullo de las olas durante muchos años, casi hasta el punto de considerarse parte del sonido a escuchar a diario para sentirse satisfecho, y siendo sus padres guardias de aquella zona, más motivos todavía había para poder apreciar aquello. Vivía en un sitio calmado y pacífico… Sí, esa era la teoría. Pero no todo podía seguir siendo así.

Cuando el laguz ya había consolidado su sitio en la ciudad como también guardián, fue cuando se encontró de golpe con una realidad que no se pudo imaginar. Sus padres fueron acusados de agresión a una parte de la rama lejana de la realeza y dio lo mismo lo que dijeran, que no hubo concesiones al respecto. Esa agresión, en su momento, fue indiscutible, no se podían permitir agresiones de ese tipo. Aunque no hubiera corrido la sangre, el mero hecho del intento era ya una grave ofensa. Y así fue como él, inocente de todo pero negándose a abandonar a sus padres al destierro, los acompañó. ¿Cómo iba a abandonar a sus padres de esa forma? Él sabía, tenía claro que ellos no se hubieran atrevido a hacer algo así sin un motivo serio. Pero claro… la fuerza de la palabra no la tendrían sus padres, simples guardias…

Con cerca de los 450 años y sin conocer nada más allá de Goldoa, tuvieron que abandonarlo y comenzar a buscarse su vida de una manera más salvaje y ruda que la que habían tenido. Ya no tenían a quien pedir ayuda en caso de necesitarla, ni tampoco una casa ni un sitio fijo donde quedarse. Así, de manera prácticamente nómada continuaron su vida por más de medio siglo entre los bosques del reino de Begnion, buscando así el poder, a pesar de las circunstancias, vivir en la paz que les habían arrebatado. Durante ese tiempo, los padres de Morgan realmente cargaron con un resentimiento hacia la tierra que les había dado la espalda por culpa de un engaño y no tardaron en transmitirlo junto a la verdad de ellos a su hijo, pero…eso no fue lo único que comenzó a ponzoñar con la garra de la desconfianza el corazón del joven dragón. Aún quedarían muchas más garras por clavarse, y la siguiente no tardó en aparecer.

Los rumores corren rápido, y más en un país de beorcs que está en movimiento, así que los rumores de que había una familia de dragones entre los extensos bosques de Begnion comenzaron a recorrer durante décadas, y así comenzó la odisea de huir de los traficantes de esclavos y de laguz. Morgan realmente no comprendía el porqué de aquello. ¿Para qué se suponía que los querían cazar como si fuesen bestias? No lo eran. Y aunque estuvieron en guardia durante muchos años, un pequeño resquicio es suficiente para generar el caos. Y eso es lo que ocurrió: En una de sus huidas más allá del último avistamiento de los traficantes que estaban persiguiéndolos en ese momento, agotados y creyéndose ya lejos, decidieron descansar, sin esperarse que se encontrarían con otro grupo de ‘cazadores’ en esa zona. Pillados por sorpresa y sin fuerza para defenderse como podrían haberlo hecho de estar en un mejor estado, los padres de Morgan hicieron lo posible para intentar escapar, y dieron guerra con fiereza pero… solo lograron salvar a su hijo de aquello que, inconsciente, quedó resguardado en una de las cuevas que habían decidido usar de techo de no encontrar otra. Sin duda…el sentimiento que embargó el cuerpo del laguz cuando despertó y vio sangre por todos lados a metros de donde se encontraba, no lo podría olvidar en su vida. Ira, furia, desesperación, consternación, dolor, soledad… No tenía a nadie, había perdido lo único que podía quedarle en ese momento, a sus padres, a su familia. ¿Qué quedaba ahora para él?

Pero eso no significó que fuera a rendirse, sino todo lo contrario. Con ese sentimiento de ira y resentimiento en su interior que no se diluyó en ningún instante, comenzó a recorrer todo Begnion, a riesgo de ser capturado o atacado, en busca del rastro de sus padres. Hubo muchas peleas de las que salió malherido, pero ese sentimiento de ira le atribuía más fiereza, más ganas de sangre. Quería encontrar a sus padres y vengarse por todo lo ocurrido, todo lo que llevaba cargando. Pasaron los años… ese tiempo fue caótico en su mente, no fue consciente de que su búsqueda pudo alcanzar tanto tiempo como supuso. En el año 784 encontró por fin el rastro de su padre en Daeim, un rastro que solo lo llevó a un cadáver muerto hacía poco. ¿Cómo había acabado así…?

Pero, con los últimos restos de esperanza que pudieran quedarle, siguió buscando. Al menos su madre… que al menos su madre no…

En 821, habiendo cumplido ya más de 6 siglos y medio de vida, el laguz logró encontrar a su madre en Begnion, a punto de ser vendida a uno de los nobles en una subasta. Y la mera idea de volver a perderla, de que volviera a no saber de ella nunca más, causó que se transformara allí mismo en un caos de llamaradas y escamas blancas como la peor de las tormentas árticas. Su ira no cesó hasta que logró acabar con todos los culpables que fue capaz de reconocer. Su madre… su pobre madre… estaba famélica, en un estado horrible… los orbes del laguz brillaron de aflicción y odio por ver el estado al que habían llevado a su madre que ni podía moverse sin que tuviera un apoyo. Ellos no eran resistentes físicamente, no podían aguantar una tortura así…

Su madre murió al cabo de unos días en sus brazos a pesar de haber intentado ayudarla con todo lo que pudo. No le quedaba ya mucho tiempo de vida por todo el maltrato que durante todos esos años había sufrido y, de hecho, la iban a vender ya no con el objetivo de ser una esclava, si no destinada a ser sacrificada para sacar sus escamas y colmillos y poder venderlos.

Tras darle un entierro digno a su madre, al igual que había procurado a su padre, los siguientes años los pasó en un estado de odio, resentimiento y desesperación que no tardaron en mostrarse en altercados y ataques a las aldeas y terrenos de nobles que el laguz dragón encontró a su paso, causando que la milicia de Begnion tuviera que actuar en consecuencia y, poco a poco, fue retrocediendo hasta acabar instalado en una isla al sureste de aquel reino. Procuró volver en sí una vez pudo asentarse más o menos, sabía que con esas emociones sólo lograría destruirse a sí mismo y reflexionó. Reflexionó sobre todo lo sucedido, sobre todo lo que había averiguado a lo largo de su viaje y búsqueda. Reflexionó e intentó darle un sentido más allá del que sus sentimientos pudieran estar empujándole a tener. No podía volver a dejarse llevar por el rencor… porque sabía que, de volver a hacerlo, ya no habría vuelta atrás. En ese momento, debía volver en sí.

Y fue en esa etapa, ya llegando al año 833, cuando un golpe de destino, una tormenta literalmente hablando, le empujó a un nuevo mundo. No…a un nuevo mundo no, pero sí a una nueva tierra.

En su forma de dragón, mientras volaba en su búsqueda de la calma de la que aún no era del todo dueño, por la planicie del mar en ese momento bravo, observó que una tormenta se acercaba. El laguz, creyendo que no le alcanzaría, solo fue a dar media vuelta para alejarse, pero una fuerte corriente de aire le empujó más y más al interior del mar. Más y más… Zarandeado, con su orientación por un momento perdida y gastando sus energías en luchar contra los elementos para volver, acabó desfalleciendo y su cuerpo ya humano impactó contra el agua.

Cuando despertó, no reconoció el lugar donde estaba y, al parecer, una familia de artesanos le habían encontrado tirado en la orilla de la playa y le había recogido, aunque no sin menos temor debido a su aspecto, pero con buena intención. Eso, cuando despertó y lo primero que recibió fue con unas temblorosas manos de una niña humana un cuenco con agua, le hizo quedar en shock. ¿Qué estaba pasando allí? Había algo que fallaba… ¿Por qué esa gente, esos humanos, le estaban ayudando? Un tiempo después y tras haber encontrado una manera de entenderse, descubrió que estaba mucho más lejos de lo que creyó, en un continente nuevo y que, para aquellas gentes, él era algo extraño y nuevo. Entonces… ¿más allá del mar había más tierras y países? Aquello, esa idea sumado al mero hecho de que aún se encontraba asimilando el hecho de que no estaba en su continente, hizo que se olvidase de todo lo ocurrido, y que fuera su mente, quizás en una forma de defensa y de protección, a querer saber más de todo aquello. ¿Habría más países aún? ¿Más continentes que pudieran estar en el mundo con sus propios habitantes y sus culturas? ¿Podría… encontrar un sitio donde quedarse, sin tener el riesgo de ser amenazado con ser capturado y vendido o asesinado?

A pesar de haber recibido aquella muestra de bienaventuranza de aquellos humanos…sabía perfectamente que le temían. Pero, a su vez, el mero hecho de que le hubieran recogido y cuidado en ese tiempo a pesar del temor le infundió una pequeña esperanza a Morgan. Tal vez… sólo tal vez… Aun así, no tardó en abandonar el lugar y, dispuesto a seguir viendo más tierras, más culturas, fue como prosiguió su camino, hacia el noreste de aquel continente llamado Magvel, hacia la árida zona de Jehanna. A partir de allí, y a medida que el tiempo fue pasando, de nuevo su esperanza fue erosionándose. Viajando de isla en isla al noreste de Jehanna tras soportar el árido clima, descubrió lo que se había esperado: un nuevo continente.

Akaneia. Ese era el nuevo sitio donde había llegado, un lugar al que, tras un tiempo de cuidado y adaptación a medida que lo visitaba, vio que era más extremo de lo que había sido Magvel. Estando en la zona más norte del continente, comenzó a descender, pasando por las tierras de Ylisse y las duras condiciones de Nohr hasta que, alcanzó un lugar llamado Hoshido. Allí, en ese lejano reino, tras observarlo todo lo que pudo debido a la clara diferencia cultural con otros lugares que había visitado… descubrió algo más que solo una perspectiva nueva de tierra y costumbres. Sus emociones, esas que había intentado cerrar tras esa curiosidad por el resto de tierras, salieron a flote por culpa de una humana. Una humana que no lo rechazó, que quería estar con él a pesar de los gruñidos y advertencias que le lanzase. Una humana que… siendo tan simple como era, logró traspasar esa barrera.

Ni siquiera se podría decir que la chica fuera hermosa ni de alta cuna. Era una simple aldeana proveniente de una familia pobre pero que, pareció quedar fascinada por el aspecto del laguz en vez de estar aterrorizada. Le ofreció su techo, conocimientos del sitio donde estaba, la poca comida que pudiera ofrecerle y compañía. Aquello, era mucho más de lo que aquel dragón pudiera haber esperado. Le enseñó el idioma, aunque solo hablado, poco a poco, y con cuidado el laguz comenzó a apreciar más y más aquel sitio. Los años pasaron en compañía de aquella chica que vivía sola con su hermano pequeño, siendo huérfanos ambos y que se ganaban la vida de manera humilde como ayudantes de los cultivos, y dentro de lo que podía hacer, Uroko, como le había llamado desde un inicio la joven por las brillantes escamas que tenía incluso en su forma humana, intentó ayudar estando ataviado de ropas para ocultar esos rasgos lo máximo posible. Toda ayuda era poca.

En el año 928, habiendo llegado a Hoshido en el 902, las cosas comenzaron a complicarse en la casa de la mujer que ya era una adulta igual que el hermano que en un momento había sido un ruidoso y trasto niño. Fueron consciente de la diferencia de longevidad que había entre ellos… en todos aquellos años, Uroko no había cambiado nada, y los rumores, volvieron a recorrer por toda la aldea. Un pesar de desanimo cayó en aquella humilde casita en la que vivían y Uroko no volvió a salir a ayudar en los cultivos ni en nada más. Claro… no podía esperar que eso funcionará. ¿Cómo iba a ser eso? Él no era un humano… no podía esperar vivir con los humanos. Y la tragedia, solo tardó unos meses en llegar.
Aquel chico no había crecido con unos valores a pesar de los intentos de su hermana y del propio Uroko, y no tardó en meterse en deudas y deudas con tratos con mala gente y, un día, aquellos hombres fueron a la vieja casita en la que vivían para cobrarse las comisiones de aquellas deudas. Pero Uroko, tal y como lo habían llamado desde que había sido aceptado en esa casa, no dudó en defender a aquel chico de los hombres que le perseguían. Pero sin transformarse ni nada, las ropas que ocultaban sus escamas fueron apartadas y los hombres vieron al reflejo de las velas el brillo tornasol de aquellas escamas, quedando aterrorizados en ese momento antes de salir corriendo.

Y aunque Uroko pretendió salir de allí, pues sabía que eso traería consecuencias malas… no quería dejar a aquella mujer. La apreciaba… no, la amaba. Era la única que le había mostrado unos sentimientos sinceros y sin pizca de temor ni rechazo. No quería abandonarla, aunque doliera pensar en el futuro…incluso en el mismísimo presente. No quería…
Pero debió hacerlo, y se lo repetiría durante años cuando, pasadas unas semanas mientras dormía, fue asaltado. ¿Asaltado? Ingenuo de él… fue vendido. Vendido por su propia amada para pagar todas las deudas que el inconsciente de su hermano cargaba sobre sí. La chica…fue cruel, pero decidió lo que correspondía a su estado. Se deshizo de lo que sabía que en algún momento la abandonaría. Porque eran completamente distintos…porque todo estaba en su contra. Lo último que vio el laguz mientras era arrastrado fueron las lágrimas de la humana que amaba, rodando por sus mejillas mientras sus labios gesticulaban un ‘Lo siento’.

¿Lo siento? Eso le dolió más todavía al dragón. En shock por culpa de aquella traición, no fue capaz de reaccionar a aquella situación mientras era arrastrado a una carreta para ser llevado de allí. Claro, en ese momento él era un ejemplar único, seguro que algún adinerado pagaría por tener algo tan exclusivo como él. Pero huyó. Como ya había hecho una vez más, en un caos de llamaradas blancas y escamas brillantes bajo la luz del fuego. En aquella noche en la que huyó, el brillo de sus escamas resplandeció bajo la luz lunar con un melancólico y frío brillo dejó detrás de sí una aldea destrozada. Como ya había ocurrido en su pasado…

Lo sabía. No podía esperar confiar en seres como los humanos. ¿Cómo confiar en un ser que en un año puede cambiar su vida entera y todos sus pensamientos? Sería traicionado, vendido, atacado, esperanzado para volver al mismo y cruel ciclo. No… nunca más. No volvería a cometer el mismo error. Laguz y humanos… nunca podrían estar juntos. Voló, voló mientras rugía con ira y dolor al cielo estrellado y huía de lo que había creído ser su felicidad. Mientras, con el corazón hecho añicos y su mirada enturbiada de dolor y desesperación, solo dejaba que las emociones estallasen hasta que volvieran a convertirse en algo que preservar en su interior. En algo que no mostrar, que no permitir que te invadiera y pudiera a tu raciocinio. Nunca más volvería a permitir eso… y nunca más, nunca, volvería a confiar en los humanos. Con rencor en su interior que creyó haber eliminado en aquellos años ‘felices’ pero que fue la última garra que desgarró su interior, retomó su camino, volvió por donde había vuelto tras volver a su forma humana y descansar. Volvería… a Goldoa, a su ciudad, a su tierra… a aquellas olas del mar que ahora le llamaban más que nunca para que retomara la tranquilidad y calma de su infancia.
En 935 logró volver a Tellius con riesgo de desfallecer por el medio, y no tardó en dirigir su camino a Goldoa. Allí, juró lealtad tras la premisa de haber visto parte de lo que ofrecía el mundo y sabiendo que su lugar estaba allí, fue aceptado como subordinado en la corte y, pocos años después gracias a sus habilidades y a esa diferente forma de ver las cosas, como Consejero de la Corte Real. En 948 se recibió el aviso de llegadas de barcos extranjeros a Tellius… y Uroko, que se siguió haciendo llamar de esa forma a pesar de todo, supó que eso sería el comienzo de una nueva etapa. Una que, dentro de todo lo nuevo y bueno que pudiera traer, no sería de felicidad. Y esa premonición… ese tiro a la suerte, dio en el clavo en sus pensamientos. Y eso, se está viendo en la actualidad. Nunca…nunca más.

Extras
Gustos:
• La comida, siendo ante todo de preferencia la carne roja, aunque también se acostumbró al sabor del pescado y se puede catalogar unas de sus comidas también predilectas.

• Las bebidas alcohólicas, casi llegando al nivel de alcoholismo pero nunca llega a emborracharse, teniendo por tanto una gran tolerancia.

• En verdad le divierte el incomodar a la gente y sacarle reacciones diversas, recurriendo a veces a temas considerados privados o lascivos para ello sin pena alguna.

• Vaguear. Ni siquiera es dormir como tal, simplemente es tirarse en algún lado a la sombra y ver qué pasa.

• La lectura, pudiendo recurrir a gustos verdaderamente variados respecto a los libros o ensayos que decida leer.

• Escribir, aunque es algo que poca gente sabe que practica.

• Los debates. Aunque no lo parezca, le gusta encontrar a alguien con quien mantener una conversación fluida y que estimule su mente en busca de más perspectivas y maneras de ver algún punto a tratar. Aunque a veces la vagueza le puede.

• Antes le gustaba más, pero actualmente no le importa viajar, mientras sea un viaje con una buena causa que le motive.

• El mar, más específicamente el sonido que produce el agua.


Disgustos:
-Aunque no le importa estar en lugares pequeños, si tiene cierto problema en que estén cerrados, sintiéndose ligeramente agobiado e incómodo.

-Que le insistan a hacer algo cuando está desganado o recién despierto.

-Aunque él no lo dirá directamente por su cuenta, les tiene rencor guardado a los humanos y por tanto evitará la cercanía a ellos e incluso buscará asustarlos e incomodarlos.

-Las preguntas o insinuaciones hacia su pasado.

-El maltrato a las antigüedades y libros, así como cualquier representación cultural, sin despreciar de dónde pueda proceder.

-La comida mal preparada, no tendrá inconveniente en quedarse sin comer si algo está mal preparado o tiene un sabor que no satisfaga sus gustos.


Extras:
*El nombre ‘Uroko’ tiene el significado de ‘Escama’ y es el motivo de que la humana le llamase así.

*Sigue usando ese nombre como un recordatorio de lo ocurrido, para no volver a caer en su mismo error.

*A pesar de todo lo que sucedió, él aún sigue amando a esa mujer, aunque puede que ya esté muerta y ni él mismo quiera
reconocerlo.

*Tiene varios libros escritos sobre mitos e historias pero de manera anónima, ya que no buscaba ni fama ni reconocimiento.

*Aunque dada su actitud aparentemente vaga, no duerme mucho.

*Las marcas de su frente en realidad son las que parecen sus cejas, de ese peculiar color rojo.

*Aunque puede alcanzar los 6m de altura fácilmente en su forma de dragón, siendo bastante dada su categoría, no es ni mucho menos más fuerte, preservando de esa forma las características de los dragones blancos y puntualizando más su agilidad y evasión que su fuerza y resistencia físicas.

*Su nombre real, Morgan, se lo puso su madre por el significado de mar que conlleva, haciendo así referencia a las características del mar “Hermoso, Misterioso y Temido”

*Tiene una extraordinaria facilidad para aprender idiomas.

*La primera vez que comió pescado lo escupió al instante diciendo que tenía la textura del barro.

*La primera vez que usó palillos para comer en Hoshido se le rompieron en las manos porque no los creía frágiles. Desde entonces es más consciente de la fuerza y del control de sus manos.

*Si encuentra en algún mercado internacional sake no dudará en comprarlo aunque sea a precio de oro.

*Aunque parezca algo extraño, a veces se tira en su forma laguz al agua del mar y nada, siendo una extraña e inusual costumbre que, aunque no mantiene en secreto pues le da igual, tampoco la dirá.

Procedencia
Nombre original del personaje: Uroko
Procedencia: Nagi no Asukara
Forma Humana:


Forma Dragón:

Afiliación :
- GOLDOA -

Clase :
White Dragon

Cargo :
Consejero Real

Autoridad :
★ ★

Inventario :
Vulnerary [3]
.
.
.
.
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
681


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Re: Uroko ID ||

Mensaje por Eliwood el Lun Oct 31, 2016 4:41 pm

¡Ficha aprobada! ¡Bienvenido!
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Esp. de bronce [1]
Vulnerary [1]
Dagas de acero [4]
Espada de acero [4]
Katana de bronce [3]
Gota de Veneno [2]

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
2937


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