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El Impasse de Bern [Privado | Marth]

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El Impasse de Bern [Privado | Marth]

Mensaje por Eliwood el Lun Oct 31, 2016 5:35 pm

A la luz de una cálida y brillante mañana, el marqués dejó su armadura yacer y colgó con ella la última capa que había portado en la guerra contra los emergidos. No vistió la indumentaria de un guerrero, sino tan sólo la suya propia, eligiendo un traje en blanco y dorado en que el ajustado cinto para portar sable se volvía más una decoración que una necesidad. Al despedirse, no fue un abrazo desesperado y palabras de cautela las que dejó a su joven hijo, sino un sonriente Te veré cuando regrese. No fue una espada lo que puso entre sus manos, sino un nuevo par de guantes de montar y algunas indicaciones sobre las lecciones del día. Montó su caballo preferido y cabalgó fuera del castillo de Pherae, no con el corazón pesado que vigilaba los estandartes y palpitaba al son de tambores de guerra, sino con el espíritu ligero de quien surgía de una larga noche para presenciar el amanecer de días mejores. Y el alba había llegado, al fin.

Su ruta fue lenta adrede. Eliwood, acompañado por mera formalidad por dos caballeros como escoltas, cruzó la ciudad con una sonrisa presta para el saludo de cada pheraen con que cruzara camino. Fuera de los límites de sus murallas, más allá de las arboledas y las parcelas de cultivo, atravesó el refrescante paisaje de campos arados por primera vez en años, observando con agrado el progreso de los poblados en reconstrucción; por cada par de días que no los visitase, hallaba nuevos cimientos preparados en su periferia, a la vez que edificaciones cada vez más completas. Desde allí prosiguió más lejos aún, cabalgando pacientemente hacia los silenciosos fuertes que bordeaban la frontera del vecino reino de Bern. Descansando ya del caos de la guerra, las defensas le aguardaban estoicas y silenciosas, alzando nada más que un par de orgullosos estandartes de la Liga de Lycia. Las batallas allí transcurridas se volvían un recuerdo distante, fácil de apartar de la mente si se enfocaba tan sólo en lo que yacía frente a sus ojos. Aquellos días habían terminado y el fuerte al que se dirigía, el mayor y más cercano a las montañas, cumpliría una función muy distinta. A su arribo, el marqués descendió de su montura y se adentró con calma en la amplia edificación de piedra y madera.

Sus caballeros de avanzada no tardaron en acudir también al punto de reunión, portando en detalle las noticias del otro lado de la frontera. El documento sellado fue entregado al pelirrojo de entrada edad, que lo llevó consigo a la privacidad del salón principal, a la altura del tercer piso. Allí, en la pacífica estancia cuyas ventanas miraban a los altibajos del cordón montañoso, era donde aguardaría la llegada del príncipe con quien gozaba de alianza, prometido a reunirse con él aquel día. El primer encuentro desde el fin de su larga campaña de guerra, si mal no recordaba. Mantener su soberanía sobre su propio territorio era otro tipo de batalla que librar todavía, estando aliado al heredero de un reino mayor con toda potestad de imponer sus decisiones y regir sobre él como el muchacho con demasiado poder que era, pero se trataba de una batalla que podía sobrellevar. Lo había hecho hasta el momento y confiaba en poder continuar del mismo modo. Contando con la relación entre él y el joven alteano, en ocasiones un alivio y en otras un recuerdo culpable, escasa vez se hacía un problema.

Su verdadera duda yacía en el documento en su mano. Una sombra de inquietud cernida sobre sus nuevos días de paz, a la que había hecho ojos ciegos las últimas semanas. Hasta ese momento, inevitablemente. A sabiendas que no había tiempo más propicio ni mejor oportunidad de afrontar el contenido de aquella misiva, Eliwood se sirvió tomar asiento próximo a una ventana, apoyarse con calma en el aterciopelado respaldo y abrir al fin el informe. Con una leve tensión apoderándose de sus manos, un peligro de quiebre en la perfección de su nueva época de libertad, leyó sobre el estado actual de Elibe y del reino de Bern. En solitaria quietud sus ojos azules recorrieron las líneas. Mejor así, en ese momento y en compañía de nada más que el silencio de las montañas, que en presencia de Marth; mas ninguna cautela previno al marqués del vuelco en su pecho al terminar de leer, dejándole en una discreta suerte de estupor. La aprehensión se asentaba tan lentamente en él, como el movimiento de las nubes que obscurecían la visión de la tinta en el papel. Su ceño se frunció apenas levemente. Transcurridos largos segundos, volvió a doblar el documento y a apartarlo de su vista, para entonces echar la cabeza hacia atrás, contra el respaldo de la silla, y cerrar los ojos.

- Entonces es verdad. - Murmuró, soltando un prolongado suspiro. A toda victoria había un costo. Bern era, al parecer, la moneda con que se pagaba finalmente la nueva paz de Lycia, invadido por las huestes que se habían retirado de allí. Y sin embargo, presenciando lo que ese día había presenciado y atisbando tan cercano el sueño de la Lycia que quería dejar a su heredero, se le dificultaba arrepentirse con toda honestidad. Eliwood hizo cuanto pudo por suprimir el sentimiento, ocultando bajo su invariable tranquilidad el efecto de aquellas noticias, y tan sólo aguardó al aviso de que su invitado llegase. Súbitamente el espacio cerrado y silente no le sentaba tan bien.
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Re: El Impasse de Bern [Privado | Marth]

Mensaje por Marth el Miér Nov 09, 2016 4:28 am

La organización y orden que siempre reinó en el castillo de Altea se veía amenazado. Lo que en un tiempo eran pasillos silenciosos donde se podía disfrutar el ruido del jardín interior a travez de las altas ventanas con las aves cantando y el viento haciendo rozar las ramas de los árboles ahora se escuchaban discusiones y pasos de personas estresadas y apresuradas corriendo de un lado a otro. Los grandes salones donde el crepitar del fuego calentaba el ambiente y los habitantes e invitados del castillo podían encontrar momentos de paz en compañía de un libro o beber té en las tardes ahora se llenaban de estrategas y cabecillas discutiendo sobre mapas repletos de figuritas de madera. Y así con cada área del castillo y cada escalón social. Con la liberación de Altea venía la paz para los habitantes pero comenzaba el verdadero trabajo para los nobles que recibían pedidos de ayuda de diferentes lugares, que debían reajustar la economía, re activar el país nuevamente y por sobretodo... lidiar con la desaparición del Rey de Altea durante la guerra y la ascensión del príncipe como rey pero como las costumbres del país indicaban no podía tomar la corona sin contraer nupcias que garantizaran continuar el legado de los exaltados. Toda la presión estaba sobre el príncipe que simplemente había tomado oficialmente el mando como regente sin corona haciendo sumamente inestable su estado en el poder debiéndose de respaldar con sus consejeros y caballeros reales que juraron lealtad a su sangre. Sería difícil salir del país en ese estado pero las apariencias eran lo principal para el príncipe y si bien reinaba un caos de dimensiones Dantescas dentro del castillo de Altea, fuera de sus muros todos veían la perfección y estabilidad de siempre, y por nada del mundo permitiría que su estimado amigo Eliwood supiera de que su calidad de príncipe estaba siendo amenazada por misma gente de la corte.

Tras un par de semanas de preparación y asegurarse de que las personas que quedaban a cargo serían fieles a su familia terminó decidiendo que sus caballeros de mayor confianza no le acompañarían si no que se quedarían en Altea controlando de primera mano la situación y con autorización explícita del príncipe de tomar el castillo en caso de descontrol. Finalmente Marth embarcaba a Lycia intentando dejar la preocupación atrás.  

El tiempo que pasó en el mar le hizo bien, su mente se distrajo con las olas y llenando hojas de su diario liberaba las preocupaciones que llenaban su cabeza. Su llegada fue tranquila, recibido por una comitiva de Pherae montó enseguida dejando a los sirvientes encargarse de su equipaje. Su caballo blanco pisaba su tierra natal tan hermoso como se había ido, adornado con riendas celestes y plateadas llevaba estandartes de Altea a cada lado de sus cuartos traseros, sus crines habían sido trenzadas unos días antes y ahora mostraban un elegante ondulado. El príncipe iba igualmente ataviado aunque sin nada de armadura ahora que reinaba la paz, sin embargo si la espada de plata que había sido un regalo del marqués descansaba a su cintura en una funda blanca como todo su traje entallado, solo el interior de su capa mostrando color siendo azul como los estandartes de su país, apenas bordados plateados daban un toque de brillo en su imagen y en lugar de la tiara dorada que siempre usaba llevaba una de plata con un diseño un poco más intrincado. La procesión viniente de Altea era pequeña, apenas media docena de caballeros montados y un puñado de soldados que no le acompañaron al lugar citado si no que se quedaron custodiando las pertenencias del príncipe. Fue recibido en el fuerte donde se encontraba Eliwood por la servidumbre del lugar un tanto ofendido por no ser recibido por el marqués en persona se mostró educado pero seco en sus palabras respondiendo lo básico necesario sin enseñar sonrisa alguna en todo el camino hacia el estudio en donde se encontraba, la servidumbre del fuerte no se atrevió molestar al marqués con su llegada seguramente teniendo más respeto por el marqués ya que era el hombre con más poder en la zona.

Golpeando la puerta uno de los sirvientes del marqués pasó al salón en silencio apenas abriendo la puerta para pasar cerrando a su espalda respetando el silencio en el que el pelirrojo estaba - Señor, Lord Lowell ha llegado ¿le hago pasar? - por fuera el príncipe apretó los labios en indignación por no ser presentado con la cantidad de títulos con lo que solía hacerse.


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Re: El Impasse de Bern [Privado | Marth]

Mensaje por Eliwood el Jue Nov 24, 2016 9:51 pm

La situación era de innegable gravedad, mas Eliwood estaba preparado ya para guardarse su aprehensiones para sí, como siempre había hecho, y recibir sin un ápice de alteración a la persona que atravesaría su puerta. No había otro modo de manejar las cosas, Marth era un muchacho y él seguía sintiéndose en la necesidad de guiar sus decisiones. Debía mostrar seguridad, si pretendía exponer su planteamiento como el más correcto y conseguir que el joven príncipe lo siguiese. Fueron cortos los momentos que se permitió mantener sus ojos cerrados y su cabeza apoyada en el respaldo de la silla, componiéndose prontamente y regresando a su rostro el apacible gesto usual. Para cuando el leve toque a la puerta resonó al interior de la silenciosa recámara, el marqués ya había ahogado casi por completo sus preocupaciones. Sólo apretó los labios un instante más, con la mirada gacha y un claro abatimiento en la mirada, antes de poner a lugar la cordial y necesaria sonrisa, retirando todo lo demás de vista.

Quien ingresó a los pocos momentos no fue más que un sirviente del lugar. A su aparición y sus palabras, el marqués no pudo evitar parpadear en desconcierto. Suponía que en aquel territorio fronterizo, fuera de la jurisdicción de Pherae, no debían de tener gran consciencia respecto al príncipe de Altea y su importancia en Lycia, como máximo representante de la fuerza liberadora del reino; aún así, era impresionante que se le hiciera esperar. - ¿Hm? ¡Pero claro! Es a quien he estado esperando, déjale pasar. - Soltó una breve risa al responder, algo que no esperaba poder hacer aquella jornada. Al menos, el inicio era interesante. En retorno, el joven en la puerta le dio una mirada confundida y algo nerviosa, que no hizo sino aligerar un tanto más el humor del hombre mayor. - Saben que es el príncipe regente de Altea, ¿no es así? Está en pleno derecho. Por favor, permítele y déjennos a solas. -

El sirviente demoró aún un segundo más, boquiabierto de sorpresa y mucho más nervioso en ese entonces por el posible error, hasta que una despreocupada sonrisa y un gesto de la mano del marqués le indicaron que estaba bien con sólo ir y hacer lo dicho. Se apresuró fuera, mientras Eliwood se alzaba ya de su asiento para recibir al muchacho del otro lado del mar. La puerta de madera tallada se abrió para permitirle paso, siendo cerrada a la brevedad por el muy cabizbajo sirviente, dejando a ambos nobles a solas en la estancia. El suelo de madera recubierto de una que otra alfombra encuadrando los muebles creaba un ambiente cómodo, mas las paredes de piedra gris, alisadas pero de piedra al fin y al cabo, recordaban la clase de edificio en que estaban. Aún así, Eliwood se esmeró en recibirle con el cuidado necesario, parando apenas le vio y realizando una profunda inclinación, su diestra puesta en su pecho. Tan sólo al enderezarse le miró con mayor atención, enternecido al instante por el detalle que el príncipe o sus sirvientes habían elegido su vestimenta. Lo entallado resaltaba la delicadeza de su joven fisico y, como siempre, parecía una muñeca de porcelana cuidadosamente preparada, más que una persona que vivía y respiraba, propensa a imperfección. Prefería por lejos aquella suntuosidad, al atavío de combate con que habían vivido los últimos meses.

- Feliz de verle, mi estimado príncipe. Qué distinto luce. - Comentó con cierta gracia. Prefería tanto aquel ambiente y aquel aspecto; la posibilidad de revertirlo a las reuniones sobre mapas, a los consejos de guerra y a los reportes fuera del campo de batalla le perseguía, como una pesadilla que por la mañana no deseara recordar. Así mismo, su trato hacia Marth omitía convenientemente ciertos recuerdos y facetas, tratándole con la distante cortesía del principio; siempre actuaría igual, si podía hacerlo. No dudó en avanzar hacia él, ni en verle al rostro. - Adelante y póngase cómodo, pequeño. Permítame. - Invitó con tranquilidad, deteniéndose sólo un momento frente a él, antes de pasar a su lado para recibir su capa, a falta de servidumbre dentro de la habitación. En un contexto como aquel y en vestimenta como aquella, donde la prenda era tan sólo decoración, era normal desengancharla de las piezas de hombro del joven varón para colgarla en el lugar apropiado cerca de la puerta. El pelirrojo lo hizo con la fluidez que sólo inmensa costumbre lograba, en absoluto incómodo con ser quien portara la capa ajena en su brazo y la dejase en su sitio. Hecho aquello, extendió la mano para indicarle al príncipe hacia la pared opuesta y sus grandes ventanas, junto a las cuales yacían puestas las dos grandes sillas que ocuparían; enfrentadas a una distancia prudente, mas ambas con el ventanal a su lado. - Por allí. -
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Re: El Impasse de Bern [Privado | Marth]

Mensaje por Marth el Miér Dic 28, 2016 8:50 am

Un juego de máscaras era todo aquello. El marqués y él parecían haber dominado dicho juego aunque claramente el pelirrojo llevaba más años en ello y lo hacía con mucha más elegancia y soltura, sobretodo rapidez. Ambos tenían problemas, diferentes escalas y diferente importancia para cada uno y sin embargo ambos encontraban la manera de cubrir todo aquello en un velo de cordialidad y de felicidad que no eran más que una fachada que se veían obligados a mantener por sus reinos. En esos instantes en que estaba de pie frente a la puerta del estudio de aquel fuerte perteneciente al marqués de Pherae, una de las figuras de mayor poder en Lycia e incluso si sentía que no estaba siendo tratado con el respeto que se merecía mantenía una sonrisa cordial cada vez que alguien posaba su mirada en él, si bien se había mantenido serio hasta el momento ya estando en la puerta a pasos del marqués se mostraba más afable. Pudo escuchar la voz del marqués dentro de la estancia y su ligera risa que disparó un escalofrío en su espalda, no recordaba que extrañaba tanto aquella voz y aquella risa tan despreocupada y elegante a su vez, parte de su malestar pareció desvanecerse con solo ese gesto. El sirviente salió para permitirle el paso y el joven se adentró en la estancia posando su mirada celeste en la figura del hombre mayor. Eliwood estaba diferente, la guerra parecía haberle sumado unos años a su rostro pero lo llevaba con la misma elegancia y gracia de siempre, apenas podía adivinar un par de arrugas más a los lados de sus ojos pero que podían ser fácilmente solo efecto de su amplia sonrisa. Sus ropas parecían a juego con las del príncipe, vistiendo ambos de blanco como si con ello festejasen tiempos de paz. Le mostró una amplia sonrisa.

Entró al recinto y la puerta se cerró a su espalda, ya más cómodo en el ambiente - Mi estimado amigo, me complace mucho verle tan bien. - pensaba seguir hablando pero al encontrar su mirada con la ajena se sintió abrumado por los recuerdos de lo que había pasado meses atrás en su propio estudio y por unos momentos se quedó en silencio con la sonrisa a medio camino. Una grieta pequeña en su máscara que enseguida fue reparada con una nueva sonrisa más recatada bajando un poco su mirada cuando le quitó la capa y aprovechó que se cortó el contacto visual para reponerse. - Es muy amable. Con su permiso. - cuando se vio liberado de su prenda y se le era mostrado donde se llevaba a cabo la reunión se adelantó con pasos elegantes. Sin la capa era más obvia su silueta, delgada y entallada en su traje blanco mostraba lo delgado de su cintura y lo largo de sus piernas, al llegar a la silla se desenganchó su espada, el regalo que le había hecho el marqués hacía ya unos meses y la funda que había enviado tallar y pintar con los escudos del marquesado y del reino celebrando así su alianza. Finalmente tomó asiento, siempre con gestos delicados enderezando su espalda apoyándola contra el respaldo al tratarse de una silla y no de un sillón. Cuando finalmente alzó la mirada nuevamente ya se había tranquilizado lo suficiente y puesto su mente en frío.

Sus manos se apoyaron con suavidad en una de sus rodillas y levantó un poco el mentón esperando que el pelirrojo le acompañase antes de hablar - Espero que le haya llegado la respuesta a su carta antes de mi llegada aunque si se encuentra esperándome es un poco obvio que así fue. Primeramente me gustaría darle las felicitaciones en persona y mis más sinceros deseos de felicidad a usted, su familia y su gente que se ve libre de esta horrible plaga que una vez nos ha azotado. Ha sido una lucha dura pero hemos sabido anteponernos a las adversidades. - era un discurso bastante impersonal pero era sincero y por sobretodo era la manera que el príncipe se comunicaba, más aún con el marqués.


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Re: El Impasse de Bern [Privado | Marth]

Mensaje por Eliwood el Jue Dic 29, 2016 5:06 pm

Actuar con naturalidad y pretender que todo lo irregular era inexistente parecía dársele demasiado bien al príncipe alteano, pese a su corta edad. Suponía que era el efecto del apresurado crecimiento que su gobierno había requerido de él, respondiendo a la necesidad de sostener junto un país de rey ausente. Lo primero que un nuevo gobernador aprendía era a mostrar un rostro siempre plácido. Aún así, sabiendo qué buscar, discretamente el mayor hizo nota del pequeño cambio en expresión, ínfimo momento de duda en el adolescente. Se admitía que lo había tenido él también, mas reservado en todo momento para sus adentros; la interrogante yacía en cómo deberían de tratarse, considerado lo sucedido en su última despedida a solas. Y la respuesta, a fin de cuentas, no era otra sino tratarse con normalidad, como si se ignorase enteramente la existencia de ese episodio. Era lo que Eliwood había hecho en todo encuentro posterior en Altea, aunque tan sólo lo obvio, al ser todos ellos entre público. Ahora, en el primer momento a solas desde entonces, comprendía que la duda resurgiese. No obstante, intentaba que así permaneciera; un beso cuidadoso y palabras de incondicionalidad habían sido necesarios una vez, dudaba que dos. Marth había puesto en él la confianza que requería y sus movilizaciones bélicas habían terminado exitosamente.

- Estar así es lo que más necesito. En paz. - Le respondió, con un claro tinte de alivio en su voz. Todo en él emanaba otra clase de estabilidad aquellos días, renovada y satisfecha. Le siguió en su andar; a cada mirada de más de un par de segundos sobre su delicado aspecto, acompañaba un pensamiento culpable por los excesos cometidos para con alguien tan joven. El aire de tiempos más pacíficos y la vestimenta elegante en lugar de apta a combate le sentaban mejor que cualquier otra cosa, pero persistía la separación que el mayor intentaba acatar. Suspiró largamente al oírle hablar, tan neutro que podía parecer algo preescrito. - Igualmente. Cada vez que le veo, parece dominar mejor el comportamiento de un gobernante. No omita relajarse, ¿sí? - Acotó, algo preocupado por aquellos rígidos conceptos de perfección y adecuación que parecían encerrar al pequeño más fuertemente que a él en cualquier punto de su vida. - Aunque le sienta, después de todo. Ha hecho mucho más que demostrarse un apto príncipe. -  

Le miró con seriedad, tomando lugar en la alta y acolchada silla que antes había ocupado. Aquel no había sido un comentario casual, aunque de alguna forma dudaba que Marth fuese a adentrarse en ese asunto. Había obrado como el monarca definitivo de Altea. Entonces, con la paz restaurada, tan sólo restaba el formalismo de una corona sobre su cabeza para establecer su título, paso que jamás parecía llegar. A su vez, aquel área gris en cierta forma mantenía las cosas más simples, por lo que no hacía intento de presionar el tema. En lugar de ello, dio un paso más allá del protocolario formalismo, y simplemente preguntó lo que Marth no había mencionado. - ¿Se halla usted bien? Con la situación actual, quiero decir. -

Había comenzado a notar cuan a menudo Marth omitía, reservándose mucho para momentos específicos o simplemente dejando las cosas pasar en silencio. Del mismo modo, su carta le había dado al marqués la información que pedía, le había descrito la situación del continente, mas no contenía opinión o impresión alguna del joven aún. Ni siquiea había mencionado la responsabilidad que Eliwood temía que tuviesen sobre sus hombros. Asumía que todo había sido pospuesto justamente para aquella reunión, aunque debía admitir que la falta de acceso a los pensamientos de su aliado le ponía un tanto ansioso. Observó al muchacho unos instantes mas, con un gesto neutro y una mirada atenta que intentaba leerle un poco, ahora que le tenía frente a sí en persona. Finalmente, apartó la vista a través de las grandes ventanas, al entrar de estas el fresco viento de las alturas.

- Ah, tras esas montañas se encuentra Bern, el reino del que le hablé. - Indicó. El paisaje lucía desolado, montañas grisáceas que no llegaban a tales alturas como para ser coronadas por nieve, más sí visiblemente escabrosas, de casi imposible acceso. Prefería abordar sus preocupaciones respecto a Bern antes que distraerse en demasía viendo al joven o, peor aún, de forma personal. Era el motivo para llamarle con tal urgencia al otro lado del mar, después de todo. - Mis exploradores han estado ya allí, buscando confirmar la estrategia emergida... -
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Re: El Impasse de Bern [Privado | Marth]

Mensaje por Marth el Mar Ene 31, 2017 4:21 am

Ya estaba recobrado, incluso después de sus primeras palabras sentado había ya tomado total control de si mismo y, a su parecer, de la situación. Era de alguna manera familiar y agradable escuchar de nuevo la voz del marqués, su entonación y la manera de hablar no podía calificarlo de otra cosa que no fuese agradable, incluso en un fuerte que se suponía que estaría en un lugar apartado y poco habitado, por no decir no habitado, había un toque de elegancia y acogedor, no roca fría y pisos de madra desnuda. Creía que era el entorno pero a medida que el marqués se desenvolvía y se explayaba en palabras y tomaba asiento en la otra silla notó que no era cosa de la estancia, la situación o los pisos alfombrados, era Eliwood, el marqués mismo estaba diferente, más cómodo, más relajado, más feliz. La paz le sentaba bien y si bien la guerra le había agregado años a su rostro, la paz se los había sabido disimular. Inconscientemente el príncipe sonrió mirando con cariño al hombre mayor que ya había tenido su camino en numerosos batallas, en contraste con él que todas las que había librado se amontonaban en los últimos meses.

La pregunta le hizo pestañar un par de veces un poco descolocado, creía haberle ya dicho como se encontraba el país y como él estaba feliz de que estuviese la gente de ambas naciones liberadas... sin embargo le preguntaba de manera muy puntual sobre él... y nuevamente el peso de todo lo que había intentado dejar en el puerto volvía a sus hombros. En su cabeza debería descansar una corona para cualquiera que lo viese de afuera y desconociese las tradiciones de Altea, pero no, él simplemente se había declarado príncipe regente y a pesar que había creído que eso iba a solucionar muchas cosas solo acentuaron las malas... aunque pudo ver a ojos propios quienes estuvieron voluntariosos de dar su juramento y quienes se quedaron en el área gris de "las tradiciones" a la espera. Era demasiado para él y no había tenido problemas de ese tamaño en su vida así que no pudo ocultar la turbación en su mirada, sintiéndose débil bajó su rostro solo un poco acentuando su sonrisa - Que considerado de su parte preocuparse, mi estimado amigo. Estoy cansado, ha sido un viaje largo a caballo, previo a eso un viaje largo en mar y anterior a ello volvía de tierras aún asoladas por la guerra. - ya encontrando el enfoque correcto volvió a subir su mirada al rostro ajeno encontrando los ojos de profundo azul, disfrazaría su turbación con otra - Para muchos son tiempos de paz pero en otros lugares enfrentan una guerra cien veces peor de la que enfrentamos nosotros en los pasados meses. Vi con ojos propios el hambre y la desolación que azota las tierras del norte de Altea, los emergidos han tomado cada rincón y Altea ya está tomando cartas en el asunto. Lamento distraerle con temas ajenos a lo que íbamos a hablar o mismo adelantando lo que pensaba contarle, pero llevo desde el inicio de nuestra alianza sin descanso y sepa disculpar si de a momentos suelo parecer un tanto... desanimado. - se sintió libre ahora que sus verdaderos problemas estaban fuera de vista. Aunque en esto revelaba cosas que no había puesto en su carta, como que Altea ya estaba tomando acciones por fuera del consejo o incluso de informarle al líder de Pherae y formal aliado.

Desvió su mirada junto con la del marqués, el paisaje era desolado pero hermoso, las montañas grises parecían recortar el prado verde que se extendía a sus pies del lado de Lycia, el cielo estaba despejado y la brisa fresca era un respiro agradable en ese día caluroso. Había visto a Bern en los mapas, había leído muy entrelíneas sobre el país, solo sabía que era un país bélico y que solía tener conflictos, no había mucho más que necesitase saber a fin de cuentas, era un país caído que seguramente su gobierno hubiese quedado en la ruina y teniendo malas relaciones con sus vecinos le parecía muy obvia la estrategia a tomar - Comprendo, ¿han averiguado algo? - preguntó sin apartar la mirada, el sol bañaba las montañas y podía ver los pájaros volar sobre estas... afiló su mirada y se arrimó un poco al borde de la silla, esas aves debían de ser gigantes para que pudiese verlas así a esa distancia, de colas largas y siluetas oscuras. Al caer en cuenta contuvo una exclamación llevando sus dedos a sus labios - ¡¿Son wyverns?! Esas formas allí sobre las montañas, ¿se trata de wyverns? - habían muy pocos wyverns en Altea, la mayoría extrajeros contratados que decidieron quedarse a prestar servicios pero no llegaban a ser una docena a mando de la corona y los había visto ser violentos, sucios y apestosos, pero sobretodo violentos. Tener esos animales tan cerca le ponía un tanto nervioso.


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Re: El Impasse de Bern [Privado | Marth]

Mensaje por Eliwood el Jue Feb 02, 2017 1:19 am

- Cuantas veces usará esa palabra... - El mayor se murmuró, soltando un suspiro en lugar de la risa que ameritaba ese pequeño detalle. Marth le había llamado su amigo anteriormente, mas no era lo mismo si lo hacía con tanta frecuencia en tan corto intervalo. Creía entrever la cuidadosa pantalla de disimulo y distacia puesta a lugar, y valía la pena tomarla en gracia, más que cualquier otra cosa. Carraspeó, dejándolo de lado él también. Era definitivo ya que Marth estaba actuando algo extraño, pero no veía allí incongruencia alguna. El alteano tenía su talento en pretender estabilidad y normalizar lo extraño. Lo que sí resultaba difícil de creer para el marqués, pareciendo fuera de la norma en el muchacho, era la explicación de sólo hallarse cansado. No lo parecía, ni era propio de Marth mostrar algo así. Más aún, a juzgar por sus siguientes palabras, sonaba a que había estado haciendo mucho más de lo que una persona cansada se enfocaría en hacer, en especial si apenas había recuperado su hogar. Sostuvo la mirada de Marth, haciendo un esfuerzo por no quitar la sonrisa de sus labios ni cambiar la expresión en su rostro, aunque tomara un pensativo y aprehensivo silencio.

Súbitamente temía por el resto de la conversación. Temía que las delicadas decisiones que pensara tomar con Marth hubiesen sido ya tomadas y hasta puestas en acción por el joven príncipe a solas, sin participación suya.

- Es de esperarse que estaría cansado, si tan pronto ha dado inicio a otra movilización... - Habló con lentitud, sin ocultar cuan extrañado le tenía esa noticia. Tomar cartas en el asunto podía significar una infinidad de cosas, la mayoría de ellas positivas; no desconfiaría de la administración de Marth, imaginaba que si prestaban ayuda era porque estaban en plenas condiciones y con recursos de sobra como para hacerlo. Pero aún así, el hecho de no haber sido informado siquiera en la carta de respuesta le inquietaba. Con cuidado intentó poner sobre la mesa todo aquello. - Me alivia que esté tan consciente de la situación en Regna Ferox, al menos. Contaba con algo de noticias respecto a su caída, pero no sobre las acciones de Altea allí. - Remarcó. Quizás tenía que ver con la conexión entre la restauración de Altea y la caída del reino vecino, pero prefería por mucho oírlo del príncipe. Suavizando la voz en un timbre paciente pero claro, soltó lo más delicado.  - Como su aliado, creo que debería saber de qué acciones se trata, si no le incomoda hablar al respecto. -

No podía negar que le desagradaba un tanto. El desconocimiento total le ponía tenso, dificultaba leer las intenciones de Marth, que ahora sentía que no comprendía en absoluto. Era una mala señal, por donde la interpretase. No obstante, debía tomarla con calma, ocultar sus aprehensiones bajo empáticos ojos azules, indagar pacientemente y encaminar las cosas a más favorable rumbo en la medida en que pudiera. Aún debía plantearle al joven la culpa que le apesadumbraba. Quizás, aquello ayudase a definir su curso de acción futuro respecto a Regna Ferox e inclusive Bern, o cuanto menos abriese al extranjero a hablar con más claridad sobre el reino del norte. Eliwood exhaló con lentitud, frunciendo un tanto el entrecejo a la pregunta del joven príncipe, no en molestia sino en simple angustia por el asunto. - Al igual que Regna Ferox como vecino de Altea, Bern como vecino de Lycia... podrá imaginar en qué situación se halla, pues es la misma. Eso es lo que me han reportado. - Dijo. Aquello, por sí sólo, era una tragedia que trascendía las dificultades de los tiempos actuales; todos sufrían de las invasiones, mas hasta ese entonces el marqués no había oído de otros completamente destruidos por las mismas. No obstante, no era lo peor. No era lo que le hacía cuestionar todo esfuerzo hecho hasta el momento. - Y el por qué... -

Su voz pareja fue perdiéndose, al pausar para recolectar sus pensamientos tanto como para seguir la atención de Marth, que parecía fascinado por las vistas del reino vecino. La impresionada respuesta, al menos, puso una sonrisa de regreso en el rostro del pelirrojo, recordándole un rasgo apreciado que le encariñaba con el otro. - ¿Hm? Han de ser wyverns salvajes. Muchos de ellos vivían en las montañas de Bern. Desde aquí puede verlos sin correr riesgo. - Le dijo, volviendo la vista también hacia aquellas siluetas. En efecto, parecían wyverns libres, tan grandes que debían ser adultos completamente desarrollados, sino entrados ya en la última edad. Guardó silencio, dejando al joven disfrutar de aquello y regresar al cauce a su ritmo.
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Re: El Impasse de Bern [Privado | Marth]

Mensaje por Marth el Jue Feb 09, 2017 12:40 am

Había algo en la expresión de Eliwood mientras hablaba que no terminaba de serle natural, la sonrisa tranquila estaba allí pero quizás era la manera tan fija en que lo observaba, o alguna tensión en su cuerpo o rostro que era tan ligera que no llegaba a serle notoria o tal vez solo era su propio nerviosismo por estar a solas y con aquellos recuerdos. No podía decir que hubiese preferido que no hubiese pasado nada, había sido su primer beso y no había sido desagradable en lo más mínimo, si pensaba demasiado en ello comenzaba a sentir un cosquilleo en sus labios que le ponían ligeramente nervioso incluso si se encontraba totalmente solo, hubiese sido bueno poder hablar de lo sucedido, saber que era lo que pensaba o sentía el marqués pero era algo imposible, impensable siquiera tal posibilidad, e incluso si se le presentaba no hubiese podido hacerlo y era muy probable que se bloquearía nuevamente en su estado automático de respuestas pre-armadas.

Las palabras iniciales del marqués no le dieron pista alguna de que era lo que sentía que estaba mal hasta que notó el error que había cometido al halar de más, de contar de manera tan directa algo que hubiese sido mejor exponer con cierta preparación, se había sentido arrinconado y si bien era hábil con sus palabras y para generar diálogos que no le comprometieran se había tropezado con algo emocional y personal entorpeciendo su dialogo político y bélico, aquel error no podía volver a ocurrir. Manteniendo su semblante asintió levemente con la cabeza inclinando un poco la misma - No hubiese sido prudente expresar esos asuntos por carta y creo que le hubiese puesto nervioso si solo lo mencionaba mis acciones sin poder explayar el tema como corresponde. Teniendo ya mi viaje programado para sus tierras creí conveniente hablar sobre el asunto en persona. - no era una improvisación, si estaba manteniendo un poco bajo perfil sus acciones, sobretodo estando en tensión cada vez más latente con sus vecinos del sur, había dejado de confiar en la privacidad de las cartas.

Su mirada seguía pasando del marqués a las figuras pequeñas que volaban sobre las montañas, que hacían giros y picadas incluso entre ellos. Le parecía sorprendente ver aquellos animales en su hábitat natural y con cierto temor al pensar que podrían llegar a ser aún más grande de los que había visto con sus jinetes, ya de por si era bastante temibles aquellas criaturas de lejos, en medio de un campo de batalla debía helar la sangre de sus enemigos. Notó el silencio entre ellos después de varios segundos en los que se había quedado plasmado con aquellos pensamientos. Echó un poco sus hombros hacia atrás y levantó su mentón volviendo a prestar atención - Lamento mucho la interrupción. Como decía usted, Regna Ferox ha caído bajo manos de esta plaga, sus líderes desaparecieron y se presumen muertos, casi no quedan guerreros aptos en sus tierras para vencer tales fuerzas y los civiles intentan sobrevivir y defender sus vidas huyendo a diferentes áreas del país. La situación ha empeorado y parece empeorar aún más cuanto más paz goce Altea y más fuerte luche Ylisse por su propia libertad, es como si no los lográramos matar si no que los estuviésemos obligando a abandonar nuestras tierras para ir a nuestros vecinos. - dijo con sincera angustia en su voz cerrando sus ojos un momento.

Tomó un poco de aire y buscó la mirada azul del otro antes de volver a hablar - Bern se debe encontrar en las mismas condiciones... y somos de forma indirecta los culpables. No he podido no tomar acciones en este caso, y usted tampoco puede no tomarlas cuando su vecino está sufriendo a causa de nuestras acciones. No he venido solo a conversar sobre la causa de lo que está ocurriendo, está perfectamente claro, tampoco de la gravedad del asunto, cuando gente inocente está muriendo; si no que he venido a informarle alegremente que Altea prestará sus fuerzas a Pherae para la conquista de Bern. - sonreía orgulloso de lo que decía, estaba seguro que Eliwood aprobaría aquello, que acogería bajo su ala a los civiles en mala situación, Altea daría su parte para que el marqués se hiciera de esas tierras y con la habilidad administrativa y de gobierno que tenía el pelirrojo el joven príncipe no dudaba que podría hacer salir adelante Bern como su nuevo gobernante y de paso eliminar el problema conflictivo que habían tenido ambas naciones antes bajo un solo gobernante.


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Re: El Impasse de Bern [Privado | Marth]

Mensaje por Eliwood el Vie Feb 10, 2017 12:20 am

Había mucho en esa explicación que no le agradaba. Tenía lógica, tenía su punto en que habrían sido alarmantes noticas si las daba por sí solas, pero no podía evitar sentirse demasiado irrelevante por no serle comunicadas. Una movilización militar no era ningún secreto; algo tan notorio como miles de hombres llevando sus banderas a otro reino no podía ser un secreto, la palabra siempre se esparcía y sólo había sido un asunto de tiempos y casualidades que no llegase hasta Pherae, de modo que Eliwood se enterase en la peor forma. Parecía justificación insuficiente, a la vez que un acto de intenciones extrañas de parte de Marth. Había creído conocer al muchacho. En aquel momento, se lo cuestionaba fuertemente. Y aún así, las palabras que saliesen de su boca no podían indagar ni recriminar; sólo alzaría discusión respecto a algo ya pasado, con alguien que en sí, sí contaba con el poder de hacer las cosas de ese modo, o de cualquier modo en que desease. Era algo a lo que hasta prefería no llevar atención. - ... claro... comprendo por qué lo reservaba para ahora. - Habló lentamente. Era difícil pretender que estaba bien así, pero era lo mejor. Muy tarde para una discusión que de todos modos no tendría sentido, ni provecho.

Marth tomaba las decisiones finales. Aquella era una verdad ineludible con la que Eliwood había hecho las paces, muy al principio; tenía su derecho a voz y guiaba al príncipe en la medida en que estimara y pudiese, pero la persona de mayor poder, a la vez que el dueño de la enorme mayoría de las tropas unidas, era Marth. Lo que hiciese en sus tierras o en su continente de origen estaba fuera de sus manos. Al menos, le aliviaba oír que lo que el príncipe hacía en Regna Ferox era motivado por un deseo de auxiliar al reino limítrofe, en lugar de algo utilitario. Era cierto que hacía un bien, invirtiendo sus propios recursos y su propio esfuerzo en acudir tan pronto como la crisis se presentaba. Cambiando paulatinamente de idea respecto a ello, soltó sus aprehensiones en un silencioso suspiro y volvió a sonreír. - Me alivia que ya vea el patrón. Temía que fuese difícil de creer o de comprobar, si tan sólo le remitía yo lo que mis exploradores reportaban. Pero sí, parece ser que tan sólo estamos... cambiando el enfoque del enemigo, más que derrotarlo. - Bajó la vista a su vez, tomando un timbre de voz menos jovial, grave con cuanto le pesaba dar aquel veredicto. Palabras que, al despedirse de su hijo ese día, había estado convencido de que no volvería a decir. - Esta guerra está lejos de terminar aún. Ahora mismo, ni siquiera logro imaginar con certeza el camino... ayudar a Regna Ferox a sobrevivir es un inicio, pero habrá mucho más que hacer. Yo... me siento culpable-- no, soy culpable de Bern, por lo cual... -

Parpadeó, silenciándose al encontrar la mirada de Marth. Algo en sus ojos, en su expresión en general, le decía que él sí veía el resto del camino. Parecía seguro, comunicándole al marqués una inesperada sensación de esperanza. Escuchó con ansias lo que deseaba informarle. Y cuando lo hizo, sintió como si su corazón se dejara caer a sus entrañas, y un súbito frío se extendiese a sus extremidades. La conquista de Bern resonó en su mente apenas las palabras terminaron de salir de la boca del príncipe, y nuevamente sintió que la presión de hallarse supeditado a la persona frente a él lo ahogaba. No era un conquistador, en su vida el concepto no habría cruzado su mente. Pero Marth no hablaba de ayuda o protección, no era esa la palabra utilizada, en ese caso. Eliwood no aguardó un sólo instante más.

- ¿Conquistar...? Pherae no tomará Bern. La Liga de Lycia no conquista. - Dijo, manteniendo su voz leve, mas apresurándose por aclararlo. Tomó aire para medirse, asegurarse de que su tono no sería uno exaltado, y entonces prosiguió con firmeza. - Cada reino de Elibe es independiente, príncipe. Cada uno fundado por uno de nuestros héroes de leyenda, autónomo desde siempre. Tomar Bern, quitándole esa autonomía... puede ser una solución inmediata, pero haría todo menos salvar al reino. Desequilibraría al continente entero. No ha sido mi intención en absoluto sugerirlo, al traerlo a usted aquí. - Se explicó. Sabía que Marth era el de mayor poder, y sin embargo, lo que sugería rebasaba un límite que Eliwood no estaba dispuesto a cruzar. De allí que su respuesta apuntase a disuadirlo enseguida, de la forma más clara posible. Tras hablar, el pelirrojo se inclinó un poco hacia adelante en su silla, suavizando su serio gesto al hablar en un volumen un poco más bajo al menor. - Lo siento, pero en esta ocasión declinaré el apoyo militar que ofrece... a menos que sea para dar, ambos de nosotros, apoyo a las mismas fuerzas de Bern para levantarse otra vez. -


Última edición por Eliwood el Jue Feb 16, 2017 2:59 am, editado 1 vez
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Re: El Impasse de Bern [Privado | Marth]

Mensaje por Marth el Mar Feb 14, 2017 7:15 pm

Había esperado emoción por parte del pelirrojo, él se consideraba en buenas con aquella resolución tan obvia y sencilla. Bern era un país problemático en el continente y al caer su gobierno comprobaba a ojos del joven gobernante que su rey no era apto para cuidar de su gente, Eliwood era un hombre muy capaz para sentarse en un trono, todos ganaban, Eliwood, la gente de Bern y el territorio al borrar a un problema y sustituirlo por una solución. Todo era simple y lógico en su mente, a parte que compartiendo fronteras con Bern sería muy sencilla una invasión militar, incluso a travez de las montañas podría encontrar un paso y si no siempre estaba las vías marítimas, lo había pensado bastante ya para llevarle un plan armado a Eliwood y no hacerle perder el tiempo. La mirada del pelirrojo de esperanza solo infló más sus expectativas y aseguró sus ideas, él tenía la solución que aliviaría el pesar de aquel hombre. Su culpa era muy real y podía comprenderlo, él mismo se había sentido culpable y por ende responsable de la situación de Ragna Ferox y era por eso que había tomado acciones tan apresuradamente, estaba más que seguro que Eliwood se alegraría con su propuesta.

Las palabras tan inmediatas y tajantes del marqués borraron la sonrisa del rostro del joven peliazul y su expresión se volvió más severa, no le gustaba que le descartasen así su solución sin siquiera planteársela sobre la mesa, él estaba hablando con Eliwood, el marqués de Pherae, no con la Liga de Lycia, y por lo que a él respectaba era Eliwood quien estaba tomando realmente acciones allí y no podía comprender un sistema donde no hubiese una cabeza y las personas de más poder de un país compartieran importancia, le era una locura que no existiese Rey en Lycia y ahora comenzaba a ver las consecuencias de eso. Levantó su mentón con autoridad, desde que la guerra había terminado y su padre no había regresado había tenido que enfrentar demasiadas disputas y demasiadas dudas respecto a su puesto por lo que tenía un cambio bastante notorio en ese aspecto desde la última vez que se había reunido con el marqués, antes siendo más mediático y más dócil, ahora siendo más estricto e imponiendo su autoridad casi de inmediato sin dudarlo. Su voz se sintió un tanto más profunda, sin el tono amable y tranquilo se veía que el desarrollo de su adolescencia le podría dar una voz que podría resonar en una sala real - Mi alianza no es con la Liga de Lycia si no que con Pherae, mi apoyo no va a ellos si no a usted, ellos no tienen cabida en este tema. Un reino no puede enorgullecerse de su pasado si no tiene futuro, el rey de Bern no ha podido salvar a su gente y a sus tierras de ataque emergido, ni siquiera ha sido capaz de mantener en línea a los enemigos si no que les permitió avanzar por sus tierras creando caos y muerte sin control. El rey de Bern no tiene derecho a portar su corona si no puede cumplir tan básica tarea. - utilizaba palabras fuertes y directas, ya se veía que no buscaba palabras neutrales si no que enfatizaba sus ideas como lo había tenido que hacer en la corte durante estos últimos meses.

No dejó casi espacio para que el marqués pudiera hablarle, su cuerpo se enderezó un poco tensándose notoriamente al posar sus manos en su regazo - ¿No ha pensado siquiera un instante la situación? Si ayuda a la corona de Bern, contando que esté aún en su castillo si no es como en Regna Ferox que han desaparecido y se presumen muertos, le estaría devolviendo una situación que no son capaces de controlar. No pudieron defender, mucho menos podrán enfrentarse a una liberación, es una guerra perdida para ellos. Usted tiene las capacidades suficientes para administrar esas tierras, mis estrategas ya han hecho un estudio del terreno por mapas y libros, tiene recursos naturales suficientes como para recuperarse económicamente y para alimentar a su gente en poco tiempo en manos de alguien con sus habilidades. Estaría salvando a esa gente, Lord Eliwood, liberar esas tierras para entregárselas de regreso a quienes la llevaron a la ruina es... disculpeme, pero es tonto. Les daría paz a esa gente por unos meses y luego pasaría nuevamente una invasión de emergidos. ¿Podría su consciencia vivir con eso? La mía no. - se veía en su rostro que poco a poco su máscara de perfección se resquebrajaba, sus cejas y frente mostraban una pequeña arruga de angustia y sus ojos parecían brillar un tanto cristalinos, sus puños se cerraron sobre su regazo - No permitiré que muera más gente en manos de esa plaga, mientras tenga los recursos y la capacidad para hacer algo, lo haré, y usted debería hacerlo también. Mi padre dio la vida peleando contra ellos para dar paz a sus tierras, no puedo quedarme quieto cuando sus acciones y las mías condenan a los de mi alrededor. Puedo protegerlos a todos. - Se mantuvo firme por más que se notaba que hacía gran esfuerzo por ello, no era igual enfrentarse a la gente de la corte que a Eliwood pues buscaba su aprobación pese a todo y aquellas palabras le habían herido mucho más que cualquiera en su tierra que hubiese dudado de su capacidad o de su título. Estaba tan alterado que no notó que había dicho algo demasiado crucial de una manera demasiado fuerte... la muerte de su padre no había sido anunciada públicamente, solo dentro de las puertas del castillo se sabía la verdad mientras que los ciudadanos de Altea estaban en un paréntesis a la situación donde se decía que grupos de búsqueda estaban recorriendo las zonas buscando al rey o su cuerpo en su defecto, muchos ya asumían la desaparición o defunción del mismo y tomaban a Marth como su soberano ignorando que el tema era mucho más delicado que eso. A Eliwood aún no se le había sido comunicado nada ya que no había nada realmente oficial, aunque Marth se había metido tanto en asuntos oficiales y burocracias encerrando sus sentimientos hacia su padre, su progenitor, su familia, desconectándose de ello por su propio bien y olvidando que aquel hombre que había muerto en la guerra no solo era su padre si no que amigo del pelirrojo que estaba frente a él en ese momento.


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Re: El Impasse de Bern [Privado | Marth]

Mensaje por Eliwood el Jue Feb 16, 2017 5:36 pm

Sabía que estaba siendo demasiado frontal, tan aprisa como estaba por negar la posibilidad de Bern y detener el asunto antes de que comenzase siquiera. En retrospectiva, no estaba seguro de si hubiese sido la mejor aproximación, pues Marth parecía descontento, y como pocas veces su rostro lo reflejaba. No soltaría la idea tan fácilmente, al parecer. Eliwood notó con considerable aprehensión el cambio en el joven, la nueva fuerza con que ejercía el poder que, en realidad, siempre había tenido, muy por sobre el pelirrojo. Quizás finalmente había caído en cuenta de ello. Quizás simplemente crecía, como muchacho y como gobernante, tras todo lo que había tenido que hacer en Altea. Sin embargo, no podía permitir que se sobrepusiera. A la mención de la Liga de Lycia y el reino vecino, alzó una mano en un gesto que indicaba al otro proceder con más lentitud. Había algo que pasaba por alto, que Eiwood no había informado. Bajó la cabeza un tanto en disculpa.

- Lo lamento, debí decírselo antes... mientras Uther o Hector de Ostia no se hallen presentes o en condiciones de ejercer el liderazgo sobre la Liga de Lycia, como siempre ha sido derecho del marquesado de Ostia, me hallo encabezándola yo mismo en la práctica y en el desarrollo de la reconstrucción. Es por ello que me veo en una posición de responsabilidad distinta. Mis actos reflejarán en Lycia. - Su poder también era otro en aquellos días, pero la palabra "responsabilidad" siempre surgía antes en la conciencia del mayor. No había poder que no implicara deberes cada vez más grandes. Tras decirlo, cruzó su mente la idea de que aquel conocimiento hiciese más daño de lo que arreglase, al indicar que tenía más control y libertad de lo que usualmente ostentaba. Era una remota pero inquietante idea. Aún así, se trataba de la verdad, y había sido adecuado momento para mencionarla.

Y de todos modos, el hecho era que Marth estaba siendo perfectamente racional. Entendía a la perfección su punto respecto a Bern, como también simpatizaba con sus deseos de auxiliar a la población. Dos años habían pasado preocupándose cada quien de su propia crisis, y ahora ellos tenían sólo prosperidad por delante, mas la culpa de otros en condiciones mucho peores que tomar. Intencional o inconscientemente, tocó la conciencia del hombre mayor, haciéndole bajar la vista y darle segundo pensamiento a todo el asunto. El reino de Bern pertenecía a la corona de Bern, nada cambiaría ese hecho, y aunque deseara ayudar, ninguna forma en que ellos participaran le daba a imaginar buenos resultados. - Claro que quisiera salvarlos, pero todo acto que realice implicará mi bandera y la suya, el peso de su corona, de mi nombre... cualquier ayuda que prestemos implicaría una deuda impuesta sobre Bern, sino una toma de poder. No somos nosotros, ni gente similar, quienes pueden ayudarles. - Explicó con mayor paciencia; eran consecuencias políticas que contaba con que Marth entendiera, si no hubiera contemplado ya. Con escasa pausa, su voz dócil pero profunda continuó llenando los espacios de ese silencioso y apartado lugar. - De tomarlo bajo mi propia administración... si bien funcionaría, pondría al continente en mi contra. La autonomía basada en la historia de nuestros fundadores es lo que sostiene, también, la religión de la Santa Elimine. Haría de Lycia el primer reino en Elibe en desacatar esas bases, lo cual inclusive en estos tiempos no es un paso conveniente. No, no hace bien a mi conciencia dejar esto así, pero cualquier cosa que quiera hacer... - E inclusive él mismo dudaba, tras oír al príncipe, pero no era algo que en lo que en ese mismo momento pudiese adentrarse. Sin llegar del todo a una conclusión, le detuvo una mirada más fija y cuidadosamente al muchacho frente a sí. De inmediato la mirada en sus ojos dio nuevo sentido a las palabras que acababa de decir, despertando la instintiva preocupación del mayor. - ¿Se encuentra bien...? -

Sus delicadas manos hechas puños eran una señal de agitación que le conmovía. Aunque por ratos la eficiencia del príncipe en su puesto le hiciese olvidar su edad, no podía evitarlo; se preocupaba demasiado por un par de ojos llorosos como para discutir más ante ellos. Tratándose de alguien a quien estaba encariñado y por quien se preocupaba, era tanto peor. Sin pensárselo siquiera, Eliwood dejó su asiento para aproximarse más al ajeno, rápidamente bajando una rodilla al suelo ante él, a modo de presentarse más humildemente. Con la preocupación clara en su mirada y un inusitado cuidado en cada gesto, el hombre posó su mano sobre el puño del más joven, acariciando el dorso en un intento de confortarlo. Se mantuvo atento a él, muy consciente de los gestos que con un príncipe podía osar tener y los que podrían tornar las cosas incómodas entre ellos en particular; cualquier aproximación similar a aquella podía no ser la mejor idea, pero en ese momento no podía actuar de otra forma. No podía verle ojos cristalinos y quedarse lejos. Contempló las palabras que habían parecido afectarlo más. - Príncipe regente, entonces... - Murmuró, dándolo a sí mismo por confirmado. Había sido él quien anteriormente urgiera a Marth a tomar nuevo título, pues había sido él el primero en ver la desapareción extendida del rey como algo más. La noticia, en sí, era una que había previsto desde hacía un largo tiempo, siendo más una conclusión que una sorpresa a aquellas alturas. Pero imaginaba que todo debía estar afectando de sobra al menor. Desde su posición cercana pero inferior en altura era fácil mantener la vista en los suaves rasgos del rostro de Marth, buscando señales de incomodidad o miradas tensas de su parte, listo para soltarle apenas aparecieran. Abrió con gentileza el puño ajeno para sostenerle la mano extendida, y sin necesidad de alzar mucho la voz prosiguió.

- Prometo que buscaré el modo de ayudar a la población sobreviviente, Marth. Pero de momento, por favor piense en cuanto más hay por hacer... debo estar aquí para reconstruir, para ayudar en la gestión de los marquesados caídos. Y apenas pueda dejar Lycia otra vez, debo acudir a su lado en Regna Ferox... ¿no es así? - Preguntó, apuntando con ello a cerrar la discusión que a Marth le afectaba y a él le ponía en muy arriesgado terreno. Aunque la situación con Regna Ferox le desagradase tanto como la propuesta sobre Bern, reconocía que aquel movimiento estaba demasiado avanzado como para hacer cualquier intento de detenerlo. Marth ya estaba reacio a reconsiderar Bern; de ningún modo lo haría con el otro reino. A Eliwood, pues, no le restaba más que hacer sino ponerse de su lado en aquello, esperando con eso al menos suavizar la percepción del adolescente. - Nuestros recursos son amplios, pero no infinitos. Si ya ha invertido su esfuerzo en Regna Ferox... me corresponde estar allí para ofrecer mi espada. -
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Re: El Impasse de Bern [Privado | Marth]

Mensaje por Marth el Lun Feb 27, 2017 8:10 pm

El príncipe se veía abrumado por sus propios sentimientos, cosa que no le ocurría ni siquiera en la privacidad de su habitación, siempre había encontrado la manera de evitar aquello y solo centrar su mente en otro tema, aislarse y alienarse de sus propios sentimientos y relaciones familiares para actuar como el príncipe y líder que había sido criado para ser, era lo que su padre hubiese esperado de él y lo que su pueblo necesitaba. No podía ser débil ni dejarse llevar por tales cosas, su padre se lo había dejado en claro en varias ocasiones cada vez que el joven príncipe mostraba lágrimas en sus ojos. Pese a todo aquello que había soltado y su mirada cristalina no cayó lágrima alguna a sus mejillas manteniéndolas en sus ojos con respiración controlada y la mirada fija a sus propias rodillas tan centrado en lo que estaba diciendo que no legó a ver cuando el marqués dejó su asiento para acercase a él no lo notó hasta que la mano del mayor envolvió la propia quitándole el aliento. Por un muy pequeño instante sintió el reflejo de cerrar sus ojos y esperar un recordatorio de su lugar tal como lo habría hecho su padre pero fue un tacto suave y cuidadoso el que tomó su mano y puso al hombre frente a él de rodillas. Aquel acercamiento sumiso y tranquilo pareció contagiar al mismo peliazul en su calma y control aflojando la fuerza de sus puños y abrir sus manos enguantadas aceptando aquel acercamiento. Había entendido y procesado lo que el marqués había expresado, todas sus preocupaciones de lo que implicaba tal movimiento estaba ya puesto sobre la mesa desde el primer momento y sus estrategas y consejeros habían analizado cada aspecto e informado al príncipe de las ventajas y problemas que podrían acarrear. Pecaba por inexperiente y arrogante incluso con el poder y riquezas de sus tierras.

Tomó aire enderezando su postura y al levantar la mirada hacia el rostro del marqués apenas se notaba un poco de rubor en sus mejillas en la parte exterior de sus ojos pero sus mejillas secas y su pecho cerrado, comprimido, por aquellos sentimientos, apresuró sus palabras con la voz mucho más suave y temblorosa - Lo lamento... debí informarle antes sobre la muerte del rey. Aún no se celebra funeral ni servicio en la iglesia puesto que no se ha encontrado el cuerpo pero la búsqueda culminará el próximo mes y sin resultado será celebrada una ceremonia en su honor, por supuesto que está invitado. - nuevamente se veía el protocolo en su actuar pero mucho más torpe que antes. Su mano se mantenía quieta pero dejando que el mayor la tocase y la acariciase, solo movió sus dedos cuando sintió que la mano ajena parecía apartarse, un movimiento sutil y apenas de un roce que intentaba comunicar que se quedase. Pero incluso con el contacto el príncipe continuó hablando - Si realmente quiere ayudar y salvarlos, puede hacerlo. Mi bandera sería la primera y si lo desea no tiene por que poner su escudo en las tropas que marchen, puedo poner Bern bajo mi ala y tenerle a usted como embajador y administrador. Me disculpo pero no puedo tomar como justificación la historia de Elibe si esta respalda el dejar civiles indefensos morir en manos de los emergidos, es ridículo lo que dice. - nuevamente sus palabras tomaban fuerza a medida que su mente se apartaba más del carril sentimental y volvía al tema en cuestión - Usted tiene la voz de Lycia, es su rey sin corona. Debe tener la fortaleza de uno para buscar lo mejor para su gente y vecinos. Bajo su mando podrá controlar Bern para que no sea más un problema para sus vecinos, con los recursos que genere con Bern no solo prosperará ese país si no que podrá reconstruir los marquesados caídos. - apretó un poco el agarre sin dejarle apartarse, manteniendo su mirada en la ajena, quería intentar ver si realmente estaba entendiendo la profundidad de sus palabras.

No tenía duda alguna que el corazón de Eliwood tenía las mejores intenciones y la capacidad de liderar con sabiduría, bondad y justicia, quizás estaba teniendo expectativas demasiado altas o la imagen que tenía del mayor estaba idealizada pero quería verlo así y quería darle un lugar que creía que merecía, hombres así eran desperdiciados en pequeños marquesados, hombres como Eliwood podrían traer más paz y prosperidad al mundo en un cargo más alto. Al llenar sus pulmones llenó también su pecho de aquella energía renovada, aún con sus ojos algo rojizos y cristalinos se podía ver el brillo del deseo en su objetivo - Mientras se puedan salvar vidas debemos salvarlas, la única justificación que existe para no acudir en ayuda a otros es si hay otras vidas bajo su cargo en juego o imposibilidad de actuar, digame, marques ¿Va a condenar a todos los civiles de Bern solo por no querer ser mal visto por los otros reinos? ¿Es más importante su imagen y su nombre que la vida de esas personas? ¿Es acaso Elibe un lugar con una cultura tan irracional como para dejar gente morir por la libertad de su religión? - mantenía firme su postura y la mirada fija en los ojos ajenos.


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Re: El Impasse de Bern [Privado | Marth]

Mensaje por Eliwood el Sáb Mar 11, 2017 3:02 pm

Agradecía, en cierto modo, ver un semblante menos que estable en Marth. Tendía a serlo, tan intachable en apariencia y ademán que era obvio que no se trataba de las facetas naturales de una persona viva, sino un comportamiento impuesto del que nunca le había visto librarse. Las manos temblorosas y algo de emociones reales en el rostro le sentaban de forma mucho más humana y honesta, indicándole al marqués, para su alivio, que aquello no era un tema protocolar y regular para Marth, sino algo que verdaderamente le preocupaba. Había necesitado saberlo. Visto lo obvio, los esfuerzos del pequeño príncipe por contenerse se hacían admirables; las lágrimas ya estaban allí, la voz ya delataba la garganta cerrada de una persona al borde de sucumbir, mas jamás cruzando la línea. Que se mantuviese justo en esa forma denotaba una inesperada resistencia de parte del peliazul, que sin embargo preocupaba un poco al mayor. Este permaneció en su posición, arrodillado frente al otro, obedeciendo en sujetar aún su mano mientras esperaba a que todo pasara. Suponía que cuando el príncipe se tranquilizase, dejarían ese desagradable asunto de Bern atrás. Anticipándolo aún en sus siguientes palabras, fue tomado algo por sorpresa por el retorno de Marth al tema, terco. Con todo y su claro estado emocional, aún quería abogar por una movilización a Bern.

Eliwood apretó los labios muy levemente, tensando las cejas apenas un tanto, conteniendo todas aquellas señas de disconformidad. Debía haber anticipado que Marth insistiría. Estaba siendo extrañamente firme ese día, extrañamente apegado a su autoridad, un problema que no había vuelto a tener con él desde hacía un largo tiempo. Aún así, sostuvo su mano con cuidado y le miró tan sólo con calma y paciencia. Estaba decidido a hallar la salida de lo que veía como un gravísimo error en potencia; debía conseguirlo de alguna forma. Jamás había pretendido más poder del que su linaje le otorgaba, no ambicionaba tierras ajenas ni mucho menos disfrutaba la idea del proceso de conquista. Pero, por sobre todo y aunque en el fondo comprendiese el afán de Marth de tomarlo todo bajo el ala de Altea en un modo defensivo y gentil, no podía concordar en que esa fuese una buena respuesta. Le escuchó hasta el final, silencioso ante las palabras cada vez más graves que Marth utilizaba para plantearse, y sin embargo se vio inafectado.

- Aunque la causa le parezca irracional, las consecuencias no cesarán de venir, de hacerse lo que propone. - Habló en el mismo tono de antes; la discusión podía tenerle tanto o más aprehensivo y agitado que Marth, pero era clave controlarse. Más aún, era con esa calma que quería convencer al alteano a dejar esas ideas de lado. - Por bien intencionada que sea, lucirá como una movilización agresiva igualmente. ¿Es realmente la mejor forma de proceder, una que podría ponerme contra el continente entero? ¿Será eso lo más conveniente para una posible población refugiada? Si la forma de salvarles solo les traería mayor penuria, si es una forma insostenible, no vale la pena. Y creo que esto sería insostenible. - Se explicó cuan cuidadosamente pudo. Aquel momento, antes de que Marth terminase de descartar la vulnerabilidad y tornara férrea su voluntad, era el que debía aprovechar para cerrar el asunto. - No le pido que se retracte del todo, sino sólo que tome algo más de tiempo para pensarlo. Ver cómo se desarrollan las cosas. Apenas tenemos conocimiento de la situación; los actos que los sobrevivientes de Bern tomen aún están por verse. Es posible que, en alguna forma, se acerquen a mi al ser el territorio activo más cercano a su frontera, lo cual facilitaría mucho cualquier proceder. - En eso culminó, suavizando su expresión al acercar la mano ajena hacia sí, a modo de sujetarla más cómodamente. Con un leve intento de retirar su agarre había comprobado que no era lo que el más joven quería, y como solía ser, se dejaba a disposición. La cercanía que no cambiaban le tornaba un poco demasiado consciente, pero en el silencio interrumpido sólo por los silbidos del viento en lo alto, el marqués proseguía en lo que era mucho más importante. - La reconstrucción de Lycia y su movimiento en Regna Ferox requieren nuestra atención ahora mismo-- y le apoyaré personalmente en ello apenas pueda viajar fuera de Elibe. Pero por favor, posponga Bern. -

Ese era su mejor intento. Si Marth aún insistiese después de ello, no creía poder hacer mucho más, por lo que se volcaba de lleno a la idea de finalizarlo todo allí. Actuó con la confianza que debía de, como si su meta fuese ya a ser conseguida, y cambió el gesto serio en su rostro por una leve sonrisa, la vista atenta a Marth en una forma mucho más cordial. - Además, usted tiene mucho en qué pensar. - Le dijo. Habían suficientes asuntos por atender tanto en Altea con la defunción del rey, como en Lycia con la reconstrucción y reorganización; a ello podía apelar. - Me aseguraré de viajar a Altea para el próximo mes, es menester para mi estar presente en la ceremonia por su padre; será a su vez mi punto de partida a una estadía más larga para asistirle en el Norte. Pero, con todo esto... ¿no prefiere, por ahora, sólo aprovechar su viaje aquí un poco? - Hizo amago al fin de moverse, mas no para ponerse de pie; sospechaba que el agarre de Marth en su mano no se lo permitiría fácilmente. En su lugar, se inclinó un poco más hacia adelante, llevando la mano libre al rostro del muchacho. Con tacto delicado le apartó el cerquillo de fino cabello azul de los ojos, comprobando en estos la falta de lágrimas pero en enrojecimiento delator. La tela de sus guantes rozó apenas la piel ajena en el proceso, pero el gesto estaba allí, inequívoco. No podía negar que sabía lo que hacía; Marth se distraía con facilidad con cualquier acercamiento suyo, y francamente lo prefería en ese entonces. Prefería que cambiase de ideas a que continuase con esa desagradable intención sobre Bern. - No le he visto en bastante tiempo y prefiero verle calmo, ahora que lo peor ha pasado. Quisiera que se relaje. -


Última edición por Eliwood el Sáb Abr 15, 2017 12:39 am, editado 1 vez
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Re: El Impasse de Bern [Privado | Marth]

Mensaje por Marth el Vie Abr 14, 2017 5:15 pm

Eran pequeños los momentos en que Marth perdía la calma, normalmente no serían ni pequeños ni se mostrarían en absoluto pero tanto tiempo comprimiendo aquellos sentimientos no hacían más que dejarlo al borde del sentimentalismo. Eran toneladas de responsabilidad sobre sus hombros tanto política como moral, no encontraba tiempo para si mismo ni donde canalizar todo lo que le estaba pasando más que en la soledad de su habitación, el trato cercano y abierto que le daba el marqués, cálido y comprensivo tocaba algo en su interior, algo que le decía que aquel hombre era un apoyo que nunca había tenido. Estaba confundido, no sabía que hacer con sus propios sentimientos que parecían desbordar cada vez que la mano del marqués tocaba la suya incluso con guante de por medio. Estaba tocando temas importantes y no quería dar su brazo a torcer en lo que él consideraba que era lo correcto, demasiado joven y inexperiente como para darse cuenta de los problemas que sus planes idealistas podían causar. Tomó aire lentamente manteniendo tan calma su voz como le era posible, aún controlado por la fuerza del momento, no permitió que Eliwood llenase ningún silencio y respondió casi de inmediato a sus palabras - Es nuestra función como gobernantes. ¿Qué puede hacer el pueblo sin gobierno más que perecer en manos de enemigos y ellos mismos? ¿Es que Etruria prefiere ver a su gente sufrir y morir antes de actuar solo por que así lo dice la historia? No tiene por que traerles mayor penuria si el gobierno les protege de sus vecinos, estoy seguro que si los gobernantes de sus vecinos son siquiera la mitad de razonables que usted entenderán la situación y si ellos no se han movido de sus cómodos tronos ni para salvar a su propia gente no tienen tampoco derecho de venir a entrometer sus opiniones y narices en lo que usted hace por los demás. Que miren a su propia gente antes de venir a condenar a pueblos vecinos. - estaba enojado y si bien usaba palabras fuertes y su tono subía un poco mantenía sus palabras correctas y sin salirse de lo que podía ser desdicho con habilidad.

Tartamudeó un poco con palabras en su boca sin poder responder a lo que planteaba el pelirrojo, era verdad que estaba volcando sus esfuerzos en Regna Ferox y no tenía tantas tropas si llegase a perder apoyo de Lycia en esto, y si era una realidad que Lycia tenía sus propios problemas volviéndose a poner sobre sus pies después de la liberación. Eran un territorio pequeño con marquesados que muchos habían perecido o quedado destruidos tras el paso de los emergidos y ahora tenían que volver a construir sobre lo quemado, su gente tenía que volver a sus tareas diarias y los marqueses reponer tropas y reconstruir defensas. Cerró su boca cuando sintió el roce de la mano ajena sobre la suya, como le acomodaba entre sus dedos y como observaba su rostro, un rubor en sus mejillas calentó su piel y nuevamente el nerviosismo subió a su pecho, no pudo hablar y el silencio fue prontamente ocupado por el marqués que hábilmente había tomado aquella oportunidad para darle un cierre al tema como si todo lo que hubiese planteado fuese la solución y lo que se haría. En ese momento el príncipe regente fue a tomar palabra, no permitiría que el tema fuese puesto así de lado y cerrado sin su autorización explicita, o al menos sin que fuese él quien tuviese la última palabra pero su garganta se cerró cuando vio la mano acercarse con cuidado a su rostro. Bajó un poco la mirada y cerró sus ojos con el suave roce de los dedos ajenos sobre su frente y al volver a abrirlos se encontró con la mirada del marqués. Sus labios entreabiertos no dijeron palabra alguna, solo soltó un pequeño suspiro y asintió obediente sin apartar su mirada del rostro ajeno. Apenas asomó su lengua a sus labios humedeciéndolos al sentirlos repentinamente secos y sus dedos se tensaron en el agarre de la otra mano del marqués. Su mente le traicionó trayendo nuevamente recuerdos del último encuentro en Altea, de como había dado su primer beso con aquel hombre en la intimidad de su estudio y como ahora estaban en la intimidad de un fuerte lejos de cualquier lugar con apenas unos sirvientes y soldados que no se moverían de sus puestos si no eran llamados. Interpretó por ese camino las palabras del marqués en que aprovechase su viaje, de que se relajara. Sus majillas se encendieron casi de repente al finalmente caer, un poco lento, de la cercanía en la que se encontraban, en que el marqués no estaba en su asiento si no que hincado frente suyo y que con una inclinación de su cuerpo le alcanzaría sin problemas. Tendría que haberse apartado, tendría que haber rechazado aquel acercamiento y tendría que haber mantenido su postura, pero no pudo moverse del lugar, solo su respiración ligeramente agitada y su pulso golpeando contra su cuello, incluso un ligero cosquilleo en sus labios que no le permitían apartar su mente de lo que no debía.


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Re: El Impasse de Bern [Privado | Marth]

Mensaje por Eliwood el Lun Abr 24, 2017 9:50 pm

Dado el modo en que se desenvolvían las cosas, Eliwood ya no albergaba demasiadas esperanzas de que Marth desistiera. Había intentado todo lo que podía, desde oponerse con franqueza, hasta disuadirlo con cuidado e inclusive distraerlo, y el príncipe continuaba en su autoritaria postura. Aún sereno y paciente, analizaba sus palabras en constante búsqueda de otra salida a la desagradable situación que podía recaer en él, un llamado al combate que odiaría transmitir a los suyos y un frente de guerra en el que creería aún menos que el anterior, pero veía cada vez menos posibilidades. En ese entonces, llegaba a comprender que Marth no había ido allí con un asunto para discusión, sino con una decisión tomada que no pretendía más que comunicarle, esperando seguramente una afirmativa inmediata. Sus palabras eran demasiado definitivas como para dar espacio a algo diferente. Sin embargo, el marqués pretendía persistir.

Fue con el contacto cercano, al fin, que pareció sacar a Marth de balance y detener el hilo de ideas que llevaba. Las primeras palabras murieron en incierto tartamudeo y nada más sobre la movilización a Bern salió de sus labios, no cuando el color subía a su rostro de figura de porcelana perfectamente acomodada, sus ojos se cerraban nerviosamente y sus dedos se tensaban. Eliwood relajó sus propias facciones considerablemente al ver aquello, aliviado en un modo que no sería capaz de expresar por ver esa señal, el pequeño paso atrás que no significaba que desistiera, mas sí que podía ceder un tanto. - Sólo pido que aguarde. Tenemos mucho por atender. - Repitió entonces, en una voz baja y cuidadosa, que no se alzaba más que el volumen necesario para que el muchacho tan cerca de sí le escuchase. Su mirada sostuvo la ajena a medida que su mano se detenía junto al rostro del joven, plenamente consciente de la súbita timidez del alteano, al igual que el motivo de la misma. Había pensado en ello apenas le viese, y aunque no era una idea presente en todo momento o una causa de ansiedad para él, lo que había sucedido en su último tiempo a solas era una realidad innegable, un asunto sin resolución que persistía. Había acertado en suponer que ese acercamiento suyo distraería al príncipe de ese modo. Y francamente, prefería deshacer así la discusión a continuar por el rumbo en que iba.

No era la forma en que habría querido manejar lo que fuese que el menor estuviese sintiendo por él, así como su propia respuesta. Idealmente, habría detenido todo mucho antes y lo habría sobrellevado con mucho más cuidado, hasta tener su relación aclarada y ver al adolescente completamente seguro de lo que deseara intentar. Idealmente, quizás él se habría abstenido por completo, pues aún con lo rápido que Marth había crecido y asumido su cargo, no quitaba que el pheraen le doblara en años. Pero no podía decir que esa cercanía era indeseada, y en ese momento, no estaba por retroceder. Era el modo en que las cosas se habían dado. Además, retiraba la mente de Marth de la expansión de sus reinos. Le notó nervioso aún, agitado ante así, y habló con una voz pareja y tranquilizadora. - Sé que estará en Lycia poco tiempo. Me gustaría que viese con sus propios ojos nuestro resurgimiento, que conociese a los demás terratenientes y que vea de qué podrá disponer en Akaneia cuando Pherae acuda a su campaña allí. - Dijo. Sus palabras eran el único sonido notorio en la amplia estancia en las alturas, tan aislada entre el silbido del viento y los amortiguados sonidos de los guardias en el piso inferior, que incluso el leve movimiento de la tela de su pantalón sobre la mullida alfombra podía percibirse. Cierto era que, en el seguramente limitado tiempo que Marth podría permitirse en el reino, Eliwood había previsto ya mucho que enseñarle y en que hacerle partícipe como su aliado y benefactor, suficiente para mantenerle ocupado en la totalidad de la visita. Deseaba entablar relaciones favorables entre él y los demás supervivientes de los marquesados de Lycia, además de darle una muestra completa de los proyectos de reconstrucción y las mejoras al ejército. Pero había más, según consideraba en ese instante, fijando su atención en los grandes ojos azules frente a sí. Ofreció una sonrisa segura pero amable, de medio lado, al dejar descansar su palma en la acalorada mejilla ajena y acercarse más, hasta casi juntar su frente con la del muchacho, sin necesitar más que murmurarle ya. - También puede ocupar este tiempo conmigo, claro. ¿No estaría dispuesto a dármelo? -

No podía tomarse el tiempo que otrora habría querido, pero podía tener el mismo cuidado, acercarse con la lentitud suficiente como para que el menor lo apartara o lo detuviera en cualquier momento. Estaban más a solas allí de lo que podían en el palacio de Altea o el castillo de Pherae, con la puerta cerrada separándolos de un fuerte silencioso y poco poblado, pero consideraba aún necesario comportarse así, por la comodidad del joven príncipe. Sin motivo para mantener la distancia o necesidad de enmascarar en palabras corteses la intención, el pelirrojo sólo se acercó contra el borde de la silla que el alteano ocupaba, aún con una rodilla apoyada en el suelo, y ladeó la cabeza para posar con sumo cuidado los labios en la comisura de los ajenos. El leve beso allí no fue más que su forma de comenzar con gentileza, pues enseguida buscó un poco más, un contacto más directo, guiando con su mano el rostro del príncipe hacia sí pero esperando a percibir de su parte el paso de reciprocidad. Un gesto no tan breve como la vez anterior, sin aquella prisa por separarse, sino con paciente intención de proseguir allí; al menos, de parte del marqués. La soledad lo permitía, sin nadie ni nada a mano para interrumpir.
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Re: El Impasse de Bern [Privado | Marth]

Mensaje por Marth el Vie Jun 02, 2017 4:34 am

Ni siquiera por asomo pasaba por la mente idealizada del joven príncipe que aquellas acciones que realizaba el marqués fuesen tácticas fríamente pensadas para desviar su mente y poner la situación a su favor. Ilusamente creía aún en cuentos de hadas y en novelas semi eróticas que solía leer en las noches antes de dormir, creía en los deseos carnales venidos del corazón y en los arrebatos de pasión de los cuales nacía el amor, tanto o más que los romances que nacían de miradas y tomadas de manos por debajo de la mesa. Eliwood era un hombre respetable del cual disfrutaba mucho su compañía, era ilustre como pocos y honesto en sus ideales, había mostrado tener fuertes principios y moral admirable, era atractivo con el número justo de años que no parecía tenerlos mostrando que había sabido envejecer con gracia. Era alguien con experiencia en la vida y sus acciones se asimilaban mucho, a vista del muchacho, a las que realizaban muchas veces sus héroes en las novelas. El ambiente les ayudaba, estaban en la soledad de un fuerte en medio de la nada, junto a las montañas, una vista hermosa carente de cualquier clase de civilización acompañados por el silbar del viento y el silencio casi presente en la sala. La suave brisa fresca de aquel día caluroso rozó su rostro haciéndole notar al joven príncipe de la temperatura de sus mejillas casi ardientes, pero no se atrevió a moverse ni un milímetro temeroso de romper la delicada atmósfera que se había formado entre ellos. La voz del lord le llegó como una descarga eléctrica, demasiado consciente del silencio y de la tensión entre ellos sentía el cálido aliento de su voz contra su rostro y entreabrió sus ojos buscando la mirada azul del pelirrojo mayor. Solo pudo tragar saliva y asentir muy lentamente a lo que decía, repentinamente Bern era algo sin importancia, Regna Ferox también, los emergidos no eran más que un problema opacado por lo que estaba viviendo en ese momento. Virginal e inocente pero adolescente a fin de cuentas y dejando fuera de su cerrado horario cualquier actividad romántica percibía aquella cercanía como una necesidad latente en su piel.

El tacto de la mano, fresca en comparación de su piel, contra su mejilla le hizo relajarse, sus dedos dentro de la mano del marqués se relajaron por completo manteniendo un agarre suave pero aún seguro, un escalofrío le recorrió y miró al mayor con la adoración con la que una amante ve al objeto de su amor después de meses de separación. Entreabriendo sus labios nuevamente y apretó un poco sus parpados al sentir el roce de la ropa del mayor que se movía para reducir distancias, su respiración llegó a acariciar sus labios y enseguida un roce que le detuvo la respiración. Algo en su pecho saltó, o así lo sintió, un vacío en su estómago le hizo volver a respirar y sus dedos se crisparon al forzarse de mantener la calma. Se relajó nuevamente al tomar consciencia que estaba nuevamente rígido y se dejó guiar por la mano que acariciaba su mejilla que siendo demasiado suave jugaba con su expectativa y ansiedad al punto que finalmente tomó una pequeña pizca de iniciativa al mover su cabeza hacia la del marqués e inclinó ligeramente su rostro para acomodarse mejor con el ajeno. Sus labios ardieron en cosquilleo por el contacto firme y con algo de torpeza intentó mover sus labios en un patético intento de beso.

No se atrevió a mover su cuerpo, demasiado nervioso y consciente de cada parte de este no supo que hacer con sus manos, si estaba bien solo dejarlas allí sobre su regazo o tendría que abrazarlo por el cuello como lo hacían en las páginas de lo libros, si lo hubiese intentado igual sus brazos no se hubiesen movido por la vergüenza de lo que estaba haciendo. Un pequeño sonido afuera de las puertas le hizo tensarse nuevamente, su mano se agarró con fuerza a la mano del marqués y sus labios se abrieron en un pequeño sonido de sorpresa que se vio ahogado por los labios ajenos, pero el sonido no era más que uno de los guardias tosiendo en su puesto. Aún nervioso y asustado por ser descubierto pero encantado e ilusionado por las experiencias que estaba viviendo dudó por un instante inclinándose de inmediato a la confianza que tenía en el pheraen y los sentimientos que le generaba, estos ahora a flor de piel. Su mano libre se levantó con timidez y no dejando al otro alejarse la apoyó en su hombro, apenas un roce contra la tela de su chaqueta y un suave agarre que se afirmaría si el hombre retrocedía.


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Re: El Impasse de Bern [Privado | Marth]

Mensaje por Eliwood el Jue Jun 08, 2017 5:49 am

Entendía las reacciones del joven príncipe a sus acercamientos, entendía lo que representaban. La mirada en particular con que había sostenido la suya era todo lo que hacía falta para delatar, con el inusual y precioso brillo que sólo en las primeras veces aparecía. El mayor era poseedor ya desde hace mucho de la serenidad para reconocer cuando alguien le quería, le deseaba o le amaba, cuando era visto del modo en que Marth le veía entonces; y aquello probablemente no fuese más que un enamoramiento pueril o un caso de primeriza atracción física llevado a cumplimiento, según juzgaba, pero cuanto menos una parte de Marth albergaba esa clase de sentimientos y quería que eso sucediese. De eso, no hacía falta dudar. Podía acallar su temor a estarle presionarlo. Por supuesto que habría querido manejarlo todo con mucha más claridad, tratándose de a quien ya no veía como frágil mas sí como un muchacho aún, pero no había palabra alguna de parte de Marth que le diese respuesta siquiera, al parecer enmudecido por el acto. Buscar de él una declaración clara de lo que sentía o quería sería nada menos que imposible. Tratándolo desde el inicio con el cuidado que una figurilla de cristal ameritaba y dispuesto a hacer aún más, Eliwood supo que sería con cada paciente acto que tendría que buscar su confirmación. Y de momento, el gesto propio con que se entregaba al beso le decía que estaba bien.

Tuvo que contenerse para no sonreír demasiado ampliamente, no romper el instante, pero la pizca de ansiedad en los actos del otro le vencía. El príncipe era injustamente adorable. Recordaba el tiempo en que parecía tan distante, lacónico y reservado como cualquier rey ante extraños, lo inexpresivo que podía tornarse ante sus deberes y bajo el juicio de los suyos; de aquel Marth, jamás habría anticipado lo rotundo que era el desmoronamiento de sus barreras ahora. Era bueno saber que tenía sus debilidades, después de todo. Se recordó sin falta ser gentil, mas no dudó en besar más de lleno los labios suaves contra los suyos mientras tenía concedido el permiso. Hacía un par de años ya que no se veía en una situación como aquella, pero no era la ausencia o el retorno lo que le movía, sino sólo Marth y su interrumpida perfección. Separándose sólo en la medida en que el firme juntar de piel requería entre una caricia y otra, esta vez no le dejó tras un beso ni el siguiente, cálidos a medida que el contacto se prolongaba, pero deliberadamente lentos. No se retiró. Le sentía sobresaltar ante el más mínimo sonido en su entorno, y justamente por ello era que no deseaba terminar hasta no tenerle relajado.

Su mano sostuvo aún la de Marth, la otra bajando a apoyarse con cuidado, sin más, en la cintura del joven por si necesitase sostenerle estable. Recaía en él la responsabilidad de ser paciente, contenerse, guiar, darle su tiempo y saber retroceder ante la más mínima señal de inseguridad o descontento. No hacía falta recordarle que estaban a solas, que la puerta estaba cerrada o que ninguno de sus hombres sería tan imprudente como para interrumpir, mas sí hallaba necesidad de darle otro tipo indicación. De por sí, se interrumpió a sí mismo con la incontenible y amplia sonrisa que había aparecido en sus labios al sentir al príncipe sujetarlo por el hombro en tan entrañable forma, por lo que aprovechó aquel instante para murmurarle. - A su tiempo. Sin prisa. ¿Sí? - Dijo. Fue en extremo cuidadoso del volumen de su voz, bajo, leve, pero seguro de sus palabras, pues debía transmitirle su calma al muchacho. Si iba tan lento, era justamente para darle oportunidad de acostumbrarse, de que la comodidad de Marth dictase el ritmo. Pararía por completo si tal cosa no llegaba a suceder. Podía guiarlo, podía enseñarle con sus propios gestos cómo hacerlo, pero era la respuesta favorable del menor la que no podía faltarle. Nuevamente cerró la distancia, llegando a rodearle tras la cintura con el brazo al aproximar sus labios otra vez. Sostenerle se sentía mejor de lo que quería admitirse, besarlo era más plácido de lo que esperaba; si de distraerlo de la discusión que habían estado teniendo se trataba, aquello ya estaba hecho y asegurado, pero el marqués no estaba terminando allí, donde debería, sino hasta donde Marth permitiese.
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Re: El Impasse de Bern [Privado | Marth]

Mensaje por Marth el Vie Jun 30, 2017 7:19 pm

La inexperiencia era palpable en el joven, cada movimiento sutil de los labios del pheraen le tomaban algo desprevenido sin poder coordinarse de manera correcta con los propios, se sentía torpe pero extasiado, había fantaseado mucho en la intimidad de su habitación a la luz de la vela de lectura apoyando su libro de turno contra su regazo y pensado en como esas palabras escritas se sentirían en la realidad, como era aquel contacto y como eran aquellos sentimientos, el anhelo de poder amar y expresarlo sin temor, algo impensable para alguien como él que con su prometida apenas había tenido la intimidad de tomarse de las manos. Ahora estaba soltero y sin compromisos pero sabía que cuando llegasen serían por conveniencia política, no por aquellos sentimientos que tanto glorificaba en sus libros, sentimientos que creía tener por el marqués, sentimientos que parecían quemarle el pecho con cada roce que los labios ajenos tenían sobre los propios. No sabía que aquello no era amor verdadero, desconocía completamente aquello y confundía el éxtasis del momento, con amor adolescente, ilusión, ansiedad, atracción e incluso deseo propio de un joven de su edad. Estaba el factor de lo prohibido y el peso de que estaba teniendo todo aquello con un varón... demasiadas cosas que en ese preciso momento la mente del príncipe no llegaba siquiera a tener en cuenta, tan lejano como el problema de Bern.

La forma en que la mano se coló contra su cintura le hizo sentir cosquilleo y se apartó un poco del respaldo del asiento acercando su pecho hacia el pelirrojo, sus dedos se mostraron con más confianza sobre el hombro del mayor al este no mostrar signos de desagrado o sorpresa. Estaba tenso aún, nervioso y consciente de su propia inexperiencia, al menos podía tranquilizarse con el tema de la intimidad, reafirmaba mentalmente que nadie entraría a aquel lugar. Entreabrió sus ojos cuando Eliwood se separó para murmurar, su voz suave y masculina le hicieron temblar ligeramente, lo sentía tan cerca y seguro que le nacía la necesidad de solo dejarse tomar en sus brazos, sus labios se entreabrieron, húmedos y consquilleantes aún por el beso, pudo hablar con un susurro apenas audible, un suspiro casi - S-si... Yo... - quedo un momento en silencio, dudando, su mirada pasó a la mano en el hombro ajeno y sus dedos enguantados rozaron contra la tela blanca tocando con la yema de su indice el cordón dorado que decoraba la guarda de sus hombros, no quiso continuar hablando, no sabía exactamente como decir lo que sentía, incluso quería agradecerle por hacerle sentir así pero por alguna razón no parecía apropiado hacerlo, incluso pensó en frases clichés que había leído pero eran demasiado femeninas e inadecuadas. Enseguida sus mejillas se encendieron en verguenza en pensar a que llevaban muchas de esas frases y el quemor de su pecho bajó por su vientre como un choque de electricidad. Apretó un poco su agarre y volviendo a cerrar sus ojos se acercó buscando nuevamente el contacto de sus labios, esta vez intentando mantener un roce suave y moverse al mismo ritmo que lo había hecho el marqués con anterioridad, aprendiendo muy poco a poco como besar aún solo usando sus labios y solo haciendo un roce accidental de su lengua al intentar no hacer tan húmedo el beso.


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Re: El Impasse de Bern [Privado | Marth]

Mensaje por Eliwood el Mar Jul 18, 2017 5:12 am

Hacía muchísimo que no era visto con ojos como aquellos, bajo la sombra que él mismo proveía, tan cerca que su aliento podía mezclarse con el de la otra persona. Era algo que no había sabido en absoluto que extrañaba. Complacido en demasía por la sensación del cuerpo ligero acercándose al suyo y las manos revestidas de finos guantes largos en sus hombros, afirmó su brazo alrededor del príncipe y se aproximó él mismo contra el borde de la silla, sin dudar. Quería estar lo suficientemente cerca para sentir más, para admirar mejor el aspecto de las hebras de fino cabello cayendo ligeras sobre mejillas fuertemente sonrosadas, como también para tocarlo más cómodamente mientras pudiera hacerlo. Había un deje de arrobo en su propia mirada. Era innegable el disfrute de tener la libertad de guiar mientras estuviera con Marth y ya no quería perdérselo, aunque en su mente se mantuviera firme la noción de que en cualquier instante la comodidad del menor le forzaría a parar. Estaba listo para ello. Por las escasas sílabas que salieron de él, bastante claro le quedaba que aún estaba bien continuar, como también que el príncipe no iba a ser mucho más elocuente que eso en la ocasión. Lamentablemente, pronto estaría necesitando que fuera un poco más verbal, mas hasta entonces, el pelirrojo se contentó sobradamente con el hecho de que buscara otro beso suyo; de inmediato correspondió, firme y cálido en el contacto. Ser quien guiaba le permitía hacer a su gusto lo que el joven entre sus brazos le inspiraba, y felizmente se sirvió hacerlo.

Con soltura lo atrajo y estrechó contra sí, acomodándose entre sus rodillas separadas para poder cerrar la distancia. Pudo sostenerle mejor de aquel modo, dejarse llevar en los gestos que con fluidez y soltura surgían; acariciar lo bajo de su cabello al pasar la mano tras él, luego su espalda hasta llegar a su cintura, que con mesurada fascinación y curiosidad sentía entre sus manos. Era una danza que su cuerpo conocía y sus manos podían reproducir aún. Quería llenarle de caricias, colmarlo de atenciones. No necesitaba abrir los ojos ni separarse de los besos lentamente dados para sentir, siempre guiando y sosteniendo al menor. Percibió la punta de su lengua apenas rozarle los labios al reencontrarse estos, mas adrede evadió avanzar de ese modo, bastante seguro de que abrumaría al príncipe cuando este apenas había llegado a acostumbrarse a besar. En su lugar, deseando separarse de sus labios para permitirle voz si era posible, cortó aquel contacto y ladeó la cabeza para moverse con presteza al sutil borde de su mandíbula, bajando en besos cortos y cosquilleantes a su cuello. Hasta donde la ropa cerrada permitía llegó, entreabriendo los labios para juguetear con la suavidad de la piel, rozándola al hablar prácticamente contra esta.

- ¿Se quedará, entonces? ¿Marth? - Estaba seguro de que no era eso con lo que Marth había pretendido terminar su oración antes, si es que algo concreto había, pero era lo que él mismo necesitaba oír. Había sugerido que pasara aquellos días con él, solamente con él, en lugar de contemplar siquiera el asunto de Bern, y aunque la distracción del alteano hasta el momento sugería que no desaprobaba, Eliwood quería una confirmación verbal de que aceptaba quedarse a su lado. Su tono era calmo, sutilmente se adivinaba en su voz la sonrisa que seguía apareciendo en sus labios, mas enseguida volvía a ocuparse en tentar la tersa piel del cuello ajeno con cuidadosos roces de sus dientes al besar. Su lengua, también, rozaba apenas la piel entre una y otra vez. Para esa respuesta había dejado libre la boca del menor y la esperaría así todavía, era bastante paciente. Además, su mano izquierda había llegado a posarse sobre el muslo ajeno, ocupándose en acariciarlo con lentitud, atento al modo en que Marth reaccionase a eso, si acaso fuese ya demasiado. Probaba justamente donde yacía el límite, y por ello se atrevía a apoyar su pulgar en el lado interior del muslo a medida que las caricias subían.
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Re: El Impasse de Bern [Privado | Marth]

Mensaje por Marth el Vie Jul 28, 2017 9:43 pm

Era una persona firme que no se dejaba llevar, tampoco influenciar, por esa misma razón era tan atípica la reacción que estaba teniendo con toda la situación. Se sentía arcilla en las manos de Eliwood, su cuerpo se arqueaba con el tacto que bajaba por su cintura y sus labios se entreabrían con el roce húmedo de los ajenos, sus dedos se tensaron un poco cuando el beso se detuvo y se sintió despertar de un extraño sueño. Sus ojos brillaban y un punto de humedad se juntaba en el rabillo de los mismos y miraban al hombre de mayor edad con la adoración de una doncella con su héroe, aún no había caído en cuenta de lo expuesto y poco digna de su postura, de piernas abiertas en el borde de su asiento con el marqués entre estas casi apegado contra si, solo disfrutaba aquella avalancha de nuevas sensaciones por tener el calor de otro ser humano contra él y uno tan especial como lo era Eliwood para él. Sus ojos se entrecerraron y no enfocó en nada en particular al perder de vista al mayor, sus manos seguían apoyadas en los hombros ajenos y no se atrevía a moverlas de allí temiendo dejar demasiado en evidencia su torpe inexperiencia. Soltó un pequeño jadeo de sorpresa cuando los labios juguetearon dejando una cosquilleante sensación en su mandíbula y bajó hasta apenas el inicio de su cuello pues la ropa de cuello alto y cerrado no dejaba ir mucho más sin toparse con el reborde dorado. Maldita ropa que antes le parecía una segunda piel ahora le ahogaba y comprimía incómodamente, se sorprendió a si mismo pensando en desabrocharse el primer botón de su camisa y quizás aflojar un poco el broche que sostenía el pañuelo a su cuello, incluso una mano se había deslizado del hombro del varón y sus delgados dedos se habían apoyado contra su pecho rozando con estos uno de sus botones pero allí se quedó. Su piel suave por el talco perfumado se sentía caliente en contraste con los labios y temblaba con el roce de la punta de su nariz contra su mejilla, incluso con el cosquilleo de los mechones rojos contra su rostro. Cerró sus ojos solo para sentir el aroma del perfume del otro.

No pudo dejarse llevar demasiado pues las palabras rompieron el silencio como una roca contra un cristal tensando al joven temiendo que aquello fuese el final o simplemente un reproche por su comportamiento. Pero las palabras habían sido muy diferentes a lo que él temía, el suave tono calmado del marqués le alivió enseguida y relajó nuevamente entreabriendo su mirada intentando tomar un poco de conciencia de lo que tenía que hacer, parecía que su cuerpo y su mente no podían ponerse de acuerdo y su pecho no ayudaba mucho a dejarle recordar como debía comportarse un príncipe en todo momento, incluso en esos momentos. Si en algún momento su mente había tomado un poco el control esta volvía a perderlo por el roce de los dientes contra su piel, una electricidad cálida le recorrió y nuevamente su garganta se apretó soltando poco a poco un pequeño gemido casi inaudible si no fuese por el silencio de la habitación. Abrumado por las sensaciones nuevas que su cuerpo y mente experimentaban perdía cualquier fuerza de voluntad incluso cuando el tacto se acercó a su pierna. Bajo la tela de su pantalón su piel se erizó con un escalofrío y abrió un poco su pierna inconscientemente buscando más de aquella caricia.

Era como un eco en su mente, un eco lejano en la parte trasera de sus pensamientos, en algún lugar una alarma comenzaba a sonar, como una campana golpeando al final de un largo pasillo que se hacía más audible a medida que el tacto subía y que le hizo ajar su propia mano cuando el pulgar llegó a la parte interna de su muslo. Apoyó con suavidad su mano sobre la del mayor, sin ejercer presión ni detenerle de manera abrupta pero finalmente había reconocido aquella alarma y lo que su mente intentaba gritarle desde hacía bastante rato. La incomodidad y el calor no venían de la cercanía del otro cuerpo si no de su propio cuerpo, una tensión ya muy presente entre sus piernas tensaban la tela ajustada de su pantalón y con aquel tacto había sentido con demasiada claridad su propio estado de excitación. La vergüenza le hizo detenerse, no podía cerrar sus piernas sin apretar entre estas al pelirrojo y ahora tomaba consciencia de lo expuesto que estaba ante el otro en aquella posición que dejaba en total evidencia de su estado. Apartó su rostro solo permitiendole mayor acceso a su cuello y aún con la batalla interna entre su cuerpo que gritaba que continuase y su mente que intentaba poner frente a él todas la infinidad de normas y etiquetas que estaba rompiendo con el mayor. Ya conscientemente él las ignoraba solo obedeciendo a su verguenza y sus deseos. Intentó que su voz sonase lo más firme posible pero le fue imposible - M-me quedaré... - apenas fue más alto que su propia respiración. Tomó un poco de aire y tragó para despejar su garganta y hablar con algo más de firmeza pero la poca seguridad que ganó en su voz la perdió en el tacto de su mano que tembló un poco - Lord Eliwood... yo... lamento mi comportamiento... - sentía su mente en blanco y no encontraba las palabras adecuadas. No quería que se detuviese pero tampoco podía decirle que continuase. Confundido apretó un poco su mano contra la mano ajena y contra su muslo pero sin moverla ni retirarla, tampoco cubrió su cuello y mantuvo su rostro inclinado para permitirle acceso, mantenía sus ojos cerrados resguardándose en la ceguera voluntaria para darse algo de valor - Por favor... me quedaré con usted... pero no me deje solo. - era lo más claro que podía expresarse sin sentir que se estaba propasando.


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