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El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

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Re: El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

Mensaje por Trombe el Dom Jun 11, 2017 7:52 am

¿Por qué? 

Eh! No es lo que piensas.

por qué

No es que me preocupe que nos vean juntos! 

POR QUÉ

Es por Fran. Sabes cómo es el.

¿ ?

Él es…

La piedra…. es difícil de creer, pero vuela por los aires; de repente el hecho de que sus ovejas estuvieran muertas le parece algo más fácil de digerir, más fácil de comprender; la muerte le parece algo tan banal y natural, que la expectativa de que esa piedra volara por encima de tanto aire, de tantos detalles, de tantas posibilidades; que comprobara su existencia, que le recordara a la piedra que utilizan algunas personas para mantener abierta la puerta de una taberna, que le recordaba a esa fiesta llena de sonrisas y vida a medida que el sol se hundía, y la charla y el baile se encogía, y todos empezaban a jugar a las escondidas, perdiéndose en el tiempo, en la charla ociosa del recuerdo, dejando así que que esa piedra surque los aires y determine su mirada; lo que Trombe cree, lo que Trombe espera, esperando contar con el apoyo de Fran para solucionar aquel problema.

Pero la sugerencia de Fran era algo enrevesada. Incluso si la respuesta era la correcta, Trombe no entendía. ¿Cuál era la ganancia en esa respuesta? ¿Cuál era el ángulo de venta? ¿Quién era el cliente? ¿Cuál era el mercado? ¿Qué riesgo estaban tomando? ¿Por qué Fran estaba manteniéndolo ajeno al plan? ¿Por qué había empezado a tomar las decisiones por su cuenta?  Dependiendo de las circunstancias, Trombe tal vez podría ayudarlo. Debería de poder ayudarlo; sus oídos son muy agudos, el puede escuchar con exactitud, puede recolectar información con mucha efectividad, puede….

—¿Por qué? ¿Por qué…? ¡¿POR QUÉ?!

Al oír esto, Trombe miró vagamente hacia Fran. Sus lágrimas empezaron a redondearle los ojos, y las palabras se fueron acurrucando en su garganta. 

Su cuerpo estaba shock. 

¿Estaría soñando? No tenía ni la más remota idea. Esto tenía que ser parte del sueño. ¡Desde luego! Las ovejas no hubieran estado manchadas de sangre en la realidad. Las ovejas no estarían llenas de muerte en la realidad. Itsuki no estaría asustada en la realidad. Trombe no estaría aterrado en la realidad.

¿Acaso Fran se había enojado por aquello que le había dicho a Itsuki? ¡Seguro era por eso! El golpe de esta piedra no significaba más que eso. Fran estaba dándole una lección por haberle hecho un comentario tan insensible a Itsuki. Se trataba de uno de sus paternos golpeteos en la cabeza para hacerlo reaccionar.

—No le puedes decir eso a una chica. ¿Acaso no te lo he dicho antes?

(Lo siento. No quise decir nada con eso. Esa no era mi intención. Aún así ya entiendo mi error. Entiendo cuál fue mi error y voy a corregirlo. No volveré a expresarme de esa forma. ¡Lo prometo!)

Ha. Huelga tararear esa melodía, y luego reprimirla. Huelga proponerse algo y luego desmentirlo. El agarre de Itsuki, las palabras de Itsuki, la cercanía de Itsuki; el sentido que imprimían, el deseo que exhibían, la seguridad que se tambalea, y que aún así era más firme que cualquier espada, creando una deuda demasiado significativa, un préstamo que Trombe nunca podría pagar; una idea que Trombe no podía entender, pero que sin embargo, lo hacía cubrirse la boca con la mano. 

Esta Itsuki era real.

Ella era la Itsuki que quiso venir con él. Ella era la Itsuki que iba a viajar con él. La Itsuki de una debilidad que parecía deliberada. La de ojos azules, honestos, con el flujo de tanta libertad, de tanta pureza, tanta juventud, tantos deseos…Trombe sonrió tristemente y reconoció a la chica de la que se había enamorado. 

(Esto está ocurriendo, ¿no Itsuki? Estábamos tan cerca...) 

Trombe se acordó de un momento en que había….EN QUE HABÍA NO, EN QUE LO HABÍA ENGAÑADO ROTUNDAMENTE, DESESPERADAMENTE , ESCUCHÁNDOLO REÍR, SORPRENDENTEMENTE AMABLE, UN TEMA DESAGRADABLE, UNA SONRISA DE AUTODESPRECIO, UNA SONRISA DE ODIO, UN AMIGO, UN ODIO TAN TÍMIDAMENTE ARTICULADO, TAN INMEDIATO, COMO UN FELIZ CABECEO, UN ENSUEÑO MATUTINO DESPUÉS DE UNA PESADILLA SANGRIENTA, PRETENDIENDO, SIEMPRE PRETENDIENDO.

¿Por qué?

—Por los lobos. Sí. Los cobardes que toman la forma de lobo y se roban a los seres queridos. Los que se transforman en humanos y luego quieren ser amigos sin compartir secretos. Me siento perdido. Perdido en el por qué. Por qué tuve que esperar tanto tiempo? ¿Por qué tuve que dejarla atrás, dejarlos atrás? ¿Por qué aún estoy vivo, y los recuerdos me drenan de la cabeza todo el sentido? ¿Por qué hiero a Trombe? ¿Por qué quiero como un hijo a Trombe? ¿Por qué quiero matar a Trombe? ¿Por qué lo he visto enfermar y lo he sanado? ¿Por qué lo he visto despertar y su muerte nuevamente he deseado? En serio, ¿por qué? No lo entiendo. 

Su tristeza inundaba todo, sus palabras nublaban todo. Empezó a reír. Una risa desquiciada. Detrás de él, el padre Dante observaba todo con una antorcha en la mano. —Hermano Fran. Ya le ha demostrado a nuestra Santa Elimine su voluntad. Ya podemos admitirlo a nuestro monasterio. Todo está bien. Usted no tiene que preocuparse. Todo está bien. -decía mientras los demás miembros de la iglesia se quedaban al margen de lo que ocurría. 

—No, no "está bien". Nada "está bien". Todavía no. Aún no…-la voz de Fran se tornó más fría, y en un movimiento repentino, este se volvió por sobre su hombro y le clavó un cuchillo al padre Fran en el costado. Se lo retorció bien dentro arrancándole todos los quejidos. Todos los otros soltaron alaridos y exclamaciones de horror, pero Fran sólo dejó caer el cuerpo de Dante hacia atrás. —Tu iglesia no está bien. Tu Diosa no cambió nada dentro de mí. El vacío sigue hundiéndose. Sigue ampliándose…-y luego de hacerlo, con el filo goteante, comenzó a dar pasos hacia Trombe e Itsuki. —Como ven, no está bien. Nada de esto está bien. Todos estos años nada ha estado bien. Desde que me encontré con los lobos nada "está bien". ¿No lo crees señorita Itsuki? ¿Verdad que desde que conociste a Trombe, nada "está bien"? -el disgusto en cada una de sus palabras, en cada bocado, en cada mordisco, crujía con tanta violencia que Trombe sentía que la mismísima tierra se estaba abriendo. —Mi esposa, mis amigos…todos muertos. Yo no pude hacer nada al respecto. Sólo huí. Corrí como un maldito cobarde. Huí de los aullidos. Dejé que mi esposa sirviera de madriguera para sus colmillos. Dejé que se cebaran de ella para protegerme a mí mismo. Eso no podía estar bien. El lobo. -Fran se detuvo a unos pocos metros de Trombe, que lo observaba inmóvil. 

—El lobo que consumió todo lo que alguna vez conocí. 

Trombe cerró los ojos, tratando de huirle al dolor de su cicatriz.

—El lobo que se cebó de todo lo que he querido. 

Una memoria comenzó a inflamar toda su mente.

—El lobo que me convirtió en un cobarde y que luego ofreció protegerme. 

Lágrimas descendieron de los ojos de Trombe. El mundo se hizo más pequeño. Trombe se hizo más pequeño y…se escondió. Hundió su cabeza en el vestido de Itsuki y la abrazó. Lloró como un niño. Como el niño que aún era.

—¡¿Te burlabas de mí con tu pena mezquina?! ¡¿Pensabas que podías engañarme todos estos años?! ¡¿Pensabas que usando una capucha no vería tu asquerosas orejas?! ¡¿Creíste que podías pagar esta deuda de sangre protegiéndome de otros lobos?! Y después de todo eso…¿ahora planeabas abandonarme? ¡MÍRAME! ¡NO TE ESCONDAS! ¡NO CUBRAS TUS OREJAS! MUÉSTRAME QUIÉN ERES EN REALIDAD -se agachó hasta donde él y lo arrancó del cobijo de Itsuki, agarrándole el cuello de la gabardina y presionándole la cara contra la tierra. —Todo este tiempo sólo he pensado en cómo matarte. Tantas noches, tantas oportunidades…Hundir un cuchillo en tu cuello sería tan sencillo. Pero no podías simplemente morir. Tú tenías que perder todo como yo, y antes de perder, tenías que ganar. Itsuki, Feldsphar; la promesa de toda una vida, arrebatada. Pensé que sólo así irías a entenderme. Y ahora ya te tengo acorralado, te tengo entre mis manos, pero…- su presión en el cuchillo disminuye, hasta que se cae hacia un lado. 

Fran escupe sangre de su boca.

La sangre salpica en el rostro de Trombe.

—P-pero, t-tod—avía no puedes m—ori—r. Yo—te—a—ban—do—no—primero. Des—pués te a-ban-don—ará Itsu—ki . y des-es Felds…phar. Todos… los que…. conoces…. morirán. Y tu… estarás vivo; te quedarás sólo… Estarás…

Y con su último respiro, su rostro se quedó frisado en el vacío. El cuchillo que uno de los monjes le había clavado en la espalda manchaba su ropa de rojo. El cuerpo de Fran cayó recostado encima del de Trombe y este no hizo nada para quitárselo de encima. No es que esté herido de gravedad. Simplemente...no puede moverse. Se quedó mirando el cielo. El azul de ese cielo que se parecía a los ojos de Itsuki. 

(Ah, Itsuki…estábamos tan cerca de empezar nuestro viaje…)

Es el último pensamiento que corre por su mente. 

(Ah, Itsuki…estábamos tan cerca de empezar nuestro viaje…)

(Ah, Itsuki…estábamos tan cerca de empezar nuestro viaje…)

(Ah, Itsuki…estábamos tan cerca de empezar nuestro viaje…)

(Ah, Itsuki…estábamos tan cerca de empezar nuestro viaje…)

(Ah, Itsuki…estábamos tan cerca de empezar nuestro viaje…)

(Ah, Itsuki…estábamos tan cerca de empezar nuestro viaje…)

(Ah, Itsuki…estábamos tan cerca de empezar nuestro viaje…)

(Ah, Itsuki…estábamos tan cerca de empezar nuestro viaje…)

(Ah, Itsuki…estábamos tan cerca de empezar nuestro viaje…)

(Ah, Itsuki…estábamos tan cerca de empezar nuestro viaje…)



Es el último, pero no lo es. Es el último y al mismo tiempo no es el último.


Off:
Todo este tiempo he estado pensando cómo concluir la trama de Fran. Ok, no, la tardanza ha sido vagancia pura, pero el tiempo sí me sirvió para hacerme una idea concreta de qué quería hacer con el personaje, y sí, la historia está influenciada hasta el harto de Nier Automata, recién he estado viciando el juego xD! Bueno, ya que más o menos cagué nuestro tema de salida, dejaré las riendas del tema en tus manos. Tú decides si devolvernos a tu pueblo o seguir hacia delante ;3
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Re: El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

Mensaje por Itsuki1 el Sáb Jun 24, 2017 9:04 pm

Aún a su lado, aún protegiéndolo, escuchaba los gritos del señor Fran, como si estuviera enloquecido. Trombe no reaccionaba, parecía paralizado ante lo que pasaba a su alrededor. Pero...

A medida que los segundos transcurrían, Fran hablaba más y más. Contando sus preocupaciones, sus propias dudas, contándolo todo. Y... no hacían nada aparte que confundirme más y más aún. Estaba asustada, despavorida ante lo que estaba esuchando. No quería entender qué estaba ocurriendo, ni quería creer en sus palabras, en su risa. Todo aquello.

Mis ojos incluso captaron aquello con claridad; el cuchillo siendo retorcido en el cuerpo del padre Dante. Empecé a temblar notoriamente, viéndolo acercarse mientras él seguía confesando el por qué de toda su rabia contra Trombe. Yo permanecí en silencio, con la mirada clavada en aquella sangre ajena que recorría el borde de aquel arma blanca en las manos del mayor. Pero entonces, lo dijo.

El lobo que lo hizo todo, que devoró a toda la familia de Fran.

- ... -Miré entonces dubitativa a Trombe, quien estaba agarrándome, llorando desesperadamente... Como si estuviera tratando de huir de las crueles palabras del hombre.

Pero en cuanto procesé aquellas palabras, junto a la reacción del laguz, mis dedos inconscientemente dejaron de tocarle. De abrazarlo. A pesar de que yo seguía allí, quieta, con los brazos bajados.
Intentando protegerle...

¿Proteger qué?

Ya no estaba segura de nada. No podía moverme, no pude hacer nada incluso cuando Fran se agarró a Trombe, empujándolo contra el suelo.

Estaba convencida de que ellos iban a matarme. Si no era Fran, si no era Trombe... serían aquellos hombres, los mismos que justo habían dado muerte al mismísimo comerciante.

Con los ojos bien abiertos, parecía que el mundo se había parado en aquella escena. No entendía nada, no podía con aquella presión. Mientras mantenía mi cara de terror, mi mente empezaba a irse a otro lugar.

Irse a otro lugar... ¿A dónde huiría? No sabía volver sola a casa. No, no podría. Mi madre se preocuparía más, ellos dos sabían donde vivíamos. Irían a por ella... ¡No! ¿Y si algo le pasaba a ella? Eso sí que no lo podría aguantar.
Tenía que hacerlo, tan sólo correría en una dirección, eso es. Y entonces las lágrimas recorrerían toda mi cara, como si fueran cataratas. A pesar de las disculpas, me iría lejos, a donde nadie me encontrara. No a Sacae, ni a Durban, pues ahí estaría Feldsphar... Trombe me perseguiría. Y años después seguiría llorando, pues siempre fue tarde para arrepentirme. No podría desde el momento en el que saliera corriendo de aquel lugar.
Como una cobarde.

... Pero no.

No, ¡no podía hacer eso! Porque, a pesar de que la razón me dijera que huyera del problema, como siempre he hecho, que huyera de esos asesinos, de Trombe, de todos ellos, de ahí. Simplemente... no podía.
Empecé a llorar desesperadamente, esta vez de verdad. Esta vez fuera de mi mente, en la realidad.
¿A quién debía creer? No. No podía creer en nadie, ninguno de ellos era realmente una persona de Sacae.
¿De verdad aquellos eran gente de fé? ¿Qué era la religión exactamente? ¿Acaso solamente era una excusa para aparentar ser mejor persona delante de los demás? ¿Para ser la mejor influencia?
... Por eso, aquella clase de religión no existía en las planicies, ahora lo comprendía todo.

Entonces, recordé un momento. Con mi padre, cuando aún era pequeña, cuando no me gustaba el trabajo de cultivar plantas. Recuerdo que no entendía por qué la gente hacía eso, no entendía por qué existían miles de plantas venenosas, no entendía por qué las rosas te engañaban con su apariencia, para clavarte sus espinas con nada más rozarlas.

Aquella tarde me había enfadado, los tulipanes que yo había plantado, habían envenenado a la mascota del vecino, el cual había entrado por accidente a nuestro terreno y las había mordisqueado.

"¿Por qué? Los tulipanes son malos, ¡¡ya no me gustan!!" Mi padre suspiró y acarició mi pequeña cabeza.

"Itsuki, no es tu culpa. No es culpa de los tulipanes, no es culpa de nadie.", "Escucha; cuando pase algo así, concéntrate en lo verdaderamente importante... ¿Recuerdas lo divertido que fue plantarlas? ¿El cariño con el que las cuidaste? ¿La intriga mientras crecían? ¿Lo emocionante que fue verlas florecer sanas?", "La naturaleza... no. La vida, es dura a veces... Injusta. Pero todo tiene un motivo. Las cosas que amamos pueden ser letales para otros, y viceversa. Pero eso no quiere decir que cada cosa deje de tener valor. Si te gusta algo, aférrate a ello. No importa qué digan los demás." decía, mientras sonreía.

En ese entonces, yo no había terminado muy bien de entender la verdadera profundidad de todo aquello. Pero al menos me había bastado para querer de nuevo los tulipanes. Mi flor favorita.

Recordé, que efectivamente cuando había conocido a Trombe, había tenido un... pequeño percance con él. Pero jamás me atacó seriamente, jamás me hirió, jamás me trató de mala manera, jamás me devoró. Todo había sido un malentendido, él no buscaba nada en mí. Literalmente yo no tenía nada que darle. Una simple aldeana cuya vida no era relevante para nadie externo, nadie importante.

Sólo los emergidos atacaban sin más, sin razón. Sólo los bandidos lo hacían para robar, y lo hacían en grupo.

Y él, Trombe, había peleado contra ellos, para defender mi pueblo, nuestro pueblo. Sin querer algo a cambio, perdiendo incluso su identidad, quedando al descubierto incluso para Fran. Quizás, aquel día lo empezó todo.
Trombe, quien me había defendido de aquel oso hambriento, sin importar el peligro que aquello hubiera causado, como siempre. Dejando incluso que se llevara su regalo, su premio que él mismo desconocía que sería para él. Cuidando de mí toda la noche, sin hacerme nada... a pesar de mi vulnerabilidad, de mi clara debilidad. Él.
Trombe. Quien a pesar de haberse retrasado... había cumplido su promesa de llevarme con él. Superando mis espectativas, las cuales eran negativas, pesimistas en el fondo de mi corazón.

¿Qué es lo que quería de mí? ¿Devorarme como lo hizo con la familia de Fran? ¿Por qué motivo pasaría por todo aquello para hacer eso por pura hambruna?

Era cierto, que desde que vi la cicatriz de su ojo, supe que ocultaba algo, algo que nunca había contado. Pero yo nunca le pregunté sobre ella, nunca lo cuestioné. Esperaba que Trombe estuviera preparado para contarme la historia detrás de ella. Y aún si no quería hacerlo jamás, estaría bien... Las cicatrices sólo son marcas de nuestro pasado. Si bien ciertamente el pasado era algo que no se debía olvidar ni ignorar, es algo que estuvo ahí. Pero el pasado, pasado está. Había que superarlo, había que vivir el presente. Y eso, era algo que me encantaba hacer.

Fran ya estaba muerto, no podría preguntarle más. Y no podía confiar en aquella gente extraña, aquellos presuntos religiosos, que habían causado todo esto. Que habían incluso apuñalado en la espalda a uno de los supuestamente suyos, en el mayor sentido de la palabra.
Y ahí, debajo de aquel conocido cuerpo pero sin vida, se hallaba Trombe. Quieto, con la mente también en otra dimensión, sollozando. Él mismo sabía que todo era verdad, no se había molestado en replicar que las últimas palabras de su ya anterior compañero no eran ciertas. Fran... ciertamente se veía como mi padre, cuando aquel día en el que murió en manos de los emergidos el día de la caída de los reinos. Se veía como alguien que había muerto protegiendo a su hijo debajo de su cuerpo, a pesar de todo.

Entonces, me cuestioné a mí misma. ¿Qué era lo que realmente me daba más miedo en aquel momento? ¿Las armas homicidas? ¿Aquellos desconocidos? ... ¿Trombe? ¿La incertidumbre sobre él? ¿Quedarme sola?

Y me moví, mi cuerpo había reaccionado por fin, mi mente había vuelto a mí, al control de mi misma.
Estiré el brazo hacia el cuerpo de Fran, y mi palma agarró el mango del cuchillo ensangrentado. No el que estaba en su mano, usado para acabar con el Padre Dante. Si no el que le habían clavado los otros. Temblaba violentamente al notar ese tacto, temblaba de una manera que parecía que sólo estaba retorciendo más y más el cuchillo en su espalda. Y lo saqué, pues no fue así en ningún momento.
Miré el arma... Por primera vez, no agarraba esos afilados artefactos de cocina para lo suyo, ni para transportarlas de un lado a otro, como había pasado con las roídas y pesadas hachas de hacía unos meses. Lo estaba agarrando... por otro motivo.

Aún con la vista borrosa por las infinitas lágrimas y sacudiendo de temblor como si hubiera un terremoto, la mano armada; dirigí la mirada y el filo hacia aquellos hombres, los cuales retrocedieron sólo un par de pasos. No parecían asustados, pero tampoco confiados, sólo confusos.

Recordé también, las mismas palabras que el difunto mercader había soltado hacía apenas unos momentos. "Huir para protegerse a sí mismo" ...como un cobarde. Yo no podía hacer eso, no podía aún por mucho pánico que sintiera.

Aproveché el momento de duda de los monjes para lanzar el cuchillo lejos, en una dirección en la cual miraron para intentar saber si mi objetivo era otro. Pero fue pura distracción, el trabajo que tuve durante unos pocos años me había servido para aprender que unos escasos segundos podían ser cruciales en caso de peligro por violación.
Aliviada por dejar de sentir aquel horrible tacto en la palma de mi mano, aparté el cadaver de Fran con una de mis piernas, cerrando los ojos por respeto. Entonces me agaché y agarré a Trombe como pude entre mis brazos. En momentos como ese no me arrepentía de poseer un poco de fuerza para cargar con las diferentes herramientas de arado, incluídas las carretas llenas de pesados tubérculos.

- ... Va...vayámonos de aquí, po-por favor. -musité, tras un buen rato sin haber podido articular palabra. Lo levanté lo suficiente para apoyar su cuerpo en mi hombro y con él salí corriendo hacia los portones de fuera. Ahí vi a Marle junto al carro y dudé mientras me daba prisa... ¿La yegua me dejaría?

Al instante, pensé en aquella nómada joven y su yegua, y subí el cuerpo de Trombe a su lomo como pude, y torpemente me subí yo después, abrazándome al cuello de ella y arrancando las riendas que habían jalado del carruaje, con la intención de dejarlo atrás.

- ¡Woah! ... ¡¡¡WOAHH!!! -exclamé, tirando desesperademente de ella como Trombe me había enseñado, pero con ambos montados encima. - ¡Por favor, Marle, bonita! ... ¡¡Date prisa!!
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Re: El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

Mensaje por Trombe el Miér Jun 28, 2017 4:58 am

Todo comenzó en un pequeño pueblo remoto, el más pequeño que hubiera podido imaginarse, en el medio de una llanura imposiblemente extensa, rociado por una lluvia torrencial que achacaba con cada segundo la calma estática. El lugar no era ningún centro comercial en la región, mas sin embargo era el punto más cercano en el mapa que un comerciante y un pastor habían pisoteado al viajar. Aquella vez ambos estaban agotados, y tal vez maliciosamente por parte del destino, habían recibido un incentivo para encaminar sus pasos en esa dirección que tenía considerablemente menos tráfico que las demás. Ninguno se quejó por el transcurso del viaje, y a pesar de las dificultades que fueron surgiendo con cada segundo que pasaba, el hecho era que habían sido recibidos con las puertas abiertas, y eso era más de lo que ese lobo había esperado recibir, y sin duda más de lo que creía merecer. 

Trombe pensó en todas las partes de la historia que había memorizado. Si acaso no hubieran recibido esa carta, si acaso no hubieran visitado ese pueblo, ¿habría terminado todo de esta manera? Pensarlo era su única prerrogativa, como si sacudiera un árbol con sus manos callosas esperando que cayeran de sus ramas frutas que no estuvieran podridas. Sin embargo sólo cayeron calaveras nauseabundas, cráneos manchados de la sangre de un crimen irredento por él mismo ocasionado. A la verdad que el suceso le tuvo tantos años acongojado, que había eventualmente optado por tratar de ignorarlo, vigilando de vez en cuando, con el roce de su cicatriz, la vivacidad del desagradable recuerdo, como las hojas de una historia que cada vez que lees te mancha los dedos. 

Debió de haber sido duro para él todo este tiempo. Hacerse como el que ve pero no ve; el que oye pero no oye; el que piensa pero no piensa, y la cosa es que Trombe habría aguantado. Trombe había aguantado, había enterrado su pasado bien lejos aunque no debió de haber podido; protegió a Fran aunque no debió de haber querido; se enamoró de Itsuki aunque no era lo esperado, y quiso educar a Feldsphar a pesar de que él era quien tenía más cosas que aprender del niño. Trombe era capaz de vivir pretendiendo no recordar su brutal naturaleza; Trombe era capaz de convivir con otros a pesar de que todo lo que dijera sea la más desvergonzada hipocresía; el lobo hubiera vivido todo este tiempo enfrentándose contra las colosales expectativas, pero su suerte se tenía que acabar algún día.

Su pensamiento se fue rasgando al pensarlo, vagando lejos de los brazos cariñosos, de los labios suaves, de saber quién era y qué iba a hacer con su vida. Ahora un simple vagabundo contraído mirando el cielo con unos ojos llenos de sangre tan roja y tan pura que parecía una insulsa cobardía; parpadeando a intervalos muy largos, perdidos sus pupilas en la admiración de cosas que ya no existían, ilusiones a sus sentidos ya debilitados por la pretensión excesiva; murmurando a regañadientes algo que no entendía. —Itsuki, estamos tan cerca… -porque al final siempre era él, sólo era él quien importaba. Dada su expresión se podría entender que Trombe se apenaba del hecho que su plan no hubiera funcionado; que Fran hubiera echado todo a perder en el último momento. Claro, después de todo Trombe era un comerciante, y cuando las cosas no van de la forma que se esperan, se necesita de otro plan, de un plan B. —Sólo tenemos que…

Su mente evade la idea, todo se siente escalofriante, las lágrimas en su cara se congelan, queman su piel como el peor infierno. Quiere gritar, pero no puede, y en vez de reaccionar solamente se encierra, huye del negocio, detiene todo el pensamiento. Ya no oye nada, ya no siente nada, ya no ve nada; sus sentidos se obstruyen, el túnel se oscurece, ya no puede moverse, y sorprendentemente no le importaría quedarse aquí. 

¿Dónde? 

No se le ocurre nada.

Trombe simplemente se vuelve tierra; espera que la tierra que es él se cubra por otra tierra, y el peso sobre él ya lo hace sentirse como alguien enterrado sin posibilidad de escalar de vuelta. Ni siquiera lo intenta, y sólo es cuando alguien, de una paletada, o mejor dicho, de una patada, descubre su cuerpo de su escondite, que se vuelve a sentir vulnerable. Hubiera querido cavar un agujero que coincidiera con su apariencia, y mientras su cuerpo a la altura de una piedra tiembla, siente el agarre de alguien por encima de él. Sus ojos parpadean; se cierran y vuelven a abrirse, y finalmente una mirada blanca caer libremente sobre los ojos de Itsuki. Su rostro una mezcla de…¿qué era eso? Trombe no lo entendía, pero… sólo sabía que no quería verla así que cerró los ojos. 

Su cuerpo, sin embargo, cooperó como pudo. Se movía, y no era de extrañarse ya que era ella la que lo cargaba mientras le pedía a murmullos algo muy extraño. ¿Irse de aquí? ¿Para ir a dónde? Mientras ella lo ayudaba a caminar, él se dejó conducir hasta el lomo de la yegua que el comerciante había comprado hacía unos años ya; la yegua que había estado presente para ver la muerte de su dueño. ¿Acaso Mare dejaría que Trombe subiera después de todo lo que había ocurrido? Por un momento pensó que ella lo tiraría hacia abajo, mas sin embargo no lo hizo, y Trombe simplemente se ajustó al movimiento traqueteante de su galope, escuchando las directrices de Itsuki que tiraba de su rienda como si nada más existiera detrás de ella. ¿Y qué era lo que dejaban atrás?

Woah. Woah.

Al escucharla Trombe quiere abrazarse a ella, quiere besarla, pero no sabe cómo hacerlo y ni siquiera lo intenta.

Por largo rato el camino fue un borrón de velocidad solamente interrumpido cuando Trombe amenazaba con caerse del caballo habiendo escuchado las palabras de Fran resonar en su mente como una maldición. 

"No te duermas en el carro Trombe. Baja de ahí" 

Y al mismo tiempo sentía que le estaban apuñalando algún nervio que lo hacía tambalearse violentamente, y lentamente, de no caerse hacia abajo del caballo, volvería a la "normalidad" viendo el sol que seguía siendo brillando en lo alto sobre una planicie vacía. 

Mientras veía las verdes riberas, inmediatamente recordaba que cerca de allí había un río, aunque al llegar a la orilla descubrirían personas; es decir, desconocidos. —Detente. No sigas. Sólo te vas a cansar más rápido. Tu cuerpo se apretará y tus músculos terminarán tiesos. Se aflojará tu agarre en las riendas y te caerás hacia abajo. No tienes costumbre de montar de esta forma. Nuestro viaje sería en balde si morimos antes de llegar allá hahaha. Vamos a tomarnos un descanso. ¿Crees que sueno como tu padre al decirlo? ¿Acaso esto es algo que tu padre diría?-Trombe recitó las palabras como poseído, un tono que parecía una burla, aunque luego agregara con la misma inocencia: —Busquemos una posada; algún lugar donde puedas guardar tus ovejas. ¿Eh Trombe?

¿Eh, Trombe? ¿No vas a esperar por tus ovejas?

Trombe inmediatamente se llevó las manos a la cabeza. —Por favor, detente, detente, detente, detente, detente, detente. -repitiéndolo como una azotaina. La voz, sin embargo, no haría caso, sólo propagaría el revoltijo de voces y memorias en una nebulosa tormenta. ¿Acaso la distancia había servido de algo? Aunque escaparan, él nunca estaría a salvo...
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Re: El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

Mensaje por Itsuki1 el Lun Jul 10, 2017 7:34 pm

Permanecí callada manteniendo el silencio durante todo el camino, quizás no podía... no, más bien, no había querido responderle.

Aún así procuré en cada momento que Trombe no se resbalara, aguantando su cuerpo sujetado a la yegua con una mano y con la otra agarrando la rienda. Marle solamente corría en alguna dirección al azar, no sabía a dónde íbamos. No lo sabría, pues aún el sol se mantenía en su punto cenit.

Noté que el laguz a veces abría sus ojos, pero no fue hasta que comenzó a hablar de nuevo que le devolví mi mirada de reojo, en cuanto lo hizo. ¿Qué decía? ¿Que me detuviera? Por eso había reaccionado, pero no me iba a detener. De todas formas, luego me di cuenta que siguió balbuceando palabras sin sentido o que al menos no parecían ir dirigidas hacia mí. Tal vez ni siquiera provenían de su propia boca. Poco a poco, mi teoría se había confirmado en cuanto le escuché mencionar lo último. Mi padre...

- ... -Lo miré de nuevo. Ahora encajaba todo. Aquellas palabras parecían, en efecto, algo que seguramente le solía decir Fran a menudo.

Trombe seguía traumado, repitiendo que me detuviera, así que tiré de las riendas para que Marle se parara. Giré mi cabeza hacia atrás, ya habíamos recorrido un largo camino. A juzgar por la posición del sol habría pasado probablemente más de una hora. Nadie estaba atrás, no parecían habernos seguido... ¿estaríamos ya a salvo? Al otro lado pude ver un río cerca, así que decidí bajarme con cuidado de la yegua, dejando a Trombe acostado encima, y la guié agarrando aún las riendas hasta unas rocas, donde solté la cuerda simplemente. No había ningún sitio donde atarla, pero ella era un buen animal, así que esperaba que no saliera corriendo. Me acerqué de nuevo al lomo, mirando al traumado hombre.

- ... ¿Trombe? -llamé, pero no parecía contestar, así que simplemente lo agarré, desmontándolo y bajándolo hasta apoyarlo sobre la roca, cuidadosamente.

- Trombe. -intenté de nuevo, sin pensar muy bien en qué quería decirle. Pues aún si volvía en sí mismo, no sabría.

Entonces, me acerqué al río, notando que un poco más allá había un par de personas, me alarmé al instante pero no parecían ser los hombres religiosos ni nadie de aquel pueblo, así que simplemente los ignoré y tomé un poco de agua que mantuve en las palmas de mis manos. Me volví entonces hacia el joven laguz.

- ¡Trombe! -levanté finalmente mi voz, después de haberle tirado el líquido a su cara, pensando que así espabilaría.

Dejé caer mis brazos, mirándole por unos segundos, y entonces me quité la gabardina y la puse por encima de sus hombros. Me volví a dar la vuelta y del bolso que llevaba Marle colgado a un lado, saqué una pequeña cantimplora y la llené del agua, permitiendo que ella bebiera también de aquél río.
Ahí, me quedé arrodillada en la orilla, bajando la vista hacia las pequeñas piedras que descansaban bajo la cristalina agua. Estaban perfectamente redondeadas, pulidas por la corrosión del río sobre ellas. Metí mi mano en aquella cercana pero poca profundidad y agarré una que no estaba tan gastada aún.

En ese momento fue que me vinieron de nuevo las imágenes del difunto Fran lanzándosela a Trombe a modo de traición. Y entonces la tiré muy lejos, sin pensar, más allá de la otra orilla del río quizás, no quise mirar.

Arranqué un trozo de tela de mi vestido, la humedecí y me levanté. Empecé a vendar con ella alrededor de la cabeza de Trombe, apartando con suavidad su cabello y sus orejas lupinas. Sin embargo, no mencioné palabra. Estaba... ¿enfadada? Es posible que aquello que sentía era una mezcla de todo el miedo, tristeza, rabia y preocupación de lo que había pasado.

Suspiré en cuanto terminé. ¿Por cuánto tiempo estaríamos... o estaría, a salvo? Sé que lo había salvado, quería creer que lo había hecho. Le quería, pero le temía a la vez... En absoluto sabía qué haríamos a partir de ahora.

Quizá... ¿debería volver a mi hogar sola, al fin y al cabo?

¿Qué haría... él?
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Re: El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

Mensaje por Trombe el Lun Jul 17, 2017 4:53 pm

¿Y adónde siquiera era que terminarían? El ambiente se sentía especialmente perezoso. El río parecía  intangible, con un espejismo que en cualquier momento podría demostrarse que no estaba realmente allí. Se quedó pensando en cosas como esas, sintiendo que los rayos del sol evaporaban sus lágrimas, y sólo quedaba la suciedad de lo que había pasado, de los sucesos que no podían ser borrados, entonces siente que le remojan la cara con algo frío, y las gotas de agua corren sus impúdicos dedos por su extenuado rostro. Aquello normalmente sería suficiente para hacerle reaccionar, pero en el estado vago y nauseabundo en el que se encontraba, aquello era demasiado marginal para quitarle el velo onírico que lo envolvía. 

Sus pensamientos estabas deshechos, y había una suma habitable de información que se presionaba contra su cerebro provocándole un terrible dolor de cabeza. No había sustento alguno para recuperarse, y mientras divagaba en flexibles vectores, comenzó a pensar en dónde había guardado el dinero que tenía para gastar, deseando que no lo haya dejado en esa posada en Chon Sin donde lo se había quedado interno cuando se había enfermado. Sí, eso era lo que estaba pasando, estaba enfermo, por eso Itsuki se encargaba de presionar ese trapo contra su frente. Estaban en su viaje y él se había enfermado. Seguro había bebido demasiado hace 4 días en aquella taberna. Hasta podía oler el alcohol espeso que colgaba del aire.

Abrió lentamente los ojos, que se mezclaban con la frescura del agua y su propio sudor, mientras Itsuki se sentaba a orillas del río. ¿Acaso lloraba desconsoladamente por lo ocurrido? ¿Estaría pensando que salvar a Trombe no había valido la pena? Ese y otros chismes comenzaron a picarle en los ojos, y entonces Trombe sintió cómo las lágrimas comenzaron a verterse nuevamente de sus ojos. Ella no se merecía esto. Él la había engañado como engañó a Fran, para aprovecharse de su presencia, para ser indulgente en su compañía, alejándola de su hogar que era de las únicas cosas que ella conocía. Trombe miró adonde ella, y lentamente fue abriendo a su boca, listo para soltar otra frase, diciéndole que no lo deje, mostrándole lo inservible que él era sin ella, pero entonces, en un momento de lucidez, sus ojos se fijaron en su espalda descubierta ya que se había quitado su gabardina, y dejó de fingir.

—Estás herida... -y de pronto, desorientado, se arrastraría hasta donde ella, atrapado en el humor pasajero de su mente inestable. Pondría sus manos suspendida a centímetros de distancia, con temor de tocarla con miedo a herirla. —Oh dios...Qué te pasó? Desde cuando? Fueron los de la iglesia? Fue mi culpa? -volvió a pensar en Fran y sus ojos se aguaron, comenzando a sollozar suavemente, pero luego su tristeza se fue transformando en dolor, y luego en ira. —No sabía, mierda, mierda. No te muevas de aquí. -un sol delirante giraba sobre su cabeza, y él no podía distinguir un significado para las palabras que decía. De pronto se puso de pie y corrió hacia el grupo de personas que estaban allí cerca, disfrutando también del río. 

Corrió. Corrió de prisa, sin detenerse; corrió sin mirar atrás. Las personas, al verlo llegar tan violentamente, se alteraron, huyendo despavoridas, o hondeando armas tentativas en frente de él. —No, esperen, esperen, por favor, necesito medicina! T-tengo dinero. Se los daré todo. -se detuvo y miró hacia atrás, apuntando hacia ella. —Ella, mi...esposa está herida. -tragó saliva. —Fuimos atacados por emergidos. Sí, habían decenas de emergidos, y... también bandidos. Apenas pudimos escapar. Apenas... Por favor, ayúdennos. Por favor. -imploró al borde del llanto. Ante esta inesperada situación, muchos de los viajeros de esa caravana no supieron cómo reaccionar. De pronto, de entre el grupo, un muchacho rubio con un bastón que resonaba unas cuanta campanas se fue acercando lentamente.

El sonido de las campanas fue como un interruptor que devolvió a Trombe a la desagradable realidad. Con cada paso Trombe sentía que un trozo de su ser era despedazado. No había escape, estaba sin aliento, sin esperanza, no tiene fuerza para oponerse, se acabó. —Aléjate de mí! N-no te acerques. -lo amenazaría. 

—Tranquilo. Sólo quiero hablar. ¿Dices que fueron atacados por Emergidos? Tenemos medicina, ¿está bien? Sólo queremos hablar. -mientras dijo todo eso el muchacho miraba a Itsuki, creyendo que ella era la más indicada de conversar entre los dos. 

—Itsuki! Es peligroso No te acerques aquí, me oyes?! -Trombe se tambaleó hacia atrás, como sintiera el metal frío de la más imposible realidad quemando su piel.
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Re: El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

Mensaje por Itsuki1 el Miér Ago 16, 2017 9:42 pm

Trombe habló de nuevo, pero no fue que noté que ya no eran sus murmullos sin sentido hasta que se había acercado a mí, a lo cual yo reaccioné llevando mi cuerpo levemente hacia atrás por pillarme de sorpresa y porque... quizás, le temía un poco. Él me estaba preguntando por la marca que me había visto en la espalda, seguramente. Pero yo solamente permanecí callada, mirando a otro lado. Preferí el silencio antes que mentirle, pues realmente no quería revelarle que el rumor de los lobos no había funcionado lo suficientemente bien como para haberme protegido de aquellos bandidos. Y mucho menos en el estado en el que se encontraba ahora, sería incluso peor.

- N-no... -respondí cuando lo vi sollozar, negando con la cabeza, ya que no habían sido los de la iglesia, ni realmente su culpa. Sin embargo, al verlo levantarse fieramente, no me dio más tiempo a seguir hablando. - ¿Eh...? ¿Trombe? A... ¿¡a dónde vas!?

- ¿¡Trombe!? -le llamé mientras le perseguía, pude ver que se dirigía a donde estaba la gente de más allá. No podía ser... ¿los iba a atacar? - ¡¡Trombe!! ¡Espera!

Las personas, obviamente, alzaron sus armas en su dirección. Tenía miedo de que pasase algo, así que intenté incrementar la velocidad hasta llegar cerca de ellos.

- T-tu espo... -musité, mas aquél no era el momento para estar ruborizándose por esas palabras. Él estaba mintiéndole a esa pobre gente, parecían viajeros.

De entre ellos, se acercó un joven clérigo... no, más bien parecía el curandero del grupo. No era como aquellos religiosos, así que bajé la guardia. Sin embargo, Trombe sí se había ofendido, ahora no queriendo que hiciera nada. Me acerqué finalmente a ellos.

- ¡TROMBE! -grité- Basta. -exclamé alto y claro, dirigiéndome al laguz, agarrándolo de los hombros y mirándole seriamente por unos segundos. ¿Por qué seguía mintiendo? Sé que estaba traumado... ¿lo estaba? Pero no era para ponerse de aquella manera, era un adulto ¿no? Y mucho mayor que yo. Suspiré y luego me dirigí al chico rubio girando la cabeza, pero aún manteniendo las manos sobre Trombe.

- Disculpe. No, no nos hemos encontrado con... emergidos. -me costó mencionar aquella palabra, después de todo- Pero sí es cierto que unos... hombres malos han herido a mi... compañero. -rectifiqué. En aquel momento no tenía el humor para tratarnos de amantes, y lo más correcto era decir que Trombe era mi compañero de viaje. Por supuesto, ni hablar de que no era en absoluto mi... marido, por muy bonito que sonara aquello.

- ¿Si es tan amable podría curar sus heridas, por favor? No nos queda mucho en nuestra bolsa de viaje pero estoy segura de que algo podremos ofrecerle a cambio. -miré hacia atrás, a Marle quien seguía allí con el hocico levantado, parecía estar mirando en nuestra dirección, pero que seguía quieta en su lugar.

- Y perdonen la mala educación. -me disculpé- Él es Trombe. Mi nombre es Itsuki, provengo un pueblo al norte de estas tierras... bueno, de Sacae. La verdad es que andamos un poco perdidos ahora mismo. -añadí.

Además, los de Sacae nunca mienten, y eso era un dicho conocido. Al menos comprobado en la mayoría. Aunque... después de lo sucedido con aquellos "religiosos" se confirmaba que desde luego no todos parecían ser así. Pero esperaba que aquel grupo pudiera confiar en nosotros.

- Trombe. -lo miré- Escucha, lo de mi espalda es solo un golpe reciente, de hace unos días. No sangra, sólo se queda el moratón, el cual desaparecerá en unas pocas semanas. -le expliqué- No es nada grave, ¿de acuerdo? -dije, intentando tranquilizarle, de algún modo.
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Re: El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

Mensaje por Trombe el Dom Sep 10, 2017 5:28 pm

Trombe estaba unido a Itsuki. Los unía el hilo rojo del destino, estaba seguro, o al menos eso quería creeer. Su memoria retenía...creencias, muy particulares y relativas al comercio y a la vida que moldeaban la forma en que se desenvolvía en esas dos importantes áreas. De entre todas sus conexiones, de entre todos sus lazos en el entramado de compras y ventas, Itsuki no le había vendido cualquier botella barata de la que podría separarse y reembolsar su dinero en efectivo después de haber probado su sabor.  Lo que ella le había dado era algo exótico; una deuda que él necesitaría al menos saldar durante toda su vida para poder cubrirla por completo, y eso era una proyección sumamente generosa. Por eso el incumplimiento del tratado comercial que los unía a ambos era simplemente ilógico y neurótico para el castaño. Hacerlo sería la broma más graciosa que nadie escucharía. Era...¿acaso no era normal que el tuviera que saldar una deuda? ¿Acaso no tenía que enmendar todo el mal que había causado?

Entonces el lupino escuchó esa voz; esa exclamación timbrando casi tristemente, haciéndole saber que las cosas no eran como su mente torcida quería sugerirlas; que no podría seguir poniendo frentes y pretendiendo que las cosas no eran como la realidad las pintaba. Ni siquiera podían fingirlo. Ayudarla como si quisiera saldar una deuda, protegerla como si quisiera saldar una deuda, una deuda de la que no podía huir, una deuda que tenía que personalmente pagar, porque a estas alturas llamarlo amor no lo justificaba; no era suficiente, necesitaba números, una cantidad exorbitante que pudiera analizar y que tuviera un valor equidistante en la realidad. Él necesitaba pagar esa deuda, porque sino, Fran, ofendido, regresaría de la tumba cada noche a exigir su dinero, a reclamar su venganza, y la deuda de sangre sólo iría creciendo, rebosando hasta matarlo por dentro. 

La gente de Sacae nunca miente, ¿eh? Trombe simplemente la miró en silencio. Ciertamente no estaba mintiendo. No se habían encontrado con emergidos. Unos hombres malos le habían herido. Él era su compañero. Estaba herido. Él se llamaba Trombe y ella se llamaba Itsuki. Ciertamente andaban perdidos. Itsuki no había mentido. No tenía la necesidad de mentir.  Un comerciante ambulante no era rival para ella. No había forma de tergiversar los hechos, encubrir las razones, justificar las acciones; Trombe era callado completamente, desenmascarado frente a todos, viendo cómo ella empujaba la verdad contra su rostro, presionándose y ahogándolo en una burbuja que se hacía más pequeña por cada segundo. No pudo moverse porque sintió que sus piernas estaban atadas, y no miró a nadie a la cara, sonriendo y pensando que Fran hubiera podido mentir mejor que él en esta situación. Miró hacia un lado y apretó los puños. 

Mientras tanto, el clérigo intercambió una mirada de consentimiento con Itsuki. "Entiendo. Me apena decir que mis compañeros no se sientan tan conformes todavía. Soy un pastor de ovejas, mi nombre es Sigur. Un placer conocerlos." Mostró una sonrisa de sincera bondad que se desprendió como la pluma en un ave en pleno vuelo, mientras que Trombe no respondía, rebotaba y apretaba sus puños más firme y dramáticamente que antes. El lupino sabía bien por qué le causaba tanta aversión esa persona; le recordaba a él mismo, o más bien, lo que él quería ser; en quien él quería convertirse. Alguien amigable, amable, que ayudaba a las personas sin importar el contexto, alguien que no lo hacía por sus propias ambiciones o la psicótica pretensión de que estaba saldando deudas inexistentes. Si él fuera... sin duda…

Cuando Itsuki se volvió hacia él, Trombe pudo predecir perfectamente cada una de sus palabras. Él no dijo nada al respecto, y simplemente asintió mirándola a los ojos y luego desviando su mirada a otro lado. Cuando vio al sujeto hacer una moción en referencia a la medicina, Trombe se dio media vuelta y empezó a caminar de vuelta al improvisado campamento. "No es nada grave. La mayor parte de la sangre ni siquiera es mía." Esto pareció ponerle los vellos de punta al clérigo que sintió un escalofrío al escucharlo, pero en vez de asustarse, esto pareció emocionarlo. "¡Eso es increíble! Eres como un guerrero ambulante, ¿no? Yo quiero ser más fuerte para proteger mis ovejas. A veces pienso que ellas son las que me protegen a mí hahaha" Comentó con un tono ameno, para luego recordar en la situación en la que se encontraba "Así que, por favor, ¡insisto! Además, también necesito información. Una mano rasca la otra, ¿no creen?" Diría con una sonrisa mirando a Trombe en particular.

Trombe no supo cómo responder a lo que dijo, y simplemente se sentó en el suelo junto a Marle, mirándola de reojo y notando que cuando él le acercaba la mano al hocico, ella no lo alejaba, y en más, se lo acercaba. Al castaño se le hacía un nudo en la garganta pensando que si los caballos tuvieran un mejor razonamiento, ella lo estaría pisoteando con sus pezuñas. El chico se dirigió a Itsuki. "Antes que nada, ustedes se encuentran en Etruria, las iglesias principales de Santa Elimine les quedan hacia allá, y hay una gran posada que acepta viajeros de cualquier tipo mientras no tengan antecedentes criminales en la misma dirección." Fue explicando mientras rebuscaba cosas en su faltriquera, hasta sacar un pequeño envase con una pomada. "Yo me dirijo a un pequeño monasterio a una legua de aquí. Ahí es donde oficia alguien llamado el padre Dante. ¿Por casualidad pasaron por ese lugar en su viaje?" Preguntaría inmediatamente achispando la atención de Trombe, cuya expresión se debatía por bisbisar una mentira lo más rápido que pueda, aunque las palabras de Itsuki resonando en su cabeza lo detuvieron antes de poder hacerlo.
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Re: El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

Mensaje por Itsuki1 el Mar Sep 19, 2017 8:23 pm

Un pastor de ovejas... miré de reojo a Trombe por un segundo, para devolverle una expresión quizás algo complicada a Sigur, pero manteniendo la sonrisa.

- E... está bien, es comprensible. -respondí algo triste- Un placer conocerlos también.

- Trombe... -susurré al escucharlo hablar, esta vez algo con sentido. Me giré hacia él, parecía haberse calmado. Aunque cuando el joven le respondió yo solamente pude quedarme en silencio, preocupada e inquieta por saber cómo reaccionaría Trombe al escuchar aquello, sobretodo el tema de las ovejas. - ... -Me agarré de un brazo. El joven... estaba pidiéndole ayuda amablamente a Trombe, eso era bueno al menos, aunque éste le ignorara.

Seguí escuchando a Sigur, quien nos revelaba que ya habíamos cruzado la frontera, efectivamente. Aunque no me hizo tanta gracia cuando mencionó el tema de las iglesias y de "Santa Elimine". Sobretodo, porque a continuación vino algo peor. Empecé a temblar en cuanto escuché ese nombre, apreté mis puños durante un segundo y suspiré interiormente, soltando las manos e intentando hacerme ver tan tranquila como siempre y que aquellas personas no sospecharan. Yo podía hacerlo.

- Uhm, no... Disculpe, ya que no somos gente realmente religiosa. -bajé la mirada- Venimos desde el centro de Sacae y no sé si sabrá que ahí no es algo usual... -hice una pausa, tenía que pensar lo más rápido posible- Así que me entristece el tener que confesarle... de que en caso de que hubieramos pasado por un monasterio así, un lugar... sagrado, ¿no? Seguramente nos hubiera ido mejor... -miré las heridas de Trombe- Digo, porque al fin y al cabo es bien sabido que son gente amable y honesta, ¿cierto? -forcé una sonrisa encantadora al chico, quien gracias a mi experiencia no notaría que no era una sonrisa realmente genuina.

- Es una pena... ojalá existiera más gente así por todos lados. -comenté en un murmuro, mientras rebuscaba en las bolsas de Mare un pequeño saquito con algunas monedas que quedaban. - Así que no, lo siento mucho, pero de verdad no sabemos dónde podría quedar... ¡Pero tal vez os ayude seguir el camino principal! Es ese camino del norte, se distingue por sus pedruscos delimitando con la hierba. -señalé- Es decir, es la ruta que lleva a la ciudad, así que es muy posible que de camino se encuentre ese monasterio, ¿cierto? Ya que esos lugares cultos suelen escoger localidades cerca... Aunque es solo mi suposición, hehe.

Ciertamente, aquél era el camino principal, y todo lo que había soltado era la verdad, por mucho que Trombe me pudiera mirar con alguna posible cara de duda. No mentí en ningún momento, ya que el lugar del que habíamos huido... no era ese. No, yo no lo consideraba que fuera como aquellas descripciones. En absoluto. Como el hecho de que aquellos no habían sido "buenas personas".

- Y muchas gracias por la medicina, Sigur. Que tengan una buena travesía ustedes. -sonreí, al intercambiar con él el potecito por la bolsita de monedas, para después guardarlo junto a nuestras pocas pertenencias que la yegua portaba encima.

Tras despedirnos de aquellos viajeros, tomé las manos de Trombe, sin rencor. - ... ¿vamos? -exclamé, preparándome para montar a Mare y seguir nuestro camino.

Y respecto a Trombe... ya me encargaría de pensar sobre todo lo que había ocurrido, en la próxima posada.
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Re: El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

Mensaje por Eliwood el Jue Sep 28, 2017 12:02 am

Tema cerrado. 70G a cada participante.

Ambos obtienen +1 EXP.

Se procede a su tirada gratuita del dado Suerte, cuyo resultado será la recompensa para ambos.
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Re: El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

Mensaje por Narrador el Jue Sep 28, 2017 12:02 am

El miembro 'Eliwood' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


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Re: El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

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