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El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

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El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

Mensaje por Trombe el Sáb Oct 29, 2016 4:14 pm

El castaño rodó sus brazos, abrazándose al cuerpo del hombre junto a él para estabilizarse. Todo daba vueltas, su mirada parecía revoloteada por un remolino, y su cuerpo trastabillaba y daba tumbos mientras se movía a través del bar. Renqueando como un trompo, riendo como un flemático; sentía que le palmeaban la espalda, se inclinaba de lado a lado, escuchando el ras con ras de su cola rozando con el suelo, derramando algo de su bebida al saludar a una persona de las incontables que habían en ese lugar.

Se había sensibilizado completamente. Reía, lloraba, abrazaba a los demás, y luego bebía, soplando frases, hilvanando chistes, aplaudiendo, bailando. Sobre todo bailando; golpeando el suelo con los pies, desgastando las suelas, dejando que el cabello vuele, que la cola se mueva. Soltar la botella, coger otra, resbalarse, caerse, y luego pararse de nuevo. Reiteró mecánicamente ese devenir hasta que con la barbilla apoyada en una mesa, a horcajadas en una silla, dejó correr su mirada abreviada por el salón, hasta que su mente iba exhalando un suspiro de alivio, imaginándose en el sueño un baño caliente junto a Itsuki, hundiéndose en el agua hasta que viera reflejado en la superficie el amanecer tembloroso. 

En algún punto de la velada alguien lo envolvió con una piel de oso, ya que cuando despertó, la tupida piel estaba envuelta alrededor de su cuerpo como si de un capullo se tratase. A juzgar por lo que sus ojos veían, ya había amanecido. Su mente era una página en blanco, pero podía apreciar que lo único dibujado en el lugar eran varios cuerpos doblegados en mesas, rendidos en el suelo; bocas curvadas, cejas arrugadas, y por lo demás, un gesto embobado por el tufo alcohólico que se espaciaba. Estaba vagamente consciente de un dolor punzante en su cabeza, pero sus sentidos no lo registraban del todo. Trombe se inclinó hacia un lado, tumbándose de nuevo al suelo antes de que pensara en regresar al sueño, a ese baño caliente, a ese cuerpo caliente, a esa voz dulce que lo llama y le dice:

—¡Trombe, despierta!— De pronto alguien le tiró un balde de agua encima, y el lobo respingó alerta manoteando el aire. Comenzó a buscar con sus ojos al perpetrador, a algo o a alguien que diera sentido a lo que oía, y cuando su mirada se posó en la voluminosa redondez de ese peculiar mercader, todo se puso en perspectiva. "¿Por qué me mira como si yo estuviera haciéndole perder su tiempo? ¿Por qué me tira este balde de agua como si quisiera verme aplastado por el peso?" Desprovista su mirada de la confusión de minutos antes, sintió su cráneo revolverse en una tormenta que le borbotaba en un ovillo de chispas; una columna de incendios en el temple. 

Entre extrañezas, extravagancias, singularidades y sorpresas, la respuesta le llegó sencilla. Su fiesta de despedida. Sus amigos y compañeros, muchos de los que había conocido a través de Fran, habían insistido en celebrar la transformación del joven pastor en un comerciante, además de su posterior anuncio de que empezaría a realizar sus viajes junto a Itsuki. Algunos presumían haberla conocido en viajes comisionados por el mismo Trombe, y hablaban de su belleza como si ellos fueran los dueños de tan hermosa pieza. Claro, no fueron pocas las peleas que casi se comenzaron a ras de la indisposición del lobo para aceptar ningún chiste, por más inocente que fuera, aunque nunca terminaban en golpes, sino en palmeadas en la espalda y más cerveza.

¿Cuánto había bebido? No tenía idea, pero el abultamiento en su vientre le indicaba que tenía ganas de vomitar. Le repugnaba el tufo que lo envolvía, y era más que explícito lo mal que la boca le sabía. No tenía idea de que la gente se podía emborrachar de esta forma. Deseó bien por dentro regresar a la dulce intoxicación amorosa y etílica que había compartido con Itsuki aquella noche. Algo del dolor en su mente se aminoró al pensar en ella, pero fue apenas una ilusión; una momentánea tregua hasta que la misma memoria de la aldeana le provocara otro dolor de cabeza. ¡Itsuki! ¡Tenía que ir a buscarla hoy!

Luego de apergaminar su cuerpo sarmentoso, Trombe dibujó un rictus doloroso que atinaba a inspirarle la energía para poder moverse. Alcanzó un bastón en el suelo, y apoyándose en él, se puso de pie sustentado en la promesa de verla de nuevo. Mientras temblequeaba apoyándose en una mesa, escuchó la voz de Fran llamarle la atención. —¿Conoces la historia del oso y el lobo?— Comenzó pausadamente, como quien da una clase a un niño pequeño. Muchos mercaderes conocían esta historia, y Trombe no era excepción, aunque contrario a estos, él estuviera parcializado en la versión. Algo lento asintió tratando de enfocar sus ojos en su amigo. 

Lentamente Trombe recuperó la lucidez y pidió un vaso de agua. Con ella lubricó su garganta y después se roció el rostro. Su cabeza seguía como una madriguera de termitas, y en avanzar, Fran tuvo que surgir para ayudarlo a pararse. De pronto Trombe, esbozando una sonrisa, completa. —Entre nos, yo prefiero la versión en la que la jauría de lobos encuentra al oso borracho y se lo come también.— Ambos echaron una ligera carcajada hasta que Trombe cayera nuevamente al suelo y perdiera el conocimiento.

(…)

El lobo despertó algún tiempo después en una cama. Un sentido de deja vu lo agobiaba, pero el dolor de cabeza que tan fuertemente se había prendado de su cerebro, había disminuido casi por completo. A un lado encontró a Fran, hincado junto a su cama, rezando con las manos alrededor de un rosario. El hábito del mercader desentonaba completamente con aquél hombre que había bebido sin moderación la noche anterior. Aunque en realidad Trombe sólo recordara su propia persona bebiendo sin frugalidad. Fran disimuló seguir orando, pero habló casi un segundo después. —Han pasado 2 días.— Trombe asintió mientras bostezaba y se limpiaba la cara con un trapo. Estaba consciente de que habían pasado dos días. Dos días fue el tiempo necesario que dispuso para desintoxicarse completamente de sus humos borrachos. Fue muy necesario aplazar el viaje hacia el pueblo de Itsuki para estar en una aceptable estatura emocional. Corroboró la solidez de sus movimientos haciendo algo de ejercicio, y después se puso de pie.

Arreglarse le tomó algo de tiempo, pero finalmente logró finalizar los preparativos, su corazón palpitando desbocadamente una expectativa que con cada segundo aumentaba. Había pasado cerca de un mes desde que se habían despedido aquella noche estrellada, y Trombe, mientras trabajaba en la periferia de Sacae, no pudo evitar escuchar noticias de un leve encontronazo que tuvieron unos aventureros con un grupo criminal. Lo primero que había hecho había sido confirmar cómo se encontraba Itsuki, y después de que un mercader le dijera que nadie del pueblo parecía estar involucrado, el lobo pudo calmar las turbulencias en su interior. El rumor ideado por el y Fran era apenas una ilusión que con el tiempo se iba debilitando. Ciertamente la actividad criminal había disminuido, pero casos aislados como ese seguían apareciendo esporádicamente.

Sus ojos rápidamente se aclararon, y con el traquetear de la carreta, y lo que había dicho Fran, advirtió que ya se encontraban en las afueras de aquél pueblo. Ya hacía la tercera vez que lo visitaban, y como quien está punto de hacer algo prohibido, Trombe se lleva una mano al pecho y trata de calmarse. Inhala y exhala varias veces, para después palmearse la cara y saltar del carro. Alguien rápidamente lo reconoció, pero antes de que Trombe pudiera saludarle, ya el hombre había saltado a correr. ¿A avisarle a alguien tal vez? El lobo caminó curiosamente hasta detenerse fuera de la casa de ella. Las memorias y los sentimientos lo inundaron como una ola, pero aún así tamborileó 4 veces sus nudillos en la puerta. Detrás de él Fran también se desmontaba, pero los ojos del lobo sólo buscaban esa mirada azul que con tanta frecuencia en las noches lo desvelaba.
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Re: El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

Mensaje por Itsuki el Lun Nov 14, 2016 10:04 pm

Me encontraba acostada en mi cama, aquella que por debajo de la delicada sábana de algodón estaba hecha de un montón de paja suave recogida por unas cuerdas de cuero. No podía dormir bien esa noche, la luna había pasado ya una fase completa desde la última vez que me había encontrado con Trombe y eso sólo significaba una cosa: Mañana era el día. Perdida entre sueños recientemente comunes y otros recuerdos, caí rendida finalmente.

Había preparado mi bolsa. Llevaría conmigo también los detalles que había conseguido o que otros me habían regalado. Como su moneda, la estatuilla de Eucliff, la cadenita de Ayase... etcétera. Y además, un set de costura. Que junto a lo que había aprendido de mi madre, podría hacerme ropa e incluso venderla en caso de necesidad, si de alguna manera conseguía los materiales para ello.

Desperté nada más oír el canto de los gallos y salí a las tierras. Aquella era una mañana soleada, los pajarillos posados en los manzanos cantaban, declarando su amor mutuo. Inspiré profundamente para respirar aquel aire fresco y limpio, tan típico de Sacae, pues hoy sería el último día que las sentiría en mucho tiempo.
Hoy, me vería con Trombe a las puertas de mi hogar.

Pero en toda la mañana, en toda la tarde, en todo el día y noche... no apareció.



"Vaya, ¿habré calculado mal los días?" pensé. Y me fui a dormir de nuevo esa noche, dando a paso al siguiente día. Si no era hoy, sería mañana... los nervios me volvieron.

Pero tampoco.
Ese día, lo había esperado de nuevo. Saliendo a las puertas del pueblo de vez en cuando a comprobar... lo esperé todas las horas, no importaba qué tarde era.

Y nada.


[...]


Suspiré, entrando a mi habitación, para finalizar de nuevo otro día. Asomándome por la ventana, apoyada con los brazos cruzados en el alféizar donde había colocado aquella moneda, pude observar la luna. Ya había seguido a su ritmo, había pasado más de un ciclo, confirmando que efectivamente, había sido el día anterior... Pero ya apenas iba a empezar un nuevo día en pocas horas, y yo seguía sin noticias de él.
Esa noche, los nervios del viaje, pasó a ser preocupación. Me tumbé en la cama para ir a dormir algo triste. ¿Le había ocurrido algo? Esperaba que no...

Esa nueva mañana sería paciente, me dedicaría a mi ritmo que hasta ahora era normal. Supuse, que ya aparecería, que le habría salido algún imprevisto. A todo el mundo le pasa... Dejé a mi madre cosiendo en el salón y salí a trabajar al huerto del fondo, donde seguí ahí bajo el sol de esa calurosa mañana, recogiendo algunas manzanas. Iba a echar de menos aquella sensación.


~~~

La madre, que andaba limpiando un poco las ventanas, escuchó los cuatro golpecitos en la puerta principal, y fue a abrir, sin saber que serían los visitantes que su hija tanto esperaba. Y allí los vio, Fran saludando desde detrás y Trombe sin esconder su nerviosismo; ella esbozó una maternal sonrisa.

- Oh, ¡cuánto tiempo! Señor Fran, Trombe. ¿Cómo están? -les saludó, mirando a Trombe con un deje entre picardía por su hija y añoranza temprana de que fuera él quien hiciera cumplir el sueño de su hija- Así que mi Itsu se va con vosotros... -suspiró levemente, suponiendo que eran ambos, aunque su hija solo le hubiera nombrado al más joven- Esperen unos segundos, voy a avisarla... Que ella está en el campo de atrás, como de costumbre.

Tras decir esto, dejó la puerta abierta, pues no sabía si los hombres venían para tomar algún descanso antes de irse, o sólo venían de pasada. Salió por la trasera y fue a llamar a Itsuki que se encontraba en la parte más alejada.

~~~


Escardaba algunos hierbajos nuevos que había cerca de la delimitación con los campos vecinos. Era una pequeña tontería, pero eran detalles que seguramente se le olvidarían a mi madre. Sonreí. Al principio de aquella mañana no quería ensuciarme las manos mucho por si... venía. Pero algo en el fondo de mí me hizo dudar sobre eso. Un leve miedo pero tan profundo en mí, que casi no recordaba que había llegado a formar parte de mi ser en algún momento del pasado. Cuando solamente era una adolescente joven llena de dudas e inseguridad. Cuando sabía que toda mi vida la iba a pasar metida entre esas cuatro paredes.
Sí, me gustaba la vida del campo, pero... a veces, y sólo a veces, mi inconsciente quería hacerme pensar que aquello sólo era un autoengaño para seguir sonriendole a la vida a pesar de todo.

Una voz me sacó de mis pensamientos. Era mi madre viniendo hacia aquí. No pensé nada fuera de lo normal ya que no era una visión extraña. Dejé el rastrillo clavado verticalmente a la tierra y erguí la espalda, mirándola.

- Itsuki, ya están aquí. -fueron sus únicas palabras. La miré con ojos ligeramente abiertos, aún sin procesarlo. Ella solamente me sonrió.

Y con eso, me contaminó la sonrisa. Sonreí inconscientemente, con los labios bien abiertos. Cuando lo noté, me recompuse.

- Ah... ya... ¡ya voy! -dije, quitándome el pasmo de la cara y de paso los guantes, que se los dí a ella. Fui hacia aquella dirección en paso ligero, sin verlos aún puesto que la estructura de mi casa me lo impedía a la vista. Ella me siguió a su paso, pues el mío fue a cada vez más rápido.

Y a cada trote, un recuerdo. Cada uno de ellos me hacía subir la sangre a las mejillas.
Cuando me había rozado los mechones de pelo al ayudar a limpiármelo aquella mañana.
Cuando el movimiento de su cola me seguía pareciendo adorable.
Cuando recordaba el tacto de sus manos...
Y cuando, desde aquella noche, había tenido recientemente los mismos sueños. Si no eran iguales eran siempre parecidos. Y todos ellos. Todos, recalcaban sobretodo un momento en concreto... Un beso, que aparecía borroso en mi mente, en donde, sin saber si eran reales o no, le decía que era precipitado.
...O quizás no, no era precipitado. Aún así, no podía dejar de pensar sobre ello.

Y toda la preocupación que tenía encima, se me fue del golpe al verlo allí, al pasar el marco de la puerta.

- ... Ho-hola de nuevo, Trombe. -dije, con un cierto tono de voz algo dulce, sin querer. Sonriendo. - ¡Fran! Tanto tiempo.

Ni siquiera me paré a pensar en cómo me veía. Aún se me notaba la pequeña cicatriz de la rozadura en la barbilla que me hice el día que Ayase me había salvado. A pesar de la costra, igualmente era una marca que no tardaría en desaparecer, al ser una leve herida. También tenía un moratón grande en el centro de la espalda, que por suerte eso no se vería, pues usaba la gabardina para esconderla aunque tuviera calor.
Pero de todas formas, tendría que contárselo todo a Trombe en algún momento... incluso los detalles más "vergonzosos".

- Me alegro de que hayáis venido, ¡finalmente! -comenté, omitiendo el hecho de que habían pasado dos días más de lo acordado.

Antes de que supiera cómo reaccionar a ellos, más bien a él, por detrás llegó mi madre. - Bueno, imagino que te irás ya con la misma, ¿cierto? -preguntó ella, agarrando la bolsa que había preparado hace 3 noches y abriendo los brazos. A lo que enseguida me dieron las ganas de correr a abrazarla muy fuertemente durante un buen rato.

- Sí... -asentí también con la cabeza- Pero ya sabes lo que te he dicho, madre. Volveré. -le dije a ella aún abrazadas, en voz baja. Cierta parte de mí aún no estaba preparada para despedirme de ella, y mis lágrimas quisieron salir... pero no lo permití. Tenía que ser fuerte, y ella lo sabía. Por eso ella tampoco lloró un ápice.

- Ten buen viaje, querida, disfrútalo mucho... Te quiero. -susurró.

- Y yo a tí, madre, mucho. -respondí en un susurro, también.

Unos largos minutos después, estuve lista para separarme de ella, poco a poco. La miré con cariño y sonreí lo más fuerte que pude y me giré de nuevo hacia Trombe y Fran, recogiendo mi bolsa. - Disculpad.

- Bueno... ¡pues guiadme, desde cuando queráis! -reí, levemente. Me alegraba de que estuviera el mercader también allí, o aquella escena sería mucho más vergonzosa.
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Re: El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

Mensaje por Trombe el Dom Dic 04, 2016 2:02 am

Se inclina, espera, sin embargo, sus dedos tiemblan ligeramente, su garganta está seca, y el aire que llena su nariz parece demasiado crudo, demasiado árido. Siente una presión ineludible en su corazón, que amenazaba con escapársele del pecho. Durante mucho tiempo, después de constantes palpitaciones, breves respiros, cada vez mayor sentido de alienación cada día que pasaba sin verla, recordaba la despedida e imaginaba la sorpresa que sería abrir esa puerta y verla. Oler su perfume, ver los labios en los que él había tallado un beso sin que ella se diera cuenta, recordando también las imágenes continuas del tiempo que había pasado con Nagahide Niwa. 

Está a punto de darse la vuelta y distraerse con algo en la parte trasera del carro; fingir que tiene que hablar algo de súbita e imprevista importancia con Fran, sólo para evitar subir de nuevo a sus ojos, a aquellos momentos especialmente sublimes en los que sus ojos se encuentran y nada cuelga en el aire. Ojos que son como perlas, tan difíciles de perder, llenos de emoción, sueños, esperanzas y cuentos míticos del mundo real o inventado, el que importa; el lugar incalculable donde ella llena el molde de sus fantasías con sólo un parpadeo. Entonces un impulso invisible lo detiene. Él levanta los ojos, descruza las pestañas, y vuelve su atención hacia la figura que está de pie en la puerta ahora ampliamente abierta.

Xiao'Quin...la madre de Itsuki. Inmediatamente, sin pensarlo dos veces, el castaño hace una reverencia. —Perfectamente bien, señora— Es innecesario detenerse en su respuesta, porque Fran ya había aparecido detrás de él con una sonrisa perfecta, demostrando en unos segundos una respuesta más fina y más articulada de la que Trombe podría haber mostrado. —Hace un buen día, y el buen tiempo significa prosperidad, no sólo para los negocios, sino también para las reuniones y las despedidas— Trombe miró al cielo, como buscando el sonido de campanas, y vio el hermoso añil y el blanco de las nubes dispersas. 


Cambió su mirada hacia el oeste, adonde se dirigían, y vio otras nubes amontonadas. —Ciertamente, es un buen día— Murmuró inadvertidamente para sí mismo, y luego escuchó las palabras de la madre de Itsuki y volvió a la realidad. —Usted puede dejarla en mi cuidado, prometo hacerla feliz— Parpadeó unas cuantas veces después, dándose cuenta de lo que acababa de decir. Su rostro enrojeció, y permitió que un silencio, la sutil composición de su respiración, espaciara la conversación. ¿Cuánto ella sabía de....ellos? Sea lo que fuere, en el momento en que lo dijo, supo que había confesado los planes que hacían alusión al hecho de que planeaba vivir el resto de su vida con ella. Incluso Fran estaba impresionado.

Afortunadamente, Xiao'Quin dijo que iría a buscar a Itsuki, y en el momento en que regresó a la casa, Trombe sintió como si estuviera borracho de nuevo. El palpitar de su corazón fallaba todas las notas, y no podía resistirse a la ansiedad que lo inundaba. Él mira hacia otro lado, volteando la cabeza, y comienza a contar los segundos, a aguantar la respiración. Considerando que él había sido quien la había hecho esperar dos días sin previo aviso, que se sintiera ansioso por verla ahora sólo le hacía notar esa contradicción. Repentinamente sintió que quería disculparse, pero en pensar en estar frente a ella, el sólo hecho de hablar se sentía imposible para él. Se sentía...

Masivamente deshidratado y maloliente, como un pollo recién nacido de su huevo, Trombe miró atónito a itsuki y creyó escuchar unas campanas. El éxtasis le hizo sonreír, puso una risilla, y luego sus mejillas enrojecieron hasta el punto de quemarlo por dentro. —Itsuki...— Luchó para respirar. Sus mejillas se sentían tan apretadas que sería difícil decir otra coa en lo absoluto. Se estiró para una explicación. ¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Estirar su mano? ¿Besarla? Cayó en ese ritmo improvisado de pensamiento y luego se fijó en un pequeño corte en su barbilla. Se sintió de pronto enganchado. Aún más que después de ver, de verdad esta vez, esos ojos azules. Inconscientemente dio un paso adelante, como si al acercarse se enterara de lo que había pasado. Al igual que sentía que una historia se avecinaba detrás de sus ojos, una que todavía era incapaz de prever.

Pronto se recompuso y terminó su saludo. —Lamento mucho la tardanza, tuve que lidiar con algunas cosas, espero no haber jugado mucho con tu horario. Pero sí, finalmente— Soltó una pequeña risilla mientras se pasaba la mano por la cara tragando saliva. Así que esperó. Esperó sin importar cuántos minutos pasaron. Las observó en silencio. Madre e hija. Se sentía frío. Vio a Fran y se imaginó que él también se sentía congelado. El abrazo se desenlazó y a continuación, se entrelazó, y luego se desenlazó, y después se entrelazó de nuevo. Las dejó disfrutar de su momento privado, y unos momentos después, en un desenfoque, vio que ella se volvía hacia él, con una bolsa en la mano y un brillo indefinido en sus ojos. Sus palabras le parecieron ininteligibles al principio, luego escuchó el comentario que hizo Fran despidiéndose finalmente de la madre de itsuki. —La gente no deja arrepentimiento en un pueblo, sino que deja buenos recuerdos. ¡Adiós!— Trombe se despidió de la madre de Itsuki con otra reverencia, mientras Fran la llevaba al carro. 

Él y ella estaban juntos. Él y ella estaban a punto de empezar su viaje. Dio el primer paso, sus orejas repicando con las campanas de sus pasos, y su cola moviéndose de izquierda a derecha con velocidad. Trombe se apresuró al carro, y subiéndose en el vagón con facilidad, le alargó su mano a Itsuki para que subiera. Ya arriba, se sentarían en lados opuestos. La observó unos segundos, esa pequeña cicatriz consiguiendo su total atención, hasta que Fran empezó a hablar como acostumbraba. —Tenemos que recoger algo de paso por cierto.— Le dijo más a Itsuki que al lobo, para luego fijarse en él con una sonrisa picaresca. —Te olvidaste de tomar el sobre de Dante en la fiesta— Después de que él dijo eso, la respiración de Trombe se frenó, y este miró inmediatamente a Itsuki. 

Parecía que Fran quería capturar cada sabor de  su burla que podía reunir antes de que se separaran. Trombe procedió a elaborar lo que su amigo ya había más que insinuado. —Sobre esos dos días ... tuve esta fiesta con otros comerciantes. Realmente no era una fiesta, era más una reunión social, ¿sabes? Pensé que podría beber un poco y divertirme antes de nuestro gran viaje, pero terminé un poco demacrado, y tuve que pasar algo de tiempo para asearme y desembriagarme. Pero, bueno, lo importante es que ahora soy oficialmente, al menos para ellos, un comerciante— Sonrió con genuina felicidad y la observó expectante. Desde la parte delantera del carro, Fran reía. —Un mercader es como una espada. Mientras más recta, mas propensa es a romperse. Es bueno tener algunas curvas, ¿no cree señorita?— Le preguntó ahora a ella para luego redundar. —Por cierto, ¿conoce la historia entre el lobo y el oso?

Off:
Bueno, a ver qué tal se me dio la espera :b
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Re: El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

Mensaje por Itsuki el Miér Dic 07, 2016 8:20 pm

- No, tranquilo, me imaginaba que les había surgido algún imprevisto. -sonreí, cuando Trombe se había disculpado, antes de despedirme de mi madre.

Cierto era, que dejaba buenos recuerdos. Aún no estaba segura de si dejaba arrepentimientos, ya que ya volvería algún día... pero estaba demasiado feliz ahora como para pensar en ello.
Con ayuda de Fran dejé la bolsa a un lado de la carreta, donde tras despedirnos finalmente de mi madre, Trombe se metía dentro, ofreciéndome la mano para ayudarme a subir.

Aún no había procesado que me iba. Y al observar de nuevo la mano de él, el corazón me dio un vuelco. Posé suavemente mi mano derecha sobre la suya, sintiendo una vez mas el tacto de su piel, el agarre de sus dedos. Apoyando un pie en un borde de la carreta, en el momento que jalo con fuerza hacia él, dejando mi cuerpo por milisegundos en el aire, sentí que el corazón me iba a explotar.


~~~

La madre de Itsuki vio partir a su hija... Trombe le había dicho que la haría feliz, implicando que lo haría el resto de su vida.

No sabía cuántas veces más se habían visto ellos dos en el tiempo entre la ultima vez que vinieron por primera vez y ahora, pero esta situación le recordaba un poco a como había conocido a su difunto marido, Akihiro, el mercader de rostro exótico y extraños ropajes que provenía de Akaneia, en aquel puerto de Chon'Sin, su antiguo hogar.

No pudo evitar entristecerse un poco que Itsuki, quien había sacado los rasgos de su padre, quien reflejaba lo que él había sido, quien era la única persona amada que le quedaba; también se fuera de su vida. Y a pesar de que ella le había dicho que pronto volvería, en el fondo sabía que iba a pasar un buen tiempo. Y eso si lo hacía. O mucho peor, si la madre seguía viva para entonces.

Pero era la vida de su hija, no la de ella. Xiao'qin ya estaba mayor, y prefería quedarse en aquellas planicies tranquilas donde había formado una familia y una nueva vida, para el resto de ella. Y sabía que Itsuki todavía era joven, a pesar de que ya le había pasado la edad de casarse, aún tenía posibilidades.

Y Trombe, aún siendo un extraño laguz, no parecía ser un mal hombre.

~~~


Y allí estaba con ellos, con Trombe y con Fran. Y al fin había llegado el día.

Era definitivo, me iría de viaje. Por primera vez en mi vida, iría a explorar los países que nunca vi con mis propios ojos. A vivir aquella experiencia con la persona que apreciaba, Trombe, que se hallaba enfrente de mí una vez me había sentado.
Permanecimos un momento en silencio, sin saber que decir, ni uno ni otro. Estaba segura de que yo no era la única nerviosa ahí. Hasta que la voz de Fran nos distrajo.

- Oh, ¡está bien! A partir de ahora, no hay prisa... ¡Dejo que me guíen ustedes por donde sea! -sonreí.

Después le habló a Trombe, el cual no devolvió la mirada a Fran sino a mí. ¿"En la fiesta"...? ¿Qué fiesta? ¿Había sido su cumpleaños o habría participado en las fiestas de algún pueblo cercano? No pude evitar llenarme de curiosidad pero me mantuve en silencio y solo miré hacia a Trombe con expectación.

Desde luego, no me esperaba su aclaración. Había... ¡Había tardado por haber estado borracho!
Lo mire unos segundos con los ojos abiertos y me llevé una mano a la boca. Empecé a carcajearme, primero levemente y luego ya un poco más fuerte. No pude evitar que me resultara una situación graciosa, así que no pude enfadarme en ningún momento con él, en absoluto.

- Disculpa... ¡¡Jajaja!!  Es que... No imaginaba que la causa fuera eso. -dije entre risitas, mientras Fran reía también. Cuando por fin pude respirar, toda la angustia que había sentido esas dos noches se bajó finalmente de mi cuerpo, de pronto. ¡Claro que prefería que el motivo de su retraso fuera ese y no hubiera sido algún otro de gravedad mayor! -No hay problema. -Sonreí felizmente a Trombe.

- Sí, ¡es cierto! -reí al comentario de Fran- Es mejor un mercader que es capaz de adaptarse a... "todo". -respondí con humor a su alusión de un comerciante borracho.

Claro que entendía aquello. Yo misma era mercader y sabía que muchos comerciantes hacían ese tipo de rituales... Y ademas, ¡a mí misma me gustaba salir a beber algunas noches! Y aunque no me pasara algo así desde la primera vez que probé el alcohol, no era quien como para estar molesta por algo así. - En serio, Trombe. Me alegro mucho por ti, ¡felicidades!

Al bajar finalmente la mano de la zona de mi boca por haber estado riendo, me quedé parada por unos segundos. Me había dado cuenta de que no me había molestado en disimular la pequeña costra de la barbilla, que seguramente Trombe ya había visto. Por suerte, Fran siguió sacando tema, algo que me relajaba. Manejaba no muy bien aquella momentánea vergüenza que sentía al estar junto a Trombe.

- ¿"El lobo y el oso"? -repetí, curiosa- ... No, la verdad. ¿¿Es una historia de fuera?? ¿De qué trata? ¡Me gustaría oírla! -exclamé con emoción, dispuesta a escuchar aquella historia por el camino. Fuéramos a donde fuéramos.
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Re: El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

Mensaje por Trombe el Sáb Dic 17, 2016 2:22 am

Trombe estaba confundido, sus pensamientos estaban perdidos en los ojos de ella, en el fluctuante aroma de su perfume que estaba tan cerca de él, aunque tal vez no era realmente un perfume, era una fragancia, algo inherentemente natural, inquietantemente comunal, imposible de ignorar, imposible de confundir. En momentos se da cuenta de que ya ellos se han ido. Aunque todavía no han salido por mucho. Aunque ella sigue ahí, él todavía está aquí, y Fran sigue allí, ya se fueron, realmente, ya partieron. ¿Qué era? ¿Qué anhelaba? No, ¿qué temía? ¿Se trataba de Itsuki? No lo sabe. Ojalá sea sólo un devaneo y no que esté preocupado por ella. Ojalá que no esté preocupado por ellos; que no dudara de su viaje, que no temiera su futuro, pero al mismo tiempo tenía una terribles sensación de que lo hacía.

Con todas las obvias opciones agotadas, Trombe tuvo que explicarle sus desventuras a Itsuki mientras trataba de ignorar la cara sonriente del viejo. Se sentía como un niño inocente preparándose para ser regañado por su madre, lo que no era algo muy esperanzador si deseaba tener una relación un poco más pareja con ella. Pero, cuando terminó su explicación, algo no sumó. Se dio cuenta de que estaba pasando algo raro. Ella no reacciona como él esperara. Ella ríe. Tenía que confesar, le encantaba ver su sonrisa, y más aún, le encantaba escuchar su sonrisa. Tenía un efecto enérgico en su cuerpo, cerca del área de su corazón. Sentía su pálpitos aumentar, además de una sensación de calor que le acariciaba de los pies hasta la cabeza. 

Su risa era un alivio considerando que ella pudo haberse molestado, y jamás la había visto realmente molesta, aunque bien por dentro deseara conocer esa faceta suya. Su risa, en este caso, tiene que ser una hazaña increíble, pero había un pequeño detalle... Se estaba riendo de él, lo cual no le era realmente agradable a su orgullo. Se sentía un poco molesto en realidad, como si hubiera esperado que ella por lo menos le diera la espalda por unas cuantas horas. Bueno, no una reacción tan dramática, pero al menos una fracción de molestia. Que demostrara su "posesión" o algo así. Debería haber dicho que estaba bailando con mujeres para ver su reacción. Aunque en realidad no lo recordaba. No conocía a ninguna mujer que fuera comerciante, por lo que esa fiesta probablemente estaba llena de hombres. Por supuesto que esa congregación no iba a achisparle celos a ella. 

Suspiró después de que la magia indescriptible de Itsuki le hiciera sonreír contra su voluntad. —Parece que ustedes se están divirtiendo. Fran, ¿acaso no prometimos no revelar los secretos de nuestros camaradas? ¿No existe un código de comerciantes en alguna parte?

—Mis creencias me obligan a tener una centrada moral, pero soy un comerciante en mi núcleo, y voy a ofrecer a requerimiento para obtener una recompensa. La risa de la señorita Itsuki esta vez fue suficiente ingreso para que yo decidiera jugar el pequeño juego. Aún así, debes de tener mucha suerte, teniendo a alguien tan comprensiva a tu lado. No puedes jugar con el corazón de una chica. Bueno, después de se vayan, tendrás que aprender eso por las buenas o las malas. 

—No quiero que un viejo que utiliza mi cola en las noches para calentar sus manos me diga eso. Por cierto, usted debe encontrar su propia llama antes de que sea demasiado tarde. 

—No te preocupes por eso, después de que se vayan probablemente disfrute de suficiente espacio en la carreta.

—Será casi acogedor para un cambio.

Realmente fue una conversación trivial. Por un segundo se sintió como si hubiese vuelto a sentirse a gusto con Fran, pero casi inmediatamente después recordó que, de la misma forma que Itsuki y su madre se habían separado, ellos dos eventualmente tendrían su momento. Fran, probablemente anticipando estos mismos pensamientos, había introducido otra tópico de conversación.

—¡Oh vamos! ¿Vas a hablar con ella sobre eso?

—Tú fuiste el que me contó esa historia.

—Estaba borracho!

—Bueno, es una historia sobre un borracho, así que no es que importe que hayas estado borracho contándola, o viviéndola. Ahora que lo pienso, cuando me contaste esa historia no sabía que eras un lobo! Así que desde un principio estabas parcializado!

Trombe suspiró otra vez y se sentó con el codo en el costado del vagón, observando las llanuras cuando pasaban junto a ellos. Miró de reojo a Itsuki, claro, atento de lo que Fran estaba a punto de contar desde la delantera.

—Ejém! Muchos comerciantes conocen esta historia. Un joven pastor de ovejas cuenta que a un puerto un día llegó el barco de un rico mercader para esconder su mercancía de los piratas que lo perseguían, pero no la ocultó de los animales en el bosque, y un oso y un lobo la encontraron, e incitados por el delicioso perfume que emanaban las cajas, no tardaron en abrirlas. El oso abrió una caja y tomó una bolsa de cerezas fermentadas quedándoselas a comer contra un árbol. 

El lobo, por su parte, tomó una bolsa de frutos rojos con formas de colmillo y decidió compartirlo con los demás miembros de su jauría. El oso  encontró una caja de uvas fermentadas, y terminó emborrachándose sólo, cayendo en la mitad del bosque, mientras que el lobo terminó devorado por su jauría, que no pareció disfrutar del ardor de los ajíes que había traído.

—Lo interesante de la historia es que cuando volvió el mercader, no encontró ninguna de las mercancías, solo al oso con resaca que intentara devorarlo. Se cuenta que el oso sale cada año borracho de comer sus cerezas, y quien logra seguirlo hasta su madriguera encuentra allí las riquezas del mercader. Aunque entre nos, siempre Trombe cuenta la versión en la que la jauría de lobos encuentra al oso borracho y se lo come también.— Echó una ligera carcajada. —Al principio parece una historia que justifica el ser egoísta y no compartir nada con nadie, pero en verdad se trata del poder de los rumores. Hay algunas personas que creen que el tesoro del mercader existe y se adentran en bosques a buscarlo. Tú has aprendido el poder de los rumores en tu propio pueblo Itsuki— Se giró hacia atrás, mirándolos a él y a ella por un momento. —La moraleja de la historia es: No deben creer todo lo que escuchen en sus viajes.

 —La esencia del comercio es la apariencia de los bienes. Una cosa tendrá el precio que tú le hagas creer al comprador que tiene, lo se, lo se.— Dijo suspirando para luego mirar a Itsuki por un momento. —Además, tienes que admitir que mi plan era muy bueno. Podríamos cazar a un oso, desollarlo, perfumar su pelaje con uvas, y luego ofrecerlo por los pueblos como el pelaje del oso de la leyenda. Seguro vendería una buena cantidad de dinero. Hasta se me ocurre un oso en particular al que me gustaría cobrármele la afrenta. Tendrá que pagarme esas fresas— Murmuró lo último un poco más bajo. Claro que se refería a aquél oso que había devorado las fresas que Itsuki había preparado para él.

 —Hmm? Eso me suena a una historia que no conozco. ¿Hay algo que no me han dicho?
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Re: El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

Mensaje por Itsuki el Jue Ene 05, 2017 9:42 pm

Sonreía mientras escuchaba a los hombres "peleando" amistosamente. Más que amistosamente, me recordaba a la relación que había tenido con mi padre... Cuando me intentaba picar por no recordar los básicos del cultivo, cuando era pequeña. Pero antes de que pudiera ponerme nostálgica, escuché lo que le decía Fran a Trombe.
Enrojecí ante sus comentarios, pero concretamente a su última frase... ¿"Después de que se vayan"? Es decir, ¿Trombe y yo? Entonces, ¿no vendría con nosotros todo el camino acaso?

Eso quería decir que sí que iríamos a estar solos...
Mientras mi cabeza miraba hacia donde estaba Fran llevando las riendas, mis ojos se desviaron para mirar a Trombe de reojo por unos leves segundos.

Volví a reír ante sus comentarios, su relación era bastante entrañable. Apoyé mi barbilla encima de las palmas de mi mano mientras les escuchaba.
¿La historia del oso y el lobo la había inventado Trombe borracho? Si se la había contado antes de saber que él era un lobo... Eso quiere decir que no había sido en la fiesta, si no muchos meses atrás, mucho antes de nuestro primer encuentro, que había sido cuando Fran también se había enterado.

- Así que te emborrachas a menudo, ¡eh! -reí sin ningún tono burlón, mirando a Trombe, sonriéndole ampliamente. Realmente era algo que no me pegaba de él cuando lo había conocido. Pero tampoco tenía ningún problema con ello.

Fran carraspeó y comenzó a contar la historia mientras yo escuchaba con atención. Era sin duda algo que no había escuchado nunca, y bastante curiosa. Tanto, que me dejó un rato pensativa, mirando hacia delante, hacia el camino que seguía aquel carro. Cierto era, que no debíamos creer todo lo que nos contaran... tendría que tener cuidado con eso, sobretodo yo, que no había salido de Sacae en mi vida.

- ... ¿Qué hubiera pasado si el lobo hubiera tomado las frutas fermentadas y las hubiera compartido, y fuera el oso quien se hubiera comido los ajíes? El mercader habría terminado siendo devorado por un oso rabioso, y nadie iría a buscar ningún tesoro que estuviera en medio de una cueva llena de lobos. -comenté. - Y sin embargo, un tesoro que para conseguirlo conlleva al peligro, es más valioso aún. -pausé- O... "eso dicen". Cualquier mercader listo intentaría engañar con ese rumor. Yo particularmente no pienso que los lobos sean tan fieros, -esbocé una sonrisa- mientras no les quites lo suyo. -murmuré.

Al escuchar a Trombe eché a reír al recordar aquel día. Era cierto que casi acabo muerta por aquél oso, pero su comentario había sido bastante inteligente. También, me sonrojé levemente al pensar en la noche de ese mismo día.

- Bueno... -miré a Fran- Digamos que realmente existió el oso que quería comerse los frutos que el mercader traía para el lobo borracho, y casi lo devora. -conté, guiñándole un ojo a Trombe.

OFF:
mi más sincero perdón por la tardanza, tuve unas duras semanas en diciembre, avisé por mi post de ausencia si no leíste ;_; y disculpa también que sea una respuesta corta!
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Re: El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

Mensaje por Trombe el Vie Ene 06, 2017 11:17 pm

(No lo digas. No debes decirlo. Quédate callado.)

No dijo nada. 

—Si ese fuera el caso, nuestro querido Trombe estaría más borracho. 

Claro que lo dijo. 

—Esa vez fue un descuido.— Apresuró a aclararle a Itsuki. —En ese tiempo acostumbraba a ordeñar la leche de mis ovejas y a mezclarla con licor. Ya sabes, el tipo de bebida que bebes por necesidad no por gusto. Era muy buena para mantener el calor en las noches frías al aire libre.— Sonrió ante el recuerdo mientras suspiraba. —Ahhh, ese es un sabor nostálgico. 

—Luego empezaste a poner más leche que licor en la petaca.— Prosiguió Fran.

—Algo así.— Admitió Trombe. 

El lobo era suficiente perceptivo para saber cuándo tenía que conceder la derrota. Ahora Itsuki sabía algo de él que cambiaba en cierto sentido la forma en que ambos interactuaban. Quizá sus palabras seguían entonadas con esa incomodidad rojiza que es propia de la vergüenza de un corazón juvenil, pero su personalidad reservada cada vez con más frecuencia franqueaba una risilla atrevida y una que otra insinuación. Tenía la impresión de que esa era la verdadera Itsuki, y a pesar de que ahora mismo Trombe estaba probando a ver si su aliento todavía olía a alcohol, ciertamente le agradaba el curso de las circunstancias. Claro, las intervenciones de Fran eran una parte más agridulce en ese sentido.

A su alrededor, empezaban a expandirse parches de bosque por doquier. —Bueno, es mejor prevenir que lamentar. Los lobos son animales territoriales, y aunque a veces puedes razonar con ellos, lanzarles carne no siempre logra convencerlos. 

—Para eso fue que me contrataste a mi, ¿recuerdas? Querías protección de los lobos — Trombe le dio una palmada en la espalda a Fran y echó una carcajada. —Yo no me preocuparía por ellos. Como dijo Itsuki, mientras no le quites lo suyo, no se meterán con nosotros. 

—Voy a tener esto en cuenta.— Comentó dándole un latigazo ameno a las riendas. —Ahora que lo pienso, me preocupan más los emergidos.— Al escucharlo, Trombe miró de reojo a Itsuki. ¿Qué tanto ella sabía de ellos? —Esos son los peores enemigos de un comerciante. Por lo general, las barreras culturales dificultan el comercio entre personas de regiones distintas, pero los emergidos son otro nivel. No tienen intereses, no se comprometen, no se compran, no tienen piedad y no dan ninguna oportunidad, que los Dioses no lo quieran— Fran había endurecido el aire con unas cuantas palabras. Trombe no podía evitar ponderar en lo que el viejo decía. Él mismo había luchado con algunos en dos ocasiones. La primera con Shibata y Gabrielle, la segunda con Feldsphar. Tenía que asegurarse de que Itsuki no se topara con la adversidad.

Mientras Trombe se sumía en sus pensamientos, Fran seguía hablando. —No han estado muy activos en Sacae, quizá porque prefieren zonas más pobladas, pero de todas formas es preferible que no nos detengamos en el trayecto al aire libre. Con suerte llegaremos al monasterio antes del anochecer. Allí nos darán asilo y podremos recoger la carta del padre Dante.

Después de unos segundos de silencio, Trombe chasqueó sus labios y se arrastró hasta la parte delantera del carro poniendo una mano en el hombro de Fran. —Bueno, déjame tomar las riendas en lo que nos queda de trayecto. Puedes ir a descansar en la parte de atrás— Este quiso decir que no había necesidad de cambiar, pero ignorándolo, Trombe se volvió a Itsuki. —Démosle espacio allá atrás.

—Bueno, mi espalda dolorida no me deja decir lo contrario. Trátenla con cariño— Concedió este pasándole las riendas al lobo. 

Trombe las tomó y, mientras ambos cambiaban de lugar, le extendió su mano a Itsuki. —Hay suficiente espacio para ambos aquí delante. Hasta podría enseñarte a manejar la carreta.— Se le había ocurrido que sería una buena distracción para ella en contraste con tanta monotonía en el paisaje. 

De acceder, inmediatamente le pasaría las correas. Fran ya se estaría acomodando con las manos cruzadas sobre el pecho y las piernas abiertas. Trombe acostumbraba a hacer eso también cuando tenía la oportunidad. 

—Es una yegua, se llama Mare. Fran la consiguió hace unos años. Me dijo que tomó una yegua en caso de que ella pudiera transformársele en humana.— Empezó a explicarle a ella.

—Historias de caballos que pueden hablar y se transforman en humanos son el sueño de todo mercader ambulante.— Agregó Fran con un tono jovial aunque después su voz se amargara. —Es una vida solitaria la que viven muchos mercaderes ambulantes. 

Trombe se quedó callado por un momento. Fran había dicho eso con una voz claramente agria. Desde que se conocieron ambos habían viajado juntos, pero antes de que el lobo llegara, ¿con quién viajaba Fran? Trombe sabía más que nadie lo triste que era viajar solo. Por eso nunca estaba lo suficientemente agradecido de que ahora mismo estuviera viajando con Fran y con Itsuki. ¿Qué habría pasado con él si nunca los hubiera conocido? 

—Ella está entrenada para estos viajes. Sólo tienes que conducirla ligeramente moviendo las correas al lado que quieras.— Dijo Trombe retomando la conversación. —Dices "woah" y la jalas hacia atrás cuando quieras que se detenga. Ella camina por si sola la mayor parte del tiempo.— Sus hombros se rozaban al hacer cada movimiento, y aunque ya se había acostumbrado a su cercanía, cada segundo junto a ella era como estar en el séptimo cielo. Por suerte pudo olvidar momentáneamente lo que sucedía con Fran.

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Re: El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

Mensaje por Itsuki el Lun Ene 09, 2017 8:43 pm

Dí un respingo al oír aquella palabra. "Emergidos".

Intenté mantener la expresión amena en mi rostro, aunque seguramente se me hubiera oscurecido ligeramente, o eso me daba la sensación. Realmente tenía miedo de aquellos seres...

- S-sí... -asentí, sin decir nada más, escuchando atenta a los consejos de Fran, intentando no pensar en mi padre.

¿El Padre Dante? La verdad es que yo no tenía mucha idea sobre religión, al ser algo inusual en Sacae, pero estaba bien que nos dieran asilo en aquellos lugares. Cartas... eso me había recordado al día en el que los conocí. Fran, más que un mercader, casi parecía ser un repartidor de correspondencia. Reí para mis adentros al pensar en aquello.

Pero una vez más... de tan sólo imaginar que "al aire libre" podríamos toparnos con los emergidos, mi mano empezó a temblar levemente. Cuando me di cuenta la metí dentro de mi bolsillo para intentar calmarme, o más bien, esconderla. Ahí es donde tenía la moneda de Trombe.
Por suerte, la voz de él queriendo tomar las riendas me salvó de esos pensamientos.

- Oh, cierto. ¡Debería descansar, señor Fran! -dije haciéndome a un lado. Al hacerlo, Trombe me había ofrecido su mano, una vez más. Miré a su mano y luego a él, con la duda en el rostro.

- ¿Eh? Vaya, ¿en serio? ¡Nunca he manejado una...! -comenté, con brillos en mis ojos, aunque ya fuera obvio que él hubiera dicho que me podría enseñar. Con la mano que había escondido, la saqué de mi bolsillo y acepté su mano, colocándome a su lado en el asiento delantero de la carreta.

- En el pueblo hay gente con estas, pero yo lo más cerca que he estado ha sido usando mi vieja carretilla para transportar las verduras. -reí.

Miré hacia la yegua, Mare, mientras esperaba recibir las correas en mis propias manos, algo nerviosa. Escuché con una sonrisa las explicaciones. - ¿Existirán los laguz caballo? -me pregunté. Claramente no tenía idea de cuántas razas podrían haber en el mundo, y eso era una de las cosas que quería descubrir.

Sin embargo, hubo un momento de silencio tras el comentario del mayor. Si era cierto que no iba a viajar con nosotros... ¿Qué seria de él? ¿Se buscaría otro compañero de comercio, de viaje? ¿O seguiría su interés por el camino de la religión?
Miré de reojo a Trombe, quien también se había quedado callado esos incómodos segundos. Pero siguió la explicación, como si nada hubiera pasado.

- Ligeramente, ya veo. -asentí mientras observaba bien como movía él sus brazos. Su enorme tatuaje rojizo le cubría hasta la muñeca.

- "W-woah"... ¿así? -repetí con él, para disipar el sonrojo que me había provocado. - Ajá.

Al rozarnos, giré mi cabeza para mirarle, y me lo encontré de frente. Parpadeé un par de veces. No era la primera vez que estábamos tan pegados, tan cerca, pero de alguna manera la situación había vuelto a ser algo... incómoda, en el buen sentido.

- ... ¿P-puedo agarrar la correa? -pedí, volviendo a mirar hacia Mare. Ese par de segundos de contacto visual parecían haber sido una eternidad. Sobretodo porque la ligera diferencia de altura, aún sentados, había provocado que lo primero con lo que se había topado mi vista habían sido sus labios, y luego sus ojos.

Intenté no pensar de nuevo en aquel sueño y seguí atenta a sus explicaciones, sin preocuparme de mucho más. Al rato, seguramente Fran ya se habría quedado dormido. O no, ¡quién sabe! Pero algo dentro de mí me hizo hablar.

- Perdón, por lo de antes... ¡no me estaba burlando de tí! Era una risa de alivio. -sonreí mientras ponía una voz más seria- Estos dos últimos días, cuando vi que no llegabas... -pausé para tragar un poco de saliva, no sabía cómo se iba a tomar mis estúpidas suposiciones- Verás, primero llegué a pensar que había calculado mal las lunas, como habíamos acordado, jaja... Pero las siguientes noches la luna siguió su curso, efectivamente comprobé que era el día que era. Y al no verte aparecer, pensé que te había ocurrido algo. -hubo un silencio.

- Y pensé que... -callé de nuevo, desviando mi mirada hacia un lado. Solté una mano de la rienda para llevármela instintivamente a la barbilla.
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Re: El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

Mensaje por Trombe el Miér Ene 11, 2017 3:59 pm

Su corazón era ruidoso, tanto que no estaba seguro de haber oído a Fran correctamente. Había dicho algo así como: Bueno, Trombe resultó ser un lobo, así que podemos confiar en la posibilidad" y luego desprendió una carcajada que divagó en el aire hasta perderse en el paisaje que viene deshilvanándose a lo largo de su camino. Él sentía que este mantuvo una sólida resistencia antes de la eventual expulsión de su próximo suspiro, que parecía tan integral a la esencia de su ser, que era como si el mismo se deslizara insospechado a través de las grietas en su alma. En la deriva final Trombe pudo escucharlo lentamente plegarse en un sueño sin ninguna protección. Él sintió que algo triste era lo que estaba arrastrando a Fran en la inconsciencia, y por una fracción de segundo, se preguntó si alguna vez despertaría. Era una tontería, sí, pero inmediatamente registró las posibilidades de cada amenaza, de cada movimiento, de cada latido del corazón herido en el viejo cuerpo de Fran, y se sentía tan real que no podía evitar detenerse a pensar...

Afortunadamente Itsuki captaría en el acto seguido toda su atención. En su interior, mientras explicaba las maniobras de cómo manejar la carreta, una larga y brillante sensación de calor ya le acariciaba el pecho, todo con una ligera palabra, y a pesar del volumen sucinto con el que ella la había entonado, los productos químicos que brotaban en su rostro ya tenían un inestable nivel de presión en su corazón. Ese sentimiento asimismo siguió creciendo hasta convertirse en una sonrisa que batió sus alas y empezó a volar. Su pronunciación, su entonación, la acústica de las ondas, la absorción sonora de su vergüenza, todo se tradujo en la amplia fluctuación de esa palabra. 

W-woah. Tenía que admitir, fue demasiado tierno la forma en que lo dijo, como si al hacerlo, en vez de tirar de las riendas del caballo, ella tirara de las riendas de su corazón.

En un principio Trombe hasta pudo distinguir el silencioso sonido que hacían sus labios al volverse una sonrisa, y el calor hirviendo detrás de sus mejillas. La miró sintiendo que toda la razón se escurría de su cabeza mientras él sentía esa voz dentro de su cabeza. Estaba fascinado. Interrumpiendo esa conclusión que había llegado con su pensamiento, de repente se dio cuenta de que Itsuki le estaba diciendo algo y señalando a las riendas. Todavía enredado en el cariño que su woah le había inspirado, Trombe le dio las correas y trató de entrelazar las palabras tratando de hacer sentido. 

—¿Eh? Sí.— Empezó. —¿Estás segura de que no lo has hecho esto antes? Manejar la carreta digo— Continuó rascándose la nuca. —No sé sobre el caballo, pero detuviste mi corazón con mucha facilidad.— Chanceó tratando de ocultar su propia vergüenza. Segundos después, tras unos ligeros ronquidos que claramente procedían del hombre que ahora tomaba una siesta arrullado por el traquetear de la carreta, Trombe la escuchó hablar nuevamente. Esta vez remplazado su usual tono amable y alegre por uno más atragantado. 

Cuando Trombe se volvió a mirarla por el rabillo del ojo, vio que ella estaba tratando de decirle algo. Su sonrisa era lo suficientemente encantadora para que la perdonara por cualquier cosa, pero en ese entonces rebobinó los acontecimientos. ¿Qué había hecho ella para que necesitara pedirle perdón? Itsuki habló pausadamente, pareciendo ligeramente preocupada por estar recordando algunas cosas del pasado. Ella ya no lo miraba, pero él observaba como jugaba distraídamente con las riendas mientras entendía a lo que se refería. Alivio. Sus orejas se irguieron cuando lo escuchó. Alivio era algo que últimamente él se había alegrado de haber comprendido.

Ahora ella estaba dispuesta a explicar la razón de su acceso de hilaridad en el pasado. A él no le gustaba que se rieran de él, sí, pero si bien antes había pensado que la risa de Itsuki era suficiente pago para completar esa transacción, su explicación ahora tenía que ser algo extra que no se había esperado. Por un momento su mente también se llenó de algunas imágenes y de las preocupaciones de semanas atrás. El vago temor que acompañaba su historia ahora poseía una forma concreta: la imagen del pueblo de Itsuki nuevamente rodeado por bandidos. Si su tardanza en llegar durante el tiempo acordado había provocado esas nociones de que algo malo le había pasado y la había preocupado a ella, entonces Trombe era quien tenía que disculparse. Pero sin embargo, no lo hizo. Lentamente su boca se curvó. El pensamiento sacudió su cuerpo y no pudo evitar soltar su mejor risa de alivio.

—Algo malo había pasado.— Completó. —Yo también. Mientras esperaba los días, no podía evitar preocuparme porque los bandidos pudieran atacar tu pueblo en algún golpe de venganza, que desestimarían los rumores y podrían hacerte daño sin yo estar ahí para protegerte.— La miró directamente mientras lo decía. —Cuando tú y Fran empezaron sus chanzas yo quise sentirme ofendido, en el buen sentido, pero al verte sonreír, reír, era imposible que no lo pensara.— De pronto su mano se movió hacia delante, como tantas veces. ¿Acaso fue esa la respuesta más apropiada? No lo sabía, pero en la forma más tímida y entrañable que podía contestarle, su mano alcanzó su rostro y y la más suave sensación se coló por sus dedos. Al instante su cola, que descansaba en su regazo, dio un pequeño giro. Su mano con callos probablemente no debía de sentirse muy cómoda contra la suave mejilla de ella, pero de alguna forma esperaba que sus próximas palabras suavizaran eso que él no podía transmitirle con una simple caricia. 

—Estoy tan feliz.— Pronunció esas dulces y cálidas palabras como si fuera un niño. A pesar de que su mejilla se había enrojecido casi hasta un punto patológico, no se avergonzaba por su admisión de felicidad. Tampoco quería esconder que sus ojos se habían humedecido un poco. —De que estés bien, de que ahora estés conmigo— Pensó que debía dar el golpe final, y concienzudamente ignorando la pequeña cicatriz que había visto que ella tenía en la barbilla, él se movió hacia delante. En todo el mundo, sólo había una razón por la que un hombre acariciaría el rostro de una mujer de esta manera, y ninguna cantidad de sangre por sus venas sería capaz de arruinar el efecto. Así mantuvo su compostura y la miró directamente a los ojos redondos y azules. 

No esperó objeciones. Él no la miró interrogativamente. Él no le hizo una pregunta: "¿Está realmente bien si lo hago?" En situaciones como estas, simplemente seguir adelante creyendo en ti mismo era la mejor táctica. Así que él por primera vez, o segunda si tomaba en cuenta el realismo de un sueño similar, la besó. No sabía si ella iba a corresponder, o si su mente se quedaría en blanco como la de él. Sus ojos estaban cerrados, y la falta de visión le hacía entender mejor lo que estaba sintiendo. Cuando la besó fue como si hubiera sido impactado por un relámpago. El fuego dentro de su corazón empezó a derretirse en su estómago. 

Cuando abrió los ojos y empezó a separarse no sabía cuánto tiempo había durado. Sus orejas estaban puntiagudas, y su cola revoloteaba de una forma que para cualquiera que lo viera indicaría su felicidad. Luego vería que ella aún sostenía con una mano las riendas, y sin saber bien que hacer, la ayudó a sostenerlas con una de sus manos. Se quedó mirando hacia delante sin decir nada, consciente de su rostro enrojecido como los ajíes que había devorado el lobo en la historia. Segundos después se giraría a verla de reojo, y le diría con toda la casualidad que podía entonar: —¿Dirías Woah de nuevo para mi? Mi corazón no se quiere detener.
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Re: El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

Mensaje por Itsuki el Miér Ene 11, 2017 9:49 pm

- ¡Totalmente segura! Mis padres y yo nunca pudimos permitirnos una y los vecinos no usaban sus animales para ello. - Aunque ahora que lo pensaba, mi padre tenía que haber manejado una, si había sido comerciante.

Mis pensamientos se detuvieron en cuanto le oí  decir aquello último. Abrí los ojos a la par que mis mejillas se encendieron. - ¿E-eh? ... - ¡eso sí que había detenido MI corazón!

Cielos, ¿cómo podría aguantar todo el viaje sintiendo esta verguenza? Nunca había estado en una situación igual... Por suerte para mí, Fran había roncado, señal de que tal y como pensaba, se había quedado dormido. Aproveché entonces y me intenté calmar para explicarle el por qué de mi reacción al decir que se habia emborrachado. No sabía si él se había tomado a mal aquella risa de alivio.

"Y también pensé que me quedaría aquí para siempre. Que no vendrías a buscarme." Eran los pensamientos más silenciosos que había tenido inconscientemente en lo profundo de mi ser. Tal como los hombres que me rentaban por una noche y nunca repetían.

En aquella pequeña encrucijada, su risa me vino bien para despejar toda idea que tuviera en mi mente. Ahora eso no importaba, no había pasado, no había ocurrido. Estaba con él, viajando. No era un sueño, no era un engaño.

Sonreí. No era exactamente lo que iba a soltar, pero sí que lo era en resumidas cuentas.Más casi me atraganto cuando dijo que él también pensaba que podrían atacar los bandidos. Ahí fue, que fui totalmente consciente del raspón que tenía en la barbilla y del golpe en la espalda. Esa vez no había sido a mi pueblo, todo fue bien, pero él no era el que había estado ahí para protegerme... Sin duda se iba a tomar mal eso en cuanto lo supiese. No iba a mentirle, no era propio de la gente de Sacae. Pero... ¿se lo diría?
Me quedé unos segundos con la boca ligeramente abierta, devolviéndole la mirada, sin saber qué responder exactamente.

Sin embargo, al escuchar nuevamente sus palabras, mi corazón relajó los nervios para ir a un ritmo más cálido.  Que al poco, también iría más rápido. Seguí hasta donde pude el movimiento de su mano, bailando tímidamente, hasta que sus dedos rozaron mi mejilla. Una corriente recorrió todo mi cuerpo en ese instante, acumulándose en el pecho, aprisionándomelo. Su caricia me hacía arder el rostro, tenía la sensación de estar quemando su mano. Levemente áspera, como una cerilla que quería encenderse; en contraste con mis párpados, que querían cerrarse. Aquella sensación, aquellos gestos con amor y con cariño... como nunca los habría recibido. Todo era nuevo.

Casi como aportando a que ese momento pareciera un sueño, la voz de Trombe resonaba en mis oídos, una y otra vez, como si fuera el detonante de algo que estaría a punto de pasar. Desde cuándo la situación se había vuelto de esta manera?  Siempre hubo algo en su personalidad que me atraía demasiado. ¿Qué eramos, entonces? Pensaba que todo estaba claro ahora, aún así... ¿estaría bien aquello? Nunca antes me había parado a pensar sobre ello, me había ganado el corazón.
Pero era cierto, ahora estaba bien, ahora estaba con él. Me sentía... feliz.

- Trombe... -musité.

¿Era esto el prólogo de ese algo? Apenas y podía seguir manteniendo la rienda con una de mis manos, no llegaba a estar rodeando mi muñeca y ya se hubiera escapado entre mis dedos. Mi concentración estaba en él, en su mano acariciando mi rostro, en su mirada ligeramente aguada, en sus... labios. "Está bien". El silencio sólo hacía que los tambores en mi corazón se escucharan por todas las planicies, como si dieran aviso de una cuenta atrás. A la par que él acercaba su boca, mis ojos le seguían, cerrándose completamente.
No pude ver más y comencé a sentir.

Un roce, un toque.

Un escalofrío por todo mi ser. El flujo de mi sangre marchando de abajo a arriba.

Un metal al rojo vivo que derretía la cera de una vela, en el instante de tocarla. Desde que sus labios se habían pegado a los míos, una bomba que sentía que iba a explotar en cualquier momento. Y que aún así, ese impulso que quería poner a prueba la explosión, me hizo inclinarme levemente hacia delante, para disfrutar mejor de aquel beso. Para aceptar todo lo que Trombe me quisiera dar.
No sentía dudas, aquello estaba bien. Todo estaba bien.

Pero como todos los sueños, la magia de aquél momento tuvo que pararse. Suavemente. Y sin embargo, no había sido un sueño esta vez.

Abrí los parpados, seguía mirando hacia abajo. Mis labios aún seguían cálidos y ligeramente húmedos. ¿Realmente había pasado? Al volver en la consciencia, pude ver como la cola de Trombe se agitaba felizmente. Seguí con la cara roja de la vergüenza, sin saber hacia donde mirar o qué hacer, hasta que él agarró la mano donde tenía todavía la cuerda y me ayudó a sostenerla.

- .......... - Recordando por donde íbamos, miré hacia adelante también, con ojos dudosos. Tragué saliva ante la petición de él, permaneciendo callada por unos momentos. Necesitaba recuperarme.

Asentí con la cabeza y carraspeé, luego tomé algo de aire. - ¡Wo...ah! -exclamé, intentándolo con más fuerza, pero la voz me había temblado. ¿Qué era, una adolescente de nuevo?

Al ver a Mare deteniéndose una vez más, no pude evitar soltar una pequeña risita. - A este paso no llegaremos a la noche, me temo... -dije con humor, pero mirándolo con resignación. Y era cierto, sería mejor que nos diéramos prisa en llegar a aquella capilla de la que hablaba Fran.

Con toda la conmoción, no me había dado cuenta que ya habíamos recorrido bastante camino, el paisaje ya empezaba a no ser familiar para mí. Seguramente estaríamos acercándonos a las fronteras de Sacae.
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Re: El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

Mensaje por Trombe el Sáb Ene 14, 2017 10:37 pm

La palabra que ella pronunció le hizo considerar que no le importaría congelar este momento y vivirlo eternamente. Sus ojos crujían como fuego en una hoguera cada vez que la veía, y eso ni siquiera llegaba a compararse con lo que sentía. Ella en su mente era un laberinto de sensaciones, y ya había pasado mucho tiempo desde la última vez que se había decidido a buscar una salida. De cualquier manera ella ya estaba allí, justo al lado de él, hablando con él, recordando con él, suavemente rozando contra su hombro y sonriendo. Cuando dijo esa palabra temblorosa, Trombe se detuvo y la loca carrera de en su corazón se calmó. Parpadeó varias veces y miró hacia adelante, y de repente evocó un destino para que los dos pudieran viajar. Quería ir con ella a cualquier lugar, donde sea que pudieran trazar todas las posibilidades que les deparaba el destino. Sí, ambos apenas acababan de empezar.

Así que la verdad sea conocida por todos y cada uno, la amaba. Tal vez había estado esperando una oportunidad para realmente admitirlo, para no dejar ni una pizca de duda en la mente de ella ni tampoco en la suya. Por supuesto, sus anteriores esfuerzos en el bosque fueron suficientes para que en ese entonces ambos sintieran el grado de sus sentimientos con toda honestidad, pero aquí, con el diseño diligente de un beso, esbozando palabras con los soplos de aire que mueven la risa, y sintiendo que cada vez que tocaba su suave piel de canela, su corazón se eriza, se enrolla y se desenvuelve alrededor de sí mismo, dejándolo propenso pero veraz a reconocer con cada pequeña acción sus sentimientos por ella, sabía que verdaderamente experimentaba todos los rigores que esta poderosa emoción podía ofrecer.

Sus labios todavía sabían a fresa cuando se rió de lo que Itsuki había dicho. Las llanuras extensas prevalecieron cuidadosamente conforme a la insinuación de ella, y en respuesta él le dio a las riendas un ligero chasquido con el movimiento de su muñeca. —Si tuviera mi rebaño de ovejas la noche nos llegaría aún más temprano. Normalmente para entonces ya estaría pensando dónde es que vamos a acampar antes de que se ponga el sol, y ya estaríamos durmiendo cuando empezara el atardecer.— Se quedó viendo el disco rojo en el horizonte, y luego apuntó más adelante para luego mirarla. —A esta hora es que estarías terminando tu trabajo en los campos, ¿no?— Le preguntó. Según su propia lógica, hablar con ella de su pueblo era una forma de no alienarla demasiado. A pesar de que ella había partido en un viaje que la alejaría de su hogar, como dice Fran, ella no había dejado arrepentimientos, ella había dejado buenos recuerdos con su madre y sus amigos.

Después de otra media hora de trayecto, Trombe todavía no se había sacudido los efectos del beso, por lo que el poco trecho que faltaba le convenía perfectamente. La iglesia era lo suficientemente grande como para que pudieran verla a una distancia considerable. Podían ver una torre y una campana como era de esperarse. —Ya casi llegamos. Toma las riendas mientras voy a despertar al monje— Bromeó Trombe pasándoselas y luego cruzando a la parte trasera. Fran seguía durmiendo, su pecho ascendiendo y descendiendo rápidamete. Cuando lo notó, decidió acercarse a despertarlo, ya que se imaginó que estaba teniendo una pesadilla, pero antes de que pudiera ponerle las manos encima, escuchó algo que estaba murmurando. No distinguió muy bien los detalles, pero se trataba de una oración, una plegaria. Tragó saliva sin saber bien qué hacer, y de pronto los ojos de Fran se abrieron como si nunca hubieran estado cerrados.

—Hey, ¿estás bien?— Le preguntó poniendo una mano en su hombro. Fran, cuando pudo confirmar que lo que sea que lo agobiaba era un sueño, sonrió y se pasó la mano por la frente. 

—No te preocupes, no pasa nada.— Explicó. —Incluso la peor pesadilla tiene que terminar. 

—Ya estamos llegando al monasterio.— Ambos miraron a Itsuki por un momento y Trombe, para profundizar la confusión del viejo, desvió la mirada. Este, aunque no entendía muy bien, supo traducir todo en una carcajada y una palmada en su espalda. 

—Hicieron bien.— Dijo mirando alternativamente a ambos.

Trombe se apresuró a responder. —El camino hacia acá no tiene bifurcaciones, así que no tuvimos que preocuparnos por perder la orientación. Así que no hicimos nada, en realidad. Si alguien merece las gracias tiene que ser Mare— Expresó el lobo tratando de quitar la atención de Itsuki y de él. 

Fran asintió llevándose una mano al mentón y luego dibujó otra sonrisa. —¿Si? Ya haré que ella me cuente todos las ocurrencias del viaje pues.— Trombe decidió mirar fuera de la carreta por los minutos restantes.

(…)

La presencia de una pared que bordeaba todo el terreno le daba una legitimidad a la iglesia y al pueblo aledaño al que acababan de llegar. Trombe, en un momento u otro, se habría subido la capucha para cubrir sus orejas, y su capa para su cola. Cuando se fijara en Itsuki, se apresuraría a comentar. —Algunas personas aquí conocen y creen el rumor del lobo— Empezó acomodándose las orejas debajo de la tela. —No quiero causar una escena— Le sonrió a ella y luego, cuando hubieron parqueado la carreta en el lugar que uno de los monjes les había indicado, se bajaron con sus respectivas pertenencias. 

—Hermano Fran, nos place tenerlo de vuelta. Y también Trombe.— El hombre de la ropa holgada y el cabello rubio recortado se detuvo a mirar a la otra integrante del grupo. —Y veo que vienen acompañados— Le preguntaría cuál era su nombre a Itsuki para segundos después dar el suyo. —Por cierto, mi nombre es Dante, y soy el padre de esta modesta iglesia. Entiendo que han viajado un buen trecho. Les ofrezco una cena caliente y un lugar par dormir. Podemos hablar de otras circunstancias mañana— Mientras dijo esto miró fijamente a Fran que pareció adoptar una postura algo preocupada cuando lo escuchó decirlo. 

—Bueno— Fran se volvió hacia Trombe e Itsuki mientras se daba media vuelta. —Trombe, ¿puedes mostrarle a Itsuki su habitación? Yo iré a hablar con Dante para confirmar algunos detalles— Fran prácticamente se esfumó por un pasillo cuando dijo eso. Trombe esperó dubitativo por unos segundos antes de recuperar su compostura, y sin titubear ni un segundo, tomó con fluidez la mano de ella y le indicó que mirara hacia afuera. —Ven, quiero mostrarte algo.— Empezó a caminar hasta salir de la iglesia, y dobló en una esquina junto a la carreta que habían parqueado. Más atrás, empujando una puerta, ambos pudieron empezar a escuchar un sonido familiar. 

Cuando Trombe dio unos cuantos pasos dentro, ambos pudieron ver todas las ovejas que habían en el establo. Luego se volvería hacia Itsuki con una sonrisa. —¿Las recuerdas?
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Re: El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

Mensaje por Itsuki el Vie Ene 27, 2017 9:31 pm

Aún sentía mis labios cálidos. No había sido para nada lo que había pasado en mis sueños, le había aceptado. No había sido forzoso, lo había visto venir y aún así le dejé paso. Desde hacía tiempo que yo también deseaba lo mismo. Sentía que la felicidad rebosaba dentro de mí, aún quedaba mucho camino por delante y ya habíamos comenzado con buen pie. Nuestro viaje.

Noté como él había pegado un pequeño latigazo a las riendas, ya que una de mis manos seguía en su sitio, mientras con la otra me dedicaba a juguetear con un lado de mi gabardina. Escuché lo que me contaba de sus ovejas, realmente el camino de un pastor era lento, pues tenía que ser paciente con su rebaño. Recordé que el primer día que había venido al pueblo, aún no se había ido el sol, pero ciertamente estaba oscuro por la lluvia.

- Sí, así es. El sol es crucial para todas las plantas así que por eso aprovecho todas las horas de sol posibles. Me acuesto temprano para levantarme nada más queden pocos minutos antes de que el sol se asome, y cuidar el campo de cualquier problema que hayan pasado por la noche, prepararlas para el día. Primero riego todo en caso de que no haya lloviznado por la noche o el tiempo no esté húmedo. Tras eso, remuevo bien la tierra y preparo la mezcla de abono para los nuevos cultivos, que han sido previamente germinados y los cuales luego planto con cuidado en el lugar que corresponde. ¡Es importante dejar también una distancia entre ellas! -expliqué todo poco a poco, haciendo gestos con la mano libre- Luego me dedico a podar tallos y otras imperfecciones que hayan podido surgir, quitando las partes muertas y antes de arrancar los malos hierbajos.  Compruebo todos los frutos para recoger aquellos que ya estén listos, limpio los que no para evitar que atraigan insectos. Y finalmente, les pongo un poco de fertilizante natural a aquellas que lo necesitan, para que ayude a su crecimiento. El resto del tiempo vigilo el campo o me dedico a intercambiar los productos con otra gente del pueblo. -sonreí- Incluso dos veces al mes, si da tiempo, voy a vender a la ciudad. -hice una pausa- ... Y básicamente eso es un día normal, o solía serlo. Disculpa por todo el rollo que te acabo de soltar, -reí- sé que puede sonar aburrido pero es a lo que me he dedicado toda... -corregí- casi toda mi vida.

Rato después, ya se podía ver la torre de aquella iglesia a lo lejos. No acostumbraba a ver aquella clase de edificios por Sacae, así que definitivamente tendríamos que estar ya cerca de las fronteras. Tomé las riendas como me había pedido Trombe, asintiendo con una sonrisa divertida en el rostro por cómo había llamado a Fran, "monje". Mientras él se había ido hacia atrás, seguí mirando hacia delante, guiando a Mare.
Desde hacía un rato que quería tocarme los labios yo misma con mis dedos, para comprobar si aquello había sido cierto o había sido una mera ilusión. Así que aproveché que él no miraba para rozármelos con el dorso de una de mis manos. Sí que había sido cierto, ya lo sabía, pero aún así no podía sacarme aquél beso de la cabeza.

Sin embargo, la rojez de mis mejillas enseguida desapareció al escuchar un "¿Estás bien?" proveniente de Trombe. ¿Huh? ¿Le había pasado algo a Fran? Miré hacia atrás de reojo. Al parecer el hombre había tenido una pesadilla. Permanecí en silencio y volví a mirar al frente, por si querían un momento a solas. ¿Estaba bien dejarle solo?...

Pero pronto volvió a ser el mismo comerciante sonriente de siempre. Así que yo también sonreí- Mare es realmente una buena yegua. -comenté, había disfrutado llevar las riendas.

Al llegar, Trombe se había colocado la capucha por encima. Lo miré, no lo veía así desde el primer día que lo había conocido. - Sí, es mejor andar con cuidado para evitar problemas. -coincidí, asintiendo con una sonrisa, antes de bajarnos de la carreta y entrar al lugar.

- ¡Encantada! Mi nombre es Itsuki. -me presenté ante quien parecía ser el monje de aquél lugar- Soy... -me quedé un segundo en silencio. ¿Quién era, ciertamente? ¿Qué iba a ser a partir de ahora? ¿Qué es lo que debía decir entonces? - una simple campesina, pero ando viajando con ellos. -no estaba mintiendo, al fin y al cabo- Le agradezco que nos ofrezca cobijo. -sonreí amablemente. Así que él era el padre Dante.

- ¿Hmm? -miré a Fran irse rápidamente. Fran se estaba comportando de una manera un tanto extraña el día de hoy, pero confiaba en ellos. Trombe tomó mi mano, a lo que di un leve respingo nuevamente, y le seguí hasta donde quería llevarme con las mejillas sonrosadas.
Al salir a la parte de atrás del edificio, en una cerca comencé a escuchar el balido de unas ovejas. Efectivamente, al entrar al establo, estaban allí. Sonreí de vuelta a Trombe.

- ¡Tus ovejas! -no era experta en reconocer a cada una de ellas, pero por cómo lo había dicho, imaginaba que eran las suyas. - Así que aquí era donde estaban a buen recaudo. Cuánto me alegro de que estén bien. -sonreí mientras me acercaba cuidadosamente a una de ellas, para acariciarle el suave morro. La criatura empezó a intentar rumiarme delicadamente la mano con sus labios.

- Ey, ¡que no soy ninguna hierba! -reí. Pero le sabría a campo, de eso estoy segura.

Con una sonrisa, tras finalmente acariciar el lomo y cabeza a otro par que se me acercaron, miré a Trombe con una expresión algo preocupada. No sabía si sacar el tema sería acertado, pero necesitaba saber de él, saber su opinión.

- Me pregunto qué le ocurre a Fran... -comenté, dejando la frase al aire.
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Re: El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

Mensaje por Trombe el Miér Feb 15, 2017 12:23 pm

Flequillo a un lado, la amplia y curvilínea sonrisa en el rostro de ella disipó la sombra de preocupación que se amontonaba en el corazón de él, al menos momentáneamente. Pero de alguna forma Trombe sentía que ese momento era suficiente, que una cara sonriente, unos ojos amables y una intención no del todo inocente, quizá algo enigmática, aminoraba sus preocupaciones en su mente. Al verla tan feliz por sus ovejas, esas que ya no le pertenecían, Trombe entendía que a ella sí la tenía; que aunque tanto la vida a él le había quitado, más que eso Itsuki le devolvía. Además, las ovejas eran innegablemente adorables, así que era imposible verlas y no sentirse enternecido. Dejándose llevar por el sentimiento, Trombe intentó acariciarle la cabeza a una de ellas, y para su sorpresa, se dio cuenta de que esta de su alcance se alejaba. Vio algo entretenido cómo la mayoría de las ovejas empezaban a rodear a Itsuki como lo harían con él en el pasado.

—Ahora que lo pienso, fueron las ovejas que nos permitieron conocernos aquella vez.—Notó por un momento para luego desviar una tenue mirada. Carraspeó tras unos segundos de introspección, y continuó cambiando el tema. —Son pieles realmente finas. Siempre lamenté no haberle regalado algo de lana a tu mamá. Recuerdo que me dijiste que a ella le gustaba coser.— Franqueó mientras buscaba algunas verduras en una canasta puesta en una mesa, y caminaba hasta el círculo ovino, obviando por un momento la pregunta que ella había hecho, mientras les mostraba a ellas lo que había traído. Efectivamente dejaron de rodear a Itsuki y empezaron a mordisquear los vegetales con entusiasmo. Luego de hacerlo la miró y comentó sin mucho trasfondo: —Venderle las ovejas a la iglesia fue la idea de Fran, ¿sabes? Él insistió que yo necesitaría el dinero para empezar mis viajes. Ya no me necesitaba como pastor de ovejas aparentemente.— hizo una pausa considerando sus siguientes palabras, y luego sentenció:  —Creo que él ya no quiere ser un mercader. Quiere ser otra cosa. Algo más…relevante, pensó en decir, pero por alguna razón no lo hizo.


El sonido de las ovejas rumiando los vegetales espació la conversación y Trombe recogió nuevamente la canasta colocándola encima de la mesa. Trató de amortiguar sus palabras con algo de humor. —Además, los monjes sólo tienen que vivir de sus campos, así que el comercio con ellos no es especialmente rentable. Siempre solicitan donaciones y dejan sus facturas sin pagar. Es una buena vida. No estaría suponiendo si dijera que me dejó,—por un momento vio a Itsuki y retractó sus últimas palabras. 

—Digo, nos dejó, sus deudas.—Terminó con una pequeña carcajada. Después de hacerlo escuchó la voz de alguien que los llamaba para la cena. —Bueno, mejor nos vamos. No se tú, pero ver estas ovejas me ha dado hambre.— Murmuró con la inflexión de una pícara sonrisa. 

Saldrían del granero y luego seguirían a un monje algo joven que aparentemente había sido asignado como su guía. Su cabello rubio estaba recién recortado, y asimismo como su novedosa presencia en este monasterio, su fe empezaba a flaquear cuando Trombe advirtió que parecía hacerle una más que cortés conversación a Itsuki. Antes de considerar la posibilidad de que tuviera que mostrarle uno que otro colmillo, Trombe recordó ese momento cuando Itsuki estaba pensando en viajar con un herrero de bulgar. Ella había escogido irse con Trombe, por lo que estaba seguro de que ella no se interesaría en su ligero abordaje. Aún así, consideró propio hacer algo al respecto. 

Mientras pasaban por al lado de Mare, que estaba atada a un tocón, Trombe le escurrió una mirada hostil complicidad, de esas que sólo un lobo puede generar, y luego con su mano rodeó el hombro de Itsuki y la atrajo hacia él. Como había calculado, la yegua, reaccionando espléndidamente a su señal, relinchó con fuerza y se encabritó, sorprendiendo al monje que cayó de bruces al suelo. Trombe simplemente sonrió por dentro y aún rodeando el hombro de Itsuki le preguntó si estaba bien. Cuando este se puso de pie, se limitó a llevarlos al comedor sin hacer ningún otro comentario. (Buena chica) Pensó Trombe picándole un ojo a la yegua. 

Cuando llegaron al comedor, alcanzaron a ver, entre otro grupo de personas, a Fran y Dante sentados lado a lado. Mientras se acercaban, Trombe alcanzó a notar que su conversación no parecía del todo amenas, ya que Fran tenía la misma expresión que tuviera al despedirse de ellos anteriormente: La de una clara indecisión. Trombe finalmente apareció junto a ellos y vio cómo las palabras se desligaron y ambos reaccionaron invitándolos a sentarse.

—¿Ya les enseñaste las inmediaciones a Itsuki? ¿Ya le mostraste dónde es que van a dormir? -preguntó Fran tratando de forzar una sonrisa insinuante. Normalmente su respuesta sería un indudable sonrojo y un retazo de indiferencia, pero, esta vez, para Trombe, su intento de hacerlo sentir incómodo sólo agravó las preocupaciones que traía por dentro. 

—Ah, lamento que aquí no hay mucho que mostrar todavía. Somos apenas una extensión de las iglesias de Santa Elimine. Cuando ustedes pasen por Etruria podrán ver todas las gracias con que nos han convidado los Dioses.— Explicó Dante mirando de reojo a Fran. Sin duda había algo que tanto Itsuki como Trombe desconocían, y tenía que ver tanto con la iglesia, como con Fran. 

Apartando sus dudas momentáneamente, Trombe, aún con todo su holgado indumento, terminó de sentarse y se entretuvo el resto de la velada picoteando su comida y escuchando las numerosas conversaciones en las que Itsuki se vería enfrascada. La mayoría de ellas redundaban en el hecho de su fe. La invitaban a volverse un apóstol y propagar las enseñanzas. Nada fuera de lo común para los viajeros que se detenían en sus puertas. 

—Por cierto, ¿han escuchado el rumor de una nueva "religión" surgiendo entre las planicies de Sacae? He escuchado viajeros que traen historias de pueblos donde aparentemente rinden culto a lobos. Estos tiempos de guerra dan lugar a todo tipo de locuras malditas.— Empezó Dante. 

Trombe compartió una mirada con Fran y luego con Itsuki, tratando de emular una nerviosa sonrisa. —Bueno, la gente necesita algo en qué creer.— Dijo para luego dar un trago de su bebida. 

—Nuestra Santa Elimine abriga a todos los que la busquen. Esas creencias paganas sólo manchan nuestras sagradas tierras. — Dijo de forma concluyente. Trombe no dijo nada más, sintiendo que no tenía por qué defender un rumor que él mismo inventaba. Aún así, estaba genuinamente sorprendido de que algunas personas adoptaran tan fielmente su mentira. A pesar de que sus intenciones al inventar ese rumor habían sido buenas, no estaba del todo seguro si este era el fin que él quería.

Después de que hubieron terminado la cena, Trombe se excusó y le dijo a Itsuki que saldría un momento a tomar aire libre. El día de hoy había estado cargado de sucesos. El mañana seguramente prometía algo similar. De suceder todo como lo tenía previsto, él e Itsuki entregarían la carta en la iglesia principal de Santa Elimine en Etruria, y luego estarían un paso más cerca de llegar a Durban y encontrarse con Feldsphar. Aún así, no estaba tan seguro del trayecto como lo estaba del destino.
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Re: El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

Mensaje por Itsuki el Vie Feb 17, 2017 11:33 pm

Noté que él no había respondido a mi comentario, pero aún así se me dibujó una sonrisa en el rostro. Era cierto, aquél recuerdo disipó mi momentánea preocupación. Bajo la necesidad de dar cobijo a aquellas ovejas en aquel día inusualmente lluvioso en las planicies de Sacae, fue que pude conocerlo. Un encuentro casual, pero extraño a la vez. De esos que jamás uno hubiera llegado a pensar que podría haber sucedido todo lo demás...

- Cierto es... -lo miré mientras seguía acariciando a las ovejas, cuando un poco de la preocupación me volvió, al pensar en mi madre por sus palabras. Pero sabía que ella estaría bien, seguramente a estas horas ella ya estuviera durmiendo. - Pero no te preocupes, seguro que más adelante se puede dar la oportunidad de nuevo. -sonreí, creyendo fielmente que iba a regresar en poco tiempo.

Le escuché hablar de Fran al fin. ¿Así que era eso? El señor Thureo quería ser otra cosa... posiblemente un monje, debido a su reciente interés por la religión. Pero aún así había... había algo que no cuadraba, no sabía el qué. Seguía estando raro, la entera situación se veía extraña. Pero preferí no comentar nada más, pues sabía que Trombe estaba algo afectado... o al menos se veía así. Es decir, si yo lo notaba... él, que lo conocía de más tiempo, obviamente iba a estar más preocupado.

- ¿Ehhh? ¿Qué clase de deudas? -reí también, respondiendo con humor. Tampoco pude evitar soltar otra pequeña carcajada ante su ingenuo comentario. Un lobo que no se comería sus ovejas... ¿o lo decía por la comida de estas?

[...]

Honestamente, me sentía incomoda con aquel joven rubio, pues entendía al momento su comportamiento... Gracias a que la experiencia me decía que era parecido a aquellos hombres en los bares de Bulgar. Pues para ser un monje, ¡vaya que se atrevía a intentar cortejar conmigo...!
Aun así, le tenía que responder con amabilidad, como solía hacer normalmente, pero especialmente ahora, pues estaba en un lugar en el que debía ser cortés y agradecida. Aunque no estaba lo mas mínimamente interesada en el, no me gustaba ese tipo de personas. Además, Trombe ya ocupaba el lugar en mi corazón...

Y en menos de un segundo ocurrió todo. - !!! - Noté como su brazo pasó por encima de mi espalda, aquella que seguía con el gran golpe marcado en el interior de mi ropa, para colocarme su mano sobre mi hombro, llevándome hacia él. El corazón me latía a mil por hora, cuando justo me di cuenta de que el monje rubio se estampaba contra el suelo, tras escuchar el relincho de Mare. Espera...

¿Trombe acababa justo de...?

Al escuchar la pregunta de él, me di cuenta. Seguía demasiado sorprendida con las mejillas ardiendo, como para darme tiempo a preguntarle también al rubio si estaba bien. Cuando se levantó en silencio, le lancé a Trombe una mirada de circunstancias, avergonzada en el interior. Pero a la vez, aguantándome la sonrisa para no acabar riendome ahí mismo por lo que había hecho. ¡No me lo creía! Al menos... había logrado zafarme al desconocido de encima como si me hubiera leido la mente. Esbocé una pequeña sonrisa tímida y seguimos hacia dentro del comedor. Allí nos esperaba Fran junto al resto de personas de la iglesia.

... ¿"Van"? ¿dónde VAMOS a dormir? ¿E-en plural? ¿Trombe y yo? Aunque bueno, recordé que ya había dormido junto a él la vez pasada. Pero aún así... era distinto, aquello había sido como una acampada. Esto sería en una misma habitación... en una misma cama.
Igualmente, su comentario había sonado extraño. Todo el ambiente era extraño. Pero terminamos de sentarnos.

- Ahaha... Sí... -respondía a todo lo que me decían, siguiéndoles amablemente la conversación como podía, pues no era una persona muy religiosa. - Estoy segura de que en nuestro viaje por Ertruria visitaremos muchas capillas de Santa Elimine. -Si había alguien a quien en el pueblo le diéramos gracias por las cosechas era a la gran heroína Hanon, quien nos proporcionaba su viento típico de las planicies.

Tenía que estar agradecida porque nos dieran cobijo... así que tuve que callarme toda mi opinión. Era sincera con lo que decía, pero prefería no soltar demasiado de la cuenta, pues evitaba tener que mentir.
Bebí de mi taza y casi me atraganté al escuchar el rumor. Miré de reojo a Trombe, algo incómoda. Y respiré hondo.

- Bueno, ya saben que Sacae es lugar de muchas culturas unidas, variadas, gracias a los nómadas. -contesté, forzando una sonrisa, esperando que no fueran aquella clase de gente que no pensaba muy bien sore losenómadas. Gracias a ellos era que Sacae podía mantenerse medianamente a salvo. Pensé en la señorita Lyn, con quien había intercambiado pieles, aquella que había tenido que cuidar un día en mi casa. Me preguntaba por donde estaría cabalgando aquella jovencita ahora. - Por tanto... Cada aldea cuenta una cosa diferente, ciertas o no.

- Yo... -dudé unos segundos sobre si seguir hablando o no, pero algo me hizo necesitar soltarlo todo- Sinceramente no pienso que sea ninguna locura y mucho menos algo maldito... -murmure en bajo, mientras mi mano en mi bolsillo sostenía con fuerza la moneda.
¿Sería inadecuado hablar de estos temas con religiosos? Yo desconocía todo lo que se saliese fuera de lo normal en Sacae. E incluso menos.

Me aclaré la garganta y seguí. - Aunque los lobos de por sí, son animales fuertes y hermosos. -dije bien claro- No veo que haya de malo en respetar algo tan unido a la naturaleza. Sacae es un país fuertemente enlazado con esta. -y añadí enseguida, para evitar que se lanzasen encima- Estoy segura que nuestra señora Santa Elimine pensaría lo mismo, y quisiera que todos nos respetáramos por igual... Creo fielmente que es por eso que nos brinda con sus hermosas iglesias por todo Elibe. -comenté con la voz mas decorada posible, casi seductora; solía ser un truco entre las cortesanas hacer comentarios de ese estilo para lograr convencer a los demás.

Mientras en el fondo, mi pecho latía velozmente, esta vez por estar algo nerviosa, sin mostrarlo externamente. Y esperaba no estar haciéndolo mal, mucho menos causar un problema para Fran y para Trombe. Es lo que menos me gustaba, meterme en líos, los evitaba en la mayor medida de lo posible. Pero creo que salí bien parada de aquella conversación, mientras terminaba mi plato.

- ¿Mmm? -Trombe se había levantado, diciendo que saldría afuera un rato. Entonces decidí seguirle, así que al terminar de comer yo también hice una reverencia. - Muchas gracias de verdad por vuestras palabras y por la cena, estaba deliciosa. Sois muy amables. -esbocé una amplia e inocente sonrisa mientras me levantaba cuidadosamente y salía también del lugar.

Una vez afuera, me quedé mirando la espalda de Trombe sin decir nada por unos minutos, no quería presionarle. El cielo ya estaba completamente oscuro, era bastante tarde, pero eso no me impidió observar su capa cubriendo todo lo que quería ver; sus orejas por detrás, su pelo recogido en aquella larga coleta, su espalda, su adorable cola.

Suspiré en silencio y dí un par de pasos hacia él, aún detrás suya. Coloqué mis manos dentro de los bolsillos de mi gabardina. - ... Aún no me has enseñado, -pausé, sin saber si decir "mi" o... "nuestra"- ...la habitación.

- Mañana nos espera otro largo día, ¿no crees? -pregunté dulcemente.
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Re: El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

Mensaje por Trombe el Lun Feb 20, 2017 2:25 am

Itsuki quiso decir exactamente lo que dijo. Ella dijo lo que sentía, lo que quería sentir. No se mentía a sí misma. Mientras que Trombe se cubría, carraspeaba, ocultaba lo que decía, ignoraba a Fran sin indagar en eso que quería indagar, ella era sincera consigo misma. En el pasado él mismo había visto los ojos Feldsphar, alguien que vivió una vida solitaria por mucho tiempo, alguien que se había visto obligado a ocultar sus sentimientos, explayando su alma frente a él, en ese entonces, apenas un conocido. ¿Qué tenían ellos dos para poder mantenerse fiel a su naturaleza? Ellos se mostraban sin excusas, sin tapaduras; quizá por eso los amaba, a cada uno por distintas razones claro. Feldsphar siempre le recordó a quien él había sido, quien él era. El rubio apelaba a esa parte de Trombe. Itsuki, por su parte, era algo que el quería; alguien que tan abierta, que no oculta nada, que se mostraba así como era. Ella para él era como un sentido de pertenencia. Algo que el quería obtener y mantener para siempre. 

Haciendo caso omiso a la ensoñación de los pensamientos que orbitaban en su mente, Trombe escuchó primero los pasos, y luego la voz de Itsuki detrás de él. Se sentía tan natural, que pensó que le parecería extraño estornudar y no verla allí. A estas alturas se sentía como esas personas que describen en todos esos poemas. Se sentía como esos trovadores que acurrucaban en sus notas las pieles más tiernas de la humanidad. Sin duda esa voz que tan suave llegaba a sus oídos hacía que la punta blanca de su cola revoloteara. Cuando la escuchaba, recordaba el calor de un beso y quería zambullirse de vuelta en él. Itsuki era inconfundible, era indefinible. Ella era humana, sin embargo se sentía tan diferente a una persona cualquiera. Se sentía más importante. Cuando la miró por encima de su hombro, finalmente no pudo contenerse.

Se volvió, poseído por un sentimiento que era muy intenso, y sin pensarlo dos veces, la abrazó. No sabía exactamente por qué lo hacía. Tal vez no necesitaba de una razón más persuasiva que el deseo de querer hacerlo; la certeza de que ella estaba aquí y podía abrazarla. Al pensarlo se imaginó que nada tenía más claridad que eso. Trombe se había estremecido al pensar en lo que Fran escondía, se había estremecido al pensar en lo que las palabras del padre Dante sugería, pero con Itsuki la iniciativa conversacional no tenía que estar atada con hilos. Podía ser pura, expresiva, genuina. Lejos de sentirse nervioso, abrazándola, se sintió tranquilo. —No me molestaría pasar la noche así.— Fue lo único que dijo por un buen rato. 

Durante un momento Trombe arrugó su nariz que estaba presionada contra el pelo de ella, y estornudó mirando por encima de su hombro. —Bueno, más arropados, claro.— Continuó para luego desligar el abrazo, y escurrir su mano suavemente en la de ella. Maquillado completamente por un portentoso rubor, Trombe le dijo que cerrara los ojos y que lo siguiera. —Conozco el lugar indicado.— Dijo él. Caminaron por un momento, Trombe guiándola y cerciorándose de que ella no se tropezara, y luego de unos momentos, habiendo cruzado una puerta, Trombe finalmente soltó la mano de ella. —Aún no abras los ojos.— Tras decirlo pasarían casi dos minutos. Pero cuando él finalmente volvió, le dijo a ella que abriera los ojos.

Se trataba de una cama improvisada con la paja que estaba acumulada en el granero. Dadas las circunstancias, el lugar era en sí más confortable de lo que normalmente sería. Había puesto una manta debajo sobre la que se acostarían, y otra por encima para cubrirse. —En la iglesia tendríamos una cama pero también tendríamos que compartir con otros la habitación.— Trató de explicar su razonamiento. —Además, creo que tú y yo estamos más acostumbrados a algo como esto.— Se sonrojó un poco, pero mantuvo el tono casual y una sonrisa que atrapaba todo el aliento que aún no expulsaba. Mientras anticipaba su reacción, decidió quitarse la capucha, mostrando así sus orejas y su cola. Enrolló su capa y la colocó herméticamente en una esquina mientras se quitaba el calzado para recostarse en el montículo de paja. 

Era más cómodo de lo que pensaba. ¿Qué tan cómodo estaría el lecho junto al cuerpo de ella? Él no lo sabía. Aunque ciertamente lo imaginaba.
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Re: El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

Mensaje por Itsuki el Lun Feb 27, 2017 10:31 pm

Las palabras sobraron en aquella respuesta suya que había recibido repentinamente, haciéndome entreabrir ligeramente los labios de la sorpresa. Aunque tampoco se podía decir que no lo había visto venir. Trombe era... cálido. Se sentía cómodo entre sus brazos, era la primera vez que me abrazaba de aquella manera. Se sentía tan diferente a cualquier otro tipo de abrazo que había recibido...
Correspondí a su abrazo pasando mis manos acariciando sus costados hasta llegar hacia su espalda, y apoyando la cabeza en su pecho.

Tan reconfortante... Era la primera vez que sentía su cuerpo con tanta cercanía, que mis manos se atrevían a posarse por encima de su ropa, pero siendo presionadas contra su espalda. Su pecho era cómodo, incluso podía llegar a escuchar un poco de sus latidos. Los cuales, junto con el tacto tan directo, me demostraban que era real, que estaba allí, que no me iba a dejar.

Mi cuerpo entero se tambaleó internamente por el golpe que había pegado mi corazón al escuchar sus palabras. Pasar la noche abrazados... Si era así, estaba bien, ya que una parte de mí no podía imaginar el otro sentido que significaba aquello. Pero él no era aquella clase de hombre, lo sabía. Eso me había enamorado de él.
... ¿O sí lo era?

Su estornudo me sacó de mis pensamientos, aunque aún no me atrevía a mirarlo, pues la vergüenza demostrada en mi cara me lo impedía. Él tenía frío, y ciertamente corría algo de viento por la noche. Pero al ir deshaciendo el abrazo me di cuenta. ¿Cómo decirle que yo sí estaba bien?... Pero claro, no era lo mismo. Su cuerpo era más grande que el mío, así que yo no podía ofrecerle la misma calidez que él a mí.
Cuando conseguí mirar hacia arriba me encontré con la agradable visión de la rojez de su cara... una lástima que me pidiera cerrar los ojos entonces.

- ¿Mm...? - Procedí a cerrarlos y a seguirle, sin ni siquiera preocuparme de si me caía, pues confiaba plenamente en él. Fui guiada por su mano, la cual se mantenía entrelazada con la mía. Me preguntaba a dónde me llevaría...

Al rato, parecía que habíamos llegado a una especie de cuarto, olía bastante como mi casa, era un aroma peculiar pero relajante. Cuando soltó mi mano estuve a punto de abrir mis ojos, sin hacerlo pues me lo había pedido.

- ¿Eh? Vale. - Me quedé entonces quieta, permaneciendo con los párpados cerrados. Aquellos minutos pasaron como una eternidad, ¿qué me quería enseñar? ¿y a dónde me había llevado? ... ¿Acaso no iba o íbamos a dormir dentro de la habitación de la iglesia?

- Q- qué... -exclamé nada más abrir los ojos, para seguidamente soltar una pequeña carcajada que no pude evitar. Por un momento había pensado que sería un cuarto externo, pues la cama no me había sorprendido tanto, ya que yo misma dormía en una así.

Pero aquél lugar... era un granero. No me esperaba eso, miré a Trombe con una sonrisa inocente y divertida. - ¿Lo dices en serio? - La verdad es que si al final teníamos que haber compartido habitación con todos los demás... sería incómodo, con tanta gente.

Pero... eso significaba dormir juntos, los dos solos, en aquel granero.

Quise sonreír una vez más y darle las gracias por escoger ese tipo de cama, o incluso seguir riendo por sus divertidas ocurrencias que no dejaban de sorprenderme. Pero me quedé unos segundos en silencio, intentando calmar mi conciencia, con la cara fuertemente encendida.
... No podía evitar tomarme en serio eso, aunque no era el momento.

Bajé el rostro mientras él se daba la vuelta para ponerse cómodo. Intentaría tomármelo con humor, sí. Aquella situación era tan vergonzosa que mis pensamientos estaban inquietos.
¿Qué haría? ¿Le mentiría diciendo que prefería el cuarto con todos los monjes cuando obviamente no era así? Además, no me gustaba mentir, no lo hacía nunca.

Al acostarse en la improvisada cama, miré el resto de ella... ¿sería lo suficientemente ancha para los dos?

- S-se van a preocupar por nosotros al no vernos allí. -Comenté intentando esconder mi nerviosismo y pasar desapercibida mi vergüenza, como si aquello fuera totalmente lo más normal del mundo. - Hahaha... - ¿Qué me pasaba? ¿Por qué no podía bromear como siempre? Si ya había dormido junto a él, no me explicaba...

Dí dos pasos hacia mi lado de la cama y me desprendí de la gabardina, dejándola a un lado cuidadosamente. Todo de cara a él pues la prenda que llevaba por debajo no cubría por completo mi espalda, y aunque mi cabello fuera largo... temía que llegase a ver el gigantesco moratón por accidente, mientras estuviera a su lado.
Mientras me acostaba rápidamente y me cubría con la manta de arriba, fui consciente de nuevo, de la pequeña costra de mi barbilla. Él no me había preguntado sobre ella en todo el trayecto, así que supongo que pensaría que sería una raspadura por mi trabajo en el campo.

- ... B-bueno, buenas noches. - dije después de un silencio incómodo. Más mi corazón bombeaba a mil por hora mientras podía ver de reojo el cabello y las orejas de Trombe acostado tan de cerca.
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Re: El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

Mensaje por Trombe el Vie Mar 03, 2017 4:43 am

—Muy en serio.— Afirmó Trombe. Un sentimiento extraño, que parecía penetrar desde bien dentro, comenzó a consumir la distancia, atándolos fijamente, perfectamente conservados en esta dimensión que es demasiado real, que no es una vaga ensoñación como antes. Por supuesto, la implicación, la sábana arrugada por su cuerpo, las tentaciones de un sueño llamativo; trombe tenía frío, quería arroparse hasta la cabeza y no salir nunca de la escuálida gruta en la que se sentía atrapado. 

Se sentía ligeramente nervioso porque, a pesar de que había proyectado la frase con una sonrisa juguetona, a su dentadura le faltaban más que unos cuantos colmillos para que se le tomara en serio su doblejuego sin que la atención de ella se viera atraída por el poderoso carmín que inflamaba sus mejillas. —Aunque dormir todos esos días con Franz apenas pudo prepararme para un momento como este.— Murmuró después mientras se quedaba viendo el techo, esperando seriamente mientras el sudor de su alma salpicaba; y su cuerpo temblaba como gelatina, y luego el toque milagrosa de la voz de ella, suavemente bailando en el aire.

Los pálpitos no paraban. Las ondulaciones en su cola no cesaban. La rigidez prominente de todo su cuerpo no se aflojaba. (Estás en el bosque), piensa. (Acústica forestal; hierba y arbustos verdes en todas partes; sólo están ustedes dos y la vegetación que se mueve con el viento) Pero él, al igual que ese árbol imaginario, que ese filamento de hierba ficticio, parece estar temblando por un viento más poderoso que cualquiera. Abanicado por todos las tormentas, tragando saliva tres veces, agujas punzando cada pulgada de su piel, ardiendo, raíces retorciéndose, mirada volviéndose estrecha, volviéndose como ella, moldeándose al contorno de su cuerpo, bloqueando toda la luz exterior, humedeciéndose los labios y pronto se queda sin aliento. 

La voz de Trombe pareció serpentear entre una docena de colinas antes de salir de su garganta. 
—Dicen que hasta los dioses se enojan si dependes mucho de ellos.— Trató de explicar mientras arrugaba su garganta. —Además, seguramente Franz podrá inventarse una excusa más o menos creíble para nuestra ausencia.— Asintió lentamente a medida que la veía moverse, y repentinamente se teñía de la pedregosa rigidez que le atribuía a la silente contemplación de la espera. Cuando finalmente Itsuki yacía en su lugar en la cama, fue inmediatamente reconocible por el lobo que ella lo estaba viendo. No solamente eso; de acuerdo con el escalofrío que sentía, ella estaba acostada mirándolo directamente, como si quisiera abrigarlo; más calor, más candor.

De pronto, sin previo aviso, la habitación parece que se llena de la luz de mediodía, una luz potente que le recuerda lo hermosa que ella es; que hace que Trombe se fije en cada uno de sus cabellos, sintiendo que la respiración de ella es tibia, que sacude todos sus sentidos. Las miradas de ambos eran como dos avecillas que se perseguían y huían la una de la otra al mismo tiempo. ¿Acaso él tenía que…? El hecho de que Itsuki orientara su cuerpo hacia él a pesar de que supiera que en esta posición ambos estaban más que un poco avergonzados le parecía intrigante. ¿Acaso ella quería decirle algo con eso? ¿Acaso quería que él hiciera algo?

La voz de Itsuki surgió nuevamente y estrechándose por dentro, sintió que la pregunta alarmante se perdía en el olvido cuando su mente se sintonizaba con otra voz más importante. —Oye…— Empezó y luego su voz se cortó abruptamente para luego recomenzar unos segundos más tarde. —Allá adentro, en el comedor, frente a todas esas personas…— Continuó sintiendo que sus tímpanos explotaban con cada uno de sus pálpitos. —Lo que dijiste…Eres muy valiente.  De las personas más valientes que conozco.— Enfatizó y una sonrisa empezó a hacerle cosquillas en los labios. —Me hizo feliz escucharte. Me sentí orgulloso cuando lo dijiste. Me gustaría ser como tú.— Se rascó la mejilla mientras miraba momentáneamente hacia abajo sin saber cómo explicarlo. 

Todo lo que estaba frente a él era ella. Podía sentir algo detrás de sus ojos, una comezón debajo de su piel, escurriéndose entre sus labios, llenando su nariz y sus mejillas. Un cálido aliento consumía la distancia. Esta situación estaba insinuando algo, pero ni siquiera la mitad estaba llegando al cerebro de Trombe en este momento. Un choque apasionado de letras reventando en su corazón, contrayendo cada músculo de su cuerpo.—Te amo; eso es lo que quiero decir. -amontonó más paja para hacerse una almohada, y luego cerró los ojos. 

—Buenas noches.

Por alguna razón el movimiento de su cola le decía que no iba a poder dormir por un buen rato.


Última edición por Trombe el Sáb Mar 04, 2017 2:56 am, editado 1 vez (Razón : Editando para que sea lea mejor xD. Escribí esto muy de noche y ni paré a revisar(?))
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Re: El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

Mensaje por Itsuki el Miér Abr 05, 2017 3:19 pm

Tras dar las buenas noches, me había tumbado boca arriba para mirar el techo, evitando la incomodidad de la vergüenza. Pero un "Oye" me alarmó... seguro me iba a preguntar finalmente por la herida, seguro. Me puse nerviosa y sin mover la cabeza dirigí mis ojos hacia él. - ...¿S-sí? -Aunque la realidad fue mucho peor, tal vez. Estaba preguntando sobre la cena... ¿sospecharía de mi habilidad? No quería contarle aún aquella parte de mi pasado.

- ¿Valiente? -giré mi cara ahora sí, hacia él, curiosa- A-aahh... Jajajaja. -reí nerviosa, con las mejillas encendidas por aquél halago. Él siguió haciéndolo, de una forma en la que nunca nadie jamás había hecho. Tuve que apartar la mirada, avergonzada- ¡P-para nada! Si fuera valiente... podría luchar, yo sólo... -pausé, para corregir, mis labios habían temblado ante aquellas palabras- ...No me preocupan mucho esas conversaciones triviales, pues es algo que consideré necesario aclarar. -añadí- Espero no haber causado mucho problema para ti y para Franz.

Necesitaba calmarme, pero no podía evitar que en un momento como aquél me pudiera la timidez de tiempo atrás que aún quedaba en mi interior. Pero antes de poder disculparme por ello, Trombe habló una vez más.

- ¿"T-"? ¿Qu-? -tartamudeé al haberme quedado sin palabras, por oir aquello a lo que no había sido preparada mentalmente. Me quedé aquellos segundos mirándole con los ojos bien abiertos, con la cara ardiendo, sin saber qué responder exactamente, intentando procesarlo todo. - ...!

Incluso, antes de que me diera cuenta, él ya se había acomodado y cerrado los ojos, dándome las buenas noches de vuelta.

- Ah... -musité inaudiblemente, apenada. Me quedé mirándolo por unos segundos más, su rostro tranquilo, y sus párpados cerrados consiguieron tranquilizarme un poco. Me acomodé yo también, subiéndome la sábana hasta la nariz, intentando tapar mi rojez de alguna forma y lo miré una última vez. Susurré en bajo- ... Yo también. -O al menos, eso sentía, eso bastaba. No había mucho que darle al cerebro cuando se trataba de asuntos sentimentales.

Silencio. Seguramente él ya se había dormido. Pero aquel momento de calma era tan tranquilo que no pasó demasiado tiempo hasta que mis ojos también se cerraron, dándome entrada al mundo de los sueños. Habían sido muchas emociones el día de hoy, y tenía cansancio del viaje acumulado.

[...]

La noche pasó, y mi consciencia empezaba a despertarse. Pero, un momento... ¿y el gallo del vecino? ¿Por qué no había cantado? No podía haberme despertado más pronto, si ya la claridad del ambiente demostraba que era de día... ¿Qué...?

Al girarme y abrir los ojos me encontré con la cara de Trombe enfrente, y pegué un respingo hacia atrás agarrando la sábana para no caerme de la cama de paja. No me lo esperaba... aunque por suerte, al par de segundos conseguí situarme de nuevo. Había comenzado mi viaje con él, habíamos llegado a las fronteras, estábamos en el granero de una iglesia. Él... me había besado ayer, incluso me había dicho que me amaba.

Me quedé sentada sobre la cama observando como él aún seguía dormido, con una tierna sonrisa dibujada en la cara para cuando despertase.


OFF:
Siento la suuuuuuuuper tardanza, no estuve ausente, pero muchas cosas pasaron, y además tuve problemas para escribir. Mil disculpas, en serio. No pasará más XD ni la tardanza porque sí ni la baja calidad >_<
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Re: El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

Mensaje por Trombe el Miér Abr 19, 2017 8:40 pm

Una frontera situada entre tierras de cultivo y llanura silvestres; bosques, montañas y luego senderos chapeados en la hierba. El aire estaba fresco, y unas cuantas nubes mullidas deambulaban sin destino alguno por el cielo, dejando sus nombras movedizas patinando sobre la tierra. Trombe estaba acostado en una de esas sombras, sólo que esta no era movediza, no provenía de una nube, sino del techo de un establo inflamado con el olor a heno. Trombe dormía con una expresión, cálida, subyugado completamente por el descubrimiento de un río y una hermosa pradera en la isla de Durban. En ese idílico paisaje, sostenía las correas de la carreta, siendo que Itsuki, que estaba junto a él, sostenía con una de sus manos la otra parte de las riendas. Fue entonces que Trombe se preguntó donde estaba Fran. 

Cuando iba a darse media vuelta, fue retenido por las rudas y ásperas manos de Feldsphar, que le tapaba los ojos como si de unas vendas se tratara. A una poca distancia podía escuchar la voz de Fran llamándolo, llegándole como si se tratara del eco de unas cavernas que hacían perder todo el detalle de su voz. Trombe intentó mover las riendas en esa dirección, pero Itsuki impidió que se moviere jalando las riendas por su parte, inmovilizándolo. 

—De acuerdo a este mapa, si nos vamos ahora, podremos llegar en… 1 año y medio, con suerte. A más tardar nos tomará dos años.

—¡¿Dos años?! ¿Llegar adónde Feldsphar? No entiendo…Espera, ¡¿desde cuándo tú sabes cómo leer un mapa?!

—Tenemos que irnos Trombe. Si no nos vamos ahora, no podremos vender las pieles. -El lobo, aún cegado momentáneamente por las manos de Feldsphar, giró su cuerpo hacia la chica. 

—¿De qué hablas Itsuki? ¿Qué pieles? 

De pronto Itsuki y Feldsphar empezaron a reírse con un extraño acento. En sus casi 3 años de experiencia viajando con Fran, ese acento le parecía muy conocido. ¿En qué región habría sido? ¿De qué boca lo habría escuchado? 

—Estás jugando BEEEEH.

—Eres tran gracioso BEEEEH.

De pronto la voz de Fran surgió de la nada.

—Tú sabes cuál es la sabiduría más importante del comerciante Trombe. -hizo una pausa y Trombe esperó con ansias a que terminara la enseñanza. —Lo más importante es conocerte a ti mismo BEEEEH.

Las risas continuaron y luego se convirtieron enteramente en balidos de ovejas sin ningún rasgo de morfemas civilziados. Trombe se quitó las manos que tapaban sus ojos, y cuando miró hacia atrás, vio una oveja cimarrona de lana rubia, y al lado de esta, una oveja gorda y vieja que casi no podía moverse. Atónito no supo reaccionar, y de pronto sintió la humedad de algo en sus dedos. Volvió la mirada hacia delante, y junto a él, escurriendo su lengua entre sus dedos, estaba la oveja que había remplazado a Itsuki.

—¿No dijiste que las ovejas te daban hambre? -por un momento escuchó la voz de Itsuki murmurar directamente en su oído. 

La declaración desenterró en Trombe un terror que hace mucho tiempo no había sentido. 

—¡NO ME LAMAS LOS DEDOS!

(…)

La exclamación de Trombe saldría acompañada de un escalofrío de preocupación, impresionado al ver el rostro de Itsuki viéndolo, acompañada del balido de las ovejas como sonido de fondo. Ese rostro humano, hermoso y tierno que reconocía. ¡Y no tenía pezuñas! Se movió rápidamente hacia ella y la abrazó inesperadamente. Luego se separó para escanear su rostro con más detenimiento, y luego la abrazó de nuevo, con una exagerada muestra de afecto. —Eres tú. Tuve un sueño, no, una pesadilla. Tenías pezuñas y Feldsphar también tenía pezuñas, y comenzaste a lamerme los dedos, y no parabas de reírte como una oveja. -en ese instante se separó de ella con las mejillas enrojecidas. Le quitó un trozo de paja de la cabeza y murmuró. —Olvida todo lo que dije. -aguantó la respiración y se dejó caer de vuelta en la cama de paja. 

Cuando empezó a respirar nuevamente, volvió a incorporarse. —Siempre sueño cosas extrañas cuando estamos juntos. -vaciló ligeramente por la franqueza de su siguiente pregunta. —¿Tú también sueñas…. cosas extrañas…de mí? -no había garantía de que fuera algo que ambos compartían, pero pensó que sería interesante si ese fuera el caso. ¿Cómo se vería Trombe en los sueños de ella? Antes de considerar las interesantes posibilidades, algo más captó su atención. Ya era de día, y la estimación lo ayudaba a recordarle qué era lo que tenían que hacer. —Parece que hemos dormido más de la cuenta. Vamos a unirnos a los demás antes de que alguien sospeche algo. -explicó para después comenzar a ponerse su capucha. —Si quieres puedes salir primero, para evitar malentendidos. -desvió la mirada al insinuar esa última parte. 

Fue entonces que se fijaría en que las ovejas que anteriormente habían compartido la estancia con ellos, no estaban por ningún lugar. Le pareció extraño en un principio, pero no fue hasta que Itsuki intentaría abrir la puerta y notaría que esta parecía ajena a sus intentos de abrirla, que entendería que algo andaba mal. Trombe intentaría abrirla después de ella, pero sin importar cuánto la empujara, esta no cedía. Parecía que alguien la había bloqueado por fuera. Trombe tragó saliva; un flujo de posibilidades llenaron su mente. 

—¡Ya despertaron! -alguien exclamaría audiblemente. 

—¡Corran, préndanle fuego. Quémenlos con todo y establo!

¿Préndanle fuego? ¿Quémenlos? Los instintos de Trombe se activaron. —Quédate cerca. 
-le diría a Itsuki. Inmediatamente puso su hombro contra la puerta y de una pechada arremetió contra ella. La primera y la segunda vez no se movió, pero la tercera, la haría volar hacia afuera. 

Lo primero que vería le helaría el corazón hasta temperaturas inimaginables. Sintió que no podía respirar, y el tufo de sangre que flotaba en el aire le causó un mareo. Ovejas. Ovejas por doquier. Manchas rojas. Sangre. Lluvia de sangre. El sueño teñido con ellas. Las pieles blancas enrojecidas de forma fantasmal. Esto no podía ser real. Trombe no aceptaría que los cadáveres de todas esas ovejas, de todas SUS ovejas, ahora yacían de esa forma frente a sus ojos. Su corazón pareció contraerse mientras llevaba las manos hacia delante. Antes de que pudiera construir cualquier oración lógica, una piedra lo golpeó en el rostro, haciéndolo tambalearse hacia atrás, corriendo su capucha y dejando completamente visibles sus orejas.

—Aléjate monstruo. ¡Ya has causado suficiente muerte en esta región! -gritaría uno de los monjes que allí habían. 

—¿Yo? ¿Monstruo? ¿Muerte? -una línea de sangre empezó a correr por la frente de Trombe cruzando por su ojo, como si simulara el trayecto que había dejado la cicatriz que le habían hecho otrora. 

Las rocas comenzaron a llover por parte de toda la turba de gente que se había amontonado junto a ellos. Trombe correría hasta Itsuki y la abrazaría, cubriéndola de cualquier proyectil que diera en su blanco. 

—¡Suéltala bestia! -gritaría uno de ellos.

—¡Atáquenla a ella también! ¡La pobre alma ha sido embrujada por la engañosa bestia! ¡Seguro ya la impregnado con su sucia semilla! ¡No hay salvación para ella!

Sintió el impacto de cada una de las rocas, pero de alguna forma no sentía el dolor. Una especie de furia empezaba a llenarlo. Su sangre empezaba a caldearse. Su mirada a nublarse. 

—Corre en la dirección de esas montañas. -le susurraría a Itsuki. —Corre y no mires atrás. 

En la mente ofuscada del lobo sólo algunas ideas quedaban que hicieran algún sentido. Itsuki era una de ellas. Fran era la otra. Si perdía esas dos cosas que lo anclaban a su humanidad, no estaba seguro de qué es lo que haría.

En ese instante las piedras cesarían de llover a su alrededor. Trombe, tentativamente, miraría hacia atrás, y vería, para su sorpresa, a Fran viéndolo desde la lejanía; viéndolo sin hacer ningún movimiento para ayudarlo. Al verlo Trombe soltó a Itsuki, y como un poseído, comenzó a caminar hacia él. —Fran, algo muy raro está pasando. Las ovejas no se están moviendo. Necesitamos...— Por alguna razón no entendió qué pasaba cuando Fran recogía una piedra. No entendió qué pasaba cuando Fran se preparaba para lanzarla. Y tampoco entendió qué pasó cuando está le dio en el rostro, tirándolo hacia atrás.


Off:
Perdona la tardanza. Realmente no se me ocurría nada hasta que hoy me levanté con esta idea en la cabeza xD! Traté de tener un momento feliz arriba para que no sea tan trágico todo :b
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Re: El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

Mensaje por Itsuki el Vie Mayo 05, 2017 8:59 pm

Algo no andaba bien, la tranquila expresión de Trombe durmiendo parecía perturbada, parecía estar temblando, incómodo, con un leve sudor frío saliendo por los poros de su piel.

- ¿Trombe? ¿Qué pasa?... -pregunté al aún dormido laguz, posando mis manos sobre las de él. Me preocupaba verlo así, ¿estaría teniendo una pesadilla?

Pronto el grito aterrado salió de su garganta, haciéndome retroceder, pues había despertado bruscamente. Él estaba claramente agitado y confundido. Pero no tardó en abalanzarse contra mí, dándome un abrazo que yo correspondí cálidamente.

- ¿T-Trombe...? -musité en el momento que se separó antes de volver a ser abrazada de nuevo. Estaba demasiado preocupada como para notas que mis mejillas fantaseaban con su rojez. - ¿La... lamerte los dedos? -¿Por eso había gritado aquello? Había sido una pesadilla, supuse que había sido por la parte en la que yo era una oveja. Al oírlo sin embargo me calmé un poco, sonriéndole levemente cuando se separó. Dejé que se calmara unos segundos, manteniendome a su lado, mientras agarraba su mano aún.

Eso me recordó a el día en el que descubrí su forma lupina. Él me había confesado que había tenido una pesadilla aquél día también. Aquél día que habían atacado el pueblo. - ¿Siempre? -pregunté curiosa, pues no recordaba haber oído nada de él la primera vez que había dormido junto a él.

Ese día no había pasado nada malo...

- Yo... Ciertamente llevo soñando contigo hace un tiempo. Desde la noche en el bosque. Jajaja...-me sonrojé fuertemente y decidí apartar la mirada, avergonzada- P-pero son buenos sueños... -posé una mano sobre mis labios. Recordando en mi cabeza el mismo sueño en el que Trombe me besaba. Sólo que cada noche que pasaba, el final era uno distinto. Aunque ahora que lo pensaba... el beso de ayer, ¿realmente no había sido un sueño de anoche, no? Carraspeé para distraer mi mente de esos pensamientos.

Sin embargo, algo seguía en mi interior desde antes, algo me intentaba decir que pasaría algo extraño aquel día...

Cuando iba a levantarme, una parte de sus palabras me habían punzado, sin ser consciente de ello. Lo miré desde la paja, sentada, en silencio durante unos segundos. Suspiré de resignación y me levanté hacia la puerta, olvidando por completo mi gabardina y todo lo que ello suponía, como mi espalda medio descubierto.

- Te incomoda que... ¿malentiendan el qué? -murmuré, ligeramente molesta. Pensé que sería mejor que Trombe no me hubiera escuchado, pues parecía más interesado en mirar a los alrededores. Pero lo que sí que había notado era cuando veía que la puerta no se abría. - ¿Qu-... - exclamé, para dejar paso al intento de él, también en vano.

En ese momento, escuché algo que me asustó mucho más que el hecho de permanecer encerrados. Mi corazón empezó a acelerarse, pero en el mal sentido. Sin embargo hice caso a Trombe, quien tenía mala cara.
Y al abrir... no pude creerme lo que vi. Por instinto me giré completamente para no ver aquello, mi cerebro omitiéndolo todo desde el segundo que noté aquél hedor terrible, casi provocándome náuseas. Escuchaba voces ajenas, algo no andaba bien, definitivamente.

- ¿¡Trom...be!? -musité entre sus brazos- ¿Qué... qué está ocu...?

"¡Seguro ya la ha impregnado con su sucia semilla!" ¿Qué pasaba? ¿por qué? ¿Por qué era un lobo? Mis lágrimas ya hacía rato que no dejaban de borbotar desde mis ojos, tenía tanto miedo de lo que estaba sucediendo que apenas me había dado cuenta. ¿Qué había hecho Trombe?

¿Huir? ¿Trombe me había dicho que corriera?

Parecía que las piedras habían parado de llover, sólo lo había notado al Trombe soltarme, pues lo había seguido con la mirada, temerosa de que le hubiera ocurrido algo. Temerosa de que me abandonara. Pero algo mucho mayor sucedió. Algo que no me esperaba. Pues había confiado en aquella persona. Y para Trombe, él era...

- Señor Fran... -musité aún desde dentro, al ver que había herido a su compañero. - ¿Por qué?

No entendía nada. ¿Había sido todo una mentira? ¿En qué momento me había metido en un lío como este? Tenía... tenía miedo por mi madre. Fran sabía dónde vivíamos. Yo no era capaz de hacer nada, no sabía luchar, me daban miedo las armas, había perdido a mi padre...

Paralizada del miedo. Sin poder creer lo que estaba ocurriendo retrocedí un paso, tropezándome hacia atrás. Eso había provocado un golpe en mi espalda que de por sí no habría sido tan doloroso, salvo que sí era el doble, por haber chocado justo en la zona del moratón.

¿Proteger a Trombe o salir de allí? ... ¿Era Trombe también una mentira?

Y mientras el cuerpo no me respondía, sí que pude ver la sangre corriendo por su cara y cuerpo. Aquello... aquello era real. Como la sangre de sus ovejas.
Él había luchado por mi pueblo. Él me había protegido, bastantes veces.
Si algo había aprendido como comerciante era que tenía que devolver un cambio equivalente.

- No... no lo toquen. -solté, con la voz claramente temblorosa. - No le hagan daño... -supliqué mientras me acercaba a él gateando. No podía permitir aquello.

- Lo siento, Trombe, no puedo irme sin ti... - "Mi viaje es contigo, no tiene caso ir sola si no lo puedo descubrir junto a ti." pero mis palabras ya no salían más. Me quedé allí agarrando su brazo, en un intento de protegerlo.
Afiliación :
- SACAE -

Clase :
Villager

Cargo :
Agricultora / Mercader

Autoridad :

Inventario :
Vulnerary [2]
Elixir [1]
Gota de Veneno [3]
.
.
.

Support :
Trombe

Especialización :
-

Experiencia :

Gold :
180


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Re: El viajero es más feliz antes del viaje(Priv: Itsuki, Trombe)

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