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{Campaña de conquista} Hardworking Time Limit {Priv. Izaya}

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{Campaña de conquista} Hardworking Time Limit {Priv. Izaya}

Mensaje por Sion el Sáb Oct 22, 2016 5:46 pm

Se sorprendió ante la repentina petición de ir y ayudar en la conquista de Kilvas. Si bien era una de las islas más cercanas a Durban, también era cierto que él era la guardia de la Reina Yuuko y, la idea de abandonar el país no le terminaba de convencer. A pesar de todo, por muy extraño que sonara la situación sabía que la mujer en cuestión seguramente fuese mucho más capaz de lo que él lo era y siempre estaba Nowell y todos los demás magos que seguramente, juntando o no sus poderes podrían contra la amenaza que suponían los emergidos con facilidad. Fue con eso en mente que accedió a ir en aquél viaje que, más que viaje de gusto se inclinaba más a una conquista en la que la lucha y él en particular, en su momento había desechado la idea por ese mismo motivo. Él y la lucha, se quisiera o no, eran incompatibles. Pero a veces había que hacer pequeños sacrificios. Ese parecía ser uno de aquellos abominables momentos y, aunque a regañadientes. Escondió sus sentimientos de inseguridad y con una perfectamente falsa sonrisa se fue.

Subió al barco primero, se encerró en una de las habitaciones que tenía el navío y pasó la noche acabando de revisar unos que otros papeleos con interesantes relatos e informes de varios hombres que tenía esparcidos por la ciudad bajo su comando. Si ya de por si aquella noche no parecía que fuese a dormir y el tiempo le sobraba, al menos podría avanzar un poco su trabajo; aunque más que trabajo solo se trataba de pequeños caprichos suyos personales... Si su posición le daba algún que otro poder, sería una tontería no aprovecharse. Sabía que su Reina no se quejaría de ello en caso de descubrirlo, sobretodo porque solo se aseguraba que las cosas fuesen como debían ir por la ciudad, que nadie siquiera pensase por un momento el traicionar, o el apoderarse de la precaria situación para causar escándalo en aquél tan amado para él reino. A primeras horas de la noche acabó tomo aquello que se había dispuesto finalizar y finalmente, después de horas sentado en la mesa se permitió moverse. Estiró sus brazos hacia atrás con un pequeño quejido y sonrió mientras se levantaba de su incómodo asiento para estirar sus pies.

Con cuidado se fue alejando del cuarto y salió fuera, sintiendo al momento la suave brisa marina que balanceó sus plateados cabellos. Un escalofrío le hizo estremecer pero deliberadamente lo ignoró y comenzó a caminar por el piso de madera de estribor en dirección a la popa. Ahí, cuando ya casi llegó a su destino, una oscura figura destacó y le frenó en seco... ¿Quien sería? No le parecía conocido de entre los tripulantes de la nave. Entonces cayó en la cuenta que, además de ellos, otro hombre más había embarcado, dispuesto a ayudar con aquella causa a pesar de que sus motivos no le eran claros al mago oscuro. Izaya Orihara... ¿Qué le recordaba ese nombre en especial? Entonces cayó en la cuenta que, días atrás, uno de los hombres que trabajaban para él le habían informado de algo sin duda alguna curioso e inesperado... ¿Cómo había sido ese rumor?

"Su nombre es un susurro, pero su capacidad y hazañas son leyendas!
Un tactician que no tiene comparación y que ya ha liberado a varios reinos de la plaga emergida sin perder un solo hombre.
Izaya Orihara: Guapo, valiente e inteligente, todo aquel que tenga el oro para contratarlo tendrá la solución a sus problemas."

Hasta le parecía que había una canción con eso, pero la música nunca había sido su fuerte. Rumores, siempre tenían un poco de verdad, pero muchas veces no eran más que eso: ideas que pasaban de boca en boca, información probablemente falsa, hasta posiblemente empezada por el mismísimo orgullo de una persona, para dar un cierto rango a su propio nombre. Sion sonrió; no era como si él nunca hubiese jugado con eso en su vida. Avanzó los pocos pasos que le dividían del inesperado señor guapo, inteligente y valiente, dejando que sus pasos se escucharan llegar para no sobresaltar al pelinegro y una vez a su lado sonrió, girando su cabeza para verle con una afable y animada sonrisa en sus labios, perfectamente normal a pesar de no haber dormido en toda la noche y eso tampoco era detectable en su rostro, de eso se había asegurado ya antes de salir de su camarote.

Buenos días. Izaya Orihara ¿Cierto? Escuché cosas buenas acerca de usted —No mentía, después de todo realmente lo había hecho— Lamento no haberme presentado como era debido ayer. Pero era noche, supuse que sería descortés entreteneros de más —Sin borrar su perfectamente cortés sonrisa de sus labios, extendió su mano derecha hacia el estratega— Mi nombre es Sion —Sion Astal... ¿Acaso había alguien más que recordara el hijo de un viejo y ermitaño duque dedicado únicamente a la experimentación con magia arcana? Lo dudaba mucho, pero había dejado de lado su apellido, su pasado, a pesar de llevar encima de sus hombros algo que jamás le abandonaría, una cruel y despiadada maldición que se intentaba apoderar cada vez más de él— Encantado de conocerlo y de poder cooperar con usted —¿Qué tipo de hombre será realmente? ¿De aquellos que les agradaba ser levantados en elogios? ¿O de aquellos modestos que solo se movían pensando en el bien mayor? No lo sabía y su instinto le exigía descubrirlo.
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Re: {Campaña de conquista} Hardworking Time Limit {Priv. Izaya}

Mensaje por Izaya Orihara el Dom Nov 27, 2016 12:14 pm

Izaya no había perdido el tiempo una vez que había embarcado en el navío. Había dormido una siesta esa misma tarde, de modo que estaba fresco y con increíbles energías para lo que le deparaba. Tenía solucionados parte de los asuntos que le habían llevado a Durban, pero antes de volver a Elibe continental a un nuevo trabajo, se había ofrecido a la tarea de limpiar parte de Kilvas de emergidos. La paga era buena, pero la reputación era aún mejor. Alguien que se dedicaba a proporcionar un servicio exquisito de forma autónoma, sin estar bajo el mando de ningún alto señor o rey, debía labrarse un nombre en el mundo si quería que sus servicios fueran contratados. Era una cuestión de ego y de practicidad a partes iguales. No le importaba lo que la gente común pensara de él, mientras que lo hicieran. Al fin y al cabo, a los dioses no les afectaba lo que los mortales creyeran de ellos, mientras les tuvieran en la mente y no se olvidasen de ellos. Se podría incluso afirmar que los dioses existían porque los humanos creían en su figura, en sus hipotéticos poderes. Incluso si la publicidad era negativa, no hacía más que  aumentar en halo de misterio que rodeaba al informante. No había nada en el mundo que generase mayor interés que opiniones diversas, contrarias, inquietantes.

Engañar a Gaius, un ladrón del que había requerido sus servicios en Plegia, había sido incluso demasiado sencillo. Los rumores viajaban rápido. Tanto, que al poco tiempo las ofertas por sus servicios se habían duplicado, lo que le había emocionado e interesado al mismo tiempo, como buen adicto al trabajo que era. Pero antes de darlo todo en las nuevas tareas aceptadas, había decidido quedarse en Durban un poco más por interés propio, por causas que solo él conocía. Nada más subir al barco había observado a todos los humanos que formaban parte de la tripulación. Se había presentado al capitán, al contramaestre y a los hombres que, a sus ojos, ejercían la mayor influencia en el grupo. A pesar de no ser un mago, pronto supo ganarse su interés e incluso su simpatía. Un estratega siempre venía bien en las batallas, en especial uno al que seguía tanto renombre. La idea de liberar Kilvas de emergidos sin perder ninguna vida parecía gustarles en demasía, ¿a quién no? Cualquier soldado, por mucho que fuera capaz de dar la vida por la patria, preferiría volver al hogar con su mujer e hijos. Así era el corazón humano.

Izaya sabía que de primeras solía caer bien a la gente. Su carisma e inteligencia eran atractivas, al igual que su físico, lo que empleaba casi como un arma de persuasión. En apenas una noche, que había sido bastante ajetreada, casi se había convertido en un miembro más de la tripulación. Se sabía los hombres de cada marinero, y alguna información esencial que nunca venía mal conocer. Con el único con el que no había sido capaz de entablar conversación era con un soldado en particular que se había encerrado en uno de los pocos aposentos privados del buque y no había salido de allí en toda la noche. No pasaba nada, sus caminos se cruzarían de un momento a otro: el barco no era demasiado grande y dudaba que pudiera ir a otro lado más que al agua que les rodeaba por doquier. Y no se equivocaba. Por el rabillo del ojo vio acercarse al mago oscuro, pero se volvió hacia él cuando estuvo lo suficientemente cerca.

- ¿Sí? Me preguntó que le habrán contado. Si es en lo referente a la partida de cartas de anoche, juro por mi vida que siempre me tocan buenas manos, es casi como un don. – le dijo, su tono ameno, divertido, que acompañó con un suspiro de resignación que hacía ver todo un poco teatralizado. – Pero sí, soy Izaya Orihara, y usted es el soldado que ha trabajado toda la noche.- asintió un poco a sus palabras, sin desviar en ningún momento la mirada puesta en Sion, y sonrió de forma encantadora, aunque sus labios eran algo afilados.- Es una lástima que se perdiera los juegos de ayer por la noche. Realmente pasamos un buen rato. – le dijo y se rio un poco. Realmente había sido divertido jugar contra los demás marineros. Primero habían apostado dinero, pero pronto se dieron cuenta de que Izaya era demasiado bueno, y que, de hacer trampas, era imposible pillarle. Entonces, el estratega había optado por apostar otra cosa: información, secretos. No tenían por qué ser algo de verdadera importancia, solo cualquier cosa que los demás no supieran. Había sido muy buena idea, pues había creado una especie de camarería y confianza entre los tripulantes que bebían y deseaban ganar e incluso perder, para saber más cosas de sus compañeros. Mientras, en informante absorbía cada pieza de conocimiento con curiosidad, y almacenaba todo en su cerebro para una posible posterior utilización.

- El placer es todo mío. – añadió, y alargó su mano desnuda y fría para chocarla contra la del contrario en un gesto firme, pero no demasiado fuerte. El anillo de plata en su dedo índice brilló con suavidad al pasar de estar apoyado en la barandilla a chocar contra la palma del mago. Tras la cantidad de tiempo correcta, dejó caer su brazo a un lado de su cuerpo y dirigió sus orbes rojos al mar que se extendía hacia delante. El pronóstico, según le habían dicho, iba a ser un día nublado pero sin lluvia. Aunque Izaya no era ningún bucanero, sabía lo suficiente como para no fiarse de esa clase de afirmaciones: el mar era un lugar traicionero, cuyas tormentas podían ser sorpresivas y letales. Prefería que no se diera ese caso, más que nada porque no sabía nada y porque sería un auténtico bodrio luchar bajo la lluvia.

Una voz se alzó sobre los sonidos cotidianos de los marineros. Desde la cofia, un hombre gritó a pleno pulmón: ¡Kilvas en el horizonte y un barco a la vista, mi capitán! ¡Lleva banderas de Magvel! ¡Son emergidos! – Al escuchar tal afirmación, Izaya sacó de entre los propios pliegues de su abrigo unos binoculares pequeños que llevó a sus ojos y apuntó en la dirección que había señalado el tripulante. Sin duda no parecían amigos, por el modo tan directo e incluso agresivo con el que avanzaban hacia ellos. – Como se nota que son seres sin un mínimo intelecto. Hay que ser idiota para avanzar así sin ninguna clase de plan salvo “atacar”. – se limitó a decir antes de suspirar y bajar el instrumento óptico. Con un gesto se lo ofreció a Sion por si quería ver por él. – Adelante, observe usted también como vienen como locos. De verdad, creía que esto iba a ser algo más difícil pero los Emergidos nos lo están poniendo en bandeja.
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Re: {Campaña de conquista} Hardworking Time Limit {Priv. Izaya}

Mensaje por Sion el Jue Dic 29, 2016 12:39 pm

Sí, tal parecía ser que la estancia en el barco, junto a la amena presencia del estratega sería una buena forma de pasar el tiempo. No le preocupaban los emergidos, ni lo que podrían encontrarse finalmente en tierra firme, más preocupación le causaba el pensar que debería usar su magia oscura y que, antes o después debería retroceder con tal de no perder nuevamente los estribillos y volverse enemigo de todos sus amigos sin quererlo siquiera. Pero sus preocupaciones podrían esperar un poco más, las palabras del joven hombre le causaron gracia y no tuvo miramiento alguno por dejar escapar una honesta y agradable carcajada por sus palabras. Le agradaba el chico, desconocía si sus intenciones eran o no buenas, pero poco importaba si estaba dispuesto a ayudarles con todo aquello. Pero era un estratega y, queriendo o no, los estrategas eran buenos en engañar, después de todo el arte del control mental recaía en una de sus habilidades.

Tal parece ser que le cayó bien a la señorita suerte, Izaya —Cuando hubo soltado su mano, dio un paso más hacia adelante, apoyando ambos antebrazos en la barandilla, inclinando así un poco su cuerpo hacia delante. La suave brisa marina balanceó su largo cabello y por su mente pasó la sorpresa de haberse ya acostumbrado al mar y a lo que este conllevaba. Si hacía casi un año atrás se podría considerar alguien completamente ajeno a él, ahora se había vuelto extrañamente en un buen amigo. Pero, desviando su atención de las azuladas olas volvió a pasarla en los rojizos ojos de Izaya. Curiosa diferencia— Oh, créame, a mi la fortuna no me sonríe tanto. Preferiría mantener mi imagen intacta y alejarme de los juegos de azar —Cerró sus ojos, obsequiando al otro una amistosa sonrisa junto a sus palabras. En parte era cierto, nunca había tenido la suficiente paciencia como para jugar a eso, a pesar de que podía fingir y, realmente había tenido cierto trabajo que cumplir antes de poder ser del todo libre y poder centrarse en aquella misión que Yuuko les había confiado— Pero, algún día les demostraré que no es una broma —Indirecta afirmación, segura y poderosa, de que todos volverían.

Pero, en cuanto la voz resonó desde atrás, su atención volvió al mar y al barco que se acercaba, con bastante velocidad y en dirección recta hacia ellos. Magvel, estúpidos emergidos que aún intentaban ir en su contra. Apoyó ambas manos en la barandilla de madera y se incorporó, tensando un poco su espalda antes de volver a relajarse y levantar una mano con la única intención de volver a llevar hacia atrás uno de sus rebeldes mechones que, como siempre volvió a escaparse y caer hacia el frente— ¿La mejor defensa es el ataque? —Le sonrió de lado a su compañero— Quizás en su mente solo esté el: "ataca, ataca, ataca". Pero, efectivamente son buenos guerreros, en el sentido en que, no son humanos, ni laguz, no poseen familia ni sienten dolor, son una perfecta arma para atacar —Llevó una de sus manos hacia su costado, allí donde silenciosamente colgaba su tomo oscuro. Si solo se supiese la forma en que los emergidos funcionaran, serían una buena arma a usar, para que los soldados no sufrieran ningún tipo de baja, para que los ciudadanos no tuviesen que llorar la muerte de sus seres queridos muertos en batalla. Pero nadie sabía nada de ellos.

Con su otra mano tomó los binoculares, mirando en dirección a los oscuros seres. Después, los volvió a extender hacia Izaya y volvió a sonreír— ¿Qué dice? ¿Deberíamos acabar con ellos?... Solo me pregunto si sabrán nadar... —Pero sería altamente extraño que no lo supieran, teniendo en cuenta que estaban sobre un barco, así que, probable supiesen también nadar. Con los fuegos que la embarcación de Durban contaba, debía ser cosa suficiente fácil el atacar el barco y hacer que su tripulación fuese a perderse en el mar, a pesar de que, lo más seguro sería acabar con sus vidas y asegurarse que no volverían a molestarles. Miró de reojo al estratega, quizás algo divertido, pero más que nada, interesado y curioso por lo que propondría él. ¿Escapar sería una opción?— Además... Seguramente nos encontraremos con más una vez llegados en tierra firme... Parece ser que nos van a mantener ocupados por un buen rato. ¿Está listo?.
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Re: {Campaña de conquista} Hardworking Time Limit {Priv. Izaya}

Mensaje por Izaya Orihara el Sáb Mar 18, 2017 2:47 pm

- No creo que un emergido pueda ser “perfecto” en ninguna de sus facetas. Además, si pueden ser derrotados y expulsados de multitud de países, no se merecen el título de “arma perfecta”, al ser capaces de perder y no poder volver a recuperar lo que habían conquistado. – Argumentó en contra, sus palabras aterciopeladas salían de su boca suaves e inteligentes. Cuando Sion le devolvió los binoculares, Izaya volvió a observar por ellos con más detenimiento. Sus ojos rojizos pasaron por todos los soldados que conformaban el primer convoy en el casco del barco enemigo. Como ellos, se estaban preparando para la inminente batalla que comenzaría en pocos minutos, cuando los navíos estuvieran a la distancia suficiente como para que las flechas de unos alcanzaran a otros. El informante sonrió al escuchar las palabras del mago oscuro en una mueca ladeada y sarcástica que no pretendía en absoluto esconder la risa que le habían causado sus palabras.

- Es posible que sepan nadar de la misma forma que dirigen un barco: mal. – puntualizó, y guardó el aparato de observación en sus bolsillos. Dirigió la mirada a Sion, una fina ceja algo alzada. - Además, según lo que he podido ver, la mayoría son soldados con armadura. Dudo mucho que eso les ayude a flotar incluso aunque sean unos nadadores envidiables que, como he dicho antes, sospecho que no lo son. Hundir su barco sería una buena opción para acabar con sus miserables existencias de forma efectiva, pero lo más eficaz sería derrotarles y recuperar el barco robado para el ejército de Durban. Aunque he de decir que aquí no tengo ninguna potestad, de modo que mi opinión solo queda como una opinión, al fin y al cabo.  Al final es el capitán de Su Majestad sobre el que recae nuestro modo de actuar y nuestra labor en esta misión.

Se encogió de hombros y giró un poco el rostro hacia la izquierda, hacia el cascarón de proa donde el hombre a cargo del buque estaba dando órdenes a diestro y siniestro. Los bucaneros se apresuraban a cumplirlas, ya fuera armarse a sí mismos o realizar algún cambio en el viraje del navío o en la colocación de las velas. Izaya no sabía nada de navegar, ni de nada que tuviera de tópico el agua en general. Al haber crecido en Ilia, un país de hielo cuyos lagos y ríos estaban helados y cuyas aguas, de no estar congeladas, estaban demasiado frías para el baño, el aprender a nadar no había sido nada que mereciera la pena aprender. Cuando comenzó a salir de su país natal, no obstante, tampoco tuvo especial interés en esa capacidad motriz, pues siempre podrís permitirse un barco y, si podía, prefería viajar en carruaje, aunque eso fuera más largo. Siempre quedaba la incógnita de que su buque podía irse a pique por un ataque o una tormenta, pero, ¿acaso no daba cierta emoción saber que cualquier instante podía ser el último?

- Aunque igualmente iré a ver si el capitán necesita una perspectiva diferente. – comentó con tranquilidad y empezó a caminar hacia la parte trasera del barco. – Quizás se requiera el punto de vista de un humilde estratega, ese es mi empleo, al fin y al cabo. – y dicho esto, soltó una suave risa mientras entornaba un poco los ojos, sus largas pestañas negras formaban una sombra oscura que hacían ver su rostro aún más afeminado del que ya era. Casi parecía que se reía de una broma que solo él conocía. Sin duda, no hubiera pensado que iba a terminar auxiliando a Durban en una misión para conquistar Kilvas, pero ahí estaba, honrando a su profesión de estratega y no solo a la de informante, algo extraño en sus últimos años de vida. Pero un cambio de aires no estaba mal de vez en cuando, se recordó con un murmullo apreciativo.
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Re: {Campaña de conquista} Hardworking Time Limit {Priv. Izaya}

Mensaje por Sion el Lun Abr 17, 2017 5:47 pm

Él seguía dándole vueltas al asunto. Estaría mucho más relajado sabiendo que enviaba al frente seres sin mente, sin sentimientos ni familias, a pesar de que fueran fácilmente vencidos. Avanzó un paso, apoyando sus antebrazos en el pasamanos de madera, observando al frente mientras la brisa de mar removía en un suave movimiento su cabello. De todas formas, aquellos seres habían matado gente, los había obligado a retirarse, ciudades, países, continentes enteros... Tan débiles no eran, o quizás sí. Eran muchos, y molestos, debía encontrar la forma para controlarlos a todos ellos y hacerlos mover a su antojo, eso para él, era una interesante forma de ahorrarse vidas humanas o de cualquier otra raza existente en aquél mundo. Pero eso no cambiaba que estuviese prestando atención a las palabras del estratega, después de todo sabía que sus ideas eran arriesgadas, que quizás, muy probablemente, no todos pensarían igual.

Pero quizás... Si las personas se ocupasen de 'dominar' lo que esos seres 'conquistaron' las cosas serían ligeramente diferentes... —Pronunció con una encantadora sonrisa en sus labios. Claro, quería decir mucho más que eso, pero prefirió callarse y dejar escapar aquél casi inocente comentario mientras sus ojos se deslizaban hacia la figura ajena, sonriendo como si se tratase de nada más que un comentario sin principio alguno— Pero no me haga demasiado caso... —Volvió a mirar al frente, hacia el navío enemigo— Así que apoderarnos de su nave... —Murmuró para si mismo, pensativo. Tenía su punto y quizás hasta lograría descubrir algo con eso, cualquier pauta de acción de aquellos seres, de donde venían, si dejaban alguna pista detrás. Efectivamente lo más apropiado sería destruirlos con nave con todo y rezar a que no les causara más problemas... Pero... ¿Realmente valdría la pena poner en peligro a los soldados para una simple conjetura? Los tenía al frente, dudaba que pudiesen realizar algún tipo de ataque sorpresa.

Retrocedió un paso, despegándose así de la barandilla solo para poder voltear hacia el otro y observarle alejarse. Permaneció callado durante unos segundos, observándole alejarse. Ah... Si tuviesen que preguntarle a él, no tenía ánimos para empezar ya con los problemas, si le obligaban a acceder a sus poderes oscuros, acabaría cansado antes de tocar tierra firme y eso sería una molestia. Cerró sus ojos y soltó un ligero suspiro complicado de entender— Iré con usted. Si Su Majestad le asignó a la misión... Significa que considera que sus opiniones son dignas de tener en cuenta, por mucho que afirme que no es más que un 'humilde estratega' —Avanzó hacia el otro, dejando que el resonar de sus botas sobre el suelo de madera se escuchara con claridad. Y le obsequió una nueva sonrisa al hombre,una sonrisa un tanto misteriosa, con cierta malicia en ella y a la vez, totalmente firme. Siguió los pasos del otro hombre, quedando detrás. Aún había tiempo antes de que se topase directamente con los enemigos y en ese sentido, se tomaba las cosas bastante con calma. Después de todo, el barco estaba bien protegido, de eso no había duda.
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Re: {Campaña de conquista} Hardworking Time Limit {Priv. Izaya}

Mensaje por Izaya Orihara el Sáb Abr 29, 2017 4:53 pm

Caminó un poco hacia la derecha cuando escuchó que Sion iba en la misma dirección que él, e hizo un hueco lo suficientemente grande como para que el mago pudiera caminar a su mismo paso, si él quisiera. Giró un poco el rostro y alzó una ceja cuando advirtió la misteriosa, y algo maliciosa, sonrisa del otro. Se la devolvió con cierta ironía juguetona, como quién acepta una contienda silenciosa, una especie de reto. ¿Acaso creía que podía engañarle?, ¿Qué no sentiría curiosidad por un hombre que no parecía sentir un apego especial a sus camaradas de Durban, sino que se comportaba como un ente ajeno a todo y todos?, ¿Qué no notaría sus miradas de soslayo y sus extrañas respuestas? Era como un acertijo que le iba dando pistas poco a poco, a medida que avanzaba en el rompecabezas, en el laberinto. La frase “no me haga demasiado caso” era precisamente una de las cosas que hacían saltar las alarmas en la cabeza de Izaya, y prestar mayor atención a todo lo que el otro dijera.

No obstante, no hizo ningún comentario al respecto, sino que se limitó a reírse un poco y afirmar: Su Majestad, la Reina Yuuko, no me ha asignado esta misión. Ni siquiera estoy seguro de que sepa de mi existencia a pesar de las conexiones en común que ambos tengamos. He sido yo quién se ha ofrecido voluntario a venir en esta noble misión para conquistar Kilvas en nombre de Durban. Un estratega también tiene que comer, como puede suponer, por muy humilde que sea. – No había nada “humilde” en su actitud, por supuesto. Al contrario, parecía estar mofándose de la palabra cada vez que la pronunciaba. Izaya conocía su valía y se apreciaba a sí mismo de forma egocéntrica, donde las opiniones que los demás tuvieran de él le importaban más que menos, a excepción de algunas personas y situaciones.

Si era de su interés caer bien, se esforzaría por aparentar ser el tipo de persona que el otro apreciaría, en base a conocimiento previo o según avanzaba el curso de la conversación. Si no entraba en sus planes, el informante se limitaría a ser como era, sin mayores preocupaciones. En el caso de su encontronazo con Sion, se trataba de lo segundo, pues teniendo en cuenta la fama que se había labrado la noche anterior durante las partidas de póker, no tenía sentido cambiar de personalidad súbitamente. Lo que no evitaba que Izaya jugase con el mago a su manera, pues para él la vida era una continua partida de ajedrez, jugada sobre un tablero que era como un teatro frente a un público ciego. Daba igual que los espectadores no pudieran ver, un buen actor debía tener una performance perfecta cada una de las veces que interpretaba. El estratega hacía el papel de humano, cuando en el fondo no había nada de humanidad en él, solo las sombras de mil demonios. O eso se repetía él.

Mientras subía las escaleritas que dirigían a la popa, donde el capitán gritaba órdenes a diestra y siniestra y se refería a los demás marineros con nombres que variaban desde “gandules” a “perros sarnosos”, un sonido silbante cruzó el cielo, seguido de muchos otros iguales. Una primera tanda de flechas había sido lanzada desde el barco enemigo. La mayoría cayó al agua debido a la distancia, aunque alguna que otra logró impactar, debido a su buena puntería, contra la parte frontal del navío. Izaya frunció un poco las cejas, pensativo ante el acto tan estúpido, pues era obvio que no acertarían a la distancia a la que estaban. De inmediato, los gritos de los demás tripulantes se hicieron escuchar: ¡Esos hijos de puta nos están atacando! – exclamó el capitán, que después mandó furibundo que asegurasen varias partes del buque y demás disposiciones que el estratega no tuvo el interés de escuchar.

Algo no le cuadraba del todo. Su cerebro comenzó a funcionar a todo trapo, sus ojos fijos en el barco de los emergidos. Lo único que alteraba su expresión era el viento, que le echaba el cabello azabache hacia delante. Entonces, como asaltado por una idea magistral, se giró sobre sus propios talones y subió de varias zancadas los peldaños que le quedaban para llegar al castillo de popa. Se dirigió directamente al capitán, una sonrisa satisfecha en los labios. Los emergidos no nos están atacando. – dijo en voz alta cuando tuvo al viejo lobo de mar frente a él, que le miró como si estuviera loco. Izaya continuó: Al menos no de momento. Seguramente hagan lo mismo en breves, pero tampoco pretenderá ser un ataque, si lo que he deducido es correcto.

Clavó sus ojos rojos en los del capitán, que se mantenía callado, y elaboró: Lo que están haciendo es medir el tiempo y la distancia que hay entre los dos barcos. Tienen el viento y las corrientes en contra, de modo que su desplazamiento será más lento que el de nuestro navío. Gozamos de superioridad en ese aspecto, cosa de la que se deben de haber dado cuenta. Un arquero profesional sabe calcular el tiempo, y la distancia de sus lanzamientos. Deben de contar con varios de ellos que ahora andan haciendo una doble labor: la primera, ponernos a la defensiva porque deben de ser débiles contra una ofensiva; la segunda, calcular el tiempo que tardarán ambos barcos en cruzarse e idear una estrategia a partir de ahí. Del mismo modo, y puesto que un amateur no habría logrado hacer llegar una flecha a esta distancia, sus arqueros poseen una pluralidad de arcos heterogénea, es decir, tienen distintos tipos de arco que no funcionan igual, ni recorren la misma distancia, lo que supone una ventaja porque al menos un porcentaje de las flechas no llegará a nosotros hasta que no estemos a una distancia mínima. – sonrió de forma ladeada, como un lobo que descubre indefensas ovejas en un prado sin pastor: Tienen miedo.
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Re: {Campaña de conquista} Hardworking Time Limit {Priv. Izaya}

Mensaje por Sion el Mar Jun 13, 2017 3:50 am

Caminó a su lado sin problema alguno, sonriendo de lado con cierta diversión. Se preguntaba si realmente era así, si la reina no se había percatado. Si algo había descubierto de Yuuko, era que a pesar de no hablar, era una mujer despierta, eran pocas las cosas que se escapaban de su crítica atención. Le gustaba ¿Por qué negar eso? Le agradaba por completo aquella reina a la que servía, había admirado su firmeza desde el primer momento que había intercambiado palabras con ella, eso hacía ya tiempo atrás. Pero, quizás en el fondo Sion era ese tipo de sujetos demasiado fríos como para amar a alguien, de todas formas gustar y amar eran cosas bien diferentes, bajo muchos aspectos incluso. Yuuko era una buena reina y eso lo iba a admitir. Pero, él tenía sus propios principios, mucho más allá de la fidelidad que le debía a ella.

Pero le preguntaría de nuevo en tierra firme, si se había percatado de que Izaya Orihara había abordado el barco o no, sería algo curioso de descubrir.

Por otro lado, se tomaba la libertad de desconfiar un poco de aquél estratega, a pesar de que quizás no debería, pero, perfectamente podía desconfiar de su propia sobra y de su misma mente, así que, no era algo realmente algo para sorprenderse, únicamente un dato curioso en un hombre que era sospechosamente sonriente. Pero su atención pasó a los gritos del capitán y de su mala lengua, soltó una ligera risa, en bajo, casi imperceptible y observó al otro subir los últimos peldaños con prisa, como si una espléndida idea hubiese aparecido repentinamente en su mente. Por su parte siguió subiendo lentamente, pensativo, pero calmado y, antes de acercarse del todo al capitán, sus hombres y el estratega que hablaba, se agachó solo para tomar una de las flechas que habían logrado caer en la nave, una de las pocas, pues la mayoría habían acabado en las profundidades del mar.

Jugueteando con la flecha en su mano, se acercó también, escuchando con atención las palabras del pelinegro– En definitiva, son buenos luchadores pero no tienen más de un cacahuete de mente. Curioso –Se mofó un poco, aunque seguramente los susodichos no lo habrían escuchado, estaban demasiado lejos, en el otro barco, parecían dispuestos a volver a cargar sus arcos con flechas y disparar. Con un simple gesto tiró la flecha al mar abierto– ¿En ese caso qué propone hacer? –Giró hacia el estratega, con sus dorados ojos fijos en él– ¿Aprovechamos el viento a nuestro favor y los atacamos también con flechas sin causar demasiado daño al barco? –Giró a penas unos centímetros para mirar hacia los enemigos– Podría ser peligroso si nos acercamos, aunque lo hiciese otro grupo reducido... Si se diesen cuenta de su existencia, acabarían con ellos y no tendrían donde escapar –Apoyó una mano en su cintura, sonriendo de lado– Podríamos intentar usar las esferas... Apuntando bien para intentar no dañar demasiado el barco... –Extendió una de sus manos, señalando con un dedo hacia las esferas que permanecían alrededor del barco, levitando y totalmente rojas.
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Re: {Campaña de conquista} Hardworking Time Limit {Priv. Izaya}

Mensaje por Izaya Orihara el Dom Sep 03, 2017 9:44 am

El informante siempre había pensado que los emergidos eran estúpidos. No es que tal idea hubiera desaparecido de su mente, pero lo cierto era que, a lo largo de sus encuentros con las criaturas, se había dado cuenta de que tenían una especie de pensamiento propio, y eran capaces de realizar estrategias interesantes y efectivas. Lo que no significaba que no le siguieran dando mucho asco: eran una abominación de la naturaleza por su aspecto humano, pero carentes de humanidad alguna. ¿Cómo se podían amar tales seres que parecían haber salido de las mismas entrañas de la tierra? Como demonios, o los seres del averno sobre los que las viejas brujas hablaban para aterrar a los niños. Se valían de las sombras en las paredes creadas por las llamas, o en el crepitar de la madera vieja de los edificios, o en el ulular del viento que se colaba de las rendijas para hacer que los infantes se comportaran, temerosos de ser secuestrados por mil y una pesadillas.

Izaya había sabido de siempre que no era como los demás.

No le asustaban las sombras, ni el crepitar de la madera, ni el viento ululante. Al contrario: encontraba la oscuridad un manto de cobijo. ¿Acaso las cosas más interesantes no se daban al amparo de la luna, y muchas veces sin siquiera su brillo? Le gustaba quedarse atrás, mirar, no ser uno de los agentes activos de la acción en sí. Observar las multitudes, como indicaba su nombre. No era un estratega que dirigiera ejércitos, ni le gustaría hacerlo. En cambio, aconsejar, mover hilos, dejar caer un pensamiento; eso era diferente. Había nacido para ser un jugador secundario, uno que casi nunca tomase el turno en el tablero, pero que pudiera jugar con las fichas a gusto. Sonrió a los presentes, en especial a Sion. Le hizo gracia que hablara sobre el cerebro emergido. Había hecho papilla alguno que otro, pero nunca había comprobado su tamaño real. Aunque estaba seguro de que era una afirmación más metafórica que literal.

- Depende de lo que el capitán juzgue que debamos hacer: si terminar con los emergidos por completo, sin necesidad de destruir la nave, o si acaso es necesario añadir el barco a la flota de Su Majestad. – Por su parte, a él le daba igual. Prefería destruir el buque enemigo a la distancia, así la interacción con los estúpidos seres sería más corta, pero no era tan idiota como para pensar que no habría batalla de cualquiera de las maneras, de modo que en el fondo le era lo mismo lo que se decidiera. – Pero si se quiere usar las esferas, debemos estar más cerca, y hay que tener en cuenta que, aunque mojado, ese barco está hecho de madera y tela. Prenderá con facilidad si los magos encargados de lanzar las esferas no son perfectos en su tiro. Y cuanto más nos acerquemos, más posibilidades hay de que nos acierten las flechas. En pocos minutos deberíamos ser un tiro fácil.

Una nueva oleada de flechas llegó a los umbrales del barco de Durban, aunque esta vez los proyectiles estaban en llamas. Con que los emergidos querían jugar sucio, ¿eh? Izaya frunció un poco las cejas, achicó los ojos en dirección a las criaturas, imposibles de discernir a tal distancia, y sonrió jocoso. No es que hubieran hecho mucho, pero habían llegado hasta la cubierta y los magos habían debido apagarlas con cubos de agua. El capitán estaba demasiado furibundo como para prestar atención al informante. - ¡Nadie se atreve a incendiar mi puto barco! Vamos, cabrones de mala madre, preparaos para desatar la furia del océano sobre esos hijos de puta. – escupió. – Lanzaremos las esferas cuando estemos a tiro. Salvaremos lo que podamos si es que no los mandamos al fondo del océano antes. – dijo específicamente a los presentes, Sion, Izaya, y un par de segundos al mando, que corrieron a cumplir órdenes.

Por su parte, el estratega no se movió mucho del sitio, salvo para buscar un sitio que le cubriera de los tiros del enemigo. A su alrededor, la tripulación se movía para asegurar velas y preparar la ofensiva. Muchos se habían hecho con escudos que llevaban a la espalda, en caso de una nueva oleada de flechas, y algunos subían cubos de agua en caso de que se propagara un incendio. Tranquilo, volvió a mirar por sus binoculares, y descubrió que en el bando emergido también había magos. ¿Tendrían esferas ígneas también?
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Re: {Campaña de conquista} Hardworking Time Limit {Priv. Izaya}

Mensaje por Sion el Jue Sep 07, 2017 6:27 pm

Permaneció callado, escuchando, esperando cualquier indicación acerca de qué hacer. Iba a escuchar al capitán como bien había dicho Izaya, después de todo estaba ahí solo para ser una ayuda más al respecto. ¿Pero qué hacer? ¿Qué podían hacer? Parecía ser solo un enfrentamiento frontal posible. No encontraba la forma de acabar con ellos, con las menores bajas posibles. No podía tomar un barco menor y avanzar por su cuenta hasta ellos, eran muchos más que él, le ganaban en número y en fuerza. Tampoco parecía ser una buena idea acercarse demasiado. Cerró sus ojos, permaneció cruzado de brazos y simplemente calló su propio pensamiento, lo dejó en blanco, por un pequeño subseguir de segundos. Ignoró al estratega, a los soldados correr a un lado y otro, al capitán maldecir en bajo.

Cuando los abrió, fue porque las flechas enemigas ulularon en medio del aire, impactaron contra la nave y le prendieron fuego en pequeños puntos. Sabía que se ocuparían de todo los demás soldados a bordo, así que no hizo ademán de querer moverse de allí e intentar apagar el fuego con el resto. Escuchó en cambio las órdenes del capitán y sonrió con suavidad. Oh, no, claro que no temía por la situación. Había luchado contra aquellos demonios más de una vez, en todas ellas los había vencido y esa no sería la excepción. Era simple: ellos tenían un barco, los demás también, parecían moverse conforme un plan premeditado, ellos en ese instante estaban siguiendo a su capitán, estaban dispuestos a luchar también. En ese caso... Se movió, giró sobre sus propios talones y se dirigió hacia las escaleras que daban a la parte baja del barco, allí donde de un lado a otro corrían magos y guerreros– ¡Yomi! –Uno de los muchos chicos, un joven de oscuro y corto cabello y líneas agradables, paró de golpe, levantando la mirada hacia el de plateada y larga cabellera con curiosidad. Cargaba con un pesado cubo de agua, claramente para él, un mago elemental, eso no era fácil.

Toma a los arqueros contigo y venid aquí. Vamos a  hacerles saborear su propio ataque –Ordenó. El chico reaccionó tan rápido como Sion se lo esperaba. Se movió, reuniendo a los que pudo y en un abrir y cerrar de ojos, una decena de arqueros estaban alineados a cubierta, delante del capitán, apuntando con sus arcos hacia el barco enemigo– Como no podemos hacer nada... Atacaremos solo con flechas, con algo de suerte mataremos a alguno de esos seres –Pronunció con calma, más que nada dando una orden callada a los arqueros. Yomi desde allí tomó el control, dirigiendo el ataque con flechas mientras Sion observaba en silencio, meditativo. Solo vio las flechas de los soldados surcar el cielo. Unas golpearon la nave, otras se perdieron en medio del mar y las demás no estuvo del todo seguro si llegarían o no hasta allí. Pero, sí sabía que flechas comunes no dañarían mucho el barco, aunque aumentando un poco su disparo con algún hechizo de viento– Izaya–Giró hacia el otro con una peculiar sonrisa– ¿Ves algo digno de mencionar? Como algún mago, o jinete –Especificó.

Los arqueros volvieron a recargar, estiraron el arco y esperaron una orden dada nuevamente por Yomi. Tenían flechas, lo importante era lograr algo con ellas– Nuestra magia aún no llegará hasta ellos –Estaban demasiado lejos, su magia al menos no llegaría hasta el barco de los demás. Pero, a diferencia de la de fuego, su arcano tomo lograría, en el mejor de los casos, solo acabar con los emergidos y no dañar demasiado el barco. Llevar el barco con ellos a Durban, el de los emergidos, no sería a fines de cuenta tan mala idea, probablemente eso alegraría un poco a la reina. El caso era antes lograr deshacerse de los emergidos que molestaban y limpiarlo de su plaga.
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Re: {Campaña de conquista} Hardworking Time Limit {Priv. Izaya}

Mensaje por Izaya Orihara el Dom Sep 17, 2017 12:53 pm

La primera carga de flechas tuvo lugar. Con el viento a favor, y la habilidad de algunos magos de viento de Durban, los proyectiles impactaron en mayor medida en el buque enemigo. Dos de ellas lograron acabar con un emergido que, más atento a comprobar que las velas estaban bien sujetas. En un visto y no visto fue atravesado por ambas flechas que, de forma certera, se hundieron en su pecho y cuello. Uno menos. Izaya les aplaudió mentalmente. Algo era algo. Sin apartar la vista del lugar, contestó a los interrogantes del mago arcano: hay 30 emergidos. 15 arqueros, 8 magos, 4 soldados y 3 espadachines. Antes había un soldado más, pero le habéis dado con las flechas y no creo que se vuelva a levantar. No hay jinetes pegaso, ni jinetes wyve-, oh, miento, hay 3 jinetes wyvern. Estaban dentro de la bodega sacando a sus bestias de las celdas. Acaban de salir y están preparándose para montarles. 33 emergidos en total.

Los ojos del estratega, puestos en el barco enemigo, eran capaces de analizar en profundidad lo que podía lograr a ver. Antes habían estado demasiado lejos, pero ahora nada se le escapaba. – Los jinetes no parece que vayan a venir solos. En su montura cabe otra persona, así que no hay que descartar que ataquen con arqueros o magos a su espalda. Lo que no poseen son esferas ígneas, así que eso es una ventaja que tenemos sobre ellos. Quizás nos quieran atacar para tratar de destruirlas y que, si explotan en nuestro lugar, nos hagan daño a nosotros y no a ellos. ¿No sería un final irónico? – como si la idea le hiciera mucha gracia, Izaya comenzó a reírse con ganas. Tenía un humor extraño, cuya lógica adyacente no se molestó en explicar a Sion. – Ah, mira, ya alzan el vuelo. Podéis tenderles una trampa y hacer que vuestros arqueros tensen y tiren, que parezca que vais a atacar a los wyvern, pero en realidad que se dirijan al barco. Las esferas ígneas, si no las vais a usar por miedo a incendiar el navío, podéis usarlas para matar a esas lagartijas gigantes.

Sugirió mientras se quitaba los binoculares de los ojos y posaba la mirada en Sion. El capitán, que había estado prestando atención a lo que decía el informante al mismo tiempo que ladraba órdenes a diestro y siniestro, le dio un golpe en la espalda que casi le hizo caerse por la borda. – Jajaja, ¡menudo hijo de puta!, ya sabía yo que debía de haber alguna razón por la que estabas en este barco a parte de dejarme seco en el juego de anoche. Pensaba que serías de esos estrategas estirados que huyen a la mínima a esconderse en los camarotes, pero parece que tienes pelotas. Veremos si eso sigue así cuando abordemos a esos cabrones. El mar no es sitio para caras bonitas como la tuya. – Y, aunque debería sentirse algo insultado por las palabras del oficial, Izaya le dedicó una sonrisa ladina, pero carismática. - ¿Cree que tengo una cara bonita? – le preguntó de vuelta, con el rostro algo ladeado en fingida inocencia, lo que le valió otra risa del hombre y un nuevo golpe en la espalda, antes de que el capitán se fuera a dar las nuevas instrucciones.

El tablero estaba en posición. Los arqueros de ambos grupos preparados para soltar las cuerdas de sus arcos, los jinetes wyvern de camino a su barco, y las esferas ígneas a punto de ser utilizadas. Solo quedaba dar una orden. El informante contó los segundos: 3, 2, 1.

Fuego.


Última edición por Izaya Orihara el Dom Sep 17, 2017 6:22 pm, editado 1 vez
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Re: {Campaña de conquista} Hardworking Time Limit {Priv. Izaya}

Mensaje por Sion el Dom Sep 17, 2017 6:12 pm

Así que 33... No era un número demasiado grande, ciertamente, los superaban en número, pero, tenían buenas posibilidades de atacarlos y salir vencedores de aquello. Parpadeó, se cruzó de brazos y escuchó con atención, sin decir nada pero con la mirada siempre fija al frente, en espera de algo , cualquier cosa. Debían actuar... Debían hacer algo... Asintió, aún sin decir nada, ante las palabras del estratega. Era una buena idea esa, tanto que, incluso el capitán del barco estuvo de acuerdo con ella.  En los labios del mago oscuro se formó una sonrisa ladeada ante aquél cambio de palabras entre aquellos dos; aunque el capitán tenía maneras bruscas y seguramente a más de uno lo habría hecho saltar sus palmaditas en la espalda, verdaderos golpes para otros. Él mismo había sido víctima de ellos y del lenguaje tan poco cortés del marinero; totalmente opuesto a lo que Sion solía ser.

Bien, entonces eso haremos –Asintió. Observó a los arqueros situados, a Yomi buscando como siempre su aprobación y al recibirla, el joven mago volvió su mirada al frente. Las esferas ígneas para los wyvners, aunque las pobres criaturas no tenían culpa; las flechas para los emergidos en el barco. Avanzó hacia el frente– ¡Allá atrás! Pónganse a cubierto –Ordenó en alto. Él iba a quedarse allí, esperando por cualquier posible cambio de planes que pudiesen haber, hasta cierto punto, normales en medio de una guerra. Entonces todo pasó, las flechas fueron lanzadas, dibujando una curva en el cielo que pasó de apuntar a los jinetes sobre sus aladas monturas a los emergidos, flechas enemigas clavadas en ambos barcos, heridos de un lado y el otro. Entonces, casi en un subseguir, los magos se dispersaron, tomando el control de las esferas, apuntaron y sin miramiento atacaron ante una señal del capitán, hiriendo a los wyvners en el cielo, causando que cayesen sin evitarlo en el mar. Pero, de aquellos emergidos que sí lograron saltar y salir con vida hasta pisar su propio barco, se ocupó Sion.

Dio media vuelta, abriendo el tomo que había estado sujetando en su mano y, conjurando un hechizo, disparó oscuridad de su mano extendida hacia el frente. Eventualmente la magia oscura, escurridiza como siempre, logró penetrar la armadura enemiga, causando daño más dentro que fuera. Cayó al suelo y otro de los allí presentes se dieron el lujo de darle el golpe de muerte. Lo mismo hicieron con el segundo emergido de los tres que habían logrado subir al barco. ¿Así que esa era su intención? Quizás desde un principio habían dado por sentado que ellos no poseían otras armas... Armas... Claro... A ese paso no iban a poder hacer más que esperar y cansarse en el proceso. Volteó hacia el capitán y el estratega, cerrando el oscuro tomo que llevaba entre las manos con un pequeño resonar– Veamos. Esperar que los demás ataquen y se acerquen, parece una pérdida de tiempo y de energías. ¿Qué tal si atacamos sus velas con las esferas? Podrían decidir tirarse al agua, al menos ganaremos tiempo antes de que logren apagar las llamas; en caso de que lo hicieran –Entonces, señaló hacia uno de los muchachos que tenía ante una de las esferas.

Si los emergidos abandonan la nave, podemos apagar el fuego nosotros. Las velas podrán ser cambiadas por otras. Además, esa nave no tiene esferas ígneas –Eso explicaba más de la mitad: o no era un barco de Durban, o era uno de los antiguos modelos– Tampoco deben de haber rehenes... No es su forma de actuar... Probablemente tampoco tengan cosas de valor que. En el peor de los casos solo habremos perdido una embarcación antigua –Tampoco le agradaba del todo la idea... Pero, al menos para él, era la cosa más conveniente que hacer: él debía de asegurarse que sus hombres no murieran en esa misión. Pero, tampoco le recaía el poder de decidir qué hacer.
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Re: {Campaña de conquista} Hardworking Time Limit {Priv. Izaya}

Mensaje por Izaya Orihara el Lun Sep 18, 2017 2:31 pm

Hubo unos segundos de calma antes de que estallara la tempestad. Desde su posición en el castillo de popa, Izaya pudo verlo todo sin ser apenas un actor en el conflicto. Tal y como le gustaba, se mantuvo como un agente observador, un ser omnisciente que contemplaba sin tomar partido por un lado u otro lado. Aunque estaba claro, en ese caso, qué partido había tomado: “el de la gente viva”, diría si le preguntaran, que allí se traducía como ser del bando de las Islas de Durban. El estratega trabajaba para ellos, les trataba de ayudar con ideas y posibles estrategias que, hasta el momento, habían sido acogidas de buen grado. Para una persona más acostumbrada a hacer sugerencias en otra clase de entornos donde la privacidad y el secretismo primaba, aquel cambio era como un soplo de aire fresco. Aunque no por ello dejaría de hacer lo que hacía. Amaba su trabajo con celosía, y todo lo que había conseguido había sido a cambio de trabajo duro, y rápido ingenio. No tenía interés en librar las guerras de otros, una batallita de vez en cuando y con algún objetivo mayor en mente era una cosa, pero nunca se prostituiría por ideas tan estúpidas como la gloria nacional o un monarca.

Le provocaban ternura los que sí que lo hacían. Pero, ¿qué podía esperar? Sus queridos humanos eran como ovejitas esperando a su pastor o al lobo. El pastor les guiaría de vuelta a casa, por buenos caminos libres de peñascos; el lobo también, aunque les llevaría por otros lugares más oscuros y con intenciones menos inocentes. No obstante, había veces que la gente se salía de la senda, como pobres borreguitos descarriados que resultaban tener las fauces más afiladas que cualquier predador. Izaya observó con curiosidad al mago oscuro. Había conocido a muchos de ellos en Plegia, y casi siempre habían resultado ser humanos interesantes. A menudo le habían proporcionado gran entretenimiento en sus propios juegos sociales. Por supuesto, sabía que allí no tenía la libertad de divertirse de esa manera, de modo que se contentaba con observar y tomar nota.

Se cubrió con un escudo de acero que unos escuderos le habían tendido poco antes de que los emergidos lanzaran sus flechas. Hubo un cruce de proyectiles, provocando que algunos de ellos cayeran al mar sin llegar a uno y otro barco. El viento y la labor de los magos de aire sirvió para que, no obstante, las flechas de Durban impactan en mayor cantidad en el barco enemigo. Por sus binoculares vio como muchos de los arqueros caían al no haberse puesto a cubierto como habían hecho ellos. Ja, ja. Principiantes. Algún mago también fue herido, así como un par de soldados. Puede ser que hubieran pensado que utilizarían solo las esferas ígneas o que solo tenían magos en el barco. Al tratarse de la armada de Durban no sería extraño, pero llamaba la atención que los emergidos tuvieran eso en cuenta al realizar sus propias estrategias de ataque. Un par de flechas se le clavaron en su escudo, aboyándolo y sobresaltando a Izaya. Se dio unas palmaditas en la espalda mentales por la buena idea que había tenido.

Al quitarse el artilugio defensivo de la cabeza, pudo ver, y sentir, como varios emergidos caían, literalmente, del cielo. – Ah, qué criaturas más insistentes. – comentó en voz alta. Sion se ocupó de una con su tomo de ruina. No se cansaba de ver cómo funcionaban esos libros. Sin embargo, con enemigos en las cercanías, no pudo prestar tanta atención como le gustaría. Del segundo emergido se encargaron las tropas de Durban que estaban más cercanas a su lugar de aterrizaje. Era un myrmidon que no tuvo oportunidad ni de desenvainar su espada. Sin embargo, no hubo tanta suerte con el tercer y último de ellos: un mago que llegó al lugar donde estaba el informante, algo más alejado del resto y cuyos aliados más cercanos estaban ocupados con otras cosas. Izaya no lo pensó, sacó una de sus cuchillas, un objeto tampoco muy afilado que había comprado por una suma nimia en un mercadillo, pero cuyo mango le había gustado. No necesitaría más para acabar con esa criatura. La punta era puntiaguda, y se hundió en la carne del cuello del mago, justo debajo de la mandíbula. Cortó con fuerza, y segundos después la lengua del emergido colgaba de forma sangrante por fuera de su garganta. Se quedó el filo del cuchillo de regalo. Daba igual, lo más probable es que tuviera tétanos.  – Creo que ya no vas a necesitar esto. – dijo mientras agarraba el libro rojo que se había caído en el suelo de madera.

Aun perdiendo, la criatura se arrastró en un último intento por atacarle. El estratega la miro con asco, sus ojos ensombrecidos por la repugnancia. – Muere, bicho asqueroso. – exclamó, antes de pisarle el cráneo repetidas veces. Su mano intentó parar los golpes de su talón, pero sucumbió al igual que una serpiente a la que se aplasta la cabeza. Sin remedio. Un crack le indicó que el emergido no se volvería a levantar ahora, ni nunca. El único vestigio de que había realizado una labor física era que su respiración era más profunda que de normal. Ni una gota de sudor había en su frente limpia. Se giró hacia Sion y le sonrió. - Parece que no hay mucho más que hacer, ¿no? – comentó mientras llamas naranjas y rojas devoraban las velas del buque enemigo. Tal parecía que el capitán se había tomado muy a pecho el ataque, y había contratacado con una buena ofensiva. Fuera como fuera, Izaya deseaba quitarse el hedor a mar y muerto de encima, y hacer un par de recados por Durban antes de marchar a su próximo trabajo.
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Re: {Campaña de conquista} Hardworking Time Limit {Priv. Izaya}

Mensaje por Sion el Lun Sep 18, 2017 4:39 pm

Buscó con la mirada al ser insensato; encontrándoselo siendo pisoteado con rabia por el estratega. Sonrió de lado, cruzándose de brazos: ¿quién lo habría dicho? ese muchacho parecía saber algo de lucha a pesar de que a primera vista pareciese alguien que solo se dedicaba a permanecer de brazos cruzados, observando, pensando, proponiendo estrategias como en su trabajo consistía. Lo miró con cierta diversión escondida detrás de aquella suave sonrisa suya, tan calmada como siempre a pesar de la situación– Bien hecho, Izaya –Le elogió al final, sin poder hacer a menos de arquear una ceja. Ahora... Ahora habría que tirar a esos seres del barco... O quizás... Miró unos instantes al susodicho ser en el suelo, sin siquiera un halo de vida, muerto, nunca más iba a levantarse... ¿Significaba que ese ser respiraba? ¿Que su corazón latía? ¿Que su celebro funcionaba? De hecho... ¿Tendría un corazón?

Quizás sus pensamientos al momento pudiesen ser considerados pecaminosos, blasfemos por interesarse en aquél ser sin mente racional, pero, como siempre, era imposible para él pensar que a diferencia de sus soldados, que semejantes energúmenos muriesen en el campo de batalla era mucho más interesante. Seres que continuaban adelante, que no sentían, que no podían ser engañados, que no se les podía cambiar la idea de la cabeza... Aunque eran estúpidos, cuando tenías una gran cantidad de ellos, contra un enemigo pequeño, sin duda alguna las cosas podían cambiar. No parecían cansarse a diferencia de las demás flotas de personas de carne y huesos, vivas, que respiraban, sentían, que tenían deseos... Por ejemplo, que lucharan en contra de sus semejantes: de los emergidos que tenían al frente. Pero, todo pensamiento serio que pudiese tener al instante cesó al escuchar un estruendo, volteó, viendo con casi sorpresa como los magos apuntaban, disparaban, y daban fuego a las banderas...

Pero no parecen estar dispuestos a tirarse del barco... –Frunció el ceño, algo disgustado al ver que la nave estaba tomando fuego más rápido de lo debido... ¿Por qué?– Creo que nos quedaremos sin nave...–Musitó en bajo... Bueno... ¿Qué remedio? Habrá sido su idea, pero... De todas formas no habrían podido hacer mucho más en aquél tipo de situación. Segundos después, mientras todos observaban hacia alta mar con sorpresa, los emergidos empezaron a tirarse al agua, quizás en acto reflejo, pues la mayoría, con sus pesadas armaduras, empezaron a perderse, tragados por las olas... Curioso... ¿Sería que todos los emergidos eran unos ineptos a la hora de nadar? ¿O eran solo aquellos? Se cruzó de brazos, suspiró y negó con un ligero gesto de cabeza– Demasiado tarde al parecer... No vamos a poder usar una nave en esas condiciones... –En nada, gracias a un suave viento, el fuego se fue expandiendo, abarcando todo el barco, llenándolo de llamas. No, no había forma, estaba ya todo perdido. Dio media vuelta, sonrió al estratega y avanzó, ignorando el cuerpo tirado en el suelo– Por ahora parece que acabamos... Avísenos si hay algo nuevo –Pidió, cortés como siempre y bajo, en busca de descubrir cuanto daño podría haberle proporcionado el ataque enemigo al barco.
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Re: {Campaña de conquista} Hardworking Time Limit {Priv. Izaya}

Mensaje por Eliwood el Jue Sep 21, 2017 1:14 am

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Izaya ha gastado un uso de sus dagas de bronce.
Sion ha gastado un uso de su tomo de Ruina.

Ambos obtienen +2 EXP.

Se procede a la tirada del dado Suerte, cuyo resultado será la recompensa para ambos.
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Re: {Campaña de conquista} Hardworking Time Limit {Priv. Izaya}

Mensaje por Narrador el Jue Sep 21, 2017 1:14 am

El miembro 'Eliwood' ha efectuado la acción siguiente: Lanzada de dados


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Re: {Campaña de conquista} Hardworking Time Limit {Priv. Izaya}

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