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[Campaña de liberación] Visitas a horas intempestivas [Privado; Izaya Orihara]

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[Campaña de liberación] Visitas a horas intempestivas [Privado; Izaya Orihara]

Mensaje por Sindri el Miér Oct 19, 2016 9:10 pm

Con un gesto de resignación, el bibliotecario movía adelante y atrás una escoba en la polvorienta entrada de la Gran Biblioteca de Ilia, despejando la sombría entrada de polvo. O, al menos, amontonándolo en los rincones donde no se notaba. En cada movimiento, casi un suspiro, tratando de pensar en el mañana más que en el hoy. Sí, le habían permitido hacer aquel viaje que había pedido a Goldoa, pero a cambio tenía que ocuparse durante unas semanas de las tareas más aburridas de la Gran Biblioteca de Ilia. En un principio le había parecido un buen trato, pero durante la semana había podido comprobar como de imaginativos podían ser dándole trabajo. Trabajo que, además, no era propio de un bibliotecario. ¿No podía quejarse que absolutamente nada de eso entraba en su contrato? Aunque, bien visto, tampoco estaba en su contrato el ir a buscar dragones por el mundo.

El hecho de tener que reorganizar libros tenía un pase. También el hacer un poco de mantenimientos. Incluso inventario, con lo aburrido que era leer los larguísimos nombres de los autores y tratar de adivinar el género del libro con un solo un título. Y era todavía peor cuando algún autor quería parecer místico o misterioso y dotaba al volumen de algún nombre estrambótico y rocambolesco. Entonces o bien leía las primeras páginas del libro con la poca luz que contaba en el almacén o bien trataba de buscar el título en almanaques antiguos. Ambas tareas eran extremadamente tediosas, pero al menos tenían que ver con los libros.

¿Pero barrer?

Pasar la escoba era algo a lo que había dedicado gran parte de su tiempo como bibliotecario en prácticas y era algo a lo que no deseaba volver en absoluto. Quizá su aversión a las tareas domésticas tenía su raíz en su niñez, donde tenía criados y criadas para llevar a cabo todo aquello mientras que él estudiaba. O más concretamente, trataba de encontrar algo que estudiar y que se le diese bien. Pero como todo aprendiz descubría, sus primeras responsabilidades no recaían en su ámbito de trabajo sino en la limpieza de éste... por lo que o descubres una buena técnica de limpieza escondida en tu ser o buscas otro trabajo.

Y si bien no era un criado profesional, Sindri sí que había desarrollado una manera de barrer que le permitía abstraerse lo suficientemente bien para pensar en otras cosas. Quizá en el día de mañana o buscarle el sentido a algún texto filosófico que leyó hace poco. O tratar de adivinar quién era el asesino de su última novela de misterio. Y lo mejor es que el suelo quedaba totalmente limpio y el polvo amontonado de manera pulcra en un único montoncito, del que podía deshacerse con toda la comodidad del mundo. Lo único negativo es que tardaba bastante en llevar a cabo todo el trabajo, pero tampoco le pagaban por trabajar rápidamente, sino por un trabajo bien hecho. Pensándolo bien, ni siquiera le pagaban por hacer esto.

Ah, nunca pasa nada interesante por aquí... – dijo a la nada mientras la escoba continuaba haciendo su impagado trabajo. Su única compañía fue el eco de sus palabras, que recorrió las bóvedas desocupadas de la Gran Biblioteca de Ilia, puesto que los bibliotecarios estarían haciendo trabajos más entretenidos... o quizá durmiendo – ¿Es tanto pedir un poco de emoción de vez en cuando? – y habiéndose desahogado, se recordó que el polvo no se recogería él solo por compasión.
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Re: [Campaña de liberación] Visitas a horas intempestivas [Privado; Izaya Orihara]

Mensaje por Izaya Orihara el Lun Nov 21, 2016 10:00 am

Hacía mucho tiempo que no pasaba por Ilia. Sus solicitados talentos le mantenían alejado de aquel que había sido su primer hogar, pues la mayoría de los encargos provenían de otros países. Además, Ilia en general le aburría, tras tantos años vividos allí, de modo que evitaba viajar por la zona en la medida de lo posible. Sin embargo, un nuevo trabajo y la necesidad de recabar información novedosa y de provecho le obligaron a regresar a los parajes helados que tan bien conocía. No había mejor sitio en el mundo que la Gran Biblioteca de Ilia para aprender cosas de todas partes del mundo, como el excepcional lugar de reunión de conocimientos que era. Tenía información, además, de que se habían actualizado algunas áreas y eso era de su interés. Nada sucedía en Ilia sin que él se enterase. Tampoco era difícil, pues en un país de mercenarios el mejor postor era siempre quién tenía la mejor baza.

A pesar del frío tiempo, y la monotonía de la vida en el nevado país, Izaya estaba de demasiado buen humor como para que su ánimo se perturbase por el hielo en el aire o los comentarios toscos y desagradables del hampa de las calles. Hacía poco que había concluido dos etapas que tenía ganas de ver por finalizadas: la primera era la compra de un peligroso artículo que le sería entregado en Begnion en varios meses; la segunda, una visita a Durban que le había interesado en más de un sentido. Ambas habían terminado de forma favorable para los deseos de Izaya, incluso mejor de lo que hubiera esperado. Antes de marchar a Begnion, no obstante, le había surgido un encargo en Lycia. Trabajaría, nada más y nada menos, para el Marqués de Pherae, Lord Eliwood. Le resultaba tan emocionante las posibilidades que eso le abría, que una sonrisa de absoluta satisfacción había adornado sus labios desde que hubiera recibido la invitación formal del propio Eliwood para ir al marquesado.

Pero para llevar a término correcto sus posibles próximos planes necesitaba investigarle más a fondo. Izaya no se metía en boca del lobo sin saber lo máximo posible de la parte contratante con antelación. Para un resultado satisfactorio para ambos, debía ser quién dominara todo sobre él: fuerzas, debilidades, historia, gustos, disgustos. La mayoría de los libros no daban tantos datos, mucho menos si eran tan personales, pero con las suficientes pistas y rumores se podría formar una imagen mental bastante acertada. Además de su disposición de escrutar al marqués, también tenía curiosidad por saber datos ocultos sobre los Manaketes. Sentía que la mayoría de la información que había leído era escueta y poco detallada, y cuyos datos eran siempre los mismos. Si pudiera hacerse con conocimientos frescos, sería más que feliz. Sabía que debería haber aprovechado al estar en Akaneia para averiguar más, pero no había tenido tiempo con el viaje a las Islas de Durban, por lo que tendría que aguantarse con lo encontrado en Ilia.

Gruesos copos de nieve caían del cielo en su camino a la Gran Biblioteca. Izaya sobresalía de entre el paraje cada vez más blanco con su largo abrigo oscuro, con una capucha cuyos bordes de pelo plateado le protegían el rostro del viento frío. Iba silbando una pegadiza canción que había escuchado cantar a las niñas que protegía y que vivían en su casa de allí. Subió las escaleras hasta el gran portón de varios saltitos juguetones y guardó silenció cuando las quejas de alguien pudieron escucharse a través de la madera. Sonrió de oreja a oreja y empujó la estructura con todas sus fuerzas para que se abriera de par en par. El aire frío de la calle entró en una ráfaga endemoniada que chocó con fuerza con el muchacho que barría, y lanzó en todas direcciones el polvo que había ido acumulando en diferentes rincones. Una mueca de burla acompañó la mirada interesada de Izaya, que se posó en el rostro del chico.

- Así barría, así, así. ♪ Así barría, así, así. ♪ Así barría que yo lo vi ♪.– comenzó a cantarle con la mayor mofa posible, pues había sido el informante quién había deshecho todo el trabajo en el que debía de haber invertido aburridas horas. En el fondo era culpa del bibliotecario: los deseos, como anhelar que sucediera algo inesperado, podían volverse en contra de uno y jugarle una mala pasada. Sindri había pedido, o más bien se había quejado, de que nunca sucedía nada interesante en Ilia. Y era verdad, era un país de lo más aburrido, pero para eso estaba Izaya, para sazonar todo un poco mejor. – Vaya, ¿Eso lo he provocado yo? Menudo despiste el mío. – se disculpó sin el menor tono de arrepentimiento en el rostro, aunque no había crueldad en sus palabras, solo diversión y cierta curiosidad por saber cómo reaccionaría.

La molesta brisa helada seguía entrando a raudales por la puerta abierta. El estratega se giró un poco, sin perder el contacto visual con Sindri, y comenzó a cerrarla con tranquilidad, como quién entra en su casa. En el fondo, había pasado tantas horas de su niñez ahí que prácticamente era como su segunda vivienda en Ilia. Se sentía muy cómodo entre sus muros y sus libros, quizás la Gran Biblioteca era la única cosa salvable de aquel reducto helado y inapetente de Elibe. Mientras la estructura iba girando sobre sus bisagras, y volviendo a su continuo estado clausurado, un par de silbidos agudos rompieron las corrientes de aire. La primera flecha atravesó el resquicio que cada vez se iba haciendo más pequeño, y fue a parar contra una de las paredes del interior. El segundo proyectil, igual de afilado, impactó en la misma puerta que, gracias a su grosor, evitó que la punta apareciera por el otro lado.

Izaya permaneció unos momentos en silencio antes de estallar en carcajadas. Por supuesto que su suerte no podía ser tan buena. – Parece ser que hay Emergidos con un súbito interés en aprender a leer. O en barrer. – comentó divertido antes de sacar de un bolsillo una de sus fieles cuchillas, que extendió hacia el frente con un ademán rápido de muñeca. – Espero que sepas usar algo más que una escoba, no creo que les hagas ni cosquillas sino.
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Re: [Campaña de liberación] Visitas a horas intempestivas [Privado; Izaya Orihara]

Mensaje por Sindri el Lun Nov 28, 2016 7:58 pm

Deje que adivine. A juzgar por sus gorgoritos usted no es cantante profesional, ¿verdad? – inquirió con una sonrisa el bibliotecario, apoyándose en la ya poco más que accesoria escoba. Su trabajo de los últimos minutos había desaparecido, pero a alguien con un salario fijo y una tarea que, realmente, no quería realizar no le importaba en absoluto. De hecho, le era algo provechoso, puesto que podía alegar que no había hecho el aburridísimo encargo por “hechos de causa ajena y fuerza mayor”. Tal persona le venía como anillo al dedo, pero su parte más oscura no pudo sino recelar al máximo de ese espectáculo tan pintoresco, pero no iba a dejarlo entrever. Si había que jugar, jugarían los dos, puesto que sería muy, muy, muy injusto que sólo uno de los presentes se divirtiese, ¿no es así?

No hizo mucho más que cambiar la escoba de mano y dejarla claramente a la vista del sujeto, mientras el Dark Mage comenzaba a hablar con la voz más melosa que le era posible – ¿Despiste? ¿El qué? ¿El soplo de aire fresco? El aire se enturbia tanto tiempo encerrado entre los muros de esta biblioteca, por lo que se agradece que alguna alma cándida abra los portones. – Sindri aspiró una gran cantidad del aire frío de Ilia por la nariz, hinchando el pecho exageradamente, para luego sacarlo por la boca, casi creando un vaho así. Cuatro años en los ambientes típicos del país le había hecho bastante inmune al fresco y ya casi podía abrir la ventana por la mañana sin escalofríos. Casi – ¿O se refiere, buen señor, a ayudarme con mi trabajo? ¡Esparciendo el polvo por todos los rincones ha hecho que ya no se note! Mi trabajo era sacar el polvo de los rincones, pero nadie me instruyó que impidiera que volviera ahí. Por ello, mi cometido aquí cesó. – tras una exageradísima reverencia, el Dark Mage dejó la escoba en un armario que había en el lugar, pareciendo no reparar en el griterío que había fuera de la Gran Biblioteca de Ilia.

Y ahora, si me disculpa, seguro que algún bibliotecario estará encantado de atenderle y ayudarle a encontrar los libros que precise, ya sean libros para colorear o de fábulas. Uno comienza su turno libre. – y casi con esas palabras pareció invocar de la nada unas saetas, una de las cuales entró en la estancia bien cerca del Dark Mage. Sin mucha sorpresa, alargó la mano y la despegó de la pared con un sonoro “twing” – Dichosos arqueros... ¿Emergidos dice usted? ¿De nuevo? Pero si pasaron por aquí hace nada... – ¿Qué habrán tomado tan repentinamente con Ilia? Si ahí no había nada siquiera para destruir. La mayoría de tierras eran áridas y sin plantas... ¿Qué iban a quemar? ¿La nieve? Pues buena suerte, la iban a necesitar.

En fin, tocará apechugar. Cualquier cosa es más entretenida que barrer, incluso el tiro al blanco. – dijo para sí el muchacho mientras se acercaba a unos colgadores que habían en una pared cercana. Su fiel zurrón restaba colgado en uno de ellos, que recuperó con presteza y lo ciñó a su hombro con todavía más habilidad – ¿Quiere usted que vaya a por la escoba de nuevo para prestársela? Porque esas cuchillitas dudo mucho que le sirvan de nada. A no ser que su plan sea dar afeitados a los Emergidos para convencerles que se marchen. – un movimiento de los hombros sumado con una sonrisa fueron las únicas pistas a su interlocutor sobre si estaba hablando en serio o no. Se acercó con paso quedo a la puerta, tratando de prestar atención a lo que sucedía fuera – Hm... demasiado silenciosos, cierto. No es que vaya a ayudar mucho el oído en esto... – sacó de su zurrón un libro de color púrpura con detalles plateados: un Tomo de Ruina identificable por cualquier estudioso de las Artes Arcanas, que dejó reposando sobre el antebrazo izquierdo. Posó su mano derecha en la argolla para abrir el portón de la Gran Biblioteca de Ilia, pero sólo entonces reparó en algo – Oh, creo que debería dejarle salir a usted primero. Con unos instrumentos tan pequeñitos seguro que necesita todo el tiempo posible para acercarse a sus enemigos. No quiero quitarle el elemento de la sorpresa. Ahuhuhu~
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Re: [Campaña de liberación] Visitas a horas intempestivas [Privado; Izaya Orihara]

Mensaje por Izaya Orihara el Dom Dic 18, 2016 10:12 am

Al informante le caía bien la gente con sentido del humor. Encontraba fascinante descubrir qué hacía reír a sus queridos humanos, o aquello que trataban de esconder con sonrisas y burlas. El sarcasmo era un arma poderosa, cuyo filo Izaya había ido puliendo a lo largo de los años, desde que se dio cuenta de que las palabras podían herir más que una espada. Sin embargo, tener un ingenio despierto y bastante agudeza mental le hacía aburrirse con mayor facilidad de las personalidades de la gente menos inteligente, por lo que siempre empleaba diferentes trucos y artimañas para hacerles salir de esa apatía. Les hacía reaccionar ante diversos actos que pudieran entretenerle, sorprenderle. Y si alguien le seguía el juego, Izaya estaba más que dispuesto a continuarlo. Al fin y al cabo, pocas eran las situaciones en las que eso sucedía.

- Por supuesto que no soy cantante, la rama artística de la familia la ha heredado mi estúpido hermano menor. – comentó casualmente, una sonrisa ladeada en sus labios al ver la reverencia que recibía por parte de Sindri. – Pero me alegra el haberte sido de utilidad. Aunque me pregunto si los viejos bibliotecarios que dirigen este lugar opinarán lo mismo. Solían ser bastante puntillosos con esa clase de cosas, aunque quizás la edad les ha ablandado con los nuevos. Sea como sea, tu secreto está a salvo conmigo, de momento. – Por supuesto eso tenía un precio, y todo dependía de cómo viera Izaya que se desarrollaban los acontecimientos.

En su época como estudiante, las viejas momias de la Biblioteca de Ilia no habían sido nada agradables, pero bien podía ser que ahora fueran más amables con los nuevos. No podía estar seguro porque hacía años que no pasaba por allí, los suficientes como para no saber quién era ese chico y que él no supiera quién era Izaya. Aunque tampoco era muy complicado averiguar cosas del joven: obviamente era un extranjero, o sino el estratega habría oído hablar de él antes. No es que hubiera demasiada gente intelectual en Ilia, y alguien como él, que trabajaba en la Gran Biblioteca, debía de haber recibido algún tipo de educación para estar allí. Los mercenarios apenas se acercaban a los alrededores y por supuesto, no iban a ser contratados allí ni para barrer. A juzgar por su aspecto, andarían en el mismo rango de edad, y si hubiera sido un estudiante proveniente de Ilia, Izaya le habría visto al menos una vez porque el único lugar para estudiar era la Biblioteca.

Otra cosa que pudo aprender de él, fue que era un mago dedicado a las artes oscuras gracias al tomo púrpura que el bibliotecario sacó de un zurrón que colgaba de su costado. Incluso en la penumbra del lugar, el estratega lo identificó sin problema. Era igual que el que su hermano había llevado consigo en Durban para pretender ser un mago, y justo como los miles de libros que había visto portar a los estudiantes de artes oscuras en Plegia. Entornó un poco los ojos y miró de arriba abajo al muchacho. No tenía pinta de ser un plegiano: ni su humor, ni su modo de hablar, ni su aspecto, pero Izaya no se sorprendería si lo fuera. La gente de ese país era rara ya de por sí. Aunque normalmente la gente de Plegia, en especial los magos oscuros, no pasaban la oportunidad de mencionar a Grima a cada momento y Sindri, con todo lo que había hablado, no había dicho el nombre del supuesto dios caído en ningún momento. Ya averiguaría quién era más adelante. Por ahora, debía deshacerse de la molesta presencia de los emergidos que impedirían una correcta recopilación de información.

- Hay afeitados de muerte. Al fin y al cabo el cuello es la parte más blanda en todos los seres, ya sean humanos, laguz, o emergidos. – le respondió con tranquila sorna mientras se aproximaba a él y ponía su mano libre sobre el portón. Sin embargo, en vez de abrirlo, lo empujó para cerrarlo a cal y canto. - Ciérrala bien, no vaya a ser que entren esas alimañas a la Biblioteca. Una cosa es que no sepas recoger el polvo, y otra muy diferente que dejes entrar a un grupo de Emergidos. Eso me parece que es despido directo. – Se apartó de ella para que el bibliotecario echara el cerrojo, alzó un poco las cejas, absolutamente divertido con la cantidad de puyitas inteligentes que recibía. – No te vuelvas predecible con tus actos, con lo bien que lo estabas haciendo hasta ahora. – le reprochó, un mohín falso en sus labios que contrastaba con su mirada afilada y fija.

Dicho esto, se giró sobre sus talones para internarse en el sombrío edificio sin esperar a que el bibliotecario le siguiera. Alzó un poco la voz para que sus palabras quedaran atrás antes de subir por unas escaleras de piedra cercanas: Érase una vez un mago algo inocente que quería que un estratega saliera por la puerta a afeitar Emergidos. Pero lo que no sabía, es que el estratega prefería salir por la ventana y cortarles el pelo. Porque las greñas que llevaban algunos era un insulto a la moda, y no había nada más sorprendente que un cambio radical de la muerte. – Si Izaya no se equivocaba, suceso altamente improbable a su juicio, había un enorme ventanal sobre el portón de la biblioteca. Las amplias cortinas protegían los libros del interior de la poca luz que solía haber en Ilia, por lo que eso era una ventaja para, literalmente, caer sobre los emergidos en una emboscada sorpresa.
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Re: [Campaña de liberación] Visitas a horas intempestivas [Privado; Izaya Orihara]

Mensaje por Sindri el Mar Dic 27, 2016 8:35 pm

¿De veras? Debe ser un tema de conversación fascinante en las reuniones familiares que tenga usted. Imagine la de canciones que pueden cantar una vez se sientan todos en la mesa. – la respuesta del Dark Mage no se hizo esperar mientras se colocaba bien la ropa de abrigo. A nadie se le ocurriría adentrarse en el gélido ambiente de Ilia sin tomar las precauciones necesarias. O, al menos, nadie lo podría hacer dos veces – Son buena gente. Al menos los que quedan aquí y no se han ido con sus familias. Son tiempos difíciles y la amenaza de éstos... – señaló con la mano que quedaba libre de abrocharse su capa hacia el portón –... hace que no se vea mucho movimiento en la Gran Biblioteca de Ilia. No se necesitan tanta gente ahora por ahora. – los únicos que quedaban en el centro de conocimiento eran los magos, aquellos que habían hecho su familia en los pueblos cercanos o aquellos como Sindri, que no tenían otro lugar donde ir. El lugar había visto tiempos mejores, pero  no estaba desierto todavía. Podían seguir así. Al menos un poco más.

Oh, sí, no puedo evitar imaginar como irá esa conversación. “Abrí la puerta y todo el polvo voló por la estancia, y el bibliotecario en vez de ponerse a barrer de nuevo hizo algo respecto a los Emergidos que asolaban la Biblioteca". Terrible. Quizá me dan dos piezas de fruta de postre en vez de tres. Ahuhuhu~ – el muchacho, que todavía no se tomaba muy en serio nada de lo que estaba pensando, se limitó a deambular un poco por la estancia sin rumbo fijo. Las ventanas estaban demasiado altas para ver bien por ellas y lo único que podía escuchar fuera era el ulular del viento – Si quiere ese secreto, se lo doy encantado. ¿Es coleccionista de secretos? Podría indicarle donde encontrar más. – la sonrisa en su cara indicaba que no tenía especial interés en impedir que esa información llegase a los oídos de nadie. Primero porque no era más que un bibliotecario más, segundo porque no había ninguna cláusula de barrer sobre su contrato y tercero porque había cosas más importantes que hacer que abrir un expediente reglamentario porque alguien te molestó mientras trabajabas.

Siempre pensé que la parte más blanda de cualquier ser es la lengua. Mucha gente pierde la fuerza por ahí. Pero cierto es que nunca nadie ha oído hablar a un Emergido, ¿cierto? – si era una contestación, una mofa o simplemente un apunte didáctico era algo que la persona con la que compartía estancia debía descubrir. Con manos expertas, por ser uno de los que solía tocarle el turno de noche, Sindri echó el cerrojo con una enorme y pesada llave cerrando un igualmente enorme y pesado candado – No crea, si los Emergidos acaban con  todos mis superiores entonces no habrá nadie que pueda firmar mi destino, ¿hm? De hecho, si no hubiera superiores recaerían en mí todas las responsabilidades y, por ende, los derechos. ¿Ascenso directo? ¿Indirecto? ¿De emergencia? – Sindri se paró un momento y miró al techo, tratando de adivinar la palabra correcta para describir su situación. Sin satisfacción por encontrar algo que encajara bien, comprobó que todo estaba en orden y volvió hasta el centro de la estancia.

Pero si usted dice que ser predecible no es una opción, ¿No está siendo predecible en que no será predecible? – su tono y pequeña cantinela marcaba que no estaba siendo absolutamente serio en eso y ni siquiera pretendía discutir. Observó con interés como el hombre desaparecía y seguía hablando, pero el bibliotecario conocía bien el edificio y el sonido de los pasos corroboró que dirección tomaba. Si quería salir por una ventana no tenía muchas opciones – Uh, vale. Si quiere romperse usted las piernas saltando por las ventanas no voy a ser yo quién se lo impida. Yo creo que saldré por la salida del servicio y, ya de paso, comprobaré que esté bien cerrada. – una pequeña puertecita en un lateral, escondida tras una torre, por la que entraban y salía poca gente a día de hoy. Pero era también un lugar por el que podía entrarse sin mucha dificultad – No mate a todos los Emergidos antes que llegue yo, por favor. Ahuhuhu~ – y con esas palabras, Sindri emprendió su marcha en búsqueda de la puerta que lo llevaría a un mundo nevado y lleno de peligro. ¿No había pedido algo de entretenimiento? Pues allí lo tenía.
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Re: [Campaña de liberación] Visitas a horas intempestivas [Privado; Izaya Orihara]

Mensaje por Izaya Orihara el Jue Ene 26, 2017 12:38 pm

En el primer escalón, Izaya se giró unos segundos y le lanzó al mago una sonrisa ladeada: descarada y carismática. - Amo los secretos, – le dijo.- en especial los que la gente desvela sin querer como “no evitaría que un enemigo matara a mis jefes si eso implicara mi ascenso al poder” que suena un poco como a alta traición, pero seguro que es solo mi imaginación. Suerte que no estamos en Nohr, allí se toman toda esta palabrería muy en serio. Ilia es mucho más campechano. En fin, iré a romperme una pierna, dicen que eso trae buena suerte. Te deseo lo mismo. – le guiñó un ojo  y desapareció escaleras arriba.

Conocía perfectamente la Gran Biblioteca de Ilia. Si cerraba los ojos, sería capaz de trazar el mapa de cada pasillo, de cada resalto en las paredes de piedra, de cada estancia dedicada a los diferentes ámbitos del conocimiento. En los años que no había estado allí, era muy posible que los libros se hubieran cambiado de lugar y que las habitaciones hubieran modificado su función de trastero a sala de lectura o al revés. Aunque lo cierto era que el informante dudaba que se hubiera dado una innovación demasiado grande o abrupta, teniendo en cuenta que Ilia no era un país cosmopolita, la mayoría de sus ciudadanos eran mercenarios analfabetos, y su clima no ayudaba en lo más mínimo a favorecer el intercambio cultural e intelectual, por lo que la mayoría del tiempo las cosas se quedaban igual durante años y años. Le daba narcolepsia solo de pensarlo. Ni siquiera parecía que la llegada de los Emergidos hubiera logrado sacar a los viejos decrépitos de la biblioteca de su apatía. Tampoco es que fueran a luchar si solo levantar un libro les daba reúma. Envejecer, sin duda, era un destino peor que morir joven. Le daba un poco de pena el barrendero: tener que trabajar allí era como estar en un ataúd de pino a varios metros bajo tierra. Por lo menos no parecía haber enterrado su sentido del humor,  lo necesitaba para vivir allí.

Subió los escalones de dos en dos, dando pequeños saltitos animados como si se fuera de picnic y no a luchar contra un grupo de muertos vivientes. Lo cierto es que no es que le apeteciera demasiado pelear, él se dedicaba casi siempre a huir de las batallas y a observar desde lejos, pero ese caso en particular debía involucrarse por dos razones: la primera era que los emergidos eran los seres más cargantes del universo, no se detendrían hasta haber reducido un objetivo a cenizas, y puesto que Izaya necesitaba documentarse antes de su próximo trabajo, no podía permitir que destruyeran la Gran Biblioteca antes de haber saciado su hambre por conocimientos. La segunda razón era simple y llana curiosidad. Había visto que Sindri no se le daba demasiado bien barrer, una tarea que no requería demasiadas aptitudes, pero el estratega prefería darle el beneficio de la duda y ver por sus propios ojos si era tan mal mago como barrendero o si, por el contrario, estaba ante un genio de la magia oscura. Tenía unas altas expectativas y esperaba sorprenderse. Los magos, en especiales los de las artes malditas, eran los más interesantes de todos a pesar de que muchos de ellos tenían una afición por Grima que rallaba la estupidez.

El pensamiento le hizo reírse de forma grave mientras alcanzaba el final de la escalinata y llegaba al primer piso. El lugar estaba en la más absoluta negrura salvo por una triste vela que crepitaba en una de las paredes de piedra, a punto de consumirse por el frío y las corrientes de aire, apenas suficiente para iluminar menos de medio metro a su alrededor. Había un ventanal, que se dividía en cuatro cuadrados pequeños separados por tablas de madera vieja. Una de las contraventanas estaba entornada y por ahí entraba nieve y viento helado. Izaya se preguntó cuánto tiempo podría haber estado así, si apenas unas horas o quizás meses o años dejando entrar el horrendo clima de Ilia en el interior, ese era el destino de esas partes olvidadas porque lo interesante de la biblioteca estaba en su corazón, no en el exterior. Las cortinas no evitaban el paso de la ventisca, y la tela de terciopelo oscuro, que había visto mejores años, tenía el dobladillo empapado. Aprovechó que el resto estaba oscuro de cara al exterior, de modo que los emergidos no pudieran verle y además las ventanas cerradas podrían protegerle en cierta medida, para subirse al alféizar y arrancar la pesada barra de la que colgaban las cortinas. Con esfuerzo descendió al suelo con la estructura metálica bien agarrada en sus antebrazos y paralela al suelo. Cualquier sonido delataría su posición así que dejarla caer no era una opción. La apoyó sobre el saliente de piedra del ventanal y tras unos momentos de meditación, abrió todos los ventanales de par en par. Estaba demasiado arriba como para que el movimiento fuera notorio, pero el sonido chirriante de las bisagras sin duda fue escuchado por los emergidos que detuvieron sus pasos frente al portón y miraron hacia arriba.

Vieron fuego.

A modo de distracción, Izaya había prendido una de las telas de terciopelo en llamas con la vela que solitaria iluminaba un rincón y la había lanzado hacia fuera, aún colgando de la barra metálica. Ahora era una hoguera que consumía lo que tocaba y luchaba contra el frío y la nieve con fuerza. El estratega se guareció a un lado, pues las flechas no se hicieron esperar. Debían de haber al menos dos arqueros. Ignoraba si había alguna unidad más, pero por el sonido de pisadas debían de ser al menos cinco emergidos. Con sus habilidades al terreno en el que se encontraba, y por perfecta que fuera su performance, era imposible acercarse a dos arqueros sin que le impactara una flecha en el proceso. Su lucha era de cerca, donde sus cuchillas podían hacer más daño. Por tanto, debía esperar que el mago oscuro fuera el que se encargara de los arqueros primero. Ahora lo tenía servido en bandeja, pues toda su atención estaba puesta en el trozo de tela ardiendo y no había peligro de que le descubrieran si atacaba por otro flanco. A no ser que hiciera algo como usar ese piquito de oro en un momento inoportuno y eso le llevara a ser asesinado a flechazos. Lo que no dejaba de ser interesante porque, efectivamente, mucha gente perdía fuerza por la lengua aunque en el caso de Izaya, consideraba que ese era su músculo más fuerte.
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Re: [Campaña de liberación] Visitas a horas intempestivas [Privado; Izaya Orihara]

Mensaje por Sindri el Vie Feb 03, 2017 5:19 pm

¿Alta traición? ¿Lealtad? Espera usted demasiado de un simple y llano bibliotecario, buen señor. – Sindri se detuvo en el quicio de la puerta y se giró hacia el sujeto. Con las últimas palabras juntó una reverencia demasiado exagerada y profunda para ser nada más que una mueca no verbal picaresca – Quizá debería usted redactar mi contrato, si va a otorgarme nuevos quehaceres. ¿Qué soy más que un mero organizador de tomos polvorientos y ayudante de buscadores del conocimiento cansados? No soy guerrero ni protector para serme encomendada la tarea de ser égida de los desvalidos. – sus palabras evocaban un vocabulario que trascendía lo que un plebeyo podía saber. Aunque tampoco eran tan diferentes de las que un personaje de una obra de teatro podía vociferar para ser oído desde un escenario. Había cierta ambivalencia, que destrozó de un plumazo de la siguiente manera – Ya de paso, súbame el sueldo, ¿sí? El que tengo hoy por hoy no es suficiente para mis caprichos. Ahuhuhu~ – bromeó, obviamente. Problemas monetarios no tenía a día de hoy, puesto que tampoco gastaba mucho… quizá más por no tener lugar donde hacerlo. El poblado más cercano a la Gran Biblioteca de Ilia tenía sólo los servicios imprescindibles y la ciudad a la que tenía más acceso estaba a más de un día de distancia. Cada moneda que ganaba sólo podía comprarle ropa de abrigo, cosa que ya tenía de sobras, o una comida caliente en la posada, su único “capricho”, por llamarlo de alguna manera.

Una vez vio desaparecer al desconocido emprendió su camino mientras pensaba sobre el misterioso visitante y la coincidencia de traer con él Emergidos. Había notado que tenía cierto nivel de conocimiento sobre la propia Gran Biblioteca de Ilia, aunque no uno demasiado reciente… no parecía tampoco un bibliotecario de ninguna clase. ¿Tal vez un estudiante? Con una lengua tan mordaz no hubiera durado mucho, en la opinión de alguien que había tenido que guardarse muchas opiniones para guardar el puesto. Ya nada lo ataba aquí, claro, tan sólo hacía tiempo mientras continuaba sus investigaciones… o eso quería pensar, al menos,

El aire gélido de Ilia hizo que sus pensamientos volvieran a concentrarse en el presente. Respiró hondamente, dejando que el frío se instalara en sus pulmones y soltó un hálito blanquecino, casi tanto como la nieve del paisaje. Con parsimonia sacó el candado y las cadenas del “escondite secreto” situado en una ventana rota un poco más allá y se dispuso a cerrar la entrada con llave. Tiró un par de veces del candado para asegurarse que no podía abrirse y sólo entonces se guardó la llave en el zurrón y comenzó una corta caminata sin el más mínimo atisbo de prisa. Seguro que el hombre de los cuchillos lo tenía todo bajo control.

Justo antes de dar la vuelta al edificio, sacó el libro de su zurrón. Su fiel Tomo de Ruina, un libro aparentemente normal, pero que le permitía canalizar los poderes más antiguos del mundo: la Magia Arcana. Las maldiciones y los rituales podían practicarse, si eras cuidadoso y podías conseguir los ingredientes necesarios… ¿Pero los hechizos básicos de combate? Eran demasiado vistosos y cualquier habladuría en una población tan supersticiosa podía ser peligrosa. Abrió el libro.

Y sintió el poder otra vez.

Aquél susurro en el límite auditivo que prometía tanto y tan bien. Con una voz tan y tan bonita. Tan encantadora. Tan seductora. Pero no, no había tiempo para eso, primero masacrar a los emergidos, después escuchar más.

Observó el campo de batalla. No llegaban a una decena, por lo que parecía, pero un Emergido ya era un desafío considerable. En el medio de la melé había una figura que decididamente no tenía nada de emergido, rodeado de todo tipo de enemigos. Pero no tardó mucho en elegir su objetivo… había un tipo de víctima que era su predilecta en cualquier momento – Dichosos arqueros… – musitó por lo bajo mientras levantaba el brazo en dirección a uno. La energía oscura comenzó a arremolinarse en su palma con inusitada violencia… ¿Qué se habían creído? El arco y la flecha no eran más que palos sofisticados con una cuerda de por medio, ¿Qué les daba derecho a amenazarlos e interrumpir su magia desde lejos? La espiral de oscuridad, puesto que lo que había en su mano sólo podía considerarse como una total ausencia de luz, se lanzó a la yugular de un arquero Emergido apuntando donde no debía e impactó de pleno contra él sin miramiento alguno.

El engendro pareció no notarlo en un primer momento, siguiendo con sus acciones como si nada… pero no había escape de la Oscuridad. Cayó de bruces con todo su peso, con el arco todavía aferrado, de la manera más súbita posible. Como si, simplemente, la chispa de vida le hubiera abandonado… si es que alguna vez la tuvo. Sin herida ni sin sacar sangre… ¿Sin dolor? Eso no podía asegurarlo, claro.

¡Eh! ¿Se ha roto ya la pierna? Si aguanta un ratito me encargo de éstos y le traigo una escayola o algo. Ahuhuhu~ – se dirigió en voz alta a su compañero de trifulcas. Medio para hacerle saber que había llegado y estaba listo para la lucha, medio porque así los Emergidos debían dividir su atención en dos puntos espaciales. Esta lucha comenzaba a verse muy interesante…
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Re: [Campaña de liberación] Visitas a horas intempestivas [Privado; Izaya Orihara]

Mensaje por Izaya Orihara el Lun Mar 20, 2017 9:26 am

Si bien Izaya no podía asomarse por la ventana, al ser demasiado grande el riesgo de que le impactara una de las flechas de los arqueros, no por ello permanecía ciego a la situación. Al contrario, nada más esconderse a uno de los lados del ventanal, había sacado de uno de los pliegues de su abrigo un espejo de doble cara, un artilugio pequeño y portátil que siempre llevaba consigo para situaciones como esa o por razones mucho más narcisistas. El espejo en sí era “de señora”, pero a Izaya le había gustado cuando lo había visto en el Mercado de Ylisse, y por tanto se lo había comprado. Tampoco es que las convenciones de género importaran demasiado a alguien que se disfrazaba de mujer a menudo. Desde entonces, lo había empleado en numerosas ocasiones y se había convertido en uno de los objetos que siempre llevaba consigo.

Con un murmullo de satisfacción al ver su reflejo unos instantes en el espejo, lo giró de tal manera que lo que ocurría en el patio del exterior se pudiera observar en el pequeño círculo. La cortina en llamas ayudaba en cierto sentido a dar luz a la oscuridad del exterior, lo suficiente como para distinguir algunas sombras y figuras que se movían en la nevada noche. Izaya tenía especial cuidado en que el resplandor de su pequeña hoguera improvisada no diera de lleno en el espejo, no fuera a delatarse por algo tan estúpido y de principiante, aunque con una risa se preguntó si los emergidos podrían ser cegados por un haz de luz como el resto de la gente. Seguramente no, como los monstruos que eran.

Pacientemente esperó la llegada del mago oscuro, curioso por cómo sería su entrada triunfal en el campo de batalla. Por el espejo pudo ver como la luz se hacía más tenue y, aunque al principio supuso que era que la tela estaba llegando a su fin, pronto descubrió que se debía a una razón mucho más tenebrosa y mágica. Las flechas dejaros de impactar contra el edificio, y el emergido atacado cayó al suelo inerte. Todo era tan silencioso, tan suave, como la llegada de la misma parca al lecho de un anciano moribundo. La magia negra siempre había despertado su curiosidad por su poder tan complejo e interesante, mucho más que cualquier magia benigna, así que siempre que podía la analizaba y disfrutaba del espectáculo.

Aunque no por ello se quedó de brazos cruzados mientras el mago entraba en batalla. Comprobando que toda la atención de los emergidos estaba puesta, de momento, en el susodicho bibliotecario, se subió al alfeizar de la ventana y, apenas sin pensarlo, se lanzó al vacío. Izaya no era valiente, pero sí que era temerario, un auténtico adicto a la adrenalina. ¿Se rompería una pierna?, ¿Caería donde tenía que caer?, ¿Le impactaría una flecha en su camino al suelo?, toda una serie de incógnitas para las que no tenía respuesta, pero a las que no podía esperar a contestar. Sin embargo, no era tonto. Si bien había saltado sin miramientos, no significaba que no tuviera un plan en mente. Su mano izquierda sujetaba con fuerza el extremo de la otra cortina, la que no había prendido en fuego. Su longitud no era suficiente como para llegar al suelo, pero sí ahorrarse una buena distancia en caída libre y permitirle, en cierta medida, controlar su aterrizaje.

- Cuando la tela no dio más de sí, se desprendió de las argollas con un sonido fuerte, producto del peso de Izaya que había hecho impactar la barra de metal contra la pared donde estaba el ventanal y que, al no poder atravesarla, las cortinas habían cedido de su sujeción. Había servido su cometido de aminorar la fuerza de su salto. Con las piernas por delante, levemente flexionadas, y una cuchilla en la mano derecha, el informante soltó su agarre y se desplomó sobre el otro arquero emergido que había escogido como su colchón para evitar romperse una pierna en la caída. Impactó contra la espalda de la figura enemiga con fuerza, y el sonido de huesos rotos fue audible y grotesco. Le hizo sonreír con una mueca afilada y peligrosa mientras el emergido se desplomaba hacia delante sin apenas un gruñido de dolor, y su cabeza daba contra el frío suelo. Un reguero de sangre empapó la blanca nieve, señal de que el soldado no volvería a levantarse, aunque Izaya le prendería en llamas por si acaso. Por el rabillo del ojo miró a Sindri y le sonrió.

- Aparte de barrendero, eres enfermera. Que bien enseñan a los niños de hoy en día, ¿Hay algo acaso que no puedas hacer? Tu mujer debe de estar muy contenta. – le preguntó con cierta ironía y saltó un par de veces sobre el cuerpo para comprobar que no se movía, hasta que una estocada de una espada a su diestra le hizo moverse a un lado. No habían tardado nada en reaccionar a la nueva presencia por mucho que fuera mucho más delgada que los ejércitos a los que debían estar acostumbrados y que, sin duda, a primeras no parecía tan letal como era en realidad.

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Re: [Campaña de liberación] Visitas a horas intempestivas [Privado; Izaya Orihara]

Mensaje por Sindri el Lun Mar 27, 2017 6:20 pm

“Si tiene tiempo para hablar así entonces no debe encontrarse mal”.

Fueron los pensamientos del Mago Oscuro mientras observaba en la distancia al aventurero, por llamarlo de alguna manera, que había entrado a escena de la manera más melodramática posible. ¿Quizá trataba de representar alguna obra teatral? Sindri sabía que mucha gente se ponía nerviosa al estar en espacios con mucha gente (si es que clasificar a los Emergidos como “gente” era algo de buen gusto, claro) y trataban de distraer su cabeza de la realidad. ¿Sería este el caso? ¿La persona delante de él tendría un escenario, una comparsa y una orquestra auxiliar entera contratada para casos como este? Si es así, quizá podía compartir algo con Sindri, quién lo único que oía ahora mismo era la pesada respiración de los Emergidos todos pendientes de él.

Él no tenía miedo a las multitudes, ni mucho menos… de hecho, disfrutaba con la atención. Cuando era considerado noble, muchos años atrás, tenía un séquito siempre dispuesto a ayudarle con lo que fuera. Un noble se acostumbraba a ser el centro de atención durante su vida, y cambiar al más estricto anonimato fue algo bastante difícil. Trabajos simples que eran inexistentes cuando los criados se ocupaban de ello se convirtieron tareas cuotidanias a las que se tuvo que acostumbrar a marchas forzadas: la comida fría y de calidad mediocre servida en cuencos de madera arañados y desgastados por el tiempo y los viajes en asientos incómodos sustituyeron todas las comodidades de una vida de palacio. Y hoy en día, años más tarde, una comida caliente casera en la posada le parecía algo lujoso.

Pero es que hasta que el intrépido, pero dramático, apareció con su caída seguramente practicada decenas de veces, toda la atención de los Emergidos estaba en su persona. Después que hubiera acabado con uno de ellos. Les saludó con la mano, tratando de destensar el ambiente, esperando que eso los confundiera el tiempo suficiente como para pensar cómo salir de esta situación. Pero finalmente no hizo falta, por lo comentado anteriormente, así que el Dark Mage pudo respirar tranquilo.

Y por respirar tranquilo quiso decir “elegir un nuevo objetivo”.

Por suerte, o por desgracia para su vendetta, el acuchillador terminó con la existencia del otro arquero. ¿Así que era una persona que tenía buen gusto al elegir objetivos? Los arqueros se creían con derecho para molestar a los magos mientras llevaban a cabo su complicado y arcano arte con unos palos y una cuerda. Y eso era impensable. La magia no podía ser interrumpida de aquella manera tan… primitiva y humillante. Cargó algo de magia en su mano derecha y, por puro instinto, eligió lanzarla contra el Emergido más cercano a él, uno de armadura ligera con un hacha. Cuando notó el chispeo miró con curiosidad en dirección a su improvisado aliado.

Soy un hombre de muchos talentos, ya lo ve usted. También sé calcular el número pi hasta cuarenta decimales, construir castillos de nieve (pero sólo castillos del estilo Lyciano) y reconocer cualquier canción de taberna sólo por el estribillo. – y tras decir eso, lanzó el hechizo, que golpeó de manera aparentemente inocua en el Emergido. De nuevo, sin más ni menos, el enemigo cayó al suelo, sin un solo signo de violencia en su cuerpo – Y, como puede comprobar en estos momentos, soy una perfecta y muy diligente niñera.

Se movió un poco del lugar, acercándose más a la escena, ya que sus hechizos tampoco tenían tantísimo alcance. Con una sonrisa en sus labios, continuó su charla – Aunque debo decirle que el mercado romántico de los Magos Arcanos está muy depauperado. Parece ser que la habilidad de “maldecir a los enemigos con plagas inimaginables” no está bien valorada. Y no entiendo por qué…

OST de la batalla:
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Re: [Campaña de liberación] Visitas a horas intempestivas [Privado; Izaya Orihara]

Mensaje por Izaya Orihara el Miér Abr 19, 2017 11:11 am

En líneas generales, a Izaya no le gustaba pelear: prefería ver los conflictos desde lejos o incitarlos desde las sombras, pero el arte de la guerra era para él algo más enfocado a la estrategia que al aspecto físico en sí. Tampoco tenía problema en huir cuando la situación se volvía muy complicada. Él mismo admitía que antepondría su propia supervivencia ante cualquier tontería como el deseo de “luchar hasta el final” que muchos tildaban de valentía pero que el informante calificaba como una estupidez. Sin embargo, en su trabajo las cosas a veces no salían como uno cabría esperar, y eso significaba que de vez en cuando se veía inmerso en peleas contra grupos mercenarios que le odiaban por alguna razón, o contra clientes a los que les había arruinado la vida de una manera u otra. En años recientes, debía sumarle la presencia de los Emergidos a su vida, que habían complicado todos sus planes con sus existencias cansinas y continuas. Nunca hubiera pensado que lo diría, pero sin duda habían aparecido unos seres mucho más detestables que las bestias laguz, tan salvajes y estúpidas. Ya era complicado superar aquello, pero los emergidos lo habían logrado con todos los méritos.

¿Por qué, si los aborrecía tanto, se enfrentaba a ellos? Bien podría huir y dejarle el marrón a otro. Pero si había algo que fuera por delante y le hiciera hacer cosas que no le gustaba, era su trabajo. Ser informante no era sencillo, pues debía mantenerse al tanto de todo en todo momento. Eso requería grandes sacrificios, por supuesto, como tener que regresar al aburrido Ilia para visitar e investigar en su biblioteca, que se probaba como una de las mejores de Elibe. De no ser por eso, y porque daba la casualidad que tenía una casa en el pueblo colindante al edificio, no hubiera pasado por allí ni loco. Si alguien le preguntara, diría que no había nada para él en Ilia, un país aburrido y lleno de mercenarios que, si bien probaban ser útiles para hacer el trabajo sucio o informarle de los últimos rumores, sus existencias le aburrían. Izaya estaba hecho para recorrer el mundo y todas sus gentes, no para quedarse varado en un pueblacho. Sin embargo, había razones mucho más sinceras y reales por las que el nevado país no le gustaba: quizás le recordaba demasiado a la solitaria y fría infancia, tan desprovista del cariño que todo niño necesita y que él nunca recibió, convirtiéndole en el hombre, o demonio, que era ahora. No profundizaba en esos motivos, siempre enterrados con todas aquellas cosas a las que prefería no enfrentarse de sí mismo.

En cambio, en vez de enfrentarse y ser sincero, tiraba hacia delante sin mirar atrás y con miles de máscaras sobre su verdadero ser. Y, por supuesto, sonreía. Lo hacía incluso si los emergidos les superaban en número, hacía frío, y lo único que deseaba era entrar al abrigo de la Gran Biblioteca, sentarse frente a una chimenea, y leer libros hasta hartarse. No dejaba de ser un intelectual acomodado, al fin y al cabo. Sin embargo, no negaría que se lo estaba pasando bien, todo gracias a su misterioso compañero de andanzas con una lengua afilada y un extraño sentido del humor del que Izaya no se cansaba. Por eso amaba a los seres humanos, porque de vez en cuando lograban sorprenderle a más no poder. ¿Quién hubiera imaginado que encontraría a alguien como Sindri barriendo una entrada polvorienta en Ilia? Un mago oscuro del que nunca había oído hablar y del que sentía una intriga bastante profunda. ¿Qué hacía allí?, ¿Algo tan normal como estudiar, acaso? Se preguntaba, pero no podía dedicarles demasiada atención a esas cuestiones sin resolver si quería salir vivo de allí.

- Sí, ya veo que te cuidas muy bien. Buen chico. – le contestó mientras volvía a esquivar un mandoble de espada que pretendía decapitarle. Izaya se agachó justo a tiempo para que no se cumpliera el deseo del emergido y aprovechó que el myrmidon no llevaba una armadura gruesa para atacarle con su afilada daga. En posición horizontal, y colocado de cuclillas, rajó su estómago desprotegido, apenas cubierto por cuero malo y barato. Enseguida brotó sangre, pero el corte no fue lo suficientemente profundo como para matarle. Por suerte, el enemigo se echó hacia atrás por el impacto, lo que permitió al estratega alzarse y batirse unos pasos en retirada. Miró de soslayo a Sindri con una sonrisa en su rostro níveo: divertida y carismática.

- No te puedo creer. Los talentos que me has recitado deberían superar con creces tu terrible habilidad para lanzar maldiciones. Aunque, personalmente, me parece mucho más interesante saber lanzar una plaga que hacer un castillo de nieve. Hace una relación más “picante”, pero cada uno tenemos nuestros gustos. Ellas se lo pierden. - Le guiñó un ojo y fue a añadir algo más, cuando un emergido corpulento y de aspecto de ser un fighter, le agarró por detrás, tratándole de ahogar con el antebrazo colocado alrededor de su cuello. El myrmidon que antes hubiera sido herido por Izaya, se acercó a ellos con la intención de devolver el golpe con mayor presteza. Con las piernas en el aire, y con el rostro enrojecido por la falta de oxígeno, el informante trataba de liberarse del agarre sin demasiado éxito, pues el otro era mucho más grande y fuerte que él. Tampoco parecía inmutarse por la cantidad de cortes superficiales y profundos que le infringía Izaya en los brazos, ni por la cantidad de cabezazos que daba hacia atrás y que le estaban dejando adolorido y mareado.
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Re: [Campaña de liberación] Visitas a horas intempestivas [Privado; Izaya Orihara]

Mensaje por Sindri el Dom Mayo 14, 2017 4:47 pm

Gracias, cuesta encontrar gente que te alabe por habilidades y tareas meniales. Tengo la sensación que usted y yo nos llevaremos bien. – dijo con una enorme sonrisa el Mago Oscuro, quizá con sorna para seguirle el juego, quizá obviando el contexto de la frase en sí. Distraer era una de las funciones que pronto aprendían los Magos Oscuros, sobre todo las expresiones faciales y el lenguaje corporal. No sólo tenían que lidiar con entes imposibles de catalogar, tan antiguos que los meros números no eran suficientes para concebir desde cuándo existían, ofreciéndoles pactos con una trampa en cada palabra (incluidas “el” y “la”. Especialmente “el” y “la”), sino que el más mero desliz podía crear una muchedumbre enfadada con antorchas e instrumentos de agricultura muy, muy, muy afilados. No es que los Magos Oscuros fueran buenos en el arte de la manipulación y el engaño sutil, sino que los Magos Oscuros que no lo eran dejaban de ser pronto – Son las primeras palabras agradables que he oído en mucho tiempo. Y viviendo en una biblioteca podría decirle que son las primeras palabras que he escuchado en días... – añadió con una voz desanimada, para añadir algo de confusión.

Era algo extraño. No recordaba haber visto jamás a aquél individuo, bastante misterioso si podía decirse. Las lenguas afiladas eran extrañas de ver en Ilia, puesto que el viento solía llevarse las palabras y la nieve helar los dientes. Es decir, nadie solía decir nada y la gente parecía reservada por naturaleza, algo muy difícil de encajar para alguien que podía ser considerado parlanchín incluso en Lycia. No sólo eso, además no había tenido problemas con la Magia Arcana, a diferencia de muchísima otra gente: incluso alguien con una naturaleza tan afable y bienintencionada como Lyn lo miraba con una mezcla de temor y desconfianza a la que, francamente, ya se estaba comenzando a acostumbrar. Pero aquella persona parecía… no diría a gusto, pero sí que no había demostrado ningún tipo de animadversión punzante.

¡Y los cuchillos! Eso no era un arma común y corriente sino más bien poco usual. Sí, las dagas eran útiles para muchas cosas, sobretodo las dagas arrojadizas, pero… ¿Como arma primaria? Padecían de sobremanera contra cualquier armadura y tenían un alcance más que corto, casi debías estar encima para clavárselas a nadie. Eso decía mucho sobre el nivel de habilidad, la capacidad de batalla o el estado de la cordura de aquel sujeto, lo que le recordó que tenía una pulla que responder – Ahuhuhu~ ¡Picarón! ¡Seguro que dirá eso a todos aquellos con capacidad de moldear los poderes más oscuros! – cerró los ojos y se llevó la mano libre a la cara, siguiéndole el juego y simulando que se enrojecía. Pero por aquel detalle perdió de vista el campo de batalla durante unos instantes, y fue un ruido súbito el que le hizo abrir los ojos.

Vaya, ¿Ve lo que pasó? Le puso celoso. – nadie dirá nunca que Sindri no tiene una mente rápida a la hora de ser chistoso. Quizá para otras cosas no, pero para ello sí – Y le quiere dar un abrazo, como es natural, al oírle decir unas cosas tan bonitas. ¿Quién iba a pensar que los Emergidos también quieren amor? Sobretodo después de ver la destrucción sin ton ni son a la que se dedican. – esta vez honestamente, o todo lo honesto que podía ser Sindri, se llevó la mano al mentón y alzó la mirada al cielo durante unos instantes, entrando en el nebuloso de la filosofía para determinar si, en realidad, todo lo que los Emergidos querían era amor – Oh, claro, se me olvidaba. Patalee incontrolablemente si quiere mi ayuda. – una sonrisa y un guiño acompañaron aquellas palabras. Y esperó un segundo. Y dos. Y tres. Levantó el brazo con la palma abierta hacia el muchacho – ¡Muy bien! Trate de no respirar esta masa de oscuridad, no sé que podría hacer esto a su aparato respiratorio. Nada bueno, me imagino. – y se esforzó en no apuntar a Don Cuchillitos, sino al brazo de aquél ser monstruoso, tarea árdua teniendo en cuenta que ninguno de los dos se dejaba de mover – ¡QUIETOS! ¡Esto es más difícil de lo que parece! – y en cuánto vio una apertura, el bibliotecario descargó la acumulación de Magia Arcana, que se concentró y alcanzó cuál virote el antebrazo del monstruo vil.

La Magia Oscura era un arte que afectaba el alma, no el cuerpo, por lo que impactar en la cabeza, en el corazón o en un pie no afectaba tanto como uno podía pensar. Lo importante era que alcanzase, lo que solía ser lo más difícil, viendo que era la magia más difícil de canalizar y hacer lo que uno deseaba que hiciera. Pero sólo era cuestión de tiempo que la vida del Emergido se apagara sin remedio… lo que no disuadió a otro Emergido, que por su armadura bien podía ser un Myrmidon o un Mercenary, que se acercó al Mago Oscuro, enarbolando una espada a su paso.

¿Sabe lo más interesante de la Magia Oscura? Es como una ballesta. O, mejor, como una balista. – dijo Sindri mientras comenzaba a dar pasos hacia atrás con un tono de voz algo preocupado – Impresionante poder a lo que nada puede compararse, pero no se puede utilizar en rápida sucesión. Hay un período de recarga, si quiere entenderlo así. – aumentó la velocidad conforme el Emergido se acercaba más. Esperaba que la Magia Arcana se decidiera a dejarse canalizar pronto o tendría que probar en vivo y en directo la capacidad del Tono de Ruina como escudo contra espadas.
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Re: [Campaña de liberación] Visitas a horas intempestivas [Privado; Izaya Orihara]

Mensaje por Izaya Orihara el Miér Jul 12, 2017 12:28 pm

Cayó la sangre de su enemigo por su cuerpo, producto de las múltiples heridas infringidas por las cuchillas que desgarraban la piel y penetraban en la carne. No obstante, el emergido continuaba su cometido de ahogar al informante pese al supuesto dolor que debía de estar padeciendo. O no. Aquello explicaba mucho sobre aquellas repugnantes criaturas y su carencia de humanidad. Su nuca le dolía, y comenzaba a sentir un ardor sofocante en los pulmones, que luchaban por lograr tomar una bocanada de oxígeno. Su muñeca también se cansaba de repetir los mismos movimientos tratando de cortar al bruto animal. Se retorcía como una serpiente a la que han agarrado de la cabeza, pues sabía que si trataba de dejar de resistirse sería su fin. O quizás no. Miró a través de ojos vidriosos, aún más rojos pues se le habían empañado con el agarre del emergido. Los fijó en Sindri, al que podía ver mover los labios, pero al que no podía escuchar apenas por el pitido en sus oídos. Solo era capaz de oír su propia respiración agitada y el sonido de su corazón al bombear sangre de forma desenfrenada.

Lo único que pudo entender fue el “quietos” que gritó el mago, y cuya orden Izaya ignoró deliberadamente porque nada le aseguraba que no fueran a partirle el cuello si paraba de resistirse. Mostró su falta de cooperación rodando los ojos, y después clavando la mirada bermellón en las acciones del mago oscuro. Una sonrisa extraña apareció en sus labios, pues nunca había sentido tan de cerca de sí mismo la masa negra. Un escalofrío desagradable y delicioso le recorrió la espalda, erizando los cabellos de su nuca de una forma que la nieve de Ilia no haría, al fin y al cabo, el frío nunca le había molestado. En cambio, la magia arcana le fascinaba. Su cercanía habría puesto en alerta a cualquiera, pero para el informante era un suceso emocionante y aterrador al mismo tiempo. Por supuesto, no es que esperase morir. Sería una muerte demasiado patética y aún tenía muchos planes que necesitaba culminar. Pero, al mismo tiempo, esa clase de perspectiva, la gran incógnita sobre “el qué sucederá”, tenía un atractivo caótico y destructivo, al que cualquier adicto masoquista se sentiría llamado.

La magia arcana pasó muy cerca suyo, tanto que por poco le habría dado a él, o esa sensación le dio. En cambio, impactó al enemigo en el antebrazo, y el sujeto no tardó en caer el suelo inerte. Poco antes, se quedó tieso, perdió el agarre sobre Izaya, que se desplomó de rodillas y tomó grandes bocanadas de aire, y, sin apenas un sonido de queja, murió.  El informante se incorporó tan pronto como sus pulmones empezaron a trabajar, y aunque aún tenía la cabeza embotada, puso una facha de estar perfectamente, como no podía ser menos en alguien como él, que detestaba verse débil. Se giró y pateó al emergido para asegurarse de que estaba realmente como un fiambre, y, viendo que así era, parpadeó con tal de quitarse las nubes que habían empañado sus ojos y después volvió sobre sus talones y se quitó una lágrima de forma teatral de sus largas pestañas. Cualquiera diría que estaba perfectamente, salvo por el rubor en sus mejillas y porque su respiración era más agitada de lo normal. – Me parece que he respirado un poco de oscuridad, o ¿quizás tal acto heroico me ha dejado sin aire? – se preguntó en voz alta, su voz algo ahogada en lo que podría ser falsa emoción, si no hubiera sucedido lo que había sucedido.

Observó desde el mismo lugar a Sindri correr, con un emergido persiguiéndole. – No es momento de jugar al pilla-pilla, deja eso para el patio del recreo del colegio de maguitos oscuros. - El estratega no tenía la más mínima intención de realizar un trabajo físico que aumentase su fatiga, no al menos hasta haberse recuperado y estar en facultades de ganar en una carrera. Con un suspiro, sacó de un bolsillo interior de su cama una daga algo más alargada, con un acabado fino y elegante. La agarró por la parte del filo, con apenas las puntas de los dedos y, tras alzarla por uno de sus hombros, la tiró hacia delante como un arma arrojadiza. Se valió de un movimiento giratorio de su torso para darle velocidad a la daga, y que se clavara con certeza en el cuello del emergido, que ya alzaba su espada por encima de su cabeza y dejaba muchos flancos abiertos, en especial para recibir un ataque inesperado como aquel, además que su garganta no estaba protegida por ninguna pieza de armadura, y el cuero de su chaleco no podía evitar el traspaso del afilado cuchillo arrojadizo. Había sido pan comido, aunque aún quedaban un par de emergidos de los que preocuparse. Otro esperaba al mago un par de metros más adelante, en lo que hubiera sido un sándwich entre el cadáver que ahora caía al suelo ahogado por su propia sangre y él mismo. A su derecha, el que parecía ser el último emergido, si es que no aparecían más por la esquina, se estaba incorporando. Era aquel a quien Izaya había cortado el estómago con anterioridad, y que lejos de desplomarse aún se levantaba con ganas de más fiesta.

Esperaba que esto se terminase ya, tanta batalla le aburría y la nieve se le pegaba a la cabeza y le mojaba. Les prendería fuego a todos si pudiera. La sangre manchaba la blanca nieve, en muchos lugares tornándola de un color rosado. Sin embargo, estaba seguro de que en unas horas todo habría vuelto a ser tapado por el frío manto de los copos de Ilia, que no terminaban de caer nunca. – Hummm, y yo que tenía tantas esperanzas puestas en ti. Parece ser que no todos pueden ser perfectos, ¿quién habría dicho que los magos oscuros carecen de aguante? Debe ser un agobio “terminar” y no ser capaz de volver a darle de nuevo en un tiempo largo. – meditó en voz alta, mientras esperaba a que el emergido herido se le acercara para poder atacarle a corto alcance, ya que seguía sin querer cansarse demasiado cuando podía vencerle sin problemas si el otro seguía su trayectoria de atacarle a pesar de estar lento y débil por la falta de sangre.
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Re: [Campaña de liberación] Visitas a horas intempestivas [Privado; Izaya Orihara]

Mensaje por Sindri el Dom Jul 16, 2017 9:41 pm

Dicen que la falta de respiración prolongada puede afectar negativamente a la capacidad de pensar de un sujeto. Tenga por seguro que no voy a tenérselo en cuenta. – dijo un Mago Oscuro reculando a toda velocidad con un tono de voz que indicaba que, de hecho, iba a reprochárselo en el primer momento que encontrara oportuno. Seguramente en uno que no estuviera a la merced de un objeto afilado, cortante o, en definitiva, peligroso para su salud.

La teoría de las armas decía que cada movimiento tenía tres fases: preparación, ejecución y recuperación. En la preparación, uno calculaba la trayectoria y comenzaba a acumular energía. En la ejecución, se llevaba a cabo el movimiento planeado y, con un poco de suerte, se acertaba al objetivo de una manera u otra. Y en la recuperación, el movimiento continuaba con la fuerza imprimida, más allá del control del sujeto, antes de parar por inercia. Muchos guerreros optaban por saltarse la primera fase e improvisar sobre la marcha, sobre todo aquellos que favorecían las hachas por encima de cualquier otra arma, lo que solía acabar con grandes aspavientos, movimientos inesperados y problemas de reuma en la vejez. Potencial vejez, al menos. Salvo los leñadores, claro, esos siempre llegaban a la vejez.

La magia seguía de manera algo libre esa teoría. Tenías la preparación del hechizo, el momento en el que acumulabas la energía taumatúrgica y la dabas forma. Luego tenías la canalización de la magia, el momento en el que el hechicero se transformaba en un mero conductor de paso entre el lugar donde estaba la magia y el lugar donde querías que estuviera. Y finalmente tenías un período de recarga, o de descanso, en el que… en realidad, los magos no tenían un consenso generalizado sobre lo que pasaba en aquel momento. Unos decían que el cuerpo del mago había quedado seco y debía ser rellenado, cuál vaso, poco a poco por la energía del ambiente. Otros decían que era una medida subconsciente de protección del cuerpo del propio lanzador de conjuros, puesto que mucha energía en cortos espacios de tiempo podía ser perjudicial.

Sindri, como muchos otros Magos Oscuros, simplemente creía que la Magia Arcana hacía las cosas como quería y ese período estaba allí porque la Oscuridad lo deseaba por algún motivo no descrito. “Porque la Oscuridad deseaba que esto fuera así” era una respuesta bastante extendida para una miríada de preguntas sobre la historia, el uso y la manipulación de la Magia Arcana, y era una herramienta muy valorada por profesores cansados de preguntas insistentes de alumnos curiosos.

¿Pilla-pilla? Eso no es algo a lo que jueguen los Magos Arcanos. – dijo mientras observaba la centella que disparó con su mano el misterioso hombre. Muchas cosas podía decir, como que tenía un sentido del humor algo extraño y una lengua larga, pero al menos tenía buena puntería con aquellas cositas minúsculas. ¿Quién iba a decir que era un hombre con tantos talentos? Levantó la mano y saludó con ella al misterioso protector, puesto que él había sido educado para dar siempre las gracias, tras golpear con el pie levemente al Emergido caído para asegurarse que estaba muerto – En mis tiempos de estudiante estaba de moda la “Ruleta Plegiana”. Básicamente algunos magos se ponían en círculo, elegían un conjunto de runas y las ponían en el orden que desearan uno tras otro. ¡El primero que consiguiera invocar un ser del abismo tenía un premio! El premio era no jugar jamás de nuevo. Bueno, a eso ni a nada. No les gusta ser molestados, ¿sabe? – sus “tiempos de estudiante” todavía no habían finalizado, pero no era algo que le gustara comentar en absoluto con personas desconocidas. O conocidas.

Oh vamos, si tiene problemas con sus armas es malsano desquitarse con gente ajena. Tan malsano como la envidia en sí. – le explicó el bibliotecario mientras notaba que la energía arcana volvía a darle su permiso para ser utilizada. Alzó el brazo y miró en derredor, eligiendo un Emergido que, a su parecer, tenía pinta de estar muy confuso. Al hacer contacto visual, el enemigo comenzó a moverse, pero Sindri ya no tenía ninguna preocupación sobre ello – Sólo porque ha sido testigo de lo efectiva y maravillosa que es la Magia Arcana… ¡En serio! Son pocos los llamados, y menos aún los elegidos. No se sienta mal por ello. – señaló al Emergido que estaba peligrosamente cerca ya y soltó la energía que había almacenado. Una marabunta de oscuridad violenta recorrió el camino indicado hasta chocar contra el Emergido sin hacer ni un solo ruido… a diferencia del estropicio visual y auditivo que dedicó el contrincante al caerse de espalda. Ese sí que no tuvo que comprobar si estaba muerto.

Limpio, seguro y con estilo. – aseguró un profesional contento con su trabajo – ¿Un agobio terminar y tener que esperar? La calidad tiene su precio, me temo. Si algo vale la pena hacerse, vale la pena que se haga bien. Y nadie lo hace mejor que un Mago Arcano. Ahuhuhu~
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Re: [Campaña de liberación] Visitas a horas intempestivas [Privado; Izaya Orihara]

Mensaje por Izaya Orihara el Jue Ago 31, 2017 7:32 pm

Aunque Izaya estaba ocupado con su propio emergido, eso no quería decir que no prestase atención a lo que el Mago Arcano dijera. Al contrario, a lo largo de su vida había logrado hacerse con el control de la multitarea, por lo que podía dedicarse a muchas cosas al mismo tiempo: su mente despierta y hambrienta así lo exigía. Por lo que, aunque sus ojos y todo su cuerpo estuvieran de cara al último enemigo, sus oídos captaban las palabras que salían de la boca de Sindri. Lo que más le interesó sobre la “Ruleta Plegiana” fue, precisamente, que el juego proviniera de Plegia. Se había preguntado con anterioridad de dónde provenía ese mago, pues no parecía autóctono de Ilia y, de haberlo sido, era extraño que Izaya no se hubiera encontrado con él o hubieran tenido algún encuentro hasta el momento. Además, la enseñanza y el aprendizaje de la magia oscura no es que fuera muy extendido, salvo en unos pocos países del mundo, como Plegia, era una práctica mal vista e incluso perseguida. El informante suponía que eso de invocar seres del averno tenía algo que ver.

Cómo había terminado el mago como un simple bibliotecario en la institución académica de Ilia, no lo podía saber. Sin embargo, sentía interés. Si hubiera sido una persona torpe o estúpida, no creía que le levantase la más mínima curiosidad, pero Sindri era despierto y rápido de ingenio, gracioso para el extraño humor de Izaya, y un mago oscuro lejos de Plegia y otras naciones donde los suyos abundaban. ¿Vendría de Plegia, de Nohr, de Durban?, ¿Cuáles eran sus intereses allí?, el estratega meditaba múltiples cuestiones sobre la identidad de su compañero de aventuras, todo ello sin perder la concentración en la batalla. - ¿Eso significa que nunca jugaste? – le preguntó, divertido - ¿Fue por miedo o por falta de amigos con los que molestar a otras criaturas malformadas? Y yo que pensaba que serías uno de los populares de clase. – Mintió sin que se le moviera un bonito pelo de la cabeza. Con aspecto de estar meditando, añadió: Quién sabe, quizás algunos de tus compis de clase se equivocaron y crearon este caos con los emergidos. – comentó a la ligera, pero sin duda tratando de provocarle.  

Por otro lado, había algo que necesitaba su atención inmediata si no quería acabar decapitado. El emergido ondeaba su espada, pero el corte en su estómago le dificultaba la tarea de ser rápido y certero. Izaya no tenía mucho problema en esquivar el arma de bronce, con la cantidad de adrenalina que comenzaba a correr por sus venas después del ataque que le había provocado grandes moratones en el cuello, y que comenzaban a ser visibles a través de su camisa blanca y su famoso abrigo negro con bordes claros. Notaba el cosquilleo desde las puntas de los pies hasta las orejas, instándole a no dejarse alcanzar por el filo que, aunque no de una calidad excelente, podría hacerle mucho daño. La pérdida de un miembro era inconcebible. Nadie deseaba besar a un lisiado. Además de que, para su trabajo, era imprescindible tener dos manos para escribir y manejar papeles, y a veces para pelear, y dos piernas para correr, en la mayoría de los casos. Se pasaba la vida viajando y el hecho de caer víctima de una criatura asquerosa, que pudiera evitar sus múltiples trayectos entre los continentes, era una razón de más para ganar esa batalla.

Entonces vio una apertura. El emergido se lanzó hacia delante, con la espada recta y el brazo paralelo al arma. El informante se echó a un lado e incrustó una de sus afiladas dagas en el antebrazo cubierto de cuero del espadachín, que hizo poco por proteger la extremidad. Sin embargo, el enemigo no soltó su arma. Se giró como pudo, teniendo en cuenta que Izaya no cesaba en su agarre, como para golpearle con el puño izquierdo. Parecía que no, pero el estratega tenía más fuerza de la que aparentaba, y además su cuchilla se había clavado quirúrgicamente entre los dos cúbitos, y al girar el mango, el filo no volvía a salir por donde había entrado. No pudo más que sonreír. En cuanto el emergido se lanzó contra él, le atravesó con su última daga el cuello, en la parte de la barbilla hacia la cabeza. Un reguero de sangre le empapó el rostro y la ropa, y se función con la nieve que se convertía en agua con la calidez de su piel. Tras unos instantes en los que la criatura se retorció, y en los que Izaya aprovechó para apuñalarla en la yugular y en otros lugares vitales, el cuerpo dejó de moverse y cayó al suelo con el resto de sus compañeros. Muerto.

Se pasó una mano por la parte inferior de la cara, recorriendo con largos dedos su barbilla, labios y garganta. El gesto dejó varias líneas rojas, por la sangre derramada. Como si fuera una especie de ritual extraño. Acompaño el movimiento de una risa suave, aunque cortante. De sus labios salía el vaho que delataba lo profundamente que estaba respirando. Fijó la mirada en Sindri y le dedicó una sonrisa que era todo menos suave. - No es que considere que la magia oscura sea muy limpia, ¿acaso no invoca unas fuerzas prohibidas? Lo que tampoco la hace muy segura, tampoco. Aunque te concederé que tiene estilo. – le sonrió de forma divertida, alzando las cejas y pasando sus ojos rojizos desde los pies de Sindri hasta su cabeza. – Aunque eso es algo que te podrías aplicar a ti también.

Se echó un par de pasos hacia atrás y contempló los cuerpos de los emergidos que se comenzaban a congelar y a cubrir de nieve y, sin mediar palabra, o explicarle a su compañero lo que hacía, empezó a agruparlos en la medida de lo posible. Una vez estuvieron más o menos en una cercanía razonable, sacó de uno de sus múltiples bolsillos interiores una petaca metálica con la que roció los cadáveres. El olor del alcohol se mezcló con el metálico de la sangre y a muerto. – No volveréis a molestarme. – musitó, más para sí mismo, antes de hacer chocar una de sus dagas, ya limpias, con un pedernal. Una crispa se convirtió en hoguera en pocos segundos, a pesar de la nieve que no paraba de caer y las ventiscas de hielo tan propias de Ilia. Comenzaba a sentirse entumecido, y solo deseaba volver a su casa y hacer a los criados llenarle una tina de agua caliente en la que limpiarse la sangre sucia y entrar en calor. Eso habría sido lo fácil, pero se negaba a no avanzar en su trabajo de investigación después de las molestias ocasionadas.

Fijó sus ojos en Sindri y le preguntó con total diversión: ¿Qué? ¿No me vas a invitar a entrar? – por supuesto que no necesitaba el permiso de nadie para traspasar la puerta de la Gran Biblioteca, pero si podía hacer su trabajo con una compañía cuanto menos interesante, pues mejor que mejor. Esperaba que hubiera alguna chimenea encendida, aunque recordaba lo rácanos que habían sido los profesores en su infancia. Ahora recordaba por qué despreciaba el nevado país. Además, hacía tiempo que no entraba allí y sería agradable cotillear sobre los viejos cuervos que ejercían allí de maestros y los que ya no. O sobre cualquier cosa, realmente, cómo por ejemplo qué demonios hacía un mago oscuro barriendo cual sirvienta en la despoblada Ilia. Sí, esa idea le gustaba. Al menos estaría entretenido.
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Re: [Campaña de liberación] Visitas a horas intempestivas [Privado; Izaya Orihara]

Mensaje por Sindri el Sáb Sep 02, 2017 7:41 pm

¿Amigos? ¿Magos Arcanos amigos? ¿Entre sí? Se ve que no nos conoce bien. En absoluto. – sacudió la cabeza expresando negatividad, incluso algo de incredulidad ante lo que acababa de oír. El Príncipe Pelleas de Daein le había hablado de comunidades en Plegia donde los Magos Oscuros se aplegaban para estudiar. Una locura. Una completa y total locura – Cada usuario de las Artes Arcanas es un competidor con el otro. Competidor directo por el favor de la Oscuridad. No hay mucho lugar para la armonía o el compañerismo… a no ser que la ilusión de tu vida sea que te claven una daga entre los omoplatos cuando menos lo esperas. –las enseñanzas de Sigyn, su maestra en las Artes Arcanas, eran claras sobre el valor del esfuerzo propio y la autosuficiencia frente el dejar que otros hicieran las cosas por ti. Y siempre circulaban las historias de los Magos Oscuros que, aprovechándose de la candidez de otro de su profesión, se apropió de su investigación, de sus hallazgos… y normalmente de su vida también – Homo homini lupus, mi buen señor.

Y con esas palabras, cerró el libro, viendo que el sujeto se encargaría del último Emergido. Una división no pactada, pero bien ejecutada, de objetivos, si estaba bien que el Mago Arcano lo dijera. Debía reconocer que si bien su inesperado compañero de batalla tenía una lengua afilada, tenía unos cuchillos todavía más afilados, puesto que mostrando una destreza casi sobrehumana apuñaló varias veces el último Emergido, creando regueros carmesíes a cada movimiento. Esa persona era más fuerte de lo que hubiera aventurado Sindri, y de lo que aventuró el que pronto dejaría de ser Emergido. La mayoría de guerreros favorecían armas como hachas, espadas, arcos y lanzas por una razón: la eficacia que aportaban al campo de batalla… pero aquel guerrero, aquel duelista, parecía no necesitarlas. Tal logro y muestra de habilidades eran harto difíciles de ver en Ilia.

Bueno, aquel Emergido era el último.

La patrulla, si es que podía llamarse así, de aquellos seres había sido neutralizada por completo gracias al cuchillo de aquella persona y su magia. No había sido una batalla larga, un punto a favor de los dos humanos, y los Emergidos no parecían haber pedido ningún tipo de refuerzos. Una vez el cuerpo del Emergido tocó la blanca nieve y la comenzó a teñir, un silencio sepulcral se adueñó del ambiente. Ni siquiera el viento hizo acto de presencia durante unos instantes, quizá como símbolo de respeto a los caídos… tanto misticismo estaba comenzando a hacerle pensar como los filósofos de la Gran Biblioteca de Ilia. Miró en derredor, como tratando de asegurarse que no había más enemigos en las inmediaciones.

¿Quién dice que lo prohibido no sea limpio? Y es segura… dentro de unos parámetros aceptables. – aceptables para quién, esa era la pregunta concreta. Pero no era más que un preámbulo para abordar la verdadera cuestión: habían cuestionado su sentido del estilo – Oh, claro que tomaré consejos sobre estilo de la persona que desplumó una gallina gris y cosió sus plumas en la capucha de una prenda. Eso seguro que marca a una persona con gracia y estilo. – explicó Sindri con una voz que desprendía sarcasmo en cada palabra. ¿Es que acaso creía que había una tienda especializada en trajes para Magos Arcanos en Ilia? ¿Con accesorios como hombreras con calaveras gigantes (¡De verdad!) y armaduras llenas de pinchos y puntas? ¿Compre ahora y le hacemos un descuento del 20% en su próxima compra de ojos de salamandra y veneno de serpiente? Pues claro que no. Aunque había comprado su capa mullida y calentita en la sastrería del pueblo y no se había arrepentido.

Viendo que ya no había más peligro, comenzó a dar algunos pasos hacia la Gran Biblioteca de Ilia, pero se paró de repente al ver lo que intentaba hacer el experto en todo lo fashion¿Sabe? Hay un dicho aquí que dice lo siguiente: “Menos útil que una hoguera en una montaña de Ilia”. Es por lo difícil que es que algo arda aquí. Ya sabe. Nieve. Frío. Ventiscas. Lo usual. – no sabía por qué dedicaba tiempo a hacer eso, ni que fueran a levantarse tras las heridas sufridas. Especialmente aquellos que habían sido objetivo de la Magia Arcana, una de las maneras más eficaces de acabar con cualquier cosa que había en este mundo. Pero cada uno tendría sus manías, al fin y al cabo.

Venga, le invito a un trago. Seguramente nadie salga de su habitación hasta dentro de tres cuartos de hora, por lo que la cocina estará vacía. – una cocina con una lumbre que nadie apagó y con varias jarras de bebidas todavía no guardadas. ¿Acaso unos héroes no merecían una pequeña recompensa tras una gesta?
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Re: [Campaña de liberación] Visitas a horas intempestivas [Privado; Izaya Orihara]

Mensaje por Eliwood el Miér Sep 06, 2017 2:17 am

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Izaya ha gastado un uso de sus dagas de bronce.
Sindri ha gastado un uso de su tomo de Ruina.

Ambos obtienen +2 EXP.

Gracias al aumento de experiencia, Izaya ha obtenido un nuevo skill de la rama Tactician:

Análisis - Con tan sólo una cuidadosa mirada a su entorno, el estratega es capaz de deducir la información completa del sitio, la cantidad y tipos de enemigos (clase, nivel, arma, número, refuerzos). De utilizarse sobre un sólo enemigo en lugar del campo de batalla, pueden deducirse sus skills, inventario y nivel sin necesidad de iniciar combate para verlos. En caso de Misión, el Narrador le proveerá de todos estos datos útiles.

¡Felicitaciones!

Adicionalmente, la barra de EXP de Sindri ha sido maximizada.

Sindri puede ahora ascender de la clase Dark Mage a la clase Dark Sage.

> Ascender a la siguiente clase.
> No ascender, conservar la clase actual.

Favor de responder seleccionando la decisión.
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Re: [Campaña de liberación] Visitas a horas intempestivas [Privado; Izaya Orihara]

Mensaje por Sindri el Miér Sep 06, 2017 9:34 am

Elijo ascender a la siguiente clase.
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Re: [Campaña de liberación] Visitas a horas intempestivas [Privado; Izaya Orihara]

Mensaje por Eliwood el Sáb Sep 09, 2017 11:15 pm

- Class Change -



¡Sindri ha ascendido de Dark Mage a Dark Sage!

¡El nivel de uso de tomos ha sido aumentado!
La barra de EXP es reseteada. De ahora en adelante, sólo los temas tipo Campaña, Entrenamiento y Misión darán incrementos de EXP.

¡¡Felicitaciones!!
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Re: [Campaña de liberación] Visitas a horas intempestivas [Privado; Izaya Orihara]

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