Hora en el foro


Síguenos
Conectarse

Recuperar mi contraseña

TWITTER
afiliados


Project Fear.less

Crear foro

[Campaña de liberación] [Flashback] La teoría de los fuegos artificiales [Priv. Sindri - Rem]

Página 2 de 2. Precedente  1, 2

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Re: [Campaña de liberación] [Flashback] La teoría de los fuegos artificiales [Priv. Sindri - Rem]

Mensaje por Ram de Montmorency el Mar Sep 12, 2017 10:06 pm

¿Ínfulas de bravuconería? Ram tuvo que esforzarse por contener las ganas de replicar. No tenía sentido tratar de discutir con un bibliotecario tan obcecado por su propia magia corrupta. Hablaba como si la Oscuridad fuese un ente vivo al que hubiese que temer. ¿Que la magia arcana estaba más allá de la comprensión humana? Simples paparruchas de un joven con la mente carcomida. Sus orígenes podrían ser contradictorios e inciertos, pero la doncella estaba convencida de que a diferencia de la luz, del fuego, del viento o del trueno, la Oscuridad no era más que un elemento impuro y defectuoso, imposible de hallar por sí solo en la naturaleza, y que se nutría gracias a las almas de hechiceros insensatos dispuestos a ofrecer las suyas. Así pues, la sirvienta mantenía la convicción de que la magia arcana no era nada más, ni nada menos, que una quimera nacida del ansia de poder de los hombres. De ahí que fuese tan inestable y peligrosa, aunque terriblemente efectiva en combate. Poco importaba que el bibliotecario pareciese empeñado en darse aires de profesor e intentase ilustrarla con mentiras. Ram tampoco pretendía cambiar su opinión. No era una ignorante, y tenía más motivos que nadie para aborrecer la Oscuridad.

El joven, sentado todavía sobre su silla, continuó hablando. El tono de su voz y sus palabras dejaban entrever que disfrutaba de la situación, como si creyese que tenía total y pleno control sobre todo lo que estaba aconteciendo en la biblioteca. La soberbia imagen que proyectaba en esos momentos distaba tanto de la primera impresión que le había dado cuando actuaba como un inocente y parlanchín empleado, que Ram dudaba de si se encontraba frente a la misma persona. Esto reforzó su convicción de que en realidad, toda aquella pantomima de antes no había sido más que una mera actuación para confundirla.

Decía que la magia de ánima era limitada y segura si se comparaba con la oscura. La doncella se mordió el labio al escuchar eso. Odiaba que su interlocutor subestimase el potencial que ella atribuía a sus poderes, pero una vez más, se contuvo de caer en las trampas conversacionales del brujo. La realidad era que ella permanecía de rodillas en el suelo, mientras que él seguía soltando altivos monólogos destinados a engrandecerse a sí mismo. Sin embargo, el nombre con el que éste anunció que empezaría a llamarla a partir de ese momento, le gustó tan poco que no pudo evitar protestar.

Por vuestro bien… —empezó a decir imitando la manera de hablar del bibliotecario—. Os aconsejo que me llaméis por mi nombre: Ram Amelia Isabella de Montmorency.

Se percató tarde del detalle de que una vez más había empezado a hablar con esos formalismos tan típicos de la servidumbre, usados a diario en el oficio de criada. Culpa de sus buenas costumbres, tan inmerecidas por alguien como el joven mago oscuro. Tampoco pretendía retractarse después de haber cometido una equivocación como aquella. Hacerlo la haría parecer aún más diminuta frente al empleado, por lo que decidió que seguiría refiriéndose a él de la misma forma de ahí en adelante. Tan solo esperaba que éste dejase de hacer tantas mofas, y que no malinterpretase la situación creyendo que en realidad le profesaba algo de respeto por haberla derrotado.

Por otra parte, la reacción del joven al ver cómo el trozo de pergamino que le había quitado ardía hasta convertirse en cenizas desconcertó sobremanera a la doncella. Tamaña actuación podría garantizarle sin duda el primer puesto en un concurso internacional de sarcasmos. Mas su insolente actitud garantizaba que en realidad no había notado nada extraño en el conjuro escrito, ni siquiera los innumerables y confusos garabatos en lenguaje antiguo. Ram se negaba a que sus secretos cayesen en manos de terceras personas, sobre todo si éstas eran magos oscuros, por lo que se contentó con sonreír desafiante. No importaba que su interlocutor se creyese ganador, pues ella tampoco había perdido. Su investigación estaba a salvo, y era completamente capaz de escribir cientos de pequeños pergaminos idénticos o aún mejores que ese que acababa de perder. Lo que de verdad le preocupaba, en cambio, era que ahora se encontraba indefensa, y no podría hacer más magia a menos que consiguiese un libro o artefacto apropiado con el que poder canalizar de manera adecuada sus poderes. Mas por fortuna estaba en una biblioteca. Quizá hubiese cerca alguna sección de la que pudiese extraer un volumen si se daba la emergencia.

Al escuchar la opinión de Ram con respecto a los emergidos, el bibliotecario se levantó por fin de su asiento. Parecía complacido por la respuesta que ésta le había dado, y se acercó alegremente al cadáver de Regulus.

Los emergidos no hacen daño a nadie por hacerlo. Siempre tienen un motivo para atacar —se explicó.

Ram tenía una mente despierta y curiosa. Así que los misterios de la aparición de los emergidos, así como sus patrones de comportamiento, no habían pasado desapercibidos para ella. De vez en cuando le gustaba informarse acerca de los últimos movimientos de éstos, pero por desgracia, los datos al respecto escaseaban tanto que prefería dedicar la mayor parte de su tiempo libre en estudiar magia, en vez de preocuparse por indagar en lo indagable. Opinaba, sin embargo, que aquellas criaturas de aspecto humano hacían algo de bien en el mundo: su amenaza fomentaba la unión y forja de alianzas entre reinos que antaño preferían malgastar sus recursos y riquezas en guerras que no llevaban a ninguna parte. Todo esto a costa también de innumerables vidas inocentes, pero a Ram no le gustaban las personas de todas formas.

El bibliotecario siguió haciendo bromas una vez encontró el manojo de llaves que el emergido abatido había intentado llevarse. La doncella endureció su mirada en cuanto escuchó aquello de la “llave de mi corazón”, y no se suavizó hasta oír que había una zona restringida. El joven razonó en voz alta que la única manera de asegurarse de que no habían accedido emergidos a dicha área de la biblioteca era entrando en ella. Por primera vez, Ram tenía que reconocer que aquella lógica era aplastante, principalmente porque ella también quería echar un vistazo a esa “zona restringida". Aunó fuerzas para incorporarse de nuevo, y avanzó hasta ponerse al lado del mago oscuro.

Desde luego que me apunto a esta excursión —dijo con cierto brillo de emoción en sus ojos—. Pero exijo que dejéis de llamarme Candela ahora que sabéis mi nombre.
Afiliación :
- ILIA -

Clase :
Mage

Cargo :
Sirvienta

Inventario :
Tomo de fuego [2]
Vulnerary [3]
Esp. de bronce [1]
.
.
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1102


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Campaña de liberación] [Flashback] La teoría de los fuegos artificiales [Priv. Sindri - Rem]

Mensaje por Sindri el Vie Sep 15, 2017 4:39 pm

Sindri suspiró para sus adentros, tratando de adivinar de alguna manera u otra lo que estaba pasando por la cabeza de la mujer. Su gélido semblante no daba absolutamente ninguna pista más allá de una mirada severa que podría compararse a la de cualquier maestra de escuela mal pagada ante un alumno díscolo. El bibliotecario no encontraba en aquella sirvienta nada más que un silencioso aire de desdén, ignorando absolutamente sus avisos sobre la Magia Arcana, la más poderosa de las magias y ante la que la Magia de Ánima no podía hacer otra cosa que inclinarse. ¿No podía aprender ella algo de la magia que empleaba y reconocer el lugar en el mundo que le habían reservado? Tal posición ante la Oscuridad no hacía más que hacerla parecer una sabelotodo ante el Mago Arcano, quién conocía de primera mano los riesgos a los que se sometía.

La Oscuridad era mucho más poderosa, y antigua, de lo que cualquier persona pudiera concebir en su limitada mente. Era una verdadera némesis de la razón. Sindri había intentado profundizar más en la Oscuridad más allá de la magia que ofrecía… pero era imposible. No importaba cuanto descendiera, cuanto aprendiera o las novedades que descubriera: ante él siempre quedaba un mar de sombras, cuestiones y preguntas esperando que continuase. Deseando que continuase. Casi provocándole para que lo hiciera. Pero en el fondo de su ser lo sabía: no era más que algo insignificante jugando con un poder que escapaba a su entendimiento y que seguía vivo porque o bien había caído en gracia a la Oscuridad o ella no se había percatado de su presencia. Y no sabía cuál de las dos perspectivas era más aterradora. El hecho de estar en la cuerda floja y poder caer en cualquier momento o qué sucedería si Los Poderes Más Antiguos fijaban su atención en él.

Tuvo que reprimir un escalofrío. El conocimiento era una carga cruel que llevar, incluso el que traía el ínfimo intento de ver el mundo entero a través de un cerrojo.

Empleó toda la fuerza de voluntad que pudo encontrar en su cuerpo para desviar su consciencia de los oscuros pensamientos sin respuesta y analizó el pedacito de información que le acababan de otorgar – Ram Amelia Isabella de Montmorency. – repitió en voz alta para sí mismo. La primera cosa que le llamó la atención no es que su madre hubiera decidido darle tres nombres, no, sino que tuviera un apellido. ¿Apellidos? Esos eran para los nobles o gente de postín, lo que quería decir que la sirvienta o bien tenía tras de sí una dinastía o acababa de inventarse cuatro nombres al momento. El muchacho dudaba cuál de las dos era y si la mujer que tanto parecía detestarle le daría una respuesta verdadera así como así. Pero no tenía nada más ahora por ahora – Creo que el nombre que elegí yo era muy bonito, pero honraré su petición, señorita de Montmorency. – Montmorency. No podía decir que reconociese aquél apellido en absoluto. Y dudaba mucho que le hubieran dado un cuarto nombre, el “de” que precedía la palabra lo marcaba bien como apellido. No era de ninguna casa noble de Ilia ni de Lycia. Especialmente de Lycia. Ésas las conocía muy bien. ¿Quizá alguna familia noble de Etruria o Bern? No las conocía tan bien, pero había algo que no acababa de encajar.

Como estoy seguro que recuerda de antes, me llaman Sindri. Sindri a secas. No tengo ningún nombre delante, detrás ni apellido siquiera. – contestó tras escuchar la respuesta positiva de la mujer que llevaba el traje de sirvienta y exponer algo que era técnicamente verdad. De forma distendida, dándole vueltas a lo suyo, se acercó a una de las numerosas estanterías que había cerca y comenzó a pasar el dedo por algunos lomos polvorientos, a la búsqueda de algún tomo en particular – Motivos que desconocemos por completo, debo añadir. No es que se expliquen mucho, ¿sabe usted? Ni siquiera hay información que los Emergidos hablen… pero la lógica dicta que se tienen que comunicar entre ellos de alguna manera. – ponderó mientras seguía en la búsqueda con un tono distendido y nada tenso, como si estuviera hablando con el difunto Regulus sobre las últimas noticias que escuchó en la posada.

¡Ajá! – finalmente sacó triunfantemente un pequeño tomo rojo de la estantería. Tras observarlo durante unos instantes desde varios puntos de vista y limpiar un poco de polvo que tenía encima, dejándolo así más presentable para una señorita, dio unos pocos pasos hacia Ram Amelia Isabella de Montmorency y dejó el librito en la mesa más cercana a la sirvienta – Un Tomo de Fuego de práctica. Es una copia que usan los Magos de la Academia del tomo de verdad. Algo menos potente, pero mucho más seguro para su uso en una Biblioteca. No delegará en mí su entera protección, ¿verdad? Ahuhuhu~ – con una sonrisa de oreja a oreja, el bibliotecario se dirigió al quicio de la puerta que separaba la sala de la biblioteca con el largo pasillo que los llevaría a la zona restringida. Sin embargo, no pudo evitar añadir – Ya sé que no se le ocurrirá emplear el Tomo de Fuego proporcionado para atacarme, amenazarme o alguna acción indigna de una dama. Volveríamos a empezar, acabaría con el mismo resultado y tendría que volverme a escuchar mientras desvarío sobre temas aburridos. Y nadie quiere eso, ¿cierto? – volvió a guiñar el ojo a la sirvienta, dotando aquellas palabras con un aire jovial muy fuera de lugar.

Agarrando bien su Tomo de Ruina y tras mirar el pasillo en ambas direcciones en busca de Emergidos, señaló una dirección con su mano izquierda para entonces decir – ¿Se encuentra lista, señorita de Montmorency? La caminata no es larga, pero quién sabe cuántos Emergidos nos encontraremos por el camino. – y es que mago prevenido vale por dos.
Afiliación :
- ILIA -

Clase :
Dark Sage

Cargo :
Bibliotecario (Gran Biblioteca de Ilia)

Autoridad :

Inventario :
Tomo de Ruina [1]
Tomo de Ruina [2]
Vulnerary [3]
Pergamino de Armas
Tomo de Worm [4]
.

Support :
Lyndis

Especialización :

Experiencia :

Gold :
3411


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Campaña de liberación] [Flashback] La teoría de los fuegos artificiales [Priv. Sindri - Rem]

Mensaje por Ram de Montmorency el Dom Sep 17, 2017 11:06 pm

El bibliotecario repitió su nombre con delicadeza. Como si estuviese analizándolo detenidamente mientras lo pronunciaba. Ram estaba acostumbrada a presenciar reacciones similares siempre que se presentaba ante extraños, siendo esa una de las razones por las que prefería mantenerse en el anonimato. Odiaba que le hiciesen preguntas acerca de sus tres nombres o, sobre todo, de su extraño y peculiar apellido. Era de saber común que los apellidos eran para gente importante de reinos importantes, y ella, como legítima heredera de la familia de Montmorency, tenía verdadera sangre noble recorriendo sus venas. La historia de cómo había acabado cayendo en desgracia junto a su hermana gemela, limitándose a trabajar a las órdenes de un sabio anciano como sirvienta, era uno de sus más sombríos secretos. Sin embargo, el mago oscuro, lejos de interrogarla como solían hacer otros, mencionó que respetaría su voluntad a pesar de que consideraba que Candela era un nombre bonito. La doncella frunció el ceño al escucharle. Ya no sabía si el bibliotecario seguía riéndose de ella o si de verdad estaba hablando con sinceridad. “Candela” sonaba a “Candil”, o incluso a “Candelabro”. Semejante apodo podía constituir perfectamente una mofa apropiada para una maga de ánima especializada en el fuego.

A continuación, el mago oscuro se presentó como Sindri, dando además a entender que ya le había dicho su nombre hacía poco. No tenía apellidos ni nada por el estilo que le identificase como alguien importante, por lo que la doncella llegó a la conclusión de que debía de tratarse de un pobre plebeyo con delirios de grandeza. Nadie especial, pero con el suficiente mal gusto como para interesarse por el estudio de la magia arcana.

Me temo que había olvidado vuestro nombre, entonces —respondió Ram. No recordaba que Sindri se le hubiese presentado antes, pero esta vez confiaba en la veracidad de lo que éste decía. Al fin y al cabo, una mente tan brillante y ocupada como la suya tendía a desprenderse de la información innecesaria.

Tras el tardío intercambio de cordiales presentaciones, el bibliotecario se dirigió a una de las estanterías dispuestas alrededor del vestíbulo. La sirvienta ignoraba sus propósitos, mas se limitó a no quitarle el ojo de encima mientras éste paseaba sus dedos entre los lomos de los libros. Ram aprovechó para dedicarse sí misma unos segundos de su tiempo. Necesitaba asimilar la extraña situación en la que se encontraba. Todo había sucedido tan deprisa, que verse a sí misma intercambiando palabras con un asqueroso mago oscuro seguía antojándosele inverosímil. Luego estaba lo de la intrusión de los emergidos en el edificio. ¿Por qué tardaban tanto los guardias locales en llegar? El tañido de las campanas de emergencia debería haber bastado para alertarles del peligro, y sin embargo, en aquella zona de la biblioteca no había nadie más que ellos dos, hablando como si nada acerca de una supuesta área restringida que los emergidos podrían estar interesados en visitar.

El mago oscuro continuó hablándole. Ram escuchó con atención sus deducciones acerca del misterioso comportamiento de aquellas extrañas criaturas obsesionadas en invadir y extender su presencia por todo el mundo. Decía que lo más lógico era pensar que éstas podían hablar entre ellas para coordinarse.

Discrepo —respondió ella—. Tengo mis hipótesis, pero en mi humilde opinión, los emergidos no se pueden comunicar entre sí. Más bien creo que son meros títeres controlados por alguien…

La doncella hizo una pausa para añadir cierto suspense a la conversación. Normalmente prefería hablar poco, pero las cuestiones intelectuales despertaban muchísimo su interés. Sobre todo si tenían que ver con la magia, pese a que aún así, siempre procuraba resumir sus argumentos en la menor cantidad de palabras posible.

Carezco de evidencia para probar mis afirmaciones, pero no me extrañaría que hubiese algún nigromante como vos detrás de todo este desastre.

La exclamación de euforia del bibliotecario que acababa de encontrar lo que buscaba sobresaltó un poco a la sirvienta, que prefirió limitarse a permanecer inmóvil donde se encontraba. No se fiaba de Sindri, y nunca se fiaría de él. Además, estaba igualmente convencida de que el joven estaba al tanto de ese detalle. ¿Por qué razón entonces se comportaba como si no existiesen hostilidades entre ellos dos? Ram de verdad había tenido la intención de herirle con su magia de fuego instantes atrás. Peor todavía: de haberse dado la situación al revés, la doncella estaba segura de que habría reducido a cenizas al mago oscuro a la primera de cambio.

¿A qué estáis jugando? —preguntó entonces, en busca de una respuesta que satisficiese sus dudas. Esperaba a que Sindri, quien en esos momentos dejaba sobre una mesa cercana un libro de magia de ánima, lograse entender lo que quería decir más allá de esas breves palabras.

Ram recogió a continuación el tomo prestado y lo hojeó rápidamente para familiarizarse con su contenido. Los hechizos descritos en él parecían pobres y limitados, pero estables. De manera que sería muy difícil que prendiese fuego a un estante de madera por accidente. La sirvienta asintió satisfecha, y siguió al mago oscuro con el volumen debajo del hombro.

¿Acaso os preocupa que os vuelva a atacar? —respondió a la advertencia de su compañero antes de que éste abriese la puerta—. Continuad. Os cubro las espaldas.
Afiliación :
- ILIA -

Clase :
Mage

Cargo :
Sirvienta

Inventario :
Tomo de fuego [2]
Vulnerary [3]
Esp. de bronce [1]
.
.
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1102


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Campaña de liberación] [Flashback] La teoría de los fuegos artificiales [Priv. Sindri - Rem]

Mensaje por Sindri el Mar Sep 19, 2017 1:27 am

No se preocupe usted, señorita de Montmorency. No es que nadie se moleste a preguntarlo. O que se quede en la memoria. Se sorprendería de saber las veces que mis compañeros de profesión me preguntan el nombre. – lo último sólo era un poco exagerado: era cierto que los bibliotecarios de mayor rango no lo reconocerían en una multitud, pero… ¿Qué jefe podría reconocer los subordinados de los subordinados de sus subordinados? También influía que él hiciera un esfuerzo para pasar desapercibido, el bibliotecario Sindri suficientemente amigable como para no despertar rumores o antipatías, pero tampoco tan conocido como para ser la comidilla del día en la posada. Sus investigaciones requerían de discreción en su justa medida, los Magos Arcanos no eran exactamente vistos con buen ojo por el populacho o el vulgo… pero ¿Quién iba a buscar Magia Arcana en las habitaciones de un edificio que lindaba con una escuela de taumaturgia? – Suelo recibir muchos “Eh, tú” o “Eh, muchacho”. “Joven bibliotecario” si es alguna señora mayor que me recuerda de vista. Muy buena gente.

Y con un gesto universal de “por aquí”, Sindri comenzó la caminata, guiando a la sirvienta por las entrañas de la Gran Biblioteca de Ilia en búsqueda de la zona restringida. Los haces de luz levantaban sombras juguetonas al paso del Mago Arcano con la capa al viento. Ahora una vuelta a la izquierda. Ahora una a la derecha. El siguiente cruce hay que ir recto. Pues claro que sabía dónde estaba la zona restringida, el lugar más privado de la Gran Biblioteca de Ilia, donde sólo podían acceder aquellos miembros con más rango. Especialmente ya que no le dejaban entrar. Debía conocer al dedillo aquella zona en la que no se le permitía entrar, no fuera a llegar con error y meterse en un buen lío. Además, ¿Cómo iba a pasar cada semana en esperanzas que alguien se hubiera dejado la puerta abierta si no sabía por dónde caía?

¡Así me gusta! ¡Hipótesis sin fundamento! – la voz suave del bibliotecario, llena de jovialidad y sorna, rebotó por los pasillos vacíos y sin vida. Eran los menos utilizados del lugar por lo mencionado anteriormente, además que no tenían salida al exterior. Si los Emergidos entraban, la gente normalmente quería salir de donde fuera – La “lógica”, las “pruebas” y la “presunción de inocencia” son viles herramientas que los Magos de Ánima no utilizan, no señor. Residen puramente en manos de los Magos Arcanos. ¿Quién quiere investigar cuando apuntar el dedo, como una verdulera acusando a la pescadera de incitar un rumor sobre ella, es más fácil? – si algo sabía bien es que los Magos de Ánima eran muy comodones y perezosos en cuanto a sus estudios. Se movían siempre en el mismo círculo de magia conocida en el que ya no podían hacerse más avances y sobre el que todo estaba escrito. Podían investigar más allá, pero en el momento que veían algo que desconocían o que no entendían de buenas a primeras simplemente lo censuraban, lo llamaban “malo” y castigaban a todo aquel que se acercaba. La Magia Arcana era “malvada” porque requería un mínimo de esfuerzo y no permitía atajos como el talento. Seguramente también creían que las nuevas recetas de la cafetería eran la obra de un poder maligno – La necromancia (no confundir con la nigromancia, por favor) es algo que claramente está al alcance de la Magia Arcana. Pero claro, ¿Qué no lo está? – comenzó a explicar mientras seguía caminando.

Los Magos Arcanos de mayor nivel pueden invocar sirvientes de la Oscuridad para las tareas de cada día, como por ejemplo cocinar o cortarles el pelo. Normalmente esqueletos, porque esos son fáciles de animar y no requieren mucho esfuerzo. – puso la mano izquierda en el codo derecho y movió el brazo por la articulación, mostrando un punto donde se focalizaban las energías arcanas – Pero los Magos Arcanos podemos identificar la Oscuridad dentro de la gente u objetos. Así es como nos reconocemos entre nosotros tan fácilmente como con un apretón de manos. Y como sabemos de quién debemos guardarnos. Hay una razón por la que el plural de “Mago Arcano” es “guerra”. Si realmente quiere acabar con Magos Arcanos, simplemente haga un esfuerzo para juntarlos en una habitación y ellos solos harán el trabajo sucio por usted. – en Plegia habían academias de Magia Arcana, según el Príncipe Pelleas de Daein. Qué locura. Academias de “aprende a evitar que setenta y nueve otros estudiantes te apuñalen mientras duermes” más bien – Lo que quería decir es que no puedo notar la Oscuridad dentro de los Emergidos, requisito indispensable para tener relación con la Magia Arcana. Provengan de donde provengan o sea quién sea el que los controle como marionetas, como usted apunta, no es la Oscuridad. – ladeó la cabeza por un momento – Y dudo que sea un Mago Arcano el que los controle. Si uno se hubiera hecho con tal ejército, puede apostar su adorable cofia de sirvienta que ya hubiera amenazado en conquistar tres o cuatro países a la vez. Tal vez cinco.

Una sonrisa ladina se aposentó en su cara, mientras parecía hablar al aire – ¿Juego? Al único juego en el que participo es el gran juego de la vida, donde la diversión brilla por su ausencia. No me reprochará divertirme un poco en este aburrido mundo, ¿cierto? – y si de algo sabía mucho un bibliotecario era sobre el aburrimiento, el no poder hablar durante horas para no crear un eco que dure minutos entre las bóvedas del lugar – No me preocupa que me vuelva a atacar, me preocupa cuándo me volverá a atacar. Por su comportamiento entiendo que tratará de “cubrirme” la espalda de llamaradas a la mínima que me despiste. Pero le pediría que si tiene que acabar conmigo, me deje primero echar un vistazo a la zona restringida. – tras pararse en seco, colocó su Tomo de Ruina bajo el brazo y movió las manos arriba y abajo sin ritmo mientras miraba a la sirvienta – No querrá que mi fantasma la persiga por no haberme dejado morir contento, ¿no es así? Me tendría hablando a su lado las veinticuatro horas del día sin pausa sobre los temas más banales que pudiera encontrar. Se lo prometo. Ahuhuhu~

Volviendo a la caminata, Sindri volvió a coger con la mano izquierda su tomo de Magia Arcana y continuó rumbo a la zona restringida con paso ligero – Sinceramente, no tengo nada en contra de usted. Quiere acabar conmigo, pero eso tampoco es tan grave. Los seguidores de la Oscuridad se han ganado su mala fama a plomo, al fin y al cabo. Aunque también es cierto que… – pero dejó ahí la frase, ya que tendrían que torcer a la derecha en el próximo pasillo… y se vislumbraban dos alargadas sombras estáticas en el suelo. El bibliotecario subió una mano a los labios marcando “silencio” y se acercó con todo el sigilo que pudo a la esquina. No iba a sacar la cabeza, claro que no, pero sacó de su bolsillito un pequeño espejito que llevaba siempre consigo puesto que su madre le había inculcado la higiene y pulcritud como “grandes valores de todo hombre que se precie”.

No era un espejo muy grande ni muy caro (¡El sueldo de un bibliotecario no da para tanto!) pero la superficie lisa del metal al enfocarse correctamente le devolvió la imagen clara de dos figuras que jamás había visto en su vida, con ropas extrañas y extranjeras del mismo estilo que la del Emergido que había quedado atrás. Más o menos. Y tomos de magia. Esos rectangulitos de colores sí que los veía bien. Miró a la sirvienta y asintió con la cabeza con decisión, incluso acercándole el espejito si lo quería comprobar ella misma.

Y con ese gesto, aguardó una señal de la Maga de Ánima, ya fuera positiva para lanzar un ataque o negativa, para buscar otra ruta.
Afiliación :
- ILIA -

Clase :
Dark Sage

Cargo :
Bibliotecario (Gran Biblioteca de Ilia)

Autoridad :

Inventario :
Tomo de Ruina [1]
Tomo de Ruina [2]
Vulnerary [3]
Pergamino de Armas
Tomo de Worm [4]
.

Support :
Lyndis

Especialización :

Experiencia :

Gold :
3411


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: [Campaña de liberación] [Flashback] La teoría de los fuegos artificiales [Priv. Sindri - Rem]

Mensaje por Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Volver arriba Ir abajo

Página 2 de 2. Precedente  1, 2

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.