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[Campaña de liberación] [Flashback] La teoría de los fuegos artificiales [Priv. Sindri - Rem]

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[Campaña de liberación] [Flashback] La teoría de los fuegos artificiales [Priv. Sindri - Rem]

Mensaje por Ram de Montmorency el Mar Oct 18, 2016 5:43 pm

Hacía ya varias semanas que Ram se levantaba más temprano que cualquier otro criado de la mansión de Kato. Teniendo especial cuidado en no despertar a nadie, desayunaba algo rápido y abandonaba el lujoso hogar por unas horas. Y cuando regresaba para atender a sus tareas de sirvienta, eludía las preguntas de sus compañeros le hacían alegando que únicamente había querido dar un paseo. Aquella excusa era obviamente una mentira. Todos lo sabían, y ella sabía que todos lo sabían. Mas con el transcurrir de los días, el nuevo y enigmático hábito de Ram empezaba a dejar de percibirse como algo excepcional, así que los curiosos no tardaban demasiado en perder el interés en averiguar a dónde se dirigía la joven. Los creativos rumores acerca de la verdadera naturaleza de sus escapadas matutinas cesaron, al igual que todos los chismorreos románticos que sugerían la posibilidad de que la sirvienta se estuviese reuniendo con un amante.

Buenos días, querida hermana —deseó aquella helada mañana a Rem, que recién acababa de despertarse. Su hermana gemela y ella, a diferencia de los demás criados de la mansión, compartían los mismos aposentos. Su cuarto podría no ser el más espacioso, pero sí que se encontraba siempre minuciosamente ordenado y limpio. En realidad, era Rem quien se encargaba de mantenerlo, pues a Ram poco le importaban esos agotadores menesteres.

Ataviada con su característico uniforme de sirvienta y arropada con gruesos abrigos muy apropiados para protegerse del frío, la hermana mayor ya se había arreglado y estaba lista para salir. No esperó a recibir la respuesta de Rem porque tenía mucha prisa, así que se limitó a despedirse con un vago gesto antes de precipitarse escaleras abajo. A esas horas de la mañana, nadie custodiaba la entrada principal del edificio, por lo que nadie la detuvo cuando abandonaba rápidamente los terrenos de la mansión. Mientras avanzaba por las congeladas calles de Ilia abrazaba con sumo cuidado un desgastado libro de magia que no pertenecía a la biblioteca personal de Kato. Ram había procurado ocultar el volumen de sus compañeros para evitar preguntas incómodas, estudiándolo en sus escasos ratos libres. Ni siquiera Rem, a la que nunca escondía sus secretos, tenía la más remota idea de lo que se estaba trayendo entre manos.

En aquellas tempranas horas en las que el sol todavía no había salido, poca gente merodeaba por las calles. Conforme el tiempo transcurría y los habitantes despertaban, las avenidas y bulevares se iban llenando de vida. Gracias a tener que madrugar cada día, Ram había descubierto que esas horas eran su momento preferido del día. Había cierto encanto en presenciar el amanecer en las tierras heladas de Ilia. En cómo los poblados iban adquiriendo bullicio según avanzaba la mañana, y los caminos se llenaban de sonidos y colores vivaces. Como cada mañana en ese mismo instante, detuvo su andar por un momento para disfrutar en silencio de las vistas que le ofrecía el panorama. Como cada mañana en ese mismo instante, suspiró con algo de melancolía ya que habría deseado poder enseñarle aquello a su hermana.

Por mucho que desease contarle al resto sus intenciones, no podía. Era lo que tenían las sorpresas: que dejan de ser sorpresa una vez son reveladas a la gente que se quiere sorprender. El cumpleaños de Kato estaba al caer, y como el amo nunca antes había llegado a estar presente en esa fecha tan especial, todos los criados que trabajaban en la mansión estaban dando lo mejor de sí mismos para organizar un banquete sin igual. No obstante, Ram quería destacar. Necesitaba agradecerle a Kato a su manera todo lo que había hecho por ella, y como no era tan diestra como los otros sirvientes a la hora de limpiar o cocinar, tenía planeado prepararle un espectáculo especial. Esa era la verdadera razón detrás de sus misteriosos paseos matinales, y también el motivo de por qué se dirigía cada mañana a la Gran Biblioteca.

Quisiera devolver este ejemplar, por favor —solicitó educadamente nada más llegar a su destino. El libro que tendía con firmeza al bibliotecario tenía un título bastante peculiar si se tenía en cuenta a la edad y aspecto de su lectora: ''TRATADO DE MAGIA AVANZADA: Análisis exhaustivo de la evolución de la magia a través de los tiempos y estudio profundo de los usos creativos que se le pueden dar. Por B. C. Pemberton''. Desde luego que no parecía para nada el tipo de lectura de la que disfrutaría una joven señorita de diecisiete años, pero Ram no temía estudiar libros difíciles. Y ya llevaba tiempo llevándose volúmenes de igual o mayor complejidad.

Tras devolver el tratado, se internó aún más en la biblioteca. Le gustaba perderse entre las numerosas estanterías colmadas de libros. Aquel lugar se había convertido en todo un santuario para la joven, que lamentaba no haberse atrevido a visitarlo antes. No era que le disgustase ser sirvienta pues, de hecho, era bastante feliz siéndolo. Sin embargo, en lo más profundo de su persona sabía que su lugar estaba ahí, y no junto a las cocinas.

Ram deambulaba con alegría poco disimulada a través de pilas y montones de volúmenes, sin importarle demasiado el tiempo que transcurría. Poco a poco, las aulas y salas anexas se llenaban de sabios maestros dispuestos a transmitir sus conocimientos a aquellos con inquietudes puramente intelectuales. La joven de cabellos rosados deseaba en el fondo poder asistir a alguna de esas conferencias que se le antojaban tan interesantes, pero por alguna razón, no llegaba a atreverse a dar el paso. Como si quisiese esconderse de la gente, tan sólo buscaba libros en los pasillos vacíos, donde nadie pudiese verla.

Ram no tardó demasiado tiempo en reparar en un libro que por su título deseaba retirar. Por desgracia su corta estatura le impedía llegar al estante en el que se encontraba. Ni siquiera después de dar reiterados saltitos para alcanzarlo, pudo tocarlo.
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Re: [Campaña de liberación] [Flashback] La teoría de los fuegos artificiales [Priv. Sindri - Rem]

Mensaje por Sindri el Miér Oct 19, 2016 9:06 pm

Era un día como cualquier otro en la Gran Biblioteca de Ilia. Más bien, una mañana como tantas y tantas otras.

El sol... bueno, lo que en Ilia podía entenderse como sol, todavía no había salido propiamente dicho, pero el bibliotecario ya hacía tiempo que se había levantado y ataviado por completo con su ropa usual, bien planchada y salida del turno de lavandería, y se había echado su mullida y cálida capa por los hombros, abrochándosela bien con uno de los pocos caprichos que jamás se había dado. Si bien muchas salas tenían calefacción, los pasillos que las unían no lo tenían, y un bibliotecario se veía en la necesidad de transitarlos una y otra vez. No estaba de más tener algo de abrigo en caso que hubiera que llevar muchos libros porque los otros bibliotecarios “ya estaban mayores para tales trotes”.

El desayuno fue simple, unas tostadas de pan con algunas cosas que echarle encima como queso y mermelada. No era un desayuno de reyes ni de nobles, Sindri lo sabía bien, pero era nutritivo y ayudaba a pasar la mañana hasta la hora de comer. Y una vez pudo salir del comedor, se asignaron los roles para la mañana. No le sorprendió cuando le comentaron que durante la mañana se encargaría de mover algunos libros del almacén a las diferentes estanterías, puesto que habían sido reparados ya y los altos mandos habían considerado oportunos permitir que los visitantes les echaran un vistazo de nuevo.

Así que durante las dos primeras horas de su turno Sindri se dedicó a hacer viajes entre el sombrío y frío, pero nada húmedo, almacén lleno de libros y personas malhumoradas y diversas estancias, algunas vacías, otras llenas a rebosar. Colocar libros era mucho más fácil en las primeras, pero en las segundas debía tratar de hacerse ver y, a la vez, no molestar a las personas que estaban usando las instalaciones. Una miríada de “perdone”, “disculpe” y “eso es mi pie, por favor no lo pise” adornaron la mañana del Mago Oscuro, a quién no le disgustaba ver tanta actividad en el lugar. Especialmente ahora que los Emergidos impedían los viajes y habían días que casi no había nadie a quién ayudar. Y eso quería decir más tareas aburridas administrativas.

Ahora llevaba unos tres enormes tomos de Magia de Ánima de vuelta a sus estanterías de origen, unas algo escondidas del resto, pero muy concurridas por estudiantes de magia de toda clase. Sobretodo magos que estudiaban en la propia Gran Biblioteca de Ilia, muy estudiosos, pero también muy misteriosos y celosos de su arte. Jamás había podido curiosear por los pisos superiores, muy a su pesar... pero si había algún lugar donde seguramente descubrirían la rama de magia a la que se dedica sería en aquél lugar. La Magia Arcana no era exactamente algo que pasase desapercibido entre magos dedicados a la Magia de Ánima, al fin y al cabo, por lo que lo mejor era no asumir riesgos.

Y entonces, cuando casi estaba ya en el lugar que le habían indicado, vio a una figura tratando de alcanzar un libro que estaba muy alto. Aquél era un traje de... ¿Sirvienta? Sindri recordaba haber visto trajes semejantes, pero no iguales, cuando todavía era un niño en una noble mansión en Lycia. Se acercó a la figura femenina para verla mejor mientras se sacudía la cabeza, tratando de sacar esos recuerdos de su cabeza. ¿Sería la sirvienta de un mago? ¿Una maga? Tampoco es que estuviera exactamente en una estantería con sólo volúmenes de magia. ¿Había gente suficientemente rica cerca de la Gran Biblioteca de Ilia como para contratar sirvientes? ¿Y sirvientes magos? Muchas preguntas se amontonaban en su cabeza, sin respuesta todavía, pero el deber lo llamaba.

Permítame, señorita. – dijo mientras dejaba en una mesita pulcramente los libros que traía consigo. No era una persona extremadamente alta, pero podía llegar a tal lugar estirando al máximo su brazo. Tras alcanzar el volumen que calculó que era el deseado, se lo tendió a la persona con una sonrisa – Aquí tiene usted, espero que sea un libro de su gusto. ¿Que puede la Gran Biblioteca de Ilia ayudarle en algo? – esperaba que le diese algo de tarea que hacer, mitad porque le gustaba ayudar a los usuarios de la biblioteca, mitad porque le daba un motivo para dejar de hacer de recadero por unos instantes.
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Re: [Campaña de liberación] [Flashback] La teoría de los fuegos artificiales [Priv. Sindri - Rem]

Mensaje por Invitado el Lun Oct 24, 2016 1:59 pm


Habitualmente Rem siempre era la primera en despertar, ordenaba las sábanas de su acogedora cama; y justo después de vestirse se encargaba de despertar a su hermana mayor Ram. No obstante, ya habían pasado un par de semanas donde los roles parecían haberse invertido. Ram, era quien se levantaba temprano, pero luego, simplemente se iba. Su actitud no era acorde a su personalidad; demostraba una enorme responsabilidad que sus actos no podían cargar. Si el caso fuera que se levantase tan temprano para sus labores realizar, algunos destrozos debería de dejar. Mas nada de esto ocurría, su pretexto siempre era el mismo, que simplemente salía a pasear. Todos sabían que era una mentira, inclusivo Rem podía darse cuenta de ello con solo mirarla al hablar. Lo único que no comprendía, era por qué a ella le mentía.

―Buenos días, Ram― Contestó a su hermana sin salir debajo de sus sábanas. Pudo verla vestida y lista para salir, por lo que ese día sería como todos los demás; o quizá no...

Ram se marchó de inmediato, incluso parecía no haberla escuchado saludarle. Rem, quien ya comenzaba a preocuparse por sus extrañas actitudes, había optado por estar lista para la operación: "seguir a Ram y descubrir la verdad; y encargarse del posible hombre que pueda querer pretenderla despellejándolo lenta y dolorosamente". Una vez con Ram fuera de la habitación, se quitó las sábanas de encima descubriendo su ya preparado uniforme con el que había dormido aquella noche. No podía perder tiempo en vestirse si debía seguir los pases de su hermana. Rem creía que Ram era capaz de defenderse por su cuenta si es que hipotéticamente se hubiera metido en algún asunto turbio; pero si algo le preocupaba realmente, era que los rumores que circulaban a espaldas de ella fueran verdad. Si un hombre llegaba a ponerle un dedo encima, no se lo podría perdonar.

La gemela menor procuró tener un par de minutos de distancia de su hermana, en lo que, había procurado tener su cama nuevamente antes de partir. Cargó su propio libro dentro de su morral, ya que la posibilidad de tener que usarlo parecían ser altas, y comenzó a seguir sus pasos aprovechando la cambia de guardia en la entrada de la mansión; la siguió a la distancia, procurando no ser vista ni sentida por ella en ningún momento. Caminó por los senderos aun oscuros del pueblo, rodeada del silencio que la mañana otorgaba.

El final del recorrido llevó a la negativa gemela a la puerta de un gran edificio; la biblioteca. No pudo evitar creer que los rumores fuesen ciertos, ya que teniendo una biblioteca en la mansión, debía tener otro motivo para acabar en aquel lugar. Ram... ¡debía haber sido engañada por algún ratón de biblioteca! No era posible que Ram se enamorara de alguien así, sabía bien que este susodicho hombre debía de haberle engatusado usando algún truco sucio. Lo iba a despellejar, y demostrarle cuan equivocado estaría, además de enseñarle que con su hermana, nadie se mete y vive para contarlo.

Bibliotecario:―¿Necesita algo más?― Escuchó ni bien entró al monumental edificio. Sin responder, le ignoró y entre los pasillos se adentró. Ella comprendía que había sido confundida con su propia hermana, y que seguramente ella le debía haber preguntado donde se encontraría su amante al ser el edificio tan grande. Pero levantaría sospecha al preguntar dos veces lo mismo, por lo que simplemente por su cuenta continuó.

Rem deambuló los pasillos como un tiburón asechando a su presa; aunque aun no lograba divisarla en el laberinto que los estantes creaban. Caminaba en silencio mirando su alrededor a cada momento.

A ocho metros, cuarenta y siete centímetros estaba ella; no es como si pudiera calcular con exactitud la distancia con su hermana, pero la había encontrado junto a un hombre al otro extremo del pasillo. Se ocultó detrás del librero y disimuladamente le observó. Sentía rabia de sólo ver al sospechoso queriendo arrebatarle a su hermana; pero ahora que lo había visto todo, se aseguraría de que fuese su última reunión. Si le llegaba a poner un dedo encima, le arrebataría la piel de su rostro como lección. Acercándose lentamente se mantuvo oculta, mientras que los observaba cambiando de ángulo entre libros; logrando escuchar finalmente lo que pudiera decir. Lo tenía en la mira, y nada le iba a perdonar a él.



off:
Me disculpo por el retraso. Trabajo y un domingo sin internet.
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Re: [Campaña de liberación] [Flashback] La teoría de los fuegos artificiales [Priv. Sindri - Rem]

Mensaje por Ram de Montmorency el Dom Nov 06, 2016 2:28 pm

Aquel libro se le resistía. No había manera de alcanzarlo por muchos saltitos que diese. Ram frunció ligeramente el entrecejo, sumamente decepcionada, antes de dirigir su vista al fondo del pasillo en busca de una escalerilla. Le resultaba frustrante que aquella biblioteca no pareciese haber sido construida con el público de baja estatura en mente, pues aquella no era la primera vez que le ocurría algo así. Sin ir más lejos, el mismo día anterior no había podido colgar su abrigo en los percheros habilitados para los visitantes por la misma razón. Así que en aquellos momentos estaba sopesando muy seriamente la posibilidad de poner una queja en recepción. Semejante precariedad de consideración por la gente bajita no merecía indulgencia alguna. Fue entonces, mientras se hallaba perdida entre sus habituales cavilaciones, cuando una voz a sus espaldas la sobresaltó y la sacó de su ensimismamiento. Era una voz cálida y educada. Una voz aterciopelada y comedida. Al menos, así fue como Ram la interpretó. La joven se giró casi al instante con la intención de descubrir al dueño de aquellas corteses palabras, que resultó ser un muchacho un poco mayor que ella, tanto en edad como en estatura. Vestía de manera simple, pues sus ropajes no destacaban demasiado a excepción de la capa que cubría su figura, que era más bien elegante y distinguida.

El joven alcanzó el libro deseado por la doncella sin demasiadas dificultades y sonriente, se lo tendió a continuación. Ram, cuyo semblante inexpresivo impedía adivinar en lo que estaba pensando, aceptó el volumen en silencio y le dedicó una reverencia de agradecimiento. Aquel inusual gesto de devoción no era más que una mera costumbre inculcada por los demás sirvientes del amo Kato de la que le costaba deshacerse. El educado bibliotecario le preguntó entonces si necesitaba ayuda en algo más.

Tratado de magia avanzada: Análisis exhaustivo de la evolución de la magia a través de los tiempos y estudio profundo de los usos creativos que se le pueden dar —respondió de sopetón la muchacha de cabello rosado, casi sin darle tiempo a terminar la frase a su interlocutor.

Deberíais quemar el libro que lleva ese nombre por título. Cuanto antes.

Aunque no dejase entreverlo, Ram estaba en realidad bastante disgustada con el tal Pemberton que había escrito el volumen en cuestión. El problema no radicaba únicamente en que el libro tuviese algunas incoherencias y errores de nimia importancia en sus explicaciones, sino en que era auténticamente soporífero y complejo de digerir. Nada llevadero, desde luego, daba la impresión de que su escritor se expresaba de manera prácticamente ininteligible aposta. Como si buscase jactarse de su propia sabiduría ante los lectores. Tamaña y sutil arrogancia se le antojaba a la sirvienta insoportable, y con gusto se habría encargado ella misma de quemar las páginas de la obra de no ser porque de hacerlo se habría metido en problemas.

Hum… —murmuraba Ram mientras examinaba concentrada el tomo que el bibliotecario le acababa de alcanzar. Conforme pasaba cada nueva hoja, su ceja derecha se alzaba un poco más que la izquierda. Así permaneció durante un rato, ajena a todo lo que había a su alrededor, hasta que apartó su mirada del libro, cerrándolo de golpe.

Seguís aquí —observó dirigiéndose al joven y devolviéndole el viejo volumen—. Por favor, dejadlo donde estaba. No me sirve.
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Re: [Campaña de liberación] [Flashback] La teoría de los fuegos artificiales [Priv. Sindri - Rem]

Mensaje por Sindri el Dom Nov 06, 2016 10:23 pm

Un escalofrío recorrió la espalda del bibliotecario, quién no pudo evitar entrar en un estado de alerta momentáneo, girando su cabeza hacia los lados, esperando ver algo amenazante cerca. ¿Magia Arcana? La sensación había sido similar, pero no exactamente la misma. Una intención homicida, por decirlo así, que había notado dirigida hacia él. ¿Quizá estaba siendo demasiado paranoico? Estaba en una biblioteca, su Gran Biblioteca de Ilia. ¿Quién le iba a querer mal ahí? Habrían sido meras imaginaciones suyas, o eso se dijo a sí mismo mientras sacudía ligeramente la cabeza, como queriendo sacarse aquello de la cabeza.

La persona que tenía delante de él no parecía muy habladora, aunque sí era muy educada, ya que le correspondió con una reverencia. ¿Reverencias? ¿A él? No había tenido una siguiera desde que había dejado de ser un noble de Ryerde... su pecho se hinchó un poco a modo de orgullo con tintes de nostalgia. ¡Qué bien sentía... bueno, eso, que lo trataran bien! Pero, de todos modos, se tuvo que recordar que él no era nadie hoy en día sino Sindri, el bibliotecario. Sin embargo, la reverencia le permitió fijarse mejor en la sirvienta... o, más concretamente, en el ornamento de su cabello. No era una cofia normal sino más una diadema con motivos florales acorde con el color de su pelo. Muy imaginativos, sí señor.

En cuánto escuchó el título del libro, soltó un pequeño silbido – Menudo tomo de magia que ha ido usted a buscar. Ese nos lo piden algunos alumnos avanzados de la escuela de magia de aquí. – señaló arriba con el dedo índice de la mano derecha, puesto que era el lugar donde los magos aprendían su arte. No lo había llegado a leer, pero se lo devolvían al poco tiempo de reservarlo, por lo que debía ser un libro bastante didáctico – ¿Quemar libros? Oh, eso sería como ir a un bosque y pedir al guardabosques que quemase un árbol. O pedir a un soldado de la guarnición de un señor que le ayudase a robar algo del lord. No llevamos a cabo este servicio, precisamente. Ahuhuhu~ – otros bibliotecarios, sobretodo los más mayores, se hubieran enfadado mucho al oír aquella sugerencia, pero Sindri la encontró bastante divertida. Si de veras la señorita lo hubiera querido quemar, lo hubiera podido hacer en la comodidad de su casa, pero había preferido traerlo de vuelta y otorgar una crítica constructiva – Aunque, bueno, hace unos... ¿Qué? ¿Dos años? ¿Dos y medio? – el bibliotecario miró al techo llevándose una mano al mentón, haciendo memoria – Se llevó una votación entre los altos mandos sobre si los tomos o similares de bajo nivel literario podían retirarse de la biblioteca. La opinión de “no hay libro tan malo que no permita aprender algo” ganó por un voto. Quizá pueda convencerlos usted para que cambien de opinión. – fue un debate bastante entretenido y al Mago Oscuro no le importaría verlo de nuevo. Algunos sectores llegaban a intercambiar unos pocos hechizos por encima de las cabezas de los presentes. Bien lejos de los libros, claro.

No sé yo, quizá me fui. – contestó con una sonrisa, divertido por el hecho que afirmara algo así. Se suponía que los bibliotecarios debían ser sombras en la biblioteca y sólo pararse y aparecer cuando se les requería, pero esta sombra tenía los brazos algo cansados y había decidido que el deber le requería que se quedara ahí, sin hacer nada, tranquilamente esperando – Qué rápido lee usted, muchos no sabrían si un libro contiene algo que les interese sin invertir una hora en la lectura. Bueno, a su sitio vuelve. Aaaaaaaarriba. – dijo con voz queda mientras devolvía el tomo a su lugar de origen y descanso, dejándolo de forma uniforme y que no sobresaliera en la estantería. Al fin y al cabo, una biblioteca pulcra y estéticamente bonita era algo que todo el mundo deseaba ahí – Si desease usted libros de magia, podría recomendarle alguno de los que consultan los magos que estudian aquí. Sólo debería decirme qué temario desea que cubran y seguro que se me ocurren un par o tres... o si no seguro que puedo preguntar a alguien que sepa más que yo de estos tomos. – menuda casualidad, todas esas tareas incluían un desplazamiento casi nulo del lugar donde se encontraba en aquellos instantes. Solo esperaba que esa mujer tan misteriosa tuviera necesidad de un bibliotecario... o si no le esperaba un destino de cargar libros durante un par de horas más.
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Re: [Campaña de liberación] [Flashback] La teoría de los fuegos artificiales [Priv. Sindri - Rem]

Mensaje por Invitado el Vie Nov 18, 2016 10:13 am


Rem podía escuchar las conversaciones de su hermana y el supuesto pretendiente que ella había ocultado los últimos días. Podía observarles con sumo cuidado y disimulo, puesto que ambos podrían verle si no era precavida. Disimulaba sujetando un libro al azar frente a su rostro, centrando sus oídos en toda la conversación. No leía siquiera una palabra del libro que cargaba, ni mucho menos pensaba que tu atuendo le delataba. Después de todo, eran gemelas las hermanas. La ineficiente gemela menor no sólo estaba preocupada, sino frustrada. El saber que su propia hermana estaba viéndose con quien parecía ser una rata de biblioteca, le hacía sentir pena por ella; siendo tan diestra y talentosa, solamente alguien de la realeza podría ser capaz de equipararse a su persona. Idolatraba en exceso a su hermana Ram, omitiendo que realmente, eran un par de sirvientas y sin ningún título que les diera valor.

La conversación no parecía ser nada romántica como Rem supuso sería; pues su propia hermana sugería que un libro se debía quemar; algo habitual. ¡Quemado debía ser aquel! ¡Aquel que osaba pretender a su inigualable hermana! Comenzaba a sentirse molesta y sin saber como reaccionar; el susodicho candidato amoroso de su hermana le hablaba como si realmente fuera de confianza. No, Rem no confiaba en él para nada. No, ella no le dejaría su hermana a nadie que no pudiera estar por sobre ella para darle lo que merecería. Rem, haría lo que fuera necesaria y a cualquier costo por el bienestar de Ram, la única persona en quien realmente podía confiar... Pero, ¿por qué ella no le había contado sobre aquel hombre? ¿No era capaz de confiar más en su propia hermana menor?

Desde su escondite, Rem guardó total silencio, sumergiéndose en su propia depresión y soledad. La inseguridad que sentía al darse cuenta de aquel detalle, sobrepasaba al enojo que sobre él pudiera recaer. ¿Se habría cansado de su inutilidad?

La gemela menor vivió toda su vida como la sombra del talento de su hermana. Su propio mentor, el amo y señor de la mansión, había adoptado a Ram como su estudiante preferida; ella eso lo comprendía, mas a su lado aun así seguiría. Nunca se había mostrado como alguien de valor, siempre insegura y desconfiada, apartándose de toda persona para mantenerse cerca de la única que nunca se apartaba de ella, su hermana. ¿Ram había encontrado alguien importante?

No conocía su nombre, ni el como era que pudiera hablarle tanto y con tanta confianza. Tampoco sabía enfrentar la situación. Su tímida personalidad le impedía acercarse, ya que únicamente era capaz de armarse de valor para intentar ayudar a Ram... pero él, no estaba haciendo nada malo realmente... lo único que podía hacer allí era escuchar, lamentarse y sufrir en silencio. Dejarse absorber por el temor de que su propia hermana la dejase de lado, del mismo modo que toda la familia De Montmorency parecía haber hecho con ellas.

Las hojas de aquel libro que sujetaba para ocultarse comenzaron a mojarse con un par de gotas que no pudo contener.



off:
Ya van tres días que se me corta el internet al mediodía cuando me suelo poner a responder. Hoy me levanté más temprano porque seguro se corta de nuevo por algo a esas horas.

Si quieren me encargo de la introducción de los emergídos para el siguiente post
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Re: [Campaña de liberación] [Flashback] La teoría de los fuegos artificiales [Priv. Sindri - Rem]

Mensaje por Ram de Montmorency el Sáb Dic 10, 2016 11:35 am

El bibliotecario no parecía para nada extrañado por las peculiares conductas de la joven doncella. Claro estaba que hablaba demasiado, como los demás. Pero lo que decía tenía al menos algo de sentido, y sus palabras estaban carentes de cualquier atisbo de charlatanería. Aunque no vistiese la más brillante armadura o los ropajes más distinguidos, Ram supo que le llamaba la atención aquel humilde caballero. Sobre todo cuando éste comparó su sugerencia de quemar aquel insufrible libro con la de incendiar el árbol de un bosque. Escuchar semejante metáfora sonsacó una breve carcajada a la sirvienta de cabello rosado, que empezó a prestar más atención a su interlocutor. Notó que el bibliotecario seguía hablando, contándole más cosas a pesar de que ella en realidad no era la mejor compañía para conversar. Le dijo que hacía ya un tiempo, se llegó a celebrar una votación para decidir si debían proceder a retirar libros tan densos e ininteligibles como el de Pemberton.

Qué desgracia… —comentó Ram al escuchar el predecible resultado de dicha votación. Y cuando el bibliotecario le sugirió en broma que intentase convencer a los altos mandos del lugar a que aprobasen aquella radical propuesta, se rascó levemente la barbilla, sopesando con seriedad la posibilidad de hacerlo.

Fue entonces cuando empezó a examinar el volumen que hacía un rato el joven le había alcanzado, devolviéndoselo poco después y pidiéndole que lo dejase de nuevo en su sitio. El bibliotecario bromeó cuando ella observó en voz alta que seguía a allí, a su lado, y que no se había marchado. Parecía… cómodo con su compañía, y precisamente aquello despertó aún más la curiosidad de la sirvienta. Quizá fuese por inexpresividad, quizá por su gélida presencia, pero aparte del amo Kato y de su queridísima hermana Rem, no conocía a nadie más que pudiese permanecer cerca de ella tanto tiempo sin mostrar signos de incomodidad.

Cuando el bibliotecario devolvió el viejo tomo a su estante correspondiente, volvió a ofrecerle su ayuda. Decía que si le aportaba más información acerca de lo que buscaba, lo más probable sería que le encontrase varios libros que le sirviesen. A esas alturas, a Ram ya no le quedaba ninguna duda: algo raro le pasaba a aquel joven pues, ¿qué otra explicación tenía el hecho de que pareciese resistirse a huir cuanto antes de ella?

¿Acaso no os doy miedo? —le preguntó en un tono de ligeramente inseguro. Era algo casi inaudito que un desconocido la tratase con semejante simpatía a la primera de cambio, como si fuese totalmente inmune a sus comentarios mordaces y algo groseros. Inclusive a los propios sirvientes de la mansión de Kato les costaba empatizar con ella y su hermana, pese a que las conocían desde hacía ya varios años. Mas la doncella, sin esperar respuesta, sacudió varias veces su cabeza. ¿En qué estaba pensando? Aunque se sentía un poco confundida, no tardó en recuperar su compostura habitual.

Busco información acerca de cómo emplear la magia para crear fuegos artificiales —dijo de repente como si nunca hubiese formulado su pregunta anterior. Esa era la verdad, y no buscaba nada más en aquella laberíntica biblioteca. Estaba claro que sabía que existían toneladas de información al respecto sobre ese tema en particular, pero Ram aspiraba a algo más. El aniversario del amo estaba al caer, y quería demostrarle su afecto regalándole el mayor espectáculo de fuegos artificiales que jamás se hubiese visto en Ilia. Su propósito era tan ambicioso que no quería arriesgarse a contarle nada a nadie, ni siquiera a su hermana pequeña. ¡Quería que fuese una sorpresa para todos!

Un ligero brillo de emoción se dibujó en sus pupilas mientras soñaba despierta, sumergida como nunca antes en sus cavilaciones. Mas volvió a poner sus pies en el suelo en cuanto oyó, en la distancia, lo que parecía ser un sollozo de lo más familiar.

¿Habéis oído algo?

Ram estaba segura de que alguien lloraba cerca de donde ella y el joven caballero se encontraban, pero a menos que estuviesen en alguna hipotética sección dedicada a libros de drama y tragicomedias teatrales, no tenía sentido que nadie derramase lágrimas allí. Movida por la curiosidad, la doncella buscó el origen de los misteriosos lamentos hasta que lo encontró.

¡Pero hermana! ¿Qué haces aquí? —profirió sorprendida al descubrir a Rem, oculta detrás de una estantería. La doncella de cabellos rosados pocas veces mostraba sus sentimientos, pero al descubrir a su hermana en semejantes condiciones, sus emociones se desbordaron hasta tal punto de provocar que exclamase. Todo un hito para una joven tan inexpresiva que pocas veces abandonaba su característico semblante gélido e inescrutable.

Ram sujetó por los hombros a su hermana, sumamente preocupada por ella. Le arrebató el libro que sostenía y lo apartó a un lado, para después ofrecerle un pañuelo de seda con el que secarse las lágrimas.

Hermana, hermana, ¿qué sucede? ¿Por qué lloras? ¿Alguien te ha hecho daño?
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Re: [Campaña de liberación] [Flashback] La teoría de los fuegos artificiales [Priv. Sindri - Rem]

Mensaje por Sindri el Mar Dic 20, 2016 7:51 pm

Bueno, mi contrato con esta entidad me impide darle la razón en este punto. – dijo con una sonrisa el Dark Mage. Bien era cierto que él había leído también libros cuyos escritores seguramente se creían mucho mejor de lo que eran, y otros que creían que poner más palabras en un tomo lo hacia mejor. Desgraciadamente esos libros acababan en las partes más altas de las enormes estanterías de la Gran Biblioteca de Ilia por algún error administrativo de alguna clase – Pero si quiere mi opinión, cosa que realmente nadie desea nunca, muchos libros podrían intercambiarse con otras bibliotecas sin ningún problema. Ya sé que somos “los guardianes del conocimiento”... – en teoría – ... pero un control de calidad podría ser una buena idea ahora que no hay mucho que hacer. Al menos para una biblioteca con la palabra “Gran” en su nombre. Ahuhuhu~ – esa sí que era una broma. Sindri no se creía para nada un buen crítico de libros, sobretodo cuando la Oscuridad dictaba que ningún conocimiento era demasiado inútil para no ser absorbido o buscado. Pero es que había conocimiento tan aburrido... ¿Por qué debía aprenderse una lista de setas de Tellius? ¿Acaso iba a hacer un simposio sobre micología algún día? Había designios que no llegaba a entender.

¿Fuegos artificiales? Supongo que son posibles de replicar mediante magia. Supongo. Deje que piense un momento... – su mano pasó distraídamente entre unos polvorientos tomos de magia. Debía sopesar bien como ayudar a la amable señorita que tenía delante de él sin dejar entrever que tenía él también conocimientos de magia. Su mano se posó en su mentón y su mirada perdió nitidez durante unos instantes – Magia de Ánima. Supongo. Es la que tiene nociones de fuego, viento y rayo. La Magia Arcana poco haría puesto que es oscura y usted quiere luz, calor y esas cosas. Y la Magia de Luz... no creo que hayan muchos libros de ese tipo por aquí, la mayoría pertenecen a las colecciones de centros de culto de Elimine. – satisfecho por mezclar ignorancia y conocimiento a partes iguales, casi como un profesional de la coctelería de Lycia, Sindri sacó tres libros con presteza, antes de dejar el segundo donde estaba por la redundancia del contenido. Le mostró el primero, algo más grueso y vetusto – “Teoría de la Metamagia Aplicada” del archiconocido sabio Nomah. Un tomo de tierras lejanas que se ha empleado para el estudio durante casi un siglo en Elibe, o eso me han dicho los bibliotecarios más experimentados. Si quiere información de la Magia de Ánima debe estar ahí. ¡No se ha actualizado en un siglo y sigue usándose como el primer día! – devolvió el pesado grimorio al reposo de su brazo y entonces le mostró otro libro mucho más colorido. Muy fino. Muy, muy fino. Tan fino que se podía sospechar que se podía leer en una noche – “El amigo del estudiante de magia”, escrito por un mago que deseaba mantenerse anónimo. Un libro fino, fino, fino, pero que contiene todo lo que puede caer en un examen. Cubre todo el temario de una forma tan amena no que casi no te importará haber trasnochado para estudiarlo para el examen de mañana. Casi. – y con esas palabras, le guiñó el ojo con una sonrisa juguetona y dejó los dos libros sobre una mesa para que los ojeara a placer. Si lo que quería era un buen escritor que no aburría a nadie, ese tomo era una buena apuesta.

¿Miedo? ¿Lo dice usted por ser maga? Uno se acostumbra. Claro que la primera vez causa temor, hablar con alguien que podría hacerme salir volando o electrocutarme con sólo pensarlo. O algo peor. – alzó los brazos cómicamente y movió la cabeza como queriendo dar énfasis a que es algo que no quería que sucediera – Pero los magos suelen ser gente ocupada y no tienen mucho tiempo que perder, por lo que la clave está en atender bien y no dar razones para invertir su valioso tiempo en buscar hechizos. – tamborileó suavemente los dedos sobre el grueso libro de la mesa mientras su sonrisa se hacía más pícara – Y se adquiere suficiente destreza para atizar con un libro en la cabeza a quién comience a hacer gestos amenazantes con las manos. No se creería el tiempo que gana eso. Ahuhuhu~

Hinchó un poco el pecho y asintió con confianza tras cruzar los brazos a la altura del abdomen – Además, hace algo más para asustar a este bibl... ¿Qué dice? ¿Si he oído a alguien? Pues ahora que lo dice... – hizo ademán de girarse, pero la mujer había pasado ya directamente y se había dirigido hasta otra figura. Sospechosamente igual. Vestida igual. Tras un libro que, cuando se retiró, reveló una cara exactamente igual a la persona con la que había estado hablando hasta hace unos instantes. Tanta similitud... sólo había una explicación posible – ¡Por el tomo de Elimine! ¡Un doppelgänger! – llevándose la mano a la boca y chocado, dio un par de pasos atrás para alejarse del doble oscuro contra el que le habían prevenido los tomos de Magia Arcana.

Pero parecía que no era así. Sus Segundos Pensamientos, decepcionados, le indicaron que debía fijarse en los detalles y escuchar antes de asumir. Una mano invisible le llevó a fijarse en el cabello de la aparición, de un azul notorio, en comparación con el rosa de su interlocutora hasta hace poco. Otro dedo acusatorio le hizo parar atención a la palabra “hermana” que se repitió varias veces. Sí... eso tenía bastante sentido. Una hermana. No un espíritu de ninguna clase. Claro que no. Les dio espacio, puesto que lo único que haría es molestar y tampoco era un experto sobre temas familiares.

Desde luego no después de lo sucedido hace cuatro años. Se sumió en sombríos pensamientos mientras esperaba el desenlace de aquél encuentro.

Off:
Por mi parte, me parece bien que en el próximo post aparezcan los Emergidos.
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Re: [Campaña de liberación] [Flashback] La teoría de los fuegos artificiales [Priv. Sindri - Rem]

Mensaje por Ram de Montmorency el Mar Feb 21, 2017 5:04 pm

OFF: Debido a que la usuaria Rem De Montmorency ha abandonado el foro, Sindri y yo lo continuaremos sin ella. Las publicaciones a partir de este punto continuarán como si Rem De Montmorency jamás hubiese intervenido en la trama.

Ram había observado que el misterioso bibliotecario, que tan a gusto parecía estar conversando con ella, tenía un sentido del humor inusual. Camuflaba pequeños chistes e ironías detrás de sus ocurrentes palabras, y si bien estaba resultando ser alguien que hablaba tanto como los demás, la doncella no se cansaba de escucharle. A diferencia de los sirvientes de la mansión del amo Kato, quienes se pasaban todo el día de parloteo entre cuchicheos de mal gusto, aquel joven le resultaba agradable. Pues parecía lo suficientemente inteligente como para comprenderla, en vez de salir huyendo por sus comentarios mordaces como hacían otros. A Ram le decían que en la Gran Biblioteca de Ilia trabajaban individuos sabios, pero hasta ese momento nunca antes había intercambiado demasiadas palabras con alguno de ellos durante sus visitas por miedo a que la descubriesen. Pero de ser todos los bibliotecarios tan interesantes como aquel que tenía enfrente, la muchacha de cabellos rosados no podía hacer más que lamentarse por no haber tratado de entablar conversación con ninguno antes.

Sin embargo, Ram también había reparado en las extrañas carcajadas del joven. A diferencia de las elocuentes palabras que solían acompañarlas, a la sirvienta le resultaban irritantemente molestas de oír. Estaba por pedirle que evitase reírse en la medida de lo posible cuando de repente éste empezó a sacar libros con destreza inesperada. El bibliotecario parecía en su salsa hablándole sobre los diferentes tipos de magia, e incluso le presentó dos grimorios que podrían ayudarle en su investigación acerca de la creación de fuegos artificiales. La doncella no le quiso interrumpir, limitándose a atender con su característico semblante impasible. No obstante, alzó una ceja con escepticismo cuando el chico se refirió a la magia oscura como Magia Arcana. No era un término incorrecto ni mucho menos, pero Ram consideraba que aquellas prácticas degeneradas no merecían un término tan elegante que le sirviese como eufemismo. De hecho, la joven sirvienta tenía mucho en contra de aquellas artes. Las consideraba primitivas y aberrantes, y detestaba profundamente a sus practicantes.

Disculpadme, pero me ha parecido oíros decir Magia Arcana —dijo cuando el muchacho terminó de hablar y de dejar los libros sobre la mesa—. ¿Por casualidad no os habréis equivocado? Me parece más apropiado llamarla Magia Oscura.

Sin querer añadir nada más a la conversación, Ram tomó el grimorio más pesado para hojearlo. No sabía quién era el tal sabio Nomah, pues jamás había dispuesto de una enseñanza formal. Prefería aprender por su cuenta sin prestar mucho interés en los nombres.

Mientras que la sirvienta leía junto al joven en un pasillo lejano, en la entrada de la Gran Biblioteca apareció una figura encapuchada. Su efigie esbelta no levantó sospechas entre los visitantes que consultaban tranquilamente viejos volúmenes, mas cuando el bibliotecario de la recepción se dispuso a preguntarle si necesitaba algo, el extraño susurró unas palabras en un idioma olvidado largo tiempo atrás y se elevó unos palmos del suelo, levitando en el aire.

Bibliotecario:―¿Pero qué…?― llegó a pronunciar antes de ser decapitado por una repentina ráfaga de viento cortante. El silencio más absoluto reinó en el vestíbulo del edificio por unos breves instantes, en los que más encapuchados aparecieron para unirse al que parecía ser su líder. Aquellos que habían presenciado el brutal asesinato observaban boquiabiertos la escena, incapaces de entender lo que estaba pasando.

Sin inmutarse siquiera, la enigmática figura se inclinó sobre el cadáver del hombre y le arrebató un manojo de llaves labradas en bronce. Fue entonces cuando el oportuno tañido de unas campanas rompió el hechizo, y la Gran Biblioteca de Ilia se llenó de griterío y de caos. Ram reconoció ese sonido, pues aquellas eran las campanas que habían sido instaladas recientemente para advertir a la población en caso de invasión de emergidos.
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Re: [Campaña de liberación] [Flashback] La teoría de los fuegos artificiales [Priv. Sindri - Rem]

Mensaje por Sindri el Sáb Feb 25, 2017 9:39 pm

Ah, las maravillas de la organización por temas y letras. ¿Cuál era la mejor? ¿Cuál era peor? Cruentas batallas se habían desarrollado en la biblioteca sobre qué sistema debía imponerse y cuál perecer en el olvido. Unos abogaban que los temas creaban una sensación de cohesión y que los lectores podían socializar mejor en un ámbito común, mientras que otros decían que el orden alfabético permitía encontrar con más fluidez cualquier tomo deseado. Ah, claro, ¿Y cómo de amplios debían ser los criterios temáticos? ¿Y debían ordenarse los libros por orden alfabético del autor o de su título? Había muchos criterios, cada uno con sus detractores, pero no había consenso, ni siquiera en la Gran Biblioteca de Ilia. Por ello se llegó a un acuerdo más que precario: se haría por orden alfabético, pero dentro de la misma biblioteca se destinarían zonas muy generales para cada materia, incluso salas enteras sólo dedicadas a un tema como filosofía o lenguaje. Ninguno de los dos sectores estuvo realmente contento por el cambio, pero no pudieron negarse al no ser suficientemente contrario a su posición.

Ladeó la cabeza con curiosidad al oír decir aquellas palabras a la mujer vestida de forma tan parecida a una criada. Sus ojos brillaron con un destello de interés, pero también de molestia y de sorpresa… tantos sentimientos en una sola mirada. Bien conocía la mala fama que tenía la Magia Oscura, Magia Antigua, Magia Negra, Magia Arcana o “¿Qué es esa magia de ahí? No me la acerques” y si bien la esperaba de mucha gente, normalmente gente de pueblo cuya experiencia con la magia provenía de las historias de la abuelita al lado de la lumbre, no lo esperaba de una señorita que parecía tan culta como para conocer en más profundidad las complejidades de la magia. O quizá todo el talento por el Arte se limitaban a un conocimiento de fuegos de artificio y similares.  En ese caso, era el deber de Sindri, el Mago Oscuro, de prestarle algo de necesitado conocimiento popular y singular.

No es nada apropiado. En absoluto. ¿Magia Arcana? ¿Magia Antigua? Ambos son términos más que correctos – uno de sus temas de conversación preferidos, pero debía contenerse para no parecer demasiado entendido en el tema – Si usted tuviera que buscar información sobre canis familiaris, ¿Dónde iría a hallarla? Al área relativa a la zoología, claro. ¿Y una vez ahí? ¿Probaría su suerte en la letra “C” de chucho o can? ¿En la “T” de tuso? ¿En la “S” de sabueso? ¿En la “P” de podenc-? ¡Espere, no! Borre ese último ejemplo de su mente, por favor. – cada uno de los ejemplos fue acompañado de un movimiento rítmico con su mano, salvo el último, que negó enérgicamente con ambas manos a la vez – En la letra “P” de perro, naturalmente. Cada cosa tiene su nombre correcto y lugar donde debe estar en la Gran Biblioteca de Ilia, y es mi trabajo como bibliotecario no solo es ordenar bien los libros, no crea, sino también hablar con propiedad entre los muros de esta biblioteca. – Sindri hinchó un poco el pecho, orgulloso de haber recitado, en su opinión, un muy buen discurso sobre la manera de llamar a las nombres por su nombre académico. Más o menos.

De hecho iba a continuar haciendo aquél discurso sobre un tema tan interesante hasta que un estruendo y un ruido horrible hicieron que su mirada se girase hasta un punto concreto de la sala. Más bien dos. Tres. Uno era la figura encapuchada que había en el lugar, completamente desconocida, salvo por el hecho que el ambiente cargado de energía mágica apuntaba culpablemente al método de homicidio. Segundo era el cuerpo sin vida de Regulus, compañero suyo de profesión hasta la fecha, en el suelo, con borbotones de sangre manando de su cuello. Tercero era su cabeza con una expresión indescriptible rodando por el suelo hasta detenerse con un movimiento seco y repulsivo.

Y entonces el caos estalló.

Los que presenciaron la muerte a sangre fría se paralizaron durante un momento, pero se movieron con la presteza que caracterizaba a aquellos que tenían el conocimiento que los siguientes en caer serían ellos. Los gritos se apoderaron del aire, las cabezas aparecieron por los quicios de las puertas para desaparecer al instante. La erupción de actividad fue tan súbita como impresionante para una biblioteca, pero no cambió lo esencial: había un enorme peligro ahí.

¿Y Sindri? Desprevenido completamente, tardó algunos segundos en reaccionar desde su lugar, en el que pudo ver casi en primera fila el suceso. Miró a la mujer. Luego a la figura. Luego a la mujer otra vez. ¿Un crimen de tal magnitud? ¿En su biblioteca? ¡Eso no lo iba a consentir por nada del mundo! Lleno de una furia inusitada, clavó los ojos en la sirvienta – ¡Márchese! ¡Rápido! ¡Por esa puerta! ¡No es un lugar seguro! – su voz expresaba urgencia, pero casi como si no quisiera atraer la atención de aquello. El repique de campanas que tan bien conocía, sin embargo, ahogó bastante su voz. Emergidos. En el corazón de la Gran Biblioteca de Ilia – ¡Escóndase o encuentre un lugar seguro! ¡Trataré de ganar algo de tiempo! – y sin haberlo meditado, el Dark Mage salió de su lugar primero con movimientos sigilosos, pero después…

Una vez creyó estar bien a la vista del sujeto, inspiró y guardó aire en los pulmones, para a continuación gritar a pleno pulmón – ¡Eh, encapuchado! ¡¿Acaso no sabes que es de mala educación cubrirse la cabeza aquí dentro?! – después de analizar la locura que estaba cometiendo, por decirlo así, trató de pensar. ¿Qué magia podía ser la causante de aquello? ¿Magia de Luz? No lo creía posible, al menos no por la descripción de los efectos de tales hechizos que había leído. ¿Magia Arcana? Imposible, esa magia no arranca cabezas y, si lo hiciera, no sería un corte tan limpio. Sólo quedaba un tipo de magia, entonces – ¿Qué fue eso? ¿Magia de viento o magia de bien, no sé lanzar buenos hechizos? – si eso realmente era un Emergido, desconocía si se molestarían por comentarios así. Pero necesitaba atraer bien su atención, por lo que no perdía nada por intentarlo…
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Re: [Campaña de liberación] [Flashback] La teoría de los fuegos artificiales [Priv. Sindri - Rem]

Mensaje por Ram de Montmorency el Lun Mayo 01, 2017 12:45 pm

Ram alzó todavía más la ceja. El súbito discurso del bibliotecario se le había antojado inesperado a la par que pedante e innecesario. Claro que ella entendía también que las cosas debían de nombrarse por su denominación correcta. El orden en una biblioteca era algo esencial, al fin y al cabo. Sin embargo, su radical rechazo hacia la magia arcana y sus practicantes nacía de un resentimiento profundo, más que de la simple ignorancia. Sin ir más lejos, la gran mayoría de los miembros de su propia familia, los De Montmorency, eran bien conocidos en toda Regna Ferox por ser poderosos magos oscuros. En un país donde la fuerza significaba absolutamente todo, aquel noble linaje había conseguido alcanzar una reputación admirada a la par que temida con el trascurrir de los siglos. Y si bien era cierto que ella no poseía recuerdo alguno de sus parientes por haber crecido en el extranjero, tampoco tenía intención de perdonarles la muerte de su madre debido a las absurdas supersticiones arcanas de los ancianos. La relación existente entre los De Montmorency y la magia oscura, después de hacer mella en Ram durante tantos años, había terminado desembocando en ese desprecio irracional que la sirvienta manifestaba hacia aquellas prácticas siempre que tenía la oportunidad.

Por esa razón, la agradable e impoluta impresión que el bibliotecario le había dado a la joven al principio se estaba empañando por momentos. Con cada palabra que éste pronunciaba en defensa de un nombre digno para la magia oscura, por muy elocuente que fuera su discurso, el deseo de Ram de darle la espalda y marcharse de vuelta a la mansión del amo Kato crecía. Todavía no conocía el nombre del chico, pero tal y como se estaban desenvolviendo los acontecimientos, tampoco albergaba deseos de preguntárselo. Odiaba que le llevasen la contraria.

¿Hablar con propiedad, decís? —le interrumpió, ofendida al sentirse sutilmente insultada—. Sabed de paso que en una biblioteca no se debería hablar.

En efecto, Ram no quería seguir escuchándole. Se sentía necia por haber sentido cierto interés por el joven, y esperaba que su comentario fuese lo suficientemente mordaz como para que éste guardase silencio y la dejase por fin en paz. Al final, inclusive el atractivo bibliotecario había resultado ser igual que los demás. Pues hablaba mucho. Demasiado. Y lo último que necesitaba ella era más ruido que perturbase la tranquilidad de su monótono estilo de vida. Por otra parte, y por mucho que se resistiese a creerlo, los hechos hablaban por sí mismos, y cada vez le costaba más confiar en que algún día podría llevarse bien con alguien que no fuese su querida hermana pequeña. Con Rem era capaz de entenderse sin necesidad de intercambiar demasiadas palabras, y estando a su lado ni siquiera tenía por qué temer que ella contradijese sus opiniones personales.

Fijando entonces su vista en el pesado volumen que sostenía en sus manos, la sirvienta empezó a dedicarle toda su atención a la vez que trataba de ignorar la presencia del bibliotecario. El ejemplar, justo como el joven le había indicado antes, tenía por título “Teoría de la Metamagia Aplicada”. Su lomo, aunque viejo, parecía tan recio como el de un libro nuevo, mientras que sus páginas escritas con una sencilla caligrafía, aparentaban haber pasado por innumerables manos ajenas. Hasta había breves anotaciones y comentarios anónimos dispuestos en algunos de los márgenes del volumen en los que Ram clavó su mirada con cierto disgusto, pues a pesar de que ella también solía escribir correcciones en sus propios tomos de magia, no compartía la aparente obsesión de algunos individuos por estropear libros públicos. Por lo demás, el contenido parecía legible y útil, aparte de que el índice estaba cuidadosamente ordenado. Justo como a ella le gustaba.

Ram ignoraba el tiempo del que disponía para regresar de vuelta a la mansión del amo Kato. Sabía en cambio que, si llegaba demasiado tarde, levantaría todavía más sospechas entre los demás sirvientes. Pero aun así no pudo evitar quedarse absorta leyendo el ajado volumen de magia que el bibliotecario le había entregado antes. Tenía que reconocer que, a pesar de que el joven podría resultar molesto con esas dotes de superioridad intelectual de las que aparentaba hacer gala, de verdad sabía cómo hacer bien su trabajo. ¿Cuántas mañanas había invertido ella yendo a ese frío lugar en busca de respuestas a sus preguntas? Tanta cantidad de información habría resultado estimulante de no ser porque tenía poco tiempo. El cumpleaños del amo estaba al caer, y hasta ese momento los avances de su investigación personal habían sido decepcionantes. No obstante, aquel tratado le serviría, ya que tenía una ingeniosa sección dedicada exclusivamente a la teoría de la magia de fuego y sus potenciales usos. Tenía curiosidad por echarle un vistazo también al ejemplar de “El amigo del estudiante de magia”, pero por su grosor, intuía que trataría su contenido de manera más superficial.

Sin embargo, el desagradable estallido de gritos junto al tañido de unas campanas que conocía muy bien, interrumpieron su lectura. Ram frunció el ceño, esforzándose por mantener la atención focalizada en las páginas del libro, pero fue en vano. ¿A qué venía tanto alboroto? Se suponía que estaban dentro de una biblioteca. Enfurruñada, decidió que si no podía contar con un mínimo de silencio, no le quedaría otra opción que llevarse el volumen a la mansión y estudiarlo cuando tuviese algunas horas libres. Mas la repentina orden del joven la sacó de su ensimismamiento. Siendo por primera vez consciente de que algo raro ocurría, se asomó desde detrás de la estantería que tenía delante para vislumbrar el vestíbulo, lugar del que procedía la mayor parte del jaleo.



Allí no había más que una figura encapuchada que flotaba en el aire, junta a otras que parecían preferir permanecer con los pies en el suelo. El bibliotecario de la recepción estaba muerto. Borbotones de sangre manaban rítmicamente de su cuello cercenado, a la vez que poco a poco, el frío suelo de piedra se teñía de rojo.

Emergidos… —murmuró con desinterés. Las campanas que antes habían sonado servían para alertar a la población en caso de presencia de emergidos. Eso lo sabía ella muy bien. Pero los tañidos no tenían por qué significar que existiese una amenaza directa, ya que normalmente los utilizaban más bien para avisar de la proximidad de alguna de esas criaturas. Y si por alguna razón, éstas conseguían penetrar las murallas de la ciudad, eran rápidamente eliminadas por los soldados locales de todos modos. Que los emergidos hubiesen conseguido llegar tan lejos esa vez suponía todo un logro sin precedentes para su bando.

Ram reparó tarde en que el bibliotecario de antes se había movido. En esos momentos encaraba a los intrusos, y no dudó en espetarles un par de comentarios. ¿Acaso era idiota? ¿No le importaba que su vida peligrase? La sirvienta no solía preocuparse mucho por desconocidos, pero aquella vez fue incapaz de mantenerse al margen, por lo que se encaminó en dirección al joven con paso decidido.

¿Qué creéis que estáis haciendo? —dijo con dureza mientras ponía una mano sobre el hombro de su interlocutor.— Son emergidos. Si no os cruzáis en su camino, nos dejarán en paz a todos.
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Re: [Campaña de liberación] [Flashback] La teoría de los fuegos artificiales [Priv. Sindri - Rem]

Mensaje por Sindri el Lun Mayo 15, 2017 1:07 pm

Nadie diría que Sindri es impaciente, su profesión y su vocación implicaban hablar… muy… despacio… para que la gente entendiera. Era alguien con una gran capacidad para entender, vivir y dejar vivir como muchos decían, pero sus nervios se comenzaban a poner a prueba en aquellos instantes. Una situación tensa, innegable. Un peligro delante de él, certero. Una multitud asustada, con un futuro incierto.

¿Y ahora tenía que lidiar con esto además?

La atractiva doncella que, al parecer, pensaba que la gente no hablaba en absoluto en la Gran Biblioteca de Ilia y tenían un lenguaje de signos específico para hablar entre ellos… o se pasaban el día enviándose notitas. ¡El pobre Bibliotecario Sénior Bis Menelaus necesitaría toda una tarde para poder siquiera leer un mensaje, no digamos ya escribir una respuesta! No, en las bibliotecas se podía hablar, lo que no se podía hacer es hablar tan alto como para molestar a los demás. Parecía no ser consciente que estaba hablando con un bibliotecario sobre cómo funcionaba una biblioteca lo que en cualquier otro momento (y tal vez lugar) le habría arrancado una carcajada ante tamaña sandez. ¿Acaso ella le iba a explicar cómo hacer su trabajo? Ni que él le fuera a dar clases de cómo mover el plumero para sacar el polvo.

Pero no era una ocasión normal, así que no fue más que un añadido a la irritación y la tensión que sentía en aquellos momentos. No pensó en ello, simplemente se amontonó por su cuenta y riesgo. Y el hecho de encontrar que no sólo no le habían hecho el más mínimo caso, sino que además la mujer le había seguido y le estaba recriminando su manera de actuar. La escena le parecía casi irreal, por lo que no pudo sino seguir tal pantomímica escena – Oh, claro, claro. No se me había ocurrido. Igual que han dejado a Regulus en paz, ¿no es así? ¡A no ser que quiera decir que lo han dejado descansando en paz! – el ruido causado y los aspavientos con los brazos parecían haber atraído la atención del Emerido, lo que Sindri pretendía, pero en aquellos momentos no estaba preparado para lo que iba a suceder. Por el rabillo del ojo vio un movimiento rápido del brazo del Emergido y cuando recordó que el enemigo no necesitaba acercarse a él para golpearle ya fue demasiado tarde.

¡Argh! – un golpe en la boca del estómago lo dejó sin aliento y lo levantó del suelo, haciéndolo volar momentáneamente y estampándolo contra la estantería que tenía detrás. Los libros cayeron en cascada, algunos golpeándole, otros simplemente sepultándole momentáneamente, pero entre el dolor de su estómago, el dolor de su espalda y lo peor de todo, el dolor de su orgullo, Sindri regresó a la realidad como arrastrado por los cabellos. Si bien aquel Mago de Viento Emergido era un usuario de las artes mágicas más que capaz, su ataque fue mitigado por dos factores, siendo el primero que el muchacho era también un lanzador de hechizos, por lo que había adquirido una Resistencia especial contra tales ataques. Sin embargo, y todavía más importante, es que él era un usuario de las Artes Arcanas, un poder superior que ensombrecía a los meros trucos de feria de los Magos de Ánima, por lo que las propias energías que recorrían su cuerpo lo habían escudado del impacto – Como imaginaba… tus hechizos son tan patéticos como tu don de gentes… – hablaba quizá para reírse del otro, quizá para tratar de recobrar la respiración perdida con el golpe… o el susto. De manera automática, su mano se introdujo en su zurrón, agarrando con violencia un tomo dentro, que sacó con teatral y sardónica parsimonia.

Sin embargo… – comenzó a concentrar energías taumatúrgicas en su mano derecha, empleando la izquierda como soporte del libro, ahora abierto. ¿Lo había abierto él? ¿Se había abierto solo? Una miasma cargada y antinatural se aferró a sus dedos, que comenzó a crepitar cuando señaló a su enemigo – esto es verdadera magia. – y con esas palabras, lanzó una masa de pura sombra contra el Emergido, que impactó silenciosamente en su pecho, sin los efectos especiales de la Magia de Ánima o de la Magia de Luz, pero mucho, mucho, mucho más mortal.

Pasó un segundo. Dos segundos. Tres segundos.

Y como si su existencia se hubiera apagado como la llama de una vela, el Emergido cayó al suelo inerte. Igual que la Magia Arcana le proporcionaba cierta ventaja sobre la Magia de Ánima, los Magos Elementales estaban desprotegidos ante cualquier asalto de las fuerzas más antiguas de este mundo. Sindri quiso decir alguna frase impactante como “Parece que este Mago de Viento… se ha quedado sin aliento”, pero un súbito movimiento en el quicio de la puerta más cercano a él hizo que se activaran todos los instintos de bibliotecario que tenía.

¡No se corre por los pasillos de la biblioteca! – y esa fue su frase lapidaria mientras observaba como un tropel de figuras humanas sólo en apariencia se lanzaban en una dirección, ignorando el resto… casi como si tuvieran un rumbo fijo. Demasiado sospechoso, demasiado sospechoso… – ¿Qué hay hacia allí? La lavandería. ¿Los Emergidos querrán nuestras sábanas limpias? – el Mago Oscuro cerró el su tomo de magia y se abstrajo en sus pensamientos, tratando de encontrar alguna otra razón por la que parecían tan lanzados – ¿La zona de botánica? ¿Quieren hacer crecer plantas? ¿Aquí? Pues creo que van a necesitar mucho más que libros…
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Re: [Campaña de liberación] [Flashback] La teoría de los fuegos artificiales [Priv. Sindri - Rem]

Mensaje por Ram de Montmorency el Lun Mayo 15, 2017 4:53 pm

Pese a que la sirvienta sintiese un profundo desagrado ante la supuesta arrogancia del bibliotecario, tampoco quería que se encontrase con una muerte prematura por actuar sin pensar. Las personas solían ser muy temperamentales, incluida ella misma. Por su parte, el joven se encontraba claramente alterado por el fallecimiento de su compañero, pero si seguía comportándose de esa manera temeraria, el siguiente en perder la cabeza sería él. Lo más prudente que podían hacer ambos en ese instante era esconderse en algún lugar seguro, con la esperanza de que de un momento a otro llegasen los soldados a ocuparse del problema. Por ese motivo quería evitar que su interlocutor cometiese una imprudencia que más tarde lamentaría. El comentario sarcástico que éste le espetó a continuación, no obstante, bastó para que Ram, con una mueca de disgusto, soltase con brusquedad su hombro. Si tanto empeñó ponía en morirse, lo último que podía hacer era desear es que los dioses le fueran propicios y le otorgasen un final rápido e indoloro. Incluso su paciencia tenía un límite.

Y tal y como predijo la criada, el emergido que parecía liderar el ataque lanzó volando por los aires al bibliotecario con un simple gesto de manos. La corriente de viento resultante fue tan potente que Ram tuvo que cubrirse el rostro. Pero lo importante era que parecía que por fortuna, el mago enemigo no la consideraba a ella una amenaza, por lo que todavía estaba a tiempo de retroceder y escapar del lugar. Ni siquiera sentía interés o preocupación por el estado del valiente joven, ya que semejante impacto debía de haber bastado para dejarlo fuera de combate. Si no estaba muerto aún, el emergido seguro que se encargaría de arreglar ese pequeño detalle en cuestión de segundos. No estaba en su naturaleza feroxí sentir siquiera algo de pena por él. Si no era lo suficientemente fuerte como para plantar cara a un enemigo tan formidable, debía de afrontar incluso las últimas consecuencias de sus actos.

La sirvienta, haciendo un ademán de despedida, se dio la vuelta y comenzó a irse del vestíbulo con total tranquilidad. La puerta principal de la biblioteca estaba bloqueada por la presencia de los emergidos, pero imaginaba que podría encontrar algún tipo de salida auxiliar si se adentraba más en el edificio. Empezó a pensar en la comida del mediodía. Su hermana gemela debía de encontrarse en la cocina de la mansión, quizá esperándola algo enfadada, ya que aquel día les tocaba a ellas dos encargarse de esa tarea. ¡Ah! Y también de podar los arbustos del jardín. Era un fastidio, pero le aguardaba sin duda un día largo y tedioso. Con un poco de suerte, hallaría algo de tiempo por la noche para ponerse a estudiar los volúmenes que el difunto caballero le había entregado antes.

Sin embargo, sus pensamientos fueron interrumpidos en cuanto oyó un hilillo de voz familiar a sus espaldas. Ram se volvió sin pensárselo dos veces. Con lo escuálido que parecía el bibliotecario, no tenía sentido que hubiese siquiera sobrevivido a un ataque de semejante nivel. ¡Ni siquiera estaba segura de poder aguantar ella misma un impacto parecido! Mas lo que presenció a continuación la dejó fría: el joven sujetaba sobre una mano un libro de magia, y con la otra señalaba a su atacante. La sirvienta reconoció el hechizo al instante.

Tú… —llegó a decir con la voz más gélida que había llegado a pronunciar jamás. Sus manos estaban firmemente cerradas y temblaban de pura ira, mientras que su mirada, fija en el muchacho, ni siquiera parpadeó cuando la masa oscura arrebató violentamente la existencia al emergido. El bibliotecario era un mago impuro, y descubrirlo la hizo sentirse furiosa. ¿Verdadera magia decía? En absoluto. En el interior de sus corruptos cuerpos, la energía oscura fluía libremente, pervirtiendo la pureza de la magia y convirtiéndola en algo salvaje y primitivo. Hechiceros así suponían toda una amenaza contra las fuerzas arcanas que regían la naturaleza desde siempre. Y sabiendo eso, Ram perdió la compostura y dejó caer los volúmenes al suelo.

Del interior de un bolsillo de la falda, extrajo un trozo de pergamino arrugado que sujetó delante de sí misma, dispuesta a recitar el contenido ininteligible de dicho manuscrito. Ella nunca utilizaba libros de magia comprados, sino que escribía y codificaba a gusto sus propios conjuros. Por desgracia no contaba en esos momentos con su grimorio personal, pero ese detalle era solo un nimio contratiempo. Acabaría el trabajo del emergido caído fuera como fuese, movida por el profundo odio que sentía hacia la Magia Arcana.


Obedeciendo la súbita orden de la sirvienta, un círculo de luz etérea se manifestó a sus pies. La magia que Ram canalizaba a voluntad crepitaba con impetuosa hostilidad, dejando entrever sus destructivas intenciones. Mientras que el siniestro halo del suelo despedía de cuando en cuando breves torrentes de energía dorada, que envolvían el cuerpo de una muchacha embriagada por su propio poder. De repente, cuatro esferas de fuego se materializaron con violencia en mitad del aire. Aunque fuesen pequeñas en tamaño, su fulgor seguía siendo más intenso que el de las velas de los candelabros del techo.

Tú eres peligroso —dijo sin atacar todavía.
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Re: [Campaña de liberación] [Flashback] La teoría de los fuegos artificiales [Priv. Sindri - Rem]

Mensaje por Sindri el Miér Mayo 17, 2017 8:50 am

Cuando Sindri escuchó el estruendo que hacían los libros al impactar contra el suelo, no pudo sino girar su cabeza hacia el origen. La muchachita que había restado impasible durante toda la escena (no es que el Mago Oscuro esperase un poco de empatía o preocupación) parecía haber perdido la compostura un poco. No la iba a culpar, tampoco, la Magia Arcana era un espectáculo muy extraño de ver y traía consigo un elemento sobrecogedor por las energías que canalizaba. Sonrió un poco e hizo un gesto tranquilizador – Magia Arcana. Asusta un poco la primera vez, pero uno se acostumbra rápidamente. No hay nada de que temer. – aseguró con una vocecita en su cabeza diciéndole que cualquier persona que no era él tendría mucho, mucho, mucho que temer. Pero eso, claro, no lo iba a decir así como así, por mucho que la voz le indicara que era la mejor idea que había tenido desde que planeó como hacer un laboratorio secreto en los sótanos de la Gran Biblioteca de Ilia.

Se volvió a sumergir en el reino de la imaginación, los sueños y las posibilidades para tratar de predecir los movimientos de los Emergidos por la Biblioteca. Un plano mental, es lo que debía hacer. Con algo de esfuerzo trazó tentativamente las alas de la biblioteca, contando que cualquier Emergido que decidiera subir a ver a los magos acabaría carbonizado antes que pudiera abrir la tercera puerta. No, no podía ser arriba, no con los pocos efectivos que había visto: necesitarían un batallón completo para ser rivales en potencia de fuego. Era una operación rápida a por un objetivo concreto… ¿pero el qué? Las zonas hacia allí no tenían nada de especial. Todas tenían libros que podían visitarse sin permisos de ninguna clase, no hacía falta armar ningún revuelo en aquella sala. Había algo que se le estaba escapando – ¿Pero el qué…? – ¿Qué había de valor más allá del conocimiento? ¿Oro? No había en Ilia oro que no pudiera conseguirse más fácilmente en cualquier otro lugar. ¿Armas? No de metal, sino armas para los magos... custodiadas día y noche en su mayoría por los Magos y Sabios arriba, lo que, de nuevo, le volvía al camino ya planteado.

Notó una aglomeración de energía taumatúrgica que lo arrastró a la realidad como un tronco es arrastrado por la corriente de un río. ¿Otro enemigo? ¿Más Emergidos? No, un barrido con la mirada le confirmó que no había nadie en esa sala salvo él y la silenciosa criada… que estaba invocando algo de Magia de Ánima. ¿Que cómo lo sabía? El fuego, el viento y los rayos eran propiedad exclusiva de la Magia de Ánima, un tipo de hechicería que podía provenir del pacto con diversos seres, como por ejemplo los espíritus. Vastamente inferior comparada con la Magia Arcana y de basta ejecución, el Mago Oscuro sabía emplearla y canalizarla, sin embargo… ¿Cuál era el sentido, si ya contaba con la magia más poderosa del mundo a su alcance? – No juegue con eso, por un momento creí que era una amenaza. – espetó secamente el muchacho antes de volver a elevarse al mundo de las posibilidades, los “y si” y los “quizá”.

Pero la mujer parecía estar segura de lo que hacía, puesto que lejos de parar, le dedicó un comentario que hacía gala de una hostilidad inusitada, puesto que el bibliotecario no había hecho absolutamente nada más que defenderse… sin ayuda siquiera de la Maga – ¿Peligroso? No, me llamo Sindri. ¿Y usted señorita…? – el Mago Oscuro se vistió con su mejor sonrisa, a ver si podía destensar la situación. Aunque no era su único objetivo, necesitaba unos instantes más para recargar su magia: una vez las vocecitas en su límite auditivo le susurraron que todo estaba preparado, se dispuso a la acción.

Sin embargo, déjeme advertirle de una cosa. Quién avisa no es traidor. – alzó el brazo derecho, abriendo con destreza el libro con el izquierdo, con unos movimientos más que ensayados durante años. Dejó que la magia fluyera libre por su cuerpo y que se acumulase en su mano, lista para ser lanzada en cualquier momento en el formato moldeado por el Tomo de Ruina – Si bien sus graciosas llamitas de vela no me impresionan en absoluto, debo recordarle que esto es una biblioteca, llena a rebosar con el conocimiento de las eras en un formato muy seco y nada ignífugo. – anunció lenta y con una entonación tranquila, que contrastaba con la forma en que las Energías Arcanas se arremolinaban en su cuerpo. Ansiaban seguir combatiendo, seguir luchando… – Así que si una de sus chispitas llegara a tocar un libro, pergamino, tomo o receptáculo de información… usted y yo tendríamos problemas. Así que mejor nos aseguramos que eso no suceda, ¿de acuerdo? – su tono era suave y la sonrisa continuaba en sus labios, pero la férrea mirada púrpura clavada en la señorita denotaba que no estaba hablando en balde y que el tiempo para las bromas divertidas había quedado atrás.
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Re: [Campaña de liberación] [Flashback] La teoría de los fuegos artificiales [Priv. Sindri - Rem]

Mensaje por Ram de Montmorency el Jue Mayo 18, 2017 11:45 am

Ram se sentía incapaz de tolerar la tremenda insolencia del bibliotecario. Ya no le preocupaba en absoluto la intrusión de los emergidos en la biblioteca, o que tuviese que darse prisa si quería regresar a tiempo a la mansión para cocinar. Aquel joven insufrible, con sus sonrisitas y comentarios sarcásticos, la había engañado desde el principio con su aparente elocuencia serpentina. Incluso después de revelar su verdadera naturaleza, seguía comportándose de esa forma taimada que tanto la enfurecía. Pero lo peor de todo era que parecía disfrutar de la estrambótica situación. ¿Cómo que la primera vez? Ella conocía mejor que nadie los horrores que entrañaba la práctica de la Magia Arcana, y por eso estaba tan decidida a erradicarla a como diese lugar. Tamaña infamia sugerida por parte del bibliotecario requería un castigo apropiado, y ella estaría más que gustosa de ofrecerse como voluntaria para aplicar las reprimendas oportunas.

Mientras tanto, la energía taumatúrgica conjurada seguía fluyendo a su alrededor, a la vez que las hebras de magia residual que danzaban en torno a su cuerpo, chisporroteaban con la misma vehemencia de los orbes de fuego que flotaban a sus espaldas. De vez en cuando las chispas resultantes alcanzaban su piel. Quemaban, pero Ram no se inmutaba. A diferencia de su hermana gemela, la sirvienta había heredado de su oscuro linaje una afinidad innata hacia la magia. Para alguien como ella, y al contrario que en el caso de otros hechiceros novatos que invertían años de estudio antes de poder conjurar el más simple de los sortilegios, utilizarla era casi tan natural como respirar. Los tres elementos obedecían todas sus órdenes sin rechistar, sobre todo el fuego, pero a cambio se solían contaminar con todas esas emociones que por defecto la muchacha se esforzaba por suprimir. Por esa razón, aunque no terminase de comprender del todo la procedencia de las fuerzas sobrenaturales que canalizaba con envidiable soltura, el amo Kato había puesto especial énfasis en enseñarle a controlar su don.

No obstante, ante la situación que estaba presenciando en esos momentos le era imposible mantener la cabeza fría como de costumbre. Se sentía subestimada por ese mago oscuro que había osado burlarse de ella haciéndose pasar por un inofensivo bibliotecario. La ira que crispaba la mano que no sujetaba el pergamino, se manifestaba también en la energía mágica de su alrededor que, violenta, parecía susurrarle al oído que cediese ante sus impulsos y calcinase hasta los huesos al otro joven. Pero Ram se negaba a atacar todavía. ¿A qué esperaba? ¿A escuchar una humilde disculpa por parte del chico con la que se arrepintiese de su propia impureza? Pensar que ocurriría algo así era absurdo, por supuesto, porque los magos oscuros eran arrogantes. Muy arrogantes. Fue entonces cuando el bibliotecario reparó de nuevo en ella y en sus intenciones, solo para espetarle despreocupadamente que no jugase. Los orbes de fuego crecieron de tamaño como respuesta.

Las palabras de Ram, por el contrario, no parecieron afectar en absoluto a la tranquilidad de la que hacía gala el chico, que se presentó por fin con el nombre de Sindri. La hechicera intuía a qué venía tanta palabrería sin sentido por parte de éste. Cualquier otro mago oscuro, al verse amenazado de manera inminente por su magia, habría optado por contestar con inmediata hostilidad. Así eran ellos: eternos creyentes en que la supuesta superioridad de sus poderes les otorgaba invulnerabilidad absoluta ante la magia elemental. Que Sindri estuviese comportándose de esa manera tan relajada en apariencia, debía de significar que trataba de ganar tiempo para aunar su energía de nuevo y atacarla. Pero ella estaba preparada. Conocía el maleficio que éste le había arrojado al emergido de antes, y sabía que con la suficiente habilidad sería capaz de contrarrestarlo, a pesar de encontrarse en inferioridad de condiciones.

Lo que el bibliotecario dijo e hizo a continuación no hizo más que ratificar las sospechas de la sirvienta. Ram rompió a reír al escucharle. Su risa reverberó por todo el vestíbulo vacío, resonando en las paredes e imbuyendo la atmósfera de aún más tensión.

¿De verdad crees que me importan tus libros? —mintió a continuación con descaro. La energía mágica que la rodeaba titubeó ligeramente en consecuencia. La sirvienta ya ni siquiera se preocupaba por tratar a Sindri con respeto. Si la intención de éste había sido la de disuadirla de cometer una imprudencia de la que más tarde se arrepentiría, sus métodos no estaban siendo los más apropiados. La burla hacia su magia elemental empeoraba todavía más las cosas.

Estas chispitas son Magia de Ánima. No asustan nada en absoluto la primera vez, así que una se acostumbra rápidamente… —empezó a decir, imitando con desprecio al bibliotecario— …Pero déjame que te advierta, que es por esa razón, que aquí tienes mucho por lo que temer…

Con estas intrincadas palabras, Ram hacía referencia al lugar en el que se encontraban. Daba igual que su magia estuviese en desventaja frente a la de Sindri. Estaban en el interior de una biblioteca. Y ella acababa de hacer pública una fingida indiferencia por el destino de los libros que había dentro. Quien más tenía que perder era él, pues si osaba herirla de ninguna forma, un sencillo gesto con la mano bastaría para convertir la famosa Gran Biblioteca de Ilia en un infierno. ¿Acusarla a ella del incendio? ¡Absurdo! Bien podría echarle la culpa del crimen a los emergidos, cuya incursión en el edificio había sido atestiguada por decenas de visitantes. Y en el peor de los escenarios, ¿quién creería en la palabra de un simple bibliotecario frente a la de una de las sirvientas de uno de los más poderosos e influyentes magos de esas tierras?

La sirvienta dedicó una desquiciada y amplia sonrisa al mago oscuro. Pura pantomima barata para cargar la atmósfera de mayor dramatismo. Por mucho odio que sintiese hacia Sindri, en sus propósitos no figuraba en realidad quemar libros, pero ella se llamaba Ram Amelia Isabella De Montmorency, y nunca más se dejaría intimidar por la vileza de un mago oscuro.

Suelta ese Tomo de Ruina.
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Re: [Campaña de liberación] [Flashback] La teoría de los fuegos artificiales [Priv. Sindri - Rem]

Mensaje por Sindri el Jue Mayo 18, 2017 6:31 pm

Oh, vaaaaaaya, y yo que pensaaaaaaba que podía convencerla que entrara en razón… – dijo con un más que fingido desánimo el Mago Oscuro, adornando cada palabra con una actuación tan mala que podría hacer llorar a algún actor profesional. No, Sindri no pensaba ni por un instante rendirse ante lo que era, a todas luces, un mero Mago de Ánima… ¡Tenía un estatus que mantener! ¿Acaso podría salir de casa con la cara descubierta cuando cualquier Mago Arcano podía reconocerle y decir “¡Mirad, ahí está Sindri! ¡El que se dejó vence por un Mago de Ánima!”? ¡Claro que no podía! – Normalmente es a nosotros a los que se nos estereotipa como fuerzas de destrucción irrazonables y a ustedes como las… personas razonables. Supongo. No es que sean “los magos buenos” tampoco, esos son los que emplean la Magia de Luz. Dejémoslo como “magos neutrales”. – no estaba realmente preocupado, aunque movió un poco la mano para destensarla, puesto que la Magia Arcana podía llegar a cargar mucho las articulaciones – Ver los estereotipos al revés es harto irónico, espero que me permita disfrutar de cada dulce momento de este escenario. – la verdad es que estaba disfrutando bastante, no era normal encontrar un desafío así como así. Los Magos de la Gran Biblioteca de Ilia… no podía ir, presentarse y pedir un combate.

Aquello sí que era un desafío. Algo entretenido. Algo divertido.

Permítame decirle, señorita que no se ha presentado aún, que tiene usted la risa más cristalina y bonita que jamás haya presenciado. – esta vez sí, Sindri estaba siendo totalmente sincero. Ladeó un poquito la cabeza, con una expresión bastante sorprendida, casi como sopesando algo en una balanza. Casi le recordó a su maestra, aunque ella tenía un timbre muy distinto. Y la risa de su maestra no era el anuncio de nada bueno… – Haría usted una buena Maga Arcana. Ya tiene la risa y, quiera que no, está vistiendo un muy bonito vestido con mucho negro. – halagó el bibliotecario, quién entendía que no se podía alabar más a un mago común y corriente que decirle que podría ser escogido para canalizar las energías más oscuras. ¿Qué mago no abandonaría los hechizos para niños para adentrarse en el verdadero poder?

¿Que suelte mi Tomo de Ruina? Deje que lo piense… – Sindri llevó la mirada al techo durante unos instantes, sobreactuando todo lo que podía, incluso haciendo cara de estar muy concentrado – No. Sólo aquellos que tienen un carnet de miembro de la Gran Biblioteca de Ilia pueden retirar Tomos de Magia. Me temo que no soy capaz de satisfacer su petición~ – cerró los ojos y sonrió de manera afable, como si todo aquello fuera una reunión de amigos o una fiesta informal. No había ningún tono hostil o ofensivo, sino una cordialidad inusitada para alguien en aquella situación… casi incluso podían encontrarse algunas notas de compañerismo – Ninguno de estos libros son míos, si le soy sincero… sólo trabajo aquí. Son tan míos como suyas pueden ser las cosas que limpia en la casa en la que trabaje. Les tengo cariño, pero tengo más cariño a mi pellejo: llevo veinte años con él. – le comenzaba a costar pensar, notaba como una niebla pesada dentro de su cabeza: los susurros comenzaban a volverse todo tipo de… exclamaciones. Sí… exclamaciones… – Sin embargo, hay un asunto que no puedo dejar pasar, mal que me pese.

Y abrió los ojos, clavando una intensa mirada púrpura en la Maga de Ánima que había delante de él. El aire se enrareció poco a poco, cargándose de Magia Arcana… Magia Oscura… Magia Negra. Sí, poco a poco el ambiente se había distorsionado hasta ser irreconocible. Tenso. Era casi como si alguien hubiera pronosticado… un Mal Augurio. Un Mago Oscuro no necesitaba palabras para amedrentar. Para amenazar. Para maldecir. Simplemente… llamaba a la Oscuridad que residía dentro suyo y le señalaba un enemigo. Y, en este caso, su enemigo era la Maga de Ánima que se creía por encima de él. Ningún usuario de las Artes Mágicas lo estaba.

Me temo que el juego se ha acabado, señorita. – su sonrisa se había torcido en algo sardónico, una mueca no de desprecio, pero sí juguetona. El gato que juega con el ratón, un ratoncito con un vestidito de sirvienta y con una cofia en su cabecita – Ha entendido mal la situación, me temo. La Magia de Ánima se somete a la Magia Arcana. Usted no puede ordenarme hacer nada. Acepte su lugar en el mundo con gracia y dignidad. – movió la cabeza y señaló una estantería con ella detrás de él, llena de polvo y volúmenes diferentes – ¿Ve esa zona? Es la que tiene los libros más antiguos. Los que arden mejor. Casi están hechos para ser usados como una pira incendiaria. ¿Quiere que arda la biblioteca? ¿Quiere que ardamos? Adelante. ¡Adelante! Oh, pero tiene muchas más opciones. Madera. Astillas. Papel. Cuero. Todo reducido a cenizas. ¡Adelante! ¡Adelante! – no había mentido. Sindri se enorgullecía de mentir lo mínimo posible: era mucho más entretenido simplemente trenzar la verdad para decir algo sin que técnicamente fuera mentira. Pero bien era cierto que aquella estantería haría un punto focal magnífico para empezar un fuego.

Pero… ¡Oh vaya! ¿Podrá la prodigio de la Magia de Espectáculo emplear su magia para quemar algo y defenderse a la vez? ¡Seguro que sí! Al fin y al cabo, ¿Quién se atrevería a amenazar a alguien con una magia superior sin un as bajo la manga? ¡Vamos! ¡Vamos! El tiempo apremia y esos Emergidos no se van a parar por nuestro “debate amistoso”. – giró completamente la cabeza, casi hasta mirar verticalmente a su contrincante, con unos ojos refulgentes de determinación y curiosidad. Sabía perfectamente que un Mago de Ánima era extremadamente vulnerable a los ataques de la Magia Arcana – ¡Ataque! ¡Vamos! ¡Muéstreme el salvajismo del fuego! ¡Muéstreme la destrucción de la que es capaz! Tanto conocimiento, tantas cosas de valor… ¡Perdidas para siempre en el fuego! – la palma de la mano con la que apuntaba a la muchacha cambió, pasando a tener la palma hacia arriba. Casi como si esperara que posara su mano sobre ella. Como pidiéndole un baile. Casi.

No tengo nada. No tengo nada que perder. No tengo nada que temer. Pero… ¿Y usted? ¿Teme a la Oscuridad? – y Sindri así se sinceró con su rival en aquellos momentos. Su voz revestía al final un poco de tristeza, puesto que la embriaguez arcana le estaba comenzando a afectar – ¿Qué final desea darle a nuestro pequeño y personal baile? ¿Fuegos artificiales o tocarán las campanas de medianoche?
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Re: [Campaña de liberación] [Flashback] La teoría de los fuegos artificiales [Priv. Sindri - Rem]

Mensaje por Ram de Montmorency el Sáb Mayo 20, 2017 10:23 am

Ram frunció ligeramente el entrecejo al escuchar las pretenciosas palabras del bibliotecario. Algo iba mal. ¿Acaso no le importaba que se quemasen los libros, esos frágiles receptáculos de saberes centenarios? Parecía alargar su respuesta adrede, pese a que la sirvienta ya intuía recibir una brusca negativa como respuesta. Sindri debía de tener algo en mente. Ganar tiempo quizás. Pero no había indicios de que estuviese utilizando su grimorio para canalizar su magia de manera diferente. Tampoco parecía haber irrumpido nadie más en el vestíbulo que pudiese ayudarle, así que estaban completamente solos. No obstante, pese al mal presentimiento que invadía sus cavilaciones más racionales, la sirvienta no quiso dejarse intimidar, procurando mantener su ladina sonrisa y una mirada repleta de determinación. Era consciente de que estaba expresando más emociones que de costumbre, quizá debido a la insólita situación en la que se encontraba, pero era comprensible. Llevaba mucho tiempo esperando un momento como aquel, por lo que ardía en deseos de humillar al joven de la peor forma posible, antes de eliminarlo.

Lo que escuchó a continuación, en cambio, fue suficiente para que Ram dejase de preocuparse por las posibilidades. El nuevo monólogo del bibliotecario, tan afilado y provocador, caló en lo más hondo de su pensamiento, e hizo que las recientes dudas que le estaban surgiendo acerca de si estaba obrando bien o mal, se disipasen al instante. La acababa de llamar fuerza de destrucción irrazonable. De modo que Sindri seguía demostrando a todas luces que era un mal que debía ser erradicado. Su prepotencia le daba arcadas, y si de algo estaba ahora convencida la joven muchacha, era de que no podía permitirse perder ante la tiranía del mago oscuro. No quiso ni siquiera darle la satisfacción de una respuesta apropiada.

Sin embargo, la osadía que éste manifestó con el siguiente comentario, hizo que la sirvienta sintiese todo su ser hervir de pura rabia. La sonrisa de su rostro se borró, y las esferas de fuego que levitaban a sus espaldas adquirieron de repente un brillo dañino y un tamaño monstruoso. Las uñas de su mano, cerrada en un impenetrable puño, se le clavaron en la piel hasta hacer brotar de ella unas gotitas de sangre carmesí que cayeron sobre el suelo adoquinado. Lo que el bibliotecario acababa de insinuar era una idea repugnante. ¿Ella como maga arcana? Imaginarse algo semejante se le hacía insoportable, aunque no imposible. Ya que por mucho que le pesase, por culpa de su estirpe maldita, se le había otorgado un propósito. Un destino. Incluso antes de nacer. Todos los De Montmorency nacidos con el don que ella poseía debían de doblegarse ante las energías más oscuras. Y por desgracia, su don era inusualmente excepcional con respecto al de sus antecesores. El hecho de nacer al final como la hermana gemela de Rem, sin embargo, la había librado de tan cruel destino, aunque por un alto precio. Pues pagó con repudio, pobreza y dolor. Durante los últimos años había tratado de evitar pensar mucho en ello. Todas esas tonterías acerca del destino no eran más que simples patrañas lavacerebros de su familia. Eso era cierto y lo sabía. Mas en lo más profundo de su ser, y aunque jamás pretendiese aceptarlo ante alguien, temía que hubiese algo de verdad detrás de tanta superstición injustificada. Ella no era precisamente afín a la luz, después de todo, hecho por el que se atormentaba en silencio.

Cállate —ordenó, furiosa y dolida. No quería seguir oyéndole. Pero el mago no se inmutó y siguió hablando. Dijo que no al final, que no soltaría su libro de magia en aras de una rendición pacífica. Palabrería y más palabrería. Estaba cansada de oír su voz ladina.

¡Te he dicho que te calles! —exclamó a la vez que, decidida, alzaba su mano para apuntar con ella a Sindri. Las fuerzas taumatúrgicas que la rodeaban crepitaron impacientes, deseosas de protagonizar cuanto antes un peligroso enfrentamiento. Pero entonces, algo ocurrió. Empezó como un simple y repentino malestar en la boca del estómago, pero en cuestión de instantes llegó a expandirse por todo su ser, imbuyéndola de un tropel de sentimientos siniestros que hacía mucho que no experimentaba. Las piernas le temblaban, y su corazón latía desbocado. Ram dio un traspié y tuvo que sujetarse a la estantería de detrás para no perder el equilibrio. Estaba desesperada al no encontrar una explicación a lo que estaba pasando. El pergamino con los hechizos se le cayó, y toda la magia convocada desapareció, dejándola indefensa y a merced de su oponente.

¿Qué m…me has hecho? —preguntó con dificultad. A pesar de que inclusive una tarea tan sencilla como lo era respirar se le antojaba ardua y complicada, la fiera mirada que proyectaban sus ojos, semiocultos detrás de sus despeinados mechones de cabello, seguía clavada en él.

Mas la sirvienta no necesitaba recibir una respuesta para descifrar lo que sentía. Era terror. Maldijo en silencio las dudas que la habían llevado a contenerse antes. ¿En qué momento la situación se le había vuelto en su contra? Creía que lo tenía todo bajo control, mas ignoraba que los magos oscuros eran capaces de hacer algo así con los demás. Aunque no pudiese verla, la sentía. Sentía cómo la oscuridad penetraba en su cuerpo y la hería, obligándole a experimentar una profunda desesperación artificial. Sindri quería doblegarla sin necesidad de mover un músculo.

Ram se mordió el labio asqueada. Parecía que después de todo, su mal presentimiento de antes había estado justificado. Pero no podía rendirse. Sabía que Kato, siendo también un mago de ánima, era más que capaz de aplastar a alguien como Sindri con aún más contundencia que ella. Si perdía frente un simple bibliotecario no volvería a ser capaz de mirarle a la cara. Tenía que ser fuerte. Más fuerte. Por lo que haciendo acoplo de sus energías restantes, se incorporó a duras penas, soportando los duros comentarios del otro joven.

Ca…cállate… —dijo con voz apagada.

Pero el mago oscuro seguía hablando. Quizá ni siquiera la había llegado a escuchar. Pero eso carecía de importancia. Ram pisó con fuerza la primera baldosa del suelo, y se separó de la estantería que le había servido de apoyo. No iba a huir, pues su destino era Sindri. Paso a paso, intentaba acercarse más a él. Pero conforme lo hacía, la intensidad de la maldición se incrementaba.
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Re: [Campaña de liberación] [Flashback] La teoría de los fuegos artificiales [Priv. Sindri - Rem]

Mensaje por Sindri el Lun Mayo 22, 2017 8:32 pm

Decir que la tensión podía cortarse con un cuchillo era quedarse corto. Aquella tensión había superado los límites imaginables y se trasladó a una nueva dimensión, donde se requeriría un hacha de leñador y varios intentos incluso para mellarla un poco.

La respiración de Sindri se acompasó un poco, su cuerpo seguía bastante resentido tanto por el golpe del hechizo como por el encontronazo contra la estantería (y también por algunos libros que le cayeron en la cabeza) pero la Oscuridad eliminaba cualquier tipo de dolor cuando la llamaba. Era casi como estar embriagado, no podías sentir nada malo y te sentías invencible, listo para luchar contra el mundo y ganar holgadamente. Sin embargo, ambos estados terminaban del mismo modo: con dolor de cabeza, magulladuras por todo el cuerpo y sin muchos recuerdos del día anterior. Mentiría si dijese que no le gustaba sentirse poderoso, pero era consciente que cada momento que pasaba en este estado era un momento que su tapadera peligraba, por lo que debía actuar y rápido.

Aprenda a escuchar, por favor. No tiene poder sobre mí en ninguno de los sentidos. No voy a callar. No voy a obedecerla. No tiene ningún poder sobre mí ni lo tendrá jamás. Grábese eso en la mente con el fuego del que está tan orgullosa. – con el efecto todavía activo, Sindri comenzó a caminar hacia la muchacha, quedándose cerca de ella. Con el libro todavía abierto y con los brazos en jarras, se posó con una sonrisa, arqueándose levemente hacia delante.

En este mundo hay cosas inmutables. La Magia de Ánima se somete a la Magia Arcana. Eso es inamovible, no importa cuánto “lo quiera”, no va a cambiar. – tomó un tono docto, como alguien que simplemente explica que el sol sale por el este y se pone por el oeste – La Magia Arcana, a su vez, es débil contra la extraña y elusiva Magia de Luz. Y su Magia de Ánima vence fácilmente a la Magia de Luz. Las teorías del “porqué” son tan numerosas como las estrellas del cielo, elija la que prefiera. Si los Espíritus pierden poder ante un poder mayor y más antiguo, si es simplemente psicológico y sucede porque nos convencemos a nosotros mismos o si una fuerza mayor dispuso que hubiera un equilibrio de potencias. – extendió el dedo índice suavemente y dibujó en el aire un triángulo isósceles, puesto que un triángulo equilátero requeriría mucho esfuerzo, cosa que tampoco estaba dispuesto a dedicar – Lo conocemos como Triángulo de la Magia. Desventaja no implica derrota, claro, los Magos Arcanos de más renombre son capaces de superar sin problemas a los usuarios de Magia de Luz. Sin embargo, es algo siempre a tener en mente. – cualquier mago del tres al cuarto sabía eso, pero Sindri había llevado a cabo el discurso más como mofa que explicar algo realmente. Se sentía locuaz y diplomático, demasiado incluso para su bien.

Caminó un poco más hasta la muchachita y, cuando estuvo justamente delante, la saludó con un movimiento de mano y una sonrisa radiante. A continuación, la rodeó con premura, puesto que bien sabía que su maldición no era una parálisis y muchas cosas podían salir mal, y recogió lo que había dejado caer – Confisco esto por el bien de la Gran Biblioteca de Ilia. Y por el suyo. – observó con curiosidad el amasijo de papel que había recogido mientras se acercaba a una de las pocas mesas que quedaban en su sitio en el lugar. No era un Tomo de Fuego usual, eso desde luego, parecía más bien algo… ¿casero? Era un pergamino con cuidadosos símbolos mágicos que podía emplearse para canalizar energías de ánima – ¿Lo ha hecho usted? Está bastante bien. Muy bien, incluso. Debe tener talento para esto, puesto que una línea mal trazada y… ¡BUM! –  el halago no era en broma, sabía los peligros del “hazlo tú mismo”, y ni siquiera se planteaba hacer su propio Tomo de Ruina, por muy económico que pareciese. La Magia de Ánima mal hecha explotaba, sí, pero lo que resultara de la Magia Arcana desbocada te haría desear aquella explosión…

Y… abajo. – con cuidado por sus magulladuras, Sindri se sentó en una silla después de colocarla bien, mirando hacia donde estaba la muchachita. No quería reconocerlo, pero su cuerpo comenzaba a resentirse bastante del golpe, por lo que trató de conservar fuerzas como podía – Ahora pongámonos cómodos. – con aquellas palabras, el ambiente pareció cambiar. Poco a poco, el lugar se fue despejando, casi como si un soplo de aire fresco hubiera entrado en escena, llevándose los oscuros nubarrones que traían malos presagios. En unos instantes, cualquier resto de energía arcana parecía haberse disipado… o al menos haber vuelto a la fuente por el momento. El Mago Oscuro quería conservar todas las fuerzas que pudiera, al no saber qué le deparaba el futuro.

Un acertijo. Es usted una Emergida, una máquina de matar sin apego alguno por los libros y con Magia de Ánima a su disposición. – con el libro todavía abierto, Sindri levantó un dedo, como un profesor que está exponiendo un problema matemático a un alumno – Usted, y sólo usted, se dirige a una habitación y mata a una, y sólo una, persona. Mientras tanto, el resto de su banda (¿Hay algún nombre para un grupo de Emergidos?) se dirige a algún lugar desconocido, todos a la vez. – trató de sintetizarlo todo como pudo, toda la información de la que disponía. Tenía que haber un hilo conductor, una razón de peso – Asumiendo que usted es una Emergida, como ya hemos dicho, y que no hace nada por azar. ¿Por qué ha hecho esto específicamente? – y mientras dejaba que las últimas palabras reverberaran por la sala, se quedó mirando fijamente a la sirvienta, esperando algún tipo de respuesta.
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Re: [Campaña de liberación] [Flashback] La teoría de los fuegos artificiales [Priv. Sindri - Rem]

Mensaje por Ram de Montmorency el Miér Jun 14, 2017 12:25 pm

Por mucho que se resistiese a reconocerlo, Ram no podía hacer nada más. Pese a su férrea intención de no bajar la guardia en ningún momento frente al mago oscuro, había terminado siendo víctima de aquella terrible maldición cuyo funcionamiento desconocía. Sus extremidades titubeaban, sometidas a un temblor incontrolable, conforme trataba de acercarse a Sindri. Controlar de manera adecuada la respiración suponía también un suplicio adicional que la tentaba constantemente a abandonar su propósito, mas la sirvienta seguía negándose a rendirse. Esa magia estaba jugando sus emociones, haciéndola evocar sentimientos artificiales de puro pavor. Se repetía esa letanía para sus adentros una y otra vez, a pesar de que sabía que por mucho empeño que pusiese en buscarle una lógica a la maldición que experimentaba, los efectos no se atenuarían en absoluto. A punto estuvo incluso de perder el equilibrio mientras intentaba acercarse al bibliotecario. Quería golpearle, aunque también sabía que semejante y primitiva agresión no cambiaría el devenir del enfrentamiento.

Sencillamente no le soportaba. Revelación algo contradictoria si tenía en cuenta que al principio le había considerado alguien bastante simpático. Mas contemplar esa sonrisa ladina que esbozaba de cuando en cuando, ahora le hacía querer borrársela con fuego. ¿En qué momento las cosas se habían puesto tan del revés? Instantes atrás, quién había mantenido esa conducta desafiante y narcisista de alguien que tiene el control de la situación era ella, como debía ser. Había tomado la entera biblioteca y su saber centenario como rehén, advirtiendo al otro joven con sutilezas de que si hacía cualquier movimiento inapropiado, prendería fuego a todo el lugar. Claro estaba que no tenía intención de hacer algo semejante, ya que inclusive una hechicera con una personalidad tan desagradable sabía sentir algo de respeto por los libros. Sin embargo Sindri, en vez de rendirse, se había mostrado indiferente por el resultado de las amenazas.

Ram apretó los dientes. Tendría que haber sido más cautelosa en ese preciso momento. Quizá así habría podido evitar la maldición que la corroía por dentro. Con los magos oscuros, seres corruptos capaces de utilizar conjuros devastadores, nunca se podía bajar la guardia. Pero ni siquiera con todo el conocimiento del que disponía acerca de ese tipo de magos, habría podido predecir una derrota tan instantánea.

Sindri volvió a hablar. La retahíla de palabras que pronunció fue dura, y caló profundamente en la mente exhausta de la sirvienta. Mas Ram no respondió a la provocación. Carecía de la energía y de las ganas como para oponerse a la desagradable realidad que le exponía el otro joven. ¿Qué nunca tendría poder sobre él? La hechicera tenía ganas de escupirle en el rostro y demostrarle lo contrario, aunque en el fondo sabía que sería imposible hacerlo cuando apenas podía sostenerse en pie. Ram se percató que estaba empezando a rendirse, y eso no hizo más que aumentar esa frustración que sentía hacia sí misma. Por muchos años que hubiesen transcurrido, seguía siendo la misma niña vulnerable e impotente que no supo defender lo que le importaba en Ylisse.

Por otra parte, Sindri parecía estar disfrutando con la situación. Se acercó a ella con ademán narcisista, quizá con la intención de burlarse todavía más de su contrincante. La sirvienta podía notar cómo éste inclinaba un poco su cuerpo para quedarse más o menos a su misma altura. Lejos de lo que cabría esperar, tamaño acto reavivó una pequeña parte de la rebeldía de Ram, que aprovechó las circunstancias para abalanzarse sobre el bibliotecario y agarrarle con todas sus fuerzas restantes por el cuello del jubón.

Yo no tengo miedo a la Oscuridad —le dijo entonces sin titubear, procurando que sus rostros estuviesen lo más cerca posible.

Su fiera mirada, parcialmente oculta tras el cabello despeinado que le caía sobre la frente, manifestaba una debilitada hostilidad. No obstante sus energías no tardaron en abandonarla; y la hechicera, después de empujar al mago oscuro para alejarlo, terminó desplomándose por el agotamiento. Sindri siguió hablando con despreocupación, explicándole el funcionamiento del Triángulo de la Magia. Aquella lección era lo más esencial de lo esencial en el aprendizaje de las artes taumatúrgicas, y eso lo hacía todavía más ofensivo para la joven feroxí, que lo único que podía hacer era limitarse a soportar aquella sarta de humillaciones continuadas hacia su persona.

El bibliotecario procedió entonces a volver a acercarse a ella, esa vez procurando rodearla. Tomó del suelo el trozo de pergamino que ella había usado antes para conjurar las esferas de fuego, y lo analizó con detenimiento.

D…devuélveme eso —resolló Ram. No podía permitir que aquel papel arrugado cayese en sus manos, ¡y mucho menos que la Gran Biblioteca de Ilia se lo quedase! El hechizo escrito en él era el producto de mucho tiempo de estudio y experimentación. Pero ya era demasiado tarde. Antes de que siquiera hubiese podido mascullar otra protesta, Sindri había dispuesto del tiempo suficiente como para tomar asiento y examinar el pergamino, no sin antes dedicar unas palabras de reconocimiento a su interlocutora.

De repente, aquella magia arcana que cargaba la atmósfera de tensión y miedo comenzó a desaparecer. Ram pudo notar que los latidos de su corazón recuperaban su ritmo normal, así como sus pensamientos volvían a recobrar su lucidez habitual. Había malgastado gran parte de sus energías, por lo que no albergaba más deseos de luchar. Aun así, consiguió aunar las fuerzas suficientes como para dar un chasquido con los dedos de su mano derecha. Enseguida, y como reacción a la orden de la hechicera, una moderada cantidad de fuego se materializó en el pergamino que sujetaba el bibliotecario. Las llamas envolvieron la fórmula mágica descrita en apenas un instante, y en un abrir y cerrar de ojos, el trozo de papel se había convertido en poco más que cenizas.

Ya no me puedes confiscar na…nada —dijo ella. Ram todavía no se había levantado del suelo, y su respiración continuaba siguiendo un compás irregular, pero eso no evitó que sonriese satisfecha por aquella pequeña victoria.

Sindri expuso a continuación, según sus palabras, un acertijo. La doncella tardó un largo rato en comprender lo que quería decirle, pero ni bien entendió a lo que se refería, dejó escapar una arrogante risilla.

Lo he hecho porque necesitábamos algo importante que tenía esa persona… —respondió de forma enigmática—. algo importante por lo que volverán mis compañeros, si es que todavía no están aquí acechándote.

Ram señaló con su cabeza el cadáver del emergido que el mago oscuro había derribado antes. Entre los dedos de sus manos muertas, se encontraba el manojo de llaves plateadas que el tal Regulus había llevado encima mientras todavía estaba vivo.
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Re: [Campaña de liberación] [Flashback] La teoría de los fuegos artificiales [Priv. Sindri - Rem]

Mensaje por Sindri el Miér Jun 21, 2017 7:02 pm

Espero por su bien que las ínfulas de bravuconería que gasta respecto la Oscuridad sean simplemente eso. – espetó en tono de regañina Sindri mientras apartaba un poco el grimorio. Había muchas cosas que decir sobre la Oscuridad, se podría ser un seguidor suyo o tener el mal gusto de rechazarla; Sindri no entraba mucho en ello. No iba a hacer propaganda, cada Mago Oscuro era un competidor directo con él por el Favor de la Oscuridad, un enemigo a ser derrotado en un futuro y alguien a quién no dar la espalda, puesto que sabía bien que los puñales no relucían de noche – La Oscuridad, la sombra que tenemos todos en nuestra alma. No la respete, si no quiere. No la acepte, si no lo desea. Pero no temerla es una necedad. Habla usted de poderes más allá de la comprensión humana, incomprensibles incluso para los eruditos más avanzados. – giró la cabeza mientras trataba de analizar a aquella persona que debía tener entrenamiento mágico, no podía ser de otro modo. ¿Nadie le había advertido sobre los caminos que no debían caminarse? ¿Las palabras que no debían ser nombradas? ¿Las actitudes que sólo aceleraban el fin? – La Oscuridad no es algo tan limitado y seguro como la Magia de Ánima, señorita... señorita… se-ño-ri-ta… – oh, menudo problema, no se habían presentado como era debido. Y Sindri había sido criado en noble cuna, por lo que los nombres revestían una especial importancia para él – ¿Candela? Tiene cara de llamarse Candela.

Una vez la gente era libre después de una experiencia tensa solía hacer cosas extrañas, ¿no es así? No pudo sino evitar pensarlo mientras su falda se llenaba de ceniza y alguna llamita, que se apagó inocentemente al no quedar realmente nada que quemar. Se sacó los guantes, guardándolos en uno de sus bolsillos, y tocó las calientes cenizas con sus dedos desnudos, disfrutando del calor que daban antes que se enfriaran del todo. Levantó los dedos y los frotó suavemente, llenos de hollín y pintados de gris – ¡Oh no! ¿Qué voy a hacer ahora? Mi intención era evitar que usara este pergamino y ahora lo ha quemado, quedando inservible. Qué cosa tan terrible y contraria a lo que queríííía… – la actuación de Sindri podía considerarse un atentado contra las artes escénicas. Y el bibliotecario no lo quería de otro modo. ¿Qué pensaba que iba a hacer con aquellos papeles? ¿Colgarlos en su habitación de decoración? Si quería magia de fuego sabía dónde conseguir tomos, pero… ¿Para qué rebajarse? Él ya tenía Magia Arcana – En fin, se lo agradezco. Me libró del trabajo de llevarle esto a los magos luego. – recogiendo las cenizas con las manos, y alzándolas, las sopló suavemente, esparciéndose delante de él como una nubecita. Una vez las vio caer sobre un suelo que hace una media hora podría haberse considerado limpio.

¡Qué inteligente que es usted! ¿Acaso fue una Emergida en otra vida para conocerlos tan bien? – el Mago Oscuro se levantó con parsimonia, parándose unos instantes a limpiarse la ceniza que había quedado en su ropa. Una vez se hubo espolsado lo suficiente, se dirigió hacia el cuerpo del Bibliotecario Regulus, puesto que su cabeza había rodado bastante lejos tras el tumulto – ¿Qué es lo más importante que tenías tú? ¿Joyas? Ninguna, no eras nada coqueto. ¿Libros? Los tienes todos en tu habitación – enunció en voz alta mientras volvía a ponerse sus guantes. No tenía intención de tocar un cadáver sin las medidas de higiene mínimas, aunque fuera uno relativamente fresco. Movió un poco el cuerpo, tratando de buscar algo que le llamara la atención – Quizá tendría que haber prestado más atención en la reunión de reparto de tareas… – pero es que había una cada dos semanas. ¿Y quién lo hacía antes o después que dijeran tu nombre? Total tus tareas eran las únicas importantes y Sindri siempre se preocupaba de comenzar a pensar pronto cómo librarse de ellas.

Creo que esto es lo único que podría interesarles… y realmente lo espero porque no voy a buscar entre tus ropas. – le dijo el bibliotecario al cadáver mientras recogía algo brillante de su mano. Un manojo de llaves. Una mano con un mano-jo de llaves, esto sí que era humor avanzado – Oh vamos, aquí hay un buen puñado… – totalmente en contra de cualquier esfuerzo, el muchacho volvió a su asiento (no sin limpiarlo de algún resto de ceniza) se sentó y se acercó la maraña de llaves a la cara, comenzando a leer las pequeñas etiquetitas que traían – Llave de la entrada… llave de la lavandería… llave de los baños para los bibliotecarios de alto rango… llave de mi corazón… – guiñó el ojo a la criada que tenía cerca de él, tratando de destensar el ambiente. Nada como una bromita para quitar tensión. Una maga enfadada, un cadáver decapitado, Emergidos correteando por la biblioteca… no había mejor momento – Algo que seguro que le interesa a usted… aunque sea sólo para arrancármelo. ¡No se enfade! Bromeo, bromeo. Seguro que usted cree que no tengo corazón. – y tras el pequeño interludio, volvió a su quehacer – Llave del estudio… llave de la segunda planta… llave de la zona restringida… llave del traster… ¡La zona restringida! – y con esas palabras casi se levantó de un salto.

¡La zona restringida! Aquel lugar donde tienen todo el saber que consideran “prohibido” y “que no está hecho para la mente humana”. ¡Bah! ¡Paparruchas! Pero nunca me han dejado entrar, sólo los jefazos pueden… – y entonces, una idea comenzó a formarse en la cabeza de Sindri. Una idea muy especial. Una sonrisa especialmente picaresca comenzó a formarse en su rostro – Yo trabajo en la Gran Biblioteca de Ilia. Por lo que es mi responsabilidad asegurarme que los Emergidos no llegan a esa zona… y sólo puedo asegurarme accediendo a la zona y fijándome que no hay Emergidos ahí… ¡O quizá ya hayan podido entrar! No puedo permitir que los Emergidos obtengan este conocimiento, ¿cierto? – Sindri no hablaba para nadie en concreto, sino que exponía en voz alta sus pensamientos. Su razonamiento, o su falta de él, para poder acceder a lo que no le permitían – ¿Qué dice usted, Candela? ¿Se apunta a una excursión a la zona restringida? – inquirió a la susodicha mujer vestida de criada. Al fin y al cabo, sería una lanzadora de hechizos más al enfrentarse a los Emergidos.
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