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[Misión] Un grupo bastante disfuncional [Privado Judal, Suzu, Sissi y Hanzo]

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[Misión] Un grupo bastante disfuncional [Privado Judal, Suzu, Sissi y Hanzo]

Mensaje por Judal el Mar Oct 18, 2016 2:31 pm

El largo viaje había llegado de alguna forma a su fin, él y su príncipe habían llegado a tocar puerto en Crimea y tras la dicha de ver aquel reino caído había hablado... más bien había sido un constante murmullo en el oído del príncipe hasta que había tomado acciones en el asunto encaminándose a una empresa complicada pero en buena compañía Judal debió de adelantarse en su camino. Noticias de caídas de grandes ducados en Begnion le interesaban y necesitaba ponerse al día en la nobleza local si volvía al continente pero bajo bandera de Daein y como consejero del príncipe del mismo país. Tenía que ponerse a tono lo más rápido posible si quería serle útil en ese ambiente que tan diestramente dominaba y que con el tiempo había solo perfeccionado.

Su llegada a Begnion fue rápida y ahora teniendo más experiencia en el bajo mundo no tardó en pasar de taberna en taberna preguntando y pagando a las personas adecuadas para llegar a aquel puerto donde pronto desembarcaría un gran buque proveniente de otro continente, tan grande y lujoso que Judal estaba seguro que allí sería donde encontraría al dancer que había abandonado Akaneia. Los tiempos coincidían desde a partida de Suzuki y estaba casi seguro que volvería a Begnion, ¿donde más iría si no? A parte podría ostentar si nuevo cargo como mano derecha de la realeza de Daein y que estaba más delgado y atractivo que nunca, su cabello nunca había estado tan largo y tan bien cuidado y sus bolsillos nunca habían estado tan llenos de oro, estar junto a Pelleas era como estar junto a una fabrica de oro que nunca negaba una moneda, menos a su consejero. Feliz se acercó al puerto, no muy lejos sabía que se encontraba un puerto menor con una fama tan mala como los piratas que entraban el contrabando al país pero allí no llegaban aquellas aguas, el puerto era agradable y los marineros que allí habían no se atrevían a mirar demasiado al dancer que caminaba con seguridad y mentón alzado, el viento salado azotaba la larga trenza a su espalda y portando un traje de finas telas, terciopelo negro cubría su pecho y sus piernas en un conjunto ribeteado con bordados en oro que dejaban su delgada clavicula a la vista así como su vientre y cintura tan finos que se podía delinear con un pincel sus músculos, pequeños y flexibles como cualquiera en su oficio. Sus muñecas y cuello estaban rodeado de oro así como sus dedos y colgando de sus orejas un par de pendientes dorados con una piedrecita roja haciendo juego con su collar, una cadena colgaba de su cadera con varios dijes que hacían un agradable sonido a cada paso del bailarín.

Su mirada cargadamente perfilada con sombra violeta y delineador negro observaba con desdén como el gran buque encallaba en el puerto y los marineros tiraban cuerdas para sostenerlo firme antes de poner una tabla y barandales para que bajasen los pasajeros. No se molestó en ocultarse, de pie en frente de donde los pasajeros se apartaban con sus sirvientes e incluso algunas personas que habían encontrado trabajo en ese barco para poder viajar. Esperaba ver a Suzuki, quería que lo reconociera, que lo viese en su gran esplendor, quería despertar la envidia del pelivioleta ni bien posase sus ojos sobre él.
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Re: [Misión] Un grupo bastante disfuncional [Privado Judal, Suzu, Sissi y Hanzo]

Mensaje por Suzuki Uzume el Mar Oct 18, 2016 3:57 pm

- Y claro, le dije que estaba demente ¿que creía que era? ¿bailarina de burdel? claro, no usé esas palabras~ su cara fue la cosa más cómica que haya visto desde la escena de ese wyvern tropezando con sus propias patas jajaja - se escuchó la voz del dancer de cabello violeta, este bajaba del elegante barco a la vez que bromeaba con un par de marineros como si fueran camaradas de toda la vida. Eran viejos lobos de mar llenos de historias y habían estado fascinados de escuchar y entretener al dancer entre sus tareas. Ayudaba que estaban bastante condecorados y era divertido ser mimado y observado con atención a la espera de complacer sus caprichos o simplemente sentirse especiales por estar cerca.

Suzuki se veía radiante luego de un viaje con todos los lujos, cuán diferente había sido del viaje de ida al país aliado. Dejando de lado sus ropas lujosas o sus joyas. Su piel había tomado un brillo dorado saludable por el sol y el ambiente marino, y su cabello violeta era aún más colorido, atado en pequeñas trenzas en un costado, sus ojos dorados contrastaban deliciosamente. Totalmente al natural, fresco y sonriente. Era un hombre joven muy feliz el que tocaba puerto. Estirando los brazos hacia atrás y mostrando sus músculos un poco.

- El capitán casi le lanza por la borda después de eso, ¡tal descaro!~ aunque pudo haberlo hecho sin que me enterara, misteriosamente ya no le vi en todo el resto del viaje - siguió con su risa divertida, palmeando el brazo musculoso del marín y despidiéndose de ambos para mirar los alrededores.  Debía buscar un mensajero o un carruaje. Pero una visión diferente fue la que encontró y vaya deliciosa visión de bienvenida. Casi podía olvidar lo peligroso que era.

- ¡Judal~! cariño, casi podría pensar que me estas buscando~ - bromeó animadamente, tomándolo por los hombros y dejando dos sonoros besos, uno en cada mejilla. Aprovechando la cercanía para tirarle además en un abrazo. Era pura efusividad, muy diferente del dancer estirado que Judal había dejado en cierta fiesta. - ¡Mírate! el cambio de ambiente te ha sentado de maravillas- sus propias ropas eran en su mayoría azul oscuro y blancas; y un tocado en su cabello tintineó con cada movimiento, era una peineta elaborada para simular un pequeño conjunto marino, muy bonito y muy exótico, regalos que había obtenido.

-¡Mira! ¿Te gusta? aprendí a hacerlo en el barco, Miramelia es una artista - mostró sus manos decoradas hasta los antebrazos con ondulaciones, flores y gotitas de color oscuro. Definitivamente exótico. Cualquiera pensaría que andaba de viaje de placer.
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Re: [Misión] Un grupo bastante disfuncional [Privado Judal, Suzu, Sissi y Hanzo]

Mensaje por Sissi el Miér Oct 19, 2016 2:04 pm

Aquel puerto de Begnion no daba buenas sensaciones a Sissi. Quizás fuera por su clima húmedo y la bruma que solía volverse más clara o más espesa dependiendo del viento, pero independientemente de la visibilidad del lugar, había algo, un sentimiento extraño que flotaba en el aire y del que la duquesa se percató nada más fondear en la bahía. La niebla blanquecina, que tan traicionera podía ser, no ayuda a despejar las dudas que tenía y la sensación de que había algo malo aguardando en cada rincón. Al principio pensó que se trataba de que no estaba acostumbrada a esa temperatura, a esa atmósfera algo opresiva y a vivir al lado del mar. Sin embargo, con el paso de los días, la inquietud no había hecho más que aumentar. Deseaba alejarse de allí cuanto antes, pero ninguno de los navíos que atracaban en el muelle parecía dispuesto a ir a Hatari, por muchas que fueran las súplicas de Sissi.

Llevaba al menos una semana residiendo en un pequeño hostal en el que solían descansar comerciantes, personas de importancia política, e incluso algún noble, a falta de unos aposentos mejores. La manakete había pedido, explícitamente, una habitación pequeña y que que tuviera vistas hacia los desembarcaderos. En sus ratos libres observaba desde su ventana las idas y venidas de los botes pesqueros, y, en caso de avistar un barco con pasajeros, corría a preguntar sus próximos destinos. Hasta ese momento no había tenido ninguna suerte en encontrar un billete de ida a su hogar, pero no perdía la esperanza: en algún momento debía de llegar un buque con intención de viajar más al norte. No le quedaba más que esperar, pues el viaje por tierra sería demasiado peligroso, al encontrarse ella en Begnion sin ningún acompañante, y la presencia amenazante de emergidos en determinadas zonas. Desplazarse en barco, incluso si no estaba acostumbrada a ello, era más seguro.

Por suerte, había muchas cosas que hacer, incluso para una extranjera como ella. En su primer día en el hotel había indicado que, por diversas razones personales, viajaba sola. Aunque era algo sorprendente, teniendo en cuenta los tiempos que corrían y que ella no parecía una simple viajera, los dueños del local no habían hecho preguntas y simplemente se habían dedicado a explicarle a Sissi el funcionamiento del puerto y los alrededores. Había una iglesia que, aunque pequeña, siempre agradecía que señoras con cierto poder económico ayudaran en lo posible. En especial con los niños huérfanos que acogían y cuyo número había aumentado drásticamente con el poder destructivo de los emergidos. Con intención de ayudar en la medida de lo posible, pues comprendía el horror al que debían enfrentarse los infantes sin padres, la duquesa se ofreció a cuidarles durante el día y a enseñarles a leer y escribir. La primera tarea le era la más sencilla porque tenía un talento innato para caer bien a los niños, pero la segunda se le hacía más acuesta arriba porque muchos de los pequeños no habían oído hablar del abecedario en su vida.

Sin embargo, su trabajo le divertía y le hacía no pensar tanto en que debía regresar a casa cuanto antes. De momento no había solución para ello, por lo que el mantenerse ajetreada le servía tanto para realizar una labor comunitaria como para no entrar en un bucle de culpabilidad por estar atrapada en un puerto de Begnion. Intentaba, además, dejar de lado el sentimiento de angustia que le provocaba el lugar, y tratar de mantener las formas: el país mantenía relaciones tensas con la Alianza Laguz y Sissi, aunque no pertenecía a ella, sí que podía ser considerada una amenaza de revelar su identidad como Manakete. Por suerte, su atributo físico más característico eran sus largas orejas puntiagudas y cubiertas de pendientes dorados, que escondía con facilidad con su pelo y con la túnica que solía cubrir su cabeza, a modo de velo. Su rostro era visible, así como largas porciones de su cabello rosáceo que caían a ambos lados de su cara hasta la cintura, pero sus orejas quedaban a resguardo de cualquier curioso que no podía esperarse que Sissi no era completamente humana. Por suerte podía argumentar que la brisa del mar le daba frío y necesitaba cobijarse bajo sus ropajes blancos, rojizos y dorados.  

La gente del puerto, autóctonos del área, ya se habían acostumbrado a su aspecto exótico y a sus continuos paseos por los muelles. Apenas levantaron la mirada cuando Sissi caminó cuesta abajo desde la Iglesia, a la espera de hallar el buque del que tanto se había hablado el día anterior. En el interior viajaban algunas provisiones con las que la iglesia se sustentaría los próximos meses y, según le habían comentado, podría ser posible encontrar un pasaje en el barco. A su paso apresurado le seguía el bailoteo de sus collares de cuentas doradas y el vuelo de su larga falda blanca con bordes de oro. En poco tiempo llegó a las inmediaciones donde el lujoso navío había echado ancla y, al ver la gran cantidad de gente que emergía de su interior, se apresuró a preguntar a las personas más cercanas y que, por su aspecto, debían de haber sido pasajeros en el último buque.

Tocó con suavidad el hombro del muchacho de aspecto más mayor y amable, en comparación con la joven mujer de ojos rojos y perfilados en negro que, seguramente, no le hiciera gracia responder preguntas. Cuando tuvo su atención, hizo una elegante reverencia con la cabeza mientras decía: Disculpen. – abrió sus entrecerrados ojos áureos y los posó en ambos con amabilidad. Una sonrisa gentil emergió a sus labios cuando continuó: ¿Sabrían decirme si este buque llevaba las provisiones para la iglesia? O, en su defecto, ¿Con quién puedo hablar para saberlo?
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Re: [Misión] Un grupo bastante disfuncional [Privado Judal, Suzu, Sissi y Hanzo]

Mensaje por Hanzo el Miér Oct 19, 2016 6:39 pm

Se encontraba de viaje, no en un viaje de placer, al contrario. Estaba allí por motivos de trabajo y su propia preocupación. Los destinos de Hanzo se encontraban en Tellius, continente que estaba en buenos términos con Akaneia. Se dirigiría a los pueblos fronterizos de Begnion, uno de los reinos más grandes de aquél continente, teniendo que hacer hincapié en los que estaban más cerca de los países recientemente caídos en mano de emergidos. Sobretodo Crimea, que era el reino más amable en cuanto a temas raciales se trataba. Iba a buscar supervivientes, rescatar y cuidar de niños y gente herida. Era su código como monje servidor de Naga.

Un viejo conocido suyo le comentó la situación de aquellos lugares, y le hizo un favor de acompañarle en la mitad de su travesía, pues desde que aquél barco lujoso hizo una pequeña parada en un puerto de Jehanna, separaron sus caminos. Si no hubiera sido gracias a él, Hanzo no hubiera tomado ese barco. Normalmente no tenía la oportunidad todos los días de viajar en un barco como aquél, lleno de gente rica. Pero su compañero le hizo saber que el personal necesitaban asistentes, clérigos y curanderos en general que atendieran a la gente posible que enfermara durante ese par de semanas de travesía, o más en casos de emergencia. Él no tomaba trabajos de voluntariado para gente como aquella, pues en esos casos prefería que le pagasen. Mas lo vio como una buena oportunidad de viajar al continente al cual se dirigía, así que aceptó el trabajo. También, se postuló para ayudar a cargar equipajes y demás, debido a que al principio le habían confundido con un peón montacargas debido a su fornido cuerpo.

En plena mar alta, estuvo cuidando de gente que se mareaba, o los hijos malcriados de los nobles que se lastimaban las extremidades correteando sin cuidado por la cubierta. Los curaba y así se ganaba unas monedas. Hanzo solamente había podido salir de los bajos camarotes unas pocas veces a respirar el aire marino, pero no le dejaban más por no ser un pasajero "de primera clase". De hecho, por ser así, también bajaría de los últimos, ya que la preferencia los tenían ellos, por supuesto. Al llegar, sintió la extraña bruma marina en todo el puerto, pero por ahora se respiraba un ambiente neutro. Supuso que eso le pasaba al ser un sitio nuevo, era la primera vez que visitaba aquellas tierras.

Durante el viaje, había oído rumores de que en el ya pacífico reino de Begnion, aquél en el que se encontraba, aún quedaba algún escondite de emergidos, desde donde salían los pocos que quedaban. Sin embargo, no eran más que rumores. Aquellas cosas que sólo hacían perder el tiempo de sus oyentes, algo que odiaba. ¿Por qué deberían de existir aún, en un país que ya supuestamente estaba controlado?
Sin embargo... Nada perdía por ahora de investigar, pues ya que iba de camino a ayudar a la gente que había sido afectada, su primera parada sería la pequeña iglesia del lugar. No le importaría ayudar en caso de que aquello fuera verdad.
Tenía pensado dirigirse a la parte que era orfanato de aquella iglesia, pues eso era lo que más le ablandaba el corazón al monje. Por suerte, traía encima consigo el dinero que había ganado en el viaje para donárselos, junto con unos cuantos juguetes de madera que le había comprado a un artesano de mercadillo durante su estancia en su tierra natal, Hoshido. Junto con una caja de madera llena de provisiones que le habían encargado transportar de paso.

Cuando los demás pasajeros ya habían desembarcado, terminó de ayudar a bajar la mayoría del cargamento. Tenía que hacer mucho, sí, pero ese había sido prácticamente su pasaje. Nada era gratis en esta vida, y él mismo aplicaba esa ley para su trabajo. Excepto con la gente desamparada, claro estaba.
Hanzo se limpió la frente de sudor con una mano y levantó su caja colocándola sobre un hombro, sujetándolo con ese solo brazo. Llevaba el báculo a la espalda, atado al cinto junto con una pequeña bolsa de tela con sus pocas pertenencias; pociones, vendas y algunos otros potingues de cura manual. Traía la parte de arriba de su traje caída por la altura de la cintura, mostrando su pecho al descubierto. No sentía pudor, lo hacía porque había sudado al cargar las cosas y no quería ensuciar su ropa, no le gustaba. Tampoco era como si llamase la atención, debido a que los demás peones de cargamento e incluso algunos marines lo hacían del mismo modo.

Nada más bajar, había aún mucha gente parada en medio. En las inmedianías se fijó en una persona delgada, de facetas tan finas en el rostro que casi lo confundía con una mujer, si no fuera porque aquel pecho, y ese abdomen al descubierto, pertenecían al de un chico joven. Abrazando y saludando alegremente a otro más corpulento, de altura similar a la del monje, pero que también vestía con ropas llamativas y lleno de joyas. Por sus pintas, parecían bailarines o actores de teatro seguramente codiciados por el público. Lamentablemente, él no solía ver esta clase de gente noble con vestidos de seda y demás accesorios de lujo. Tampoco entendía mucho del mundo del espectáculo, así que ignoró a los dos escandalosos y siguió por donde iba, suspirando de resignación.
Cuando pasó por al lado, oyó que una mujer les había preguntado por el cargamento para la iglesia a la cual se dirigía Hanzo. Miró de reojo, la chica también tenía unas pintas parecidas, tal vez no iba tan decorada como ellos pero perfectamente podrían pertenecer a un mismo grupo, estéticamente hablando.

¿Por qué una persona rica como aquella querría saber eso? No se veían como personas muy religiosas, y aunque dudó por unos segundos de si pararse o no a ayudarla, caminando algo más lento... - ... - Decidió omitirlo y seguir a lo suyo, en silencio. No tenía tiempo para andar como cualquier mujer de pueblo cotorra. No se le daba tratar con gente a la que le sobraba el dinero, así que con suerte su físico le ayudaría a no parecer un clérigo cuando les diese la espalda.
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Re: [Misión] Un grupo bastante disfuncional [Privado Judal, Suzu, Sissi y Hanzo]

Mensaje por Narrador el Sáb Oct 22, 2016 11:22 pm

Parece ser un día cualquiera en el puerto. Como tal, con la normalidad que tocaría la campana de un mediodía como tantos otros, suena una campana de sonido grave y toques lentos, muy espaciados entre sí, sumando una cantidad indefinida, puesto que el sonido sigue una y otra vez.

De hombres pasando rápidamente por los muelles se escucha el aviso que acompaña a esa campana.

Vigilantes: - ¡Alto, alto! ¡Señal de alto! ¡Nadie sube! ¡Nadie baja! ¡Cerrar los barcos como están! ¡Levantar las rampas y las cuerdas! ¡Cerrarse en sus casas! ¡Cerrarse en sus barcos! ¡Alto, alto! ¡Señal de alto...!

Más vigilantes: - ¡Una hora! ¡Emergidos en una hora! ¡Un escuadrón de emergidos! ¡A cerrarse por el resto del día y la noche!

Por supuesto, no todo mundo obedece con agrado a las instrucciones. Comerciantes de distintos lugares del mundo se alzan en queja enseguida, sin querer regresar a los barcos de los que ya no son pasajeros, o sin tener hogar o posada en la cual encerrarse por la alerta todavía, otros simplemente queriendo seguir su camino sin que se les diga lo contrario.
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Re: [Misión] Un grupo bastante disfuncional [Privado Judal, Suzu, Sissi y Hanzo]

Mensaje por Judal el Vie Oct 28, 2016 11:28 pm

El ambiente alegre del lugar, muchas familias recibiendo a hijos que volvían o amigos que se buscaban después de meses en el mar, gente recibiendo sus mercaderías, siempre la llegada de un barco de ese estilo era motivo para estar felices y esa felicidad se extendía y contagiaba entre todos los presentes, en cambio el dancer no se encontraba feliz si no que se sorprendió a si mismo con algo de nervios, sobretodo cuando llegó a ver el distintivo cabello violeta de su ex pareja asomando por el borde del barco y acercarse a la rampa. ¿Estaba listo para enfrentarlo? Había pasado por mucho desde su encuentro en Ylisse, había pasado por lugares donde muchos no salían vivos, había trabajado en los castillos reales más sorprendentes y se había vuelto el consejero del príncipe de Daein, no cualquier príncipe si no el único y heredero del imperio guerrero que atemorizaba hasta el gran Begnion. Era grande y tenía poder, sobretodo tenía oro, más del que solía llevar encima. Estaba listo para Suzuki, estaba listo para cualquier cosa, incluso si el pelivioleta estuviese huyendo de él como siempre, estaba listo para perseguirle. Pero eso no ocurrió, cuando los ojos dorados del mayor le miraron sintió como su pecho se contraía y alzó más el mentón con una sonrisa ladeada tan propia de él, esperaba una reacción negativa pero al parecer Suzu había olvidado todo lo malo que había entre ellos y venía a él por voluntad propia, lo sujetaba y le besaba las mejillas, sus rodillas parecían que fuese a fallar, estaba recibiendo atención del pelivioleta por primera vez en mucho tiempo, atención de verdad, cariños reales y desde un inicio... seguramente era por el oro, no solo el que solía llevar en su cuello y muñecas si no por la cantidad de anillos, cadenitas y bordados que tenía encima. Tenía que ser por eso. No desaprovechó el momento y sus brazos le rodearon por el cuello hasta que sus dedos jugaron con los cabellos de su nuca sin desacomodarlos, ni siquiera el tocado exótico o las extrañas trencitas que tenían a un lado, su espalda se arqueó al apoyar un poco de su peso sobre el pecho ancho del dancer casi que ronroneando sus palabras contra él - Pues si te estaba buscando he tarado mucho en encontrarte. Ha cambiado mucho, te sienta bien también, se te ve mucho más joven. El aire marino me reseca la piel pero a ti parece que te ha hecho de maravillas. - miró sin interés las manos repletas de arabescos pero entrelazó sus dedos con los ajenos murmurando - Si, si, una artista... ¿y si me haces esos dibujos pero en otras parte del cuerpo? -

La voz femenina les interrumpió y una mirada más venenosa que la oscura boca de una mamba se clavó en la pelirrosa. Los ojos cuidadosamente perfilados en negro y sombreados en violeta miraron de pies a cabeza sin molestarse en ocultar el gesto de juzgarle y terminó por mirar la mano que había tocado a su Suzuki, si las miradas tuviesen filo la mano de la manakete hubiese volado por los aires en ese momento. Se adelantó a responder incluso si debía de hablar por encima de la voz de su amado, una voz profunda y para nada femenina que contrariaba un poco con su aspecto, aunque visto más de cerca quedaba bastante obvio por sus facciones que se trataba de un joven de cuerpo menudo, cabello demasiado largo y ropas que acentuaban partes del cuerpo que un hombre normalmente no acentuaría - ¿Nos has visto caras de marineros o de... gente que dona cosas a las iglesias? Ve a molestar a otro lado, interrumpes. - vio al hombre con escasa ropa y pectorales que parecían tallados en piedra pasar y caminar más lento suyo, si hubiese pasado de corrido probablemente no le hubiese llamado la atención - Él puede saber, está bajando del barco con cajas. - dijo con claro desdén y hasta haciendo un gesto con su mano de que la mujer se apartase. Era mujer, tenía una mirada interesante y bajo las largas telas vaporosas de su vestido podía adivinar que tenía linda figura, su cabello estaba bien cuidado, las telas de su ropa eran de terminaciones finas y podía ver entre el cabello y el inicio de su oreja un pendiente dorado colgando, era una chica atractiva y aparentemente de buena cuna: una amenaza que se interpondría entre él y Suzuki.

El llamado del guardia trajo mal humor en el lugar y pronto todos comenzaron a removerse, los que cargaban cajas apresuraban de guardarlas en los alamcenes o devolverlas a los barcos si no tenían depositos, de muy mala gana los vendedores que improvisaban puestos en el piso o tenían carritos levantaban sus cosas para irse a lugar seguro. Judal suspiró con molestia - No es gran cosa, avisan pero está todo bajo control. No les den corte. Vamos Suzu, salgamos de aquí. - dijo sin soltar en ningún momento su mano y apretándola más por si el pelivioleta decidía separarse.
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Re: [Misión] Un grupo bastante disfuncional [Privado Judal, Suzu, Sissi y Hanzo]

Mensaje por Suzuki Uzume el Dom Oct 30, 2016 12:29 am

Vibrante, vivo y feliz Judal. Pequeña venenosa serpiente de bellos colores, manos suaves y cuerpo sugerente. ¿Cómo no caer por sus encantos? podía mantener su distancia y recordarse a sí mismo que ese mismo Judal era peligroso, venenoso, un hombre que sabía torcer las palabras, celoso y posesivo. Pero a final de cuentas eso no le importaba. A Suzuki tales actitudes incluso le divertían cuando no tenía nadie que debiera temer a Judal. No había dama tras sus huesos, o caballero mecenas. Solo él, libre como el viento sobre las olas del mar.

- Mmmmh podría, se ven maravillosos en las caderas - movió sus dedos atrapados y sonrió al sentir la caricia. Muy atractivo Judal. Muy listo, enganchándolo de inmediato. No le dejaría ir si intentaba separarse, eso lo sabía bien.

¿Cometo un error en esto?. Caer en sus manos era darle demasiado poder sobre quien podía ver o hablar siquiera. Judal no le permitiría ni tocar a otras personas, todas eran basura a los ojos del dancer pelinegro, todo era un adversario. Estaba casi seguro de que el jovencito vería hasta a un gato mascota como un impedimento entre los dos. Por fortuna no tenía un animal o el pobre acabaría envenenado con tanta bilis que era capaz de soltar Judal.

- Estas tan bonito - Le sonrió encantadoramente. Judal podía engatusar con oro, Suzuki solo necesitaba una sonrisa y una mirada de adoración. Esos ojos maquillados le verían solo a él.
Sintió una mano en su brazo y se volteó levemente para ver a una dama delicada y bonita de largo cabello rosado. Ojos lindos también. Volvió a sonreír y trató de descifrar lo que decía. ¿Envío? ¿Iglesia? casi todos los buques traían carga, pero saber cuál era el suyo debía ser difícil. Antes de poder responderle, Judal lo hizo por él y no de bonita manera. Soltó una risa leve, divertido por su actitud. Soltó una sola mano para pasarla por la cintura del dancer, sujetándo una mano y su cintura casi podrían bailar.

- Juu~ no seas descortés con la dama - regañó con un ronroneo en su voz. En ocasiones solo así se podía domar a aquel gatito salvaje, celoso y gruñón. - El navío grande de ahí viene de Akaneia, Altea para ser más precisos, no se de donde estás esperando provisiones, me disculpo. Las banderas suelen decir el origen -y con la misma sonrisa volvió a mirar a Judal.  - Sin duda un cargador sabría orientarle ¿verdad dulzura? ellos conocen a los administradores de bodega y esos asuntos - y hubiera seguido explicando, pero las campanadas le interrumpieron. ¡Muy groseramente además!

- ¿Ju? ¿Estás seguro de que es… adecuado no buscar refugio?- no era lo que se podría decir un luchador, pero dado que Judal era quien había estado en esas tierras más tiempo, debía de conocer los procedimientos adecuados. Miró hacia donde se perdía quien daba la alarma, hacia la gente refugiándose. Una hora era bastante tiempo ¿verdad? seguro se controlaría la situación. Sacudió su cabeza y siguió a Judal. La chica pelirroja y el sujeto carguero olvidados, no era como si pudieran bajar provisiones con tales alarmas.
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Re: [Misión] Un grupo bastante disfuncional [Privado Judal, Suzu, Sissi y Hanzo]

Mensaje por Sissi el Miér Nov 02, 2016 5:41 pm

Sissi se sintió terriblemente mal por haberse interpuesto en lo que, justo entonces, podía ver que era un esperado reencuentro.  Sus mejillas se coloraron de suave rojo al pensar que, al igual que ellos, a ella no le gustaría demasiado que alguien interrumpiera una reunión con una persona especial a la que hacía mucho que no veía. Pero aquello que provocó que todo el rostro de la duquesa adquiriera un tono bermellón que se extendió por su cuello y sus tapadas orejas, fue darse cuenta de que el género de su interlocutor no era femenino, sino masculino.  Su cara mostró una autóctona sorpresa, pues la manakete era honesta no solo en sus palabras, sino en sus reacciones también: como un libro abierto. Tan grande fue su impresión, que, al igual que hizo Judal con ella, Sissi le miró inocentemente de arriba abajo y confirmó lo que ya sabía por la voz que había escuchado: era un hombre joven y muy hermoso, con una figura fantástica que a ella le encantaría tener pero que nunca lograría por su constitución de manakete, seres delicados y menudos por naturaleza.

- Oh, un hombre. – murmuró, apenas un movimiento imperceptible de labios.

Durante su vida había visto a gente de aspecto andrógino, pero ninguno había llamado su atención tanto como el jovencito de ojos rojos. Si ella llevara esas ropas, o ese maquillaje, estaría horrorosa, pero en él lucían como si hubiera nacido para llevarlas. Aunque su admiración fue bastante clara, la duquesa no tardó en parpadear y volver a centrarse en la tarea encomendada. Respiró con suavidad y el color rojo fue desapareciendo poco a poco de sus mejillas, hasta volverse el suave rosa que siempre la acompañaba. No quería dar una mala impresión, aunque lamentablemente  la hubiera dado desde el principio. Las palabras mordaces del muchacho le devolvieron a la realidad y, lejos de hacer que la pacífica Sissi se enfadara o se molestara por su tono arisco y la gran cantidad de desdén que desprendían sus comentarios, se sintió de verdad mal por haberse entrometido en el reencuentro, a la par que algo perpleja por sus comentarios. Sus ojos se entornaron con cierta dubitación y sus finas cejas rosáceas se fruncieron con suavidad, en un gesto que parecía indicar que lo que el otro había dicho era una tremenda estupidez.  

¿Cómo podía pensar que Sissi le había confundido con un marinero? Jamás cruzaría su cabeza una idea tan loca. Se había acercado a ambos era porque eran los más cercanos a ella y, si habían sido unos pasajeros curiosos, sabrían qué transportaba el barco que les había llevado hasta allí. Sin embargo, ese no parecía ser el caso. Aunque sí que tenía que admitir que tenían todo el aspecto de personas adineradas y, como tal, su deber para la comunidad era compartir sus recursos con los más necesitados. No obstante, la manakete había aprendido que la gente del sur era extraña, egoísta, y con un sentido nulo sobre el deber social, por lo que se guardó sus comentarios y miró en la dirección que ambos hombres habían señalado.

Tuvo dificultad en distinguir de quién le estaban hablando, pues ella había estado de espaldas a la tabla de madera dispuesta para desembarcar, y no había notado al hombre en el que sus interlocutores se habían fijado. Había más de cinco muchachos que estaban bajando cajas del navío, todos con un atuendo semejante que carecía de parte superior. Supuso que cualquiera de ellos podría ayudarla, pues debían de pertenecer a la misma tripulación. Estaba tan absorta en su mirar fijo, que ni se percató del movimiento grosero que hizo Judal con la mano. Regresó la vista hacia el hombre más mayor con curiosidad y le sonrió de forma gentil por las palabras amables. Fue a hablar para dar las gracias a ambos por la ayuda, cuando las campanas interrumpieron lo que quería decir y la hicieron sobresaltarse. Escuchó a los soldados que anunciaban a gritos la inminente llegada de Emergidos al puerto, y su corazón se sobrecogió por una terrible sensación, como si se ahogara. Avanzó hacia delante, pero recordando de repente que aún no se había despedido, se giró con suavidad y agachó la cabeza en un reverencia.- Gracias por su ayuda, les pido perdón por la intromisión. – Alzó la mirada dorada de nuevo, que se posó en ambos, pero hizo hincapié en los ojos rojizos de Judal.- Hacen una pareja preciosa. – comentó con total sinceridad, a pesar de su rostro serio.- Si vienen Emergidos, les ruego que busquen refugio si no saben pelear y que se cuiden. – Y dicho esto, se dio media vuelta y corrió hacia los hombres que recogían los arcones de madera del suelo y volvían a cargarlos de vuelta al buque.

Se interpuso en el camino del primer sujeto, un fornido lobo de mar con una coleta larga, cejas pobladas, y múltiples tatuajes de olas en los brazos, que la observó con cierta molestia y sorpresa en partes iguales. La duquesa habló primero: Por favor, si esas son las provisiones para la iglesia, le suplico que no las devuelva al barco. Son muy necesarias para los niños y la iglesia no está a más de cinco minutos ida y vuelta de aquí. Mire, incluso se puede ver el campanario desde aquí.

- Lo siento, preciosa, las órdenes son órdenes. No pienso quedarme a ver cómo llegan esas alimañas. – respondió el hombre con poco interés, antes de intentar rodear a Sissi y continuar con su tarea. Sin embargo, con las dos manos puestas sobre los listones de madera evito que, de nuevo, el marinero avanzara.

- ¿Para qué quiere esos músculos si no los va a utilizar? – recalcó con honestidad, sin nada de burla en su voz. – Los soldados han dicho que tardarán una hora en llegar. La iglesia depende de esos alimentos, más aún si los Emergidos osan atacar la ciudad.

La gente a su alrededor, en especial los más reticentes a regresar por donde habían venido, pararon lo que estaban haciendo para ojear lo que se cocía entre la jovencita y el tripulante. Les siguieron murmullos, alguna risa por los comentarios llenos de franqueza de Sissi, a los que el contrario respondió de forma violenta; dejó la pesada caja en el suelo con un sonido seco, y le sonrió: Es fácil pedirle a los demás que hagan cosas por ti, así que aquí tienes tus provisiones, preciosa. Haz lo que quieras con ellas. – espetó, ya irritado.

Quizás pensó que la duquesa, con su aspecto suave y delgado, fuera alguien con una personalidad dócil y quebradiza y que entraría en pánico ante la adversa situación; pero de dónde ella venía, la gente terminaba lo que empezaba, por muy duro o complicado que fuera. Incluso si tenían que levantar una ciudad en medio del desierto, o un objeto que triplicaba su peso. Con un simple “muy bien”, Sissi se remangó su larga falda blanca y metió parte de uno de los extremos inferiores entre su piel y el borde superior de la tela, situada a la altura de su cadera, de modo que sus pies y parte de sus piernas quedaran al descubierto y no hubiera prenda que entorpeciera su tarea. Alguien gritó en la lejanía “¡Esa chica tiene más huevos que tú!” mientras la manakete se agachaba y, con todas sus fuerzas, empujaba el enorme arcón.

No logró moverlo ni un ápice.
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Re: [Misión] Un grupo bastante disfuncional [Privado Judal, Suzu, Sissi y Hanzo]

Mensaje por Hanzo el Jue Nov 10, 2016 3:00 pm

En cuanto escuchó el murmullo de la decorada pareja de artistas, pensó que se estaban refiriendo a él. Claro, un clérigo no parecería pero pasar "desapercibido" entre los varios peones de carga también le hacía un objetivo, ciertamente. Al fin y al cabo lo que había oído de la mujer era que estaba buscando su carga, podría o no ser él.
Intentó escabullirse cuanto antes, para evitar perder el tiempo, ignorando cualquier acto extra que hiciera aquél trío de adinerados artistas de buen ver. Pero la campana que se escuchaba de fondo comenzó a oírse más fuerte, llevándose la atención de todo el mundo. A la misma vez, unos vigilantes que venían corriendo, daban el aviso a todo el mundo, de la razón por la que esas campanas sonaban de aquella manera.

¿Emergidos? ¿En aquella ciudad? Según lo que había escuchado el país de aquél puerto se había liberado de ellos en gran parte, así que no entendía cómo era que venía un escuadrón de ellos tan cerca de una zona tan céntrica como aquella.
Hanzo sólo se dedicó a prestarles atención mientras hacía su camino, ignorando cualquier orden que les diese. Sin embargo un par de soldados le impidieron el paso.

- ... -Hanzo lo miró en silencio, desde arriba. Los dos hombres se sintieron intimidados y se apartaron a avisar a otra gente, no insistiendo en el corpulento monje. Hanzo continuó su camino, si habían emergidos pues con más razón debía de entregar aquella caja con provisiones a la iglesia, que tal como había dicho la chica, estaba a menos de 5 minutos de allí. Tampoco era para tanto. Además, seguramente iban a necesitar gente que atendiera heridas si era cierto que venía aquél escuadrón de emergidos.

Escuchando todos los barullos y quejas detrás de sí, notando que ahora el puerto estaría más atolondrado, se giró para comprobar que su otro compañero de carga le había seguido. Se detuvo entonces al no verlo entre tanta gente de aquí para allá, pero por suerte era bastante alto como para no tener la necesidad de asomarse mucho, tan sólo mover unas cuantas veces la cabeza para buscarlo con la mirada. Comprobó que aquél hombre tatuado, efectivamente se había vuelto para atrás, y que además, la mujer de antes le había preguntado a él. Algo que le alegraría si no fuera porque la situación se había torcido irremediablemente de todas formas. No culpaba al marinero, estaba en todo su derecho de acobardarse por la situación. Era comprensible y de hecho lo normal era hacer caso a los vigilantes en todo momento. Suspiró, pues ahora tendría que ir él con sólo aquella caja. Pero era mejor que nada.

Antes de darse la vuelta de nuevo, logró escuchar de lejos como la mujer le echaba la bronca, algo que no se esperaba para nada por su aspecto. Abrió los ojos, sin duda, habían formado un pequeño espectáculo. Este hecho, junto a lo de antes, le hizo a Hanzo preguntarse si la gente religiosa de aquél país también vestía con ropajes lujosos. O si realmente existía aquella clase de ricos que donaban a los pobres. Sea como fuera, la actitud de la mujer logró ganarse la aceptación del monje. Que él no se molestara en decir aquellas palabras con aquella clase de gente, no significaba que no compartiera su opinión.

No pudo evitar sentir un malestar cuando vio que el peón había dejado la caja delante de ella. ¿No sólo no la iba a llevar a la iglesia sino que dejaría que una persona débil la cargase? Porque a pesar de que ella, que se había remangado sus prendas, había intentado levantarla con toda la admirable voluntad posible... no pudo ni moverla, como esperaba. La mujer parecía seguir interesada en la iglesia, y ya le tenía curiosidad, así que fue a ayudarla. Al fin y al cabo, aquél arcón también eran provisiones.

Sin decir palabra, se acercó agachándose con cuidado. Al hacerlo, el báculo que traía atado a la espalda se deslizó por su cinturón, haciendo que cayera al suelo. Ahora sí vería que sería un clérigo, o tal vez no. Tal vez la mujer pensara que sería otro objeto para la iglesia. Tal vez ninguna de las dos opciones, pues no sabía si los bastones de aquella región eran parecidos físicamente a los de su diosa Naga. En cualquier caso, se mantuvo unos segundos en silencio, mirándolo en el piso.

- ... ¿Puede recogérmelo? -pidió con su voz ronca mientras levantaba el otro arcón con el brazo que tenía libre, y ayudándose con el pie y la rodilla.

Una vez consiguió levantarlo y cargárselo al otro hombro, se posicionó con la espalda lo más recta posible, lentamente y con cuidado. Pues una caja ya era pesada, dos era posible que le acabase haciendo daño, pero no era buena idea quedarse allí por mucho tiempo. Buscó con la mirada a los hombres de antes, que posiblemente eran compañeros de la dama, y en silencio les siguió. ¿Por qué se iban sin la mujer y a otra dirección que no era la iglesia? Es decir, tampoco parecía que iban a hacer mucho caso de los guardias, de todas formas. Levantó una ceja, y aunque no era de su incumbencia, fue hacia ellos, con la pelirrosa a su espalda.

- Disculpe. -habló cuando estuvo cerca de ellos- ¿Sois sus compañeros, cierto? -preguntó refiriéndose a la chica y miró al más grande. Con esos músculos, debía tener la fuerza suficiente para ayudarle al menos con la caja más liviana.- Ayúdeme a cargar con esto entonces. -pidió, señalando con su cabeza la caja más pequeña pero que aún así era pesada, sobre su hombro izquierdo.
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Re: [Misión] Un grupo bastante disfuncional [Privado Judal, Suzu, Sissi y Hanzo]

Mensaje por Narrador el Dom Nov 13, 2016 11:20 pm

Pese a la situación, lo cierto es que los bailarines, la manakete y el clérigo no son los únicos que no están tomando refugio. Muchas otras personas continúan con sus actividades pese a las advertencias de los vigilantes, quejándose y discutiendo con estos. Sin ser capaces de contener todo y a todos a la vez, los vigilantes son incapaces de siquiera alcanzarlos para insistir en que se resguarden.

Los más tercos, los mercaderes cuya ganancia depende de sus asuntos en el puerto, parecen haberse organizado para continuar juntos. Una caravana que se forma improvisadamente entre algunos, pequeña pero bien equipada en carretas, carruajes y animales de tiro, pasa junto al grupo hasta detenerse junto al clérigo y su cargamento.

Mercader: - ¡Así se hace, muchachos! Tenemos una ruta asegurada para nosotros, si quieren pueden seguirnos, nadie nos detendrá por aquí. Entre más somos, más a salvo estamos. -

La carreta se adelanta y el mercader queda haciéndoles señas para que se unan. En la parte de atrás aún hay espacio para cargamento y hasta para tomar asiento.
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Re: [Misión] Un grupo bastante disfuncional [Privado Judal, Suzu, Sissi y Hanzo]

Mensaje por Judal el Lun Nov 21, 2016 1:38 am

La voz ronroneante de Suzuki fue un bálsamo para el mal genio del pelinegro y suavizó enseguida su mal humor incluso relajando un poco su expresión molesta y agria, mientras el dancer pelivioleta se mostrase interesado en él y no estuviese mirando a otras u otros entonces estaba contento y conforme, la manera que le hablaba y como le sujetaba le ayudaba a mantenerse calmo, ignorando totalmente si eran o no una molestia por su actitud tan acaramelada. Su mirada carmín se alzó al rostro del dancer y asintió suave dejando que le hablase a la mujer, analizando un poco como la miraba pero como no le había soltado y seguía dirigiéndose a él de esa manera cariñosa no la vio como una amenaza... aún.  La mujer parecía bastante sorprendida, no sabía si eran por sus palabras o que exactamente pero para Judal era claro cuando alguien le miraba, no se sentía para nada intimidado por la miraba ajena ¿qué clase de artista sería si se sentía tímido por una chica que le miraba? muchas le habían mirado y con miradas mas venenosas que la de la manakete, él le devolvió una mirada fija y austera pero no dijo más palabras, estaba más centrado en estar con su amado que extrañamente estaba bastante dispuesto a darle atención aunque su pensamiento fue claro "No pienso temer, soy un guerrero fuerte y he matado a miles de miles de emergidos" se victorió en su mente con la confianza de quien nunca había perdido una pelea.

Aferrando con fuerza la mano de su amado le jaló un poco hacia adelante aunque no avanzo ni dos metros que escuchó el revuelo que comenzaba a formarse, su espíritu cotilla le hizo girar su cabeza en dirección del problema y mirar a la misma dama discutir con aquel marinero - Jm... ¿Acaso solo sabe molestar a los demás? Tsk, como si fuera tan importante esas provisiones, ni que los monjes se murieran de hambre. - era Begnion, y siendo un país teocrático la iglesia era la entidad con más poder y más rica, las cruces de oro, las copas enjoyadas, los clérigos vestidos con las telas más caras que el dinero podía comprar... decir iglesia era decir riquezas en ese lugar y si se hablaba de alguien perteneciente al clero era alguien con poder y considerado de la nobleza incluso si su nombre no tenía familia detrás. A oídos de Judal la urgencia de aquella mujer era ridícula... o sería parte de la iglesia en cuestión y esperaba algún capricho específico como alguna fruta del otro lado del mundo o telas bordadas para sus nuevas túnicas. Descarado como era rió abiertamente cuando ella intentó levantar el arcón y no pudo siquiera levantarlo una pulgada de su lugar - Que mujer tan ridícula. ¿No crees, Suzy~? Vamos, no perdamos más tiempo aquí. - volvió a jalar de la mano del dancer guiándole con la misma seguridad de siempre - No te preocupes por eso, puedo defendernos y son alertas preventivas. Los soldados se encargan, Begnion tiene todo controlado. - siguió hacia adelante donde la gente que quería seguir trabajando continuaba con su vida. Varios se resguardaban de regreso a sus barcos o se dirigían a los establecimientos más cercanos.

Intentó ignorar que le hablaban a ellos pero fue inevitable cuando el monje fue más directo, intentando no detener el paso miró sobre su hombro con desdén pero volvió a mirar más fijamente al pecho y brazos marcados, tensos y con un ligero brillo de sudor del hombre, la raíz de su atención fue bastante evidente aunque no dejaba de sujetar con fuerza la mano de dedos entrelazados de Suzuki - No es trabajo de él cargar, para eso se te paga a ti ¿Acaso no sabes cuánto vale el cuerpo de un bailarín? ¿Tienes idea el daño que ocasionaría que se lastimase un hombro por cargar esas tontas cajas? No espero que un marinero como tú lo entiendas. - protector y celoso como era no permitiría que Suzu hiciera trabajo de marinero, sus manos suaves se podrían lastimar con astillas, su figura exquisita y fuerte se podía lastimar y sus movimientos elegantes se verían entorpecidos por un esquince o solo intentando equilibrar esas tontas provisiones - Ashera nos salve, no venimos con ella. - dijo con exasperación como si fuese un insulto que insinuase que ella estaba en su grupo. Se giró sobre sus talones y no llegó a dar un paso que casi se choca contra un gran buey que tiraba de una gran carreta llena de cajas, el hombre sobre esta les habló, sonriente se dirigió a Suzuki - ¿Ves? No hay nada de que preocuparse. - volviendo hacia el hombre de la caravana asintió una única vez - ¡Vamos con ustedes~! Entre más mejor. Vamos Suzy~, sentémonos atrás que tendremos mejor vista y podremos hablar en paz. - y no tendrían que caminar, sobretodo eso.
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Re: [Misión] Un grupo bastante disfuncional [Privado Judal, Suzu, Sissi y Hanzo]

Mensaje por Suzuki Uzume el Jue Nov 24, 2016 2:35 am

Ocultó un bufido tras sus dedos al notar el momento exacto en que la chica se dió cuenta de que  Judal no era una dama. Que de dama poco tendría aún si fuera mujer. Las ropas del dancer pelinegro eran muy sugerentes y se prestaban a la confusión. No escuchó las palabras, pero la expresión lo decía todo. ¡Oh diosa! gracias por dejarle vivir para ver ese día.

- ¿Escuchaste eso Ju?~ hacemos una pareja preciosa - soltó una risita y le dejó tirar en la dirección que deseara. Había aprendido que era más sencillo permitir al pelinegro libertad de acciones y obedecer siempre que no fuera contrario a sus deseos. Le inquietaba un poco las palabras de la chica aunque no lo mencionó, no ganaría nada con ello y daría una impresión equivocada. Nunca daría muestras demasiado evidentes de afecto en público, nada de besos o manoseos, tales cosas eran indecentes para empezar y arriesgadas para terminar. Las relaciones masculinas no estaban bien vistas en general, solo en privado uno podía darse tales libertades. Era inquietante que la chica dijera tales cosas. ¿Tal vez era que Judal se veía muy afeminado? decidió por su propia salud mental que ese era el caso. De otro modo sólo debían aparentar en público ser un par de amigos muy cercanos. Era normal entre los hombres, en especial entre artistas.

- Tiene una actitud bastante ingenua, te concedo eso- respondió al comentario cruel de Judal. La chica esperaba sacrificio de gente que solo hacía su trabajo, nadie iba a arriesgar la vida por la conveniencia o comodidad de otros, sobre todo si no había dinero de por medio; esperar otra cosa era querer imponer credo de caballeros en todo el pueblo común y eso era absurdo. La gente común tiene su forma de ver las cosas, los caballeros otra, los nobles, y así, cada clase tenía su forma de pensar. Sacudió un poco la cabeza ante lo ridículo de todo aquello.

- ¿Oh? ¿Vas a protegerme, querido Judal? - El otro dancer era más pequeño que él, era gracioso pensar en ello. - Me siento honrado, no se que pensaba antes, siempre me has consentido tanto - ronroneó buscando la cercanía de su anterior amante. - Te extrañé, el mar susurraba tu nombre en todo el viaje - y pudo continuar con alguna canción si le nacía, pero nuevamente eran interrumpidos. Y de una hilarante manera. ¿Él cargar cajas? no se reía en su cara porque tenía más diplomacia que esa, pero su Judal no tenía ningún impedimento en hacer saber su disgusto con la sugerencia. Le sonrió suavemente al monje, una leve disculpa en su mirada pero no se doblegó ante el pedido. Realmente, un dancer de familia noble cargando cajas.

- Soy solo un artista lo siento~ me veo más fuerte de lo que soy - era una mentira pero ni en sueños iba a cargar una caja de provisiones como vulgar marinero. Judal ya había dejado muy en clara la posición de ambos. Agitó una mano en la dirección del par y guiñó el ojo al musculoso sujeto. Pobre de él por enfrentar la ira justa del pelinegro. Era una pequeña fierecilla protectora.

- Sigo tus pasos mi más querido compañero, dado que estas valientes personas nos han invitado no soñaría con desairar tan generosa oferta - unirse a un grupo no sonaba tan mal, halagar su camino tampoco era malo y se sentía más seguro viendo que nadie parecía acobardado por la supuesta cercanía de emergidos. Ayudó a Judal a subir al carro, más que nada para mantener el contacto entre ellos, seguidamente subió. Había bastante espacio ahí atrás y avanzaba despacio pero seguro.  El bamboleo era un poco molesto, pero había tenido peor, estaba acostumbrado a esos medios de transporte, eran lo usual.

- No me habías llamado así en un tiempo - no pudo evitar comentarlo. Suzy, era algo atrevido. - ¿Significa que me has perdonado? - bromeó un poco - Y yo que venía dispuesto a pedirte perdón de rodillas~ a besar tus delicados pies -
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Re: [Misión] Un grupo bastante disfuncional [Privado Judal, Suzu, Sissi y Hanzo]

Mensaje por Sissi el Jue Nov 24, 2016 6:19 am

La manakete sabía que lo que hacía no iba acorde a sus títulos y a su cargo. En Sindhu no era tan extraño que participara activamente de la vida de la Ciudad, seguramente porque era un lugar pequeño y sus habitantes no eran demasiados, pero en el resto del mundo había comprobado que era muy inusual que un noble hiciera alguna clase de trabajo humanitario. En los pocos, aunque intensos, viajes que había realizado, se había percatado de que la solidaridad no marcaba las pautas de comportamiento de la gente de los demás países y, aunque eso la había consternado en un principio, había decidido que el modo de hacerles ver diferente era dando ejemplo. Sindhu no tenía las mejores relaciones con algunas zonas de Begnion, pero eso no significaba que no fuera a ayudarles en la medida de lo posible. En especial a aquellos que lo necesitaban.

Podría ser un país rico, grande, y con un poderoso ejército que había expulsado a los emergidos, pero para ella todo eso no servía de nada si la población más pudiente no tenía un poco de corazón. La primera vez que había ido a la iglesia que ejercía al mismo tiempo de hospicio, había sido testigo de una cruel verdad que la había convencido para ayudar en la medida de lo posible. Los clérigos, señores gordos y adornados en joyas, vivían plácidamente en sus cómodas casas mientras el hambre atormentaba a los niños que vivían en la parroquia. Se les daba un mísero cazo de gachas al día, y si había suerte, un trozo de pan si la junta parroquial lo estimaba oportuno. Incluso en una ocasión, según le habían contado los mismos niños, habían azotado en el propio comedor y frente a sus compañeros a un pobre infante que había osado pedir un poco más al terminar su plato.

Extraño era que, desde que Sissi hubiera entrado a ayudar, las raciones de comida eran más copiosas y hasta se les complementaba el menú con un mendrugo tierno por las mañanas y por las noches. Todo fuera por las apariencias frente a una dama pudiente y generosa con la Iglesia. Pero la Duquesa sabía que eso solo eran formas para tratar de engañarla. En cuanto se marchara, las cosas volverían a su terrible lugar. Por eso quería ser ella quién supervisara que el encargo se llevaba a cabo y se distribuía de forma equitativa y sin que ningún clérigo sacara provecho de ello. Tenía claro que, una vez de vuelta en su hogar, mandaría mensualmente provisiones al orfanato y, de ser ofrecido un niño para algún oficio, mandaría que lo llevaran con ella a Sindhu. Debería darles vergüenza tratar a sus propios ciudadanos de tal manera y que personas de otros países tuvieran que hacerse cargo de ellas.

Pero a pesar de sus buenas intenciones, se sentía muy desesperada por no poder mover el arcón, como si estuviera sola contra el mundo. En su forma humana, apenas era capaz de superar la fuerza de un niño beorc. Lo sabía perfectamente, y aún así no se rendía. Si algo era Sissi, era cabezota como ella sola. Cuando era pequeña sus padres solían bromear sobre la testarudez de su hija, que achacaban al tamaño de su cabeza. No es que la tuviera más grande que los demás, pero les resultaba divertido ver como Sissi se ponía roja y trataba de justificarse. Un hecho en particular que aumentó las bromas fue cuando tenía unos 250 años y, mientras corría por los pasillos de palacio, se chocó con tanta fuerza contra su madre que le rompió una de las costillas flotantes. Cabezona y cabezota por naturaleza, si se proponía algo no iba a darse por vencida con facilidad. Siempre habría una manera de vencer las adversidades, ya fuera sola o con la ayuda de alguien.

En el caso presente, fue otro de los peones de carga el que se agachó junto a la Duquesa y, sin una palabra, levantó el pesado cargamento como si fuera una pluma. Sissi parpadeó sorprendida, y le miró con sus grandes ojos dorados muy abiertos, como si no se creyera lo que veía. Cuando el cetro tocó el suelo dirigió la vista hacia el objeto y lo tomó con sumo cuidado del piso tras escuchar la petición del muchacho. Frunció un poco las cejas en señal pensativa mientras lo examinaba con detenimiento. Era obvio que se trataba de un báculo de sanación y que, por el modo en el que lo había llevado atado a su espalda, le pertenecía a él. ¿Acaso era un monje? No tenía el aspecto de uno, pero ella parecía una dama beorc y no lo era, por lo que las apariencias podían engañar. Su corazón se aceleró un poco al pensar que podría tratarse de un sacerdote de Akaneia, si había viajado como tripulante en el barco de esa destinación. Allí adoraban a Naga, a quién ella también debía devoción y a quién consideraba la líder y Reina de su raza, y el encontrar gente que profesaba su misma fe siempre la emocionaba.

Sonrió un poco por sus propios pensamientos y, cuando se dio cuenta de que se había abstraído, alzó los ojos y vio que el monje estaba caminando hacia los bailarines de antes. Apresuró el paso hacia los tres, con el báculo bien apretado contra su pecho. Sus mejillas se ruborizaron  primero con vergüenza por volver a molestarles, pero pasó a ser un sonrojo más parecido a la indignación cuando escuchó como trataban al pobre clérigo que había sido la única persona amable que había decido ayudarla. Frunció un poco las cejas y dijo: Los sureños sois unos bebés. – su voz honesta y tranquila no dejaba duda de que realmente pensaba eso de ellos: que eran unos enormes infantes que se quejaban por todo, pero sin conciencia del mundo real a su alrededor. Si no podían llevar una caja, ¿Cómo esperaban enfrentarse a los emergidos?

De ella le daba igual lo que pudieran decir, pues estaba más que acostumbrada a los insultos en los países del sur que tan poca educación y modales tenían, pero le molestaba que se tratara con irrespetuosidad a la gente buena que solo pretendían auxiliar a los demás. La idea del monje no había sido tan descabellada, era cierto que uno de ellos parecía tener las capacidades físicas para cargar con lo que fuera. El otro muchacho, “Juu” según había escuchado llamarle antes, sería capaz de levantar lo que fuera si las miradas tuvieran fuerza física. No había necesidad de ser desagradable. Suspiró cuando se alejaron y miró con cierta angustia a Hanzo porque debía cargar con todo él solo.  Un hombre gordo que iba a caballo tras la carreta y que pertenecía a la comitiva se acercó al sacerdote y a la Manakete :

- Oye, preciosa, he visto la que has montado ahí delante.  – le dijo con una risa. - No te preocupes, sube tus cosas y te llevaremos a la iglesia después de hacer unos recados. Mejor venir con nosotros a estar desprotegida frente a los Emergidos. Las damas como tú sois los bocaditos predilectos de esos seres asquerosos. Nosotros te cuidaremos.– añadió con un guiño que pretendía darle confianza.

Sissi le miró con cierta fijeza pues el hombre no podía estar más equivocado en muchas de las cosas que había dicho. Si bien en su aspecto humano estaba en desventaja contra los emergidos, en su forma dragón deberían ser ellos los que temieran convertirse en sus bocaditos. Por supuesto, no le sorprendía que el mercader tuviera esa opinión, pues la Duquesa parecía frágil con su figura delgadita y su escasa fuerza física, y había sido su propio deseo el no revelar su raza laguz. Pero había muchas cosas positivas al ir con ellos: por un lado cumpliría su trabajo de llevar las provisiones a la parroquia, y por otro podría proteger al grupo de ser aniquilados por los emergidos en caso de producirse un ataque y si el ejército no llegaba a tiempo. Prefería que ese caso no se diera, pero aún así era una consideración a tener en cuenta. Sobre todo porque Sissi no creía que los bailarines o los comerciantes pudieran enfrentarse solos a un conjunto de enemigos.

Asintió un poco y dijo “Está bi-..”. Pero no pudo terminar la frase porque el mercader ya estaba dando órdenes a otros peones para que ayudaran a Hanzo a llevar las cajas hacia el carromato, que aminoró el paso momentáneamente para que los nuevos pasajeros subieran. Con un suspiro, la manakete siguió a la carreta con la vista fija en los arcones, que habían pasado de manos del monje a estar cuidadosamente colocados encima de otros cajones de madera. Sin previo aviso, uno de los comerciantes más corpulentos la levantó del suelo y la alzó para sentarla en la parte trasera, con las piernas sobresaliendo. Sissi se puso muy tensa y  agarró con fuerza la túnica que cubría su cabeza y el báculo que aún portaba en las manos. Un suave gritito escapó de sus labios al ser meneada de tal manera tan sorpresiva. Por suerte, llevaba bien enganchada la tela a sus largos cabellos, de modo que a pesar del movimiento no se descubrió nada de lo que ahí escondía.

Los otros dos muchachos estaban allí con ella, pero Sissi apenas se fijó, despistada en sus propios asuntos. Una vez recuperada del pequeño susto, miró a hacia delante en busca del monje del que había perdido la vista y al que aún debía devolverle su cetro. Esperaba que decidiera ir con ellos en el carromato, pues tenía muchas preguntas que hacerle y, a pesar de que no habían intercambiado más que una frase, le había parecido una persona amable. Además, si su destino era la iglesia, y el grupo pasaría por allí, debería unirse a ellos. Siempre era necesaria la presencia de un clérigo decente.
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Re: [Misión] Un grupo bastante disfuncional [Privado Judal, Suzu, Sissi y Hanzo]

Mensaje por Hanzo el Vie Dic 02, 2016 7:54 pm

Alzó una ceja al escuchar el tono antipático del maquillado, ¿que acaso no eran compañeros de la dama? Segundos después supo. Eran bailarines, como había supuesto por sus pintas. Y no parecían apreciar muy bien la presencia de la mujer detrás suya.
Al contrario que el pelinegro, el hombre al que le había preguntado fue menos agresivo con su respuesta, con un tono como disculpándose por la actitud de su compañero. Al parecer aquella pinta tan fuerte sólo le servía para el deleite de los ojos de muchas mujeres nobles.

- Mis disculpas. No soy de aquí y tenéis aspecto parecido. -comentó sin más, no quería perder más el tiempo intentando otra cosa. Aquella conversación era estúpida. En fin... Gente rica, nunca dispuesta a colaborar.

Y tras el gesto de los bailarines, se dio la vuelta lentamente para no tirar aquellas dos cajas. Ignorando lo que pasaba a sus espaldas, había decidido seguir camino a la iglesia con la pelirrosa, quien le miró con angustia.

- No importa. -exclamó con su voz serena y pasiva de siempre- ... Sólo tardaremos un poco más al ir caminando. -decidió añadir, con un tono más amable hacia la dama que tan preocupada parecía.

Hasta que el mercader de atrás les llamó la atención, bueno, más bien a la mujer. Al parecer les podrían dejar en la iglesia después de sus labores. Bueno, esto era otra cosa... ahí podría aprovechar y dejar al menos una de las cajas. Miró a la pelirrosa, quien parecía pensativa.

- Tranquila, puedes ir tú si quieres. No hace falta que me acompañes.

Aunque de por sí no era tanta distancia, y personalmente Hanzo pensaba que si los iban a dejar a la vuelta, iban a tardar... llegarían antes caminando... Pero la mujer aceptó la propuesta antes de que pudiera dar su opinión. Y desde que abrió la boca, los demás hombres ya vinieron a ayudar al monje a subir las cajas a la carreta. Suspiró pesadamente. Pero aceptó... al fin y al cabo, necesitarían a alguien que les curase en caso de que surgiese algo. Y bueno... los mercaderes siempre daban algo a cambio por esos favores.

Oh, cierto, su báculo.

Cuando fue a pedírselo a la mujer, había visto que ya la habían subido. Sabía que sólo se habían ofrecido a ayudarles por ella. Algunos tenían pinta de ser aquella clase de hombres... Tendría que cuidar también eso, aunque no era de su incumbencia, pero la mujer no parecía mala persona. Y además aún agarraba su bastón. Tendría que seguirles igualmente así que se juntó con los demás mercaderes, caminando detrás de la carreta, pues el monje era corpulento y no cabría dentro. Observó como la mujer le había buscado con la mirada y cuando le vio, Hanzo hizo un leve gesto con la cabeza de que allí seguiría, tras ellos. La pobre mujer estaba sentada al lado de aquellos bailarines pero poco podría hacer él.

Mientras se ponían nuevamente en marcha empezando a dirigirse hacia su destino, y los mercaderes hablaban entre ellos; el monje decidió subirse de nuevo sus prendas sin dejar de caminar. Ya no estaba sudando así que no se iba a manchar tan fácilmente. En el fondo, se preguntaba qué clase de recorrido harían para salir de allí, pues él no conocía aquel lugar. Pero esperaba que tuvieran éxito en esquivar la venida de emergidos.
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Re: [Misión] Un grupo bastante disfuncional [Privado Judal, Suzu, Sissi y Hanzo]

Mensaje por Narrador el Dom Dic 04, 2016 8:16 pm

Con las 3 personas nuevas a bordo y el clérigo a pie, la caravana de mercaderes en su mayoría extraños entre ellos, pero con una meta en común, sigue su camino. Van dejando el puerto atrás, saliendo en un desvío por una ruta bastante vacía para rodear la ciudad. Allí las planicies son bastante cómodas de transitar, además el camino se ve vacío.

El mercader que originalmente les habló, así como el mayor grupo entre todos, poseía un acento muy ligero, propio de los carismáticos comerciantes de Miletos, ahora parte de Thracia. Algunos de vestimenta más cerrada pero de un estilo similar a la de los bailarines pueden reconocerse como hombres del mismo Begnion, muy bien vestidos y cargados de alguna que otra joya, como el último que habló con la mujer manakete. Liderando el camino por adelante, bastante cubiertos por ropa simple pero ligera, van algunos hombres en fuertes caballos de Jehanna. Todos ellos son tan sólo mercaderes tenaces y persistentes, siendo los de Jehanna los únicos que parecen capaces de defensa personal.

Justamente a esos hombres, al ir más adelante al frente de toda la procesión, es a quienes les cae un ataque sorpresivo. Adelantados en la ruta, no se ve exactamente qué o cómo los ha atacado, sólo se oyen los gritos, se repite de adelante hacia atrás que se trata de emergidos mientras la caravana cae en caos, con los caballos agitándose, las carretas intentando dar media vuelta donde no hay espacio y las personas discutiendo a gritos si llevarse lo suyo o sólo huir.
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Re: [Misión] Un grupo bastante disfuncional [Privado Judal, Suzu, Sissi y Hanzo]

Mensaje por Judal el Vie Dic 16, 2016 4:47 pm

Miró con desdén a su alrededor, ni siquiera el comentario de que hacían linda pareja endulzaba su mal humor pero al menos el destino comenzaba a sonreírles al cruzarse con los mercaderes y al menos poder viajar sentados. Se acomodó sobre la dura superficie y entrelazando los dedos con la mano de Suzuki se apoyó un poco contra su brazo ¿estaba más ancho o era su impresión? hacía mucho que no lo sentía tan cerca y podía ser que el pelivioleta hubiese estado entrenando, en la cercanía y con la suave voz de su amado estaba más tranquilo y sonriente, confiado y envalentado incluso - Te protegeré si se avecina el peligro, estuve viajando con mercenarios y aprendí a pelear. - no era una mentira total, había estado viajando un poco con el líder de una banda de mercenarios al servicio de Altea y había aprendido un poco sobre el uso de su daga, incluso entrenando para hacer danza de espadas con su daga más larga ya que era mucho más liviana que una espada y poía manejarla de manera más suelta. Se acurrucó un poco más contra el hombre a su costado disfrutando de las atenciones que creía merecer desde hacía tanto tiempo, de haber sido gato estaría ronroneando contra su pecho. Realmente no podía importarle menos lo que los demás pensaran o mirasen mal, entre bailarines podía ser un poco más flexible ver a dos hombres pero no quitaba que algunos mercaderes mirasen con desagrado aquel comportamiento. Levantó la mirada con sus ojos entrecerrados y una expresión entre coqueta y maliciosa - ¿Así que ibas a pedirme perdón de rodillas? Me hubiese gustado ver eso, pero creo que te gusta más cuando yo me pongo de rodillas. - bromeó con el deje de picardía que solía hacerlo cuando estaban a solas por más que aquella carreta fuese todo menos privada.

La joven de pelo rosa fue puesta en la misma carreta que ellos y el pelinegro miró con hastío apretandose aún más contra su amado haciendo extra esfuerzo en ignorarla aunque de soslayo miraba juzgando cada aspecto de ella, desde la manera que utilizaba su ropa, como sujetaba aquel báculo y como las telas caían sobre su cabeza. Parecía una bailarina más y una de esas que cobran más de lo que valen, se dijo con malicia para si mismo. Movió un poco su cabeza y vio al ancho hombre de cabeza afeitada que iba casi que a la par de la carreta que tirada por bueyes iba a un ritmo lento y parejo. Todo parecía ir bien, tanto que suspiró y se acomodó más a sus anchas en el reducido espacio de la carreta subiendo sus pies y apoyando sus hombros y cabeza en el regazo del bailarín para poder mirar hacia arriba a su rostro, estirando sus brazos le tomó por el cuello con intención de hacer que se acercase para darle un beso pero la carreta se detuvo bruscamente cuando los bueyes se asustaron y el movimiento algo brusco hizo que el pelinegro cayera del borde de la carreta quedando con la mitad de su cuerpo colgando fuera y sujetado del pelivioleta y el borde evitaba terminar de caer. Maldijo en voz alta y su cuerpo delgado se dobló como si su columna fuese tan flexible como un codo y sus pies tocaron el piso firmemente antes de soltarse y mirar que era lo que ocurría. Habían gritos y revuelos, los animales se asustaban intentando pasar y empujar entre ellos cuando sus dueños jalaban de las riendas intentando retroceder. Subió sobre la carreta de nuevo y sobre una caja para tener más altura  y poder ver al frente, el caos se extendía ante sus ojos pero había visto peores escenarios, más adelante llegaba a ver a los emergidos - ¡No! ¡No, no, no, no! ¡No voy a retroceder ahora! ¡Tengo que llevar a Suzu a Crimea, maldita sea! ¡ESTUPIDOS ANIMALES! - gritó cuando casi perdió equilibrio por que los bueyes volvieron a jalar del carro dando una vuelta demasiado cerrada levantando un poco la rueda de un costado

Miró con lo que contaba, tenía a Suzuki que había visto en carne propia que podía pelear pero no contaba realmente con que fuese a arriesgarse, su mirada se dirigió a la mujer, tenía un báculo lo que hacía que aquella pelirosa era una clérigo... había estado hablando de una iglesia ¡Debía ser una sanadora! Perfecto, y un poco más allá estaba el marinero que había visto que podía levantar una caja tan fácil como quien levanta una almohada. Empujó la caja por el borde y esta cayó en el piso, ahora tendría donde pararse para darse más altura, no era un hombre bajo pero al lado de Suzu cualquiera podía parecer bajo, casi rozando el metro ochenta sobre aquella caja alcanzaba con facilidad los dos metros y medio y quedaba por encima de todos los que estaban a su alrededor. Tomó aire y su voz, normalmente caprichosa ahora se mostró firme y resuelta, tal como había aprendido del líder mercenario - ¡No podemos permitir que estas malditas escorias nos dominen de esta forma! - algunos de los que estaban aún discutiendo por sus pertenencias para huir tomaron unos instantes para mirar al hombre de larga cabellera - ¡Esta es nuestra tierra! ¡Nuestros negocios! ¡Nuestra vida! ¡Estas malditas criaturas al no dejarnos pasar están arrancando el pan de la boca de nuestras familias! ¡Begnion luchó con fuerza y valentía para limpiar el camino para nosotros ¿y vamos a huir por que dejaron unas migajas atrás?! ¡NO SON NADA! ¡PODEMOS CON ELLOS! - eran palabras que él no creía realmente pero sabía que no podría hacer frente él solo a esos enemigos y necesitaría la ayuda de los mercaderes y campesinos que estaban allí. Algunos siguieron su escape pero otros gritaron dando la razón al adornado varón - ¡Si seguimos huyendo cada vez que los vemos llegará un momento que ellos nos seguirán a nuestras casas! ¡Y allí ya no habrá más ligar a donde correr! ¡Vamos al frente! ¡Tomen cualquier cosa que puedan usar como arma y vamos! - saltó al piso y tomó la mano de Suzu... no lo dejaría escapar de esta. Sacó una daga de larga hoja plateada que colgaba de su cintura, la vaina había estado cubierta por largas telas de seda que disfrazaban un poco el arma y armonizaba con su vestuario  - Inspírame y no dejaré que te toquen. ¡TU! - señaló al que creía marinero de cabeza rapada - Eres un hombre fuerte, ven con nosotros al frente, necesito quien cuide mis flancos. Y tu... - miró de pies a cabeza a la joven de cabello rosa - Cura a los heridos, hazte útil y mantente alejada del peligro. No necesitamos mujeres gritando por ahí. - Con seguridad comenzó a avanzar entre la gente hacia el frente arrastrando a Suzuki con él.
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Re: [Misión] Un grupo bastante disfuncional [Privado Judal, Suzu, Sissi y Hanzo]

Mensaje por Suzuki Uzume el Vie Dic 23, 2016 4:06 am

Disfrutó de la compañía de Judal y de los beneficios que le prodigaba. Sin prestar apenas atención a la acompañante que tenían en el carro, o al hombre que caminaba tras ellos. Suzu era experto en ignorar gente fingiendo que no lo hacía, uno tenía que serlo para moverse en el mundo de la política y el espectáculo. Así que en vez de conversar con la chica o intentar entablar alguna conversación banal, se entretuvo jugando con el cabello del pelinegro; disfrutó la sedosidad de los filamentos oscuros y dejó que sus dedos tocaran un poco las joyas en sus orejas, los pendientes eran muy tentadores. En especial cuando el malcriado soltaba comentarios sobre protegerlo. Como si fuese una dama indefensa.

Bufo divertido pero no dijo nada a favor o en contra de su ofrecimiento. En ocasiones solo era más saludable dejar que Judal fantaseara, dejar sus ideas locas fluir y que su felicidad no se opacara por su orgullo. ¿Qué importaba sentirse un poco subestimado si eso implicaba menos discusiones entre ellos.

- Te gusta colocarle en incómodas situaciones - Hablar de tales cosas en público, Suzuki no se sonrojaba fácil, eso era bueno, no quería darle demasiadas ventajas a Judal. Diosa, estoy tan agotado que es absurdo. Cansado de tanta duda, indecisiones. No, mejor no pensar en ello, pese a que estar viajando implicaba disponer de demasiado tiempo libre para pensar y atormentarse con ideas. Era prácticamente un milagro que no se soltar a una ola de asesinatos y traiciones entre la nobleza, las temporadas difíciles solían colocar tensiones. Las emboscadas disfrazadas de ataques de emergidos serían perfectas para disimular la desaparición de un enemigo político. Quiso la fortuna que nadie importante estuviera en aquel viaje, no debían ser un blanco interesante o eso pensaba claro, fuera de los mercaderes el grupo solo tenía como extra un par de bailarines, una chica y un varón. Nada excepcional.

Por fortuna e infortunio, Suzuki no tuvo tiempo para torturarse con sus propios pensamientos.

Las primeras señales de pánico se esparcieron rápidamente por el grupo de mercaderes. Los gritos y sacudidas en el carro le dijo todo lo que necesitaba saber. Por supuesto que el pelivioleta como el pelinegro iban armados, todo hombre que se respetara caminaba armado salvo que estuviera en su propia recámara, y aun así había excepciones, en especial en esos días tan violentos.

- ¿Disculpa? ¿Crimea?¿Cuando decidimos eso?- arqueó una ceja, intrigado por el interés repentino y la supuesta dirección del viaje. Una sacudida especialmente fea le mandó de bruces contra el piso del carromato. Se recompuso y se incorporó lo suficiente para ver más adelante. Era un ataque en toda forma por lo que podía ver, no solo una bestia rebelde, un carnívoro, un laguz pícaro o algo así. - ¡Oh grandioso! - ¿Qué harían ahora? Judal saltó a la acción sorprendiendolo bastante. El dancer que conocía era intrépido, pero aquello era nuevo para el.

No trató de contener la sonrisa amplia, bastante difícil era no soltar una carcajada. Aquello era delicioso ¡Judal inspirando a las masas aterradas! Judal el pequeño comandante. Era hilarante y hermoso. Aún cuando intentaba darle órdenes como a los demás, no negó que le guiara de la mano. Soltando finalmente la risa que había estado conteniendo. Odiaba la batalla, detestaba la sangre, la violencia de la guerra, pero podía luchar, se había visto en más de una ocasión con los emergidos, se había aliado con un dragón blanco, podía con aquello. Le daría un espectáculo a Judal solo para que dejara de actuar tan grandilocuente.

- Sigues subestimandome, no se si debo enfadarme o no contigo ¡Y no me des órdenes chiquillo malcriado! - Se soltó de su agarre solo para darle una palmada en el trasero y tomar su par de dagas, una en cada mano; el peso familiar del acero bajo sus dedos decorados con pintura de henna, algo bonito y mortal. - Haré una danza de sables para ti, puedo cubrir perfectamente tu flanco - no era celoso, claro que no, pero era más observador que Judal y había notado que el báculo no era de la chica. No lo tenía cuando les habló la primera vez.  - Vamos, hacia el frente comandante, muestrame tu valor~-
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Re: [Misión] Un grupo bastante disfuncional [Privado Judal, Suzu, Sissi y Hanzo]

Mensaje por Sissi el Dom Dic 25, 2016 11:52 pm

Una vez situada en la parte superior del carro, Sissi se recolocó la falda de modo que el bajo no estuviera metido en la cintura. El vuelo cayó a su posición original y su pierna dejó de estar al descubierto, lo que parecía llamar la atención de más de un comerciante. Puesto que ya no realizaría ninguna clase de tarea física no necesitaba remangar su ropa. Alzó la mirada y se alegró al ver que el clérigo seguía con el grupo y que caminaba frente a ella. La manakete se sentía bastante incómoda con los bailarines posicionados a uno de sus lados porque su relación desde el principio no había sido la mejor, y era extraño volver a encontrarse después de que sus interacciones no hubieran sido más que palabras algo mordaces y condescendientes. Además, podía escuchar los comentarios que se hacían el uno hacia el otro y que la Duquesa juzgaba de bastante inapropiados para el lugar y el momento. Esa clase de actitud, según había aprendido de sus padres, se debía dar en la intimidad y, en especial, entre personas casadas. Actos tan públicos de afecto y atracción la ponían bastante nerviosa y hacían que sus mejillas se encendieran, aunque tampoco podía hacer nada por evitarlo porque no se sentía con ganas ni con el derecho de remarcarles nada. Lo mejor en esos casos era intentar bloquear la violenta situación lo máximo posible. Su atención la captó el sacerdote que, libre de la pesada carga de las cajas, se vestía el torso. Sissi le sonrió con amabilidad. Quizás pudiera hacer un amigo entre tanta gente tan hostil.

- Le agradezco que venga con nosotros, – comenzó a decirle, su voz llena de sinceridad. – y siento haberle metido en esta situación. Espero que el rodeo termine pronto y que no tardemos mucho en llegar a la Iglesia.  Si ha venido en el barco de Akaneia que traía las provisiones, debe de estar cansado. – le comentó con suavidad y añadió: ¿Sabe? Mi familia era de allí, pero vivo desde hace muchos años en Tellius, aunque algo más al norte de aquí. – sonrió un poco más, y se inclinó hacia delante pero con cuidado de no perder el equilibrio. Juntó ambas manos al frente, mientras que sujetaba el báculo entre ellas y contra su pecho, en señal de presentación tan típica de Sindhu. – Por cierto, es un placer conocerle. Me llamo-…-Pero la Duquesa no pudo terminar la frase, porque la brusca detención del carromato la mandó directa al suelo.

Si no se hubiera encontrado en esa posición hubiera podido sujetarse a un lado, pero al estar haciendo una especie de reverencia, con la cabeza gacha y las palmas juntas, el golpe la desestabilizó de inmediato y, sin posibilidad de reaccionar a tiempo, se chocó primero contra el sacerdote con fuerza, y después cayó de frente sobre la tierra. Los brazos y las rodillas sufrieron la mayoría del impacto, que tampoco fue tan grave porque primero se había dado contra el monje que, aunque no se pudiera decir que fuera blando, hacía reducido la potencia de la colisión. Una gran cantidad de polvo se levantó, cegando a Sissi por unos momentos y haciendo que tosiera. A su alrededor el caos era real: el ataque, no tan sorpresivo, de los emergidos había desatado el terror pese a saberse que su presencia estaba en las inmediaciones.

Ante la amenaza que suponía mantenerse en el suelo, Sissi se incorporó con rapidez. Pero para su horror, comprobó que la túnica que llevaba en la cabeza se había liberado de las pinzas que la mantenían sujeta y había desvelado, de forma obvia, que era una Manakete al sacerdote. De entre sus cabellos rosáceos emergían un par de orejas puntiagudas y llenas de pendientes. Salió una exclamación ahogada de sus labios y procedió a volver a cubrirse las orejas con la tela algo rasgada. Nadie más se podría haber dado cuenta con el bullicio de alrededor. O eso deseaba. Todo estaba pasando demasiado deprisa: el bailarín más joven, Juu, comenzaba a dictar órdenes a las enloquecidas masas. Algunos le hicieron caso, otros salieron corriendo sin apenas llevarse nada. Los animales, sin embargo, no hacían caso de sus dueños y querían alejarse de allí lo antes posible, lo que contribuía al alboroto y desorganización. No podía ver bien desde su lugar tras la comitiva, pero podía escuchar como el ataque se producía más adelante. Los chillidos grotescos de los emergidos se mezclaban con el horror de los comerciantes abatidos, y el sonido metálico del acero no hacía más que confirmar que una batalla se producía poco más allá o más bien una matanza, pues la Duquesa dudaba que simples comerciantes supieran defenderse del terrible ejército enemigo. Ellos también lo sabían, por lo que muchos huyeron de la escena.

La manakete fue a decirle algo al monje, quizás instarle a que no tuviera miedo de ella, como muchos otros antes de él, pero no le dio tiempo. El mercader que la había invitado a ir con la caravana corrió hacia Sissi desde no muy lejos. Sus ojos se salían de sus órbitas y tenía todos los lujosos ropajes llenos de tierra y desubicados. Su caballo había salido desbocado por el miedo, y el hombre, por alguna razón que solo tenía sentido en su cabeza, había ido a por Sissi antes de emprender la retirada: ¡Ven conmigo, preciosa!, ¡Hay que huir! Los Emergidos no se van a detener si los hombres de Jehanna no pueden con ellos. Hay que aprovechar que están entretenidos antes de que nos atrapen. Mejor que ellos acaben muertos que nosotros.

Sissi prestó parcialmente atención a sus palabras, más interesada por lo que tenía que decir el bailarín sobre las cajas que el comerciante. Aunque eso no quitó que no le gustaran ninguno de los comentarios de ambos. Era típico de los sureños el subestimar a las mujeres y a la gente como ella. Como si las personas amables, o de aspecto delicado, fueran estúpidas o ignorantes. Como si por el hecho de no haber nacido hombre necesitaba la protección de todos ellos. Frunció las finas cejas rosáceas y sus labios formaron una mueca que indicaba que no estaba conforme con nada de lo que habían dicho. – Lo siento, mi señor, pero debo quedarme a defender este lugar en la medida de lo posible. Si muero, que así sea, mi muerte será un solo acto; mientras que los cobardes mueren muchas veces antes de verdaderamente morir. Prefiero la primera opción. – Finalizó con honestidad y se giró hacia Hanzo, al que entregó su báculo y le sonrió un poco como tratando de transmitirle confianza. – Creo que nuestros roles se han invertido, estimado sacerdote. Por Naga, voy a protegerles, y a usted también.  – le prometió con tremenda seriedad y devoción en su rostro gentil. El mercader, rechazado, dolido y aterrorizado, se alejó tras una sarta de insultos dirigidos hacia Sissi y todos aquellos que se habían decidido por luchar.

Entonces, la Duquesa corrió junto a los bailarines que iban directos a la línea frontal y se puso al lado de Judal. Le miró fijamente con grandes ojos dorados, ningún titubeo en sus gestos. Tampoco había temor en su voz, sino una tremenda determinación cuando habló: Yo puedo cubriros a ambos. Seré más útil aquí que curando a gente cuando no soy una sanadora. – les dijo y una ceja se alzó apenas imperceptible. – En cambio, sé pelear y he matado a muchos emergidos antes. Además hay que proteger a los civiles. Si alguien no sabe pelear, será peligroso para ellos y para nosotros. – Aunque en el fondo sabía que, una vez se transformase, muchos de los que se habían decidido quedar allí se irían corriendo por el miedo al ver a una manakete transformada. Seguramente la confundirían con una dragona incluso si sus escamas eran doradas y no de un color clásico entre los habitantes de Goldoa. Miró al frente y añadió de forma simple: Los que deberían hacer un esfuerzo por no gritar van a ser los Emergidos. – y dicho esto, oteó el horizonte con la intención de saber en qué posición estaban los enemigos antes de transformarse. Además, necesitaba posicionarse en un lugar algo despoblado para no aplastar a alguien cuando adquiriera un tamaño mucho más grande que el actual. Y para eso, con toda seguridad, necesitaba alejarse un poco del bullicio de la caravana. A pesar de todos sus pensamientos, sus sentidos estaban alerta y su dragonstone, escondida, lista para emplearse en caso de que a ellos también les atacaran por sorpresa.
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Re: [Misión] Un grupo bastante disfuncional [Privado Judal, Suzu, Sissi y Hanzo]

Mensaje por Hanzo el Vie Dic 30, 2016 7:48 pm

Ellos seguían su camino, sin ningún problema por ahora. Pareciera que todo el barullo que había hace poco, no hubiera existido nunca por aquellas planicies vacías. Todo estaba pareciendo bastante ameno, exceptuando la conversación que tenía la pareja de bailarines entre ellos.  Hanzo trataba de ignorarla, aquellas palabras le daban a entender que ellos dos mantenían una relación más... "íntima". Hanzo no veía esto raro, ya que él mismo había llegado a sentirse infatuado por algunos hombres, pero sabía claramente que no era bien visto. Y menos que lo demostraran así, en público, sin importarles nada más que ellos dos.

Quizás lo que le incomodaba realmente era la capacidad de ellos dos de mantener el interés sin aburrirse el uno del otro, independientemente de que fueran dos hombres, dos mujeres, o mujer y hombre.

Sacudió esos pensamientos de su cabeza, tratando de mantener la misma expresión amena de siempre en su rostro. Por suerte, la dama le dirigió la palabra, asomándose un poco por el borde de la carreta. El monje le devolvió una mirada de reojo, neutral.

- No hay problema. Espero lo mismo, ya que no tengo rumbo fijo, aparte de llevar las cosas a la iglesia. -respondió, escueto.

No comentó lo que le contaba la mujer, sin embargo la miraba escuchándola atento para demostrar la misma amabilidad recibida. ¿Su familia "era"? No sabía si se refería con ello a que ya no vivían juntos allí, o que hubiera perdido a su familia. No supo tampoco cómo reaccionar, él lo más cercano que había tenido a una familia había sido el monje Takahiro, así que no sabía realmente cómo se sentía tener una.
Ella hizo una especie de reverencia para presentarse, la cual respondió Hanzo con un leve asentimiento de cabeza. No le dio tiempo a decir su nombre pues la carreta se detuvo violentamente, haciendo que la mujer resbalara por el borde y cayera al suelo, no sin antes chocar contra el monje.

Se oyeron gritos lejanos. Hanzo quedó desconcertado y empezó a temerse lo peor, mientras andaba asentado en el suelo, aunque el golpe con la mujer no le había provocado ningun daño, al ser liviana. ¿Qué había ocurrido para que de repente hubiera tanto revuelo? Los caballos andaban agitados, era lo que había provocado aquella detención. Los bailarines también se habían golpeado.
Hasta que los rumores llegaron por fin a ellos, los emergidos habían atacado a los de más adelante. Parecía que haber elegido aquella ruta no había sido la mejor decisión.

Mientras los demás discutían, Hanzo miró rápidamente a la mujer, para comprobar si se había lastimado en la caída. - ¿Está usted b...? - el monje enmudeció de ver aquello que no esperaba. El leve tintineo y brillo de los pendientes sólo hacía que aquellas orejas afiladas resaltaran más entre su cabello rosado. En los escasos segundos que duró esa visión, ya que ella se había dado cuenta tapándose con urgencia nuevamente, pudo saber al instante a qué raza pertenecían esas características largas orejas. El monje agachó su cabeza rápidamente en señal de admiración, casi como acto reflejo, sin pararse a pensar mucho sobre lo que acababa de ser testigo. Por un segundo la había confundido con su señora Naga, el dragón divino. Sabía que no era ella, pero estaba claro que la pelirrosa era una manakete. Una raza sagrada, de la que habían pocos en el mundo. Hanzo nunca se había topado con ninguno en toda su vida, y mucho menos esperaba encontrarse con uno fuera de su continente origen. Ahora las palabras de la mujer de que venía de Akaneia cobraban algo más de sentido.

Pero aquél milagroso momento sabía que no iba a durar mucho. El artista afeminado, Juu, que había caído también al suelo, ahora gritaba desde encima de una de las cajas de la carreta, dando órdenes a quien fuera, como si fuera el lider de todos aquellos mercaderes bulliciosos. Pero ciertamente, aquél era un joven valiente. Aquella situación se había vuelto demasiado extraña, casi que más que el alboroto del puerto, aquello era un caos y se necesitaba a alguien como él. Fuera o no un maleducado en lo personal.

El mercader baboso de hacía un rato se había acercado otra vez a la manakete, corriendo, pidiéndole que fuera con él. El monje sintió la necesidad de levantarse y ponerse frente a él con mirada seria. No sólo andaba mirando con malas intenciones a la pelirrosa desde hace rato sino que había mencionado algo que no le gustaba nada. Como era de esperar, era un mercader de los que sólo se preocupan de sus pertenencias y les da igual la muerte de los demás. Muertes que debía impedir Hanzo en cuanto fuera posible.

Antes de mencionar cualquier cosa, se acercaron también los bailarines, dándoles órdenes a él y a su compañera. Al parecer el pelinegro se había confundido, algo que era de esperar por las pintas de ambos. Hanzo no dijo nada en aquél momento, se dedicó a mirar a la mujer de reojo, esperando a ver cómo reaccionaban los demás. Ella le dedicó unas palabras primero al comerciante desesperado. Hanzo asintió, pensando que, en cualquier caso, él se dedicaría a proteger con su báculo a la sagrada manakete para que no cayera tampoco en batalla. Igual, sabía que ellos eran seres poderosos.

El monje recibió el báculo, mirándolo durante un par de segundos antes de devolver la mirada hacia la manakete, con respeto. - Así es. -asintió para que los bailarines supieran cuáles eran sus verdaderos roles. Aunque Suzu, el compañero del pelinegro, ya se hubiera ofrecido para cubrirle igualmente. El mercader ya se había ido enfurruñado. Era mejor que aquellos que no estuvieran preparados para luchar o que no quisieran proteger nada, se alejaran de todo el peligro.

- Por Naga. -repitió, antes de seguir el camino de la mujer, hacia el frente, para terminar juntándose con ella y los jóvenes artistas. - Haré lo que esté en mi mano. - Comentó, a pesar de que no tendría prisa si sufrían heridas que no eran muy graves. Realmente le preocupaban más los mercaderes a caballo que habían sufrido el ataque más adelante, así que se dejó guiar por ellos sin más.
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Re: [Misión] Un grupo bastante disfuncional [Privado Judal, Suzu, Sissi y Hanzo]

Mensaje por Narrador el Lun Ene 02, 2017 4:01 pm

La emboscada transforma ese camino en un campo de batalla, o al menos algo similar, ya que son pocos los que pueden y están dispuestos a combatir. De entre los mercaderes, sólo un par de jinetes de Jehanna protegiendo sus bienes más adelante.

Al quedarse en el sitio, el grupo también pasa a ser parte de este campo de batalla.

Inicia la MODALIDAD DE MAPA.
Modo de uso y reglas AQUÍ.



Los emergidos más cercanos no parecen haber notado su presencia, persiguiendo civiles y destruyendo carrozas por doquier.

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Re: [Misión] Un grupo bastante disfuncional [Privado Judal, Suzu, Sissi y Hanzo]

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