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[Social] Where No One Goes [Priv. Kurthnaga]

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[Social] Where No One Goes [Priv. Kurthnaga]

Mensaje por Sissi el Jue Oct 13, 2016 10:57 am

Entrar en Goldoa no había sido tarea fácil: la llegada por tierra y mar era imposible de efectuarse por lo peligroso de ambas situaciones y la falta de recursos de su grupo, pues no tenían ni barcos, ni la fuerza necesaria para atravesar las cuevas Kauku.  De no ser por la perseverancia de Sissi, y su gran empeño en visitar el país de los dragones, no hubieran encontrado una alternativa para entrar. Pero se dieron cuenta de que había otros medios de transporte, menos convencionales, que finalmente supusieron la mejor alternativa pues, ¿qué mejor manera de entrar en una nación de dragones que a lomos de un dragón? La respuesta estaba frente a sus ojos, en la forma de varios guardias laguz cuyas familias habían sido, alguna vez, ciudadanos de Goldoa pero que, por diferentes circunstancias, habían acabado viviendo en Sindhu y sirviendo a la Duquesa.

Con ella no irían más que dos soldados, mientras que el resto de los viajeros de Hatari que habían acompañado a Sissi se mantenían esperándola en Begnion, en la frontera con Goldoa. Esa decisión no les parecía bien a todos, que no consideraban que fuera seguro que su estimada señora se ausentara solo con dos guardias hacia un país aislacionista y que, aunque pacífico,  podría sentirse amenazado por la presencia de una Duquesa extranjera en sus tierras. Sin embargo, la manakete argumentó que la conmoción no se generaría si iba ella con un pequeño séquito, pero que si entraban todos, sin duda Goldoa se sentiría amenazada y les expulsarían del país por mucho que Sissi hubiera sido invitada por el Príncipe Kurthnaga. Establecido el plan, y el punto de encuentro una vez hubiera terminado la visita a Goldoa, uno de los guardias se transformó a su forma de dragón rojo. Su compañero y Sissi montaron en su lomo escamado, en donde acoplaron unas cuantas bolsas de viaje ligeras, y los tres partieron hacia el cielo.

Poco a poco, el suelo quedaba atrás. Sus amigos iban empequeñeciendo hasta que se convirtieron en apenas unos diminutos puntos negros que, después de un tiempo,  desaparecieron de su vista. Para evitar ser vistos, se alzaron sobre las nubes rojizas del atardecer, cuyos tonos rojizos y anaranjados camuflaban la presencia dracónica y la de sus jinetes, que se aferraban con fuerza para no caer. Durante el trayecto realizaron un par de paradas para descansar y beber algo de agua, siempre con cuidado de no ser vistos en su descenso y de hacerlo siempre entre los valles entre las escarpadas montañas, donde había menos probabilidades de encontrar emergidos que en zonas más llanas. Los soldados se turnaban entre ellos para transformarse y cargar con los otros dos porque, a pesar de la fuerza característica de los dragones rojos, su aguante no era infinito. Sissi, por el contrario, no tomó nunca su otra forma, que tantos problemas le daba y tan peligrosa le hacía. Esa era una de las razones por las que había decidido visitar Goldoa, pues la sabiduría de los dragones podía serle de ayuda para lograr aprender algo más de su afección.

Tenía tanta suerte de que el príncipe hubiera accedido a verla que aún no se creía que fuera a visitar Goldoa. El país era mucho más aislacionista de lo que Sindhu hubiera sido jamás, pues aunque el ducado aunque no se hubiera abierto a otras naciones, nunca había negado cobijo y hogar a los refugiados y viajeros que terminaban en Hatari. Goldoa, según había podido oír, no era así, los extranjeros en general no eran bienvenidos allí, por lo que el mero hecho de ser aceptada como una visita, por lo menos por el príncipe, suponía para la Duquesa una victoria y una oportunidad para conocer y descubrir una cultura tan diferente a la suya. Tenía curiosidad por la vida pacífica de los dragones, su modo de ver las cosas, sus leyes, sus conocimientos. Quería aprender, si le dejaban, lo máximo posible. Aunque no daba por hecho nada, pues no dejaba de ser una forastera en territorio retirado del mundo. Se conformaba con poder pisar el suelo y conocer a su alteza, el príncipe Kurthnaga, por el que sentía una gran simpatía por sus cartas amables. No deseaba, tampoco desearle ningún problema, por lo que su entrada a Goldoa se llevaría a cabo de la manera más sigilosa y discreta posible.

Cuando visualizaron la ciudad a lo lejos, la noche había caído sobre ellos. El cielo aparecía poblado de miles de estrellas, visibles a través de las nubes grises que de vez en cuando dejaban de empañaban su tenue resplandor. La luna había decidido no aparecer esa noche, por lo que lo único que guiaba al grupo eran las pequeñas antorchas que iluminaban las calles de la capital y que les servían como el faro a un puerto en calma. Contra el cuerpo cálido de su montura, Sissi no tenía frío, a pesar de que sus ropajes no eran los más gruesos que poseía. En su afán por pasar desapercibida entre las personas de Goldoa, había cambiado su vestuario a uno menos colorido y exótico. Portaba un vestido largo y blanco, con suaves atisbos de flores grisáceas que se percibían a través del fino forro exterior de seda. Tenía un lazo blanco a la cintura, que ajustaba la prenda, y las mangas abombadas se estrechaban en las muñecas pero dejaban los hombros y la clavícula al descubierto: coqueto, simple, y bonito. Era el estilo de Sissi pero se alejaba del modo clásico de vestir de Sindhu. El único adorno que portaba era un collar de cuentas de oro, del que Sissi nunca se separaba pues había sido el regalo de pedida de su padre a su madre, pero aparte de eso, nada rompía la estética minimalista de su vestido.

Se servía, además, de una capa azul clarito de abrigo, cuya tela suave y aterciopelada la protegía del ambiente frío de las montañas que crecía por la noche. La capucha también le ayudaba a ocultar su cabello rosa, que tan exótico le parecía a mucha gente, y a esconder sus rasgos faciales que la podían delatar como una extranjera. La oscuridad y la falta del gran astro nocturno estaban de su lado para salvaguardar su identidad y su entrada furtiva a la ciudad, a la que accedieron en silencio y sobrevolando las altas murallas, sin más peligro que la ansiedad de ser descubiertos. Aterrizaron con cuidado en una de las calles que menos luz tenían, y ahí su guardia retomó su otro aspecto. Tras unos minutos en los que recuperaron el aliento y ajustaban las pocas pertenencias que cargaban, se encaminaron al palacio real. Caminaron rápido y en las sombras, y evitaron los lugares más abiertos a pesar de que en ningún momento vieron a gente por las calles, cosa bastante normal teniendo en cuenta que era noche cerrada y muchos habrían ido a dormir ya.

En poco tiempo llegaron al palacio real, custodiado por varios guardias que se les quedaron mirando con cierto recelo. Sissi había enviado una paloma blanca al príncipe hacía unos días, en donde le había avisado que, con toda seguridad, llegarían a la capital de noche, por lo que supuso que los guardaespaldas de Kurthnaga estarían al tanto, como bien le había indicado el propio príncipe en su última misiva.  El grupo avanzó, la duquesa primero y sus soldados después, hasta quedar apenas a un metro de los vigilantes, a los que mostraron el sello de la Casa Real de Goldoa en una de las cartas. Sissi habló con voz suave y gentil: Soy Sissi, he sido invitada a  una audiencia con su alteza, el Príncipe Kurthnaga.

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Re: [Social] Where No One Goes [Priv. Kurthnaga]

Mensaje por Kurthnaga el Lun Oct 17, 2016 6:19 am

Había estado intercambiando correspondencia con la duquesa de Sindhu, que por la poca información que tenía era un ducado situado en Hatari cuya duquesa era una manakete. Kurthnaga no podía evitar sentir curiosidad por todo lo que no conocía y, además, ella le había dado una buena impresión a pesar que no sabía mucho más que lo que había plasmado con letras en sus cartas pero sentía que su forma de pensar no era muy alejada a la que tenía él mismo. En sus cartas habían acordado de encontrarse en Goldoa y el príncipe no podía evitar sentir algo de miedo por aquella decisión, en realidad quería pensar que algún día su país pudiera estrechar lazos diplomáticos con otras naciones laguz pero era solo una idea muy contradictoria con la política de su padre. Todavía no entendía como el Rey había admitido que formasen parte de la Alianza Laguz... aunque a día de hoy todos ellos continuasen peleando insistentemente contra los emergidos, pero en cambio, Goldoa había experimentado un leve cambio y si antes las murallas sufrían continuamente graves daños por retener a los emergidos, ahora poco a poco se iba notando el hecho que las batallas y la presencia de aquellos enemigos iba disminuyendo.

La cuestión era, que sabía que invitar a extranjeros en el país era un hecho que incluso siendo el hijo menor del Rey podía causarle grandes problemas. Kurthnaga no pensaba que su padre fuera tan estúpido como para ignorar todo lo que él estaba haciendo, sino que a pesar de sus grandes diferencias y todo lo que no sabía de su padre y que le impulsaba a creer fuertemente en sus valores; realmente le respetaba. Sabía que el Rey Dhegisnea sabía que él había estado fuera, incluso si Kurthnaga tenía apoyo dentro de palacio era algo que no podía pasar desapercibido durante tanto tiempo, pero padre e hijo nunca habían hablado sobre ello y gracias a la Diosa que nunca habían hablado de ello; no estaba preparado para admitir en voz alta sus pensamientos honestos sobre que los tiempos estaban cambiando. Pero incluso si estaban cambiando, tenía que admitir que las ideas de su padre no eran tan equivocadas... su patria seguía bien y el valor principal de su país, la tranquilidad, no se había roto por completo durante todo ese tiempo.

Por suerte, unos días atrás había recibido nuevas noticias a través de una paloma mensajera y sabía que la duquesa llegaría al país en los próximos días y lo haría de noche, eso reduciría las probabilidades de que se topase con el Rey en palacio pero al mismo tiempo, Kurthnaga no era una ave nocturna porque debido a que sus principales responsabilidades estaban relacionadas con el papeleo y la lectura, se había acostumbrado a emplear la luz natural que el día le proporcionaba y no forzar la vista con velas que iluminaban la habitación con diferentes tonos pero la ocasión requería que esta vez modificase su rutina. También había avisado a su guardaespaldas y a sus subordinados más fieles de la llegada de la duquesa, así que confiaba que si se dormía, ellos podrían despertarle pero prefería que la situación no le tomase con la guardia baja: no quería dar la impresión de que era de lo más despistado.

Pero sus peores ideas no se hicieron realidad, porque cuando escuchó unos nudillos golpear la puerta de su habitación, el dragón negro se encontraba sumido en una lectura sobre notas de viaje que habían sido tomadas por un manakete; unas notas que se le habían confiado a Kurthnaga para su custodia. Dejó aquellas notas sobre una de las mesillas y se calzó sus botas de tacón para coger la vela que iluminaba la habitación y abrir la puerta, siendo informado de que había llegado la visita que estaba esperando los últimos días por. - ¿Tienes noticia de si el Rey se ha retirado a su alcoba? - Su subordinado simplemente asintió, tras añadir que hacía un buen rato que ya no se encontraba en la sala principal. Kurthnaga iba descartando mentalmente lugares donde podía llevar a la duquesa, porque por ejemplo si iban al patio interior, gran numero de las cristaleras enfocaban esa localidad.

Así que como la gran mayoría del tiempo, el único lugar en el que podía pensar era la biblioteca, una vez se había decidido un poco, su subordinado sujetó la vela por él mientras le dirigía donde su guardaespaldas aguardaba con la duquesa. Mentiría si no admitía que estaba nervioso, la gran mayoría de monarcas de la Alianza los conocía porque desde que era un mocoso había estado detrás de la figura de su padre en las reuniones en el foro de los antiguos, no podía recordar cuando era la primera vez que les había visto porque su memoria no alcanzaba a mostrarle un recuerdo en concreto. Esta vez era diferente, ¿Y si no daba una buena primera impresión? ¿O no empleaba las palabras correctas? Respiró hondo después de esos pensamientos, de acuerdo, tenía que tranquilizarse. Una vez en la entrada y cuando su subordinado le indicó que se trataba de aquella persona y sus acompañantes, Kurthnaga antes de decir nada y presentarse, le dedicó una pequeña reverencia. -Bienvenidos a Goldoa, soy el príncipe Kurthnaga. Espero que no hayan tenido muchas complicaciones durante el viaje. - Aunque de forma sincera, no quería saber la forma en la que habían entrado en el país porque sus formas de acceso eran... bastante precarias, por decirlo de alguna forma.

-Si son tan amables, estaremos más cómodos en la biblioteca para mantener una conversación en lugar de estar en la entrada a estas horas. - Los guardias reales solo asintieron con aquella nueva información y pusieron rumbo a aquella habitación, con la intención de que los otros siguieran sus pasos. Y una vez en la gran biblioteca a oscuras, con una larga antorcha que portaban fueron encendiendo las velas que se encontraban en las paredes una por una para formar un ambiente no tan tenebroso.
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Re: [Social] Where No One Goes [Priv. Kurthnaga]

Mensaje por Sissi el Vie Oct 28, 2016 7:50 am

El príncipe Kurthnaga no era lo que Sissi esperaba. Quizás estaba demasiado acostumbrada a Rhett, su gran amigo y comandante de su ejército, como una figura de mando, pero lo cierto era que se imaginaba al príncipe dragón de forma diferente. Por supuesto, que su percepción hubiera sido errónea no hacía más que aumentar su curiosidad.  La juventud que el otro poseía no desmerecía que fuera a ser un líder capaz. Sissi conocía, mejor que nadie, que la edad apenas decía nada sobre la habilidad de una persona para afrontar los problemas del mundo. Ella, a sus 800 años de edad, solo sabía que no sabía nada, y que la mayoría del tiempo no estaba segura de lo que hacía o lo que estaba por venir. A veces salía bien, a veces salía mal: así era la vida. Lo único que sí que podía afirmar con certeza, era que si nunca nadie confiaba en ti, nunca se podrías lograr mejorar y aprender. Para Sissi la edad no era más que un parámetro que medía los años de vida, no las competencias o la madurez, y por eso trataba de dar la oportunidad de brillar a la gente joven como Yrumir.

El aprendizaje más efectivo era mediante el enfrentamiento a situaciones nuevas, más complicadas, que retaban lo vivido hasta entonces. Por ejemplo, Sissi no se hubiera creído capaz de entrar en un país extranjero a escondidas, pero lo había logrado con relativa facilidad gracias a la ayuda de sus fieles soldados. Lo cierto era que la Duquesa era muy honesta, muy directa. Si bien su educación y amabilidad hacían que sus palabras fueran rebajadas en dureza, la verdad siempre salía de sus labios, y sus acciones solían ser lo más transparentes posible, pues así es como se había criado y tal era su naturaleza. Sin embargo, le había prometido al príncipe que llegaría a Goldoa sin llamar la atención y sin revelar que era una duquesa. Si bien era una parte importante de su identidad, Sissi era ante todo Sissi. Su título no la definía, sino que la complementaba, así que eso no faltaba a su íntegra moralidad. Si algo sentía la manakete en ese momento, no se trataba de algo negativo por haber accedido a Goldoa sin permiso del Rey, sino todo lo contrario: había emoción en su corazón por que se le permitía visitar la nación de la que provenían tantos amigos suyos, y que tan impenetrable parecía a ojos extranjeros.

Por esa oportunidad, que tal maravillosa le parecía, Sissi haría lo posible por ser discreta y no llenar al Príncipe con más preocupaciones de las que ya debía tener. Se limitó a sonreírle con amabilidad y a murmurar “El viaje ha estado bien, Su Alteza, muchas gracias.” La capucha azul clarito seguía cubriendo su largo cabello rosado, pero al alzar el rostro hacia la luz pudo verse sus rasgos con claridad. Observó al dragón con una mirada interesada, sus ojos áureos brillantes, pero no hizo ningún comentario más. Se limitó a seguir sus pasos hacia donde él considerase que podía llevarse a cabo la reunión. Sus pies apenas hacían ruido contra la piedra del pasillo, tan suave era su caminar. Le hubiera gustado poder absorber con la mirada más detalles de su alrededor, pero la oscuridad mantenía los objetos en las sombras hasta que una pequeña ráfaga de luz los iluminaba durante unos segundos, insuficientes para que Sissi pudiera distinguir sus particularidades.

La manakete nunca se había sentido cómoda en la oscuridad, pero esa incomodidad se había transformado en terror después de estar cien años dormida, con la mente despierta pero los ojos cerrados. Si algo asociaba al color negro no era la protección que ofrecía su tupido abrigo, sino la soledad y el dolor del olvido, de la incapacidad de vivir junto al resto de sus seres queridos. Inconscientemente, Sissi se pegaba a las entradas, a las zonas en las que más luz había. Ni siquiera se daba cuenta de que actuaba de esa manera, que tan natural se le hacía. Sonrió un poco cuando sintió dónde estaban entrando. Los lugares como las bibliotecas, los archivos, y los museos, tenían algo que no existía en ninguna otra clase de sitio: un sentimiento que se encontraba entre la materialidad y lo místico, que hacía al visitante guardar silencio al entrar. Casi con respeto al conocimiento que se guardaba entre sus paredes.

Agradeció mentalmente que, una vez en el interior y con el portón cerrado, mayor brillo se le confiriera a la estancia. Si bien era tenue, era lo suficientemente resplandeciente como para alejar los demonios que la manakete llevaba siempre consigo. Más segura de su entorno, y con un suave, casi imperceptible, suspiro de alivio, Sissi descubrió su cabeza y dejó a la vista su colorido cabello de entre los que emergían dos orejas puntiagudas decoradas con pendientes y aros de oro. Una sonrisa amable adoraba sus labios, y sus mejillas volvían a colorarse con un rubor rojizo, que había perdido durante su trayecto en las tinieblas. Cuando Kurthnaga le dirigió su atención de nuevo, la duquesa juntó ambas manos en posición de rezo e hizo una suave reverencia hacia delante. – No puedo agradecerle con la suficiencia adecuada que me haya podido recibir en su propia casa. Es un honor estar aquí. Por favor, perdone mi propio egoísmo al querer visitar Goldoa a pesar de que pueda ser un problema para usted. Sindhu le da las gracias por esta oportunidad tan grande. – le dijo con voz gentil antes de alzarse y sonreírle.- Muchos de mis amigos se morirán de envidia cuando les diga que he estado dentro de su biblioteca. No puedo esperar a contárselo.- Entrecerró los ojos, su mirada divertida, como quién comparte un secreto.
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Re: [Social] Where No One Goes [Priv. Kurthnaga]

Mensaje por Kurthnaga el Lun Oct 31, 2016 4:46 pm

El primer pensamiento que a Kurthnaga se le vino a la mente al ver la silueta de la Duquesa de Sindhu es que le recordaba en algún aspecto a Ena, la prometida de su hermano mayor, pero quizás era solamente por aquellos mechones de pelo rosado asomando por debajo de aquella capucha azulada. Aunque probablemente no tendrían más en común que el color de pelo y aquella idea se daba más bien a que echaba de menos a sus hermanos mayores que hacían décadas que habían dejado Goldoa atrás, pero tenía que dejar atrás aquellos pensamientos que estaban un poco fuera de lugar allí, no era momento para ponerse triste pensando en la comunicación que había perdido con su familia con el transcurso del tiempo.

Las palabras de que el viaje les había ido bien parecían un poco encajadas en una situación para que todo pareciese que estaba bien pero Kurthnaga no quería preguntar más al respeto, podría simbolizar una falta de confianza que no era lo mejor cuando se conocía personalmente a alguien con la que solo se había carteado; era probable que el dragón negro pudiera llegar a meter la pata por los nervios que conllevaba conocer a alguien nuevo así que trataría de no añadir más factores negativos a lo largo de su conversación que pudieran malinterpretarse por su parte.

Cuando avanzaron por el pasillo se percató de como la duquesa iba buscando los grandes ventanales los cuales proyectaban algo de claridad por la luna y el cielo del exterior, pero que no dejaban de entremezclarse con las sombras que los propios muros del palacio proyectaban. Se preguntaba si realmente tenía algún tipo de interés sobre que las vistas que podría proporcionarle el exterior, porque Kurthnaga era consciente de que el Palacio no era nada destacable, es decir, era lógico que el palacio en comparación a las tradicionales casas de los dragones era algo vistoso pero al dragón negro no le parecía diferente a los palacios o mansiones que había visto en sus viajes: grandes estructuras levantadas piedra a piedra que tenían un aspecto robusto a la par que espectacular.

Una vez en la biblioteca, después de que sus subordinados encendieran una a una las antorchas que se encontraban clavadas en las paredes y una vez que ya no había ninguna más por encender y que la llama de cada una fusionándose entre ellas, provocase la luz suficiente como para iluminar la gran sala, aun no siendo del todo recomendable leer con aquella luz cuya tenuidad era menguante. Una vez que los dragones cumplieron con su función, el príncipe les pidió que volvieran a sus puestos de vigilancia correspondientes porque seguramente se quedarían allí por un rato conversando y estaba todo controlado, junto a aquella petición no pudo evitar esbozar una sonrisa y dedicarles una leve reverencia por su trabajo y ayudarle con sus invitados. Después volvió a acercarse a los susodichos. - Oh, no tiene tanta importancia. Es un placer acogerlos en mi patria, lamento que la situación política no sea la más adecuada y haberles pedido que vinieran en tan extrañas circunstancias. Sin embargo les han preparado unos aposentos para que puedan descansar de tal viaje. - Después de quitarle importancia al hecho de arreglar aquel puzzle para evitar toparse con su padre, Kurthnaga se dirigió a una de las mesas que se encontraban en la zona más céntrica de la sala e hizo un gesto con la cabeza para que por favor, le siguieran.

No solamente pensaba que estarían más cómodos sentados allí, sino que tenía que admitir que estaba un poco cansado y estar en pie no le ayudaba precisamente. Esperó a sentarse después de que sus invitados se acercasen y tomasen asiento primero por educación. - Nuestra biblioteca es solo una recopilación de viejos tomos del continente, me atrevo a decir que no es tan emocionante en la realidad, aunque he pasado bastantes décadas aquí así que quizás mi punto de vista es muy particular... - Luego agachó un poco la cabeza, añadiendo unos instantes de pausa en su dialogo. - Aprovecho para disculparme de antemano por si digo algo fuera de lugar, me temo que conozco a la mayoría de nobles de la Alianza Laguz desde que era un chiquillo porque Goldoa es el punto de reunión, así que tengo que admitir que me siento algo nervioso por esta nueva situación.
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Re: [Social] Where No One Goes [Priv. Kurthnaga]

Mensaje por Sissi el Sáb Nov 19, 2016 6:18 pm

Sissi procedió como le sugería el joven príncipe, y se sentó en el asiento que le había sido ofrecido con elegancia y suavidad. Cuando vio que los propios guardias de Kurthnaga se ausentaban, ella hizo lo propio con los suyos. Les indicó que fueran a descansar, pues les notaba extremadamente exhaustos después del viaje, en el que ellos habían hecho de montura para los demás. Si bien no se sentían del todo cómodos dejando a su adorada Duquesa en una habitación sola con un desconocido, no deseaban dejar en mal lugar la autoridad de Sissi. Con una reverencia se disculparon y salieron tras los demás guardias, a los que preguntarían cuales eran sus aposentos.

Las palabras de Kurthnaga, tan sinceras, hicieron que la manakete se sorprendiera un poco. Parpadeó un par de veces, pero después le sonrió de forma abierta y honesta. – Realmente no sabría decirle cuando está fuera de lugar, según sus costumbres, me refiero. Visitar Goldoa ha sido mi primer viaje al extranjero, y usted el primer noble que he conocido fuera de Hatari. – comenzó a explicarle. – Hasta ahora, mi único contacto real con un miembro de alguna realeza laguz fue la Reina Nailah de Hatari, que se haya ahora en paradero desconocido, y ninguno de los soldados de Sindhu parece poder encontrarla. – su voz adquirió un tono de pesadumbre, pues la caída del régimen en la nación desértica había sido un duro golpe no solo para las manadas de lobos, sino para su propio ducado también.

Tras suspirar un poco, y aclararse la voz, continuó de forma amable: Hatari ha sido un país bastante neutral con sus vecinos: ni ha formado alianzas de renombre con los países beorcs, ni ha pertenecido nunca a la Alianza Laguz, a pesar de que la clase gobernante eran Lobos. Añadido al hecho de que Sindhu ha estado aislado del mundo exterior por voluntad propia, nunca he tenido la oportunidad de conocer a miembros de otras realezas, como lo ha hecho usted. Soy una completa extraña para todos, al igual que todos son extraños para mi. – sus labios se curvaron en una tranquila sonrisa.- Pero eso está bien. Sabía a lo que me enfrentaría cuando decidí abrir Sindhu al mundo. Bueno, aunque más que saber, sería más correcto decir que creía saber a lo que me enfrentaba. La realidad, como siempre, ha sido más brutal de lo que hubiera imaginado.

Dicho eso, Sissi miró a sus manos enlazadas sobre su regazo. Las luces de la estancia iluminaban su rostro pensativo con un fulgor anaranjado, que resaltaba el brillo de sus ojos dorados. Guardó silencio unos instantes, como si estuviera reconstruyendo las ideas que quería expresar, y después continuó con algo más de pausa: No todos reaccionan bien ante un nuevo jugador en el tablero internacional. Pero el rechazo es peor cuando ese alguien es diferente a ellos. – Alzó la mirada y se señaló a sí misma con el dedo índice de su diestra.- En Tellius no podría ser más distinta a los demás. Para empezar soy una Manakete, raza casi extinta en Akaneia pero prácticamente inexistente aquí, salvo por algunas coincidencias extraordinarias, me atrevería a añadir, – sonrió con cierto brillo en los ojos al recordar cómo se había encontrado con su adoptado hermano Kija en medio del desierto, pero al segundo volvió a adoptar una postura más formal y seria.

– Además, Sindhu representa algo impensable para el mundo: la convivencia entre personas de toda clase, de toda religión, de toda raza. No podemos declararnos ni beorcs, ni laguz al 100%. Buscamos la paz con todas las naciones, pero tal parece que eso no es suficiente para la mayoría del mundo. No. El odio une más que el deseo de ayudarse mutuamente. Y la verdad es que, eso era algo que no esperaba que sucediera. – alzó un poco las cejas y después suspiró con pesadez. Su mirada áurea se paseó por las largas columnas de libros, repletas de conocimientos olvidados a la espera de ser aprendidos de nuevo. Kurthnaga le había dicho que no era nada especial, pero para ella era todo lo contrario: un interesante misterio. Si se le permitiera, le gustaría poder leer alguna bibliografía selecta del continente, en especial de sus vecinos más grandes y poderosos: Daein y Begnion. Aunque lo más posible es que la mayoría de los libros se especializaran en los países que pertenecían a la Alianza Laguz.

- Por eso, de verdad que me alegró leer que podía venir a Goldoa. Ya se lo dije en mis cartas, pero otros no fueron solo desagradables, sino que me insultaron y amenazaron. Usted fue todo lo contrario, y supe desde que leí sus palabras que tenía que conocerle en persona. – explicó con tremenda convicción, sus palabras cargadas de honestidad. Le hubiera tomado de las manos si no lo hubiera juzgado como muy inapropiado, pues apenas le conocía y no quería ponerle aún más nervioso de lo que parecía estar. - Déjeme decirle que por ahora no encuentro nada fuera de lugar, o que pueda considerarse ofensivo o maleducado en su trato para conmigo. Al contrario: es un príncipe muy amable. Lamento si, por mi parte, le estoy creando alguna clase de incomodidad. Por favor, estoy aquí para aprender, no dude en guiarme si mi comportamiento no es juzgado de correcto. – terminó por decir, algo más calmada, pero con la misma vehemencia y seriedad en su rostro gentil.
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Re: [Social] Where No One Goes [Priv. Kurthnaga]

Mensaje por Kurthnaga el Mar Nov 29, 2016 9:06 am

Kurthnaga intentó respirar hondo y tranquilizarse un poco mientras los subordinados de ambos se retiraban para descansar, no pensaba que aquella situación le aportaría tantos nervios, pero quizás en la realidad todavía era pronto como para intentar abrirse al exterior con otras comunidades, aunque fuera con un pequeño paso como Kurthnaga y no como príncipe de Goldoa. Meses atrás el dragón negro tenía un montón de ideas en mente que quería cumplir, sueños de en un futuro quizás impulsar a su país a algo más, sin embargo... El tiempo había pasado con las políticas que tenían instauradas en un milenio atrás y habían conseguido que las cosas continuasen funcionando bien, que su comunidad no hubiera sido arrasada por los emergidos sino que se mantuvieran en pie, impasibles de lo que sucediera en el exterior. Ahora se percataba de que era joven y que pensaba que tenía que hacer grandes cosas para conseguir grandes resultados, y lo único que había conseguido era acabar cegado por el poder que ellos tenían entre sus manos. Probablemente era cierto que lo mejor era continuar tranquilos y no perder la calma, continuar con las mismas reglas que habían seguido siempre; no era como si seres milenarios pudieran cambiar de un día para otro.

Pero era su turno para cambiar un poco, adquirir nuevos conocimientos de puntos de vista de ciudadanos de otras zonas de Tellius, porque como había leído en algunas ocasiones; “en la diferencia reside el poder. - No se preocupe por ello, no soy un miembro longevo de esta sociedad por lo que no tengo exactamente las mismas costumbres que mis mayores. Además en las reuniones de la Alianza me he dedicado a ocultarme bajo la sombra de mi padre, así que exceptuando en algunos casos tampoco he tenido demasiado relación con los otros nobles. - Aunque le sorprendió conocer que la reina Nailah se encontraba desaparecida, porque aunque él no hubiera tenido nunca la oportunidad de conocerla por la escasa relación entre la Alianza y Hatari, que una reina desapareciese de su país solo podía indicar una muy mala señal, porque además, la mayoría de reyes laguz se elegían por su fuerza o rasgos importantes, en muy pocos casos como el suyo propio era por una monarquía de sucesión. - Perdone mi descarada pregunta, ¿tan mala es la situación en Hatari? Como para que la reina haya desaparecido, me refiero.

Aunque Goldoa no era un país que en ese sentido fuera mucho mejor, porque aunque la figura del rey Dhegisnea siempre estuviera allí, tanto el príncipe sucesor como la princesa habían desaparecido... y nunca habían recibido más noticias de ellos, que Kurthnaga hubiese llegado a escuchar. Pero suponía que siempre que hubiera la figura de un dragón negro en Goldoa; estaría bien. - No crea que Goldoa fue muy diferente a lo que idea que me ha comentado del ducado de Sindhu anteriormente; la Alianza Laguz fue algo puramente diplomático, tengo que admitir. Un recurso para los tiempos de extrema necesidad pero Goldoa nunca ha sentido la necesidad de abrir sus fronteras, supongo que incluso hasta este punto en cierto sentido todo siga siendo igual. -  No conocía a la duquesa Sissi más que de las cartas que se habían intercambiado además de las pocas palabras desde que había llegado, pero Kurthnaga no podía evitar sentir un poco de admiración por aquella manakete porque había tomado un gran paso. Paso que Kurthnaga a veces había soñado con adoptar, pero poco a poco se había percatado que las cosas estaban bien en Goldoa y para él, lo más importante era que su gente estuviera bien.

Con detenimiento, escuchaba las experiencias de Sissi porque le parecían de gran valor si dentro de algunos siglos él decidía tomar parte de alguna decisión importante, porque todavía no era su momento para tener voz ni voto en su país pero estaba bien con ello; porque había demasiadas cosas que Kurthnaga tenía que aprender todavía para tener sus ideas bien aposentadas. -  Me gustaría apoyarle con la idea de que todas las razas deberían poder convivir, sin embargo hay mucho odio en mi país. Seremos, probablemente, el país con la media de edad más alta de Tellius y eso hace que todo el resentimiento que existía cuando ni Goldoa ni el resto de países fueron formados todavía exista como una llama en muchos de nosotros. No es algo de lo que me enorgullezca, pero entiendo que sea así porque demasiados actos atroces fueron cometidos y al menos, en nuestro caso, tendrá que pasar mucho tiempo para curar esas heridas. - Quizás por ese motivo el resto de laguz no tuvieran que sufrir el aislacionismo de Goldoa, porque las medidas fronterizas eran severas tanto en el caso de beorc como de laguz, exceptuando casos muy puntuales como era la raza de las garzas... pero suponía que su padre no tenía el corazón de hielo como para girar la cabeza ante esa situación. Suponía que también habían sido más benevolentes en el caso de la Alianza Laguz aunque no fuera demasiado funcional por el mismo fundamento, pero Kurthnaga realmente soñaba que las naciones laguz pudieran llegar a un pacto entre todas para una buena convivencia pero sus diferencias de ideas no dejaban de ser un gran impedimento.

-Oh, me alegro escuchar eso y permite que me disculpe una vez más por todo el secretismo, nuestro aislacionismo es demasiado fuerte. - Aunque era consciente que en muchas ocasiones su padre estaba girando la vista ante los actos de Kurthanga, porque llegaba un punto que era demasiado evidente que Dhegisnea no lo supiese pero el joven príncipe todavía no estaba preparado para tener una conversa con su padre, así que simplemente trataría de evitar el tema. - Ah, no, no. No se preocupe, puede actuar como usted considere... No tiene que llevar ninguna pauta de comportamiento, no estoy acostumbrado a que los otros monarcas laguz lo hagan, principalmente. Por mi parte lamento si algunas de mis posturas son muy extremadas, viajar en los últimos meses me ha dado la oportunidad de asentar mis ideas y tengo que admitir que ahora son bastante similares a las de mi padre.
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Re: [Social] Where No One Goes [Priv. Kurthnaga]

Mensaje por Sissi el Vie Dic 09, 2016 4:50 pm

- Conozco lo que es el odio, Príncipe Kurthnaga.comenzó a decirle, su voz amable a pesar de que hablaba de algo muy doloroso. – Fue el odio lo que hizo migrar a mi familia de Akaneia hacia otros lugares. En el proceso, se encontraron con gente igual que ellos: personas que habían huido, supervivientes de la esclavitud sin un hogar al que regresar y parias que habían sido desterrados por ser diferentes al resto. ¿Por qué cree que Sindhu está tan al norte, tan lejos de todo? – le preguntó de forma retórica.- Porque cuando los demás países solo nos ofrecían la muerte, el desierto nos dio un hogar. Imagine la desesperación que debían de sentir esas familias para aceptar vivir en el Desierto de la Muerte. Y puede que le resulte extraño de creer, pero la perseverancia y la esperanza son capaces de lograr lo imposible. De tierras inhóspitas logramos hacer florecer una auténtica civilización. – una suave sonrisa asomó a sus labios.- Por supuesto que hubo problemas, porque estábamos dando forma física a una idea que nunca antes se había implementado: la convivencia de todas las razas. Pero al final, todos esos quebraderos de cabeza merecieron la pena.

Sissi suspiró e hizo una pequeña pausa mientras ordenaba sus pensamientos.- Vivíamos muy bien en Sindhu. No teníamos mayores preocupaciones que las riñas entre profesores, los pormenores del clima, y la extraña llegada de algún viajero perdido. Durante 700 años crecimos y creamos una sociedad próspera, sin necesidad de mirar al resto del mundo porque con nosotros mismos nos bastábamos. Entonces llegó la época de los descubrimientos, y mientras el resto de los continentes se dedicaban a conocerse entre ellos, nosotros volvimos a descubrir el odio. Esta vez, el odio de unas personas hacia lo que nosotros representábamos me hirió tanto que tuve que estar cien años dormida para sanar mis heridas. Este odio asesinó a mi padre y cambió a mi madre, dulce por naturaleza, a una mujer fría que nunca más quiso dar una oportunidad al mundo exterior. – un escalofrío la recorrió por entero, y se arrebujó un poco en su capa azul cielo, tratando de mitigar el hielo que hacía que su piel se pusiera de punta. Conversar sobre una experiencia tan traumática no era sencillo, y aunque la Duquesa no había flaqueado o titubeado en sus frases, lo cierto era que el dolor aún no había desaparecido. Las cicatrices de ese encuentro aún estaban en su piel, como un terrible recordatorio del que jamás se podría olvidar.

- Seguramente, de no ser por la llegada de los Emergidos, Sindhu nunca hubiera dado este paso de abrirnos al mundo. Pero hay veces que hay que tomar decisiones como esa para poder sobrevivir. El mundo ha cambiado, y si Sindhu no hubiera logrado crear alianzas y encontrar amigos en otras partes del mundo, dudo mucho que ahora pudiera estar aquí sentada. Así que está bien si Goldoa no está preparada para ello. Hay un momento y una edad para cada cosa, y si ha de suceder, sucederá. Quizás, si en Hatari lideramos con nuestro ejemplo, se puedan cambiar las cosas, aunque aún es difícil de decir. – Sissi habló con tremenda honestidad. No estaba en su naturaleza o en su educación el mentir o en disfrazar la verdad. Todo lo que había dicho, cada palabra que saliera de sus labios, era la realidad tal y como ella la había vivido. Su rostro, asimismo, representaba cada emoción que sentía. Si era un buen recuerdo o algo en lo que creía, sus mejillas se sonrojaban y sus ojos se iluminaban; si, por el contrario, su corazón sufría, sus cejas se fruncían y sus labios dejaban de sonreír.

- Antes me ha preguntado sobre la situación de Hatari, - carraspeó un poco y se apartó un mechón rosáceo que había tapado su visión. Lo colocó con cuidado tras una de sus orejas puntiagudas y llenas de pendientes antes de continuar: no es algo que pretendamos esconder, y mucho menos con aquellos que puedan ser amigos nuestros. Hatari no tiene gobierno ahora mismo, porque las manadas de lobos han sido masacradas y solo han podido sobrevivir aquellos a los que hemos dado cobijo. No encontramos a nuestra reina. Ahora mismo es una de nuestras prioridades, pero allá donde vamos es imposible hallarla. Rezo a mi Señora Naga para que se encuentre a salvo y halla logrado huir a algún lugar seguro. Por ahora, Sindhu ejerce de protector de Hatari de los Emergidos y trata de evitar que nos invada algún territorio como Begnion o Daein, lugares que podrían interesarse en adquirir Hatari para sí mismos. Pero es tan complicado formar alianzas con esos dos países. – suspiró de forma sonora y puso una mano sobre su frente, como si estuviera muy cansada del tema.

- Imagine: en un lado me llamaron “anciana inmadura”, y en el otro me mandaron dinero para comprarme tierra para comer, ¡Increíble! – exclamó como si fuera lo más extraño que le hubiera pasado en la vida, algo casi inaudito. – Solo intentaba ser amable y crear relaciones cordiales con nuestros vecinos. Pero es que es imposible hablar con ellos. Son como bebés con los que no se puede dialogar. Dígame, ¿son así la mayoría de los sureños? A lo mejor es que pido demasiado, pero el ser educado y amable no cuesta tanto, creo yo. – alzó un poco las cejas y se echó atrás en su asiento, exasperada porque no entendía a las personas del sur en su totalidad. – Puede que Sindhu ya no pueda ofrecer lo mismo que antaño, por culpa de los Emergidos. Lo que fuimos ahora está roto de forma irreparable, y no creo que pueda ser recuperado tal y como era, pero con las herramientas adecuadas, el poder necesario, y la fuerza apropiada, podemos crear algo que sea incluso mejor de lo que tuvimos: algo extraordinario. Y eso es lo que nos gustaría crear con el resto del mundo. Pero, ¿tanto cuesta creer que hay gente con buenas intenciones? – le preguntó, de verdad curiosa e interesada por lo que tuviera que decirle sobre los países vecinos y su forma de pensar y actuar. Quizás Kurthnaga pudiera hacerle comprender ese modo de actuación que iba tan en contra de sus ideales y el honor que profesaban en Sindhu.
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Re: [Social] Where No One Goes [Priv. Kurthnaga]

Mensaje por Kurthnaga el Dom Ene 29, 2017 5:16 pm

No podía evitar sentirse un poco alejado de todas aquellas cosas que le explicaba, no porque no supiera del odio racial que existía en el mundo hasta el punto de empujar a los distintos países; Kurthnaga no había vivido aquellas cosas personalmente porque el aislacionismo de Goldoa precisamente buscaba que sus ciudadanos gozaran de una vida en la que no tuvieran que preocuparse por el odio del exterior, pero el dragón negro no era necio como para saber que aquellos atroces actos continuaban patentes hasta el día de hoy. Lo había leído en libros, algunos dragones más ancianos explicaban historias del exterior y algunas leyendas incluso extremaban más todas aquellas ideas. Pero el mismo hecho que las fronteras de su país le protegían, también le impedían conocer con un detalle la situación actual, aunque Kurthnaga no quisiera llegar a saber todos aquellos detalles tristes y oscuros, porque rozando su siglo de edad, todavía era demasiado joven como para afrontar una realidad tan cruel delante de sí.

-En nuestro caso fue más bien lo contrario; la convivencia entre razas no fue algo posible en Tellius, en la antigua Begnion que abarcaba todo el continente. La primera nación en independizarse fue Goldoa, después le siguieron todos los países laguz, aunque para nuestra sorpresa los países beorc tampoco pudieron mantenerse todas unidas en lo que era Begnion. - Porque si atendía a la distribución laguz, aquellas naciones se separaban por lo que suponía las razas entre sí, no todas las aves vivían en el mismo país porque había una diferenciación entre garzas, halcones y cuervos, pero dicha diferenciación por ejemplo, no se encontraba en Gallia donde se podían encontrar gatos, tigres y leones. Por eso le parecía de lo más curioso que beorc, no llegando a ser tan diferentes entre sí, tuvieran aquellas culturas tan dispares. - Lamento escuchar todo lo malo sucedido a su ducado, creo que hay que parar el odio cuando llega a un punto que hace daño a los demás, cuando deja de ser una mera astilla clavada en el pasado. Y es por eso que aunque sé que el aislacionismo quizás no es la mejor medida que deberíamos adoptar, mi pueblo es mucho más longevo que varias monarquías beorc, creo que todavía es pronto para dar un paso al frente.

Porque para el príncipe Kurthnaga todo aquello, eran noticias del pasado, le quedaba lejos y tenía sus propias ideas creadas alrededor de un país que le había podido ofrecer mucha tranquilidad y una vida sin sobresaltos. Entendía que él era hijo de Dhegisnea, que era un príncipe, y goldoniano; era lógico que le iban a proporcionar una vida enfocada a tener que soportar las responsabilidades que su sangre de dragón negro tendría que atender en el futuro, pero no circunstancias que podrían nublar su entendimiento y no favorecerle en absoluto. - Alianzas... Es un tema complicado, incluso si Goldoa forma parte de la Alianza Laguz, me temo que no es más que un mero nombre. Aún si es cierto que en situaciones más extremas si que nos vemos empujados a actuar. Sin embargo, ¿Begnion? Después de la masacre que hicieron en el bosque de los Serennes, me temo que ningún país laguz querría tenderles una mano, aunque eso suponiera nuestro fin. - Kurthnaga había estado en aquel bosque varias veces y a pesar de ello, cada visita era peor que la anterior; imágenes en su mente que no pudiera creer que sucedieran en el pasado. El joven dragón negro no era uno de los laguz con más orgullo, pero incluso si soñaba en abrir las murallas de su país y tener relaciones con el exterior, no podía olvidar lo que Begnion había hecho al encontrarse en una situación de superioridad.

- Sí, sí. Lamentablemente me lo puedo creer. Y no es porque sean sureños, todos los países beorc en este continente tienen ese tipo de conductas con nosotros. Incluso si Crimea tiene una alianza formal con Gallia, se basa en relaciones que se quedan limitadas dentro de las familias reales; el pueblo no tiene esa visión de unidad. Aunque atendiendo que se intentó en el pasado tener esa buena convivencia entre razas y no se logró alcanzar, creo que es difícil intentar rescatar esa idea hasta un punto que sea viable... - Pero habían muchos vacíos sobre todas aquellas historias del pasado, muchas preguntas sin respuestas y muchos temas que se intentaban ocultar sobre porqué no perduró esa convivencia. A día de hoy, ningún beorc seguiría con vida como para poder relatarlo y solo los dragones de una edad similar a la de su padre tendrían aquellas respuestas... Lógicamente hablar de tantos siglos atrás, aunque no fuera ilegal, sí que socialmente era considerado de tabú. - Me temo que no son sus intenciones o lo que pueda llegar a ofrecerles, se limita al hecho de quién procede. No voy a ser hipócrita suficiente como para negar que esa es la realidad, porque nosotros, dragones de Goldoa también actuaríamos de esa forma, y debería incluirme en ese “nosotros”. No se puede evitar desconfiar de quienes nos han herido en el pasado.
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Mensaje por Sissi el Dom Mar 26, 2017 3:12 pm

Sissi sonrió de forma suave al príncipe, aunque algo cansada. El modo en el que Kurthnaga hablaba le resultaba tan triste. Ella no podría aceptar nunca algo como ello. Incluso si así era la realidad, se esforzaría por cambiarla y hacerla diferente: algo mejor. La Duquesa se negaba a creer que el mundo se basaba solo en sobrevivir por encima del resto, en que, para poder vivir, uno debía asesinar o sino sería asesinado, en que el único modo de tener seguridad era estar arriba de la cadena alimenticia. El mundo que ella veía, con el que se había criado, se caracterizaba por amar y ser amado. La realidad que había conocido toda su vida no necesitaba la guerra, los derramamientos de sangre o la violencia. Y la manakete sabía que sus palabras podían hacerla ver como una persona ingenua, y que su deseo por mantener la paz sería considerado por muchos como algo estúpido, pero Sissi pensaba que, si no marcaban unas pautas, unas líneas, todo iba a ser peor.

Había mucha gente muriendo allá afuera en todos los países del mundo: hermanos que se alzaban contra hermanos porque los creían diferentes a ellos, o porque creían que tenían la culpa por los Emergidos. Sissi temía que el mundo se iba a dividir aún más de lo que estaba antes porque la gente vivía contra los demás, en vez de por los demás. Los dioses benignos no habrían deseado que nada de esto sucediera para ninguno de sus hijos. No entendía por qué se usaba la violencia como la solución a los problemas, como la respuesta a una pregunta que nadie se ha hecho nunca, o como si el poder fuera algo que perdurase en el tiempo, cuando no era así. Si la gente perdonase más a menudo, el mundo sería un lugar mejor. Pero Sissi sabía que Tellius había sufrido mucho. La tierra estaba manchada de sangre, y las fronteras eran cicatrices aún sin curar. De modo que se calló lo que opinaba y suspiró.

- Pensamos cosas muy diferentes, Príncipe Kurthnaga. Pero, aunque piense cosas diferentes a las mías, le respeto por entero. Está en todo su derecho de tener una opinión diferente a la mía y yo no soy quién para hacerle cambiar de parecer. – Sonrió un poco y añadió de forma sincera: siempre he creído que son nuestras propias experiencias las que verdaderamente nos modifican el modo de ver las cosas. Además, es usted muy joven aún. Tiene toda la vida por delante para formarse, crecer, y aprender. En el fondo, es algo que nunca paramos de hacer: formarnos, crecer, y aprender, me refiero. Es algo que se hace sin importar la edad. Incluso yo, casi una milenaria, tengo muchas cosas que vivir aún, y puede que mi punto de vista cambie radicalmente. No tengo manera de saberlo. No sé lo que sucederá de ahora en adelante con el mundo, cuya situación es tan precaria y difícil, pero solo quería decirle que, si en algún momento necesita ayuda, o consejo, yo siempre estaré dispuesta a escucharle, como lo ha hecho usted conmigo. – y dicho esto, hizo una suave reverencia con la cabeza.

- En realidad, mi intención principal al venir aquí no era hablar de posibles planes de alianza entre nosotros, pues ya sé cuál es su posición al respecto, sino a investigar algo que le comenté hace tiempo en nuestro carteo. Le dije que no controlaba del todo mi transformación y que pensaba que los sabios dragones de Goldoa me podrían ayudar. Creo que quizás interactuar con otras personas de Goldoa que no sean usted puede traerle problemas, de modo que, si a usted le parece bien y no tiene queja al respecto, podría hallar lo que busco en algún libro de su enorme biblioteca. – sugirió de forma algo tímida mientras miraba alrededor, a las estanterías silenciosas repletas de libros y amparadas por la oscuridad de la noche. La antorcha no era capaz de iluminar los rincones y enormes pasillos de la sala, que se mantenía en la más absoluta negrura salvo su pequeño rincón a la luz.

- Tampoco pretendo extender mi tiempo aquí y abusar de su hospitalidad. Soy consciente de que es tarde y debe estar cansado. – se apresuró a decir, en caso de que el príncipe Kurthnaga lo sintiera como una obligación que Sissi no pretendía imponer por nada del mundo. Si su alteza consideraba que no era seguro, no molestaría con ideas tercas. De todas maneras, ella también estaba cansada después de viajar todo el día, y dormir le vendría bien también a ella.

- La sugerencia vino de parte de mi querido hermano. – al decirlo, el rostro de Sissi se iluminó. Sus ojos dorados brillaban en la oscuridad del lugar con amor y orgullo, propios de una persona que habla de alguien muy querido. - Me dijo en una ocasión que aquí había conocido a gente que le había ayudado a entender su transformación y llegar, digamos, a una paz de espíritu que creo que yo también necesito. De modo que he seguido sus pasos y he venido a Goldoa en busca de respuestas. – explicó con una clara emoción en sus palabras y un asentimiento suave de cabeza.

- Quizás pudieron encontrarse cuando estuvo aquí. Mi hermano es un manakete que se llama Kija, Hijo de Tenkuugen el ópalo blanco y Helen Silverwings. Es un muchacho amable, con el cabello largo y blanco, y unos ojos azules muy dulces y sinceros. Tiene la particular característica de que uno de sus brazos es más grande y está cubierto de preciosas escamas blanquecinas. ¿Ha tenido usted el placer de conocerle? – preguntó curiosa y con la vista fija en Kurthnaga. Se notaba el enorme aprecio que sentía Sissi por Kija. Todas sus palabras sobre él eran las que dedicaría una hermana mayor a su hermano menor por el que sentía verdadero aprecio y respeto. Había añadido una descripción junto a su nombre en caso de que se hubieran visto pero no se hubieran presentado, situación que se daba más a menudo de lo que la gente pensaba.
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Re: [Social] Where No One Goes [Priv. Kurthnaga]

Mensaje por Kurthnaga el Sáb Abr 15, 2017 4:54 pm

Era consciente de que la visión uniforme que tenían sus gentes sobre el mundo era algo muy particular que probablemente, no se daría fuera de Goldoa. Y aunque sus principios pudieran ser muy homogéneos no había que perder de vista que cada individuo en particular tenía su propia forma de razonar y llegar a aquellas conclusiones; la visión aislacionista en Goldoa era bien aceptada por su población pero mientras que los más ancianos podían defender aquella idea por haber vivido en sus propias carnes malas experiencias con los beorc, los dragones que eran de las generaciones más recientes parecían encajar mejor aquella política porque era una vía muy efectiva de que la tranquilidad como valor principal de su país fuera cumplido. Las políticas que su padre había establecido no eran un factor que realmente le gustase a Kurthnaga pero no era nadie para recriminar aquellos puntos, sobretodo cuando era consciente, de que la gran mayoría de los dragones era feliz de esa forma. Una comunidad que estuviera cómoda en el país que se había formado para ellos era lo más importante en aquellos momentos, el solo pensamiento individual del más joven de los príncipes no debería incidir en aquel punto.

El propio hecho de que Kurthnaga no pudiera coincidir en la misma mentalidad que los dragones de Goldoa hacía que, no esperase que individuos fuera de su comunidad entendiesen el pensamiento que allí compartían cuando él mismo a veces no estaba de acuerdo con la mitad de los puntos. Pero era consciente de que era joven y que no había experimentado ni la mitad de situaciones que muchos en su país podrían haber vivido, porque él como príncipe ya había crecido en un ambiente aposentado y además, en un país sin muchos revueltos. - No se preocupe, estoy acostumbrado a mantener un punto de vista que parece ir en contracorriente en la mayoría de ocasiones. Y siempre que esté la puerta del dialogo abierta, no creo que sea algo negativo, tengo que añadir. - Después de todo, cada uno tenía una forma de razonar por algún motivo en concreto, por lo que compararlos podía incluso llegar a ser, muy interesante.

-Me temo que no puedo tomar decisiones de gran calibre político, no está en mi mano hablar de alianzas. - Sobretodo cuando sabía que el solo hecho de estar hablando más con individuos que se encontraban en el exterior sería algo que a su padre le haría poner mala cara. Aunque suponía que a esa altura, el rey de los dragones ya habría averiguado el porqué de que su hijo estuviera más ausente por palacio pero no habían hablado de ello, y Kurthnaga tampoco se sentía con valor de hablarle de sus ambiciones y miedos a sus padres, así que simplemente las cosas continuaban de la misma forma, como si nada ocurriese. - No hay problema, si habla con los guardias más leales a mi persona, en principio no tendría que haber ningún problema por ello. Porque si le soy sincero, no sé si será capaz de encontrar dicha información en libros; no somos un país con una milicia. - Así que el cómo usar sus poderes dependía en cierta manera, de las costumbres de cada una de las familias. Sí que los guardias reales solían entrenar juntos pero no era una obligación y de todas maneras, los guardias ya tenían cierta edad y sus habilidades las habían desarrollado por su cuenta.

-Es mi invitada, no se moleste por el período de su estancia. Simplemente permanezca el tiempo que le sea necesario. - Era cierto que había recordado momentos en los que había forzado a tener que dejar su territorio atrás a otros, pero le gustase o no, tenía que buscar la manera de hacer cumplir los ideales de su nación para que luego no hubiera más problemas con los de arriba. No le gustaba hacer aquellas cosas por sí mismo pero ver a su padre emplear su autoridad para aquellos asuntos le gustaba todavía menos.

Parpadeó sorprendido cuando empezó a hablar de su hermano, no sabía de la familia del ducado de Sindhu porque básicamente, sus conocimientos de dicho territorio eran bastante limitados aunque no era nada imposible que seres tan longevos tuvieran relaciones familiares. - La tranquilidad ayuda a calmar tanto la mente como el cuerpo y uno es capaz de encontrar un equilibrio entre las sensaciones negativas y las positivas, eso sin duda no siempre es culminante para obtener respuestas pero sin duda ayuda a a disipar inseguridades. - La situación tan constante en Goldoa había sido algo que no había terminado de entender en su juventud pero que sin embargo, había defendido como valor porque no era difícil de ver que era un valor que los dragones de Goldoa realmente apreciaban. Ahora que las décadas habían transcurrido, incluso anhelaba aquella tranquilidad cuando se encontraba fuera de viaje.

-Vaya, el nombre “Kija” no me hace recordar a nadie, sin embargo, la descripción que me ha aportado me recuerda a un manakete que conocí pero que se presentó con el nombre de Hakuryuu. Fue verdaderamente amable conmigo, aunque solo fue en una ocasión, tengo un buen recuerdo de él... Aunque no sé si se trata de la misma persona. - Antes de Sissi, era el único manakete que había conocido pero a pesar de sus diferencias el manakete albino trató de ayudarle con un entrenamiento de vuelo y Kurthnaga no pudo evitar conmoverse porque alguien que acabase de conocer quisiera ayudarle a mejorar.
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Re: [Social] Where No One Goes [Priv. Kurthnaga]

Mensaje por Sissi el Miér Abr 19, 2017 3:44 pm

Sissi hizo una suave reverencia con la cabeza cuando Kurthnaga le dio permiso para investigar en la biblioteca tanto como gustase y sin un periodo de tiempo establecido. Sin duda era un príncipe muy amable, y al que Sissi le estaba muy agradecida, y así se lo hizo saber: Muchas gracias por su amabilidad, - comenzó a decir. - es posible que no halle las respuestas que busco, pero el mero hecho de haberle conocido y haber podido viajar a Goldoa ya es suficiente para mí. Creo haber aprendido mucho más del mundo de lo que sabía antes, y es que viajar siempre abre mucho los ojos a uno, en especial cuando se lleva mucho tiempo tras las murallas de su hogar. – Ella llevaba viviendo en la Ciudad Redonda toda su vida, alejada de las maravillas del mundo exterior, que también podía ser cruel y malvado, pero lo sería en todas partes por igual, ni siquiera Hatari se libraba de ello. Por eso, había llegado a la conclusión de que quería descubrirlo todo, ser ella que viera con sus propios ojos y experimentara en su propia piel la realidad de los demás países, que no podía aprender solo por los libros.

Respetaba a Kurthnaga y a la gente de Goldoa, por supuesto, y debía admitir que la tranquilidad era algo que ella también anhelaba para sí misma y su gente, pero que con la caída de Hatari y la llegada de masivos ejércitos de emergidos era improbable alcanzarla sin la ayuda de alguien. Ella debía mejorar para proteger a su pueblo y darles una solución a un problema que se agravaba día tras día. Suspiró. – Me encantaría poder quedarme un tiempo largo, pues creo poder aprender mucho de los dragones de Goldoa, por mucho que usted me haya dicho que su biblioteca no es tan emocionante. – le sonrió con gentileza, recordando sus primeras palabras cuando la duquesa le había dicho que suscitaría la envidia de muchos por hallarse allí. – Sin embargo, tengo bastantes responsabilidades que atender, algunas de carácter urgente, de modo que me temo que tendré que abandonar Goldoa en poco tiempo, muy a mi pesar. No deseo más que quedarme una noche o dos noches aquí, de ser posible. Me espera un viaje por Ylisse también, de modo que debo apurar al máximo mi estancia en el extranjero y no demorar demasiado mi vuelta a casa.

Incluso si ni siquiera llevaba una semana fuera, casi era una eternidad para ella, de todo lo que le había sucedido: había atravesado el bosque de Serenes, dónde se había despedido de Rhett, su más fiel amigo y la persona que, posiblemente, fuera la más importante para ella. Él estaba ahora mismo en Miletos, en busca de alianzas. En la víspera de su despedida, y hallándose en las inmediaciones del antiguo y quemado bosque, fueron incluso atacados por bandidos. Ella misma había salido afectada del enfrentamiento, pero la herida de flecha era ahora una cicatriz que se iba curando poco a poco y que lograba esconder gracias a su capa azul cielo. Tras su despido, ambos habían tomado rumbos diferentes. El grupo de Sissi se dirigió a Goldoa a conocer a Kurthnaga, aunque los únicos en atravesar las murallas del país habían sido ella y dos de sus hombres, mientras el resto aguardaba su llegaba para después proseguir a Akaneia, aunque no planeaba ir más que a Ylisse por falta de tiempo.

Miró a Kurthnaga con sumo interés cuando le dijo que solo había conocido a un manakete de nombre Hakuryuu, pero que coincidía con la descripción otorgada. Sissi sonrió de oreja afilada a oreja afilada, sus largos pendientes dorados brillando a la luz de las velas. – Debe de ser él, no hay nadie más así en el mundo. Supongo que usó su segundo nombre. – le explicó, sin inmutarse. - No somos hermanos de sangre, pero sí de raza. Somos tan pocos en el mundo, que el mero hecho de encontrarnos en esta vida es un suceso inusual y muy especial. Ambos somos parte de la vida del otro como hermano y hermana. Me alegra que tenga un buen recuerdo de él. Sin duda, mi hermano mostró un gran respeto y estima por Goldoa. Es un buen muchacho. – se rio un poco y miró sus manos, como perdida entre sus propios pensamientos, calmada y algo somnolienta. Segundos después, como dándose cuenta que había perdido un poco el hilo de la conversación, alzó la mirada hacia el príncipe y le sonrió con suavidad.

- Discúlpeme. Debo de estar algo cansada por el viaje. Si le parece bien, me gustaría retirarme a descansar. Creo que ya es bastante tarde, y supongo que tendrá funciones que realizar como príncipe en la mañana, de modo que necesitará también usted su descanso. Antes de dar por finalizada nuestra reunión, sin embargo, me gustaría darle las gracias de nuevo por haber sido tan amable y por haber sacado un poco de tu inestimable tiempo para conversar conmigo. Espero, de todo corazón, que los dioses le bendigan a usted y a su reino, y que puedan preservarse frente al mal del viento aciago que asola nuestro mundo. Sin embargo, si en algún momento necesita algo, recuerde que siempre será usted bienvenido en Sindhu. - Dicho eso, Sissi se incorporó e hizo una reverencia como era típica en su pueblo: juntando ambas palmas y agachando la cabeza. – Ha sido un tremendo placer conocernos, Príncipe Kurthnaga.
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Re: [Social] Where No One Goes [Priv. Kurthnaga]

Mensaje por Kurthnaga el Vie Abr 21, 2017 6:41 am

Correspondió la reverencia sin añadir ningún tipo de contestación aparente, simplemente se limitó a seguir a la duquesa con la mirada durante unos segundos después. La biblioteca de Goldoa más que un lugar extenso, era un lugar acogedor en la que la mayoría de compilaciones que se encontraban allí tenían mucha más edad que el propio príncipe. Kurthnaga nunca había podido visitar bibliotecas en otros países pero podía imaginar que si algunos países no tenían problemas de fronteras cerradas como era su caso, probablemente estar a la orden del día era algo mucho más real que en su territorio. Sin embargo, aquello no quitaba valor a los tomos que se encontraban allí; dragones habían invertido sus horas en escribir aquellas páginas, en escribir temáticas que quizás aunque no fueran actuales, algún día si fueron un tema importante sobre el que hablar y era importante observar el pasado para no cometer los mismos errores en el futuro. - Concuerdo con usted; viajar probablemente es la manera más efectiva de abrir la mente a nuevos puntos de vista, ya que las tradiciones en cada uno de los países, por muy cercanos que sean unos a otros, normalmente son muy diferentes entre sí. Así que aunque no encuentra las respuestas en concreto que anda buscando, seguro que encontrará otro tipo de información que pueda resultarle interesante para el futuro. - Porque como decían; el saber no ocupa lugar.

Negó con la cabeza pero con un deje de amabilidad en su rostro. - No se preocupe, entiendo por mi propia experiencia que como figura política no pueda permanecer en otros países todo el tiempo que le gustaría. - En su caso no era por dejar un país inatendido, porque aunque fuera el único de los príncipes que actualmente residía en Goldoa, aquello no quitaba que su padre era como una figura inalterable que siempre permanecía allí. Incluso podría decir que, aunque los jóvenes príncipes ya no se vieran con la frecuencia de décadas anteriores en la ciudad, la presencia del rey de los dragones allí podía llegar a ser una figura de tranquilidad. Al menos, él lo veía así a día de hoy. No iba a negar que en un principio le había molestado que, cuando aparecieron los emergidos, su padre continuase con la misma compostura de siempre; ahora veía que no había sido tan mala reacción. - Así que por mi parte, solo mencionar que si en el futuro cree que pueda existir cualquier hecho en el que pueda ayudar, solo tiene que comentármelo; realmente apoyo la idea de que los dragones tenemos que ayudarnos entre nosotros, cualesquiera raza que seamos. - Estaba seguro que no todos pensaban de aquella forma y menos en una comunidad tan cerrada como la suya, pero brindar su ayuda como Kurthnaga y no como príncipe Kurthnaga no era algo que pudieran impedirle totalmente. Quizás sí acarrearle problemas, pero bien era consciente de las consecuencia de sus actos en mayor o menor medida.

Parpadeó unos instantes cuando Sissi le comentó que el manakete que estaba describiendo quizás se presentó ante él con su segundo nombre; decían que cada día se aprendían cosas nuevas y era algo que realmente se cumplía cuando Kurthnaga tenía la oportunidad de mantener una conversación con cualquiera que procediese de fuera de la muralla. - ¿...Segundo nombre? No tenemos ese concepto aquí... - Y la verdad es que le causaba interés porque así de repente, no acababa de entender qué finalidad podría tener un segundo nombre pero simplemente acabó pensando que sería alguna clase de tradición o algo por el estilo. No todas las actuaciones tenían una finalidad concreta detrás de ellas. - Oh, vaya. Siempre había pensado que los dragones de Goldoa eramos una comunidad pequeña, sin embargo, me hace pensar que en la comunidad manakete la situación no es como la nuestra. En mi caso tengo dos hermanos mayores... hermanos de sangre, me refiero. Aquí no tenemos familias extensas pero de la misma forma, no es extraño tener familiares. - Aunque entendía perfectamente a la duquesa cuando hablaba de que a pesar de no compartir lazos familiares, eran igualmente cercanos. Él lo sentía con algunos de sus dragones que vivían en el palacio real; quizás no eran su familia directa pero la estima con la que le trataban, les hacía importantes para el príncipe de todas formas. - No le conozco demasiado pero lo único que puedo añadir es que tengo un buen recuerdo de él. Fue muy amable conmigo a pesar de no conocerme más que de ese día.

Cuando mencionó que estaba cansada del viaje, su reacción fue la de mover las manos de forma algo nerviosa. ¡No se había percatado de la hora que era, qué maleducado había sido! Probablemente era algo evidente con las antorchas iluminando la biblioteca por la hora que era pero al príncipe negro siempre se le pasaba el tiempo volando cuando conversaba, no podía evitarlo. - ¡Perdón! No me había fijado en la hora que debía ser. No tiene que agradecerme por mi tiempo, después de todo, yo mismo accedí a que pudieran entrar en el país y siempre es un honor poder conversar y aprender más de personas que pertenecen a otras tradiciones. Agradezco el apoyo de Sindhu, que la Diosa esté con ustedes. - Apoyó su mano derecha en el pecho, donde se encontraba su corazón y cabeceó un poco en señal de gratitud. - Descanse y cualquier cosa que necesite, no dude en comentármelo.
Afiliación :
- GOLDOA -

Clase :
Royal Black Dragon

Cargo :
Príncipe de Goldoa

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [3]
Elixir [3]
Sangre de Dragón de Tierra
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Support :
Reyson
Jafar

Especialización :

Experiencia :

Gold :
2462


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Re: [Social] Where No One Goes [Priv. Kurthnaga]

Mensaje por Eliwood el Mar Mayo 09, 2017 9:42 pm

Tema cerrado. 50G a cada participante.

Sissi obtiene +1 EXP.
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Dagas de acero [4]
Espada de acero [3]
Gema de Ascuas
Espada de bronce [2]
.

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
3724


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Re: [Social] Where No One Goes [Priv. Kurthnaga]

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