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[Campaña de Liberacion] Recuperando lo que antes fue un hogar [Priv. Sissi]

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[Campaña de Liberacion] Recuperando lo que antes fue un hogar [Priv. Sissi]

Mensaje por Kija el Lun Oct 10, 2016 4:54 am

Después de su viaje por Goldoa Kija se había puesto el objetico de visitar y conocer más las tierras laguz, aprender de sus habitantes y de paso de el mismo. Por ello su siguiente rumbo fue el inclemente desierto de Hatari, lugar donde podía practicar el usar su forma de manakete sin peligro de lastimar a nadie. Cargado con una buena cantidad de agua y provisiones fue que el joven mestizo se aventuro en aquel ambiente tan hostil, descubriendo para su desgracia que el lugar estaba totalmente infestado de emergidos. Andaban en grupos realmente numerosos, nada con lo que él no pudiera lidiar pero seguro que cualquier otro viajero encontraría una muerte segura en aquel recóndito paisaje. El aura que desprendía su cuerpo lo protegía de padecer insolaciones, de ver alucinaciones o sufrir de agotamiento extremo causado por el clima más la escases de agua, por mucha que hubiera llevado consigo, comenzaba a mellar sus fuerzas después de un par de días.

Desplazarse por el lugar era mucho mas fácil en su forma de dragón y ahora que se había fortalecido en numerosas batallas y alcanzado la madurez en sus viajes Kija vio oportuno el comenzar a practicar técnicas de vuelo más elaboradas, punto a parte era mucho mas fácil para el divisar algún oasis desde las alturas. Al final, tal y como suponía llego a un oasis de tamaño considerable donde podría reabastecerse de agua y descansar bajo alguna sombra para variar; su forma transformada era mucho más resistente y tolerante al inclemente calor agobiante así que prefería mantenerse transformado todo el tiempo que le fuera posible aunque en realidad aquello no resultaba ya un problema para él, quien podía mantener esa transformación sin mayores contratiempos por días enteros como había podido comprobar en su viaje por Hatari. Aterrizando suavemente Kija plegó sus enormes alas cuyas membranas parecían hechas de cristal transparente pero que brillaban con destellos tornasol al ser tocadas por la intensa luz del sol al igual que sus lisas escamas que recordaban a los ópalos blancos.

Mentiría si dijera que no se encontraba cansado y sediento por lo que se repantigo en las orillas del agua que el oasis ofrecía, inclinando su inmensa cabeza para meter su hocico en el agua y comenzar a beber de ella tranquilamente. Esas últimas semanas se había percatado de que al transformarse su tamaño era mayor al que tenía antes llegando casi a los 5 metros de altura al igual que su padre, se preguntaba si aquello lo había ocasionado igualmente el símbolo de satori así como su cambio de aspecto y la aparición de nuevas habilidades que no sabía que poseía. Fue así que, una vez saciada su sed el gran manakete de blancas y brillantes escamas se enrollo sobre sí mismo para descansar un poco y recuperarse de las pocas heridas que le habían ocasionado las peleas que tuvo contra uno que otro emergido especialmente habilidoso que se encontró en el camino. Sus grandes alas cristalinas lo rodeaban pero al ser transparentes permitían ver perfectamente al dragón descansando plácidamente tras ellas.

Habilidad usada:

Descanso profundoManakete
Permite al manakete servirse de la capacidad de su raza para regenerarse a sí misma. Tomándose un turno de quietud en el cual el manakete se escuda con sus alas y reposa, siendo consciente de su entorno pero incapaz de moverse, comunicarse o hacer cualquier cosa, este recupera un poco su estado físico, con un efecto equivalente al de un vulnerary.


Última edición por Kija el Jue Ene 12, 2017 5:01 am, editado 1 vez
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Re: [Campaña de Liberacion] Recuperando lo que antes fue un hogar [Priv. Sissi]

Mensaje por Sissi el Lun Oct 17, 2016 6:54 am

El desierto, tan inhabitable para la mayoría del mundo, era una especie de paraíso para los Emergidos, que se desplazaban por sus arenosas planicies sin problema. Casi parecía que no sintieran el calor abrasador de sus dunas, ni el poder del Gran Astro que, en su hora más álgida, condenaba a todo ser viviente con sus rayos y su fuerza. Cualquiera que no estuviera preparado para sobrevivir en Hatari solía ser víctima de los estragos de la sed, el hambre, y las tórridas temperaturas. Por supuesto, Sissi no creía que los Emergidos estuvieran en el grupo de “seres vivos”, por lo que eso explicaba que pudieran pasearse por la ardiente tierra sin sufrir el menor daño. En los últimos años, a raíz de la llegada de este misterioso enemigo, Sindhu se había preocupado no solo de saber de dónde provenían, de lo que aún no tenían teorías claras, sino qué eran.

El consenso entre los sabios era que no eran seres vivos porque no correspondían a sus características básicas: no crecían, no se alimentaban, no se relacionaban y no se reproducían. Lo único que cumplían eran que debían “nacer” de alguna manera, y que podían morir. Si bien su nacimiento estaba plagado de dudas, pues al parecer nadie sabía a ciencia cierta de donde procedían los Emergidos a pesar de que había rumores que señalaban a varios países, Sissi había visto con sus propios ojos como aquellas criaturas perecían bajo el acero de su ejército, los hechizos de sus magos y las garras, fauces y alientos de fuego de los soldados laguz. Ella misma, presa de una locura a la que aún no encontraba remedio, había aniquilado gran parte de Emergidos en su forma dragón.

No recordaba mucho de ese día. A veces, cuando dormía, volvían a su cabeza retazos olvidados de entonces: largos ejércitos negros a las puertas de Sindhu, los gritos de la gente, la sangre de los fieros guerreros que caían al proteger el ducado, el sabor a ceniza y muerte cuando masticaba entre sus fauces dracónicas a los soldados enemigos. Pero la mayoría del tiempo no podía acordarse de lo que había hecho, o lo que había sucedido en realidad. La que había actuado en ese entonces había sido su otro yo, su alma de manakete que nunca había logrado cooperar con la parte humana de Sissi. Miles de personas, no obstante, vieron lo que acontecía sobre Hatari: el hermoso dragón dorado que desataba su ira y aliento de energía hacia los que habían osado traspasar sus fronteras. ¡Una bendición! Gritaban unos. Pero la duquesa sabía que no lo había sido. Había estado a punto de volverse contra su propia gente, sus propios ciudadanos a los que tanto amaba. Si no hubiera estado Rhett ahí para detenerla, Sissi no quería imaginar lo que podría haber ocasionado.

Incluso si no había herido a nadie de Sindhu, no podía perdonarse por la falta de control y conciencia que poseía sobre ella misma. Pero el pueblo, su querido pueblo, no solo la habían exculpado, sino que habían aclamado que sucediera a sus padres en su cargo y dirigiera a Sindhu como solo una persona de su familia podía hacer. Tal era el voto de confianza que habían depositado en la manakete, que no pudo más que exclamar que haría todo lo posible por salvarles, y que encontraría una cura para su extraña enfermedad. Pese a que había hecho grandes avances, aún tenía un largo camino que recorrer, en cuanto a una solución efectiva. Sin embargo, eso no le impedía salir a combatir emergidos con sus valientes y excelentes soldados, pues aunque fuera reticente a convertirse en una dragona, tenía otras habilidades que podía aportar en batalla. Además, cada vez había más ejércitos enemigos en Hatari, usurpando tierras que no eran suyas y que Sissi pretendía recuperar. Al fin y al cabo, el mundo pertenecía a los vivos.

Así, la Duquesa había partido en misión de reconquista junto a un pequeño ejército. El agua era muy importante en Hatari, por lo que iban de oasis en oasis comprobando que ninguno de esos lugares había sido tomado por Emergidos y, de encontrarse a un grupo por el camino, luchaban contra ellos para despejar la ruta. Su grupo, si bien era reducido y no formaba una gran armada, contaba con cinco elefantes de guerra, diez dromedarios, quince laguz de diversa variedad, cinco caballeros y unos diez soldados rasos. Encima de los elefantes iban arqueros, magos y clérigos que, desde esa posición segura, podían atacar sin recibir daño y servir de apoyo para aquellos que sí luchaban en el suelo. Sissi iba, junto a un mago y un arquero, sobre uno de los hermosos y nobles paquidermos. Le permitía guiar al grupo hacia las zonas con Emergidos y mantenerse a salvo, pues su cuerpo era débil cuando no estaba transformado, situación que evitaría en la medida de lo posible. Además, por ahora no habría necesidad de ello, pues se protegía con una fina armadura que recubría sus hombros, pecho y cintura, pero dejaba los brazos al descubierto. Era de un color dorado, pero estaba hecha de una aleación con acero, lo que le permitía que fuera ligera y resistente y no fuera nada pesada para Sissi, que no podía cargar demasiado. Tenía, como decoración, diminutas púas redondeadas, que le daban cierta sensación escamosa, y al terminar en la cadera, se formaban plumas del mismo material.

En su recorrido, habían hallado un par de grupos pequeños que habían sido derrotados sin demasiada dificultad, pero Sissi sentía que debía haber alguna horda en las proximidades, pues un sentimiento de inquietud se había instalado en su corazón, como siempre que aparecían uno de estos seres. Estaban a punto de llegar al siguiente oasis, cuando el mago a su derecha  le indicó algo brillante que sobresalía entre las ramas de los árboles del pequeño vergel. La distancia no les permitía distinguir de qué se trataba, y su misterio causó algo de revuelto entre la compañía, que no imagina qué podría haber allí que creara tal luminosidad. Sissi guardaba silencio, sumida en sus propias reflexiones que había decidido no expresar en voz alta, por miedo a que la esperanza desapareciera. Aquel resplandor lo había visto miles de veces ya: en el sol de Hatari cuando se posaba sobre las escamas de sus padres y creaba hermosos reflejos tornasolados que ponían vislumbrarse a kilómetros.

Pero, como bien sabía la duquesa, las probabilidades de encontrar a un Manakete eran escasas, y mucho menos en aquel desierto que tan poco atraía a la gente del sur. Aun así, se permitió emocionarse un poco y sonreír más. Indicó a los soldados que marcharían en esa dirección, pues debían saber de qué se trataba y además sería bueno que las monturas descaran y bebieran algo de agua. Poco a poco, el palmeral se hizo más grande a sus ojos, y sus detalles pudieron ser percibidos con una claridad superior. Uno de los laguz que iba algo por delante de Sissi, musitó algo sorprendido al ver a Kija durmiendo: Mi Duquesa, parece tratarse de un dragón. – La comitiva se detuvo  antes de llegar al oasis tras una señal de Sissi, que tenía sus ojos áureos clavados en la figura que descansaba junto al manantial.

- No es un dragón normal, - musitó, su rostro gentil algo ladeado y una expresión de sorpresa y conmoción adornando sus facciones.- Es como yo. – los miembros de su grupo guardaron silencio, digiriendo las implicaciones de sus palabras. Ninguno se atrevió a dar ningún paso más e internarse en la vegetación a pesar de que la sed apremiase. Incluso los caballos, elefantes y dromedarios parecían entender que era un momento con solemnidad, pues ninguno hizo sonido alguno salvo suaves relinchos y golpes contra el suelo  arenoso.

Tras indicar que aguardaran a su señal para ir con ellos, pues no quería que el manakete pensara que estaba siendo atacado de ver a tantos soldados en su periferia, Sissi desmontó y comenzó a caminar hacia la figura durmiente. Su larga falda de lino blanco ondeó a su paso y sus pies, cubiertos por unas sandalias parea resguardarse del ardor de la tierra, pisaban con cuidado, apenas haciendo ruido. Su corazón latía con fuerza contra sus costillas, y la emoción le impedía respirar con normalidad. Llevó una mano sobre su pecho para calmar sus rápidas palpitaciones y la dejó ahí unos momentos. Sentía una maraña de emociones al acercarse cada vez más a alguien como ella, un manakete. Eran tan hermoso, tan cálida su presencia para la duquesa, que no pudo evitar que sus ojos se cristalizaran con lágrimas de ternura y entusiasmo a partes iguales.

Al detenerse frente a él, pensó en si acaso debería despertarle del ensueño en el que parecía estar dormido, pues consideraba de suma importancia el presentarse ante un semejante. Alargó la mano para posarla en una de las alas en las que se había enroscado para descansar pero, en último término, decidió que quizás no era lo correcto y la bajó, de modo que solo sus suaves yemas de los dedos rozaron la superficie cristalina apenas unos momentos.

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Re: [Campaña de Liberacion] Recuperando lo que antes fue un hogar [Priv. Sissi]

Mensaje por Kija el Lun Oct 17, 2016 8:40 am

El joven manakete disfrutaba de una agradable siesta a las orillas del oasis, sanando los rasguños y heridas menores que habia recibido mientras dormitaba plácidamente. Aun así, Kija estaba perfectamente consciente de lo que sucedía a su alrededor y estaba atento por si los emergidos del área intentaban atacarlo por sorpresa.

Sin embargo, unos ruidos comenzaron a traerlo poco a poco a la realidad; pisadas de caballos pisando las pocas hiervas que crecían en la cercanía y de otras criaturas más grandes que no lograba identificar.... se detuvieron a una distancia prudente guardando un silencio reverencial, no podrían ser emergidos pues no sentía el viento aciago emanar de ellos mas la presencia de una criatura en particular fue la que llamo su atención. Aun en ese estado Kija pudo detectar un aura familiar pero desconocida al mismo tiempo, una presencia que le traía cálidos recuerdos de su desaparecido padre mas era imposible que fuera él; Aquello se confirmo con el suave roce unos delgados y finos dedos sobre una de sus alas.

Tras aquel roce la enorme ala del manakete comenzó a moverse suavemente, un pequeño bamboleo debido a que la criatura detrás comenzaba a moverse poco a poco, saliendo de su sueño deparador. Al estirar su larga espalda aquellas alas se abrieron por completo a la par que Kija bostezaba con ligera pereza mostrando su forma draconica en todo su esplendor, abriendo lentamente los parpados para mostrar un par de ojos azules tan claros como el cielo mismo, una profunda mirada que se centro en la chica a la par que el enorme y brillante dragón agachaba la cabeza para verla más de cerca.

- Ohhhh.... disculpe si la he asustado, solo estaba tomando un pequeño descanso -

Hablo con una voz profunda e imponente pero gentil y cálida al mismo tiempo que una luz color celeste envolvía el cuerpo del enorme animal, reduciendo su tamaño poco a poco para dar paso a la forma de un muchacho de piel clara, cabello tan blanco como las escamas de su otra forma y una zarpa de dragón a medio transformar en lugar de su mano derecha. Sus ropas eran de color igualmente blanco, parecidas a las de los acólitos del culto a Naga aun que estas estaban algo desgastadas por todos sus viajes, pese a esto estaban muy bien cuidadas y limpias.

- Aun.... estoy un poco adormilado.... Pero creo estar muy seguro de lo que sentí hace un momento. Señorita, um.... y-yo.... v-vera... usted.... ahhhhhh…. -

Kija se había puesto nervioso, no sabía cómo preguntar aquello, ni con presentarse en caso de que su instinto estuviera en lo correcto y tuviese enfrente a alguien parecido a él.... una Manakete, la primera que había visto en su vida a parte de su padre. El aura pacifica del joven albino perduraba aun en su forma humana, una presencia cálida, tranquila y reconfortante difícil de explicar pero que podía sentirse con total claridad.
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Re: [Campaña de Liberacion] Recuperando lo que antes fue un hogar [Priv. Sissi]

Mensaje por Sissi el Vie Oct 21, 2016 7:45 am

Estaba tan emocionada que no podía ni parpadear. Cuando el dragón se estiró en todo su hermoso esplendor, abrió los ojos aún más sorprendida, y de sus comisuras brotaron un par de lágrimas que se deslizaron por sus mejillas sonrojadas hasta caer al suelo desde su barbilla. Llevó sus manos a su boca, que temblaba ligeramente. Apenas rozó los labios con las yemas, en un gesto de maravilla, como si no pudiera creerse lo que estaba viendo y lo que estaba sintiendo. Se parecía al sentimiento de estar perdido en el desierto y encontrar un oasis, a ser víctima de una tormenta en alta mar y ver un puerto seguro a lo lejos.

Era esperanza.

Algo tan puro, tan simple, y a la vez tan necesario, que la manakete se preguntó en qué momento la había perdido. Quizás con la muerte de su padre, de su madre, cada uno por razones diferentes pero con el mismo resultado: dejarla sola en el mundo. Qué terrible era ser la única que quedaba de entre los suyos en una ciudad que se distinguía por la diversidad de sus gentes. En sus cientos de años de vida, Sissi nunca hubiera creía posible que sus padres desaparecieran de su lado, pues, ¿qué niño cree eso? Apenas envejecían, y Sindhu era pacífico y no estaba en guerra con nadie. La probabilidad de quedar huérfana era imposible pero así era la vida, un caos de situaciones en la que no existía la verdadera seguridad.

La duquesa lo había aprendido de la manera más cruel, y a pesar de ello, su carácter dulce y amable no había cambiado. No se había resentido con el mundo, ni había culpado a nadie salvo a los verdaderos responsables. Y sin embargo, una parte de su corazón había perdido la esperanza de ver alguien como ella en mucho tiempo. La soledad existía en el corazón de todas las personas: en los dragones que vivían apartados del mundo, en los humanos que no entendían la existencia de otras razas, en los medio-hijos que nacían sin saber si pertenecían a un lado u otro de sus ancestros. Todos, y cada uno de los moradores del mundo experimentaban abandono  en algún momento de sus vidas: muerte de seres queridos, aislamiento de la sociedad, la sensación de no pertenecer, de no ser amado, de no tener a nadie.

Sissi, no obstante, también había sufrido otro tipo de soledad mucho más cruel que las demás: ser de las últimas personas vivas de su raza. Nadie podía empatizar con ese sentimiento de tragedia y desolación, quizás solo Seraphiel que había pasado por algo semejante y de lo que aún no se recuperaba. Tenía amigos y personas a las que amaba, todo un ducado que la respetaban y querían, por lo que no se quejaba y tampoco hacía patente hacia el mundo exterior que su alma de dragón estaba herida. Pero oh, cómo dolía. Cómo lloraba su corazón cada vez que veía a grupos semejantes compartir secretos que solo ellos podían conocer. Llegado cierto punto, la siempre positiva duquesa se resignó. Con toda posibilidad vivían más manaketes en el resto de los países del sur, pero en Hatari era inverosímil que apareciera uno. Ya era bastante extraño que un viajero o explorador se aventurara en sus mortíferas arenas, como para que una criatura que amaba la naturaleza y los ambientes sencillos se encaminarse a un desierto que era conocido por la cantidad de muertes que ocasionaba.

Por eso, ver a Kija fue para ella como reencontrarse con uno mismo. En la amplitud de sus emociones, que la desbordaban por dentro, avanzó los pasos que había dado hacia atrás para dar espacio al gran dragón que regresaba a su forma humana. Sin ningún reparo se acercó lo suficiente como para asir la mano diestra del otro manakete y apoyar su palma libre sobre su mejilla.  Al igual que ella, parecía conmocionado por la fortuita reunión. Le acarició con sumo cariño, como si fuera alguien extremadamente preciado para ella a pesar de que no sabía su nombre, ni de dónde venía, ni cuales eran sus sueños. No obstante, nada de eso importaba en ese instante. Le miró a los ojos claros, y le sonrió de oreja a oreja.- ¡Sí!, ¡Somos hermanos! – exclamó emocionada, su rostro gentil ruborizado y brillante de alegría.

Después le abrazó con fuerza, pasando sus finos brazos por los hombros del muchacho y apoyando su cabeza en su hombro. Sabía que no les unía ningún tipo de sangre, ninguna familiaridad salvo el pertenecer a una misma raza desaparecida, pero eso era suficiente como para que Sissi, en su gran enternecimiento, le considerase un hermano de otra madre, de otro padre, de otras circunstancias. Le daba igual que tuviera linaje humano, que podía sentir gracias a su gran sensibilidad y percepción. Para la duquesa, aquello le importaba tanto como que tuviera ojos azules y pelo plateado: era circunstancial. Lo que transcendía era que, como ella, tenía un alma de dragón y que también había estado solo en el mundo, hasta que se habían encontrado, - Nunca pensé que vería a otro aquí, en medio de Hatari, ¡qué felicidad! Qué felicidad. – le dijo con voz suave, que se quebró con sus últimas palabras. No se atrevió a separarse de él, como si estuviera teniendo un espejismo que, de dejarle ir, se desvanecería para siempre.
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Re: [Campaña de Liberacion] Recuperando lo que antes fue un hogar [Priv. Sissi]

Mensaje por Kija el Dom Oct 23, 2016 12:01 am

Miraba atentamente a la chica frente a el, aun sin poder creer del todo lo que su esencia le mostraba. El tacto de la joven le resulto extrañamente familiar aunque no muy común en esos días. Su sonrisa era tan radiante como el fulgor del sol en el desierto y sus ojos brillantes destilaban felicidad, al igual que la mirada celestina del manakete mestizo quien suavizo aún más su mirada al escuchar esas palabras que lograron reconfortar su corazón, extendiéndose por todo su cuerpo contagiándose de la felicidad contraria.

- Ya veo…. Somos hermanos….
Spoiler:

El también entendía que no estaban relacionados de ninguna forma más que por la raza quizá, eran tan distintos y extraños el uno del otro más Kija sentía su encuentro como quien no ve a un preciado amigo en mucho tiempo, un regocijo puro y llano por el simple hecho de estar en presencia del otro. Kija era tranquilo por naturaleza, de carácter tranquilo y muy centrado más aun en alguien como él su sonrisa no pudo evitar ensancharse de oreja a oreja…. Estaba frente a otro manakete, una que lo acepto sin reparos como un miembro de su familia.

El abrazo lo tomo por sorpresa…. Hacia cuanto tiempo que no recibía un trato semejante?. Bueno, quizá su amigo garza sí que le había dado varias muestras de afecto pero su aprecio mutuo solía ser muy respetuoso… nada tan informal como aquel abrazo que la joven dragón le daba en ese momento. Kija cerró los ojos un momento, correspondiendo el abrazo mientras lanzaba un pequeño suspiro y una discreta lagrima corría por sus ojos. Pocas veces en su vida había experimentado una dicha más grande.

- He estado viajando por muchos lugares y esto ciertamente es una grata sorpresa…. Quien diría que nos encontraríamos en un lugar como este?. Nuestra señora Naga ciertamente obra de formas misteriosas a veces.

Comento notoriamente alegre separándose un poco de la joven para mirar su rostro, dándole unas palmaditas en la cabeza con su mano humana para tranquilizarla pues su inquietud era notoria en aquella voz entrecortada y el cómo se aferraba a él. Kija por su parte difícilmente podría creer que aquello estaba pasando pero aun que fuese solo un sueño agradecía profundamente a la diosa Naga quien permitió tan afortunado encuentro.

- Mi nombre es Kija, Hijo de Tenkuugen el ópalo blanco y Helen Silverwings. Me dedico a estudiar ruinas y escritos antiguos aun que actualmente me he desviado un poco de dicho pasatiempo. Es un placer conocerla señorita… puede por favor decirme su nombre señorita?

Lo correcto era presentarse formalmente pues deseaba saber más de aquella joven, que hacía en ese lugar y si podía ayudarla en algo. El hecho de que viniera acompañada igualmente de lo que parecía un ejército de soldados llamaba su atención pero eso era algo que preguntaría a su tiempo.

- Solo estaba descansando un poco a orillas del oasis, por favor siéntanse libres de refrescarse y saciar su sed. En este lugar incluso un viaje corto debe ser muy difícil. Disculpen si les he causado algún tipo de inconveniente.

No se necesitaba ser muy observador para notar lo agorados y sedientos que estaban tanto hombres como bestias, notando hasta ese momento que humanos y laguz por igual parecían relajarse en igualdad de condiciones, ayudándose a desmontar y repartirse las provisiones que tenían. Eso era nuevo para el joven mestizo quien ya estaba más que acostumbrado a que ambas razas intentaran matarse entre ellas con solo verse.
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Re: [Campaña de Liberacion] Recuperando lo que antes fue un hogar [Priv. Sissi]

Mensaje por Sissi el Jue Nov 17, 2016 2:50 pm

Sissi sonreía de oreja a oreja. Incluso sus propios soldados, personas acostumbrados a ver a la Duquesa continuamente pues tenía una enorme vida pública, hacía tiempo que no notaban una alegría tan grande en el rostro de su señora. Ignoraban quién era el extraño forastero que poseía los mismos poderes que la manakete, pero confiaban ella y aguardarían sus órdenes antes de intervenir. Sin embargo, cuando Sissi abrazó al desconocido lo tomaron como una señal de que era seguro el acercarse a beber un poco de agua al oasis. No había nada de qué preocuparse, aunque les causaba cierta curiosidad su comportamiento. Aunque la mayoría fueron derechos a saciar sus sedientas gargantas, antes de indagar en el tema. Si bien se habían enfrentado a un reducido pelotón de emergidos antes, el día era más caluroso que de normal, y la mayoría de las fuerzas se escapaban en forma de sudor y de sed. Incluso si contaban con incontables odres de agua, el desierto de la muerte debía su nombre a la terrible realidad de que allí perecían más personas de las que salían con vida.

Los animales fueron conducidos con cuidado de no molestar a los dos dragones, y el ejército se sentó también algo alejado. Algunos laguz, cuyas capacidad oculares eran mejores, montaron guardia. Desde el oasis nada se les podía escapar a la vista, pues solo les rodeaban kilómetros de dunas, de en las que en muy pocas ocasiones sobresalía un cactus o una piedra que aún no había sido enterrada. Si una horda de Emergidos se atrevía a acercarse, les verían de lejos. Por ahora, salvo el grupo encontrado con anterioridad ese día, no habían hallado enemigos a la vista. Pero eso no significaba que debieran bajar la guardia o despistarse. Si de algo se caracterizaban los emergidos era por su habilidad para aparecer en los momentos más inoportunos.

No obstante, toda la atención de Sissi estaba centrada en el otro Manakete. Cuando la separó, por unos breves instantes creyó que la alejaría de él, que la traería de vuelta a la realidad: quizás no estaba realmente ahí. Pero entonces posó su mano en su cabellera rosácea. Abrió mucho los ojos, y de sus comisuras brotaron un par de lágrimas que se perdieron tras su sonrisa gentil y emocionada. Nadie se había atrevido a hacerle eso desde que hubiera despertado y hubiera tomado el mando de Sindhu, era un gesto que se agradecía, que le recordaba que ella también tenía derecho a ser consolada y comprendida. No había rastro de tristeza, o desconfianza en su rostro, a pesar de que en realidad era un desconocido. La Duquesa no tenía la menor duda de que había sido Naga quién había concertado el reencuentro. Debía haber visto a sus semejantes solos en la tierra, sufriendo la soledad de ser de los últimos de su raza, y había obrado para que ambos se conocieran.

- Kija. – Repitió con voz dulce, su voz ya no estaba quebrada. Le tomó de ambas manos con cariño; aunque en realidad solo le tomó de una mano, pues una de sus palmas, incapaz de rodear toda la garra derecha de Kija, decidió aferrarse solo al largo dedo índice que estaba vendado como el resto del brazo. Ni siquiera pareció percatarse de ese detalle, tan ensimismada estaba en su presentación. No le sonaban los nombres de las personas que había mencionado, pero no le pareció algo inusual. Sus padres habían abandonado Akaneia hacía casi un milenio. Muchos manaketes habrían nacido y crecido en ese tiempo sin que ellos supieran de su existencia, aun menos con la política aislacionista de Sindhu durante 800 años. – Yo soy Sissi, Duquesa de Sindhu y protectora de Hatari. El placer de conocerte es todo mío. Por favor, eres mi hermano, no tienes que tratarme con ninguna clase de formalidad. – le regañó con suavidad y negó un poco con la cabeza.

Después, señaló con un movimiento de barbilla a todos los soldados y los animales que la habían acompañado y que seguían descansando en el oasis.- Y ellos son parte de mi ejército. Mi ducado protege Hatari de los emergidos y actualmente estamos intentando recuperar el territorio perdido. Solemos salir en diferentes partidas para acabar con los enemigos que vemos y que suelen asolar los oasis, porque es donde se concentra la vida. – comenzó a contarle. – En ningún momento nos has molestado, solo nos ha sorprendido que hubiera un manakete aquí, en medio de la nada. Nunca, en mis sueños más extraños, hubiera pensado que te encontraría aquí. ¿Qué te ha podido traer a Hatari? Es peligroso, hay demasiados emergidos como para moverte con seguridad. – cuestionó, sus cejas rosáceas frunciéndose con suavidad.

Más allá de las colinas de arena empezó a divisarse una hilera de humo polvoriento que se iba a acrecentado por momentos. No podía saberse con exactitud de qué se trataba, de si una tormenta de arena o un grupo de emergidos, pero las tropas que ejercían las labores de vigilancia se pusieron aún más alerta y llamaron la atención de otros que alzaron la mirada y también la posaron en el horizonte. El brillo del sol y el calor que desprendían las dunas, como oleadas, dificultaban un poco la distinción a tan larga distancia.
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Re: [Campaña de Liberacion] Recuperando lo que antes fue un hogar [Priv. Sissi]

Mensaje por Kija el Jue Dic 01, 2016 9:35 pm

Increíblemente Kija también sonreía ampliamente como hacía ya muchos meses no lo hacía, había pasado por situaciones muy difíciles y dolorosas en muy poco tiempo y siendo una criatura tan longeva, aun que no tanto como un maniquete de pura sangre, las heridas emocionales tardaban en cerrar más pequeños encuentros como aquel en Goldoa con su buen amigo garza o ahora con la doncella de pelo rosáceo lo llenaban de esperanza y le brindaban la alegría que necesitaba para sobreponerse a las adversidades.

- Es un bello nombre Seño…. humo…. Sissi. Francamente no tenía ni idea de que en este lugar hubiese nada como un ducado, de hecho si le soy sincero vine a Hatari precisamente porque ya sabía de antemano que era un lugar desolado -

Le comenzó a explicar abiertamente pues no había nada que ocultarle a una hermana de raza, soltando momentáneamente la mano izquierda de la chica para usar entre su túnica blanca con intenciones de mostrarle el collar de plata con forma de dragón el cual sujetaba una pierda que desprendía reflejos tornasol…. una piedra muy bonita al ojo inexperto pero cualquiera que supiera del tema podría identificar sin problemas que se trataba de una dragonstone.
Spoiler:


- Hace no mucho tiempo fui golpeado por un relámpago que me sumió en un sueño profundo una buena temporada. Para cuando por fin desperté descubrí que tenia…. dificultades para transformarme. Fui a Goldoa a pedir consejo de los señores dragones y allí me encontré a un amigo que me ayudo a hacer las paces con mis ancestros y recuperando mi vinculo con mi dragonstone; finalmente decidí venir a Hatari con el fin de meditar un poco y, atendiendo al consejo de ese amigo mío, pasar algún tiempo en mi otra forma para relajarme y conocerme mejor -

Hasta hacia no más de un par de semanas Kija era un manojo de nervios, miedos e inseguridades mas gracias a aquellos encuentros con su amigo y algunos dragones de Goldoa poco a poco se había estado recuperando la confianza en sí mismo. No tenia palabras suficientes para agradecerles pues aun pese a su condición de mestizo siempre fue cálida y amablemente recibido en tierras laguz.

- Cambiando el tema…. entiendo que los emergidos son una plaga terrible y deben ser detenidos. Ya tengo en mi haber algo de experiencia peleando contra ellos así que si me lo permite me encantaría prestarles mi ayuda en la cruzada que realizan. No conozco bien el desierto de Hatari pero ya he peleando antes en tierras decorticas así que no me supondría ningún problema -

Le dedico una cálida sonrisa, manteniéndose siempre correcto y educado pues no acostumbra a las informalidades. Aun así, aquella sonrisa desapareció momentos después mientras que Kija orientaba su mirada hacia el horizonte con gesto serio.

- Y hablando de emergidos…. siento una fuerte presencia del viento aciago aproximarse, diría que se trata de un grupo relativamente numeroso. -

Kija había viajado, peleado y aprendido lo suficiente a lo largo de su viaje por todos los reinos como para distinguir la energía que desprendían los emergidos desde ya una distancia considerable. Centro entonces sus ojos azules de nuevo en la joven esperando a que le diera el sí para permitirle ayudarles.
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Re: [Campaña de Liberacion] Recuperando lo que antes fue un hogar [Priv. Sissi]

Mensaje por Sissi el Lun Dic 26, 2016 11:40 am

Sissi sonrió un poco cuando escuchó que su hermano pensaba que Hatari era un lugar desolado. Sin duda el gran desierto que constituía el país daba esa sensación, aunque no fuera correcta del todo. Al fin y al cabo, antes de la llegada de los emergidos, Hatari contaba con innumerables manadas de lobos lideradas por la Reina Nailah, y Sindhu había estado en pie durante 800 años. Sin embargo, el ataque de los Emergidos había ocasionado la caída del país, esparciendo a los laguz por doquier y destruyendo todo a su paso. Si La Ciudad Redonda había sobrevivido, era porque todos habían hecho un esfuerzo extra en luchar, y porque la estructura del ducado, preparada para resistir un asedio, les había defendido de las amplias hordas de Emergidos. Tenía ganas de mostrarle su hogar a Kija y decirle que siempre tendría un lugar con ellos como su hermano.

Su rostro amable se mostró preocupado cuando el otro le habló de su letargo. En su vida había escuchado que un rayo pudiera sumir a un manakete en el sueño profundo típico de su raza. Supuso que sus heridas debían de haber sido tan graves que no había tenido más remedio que recuperarse de la otra manera, con los efectos secundarios que eso implicaba. Sus cejas rosáceas se fruncieron. – Pero, ¿estás bien ahora, hermano mío? ¿Los dragones de Goldoa pudieron ayudarte? – meditó un poco sus palabras, algo perdida en sus pensamientos. Por primera vez en mucho tiempo, tenía una respuesta a algunos planteamientos que ella misma se había hecho. Ninguna de las personas que conocía era capaz de ayudarla con su inestable transformación, salvo Rhett, pero él no estaría con ella siempre. No había pensado en recibir ayuda del milenario país de los dragones, pero quizás pudieran socorrerla a ella del mismo modo que habían hecho con Kija. Les escribiría una carta para ver si pudiera concertar una reunión, pues la situación era de gravedad para Sissi, que para ayudar a su pueblo le era indispensable estar en sincronía con su forma laguz.

Había estado tan metida en su propio hilo de pensamiento, que cuando su hermano se ofreció a luchar con ellos alzó la vista algo sorprendida. Al ver su sonrisa, le sonrió un poco también, tremendamente agradecida por sus palabras. Apenas se conocían, pero para ella el lazo que habían formado iba más allá del tiempo y las palabras. Quizás era por el hecho de ser manaketes, pero la realidad era que sentía que conocía a Kija desde mucho antes, milenios incluso. Como si Naga hubiera predispuesto que se encontraran desde hacía mucho antes, como si hubieran estado destinados a ser hermanos de otra madre, de otro padre, nacidos en continentes diferentes pero pertenecientes a la misma familia a pesar de todo.

En sincronía con Kija, su mirada se dirigió hacia el horizonte y palideció notablemente. Viento aciago. Explicaba a la perfección lo que sentía Sissi en esos mismos momentos. Segundos después, sus soldados se comenzaron a movilizar presurosos. El enemigo había sido avistado por ellos también. La enorme nube de arena no hacía más que indicar que el nuevo grupo de emergidos era bastante numeroso. Cada miembro de la comitiva corrió fuera del oasis a su correcta posición. Los animales, caballos, elefantes y camellos, dejaron de beber y descansar para salir con sus jinetes al exterior también, de vuelta a las áridas arenas del Desierto de la Muerte. La Duquesa les observó algo preocupada mientras los capitanes daban órdenes a los soldados. Se les notaba cansados después de haberse enfrentado a otra horda emergida antes. Si venían muchos Emergidos de una, podría ser que no salieran victoriosos esa vez.

- Kija, querido hermano, voy a necesitar tu ayuda. – comenzó a decirle, algo de desesperación en su voz mientras caminaba fuera del oasis también. – No pensaba transformarme hoy, pero creo que si no lo hago no tendremos posibilidad contra los Emergidos. El grupo parece ser bastante grande, y mi pequeño ejército está cansado de batallar en el desierto durante horas. Si no es mucha molestia, me gustaría pedirte que no solo lucharas con nosotros, sino que mantuvieras un ojo puesto en mi. Mi transformación no es la más benigna. Es casi como si fuera otra persona y a veces me cuesta recordar lo que he hecho cuando adquiero mi forma dragón. Por favor, cuida que no haga algo terrible o extraño. Y te suplico que no me juzgues demasiado, intento trabajar en ello pero un accidente no hizo más que empeorar mi relación con mi alma dracónica. – no pudo elaborar mucho más, pues un grito de alerta le hizo dirigir la mirada al frente. Una flecha impactó unos metros a la derecha de su lugar. El ataque había comenzado.

Sissi miró a Kija y le dijo: “Confío en ti, mi hermano.” Para después correr al frente para poder transformarse sin peligro de aplastar a alguno de sus soldados. Puso una mano entre sus pechos y sobre su fina armadura, donde siempre llevaba su Dragonstone escondida en el top interior. Era una técnica aprendida de su madre para mantener la piedra oculta de todo el mundo e imposible de ser robada.  Antes de que alguien intentara algo extraño con ella, Sissi podría transformarse porque la Dragonstone estaba siempre contra su piel, y además de que servía como relleno para las muchachas de poco pecho como ella. Algunos vitorearon cuando vieron como la Duquesa avanzaba al frente. Sabían lo que iba a suceder y, a pesar de que era una visión aterradora, la figura de su Señora transformada era siempre un gran espectáculo por su ferocidad y salvaje belleza. Sissi comenzó a emitir una luz brillante e intensa. La arena a su alrededor revoloteó agitada, y una sensación de poder se pudo sentir en todo el oasis.

Atraídos por ello, los Emergidos lanzaron nuevas saetas hacia Sissi, pero en el lugar ya no quedaba el cuerpo delgado y frágil de la Duquesa de Sindhu, sino que se erguía a cuatro patas una dragona de cinco metros. Los proyectiles rebotaron en su piel cubierta de escamas doradas, que parecían diminutas piedras preciosas hechas de mismo oro. El sol reflejaba en la Manakete destellos rosáceos, que hacían juego con las membranas rosa pálido de sus alas, parecidas a flores de loto pero resistentes ante cualquier arma humana corriente. Sus dientes, blancos cual perlas, y afilados como espadas, fueron dirigidos hacia el enemigo que había osado atacarla. Un gruñido gutural salió de su pecho que fue transformándose en un rugido que resonó entre las dunas con ferocidad. Tras un aleteo que levantó la tierra a su alrededor como una tormenta de arena, Sissi alzó el vuelo hacia el ejército enemigo. Unas únicas palabras incomprensibles para los que no supieran el lenguaje antiguo quedaron atrás:

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Re: [Campaña de Liberacion] Recuperando lo que antes fue un hogar [Priv. Sissi]

Mensaje por Kija el Lun Dic 26, 2016 8:44 pm

Ante las palabras de la joven manakete, Kija no pudo evitar soltar un pequeño suspiro pues hasta hace yo mucho tiempo el mismo había pensado de aquella manera viendo su otra forma como algo peligroso, un poder incontenible que solo podía causar daño y traer destrucción consigo…. mas Kija había entendido con esas semanas de meditar profundamente el asunto, con ayuda de las palabras y consejos de su amigo garza que esa no era la verdadera naturaleza de un manakete, que la transformación debía ser algo ameno y natural, no un arma hecha para destruir a los enemigos. Veía en Sissi a su asustado y confundido yo pasado y entendía su situación mejor que nadie, la horrible inseguridad y miedo de lastimar a quienes aprecias en un descuido, el saber que puedes arrancar una vida con facilidad….. no, no la vigilaría, no la detendría por que eso solo alimentaria aquella hierba venenosa que veía crecer en el corazón de su hermana así como aquella que casi había consumido el suyo propio.

Spoiler:
Con estoica mirada contemplo la transformación de su hermana y vio nuevamente en ella la costumbre que el antes tenía de adelantarse para no lastimar a nadie con su nueva forma y sonrió un poco. Verla rugir agresivamente fue su señal para comenzar a actuar; desde atrás de las filas Kija comenzó a avanzar con tranquilidad, agachándose un momento para tomar impulso, rodeándose de aquel brillo blanquecino mientras se transformaba con soltura al saltar sin rozar siquiera con sus alas a los soldados que estaban junto a él, alzando un vuelo tan sutil y silencioso que pasaría desapercibido de no ser porque el sol reflejaba en aquellas bellas escamas que recordaban a los ópalos blancos y sus grandes alas que parecían hechas de un cristal que desprendía destellos prismáticos. El batir de sus alas no era violento sino que incluso soltaba una brisa agradable que refrescaba un poco a los cansados soldados, sobrevolaba sobre sus cabezas emanando un aura de seguridad y bienestar que borraba toda fatiga de sus cuerpos y los fortalecía para la dura batalla que se avecinaba….. ahora solo faltaba una cosa. Con aquel mismo vuelo elegante y silencioso el manakete blanco se acerco a aquel cuyas escamas doradas brillaban reflejando los rayos del sol casi como si emanasen luz propia y con ese suave batir de alas Kija vertió sobre ella aquella aura pacifica que despejaba la mente y llenaba de bienestar mientras que le sonreía dulcemente aun en su forma de dragón.

- No hermana mía…. tú no eres un arma, nosotros no traemos destrucción como lo hacen los emergidos. En Altea, Ylisse e incluso en mi tierra natal a la figura de un manakete se le asocia solo con una cosa; esperanza. -

Hablo en aquel mismo idioma antiguo que le había enseñado su padre, volando alrededor de la chica con aquel vuelo pacifico y elegante, interponiéndose de vez en vez entre el camino de las flechas…. las arenas del desierto dificultaban el avance de las tropas enemigas, cosa que Kija aprovechaba para traer tranquilidad tanto a su hermana como a las personas que la acompañaban.

- No tienes que pelear sola, confía en los que te rodean, confía en ti misma…. tu verdadera forma no es algo malo ni tiene porque darte miedo. El poder que posees no está hecho para que hagas daño a los seres que habitan contigo este mundo, los manaketes no somos así. No dejes que el miedo guie tus pasos, que el viento aciago no se apodere de tu alma….tomate tu tiempo para asimilar lo que está sucediendo a tu alrededor y mira siempre con ojos misericordiosos incluso a tu oponente. Los emergidos también están sufriendo hermana mía, son almas que han sido aprisionadas por el viento aciago, ellos también son victimas… ya están muertos así que la única ayuda que podemos brindarles es esta, pero nunca lo tomes como algo bueno o natural. No quites una vida sin una razón, no lo disfrutes pero tampoco le temas…. al final es solo es una parte más de estar vivo…. todo nace, crece y morirá algún día, algunos más pronto que otros. Tu eres portadora de esperanza, hermana mía, la manifestación misma del desierto de Hatari que se levanta para proteger la vida, jamás para traer muerte. -  

Y dicho esto Kija levanto el vuelo para tomar un poco mas de altura, haciendo brillar su pecho con una luz celestina para arrojar un halito de luz que salió disparado al ejército enemigo mellando terriblemente sus filas…. El halito del manakete era energía pura, silencioso, pacifico, fulminaba en limpio sin ser tan agresivo o violento como el fuego. Todo desaparecía sin dejar rastro, en silencio, en paz, sin indiferencia pero tampoco violentamente, una luz que no dejaba siquiera rastros de armaduras o batalla alguna.
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Re: [Campaña de Liberacion] Recuperando lo que antes fue un hogar [Priv. Sissi]

Mensaje por Sissi el Sáb Ene 28, 2017 4:06 pm

La cabeza de la dragona era un tumulto de emociones contradictorias que nublaron su juicio y la hicieron retorcerse en el aire de forma violenta. En su interior luchaban el corazón pacífico de Sissi que solo quería volver a casa con sus tropas enteras, contra el alma salvaje que solo deseaba ser libre. Una parte anhelaba ser parte de la sociedad, envolverse en el abrazo del ser amado por las noches, estar durante el día con las personas que quería. La otra parte, completamente diferente, no quería que se le acercara nadie, sino vivir en soledad en plena naturaleza, en comunión con los instintos más primarios a su alma dracónica. La lucha entre ambas identidades la confundía e irritaba a tal punto que no podía controlarse. Pero entonces sintió como toda esa clase de sentimientos desaparecían poco a poco. La voz pacífica que no paraba de gritar se detuvo hasta ser solo un suave murmullo acallado. Liberada del exceso de sonido que embotaba su juicio, recuperó el dominio sobre sí misma y planeó junto a su hermano.

Sus ojos afilados se clavaron en él sin necesidad de girar la cabeza. Era una mirada inteligente, pero peligrosa, diferente a la Sissi que momentos antes caminaba sobre la tierra. Si Kija era todo suavidad y elegancia, la manakete era poder en su forma más brutal. Escuchó sus palabras a medida que aleteaba con fuerza hacia los emergidos. Su respuesta vino en el mismo lenguaje antiguo que había empleado con anterioridad. Su acento era marcado, profundo, pero las palabras salían de su garganta con suavidad y elegancia. No había amabilidad en su tono cuando habló:



Estas muy lejos de casa, hermano mío. Las cosas aquí no son como en Altea, Ylisse o Hoshido. Akaneia está a un mundo de distancia y sus enseñanzas no son aplicables al Desierto de la Muerte. Hablas sin conocer nada, y entiendes tan poco. El desierto solo se alza para sepultar los cuerpos que el sol ha calcinado, o que la sed ha asfixiado. La misericordia aquí no existe. No hay esperanza en las dunas, solo muerte para los que no pertenecen a este lugar. Aquellos que osen irrumpir en mi territorio no conocerán más que la aniquilación total. No te metas en mi camino si no quieres sufrir el mismo destino. Las leyes del Desierto son duras, pero su aplicación es clara. Los débiles deben perecer.

Su comportamiento era, si se tomaba en cuenta su perspectiva, normal. Ese territorio le pertenecía, el desierto era su hogar. Las enormes hordas de emergidos suponían una amenaza que debía ser aplacada de la misma forma que la tierra se venga de los actos destructivos de los hombres. Observó como el hálito de energía pura de su hermano acababa con la vida de los enemigos. Más atrás, sus tropas avanzaban con gritos de guerra, y animados por la presencia de los dos manaketes, hacia delante.

Cuando Kija hubo terminado su primer ataque, la dragona actuó. Ya cerca de su objetivo, Sissi ascendió con rapidez hacia el cielo. El grupo de emergidos que quedaba, un convoy de diferentes clases pero en la que primaban aquellos portadores de armas, se detuvo unos instantes para mirar al cielo. Un par de arqueros lanzaron flechas hacia la visión dorada y resplandeciente, pero a pesar de que todas acertaron en el objetivo, no hicieron nada sino resbalar por las duras escamas o romperse contra ellas. Sissi continuó su vuelo sin apenas inmutarse, como si los emergidos apenas fueran hormigas bajo la suela de una bota. Ya a una distancia que consideró oportuna, cambió su rumbo y se dirigió hacia abajo. Cayó en picado hacia ellos. Cerró sus alas alrededor de su cuerpo y lo envolvió en una crisálida de membranas doradas y rosáceas que, a pesar de su aspecto floral y delicado, eran tan fuertes como el resto de ella. Empezó a girar sobre sí misma aprovechando la velocidad de la caída para aumentar su impacto. El movimiento la asemejó a una peonza, a un rayo en un cielo desprovisto de nubes.

Ya cercana al suelo, no obstante, Sissi utilizó el impulso de su cola para que el golpe no fuera perpendicular a las dunas, sino más bien paralelo a la superficie en la que se apoyó y dejó que su cuerpo escamoso resbalara como una saeta. En su paso arrasó con todos los emergidos que se habían quedado delante y no se habían apartado al ver que el impacto era inminente. El ataque de la dragona dividió al numeroso ejército en dos facciones y se llevó en el proceso a multitud de enemigos que, al sufrir el golpe, quedaron en su mayoría desmembrados, mutilados, o no quedó nada reconocible de ellos. Sus alas se tiñeron de un rojo pegajoso, al que se adhirió la arena del desierto como una segunda capa de piel. Parecía un monstruo resurgido de las profundidades de las pesadillas, hermoso y terrible al mismo tiempo.

En cuanto sintió que perdía velocidad, la manakete abrió las alas para que ejercieran de cortavientos y detuvieran su camino, y clavó las garras en el suelo para cambiar de sentido. Estaba a varios metros de la dividida horda, que había decidido separarse en aún más grupos en función de aquel enemigo que habían decidido atacar primero: unos iban hacia las tropas de Sindhu, unos hacia Kija, y otros regresaban hacia Sissi. Batió las enormes alas membranosas para deshacerse de los restos pegados a ellas y sus grandes ojos almendrados, de colores irisados entre el amarillo, el rojo y el rosáceo, y divididos por una pupila fina y negra, se clavaron en el grupo que se dirigía hacia ella. Seguían un camino de sangre que ella misma había creado a su paso. A ambos lados habían quedado abandonados los despojos de los cadáveres que nunca más podrían volver a alzarse de nuevo.

Así era Sissi transformada: una catástrofe de la naturaleza. Como un terremoto que divide la tierra, un rayo que prende fuego al bosque, o una tormenta de arena que sepulta civilizaciones enteras. Sus actos eran brutales y feroces, pero aún así no había malicia en su forma de obrar. Era cruel y despiadada, pero de la misma manera en la que el mundo se movía sin apenas importarle si sus habitantes sufrían por los volcanes en erupción o el oleaje que se tragaba buques enteros. Si Sissi en su forma beorc era harmonía y paz, como el mar en calma, Sissi transformada se trocaba en un océano que anhelaba destruir las costas habitadas por los hombres. Su propia existencia era un círculo de lucha entre ambas identidades que pretendían dominar una sobre la otra, pero sin que una se impusiera de forma definitiva. Porque en la naturaleza nada era estático, sino que todo vibraba con vida propia y pertenecía a un ciclo propio de aparición y desaparición. Todo iba y volvía como los ciclos lunares: con su propio ritmo se alternaban en harmonía dos polos opuestos: la Luna Nueva se contraponía a la Luna Llena.

No tenía sentido rebelarse contra tal patrón, pero Sissi lo hacía porque no era capaz de aceptar esa parte de su alma. Desde siempre había estado allí, luchando por salir. Cuanto más trataba de controlarla, de suprimirla, más fuerte se hacía. Como la personificación de tal problema, la dragona alzó la cabeza y a través del gentío de Emergidos clavó la mirada en Kija. ¿Por qué habría de tener miedo? Esta es mi forma predilecta. Son todos los demás los que deberían temerme.
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Re: [Campaña de Liberacion] Recuperando lo que antes fue un hogar [Priv. Sissi]

Mensaje por Kija el Dom Ene 29, 2017 12:49 pm

La pelea seguía su curso, Kija por supuesto hacia su parte encargándose de los enemigos que pudiese para aminorar el trabajo de los soldados que veían tras ellos; aun así, las palabras de la maniquete se le incrustaron certeras en el pecho, más dolorosas y eficaces que las armas enemigas. Estaba consciente que no era un manakete en su totalidad pues su sangre humana quizá lo volvía más blando, más débil emocionalmente como tantas veces se lo había dicho su padre. Aun así deseaba creer que ese no podía ser el estado natural de aquella transformación, se negaba a darle la razón a todos aquellos que lo consideraban poco más que un arma poderosa para aplastar a los enemigos. Su amigo le había abierto los ojos hace no mucho tiempo y pese a no considerarse un sabio no pensaba que estuviese tan errado.

- Akaneia, Tellius, Elibe, incluso todos los demás continentes pertenecen al mismo mundo, todos comparten un mismo cielo, un solo mar. -

Se limito a responder mientras usaba de nuevo su halito para borrar del mapa a otro grupo de emergidos desvaneciéndolos en el aire como si nunca hubiesen existido. No usaba violencia innecesaria, no rugía ni se mostraba agresivo, se limitaba a deslizarse por el cielo a la par que las flechas rebotaban contra sus gruesas y bellas escamas.

- El mundo no es un lugar tan cruel…. incluso el inclemente desierto de Hatari es capaz de sustentar vida tanto dentro como fuera de sus arenas, porta esperanza para los viajeros cansados en forma de oasis que se extienden a lo largo y ancho de sus dunas. Hatari respira, crece y se desarrolla con el mismo palpitar que el desierto en Plegia, como el mismo y vecino Grann, el agua de sus oasis es tan dulce como en los riachuelos cristalinos de Altea y las estrellas brillan tanto para nosotros como para los humanos. -

Kija mantenía su ritmo arrojando su halito en cuanto se aseguraba que no lastimaría a ningún aliado. La batalla estaba siendo sencilla si se tomaba en cuenta que dos dragones acababan con cuadrillas enteras sin siquiera ensuciarse las escamas. Era una visión impresionante y aterradora al mismo tiempo.

- Si es tu forma predilecta como es que noto tu aura tan intranquila?. Es fácil dejarse llevar por el poder desmedido, que este tome el control y las decisiones por ti; al final es menos doloroso culpar a ese poder destructivo que asumir las consecuencias de nuestras acciones. Ni tu ni yo somos más grandes que las montañas, no somos más importantes que cualquier otra criatura que viva en este mundo con nosotros…. así que, por favor…. no digas cosas tan tristes. -

La mirada celeste de Kija era gentil incluso en aquella forma gigantesca, mas aun así se mantenía fija en los dorados ojos de aquella a quien consideraba una hermana y apreciaba como tal. Aquella mirada ámbar igualmente le recordaba mucho a los ojos de su padre los cuales eran de aquel mismo color… él en cambio había heredado los ojos azul claro de su madre. Kija volvió a levantar en vuelo, buscando verificar si su ayuda seguía siendo necesaria. Parecía que no y estando el ejercito que acompañaba a su hermana peleando cuerpo a cuerpo contra los emergidos no deseaba intervenir pues con un cuerpo de tan colosal temía que fuese a lastimar involuntariamente a algún aliado. La bestia blanca se repantigo en las arenas para mirar con atención como terminaba la batalla.

- Es buen momento para que te relajes un poco, ven, siéntate. Estoy seguro que ellos podrán acabar el trabajo sin mayores contratiempos, somos muy grandes y si intervenimos podrías acabar lastimando a tus hombres. Tu pelea ya termino así que solo nos queda esperar. -

 Kija tenía fe en que aquellos soldados saldrían victoriosos, se les notaba en la mirada y en el empeño en el que arremetían contra el grupo de emergidos…. estaban defendiendo su hogar después de todo y, al entender aquel sentimiento estaba seguro que todo saldría bien
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Re: [Campaña de Liberacion] Recuperando lo que antes fue un hogar [Priv. Sissi]

Mensaje por Sissi el Lun Feb 13, 2017 7:56 pm

Sissi brillaba con fuerza. Sus escamas reflejaban la luz como un espejo, y su resplandor era cegador para cualquiera que la mirase de frente durante mucho tiempo. Pero los emergidos no sentían dolor, ni siquiera parecían conscientes del mundo a su alrededor salvo para atacar, destruir y asolar a su paso. No obstante, la poderosa presencia de los manaketes les daba de cierta predisposición de ir a por ellos antes que hacia los soldados de Sindhu. Su distracción les costó sus extrañas y oscuras vidas, pues al dirigir su atención hacia los dragones, dejaron sus francos abiertos. El ejército aprovechó el descuido para embestir con fuerza, los laguz bestia primero, la caballería después, y finalmente los soldados rasos. Todos luchaban con honor, con la mirada férrea y convencida de que debían proteger su hogar por encima de todo. Los gritos y clamores de batalla se podían escuchar a lo largo de las dunas, que se extendían hacia el horizonte. El sonido metálico de las armas al chocar replicaba los vítores, que iban a la par con el número de enemigos vencidos: cuantos menos quedaban en pie, mayores eran las ovaciones.

La duquesa, por su parte, se concentró en eliminar al grupo que iba hacia ella con sus espadas, hachas, y lanzas en mano. Expulsó sobre ellos su aliento de energía pura, algo más débil que el de Kija, pero con el mismo resultado: los cuerpos se desintegraron como si su existencia nunca hubiera sido real en un primer lugar. Sentía el poder creciente por toda su piel escamosa, luchando por ser liberado. Su sangre palpitaba, viva, como ríos boyantes de pasión. Ofrecía un espectáculo aterrador, bañada en los restos de sus enemigos y pegajosa con los fluidos rojos que habían liberado al partirse en miles de pedazos. Cuando hubo eliminado al séquito, apenas sin inmutarse, alzó de nuevo el vuelo, dispuesta a ir a por el grupo que en ese instante se estaba enfrentando con el ejército de Sindhu. No obstante, las palabras de su hermano le hicieron cambiar de rumbo. Fijó en él sus ojos tornasolados, con la pupila negra tan fina que formaba una única y recta línea.

Aleteó con fuerza para poder rotar en el aire, y empleó su cola para obtener una nueva dirección, directa hacia su hermano que estaba tendido en la arena con calma. Descendió hacia él y, aunque por un momento pareció que le iba a hacer caso y se iba a sentar a su lado, terminó por hacer algo completamente diferente: con las patas por delante, le empujó el pecho para lanzarle hacia atrás. El impulso mandó a ambos manaketes rodando sobre las dunas, cuya superficie favorecía el deslizamiento de las pieles escamosas. Sissi empleó sus alas como cortavientos y, gracias a que había sido ella la que había atacado primero, eso esa ventaja a su favor para quedar encima de Kija, con las patas delanteras sobre su pecho y sus garras ofreciendo cierta presión amenazante, pese en ningún momento haciéndole ningún daño salvo el que podía provocar su peso. Sissi le gruñó muy cerca de la cabeza, mostrándole los dientes afilados en una señal clara de advertencia. Los labios se alzaban a ambos costados, de modo que sus colmillos sobresalían y brillaban, y su hocico estaba arrugado. Toda su postura daba a entender una actitud agresiva y alerta a todo movimiento, como un depredador más.


Mi coraza es como diez escudos, mis dientes son espadas, mis garras son lanzas, el impacto de mi cola es un rayo, mis alas un huracán y mi aliento es muerte. No te atrevas a decirme, hermano mío, lo que debo o no debo hacer. - Le espetó, su acento al hablar el lenguaje antiguo mucho más cerrado al tener la mandíbula apretada y su voz ser mucho más grave y metálica.


Deberías aceptar tú las consecuencias de tus palabras, porque yo sí que-…  acepto-… las consecuencias-… de mi-… poder-…- Su voz flaqueó, apenas pudiendo terminar la frase. Parecía que eso que le declaraba a Kija se lo estaba diciendo a sí misma en verdad. Como un mantra para concienciarse de que las palabras eran la realidad, y no una mentira. Lo cierto era que Sissi no reconocía esa parte de ella. Hubiera deseado ser como sus padres y Kija, manaketes elegantes y pacíficos que protegían la vida a su alrededor. Pero lo que le había tocado ser era una dragona cruel y volátil, que se alejaba de todo en lo que ella creía como persona y que Naga le había enseñado a su pueblo hacía milenios. En su interior, la Duquesa se sentía maldita. Sufría por no ser normal, por haber estado tan sola, por la incertidumbre de no saber si lograría salvar a sus amados ciudadanos. En el fondo, 800 años apenas era nada en la vida de un manakete, Sissi sería para muchos apenas una muchacha que había alcanzado la juventud. Recordó, con cierta aflicción, que quizás tuviera razón ese sureño que alguna vez la llamó “anciana inmadura”.

La enorme dragona empezó a temblar como si el peso del mundo estuviera a sus espaldas y no pudiera cargar con todo el peso. Movió la cabeza de un lado a otro, como si eso fuera a lograr que los malos pensamientos se fueran, y en el proceso dos gruesas lágrimas cayeron de sus enormes ojos almendrados. Sin embargo, la paz que traía Kija consigo alivió su sufrimiento como una manta en una noche fría, o una velo en medio de la oscuridad más perpetua. La calma le permitió respirar y tomar conciencia de sí misma. Ya no estaba sola en el mundo. En un instante, las garras de la duquesa dejaron de posarse amenazantes sobre el pecho de su hermano y se transformaron en dos manos pálidas y suaves, que se agarraron con fragilidad al cuello del manakete. La luz que indicaba el cambio de forma se fue apagando poco a poco, a medida que la figura de Sissi se hacía presente y la dragona volvía a dormir en su Dragonstone.  

A lo lejos, los soldados comenzaban a cantar su victoria, ajenos a lo sucedido con Kija y Sissi. Habían tenido bajas, nadie podía salir de una guerra sin sufrir daño, pero la ayuda de los dos dragones había sido esencial para evitar que las víctimas fueran más numerosas. Rápidos, los heridos fueron tratados por los clérigos, y los cuerpos de los fallecidos trasportados a camillas que los camellos arrastrarían de vuelta al Ducado. Mas tarde llorarían a los caídos, pero ahora el dolor era eclipsado por la sensación de victoria y el cansancio que tenían todos. Seguramente el día siguiente fuera un día de luto, en el que todos vestirían por completo de blanco, el atuendo reservado para aquellos que lloraban la muerte de algún ser querido. Los soldados más corpulentos apiñaron a los emergidos regados por el suelo en una misma pila, sin dejar ningún resto atrás salvo aquellas partes imposibles de recuperar. Poco después ardía una hoguera que reducía a cenizas a las pérfidas e inertes criaturas, costumbre que se había implantado por miedo a que los cadáveres regresaran a la vida de nuevo.

- Gracias, Kija,  hermano mío. – Musitó Sissi en un suave susurró y sin abrir los ojos. Se quedó tendida sobre la figura de Kija, sus sentimientos calmados y su cuerpo agotado no solo por la batalla, sino por el esfuerzo mental que requería transformarse cada vez y luchar consigo misma. No parecía estar herida, pero sentía todas sus extremidades pesadas y agarrotadas. Dudaba que pudiera moverse en un rato, cuando hubiera recuperado el aire y no estuviera tan turbada por los acontecimientos. Sin embargo, no temía, pues sus hombres se encargarían de llevarles a ambos a casa y procurar que recibieran la atención necesaria. Kija y ella tenían muchas cosas que hablar, pero eso podría esperar al día siguiente. En poco tiempo su vida había dado un vuelco; lo que parecía una mísera incursión contra los emergidos se había transformado en un encuentro que le había cambiado su existencia. Ahora tenía un hermano que la cuidaría del miedo a la soledad y a sus poderes, que podría enseñarle lo que él había aprendido y ella a él. Sabía que tenía un largo trecho por delante, la aceptación de uno mismo era complicada. Por suerte, los Manaketes si algo tenían, era todo el tiempo del mundo. Por ahora, descansaría.
Afiliación :
- SINDHU -

Clase :
Sacred Manakete

Cargo :
Reina de Sindhu

Autoridad :
★ ★ ★ ★ ★

Inventario :
Dragonstone [2]
Dragonstone [5]
Vulnerary [3]
DragonStone Plus [5]
.
.

Support :
Kija
Sera
Yrumir

Especialización :

Experiencia :

Gold :
140


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Re: [Campaña de Liberacion] Recuperando lo que antes fue un hogar [Priv. Sissi]

Mensaje por Kija el Miér Feb 15, 2017 4:35 am

Aun así, Kija no mostro hostilidad alguna hacia ella limitándose a mirarle con sus ojos azul claro, sin inmutarse siquiera cuando ella comenzó a gruñirle mientras parecía amenazarlo con aquel lenguaje antiguo. Aun así, confiaba en que ella no le haría daño pues de haberlo deseado podría haberle enterrado sus largas y afiladas garras en el pecho o lanzarle alguna mordida.... pero no lo había hecho y por eso mismo Kija no encontraba razones para corresponder agresivamente, escuchando en silencio.

La luz característica del cambio de forma se hiso presente mientras Sissi recuperaba su forma humana, quedando tendida sobre su pecho notoriamente agotada. Kija por su parte se mantuvo aun quieto unos momentos pues los gritos de victoria que e escuchaban a lo lejos indicaba que la batalla se había ganado. Pasando unos minutos en tranquilidad el manakete mestizo agacho su cabeza hacia la joven para tomarla gentilmente con la boca, reincorporándose de aquella posición boca arriba en la que había quedado para volver a posar a la joven sobre su espalda y que siguiera descansando, acto seguido se dirigió de vuelta al oasis para reunirse nuevamente con el grupo que acompañaba a la joven.

- No hay nada que agradecer, para eso está la familia -

Respondió a los agradecimientos contrarios dibujando una sonrisa notoria aun en su rostro diaconice, moviéndose con pasos suaves que apenas sacudían a la chica que llevaba a cuestas. Cavia destacar sin embargo que el lomo del manakete estaba marcado por una enorme cicatriz que le cubría de lado a lado que concordaba perfectamente con las marcad de garras de otro manakete, aunándose otra cicatriz mas reciente ubicada en la base de las alas por cuya forma parecía como si le hubiese impactado un rayo en aquella área.... Eran heridas que habían sanado y ya no le dolían en absoluto pero que incluso con sus capacidades regenerativas de manakete fue capaz de curar totalmente dejando en su lugar pequeñas aéreas con escamas más pequeñas y delgadas que daban la forma a las cicatrices.

- Te llevare a casa hermana, necesitas descansar de este largo día. Puedes estar tranquila, te protegeré a ti y a los tuyos todo el camino de regreso. -

Y, haciéndole un par de mimos con el hocico se encamino junto con el ejercito de Sindhu que regresaba a casa agotado y con algunos soldados a los que se darían su tiempo de llorar más adelante, aun así, el aura protectora del manakete blanco les acompaño aliviando sus penas todo el camino de regreso.
Afiliación :
- HOSHIDO -

Clase :
Sacred Manakete

Cargo :
Arqueólogo

Autoridad :

Inventario :
DragonStone Plus [2]
Elixir [2]
Tónico de resistencia [1]
Dagas de bronce [1]
.
.

Support :
Reyson
Gaius
Sissi

Especialización :

Experiencia :

Gold :
5453


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Re: [Campaña de Liberacion] Recuperando lo que antes fue un hogar [Priv. Sissi]

Mensaje por Eliwood el Lun Feb 20, 2017 12:09 am

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Kija ha gastado un uso de su dragonstone.
Sissi ha gastado un uso de su dragonstone.

Ambos obtienen +2 EXP.
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Espada de acero [3]
Gema de Ascuas
.
.
.

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
604


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Re: [Campaña de Liberacion] Recuperando lo que antes fue un hogar [Priv. Sissi]

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