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El oasis de papel [Privado; Seraphiel]

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El oasis de papel [Privado; Seraphiel]

Mensaje por Sindri el Jue Sep 29, 2016 9:22 pm

Una maraña de colores púrpuras y morados se desplazaba entre todo aquello que proporcionaba sombra a una velocidad pasmosa, ahora bajo un toldo, ahora tras la sombra que proporcionaba una pared que no se paró a mirar mucho. Sentía como se derretía poco a poco bajo el sol y cada vez que tenía que salir de la cálida pero soportable sombra eran instantes de agonía en los que danzaba entre los rayos del sol como un hipopótamo en una cocina. Cuando tuvo la idea de aprovechar su tiempo en Tellius al máximo tras la confirmación que tenía una especie de carta blanca siempre y cuando visitase templos del saber, no esperaba que Hatari fuera tan... caluroso.

Todo había comenzado con una nota al pie de página que había encontrado entre sus notas, casi como algo apuntado a última hora. Al parecer una de las mayores bibliotecas que había en Tellius estaba situada en la parte más al noreste del continente, escondida entre las arenas del lugar conocido como Hatari. Y esa era toda la inferomación que disponía sobre el lugar: había arena, había una biblioteca y estaba al noreste de Tellius. Incluso para los estándares de la información que tenía sobre aquél continente septentrional, Sindri no había podido encontrar mucho sobre Hatari más allá de información aquí y allá, complementaria a otra.

Motivado por la curiosidad de proporcionar información sobre el misterioso reino y por la promesa de una biblioteca reluciente y desconocida, Sindri salió eventualmente de Goldoa hasta Begnion, donde hizo los preparativos para el nuevo viaje. Y menudo viaje que fue. Durante días y días viajó por el enorme país, primero hacia el este y luego hacia el norte, entre una caravana de comerciantes de productos exóticos. Volver a la vida nómada fue un bienvenido cambio que, durante unas semanas, le recordó a su período de aprendizaje de las Artes Arcanas con su maestra.

Pero todo buen tiempo tiene que terminar cuando llegó a su destino. Los mercaderes no podían aseguarle con toda certeza que fuera la biblioteca que buscaba con los pocos datos que podía ofrecer, pero la del ducado de Sindhu era una buena candidata para que lo fuera. Muy amablemente le avisaron que en Hatari había una gran concentración tanto de Beorc como Laguz, a diferencia de otros reinos, y que había además colonias de algo conocido como Branded: hijos de Laguz y Beorc con misteriosas habilidades. El amor era muy bonito y cada persona podía amar a quién quisiese, por lo que Sindri no se sentía muy inclinado de criticar aquellas parejas.

Lo que sí se olvidaron de mencionarle era el calor que hacía.

Bien que era cierto que los lugares arenosos no se daban, digamos, en tundra o bosques pero es que esto era un verdadero desierto. Ya lo había pasado mal en su viaje a Sacae por la temperatura, pero es que este lugar era demencial, una caldera, sobretodo estando acostumbrado a los gélidos páramos de Ilia. Lo primero que hizo tras salir de la apacible sombra del carruaje fue salir disparado hacia la primera zona bajo toldo que pudo ver desde ahí y maldecir que no trajo nada de ropa menos abrigada. Pudo sonsacar algo de información a las pocas personas que encontró, sin poder determinar por sus ropajes si eran Laguz o Beorc, pero eso era de poca importancia para el acalorado bibliotecario en esos precisos instantes.

Pronto la magnífica estructura que prometía sombra y quizá algo de brisa se dejó ver en el horizonte y Sindri podría jurar que había caminado disimuladamente más rápido en toda su vida. No tuvo el coraje de ponerse a admirar la arquitectura externa del edificio y entró todo lo rápido que pudo, cerrando la puerta tras de sí.

Y entonces suspiró de alivio, disfrutando de algo de frescura desde lo que le parecieron horas. Cerró los ojos y respiró el aire fresco un par de veces, disfrutando la sensación, pero dándose prisa para no parecer rarito. Sus ojos, poco acostumbrados a la oscuridad, no le permitieron ver absolutamente nada más allá de sus narices, por lo que se limitó a decir en voz alta – ¿Hola? ¿Hay alguien por aquí? – y sólo el eco le contestó, por lo que se sintió tan solo como para añadir – He venido a visitar la mayor biblioteca de Hatari. – una cosa tan obvia que se arrepintió tras decirla. ¿Para qué otra cosa estaría ahí? ¿Venderles algo? No traía consigo más que libros y preferiría mil veces cambiarlos antes que venderlos. Se dispuso a esperar, a ver si aparecía alguien que le pudiera dar algo de información sobre el lugar.
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Re: El oasis de papel [Privado; Seraphiel]

Mensaje por Seraphiel el Dom Oct 02, 2016 5:13 pm

Cerró el libro que estaba leyendo con suavidad, cerró sus ojos y dejó escapar un suspiro de sus labios. Ese día era exageradamente caluroso, incluso para Sindhu, no estaba acostumbrado ni pensó acostumbrarse jamás al caluroso clima que de vez en cuando atacaba sin piedad el ducado. Alejó un poco el libro de él, sobre la oscura madera de la mesa y dejó caer su cabeza en su brazo flexionado sobre la lisa superficie.  Miró hacia la enorme estantería repleta de diferentes libros y cerró sus ojos. Eran en aquellos momentos que echaba de menos el bosque y su frescor, el susurro de los árboles y el cantar de los pájaros, echaba de menos aquella armonía natural que en ningún otro lugar había logrado encontrar. No podía salir y estaba confinado en aquella biblioteca... ¡Diantres! Se empezaba a aburrir demasiado. Desconocía el paradero de las otras personas que conocía del ducado y sinceramente, tampoco estaba dispuesto a salir y buscarlos... ¡Claro que no! ¡Con el calor que hacía! Sus ojos se abrieron en cuanto escuchó el canto de un pajarillo y lo que vio delante le sorprendió. Levantó su cabeza, observando la pequeña y blanquecina ave que seguramente se habría colado por una de las ventanas abiertas de la sala de lectura.

Sonrió y extendió una mano hacia él, este le observó unos segundos antes de subirse sobre su dedo y murmurarle algo en un idioma desconocido. Aún así, Sera sonrió, como si escuchara algo más— Aún así ¿Qué buscas aquí? ¿Hace demasiado calor para ti fuera? —Habló en un susurro, solo para mantener el silencio del lugar, a pesar de que a esas horas no habría nadie más que él pues las clases en la Universidad habían empezado y esa era, exactamente, un horario ocupado por los estudiantes. Él tenía la libertad de hacer lo que quisiese ese día pero aun así, prefirió no volver a cometer un error abismal y ser reprochado por segunda vez en dos décadas. Pero, la albina ave no tardó en aletear y volar por la sala de lectura bajo la mirada desconcertada del Laguz. Se levantó, apoyó ambas manos en la mesa y entreabrió sus alas de ligeros destellos amarillos. ¡Eso no era nada bueno! ¿Y sí...? —

No tuvo éxito, siguió volando y pronto la garza lo perdió de vista... ¿Pero qué pasaba con él? Con cuidado aleteó también un par de veces, suficiente como para levantarse en el aire, tampoco podía permitir que se perdiera por la biblioteca y, le convendría encontrarlo antes de que alguien más llegara. Dado que la sala de libros estaba en otra sección, o al menos, la de los libros importantes, y que no habían demasiadas estanterías u objetos que le molestaran en aquella enorme biblioteca, se dedicó a volar por los alrededores, buscando la pequeña ave blanquecina que parecía estar haciéndolo a propósito, solo para que la garza le persiguiera, acabó llegando hasta la entrada principal del lugar, un recibidor enorme, con diferentes y hermosos cuadros adornando los muros y un suelo de madera adornado por una hermosa alfombra de tonos rojos. Salió volando de la primera planta y lo vio ahí: el pequeño pájaro que apresurado se estaba acercando al mostrador. Parecía estar a punto de pasar delante de un misterioso chico. Llegó a escucharle que venía a ver la biblioteca... Lo escuchó, pero...

—Frenó a pocos metros de él, aún usando sus alas para permanecer en el aire, sin tocar el suelo. Pero, al darse cuenta que no lo entendería, parpadeó, negó enérgicamente con la cabeza y volvió a pronunciar, esta vez en el idioma normal— ¡Se escapó! De hecho no... Se coló, sin permiso... —Volvió a avanzar, extendiendo sus brazos hasta atrapar entre sus manos el serecillo blanquecino que, aparentemente se había quedado atrapado en un rincón— Atrapado —Sonrió, dando media vuelta aún en el aire. Miró hacia el chico y sonrió amablemente a pesar de todo mientras bajaba sus pies al suelo, aún con el pájaro entre las manos, teniendo cuidado de no lastimarleo. Este, permaneció quieto, removiéndose con suavidad y haciendo cosquillas en las palmas del embajador— Lo siento... Venías para ver la Biblioteca ¿Cierto?
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Re: El oasis de papel [Privado; Seraphiel]

Mensaje por Sindri el Lun Oct 03, 2016 9:10 pm

¿Disculpe? Creo que no acabo de entender lo que me acaba de decir. – fue su primera respuesta a un ruido en el interior que todavía no podía discernir y una especie de canción cruzada con un idioma desconocido. No sabía ni que era, pero sentía la necesidad de pedir perdón ante ello.

Uhm. Sí. No sabía que necesitaba permiso para entrar aquí. Parecía un lugar bastante... ¿Público? ¿Grande? – Sindri contestó automáticamente, aunque necesitó unos momentos para situarse y poder procesar toda la información que tenía delante de él. Sus ojos se acostumbraban fácilmente a la oscuridad, gajes del oficio, pero una vez pudo verlo todo bien le pareció que había entrado en un mundo paralelo. O al menos un mundo al revés. A ver, los humanos no volaban. Ni tenían alas. Ni perseguían pájaros. Ni había pájaros dentro de las bibliotecas. Salvo en la parte destinada a ella, la pajarería, y solían encargarse expertos. Que no tenían alas.

Sacudió levemente la cabeza y se situó en contexto: estaba en Tellius, un lugar donde había unos seres humanos misteriosos con capacidades sorprendentes. Algunos tenían orejas y cola. Otros tenían alas. No era tan raro de ver ahí, seguro que no, pero era la primera vez que Sindri veía a alguien con alas. O a alguien volar. No le podía dejar de parecer extraño, como si el mundo se hubiera vuelto loco de una manera u otra. Nadie le iba a creer una vez fuera a contar todo lo que ha visto en este viaje.

Oh. ¿Atrapado? – como acto reflejo, Sindri se giró en redondo y abrió la puerta que tenía delante de él, justo por la que había entrado, para comprobar si era cierto. Una bocanada de aire desértico le hizo cerrar la puerta con la misma rapidez que la había abierto. Desde luego no estaba atrapado ahí, pero tampoco tenía ninguna intención de salir del lugar – Es una manera de decirlo, supongo. El calor de fuera no hace especialmente atractivo el salir. – ¿Quizá era una trampa y estaba atrapado porque había peligro de derretirse fuera? Todo dependía mucho del cristal como se veía.

Sí, señor, vengo a ver la mayor biblioteca de Hatari. – repitió, esta vez al ser alado que tenía justo delante de él. Ahora que podía verlo mejor... ¿Alas blancas? Jamás había leído en uno de los pocos tomos que tenía sobre Laguz que hubieran alguno con alas blancas. Negras sí, marrones también pero... ¿Blancas? Menudo misterio – Mi nombre es Sindri y soy un bibliotecario de la Gran Biblioteca de Ilia. Ilia. Eso está en... – metió la mano en su zurrón y comenzó a buscar algo en particular. Unos segundos después, sacó un papel pulcramente enrollado que deshizo con cariño, para entonces mostrar a su interlocutor un tentativo mapa del mundo conocido, de dudosa exactitud – ... ¡Elibe! Es el continente justo al sur de Tellius. E Ilia está justo aquí. – señaló alegremente con la mano que tenía libre el norte de Elibe.

Cuando llegué a Tellius me informaron de la existencia de una fantástica biblioteca en Hatari y, claro, no podía hacer sino que visitarla. ¿No cree? – tras explicar un poco su posición se aserenó y miró directamente al Laguz – ¿Y usted es...? – sólo entonces se dio cuenta que no conocía la identidad de su interlocutor, un asunto que esperaba solucionar en el futuro.
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Re: El oasis de papel [Privado; Seraphiel]

Mensaje por Seraphiel el Miér Oct 05, 2016 6:16 pm

... ¿Pero qué...? Permaneció quieto, ladeando a un costado su cabeza como única señal de su ligero desconcierto ¡¿Pero qué era eso?! Las acciones de aquél humano no llegó a entenderlas, hasta que le dio la vuelta a las cosas al menos y logró percatarse del extraño malentendido que se había formado. Avanzó unos otros pocos y silenciosos pasos hacia el otro, tan ligeros como si realmente no estuviese tocando el piso, quizás debido a sus alas de suaves tonos amarillos o a su peso casi inexistente teniendo en cuenta su altura. Le observó y habló— Lo siento, realmente eso fue culpa mía... —Había sido sin querer, casi pronunciado por inercia, después de todo era usual cometer esos pequeños errores cuando se estaba más familiarizado con un idioma o con el otro, la mente de una persona, en automático tomaba lo más fácil de recordar, en su caso, pronunciarlo en su arcana lengua casi extinguida.

Entrecerró sus ojos, moviendo un poco su ala derecha para cubrirse de la oleada de calor y la suave arena que se estaba colando desde la ciudad... ¡Que desastre debía de causar eso en pocas horas! Días tan calurosos no deberían de existir, pero...— No se necesita un permiso... Esta abierto para cualquier curioso... O deseoso de conocer... —Si no se comportaba como debía sería regañado... Realmente solo estaba copiando lo que la Duquesa de Sindhu le había dicho tantas veces. Volvió a plegar hacia atrás su ala, contra su espalda y abrió poco más sus manos para señalar al albino pájaro que ya no parecía querer salir volando— Además... Tú no estás encerrado, ni atrapado... Lo decía para él —Entonces abrió totalmente sus manos, acercando el pajarillo al mago mientras sonreía suave de lado— A él le atrapé... Pero si quieres estar atrapado... Se puede resolver —Sonrió de lado, nada más que una inocente broma. El pajarillo voló hasta apoyarse en el hombro de la garza y esta, tras unos segundos dio unos pasos más al frente al observar como sacaba algo de su zurrón.

Miró con escrupulosa atención el papel con un mapa que tardó en descifrar y al final sonrió para si, Elibe... Ilia... Se inclinó suavemente hacia el mapa y después observó hacia el beorc— ¿Ilia? ¿La ciudad nevada? —Un ligero escalofrío le recorrió a la idea... Estaba acostumbrado al calor que suponía Hatari y Sindhu... A penas si se acostumbraba al mar... ¡Pero la nieve! A pesar de que le habría gustado verla... Trazó un mapa mental en sus adentros y volvió a retroceder un paso, asintiendo con una suave sonrisa. ¡Debía ser amable! Incluso con los beorcs, pero, ese en particular parecía extraño, demasiado y, lograba ver la duda en sus ojos— Tuvo que ser... ¿Desconcertante? Dar con un clima tan caluroso, sobretodo hoy, el sol está exagerando —Parpadeó— Mi nombre es Seraphiel, no doy más que un... —Dudó por un instante ¿Como sería lo más correcto decir a eso?— ¿Aficionado? No sé donde puede haber ido el bibliotecario... Pero sé bastante de la biblioteca también, siéntase libre de deambular por donde guste —Dicho eso volvió a latir sus alas y se levantó del suelo, dirigiéndose en un suave planeo por encontrarse en un lugar cerrado hasta donde se encontraba una de las ventanas en la que dejó el pájaro posado y sonrió— Era este pequeño que se había colado... Sería peligroso para él si se golpeara contra algo...
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Re: El oasis de papel [Privado; Seraphiel]

Mensaje por Sindri el Sáb Oct 08, 2016 9:09 pm

Ah, no, estoy seguro que ha sido culpa mía. Todavía no me acabo de acostumbrar a la cultura de Tellius. – referirse a las diferencias culturales era siempre una buena excusa, puesto que todavía no sabía desenvolverse bien por ahí. Cierto era que no había cometido ningún faux pas todavía, pero alguna que otra comida o manera de hablar le eran ciertamente extrañas. Así que el estar en una biblioteca donde le decían que estaba atrapado quizá era una tradición del lugar para asegurarse que el que visitaba tal lugar realmente leía los libros que pedía. No era nadie para criticar tradiciones, estaba allí puramente por turismo, por lo que simplemente se quedó expectante de lo que sucedía a continuación.

Oh, si está abierto a cualquiera me pregunto porqué no hay más gente aquí dentro. Se está muchísimo más fresco aquí que bajo cualquier toldo ahí bajo el sol. No sé que tienen las bibliotecas, pero siempre se está mucho mejor dentro que fuera. – se refería con esas palabras a la Gran Biblioteca de Ilia, un baluarte contra el frío y la nieve durante todo el año del que hacía falta una gran fuerza de voluntad para salir. Sobretodo si podías vivir dentro de las gruesas paredes y tenías comida gratuita ahí. Sindri trató de pensar “incluso en verano”, pero la verdad incluso en verano hacía frío en Ilia y no era buena idea salir fuera sin abrigo.

Trató de analizar un poco más a la persona que tenía delante ahora que sus ojos podían ver perfectamente con la luz que había ahí dentro. Alas. Laguz pájaro. ¿Halcón? No parecía tener los colores que se describían en los libros. ¿Cuervo? Sus alas tenían un color completamente incorrecto para ello. ¿Otra raza de Laguz? ¿Colores autóctonos del desierto? Sindri no lo podía saber, y mira que las islas de Kilvas y de Phoenicis eran las más cercanas a Ilia y, por tanto, sobre las que tenían más información.

Pero no sabía como de decoroso era preguntar el tipo de Laguz que uno era, por lo que decidió abstenerse por el momento.

Me temo que atrapar un bibliotecario en una biblioteca sería como atrapar un goloso en una tienda de pasteles. Sólo que con menos dolor de estómago en las horas siguientes. Ahuhuhu~ – y lo decía en serio, no le importaría quedarse durante un tiempo ahí sin poder salir. Ya escalaría hasta salir de una ventana si fuera necesario. Pero había tanto y tanto conocimiento que no podía encontrarse en Elibe... no podía resistirse a quedarse ahí ni con ese riesgo – Completamente correcto, Ilia. Más bien el país nevado, pues lo único que podemos decir que tenemos es eso. Nieve y el ocasional jinete de pegaso. Verano e invierno. Día y noche. – alzó los hombros un poco: “tenemos” decía. Realmente él sólo llevaba cuatro años en Ilia, pero debía mantener la fachada de bibliotecario – Si le soy sincero, a veces se agradece encontrar un lugar con un poco de calor. Pero me temo que este clima es algo excesivo... – suspiró, tratando de olvidar el calor que hacía fuera.

Bueno, no me importa esperar. No me gustaría molestar con mi presencia aquí. – movió un poco el zurrón lleno de libros, tratando de recolocar un poco el peso de éste – Venía también con la esperanza de poder proponer un intercambio de libros. Traigo volúmenes muy preciados de Ilia y de Elibe que intercambiar con esta biblioteca para complementar el conocimiento de ambas. – todo lo que fuera aumentar el conocimiento era algo positivo para Sindri, y comparativamente tenían muy poca información sobre Tellius – Y sí, es un pajarito bastante bonito. También sería peligroso para los libros si se pusiera a picotearlos. – como bibliotecario dejó a relucir su interés por la buena conservación de los libros y su falta de conocimiento sobre ornitología.
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Re: El oasis de papel [Privado; Seraphiel]

Mensaje por Seraphiel el Dom Oct 09, 2016 6:54 pm

... ¿Ah? ¡Ese chico sí que era raro! Sus labios terminaron temblando levemente por aguantarse una sonrisa mayor a la usual y finalizó por cerrar sus ojos unos instantes... ¡Si realmente no estaba encerrado! Bueno... Que se estuviese mejor dentro que fuera era otra cosa a parte— Mientras no robe, amenace o sea racista no incumplirá ninguna de las normas de Sindhu —Aseguró cuando hubo abierto nuevamente sus ojos color cielo. Miró suavemente al humano de lado, mientras con una mano animaba al pajarillo salir volando de la biblioteca. Claro, realmente era malo permanecer encerrado ahí y además golpearse contra los libros, pues a pesar de todo eran capaces de dejarse llevar por el pánico y volar sin rumbo fijo, fuera era mucho más tranquilo e incluso el abrasador sol no resultaba una molestia demasiado mayor si se acercaba a alguna fuente. Así que, era mejor para él salir. Seraphiel era cosa a parte, prefería la frescor de la biblioteca, a pesar de que últimamente se había mantenido mucho más alejado de la biblioteca que de costumbre— Ah... Eso tiene fácil respuesta —Entonces volteó, avanzando unos pasos al frente solo para volver a extender sus alas con suavidad y 'volar' hacia más cerca del otro— Hay clases... Tanto profesores como alumnos que suelen concurrir la biblioteca están ocupados. Además, los otros ciudadanos prefieren seguramente permanecer en sus casas ante este abrasador calor... Porque no crea, usualmente Sindhu goza de buen clima. No nieva como en Ilia, pero, tampoco es tan abrasador el calor como en el desierto —Explicó brevemente, sonriendo con suavidad.

Nunca vi la nieve... —Terminó murmurando, pensativo— Pero tampoco me acostumbré tan fácilmente al caluroso clima de aquí... De hecho, aún sigo sin acostumbrarme del todo. Debe ser mucho más difícil para usted que viene desde un país nevado —Incluso vivir en un lugar como Ilia le supondría complicaciones, estaba seguro, pero ese detalle prefirió omitirlo— ¿Escuché bien? ¿Dijo bibliotecario? —Rió en bajo, en un dulce tono— Lástima que no esté aquí Yrumir, nuestro bibliotecario, seguro se habrían llevado bien —Dos bibliotecarios hablando de las maravillas que encontraban en los libros, sin duda habrían estado todo el día discutiendo de cosas que siquiera él entendería— Ah, no es ninguna molestia... —Parpadeó, levantando ambas manos hacia delante de su cuerpo para negar— Siéntase libre de curiosear cuanto quiere... Presupongo que ya sepa la norma más importante de una biblioteca: No maltratar los libros —Y guardar silencio, pero por eso nunca había sido reprochado... Casi— Yrumir en especial, se pone una furia y calcina a cualquiera. Tenga cuidado —¿Pretendía asustarlo? ¡Claro que no! Solo no deseaba tener luego problemas con el dragón.

Sus ojos se abrieron poco más ante aquella propuesta, volviendo a entrecerrarlos poco después, sin borrar la constante y calmada sonrisa de sus labios— Esa es una espléndida idea... La coincidencia quiso que la misma Biblioteca de Sindhu quisiese empezar con ello... Intercambiar conocimiento con otras grandes bibliotecas del mundo —Miró a un lado y otro, ladeó a un costado su cabeza y finalmente se decidió— ¿Qué tal si vemos los detalles del intercambio con una taza de té delante? —Propuso. Se desplazó unos pasos hacia la salida de la biblioteca... A ver, Seraphiel... ¿Por qué tan cortés con un beorc de golpe? ¡Apariencias, apariencias! ¡Había que mantener las apariencias! Pero en el fondo el humano le divertía, eso era todo.
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Re: El oasis de papel [Privado; Seraphiel]

Mensaje por Sindri el Mar Oct 11, 2016 4:37 pm

¡Oh! ¡Finalmente un lugar donde estafar, coaccionar y llevar a cabo multitud de delitos sin conexiones con la raza! En menudo lugar he acabado. Ahuhuhu~ – bromeó tras escuchar las prohibiciones que reinaban en aquél lugar. El código de leyes de Sindhu debía poder leerse en pocos minutos y los magistrados no tendrían mucho trabajo en los juzgados. Aunque Sindri supuso que no era más que una simplificación de las normas de Sindhu para le gente con algo de trasfondo en las normas usuales de la civilización. Pero Sindri no podía dejar pasar tal oportunidad para bromear, puesto que iría en contra de su naturaleza.

¿Clases? ¿De magia? En la Gran Biblioteca de Ilia contamos también con enseñanzas de ese tipo. Bueno, más bien tiene un órgano independiente de magos que emplean las instalaciones de la biblioteca para enseñar a sus pupilos. Justamente en el piso de arriba de donde trabajo yo. – señaló levemente al techo de la construcción, medio como ayuda visual y medio por su gusto por gesticular durante las conversaciones – ¿De veras? Será mi mala suerte, que me hizo llegar justo el día que hay mal tiempo. O será el mal tiempo, que me acompaña de Ilia, y no encontró ninguna tormenta de nieve que echarme – alzó los hombros, como resignándose al destino que se le había encomendado. Desde que despertó sus poderes respecto a la Magia Arcana no podía decir que había tenido una sola racha de buena suerte, por lo que tampoco esperaba encontrar una pronto.

Oh, no se preocupe, la nieve puede ser bonita, sí. Pero se cansaría de verla durante el primer invierno que pasara ahí, créame. Es lo único que puede ver desde la ventana día tras día tras día. – aunque Sindri no era alguien a quién le importara quedarse dentro, y además trabajaba en el mismo edificio donde vivía y ya hacía suficiente ejercicio transportando libros y moviéndose sin parar durante todo el día – Aunque tampoco le negaré la diversión que puede llegar a ser una pelea de bolas de nieve y construir muñecos y casitas de nieve. Lo peor era cuando te dabas cuenta del frío una vez entrabas en un lugar. Ese frío sí que cala hasta los huesos. – rememoró brevemente las primeras veces que pudo jugar con la nieve y el resfriado a consecuencia de éstas. La moderación era una virtud por una buena razón.

Sí, bibliotecario de hecho y puro derecho. He pasado el período de pruebas y ya llevo un par de años ejerciendo como tal. – se hinchó de orgullo con aquellas palabras, puesto que no podía decir que hubiera conseguido muchas metas en su vida – Oooh, carta blanca para curiosear~ Mi carta favorita juntamente con la de los restaurantes de Lycia. No se preocupe tampoco, para un bibliotecario cada libro es un tesoro y haría lo indecible para asegurarse que siguen intactos. – no sabía quién era Yrumir, pero cualquier persona que llevaba a cabo tal retribución por maltratar un libro no podía ser nadie malvado. O, al menos, alguien que le cayera mal al Dark Mage.

¿Oh? ¿De veras? Entonces quizá sí que mi suerte haya cambiado un poco. La Gran Biblioteca de Ilia es uno de los mayores centros del conocimiento de Elibe, por lo que estoy seguro que tenemos todo tipo de volúmenes que pueden interesarles. – no se le había otorgado el nombre de “Gran Biblioteca” por el tamaño del edificio. Aunque seguramente ayudaba – ¿Té? Hm... no sé yo si bebería algo caliente ahora mismo... pero si cree que eso puede ayudar con el calor, estaré encantado de acompañarle. – y con esas palabras, Sindri se dispuso a esperar la respuesta del Laguz de alas blancas, con la esperanza que el té se acompañase con algún dulce típico de Hatari.
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Re: El oasis de papel [Privado; Seraphiel]

Mensaje por Seraphiel el Jue Oct 13, 2016 7:24 pm

Parpadeó... ¿Cómo? Levantó una mano hacia sus labios y rió con diversión ante aquellas palabras del chico... ¡Sí! Empezaba a entender como iban las cosas con él a ese paso. Cuando su risa cesó, su mano bajó un poco, lo suficiente como para tomar uno de los largos mechones de su dorado cabello y llevarlo detrás de su oreja en un suave movimiento— Bueno... No se lo aconsejo... Los dragones dan miedo —Fue su única excusa... Si lo hacía... Cosa que realmente dudaba por completo, los varios dragones que en Sindhu residían no tardarían mucho para transformarse y incinerarlo— ¿Hum? —Ladeó a un lado su cabeza con curiosidad ante sus palabras y al final ensanchó leve su sonrisa— La Biblioteca de Ilia parece ser un lugar digno de visitar —Y no mentía, le había empezado a sacar gusto a eso de viajar de país en país y conocer cosas nuevas, de cualquier índole estas fuesen, aunque claro, habían algunas que prefería sin duda mantenerlas lejos de él... Como los problemas, que siempre terminaban apareciendo queriendo o no de todas formas.

Ah, no se preocupe, la mala suerte acecha a todos... Solo hay que esperar una racha de buena suerte, siempre termina apareciendo... Cuando menos se lo espera, antes o después. ¿Pero para qué engañarse? Es mejor que aparezca antes que después. De hecho, sería buena idea que nunca faltara... Pero tienda a ir de vacaciones sin avisar y no envía cartas por muchos meses más —¿Será acaso el calor que le estaba afectando? ¿Desde cuando era tan amistoso con un humano? Enderezó su cabeza y pensó que eso en algún momento llegaría a molestarle, probablemente mucho antes que después. ¡Pero hacía calor! Aquél pensamiento se disipó una vez escuchó sus siguientes palabras... Nieve... Frío... Por un momento se la intentó imaginar, una manta blanca y fría recubriendo todo, acunando a los animales en un sueño profundo, que duraría meses... ¿De hecho habrían animales en Ilia? De aquellos que normalmente se encontraban en los bosques... Lo dudaba y fue eso que le llamó aún más la atención— Suena hermoso... Aunque... —Le recorrió un escalofrío que le hizo erizar las plumas amarillas en sus alas— Mucho frío... —Las extendió un poco, intentando hacer que volviesen a su lugar aquellas rebeldes plumas suyas, hasta que tuvo que levantar sus manos y ocuparse de ello— Pero no me daré por vencido... Algún día visitaré su Biblioteca... —Mientras no hubiesen beorcs desagradables por ahí... Eso lo diría, probablemente más adelante... Quizás.

¿Tan buenos son los restaurantes de Lycia? —Respecto a restaurantes no tenía idea... ¡Ni la más mínima! De todas formas no era como si pudiese comer cualquier cosa, ni que se sintiese interesado por ello o algo parecido. La comida, hasta cierto punto le daba igual. Claramente habían momentos en los que debía comer, de hecho, sí comía cada día... Pero era algo totalmente diferente a lo que comían los demás laguz, o incluso los beorcs. Ya ante las grandes puertas de la biblioteca, aquellas que daban a uno de los pasillos internos y por ello no tuviese que salir donde el calor seguramente tenía tanto poder como los dragones o magos de fuego— Pero un té frío suena mejor ¿No? —Comentó, sonriendo de lado en dirección al misterioso personaje con el que se había topado— Respecto a los volúmenes... Eso sin duda, hay varios que podrían interesar a la Biblioteca de Sindhu —De hecho, pensaba que realmente cualquiera que fuese más 'particular' y que no conociese el bibliotecario sería bienvenido, el ansias de conocimiento era demasiado enorme por esos lares— Si me espera unos segundos... Enseguida vuelvo —Dicho y hecho, avanzó y cerró con suavidad la puerta detrás de si, dirigiéndose hacia la cocina que había en el edificio por cualquier necesidad que surja.
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Re: El oasis de papel [Privado; Seraphiel]

Mensaje por Sindri el Vie Oct 14, 2016 7:36 pm

Eso no se lo niego. ¿Sabe que Elibe tiene una muy famosa leyenda sobre los dragones y su terrorífico poder? Se conoce como La Batida, la gran guerra entre humanos y dragones por el dominio de Elibe. Es una historia con héroes y con armas mágicas, siempre popular para contar a los niños antes de dormirse. – no mentiría si dijese que es la historia más popular de Elibe, o al menos la que más veces se ha contado. Aunque también era cierto que en casos como este siempre tenía en la mente un consejo de su maestra: “ten siempre presente que sin importar dónde estés, ya sea en un bosque tenebroso o una cueva sin luz, la cosa más peligrosa que hay eres tú, un Mago Oscuro”. Desde entonces, jamás ha sentido miedo o temor en el sentido exacto de la palabra, aunque no era tampoco alguien que tomara riesgos fácilmente – No se preocupe, no se me ocurriría hacer nada malo cuando hay dragones cerca. – ¿Serían los dragones resistentes a la magia? De hecho, ¿Habría Laguz magos? ¿Dragones magos? Las preguntas se agolpaban en su mente sin descanso, pero tuvo que echarlas fuera por un momento.

Oh, desde luego. La Gran Biblioteca de Ilia es única en su clase y un centro del conocimiento en Elibe. Sólo que ahora con el problema de los Emergidos nadie quiere acercarse y no hay mucha gente visitándola. Y, por consecuencia, tampoco hay mucho trabajo que hacer. Los días pasan muuuuuy lentamente... – se alegró entonces de ver que su interlocutor seguía con la conversación de la suerte. La mayoría de gente hubiera suspirado e ignorado esa porción de su conversación por lo extraña que podía parecer, pero Seraphiel parecía interesarle el tema. O quizá era tan educado que no quería ofenderle – Ojalá las rachas de buena suerte fueran como las rachas de viento gélido de Ilia. ¡Siempre ahí quieras o no! Y de buen gusto compraría un billete de ida a la mala suerte en un barco zarpando al lugar más lejano que pueda imaginar... – Sindri suspiró tras formalizar su deseo, mirando al techo durante unos segundos. No es que tuviera exactamente la peor suerte del mundo, pero no diría que no a un poco de buena suerte apareciendo por la puerta.

¡Oh! ¡Todo el mundo es bienvenido en la Gran Biblioteca de Ilia! Prepare ropa de abrigo y, una vez entre en ella, pregunte por Sindri y apareceré tan pronto como pueda. Con unas pocas mantas, por eso. Créame, nadie lo pasa bien la primera vez que pisa Ilia, se lo digo por experiencia. – y entonces le preguntó por los restaurantes de Lycia. ¡Oh, hacía tanto, tanto tiempo que no visitaba uno! La nostalgia lo arrolló como una ola en un mar embravecido – ¡Desde luego! La comida de Lycia es la mejor de Elibe. No sé como explicarlo, pero tiene algo que no tienen las recetas de otros lugares. La comida de Ilia no es mala, pero es que muchas recetas son variaciones de guisos, ¿sabe usted? – o quizá es que creció con ella desde pequeño y le hace recordar tiempos mejores. ¿Qué estaría haciendo su familia en Lycia en aquellos momentos? Tubo que sacudirse aquel tren del pensamiento de la cabeza, ya sabía donde acabaría si continuaba.

¿Té frío? Desde luego, de donde vengo nunca apetece nada frío, y la mayoría de bebidas son templadas al menos. Nunca he probado el té frío... a no ser que cuente el té que se ha dejado enfriar por haberme olvidado de él. – y ese no era un sabor demasiado agradable, por lo que solía volver a hacer uno nuevo, esperando recordarlo esa vez. No siempre funcionaba – Descuide, señor Seraphiel, esperaré aquí pacientemente. Ya hablaremos luego de los volúmenes, no se preocupe por ello. – y con esas palabras vio salir al Laguz de la habitación, teniendo una nueva oportunidad para admirar sus alas. De veras le encantaría saber si le ofendería si le preguntase qué tipo de Laguz era.
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Re: El oasis de papel [Privado; Seraphiel]

Mensaje por Seraphiel el Dom Oct 30, 2016 8:40 pm

Fascinante. Le resultaba absolutamente fascinante las cosas que estaba descubriendo por labios de aquél joven mago. Claro, había una diferencia abismal entre algo que se leía y algo que lo descubrías por tu mismo o, en esa ocasión, lo escuchabas por alguien más. Era por eso que le despertaba la curiosidad casi viva que mantenía, usualmente encerrada en lo profundo de su mente. Pero quizás el calor le había afectado también, al fin y al cabo nunca había sido bueno para soportar los cambios bruscos de temperatura como aquél. Pero, mientras no se sintiese mal por ello no había problema por el momento. Guardó toda la información que le estaba otorgando en su mente, ya se ocuparía después por preguntarle nuevamente con más calma pues presentía que en caso de hacerlo en aquél preciso instante, acabaría por mantener a su inesperado invitado hablando y él acabaría como un pésimo e inesperado anfitrión por no ofrecerle nada para beber. Así que, se decantó por permanecer callado y dedicarse a escuchar, atentamente, las palabras del chico.

Cuando finalmente salió de la habitación se dirigió hacia la cocina, la parte más alejada de la biblioteca y, amablemente pidió que preparasen un té frío acompañado por unos tentempiés que ofrecería a Sindri. Tras pocos minutos en los que lo tuvieron todo listo, se dejó acompañar por dos jóvenes sirvientas hasta la biblioteca y, les pidió que dejaran todo sobre una de las mesas despejadas del lugar. Tras una reverencia ambas muchachas se fueron y, finalmente Sera volvió a entreabrir sus labios— Por favor, acérquese —Dicho eso, tomó la tetera y le sirvió el frío líquido en una de las tazas en las que dos pequeños hielos ya estaban en ella. Lo mismo hizo con su propia taza, igual que la otra y, en un acompasado movimiento tomó asiento en la silla— Sírvase —Lo dijo principalmente porque su constitución no necesitaba de mucho alimento, de hecho, probablemente fuese la criatura más complicada en cuanto a comida se tratase y, aquél caluroso clima no mejoraba sus ganas de comer. Aunque, nuevamente aquello no le preocupaba.

Respecto a lo que estaba diciendo antes... Por desgracia los emergidos están cada vez más territorios... —Ya no solo tenía que cuidarse de los beorcs, ahora, los emergidos también avanzaban a su propio y constante ritmo, amenazando con destruir todo a su paso sin la menor piedad posible. Suspiró con suavidad y cerró durante unos segundos sus ojos— Pero seguro de alguna u otra forma lograremos que abandonen nuestras tierras —Y estaba refiriéndose a todas en general, no solo a Sindhu. Antes o después lograría algo, lograrían algo. Antes o después acabarían con aquella cadena de desesperación sin límites. Pero, cansado de tanto divagación, fijó su celeste mirada en el mago y sonrió más relajado— Pero dígame, Sindri... ¿Qué tipo de leyenda es esa? Me temo no haber leído nada de ella... —Y era que, la leyendas, por encima de todo era lo que más le llamaba la atención, inevitablemente— Ah... Y no creo que la buena suerte sea siempre buena. Como tampoco la mala siempre mala. Imagínese que por estar en un problema llegue a conocer a una persona a la que llegará a tomarle mucho aprecio en el futuro. En una rancha de mala suerte, encontraría una luz de esperanza —Y estaba hablando por experiencia propia. Sonrió y esperó.
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Re: El oasis de papel [Privado; Seraphiel]

Mensaje por Sindri el Miér Nov 02, 2016 7:46 pm

Observó con curiosidad mientras el alado ser se iba y, una vez lo perdió de vista, comenzó a curiosear sin medida por los rincones de la sala. Obviamente no tocó nada, sabía muy bien que las huellas en el polvo eran algo muy fácil de detectar, así que se limitó a mirarlo todo muy, pero que muy bien. Las bibliotecas siempre tenían nexos en común, pequeños detalles que se repetían por conveniencia más que por estética, y Sindri disfrutaba de sobremanera encontrándolos y añadiéndolos a la lista de los que ya tenía. No quería distanciarse mucho de la puerta por la que había entrado el Laguz, por lo que simplemente se acercó a la estantería que tenía más cerca y comenzó a ojear los títulos de los libros.

No fue hasta que oyó el ruido de una puerta abriéndose y una invitación expresa que abandonó su lugar y se dirigió con lentitud y con parsimonia al Laguz, acompañado ahora por dos señoritas, que lo llevaron hasta un lugar con algunas mesas que entendió que debía ser el indicado para tomar algo dentro de la biblioteca. En la Gran Biblioteca de Ilia los bibliotecarios se negaban encarecidamente a que la gente comiese dentro salvo en la cafetería y algunas salas más sociales, pero siempre teniendo el máximo cuidado de no manchar nada y si había comida, ésta sólo podía ser de unas determinadas recetas. Reglas y más reglas. Era una buena idea, pero si a Sindri le apetecía comer unas galletas entonces o debía de salir a un lugar en el que no pudiera tener contacto alguno con los libros o hacerlo a escondidas. Al menos era una norma mucho más laxa por las noches, por la necesidad de un café bien cargado y porque había menos gente... y había tiempo de sobra para guardar las pruebas incriminatorias en la oscuridad.

¡Oh, qué buena pinta tiene todo esto! ¿Qué le debo algo? – ante todo, Sindri no quería quedar endeudado con nadie, incluso a un continente de distancia. Tenía suficiente oro como para pagar una consumición extra sin ningún tipo de problemas, además que probar comidas típicas de los lugares nunca era mala idea, ¿verdad? – Con permiso... – Sindri tomó la taza con delicadeza y se la llevó a los labios para beber un poco de ese té. Desde luego, había una gran diferencia entre el mero té enfriado con el té preparado a consciencia para servirse frío: era justamente lo que se necesitaba en ese clima – ¡Muy rico! Mis felicitaciones para el cocinero. – expresó con alegría, repitiendo las palabras que le enseñaron en Lycia durante su niñez.

Oh, sí, incluso en Elibe han aparecido bandas de Emergidos y asolan sin aviso cualquier poblado por el que cruzan. Unas criaturas completamente desconocidas, con las que la diplomacia no funciona en absoluto, algo completamente alieno a lo que hemos visto hasta ahora. – dejó con cuidado la tacita en su lugar y miró al Laguz, negando con la cabeza sutilmente – No sé la situación en otros países, pero los lores ya están comenzando a movilizar sus ejércitos para hacerles frente en Elibe. O eso dicen las habladurías. Las noticias escasean últimamente. – alzó las cejas ligeramente cuando le preguntó sobre La Batida. La última vez que la contó en territorio de Tellius no tuvo mucho éxito, pero quizá sería más exitosa en una biblioteca.

Según cuentan las leyendas de Elibe, hace más de mil años los dragones y los humanos de Elibe vivían en paz y harmonía en nuestro continente sin ningún tipo de conflicto. Pero por razones perdidas al tiempo, esa paz se rompió y estalló una cruenta guerra entre los dragones y aquellos con forma humana: La Batida. – le enseñó ambas palmas de sus manos boca arriba, como simbolizando ambas facciones – Durante muchas batallas, los dragones derrotaron los ejércitos que los oponían y fueron ganando terreno, conquistando ciudad tras ciudad. Castillo tras castillo. La poca oposición que quedaba en Elibe no podía arrancar ni una sola victoria a los dragones y, poco a poco, los humanos se comenzaron a resignar a su destino bajo el yugo de los dragones... – hizo una pequeña pausa entonces. Quizá para coger aliento o para otorgar algo de drama la escena. O tal vez porque era el punto álgido de la historia – Pero cuando todo parecía perdido para la humanidad, aparecieron las Ocho Leyendas de Elibe. Ocho héroes humanos portando ocho armas mágicas que consiguieron lo que nadie había logrado: vencer en una batalla a los dragones. Liderados por ellas, los soldados de todos los reinos todavía con vida se unieron en una sola bandera, y comenzó el contraataque. Con la ayuda de las Ocho Leyendas, los dragones fueron cayendo uno tras otro y recuperaron todo el terreno perdido. – otra pausa, esta vez claramente para coger algo de aire – Y, así, en la confrontación final, las Ocho Leyendas de Elibe consiguieron expulsar a los dragones de Elibe hacia un destino desconocido, salvando la humanidad así. – terminó la historia así, con voz de cuentacuentos explicando la historia en una feria.

La suerte... bueno. Buena o mala, si todo acaba bien eso es lo que importa. Aunque si puede haber más buena suerte que mala, entonces mejor que mejor. – miró unos instantes hacia un lado, como recordando alguna cosa, para luego mirar de nuevo a su interlocutor. Rememoró su buena y mala suerte, viendo que la segunda lo había seguid desde hace más tiempo – Una respuesta por una respuesta. ¿Que podría desvelarme usted el misterio de qué clase de Laguz es usted? No he podido conseguir mucha información sobre ustedes, y no recuerdo nada que hablara sobre Laguz de alas blancas... – con la voz llena de curiosidad, se decidió a hacer la pregunta que surcaba su cabeza desde el momento que entró a la biblioteca.
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Re: El oasis de papel [Privado; Seraphiel]

Mensaje por Seraphiel el Vie Nov 04, 2016 5:17 pm

Prestó completa atención a las palabras del mago, a su historia, como un perfecto espectador que mantenía toda su atención fija en aquél inesperado narrador. Así que dragones... Y Guerreros Leyendarios... Parpadeó ante el final de la historia y se apoyó, parcialmente, lo que sus alas le permitían, sobre el respaldo de la silla. Y lejos de haber logrado saciar su curiosidad, acabó teniendo el resultado contrario, pero prefirió callar por el momento. Más que nada porque su mente en aquél momento había llegado a preguntarse si los dragones eran aquellos que dominaban Goldoa... Pero lo vio, sin lugar a dudas, como algo demasiado particular, casi imposible. Tomó la taza y le dio un breve trago. Realmente no era la primera vez que estaba teniendo una calmada merienda en la planta baja de la biblioteca y mejor omitamos si estaba o no siguiendo las normas al pie de la letra. Pero no habían estanterías cerca, ni mucho menos libros o cualquier otra cosa que pudiera ensuciarse.

Pero, ante la repentina pregunta del inesperado visitante de las tierras nevadas, las preguntas que tenía en mente se desvanecieron momentáneamente. Bajó un poco la taza hasta dejarla suavemente sobre el platillo y se inclinó al frente un poco— Ese intercambio me agrada —Parecía un juego, un juego algo particular de todas formas— Respecto a su pregunta primera... ¡No se preocupe! Es un invitado, no me debe nada... Y haré saber al cocinero que disfrutó de lo que preparó para usted, seguro se alegrará y querrá darle un fuerte abrazo... —Rió en bajo para si y se inclinó hacia atrás un poco más— En cuanto a sus actuales preguntas... —No tenía problema en revelarse ante el bibliotecario, después de todo tampoco era como si su raza fuese un secreto, sino todo lo contrario, deseaba que se supiese, que los humanos no habían logrado exterminarlos a todos— Pertenezco al clan de las garzas. Soy un Laguz Garza... —Removió un poco sus alas por simple costumbre, como un movimiento reflejo. Después, volvieron a plegarse un poco más a su espalda.

Es probablemente porque... —¿Cómo decirlo para que sonara mejor?— Existimos pocas garzas en el mundo... —Calló unos segundos para continuar momentos después— Quizás, tampoco hayan muchos más a parte de mi —Y en eso no mentía, porque así lo pensaba... Había dejado de preguntarse si alguien más habría podido sobrevivir al incendio— Nuestra raza y los Beorcs de Begnion no tuvimos una hermosa historia de aceptación —Y sonrió de lado. Repitió su gesto inicial, tomo la taza y le dio un pequeño sorbo a la bebida fría, perfecta para poder tomarse un pequeño respiro del calor infernal que hacía fuera— Otra pregunta, señor Sindri... Esos Héroes Legendarios... ¿Dejaron armas igual de legendarias detrás suya? —Quizás los seres vivos fuesen todos mortales, pero, los objetos hasta su destrucción no lo eran. Bajó la taza y la dejó sobre la mesa nuevamente, fijando su atención en el mago que tenía al frente.
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Re: El oasis de papel [Privado; Seraphiel]

Mensaje por Sindri el Sáb Nov 05, 2016 6:02 pm

Al parecer, su historia había tenido más éxito que la última vez. Tal vez porque el que la escuchó no era un dragón y, por ello, no se sentía tanto en el papel de antagonista. Le hizo rememorar las palabras de Kurthnaga, quién le hizo ver los Laguz de diversas razas se sentían en común como los Beorc entre sí. Quizá un poco más. No es que alguien de Akaneia fuera a empatizar fácilmente con alguien de Elibe... sobretodo ahora que había los Emergidos de por medio, que hacían de los encuentros diplomáticos una pesadilla. Pero él no era diplomático de ninguna clase, ni tampoco nadie que se ocupara de ninguna clase de acuerdos comerciales entre continentes, por lo que su visión del conjunto estaba muy limitada. Por otro lado, eso le permitía tener opiniones distintas de la mayoría... aunque el asunto tampoco permitía muchos puntos de vista. ¿Por qué había acabado pensando en eso, de todos modos? Casi parecía que los Emergidos acababan serpenteando inexorablemente en cualquier tren del pensamiento si seguía demasiado tiempo.

Bueno, es un alivio saberlo, pero si es necesario que contribuya con un pago de algún tipo no dude en decírmelo. – si bien la mayoría de veces no le importaba que le regalaran cosas, había algo dentro de las bibliotecas que lo inclinaba a no aceptar la generosidad de otros fácilmente. Quizá al sentirse como en casa o quizá los viejos libros tenían algún tipo de poder sobre él – Y, sí, todo esto tiene una pinta deliciosa. – cogió entonces uno de los dulces que había en la bandejita y se lo llevó a la boca. Le gustaba el dulce y, si bien el sabor era muy agradable, le pinchó una espinita de no poder identificar exactamente a qué sabía. ¿Tal vez había algún ingrediente típico de Tellius o Hatari que no existía en Ilia? De todos modos, no iba a decir que no a comer más – Aunque lo del abrazo... bueno, si es una tradición de aquí de Hatari el abrazar a los que cocinan bien, no seré yo el que la rompa. Ahuhuhu~ – “donde fueres, haz lo que vieres” era un dicho popular, y tampoco quería atraer atención indeseada  con conductas indecorosas o poco educadas.

¿Laguz Garza? Eso explicaría las alas blancas, desde luego... – Sindri se sumió en una corta meditación. Garzas. Trató de recordar todo lo que sabía de los animales, que había leído en guías de ornitología. La Magia Arcana se basaba en el conocimiento y, por lo tanto, cada pieza de saber que adquiría era valiosa... además que a veces le apetecía coger el libro que tenía más cerca para que las lentos turnos pasaran mejor – ¿Así que usted se podría transformar en una garza? ¿Con esos picos tan largos y afilados? – un halcón o un cuervo gigante eran cosas terribles de ver pero... ¿Una garza? ¿Un animal tan elegante? No se lo imaginaba dando picotazos a diestro y siniestro. No lo descartaba, claro, pero era una cosa que querría ver antes de creer – Espere. – algo le vino a la memoria, pero Sindri tuvo que enfocarse y tirar el hilo de pensamiento con todas sus fuerzas. Begnion. Laguz. ¿No había un pasaje en los libros de historia sobre Laguz que vivieron en Begnion? Sindri había hecho algo de investigación de los Laguz, pero toda información – Puedo equivocarme, pero... ¿No hubo problemas en Begnion entre Laguz y Beorc por la muerte de una... cómo lo llaman ellos... Apóstol? – y hubo una batalla. Los detalles eran escasos y el escritor lo mencionó sin explayarse, pero parecía ser que algunos Laguz de Begnion atacaron a la Apóstol y hubo contraataques Beorc.

¿Armas? Sí y no. Sabemos que las armas existieron, hay crónicas suyas y de los maravillosos efectos que tiene cada una. Y los héroes fundaron la mayoría de reinos de Elibe, por lo que muchas familias reales, o altas figuras de los reinos, aseguran que las tienen. – Sindri entonces se encogió de hombros, cerrando los ojos brevemente y mostrando las palmas a Seraphiel, su interlocutor – Pero yo nunca he visto una. Sería interesante poder ver en persona un arma que puede derrotar a un dragón tan grande como un castillo ella sola, ¿no cree usted?
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Re: El oasis de papel [Privado; Seraphiel]

Mensaje por Seraphiel el Miér Nov 09, 2016 6:56 pm

Rió suavemente ante la afirmación ajena. No tenía idea de como, si lo hacía o no por inercia, pero le daba vueltas a la realidad de una forma realmente curiosa. Le observó con una ancha sonrisa y finalmente se dispuso a lanzar una broma— Pero tenga cuidado que no le haga comida a usted —Y sonrió de lado, dejando en claro que estaba bromeando al respecto. ¡Así que realmente no conocía mucho de los laguz! No podía culparlo, se había dado cuenta que los humanos ajenos a Tellius no solían saber mucho de ellos, quizás ellos tampoco de los humanos. Seraphiel siempre había sido reacio a la idea de llevarse bien con los seres humanos, pero al final ahí estaba, delante de un mago, hablando amistosos. ¿Pero cómo culparlos? Quizás entonces muchos siquiera habían nacidos, pues olvidaba que su tiempo de vida era mucho más efímero... ¡Pobres criaturas! Asintió ante su pregunta con un suave gesto de la cabeza— Sí, puedo. Pero no crea que un pico largo y afilado pueda ser demasiado útil —No servía para pelear, su naturaleza se lo impedía.

Pero ahí reapareció la sorpresa, ante su siguiente afirmación. La sonrisa en sus labios desapareció por un instante y sus labios se sellaron durante unos segundos antes de suspirar— Efectivamente... —Afirmó. No era la primera persona que le decía eso, que en los libros ponía que ellos habían cometido tan atroz acto, que ellos lo habían hecho— Nosotros, las garzas, vivíamos en Begnion, en el bosque de los Serenes —Empezó, bastante lento, para dejar que sus palabras lograran tomar base en la mente ajena, que se estableciera— Aparentemente alguien asesinó la Apóstol que Begnion clamaba... Dieron la culpa a las garzas, dijeron que nosotros lo habíamos hecho —Por un momento calló... ¡Lo habían hecho! ¡Se habían atrevido a culparlos de asesinato!— Entonces, los Beorcs del país decidieron vengarse, invadieron nuestro bosque cuando nosotros nunca supimos nada de ellos y... Quemaron todo. Quemaron el bosque, quemaron nuestras casas, quemaron a las garzas... —Era inevitable que cierto odio manchara su usualmente dulce tono.

Yo logré escapar... Pero en dos décadas no logré ver con vida a ninguna otra garza... Y el bosque sigue igual que en ese entonces, está muerto... —Así que, probablemente Sindri estuviese delante de una de las últimas, o al menos, la esperanza de Sera por encontrar a alguien más con vida se había disipado, como hojas de otoño llevadas calle abajo por el frío viento. Quizás era mejor así, que conociesen la injusticia con la que habían sido tratados, que los humanos habían destruido todo lo que les pertenecía y seguían continuando haciéndolo— ¡Pero no fuimos nosotros! No teníamos la necesidad de hacerlo, y de todas formas habríamos muerto por la oscuridad que supondría el deseo de matar... —Así de débiles eran, habían atacado sin piedad a lo, quizás más débiles entre los laguz. Pero no había nada más que hacer al respecto, al menos, él solo no podría hacer nada para llegar a ello. Soltó un imperceptible suspiro y se centró en la respuesta de su pregunta.

¡Ah! Pero mejor sería intentar llegar a un acuerdo con los dragones ¿No? —Porque... Esa era su perspectiva como laguz, no solo como garza— Es decir... Dudo que estos dragones sean los mismos que los que viven en Tellius... Pero... Si son dragones, los laguz dragones que viven en Goldoa podrían llegar a un acuerdo con ellos... Presupongo —Era lo único que se le ocurría, pues no quería tener que ver como los humanos asesinaban Dragones— Como puede darse cuenta... Hay Laguz que no soportan a los beorcs. Muchos fueron oprimidos, atrapados y vendidos... Tiene suerte de haber acabado en Sindhu, no hay lugar mejor para la convivencia entre razas —Cosa que a él no le agradaba— Pero, sin duda alguna sería curioso que existiese un arma tan poderosa... Aunque me pregunto si sea cierto que los nobles las tengan... Las harían podido usar hace mucho y hacerse con el control de todo, pues muchos parecen desear expandir sus tierras y apoderarse de los demás reinos... O eso me pareció.
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Re: El oasis de papel [Privado; Seraphiel]

Mensaje por Sindri el Dom Nov 20, 2016 1:59 pm

¿Comida? ¿A mí? Hm... – el Dark Mage se llevó la mano al mentón y miró al techo, con unos ojos llenos de imaginación y posibilidades. ¿Los Laguz comerían regularmente a Beorc? ¿Y a otros Laguz? Bueno, había Laguz aves y Laguz felinos, y algunos felinos comen aves. No sería tan raro, ¿cierto? ¿Lo considerarían canibalismo? Quizá si comían a otros Laguz ambos transformados no lo sería. Los dragones seguramente podrían comerse los Laguz que quisieran, por lo de ser los más fuertes y poder asarlos al momento con su aliento si les apetece, pero... ¿Qué harían los demás? Los animales comen carne cruda. Entornó los ojos y miró a Seraphiel, habiendo cambiado algo su opinión sobre aquellos seres tan misteriosos del continente de Tellius – Interesante. Muy interesante... – asintió con convicción, feliz de haber sido partícipe de tal secreto de los Laguz – Pues no sé qué decirle, dudo que tenga un sabor muy agradable. A tinta o a libro viejo, a juzgar por lo que estoy rodeado todo el día. Aunque hago bastante ejercicio, por lo que quizá mi carne es algo más jugosa que la de otros bibliotecarios. Menos grasa, eso sí. – trató de imaginarse qué criterios emplearían los Laguz para juzgar la carne de otras especies, pero realmente no se le ocurrió ninguno, por lo que usó las palabras con las que describiría un bistec o un solomillo – Quizá con sorpresa incluida y todo. Ahuhuhu~ – al fin y al cabo, tenía a la Oscuridad en su interior desde el ritual de inicaición a la Magia Arcana y, haciendo memoria de lo que habló con el Príncipe Kurthnaga, los Laguz no conocían mucho de la magia empleada por los Beorc. ¿Que tendría la Oscuridad algún sabor en concreto? Sindri no recordaba haberla ingerido durante el ritual... de hecho trataba de pensar poco en el ritual y en los días que pasó recuperándose en cama. Pero no creía que la Oscuridad se tomase bien el ser consumida así como así, por lo que seguramente habría repercusiones.

Escuchó atentamente la historia que le contó el Laguz Garza y, tras la explicación inicial, entendió que era importante. Rebuscó en su zurrón con una velocidad pasmosa y casi por arte de magia aparecieron encima de la mesa una pluma y una pequeña botellita de tinta, y encima de sus rodillas reposó un pergamino que comenzó a llenarse de palabras por arte de los objetos anteriores. Con sus habilidades de escriba no le fue difícil seguir bien el paso de la historia y plasmar la crónica de manera fidedigna. No detuvo la pluma, salvo para mojarla en la tinta cuando era menester, hasta que Seraphiel terminó su narración.

Bosque de Serenes... seguro que era un lugar espectacular. – el bibliotecario siempre sentía algo de empatía por los lugares a los que uno no podía volver, quizá porque le recordaban a su hogar – Aunque no entiendo muy bien a qué se refiere a que hubieran muerto por la oscuridad, seguro que hay muchos modos de matar indirectamente. Contratar sicarios, por ejemplo, o sobornar a algún miembro de palacio para que ocurra algún accidente. – alzó la pluma marrón, completamente limpia de tinta, mientras enumeraba algunos ejemplos. ¿La Oscuridad mataba a los Laguz Garza? ¿Ella sola sin ayuda de nadie para canalizarla? Eso era nuevo. Más les valía no comerse a un Mago Oscuro – Como usted bien ha dicho, hay Laguz que no soportan a los Beorc y el eliminar una cabeza de estado puede provocar un gran momento de anarquía. – aunque, realmente, a rey muerto, rey puesto. El bibliotecario supuso que sería lo mismo para los monarcas de Begnion, aunque debían ser gobernantes muy queridos para motivar tal venganza – Aunque son suposiciones, claro. No estoy en posición de afirmar nada sobre la historia de Tellius, por lo que si usted dice que no lo hicieron, me inclinaré por esa teoría por el momento. – no era buen plan hacer enfadar a su anfitrión, pero no estaba en su naturaleza creer a pies juntillas todo lo que le decían tampoco. Por ello, llegó a un compromiso más para él mismo que para otros y dejó la pluma en la mesa, cogiendo entonces otro dulce para sellar el trato.

Bueno. Imagine usted que se encuentra ante un dragón tan grande como un salón de un castillo. ¿La diplomacia sería una prioridad cuando se lo podría comer de un bocado? Yo saldría corriendo y trataría de esconderme, si le soy sincero. – alzó los hombros, demostrando también que no sabía si los dragones Laguz de Tellius eran los mismos que los de la leyenda de Elibe. Pero, a juzgar por el mito, hubo un momento dado cuando era posible la diplomacia entre ambas – Los lugares de convivencia son raros. Incluso los pueblos fronterizos entre reinos donde todo funciona son difíciles de encontrar. En Elibe hay las Islas de Durban, un lugar donde está penada por ley la discriminación, incluida la discriminación a los Laguz. Aunque no la discriminación entre clases. – en cierto modo, Durban era menos “Laguz y Beorc en convivencia” y más “Beorc que toleran más a los Laguz que en otras partes”. Aunque ya era raro de por sí encontrar Laguz en Elibe.

Si las tienen, no las muestran. Por algo será. Quizá sólo las pueden empuñar personas señaladas por el destino. Tal vez sólo pueden emplearse cuando hay una amenaza en Elibe. O se olvidaron las artes para despertarlas. O son simplemente habladurías y no las tienen. – negó levemente con la cabeza para entonces tomar un sorbo del té frío – Si un reino tiene un arma tan poderosa, pero el otro también, no sería una guerra muy dispar al fin y al cabo. Ahuhuhu~
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Re: El oasis de papel [Privado; Seraphiel]

Mensaje por Seraphiel el Lun Nov 21, 2016 6:33 pm

Le resultaba complicado seguir la cavilación del mago, sobretodo porque intuía que estaba siendo demasiado realista y que, quizás no fuese capaz de seguir sus bromas y entonces comenzó a sospechar fuertemente que los humanos debían de tener otro sentido del humor... O era aquél sujeto en particular que prefería entenderlo al pie de la letra y después negar lo obvio. Fuese lo que fuese, no le desagradaba y en cambio le causaba curiosidad. Se inclinó al frente, apoyando parcialmente sus antebrazos sobre la superficie de la madera mientras estiraba un poco su espalda y sus alas como por inercia se extendieron hacia atrás un poco más— Pues... Admito que no tengo idea de carnes, las garzas somos vegetarianas —Realmente no era como si lo fuesen de por si, pero, como siempre, tenía la extraña sensación que si le diese la locura de comer carne se sentiría terrible— Aunque probablemente los demás laguz sean omniveros, aunque sinceramente no sentí curiosidad por saber que comen en concreto... —Le resultaría asqueroso, lo tenía claro, solo de pensar en eso le estremecía.

Pero... Reitero, es una broma... No somos... Hum... —Calló unos segundos. ¿Cuál sería la palabra más oportuna en aquél contexto?— Caníbales —Y dibujó una mueca de desagrado ante la idea— Al menos no en Sindhu, por favor, que asco —Sintió sus plumas erizarse, tanto que necesitó acercar sus alas a él para pasar con suavidad sus dedos entre las mismas, prestando atención a su plumaje unos segundos, a pesar de que vio de reojo como tomaba nota de todo lo que le estaba diciendo... ¿Un escriba?— ¿Ah? —Frunció el entrecejo ¿De qué hablaba?— ¿Con cual propósito? ¿Lo habríamos hecho sabiendo que levantaríamos un pueblo Beorc en nuestra contra? ¿Teniendo nuestro bosque en Begnion? —Negó con la cabeza, perplejo— A mala penas podemos sobrevivir fuera del bosque, no lo habríamos hecho, porque habríamos sabido que iríamos contra una muerte clara ¿Sino por qué cree que las garzas murieron? —Sus largos dedos comenzaron a tamborrear suavemente en la mesa, inquietos pero silenciosos— Es horrible admitirlo, pero las garzas somos débiles y moriríamos antes de matar a alguien. Aunque no espero que lo entienda, como tampoco puedo llegar a entender del todo a los Beorcs —Cerró la mano en un puño y soltó un suspiro.

Levantó su taza de té frío, levemente irritado y, cerrando sus ojos le dio un ligero sorbo antes de volver a bajarlo hasta la mesa. Abrió nuevamente sus ojos e intentó permanecer calmado— Claro que sí ¿Por qué debería de intentar comerme? —Quizás hablara su ingenuidad, o probablemente realmente creía que los dragones no le pondrían un dedo encima, pero, lo cierto era que las últimas décadas las había pasado con dragones— Probablemente influyan las leyendas de Elibe en su opinión, pero, no lo harían sin un motivo y mis intenciones no son ciertamente tan prosaicas —Con un gesto de la mano echó importancia al asunto y volvió a fijar sus azulados ojos en los del mago oscuro— Pero ahora dígame ¿Qué tipo de libros sería interesado en obtener de la biblioteca? ¿Historia del país? ¿Quizás la del Ducado? ¿Sus leyes y culturas? ¿Sus batallas? ¿O quizás algún libro más... Religioso? —Lentamente ladeó a un costado su cabeza por mera curiosidad al respecto, causando que sus dorados cabellos se balancearan suavemente por encima de su blanco vestido.
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Re: El oasis de papel [Privado; Seraphiel]

Mensaje por Sindri el Mar Nov 29, 2016 6:42 pm

¿No comen carne alguna? ¿Así que su especie Laguz tiene una dieta totalmente distinta a las garzas comunes y corrientes? – con unos ojos como platos, Sindri miró a Seraphiel como si lo que acababa de contarle fuera una especie de contradicción vital. La pluma del bibliotecario paró durante unos instantes en el papel creando una burbujita de espesa tinta negra, casi tan incrédula como su dueño, para entonces volver a recorrer el papel a toda velocidad, dejando transcritas todas las cábalas de su dueño y las posibilidades que entrañaban – Pero... ¿Es una decisión propia de las Garzas? ¿Ustedes eligieron no comer carne? ¿O acaso es algo biológico y no comen tales alimentos por serles repugnantes? Qué extraño... esto sí que me ha descolocado. – pasado un rato, cuando creyó que nada más se le ocurría por apuntar dejó la pluma limpia de nuevo pulcramente en la mesa para pensar algo sobre lo que le había dicho su compañero de merienda – Bueno, entendería que si un Laguz en forma humana se comiera a un Beorc o a otro Laguz en forma humana fuera considerado un caníbal. ¿Pero y si está transformado? Entonces ya no son ambos antropomorfos. ¿Que se consideraría eso una excepción? ¿Y si los dos animales en la naturaleza tienen enemistad y una relación de presa-depredador por proxy? Hay felinos que cazan cuervos, por ejemplo. – tras soltar una retahíla de todo aquello que le rondaba por la cabeza, dio un largo trago al té frío para dejar que su garganta reposase unos instantes – ¿Hasta qué punto se estira el concepto de “caníbal” cuando hay cambios mórficos en el sujeto? Ahí ya sí que no puedo entrar sin un estudio en morfología. – alzó levemente los hombros, como dándose por vencido en aquél tema en concreto. La dieta de los Laguz no le era nada alarmante... sus picos afilados y dientes largos debían servir para algo, ¿no?

Bueno, usted mismo dijo que los Laguz no soportan a los Beorc. El hecho de eliminar a una querida, o eso dicen las crónicas, Apóstol de Begnion ya causaría bastante daño de por sí. ¿Aunque sólo crear daño? Eso se puede hacer de muchas más maneras y menos rastreables hacia los Laguz Garza. Hm... – se llevó la mano al mentón y miró al techo, con los ojos perdidos en los recuerdos de los libros de historia. ¿Cuáles eran las causas para llevar a cabo regicidio? Ordenó las más comunes primero – ¿Invasión? Goldoa está al lado, quizá querían extender el territorio. Pero habría tropas de choque para evitar tal venganza. No, demasiado ineficiente, y seguramente nadie pasaría por alto algo tan grande como un dragón. ¿Qué más? – se estrujó la mente tratando de dar con una buena razón para emplear las Garzas, que se autodenominaban como débiles, actuarían con tanta presteza – ¿Magia? ¿Una amenaza de un secreto a desvelar? ¿Coacción o soborno? No, nada encaja. Nada encaja. – se sumió en un silencio mientras escuchó la última frase del Laguz Garza, que le molestó de sobremanera y le hizo abandonar el tren del pensamiento – Quizá tiene usted razón: no puede esperarse que un Beorc como yo de entre todas las cosas entienda de asuntos Laguz. Pero puedo asegurarle que estoy haciendo un esfuerzo para ello. Mi trabajo como bibliotecario también incluye la adquisición de nuevo conocimiento, como esta desgracia sucedida en Serenes, pero es también mi deber contrastar al máximo toda la información que me llega. La creación de alternativas y su posterior descarte me permiten crear una imagen más nítida de lo sucedido que plasmar y transmitir a los estudiosos de Elibe. Una vez se haya descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parece, debe ser la verdad. – no le molestó el hecho que lo tachara de poco capacitado para entender la mentalidad Laguz, pero sí que implicara que estaba siendo poco profesional en su cometido. El tratar de ponerse en los pies de los Beorc de Begnion era un trabajo de contraste que le permitía delimitar, con la poca información que tenía, un pasado probable de Tellius.

¿Porque tiene hambre? ¿Porque es más grande que usted? Pues un dragón de tal tamaño puede hacer a placer, a no ser que uno todavía más grande que lo obligue a no hacerlo. No creo que fuera a escuchar unas voces como las nuestras. – toda seriedad se había desvanecido y había dejado paso a una nueva sonrisa y una voz animada y divertida con el tema de conversación – El motivo es porque quieren. O porque pueden. Cuando hay mucho poder de algún tipo concentrado ambos conceptos se difuminan, y un dragón podría calificarse en esa categoría. Persona con mucho poder, claro, prefiero confiar en la sabiduría de los dragones... o en su mala vista para atrapar cositas pequeñas que corren. Ahuhuhu~ – y entonces el tema volvió a su tema predilecta: los tesoros encuadernados y qué tipo de libros le interesarían más adquirir... eso era un tema que requería una cuidadosa consideración – Contamos con muy poca información de Tellius, si le soy sincero, por lo que las obras de carácter general nos serían muy valiosas. Historia del país en general o de algún territorio en concreto. Libros relativos a la biología de las especies nativas de Tellius. Los libros sobre cultura podrían estar bien, pero los de leyes serían muy difíciles de entender sin el contexto y el bagaje necesario. – sopesó mientras seguía con la mirada el recorrido de la cabellera del Laguz Garza – ¿Religión? A título personal me gustaría conocer más de Yune, Ashera y Ashunera, pero no sé hasta qué punto se preferirían sobre los libros de información general. – esta vez fue él el que ladeó la cabeza, casi imitando inconscientemente a la persona que tenía delante. Su curiosidad ganó la batalla interna y no pudo sino preguntar – ¿Y usted? ¿Qué tipo de libros escogería de la Gran Biblioteca de Ilia?
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Re: El oasis de papel [Privado; Seraphiel]

Mensaje por Seraphiel el Lun Ene 02, 2017 4:54 pm

Le miró con cierto recelo que pretendió ocular detrás de sus azulados ojos. Pasó a apoyar ambas manos en su regazo, juntadas en un suave puño— Sí... Y hasta donde sé, nunca vi a una garza comiendo carne o exagerar con la comida en general —¡Pero claro! ¿Cómo pretendía que lo entendiera? Al fin y al cabo no esperaba que la dieta de los humanos fuese vegetariana, de hecho ni la de los demás laguz lo era, solo la suya, por ser garzas. Y de alguna forma, se sintió extraño, como si en vez de un bibliotecario tuviese delante un escriba... Yrumir no solía comportarse así— ... Es propio de nuestra raza... No probé carne para saber que nos podría ocasionar y tampoco tengo curiosidad en ello... —Si ya se había pasado semanas en cama solo por el cambio brusco de clima, no podía imaginar que le causaría comer carne de la nada. Pero, ante las siguientes cavilaciones ajenas frunció ligeramente el ceño ¿Qué clase de extraño pensamiento perverso era aquél?— ¿Cree usted que un lobo intentaría comerse a un zorro o a una garza? —Negó con la cabeza, lento— Algunas razas prefieren mantener su forma humanoide. Y de todas formas nuestras formas transformadas no son comparables a los demás animales de nuestra raza. Por otro lado... No soy un especialista de la dieta de cada laguz, pero eso suena asqueroso —Y él que pensaba que en ocasiones le daba demasiadas vueltas al asunto. Sindri era aún peor. Suspiró en silencio y se preguntó donde andaría Yrumir cuando se le necesitaba.

Levantó su mirada hacia el techo, rogándole a Ashera que le diera paciencia con ese humano. Volvió la mirada al frente y suspiró— Le seré sincero. Que dijese que los Laguz y Beorcs no se llevan bien, fue a la conclusión que llegué después de más de dos décadas de vivir fuera de Serenes. Antes, se podría decir que siquiera conocía que su raza existiese, de hecho, por desconocer, hasta desconocía hablar su idioma moderno —Se encogió de hombros, era fácil para él llegar a ese tipo de pensamiento. Después de todo los humanos habían destruido prácticamente su clan, y sin motivo. Eso, justo o no, el bibliotecario no quería entenderlo— Goldoa es neutral, no suele involucrarse en disputas que podrían poner su reino en peligro y Begnion no hace parte de la Alianza Laguz —Estaban demasiado lejanos, su tragedia había pasado de un momento a otro, nadie nunca los había podido ayudar— ¿Secretos a desvelar? ¿Las canciones de las garzas? ¿Usted cree? —Hasta le pareció chistoso. Ellos no conocían la entonación para recrear sus canciones, no tenían la fuerza para hacerlas funcionar. Para él, uno de los últimos, si no el mismísimo último, todo aquello era una estupidez, era innecesario seguir buscando excusa, ellos no sabían hecho nada, eran inocentes y el orgullo de su mundo perdido era demasiado alto como para intentar comprender a los humanos y sus cavilaciones.

Finalmente se apoyó sobre uno de los reposabrazos de la silla, mirando fijamente al otro ante aquella especie de queja, de reprocho. Le daba igual, completamente lo mismo y era precisamente por aquél orgullo que no quiso entender, aún así permaneció callado, únicamente porque así supuso que sería más favorable para todos. Cerró sus ojos y únicamente los volvió a abrir cuando el bibliotecario siguió— Pero, seguirían sin hacerlo por un motivo. A menos que el dragón sea Grima y aún así dudo que se dedicaría a intentar comer a los ciudadanos cuando realmente podría abrasarlos con su fuego —¿Cómo era que sabía del dragón oscuro? Bastante simple, Naga era a quién la mayoría veneraba en Sindhu, por pura curiosidad había aprendido su historia y en automático había descubierto cosas de los demás 'Dioses' también— ¿Hum? Entiendo y tiene usted razón. Más, reitero, no soy más que un aficionado que pasa su tiempo libre entre libros. Si me da la posibilidad, avisaré al bibliotecario para que se reúna con él... ¿Mañana quizás? Podrá hablar más seriamente con él al respecto de los libros de la biblioteca, después de todo, él es el señor aquí —Y sonrió de lado. Se levantó, movimiento hacia atrás la silla y caminó hacia una de las estanterías, sacando de él un libro de historia, lo ojeó y volvió con él delante del bibliotecario— Mientras, puede entretenerse con esto si gusta. Pediré que un guardia le acompañe hasta una vivencia y que mañana os informe cuando se llevará a cabo la reunión. Mientras, siéntase libre de recorrer Sindhu libremente, una vez la noche caiga, lo hará también la temperatura y si tiene suerte, hasta podría acabar en una fiesta —Sonrió de lado, la primera vez que lo había visto había quedado anonado por completo— Bienvenido a Sindhu.
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Re: El oasis de papel [Privado; Seraphiel]

Mensaje por Sindri el Lun Ene 02, 2017 7:45 pm

Ya que común a todos los hombres es errar, pero cuando el hombre yerra no es necio ni infeliz si, reconociendo su error se enmienda y no es terco, que la terquedad acusa ignorancia.

Había dado con algo. No sabía el qué, exactamente, pero había algo ahí que no acababa de encajar. Dócilmente volvió a sus notas, completándolas, y disimulando. Seda escondiendo acero. Podías llamarlo de muchas maneras, pero la calma del sujeto, la manera de actuar le hacía sospechar que había algo más. La conversación se había detenido abruptamente, pero el Dark Mage no podía sino imaginar qué sería de ésta si continuase. ¿Enfado? ¿Rabia? ¿Rencor? ¿Verdad más allá de la brqcha que separaba los Laguz de los Beorc? Beorc, una palabra con la que él ni siquiera se identificaba. Las luchas entre Laguz y Beorc del pasado le eran tan cercanas como podía ser lo ocurrido en un cuento de hadas, todo sucedido en un lugar muy, muy lejano en un tiempo anterior y desconocido. Sin embargo, se encontraba encajado en un estereotipo, una casilla, reservado para gente con la que no tenía nada en común. Pero eso no era lo más interesante.

¿Qué escondes, Laguz Garza?

Canciones.

Ahí estaba la cuestión. Sindri sólo había aludido a “secretos” en general, no había ni siquiera puesto un ejemplo, pero el Laguz había relacionado “canciones” con “secretos”. ¿Por qué? No podían ser las mismas canciones que uno cantaba cuando en plena borrachera unos cuantos se ponían a dar golpetazos a las mesas y las sillas. Y seguramente tampoco compartirían la temática. Pero bien que había atado ambos conceptos, por lo que todos los indicios provenían de la persona que más información tenía.

¿De veras? Oh, mis disculpas, no sabía eso. Simplemente carezco de información fidedigna de los Laguz y sus costumbres alimenticias. Siento si mis preguntas carecían de fundamento o de buen gusto. – su voz había cambiado y se parecía a un reguero de miel sobre un hojaldre recién hecho. Un tono conciliador y afable, carente de cualquier enfrentamiento o deseo de sonsacar información. Reparar puentes, si había alguno. Sin embargo no pudo evitar introducir un juego de palabras en su anterior frase – Un panorama político más que particular. Le agradezco la información compartida sobre éste. – la pluma y el documento desaparecieron pulcra, pero rápidamente, dentro de su zurrón. No quedó prueba alguna que había escrito algo en ningún lado y, con las manos libres esta vez, tomó uno de los dulces que quedaban todavía, tal vez por hambre, tal vez por quedar bien. No quiso más que zanjar el tema con toda la diplomacia que pudo emplear.

Sin embargo no pudo sino evitar un brillo en los ojos al oír la palabra “Grima”. El alegado patrón de las Artes Oscuras venerado por el Príncipe de Daein. ¿Tan popular era como para ser conocido por el continente entero de Tellius? – Si me permite usted decirlo, es usted una caja de sorpresas, señor Seraphiel. – su voz seguía sonando como si quisiera transformarla en un sucedáneo del terciopelo. Consideró que no sería buena idea revelarse como alguien que compartía los poderes que se le atribuían a aquél dragón en particular – Oh, una reunión con un bibliotecario de Sindhu sería maravilloso. Le tomaré la palabra y esperaré gustosamente la reunión mañana. – tendió los brazos hacia el Laguz  Garza y tomó con cuidado el libro, atrayéndolo para sí y dejándolo en su regazo muy bien protegido. Pocos sabían el valor de un libro tan bien como un bibliotecario.

Le agradezco mucho el préstamo de este libro y de un lugar donde pasar la noche. Sin embargo, no soy alguien que encuentre su lugar en una fiesta fácilmente. Ahuhuhu~ – el joven de Elibe hizo una pequeña inclinación de cabeza como signo de agradecimiento para acompañar las palabras – Desearía extenderle a usted una invitación a la Gran Biblioteca de Ilia, situada en el corazón del país. Será usted bienvenido siempre, sólo debe preguntar por Sindri. Sin embargo, no olvide usted llevar buena ropa de abrigo, el tiempo de Ilia no perdona a nadie. – y correspondió la sonrisa de Seraphiel con una propia tan radiante como pudo dedicar. El Dark Mage ardía en deseos de aprovechar el máximo posible su visita a Sindhu y comenzar a leer aquel volumen que tan amablemente le habían brindado.
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Re: El oasis de papel [Privado; Seraphiel]

Mensaje por Eliwood el Jue Ene 05, 2017 2:02 am

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