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Danza de Dragonas [Privado Sissi]

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Danza de Dragonas [Privado Sissi]

Mensaje por Virion el Miér Sep 21, 2016 1:11 pm

¿Cuánto tiempo había pasado ya? ¿Cuánto tiempo había pasado desde que se fuera Virion de sus tierras? ¿Cuánto tiempo había pasado desde que Virion fuera obligado a marchar al exilio por culpa de los Emergidos, abandonando Rosanne a su suerte? Habían pasado ya unos cuantos años, más de lo que se esperaba. Al principio, contaba los días que habían trascurrido, pero hacía mucho ya que había perdido la cuenta. A veces, se llegaba a preguntar si había sido un sueño ¿había sido duque realmente una vez? Y es que los recuerdos eran cada vez más fugaces…

Ya apenas recordaba el castillo de Rosanne, sus amplios salones, adornados con bellos cuadros de representantes de su noble familia ¿Seguirían ahí esos cuadros? Difícil era saberlo, los Emergidos destrozan todo cuanto tocan y vete tú a saber qué interés tienen por el arte, de tener alguno. Virion se fue de allí antes de que nadie de que pudiera colgar su propio cuadro ¿debería sentirse animado de que esas bestias no pudieran ponerle mano ni en pintura? Quién sabe, de haberlo pintado seguramente estaría hecho trizas, y no por los Emergidos, sino seguramente por su propio pueblo, como signo de desprecio hacia su abandono o traición.

¿Y qué había sido de ella? Su vasalla, su criada más íntima, confidente y amiga ¿seguiría bien? Hacía tanto tiempo que sabía de ella. Empezaba a pasarle como con los salones de su castillo, también empezaba a olvidar su rostro… Dioses, Virion jamás podría perdonarse olvidarla a ella.

Virion se había levantado en uno de esos días. Días en los que uno se levanta lleno de melancolía y dolor por las pérdidas pasadas. Apenas había podido dormir, y le dolía algo la cabeza ¿Por qué le estaba pasando aquello? ¿Por qué ahora le venían esos recuerdos perturbadores? ¿Esa nostalgia desesperanzadora?

Un vistazo a su propia cama de la que se acababa de levantar le dio la respuesta. A pesar de dormir en una cama amplia, había dormido solo. Otra vez ¿Cuánto tiempo había pasado desde su último ligue? Demasiado. Tanto tiempo haciendo misiones para los Custodios y entrenándose para un mayor uso diestro del arco le había apartado de un deber primordial para el cual el gran Virion, arquero de arqueros, había nacido: el de cortejar y enamorar al mayor número de bellas mujeres posibles.

Esto no podía seguir así. Habiendo tantas mujeres necesitadas de los atentos y cuidados amorosos llenos de ternura, cariño y piropos ultra-elaborados, Virion no podía quedarse de brazos cruzados ¡Había que actuar! Y esa mañana era perfecta para ello.

Para empezar, porque hacía un Sol radiante ahí fuera. Un cielo despejado, sin hacer al mismo tiempo un calor abrasador. Un día perfecto para salir a la calle. Además, era día libre para Virion, quien no tenía que acudir a entrenamientos o cumplir con ninguna misión. Virion podía sentirlo, las mujeres le estaban llamando, esperando anhelante sus palabras adornadas y su pasión imbatible ¡Tenía que acudir cuanto antes a su encuentro!

Pero debía hacerlo bien preparado. Para empezar, bien limpio, bañado, afeitado y perfumado. Vestido además con buenas galas, con su tradicional pañuelo de cuello que tanto porte y tanta distinción le daba al gran arquero de arqueros. Una bolsa llena de monedas de oro para invitar a las doncellas a beber algo y comprarles un tradicional ramo de flores también se encontraba entre las posesiones que cargaba Virion. También llevaba su arco, por si alguna necesitaba que Virion le demostrase su bien merecido título de arquero de arqueros. Estaba listo para salir fuera, quitarse de encima las nubes negras de sus propios pensamientos malignos y comerse el mundo en forma de muchacha exquisita y sensual.

Virion decidió que aquella mañana se limitaría a dar un paseo por las calles de Ylisse hasta encontrar a alguna mujer digna de su atención, y a partir de ahí estudiaría cual sería la mejor estrategia para abordarla y lograr conquistar su corazón. No tenía un plan establecido de antemano, esperaba que fuera la espontaneidad lo que decidiese el éxito o el fracaso de aquella mañana. Pero una cosa estaba clara. Una vez fijado el objetivo, Virion iba a darlo el todo por el todo hasta el triunfo final.
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Re: Danza de Dragonas [Privado Sissi]

Mensaje por Sissi el Vie Sep 30, 2016 1:19 pm

En su recorrido por los países del sur, Ylisse no podía faltar. Posiblemente fuera su última parada antes de volver a casa, pues ya llevaba en el extranjero bastante tiempo y había razones de Estado bastante urgentes que resolver en Sindhu. Sin embargo, el regresar sin haber visitado el continente de sus antepasados le parecía algo terrible de hacer, pues no solo le imperaba la curiosidad sobre esas tierras, sino que sentía que ellas mismas le llamaban, como un eco de eones atrás. Si, además de ver Akaneia con sus propios ojos, podía hablar con las autoridades de allí, ya fuera la Reina Emmeryn o el Príncipe Chrom, se daría más que satisfecha.

Ylisse sería un buen aliado para Sindhu, no solo por la posición del país y su condición política, pacifismo militar y situación económica, sino porque la relación entre ellos y los Manaketes había sido siempre bastante estrecha. Veneraban a la antigua líder de su raza como una diosa, al igual que muchos en Sindhu. En tiempos de guerra y penurias, Naga había sido la que les había defendido y protegido. Incluso había elegido a la familia real de Ylisse, que desde hacía generaciones portaban en alguna parte de su cuerpo la “marca de Naga”, un claro simbolismo de confianza que la diosa había depositado en esa familia para proteger su nación y el continente del que ella provenía.

Sissi había llegado en barco a las costas de Ylisse hacía unos días, y ya se había recorrido ya parte del litoral y del interior, en camino a la capital. Todo lo que sus ojos veían se le antojaban como maravillas: las ciudades, los paisajes, la vida que la gente rebosaba. Ahora entendía porqué sus padres habían amado tanto esas tierras, y porqué habían luchado tanto por formar Sindhu: un paraíso en medio del caos y el horror que era el mundo en ese entonces, como una reminiscencia de lo que había sido Akaneia para ellos. Había cierta familiaridad en la tierra y en el cielo que se observaba desde el suelo Ylisseo. La duquesa lo sentía en las puntas de los dedos, en el sabor cálido de la brisa, en el verde contrastivo que asomaba a sus ojos cada vez que observaba las infinitas llanuras de bosques perennes. Sissi nunca había estado allí, ni siquiera había nacido en el continente, pero, de cierta manera, su alma de dragón lloraba por el hogar perdido de sus antepasados.

Un miembro de su comitiva le avisó de que llegarían pronto a su destino, si habían interpretado correctamente el mapa adquirido nada más llegar a los puertos de Ylisse. El grupo que la habían acompañado en sus meses de viaje estaba compuesto por diez personas entre los que se encontraba ella misma. En un inicio habían sido más, pero algunos habían decidido quedarse un tiempo mayor en otras ciudades o regresar antes a Sindhu, por lo que se habían reducido en número. Sin embargo, no por ello eran menos capaces de defenderse. Iban con ella dos magos, una sacerdotisa, dos profesores de la universidad y cuatro medio-hijos que eran distinguibles miembros del ejército. La única laguz completa era ella, pues había preferido que ninguno de sus ciudadanos estuviera en peligro de actos de odio o racismo.

Por su parte no había preocupación. Su mayor rasgo distintivo eran sus largas y puntiagudas orejas, que fácilmente había escondido en un intrincado recogido de trenzas. Su largo pelo rosa formaba un moño bajo que estaba decorado con diminutas flores blancas de tela, que impedía ver cualquier parte de sus oídos salvo los lóbulos, que asomaban bajo mechones de cabello y de los que colgaban grandes pendientes de oro. El tiempo les acompañaba, por lo que todos llevaban ropajes ligeros, típicos de Sindhu y muy exóticos para los ciudadanos de Ylisse. En todas las villas por las que habían ido pasando les habían preguntado de dónde venían, curiosos por su aspecto extranjero y la tremenda heterogeneidad del cortejo. Iban todos sobre caballos, salvo los dos profesores que dirigían una calesa en la que llevaban los objetos personales de cada uno, aunque la mayoría de los ellos habían sido adquiridos durante el viaje: en especial libros y mapas.

El camino que seguían, rodeado de altos árboles y naturaleza, de repente dio paso a un claro de fina hierba que se extendía hasta la capital de Ylisse. Los ojos de la duquesa se posaron con emoción en la arquitectura, en las figuras de personas que entraban y salían, cada una con un destino en mente. Una sonrisa asomó a sus labios, que iba creciendo cada vez más según se acercaban. La gente les miró con cierta sorpresa, pues aunque estaban acostumbrados al turismo y a la gran afluencia de comerciantes, nunca habían visto a nadie como ellos. Les rodeaba un aire salvaje e indómito, a pesar de que su ropa era de calidad y no escatimaban en mostrar que eran personas pudientes, sin por ello hacer gala de su estatus. Si les describieran, dirían que eran visitantes misteriosos, diferentes, exóticos. Entraron con naturalidad en la ciudad sin que nadie les parase o les pidiera una identificación. No por ello cesaron los susurros de admiración y las miradas se soslayo de los Ylissianos.

Sin demasiada preocupación, Sissi se bajó de su corcel cuyas riendas tendió a uno de los magos, que lo ató al carromato. Dos de los soldados hicieron lo mismo que ella, mientras que los demás fueron a descansar a la posada. La duquesa, por su parte, no deseaba más que recorrer la ciudad al completo y empaparse de su vida y la historia que los Manaketes ya no habían compartido con ella. A pesar de que había dicho que no necesitaba ir acompañada, los guardias habían insistido en escoltarla y protegerla. El viaje no había sido siempre fácil, lo que había creado cierta desconfianza en el grupo hacia el mundo exterior, con razón. No dejarían, por nada del mundo, que su estimada duquesa caminara sola por las calles desconocidas de la capital. Así pues, los tres partieron a pasear por las avenidas y entre los puestos comerciales, mientras los demás se retiraban al alojamiento.

Su larga falda de tul rojo, decorada de diminutos lunares dorados, ondeaba a su paso por el empedrado irregular de la ciudad. Le seguía el velo, con los mismos patrones de color, y que cubría parte de su torso y caía hacia abajo desde su hombro izquierdo. Su camisa ajustada, a pesar de dejar el estómago al descubierto, le protegía de la suave brisa gracias a sus largas mangas semi-transparentes. El buen tiempo hacía posible que no tuviera necesidad de una capa o un abrigo, aunque llevaba guantes. Sus guardias iban un par de pasos más atrás y proporcionaban cierto sentimiento de libertad a su duquesa, que observaba todo con extrema curiosidad. Tocaba con sus manos enguantadas de blanco las telas de los puestos de ropa, olía las naranjas y los limones de los mercadillos, y saludaba con amabilidad a todas las personas con las que tenía alguna interacción.

A medida que se iban acercando a la plaza central, empezaron a escuchar música que se hacía cada vez más alta. Había un corro de personas que aplaudían al ritmo de la melodía, y en el centro muchos bailaban entre ellos. Hermosas notas salían de laúdes, violines, flautas y tambores, sin necesidad de una partitura que sirviera de guía, como si los músicos, que no eran más que los vecinos de toda la vida, se supieran cada pentagrama de memoria. Y así debía ser, pues todos parecían familiarizados con la  repetida canción y con los pasos de baile. Sissi se alzó sobre sus pies descalzos para ver mejor a través de la animada multitud. Escaneó los movimientos y los replicó en su cabeza para hacerlos familiares a pesar de que eran tan diferentes de las danzas en Sindhu. Instintivamente, su mano golpeó contra su pierna siguiendo el compás de los instrumentos y balanceó con suavidad su cabeza de un lado a otro, sin perder por ello la vista al frente. No eran pasos difíciles, y solían seguir un patrón continuo. ¡Incluso los niños bailaban! Aplaudió con sus manos, aunque el sonido quedaba algo apagado por la presencia de sus guantes, y decidió que, en la próxima repetición de la canción, se animaría a participar incluso si ninguno de sus fieles soldados se reusaba a acompañarla.

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Re: Danza de Dragonas [Privado Sissi]

Mensaje por Virion el Mar Oct 04, 2016 1:19 pm

Virion residía en el Cuartel de la guardia de Ylisse. Como miembro de los Custodios, cuerpo de élite dirigido por el mismísimo príncipe Chrom en persona, tenía acceso a algunos privilegios como era el tener habitación propia en el mismo Cuartel, lo cual le venía de perlas a arquero, ya que se libraba de tener que rentar una casa o habitación, y podía guardar el dinero para comprar obsequios con el que halagar y rendir tributo a las doncellas a las que quería honrar y conquistar su corazón. El caso es que el Cuartel se encontraba cerca del honorable castillo de Yllise, para garantizar su protección. Y el castillo se encontraba cerca del centro de la ciudad. Por lo que, siguiendo este desarrollo silogístico básico, el cuartel se encontraba cerca del centro de la ciudad.

Es por ello mismo, que apenas tuvo que dar Virion un par de pisadas cuando el sonido de la música empezó a llegar a los oídos del arquero. Con un poco más de atención también le llegaban risas y voces de gente cantando. Y entonces, el arquero recordó… hoy no era un día cualquiera ¡hoy era fiesta! Aunque llevaba ya un tiempo viviendo en Ylisse, todavía no recordaba todas las fechas importantes, por lo que no estaba seguro de todo, pero ese era un día especial ¿El nacimiento de Naga, quizás? ¿O era el del primer Venerable? No estaba seguro, en cuanto que todavía no conocía muy bien del todo la religión del Sacro Reino de Ylisse, pero tampoco es que importase mucho. Lo importante es que era día festivo ¡¿Acaso había un día mejor para ligar?!

Las piernas de Virion parecían moverse solas a velocidad de leopardo, moviéndose al compás de la música que cada vez sonaba más y más fuerte a medida que el arquero se acercaba a la fuente de la misma. No tuvo que recorrer más que dos calles hasta llegar a una gran plaza comercial, en donde en el mismo centro había una gran multitud rodeando a un grupo de juglares y bardos, que con sus tambores, flautas y violines amenizaban con ritmo y pasión aquella mañana. La gente, conmovida y agitada por tal excelente composición musical, se movía como poseída, bailando entusiasmada y con rostros radiantes de felicidad. Era una visión que llenaba el alma de quien lo contemplaba de esperanza. Incluso en esos tiempos tan inciertos y oscuros, con los Emergidos creando dolor y miseria por todos los rincones del reino, el pueblo seguía sacando fuerzas para sonreír, cantar y bailar.

El arquero se subió a un banco con el objetivo de ver mejor quienes estaban bailando o formando parte de aquel corrillo, con el claro de fin de buscar a su alma predestinada merecedora de los cuidados y elaborados cumplidos surgidos de la boca de tan alto poeta. No tuvo que buscar mucho, pues enseguida una mujer llamó inmediatamente su atención.

Vestida de rojo con un traje exótico y sugerente que desde luego no era propio del reino de Ylisse, una bellísima joven de noble y cuidado peinado, pendientes dorados y mirada dulce y armoniosa, que aplaudía y parecía dispuesta a bailar con el resto de aldeanos ahí presentes. Por como iba vestida, uno se daba cuenta no sólo que no era de Ylisse, ni casi seguro de Akaneia, sino que también que pertenecía a una clase acomodada. Uno podía pensar de entrada que una mujer ahí sola en medio de tanto populacho podía a estar sujeta a miles de peligros, frente a carteristas y bribones dispuestos a aprovecharse de un buen botín. Pero no había más que echar un rápido vistazo a los dos guardias que la acompañaban para saber que estaba bastante bien protegida y no había razón para temer de su seguridad.

Sin embargo, esos guardias no asustaron al arquero. Más bien todo lo contrario, quien veía en aquella hermosa muchacha un reto de gran envergadura, pero de recompensa digna de merecer. Virion bajó del banco y estuvo pensado cual sería la mejor manera de acercarse a ella ¿Pedirle matrimonio directamente? Estuvo tentado de recurrir a esa vieja táctica que tan excelentes resultados le había dado hasta entonces (léase en tono muy irónico) pero un nuevo vistazo a los dos guardias le hizo negar esa posibilidad. No quería ser expulsado de ahí a los cinco segundos de haberse presentado. No, quizás esta vez debía recurrir a una táctica más clásica, más sutil. A veces, lo sencillo es lo mejor. Sin dudarlo más, se acercó a la mujer.

Llegar hasta allí no fue del todo fácil. Tuvo que apartar con cuidado a varias personas que se interponían en su camino, de tanta multitud que había. Mas al final llegó a colocarse a escasos metros enfrente de la preciada mujer.

-¡Greetings, mi estimada damisela!-saludó con la voz bien alta, ya que la música de ambiente, así lo obligaba si el arquero quería hacerse escuchar, mientras levantaba y agitaba suavemente la mano para dejar claro que era él quien la llamaba.-¡Bienvenida a Ylisstol, capital del Sacro Reino de Ylisse! Por favor, siéntase como en su casa.

Dicho esto, se acercó con cuidado a la mujer hasta colocarse a escaso un metro delante de ella. Luego con galantería y amabilidad, cogió la mano izquierda enguantada de la dama, mientras hincaba su rodilla al suelo, colocaba su propia mano diestra sobre su pecho y le hacía una reverencia para besarla con suavidad la mano sostenida.

-Siempre a sus pies, mi bellísima damisela. Mi nombre es Virion, arquero de arqueros y miembro Custodio al servicio del justo y gallardo ejército de Ylisse.-acto seguido se levantó y soltó la mano de la mujer, mientras observaba su rostro y se recreaba en tan maravillosa obra de arte creada por la naturaleza misma. Además, sus agudos y escrutadores ojos de arquero le permitieron notar lo puntiaguda que eran las orejas de aquella dama, escondidas ante la mayoría por su propia cabellera. Pero eso a Virion no le importaba, él no era como esos degenerados racistas. Para él, toda mujer es digna de tributo y adoración, con independencia de la raza a la que pertenezca. Es por ello que continuó hablando con total naturalidad pese a haber descubierto ese rasgo que la misma mujer tanto empeño había puesto en ocultar.-Me preguntaba si me concederíais el honor de bailar conmigo la próxima canción. Gustoso os enseñaré los pasos a dar, aunque si habéis prestado suficiente atención veréis que son bastante fáciles de memorizar. No es por presumir, pero soy un grandioso bailarín, y me encantaría demostrároslo si vos lo encontráis oportuno el concederme tan elevada gracia y don más exquisito.-el plan de Virion estaba en marcha.
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Re: Danza de Dragonas [Privado Sissi]

Mensaje por Sissi el Jue Oct 06, 2016 4:27 pm

Los guardias de la Duquesa eran dos medio-hijos, uno de lobo, y otro de león. Sus sentidos muy desarrollados y su constitución muscular les hacía perfectamente adecuados para proteger a su señora sin levantar sospechas entre los habitantes de Akaneia, pues no dejaban de tener un aspecto humano. Sin embargo, su sangre laguz les dotaba de habilidades como un aumento de la capacidad auditiva y ocular, además de una complexión robusta que, si bien no se comparaba con la de sus padres, era mucho mayor que la de un humano normal. Sissi, a su lado, era diminuta. Y sin embargo, se notaba el respeto y admiración que sentían ambos guardias por ella. Estaban apenas a un metro de la manakete, lo suficientemente cerca como para protegerla en caso de necesitarlo, pero con la distancia necesaria para darle una sensación de libertad y privacidad. A pesar de su tamaño, los medio-hijos no llamaban tanto la atención como Sissi, en parte porque iban vestidos de colores más oscuros, que contrastaban con el conjunto rojo de su señora, y porque ambos preferían cuidar de ella antes que disfrutar de la vida de Ylisstol. Se mantenían aparte, con rostro serio, y sin interactuar con  nadie.

No había sido sencillo salir de Sindhu. El grupo se había enfrentado a una gran cantidad de situaciones conflictivas y problemas durante su largo viaje por el mundo. No todo era lo que parecía y, aunque eso muchas veces era bueno, otras no lo era. La traición, las guerras, la envidia, el odio: seguía existente en el resto de países a pesar del tiempo transcurrido. La negatividad del planeta no remitía. Por eso los guardias no confiaban de lo que veían en ese momento en la capital, como si fuera una felicidad ilusoria que escondía los deseos terribles de los países sureños. Conocían a su duquesa, y sabían que su carácter amable le hacía fiarse de los desconocidos y esperar las mejores acciones de cada uno. Por suerte, allí estaban ellos para cuidar que nada malo le sucediera y protegerla de cualquier mal, incluso si debían dar la vida por ella, como habían jurado.

Por eso, rápidamente tomaron una actitud defensiva cuando vieron llegar al hombre entre la multitud. ¡Cómo se atrevía a acechar a su Duquesa como si fuera un buitre alrededor de una presa! Sissi, más pendiente del espectáculo, no escuchó sus palabras hasta que la gente a su alrededor se volvieron para mirarles con curiosidad. La duquesa se giró con suavidad y observó algo sorprendida al muchacho que con tanta galantería se presentaba ante ella. Casi preguntó: “¿Yo?”, de lo desconcertaba que estaba, pero una vez que notó que no había nadie más a su alrededor al que el muchacho se pudiera referir, supuso que le estaba dando la bienvenida a ella. Sonrió con educación y dirigió toda su atención a la nueva presencia que tan amable parecía ser. Por el rabillo del ojo vio como sus guardias iban a intervenir y, con toda posibilidad, apartar al desconocido con cierta brusquedad, pero intervino con un ademán gentil con una mano para detener las acciones de sus soldados. Ambos se quedaron en su lugar, en posición de agresión y los hombros tensos.  

Le asombró tanto que tomara su mano para besarla que casi dio un paso atrás. En Sindhu nunca se saludaba de esa forma que, a su parecer, era bastante íntima y denotaba una cercanía que entre ellos no había. Debía de ser común en Ylisse el recibir a alguien de esa manera, pues, si bien no le resultaría extraño que lo hiciera un noble o señor, en ningún país visitado había sido recibida de esa manera por un total desconocido. Sus guardias estuvieron a punto de lanzarse en picado sobre el joven, pero el respeto ante las órdenes de su señora, y la suave sonrisa que asomó a sus labios una vez recuperada de la impresión, les hizo continuar en su lugar. No por ello dejaron de arrojarle puñales con la mirada. La manakete, con las mejillas sonrosadas y su mano izquierda ya libre, hizo la reverencia clásica de Sindhu de vuelta: juntó ambas palmas y, con un gentil asentimiento de cabeza, se inclinó levemente hacia delante.

- Encantada, mi estimado Virion. Yo soy Sissi de Sindhu. Gracias por dar la  bienvenida a una viajera como yo, es usted encantador.

Sus grandes orbes entrecerrados se abrieron una vez finalizada la cortesía, y observó al mencionado Arquero de Arqueros con curiosidad y amabilidad. Le miró con cierta fijeza que no pretendía ser irrespetuosa, sino que denotaba el interés que le había captado. El dorado de sus iris era una puerta abierta que mostraba los años de existencia que poseía: brillantes y profundos, como el mismo paso del tiempo. Sus ojos parecían querer desvelar todos los misterios de la vida de su interlocutor: penetrantes, serenos y amables,  se clavaron en los del arquero como si esa misma introspección lo hiciera con su propia conciencia. Y, aunque podría parecer una mirada demasiado intensa para aguantar durante mucho rato, no había rasgo de brusquedad o dureza, sino una tremenda gentileza, un rasgo característico de Sissi.

La duquesa no sabía lo que era un Custodio, pero debía de ser un cargo importante en el ejército de Ylisse porque el muchacho se había referido a ello como un alto honor, aunque en la opinión de Sissi cualquier colaboración en la vida pública del país debía considerarse como un orgullo. Y sin embargo, había algo más a pesar de su tono encantador y alegre: emociones ocultas, que no estaban en completa armonía con la felicidad de su alrededor. Todos las poseían, algunos más que otros. Pero con Virion lo había sentido incluso a través de las manos enguantadas, aunque con tal levedad que, de no ser por la gran cantidad de júbilo contrastivo a su alrededor, no habría sido capaz de identificarlo. No llevaba las palmas cubiertas porque no quisiera mancharse, sino porque no creía que tuviera derecho a saber tales secretos de los demás, y mucho menos si eran desconocidos. Por suerte, la tela mantenía bastante a ralla esa clase de información extra, por lo que no debía preocuparse de faltar al respeto al amable arquero al averiguar algo que no tenía derecho saber.

- Sería un placer para mi el poder bailar con tal aclamado bailarín. – le respondió Sissi con una risa suave y cálida. – No creo tener demasiada gracia o exquisitez para la danza, pero intentaré no pisarle. – Aunque tampoco es que le fuera a doler tal cosa, en caso de suceder, pues la manakete iba descalza y no alcazaba el peso necesario como para hacer daño si le aplastara sin querer. Ante sus palabras, sin embargo, los guardias actuaron y empujaron al arquero para que se apartara de su señora y la miraron con rostros alarmados.

- Duquesa, no conoce a este hombre. No sabemos cuales son sus intenciones. Quizás quiera aprovecharse de usted. ¿Y si le sucede lo mismo que le ocurrió en-… - el soldado se quedó a mitad de frase, que nunca fe finalizada, cuando Sissi le puso una mano en el brazo y le miró amable pero determinada.

- Bartholomew, – llamó por su nombre al medio-hijo, que se quedó mudo y con las mejillas sonrosadas.-  voy a estar bien. – Solo dijo eso, nada más. Pero el modo en el que lo formuló, señalaba mucho más que meras palabras. Era un voto de confianza en ellos, en ella misma. Tras sonreírle e indicarle que solo sería un baile, fue hacia Virion, - Disculpe, espero que pueda comprender la situación y que, a pesar de la interrupción, quiera seguir bailando conmigo.

Si no se había sentido intimidado por la agresividad de sus guardias, ese sería el momento idóneo para salir al círculo, pues los músicos se preparaban para tocar un nuevo tema y las parejas ya se colocaban en el centro de la plaza.
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Re: Danza de Dragonas [Privado Sissi]

Mensaje por Virion el Mar Oct 18, 2016 12:11 pm

A Virion no se le pasaban desapercibidas las miradas que aquellos dos guardaespaldas le dirigían continuamente antes incluso de ofrecerse a bailar con aquella exótica y bellísima mujer. Miradas de desconfianza, de desprecio y de “osa acercarte más y eres hombre muerto”. Virion no se dejaba acobardar, su pasión por las mujeres se lo impedía. Pero el arquero no era un suicida y bien sabía que con ellos dos cubriéndole las espaldas a tan hermosa damisela, iba a tener que medir muy bien cada uno de sus pasos.

Afortunadamente, el primer contacto pareció ser todo un acierto. Si bien los guardaespaldas parecían furiosos, por el contrario la mujer parecía recibir al arquero con amabilidad y una hermosa sonrisa en la cara. De hecho, pareció sorprendida en un principio cuando Virion la habló, preguntando si era a ella a quien le estaba hablando. Para el arquero, eso tenía una explicación más que probable, aparte de estar distraída observando el baile en aquella plaza. Y es que no estaba acostumbrada a que nadie se dirigiera a ella antes. Algo lógico si uno veía que estaba acompañada de semejantes armarios empotrados andantes y listos para la acción. Pero eso sólo sirvió al arquero para darle aun más confianzas, puesto que eso significaba que no tendría competencia a la hora de conquistarla.

Una vez hecha la reverencia (beso en la mano incluida), Virion observó el particular saludo que le dedicó la mujer, juntando ambas palmas y acompañando ese movimiento con un leve asentimiento de cabeza. Jamás había visto el arquero a nadie saludándole de esa manera, mas teniendo en cuenta que aquella mujer era claramente extranjera, lo consideró de lo más normal. Acto seguido escuchó su nombre, Sissi de Sindhu. No, en ese momento Sindhu no le sonaba de nada. Debía de ser un lugar muy lejano para que ni el arquero mismo reconociera ese nombre, él que siempre se las daba de instruido. Bueno, ella misma aparentaba venir de bien lejos, así que era completamente posible.

-Sissi de Sindhu… Jamás olvidaré vuestro nombre.-eso era cierto, Virion jamás olvidaba a las mujeres que cortejaba, tal era la dedicación que sentía por cada una de ellas.-Y no tenéis nada que agradecer, es lo mínimo que puedo hacer por una persona de tan elevada gracia como la vuestra. Pero os agradezco sumamente el cumplido.-dijo en referencia a cuando le llamó encantador.

Virion se recreó en un principio en las mejillas sonrojadas de Sissi, la cual la hacían mas encantadora y arrebatadoramente bella. Sin embargo, enseguida notó que los ojos de ésta se posaban sobre él, y él hizo lo mismo con los de ella ¡Qué ojos más preciosos! Ese ámbar dorado era completamente hipnótico. Virion no pudo evitar quedarse unos segundos sin palabras, contemplando su propio reflejo en aquellos ojos dorados. ”Sí, soy guapísimo, pero a través de esos ojos dorados, lo soy todavía más.” pensó para sus adentros el arquero de arqueros.

Fue entonces cuando le propuso que bailara con él la próxima ronda, la cual aceptó encantada con una risa cálida que Virion encontró que la hacía todavía más encantadora.

-No debéis preocuparos por ello, mi estimada Sissi. Sólo debéis dejaros llevar y yo me encargaré de to…-el arquero no pudo terminar porque los dos guardias avanzaron y empujándolo descarada y violentamente, le apartaron de Sissi y le tiraron al suelo, para luego avisar uno de ellos a la manakete que no debía confiar en él.

El primer impulso de Virion fue el de protestas, pero se calló en cuanto la mujer reprendió al guardia que le había hablado antes. El arquero aprendió algo muy interesante de la mujer, y es que ella también era una duquesa. Parecía ser que ambos tenían más en común de lo que uno podía imaginarse al principio. Bueno era saberlo, aunque no tenía pensado revelar su identidad de duque a la muchacha.

-Oh, no debéis disculparos, mi estimada señorita. Al contrario, me alegra saber que vais acompañada de tan leal y protectora guardia. Ylisse es un reino amante de la paz y agradable con todos, pero por desgracia no está libre de peligros. La reacción de vuestro guardaespaldas es más que comprensible.-dijo el arquero mientras se levantaba y se quitaba un poco el polvo de encima ¡Dioses, como odiaba mancharse! Pero nada, todo sea por el amor.-Y desde luego, este leve incidente no me ha hecho retroceder ni un ápice en mi intención de compartir con vos un inocente baile ¡Vamos, que parece que va a empezar!

No había terminado de hablar y los músicos ya empezaban a tocar las primeras notas, mientras la gente se adentraba en la plaza, la mayoría en parejas. El arquero se atrevió a cogerla suavemente de la mano y la guió hacia el centro de la misma, casi al lado de donde se encontraban los distintos músicos. Acto seguido, empezó a moverse primero lentamente, dando vueltas, girando y moviéndose con ritmo y parsimonia, pero de forma que Sissi pudiera aprender y seguirle los pasos.

En cuanto que vio que la mujer iba aprendiendo, Virion iba poco a poco subiendo la velocidad de sus movimientos, pero siempre guiándola con cuidado y procurando no hacerla ningún daño. Al arquero aquello no le costaba. Su madre le obligaba a participar en clases de danza cuando era niño por cuestiones de etiqueta, y cuando se hizo mayor, las siguió recibiendo aunque sólo fuera porque la profesora que le impartía las clases era de muy buen ver. Pero en situaciones como aquella, Virion no podía sentirse más que satisfecho por haber desarrollado una habilidad tan útil.

Y que no sólo estaba dando resultados con Sissi. Al ver el público como se desenvolvía Virion con tanta soltura, empezaron a señalar a la pareja, cada vez más y cada vez más interés. El arquero no se dio cuenta de ello en ese momento, concentrado en seguir el flujo de la música y al mismo tiempo guiar a la mujer, quien tenía que reconocer que moviéndose de esa forma, era todavía más guapa y encantadora. Pero cada vez más y más gente se maravillaba de los continuos, rápidos, elegantes, suaves, trepidantes, fluidos y hasta mágicos movimientos que llevaban la pareja. Fue tan así que cuando la canción terminó, incluso Virion se sorprendió cuando un coro de aplausos sonó a su alrededor.

-Oh, vaya… Parece que me dejé llevar un poco.-dijo con la mano en la cabeza, como si estuviese un poco avergonzado (que no lo estaba).-Habéis sido una pareja la mar que estupenda, mi maravillosa Sissi. Espero que la experiencia haya sido de vuestro mayor agrado.-le dijo mirándola de nuevo directa a esos dorados ojos, mientras el sonido de algunos aplausos todavía sonaban a su alrededor.
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Re: Danza de Dragonas [Privado Sissi]

Mensaje por Sissi el Dom Nov 06, 2016 11:19 am

Sonrió de oreja a oreja al ver que el arquero no había rechazado su proposición, a pesar de que había sido tratado con tanta violencia por sus soldados. Mientras caminaba al centro de la plaza, lanzó una última mirada amable a su espalda y murmuró con la boca “Portaos bien”, con claro significado de que no interrumpieran el baile de nuevo y que, al contrario, se relajaran y disfrutaran de las celebraciones. Virion la guio hacia la pista de baile, donde la gente ya se habían arremolinado en parejas y comenzaban a moverse al ritmo de la música. Estaba algo nerviosa pues, por lo que había comprobado, las danzas ylissianas eran completamente diferentes a las de Sindhu y quizás se perdiera en los pasos o hiciera algo mal que dejara en evidencia los talentos de su acompañante.

No obstante, Virion fue un excelente compañero y un gran instructor. Sissi no tenía que hacer apenas nada, salvo dejarse dirigir por el arquero y recordar el movimiento que iba a continuación del anterior. En su país las danzas eran tan complejas que salir a bailarlas sin haberlas ensayado previamente era algo impensable, a no ser que uno fuera un profesional, cosa que la duquesa no era. Pero Ylisse no era Hatari: había abismos entre una cultura y la otra, y si le habían pedido un baile a una extranjera como ella, sería porque incluso los forasteros eran capaces de danzar al unísono de la melodía. Al principio dudaba en sus pasos, lo que le hacía ser más lenta y tener el ceño algo fruncido en una plena concentración. Sin embargo, al poco tiempo comenzó a desenvolverse con suavidad, ya más segura de sí misma y con la ejecución clara en su cabeza. El ritmo era sencillo, la música alegre, y la orientación del miembro Custodio exquisita. Sissi relajó el rostro, y una sonrisa gentil y emocionada asomó a sus labios.

Su larga falda de tul creaba flores rojas a su paso, tan llamativas y diferentes que daban un interesante aire exótico a la pareja. Sus collares tintineaban al unísono de la canción, como pequeños cascabeles de oro. Hubo un instante en el que la Manakete apenas escuchó nada a su alrededor salvo los instrumentos llenando el aire, y se concentró en disfrutar al máximo de la danza. Después de sus viajes, que en ocasiones habían resultado complicados y habían resultado en más de una triste despedida, o una terrible situación, había aprendido que cada momento de felicidad debía ser atesorado. Fue cuando dejó de pensar tanto en cómo bailaba, que sus movimientos fueron más gráciles, más delicados, casi como una externalización de su propia esencia de dragona, que parecía sentir el llamado de la tierra de sus padres, de sus antepasados, de la tribu a la que habría pertenecido de no ser por su desaparición.

Hubiera seguido bailando durante un largo rato más, pero los músicos dejaron de tocar y lo que entonces resonó en la plaza fueron los aplausos del emocionado público. Sissi se sorprendió en un primer momento al ver que los movimientos en los que estaba tan concentrada habían llegado a su fin. Hubiera deseado que las canciones fueran más largas, aunque con toda seguridad tenían la longitud adecuada porque empezaba a darse cuenta de que le faltaba el aire. Pero aquello que hizo que estar verdaderamente se asombrada fue descubrir que las demás parejas no estaban alabando a los bardos, sino que toda su atención estaba centrada en ellos. Sus mejillas se colorearon de un fuerte rosa y se separó de Virion algo turbada por una atención que le resultaba tan foránea. ¿Quizás les había asombrado el hecho de que una extranjera pudiera bailar con corrección? Con un instructor tan dedicado y hábil como Virion, no le hubiera resultado complicado a nadie, en realidad.

Estaba acostumbrada a que aplaudieran sus clases magistrales en la universidad, o sus discursos frente a su adorada población, pero no a su método de bailar. Cuando el arquero le habló, Sissi le sonrió, aún con el rostro encendido de timidez. - ¡Por supuesto que sí! Ha sido casi como volar, pero con los pies la mayoría del tiempo en el suelo. Nunca creí que los bailes sureños pudieran ser tan gentiles y a la vez tan pasionales. – le dijo, su voz cargada de honestidad y admiración.-  Me imaginaba que todo sería más frío, más estático. En mi país bailamos de forma completamente diferente, no es muy común que sea en parejas. Suele ser mucha gente haciendo los mismos movimientos al mismo tiempo, y las mujeres y los hombres por lados diferentes. – explicó emocionada- No puedo agradecerle con palabras que haya tenido tanta paciencia conmigo. Es un bailarín extraordinario, y un gran profesor. ¿Acaso se dedica a ello junto con lo de ser arquero, o es algo natural?

Pero no pudo escuchar lo que el otro le respondía, pues la gente que aplaudía, se acercó a la pareja para poder felicitarles por el hermoso baile del que habían disfrutado de ver. Se arremolinaron a su alrededor y todos hablaban a la vez, sus voces mezclándose unas con otras e impidiendo a Sissi escuchar con claridad lo que le preguntaban lo que le comentaban. Algunos, más audaces, posaron sus manos en los brazos desnudos de la duquesa para llamar su atención o como un gesto de apoyo y admiración. Si sus mejillas antes estaban ruborizadas, poco a poco empezaron a perder color y a tornarse muy pálidas. Mirase a donde mirase había personas que querían hablar con ella, y muchos cuerpos que chocaban con el suyo y la hacían sentirse cohibida e incómoda.

El contacto físico era muy importante para Sissi, pues indicaba intimidad y confianza, sentimientos que no compartía con nadie a su alrededor. No le gustaba que la gente iniciara contacto físico si no había indicado antes que podían hacerlo. Su cuerpo menudo de manakete, seres tan unidos a la sensibilidad de la naturaleza y las energías a su alrededor, absorbía las emociones de su entorno como una esponja. Comenzó a temblar, y gotas perlinas de sudor aparecieron en su frente, del estrés tan grande que empezaba a sentir por segundos. Sentía demasiadas cosas ajenas a su personas, todas provenientes de los hombres y mujeres que, sin tener idea de su efecto, tocaban y angustiaban a la duquesa. Pero ella no quería percibir todo ello, cerró un momento los ojos y respiró en profundidad para tratar de calmarse, pero eso solo sirvió para que una oleada de emociones le atizara de tal modo que pensó que perdería el conocimiento allí mismo.

Cualquier ser del mundo, laguz, humano o animal, actúa de dos maneras si se siente acorralado: o atacan o huyen. Sissi no era diferente a ninguno de ellos. Con una excusa mal formulada y sin despedirse de Virion, se abrió paso entre la gente para salir del corrillo y huir por el lado contrario por el que había llegado a la plaza. Su cuerpo delgado y el instinto de supervivencia que se apoderó de ella le hicieron sortear a todas y cada una de las personas que había en su camino, casi con gentileza y sin chocarse en ningún momento con nadie. No se paró a mirar atrás y salió corriendo hacia las calles de la capital, sin ningún rumbo fijo salvo escapar de todas esas sensaciones que no le pertenecían pero que se pegaban a su piel como la atracción magnética de las brújulas hacia el norte. Respiraba con dificultad, pero su corazón bombeaba a tal velocidad que sentía que iba a salir de su pecho. Su cabeza, por otro lado, daba vueltas, y el dolor en sus sienes se incrementaba con los giros abruptos en cada esquina.

Trataba de encontrar un jardín, o cualquier zona verde, donde reponerse y dejar que su cuerpo de relajara sin miedo a que nadie la molestara, aunque no había nadie por las calles porque todos parecían andar en el centro. La naturaleza era lo único que podría calmar su alma desbordada, pero no hallaba ni un solo lugar que le sirviera, pues la mayoría de los árboles o las flores pertenecían a espacios reducidos o propiedades privadas en las que la duquesa no podía entrar. Empezó a respirar con dificultad, y de forma notoria, exhalando con fuerza por la boca. Ni siquiera sabía donde estaba, o cómo regresar hacia sus soldados que sabrían lo que hacer, pues no era la primera vez que le sucedía algo así. Antes, aunque no le era del todo grato, no le habría molestado estar rodeada de tanta gente.

Pero su cuerpo se había vuelto adicto a las energías que había a su alrededor desde que hubiera despertado de dormir durante cien años. O más bien dormitado, pues su mente había seguido insomne, consciente pero incapaz de hacer nada al respecto. Lo único que le había quedado, como método de interacción, era percibir lo máximo posible de sus alrededores para entender mejor, y para no sentirse tan sola. No obstante, al regresar al mundo lúcido, eso se volvió en su contra, y el exceso de emociones de otras personas, le abrumada a tal nivel que le podía resultar dañino.

Sissi se apoyó en la pared de piedra de una casa, muy cansada y temblando a pesar de que no sentía frío. Los manaketes no eran fuertes físicamente. Incluso con la adrenalina corriendo por su cuerpo, no creía poder dar ni un paso más. Y estaba en lo correcto, pues al intentar dar un nuevo paso, cayó al suelo de un golpe seco. Al fondo del callejón se podía ver el inicio de lo que debía ser un pequeño parque. La duquesa alargó la mano incluso si sabía que así no lograría alcanzarlo. Murmuró algo incomprensible y entrecerró los ojos, pero aún seguía despierta.
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Re: Danza de Dragonas [Privado Sissi]

Mensaje por Virion el Sáb Nov 12, 2016 8:22 pm

Se puede aprender mucho de alguien sólo con verle bailar. El algo que Virion había aprendido tras múltiples bailes. Cada persona trasmitía algo distinto con cada paso que daba, con la forma en la que adecuaba sus movimientos al ritmo de la música. Alguno eran más tímidos, se movían poco y de manera renqueante, como forzados por la situación. Otros eran más abiertos, no dudaban de dejarse llevar. Otros incluso iban más lejos e improvisaban, yendo incluso a contracorriente del dictamen de la música misma. Cada uno decía algo de sí mismo con sólo mover las caderas. Y Virion, observador como buen arquero que era, aprendía a distinguir el significado de cada uno de esos movimientos.

Pero en el caso concreto de Sissi, la cosa no parecía tan sencilla. De entrada aprendió de ella que en apariencia era levemente cortada, como si le costase abrirse a lo desconocido. Pero luego, vio como eso fácilmente evolucionaba y se convertía en lo contrario, dejándose llevar como una más en aquella plaza por el ritmo sencillo pero cautivador de la música que allí se tocaba. Por una parte, parecía como una niña a la que acababan de entregar un juguete nuevo y lo estaba disfrutando con la pureza e inocencia que la caracterizan. Pero por otra parte, Virion la sentía también como una dama madura que había aprendido mucho de la vida y no tenía miedo en demostrarlo ¿Su instinto le estaba engañando esa vez, o realmente aquella dama era tan compleja como se la mostraba? Virion no podía asegurarlo. Lo único que había aprendido en aquel baile es que la mujer era todo un misterio. Un misterio que el arquero se moría de ganas de desentrañar.

Cuando la música paró y la pareja de duques fue aplaudida con tanta rotundidad, Virion pudo recrearse en la fugaz timidez de Sissi que se vio representada por un brillo adorable en las mejillas de la laguz. Sin embargo, sonreía radiante, lo que acompañada por el tono rojizo de su rostro, la hacían todavía más bella si cabe. Virion escuchó a Sissi hablar de cómo los bailes de Ylisse eran distintos que los de su patria y el arquero no pudo evitar preguntarse cómo bailarían los laguz ¿Utilizarían su forma animal o draconiana para bailar, o conservarían la forma humana? Lo cierto es que conocía poco de su cultura, por lo que realmente no tenía ni idea. Posteriormente Sissi le preguntaría  dónde aprendió a bailar.

La respuesta era sencilla. Lo aprendió en Rosanne, por orden de su madre. Los bailes eran una cuestión de etiqueta muy importante para la nobleza, y a Virion se le adiestró de pequeño, en contra de su voluntad… al principio. Porque es cierto que poco a poco le cogió el gusto y empezó a bailar por su cuenta, demostrando que tenía talento para ello… al menos hasta que su padre le vio y le ordenó “déjate de hacer esas mariconadas a menos que haya una boda o banquete”. Sí, el padre de Virion no es que tuviese un pensamiento muy avanzado. Apenado, el arquero tuvo que suspender su afición, al menos hasta el fallecimiento de sus padres. Pero nunca dejó de interesarle la danza.

-Oh, reconozco que mi aprendizaje viene de antiguo, cuando en mis aventuras allende los continentes tuve que ganarme la vida…-empezó a inventarse Virion con soltura. Y es que otro de los dones que tiene el arquero junto con la danza es el de mentir y contar cuentos inventados como si fueran historias reales con una naturalidad sorprendente. Sin embargo, no pudo llegar muy lejos con aquella historia, ya que la multitud que les había aplaudido se acercaba cada vez más para felicitarles más de cerca.

Virion estaba más que acostumbrado de ser el centro de atención, por lo que aquello no le molestaba en lo absoluto, pero un vistazo a Sissi bastaba para ver que algo no andaba bien. Su bellísimo rostro, antes sonrosado, se había vuelto blanco como la leche. Era claro que tanta gente rodeándola la estaba abrumando, agobiándola en demasía. Y aquello no era nada bueno.

-¡Apartaos! ¡¿No veis que la estáis asustando?! ¡Dejadla en paz!-gritó mientras empujaba a unos pocos para que abriesen espacio.

Por desgracia, no fue suficiente. Sissi acabó actuando de manera aterrada y decidió escapar corriendo entre los callejones de Yllistol. Dejó atrás a los guardaespaldas que la protegían, que no dudaron en perseguirla, pero con la multitud que había en esa plaza, no les fue difícil acabar perdiéndola de vista.

Afortunadamente, el arquero no perdió a la duquesa de vista, y rápidamente inició su persecución. Las callejuelas de Yllistol podían ser auténticos laberintos para un recién llegado, pero eran fáciles de memorizar y aprender cuando llevas viviendo un tiempo, como le pasaba al arquero. Entre aquello y su aguda visión, pudo mantener siempre a la vista a la mujer, pero también tuvo que correr lo suyo, apañándoselas para apartar él también todo el caudal de gente que se cruzaba en su camino, y que era enorme.

Al final, Sissi llegó a un callejón con muchísimos menos transeúntes, cerca de un parque. Su paso se desaceleró, para alivio de Virion, quien empezaba a tener la lengua fuera de la carrera que se había forzado a hacer para garantizar que no la perdía ni una sola vez. Sin embargo, su alivio se convirtió en profunda preocupación cuando primero vio que se apoyaba en la pared y luego caía al suelo con un golpe seco.

La primera reacción de Virion fue nuevamente la de correr hacia la mujer y eso es lo que efectivamente hizo. Pero a pocos metros recordó que ella había salido huyendo por la presión de la gente que la rodeaba, y el arquero no quería ser causa de mayor presión, por lo que a los pocos metros fue caminando hacia ella más despacio, hasta colocarse justo enfrente. La miró a los ojos. Parecía consciente, eso era bueno. El arquero, despacio y con suavidad, acercó una mano hacia la mujer, sin llegar a tocarla.

-Mi duquesa, permitidme ayudaros. El suelo es frío y sucio y sería una triste tragedia que manchase vuestros ropajes y vuestro radiante rostro.-dijo arrodillándose ante ella, esperando a ver si tomaba la iniciativa o si era mejor que la cogiese directamente.-Estáis a salvo conmigo. No hay nadie más aquí. Y os protegeré, no temáis. Cuidaré de vos todo el tiempo que haga falta, os lo prometo por mi honor.

Su voz sonaba sincera, y en gran medida, así era. Es cierto que Virion se había aproximado a la duquesa con la simple intención de ligársela, pero también era cierto que su preocupación por su bienestar era real. Virion era un caballero, y un caballero jamás se aprovecha de una mujer herida. Tiempo habría para seguir cortejándola cuando se hubiese recuperado. Lo primero era garantizar su bienestar. La llevaría hacia aquel parque, la sentaría en un banco y guardaría su descanso. Y no permitiría que nada ni nadie la molestase durante ese tiempo. Le había dado su palabra, y eso era sagrado.
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Re: Danza de Dragonas [Privado Sissi]

Mensaje por Sissi el Sáb Nov 26, 2016 8:19 pm

El suelo era frío, húmedo, y duro. Sissi cayó con fuerza sobre él cuando falló su resistencia y sus piernas no soportaron su poco peso. Seguramente tendría las costillas magulladas y algún raspón en las manos y en las rodillas. Su pómulo izquierdo le dolía un poco, pues había sido ese lado el que había impactado primero contra la helada y polvorienta superficie. Sin embargo, la manakate no notaba siquiera estos atributos que la rodeaban y que la afectaban, pues apenas podía concentrarse más allá de en su urgente misión de ponerse a sí misma a salvo. Tenía miedo de perder la consciencia en un lugar así, lejos de cualquier persona amiga que pudiera ayudarla y donde cualquier cosa pudiera sucederle. Pero aquello que realmente la atemorizaba de caer desmayada, era la oscuridad que la esperaba, las pesadillas en la jaula oscura de su propia mente. Solo pensarlo hacía que su ansiedad aumentara, y así se repetía un círculo vicioso en el que cuanto más sufría, más cerca estaba de desvanecerse.

La Duquesa sabía que siempre había sido diferente a los demás ciudadanos de Sindhu. Para empezar era una Manakete, raza a la que solo habían pertenecido sus padres y ella. Pero incluso con ellos guardaba diferencias notables, en especial sobre su transformación que siempre había sido mucho más salvaje de lo que debería. Cuando despertó de su letargo, descubrió que incluso habían aumentado las brechas de distinción con los demás: se había convertido en la única persona viva de su raza en su ducado, y había comenzado a sentir su alrededor en mayor profundidad que los demás. Como manakete, seres anclados a la naturaleza, esto no era extraño, pero había llegado a un extremo que no era normal, ni sano para ella. Las cosas que nunca nadie notaría despertaban un eco en su interior, como ondas de agua que tardaban en desaparecer de la superficie.

En esa clase de momentos se sentía terriblemente sola porque no había nadie en el mundo, salvo quizás sus mayores allegados a los que confiaba sus pensamientos, que entendiera por lo que pasaba. No podían comprenderlo, porque no eran capaces de percibir esa lengua que llamaba a gritos a Sissi. Un lenguaje mucho más antiguo y profundo que las palabras: la lengua de los cuerpos y seres del mundo cuando influyen los unos con los otros, como una persona contra otra persona, el viento contra la nieve, la lluvia sobre los árboles, o las olas contra los acantilados rocosos. El lenguaje de los sueños, los gestos, los símbolos, los recuerdos: olvidado por casi todo el mundo. La gente no recordaba ni que hubiera existido en primer lugar.

Sin embargo, y a pesar de lo que pudiera sentir, no estaba físicamente sola. Sissi miró hacía arriba y vio azul, pero no era el cielo de Ylisse, sino los cabellos del joven y encantador muchacho bailarín que había ido tras ella. Su cabeza daba vueltas, aturdida, y percibía por los oídos un zumbido desconcertante que realmente no existía. Parpadeó un poco y sus finas cejas rosáceas se fruncieron en señal de que le estaba costando comprender lo que Virion le decía. Pero no necesitaba entender lo que salía de sus labios para saber que su intención era ayudarla, sentía su preocupación incluso si no la tocaba. La sorprendió un poco, y eso se demostró en su rostro pálido y en sus ojos entornados que se abrieron como si no supiera si eso era real o un sueño.

Alzó una mano enguantada que temblaba por el esfuerzo y la enorme presión que sufría su cuerpo en ese instante y la puso sobre el brazo del arquero, como para cerciorarse de que realmente estaba allí aún a pesar de que eso la hizo sentirse aún más enferma. Si pudiera aguantar un poco más, y Virion era tan amable de llevarla a los cercamos jardines, todo eso se terminaría. Solo debía soportar el dolor un rato más y ser fuerte. Por suerte, el soldado de Ylisse no quería hacerla ningún daño. Incluso si no le conocía apenas, decidió confiar en él en algo de lo que dependía su propia vida porque Sissi creía que las cosas sucedían por una razón: quizás se habían encontrado porque Naga lo había predispuesto así, y si estaba allí con ella, cuando estaba en su peor momento, sería por algo. Su instinto le decía que estaba bien, que no la lastimaría incluso si estaba débil y apenas podía moverse.

- Discúlpeme por arruinar nuestra conversación, Arquero de Arqueros, -comenzó a decirle, su voz algo ahogada como si le faltara el aire. Su tono muy bajo era de verdadera aflicción. Le costaba hablar, algo evidente por las pausas que hacía cada pocas sílabas para respirar. – Estoy mareada, necesito ir a los jardines. Allí me pondré bien. Necesito paz, hay demasiados sentimientos. Si no voy, voy a dormirme. Por favor, no deje que me duerma. Tengo que seguir despierta. Prométame que no dejará que cierre los ojos.

Sissi sabía que podría parecer loca, en especial por las palabras que salían de sus labios. No obstante, en esos momentos no parecía importarle lo más mínimo que sus comentarios fueran raros o que no tuvieran ningún sentido. Ni siquiera era consciente de la mayoría de cosas que decía. Veía todo en una bruma que se volvía cada vez más espesa. Su corazón latía con tanta fuerza contra su pecho que le hacía asfixiarse consigo misma y el maremágnum de emociones que arrasaba su interior como una ola gigante. No quedaba rastro de esa muchacha tranquila que había sido antes, nada de la paz y la calma que solían existir a su alrededor y que eran parte de su personalidad. Ni siquiera se parecía a la joven que había bailado, pues sus mejillas habían perdido su rubor y hasta su hermoso moño había perdido las flores de agarre, de modo que grandes mechones rosáceos escapaban libres de su lugar.

No quería nada más que irse a casa, regresar al hogar del que tanto tiempo llevaba separada. Era tanta la frustración y el deseo de estar allí con sus seres queridos, que lágrimas acudieron a sus ojos dorados, y de allí rodaron por ambos lados hasta sus sienes y perderse entre su cabello. Un quejido compungido escapó de sus labios que habían formado una suave línea que tiritaba. Sus cejas volvieron a fruncirse, pero con mayor profundidad y su gesto pasó a ser uno de verdadera tristeza. Si no estuviera tan debilitada, casi hubiera estallado en llanto, pero en ese caso cada lágrima caía individualmente de sus orbes, y de deslizaban sin pausa por el mismo recorrido, casi suave, aun cuando el dolor era incluso palpable.

Pero de repente, la parte aún racional de su cerebro le hizo darse de una cosa: si bien echaba de menos Sindhu, no era esa la forma en la que lo hacía. Anhelaba el día en que volvería a ver los paisajes desérticos, el sol sobre la arena, los atardeces dorados y rojizos, la vida de la Ciudad Redonda, la gente amable y tolerante, a sus amigos, a su familia. Pero lo que sentía era desgarrador, más parecido al sentimiento de haber perdido a sus padres, que no se asemejaba bajo ninguna instancia a las ganas de volver a casa. La echaba de menos como alguien que sabía que regresaría pronto, no como alguien que nunca lo haría. No, esos sentimientos no le pertenecían a ella. Miró su propia palma sobre el brazo de Virion, y después alzó de nuevo sus ojos dorados para clavarlos en los del arquero.

- Usted también tiene permitido llorar, – le dijo compungida y con una preocupación sincera, como la que él había demostrado por ella. Sin embargo, su cuerpo tenía un límite que estaba dispuesto a soportar, y hacía tiempo que había rebasado la línea que la convenía. Sin ninguna clase de aviso, la duquesa cerró los ojos tras sus últimas palabras y su mano alzada calló cansada sobre su estómago. Su rostro, antes alzado al cielo, giró hacia la izquierda y ahí se quedó inmóvil. Lo había intentado, pero la oscuridad la llamaba a sus profundidades, y la sumergía cada vez más en ese abismo al que había sido condenada durante 100 años.
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Re: Danza de Dragonas [Privado Sissi]

Mensaje por Virion el Dom Nov 27, 2016 6:59 pm

Era evidente, con perfecta claridad y distinción, que la duquesa de Sindhu no se encontraba nada bien. Por ello mismo, Virin no podía evitar sentirse inquieto al ver a la mujer ahí tirada. Aunque cuando ésta cogió el brazo que le ofrecía el arquero y se levantó duramente del suelo con la delicada ayuda del susodicho, Virion se sintió un poco más aliviado.

Énfasis en el poco, porque por la forma que hablaba la mujer, con un tono de voz débil, quejumbrosos y ahogado, totalmente distinta su voz a la suavidad y natural elegancia con la que se había expresado momentos antes.

-No tenéis que disculparos de absolutamente nada. Tarea de héroes es socorrer a damiselas en apuros.-dijo con una simple carcajada al final, como si estuviese bromeando. Intentaba levantarla el ánimo, para que pudiera sacar más fuerzas.

Fue entonces cuando la duquesa le dio la más peculiar de las instrucciones. Que la acompañase hasta los jardines era normal, y era lo que tenía pensado hacer el arquero aunque no se lo hubiese dicho, ya que allí podría tumbarse y tendría la suficiente tranquilidad como para poder relajarse y tomar el control ¿Pero qué era aquello de los sentimientos? ¿Y por qué le pedía, que ante todo, no la dejase dormir?

Virion sabía poco de los laguz. Se había topado con alguno a lo largo de su vida, pero por lo general eran toda una raza aún desconocida para él ¿Ese tipo de comportamientos era normal en su especie? ¿El sueño era alguna especie de tabú? ¿Era su época de hibernación? ¿Es que si se dormía pasaría mil años antes de que se volviera a despertar? Para Virion, cualquier cosa era posible, y como no estaba nada seguro de nada, decidió confiar en la mujer y obedecer.

-Faltaría más, mi estimada duquesa ¡Nada de sueño tendréis cuando os cuente las fascinantes y majestuosas gestas que el arquero de arquero ha vivido y presenciado en su aún no muy larga vida!-empezó a declamar con volumen muy alto mientras con sumo cuidado y sin soltarla del brazo, la acompañaba caminando hacia ese pequeño parque que había enfrente, donde Sissi podría descansar.-Puedo contaros mis victorias épicas en el campo de batalla, o acerca de cómo logré encandilar a reyes con mi don de la palabra. O si lo preferís, historias sobre mi noble arte de la danza o…

Aquí Virion se interrumpió porque Sissi volvió a mencionar algo más en ese tono tan dolido y desvalido de hacía un momento. Fue una simple frase, que pilló totalmente desprevenido al arquero: “Usted tiene también permitido llorar”.

¿Qué sentido tenía esa frase en aquel momento? Si él estaba hablando de cosas alegres, de sus gestas y aventuras que él no tenía ningún problema en inventarse e improvisar ¿Estaría delirando? ¿Sería que había llegado a un punto en que no sabía lo que estaba diciendo? Virion no veía otra posible explicación, pero algo desde dentro le decía que había algo más. El arquero recordó como él mismo se había encontrado emocionalmente esa mañana al despertarse ¿Por qué ahora eso le venía a la mente? No podía haber una relación, era imposible ¿verdad?

Pero no hubo tiempo de preocuparse de aquello, porque al poco de decir aquella frase, Sissi cerró los ojos, su cuerpo debilitado e inmóvil. Virion entró en pánico unos segundos, no sabiendo muy bien qué hacer.

-¡¡No, duquesa, no!! ¡¡Hoy hace un muy bonito día!! ¡¡No es hora de dormirse!!-exclamó gritándola al oído, intentando mantenerla despierta, pero no hubo remedio, aquello no parecía ser suficiente.

Nadie había en los alrededores, nadie a quien pudiera pedir ayuda. Ahora mismo, agradecería el arquero que esos guardaespaldas tan desagradables y molestos hicieran acto de presencia, pues ellos sabrían qué hacer, pero nada. Cuando de verdad se les necesitaba, esos dos gorilas no estaban presentes. Bueno, Virion no iba a quedarse con los brazos cruzados. Algo debía hacer para ayudar a la duquesa. Debía despertarla como fuera. Entonces se le ocurrió una idea. La única idea.

Primero de todo, llevó el cuerpo durmiente de Sissi hasta el final, hasta los apacibles jardines que tan desesperadamente buscaba la duquesa. Ahí la dejó sentada en un banco. Intentó hablarla nuevamente y mover con delicadeza su cabeza, pero no hubo reacción. Así que no quedó otra de llevar a cabo el plan que se le ideó al arquero.

Como buen arquero, había llevado su arco esa mañana, para impresionar a toda dama que necesitase una demostración de su título de “Arquero de arqueros”. Y junto a su arco, había un carcaj lleno de flechas. Virion vació el carcaj, dejando las flechas a un lado del banco en que había dejado a la laguz y se dirigió, con el carcaj vacío, a una fuente cercana que emanaba agua fresca sin descanso. Con celeridad, Virion llenó el carcaj de agua hasta los topes, deseando haber tenido un recipiente más adecuado para aquella tarea, pero teniéndose que conformar con lo que tenía en aquel momento. Una vez lleno, volvió rápidamente hacia donde se encontraba Sissi.

No hay que ser muy sabio o inteligente para darse cuenta de las intenciones de Virion. En aquel momento, de improviso, pánico y sin tener ni idea de cómo debía obrar con una laguz manakete como aquella, era lo mejor que tenía el arquero. Si con eso no despertaba, Virion no tendría otra que recurrir a medios un tanto más violentos, como pinchazos o una bofetada, y eso era definitivamente lo último que deseaba hacer el arquero. Así que rezando todas las oraciones posibles a Naga, cogió el carcaj con ambas manos, hasta colocarlo encima de Sissi.

-Perdonadme, mi bellísima, cautivadora y encantadora duquesa, pero no tengo elección si deseo salvaros de vuestro sueño.-se disculpó Virion. Y entonces vertió todo el contenido de agua sobre la cabeza de Sissi. Lo peor iba a ser el peinado tan cuidado, que iba a acabar fatal tras aquello. Aquello era toda una tragedia, pero necesaria para evitar un mal todavía mayor.

OFF: Espero haber interpretado bien el sueño de Sissi. Si la he fastidiado o quieres que cambie algo, avísame por MP para que edite ipso facto ¡¡Nos leemos!!
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Re: Danza de Dragonas [Privado Sissi]

Mensaje por Sissi el Mar Nov 29, 2016 7:04 am

Oscuridad. Nada más que una penetrante negra inmensidad la rodeaba. Los poetas hablaban de la luz dentro de la gente, pero Sissi nunca había sido capaz de ver eso en ella misma. Quizás porque para uno es más sencillo ver la incandescencia que producen los demás, que ver la suya propia. Pero lo cierto era que ella solo oteaba penumbra y penumbra. Cuando sus ojos se cerraron, fue como sumergirse en un estanque en plena noche, sin una luna o antorcha para iluminar las oscuras aguas. Pero, al igual que sucede después de meter la cabeza, después no sintió nada más. Su consciencia se apagó por completo y se quedó tan profundamente dormida que ni las pesadillas que la seguían pudieron despertar. Virion trasladó el cuerpo de la manakete hacia un banco del parque y allí la sentó. Poco a poco, y a pesar de que no abría los ojos, su interior se iba calmando y el exceso de sentimientos iba evaporándose.

La naturaleza palpitaba a su alrededor, y hacía que los latidos de su corazón se acompasaran al ritmo de la Tierra. El sol calentó sus mejillas y sus parpados a través de las hojas verdes de los árboles, que dejaban diminutos huecos por los que la luz pasaba. Sissi estaba en paz, su cuerpo relajado, su rostro gentil reposando un poco hacia abajo y la derecha. Casi podría decirse que se había ido a dormir de forma pacífica, pues ningún rastro de dolor o temor surcaba sus facciones. Había cierta sincronía espiritual entre los jardines y la presencia de la duquesa descansando en el banco. A pesar de no haber estado nunca allí, no era una extraña o una forastera para las flores y los insectos. Lo bueno del mundo natural es que daba la bienvenida a cualquiera si era capaz de aclimatarse al ambiente que ofrecía. Y una persona acostumbrada a temperaturas extremas apenas tenía dificultades en acompasarse a un país tan benigno y con un clima tan apacible como Ylisse.

No obstante, y aunque Sissi pudiera ser una Manakete, en el fondo la gran parte de su fisionomía corporal era igual a la de un beorc común. Dejando de lado las razones, su desmayo había sido algo dentro de la normalidad, como uno cualquiera. No había sido agradable, pero no era como entrar en un letargo durante años: apenas debían de haber transcurrido un par de minutos desde que la Duquesa hubiera cerrado los ojos. Tampoco las sensaciones podían equipararse, pero Sissi tenía tantísimo miedo a dormirse y no volver a despertar, que solo pensarlo la llenaba de angustia. Como ser racional sabía que eso era imposible, que a pesar de la terrible y abrumadora sensación que le producían las emociones ajenas sería extremadamente raro que pudieran matarla. Por no decir imposible. Sin embargo, la mente era una poderosa herramienta que a veces podía hacer mucho más daño del que uno imaginara, y en la cabeza de Sissi ya se había instaurado que cerrar los ojos era dañino, que no era seguro. Donde otros veían paz y descanso, la duquesa cargaba con las ruinas de esos años tormentosos, que a pesar del tiempo transcurrido las tenía presentes a flor de piel.

Tan presentes como el agua que caía por toda su figura y que surtió en ella el mismo efecto que en cualquier otra persona que hubiera sufrido un desmayo común. Tardó unos instantes en reaccionar, pero al final su pecho se hinchó con una bocanada de aire que indicaba que la duquesa estaba regresando del mundo de los sueños.  Sissi abrió los ojos poco a poco, sus finas cejas algo fruncidas mientras se iba acostumbrando a la luminosidad del desconocido lugar. Al principio, sus ojos estaban algo nublados por los resquicios de somnolencia que aún hacían pesar sus párpados, pero los estímulos a su alrededor pronto comenzaron a despertarla: el viento que sacudía las ramas, el suave gorgoteo de una fuente cercana, el aleteo y las canciones de las aves locales, y la presencia del arquero que estaba frente a ella. Al notarle pegó un suave respingo y su mirada pasó de estar posada en las botas de Virion a sus ojos color café. Le observó unos breves instantes como preguntándose qué estaban haciendo ambos allí. Un par de gotas de agua rodaron desde su frente hacia su nariz y captaron la atención de la duquesa que, por primera vez, notaba que estaba completamente empapada.

Tenía el cabello alborotado, el moño apenas un conjunto suelto de trenzas y flores desperdigadas por doquier. Sus orejas, cubiertas de relucientes aros y pendientes de oro, sobresalían entre sus mechones rosáceos. Su camisa ajustada y su velo estaban mojados del mismo modo, y se pegaban de una manera poco agradable a su piel. Debido al recorrido del chapuzón, la parte de su larga falda que correspondía a su regazo y sus guantes también estaban en las mismas condiciones. Por suerte, la duquesa no acostumbraba a llevar maquillaje de diario, por lo que su rostro, aunque húmedo, no se hallaba en un estado tan desfavorecedor como su pelo. Por ahora, pues en su mejilla izquierda comenzaba a hacerse visible una zona algo morada, producto del duro golpe que se había dado antes contra el suelo. Sin duda alguna daba una visión completamente diferente al de la digna duquesa que era. No obstante, su aspecto, a pesar de estar algo más desarreglado, era mucho más sano que antes. Su mirada estaba fija, en vez de nublosa, el color había regresado a sus pómulos, y ya no temblaba o flaqueaba en su respiración o voz.

- ¿Me ha tirado agua encima? – le preguntó sorprendida, aún sin caer en la cuenta de todo lo que había pasado, pues aún se estaba desvelando y no era capaz de razonar todo al mismo tiempo. Al percatarse que su cabeza estaba calada, Sissi se llevó, a medida que hablaba, las manos hacia las finas hebras rosas para echarlas hacia atrás y peinar un poco el lamentable aspecto que creaban. Sus largos dedos pasaron sin dificultad entre las trenzas sueltas, y las flores de tela, ya arruinadas, fueron arrastradas hasta que Sissi pudo sacarlas sin dar ni un tirón. Fue cuando sus palmas rozaron sus orejas heladas y puntiagudas, que los recuerdos de momentos anteriores regresaron a ella en tropel. De repente dio un pequeño gritito y se llevó las manos para cubrir sus labios y tapar el gesto de auténtico horror que tenía, aunque sus ojos ya eran bastante honestos de por sí. - ¡Por Naga! – exclamó, y sus mejillas se llenaron de un fuerte color rojo, producto de la vergüenza por las cosas que había dicho.

La duquesa no se sentía culpable por poseer un cuerpo débil o por ser capaz de sentir demasiado. Se conocía a sí misma y había llegado a aceptar, no sin cierta reticencia, que en su forma antropomorfa eso era lo que tenía que esperar. Sin embargo, los comentarios que había hecho a Virion, en especial el último, estaban bastante fuera de lugar. No se había encontrado en su mejor momento al hablar, pero aún así no estaba bien el ir entrometiéndose en la vida de los demás cuando no habían pedido su opinión. En especial, en algo de materia muy sensible y de carácter doloroso. En una situación normal, Sissi seguramente no había ni mencionado el tema, pues trataba de respetar la intimidad de lo demás lo máximo posible para alguien con sus habilidades. Sin embargo, su propio delirio le había provocado que incumpliera su propia normativa. Debía de parecer una laguz lunática y enfermiza. Le debía más de una explicación al arquero de arqueros. Pero debía comenzar con la más importante:

- ¡No voy a comerle! - fue lo primero que le dijo con un tono de absoluto pánico, su rostro reflejaba preocupación y tremenda sinceridad. – Soy una manakete, no una especie de caníbal. No sé lo que habrá escuchado de nosotros, pero no buscamos más que la paz. Sé lo que se dice de los laguz en otros países, pero no somos, - bestias, monstruos, subhumanos,- personas violentas. – explicó con voz suave, sin querer utilizar ninguno de esos calificativos denigrantes que tanto herían la sensibilidad de los laguz. Por ahora suponía que Virion no era racista, por el modo en el que la había tratado incluso cuando había sido obvio que ella no era como él. - En realidad, no somos tan diferentes de vosotros, los beorcs, personas de la raza humana. Pero suele existir bastante rencor entre ambos grupos, por lo que para las personas como yo es más seguro viajar así. – levantó ambas manos para tapar la parte puntiaguda de sus orejas y solo dejara a la vista sus lóbulos adorados de pendientes, a modo de representar la fisionomía de los beorcs.- En ningún momento quise engañarle. Por favor, no sienta como que esa era mi intención.

Y era cierto. Ni siquiera hubiera creído que la situación que se había dado fuera posible, pero lo había sido y no estaba en su mano el cambiar el curso de los acontecimientos. Se suponía que nadie iba a saber que ella era una manakete. Más que nada porque Ylisse era un país desconocido, con gente desconocida y costumbres desconocidas. Si bien adoraban a Naga no sería extraño que odiasen a las personas de su raza, aunque pertenecieran a la misma tribu. La gente a veces hacía cosas incomprensibles por miedo o desconocimiento, que generaban a su vez odio y resentimiento. Rogaba a Naga que Virion no fuera uno de esos. Parecía un muchacho educado no solo en el terreno del trato social, sino también en el intelectual, cosa extraña en un soldado sureño según lo que había logrado ver en sus viajes, pero Sissi ya no tomaba por obvia ninguna cosa. Al igual que ella guardaba sus secretos, él también los tendría. Pero si no se equivocaba, y realmente Virion sabía algo de los miembros de su raza, o no tenía prejuicios infundados, creería sus palabras. Lo que menos deseaba en este instante era que la odiara. Aún así, se preparó mentalmente para lo peor.
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Re: Danza de Dragonas [Privado Sissi]

Mensaje por Virion el Vie Dic 09, 2016 7:43 pm

Sissi abrió los ojos. Virion sentía un par de emociones contrarias enfrentándose dentro de sí mismo. Por un lado, el evidente alivio que suponía el ver a la mujer despierta. Después de aquellas palabras que le dijo, temía que si llegaba a cerrar los ojos, no los volvería a abrir hasta dentro de un siglo después o algo peor. El ver como abría los ojos, como cualquier persona normal después de que le arrojasen una considerable cantidad de agua fría sobre su rostro, le demostraban de manera clara y sin margen alguna de dudas lo infundados que habían sido sus temores. Pero por otro lado, ahora estaba asustado también, pues temía que la duquesa no se fuera a tomar muy bien el haber sido despertada de aquella manera. A nadie le gustaba ser despertado de aquella manera. Y no sabía si los laguz se lo podían tomar incluso peor que los beorc. Virion estaba preparado para correr por su vida, en el hipotético caso de que Sissi se transformase en una rugiente bestia, dispuesta a devorarle, por haber interrumpido de manera tan brusca su sueño.

Pero no pasó. Al contrario, lo primero que hizo la mujer fue preguntarle si le había hecho agua encima, a lo que Virion se limitó a asentir con la cabeza mientras se disculpaba por ello. Sissi se tocó su destrozado peinado y su cara, hasta que pareció darse cuenta de qué era lo que había pasado y soltó una exclamación a la diosa dragón que pilló al arquero desprevenido.

Por alguna razón, Sissi parecía avergonzada. Virion pensó que sería por la caída misma y el haberse desmayado como si nada, incapaz de pensar en cualquier otro motivo sin mayor evidencia que esa. El arquero dejó que la duquesa se calmase y recobrase del todo el sentido, antes de decir nada más, por miedo a asustarla más todavía o provocar alguna reacción mejor.

Muy poco tiempo después, Sissi gritó asustada que no iba a comerse al arquero. Explicó que era realmente una manakete y que como los beorcs, ella también era una persona civilizada. Virion sonrió abiertamente, como quitándole importancia al asunto.

-No temáis, mi querida duquesa. Sabía ya de antemano que no erais beorc. Vuestro camuflaje es muy bueno, pero nada puede esconderse tras la aguda vista del arquero de arqueros.-dijo el arquero mientras le ofrecía amablemente uno de sus pañuelos de cuello de repuesto, para que lo usase a modo de toalla para secarse.-Sé de sobra que no atacáis a nadie sin provocación, por lo que toda precaución conmigo es sobrada.

Aquí Virion estaba mintiendo ligeramente. Es cierto que él no hacía distingos entre beorcs y los laguz y que no los consideraba bestias, ni monstruos ni nada parecido a lo que suelen imaginar las mentes más cerradas con respecto al tema. Pero eso no quitaba el hecho de que él mismo se asustó cuando Sissi despertó, temiendo lo peor. Y es que Virion todavía desconocía muchas cosas de los laguz, especialmente de los manaketes, y eso mismo le pasó factura. Afortunadamente, él era un as disimulando y actuando como si todo fuera absolutamente normal para él.

-Aun así, habéis hecho bien en acudir a Ylisse disfrazada. Vuestro aquí presente servidor no hace distingo alguno entre beorcs y laguz, pero me consta que no es el pensamiento mayoritario en estas tierras. Me apesadumbra bastante, pues aunque aquí se adora a una diosa dragón, la ignorancia y el desconocimiento con respecto a vuestra cultura y modo de vida ha generado una enorme cantidad de desagradables supersticiones hacia los de vuestra estirpe. Una auténtica desgracia.-Virion recordó algo apesadumbrado la reacción que en cierta aldea tenían sus parroquianos frente a un buen y amable laguz lupino al que conoció hacía ya unos cuantos meses. La masa es en su mayoría estúpida, eso era algo que el arquero tenía como una verdad universal.-Poneos en dirección al Sol, mi estimada duquesa. Os secaréis más rápido de esta forma,

El arquero contempló su carcaj mojado y lo puso también al sol para que se secase lo más rápido posible. Luego, con cuidado, se sentó en el banco, justo al lado de Sissi. La miró con cierto cuidado, y pudo fijarse como el agua había llegado a mojar parte de su vestido, que ahora aparecía pegado a su piel, lo que realzaba mucho más su estilizada y hermosa figura. No, Virion no había mojado a Sissi con aquel propósito, ni se le había pasado por su cabeza siquiera. Pero ahora, en aquella ocasión, debía reconocer que era un bonito plus. Por supuesto, disimuló todo lo que pudo para no hacer notar en lo absoluto sus miradas furtivas.

-Decidme, mi querida duquesa ¿Ese desmayo que habéis sufrido es habitual en vos? Actuasteis como si no fuera la primera vez que os pasase, pero también hay que decir que durante un momento parecía que no razonabais con normalidad.-razonó Virion un tanto inquieto, todavía preocupado por la salud de la duquesa, a pesar de que parecía que ya había regresado a la normalidad.-¿Estáis bajo tratamiento o algo así? Si necesitáis algún medicamento o algún remedio, decídmelo e iré a buscarlo de inmediato. Es festivo aquí, pero seguro que encuentro algún herbolario abierto con pociones o ungüentos que puedan aliviaros cualquier mal.

Virion había prometido que cuidaría de la mujer hasta que se encontrase bien, y como buen caballero, estaba cumpliendo con su palabra. Quería asegurarse que estuviese todo en orden, que Sissi estuviese a salvo y a gusto. Lamentaba no saber apenas de los manaketes, porque seguro que así sabría qué era lo que le había acontecido a la hermosa mujer. Bueno, Virion había aprendido que si había algo que no sabías, aprende. Y aquella era una oportunidad de aprender. Y de paso, pasar una hermosa y soleada mañana en compañía de una hermosa damisela. El arquero no bajaba la guardia, pero si no había más sustos, aquella mañana podía ser verdaderamente productiva para él, en más de un sentido. Se limitó a contemplar la belleza natural que irradiaba la manakete mientras escuchaba cada una de sus palabras con atención.
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Re: Danza de Dragonas [Privado Sissi]

Mensaje por Sissi el Jue Dic 29, 2016 9:15 pm

Entre todas las cosas que Virion le decía, hubo dos que preocuparon mucho a la Duquesa: la primera, fue cuando le admitió que el moño que había llevado no había logrado ocultar por entero sus orejas alargadas. Había puesto un especial cuidado en ello, pues conocía a la perfección el odio que existía en los países beorcs hacia los de su especie. No dudaba que el arquero fuera especialmente perspicaz, teniendo en cuenta su oficio, pero si él se había dado cuenta, había bastantes probabilidades de que otros se hubieran fijado en ello también. Si tal información llegaba a malos oídos, no solo ella estaría en peligro, sino que todo su grupo de acompañantes podrían ser víctimas de algún ataque. En cuanto recuperase las fuerzas y su cabeza no estuviera tan embotada, volvería de regreso al hostal y mandaría a alguien a buscar a sus guardaespaldas que debían de estar como locos buscando a su Duquesa perdida.

Lo segundo que inquietó a Sissi fue, precisamente, la calma con la que Virion se había tomado la situación en general. Quizás era por el choque cultural, pero estaba segura de que la tranquila reacción del soldado no era la normal. Incluso las personas más apegadas a ella, y conocedoras de su extraño pesar, solían estar nerviosas cuando Sissi despertaba de sus desmayos. No podía imaginarse lo que debería sentir alguien que no tuviera ni la más remota idea de ello, como Virion. Lo mínimo, sería mostrar cierta sorpresa, e incluso temor. Sin embargo, no hubo más que serena aceptación e incluso trivialidad en sus gentos y comentarios: como si nada de lo que había pasado fuera de lo más inusual. Por su parte, Sissi era un manojo de nervios, y eso se veía en su postura tensa y el semblante intranquilo.

A menudo se le escapaba el modo de actuar de los sureños que, a su parecer, complicaban todo cuando no había necesidad de ello. No obstante, había aprendido que a menudo la gente intentaba aparentar algo que no era verdad. Igual que Sissi se cubría las orejas para parecer una beorc, otros enmascaraban otros atributos como método de supervivencia a la sociedad. Todos llevaban dentro de sí mucho más de lo que los ojos veían. Podía afirmar que Virion era una de esas personas porque estaba allí, preocupado por ella, mientras guardaba tanto dolor dentro de sí mismo. Sissi pensó que era muy triste que una persona tan joven guardara tanto sufrimiento en su interior, y su rostro se suavizó un poco al recordar que la libertad que tenían en Sindhu, era un privilegio que no gozaban en muchos otros lugares, y que era algo que se debía de tener en cuenta al hablar con personas diferentes a ella.

Con un asentimiento de gratitud, aceptó el pañuelo que le había ofrecido y lo dejó unos instantes sobre su regazo mientras escuchaba lo que el arquero le decía. Se quitó la tela de tul roja que cubría su hombro izquierdo y cruzaba su pecho y la dejó sobre el banco para que se secara. Tras unos seguros de cavilación, hizo lo mismo con los guantes, que dejó al lado de la otra prenda. Gotas perladas de agua goteaban por su rostro y por su cabello rosáceo, pero Sissi decidió que primaba comprobar que sus collares no se estropeasen por el súbito baño, por lo que los retiró de su cuello para secar las cuentas de oro puro una por una. Eran las joyas antiguas de sus padres, su recuerdo más importante de ellos,  y no quería que sufrieran ningún tipo de daño. Y, como bien le había indicado el arquero, el sol obraría maravillas en secarla. No había nada más natural que eso, y además el agua fría era agradable en el día tan bueno que hacía.

La manakete alzó un poco las cejas y le miró con fijeza, como queriendo que sus palabras fueran escuchadas con atención.- No atacamos a otras personas, haya provocación o no, mi estimado Virion. – aclaró con suavidad. - No todos, por supuesto. Hay laguz que recurren a menudo a la violencia, pero también hay beorcs que lo hacen. Sin embargo, al igual que en su sociedad, son una minoría. La mayoría preferimos solucionar los problemas por medio del diálogo porque somos personas civilizadas por mucho que las habladurías digan que no es así. Personalmente, detesto la violencia. Intento evitarla en la medida de lo posible, aunque en estos tiempos se ha vuelto algo complicado porque con los Emergidos no se puede razonar y hay que hacer lo posible por protegerse. – le explicó algo más tranquila porque despejar dudas sobre los laguz siempre era algo de lo que Sissi gustaba. Si no fuera Duquesa, le habría encantado ser Maestra, en especial de los niños más pequeños que solían ser los más interesados en aprender cosas nuevas.

Parpadeó un poco ante la sugerencia del arquero de buscar un remedio para que pudiera sentirse mejor. Ella ya pensaba aclararle lo que le había sucedido lo preguntara o no, pero que siguiera tan preocupado por su salud, a pesar de que ya estaba bien, hizo que Sissi sonriera con tremendo agradecimiento. Pocas personas había conocido, fuera de Sindhu, que se preocuparan de forma tan genuina por una extraña como ella. No tenía duda de que Virion era un muchacho demasiado amable y gentil, y que siempre estaría en deuda con él. Carraspeó un poco antes de hablar y dejó el pañuelo con los collares sobre sus rodillas para prestarle toda su atención al soldado.

- Lamentablemente, no existe ningún remedio para lo que me pasa, porque no hay ninguna medicina ni magia que puedan reparar el alma. – comenzó a decir y suspiró al final.- Es algo complicado de explicar, así que si se pierde en algo de lo que diga, no dude en pararme para que elabore mejor. Una explicación es lo mínimo que le debo después de todo lo que ha hecho por mi. – miró sus manos y su rostro se iluminó con una idea para poder detallar lo que le había sucedido de forma más gráfica. Le mostró ambas palmas a Virion, pero sin llegar a tocarle. - ¿Ve mis manos? Cada línea que la surca forma un patrón que vuelve a cada mano diferente a las demás. No solo entre ellas, sino que cada una es única en el mundo. Las suyas también lo son. Es casi como si fueran una marca de identificación de quiénes somos, algo natural y contra lo que no podemos luchar. Pues verá, lo que todos nosotros sentimos funciona de la misma manera: se queda grabado en nuestras almas, en nuestro corazón, y eso conforma el aura intrínseca de cada persona. – bajó los brazos y puso las palmas contra su pecho para señalar que todo tenía un entresijo mucho más espiritual.

- En realidad todos los seres vivos tienen su aura particular, solo que los únicos que pueden sentirlas son las Garzas, porque su relación con la naturaleza es mucho más intensa que la de cualquier otra persona, y los Manaketes en menor medida. Normalmente a una persona de mi raza no le molestaría esta clase de percepción, porque es bastante débil y es fácil de ignorar, pero yo soy diferente. – Tomó aire y dejó de mirar a Virion para observar el paisaje a su alrededor. La fuente captó su interés, y sus ojos dorados siguieron el agua gorgotear, pero su mente estaba mucho más lejana, en recuerdos que no eran fáciles de rememorar a pesar del tiempo transcurrido.-  Yo soy diferente porque a mi me afectan las energías que me rodean, aunque solo si son muy agresivas o se encuentran en gran número. Como suelen ser emociones negativas, me hacen daño y si me expongo a una cantidad enorme de sentimientos ajenos me provoca tanta ansiedad que no puedo respirar, de modo que me suelo desmayar. Llevo guantes para evitar el contacto al máximo posible, porque no es bueno para mi salud el “sentir” demasiado. Además no considero que sea correcto el ir averiguando cosas de los demás que no debería saber. Con personas de confianza no me suele suceder nada, pero grandes muchedumbres desconocidas, como la que se acercó a nosotros tras terminar el baile, son bastante nocivas y, bueno, ya ha visto lo que me sucede en esos casos.

Alzó de nuevo la mirada y se apartó un mechón mojado y rebelde de la frente. Con cuidado lo colocó tras una de sus orejas puntiagudas. Se la notaba nerviosa por lo que estaba diciendo, porque estaba admitiendo que podía saber lo que la gente llegaba a sentir en su fuero más interno si se daban los estímulos adecuados. Temía que Virion le tuviera miedo no solo porque pudiera transformarse en una dragona, sino porque había palpado el dolor que existía en lo más profundo de su corazón. Las personas detestaban que los demás indagaran en sus vidas sin pedirlo, aunque Sissi no lo hiciera queriendo. Tragó saliva y tuvo que tomar aire para que su voz no temblara al hablar de nuevo.- Por eso le he dicho que lo que yo padezco no tiene solución, porque es un efecto secundario de un “accidente” que tuve hace años que me dejó postrada en cama durante mucho tiempo. – En realidad había sido un ataque a traición que la hirió de tal gravedad que tuvo que entrar en letargo para poder sanar sus heridas. Pero Sissi juzgó que tanta información sería saturar al arquero, de modo que prefirió dejarlo en términos más generales.

– A pesar de eso, quiero pedirle perdón por lo que le dije antes. – le miró directa a los ojos y su rostro gentil se mostró honesto y arrepentido.- Por mucho que no estuviera en mis cabales, no debería haberle dicho esas cosas. Supongo que, en ese momento, me sorprendió sentir algo así de usted, que estaba ayudándome. Quise tratar de ayudarle a mi manera, pero terminé por confundirle y por verme como una loca aunque todo tuviera sentido en mi cabeza. Apenas me conoce, y yo no soy nadie para fisgar en la vida de los demás. Espero que pueda perdonarme el rebasamiento que he cometido, ha sido demasiado poco educado y hasta desagradable. Usted ha sido tan amable conmigo, y yo se lo pago de una forma ingrata y terrible. – se tapó el rostro con las manos y apoyó los codos en las rodillas. Bufó exasperada contra las palmas.- Y encima he dado una explicación malísima. ¡Es todo demasiado complicado de explicar…! – se lamentó.
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Re: Danza de Dragonas [Privado Sissi]

Mensaje por Virion el Miér Ene 25, 2017 12:07 pm

¡Qué guapa es! Virion no la quitaba ojo de encima, era imposible hacerlo. Aunque quisiera, que no quería, sería imposible apartar la mirada de aquel divino, suave y delicado rostro, e esos ojos dorados profundos y seductores, de su cabello rosáceo, elegante y fino, aunque algo salvaje debido al reciente baño. El arquero podría estarse horas, días, semanas viendo ese rostro tan hermoso y nunca cansarse. Oh, apenas la conocía, pero ya estaba profundamente enamorado… lo cual no es ninguna novedad en Virion.

Pero aunque su atención estaba centrada en el deleite de la preciosa imagen que la manakete y sus suaves movimientos hacían a la hora de secarse con el pañuelo que Virion le había regalado, eso no implicaba que no estuviera prestando oídos a cada una de las palabras que la duquesa le decía acerca de los laguz, y su carácter con respecto a la violencia. El arquero asintió suavemente con la cabeza.

-Entonces realmente no somos tan distintos. Aunque como arquero debo entrenarme para luchar cuando la situación lo requiera, yo también soy de los que prefiere resolver todo conflicto con las palabras antes que tener que recurrir a las armas. Aunque no sé por qué, la mayoría de las veces no funciona cuando lo que pretendo es resolver una situación conflictiva de manera dialogada y pacífica. Extrañísimo, teniendo en cuenta mi perfecta dicción, el dulce timbre de mi aterciopelada voz y la implícita y profunda sabiduría que resuena en cada uno de mis vocablos. Son tiempos oscuros para seres tan elevados como nosotros.-sí, Virion no podía evitar lanzarse flores a sí mismo, estaba en su naturaleza, inútil era intentar cambiarlo a estas alturas.

Pero sí que era cierto lo que le había dicho en cuanto a lo de no recurrir a la violencia mientras no fuera necesario. Sólo que en el caso de Virion se debía, más que por puro pacifismo, a que normalmente tenía las de perder en cualquier tipo de pelea cuerpo a cuerpo. El arquero era alguien que prefería anteponer el uso de la cabeza al de su cuerpo en cualquier conflicto. Le había salido más o menos bien hasta ahora.

Virion volvió a prestar atención a las palabras de la duquesa, que en ese momento había pasado a explicar la causa de su desmayo. Lo cierto es que al principio todo sonaba algo confuso ¿reparar el alma? Sissi ya avisaba de antemano que el asunto era complejo, pero el arquero se limitó a asentir otra vez para que continuara. Virion era un poeta, y como tal entendía lo difícil que podía llegar a ser en ocasiones expresar cuestiones profundas sobre uno mismo. Por eso no le costó mucho entender lo que le dijo la manakete cuando usó el ejemplo de las manos ¿Nuestros sentimientos se graban en nuestro corazón, formando un aura distinta en cada persona, en cuanto que nuestras emociones son distintas los unos de los otros? De entrada, podía comprenderlo, aunque todavía no sabía si creerlo o no. Aun así, no juzgó y siguió escuchando ¿Las garzas tienen el poder de leer el aura? ¿los manaketes también, aunque menos? Interesante… Así que la razón por la que se había salido corriendo antes era la excesiva proximidad de la gente cuando se acercaron a ellos dos para felicitarles por el baile. Virion lo había supuesto de entrada, pero ahora podía entender el por qué: eran demasiadas emociones para la duquesa.

La duquesa añadió que su sensibilidad, mayor que la de un manakete normal, se debía a un “accidente”. Virion no preguntó por la naturaleza de ese accidente, ya la duquesa se estaba abriendo por sí sola. Luego Sissi miró nuevamente al arquero a los ojos y le pidió disculpas, puesto que también había encontrado emociones suyas. A Virion no le costó mucho sumar dos más dos: la manakete hacía referencia a cuando le decía que estaba permitido llorar. Era obvio que Sissi se sentía culpable por entrometerse en la vida de los demás, aunque lo hubiera hecho de forma completamente involuntaria. Virion le mostró en respuesta una amplia y amigable sonrisa.

-No debéis disculparos en absolutamente nada, mi duquesa. Vos misma habéis dicho que habéis actuado de manera inconsciente, nadie en su sano juicio os debería hacer responsable de absolutamente nada. Y mucho menos un caballero como yo.-Virion la siguió observando, sentado a su lado, acariciando su barbilla levemente, en plan pensativo. Tenía muchas dudas acerca del poder de percepción de la manakete, pero no tenía razón alguna para dudar de ellos. Al contrario, estaba muy interesado en semejante habilidad.-Permitidme la osadía de dar mi opinión en la materia, aunque lo que conozca sea simplemente lo que acaba de exponer. En un lado, su habilidad tiene sus claros peligros. Tanto para vos como para la gente que la rodea. Es como usted dice, al igual que la gente se cubre con ropa para cubrir sus vergüenzas físicas, también tratan de cubrir mentalmente sus vergüenzas emocionales. Pero por otro lado… el suyo es un don maravilloso. Uno de los grandes problemas que tenemos los beorcs, no sé si los laguz también, es el de saber expresar nuestras propias emociones, lo cual conduce inevitablemente a malentendidos, temores, miedos y rechazos. Muchos conflictos personales podrían solucionarse si ambas partes implicadas fuesen más honestas y abrieran su corazón. Obviamente, no os estoy animando a que lo uséis sin permiso ni mesura, y desde luego no necesitáis que yo os diga que tengáis cuidado. Pero usado con mimo, cabeza y cuidado, podéis llegar a hacer muchas cosas con vuestra habilidad, por el bien de todos.

No eran vacías las alabanzas de Virion. Realmente él pensaba que aquella habilidad de Sissi era un regalo, y que se podía utilizar para lograr muchas y muy elevadas metas en la vida. Lo que sí, no podía dejar de agradecer a Naga en su interior que la duquesa no hubiera percibido en su momento el fogoso deseo que ardía en Virion con tanta pasional fuerza por la manakete, y que no se había apaciguado lo más mínimo. Si la duquesa se pensaba que el arquero iba a asustarse o mirarla con otros ojos tras aquella revelación, se iba a llevar una sorpresa. Puesto que Virion la seguía mirando y contemplando su noble y radiante belleza sin saciarse.

El arquero se acercó modestamente a la mujer, sentados ambos en el banco. Lo suficiente para no perturbar su espacio vital. Había un asunto que quería zanjar, y quería hacerlo mirando a Sissi, teniéndola lo más cerca posible. Era un asunto delicado, y por ello, quería que le prestase toda su atención.

-Lo que sí quiero es explicar lo que me imagino que habréis sentido al percibir mis emociones. Creo que me ayudará sacármelo de encima. Os acabo de decir lo bueno que sería si todos abriésemos nuestro corazón, que mejor forma que dando ejemplo.-Virion no parecía tener una razón de peso para hablar de su pasado, pero sentía que, después de lo que ella hubiera podido percibir, le debía una explicación. Mejor él directamente a que ella se imaginase cualquier otra cosa. Tampoco es que tuviese mucho que ocultar, sólo debía mantener en secreto un par de detallitos. Y lo más importante, sentía que así podía crear un lazo personal entre los dos, lazo que esperaba que se fuera estrechando más y más. Las cosas que hacemos por amor…-Lo que habréis sentido cuando me dijisteis que llorara es el dolor por la pérdida de mi hogar. Lo perdí todo, gracias a los Emergidos, hace ya unos cuantos años. Todavía a día de hoy siento el dolor de la pérdida, a pesar de que he rehecho mi vida recientemente aquí en Ylisse. Supongo que es lo que me ha contado, hay emociones que se te pegan grabadas en el aura… supongo que es lo mismo con las cicatrices. Aun así, no pienso sucumbir ante el dolor. Seguiré adelante, por mucho que siga doliendo la herida. Sigo vivo, y mientras siga vivo, todavía existe la posibilidad de un futuro brillante, aunque oscuro y doloroso haya sido nuestro pasado.

No paró de mirar a la duquesa, mientras hablaba con plena convicción en su voz. Sí, la esperanza era lo único que se perdía. Mientras siguiera vivo, seguiría luchando por recuperar su hogar, seguiría luchando por derrotar a los Emergidos, seguiría luchando por enamorar a tan hermosa doncella que tenía delante de sí… ¡Por todos los dragones, que guapa es Sissi!
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Re: Danza de Dragonas [Privado Sissi]

Mensaje por Sissi el Miér Feb 01, 2017 3:51 pm

Cuando escuchó a Virion hablar de forma positiva, y no asustado o incómodo por lo que le había contado, Sissi le miró a través de dedos entreabiertos un momento, antes de tomar aire y suspirar mucho más tranquila. En el movimiento se pasó los dedos por los cabellos para apartar los mechones rebeldes de su rostro y peinarlos hacia atrás. Sus manos se quedaron un momento apoyadas en sus hombros relajados para después dejarlas caer sobre su regazo. Le sonrió de puntiaguda oreja a puntiaguda oreja, agradecida, aunque a medida que el arquero iba exponiendo su punto de vista fue tornándose en una mueca más melancólica que contenta. Respetó sus palabras, interesada por su opinión tan diferente a la suya, antes de intervenir.- No es una bendición, estimado Virion, para mi es una maldición. – corrigió con amabilidad. Sus cejas se fruncieron cuando miró sus propias manos desnudas. - Al principio puede parecer que entiendes mejor a las personas, pero eso no es verdad, es una ilusión. Sentir lo mismo que ellas no implica comprender esos sentimientos. A menudo ni siquiera nosotros nos entendemos a nosotros mismos, así que imagine lo que es sentir día a día lo que cada uno guarda dentro. Al cabo del tiempo ni siquiera puedes reconocer que es lo que sientes tú y que es lo que siente el otro.

Le miró directamente a los ojos, como queriendo expresar de otra manera lo que las palabras no podían hacer. En cierto modo estaba algo confundida por lo que Virion pensaba, ya que a ella nunca se le había ocurrido ver de forma positiva esa clase de habilidad. Ni siquiera sabía qué podía hacer con ella que pudiera ser beneficioso para los demás sin incurrir en su propio sufrimiento o en la privacidad de cada uno, situación que iba en contra de sus valores y su código moral. - Aparte de la confusión, también trae mucho dolor porque la gente no siempre es buena, eso es imposible. A veces somos egoístas, pérfidos y crueles, y si alguien siente alguna emoción negativa contra ti mientras te sonríe y te dice que todo está bien, puede romperte el corazón. Es imposible caerle bien a todo el mundo, pero eso no evita el dolor del rechazo. Y todo ese sufrimiento implica que nos alejemos de la gente, pero eso es muy difícil para personas como yo, que ostentamos un cargo público y además adoramos vivir en sociedad. Con cada trozo de verdad nos hacemos cómplices de la identidad de otra persona. Son datos robados de forma involuntaria y deshonesta, y no hay día que desee no tener esta capacidad de percepción que me hace a veces sentirme como la peor persona de este mundo.

Se había confesado con él de forma totalmente sincera y abierta. Si bien la Duquesa era amigable y encantadora por naturaleza con todo el mundo, esa clase de actitud la reservaba para personas en particular con las que se sentía en plena confianza. Al fin y al cabo, no dejaba de estar revelando secretos personales que eran dolorosos para ella y cuyo trauma aún seguía muy presente en su interior. Sus seres más queridos siempre le habían advertido que no tuviera tal familiaridad con gente que acababa de conocer hacía poco porque cualquiera podía aprovecharse o explotar su honestidad, aunque Sissi no opinaba que eso fuera posible. La manakete creía férreamente en la bondad intrínseca de cada uno, fuese cual fuese su raza o su credo. Incluso si se había enfrentado al odio, a la traición, y al rencor presente en muchos de los países del sur, una gran parte de ella confiaba en la comprensión de los demás, en especial si hablaba la verdad. Como representación de estas ideas, continuó: Por eso creo que para comprendernos tenemos el don del habla, y sino las acciones. Mientras ambas sean honestas no hay necesidad de violar la privacidad de los demás de forma injusta. Incluso si no funciona, habremos de intentar siempre hablar con perfecta dicción para hacernos entender, tener un timbre dulce para evitar malentendidos, y expresarnos siempre con sabiduría para poder enseñar a los demás. – le sonrió con gracia cuando utilizó las palabras que Virion había empleado con anterioridad.

Cuando comenzó a relatarle su historia, a abrirle su corazón, Sissi le prestó toda su atención: se echó un poco hacia delante y fijó sus ojos dorados en él tratando de transmitirle confianza y no que sintiera que tuviera la obligación de compartir algo tan privado con ella. Aún así, se sintió feliz cuando él también compartió su pasado, que tan terrible y triste le parecía a la duquesa. Lo primero que pensó, es que el arquero era muy valiente para afrontar una pérdida tan grande de esa manera. Sabía que eso no era sencillo, y Virion mostraba una gran fortaleza de mente y espíritu al luchar contra el dolor con tanta pasión y firmeza. En un gesto consolador, puso su palma sobre el guante izquierdo del soldado de Ylisse, lo suficientemente grueso como para que Sissi se sintiera cómoda con el contacto y no tuviera peligro. Le dio un pequeño y gentil apretón antes de apartar la mano.- Es usted un hombre excepcional, Virion.

Le gustaría poder decirle que le ayudaría a recuperar su hogar, pero no sabía si podría cumplir esa promesa. O por lo menos no en ese momento. La mayoría del mundo había sido destruido por los Emergidos, incluido Hatari, y Sissi se debía primero a su pueblo, que sufría cada día la presencia de las viles criaturas. Era su obligación como Duquesa de Sindhu asegurar que su país quedaba libre de la amenaza antes de ayudar a los demás. Si algo había prendido desde que hubiera abierto las fronteras del ducado al mundo, era que si intentaba abarcarlo todo se iba a quedar sin nada. Tampoco quería prometer algo que luego no podría cumplir por falta de tiempo y recursos, por ahora todos destinados a ayudar a Hatari y crear alianzas internacionales. No obstante, al mismo tiempo tenía una deuda de vida con el arquero que debía saldar. Quizás podría enviar a algunos hombres a recuperar su lugar de residencia de los emergidos, o hablar con las autoridades pertinentes para formar una coalición de ayuda mutua si no estaba demasiado lejos de Hatari. - Si me permite preguntar, ¿De dónde proviene?, ¿De algún país de Akaneia? Quizás pueda enviar algún tipo de ayuda, aunque no sea mucha. En Hatari tenemos buenos soldados, es posible que puedan ayudarle a recuperar su casa. – porque obviamente Sissi pensaba que Virion era un beorc común y, por tanto, con una pequeña patrulla no debía de ser difícil que el arquero regresara a donde residía con anterioridad. Aunque esperaba que no fuera de un país muy al sur o que estuviera caído porque sino no podría auxiliarle como deseaba.

Había un ambiente de cercanía entre ellos. El tiempo y el lugar ayudaban a crear una atmósfera de recogimiento y confianza muy agradable para Sissi, que hacía tiempo que no se sentía tan cómoda fuera de su hogar. No obstante, esa sensación de calma y paz fue interrumpida por los dos guardias que la habían estado acompañando antes de bailar con Virion y que se diera toda la caótica situación de después. Llegaron de una de las callejuelas y rápidos se aproximaron a ambos. Una expresión de remordimiento apareció en el rostro de la manakete porque se había olvidado al completo de ellos. Pero los soldados no parecían sentir más que un profundo alivio al ver a su querida duquesa sana y salva, aunque estuviera en la compañía del mismo beorc de antes. Antes de que llegaran a ellos, Sissi se incorporó algo cansada y con las piernas temblando ligeramente, por lo que se apoyó en el banco para hacerlo. – Creo que me debo ir. – musitó con una ligera sonrisa.-  Deben de estar bastante preocupados por mi. Tengo que darles algunas explicaciones, y seguramente me venga bien descansar un poco tras tantas emociones. Pero me gustaría volver a verle antes de irme de Ylisse, si es eso posible y le viene bien.
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Re: Danza de Dragonas [Privado Sissi]

Mensaje por Virion el Dom Feb 12, 2017 4:46 pm

Sissi corrigió a Virion. Su “habilidad” no era ningún tipo de don para ella, sino una maldición de la que desearía desprenderse. El arquero no replicó. Al fin y al cabo, le era imposible ponerse en el lugar de la duquesa ¿cómo sería ser capaz de sentir las emociones ajenas? ¿percibirlas te gustase o no? ¿confundir tus propias emociones con las demás? Si una manakete como Sissi de larga vida no había sido capaz de encontrar la manera de controlar aquello ¿cómo un simple beorc podría soñar a hacerlo? Era imposible.

Y aun así, Virion sentía que había algo más. Y no tenía que tener un sentido extrasensorial como la duquesa dragón para percibirlo. Aquella manera en la que veía la mujer su habilidad era sólo una prolongación de cómo ella se veía a sí misma, o eso es lo que sintió el arquero en ese momento. Y eso produjo en él una gran indignación ¡Que una mujer tan bella, gentil, educada, serena, amable y mil veces bella se sintiese así de sí misma! ¿Cómo la peor persona del mundo?  ¡Jamás!

-Debo pediros perdón. No era conocedor del dolor y la angustia que habéis padecido por vuestra capacidad de percibir emociones, y siento profundamente en mi alma si mis palabras sólo han contribuido a echar sal en la herida.-la cabeza del arquero estaba baja, en clara señal de arrepentimiento. Pero enseguida la volvió a levantar, para volver a mirar a los cautivadores ojos dorados de la duquesa.-Pero no debéis sentiros culpable por tener esta habilidad que no escogisteis. Ya bastante daño puede llegar a causar el mundo cruel que nos rodea como para causarnos también más sufrimiento sobre nosotros mismos.

Aquí Virion quizás se estaba pasando de la raya. No había palabras de la duquesa que mostrasen real auto-flagelamiento. Pero el arquero no podía quedarse con la boca cerrada. Hablar más de la cuenta era siempre el estilo de Virion. Pero en esta ocasión, además sentía que debía decirle aquellas palabras, fuesen o no oportunas.

Bueno, al menos cuando la duquesa le respondió utilizando las mismas palabras que el arquero emplease momentos antes para hablar de si mismo, estaba demostrando que de alguna manera, le estaba prestando atención. Todo un milagro, la mayoría de las mujeres suelen olvidar todo lo que sale de la boca de Virion al segundo de haber hablado éste. No sólo eso, sino que el arquero pudo notar posteriormente la cercanía de la duquesa y como apoyaba su mano a la del arquero mientras él narraba parte de su historia personal. Cuando terminó, Sissi dijo que él era un hombre excepcional. El exduque tuvo que reprimir una carcajada: no era precisamente eso lo que pensaban de él su gente a la que había tenido que abandonar en Rosanne. En vez de eso, Virion mostró una sonrisa confiada y un pelín arrogante.

-¡Claro que lo soy! Uno no llega a arquero de arqueros, poeta, bailarín, estratega y genio siendo un cualquiera.-respondió mirando al Sol y poniéndose la mano en el pecho, con clara arrogancia en su voz. Luego volvió a mirar a Sissi.-Pero vos también sois excepcional, mi querida Sissi. Vos habéis soportado también duras y agónicas pruebas de los hados del destino, y vuestra alma y conciencia siguen siendo nobles y puras a pesar de todas las duras trifulcas que habéis sufrido. Sois un ejemplo a seguir, en más de un sentido. Vuestra existencia es ya toda una inspiración, al menos para mí.

Y la duquesa dio muestras de una mayor amabilidad todavía, en cuanto le propuso enviar unos soldados allí donde estuviera su hogar, para recuperar sus cosas. Virion se sintió entonces realmente conmovido. Una cosa era escucharle y darle ánimos o alabarle ¿pero proponerle ayudar? ¡Realmente era una mujer excepcional! El arquero miró a la mujer con nuevos ojos. Ya no sólo quería conquistara (que por supuesto, también quería) sino que a lo mejor podía realmente ayudar al arquero en su misión de recuperar su hogar. El arquero había abandonado su hogar, entre otras cosas, para buscar fuerzas con las que reconquistar sus tierras de los Emergidos ¡Y eh aquí que tenía una fuente de la que poder partir! Pero debía ir con precaución, jugar bien sus cartas, o todo se iría al garete. Todavía no era el momento de revelar su identidad, ni de mostrar su mano. Acababa de conocerla, convenía ir pisando sobre seguro.

-Vuestra amabilidad es infinita y sólo puede competir con vuestra colosal belleza, mi estimada duquesa.-dijo el arquero arrodillándose ante ella, haciéndole una gran reverencia en señal de profundo agradecimiento por la ayuda ofrecida.-Por desgracia, mi hogar se encuentra en el Continente de Valentia, en tierras dominadas por los Emergidos. Haría falta más que un simple batallón de soldados sólo para poder poner siquiera un pie allí dentro. Pero no olvidaré vuestra gracia y generosidad. Dejadme recompensaros vuestra buena voluntad invitándoos a com…

Virion no pudo terminar su invitación. Para su desgracia, los guardaespaldas de la duquesa hicieron acto de presencia, y no parecían tener cara de buenos amigos. Seguramente habrían estado buscando a la duquesa por todas partes, y aunque el verla a salvo les podía servir de alivio, eso no eliminaba su frustración por haber tenido que rastrear toda Ylisstol hasta encontrarla. El arquero decidió no mirarles a los ojos, pues sabía que sólo encontraría ira en ellos. No hacía falta ni verles para saber que le echaban la culpa a él de que la duquesa hubiera estado desaparecida tanto tiempo. Virion no les dijo tampoco palabra alguna, pues se imaginaba que cualquier cosa que les dijese lo tomarían como una provocación, y alguno podría hasta atacarlo pese a tener allí enfrente a la duquesa exigiéndoles lo contrario.

La duquesa pidió disculpas y le dijo que debía retirarse ya, algo que el arquero tuvo que aceptar a regañadientes. Sin embargo, había esperanza ¡Sissi quería volverle a ver! Una sonrisa enorme se plasmó en la cara de Virion. Tenía la oportunidad de una cita con la duquesa ¡Una oportunidad que no tenía intención de dejar escapar por nada del mundo!

-Avisadme cuando estéis dispuesta, y yo acudiré encantado, mi estimada duquesa.-dijo mientras se sacaba un trozo de papiro que tenía encima. Un pequeño trozo en el que aparecía el nombre de Virion, su título de “Arquero de arqueros” y la dirección donde residía dentro del Cuartel de los Custodios. Virion tenía varios de esos pequeños trozos de papel con sus señas para situaciones como aquella, aunque rarísimamente se veía obligado a usarlos.-Enviadme una carta con día y hora, y acudiré de inmediato a vos, sea donde sea y cuando sea. Ha sido un inmenso honor el conocerla y sólo espero que pase una feliz y agradable estancia en Ylisstol ¡Cuídese mucho hasta nuestro próximo encuentro!-y cerró aquello con un nuevo y suave beso en la mano enguantada de la duquesa, para hacerle una nueva reverencia. Luego simplemente se limitó a verla marchar, mientras su corazón latía cien veces más rápido de lo normal ¡Por todos los dragones divinos, que bella que es Sissi!
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Re: Danza de Dragonas [Privado Sissi]

Mensaje por Eliwood el Dom Feb 19, 2017 11:07 pm

Tema cerrado. +1 EXP a cada participante.

La recompensa monetaria es retirada a modo de sanción por uso de habilidades ajenas a la raza manakete. La descripción de raza en 'Clases y Razas' menciona conexión con la naturaleza y sensibilidad a las energías en general, sin embargo percibir con tanta claridad el contenido de la mente/un hecho de la historia/ficha del otro personaje trasciende esto. Obtener conocimientos mucho menores sólo se permite por skill a la raza Kitsune, por lo que califica como una verdadera habilidad que no corresponde a la raza ni se otorgaría sin ganarla en skill, pues es muy ventajosa.

Toda sanción se aplica a ambos participantes del rol. ¡Favor de tener cuidado con las características de razas y nivel de poderes en el futuro!

Por otro lado, en base al aumento de experiencia, Virion ha obtenido el primer skill de la rama Archer:

Camuflaje - Permite al arquero utilizar alguna cualidad del terreno para ocultarse, sea colinas nevadas, montañas, hierbas, arbustos, muros o trincheras; desde allí puede disparar sin recibir contraataques. Mientras permanezca en su camuflaje no será notado por la extensión de tiempo que desee, sin embargo, desde el momento en que lance su primer disparo sí podrá ser detectado.

¡Felicitaciones!
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Re: Danza de Dragonas [Privado Sissi]

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