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[Social] To Build a Home [ Priv. Sissi | Rhett | Seraphiel ]

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[Social] To Build a Home [ Priv. Sissi | Rhett | Seraphiel ]

Mensaje por Yrumir el Lun Sep 19, 2016 3:58 pm

El sol estaba en el cenit de su viaje sobre el cielo iluminando sin dejar apenas resquicios de sombras las calles de la Ciudad Redonda. Yrumir tuvo que cerrar los ojos nada más traspasar una pequeña puerta trasera de la que muy pocos conocían su existencia, era como la salida de emergencia personal de Yrumir. Las viejas bisagras que sujetaban el tablón madera oscura chirriaron un poco. El chirrío de las viejas bisagras que sujetaban el tablón de madera oscuro le hicieron recordar que tenía pedir que le echasen un vistazo, algo que ya se le había olvidado muchas veces y seguramente se le olvidase de nuevo aquella vez. Nada más cerrar con llave la puerta dio unos pasos y salió de la estrecha franja de oscuridad que proporcionaba el edificio desde ese ángulo, recibiendo de lleno la caricia caliente del sol de mediodía de Hatari. El primer pensamiento de Yrumir fue dar media vuelta y volver al interior del edificio, y volver al sitio fresco y con mucha menos luz brillante y molesta donde estuvo hasta ahora leyendo. Sin embargo, si se entretenía llegaría tarde.

Sin perder tiempo el niño dragón echó a andar por la calle, colocando la mano sobre los ojos a modo de visera aunque seguía con la mirada un poco hacia el suelo de tan molesto le era aquella luz. Para él ese era uno de los principales inconvenientes de vivir en el Ducado de Sindhu. Se covnirtía en una poderosa razón para Yrumir por la cual pasar gran parte del día en su amada biblioteca, junto con la cantidad de trabajo que los estudiantes le daban. Por ejemplo, como esa mañána en la que sólo se dedicó a ordenar los libros que los estudiantes habían dejado desordenados el día anterior. Normalmente lo solía hacer antes de irse a dormir... pero la noche pasada encontró un interesante libro sobre la historia del propio Ducado, una crónica que no había leído antes sobre uno de los primeros refugiados que había llegado junto al anterior Duque, el padre de Sissi, a aquellas tierras. Narraba con una interesante prosa y dejaba de ver un punto de vista favorable a que aquel refugio que era Sindhu permaneciese ajeno al mundo. Claro, aquello había sido escrito hace 800 años pero Yrumir compartía parte de ese tipo de opinión.

El camino hasta el Palacio Ducal no era muy largo desde el punto de la biblioteca. Era una ruta algo escondida que Yrumir utilizaba para ir entre un sitio y otro, los dos que eran su casa. En esta ocasión volvía al palacio antes de tiempo pues normalmente regresaba al atardecer. Había una razón de peso, por supuesto. La Duquesa, Sissi, le había convocado a una reunión importante. Yrumir no sabía en qué se trataba en aquella ocasión, seguramente algo relacionado con el ducado que necesitase de su consejo. Los últimos tiempos estaban siendo difíciles para el ducado pero ellos resistían contra todos las tormentas, al menos de momento. El pequeño ya sabía que uno de los objetivos que la Duquesa creía cruciales para la superviviencia de su hogar era que el Ducado se abriese al exterior y estableciese alianzas con otros países. Quizá la reunión podría tratar de esos temas. Yrumir lo único que esperaba es que su ayuda resultase útil.

No tardó en llegar al Palacio que se encontraba en el centro de la Ciudad Redonda. Aún caminando mantenía el mismo ritmo rápido que cuando estaba en el exterior, y en su frente caían unas pocas gotas de sudor por el calor. Conocía perfectamente todos los caminos del palacio y no tardó en llegar a la sala donde se hacía la reunión. Dio un paso y entró en la estancia, esperando no llegar tarde a la reunión.
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Re: [Social] To Build a Home [ Priv. Sissi | Rhett | Seraphiel ]

Mensaje por Seraphiel el Miér Sep 21, 2016 8:57 am

Se movió por los pasillos del palacio con sinuosa elegancia, esquivando los trabajados del lugar, giró a la derecha en una esquina, a la izquierda en la siguiente y nuevamente hacia la derecha a la tercera, todo eso con sorprendente calma, con un paso seguro que no dejaba entrever nada más que eterna tranquilidad, suave y armonioso como desde siempre había aprendido a serlo, imitando en aquél entonces los movimientos de los mayores... Claro... Cuando no era más que una joven garza que encontraba divertido hacer eso. En aquél momento estaba indirectamente esquivando cada persona que se topara en su andar ¿El motivo? Simple antojo, desgana de ser interrumpido cuando su intención era acudir a la tan recordada reunión, a la que temió seriamente llegar tarde por los innumerables cambios de dirección que estaba dando, hasta el punto de plantearse seriamente la posibilidad de haberse perdido.

Y lo habría pensado si no fuera porque conocía ese palacio a la perfección gracias a su buena memoria. Ciertamente, habría podido llegar antes si solo se hubiese decantado por volar hacia una entrada más cercana a la sala, pero, su decisión había sido bien otra y ahora estaba sufriendo las consecuencias. Paró delante de un nuevo pasillo, aguantó la respiración unos segundos, agudizó sus sentidos y, al no sentir a nadie acercarse avanzó, girando a la derecha, en dirección al dichoso lugar de reunión. ¿De qué hablarían? Esa era una gran incógnita... También cabía la posibilidad de que no fuese más que una reunión para recordarles algo importante. aún cuando lo cierto era que no tenía forma de descubrir así sin más que estuviese pasando por la mente de la Duquesa y por eso era que acudía a la reunión: para descubrirlo. Fue por acercarse en silencio que vio la pequeña figura conocida de un amigo ya en la sala. Sonrió para si y, extendiendo una mano para posarla sobre la madera de la puerta, avanzando hasta quedar detrás del joven dragón.

Llegarás tarde, Yrumir. —Pronunció en un dulce pero también travieso tono de voz mientras bajaba su celeste mirada al chico— No es bueno hacer esperar a la gente... —Fue su siguiente susurro. Irónico, pues era él mismo quién había llegado minutos después del dragón, y aun así, se comportó como si nada, como si aquello fuese normal. Una simple e inocente broma que fue a más en cuanto apoyó una mano en la cabeza del peli azul y avanzó hacia el frente— Buenos días —Saludó calmado y solo entonces se permitió mirar con atención a su alrededor, en busca de algo conocido o interesante mientras esperaba, paciente, lo que pudiera seguir después.
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Re: [Social] To Build a Home [ Priv. Sissi | Rhett | Seraphiel ]

Mensaje por Sissi el Lun Sep 26, 2016 3:32 pm

La noche anterior Sissi había estado trabajando con Rhett sin descanso. Habían tantos problemas que solucionar que apenas había dormido en los últimos días. Dirigir la apertura de una identidad territorial tan grande, pues Sindhu era un ducado de tamaño respetable y con un notable número de ciudadanos, no era tarea fácil. Durante el día corría de una reunión a otra con los dirigentes del ejército, las compañías mercantes y los profesores de la universidad. No daba abasto, pues no había suficientes horas de luz, de modo que también debía tomar las de oscuridad. Sus noches, pasadas en perpetua vigilia, las empleaba para planificar lo que haría a la mañana siguiente, en escribir cartas que enviar al extranjero, y en estudiar sobre los demás países.

Apenas dormía unas pocas horas entre el amanecer y el mediodía, siempre cuando el sol hacía su aparición sobre las dunas que se extendían hasta el horizonte. Desde que hubiera despertado de su letargo de cien años, la duquesa era incapaz de conciliar el sueño si era de noche, y de hacerlo debía estar rodeada de alguna lámpara de aceite que aportara luz a las tinieblas. Prefería, sin embargo, que ya fuera de mañana cuando se iba a dormir, pues los sonidos de la vida de Sindhu le hacían sentirse acompañada y no sola. Le aterraba el hecho de irse a dormir una noche y no volver a despertar nunca más, ser de nuevo consciente de todo lo que sucedía a su alrededor pero incapaz de participar de esa vida. Tanto estrés le producía, que sus horas de sueño no superaban las cuatro, y solo caía rendida si estaba absolutamente agotada y su propio cuerpo la traicionaba, que era lo que le había sucedido la noche, o amanecer, anterior.

Lo último que recordaba era estar hablando con Rhett sobre la construcción de nuevos pozos en las afueras del ducado, y cuando descansó la vista un momento, se quedó dormida. Al despertar seguía estando en su amplio despacho, pero en vez de haber dormitado en su sillón, Rhett debía de haberla acostado en un diván que tenía para casos como esos. Estaba cubierta por una manta agradable de algodón y lana, perfecta para evitar pasar frío en el desierto. Parpadeó un poco y, una vez consciente del lugar en el que se encontraba, suspiró con alivio. Se tocó con suavidad la frente, sin ser capaz de recordar si había tenido esa noche una pesadilla, algo bastante usual en ella y que a menudo le hacían levantarse aterrorizada de un respingo. Sin demasiado interés en recordar, Sissi negó con la cabeza y se estiró con los brazos por encima de la cabeza. El sol que se filtraba por los ventanales le indicó que tenía aún un rato para la reunión que había planeado para el mediodía, con Yrumir, Seraphiel y Rhett.

Ni corta ni perezosa, salió de la estancia por una de las puertas laterales que llevaban a su dormitorio. Encima de la cama de matrimonio estaba el conjunto que llevaría ese día: unos pantalones color arena ajustados pero cómodos de talle alto, y una túnica plateada que tenía unas mangas de tela muy fina y traslúcida, y que iba cerrada justo hasta la cintura, donde luego se abría a ambos lados y dejaba al descubierto un pequeño triángulo de su tripa donde se veía su ombligo. Sonrió un poco ante el cuidado que habían tenido las sirvientas en escoger un modelo cómodo pues sabían que ese día tendría que trabajar bastante y sus vestidos, a pesar de ser más bonitos, se le hacían incómodos después de muchas horas con ellos. Tomó las prendas y fue hacia una habitación colateral que era el cuarto de baño: con sus baldosas de mármol, los mosaicos de las paredes, la bañera en el centro y a ras de suelo, flores de loto sobre el agua templada por el calor del exterior, el olor de las sales y el incienso, un tocador con todo tipo de utensilios de belleza y velas aromáticas que se solían encender para un baño nocturno. Las amables criadas, que tanto estimaban a Sissi, también lo habían dejado preparado para ella, pues deseaban aliviar un poco su carga y su trabajo.

Sonriente, la duquesa se bañó y lavó su largo cabello rosa en veinte minutos. Una vez limpia y con la piel brillante por el aceite de coco que había usado para hidratarse frente al calor desértico del Hatari, salió de la tina y se secó con una toalla de lino que luego empleó para librar a su pelo de la humedad. Se peinó, vistió, y dejó todo ordenado para dar el menor número de problemas a las muchachas del servicio. Desde pequeña, se había acostumbrado a hacer muchas cosas sin la necesidad de damas de compañía, que tanto parecían favorecer las mujeres del sur según había oído. A Sissi le parecía extraño que una persona no supiera ponerse su propia ropa, pues era de las enseñanzas que más fáciles eran de aprender. Solo requería de ayuda cuando el traje en cuestión, siguiendo la moda de Sindhu, era demasiado complejo de vestir sin la ayuda de alguien. Por suerte, la mayoría de esas vestimentas estaban reservadas a actos importantes y a festividades de mención, por lo que para su vida cotidiana Sissi podía apañárselas sola.

Salió de nuevo al despacho que tenía una gran mesa redonda en un lado, y un escritorio individual frente al ventanal. La mesa de reuniones estaba llena de papeles, y una pizarra portátil, hecha de tablones de madera, sujetaba un mapa mundial que había sido adquirido recientemente de un comerciante sureño. A pesar del revuelo en esa zona, el resto de la estancia no estaba desorganizada ni abarrotada. La biblioteca, que ocupaba gran parte de una pared, tenía los libros organizados y limpios, intercalados con plantas, lámparas de aceite, y cajas de madera. Como objetos decorativos de interés, solo destacan el gran número de macetas con flores y pequeños arbolitos, y varios bustos de mármol que eran retratos de sus fallecidos padres. La sala era acogedora y formal al mismo tiempo. Cerca del balcón habían unos sillones bajos con almohadones y una mesa ovalada de café en el centro. Mientras se duchaba alguien había preparado una bandeja de té para ella y sus invitados, y la había dejado en el centro del mueble. Sissi deseó que tanto Yrumir, Seraphiel o Rhett trajeran algo de almorzar, pues tenía hambre pero no le daba tiempo a ir a las cocinas.

Estaba regando sus queridos cactus de colores cuando el joven dragón y la garza entraron en el despacho. Sissi se volvió un poco y les dedicó una sonrisa amable a ambos. – Buenos días Yrumir, Philly. Ahora mismo estoy con vosotros. Id sentándoos donde queráis. En la mesita baja hay té preparado, ¿Me hacéis el favor de llevarlo a la grande? – les preguntó, con la vista vuelta a su tarea de hidratar a las plantas. – Por cierto, ¿Habéis visto a Rhett? No ha llegado aún. Espero que no se le haya olvidado la reunión. – Aunque en el fondo sabía que eso era imposible, por lo que se rió un poco de su propia ocurrencia.

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Re: [Social] To Build a Home [ Priv. Sissi | Rhett | Seraphiel ]

Mensaje por Rhett Orión el Vie Oct 07, 2016 8:20 pm


Noche de ingentes constelaciones al eón de estrellas, entre las fastuosas estructuras del Ducado de Sindhu el dragón de ojos áureos había procurado secundar a la Duquesa Sissi tanto como le fuera posible. Consideraba que los escollos solo se solventaban si les adecuaba una contemplación a detalle, procurando que fuesen soluciones pertinaces, o bien, que pudiesen volver a presentarse en una prolongación de tiempo. No obstante, darle resolución a todo problema resultaba siendo un trabajo extenuante que consumía largas horas de su tiempo de descanso, algo que en particular le importaba a Rhett, ser y criatura que sin mayor problema podría dormirse en cualquier sitio, para él era un aplacimiento el dormir, sin embargo, más era inherente el preocuparse por el bienestar de la Duquesa Sissi. La conocía, y sabía de su poco agrado al dormir, la aprensión a la umbría y falta de concilio al sueño. Tanto anhelaba Rhett que la Manakete descansase, y se relajase del malestar que produjo el tiempo de su letargo, pero sabía que cierta cuestión demoraría tiempo, sino años o siglos, y aunque más era su ilusión acabar con aquel problema también entendía que la mejor manera de resolver los atascos eran por uno mismo, aunque claro, si la Duquesa Sissi llegaba a pedirle apoyo no lo duraría ni un momento, el quid de la cuestión digería en que Rhett fuese capaz de ayudarla, hacer por ella tanto lo inimaginable como descifrar lo más arcano e inescrutable, tanto como en un tiempo arcaico había asegurado con el decurso de los siglos.

Había escuchado de manera atenta a la Duquesa Sissi, mientras se volvía para reordenar un cumulo de papeles y por prosecución tomaba un par de ellos en los cuales anotaría la planificación de próximos pozos que se construirían en las afueras de Hatari, de los cuales ya comenzaba a idealizarse su materialidad; constituidos a partir de una excavación profunda, con revestimiento de un tapizado de tierra apelmazada o piedras, más una polea para extraer el agua y una construcción en la superficie que facilite su hallazgo. No es que fuese algo del otro mundo, por lo que en cuanto estaba a punto de planteárselo a la Manakete su sorpresa al verla le hizo… instintivamente… esbozar una leve sonrisa, una sonrisa de completo e irremediable alivio. La Duquesa Sissi, sus labios silenciados y hermosos ojos dorados descansando por debajo de sus párpados, finalmente le indicaban que su preciado ser dormía. Destensaba el desvelo. Y el dragón lo agradecía, deseando que la Manakete no se enraizara entre pesadillas, sino gravitara sobre ellas y se dejase sucumbir ante los dulces sueños. De tal manera, después de tomar un ligero respiro, fue como se levantó de su asiento y se acercó a la durmiente Manakete, inclinándose y alargando sus brazos para tomarla con sumo cuidado, y claro respeto, llevándola con andar lento hasta un diván que se situaba en una esquina del despacho, recostándola con lentitud y sin problemas, para finalmente cubrirla con una ligera frazada que la protegería de la gélida temperatura que causaría el señero desierto. De ese modo, sabía que todo estaría bien, que la Duquesa Sissi dormiría adecuadamente sin que nada acaeciera pronto, pero por qué…

¿Por qué el dragón no dejaba de mirarla?  

“ Un roce de terneza, un desliz grácil entre sedosas hebras rosáceas, un mirar áureo extraviado en la faz de un adormilado embellecer, ante un ligero respiro terminé apartado, y serené mi exaltamiento. Cerré los ojos y mis manos, mis nervios, y volví a mis ocupaciones para dar termino a toda contingente planificación de un porvenir. Sin embargo, aquella noche, frente a una celeste colisión de estrellas, egoístamente deseé poderla haber visto un poco más…”



(…)



Suspiró y parpadeó momentáneamente. ¿Qué hora sería? Hora de apartar cierto libro de su vista, dueño y arrebatador de sueño, más el tema de ciencias taxonómicas era una de sus ramas favoritas, por lo que guardó el volumen contiguo a los demás para después salir de su estancia. Un leve mirar al desvaído firmamento fue suficiente para discernir lo temprano del día, así creyendo ser capaz de dormir lo que necesitase, antes de que se diera comienzo a la reunión establecida por la Duquesa Sissi, de la cual no sería capaz de olvidarse. De tal manera, fue a asearse y arreglarse, para después encaminarse por las extensiones del Ducado de Sindhu, haciendo lo mismo que toda mañana y buscar un sitio en el cual poder descansar, así terminó hallándole en una de las grandes habitaciones del palacio, vacío y cálido en todo caso, en el cual no dudó en acceder para fraguar su principal intención.  

Abrió los ojos en cuanto sintió el tacto del sol clarear sobre sus parpados. Se levantó sosiego, sin embargo, sabía que el actuar común de cualquier otro debería ser agitado y turbado. Negó un poco y decidió no pensar más, salió de la habitación y recorrió con tal singular parsimonia hacia el sitio en donde se llevaría, o llevaba, a cabo la reunión. Tomó un poco de aire y le soltó en un breve suspiro. Su caminar le condujo a la cocina del palacio, y ahí fue en donde se detuvo. ¿Qué tanto tiempo había pasado desde su último alimento? Más, ¿la Duquesa Sissi y los convocados habían almorzado? Meditó y consideró que ya lo habían hecho, pero conocía, y sabía que en algunas ocasiones no solo debía hacerse cuestionamientos, lo haría, porque no podía negarse que su preocupación era mucho más súbita. Terminó entrando a las cocinas en donde los servidores del palacio con tan solo verle seleccionaron un grupo de alimentos momentáneos, sin embargo, Rhett terminó dándoles la indicación de que todo se llevase al despacho principal del palacio, por lo que mientras se preparaba el almuerzo se dirigió al sitio referido en cuanto antes.  

Al instante que se encontró de frente a la sala, en donde se llevaría a cabo la reunión, accedió a ella con quietud, mentalizado que su demora era más que relevante. ¿Cómo podía justificarse con la Duquesa Sissi? Un suspiro acompasó al cierre de sus ojos mientras caminaba con calma y se acercaba a los citados. Frente a ellos decidió inclinase con ligereza. — Ruego disculpen mi demora, no tengo justificación, más que el descuido. —   Fue honesto, ¿de qué serviría mentir? Se enderezó moderado, y observó a los que se encontraban reunidos. Primero situó su mirada en el joven dragón, Yrumir, de quien con anterioridad se había presentado, y sentía sincero admirar por ser el Bibliotecario jefe de la universidad de Sindhu. Después en el laguz, Embajador Seraphiel, cuya relación no era cercana, ni de mayor conocimiento, pero respetaba al igual que Yrumir. Y finalmente, en la Duquesa Sissi, quien solo al ver llegó a sentir un total alivio tras evocar hace una noche el que al fin haya sucumbido ante el sueño y el seguro descanso. Esbozó una tenue sonrisa, la cual se disiparía al escuchar un llamado a la puerta, tratándose de los sirvientes que portaban pequeñas bandejas, las cuales llevaban el respectivo almuerzo que les había indicado minutos antes. Depositando los utensilios en la mesa central de la sala, y consecutivamente un ligero alimento que consistía en variados canapés y bocadillos veleños. — Espero no sea inoportuno, Duquesa Sissi. —  Terminó musitando el dragón para guardar silencio una vez los sirvientes abandonaron la sala, más decidió no intentar averiguar de lo que estuviesen hablando para que no fuesen continuas las interrumpciones, por lo que se abstuvo de ellas y en cambio esperó a que prosiguieran con la reunión.
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Re: [Social] To Build a Home [ Priv. Sissi | Rhett | Seraphiel ]

Mensaje por Yrumir el Sáb Oct 08, 2016 7:38 pm

En la estancia ya se encontraba Sissi, regando con mimo los cactus de colores que tenía en la estancia. Por supuesto, la Duquesa siempre llegaba la primera a las reuniones, pues así de diligente era. Iba a decir unas palabras a modo de saludo y para llamar la atención de su presencia cuando una voz le asustó y le hizo dar un respingo. Sobresaltado se medio giró para ver detrás de sí a quien ya había reconocido por ese tono de voz. era Seraphiel, para el resto el embajador de Sindhu, para Yrumir un visitante recurrente de la biblioteca y algo así como un amigo. Frunció el ceño al sentir posarse la mano de la garza sobre su cabello azul. No le gustaba que le tratasen como a un niño, ni ese tonito irónico que ponía a veces el otro. Era irritante. Pero no lo iba a solucionar ahora así que dio unos pasos luego de la garza entrando en la sala de reuniones.

Buenos días, Sissi — Saludó en respuesta al gesto homónimo de la Duquesa de Sindhu y se dirigió a la mesa baja donde Sissi había señalado que se encontraba, en efecto, una bandeja con el té ya preparado, ignorando de momento a Seraphiel. Cogió con ambos manos la bandeja y con la mirada fija en las tazas y cuidado de que no se le cayeran avanzó hasta la mesa de reuniones y colocó la bandeja en un costado. Era difícil colocarla en otro sitio pues la mesa de reuniones estaba llena de papeles. Habría que tener cuidado para no mancharlos. Una vez colocado se sirvió una taza de té y sopló el líquido humeante de la taza que sostenía entre las manos. Alzó la vista a los cuadros de los padres de Sissi que decoraban la habitación. Al verlos le invadía un sentimiento de añoranza.

Se separó un poco de la mesa y camino hasta una de las sillas vacías. Al pasar al lado de Seraphiel se paró a él y le susurró. — Hablando de los que llegan tarde... tú estás tardando en devolver los últimos préstamos que te hizo la biblioteca. — Dijo con en tono de reproche. Se acercó al asiento que se encontraba al lado del de la garza.

En vez de sentarse se quitó los zapatos y con equilibrio inusitado se subió a la silla de un pequeño salto sujetando la taza con una sola mano. Subido en el primer mueble apartó con la mano libre unos pocos papeles que cubrían la mesa y con cuidado se subió a ella. Como si fuese lo más normal se sentó sobre la superficie de madera con las piernas cruzadas y dio un pequeño sorbo al té. En aquella reunión se conocían todos desde hacía muchos años y no le apetecía estar haciendo caso a formalidades. La misma Duquesa dijo que se sentaran donde quisieran. Tomó un nuevo sorbo de té esperando que la Duquesa empezase a hablar para dar comienzo la reunión. Le despertaba mucha curiosidad saber de qué temas quería tratar su gobernante.

No mucho más tarde a percepción de Yrumir apareció la cuarta presencia ausente hasta ese momento. Se trataba de Rhett Orión, literalmente la mano derecha de Sissi. El dragón de ojos azules admiraba a aquel dragón rojo mucho mayor que él, a quien gracias a él había ayudado, y con ello salvado al ducado, a Sissi en su forma manakete enfurecida. Le conocía desde los primeros años que había vivido en Sindhu, y le respetaba mucho. Detrás de él aparecieron unos sirvientes con bandejas que al verlas llenas de comida su barriga respondió con unos pequeños rugidos. No había probado bocado desde muy temprano aquel día.

Sus ojos azules adquirieron cierto brillo al ver el almuerzo . Depositó con cuidado de no manchar la taza sobre la mesa, enfrente suyo, y juntó con las palmas de sus manos justo por delante de su pecho. — ¡Qué bien Rhett, comida! — Pronunció casi sin darse cuenta alegre, relamiéndose los labios al ver las bandejas.
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Re: [Social] To Build a Home [ Priv. Sissi | Rhett | Seraphiel ]

Mensaje por Seraphiel el Sáb Oct 08, 2016 9:12 pm

Su sonrisa se ensanchó un poco ante aquél apodo que le había dado la duquesa, era imposible no tomarle cariño, como a todos los otros que en aquellos años había conocido. Observó con curiosidad los cactus que la duquesa estaba hidratando y fue eso que le impidió avanzar, dejando paso a Yrumir primero, el bibliotecario que tanto había visto esas últimas décadas. Cuando finalmente decidió avanzar hacia el frente la bandeja ya estaba cuidadosamente apoyada en la mesa según lograba ver— Esas plantas te deben querer realmente mucho, Sissi... Ya ni que hablar de esos cactus... —Pronunció, cerrando sus ojos mientras inclinaba un poco su cabeza a un lado, dirigiéndose a ella. Quizás hubiese podido sonar como un comentario sin mucho misterio más, pero, su raza tenía una estrecha relación con la naturaleza, así que no estaba tan fuera de lo común como se pudiera suponer. Ante su siguiente paso ya tenía su azulada mirada abierta nuevamente. Ese palacio... Sorprendentemente se le hacía un lugar agradable, donde fácilmente podía relajarse sin temor a que algo turbara su descanso, no tenía de que quejarse, en absoluto.

Dedicó un vistazo al cuadro de la Duquesa Madre, al Duque no había tenido oportunidad de conocer, pero, supuso que tuvo que haber sido un laguz estupendo para que tal Ducado lograra sobrevivir durante tantos centenares de años. A la Duquesa la había conocido y de hecho, era gracias a ella que en aquél momento estuviese vivo. Pero, fue el bibliotecario quién nuevamente llamó su atención. Desvió su mirada a él y parpadeó, acabando por torcer un poco su sonrisa— Ahh... Esta es una venganza por lo de antes —Le murmuró, igual de bajo que el dragón. Tras aquello, caminó hacia las sillas que estaban ahí predispuestas y rió en bajo, silencioso, al ver a Yrumir sentado sobre la mesa. No le molestaba, claro que no, solo que... No se acostumbraba a ello, era inevitable. Cuando quiso sentarse Rhett y unas sirvientes entraron para dejar otra bandeja con diferentes bocadillos.

Buenos días, Rhett... Ahora, díganme... —Entonces se inclinó un poco al frente, tomando la tetera entre sus manos con cuidado— ¿Quieren té? —Inquirió y, tras recibir la respuesta y llenar las tazas correspondientes, retrocedió unos pasos una vez apoyada la tetera en su respectiva bandeja y tomó asiento en una de las sillas, removiendo sus alas de tal forma en que no le estarían molestando. Sopló en el humeante té y le dio un pequeño sorbo, dejándolo después delante suya en la mesa, cuidando de no estar manchando las hojas y extendió una de sus manos hacia uno de los canapés de frutas— Pero qué bonitos —Sonrió mientras volvía a apoyarse parcialmente en la silla y llevaba aquél dulce a sus labios, dándole un pequeño muerdo tras aquello. Cuando hubo acabado de masticar bajó su mano y miró a los presentes— Me parece a mi que tienes unas cuantas ideas interesantes... Duquesa —Habló en un tono animado, a la vez calmado y dulce, como una ligera melodía.
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Re: [Social] To Build a Home [ Priv. Sissi | Rhett | Seraphiel ]

Mensaje por Sissi el Dom Oct 09, 2016 11:03 am

Cuando Seraphiel le dijo que  sus plantas, en especial sus cactus, debían de quererla bastante, Sissi giró su cabeza con una sonrisa de oreja a oreja.  - ¿De verdad? ¡Qué bien!- No le extrañaban esa clase de comentarios por parte de su embajador, pues de entre todas las criaturas sobre el plantea, las garzas eran las que más cercanas eran a la naturaleza, solo por delante de los manaketes. Muchos creían que las flores y demás vegetales, eran seres simples y fáciles de cuidar, pero la duquesa sabía que todo lo que nacía de la tierra era mucho más complejo, pues aunque su vida se basaba en crecer y vivir, eran al mismo tiempo de tener sentimientos y sabían lo que sucedía a su alrededor. Sufrían de las emociones negativas, y cuando eran felices crecían grandes y preciosas. Algunos de sus cactus, en particular, tendría que trasplantarlos a su huerto dentro de poco, pues su tamaño era tal que ya no cabrían en su despacho. Como muchos hacían con perros o gatos, Sissi adoptaba las plantas que veía a punto de morir. Las rescataba y las cuidaba hasta que florecían de nuevo y estaban listas para regresar al mundo exterior. Por eso, que Seraphiel le dijera eso le llenaba de gran alegría, pues significaba que lo estaba haciendo bien. Terminó de regar las últimas macetas justo cuando Rhett entraba en la habitación.

Hacía apenas unas horas que no estaba con él, y en las que la mayoría del tiempo había dormido, pero aún así se alegró de verle entrar en la habitación como si hicieran años que no sabía de él. Sus ojos se iluminaron y sus mejillas se sonrojaron de satisfacción. Se limpió las manos, algo sucias por el abono y el agua, con un paño cercano y, fue a decir algo, pero justo entraron los sirvientes con la comida. Dejó la pieza de tela a un lado y caminó hacia la mesa. – ¿Se te han pegado las sábanas, Rhett Orión?- preguntó, su voz dulce con un deje de falsa sorpresa. - No te preocupes, en realidad Yrumir y Philly han llegado poco antes que tú. A ellos también se les deben de haber pegado. – comentó con una ligera risa al mismo tiempo que colocaba frente a la mesa una estructura de madera, que tenía un mapa cuidadosamente atado de modo que quedara en posición perpendicular al suelo, pero frente a los espectadores. – Yo tomaré un poco de té, Philly. – indicó antes de finalizar su tarea y despejar un poco el borde más cercano para posar allí su taza y un pequeño platillo en el que se sirvió sus bocadillos predilectos antes de que se los comieran los demás. No se fiaba para nada de los otros tres varones en cuestiones de comida. - Pero ahora que estamos todos, poneos cómodos que esto va a ser para largo. Prestad mucha atención, pues todo lo que voy a decir es muy importante y nos incumbe a todos. Es sobre algo en lo que Rhett y yo hemos estado trabajando en los últimos días.

Se tomó un rollito frito y picante que estaba relleno de verduras y cordero, y tomó un sorbo de su bebida antes de continuar. – Los cartógrafos de la universidad han sido tan amables de actualizar el mapamundi que teníamos hasta ahora. Esto es el mundo conocido y aquí está Hatari, y aquí Sindhu. – comenzó a explicar señalando en el papel con una varilla fina y de madera para no entorpecer la visión. – Los países señalados en rojo son los que mayor fuerza militar poseen. Según nuestra información, la mayoría de estos países poderosos han logrado expulsar en gran parte a los Emergidos de su territorio. Nosotros en Sindhu hemos logrado repeler de nuestras tierras, a duras penas, a los grupos que han ido llegando. Pero nuestras fuerzas se agotan al igual que nuestros recursos, que cada vez más son saqueados por los emergidos para su propio beneficio. Si seguimos así, no me cabe duda de que seremos completamente aplastados por ellos y Sindhu desaparecerá. – dijo con tono serio, nada quedaba de su sonrisa gentil, solo un rostro preocupado pero determinado. Suspiró con pesadez y entrecerró sus ojos un momento. No era un tema sencillo del que hablar.

Al abrirlos de nuevo, continuó: He recibido malas noticias. La mayoría de las manadas de lobos, que antes regían Hatari, han sido masacrados por los Emergidos. Esto tiene dos consecuencias directas sobre nosotros: lo primero es que Sindhu será ahora el objetivo primordial de los Emergidos, pues somos el último reducto civilizado que queda para hacerse con todo el territorio; lo segundo, que, al no haber poder político centralizado que dirija el país, cualquier otra potencia mundial puede estar interesada en aumentar su territorio y convertirse así en una potencia imperialista. Si caen los líderes, como ha sucedido en Hatari, el país deja de ser un país y cualquiera puede anexionárselo. Ahora mismo Hatari es un territorio tomado en su mayoría por los Emergidos, pero también puede ser tomado por otro Estado. ¿Qué sucedería entonces con nosotros? Tres cosas, o somos absolutamente aniquilados por cualquiera de los dos,  somos absorbidos por la nueva potencia colonizadora, o simplemente huimos de aquí en busca de otro sitio donde asentarnos. – enumeró con rostro serio, casi cabizbajo.

Pero al finalizar, alzó los ojos y exclamó: ¡Pero eso no sucederá! Ninguna de esas tres cosas: no seremos vencidos, ni conquistados, ni expulsados de nuestro hogar. Sindhu lleva en pie 800 años, conocemos Hatari mejor que nadie, y este desierto, odiado por todos, es el único lugar que nos dio la oportunidad de vivir cuando los demás lugares no. Lo que hemos hecho nosotros aquí tiene mucho más mérito que las otras naciones que tenían bosques y ríos y montañas y grandes planicies agricultoras. ¡Hemos hecho un paraíso en medio de la nada! Somos fuertes: nos han curtido las arenas del desierto, el calor del día, el frío de las noches; como el odio, la muerte, la desesperación. Hemos creado una cultura que perdura, que es diferente de los países del sur. No nos matamos entre nosotros, no esclavizamos, no nos dejamos llevar por nimiedades como la necesidad imperialista de dominar y luchar por el mero hecho de demostrar que somos más poderosos que los demás. Hemos avanzado en ciencias, en magia. Podemos presumir de tener un índice de analfabetismo y pobreza extremadamente bajo. Nuestra gente sabe lo que es el amor, lo que es ser aceptado a pesar de ser diferente. ¿Cuántos países pueden presumir de otorgar libertad, conocimientos e igualdad a sus ciudadanos? Puedo asegurar que muy pocos.

Hablaba con su voz suave alzada, exaltada por la pasión de sus creencias. – Por eso creo que nosotros, Sindhu, debemos ser quienes re-conquistemos Hatari de los Emergidos y les expulsemos de una vez de nuestras tierras. Podremos así proteger a las manadas de lobos que quedan y evitar que otras naciones nos invadan.  No podemos seguir siendo pasivos en el panorama internacional, pues nadie va a resolver nuestros problemas por nosotros y, si no hacemos algo, eso puede desencadenar nuestra ruina. – finalizó sus palabras y miró a los presentes con fijeza. Su rostro estaba algo rojo por la emoción en su discurso, y temblaba ligeramente por la adrenalina que corría por sus venas. Estaba nerviosa por lo que dirían, en especial Seraphiel e Yrumir. Rhett, como la persona de mayor confianza de la duquesa, ya había sido informado de antemano de todo ello. Sin embargo, su opinión también le importaba. Todo estaban allí para llegar a una solución al problema y discutir la propuesta de Sissi. No era un tema fácil, pero debían solucionarlo cuanto antes pues con cada día perdían oportunidades de hacer algo al respecto.
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Re: [Social] To Build a Home [ Priv. Sissi | Rhett | Seraphiel ]

Mensaje por Rhett Orión el Lun Oct 17, 2016 9:19 pm

La estancia, iluminada desde el exterior por la suave incandescencia del astro solar, adquirió una tonalidad anaranjada, junto a la cálida presencia de los convocados que hacían de ella un sitio dulcemente confortable. Rhett les observó atentamente, ascendiendo sus comisuras de forma paulatina y asintiendo a las palabras del joven dragón en un ligero movimiento de cabeza, más cierta y ajena ingrávida alegría provocó en el mayor un contento y satisfactorio sentimiento que claramente fue imperceptible. Solo después redirigió su mirar áureo a la hermosa Manakete, a quien no había tenido el tiempo suficiente de ver con detenimiento, creyendo de forma honesta y respetuosa que siempre lucía las prendas más adecuadas; aquella vez portando un atuendo ligero, cómodo, y ostensiblemente perfecto para la situación — Tiene razón, debió haber sido una confabulación. — Musitó refiriéndose a las sábanas, antes de soltar un silencioso suspiro el cual era rotundamente de alivio ante la importancia que tenía tras no haber interrumpido o importunado la reunión. — Se lo agradezco , beberé un poco. —Le propició una respuesta al Laguz, decidiendo tomar la taza de té y colocándola en un extremo de la gran mesa en donde no llegase a estorbar, al igual que lo hizo con un canapé de pimentón que llegó a ingerir antes de que comenzase la reunión, la cual no demoraría por mucho más tiempo ante las palabras de la Manakete.

Terminó situándose en el otro extremo de la mesa, opuesto al de la Duquesa Sissi, observando los señalamientos que ella propiciaba sobre aquellos países rojizos que habían expulsado de sus tierras la mayor cantidad de Emergidos. Un breve cerrar de ojos mantuvo Rhett, escuchando rigurosamente las palabras de la Manakete, su seguridad al debilitamiento de Sindhu, la escasez de abastecimientos tanto en recursos y fuerzas militares y el incuestionable exterminio de sus tierras eran amargamente significativas; que en alegoría pudiese llegar a palparse la más gélida e incorpórea pesadumbre, y  saborearse la más cruda realidad de amarga manía. Se encarecían grandes problemas en el ducado, a tal grado que ya eran predispuestas las amenazas que depararía Sindhu sino tomaban la brida del mal augurio y detenían su tempestad de un solo jalón. En todo ello creía el dragón, pero, por supuesto que su creer se enraizaba profundamente en las diligentes palabras de la Manakete. Rhett las amaba, amaba su tan inigualable emoción y lo que éstas provocaban, amaba sus deseos, su diversidad y su sublime luz dorada. Por ello mismo, el dragón tenuemente sonrió de forma sincera; y aunque ya hubiese conocido los objetivos de la duquesa, aquello no significaba que su corazón no saltase en una bella y rápida melodía. Claro, las expresiones de Rhett apenas llegaban a demostrarse en su complejidad, sin embargo, el fulgor de sus ojos y el tenue calor que pigmentaban sus mejillas era una pequeña muestra de su entusiasmo. Evidente o no, únicamente provocado por las mayestáticas palabras de la Manakete.  

El dragón no mantuvo el mutismo, de tal manera observó a los presentes, desvaneciendo cualquier tipo de emoción incipiente y concentrándose en darle continuidad a la reunión. — De acuerdo a las palabras de la Duquesa Sissi, es un hecho inevitable que el mundo y los continentes estén cambiando, nuestras costumbres lo harán por más mínimas que sean, al igual que nuestra forma de ver y razonar la nueva realidad. Eventualmente, las circunstancias nos señalarán que tan aptos somos para adaptarnos, y en que otros aspectos necesitamos fortalecernos. Necesitamos avanzar, crecer, para ser capaces de enfrentarnos a las adversidades, porque el camino será extenuante, y no cabe duda que el impredecible exterior nos traerá estupefacciones. — Directo. El dragón soltó un breve suspiró y miró momentáneamente los valiosos cuadros de la estancia. — El Ducado de Sindhu es nuestro hogar, su historia, sus conocimientos y sus valiosos ciudadanos son lo que hemos conseguido en un riguroso transcurso de décadas y siglos. Por lo tanto, siguiendo las palabras de la Duquesa Sissi, no se permitirá que Sindhu perezca y pierda lo que en tanto tiempo ha conseguido. Las manadas de lobos nos permitieron la otorgación de estas tierras para habitar y prosperar, el que estemos aquí y ahora es gracias a ellos, y si expulsar a los Emergidos de Hatari significa su sobrevivencia al igual que el Ducado de Sindhu, entonces ahora, antes que nada, es turno de ser el incentivo para este gran cambio y finalmente luchar por lo que tanto hemos amado. — Con la dicción más sencilla concluyó con calma, sin la intención de alargarse con grandes términos en sus oraciones, además de evitar cualquier similitud a la conjetura para así entablar conclusiones semejantes y próximas a la exactitud. No eran palabras de mayor importancia, más las que poseían gran aliciente eran características y propias de la Duquesa Sissi. En aquello nunca dejaría de creer del dragón y seguramente también los convocados. Por lo tanto, se esperaban los criterios y puntos de vista de Seraphiel y Yrumir, voces de mayor significado que influirían en las planificaciones de gran envergadura para el próximo y bonancible amanecer de Sindhu.

Y por supuesto el de Hatari.
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Re: [Social] To Build a Home [ Priv. Sissi | Rhett | Seraphiel ]

Mensaje por Yrumir el Sáb Oct 29, 2016 7:35 am

Yrumir estiró mucho el brazo para alcanzar un pequeño canapé de los que habían traído. En la mesa ocupada por tantos papeles los sirvientes habían dejado las bandejas donde mejor podían procurando no manchar ni molestar. La mayoría estaban hechos de frutas y dulces pero la decisión de Yrumir fue coger uno de los pocos que tenía alguna tira de carne. No es que despreciara los otros pero él era un dragón y en su dieta la carne era su debilidad. Luego bebió un poco de té. Curioso ojeó sin hacer mucho caso al resto los papeles que se encontraban alrededor suyo. Trataban diferentes proyectos para Sindhu pero no le dio tiempo a ver más pues las palabras de la Duquesa fueron las que atrajeron su atención.

El dragón observó con vista crítica el mapa. Sin duda, había sido dibujado por los mejores cartógrafos de la Universidad. Se colocó unas grandes lentes de cristal que se sujetaban poc una montura de metal negra, que había llevado consigo desde la biblioteca en un bolsillo de su pantalón. Los cristales estaban tallados de tal forma que tuviesen un efecto lupa cuya utilidad era permitirle leer la pequeñísima letra de muchos manuscritos de la biblioteca sin que se le cansase la vista, aunque en esta ocasión era para ver el mapa más grande y al detalle desde su posición en la mesa. Viendo los lugares que señalaba la manakete, los países que rodeaban a Hatari en su continente se encontraban coloreados de rojo. Sin duda, un problema grave.

El discurso de Sissi así lo denotaba también. Aunque al principio seguía una descendente línea desesperanzadora, llena de preocupación y con esa expresión seria que expresaba cuando era realmente seria la cuestión; llegó a un punto de inflexión en que las palabras transmitían una creciente luz llena de fuerza y decisión abrumadoras. Hacían que a Yrumir le despertase el sentimiento de cariño por aquella tierra fundada como Sindhu. Normalmente tendía a ser pesimista pero Sissi era una de las pocas personas que podían tornar su imagen decaída del futuro a una más ilusionante. Tras escuchar estas noticias para él también estaba claro que tenían que hacer todo lo posible para proteger aquellas tierras que eran el hogar de los cuatro. Y más su deber como Bibliotecario Jefe era proteger todo el conocimiento que habían resguardado en la biblioteca del ducado durante nada menos que ochocientos años. ¡No podía permitir que cayera en manos de los Emergidos! Rhett siguió a la Duquesa con unas palabras en la misma línea. El pequeño dragón no necesitaba que le convencieran al respecto pues defender a Sindhu y a Hatari era algo que consideraba un deber del que uno no se podía escabullirse. Si había que luchar contra emergidos y reconquistar Hatari se haría.

Sissi y Rhett parecieron callar esperando las opiniones de los otros dos presentes en la sala. La mente de Yrumir reflexiona la manera más adecuada de intervenir, no tenía intención de competir con los discursos tan alicientes de la pareja pero al menos quería expresar sus ideas coherentemente.

No alzaré una voz en contra de la propuesta hecha por Sissi, pues estoy de acuerdo con la misma. Todos debemos cooperar para proteger el ducado, nuestro hogar. No quiero ni llegar a imaginarme que los emergidos pasen las murallas y alcancen la Gran Biblioteca. Tenemos ahí mucho conocimiento almacenado, y no es una opción que quede devastado por una ola de monstruos. — Su timbre infantil sonaba muy serio, desentonaba con su apariencia infantil. Se acomodó el puente de la montura de sus lentes de aumento sobre la nariz.— Pero no sólo nuestro vasto almacén de conocimiento me preocupa. Creo que reconquistar Hatari es esperar mucho para proteger a las pocas manadas de lobos que quedan entre las dunas del desierto. Queramos o no expulsar y tomar el territorio de los emergidos es algo que nos llevará tiempo. Deberíamos buscarles y ofrecerles asilo antes de que terminen siendo totalmente aniquiladas, pueden no poder llegar hasta aquí ante el miedo de toparse con incursiones enemigas. Proteger a los lobos, tanto como al ducado, debe ser una cuestión prioritaria. Como bien apuntáis debemos a sus ancestros el ducado y es hora de devolver una pequeña parte del favor.— Nunca pagarían la deuda que el ducado contrajo con los lobos al entregarles las tierras donde los primeros fundadores se asentaron. A Yrumir la supervivencia de las manadas de lobos era algo que le preocupaba mucho, no se perdonaría que la especie laguz del desierto se extinguiese si estaba en su mano el poder de evitarlo.

Pero también tengo otras dudas… — Alzó la mano derecha al frente con el índice señalando al mapa que Sissi tenía a su lado. Era bien conocido que el dragón blanco no era un partidario de abrir a Sindhu al exterior ni relacionarse con el resto de potencias, uno de los principales rostros de la facción individualista del ducado entre los ciudadanos.— ¿Cómo vamos a abordar la escena internacional? Según se ve en el mapa los dos países que colindan con el desierto son las principales potencias del continente… y si no recuerdo mal en ambos, al menos la esclavitud laguz campa a sus anchas.— Yrumir tenía recuerdos muy amargos de cuando viajaba cuando tenía mucha menos edad con su madre por aquellas tierras. Ver a animales enajulados para el divertimento de los beorc. Como por culpa de un grupo de esclavistas había sufrido su mayor pérdida. Era de sumo interés el cómo planeaba la Duquesa hacer frente a las potencias exteriores pues a juicio del dragón el ejército del ducado no daba para abarcar a la vez ambos problemas.— No es que confíe poco en nuestro ejército pero está diseñado para defender y no para atacar, y somos un ducado no muy grande, si dedicamos nuestras unidades a la lucha contra los emergidos, ¿conseguiremos protegernos si nos atacan Daien o Begnion?

No quería sonar pesimista pero era una realidad según la información que él sabía. Los azules ojos del pequeño dragón se posaron en los presentes esperando alguna otra opinión o comentario de la situación.
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Re: [Social] To Build a Home [ Priv. Sissi | Rhett | Seraphiel ]

Mensaje por Seraphiel el Sáb Oct 29, 2016 5:33 pm

Dejó tranquilamente que los hechos sucedieran en orden natural. No tuvo mucho que decir más que permanecer con una agradable sonrisa en sus labios, terminando de comer aquél pequeño dulce que había tomado de fruta. Cuando hubo acabado, relamió uno de sus dedos sin mucha atención y solo entonces, satisfecho ya, desvió la mirada hacia quién iba a empezar a hablar; la Duquesa Sissi en aquella ocasión. Sin la necesidad de seguir comiendo más del pequeño bocado qué había dado ya, pues tampoco era como si lo necesitase, únicamente se dedicó a apoyar su antebrazo en el reposabrazos de la cómoda silla en la que estaba sentado y prestar completa atención a las palabras de la duquesa. Tenía razón, completa razón. Miró el mapa con semblante dubitativo, más no pronunció palabra alguna al respecto y, a pesar de que se pudiese considerar que no estuviese prestando mucha atención al animado discurso, su serio semblante daba a entender todo lo contrario. En cierto momento desvió nuevamente la mirada a la duquesa y sonrió.

Aún se preguntaba como era posible que aquella muchacha tuviera la fuerza de convencer a todos los presentes de que aquello que debían hacer, ayudar, fuese lo correcto en hacer, de que debían dejar de lado todas sus creencias y luchar por la libertad. Se preguntó como podía ser tan fuerte, tan segura de sus palabras y al mismo tiempo con un semblante tan inocente y enrojecido por la emoción. Entonces, cuando finalmente habló, su cuerpo se inclinó ligeramente a un lado, cerrando sus orbes en el proceso. Después de ella, los otros dos siguieron hablando. Primero Rhett, seguido por Yrumir. A cada uno de ellos dirigió su atención y mirada y finalmente, tras unos segundos de silencio entreabrió sus labios y habló— Yo... —Quizás no iba a poder ayudar mucho, no su efímera raza— ... Lo entiendo —Finalmente volvió a esbozar una suave sonrisa. Sus palabras tenían más sentido para él mismo que para los demás. Por eso mismo había sonreído, no descarado, solo la sonrisa de alguien que había entendido, mágicamente, la pura verdad— Proteger nuestro hogar... Y a la gente que vive en él... ¿Cierto? Da igual lo que sean... En lo que crean... —Ese había sido uno de sus más grandes deseos, seguramente seguía siéndolo.

No había podido hacer nada por Serenes, solo ver el bosque arder y con él a sus semejantes. No iba a permitir que le arrebataran Sindhu, que le arrebataran Hatari ahora, no después de haberse encariñado con aquél lugar, no nuevamente— Hay que hacer algo... —Y nunca pensó que lo diría— Para mantener a todos a salvo... Aunque sean beorcs. —No iba a permitir, al igual que nadie en aquella estancia, que unos seres carentes de emoción lograsen apoderarse de aquellas tierras, inhóspitas afuera de Sindhu, pero que habían empezado a ser su hogar desde hacía mucho más tiempo del que estuviese dispuesto de admitir— Estoy de acuerdo con todo lo que dijeron y sí, esta vez protegeré nuestro hogar también... Los emergidos, aquellas masas de odio, no tienen el derecho de pisar nuestras tierras, no después de lo mucho que... Sus antepasados y cada ser en particular luchara para hacerla lo que es hoy —No iba a decir 'nuestros antepasados' pues él no tenía antepasados que hubiesen tocado tierras de Hatari, de eso estaba casi seguro— Y me gustó la idea de Yrumir. Podría ayudar con eso, después de todo podría sobrevolar las tierras de Hatari y dar información de los emergidos... O guiar a los viajeros perdidos hasta la ciudad en caso de haberlos.

Calló cuando se dirigió al mapa y siguió con la mirada hacia donde señalaba. ¿Daein y Begnion? Curioso y acertado— Creo que, nuevamente hay dos opciones. La primera sería que, como nosotros estén preocupados del avance de los emergidos y no se atreverían a movilizar sus tropas... Además ¿Para qué teniendo en cuenta que Hatari es un desierto? No deberían de interesarles... Nos deberían de subestimar. La segunda opción es que, si escucharon de un lugar como Sindhu en el que las razas conviven en paz, podrían interesarse para, efectivamente intentar atrapar a más laguz... Pero, no entiendo aún su forma de pensar, así que, tampoco puedo estar seguro de que mis conjeturas sean correctas —Los dedos que había estado levantando para ir enumerando cada opción acabaron por bajarse al igual que su mano y, tras tomar un respiro volvió a hablar, esta vez algo más pensativo. Señaló con uno de sus largos dedos hacia la parte más baja, justamente por debajo de Begnion— ¿Y si pedimos ayuda de los reinos vecinos? —Entonces ladeó suave su cabeza hacia un costado y nuevamente miró hacia todos ellos, dubitativo.

Por ejemplo la Alianza Laguz, o al menos Goldoa... Tampoco necesitamos que todos se movilicen... Pero si encontramos a interesados que puedan ayudarnos... Sería todo mucho mejor... ¿Quizás algún reino beorc? ¿Puede que por cambio de favores? Se podría intentar hablar con ellos... ¿No? Necesitaríamos... Aliados —Y lo dijo medio dudando de ello... ¿Los ayudarían? No estaba seguro de eso, de que un ducado nuevo pudiera pedir ayuda a los externos, sobretodo porque, al fin y al cabo, era posible que estuviesen pasando por el mismo problema que ellos... O al menos preocupados y menos dispuestos a ayudarlos. Lo cierto era también que desconocía bastante de la forma de actuar de los demás reinos, se podía decir que hablaba solo por su conocimiento técnico, por los libros que había estado leyendo los últimos años y tampoco deseaba mentir al respecto, de ahí que sus palabras sonaran casi, dubitativas al respecto.
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Re: [Social] To Build a Home [ Priv. Sissi | Rhett | Seraphiel ]

Mensaje por Sissi el Sáb Nov 12, 2016 6:44 pm

Bebió un poco de té mientras escuchaba a sus amigos hablar y debatir el tema en cuestión. El rostro sonrojado de Rhett, y su suave sonrisa, hizo que sus mejillas se tornaran de un fuerte color rojizo, que no podía achacarse a su anterior discurso por entero. Con disimulo tomó un par de sorbos con ambas manos alrededor de la taza, con la intención de tapar un poco el rubor que se extendía incluso por sus largas orejas. Guardo un silencio educado acompañado de asentimientos de cabeza, pero en su mente ya estaba formulando respuestas a cada cuestión que abordaría una vez que las primeras dudas hubieran sido expresadas. Su corazón se llenó de felicidad cuando pudo apreciar las muestras de apoyo de los tres, y su gran intención de ayudar en la medida de lo posible. La duquesa solo esperaba que no cambiaran de actitud cuando oyeran lo que diría a continuación, pues no todas las estrategias que Rhett y ella habían planeado iban a ser de buena consideración popular.

Cuando las miradas se centraron en ella de nuevo, dejó su taza aún humeante sobre la mesa y habló con voz pausada: Tenéis razón. Rescatar a los lobos debe ser una medida prioritaria. Ya hay muchos que han abandonado el desierto y han llegado a Sindhu en busca de refugio, pero sin duda quedan muchos que aún huyen y se esconden de los emergidos por todo el país. – entrecerró un momento los ojos y tras unos instantes de meditación miró a Rhett.- Como comandante del ejército te encargo la creación de un equipo especial de rescate, Rhett. Si puede ser con personas voluntarias mejor. Incluso se podría pedir ayuda a algunos magos de la Universidad y a los laguz que tengan alas, como Seraphiel, que pueden sobrevolar los cielos y encontrar supervivientes. – Suspiró, y frunció con suavidad las cejas. Su tono pasó a ser compungido, lleno de preocupación y resignación - No he tenido noticia de la Reina Nailah. Me temo que pueda haberle pasado algo de suma gravedad. Me gustaría pensar que está a salvo, pero si apenas aguantamos nosotros, no sé cómo habrá hecho frente Su Majestad a la invasión de los Emergidos.

Aunque había estado todo el rato en pie, al pensar en el incierto destino de la Reina Lobo tuvo que sentarse de la angustia y el pesar que sentía. Sissi la conocía desde pequeña, desde que llevara muy poco tiempo en el mundo. Como Duquesa de Sindhu, no podía agradecerle lo suficiente al haberles otorgado unas tierras fértiles y protegidas, y potestad para vivir según sus ideales. Una parte de ella se culpaba por no haber salido antes en la búsqueda de las manadas de laguz lobo, pero hasta entonces había sido imposible. El Ducado se debía antes dedicar a su propia supervivencia, a evitar que más muros de la Ciudad Redonda cayeran. Cada día debían reconstruir cimientos, apagar incendios, y enterrar a precias personas que habían sido víctimas del ejército enemigo. Si no fuera por la tenacidad de los ciudadanos de Sindhu, el ducado entero no serían más que ruinas y cuerpos inertes. Pero todos ponían de su parte: la gente corriente ayudaba en la medida de lo posible al ejército, y tanto magos como clérigos prestaban su inestimable ayuda para las batallas. Trabajaban juntos, como una única unidad que se movía en una dirección específica, pero que al estar compuesta por tantos miembros con férrea fe, era imparable.

- Creo que antes de continuar respondiendo a vuestras dudas, voy a contaros una historia sobre mí que todo el mundo sabe, pero que muy pocas personas han podido escuchar de mis labios. Tengo una razón para hacerlo, así que, por favor, permitidme que me salga brevemente de nuestro tema. – Inspiró en profundidad y tras dejar escapar el aire de sus pulmones, miró a los tres con suma calma, pero sus grandes ojos dorados transmitían una tristeza infinita, como un torrencial de lágrimas invisibles.  

- Hace más de cien años, fui atacada por un grupo de laguz. – comenzó a decir. – Estaba en el desierto con mi padre, y de repente vimos a lo lejos como llegaban volando halcones y cuervos. Pensábamos que eran viajeros cansados o refugiados, y que necesitaban reponerse con urgencia. Sin embargo, cuando llegaron a nuestra posición no dijeron nada, sólo se abalanzaron contra nosotros con sus garras y sus picos. A pesar de que nunca nos habían visto, nos odiaban con todo su corazón. Tanta era su ira, que no dudaron en asesinar a mi padre, cuyo único pensamiento había sido el recibirles con los brazos abiertos. Pero precisamente fue por eso, porque en Sindhu aceptamos a cualquier tipo de gente, sin importar quién hayan sido en su vida anterior, o su raza, o su religión, lo que les llevó a atacarnos a traición. Desde la ciudad pudieron ver el enfrentamiento, y las tropas llegaron a tiempo para salvarme de la muerte, pero mis heridas eran demasiado graves. Creo que ese día no solo salió herido mi cuerpo, sino que mi corazón se rompió en mil pedazos.

Miró su taza unos breves instantes, y volvió a tomar aire, pues sentía que se quedaban sin respiración al hablar de ese tema que tan delicado y terrible era para ella. Pero para seguir con sus explicaciones necesitaba que Seraphiel e Yrumir entendieran por qué había tomado algunas decisiones, y para ello era imperativo que supieran de boca propia lo que había sucedido y cómo se había sentido Sissi al respecto. Rhett, como la persona que mejor la conocía en el planeta, y como testigo de lo acontecido ese día, sabía perfectamente por lo que había tenido que pasar la Manakete en ese entonces. Pero incluso él no tenía pleno conocimiento de todos los detalles que daría Sissi.

- Cuando llegaste a Sindhu, Seraphiel, yo estaba dormida. Es una habilidad que tienen los manaketes para reponerse de heridas de enorme gravedad. Somos capaces de sumirnos en un sueño muy profundo durante décadas e incluso siglos. Pero como los tres ya sabéis, mi alma de dragón no es como la de los demás: es mucho más indómita, más salvaje, – musitó. - Nunca estuve inconsciente del todo, una parte de mi dormía, sí, pero otra sabía a la perfección lo que ocurría a su alrededor. Escuchaba las voces de la gente, los cuentos que Yrumir me contaba, las aventuras de Rhett, los lamentos de mi madre. Lo único que deseaba, por encima de todo, era despertar y vivir junto a ellos. Pero era incapaz de atravesar la oscuridad. Tuvieron que llegar unas tinieblas mayores para poder hacerlo.

Miró a los tres con fijeza. A pesar de su voz suave, pero triste, no había ni un ápice de odio o resentimiento en su rostro o en sus palabras. Sus orbes dorados tampoco habían derramado lágrimas, incluso si en más de una ocasión pareciera que la duquesa fuera a hacerlo. Sin embargo continuaba con su historia con la misma fortaleza que había demostrado al comienzo de la reunión: aceptaba lo sucedido, pero no dejaría que eso la definiera. El dolor no se transformaría en ira, ni en venganza. Había sido educada de una manera diferente, y honraría sus creencias y esencia. - ¿Y qué vi al levantarme? – preguntó.- Algo que pareciera el fin del mundo: hordas de ejércitos negros que se extendían por el horizonte y que crearon una terrible crisis en todos los países del mundo, que ahora formaban una enorme sociedad internacional.

- Con lo que os acabo de contar, seguramente os cuestionéis porqué creo con tanta firmeza que debemos abrirnos al mundo y buscar la cooperación. – sonrió un poco y aligeró el tono solemne que había empleado en su explicación anterior. – Pues porque creo que, como yo lo estuve, Sindhu también ha dormido durante muchos siglos. Hemos llamado épocas de luz a momentos en los que en realidad estábamos en la oscuridad. El estar tan aislados del mundo exterior nos ha hecho ignorantes de la gente de nuestras propias razas. ¿Acaso no formamos parte del mismo mundo? Tenemos un derecho y una obligación de conocerles, y ellos a nosotros. Ha quedado claro que no podemos enfrentarnos a los Emergidos nosotros solos. El tema de la defensa de la ciudad y el papel del ejército dejaré que lo explique Rhett, pues no creo que haya nadie más capacitado para hablar del tema que el propio Comandante, pero puedo decir que sin ayuda externa, nos enfrentamos a un ejército que cada vez es mayor. Admitir esta debilidad no hace más que dotarnos de la capacidad para actuar y hacer algo al respecto.

Se incorporó de nuevo y tomó de su escritorio varias cartas que después tendió a Yrumir y Seraphiel para que las leyeran, pues Rhett ya estaba enterado. Eran misivas que había ido intercambiando con varios líderes mundiales. Si bien había enviado muchas más y había recibido otras tantas, había seleccionado cuatro que consideraba de mayor importancia. - Por naturaleza, las personas odian o temen lo que no conocen. Para evitar nuevas muertes y ataques, debemos hacernos conocer a los demás países, hacer que nos comprendan. Podemos liderar dando ejemplo de que la convivencia es posible. Por eso llevo varias semanas carteándome con algunas personas de importancia del panorama internacional: La Reina Yuuko de Durban, el Príncipe Pelleas de Daein, el Príncipe Kurthnaga de Goldoa, y Hasim, hijo del Duque de Seliora en Begnion. – enumeró mientras señala de nuevo en el mapa los lugares de donde provenían cada uno.

- Las relaciones con Durban y con Goldoa parecen estar llevándose a buen término. La Reina ha accedido a enviar a una Emisaria a Sindhu para conocernos y hablar de una posible alianza, a cambio te enviaré a ti Seraphiel a Durban para que ejerzas como mi embajador. Así mismo, el príncipe Kruthnaga me ha invitado a Goldoa, por lo que en unos meses partiremos Rhett y yo hacia Goldoa. Por otro lado, y como habéis visto, con Daein y Begnion se complica la cosa. Con Seliora no tendremos ninguna clase de relación, pues Sindhu no está dispuesta a tratar con un noble menor que encima se cree con el derecho de insultar aún cuando nos hemos acercado con tan buenos términos y ofreciendo una alianza. Además Begnion es muy grande y tiene muchos otros senadores, solo debemos seguir intentándolo. Sin embargo, Daein es un tema completamente diferente: Necesitamos llevarnos bien con ellos, no solo por ser nuestros vecinos, sino porque su poder militar podría ser un gran aliado de Sindhu. Las cartas me las ha estado contestando el Consejero Real, que parece algo escéptico de Sindhu, pero no aceptaré un no por respuesta.
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Re: [Social] To Build a Home [ Priv. Sissi | Rhett | Seraphiel ]

Mensaje por Rhett Orión el Vie Dic 09, 2016 9:12 pm



“Enmiendas del flamante porvenir”

El dragón mantuvo constante la mirada en los presentes, atento a sus cuestiones, ideas e incertidumbre. Quedando más convencido de solventar las dubitativas relacionadas con el ejército que conformaba y protegía el Ducado de Sindhu. Sin embargo, su atención terminó reparándose aún más en las consiguientes palabras de la Manakete, que eran la primacía en aquella reunión antes que nada, claro estaba. Fraguó en su razonamiento y asintió con la mayor rectitud a la orden de formar un equipo de rescate, notarialmente salvaguardia de las manadas de lobos que aún permanecían dispersas y pavorosas a la existencia de emergidos en Hatari. Por lo tanto, ya comenzaba a idealizarse la manera en cómo estaría conformándolo, incluso si cerraba los ojos para seguir atento a lo que se entablaba sin interrupción. Siguiendo el hilo de la inquietud al no recibir noticias de la Reina Nailah, un punto de traba que de forma evidente angustiaba a la Duquesa Sissi, lo cual también se mostraría en los refugiados lobos y residentes, aquellos que siempre estarían agradecidos de su dádiva al concederles un territorio que jamás dejaría de ser amado hasta el punto de mostrarse enraizados a sus suelos con verídica firmeza. Por lo tanto, pese a lo que se advenía, realmente existían posibilidades de que el Ducado de Sindhu prosperase como nunca antes, contables aún pero no imposibles.

Rhett dejó de meditar con lo último mencionado, abriendo los ojos para solo dirigir su mirada a la Manakete, quien no solo compartiría su pasado, sino que también lo haría desde memorias que serían profundamente suyas, y heridas funestamente imperecederas. El dragón tuvo que dar un ligero respiro, aminorando la inquietud para ser capaz de escucharle sin alteración alguna. Pero fuese de esperar que al trascurso de ella su corazón comenzara a bombear con ímpetu y aflicción. Con una leve combinación de puro furor. El solo escuchar la tristeza de las palabras de la Duquesa Sissi y el quebrantar de su voz resultaba asaz cargante en lo que más llegaría a experimentar aquel día, o días. ¿Qué importaría librarse de la fortaleza para correr hacia las lágrimas? No juzgaría a la Manakete por hacerlo, si el dragón mismo lo había hecho en cierto acontecimiento, pensar en lo que también había quedado registrado como cicatrices en su corazón y mente; ver el peor fuego arder para devastarlo todo, enfrentamiento de beligerantes desalmados abatiendo en contra de su preciado pueblo, las punzantes garras y desgarradores colmillos de un temible dragón liberado a tempestad de mares rojizos que parecían ahogar a sus muertos. Rhett de ningún modo sería capaz de olvidarlo, y por ello, siendo uno de tantos motivos, no dejaba de respetar la gran fortaleza de la Duquesa Sissi, ante todo era quien cargaba con el abatimiento del pasado más que nadie, inclusive con solo aceptar los hechos le daban el vigor imprescindible para salir de los escollos de la aversión e inquina. Sabía que la Manakete se esforzaba exiguamente día con día, buscando la deseada prosperidad de Sindhu. Amando y apreciando. Esperanzando y anhelando. ¿Acaso se eran necesarias más explicaciones? Rhett realmente la estimaba.

De tal manera, ser capaz de ver nuevamente su aligerada sonrisa apaciguó su corazón, dándole oportunidad de volver a suspirar y dar unos cuantos pasos por la estancia, sin hacer mucho movimiento para continuar observando el mapa que se encontraba desenroscado sobre la mesa. No tenía intenciones de comentar sobre el pasado de la Duquesa Sissi, después de todo lo entendía perfectamente, más seguir ilustrándolo no lo consideraba adecuado, por lo tanto mantendría el comedimiento hasta que se le fuese indicado lo contrario. Siguiendo espontáneamente la sublime vivacidad en los términos de la Manakete, para finalmente volver a ascender las comisuras de sus labios; dulce, atento, teniendo total noción de lo que se quería declarar a cada uno de los presentes. Así mismo, frente a las especificaciones por definir la defensa y el papel del ejército que conformaba el Ducado de Sindhu, continuó con un asentimiento de cabeza, más prologándose y dejando que se mantuviera el transcurso de la reunión, perseverando, por sobre todo, el ritmo de su propia circunspección.

Permaneció en su sitio, interesado por lo que llegase a pensar el joven Dragón y Laguz apenas le fueron entregadas las misivas que la Duquesa Sissi había mantenido enviando a foráneas partes tanto remotas y cercanas. Ciertas cartas eran de mayor importancia y significativas a tal punto de ser el incentivo a  futuras alianzas y por supuesto que la bienaventuranza se haría mucho menos inasequible, todo aquello distanciado de los abyectos Emergidos. Deseaba. Que nadie dejase de ser perceptivo al menester de Sindhu y sus buenas relaciones con las regiones vecinas, Daein una de ellas en especial. Confiando en la determinación de la Manakete, y amando por sobre todo aquellas esperanzas puramente hermanadas.

Pese a que las circunstancias indicaban un tiempo beatifico, no siempre sería necesario que así lo fuese, después de todo era momento de continuar con los términos de la Duquesa Sissi. A lo cual prosiguió nuevamente con un leve trayecto en la estancia, así mismo situándose de forma limitada y cercana a la figura mayestática. Formuló. — Correctamente, es imprescindible tener buenas relaciones con territorios cercanos, es la vía más adecuada y eficaz para seguir progresando sin obstrucciones en nuestros objetivos. Sin embargo, si no se dan las posibilidades, habremos de contar con grandes ejércitos capaces de proteger Sindhu. Solo en ello, no hace falta inmiscuirnos en las complejidades de un cargo directivo en armadas, pero habrá mucho que aprender de tácticas y estrategias, porque en estos momentos, como ha abordado usted Bibliotecario Yrumir, francamente solo contamos con los suficientes abastecimientos para “proteger”, así como  nos es carente la posibilidad de “atacar”, más de ser así se habría de dividir nuestros escuadrones, pero incluso si contamos con fuertes y grandes habilidades, no podemos solo saltar y esperar a la suerte, se debe de estar capacitado para ello y saber que  hacer en las peores situaciones.

Debido a que Hatari ha estado cerrado una gran cantidad de años, perdiendo con ello los conocimientos para las guerras fuimos incapaces de resistir el ataque de los Emergidos. Solo así suscitando a una gran devastación. No hay forma de entender los pensamientos del enemigo Embajador Seraphiel, sabemos que se mueven por infame necesidad, por dominar más territorios, abastecerse de todos los continentes y causar temor mediante crueles actos que muchas especies lamentablemente han tenido que presenciar desde adultos, jóvenes e inocentes niños.
— No existía razón de encubrir sus palabras con argucias, el padre de Rhett lo había instruido para exponer la realidad como realmente era, sin embargo, incluso si la idea era ser lo más realista, también lo era la crueldad con la que se los expondría, solo así obtendría verdaderos resultados, pero claramente el dragón jamás sería capaz de cometer una falta así en contra de los demás. No iba a ser como su padre.

Decidió evitarlo y continuar. — Dejando de lado la alternativa más complicada y por supuesto difícil de realizar en estos momentos, habré de evocar las misivas en las que la Duquesa Sissi ha estado trabajando arduamente y en las palabras de usted Embajador. El verdadero designio es el buscar aliados, hacer nuestro pueblo numeroso a grandes extensiones desde otros sitios y contar con el apoyo de potencias extranjeras. Ya sea por cualquier método, excepto la brutalidad en nuestros actos, la opción de intercambio de favores es acertada en el mayor de los casos internacionales.

El dragón observó las cartas que portaban los presentes, y delineó una suave sonrisa.  — En sus manos está el inicio de todo, nuestro apoyo en la guerra contra los emergidos y la recuperación de territorios. El Ducado de Sindhu es delimitado, pero no ineficaz, los residentes han hecho papel de ejército al protegerse de los invasores con vigor y firmeza, por lo tanto nuestro ejército seguirá protegiéndole pero no como antes, no encerrados ni a la espera de los enemigos. La Duquesa Sissi ha abierto las puertas de La Ciudad Redonda por varias razones, y una de ellas es no delimitar nuestras capacidades. Por lo tanto, más vale tomar decisiones arriesgadas y obtener verdaderos resultados. Existen estrategias a falta de fuerzas suficientes para resistir ataques, habrá que trabajar en ello, también se idealizó la formación de destacamentos que se desplazaran con nosotros, ya sean conformados por magos y soldados, claramente sin dejar Sindhu debilitado, por ello tendremos que esforzarnos para adquirir fortaleza y primordialmente conocimiento, después de todo la fuerza no se mide en las cifras, ni en las habilidades, sino en el ingenio y entendimiento para hacer de ellas lo que se nos plazca. No hay que forjarnos a partir de la fuerza bruta, ni en la violencia, habremos de pensar con inteligencia y solucionar cualquier impedimento de la forma más razonable e inteligente posible. Nosotros tenemos la suficiente capacidad para realizarlo— Una inconclusión concreta, sin embargo, tras alargarse en sus formulaciones había recurrido a la diligencia que gozaba por no perder ningún punto de vista táctico. Más decidió no acaparar más razones, por lo que suspiró por un breve segundo y guardó silencio, esperando de forma prioritaria, las decisiones y puntos reflexivos de los presentes.
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Mensaje por Yrumir el Miér Feb 08, 2017 1:29 pm

Se sintió satisfecho de que su idea  de buscar a los lobos fuese aceptada de forma unánime. Los lobos no vivían en comunidades demasiado grandes y eso ante la amenaza de los emergidos eran un factor claramente desfavorable. Cierto era que algunos habían llegado hasta el ducado, ¿pero y los nómadas que caminaban lejos? Se enfrentaban a una extinción masiva de una raza por una causa que parecía totalmente ajena al propio mecanismo seleccionador de la naturaleza. Los emergidos eran peores que los humanos, y eso era algo ya difícil de superar a juicio del pequeño dragón.

Se mantuvo callado mientras intervenían los otros. El relato de Sissi le trajo recuerdos de aquellos momentos tan tristes para el ducado. Aquel fatídico momento en el palacio cuando trajeron el cuerpo de su amiga muy malherida y el de su padre sin vida. El dolor volvía a encubrirle el corazón al escuchar las palabras de la duquesa, bajó la mirada triste y sus labios dibujaron un arco hacia abajo. ¿Tan necesario era el contarlo? Sabía que ella nunca hacía las cosas por hacer, razones que comprendió cuando prosiguió su explicación pero el pequeño lo había visto innecesario. El bibliotecario no estaba muy convencido de pedir ayuda a los reinos beorcs vecinos. Su idea estaba muy sesgada por lo que había vivido cuando su madre y él escaparon del reino de los dragones terrenales y viajaron por gran parte del continente de Tellius. Había visto la maldad sin límites incluso del humano de vida más humilde, cómo maltrataban a la tierra que les daba la vida. Para él sólo los beorcs que habitaban en convivencia con otras razas de igual a igual en Sindhu, pero aquella utopía no iba a poderse alcanzar en un país como Begnion donde había esclavistas de laguz como los que mataron a su madre. Yrumir emitió un pequeño gruñido que intentó que el resto no lo notara. Tratar sobre esos países le había molestado. Podría ser verdad que necesitasen ayuda de esos países...  pero no, no lo creía. Como bien decía Seraphiel la Alianza Laguz podría ser un buen aliado. ¿Pero Daien? ¿Begnion? Seguro que si se confiaban les conquistarían, tal era la taimada saciedad de los humanos.

Se volvió a colocar sus lentes de aumento para y cogió una de las varias  cartas que les tendió Sissi. Sus ojos pasaron rápido de letra en letra, de palabra en palabra, aunque eran algunos casos largas y con rebuscada diplomacia a su parecer. Más de la mitad de su vida había estado rodeado de libros y papeles que leer así que había desarrollado una asombrosa capacidad de lectura rápida. Mientras leía miraba Luego de la segunda carta comenzó a leer una tercera del hilo que había comenzado. Se trataba de la correspondencia que había mantenido Sissi con el país vecino de Daien. La leyó una vez, y luego volvió a repetir. Su mente dejó de prestar atención a las palabras de Rhett explicando sobre la defensa del ducado. Su mano que sostenía la carta se apretó en un puño arrugando el papel entre sus dedos. Sus cejas se habían apretado una contra la otra provocando arrugas en su frente. Bufó fuerte y sus orejas se comenzaron a teñir de rojo. Cogió la carta que provenía de Sheliora y sus orbes volvieron a repetir el proceso. Esa en concreto tardó especialmente poco en leerla aquel tal hijo de duque no era un maestro de la prosa.

Lo que faltaba. Asquerosos humanos ignorantes.

Con la palma de su mano dio un golpe en la mesa justo después de cuando Rhett terminó de hablar. Se quitó las lentes y las dejó encima de la mesa con un movimiento que más era tirarlas. Se puso de pie sobre la mesa respirando muy fuerte y miró a los otros tres presentes en la reunión con una mirada furiosa.

¡ESTO ES INDIGNO HASTA PARA UN HUMANO! — Gritó alzando las cartas y agitándolas en el aire. Yrumir no podía creer de la falta de respeto que esos humanos hacían gala sin ningún miramiento hacia su duquesa. No sólo eran criaturas que tanto daño hacían al mundo sino que se permitían de todos. ¿Y eso era su diplomacia? — Sissi, el contenido de estas cartas no hace sino seguir creyendo lo que hasta ahora pensaba: Begnion y Daien son países que siguen igual que cuando viví en ellos hace más de cien años. Son de lo peor de la especie humana. ¿O no fueron humanos de Begnion quienes hicieron que Seraphiel perdiese su hogar? ¡Hicieron una masacre! — Dedicó una mirada de tristeza a su amigo a quien a pesar de sus bromas mutuas tenía mucho aprecio y sabía que tampoco le gustaban los beorcs. Volvió la vista al frente para continuar: — Y si quieren podrían hacerlo con nosotros. En Sindhu convivimos beorcs y laguz, pero a ellos eso le da igual. Con saber que aquí viven laguz les basta con querer someternos. Pienso que es un gran error hacer tratos, incluso mantener correspondencia con esos individuos. Es arriesgado y una pérdida de tiempo. Ningún noble de Begnion nos va a ayudar más. Prefieren vernos morir antes a manos de los emergidos, de quienes se diferencian sólo porque saben hablar y escribir. — Las palabras de Yrumir estaban teñidas de odio y de enfado. Cada vez pronunciaba la palabra "humano" ponía un énfasis especial de desprecio. No los soportaba. Había aprendido a convivir con beorcs en Sindhu, pero eso había sido fácil. Ellos estaban acostumbrados al trato con las distintas especies. Pero fuera de sus fronteras no. Ignoraba como era esta cuestión en los países de otros continentes. Pero en Tellius sus vecinos eran entre lo malo, lo más malo. — No deberíamos dejar entrar a nadie extranjero que procediese de estos países. — Concluyó. Permaneció de pie  mirando a cada uno de los adultos. Su respiración era agitada y su expresión la más alejada de la calma.
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Re: [Social] To Build a Home [ Priv. Sissi | Rhett | Seraphiel ]

Mensaje por Seraphiel el Jue Feb 16, 2017 8:33 pm

Permaneció callado, escuchando con atención todo aquello que estaban hablando, asintiendo ante la prioridad de encontrar los laguz del desierto, aquellos que antaño tanto habían ayudado, a todos ellos y a su reina, quien tal parecía ser que había desaparecido y por la situación se percató que era algo digno de preocupación, una que inevitablemente también sentía. Pero no había forma de saber si realmente estaba en peligro o ella y los suyos habían encontrado un lugar donde esconderse de la inminente plaga de emergidos. Se inclinó hacia un lado en busca de mayor comodidad y al final cerró sus ojos en silencio. Cierto, él podría hacerlo, quizás no podía luchar al lado de los demás como un igual en el campo de batalla, pero, sí poseía alas para sobrevolar los cielos y buscar sobrevivientes, advertirles, ser un mediador de alguna forma. Además, sabía que entenderían que estaba dispuesto a ayudar, incluso sin la necesidad de decirlo en voz alta.

Pero, en cuanto Sissi comenzó a narrar un pasado que conocía, si bien no cada detalle, su mirada se bajó un poco, casi pensativo, a pesar de que su atención seguía fija en las palabras de la duquesa. Y es que no lo entendía, como, después de todo lo que sucedió, seguía dispuesta a confiar tan abiertamente en los demás, aunque culpa de su tragedia no fueran humanos, sino laguz como ellos. Sus manos se juntaron, sus dedos se entrelazaron y una vez recuerdo compartido, en silencio se levantó, usando sus alas como ayuda para encontrar el equilibrio en tierra firme y caminó hacia la ventana, pasando al lado de Rhett— ¿Cómo puedes seguir confiando en ellos entonces, Sissi? —Volteó, clavando su azulada mirada en la Duquesa— A pesar de que te lastimaron y lastimaron a tu ser querido... —Él no podía, simplemente no podía perdonar, no podía olvidar, no, no quería hacerlo. Quizás ser seres frágiles, más que los demás, influya, algo así como un deseo de protección hacia su clan, pero era así y él realmente tal lo sentía.

Desvió su mirada hacia Rhett, escuchando sus palabras, aún cuando algo en el ambiente le hizo posar en el bibliotecario su atención y volver a acercarse, a tiempo para ver efectivamente un ataque de furia por parte ajena. Parpadeó... ¿Qué?... Se acercó, inclinó un poco su cuerpo hacia el frente extendiendo hacia atrás suavemente sus alas y tomó los papeles que el joven dragón prácticamente estaba arrugando— Discúlpame, Yrumir. Pero también quiero ver —Y se los casi arrebató, leyendo las misivas con cuidado y frunciendo su ceño al igual que el otro anteriormente había hecho. Sobretodo al leer aquella que provenía de Begnion, los otros, eran mucho más aceptables, incluso corteses... Pero aquél chico que había respondido... Resopló con frustración y sin más dejó caer en la mesa las cartas— No hay forma de que Begnion cambie. Por desgracia descubrí demasiado tarde que estábamos prácticamente en tierra de aquellos que nos odiaban... —Y aquellas palabras, casi fueron pronunciadas con veneno— Y si hay beorcs quienes puedan aceptar a los Laguz, son demasiados pocos... No hay forma, nos creen traidores —Cerró sus ojos y volvió a moverse, esta vez hacia los cactus que anteriormente Sissi había regado.

Pero Begnion y Daein son países que tenemos como vecinos... Y a pesar de que la idea de llegar a acuerdos con Begnion no me atraen, creo que sería lo más conveniente... —Los observó nada más, no se atrevió a tocar las plantas con el extraño sentimiento de odio que empezaba a crecer en su alma— Aunque sean capaces de traicionarnos..."Y exterminarnos por la noche..." Pero eso solo lo pensó. Soltó un ligero suspiro y dio media vuelta, volviendo a estar frente a los demás, suavizando su sonrisa que hasta el momento casi que era una antítesis— Pero está bien... Iré a Durban —Atravesaría mar y se encontraría en un país de humanos y magos. Perfecto ¿Qué mejor que eso?— Incluso podría ser divertido... Prometo comportarme bien —Ladeó hacia un costado su rostro, cerrando sus azuladas orbes en un intento de relajar la situación, tanto su propio estado de ánimo como el enfado de Yrumir.
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Re: [Social] To Build a Home [ Priv. Sissi | Rhett | Seraphiel ]

Mensaje por Sissi el Dom Feb 19, 2017 9:49 am

- Porque aunque el dolor, la mentira y la traición habitan en este mundo, no deja de haber en la tierra, en algún lugar, personas buenas y justas, cuya moralidad y valores les hacen ser superiores al resto; al menos en esas personas reside la verdad y la justicia; así pues, la verdad y la justicia no han muerto en este mundo y, por lo tanto, seguiré confiando en que no todos los países del sur son malvados. – respondió a Seraphiel, su mirada dorada puesta en los ojos azules del embajador. Había pasión en sus palabras, una creencia total en lo que decía.- He sufrido a manos de laguz y beorcs por igual, pero eso no hará que viva odiando a razas enteras por lo que hicieron en su momento un grupo reducido de ellos. Y aunque así lo fuera, es mi deber como duquesa el pensar en el bien de mi pueblo antes de en mis caprichos. Deberíais saber ya que haría lo que fuera para garantizar vuestra seguridad y supervivencia.

Al terminar de hablar, carraspeó un poco y bajó la mirada, algo turbada incluso por sus propias emociones. La había invadido un sentimiento tremendo de protección hacia ellos, las personas más importantes en su vida. Sindhu era su todo. Lucharía por él con todas sus energías, todas las fuerzas que pudieran quedarle. - He visto corazones rotos. He visto sueños rotos. He visto gente rota. He visto vidas rotas. Pero también he visto corazones que volvían a latir, y sueños que se han cumplido. He visto a gente sonreír a pesar del dolor. Pero sobre todo, he visto como la vida nos da más de una oportunidad para que volvamos a ser felices, para que recuperemos nuestra fe en que el mundo tiene mucho más para ofrecernos de lo que creemos. No tenemos razones para desconfiar del mundo entero, porque no todos van a estar contra nosotros. Los horrores que existen, el abismo de oscuridad que carcome los países, nos afectan a todos por igual. Ahora es el momento de confiar. Puede que las personas que más diferentes nos parezcan ahora sean nuestros amigos más íntimos en el futuro.

Le latía el corazón en el pecho con fuerza. Por supuesto que estaba nerviosa cuando hizo mención de sus ideas a los presentes. Era un gran paso en un camino que se alejaba en gran medida de todo lo que había perseguido su ducado hasta entonces. Eran personas de costumbres, y lo que pretendía Sissi era un cambio radical en la mentalidad y método de vida de los ciudadanos de Sindhu. Esperaba grandes negativas y reacciones adversas, pero el apoyo de Rhett fue como un bálsamo para su ansiedad. Siempre podía confiar en él para guardar su espalda y ser su escudo en la oscuridad. Estaban sentados en lados opuestos de la mesa, pero la Duquesa lo sentía justo a su lado, como si sus manos se estuvieran tocando, o sus corazones estuvieran conectados. Le miró con una mezcla de emociones que amenazaban con salir a trompicones de su interior, tan desnudas y reales que Sissi se preguntó si Rhett las podía sentir como ella lo hacía.  Asintió a sus palabras sobre la táctica militar que debían aplicar, de acuerdo con todo y confiando en las dotes de Rhett, pues él había sido instruido en esa clase de labores mientras que ella no. Cuando terminó de hablar, le dirigió una sonrisa suave, gentil, solo para él. La clase de sonrisa que la Duquesa solo era capaz de dedicarle al dragón y a nadie más. Ni siquiera necesitaba decirle nada como para que él supiera que Sissi le agradecía de corazón todo su apoyo.

Sin embargo, el momento se rompió cuando Yrumir terminó de leer las misivas. Sus explosivos comentarios sacaron a Sissi de su breve conversación mental con Rhett y la trajo de vuelta a la realidad como si de una bofetada se tratase. Su rostro se mostró compungido y dolorido por lo que el bibliotecario gritaba. Era obvio que la manakete sufría, aún más con los pequeños saltos que pegaba al escuchar la palabra “humano” dicha con tanto odio y veneno. Pero, como arrastrada por los mismos sentimientos de enfado, Sissi se alzó de su asiento cuando Yrumir terminó su discurso, las cejas fruncidas y los labios formando una fina línea blanca. – No permito que emplees ese vocabulario, Yrumir. ¿Te gusta cuando se refieren los laguz como un subhumanos? Son palabras terribles y que arrebatan la dignidad de las personas, y no deberían utilizarse. Hay beorcs en Sindhu, muchos de ellos amigos nuestros, y al decir “humano” con tanto desprecio y sabiendo que es un insulto, les estas denostando e hiriendo. Tu opinión es importante, pero no te consiento que faltes al respeto a los valores de Sindhu. Te pediré que no vuelvas a usar la palabra “humano”. Es desagradable, grosero, y hay multitud de beorcs que viven en esta misma ciudad que merecen tanto respeto como el que recibes tú. Alguien de tu posición, que trabaja con palabras, debería saber lo poderosas que pueden ser. Multitud de guerras se han librado por su uso incorrecto.

Habló calmada, pero en sus ojos brillaba el fuego de un enfado. Si bien Sissi era muy tolerante e incluso permisiva, lo cierto era que no dudaba en llamar la atención de los demás cuando hacían algo que no consideraba propio o adecuado. Su tono, además, no dejaba lugar a dudas de que el comentario la había molestado de sobremanera. Todo su lenguaje corporal indicaba una postura ofensiva y casi imponente, como la manakete que era en su interior. A veces era fácil olvidar que Sissi era una dragona porque su forma antropomórfica era frágil y gentil, pero en ella vivía un ser mucho menos benigno, mucho más salvaje y poderoso que no temía en enseñar la garras y en rugir. - Te he dado un voto de confianza, lo único que te pido es que ahora confíes tú en mi. – añadió, y dándose cuenta de su actitud, suspiró para calmarse.

- Hay que tener compasión y tratar de entender a todas las personas con las que nos encontramos, incluso si ellas no lo quieren así. Lo que nosotros vemos como mala educación, grosería, e incluso cinismo, no dejan de ser signos que nos indican la poca verdad que han escuchado y visto. Estas cartas están cargadas de ignorancia, y por eso no debemos guardarles rencor, sino sentir pena por ellos. No puedo negar que sus palabras no me hayan herido, ni que no me preocupen, pero la verdad es que tenemos asuntos prioritarios que atender en vez de vivir anclados en los insultos del hijo de un duque. Como he dicho, Sindhu y Seliora no van a tener ninguna clase de relación, y ahora ya sabemos qué territorio evitar si alguna vez atravesamos Begnion, cosa que va a suceder cuando viajemos Rhett y yo al sur. Los demás nobles de Begnion no contestan a mis misivas, de modo que no puedo hablar por ellos, pero estoy segura de que no todos son como este niño. Es un país muy grande, debe de haber alguien dispuesto a conocernos, al menos. Mientras exista esa posibilidad, Sindhu no cerrará sus fronteras a Begnion. Ser abiertamente hostiles hacia ellos, como tú sugieres, Yrumir, es una invitación directa a ser aniquilados. No voy a dejar que mi pueblo sufra un genocidio, incluso si eso me hace tener que buscar una alianza con esos mismos genocidas. – No era una situación fácil. Pero la decisión de Sissi no estaba tomada a la ligera, sino que había sido el resultado de horas y horas de estrategias entre los profesores de la universidad, sus consejeros y los cargos más importantes del ejército.

- En cuanto a Daein, ellos mismos han dicho que no quieren nada que ver con Sindhu, a pesar de todos mis esfuerzos por hacerles cambiar de opinión. Lo inteligente es no traspasar sus fronteras de momento, y tratar de mantenernos lo más neutrales posible. El consejero del Príncipe Pelleas nos ha amenazado, y no deseo que tales amenazas se cumplan. – dijo en referencia a lo que le dijo Judal sobre empalar a su gente en las fronteras.- Por otro lado, me alegra que hayas aceptado el encargo, Seraphiel. En breves, la Reina Yuuko enviará a un barco a buscarte, y si se establece una buena relación, seré yo la que viaje a Durban a conocerla. Estar en buenos términos con un país de magos es una buena estrategia, en especial para el intercambio de estudiantes y de conocimientos. Además, tienen una biblioteca impresionante, por lo que he escuchado. – añadió, mirando a Yrumir con la intención de suavizar las cosas y hacerle ver que había gente en el mundo que merecía la pena incluso si era por sus propiedades intelectuales.
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Re: [Social] To Build a Home [ Priv. Sissi | Rhett | Seraphiel ]

Mensaje por Rhett Orión el Dom Mar 12, 2017 7:03 pm


"La aceptación, mirada y amable sonrisa de la Duquesa Sissi irrumpió tal cual caricia la impasibilidad que me regía. Mis ojos captaron los suyos, sintiendo aquel intermediario vínculo que nos aunaba y volvía uno mismo. Una mirada que solo se me concedía, y tendía a envolverme de aquella blanca dicha. No existía el recelo, nada de ello transfiguraba mi pensar con sus palabras, después de todo siempre existió ésta propia y firme confianza en sus decisiones. Ella más que nadie sabía que era lo mejor para el ducado; años y siglos, experiencias y cambios, eran suficientes para replantear considerablemente lo que podría ser mejor o perjudicial para su hogar. El hogar de todos. Por lo que no tenía intención de negárselo, no había manera de derrumbar aquel esfuerzo que con tanto discurrir y proyectar ahora se estaba realizando. Rechazando profundamente la retractación medrosa que a ningún ser lograría conducir hacia adelante; volviéndose una aserción que a través de mis ojos y corazón quería que la Duquesa Sissi percibiera; que comprendiera que éste dragón la apoyaría cuando más lo necesitara. Sin embargo, las palabras del Bibliotecario Yrumir irrumpieron aquella aseveración que sin más se desvaneció con su vociferante voz. Un acto vehemente que me hizo suspirar y cerrar de los ojos, cruzándome de brazos con circunspección para escuchar e inferir el encadenamiento de sus palabras. Sintiéndome con la intangible necesidad de corregir su descortesía por cómo se dirigía a la duquesa con tales palabras explosivas cargadas de su odio y enfurecimiento. Existían maneras de manifestar una impugnación, la más correcta siempre siendo con quietud. Ni éste dragón se hubiese atrevido a exclamarle su disgusto con cierta identidad despreciable. ¿De verdad creía que la Duquesa Sissi no estimó la situación y relaciones con los beorcs? Las cartas y sus respuestas lo manifestaban, había entablado una conversación con ellos, aunque indirecta, le brindó la posibilidad de comprenderlos y ver más allá de sus propios intereses. Avizorando posibilidades que nadie más hubiese estipulado en conjunto, tanto para mi juicio y el de aquellos con diversos cargos establecidos. La Duquesa Sissi había creído y valorado, expandiendo sus propios horizontes para no caer en la decadencia y permanecer en la línea que entre sus distintos fines, tenía el de unificar las relaciones difíciles con dispares. Dejando a un lado las disconformidades, el recelo y el devastador rencor que un mayúsculo número de seres cargaban en lo ancho de sus espaldas; así como las cicatrices que por más ocultas que se encontraban no dejaban de conformar la inherente esencia de cada uno. De tal manera que intenté entender la impulsividad del Bibliotecario Yrumir, aquella sugestión que lo exasperaba, el dolor y su crispar, incluso si estos estados no explicaban su exponencial agravio hacia los beorcs para alzarse indignado. Evidente a su vez, fue la voz de la Duquesa Sissi la que volvió a  formar parte de la reunión, reprendiendo el comportamiento ajeno y explicándole los hechos. Mostrándonos su firme y amable preponderar que transmitieron sus oraciones y gestos. Suavizando paulatinamente la ofuscación de la parte ajena, y mediando lo ocurrido tras darle continuidad a lo que se entablaba. Un santiamén en el que distendí la tensión de mis hombros, abriendo los ojos y relajando el fruncir de mi entrecejo del que apenas estuve percatado. Mi visión volvió a esclarecerse permitiéndome captar con mayor atención las figuras de los presentes. Analicé unos segundos, o tal vez por más tiempo, al Bibliotecario Yrumir, queriendo asegurarme que entendía las palabras de la duquesa, y que infería con quietud en lo en realidad estaba sucediendo. Una nueva visión para el Ducado de Sindhu y los jóvenes brotes que asazmente traerían consigo cambios significativos. Claro que existía el miedo y el desprecio, existía la credibilidad y la impavidez por la imparcialidad de los desconocidos resultados. Todo era aceptable y se respetaba, porque nadie había dicho que sería fácil, no sería un cambio de la noche a la mañana, el astro mayor no nos acogería entre sábanas blancas a la primera maitinada. Era imposible, más no irrealizable ante el intermitente paso del tiempo. De tal modo que asintiendo con la cabeza agradecí el apoyo del Embajador Seraphiel, entendiendo que era necesaria la participación y la aceptación de ambas partes. Los viajes eran inevitables, y las pisadas fuera de las delimitaciones del desierto traerían consigo nuevos panoramas, nuevas sapiencias y creencias. La ingente diversidad que existía más allá de las murallas. Tal pensamiento me hizo tomar un rumbo distinto por la sala para situarme en una esquina y recargarme ahí en un actuar comedido. En tiempos de antaño, antes del despertar de la Duquesa Sissi, había salido de la Ciudad Redonda, buscando con ello la capacidad necesaria para seguir su camino, ser necesario, apoyarla y suavizar aquella tremulosa alma dragón que solo se regía por la amenaza y el disturbio. No obstante, también lo había hecho por otras razones, necesitaba el estoicismo, necesitaba ser capaz de superar las dificultades, no perder la placidez ante el dolor y la aversión. Éste dragón necesitaba ser fuerte para lo que advenía. Pero no lo había conseguido, aún parpadeaba este sentimiento despectivo, esta rectitud que taxativamente acendró de forma tan irónica como incorrecta antes de que pudiera recordarlo. Y aun así había vuelto, siendo la Duquesa Sissi la razón de ello, el único motivo que siempre definió mi camino. "


El dragón parpadeó un poco apenas expresivo, forzándose a volver una vez se percató de su propio desfaso en la reunión y en lo que se exponía a consecuencia de sus propios pensamientos; aunque la ausencia de sus palabras era tan característica que no era de extrañar que guardara silencio por bastante tiempo. Por lo que en referencia a ello continuó circunspecto, esta vez volviendo la mirada hacia los presentes, especialmente en Sissi, estando atento y esperando con calma la continuidad de lo que se estaba estableciendo.  


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Mensaje por Yrumir el Vie Abr 14, 2017 2:25 pm

El enfado del dragón parecía que era algo que había venido para quedarse durante un tiempo. Entregó arrugada la nota a Seraphiel, su mano había apretado el papel, dedo contra palma, sin ninguna delicadeza. El temblor de su mano persistía junto a su rabia. Si su carga de emociones negativas fuese energía aquella habitación explotaría. Procuró no mirar a Seraphiel cuando le cedió la carta. Sabía que esas emociones oscuras eran algo que, de cierta manera que no comprendía, podían hacer daño a su amigo. Su mirada se clavaba en Sissi. Permaneció callado permitiendo al resto hablar sin interrumpirlos, pues al menos le quedaba un poco de ser más racional y apacible que le permitía.

No era el simple hecho de que el beorc hubiese sido maleducado y hacer gala que en contadas ocasiones había visto de tanta ignorancia, incluso en expresarse. Era más que prejuicios contra los beorcs que resurgían a pesar de que creía que la convivencia en Sindhu los había aplacado. El corazón del pequeño dragón era golpeado por el recuerdo de palabras más vejatorias. Golpeado por el pasado y su propia experiencia en mundos como el de Begnion. Aunque hubiesen pasado más de cien años ciertas palabras, ciertas imágenes son grabadas con fuego sobre la piel de los recuerdos. Memorias que aún se crean olvidadas, siempre están preparadas para salir a la superficie cuando son el corazón es azotado por otras palabras y hechos. Siempre había tenido buena capacidad memorística. Sabía mucho de muchas cosas pero no sólo acumulaba saber. Recordaba las tierras de los humanos, recordaba cómo trataban a los laguz de la raza que fuesen, recordaba cómo se capturaban, recordaba cómo se vendían, recordaba cómo se tenían que esconder y ocultar sus orejas puntiagudas y su marca, recordaba el peligro, recordaba el odio. Aquellas vivencias le habían marcado para bien o para mal. Aunque su buena madre lo había intentado evitar, hay cosas que cualquiera puede ver. Los conocimientos no otorgan madurez. Podías saber memorizar muchas cosas pero seguir siendo una persona verdaderamente idiota. En el caso del joven laguz, era claro que su mente no había pasado a tener una visión más adulta y seguía comportándose como un niño. Generalizaba como culpables a todos los beorcs que vivían fuera del ducado y aunque sabía que los culpables de sus sufrimiento ya murieron hacía muchos años, su rechazo permanecía.

Al principio apenas escuchaba a la Duquesa. Su voz, su reprimenda, le entraba por una oreja y salía sin impunidad por la otra sin retener las valiosas razones de la manakete en su cabeza. No quería escucharla, porque en el fondo sabía que tenía razón. Pero su cabeza se negaba a dársela. Sin embargo, poco a poco la voz de su más preciada amiga horadaban en la roca testaruda que bloqueaba su raciocinio. Acabó por escucharla, siempre que habían tenido una discusión similar lo había terminado haciendo. Seguía contrariado. Estuvo a punto de hablar en dos ocasiones pero se contuvo pues en sí no quería hablar. Realmente no quería que se expresase su ser más ilógico e irascible. Sus sentimientos se alejaban de lo que la situación requería. Por algo las fuertes tormentas no son relacionadas con la paz. La Duquesa había incluso intentado suavizar la situación con buena intención pero sus pensamiento lo habían retorcido terminando por pensar que era como el caramelo que se le da a un niño pequeño para tranquilizarle. Se mordía el labio inferior con fuerza para mantenerse callado, no exaltarse y no gritar lo que su odio le incitaba. No olvidaba y no perdonaba. No podía ser tan diplomático como Seraphiel, su carácter no era tan suave.

Permaneció en absoluto silencio. Era consciente que no iba aportar nada, nada que Sissi necesitase. Hacía rato que ya no miraba a la Duquesa, ella no merecía ser el objetivo de su furia. En realidad, nadie lo merecía pero la madera de la mesa al menos no lo iba sentir. No se sentía capaz ni digno de mirar a su amiga tras aquello, poco a poco lo asimilaba. Despegó los dientes de su labio. A la altura del colmillo se había abierto una pequeña herida que sangraba un poco.
Enséñame que algún país beorc merezca la pena. Ese es mi voto de confianza. — Dijo con tono tenso. En el fondo Yrumir confiaba en Sissi como en ninguna otra persona. Pero su cabezonería le impedía reconocerlo en alto.
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Re: [Social] To Build a Home [ Priv. Sissi | Rhett | Seraphiel ]

Mensaje por Seraphiel el Sáb Abr 15, 2017 5:53 pm

No dijo nada, permaneció callado, de pie a un lado de la habitación. Casi como si quisiese permanecer fuera de todo, neutral, como si intentase esconderse, escapar, ocultarse. Juntó ambas manos, entrelazó sus dedos y desvió a un lado su atención. Demasiados sentimientos, demasiado odio y a la vez, la esperanza parecía casi igual de poderosa. Le estaba dejando ligeramente descolocado, casi perdido mientras los dejaba continuar, porque, él por su parte ya había dicho que estaba de acuerdo, que actuaría conforme los deseos de la duquesa, que iría en tierras de humanos y se encontraría con una de sus reinas magas.

Sissi era fuerte, siempre lo había pensado de esa forma. Pero, en el fondo de su corazón temía que esa misma fuerza, su amabilidad, de un momento a otro se volteara en su contra. Su fuerza se convertiría también en su mayor debilidad. Cerró sus ojos. Era idealista, su deseo le sonaba a utopía y se llegó a cuestionar si eso realmente existía. Quizás lo haría por siglos, por milenios, pero no era eterno, él sabía eso bien porque, Serenes para él había sido una especie de cielo, un pequeño paraíso terrestre que de un momento a otro había desaparecido, quemado por la crueldad humana. Pero cierto era también que la esperanza era la última en morir y le debía demasiado a Sissi como para simplemente dejarla sola en eso. Consciente también de donde acababan por llegar sus pensamientos, abrió sus ojos, desviando hacia un lado su atención.

Se fijó en Rhett, la persona que, más calmada parecía estar en aquella estancia y se concentró en el, sin dejar a pesar de todo de escuchar lo que estaban hablando los otros dos integrantes de aquella tanto esperada reunión. Él seguiría fielmente a la duquesa, lo sabía, que sus sentimientos eran verdaderos, que las palabras que en ese entonces le dirigió eran igual de auténticas que sus sentimientos hacia ella. Sonrió con suavidad, más para si mismo que para los presentes, de todas formas demasiado ocupados para prestar atención a tal acción carente de importancia. Removió sus alas un poco, avanzando hacia los otros dos hasta quedar más cerca, aún así a una cierta distancia. Estaba molesto, Yrumir claramente, aún no estaba del todo convencido y lo notaba, pero no lo podía culpar tampoco. Quizás sería correcto decir que había algo que ambos compartían además de su amistad: el palpable odio hacia la raza humana, a pesar de que, la de Yrumir era claramente más fuerte que la suya.

Algo en todo lo pronunciado por la duquesa había llamado su atención— ¿Ser como... Unos profesores de historia? —Levantó un dedo. Era el único ejemplo que se le había ocurrido al escuchar eso, solo porque él también había aprendido con el pasar de los años y de diferentes profesores, entre ellos sobretodo Yrumir, acerca de las costumbres de demás países, de cosas que jamás habría sabido de no ser porque había tenido suerte y le habían ayudado en su desconcertante principio. Por otro lado, no comentaría nada más al respecto, ellos debían de saberlo: Sera no lograba llevarse del todo bien con los humanos, pero perfectamente podía intentarlo, estaba dispuesto a hacerlo y si así era, realmente lo intentaría.

Hum... ¿Un barco? —¿De verdad? ¿Iba a tener que viajar con barco por mar? Desvió hacia el mapa su atención, internamente rezando para que la distancia fuese suficiente para volar. Durban estaba demasiado lejana de la costa más cercana... No había forma... Suspiró en silencio, volviendo a dirigir hacia Sissi su atención y asintió en un simple gesto de su cabeza— Entonces... Seré el primero en ver su biblioteca... —Al menos, en todo aquello, una parte buena debía de haberla. En ese caso, la biblioteca mencionada por Sissi.
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Re: [Social] To Build a Home [ Priv. Sissi | Rhett | Seraphiel ]

Mensaje por Sissi el Mar Mayo 09, 2017 12:28 pm

Sissi estaba acostumbrada a lidiar con las quejas, el odio, y el descontento de los demás. Había sido educada para proteger a su gente y hacer lo mejor por ellos, lo que no significaba ser siempre complaciente y sucumbir a sus deseos, por mucho que eso fuera lo que ella quisiera. Estar a cargo de un territorio y una población significaba que era la primera en la línea al frente de todo: tanto las palabras de sus propios ciudadanos como las de países extranjeros. Esas cartas iban dirigidas a ella, y por mucho que insultaran a su ducado, la mayoría de los reproches y palabras malsonantes eran sobre su persona, independientemente de Sindhu o Hatari. Pero, ¿qué ganaría con decirle a Yrumir que ella también había sufrido con cada una de esas palabras? Las frases agresivas y groseras le habían hecho llorar en más de una ocasión, llena de vergüenza y sin entender por qué se portaban así con ella sin conocerla. Pero era igual que el modo en el que había reaccionado el dragón blanco contra las cartas, sin conocer del todo lo que había detrás.

Una vez, su madre le había dicho: “Nuestro trabajo es amar a la gente. Incluso cuando duele, incluso cuando son extraños, incluso cuando nos avergüenzan, o no nos quieren de vuelta. Nuestro trabajo es ser el pilar que mantiene al mundo unido, y cargar con las preocupaciones de los demás, liberando de ese modo sus hombros de responsabilidades que ellos no puedan soportar y que nosotros sí.” Sus palabras resonaban en la cabeza de la Duquesa como un recordatorio para que no perdiera la calma ante la actitud desconsiderada de Yrumir. Sabía por lo que el niño había pasado, y entendía su dolor, pero, aun así, le hería ver que su modo de expresar esos sentimientos amargos dentro de sí mismo eran en forma de agresión, y no mediante el uso del diálogo, que Sissi tanto empeño ponía en enseñarle. Le preocupaba que Yrumir no fuera capaz de confiar en ella lo que le dolía, y que a cambio recurriera a expresiones violentas. Ella sabía bien que eso era peligroso y podía resultar doloroso para los demás. Sin embargo, eso era un tema para otra conversación.

El camino que ella había elegido estaba pavimentado de dolor. Sissi lo sabía desde hacía mucho tiempo. Pero ese era el destino de muchos manaketes, algo unido a sus largos años de vida, que tarde o temprano supondrían una maldición más que una bendición. Vería caer imperios, vería a sus amigos morir de edad o en batalla, y vería los tremendos cambios en la historia del mundo. Pero en vez de quedarse anclada en el pasado, temerosa del futuro, Sissi había decidido seguir adelante, sin perder su amabilidad a pesar de que eso sería lo más sencillo: endurecer su corazón para no volver a ser herida. Pero si su corazón se volvía piedra, no podría amar, y el amor para la duquesa era tan importante como respirar. Observó a sus amigos, unos momentos que le parecieron eternos: cómo Yrumir se calmaba poco a poco y aceptaba su destino, cómo Seraphiel accedía a visitar Durban incluso si no iba a ser un viaje de su agrado. Sus ojos se posaron durante más tiempo sobre Rhett, que a pesar de no haber dicho nada de forma vocal, había demostrado con sus acciones el respaldo por las decisiones de Sissi.

No podía expresar lo agradecida que estaba de que los tres al final se hubieran puesto de su lado.  A pesar de ser su Duquesa, no dejaban de ser sus amigos, y no deseaba hacerles pasar un mal rato de forma obligatoria. Respiró de forma más tranquila, y el nudo que se le había formado en el corazón fue cediendo, hasta bombear de forma más pacífica. – Sí, un barco. – afirmó a Seraphiel, una sonrisa suave en sus labios, que pretendía transmitir confianza. - Pero seguro que es bastante cómodo. Durban se compone de muchas islas, al fin y al cabo, así que su flota debe de ser envidiable. También lo debe ser su biblioteca, como está localizado en el centro del mundo, más o menos, deben de tener una gran afluencia de libros y conocimientos. Seguro que es un edificio impresionante. – asintió y miró el mapa expuesto de nuevo, al que se acercó y con un dedo, señaló el continente de Akaneia. Después giró el rostro con levedad hacia Yrumir, su mirada dorada clavada en los orbes azules del joven dragón. – Altea dicen que ya no tiene emergidos, y que es un pueblo amable. Adoran a Naga, como yo, y hay muchos tipos de laguz oriundos de Akaneia. ¿Quién sabe? Puede que te encuentres con un kitsune. Estoy segura de que no son una leyenda, como muchos dicen. – se puso recta y juntó las manos frente a su regazo, una expresión gentil en su rostro: Si os parecen bien estas medidas, os pediré que vayáis a realizar vuestro equipaje, pues me gustaría que partierais de inmediato para no perder más tiempo. El futuro de Hatari está en nuestras manos.
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Re: [Social] To Build a Home [ Priv. Sissi | Rhett | Seraphiel ]

Mensaje por Yrumir el Vie Mayo 12, 2017 11:49 am

La respiración del pequeño dragón se suavizaba a un ritmo lento pero constante. Aunque su cuerpo permanecía tenso y su expresión permanecía mosqueada incapaz de de abandonar la seriedad por una sonrisa más amable. Sin embargo, sus expresiones ya eran de importancia menor pues a pesar de su enfado había aceptado confiar en Sissi en unas escasas palabras concurridas en una frase. La rabia permanecía pero ahora era por debajo de un sentimiento de culpa por su comportamiento. Su postura intransigente había sido lo más distante de la madurez de las palabras o el silencio del resto. El dragón se daba cuenta que ahora que había sido un error dejarse llevar por las emociones, ahora las anteriores palabras de la Duquesa era un eco que volvía y martilleaba su conciencia.

Pero como muchas otras emociones y pensamientos sobre sí mismo se lo guardaría en el fondo de su corazón sin contárselo nunca a nadie, rumiándolo y maldiciéndose cuando se encontrase en soledad como era su proceder habitual. A los ojos del resto no mostraría que estaba arrepentido. Miro al silente Rhett que seguía sin pronunciarse y luego  a Seraphiel quien aceptaba de buen grado dirigirse a las Islas de Durban. Hizo un mohín cuando recalcó que sería el primero en visitar la biblioteca que guardaba ese país. Si había una institución implicada en el almacenaje debería ser él quien fuese, ¿por qué iba la garza? — Procura no coger libros de esa biblioteca que pienses no devolver... — Rodó los ojos a la vez que lanzaba la pullita a Seraphiel. Le había sonado en un tono más borde de lo que hubiese querido dada la tensión que arrastraba del enfado.

Sus ojos intentaron sostener la mirada dorada de su amiga pero no tardaron en optar por el camino fácil y observar la zona del mapa que la manakete señalaba. Se llevó una mano a la barbilla reflexionando sobre ir al continente de Akaenia. A pesar de las palabras halagüeñas de Sissi, ir a un país beorc tan lejano no le hacía mucha gracia. Tenía además que ir en barco como Seraphiel… nunca había viajado en barco. Algo se le revolvió en el estómago al pensar en realizar un viaje sobre esos armatostes flotantes.
¿Kitsunes? — Los ojos del infante se abrieron como platos al escuchar a Sissi mencionarlos. La existencia de los kitsunes había sido debatida en la Universidad y pocos eran los que creían que aún existían y no eran leyendas, entre ellos el Bibliotecario. Que se quedase la visita a la biblioteca Seraphiel, si podía tener la oportunidad de poder observar un especie tan misteriosa ese era su destino. — Acepto, viajaré a Altea en nombre del Ducado y veré si son buenos para Sindhu. — Dijo intentando disimular su emoción por la perspectiva que Sissi le había abierto.

Con cuidado bajó de la mesa a la silla y luego de la silla al suelo. Ya había estado por tiempo suficiente sentado allí. Caminó hasta donde estaba Sissi y al llegar frente a ella se paró juntando los pies y realizó una reverencia a la Duquesa. — No te defraudaré en esta empresa, Sissi. Partiré cuanto antes, sin perder tiempo. — Fueron las palabras que acompañaron al gesto de respeto. También llevaban escondida una disculpa por su comportamiento y la promesa de una compensación. La seriedad de Yrumir no había desaparecido pero ahora se sentía determinado a no fallar en aquella empresa. Viajaría sólo para ir más rápido, aunque estaba seguro que a Sissi no le haría gracia.
Espero a que el resto terminase de hablar y la Duquesa diese por concluida la reunión para salir corriendo de allí y golpear un rato la pared para disipar la rabia que aún le quedaba.
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