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— Can you read between the lines? [Social][Priv. Shizuo Heiwajima]

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— Can you read between the lines? [Social][Priv. Shizuo Heiwajima]

Mensaje por Invitado el Dom Sep 18, 2016 4:23 pm

El silencio se había tornado tan absoluto y marcado, que al pasar de los segundos daba la sensación de que adoptaba una consistencia propia en el espacio; “una suerte de pared invisible”, pensó la asesina, en tanto trataba de entender a que se debía tanta solemnidad. Sólo había una vela encendida en la habitación, y ésta a duras penas podía despejar de sombras el centro de la pequeña mesa rectangular, con su conjunto de pergaminos desordenados y los rasgos faciales de un hombre extraordinario sentado al otro lado. Sin embargo,  Justine se dedico a contemplarlo minuciosamente en aquellos liosos instantes, tratando de rescatar por  cuenta propia cualquier tipo de dato que no pudiese salir a flote en una charla de negocios entre dos desconocidos. Un buen ejemplo de esto era la piel de un rosáceo apergaminado en las manos de su cliente; se las habían prendido fuego o él se las había inmolado vaya uno a saber por qué, y generaban mucha impresión en contraste con la piel parda de sus pómulos, nariz, orejas y frente. Una cicatriz hecha con espada le cruzaba el rostro en una diagonal que empezaba en su pómulo  derecho y ascendía hasta la sien izquierda; probablemente fue en el desarrollo de esa misma marca que él había perdido la visión en su ojo izquierdo, asemejándolo a una vieja perla blanca y sucia. No obstante, el otro ojo era de un marrón oscuro y de expresión profunda; quizás la única zona de su rostro que comunicaba algo más que batallas perdidas en sumo dolor. Tenía la boca oculta tras una espesa barba castaña, que a su vez le cubría el cuello y parte del pecho, entrando en disonancia con una cabeza que lucía lampiña y brillante como la superficie de un escudo de hierro.  

—Estamos esperando a alguien más, señorita Lorsange— Explico finalmente el hombre, con la voz más profunda y grave que la asesina hubiese escuchado jamás —Llegará en unos minutos, doy fé de que...—

—¿Alguien... más?— Le interrumpió en un tono que se debatía entre la ingenuidad y la amenaza. La única vela encendida difícilmente podía desnudar de sombras las manos y las piernas de la menuda asesina, todo lo otro quedaba consumido por la oscuridad. Aún así, era evidente que en la zona en dónde se supone que debía de haber una cara se había dibujado una sonrisa... porque el tono blanquecino de sus peligrosísimos dientes atravesó la negrura que le abrazaba sin mayor problema.  

—Ehm... sí. Siendo completamente trasparente con usted, esperamos a alguien con quien deseo que se asocie temporalmente —

Otra clase de silencio, mucho más incomodo y complejo, se hizo presente por unos nueve o diez segundos. Medida de tiempo que se sintió  como un cuarto de hora para los implicados.  

Vega, no sé si se lo habgán infogmado antes de contactagme, pego... me cuesta mucho trabajag en equipo ¿sabe? En el calog de la batalla todos los cuellos se me antojan iguales.— Apoyo el codo de su brazo izquierdo sobre uno de sus muslos, inclinándose hacía adelante para que su rostro llegara a ser acariciado por la lumbre de la vela, y ésta a su vez le tiñese de tono azafrán. Suspiro — ¿Debo tomag esto como que desconfía de mis capacidades... o es que quiege enviagnos a pog la caja de Pandoga? — acentuo esa sonrisa que enseñaba, y que poco y nada tenia de buen humor — ¿Al menos... es de pog aquí?... —

No se necesitaba ser muy lucido como para darse cuenta de qué señalarle a la joven su evidente problema de dicción con la letra “r” sería una idea terrible, así que el hombre directamente se limito a responder su pregunta —Sí — Mintió. La verdad es que no tenía idea de que país provenía — Es de la frontera de Sacae con Lycia, Bulgar... ¿Le dirá que no a un compatriota, señorita? En los tiempos que corren, la unión es lo último que se debe romper ¿No cree?. — 

—No...Supongo que no. Aunque estagemos de acuegdo de que los accidentes existen ¿vegdad?— 

—Ciertamente, señorita Lorsange;  pero también se pueden evitar. Aguarde a que llegué éste buen hombre antes de adoptar una postura. —

Justine volvió a esconder el rostro entre sombras al sentarse derecha, apoyando la espalda en el respaldo y cruzando firmemente los brazos. Parecía una bestia que se había retraído en si misma al chasquido del látigo de su alcaide; sabia que no podía tentar a la suerte. No podía "atacar". Se había prometido a sí misma no matar a nadie de Sacae, y ella era la última persona en este cochino mucho a la que iba a traicionar.  Bajo entonces la mirada hasta su arco, que reposaban entre sus piernas en el suelo junto a su carcaj con flechas, y entorno los ojos.  

El viento empezó a golpear con más fuerza las robustas paredes de la  desidiosa cabaña en dónde estaban resguardados, y se filtraba por las rendijas de la puerta y las dos únicas ventanas con la agilidad de la muerte en un pueblo contaminado por la peste. Éste refugio estaba emplazado en las inmediaciones de un pequeño bosque muy próximo al campo de tiro, y por lo descuidadas que estaban sus paredes daba la sensación de haber sido abandonado a su suerte hace tiempo ya. Las manchas de sangre que decoraban la madera de la puerta no ayudaban a que se viera más acogedora por fuera, en tanto su interior olía a humedad, a encierro y mugre. Detalle que a Justine no le molestaba en lo más mínimo, porque ciertamente el hedor que tenían las cosas olvidadas, en conjunto con la soledad y la falta de escrúpulos, constituían a lo más intrínseco de su esencia.
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Mensaje por Invitado el Miér Oct 05, 2016 5:41 am

No le importaba en absoluto donde se tuviera que desplazar para trabajar porque al fin y al cabo, trabajo era trabajo y él no iba a comer del aire. Aun así no dejaba de impresionarle de que un hombre se hubiera interesado en él directamente, Shizuo no era un mercenario reconocido y la poca reputación que tenía no era ni buena. Solo le habían citado, no tenía demasiados detalles sobre la tarea a desempeñar; lo cual también era normal, seguramente querrían verle la cara y como era su actitud antes que revelar en su totalidad las indicaciones a seguir.

La cuestión era, Sacae no era una tierra precisamente conocida por parte del mercenario. Conocer la existencia de Elibe tenía que ser suficiente por su parte, no es que tuviera ningún sentimiento de patria arraigada en algún país en concreto pero en cuanto a experiencia a terreno se trataba, solo sabía moverse como si de su casa se trataba en Akaneia. Probablemente llegaría tarde al punto de encuentro... Tenía que tomar en cuenta el campo de tiro, pero no tenía ni la menor idea de como orientarse y el orgullo le impedía pedir ayuda, una opción un poco fuera del alcance porque dentro de un bosque no era como si le fuera a preguntar a una ardilla. Pero después de un tiempo deambulando finalmente encontró la cabaña y dudó entre si pedir permiso para entrar o si actuar según su parecer; decantándose por la segunda de las opciones, porque ni que fuese alguien que tuviera que mantener su compostura.

Solo entrar en la cabaña vio a un hombre con una característica cicatriz que le llamaba la atención y que, suponía que era el que lo había citado en el lugar, sentada se encontraba una muchacha que a Shizuo a primera vista, opinaba que era algo menuda independientemente del aura que desprendía. - Hey. ¿Perdón por la espera o algo así, supongo?

Desconocía porque había aquella chica allí pero cuando se notaba que le habían estado esperando y al entrar había un incomodo silencio, era mejor esperar que todo se supiera a su debido tiempo. - Ya estamos todos, tome asiento si le apetece y empezaremos con la explicación de porque le he reunido a ambos en lugar de explicarles por carta lo que quería que hiciesen. - El mercenario solo bufó un poco y en lugar de sentarse, lo único que hizo fue apoyar levemente su espalda en una de las paredes de la cabaña pero sin dejar caer su peso totalmente porque no parecía demasiado estable.

- Como andaba diciendo, los he citado aquí a ambos porque quiero que se asocien temporalmente para esta misión. Ambos son mercenarios pero con sus propios rasgos... – Shizuo bufó sin molestarse en mirar a la otra chica, que se supondría que sería su futura compañera y solo dirigía su atención al hombre de voz profunda, aun sí este continuó hablando para evitar que el rubio emitiese alguna clase de queja. Así que se cruzó de brazos, guardando sus manos dentro del yukata, prenda que seguramente llamaría la atención de los otros porque era típica de Hoshido y ahora se encontraba muy lejos del lugar. - Deberéis dirigiros a la frontera de Sacae con Lycia, debido a que es una zona tanto conflictiva por el paso del ejercito emergido debéis unir habilidades para tratar esta situación con mayor eficacia.

Pero una vez que la introducción de la explicación pareció finalizar, no pudo contener más las palabras que tenía en mente; aunque era mejor que el mercenario expresase su opinión quejándose que no bien, partiendo una mesa. Lo cual no sería un acto extraño tratándose de él. - ¿Qué? Eso no es lo que se dijo antes. ¿Crees que no puedo acabar con unos cuantos emergidos? ¿Quién te crees que soy? – Continuaba con su posición que parecía tanto relajada en la pared pero su rostro indicaba todo lo contrario con una ceja alzada y una actitud cual de un perro apunto de morder.

El cliente se acercó con intenciones de calmar el ambiente y eso se notaba tanto en los pasos que daba, como en la gesticulación de sus manos. - Créeme, sé de lo que hablo. Sé la situación que hay allí y tengo intereses en juego con esto, necesito que ustedes cumplan con su parte y no desperdiciar mi dinero. ¿Sí? – Probablemente lo único que le convencía era la parte económica de todo aquello, no se llevaba bien con la gente, porque después de todo tenía que ocultar su verdadero ser y ocultarlo no era algo que se diera bien, un monstruo era un monstruo en cualquier situación. Y era cierto que no tenía ni la menor idea de la situación que se encontraba en la frontera, porque todavía no era una zona en la que le hubiera tocado trabajar con anterioridad pero era la clase de persona que no le tenía miedo a nada, incluso si la situación parecía meterse en la boca del lobo sin ninguna opción de escapar de ella.

Y aunque no le gustaba como se había dado ese giro de acontecimientos no tenía que hacer nada más que tratar de aceptar la situación y esperar que la chica no tuviera una mala actitud porque necesitaba el dinero de aquel trabajo. Dirigió su mirada a la chica, intentando analizar algo; pero la parte intelectual no era el punto fuerte de Shizuo. De hecho, ni se acordaba que ni siquiera se había presentado ante ella.

Off:
Perdón por la demora en responder, la vida real me ha tenido muy ocupado últimamente ><
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Re: — Can you read between the lines? [Social][Priv. Shizuo Heiwajima]

Mensaje por Invitado el Sáb Oct 29, 2016 2:56 pm

El chirrido de la puerta de madera abriéndose rompió el silencio, y la luz fría desnudó de sombras un tercio de la habitación. La asesina sintió el roce de un soplo con perfume a humedad en la nuca, los hombros y los dedos de las manos. Inmediatamente se apersono un muchacho de facciones jóvenes, cuya altura podía considerarse como un atributo alarmante si ésta, por casualidad, llegaba a ser directamente proporcional a su fuerza. Luego de unos pocos segundos, la puerta se cerro y volvieron a quedar inmersos en una oscuridad casi absoluta. Resultaba curioso, cuanto menos, que un lugar que aislaba tan mal la temperatura pudiese sin embargo concentrar tantas sombras en las entrañas. Ella siempre creyó que esa era una facultad única de su castillo, pero aparentemente el diablo tenía incontables gargantas; sólo había que buscarlas bien.    

El joven emitió una suerte de saludo disfrazado de disculpa. La chica se limito a un gesto con la cabeza, para después desplazar su atención del joven al viejo, que había empezado a hablar. Contemplo en suma calma como sucedían las cosas, tal y como si estuviese analizando un recuerdo oscuro y lejano en las profundidades de su consciencia. La luz azafrán de la vela coloreaba en pinceladas sutiles los matices de su expresión sería, de labios apretados y ceño levemente fruncido. La indisposición del otro hombre era casi palpable. El que decidiese no tomar asiento junto a ella, después de lo que se podía intuir como un “largo viaje”, era una clara manifestación de desconfianza; actitud cauta que ella asumía como muy prudente, porque no era raro que, al ser mujer y estar siempre sola, ciertos varones se vieran convencidos por una falsa... "certidumbre" que posteriormente pagaban en sangre.    

Ladeo el cuerpo hacía la izquierda, con la excusa de apoyar el brazo en mismo lado del respaldo, asegurándose así de tenerlos a ambos en el mismo rango de visión. A cada palabra que el viejo soltaba, el ambiente iba adquiriendo poco a poco una densidad propia que apelaba a la alarma por cada uno de sus sentidos. Justine era una maestra en eso de mantener la calma, principalmente porque era esa facilidad que tenía para esconder la ira o el miedo lo que le había salvado de morir durante toda su vida. Ella se replegaba emocionalmente en sí misma, escondiéndose en rincones oscuros como una viuda negra mientras él mundo se prendía en fuego y se desplomaba en pedazos a sus pies. Aún así, le resultaba divertido ver su propia perspectiva fielmente reflejada en los gestos del otro: En las caras que ponía, en el cómo se cruzaba de brazos, cómo bufaba y cómo, por la expresión de sus ojos, parecía reprobar todo lo que veía.    

Luego de que trascurriesen dos o tres minutos, ambos hombres se trenzaron en una brevísima discusión, y el viento que azotaba la cabaña empezó a perder fuerza en cada embiste con la madera, hasta adquirir la suavidad de un susurro. Por otro lado, la consistencia de la humedad aumentaba a cada segundo que pasaba. Entonces miro al viejo que se puso de pie para intentar tranquilizar al más joven y sonrió ( hay que recordar que Justine poseía ese tipo de sonrisas que solían desangelar al más optimista).    

—¿Me pegmite la palabga, señog? Cgeo que veo el pgoblema. Las fgontegas son lugages muy sensibles, ¿vegdad? Más aún en los tiempos que cog-en, cuando tenemos un enemigo en común sin patgia y con un lídeg obgando en las sombgas. Cualquieg mal movimiento en esa zona podgía conllevag a un conflicto innecesagio pog, digamos... algún malentendido—  Se agacho y tomo la correa de su carcaj que estaba entre sus piernas, para luego sentarse derecha de nuevo y posicionar el objeto sobre sus muslos. En ningún momento se detuvo a pensar en que su pequeño problema pronunciando la "erre" podría acarrear algún que otro conflicto.   — Hay un integés comegcial, supongo. Usted tiene un pgoblema g-ande. Un sólo megcenagio no bastagía, y contgatag a una cuadgilla segía muy pgoblemático. En primeg lugag porque es un movimiento costoso, y usted no está en situación para cog-er ese tipo de giesgos; pog otgo lado, también aumentagía el ma-gen de eg-og . Pogque... nada aseguga que no apgovechen el agdog de la batalla paga saqueag y matag a otros... de ocug-ig ¿quien podgía testificar en contga de ellos?...ya sabe, “El diablo está en los detalles”, y la gente que mata a sueldo suele seg... muy tecnisista...—  

El viejo miraba a la asesina con su único ojo sano mientras ésta hablaba. Su expresión era introspectiva. Francamente, no le tenía miedo; a lo largo de toda su vida había estado involucrado en situaciones mucho más peliagudas, una mujer menuda y de aspecto poco agraciados no le suponía un peligro real. En el peor de los casos, como mucho, ese encuentro le regalaría otra cicatriz a su ya enorme compendio de marcas. Aunque tampoco estaba muy seguro de que aquella mujer fuera a atacar. —Si bien hay una cuota de verdad en todo lo que dice, señorita Lorsange; créame cuando le aseguro que estoy dispuesto a pagarles bastante más de lo que otros hombres les han ofrecido hasta ahora. Reconozco el riesgo de semejante situación y mi confianza en ustedes dos está muy lejos de ser arbitraria.— El hombre había colocado sus manos tras la espalda, hinchiendo su pecho y mirando a la arquera con la severidad que corresponde a cualquier ex- soldado que busca recordarle a jovenzuelos inexpertos con su presencia “quien está al mando”.    

—Clago que lo hagá, pogque aunque nos pague de forma extgaogdinagia no llegagemos a costarle un cuagto de lo que le costagía acudig a otros dos megcenagios con más geputación...— Le dedico una mirada al rubio, cuyas facciones recién ahora se molestaba a incorporar en detalle a su excelente memoria. Podría decir más cosas, su razonamiento no terminaba ahí. Quería también enumerar las lúgubres razones por las cuales los podría haber elegido a ellos dos tan concienzudamente y a nadie más... pero se limito a colgarse el carcaj en el hombro y respirar profundamente. Vivir durante tantos años en la oscuridad le había enseñado a ver en las sombras señales que solo ella, lamentablemente, podía discernir con sus cinco sentidos. Algo más allá que le sugería cuando hablar y cuando callar; una voz tímida como la de un niño, instalada en su nuca que le regulaba la retorica.
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Re: — Can you read between the lines? [Social][Priv. Shizuo Heiwajima]

Mensaje por Eliwood el Jue Dic 22, 2016 8:43 pm

Tema cerrado. 10G a Justine.
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Dagas de acero [4]
Espada de acero [3]
Gema de Ascuas
.
.

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1305


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