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Was this meant to be a date? [Priv. Pelleas +21 Entrenamiento]

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Re: Was this meant to be a date? [Priv. Pelleas +21 Entrenamiento]

Mensaje por Niles1 el Mar Ene 02, 2018 1:14 am

Se metía demasiado en lo que estaba haciendo, olvidando de momento el fin que estaba intentando llegar con todo aquello y solo disfrutando de aquella experiencia. Tenía cierta debilidad por las cosas frágiles y delicadas, por lo que se veía perfecto y por las pieles libres de cicatrices deseando plasmar su marca allí. Aquel hombre no entraba en lo que usualmente despertaba su morbo, su altura y anchura de hombros no lo hacían parecer débil o delicado, incluso siendo un mago había mostrado tener mucha más fuerza de la que aparentaba, sus manos eran grandes y no parecían ser muy delicadas y cuanta más piel descubría más cicatrices quedaban a la vista, pero no aparentaba ser alguien tosco ni curtido, apreciaba el tono claro de su piel y la suavidad de esta, incluso sobre las cicatrices delgadas, no parecían ser de guerra si no más cuidadosas y hechas con atención meticulosa. Le encantaba su timidez y la forma que tenía de pedir las cosas, y también admiraba la resistencia que estaba mostrando, era un contraste que se le antojaba más que interesante, atrayente incluso. Se estaba involucrando más de lo que debería.

Absorto en su tarea su atención se centraba, fija, entre las piernas del pelivioleta, su mano sujetaba con firmeza su masculinidad mientras la punta del cuchillo se deslizaba por sobre esta. Ignoraba los movimientos del otro, era obvio que se debían al dolor que le estaba ocasionando y confiaba en los nudos que había hecho. Apenas había avanzado un centímetro de la delgada línea apenas roja en la sensible piel que sintió un pequeño ardor en su propia masculinidad, sin prestarle demasiada atención al inicio solo creyó estarse apretando o pellizcando con el cinturón o con su propia ropa y siguió avanzando hasta que casi de un golpe el dolor fue demasiado vívido. Su mano se apartó por la sorpresa y secundando el gemido del príncipe el mismo gruñó profundo, apenas llegó a retroceder su cuerpo que el capturado se liberaba y con un acertado golpe le apartaba. Tropezó al pisar mal contra el piso y la silla con el prisionero cayeron sobre él golpeando su muslo y entrepierna con el peso del mueble. La caída le apartó el cuchillo que se deslizó por el irregular piso de piedra y el peliblanco soltó un corto grito de dolor sintiendo perder la vista por un momento.


Incapacitado intentó bajar sus manos para apartar lo que le apretaba dolorosamente su intimidad, ardiendo por la reciente herida y apretada con el borde de la silla sentía la humedad en su único ojo - ¡Por los cuernos de Anankos! ¡¿Que mierda hiciste?! - gritó logrando apartar un poco el pesado cuerpo y poder finalmente sujetarse la entrepierna con ambas manos. El dolor le hacía sentirse revuelto del estomago pero aún, más firme que antes, tensaba las telas de su pantalón.
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Re: Was this meant to be a date? [Priv. Pelleas +21 Entrenamiento]

Mensaje por Pelleas el Lun Ene 29, 2018 5:23 pm

La maldición había funcionado. Pese a conocer ya íntimamente aquellas crueles artes, pese a saber tan bien de su eficacia, Pelleas apenas podía creer que había surtido efecto. Era demasiada fortuna como para ser suya. Por un frenético momento, el destino dejaba de lucir encasillado en piedra y se mostraba la posibilidad de lograr algo, si acaso sólo conservar su vida fuera de esa malhadada situación. La estrepitosa caída inmediatamente después no llegaba a borrar la súbita esperanza. Con el corazón en la garganta y los quejidos de dolor de Niles en sus oídos todavía, el mago no tomó siquiera conciencia de dónde o cómo había caído, de la incómoda y entorpecedora posición de la silla que le había golpeado tanto las pantorrillas como la espalda en el camino, ni del modo en que había vuelto a herir al arquero al caer sobre él. Tan sólo sabía que era el otro hombre quien yacía debajo, poniéndolo en la inmediata encrucijada entre sostenerlo, matarlo o en primer lugar soltarse de sus ataduras. Aprisa, no tendía a lograr las más óptimas decisiones.

El instinto se decantaba por sostenerlo, ante todo, previniendo que fuese a reaccionar y responder. No obstante, antes de que el mago pudiese siquiera hacerlo, apenas hubo apoyado los antebrazos en el suelo de piedra para alzarse un tanto, fue el presunto nohriano quien primero le tomó, empujándolo fuera de sí cuanto era posible con la pesada silla entorpeciendo cada movimiento. Gritaba y su voz, al fin, no sonaba sugerente ni relajada, ni siquiera segura. Dando contra una parte u otra de la mecedora caída, el aire fue golpeado fuera de los pulmones del daeinita, mas su respuesta se hizo oír aún. En el alivio y la incredulidad de lo recién logrado, se hacía inevitable que una sonrisa insistiera en curvar la comisura de sus labios. - Lo conseguí... te maldije. Lo has sentido, ¿no es cierto? - Exhaló, muy poco temeroso para su propio bien. En ese punto, no podía evitarlo. El sentido de la urgencia no se había adormecido de cualquier modo, y apenas consiguió asidero con las manos, sosteniéndose a sí mismo, se apresuró a moverse. Su captor se sostenía la entrepierna, por seguro herida y ardiendo con un dolor tan sordo como el de Pelleas ya era; tenía un par de instantes con los que contar.

Debía terminar de soltarse. Las ataduras en torno a sus pantorrillas se habían aflojado un tanto en la violencia de los previos movimientos, así como las patas de la silla se habían desencajado del arco de madera sobre el que hacía su vaivén la mecedora. Notándolo, en mago cometió la quizás imprudencia de ocupar una de sus manos en cerrar de regreso su pantalón contra su adolorida pero aún incómodamente hinchada carne, desarreglo que de otro modo no haría sino estorbarle; entre tanto, pateando, retiraba las cuerdas de las patas rotas de la silla y liberaba de a tirones sus piernas. No había tiempo con el que pudiese mirar propiamente a su alrededor, buscar sus tomos de magia, el cuchillo del arquero o cualquier otra cosa de utilidad. El otro no le esperaría. Así, sin siquiera mirar en la penumbra del sótano, con el aliento indiscretamente agitado en prisa, el hombre de ondulado y desordenado cabello indigo ni siquiera se alzó propiamente, sino que de inmediato y en el mismo irregular suelo intentó tomar al otro, aferrándose a un brazo y luego hallando el hombro opuesto hasta conseguir posicionarse sobre él, haciendo intento de sostenerlo así fuese con su propio peso. Apenas y le miró antes de hablar. - Las llaves. Quiero las llaves de este lugar. -

Sucedido lo que acababa de suceder, quería creer que el otro estaría lo suficientemente asustado como para cooperar. Poco sabía de él, después de todo. En un momento como aquel podía hasta ignorar el calor entre las piernas del arquero, perceptible en la rodilla que tenía posicionada cerca, como también el suyo aún sin subsidir; la inadecuada reacción del cuerpo ajeno al dolor, la misma que experimentaba él en ciertas instancias. Compartían esa extraña faceta, un gusto desagradable y malsano, mas no había modo en que el príncipe lo supiera. No prestaba atención a las señales. Sus pensamientos, volcados en otra dirección, sólo consideraban continuamente que lo más razonable sería matar al hombre de un sólo ojo azul. No habría sentido alguno en que Pelleas intentara interrogar él mismo a alguien que tanto mejor conocía tales métodos; no iba a conseguir nada con eso. En cuanto a recobrar sus pertenencias o tomar lo único en que podía pensar en esos momentos, una llave o más que esperaba ver destellar en la persona que sujetaba, lo cierto era que a un hombre muerto sería mucho más fácil arrebatarla. Y aún así, no era algo que acostumbrase hacer ni que estuviese preparado para intentar sin más. No podía sólo hacerlo. Primero, pedir que cooperase y esperar que fuese suficiente.
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Re: Was this meant to be a date? [Priv. Pelleas +21 Entrenamiento]

Mensaje por Niles1 el Mar Feb 13, 2018 1:58 pm

Estaba acostumbrado al dolor, era una sensación que en mayor o menor medida siempre estaba acompañándolo, viejas heridas que siempre marcaban su presencia, nuevas que aún estaban sanando, incluso malestares propios de alguien sin recursos, dolores de dientes a veces, malestares estomacales por mala alimentación, piel curtida por el sol o pies despellejados por caminar en botas mal curtidas y por caminos complicados por días. Pero no podía recordar la última vez que efectivamente se había sentido revuelto del estomago en un dolor casi que discapacitante, se sentía veinte veces peor que un golpe accidental y al menos diez veces peor que una patada. Intentó respirar por la boca pero el gemido de dolor le interrumpía en cortos jadeos. Tan aturdido no se preocupó de inmediato del hombre causante de todo aquello, apenas procesaba lo que le estaba explicando, un poder que nunca había experimentado en carne propia por un mago oscuro y eso era bastante decir contando que era el conejillos de indias de su señor y blanco de entrenamientos arcanos.

Poco a poco la oscuridad comenzó a tomar formas, comenzó a ver las siluetas de la silla caída, de la mesa, la llama danzante de la vela, notaba como se removía el pelivioleta sobre la mecedora intentando liberarse pero por más que intentó moverse el dolor se volvió a disparar, sordo y constante, como una presión sobre una herida.

Suspiró con los dientes apretados y estiró una de sus manos tanteando para buscar el cuchillo contra el piso, había humedad y pequeñas manchas de musco que brillaban, ante la vista nublada del peliblanco, como si fuese el metal de su cuchillo. Se arrastró un poco pero enseguida se sintió apresado bajo el peso ajeno. Su espalda se estiró contra el empedrado y su rostro se giró hasta mirar el rostro sobre si, una silueta apenas bordeada por la luz de la vela, el cabello desordenado y ondulado le cubrían casi la mitad de su rostro pero aún podía divisar brillante su ojo abierto y la ligera sonrisa en sus labios, la sonrisa de un hombre que sostiene el control en sus manos - ¿La llave? ¿Crees que soy tan tonto como para tenerla a tu alcance o sobre mi persona? Los herrajes de la puerta están con candado al igual que los postigos de la única ventana, no podría arriesgar a que se me escapase algo tan valioso como tu. - Levantó la pierna que tenía a un lado y la subió hasta la cintura del príncipe donde lo abrazó para atraerlo contra si, el muslo atrapado entre ambas piernas del otro subió hasta presionar su intimidad, habría querido que fuese un golpe pero no tenía espacio como para tomar impulso solo logrando una presión firme, apretando a su vez su propia intimidad contra el muslo ajeno - Nos estábamos divirtiendo antes y justo cuando me muestras que tienes trucos interesantes quieres irte ¿no te parece un poco injusto cortar así la diversión? Vamos, haz tu truquito de nuevo. - se tensó para presionar aún más con la intención de provocarle dolor, colgando casi el peso de su parte inferior con el abrazo de su pierna para que el pelivioleta no pudiese apartarse.

Perdido su norte ya no pensaba en las preguntas que tenía que llevar respondidas a su señor, apenas si tenía noción de por que lo había llevado allí consigo. Ahora su sed estaba en un sentimiento más físico y una curiosidad más morbosa, en indagar más en el desprecio que su cautivo mostraba hacia él y si era suficiente como para degradarlo como merecía, si podía despertar el morbo de aquel hombre lo suficiente como para lograr satisfacer el suyo propio.
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Re: Was this meant to be a date? [Priv. Pelleas +21 Entrenamiento]

Mensaje por Pelleas el Sáb Feb 17, 2018 1:15 am

Para el mago oscuro, el dolor había pasado de ser causa de terror a casi que compañía habitual. Demasiadas veces se había reencontrado con él en sus viajes, demasiado había tenido que aproximarse por su propia cuenta durante su paso por los reinos arcanos de Plegia y de Nohr, hasta que el miedo a sentirlo se había perdido y la familiaridad tomaba su lugar. El umbral de lo soportable se había vuelto bastante amplio, al final de todo. Los cortes que ahora portaba sobre su pecho ardían de forma suave, suficiente como para no ser olvidados, pero no tanto como para entorpecer; la profunda laceración sobre sus costillas era distinta, capaz de hacerle bajar sudor frío por la nuca si se permitía centrarse demasiado en ella, mas soportable también por cuanto la adrenalina sobrecogía. La herida en su intimidad, finalmente, era la más tortuosa, tanto por el dolor sordo que despertaba como por la constante y rotunda incomodidad. Aún hinchada, su entrepierna estaba en casi constante roce contra su ropa, siendo pocos los instantes y coincidentales las posturas en que podía estarse aliviado de ello. No podía siquiera intentarlo. No en esa situación, no con el nohriano todavía bajo sus manos, alejándole las posibilidades de salir al decir que no tenía la llave que el mago pedía. Pelleas no dudó que estuviese diciendo la verdad. Por un momento, todo lo que pudo hacer fue ladear la cabeza para dirigir la vista a la puerta y la diminuta ventana al exterior, con los ojos lo suficientemente acostumbrados a la penumbra como para distinguir los candados.

El sudor frío terminó de bajar por su mandíbula, cayendo en una gota helada por su cuello. Tragó saliva. Toda idea de qué hacer a continuación se había difuminado en el aire, más distante aún cuando la pierna del otro se afirmó a su cintura y le empujó cerca, presionando un grueso muslo contra su herida intimidad. Apretando los párpados cerrados, Pelleas tomó aire por entre los dientes antes de soltar un pronunciado quejido, más sonoro de lo que habría querido que fuese. Recayó, apenas pudiendo sujetarse, sobre el arquero. El contacto era demasiado directo como para no hacerle erizar la piel y doblar los dedos en dolor, arrugando puñados de la ropa ajena en sus manos y hasta llegando a rasguñarlo. Y más allá de la familiaridad o del umbral de resistencia, esa exacta presión en el área en que recía tocaba el vergonzoso punto en que se volvía agradable, placentero; le quitaba el aire, le ponía a temblar las piernas y le daba un vuelco al estómago por el tipo de dolor que traía, pero mantenía la erección. El aliento salió de sopetón por la boca ya abierta contra la clavícula del hombre mayor, la frente de Pelleas casi descansando contra su hombro por cuanto el golpe le había hecho encorvarse. Por supuesto, el otro presionando su propia necesidad contra sí era lo último que habría podido notar. Lo oía, por fortuna razonaba lo oído, pero casi nada podía pensar en hacer al respecto y la trepidación llegaba. No podía repetir el truco, esa maldición particular no funcionaba una segunda vez en una misma persona. No le quedaba más.

- ¡Tendrás que sacarme de aquí! - Espetó, frustrado, más irritable de lo que se había oído a sí mismo sonar en quién supiese cuanto tiempo, aunque la falta de aliento rebajara la voz. Con fuerza aferrado al otro, con el peso de su cuerpo presionándolo ya contra el suelo, falló en sacudirlo o azotarlo hacia abajo por donde sostenía, sin espacio a alzarse a sí mismo tampoco. Sólo conseguía presionar más contra él. Lo único que atinó a hacer fue encajar la rodilla con más fuerza contra la entrepierna ajena, que compartía su herida, a la vez que uno de sus codos pudo hundirse en algún punto del torso con ímpetu suficiente. Haría falta más si se trataba de persuadirlo a la fuerza, pero la posición restringía. No obstante, sin la maldición que necesitaba a su alcance, otra aún reaccionaba por Pelleas; donde yaciera su libro mágico lo oía, y un obscurecimiento artificial se extendía por la habitación, ahogando las velas más distantes en un sólo simultáneo soplido. Al mago rodeaba una presencia distinta, de imponencia tanto mayor a la de su sola persona.
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Re: Was this meant to be a date? [Priv. Pelleas +21 Entrenamiento]

Mensaje por Eliwood el Mar Mar 20, 2018 1:01 am

Tema cerrado. 110G a cada participante.

Niles ha gastado un uso de su arco de bronce.
Pelleas ha gastado un uso de su tomo de Ruina.

Ambos obtienen +2 EXP y +1 Bonus EXP!
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