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Mensaje por Niles el Vie Sep 16, 2016 11:11 pm

Todo tiempo de guerra era difícil para la mayoría de los países pero en donde el sol no salía, los ríos eran de lava y los los campos eran negros y no verdes eran tiempos como cualquier otro. Siempre habiendo conflicto de alguna manera los habitantes de Nohr estaban acostumbrados a estar siempre preparados para la guerra, más aún los que trabajaban en el área del ejército y por descontado el reducido círculo que trabajaba para la familia real. No sabía si era un ascenso o simplemente era falta de personal pero se le habían extendido sus responsabilidades excusándolo de su oficio real como guardaespaldas y puesto a trabajo de campo como espía. Toda nación militar sabía que la información del enemigo era una pieza fundamental así que se tomaba sumamente enserio su trabajo, la ubicación del ejercito enemigo o siquiera saber quienes planean atacar a quien podía significar la victoria y tras todos los problemas que habían pasado con el rey de Daein y su jefe directo, Lord Leon, ya tenía un blanco fijo. Enviado directamente por su príncipe tenía ordenes muy claras que cumplir, no hacia su nación si no que hacia su jefe.

Le había llevado días de rastreo, el príncipe de Daein había pisado Nohr y se le había escapado entre los dedos, lo había seguido por tierra y mar, atravesado Hoshido, lo había visto subir a un barco sin banderas el cual le costó bastante averiguar a donde se dirigía, de echo habían zarpado sin uno de sus marineros que tardó dos días en finalmente confesar... Durban tenía gente dura, tenía que reconocerlo, pero nada más hermoso que escucharlo gritar el nombre de aquel lugar aún cuando el pelibalnco había apartado sus manos de él. Debió de hacer una parada en Plegia y tomar el maldito camino largo haciendo una segunda parada en Lycia, varios días a caballo y finalmente entraba en tierras de Durban. Esperaba que el príncipe siguiese allí al menos, ya estaba quedando corto de fondos y estaba ya cansado de viajar, deseaba quedarse algunos días en un solo lugar y descansar un poco. Por fortuna parecía que aquel hombre encontraba encantador aquel nido de magos, y no le extrañaba, a él le había recibido como la rata más asquerosa de todas, incluso costandole encontrar una taberna que le aceptase regatear su precio, finalmente debiendo de gastar más de lo que le hubiese gustado arreglando dos platas, cinco cobres y tres pieles de liebre por cuatro noches en una habitación para él con cena y almuerzo. Ni siquiera podía ofrecer sus habilidades como cazador, cosa que siempre podía negociar en las tabernas ya que todas necesitaban carne para alimentar a sus huéspedes, pero las malditas islas eran pura costa y no tenía donde demonios cazar, al menos había tenido buena caza en Lycia y haber guardado y tratado aquellas pieles le había servido, las habría podido vender a mejor precio pero no tenía tanto tiempo para encontrar comprador.

Logró volver a tomar el rastro del príncipe de Daein, resguardado en el castillo no pensó que le tomase tanto tiempo salir, ya habiendo constatado que no era un hombre de salir demasiado asumió que esa sería su única oportunidad, no deseaba gastar más dinero en hospedaje realmente. Lo siguió por largo rato, paciente moviéndose a considerable distancia, cubierto con su capa azul y un arco corto escondido entre los dobleces de la tela. Esperó largo rato hasta que finalmente el príncipe salía de una tienda, se había trepado por el lateral de una de las tiendas, la pared de rocas le había hecho buen agarre hasta el techo de esta y dándole un buen ángulo para tomarse su tiempo en apuntar y disparar una única flecha, larga y delgada, era completamente de madera y la punta negrecida de repetidas veces haber sido puesta en el fuego y afilada y vuelta a poner para endurecer y húmeda por una concentración de valeriana, una planta que en reducidas dosis ayudaba a relajar los músculos pero en la concentración y directo en la sangre podría causar fallas musculares, nauseas y posibles desmayos... cosa que el arquero esperaba pero dudaba que pasara por el tamaño de aquel hombre, razón por la que también había optado por debilitaro antes de arriesgarse a ir cuerpo a cuerpo contra él. Sabía que era un mago, lo que no esperaba era un mago de ese tamaño y de hombros tan anchos. Contó sus respiraciones haciéndolas cada vez más lentas hasta detener completamente su respiración y disparar, la flecha silbó en el aire y se clavó en la parte trasera del muslo de aquel hombre. Sin perder tiempo el arquero se levantó y pasó entre los techos para huir de aquel lugar a donde podía llegar a señalar si notaba de donde había venido la flecha. Rodeó el edificio a donde se había subido y bajó a tierra en cortos saltos buscando algún carro o saliente para llegar al piso y volver a asomarse a ver a su presa.


Última edición por Niles el Lun Oct 03, 2016 3:32 am, editado 1 vez
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Mensaje por Pelleas el Sáb Oct 01, 2016 6:05 pm

Tocar tierras seguras era un buen cambio, después del caos de las últimas semanas. Un sitio familiar con el cual reencontrarse, un breve descanso, una separación del tenso escenario del que había huido en Nohr y algo de alivio para sus atribulados nervios. Pelleas no pretendía abusar en demasía de la hospitalidad de Durban, que le amparaba tras su presuroso retiro de Akaneia, mas era innegable su necesidad de parar allí unos días. Requería un escenario pacífico antes que cualquier otra cosa. Y no podía pensar en mejor sitio donde reagrupar, decidir sus próximos pasos y dejarlo todo atrás, sino aquel que estaba decidido a hacer el inseparable aliado de su propia nación.

El percance de Nohr no era olvidado aún, ni conseguía que cesara de agobiarle. Más allá del peligro que había llegado a pisar sus talones, la forma en que él mismo había pensado de la posibilidad de una guerra y las decisiones que en su momento había tomado eran lo que cernía peso aún sobre sus hombros; lo dispuesto que había estado a morir antes que ser usado contra su reino, o matar antes que ser capturado, sin otra opción considerada. Le asustaba, de un modo que nada parecía quitarle. En el momento en que todo había transcurrido, su respuesta había llegado a él de forma automática y natural; nada más que hacer, ninguna otra forma aceptable de pensar. Era tan sólo después, con la inmensidad del mar del sur como separación, que contemplaba con vértigo y extrañeza ese desconocido coraje que en él había surgido. La voluntad y la valentía de otro hombre. Cuando pensaba en lo que podía haber sucedido, no deseaba nada más que no ser él. Contemplaba un incierto futuro y rogaba que la situación entre un reino y otro, suspendida al borde de una inmensa caída, no llegara a peores términos.

Pero todo parecía tan distante y ajeno, habiéndose ido y sin recibir más noticias del asunto. Un mal recuerdo y nada más. Quería creer que así se quedarían las cosas y podría enterrar Nohr en el pasado, antes de que pensar en ello volviese a quitarle el sueño. Y como podía se forzaba a mirar adelante, contemplar su retorno a Daein como ansiado final a la desventurada travesía. Sólo unos días más, sólo un par de asuntos que ultimar, y el hijo errante volvería a casa. Cuales fuesen los fantasmas que pisaran sus talones todavía, en Daein tendrían que perderle, pues su prioridad sería otra.

El último viaje se le haría breve, según creía, pero podría ser peligroso. En Durban tomaba su oportunidad de prepararse debidamente, consiguiendo las provisiones necesarias para proceder sin paradas intermedias, así como los medios para defenderse si resultaba necesario. En ningún sitio podía adquirir libros mágicos con la facilidad que los hallaba en las islas; el precio de las cosas jamás había sido un problema para él, mas sí el simple hecho de hallar tomos de magia oscura que no estuviesen usados y preservados como mera curiosidad, versiones falsificadas y dramáticamente exageradas o nada en absoluto. Allí, había podido hacerse de un Ruina perfectamente nuevo, con aspecto a durarle más que los que había estado utilizando; el tomo que estaría manteniendo consigo, mientras no exigiese la situación que gastara el avanzado y poderoso Worm de su última estadía en Plegia. Con el libro nuevo bajo el brazo, oculto al llevar la capa bastante cerrada en torno a sí, Pelleas salió de la tienda a otra noche de neblina en las islas, encaminándose calleja abajo. Tenía más camino por recorrer aún, otras tiendas que visitar; se cerró el cuello de la túnica un poco más ajustado y apresuró el paso, agachando la cabeza e intentando respirar donde el resguardo de la ropa no helase su boca y su nariz.

No detectó al hombre que le vigilaba ni escuchó la flecha que se precipitó tras él, sino que percibió tan sólo el dolor punzante, incrustado ya el proyectil tras su muslo derecho. Durban era sitio seguro para él; de eso, Pelleas había estado suficientemente seguro como para suspender sus temores y no salir con particular cuidado. El error no fue reconocido sino hasta después de caer de rodillas, ahogando cada posible grito de dolor tras dientes apretados, su diestra tanteando en pánico lo que le había herido y arrancándolo en el proceso. Miró la flecha en el suelo, oscura y ensangrentada. Cien ideas frenéticas surgieron en esos momentos, mas todas ellas apuntaban a Nohr. Con la vista perdiendo enfoque y el muslo donde había recibido el proyectil temblando, tomado por incontrolables espasmos que se esparcían por toda su pierna y subían a su vientre, el hombre de cabello ondulado intentó futilmente alzarse. Volvió a caer enseguida, y sin más remedio que permanecer en el suelo, hizo su mejor esfuerzo por girarse en busca de quien le había atacado, incapaz de mover la pierna afectada o de arrastrarse a sí mismo lejos. Jadeaba más por el pánico de todo ello que por el agotamiento o el dolor, mirando aprisa en toda dirección, sin conseguir a su atacante. El fallo en sus fuerzas se esparcía rápidamente; la mano que sujetaba el tomo mágico perdió agarre en este, dejándolo caer a su lado.

Entonces vio al arquero aparecer, vigilándolo. La única persona allí con él, un hombre adulto, ancho, de cabello blanco y revestido en una capa azul, hasta donde podía discernir con la visión así de borrosa y perdida. Pelleas apretó los dientes con todas sus fuerzas y se movió para apoyar torpemente ambas manos en el libro caído, abierto y con las páginas arrugadas y torcidas. Conjuró a gritos, invadido por la urgencia de lo que sucedía; ominosa, su voz juvenil pero grave generó una lúgubre resonancia en el ambiente y la magia se alzó de las páginas, oscura, caótica y tan agitada como el mago. Las sombras se movieron por el aire a su alrededor en ráfagas, una neblina negra y mucho más pesada que la que cubría la isla, lanzándose frenéticamente hacia el arquero. Poco llegó siquiera a rozarle. Así como el mago se hallaba débil y desorientado, la magia se movía sin control, dispersándose y fallando a su blanco. Pronto, no sería capaz siquiera de invocarla; los brazos le temblaban y se sentía decaer, costándole permanecer despierto sobre el libro. - N-No... no debo... permitir... - Murmuró, justo antes de que sus brazos cedieran. Cayó sobre el tomo abierto, apenas manteniéndose con los codos.
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Re: Was this meant to be a date? [Priv. Pelleas +21 Entrenamiento]

Mensaje por Niles el Lun Oct 03, 2016 5:42 pm

La paciencia era una virtud poco valorada pero sumamente útil cuando se tenía un jefe que le enviaba a hacer esa clase de trabajos, tan cerca de cumplir su objetivo y tras semanas de rastreo y últimos días ya casi sin fondos cualquiera se hubiese precipitado contra e mago caído pero no así el arquero que aguardó confiado que su mezcla hiciera efecto. Tal como cuando se cazaba un animal salvaje aguardo a distancia incluso a la vista del mago oscuro, viéndole caer sobre sus rodillas y entrar en la desesperación admirando sus agallas de quitar de un solo tirón la flecha incrustada cuando otros solo palpaban la zona y no se animaban por miedo a mayor dolor. Sus pasos marcaban un ritmo suave, muy suave al acercarse, apenas haciendo un sonido claro de sus botas algo gastadas sobre el empedrado y sonriendo de manera afilada y ladina pudo ver con placer como su presa iba poco a poco cayendo en la desesperación al comenzar a sentir los efectos del sedante.  El silencio en las calles solo acentuaba más aquella intimidad que ambos comenzaban a compartir, intensificada cuando sus miradas se encontraron pudiendo ver en los ojos violetas del mago la desesperación creciente que comenzaba a expandirse en cada rasgo de su rostro teniendo en contraparte la sonrisa propia creciente que con un jadeo condensó un poco de su aliento en un hálito blanco por el frío del ambiente conteniendo así una corta risa en única respuesta a los gritos de tan conocidos versos que él no entendía pero identificaba.

La masa negra se arremolinó alrededor del mago, violenta como serían las olas del mar en medio de una tormenta nocturna y pronto las estrechas calles quedaron sumidas en oscuridad, su voz tembló en un quejido víctima del miedo que lejos de espantarlo solo avivaban sus ganas de quedarse a ver que ocurriría. Solo sabía que el príncipe era un mago oscuro y hasta el momento el mago oscuro más poderoso que conocía era su propio príncipe pero aquella aura de terror que comenzó a expeler el mago presionaba su pecho de una forma que nunca antes había sentido, sus manos temblaban aún sujetando el arco corto y un par de flechas entre sus dedos. La oscuridad movía sus cabellos y los bolados de su capa como un viento gélido que hacía arder su piel y sus pulmones al respirar - Ruina... es hasta casi tierno que pienses que con eso podrás hacerme retroceder. - avanzó y sus pasos ya fueron un poco más firmes, un cosquilleo doloroso se extendía por su cuerpo pues pese a que no estaba siendo atacado directamente la ferocidad de aquella magia llegaba a rozar sus sentidos, tragó saliva y respiró profundo intentando acostumbrarse a aquella energía, tan predispuesto a esta que por un momento la misma no pareció sentirle como un enemigo - Que sepa que he resistido peores tomos que este, príncipe Pelleas. Si no se resise será todo más sencillo, aunque si se resiste todo será más divertido. Mhg.. - la presión en su pecho le hizo perder el aire tras forzar tantas palabras en medio de aquella marea tormentosa de oscuridad que poco a poco se dispersaba sin mucho control.

Le tomó unos segundos recuperar su aliento y acercarse lo suficiente como para patear lejos el libro que aún sujetaba el mago, tan peligroso como una espada o quizás aún más, con esto la oscuridad terminó de desaparecer por completo - No te hará daño, el efecto dura apenas unas horas, quizás quieras dormir una siesta y me dejas encargarme de todo. - ya poco a poco recuperando control sobre los temblores de su cuerpo pero aún tenso por la adrenalina liberada por el miedo se dirigió hacia el libro, doblando sus rodillas se inclinó hacia el tomo pateado y lo levantó ojeando un poco su contenido constatando que no tenía demasiado uso lo metió dentro de su bolso y guardó así también su arco y flechas para tener sus manos libres. Volvió con el príncipe y lo observó en el piso, la larga capa y sus manos repletas de anillos, definitivamente era un noble por donde sea que se le mirase, amagó de recogerlo del piso pero nuevamente su cuerpo dudó como un venado que duda de ir a beber agua cuando ve un tronco flotando que podría ser un cocodrilo. Relamió sus labios aflorando un sonrisa de satisfacción y finalmente se acercó para tomarle del brazo y levantarlo, más liviano de lo que había esperado por su altura. Tenía un lugar ideal para él, un sótano de una casa en la costa, el único dueño y habitante había aceptado una sustanciosa suma de oro por prestar ese lugar por unos días y era la razón principal por la que el arquero estaba buscando hasta por debajo de las piedras por cobres o siquiera comida. No podía hospedarse allí o podría ser rastrado incluso antes de llevar al príncipe y cubriendo con cuidado cada rastro que pudiese apuntarle a él había tomado precauciones extras incluso. Si el príncipe colaboraba en lo más mínimo, sea perdiendo el conocimiento o no luchando llegarían pronto al oscuro sótano.
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Mensaje por Pelleas el Miér Oct 26, 2016 1:33 am

Pelleas podía ver ya con claridad los rasgos del arquero, hasta donde se lo permitiese su propia visión desenfocada y borrosa. No se lo impediría la distancia, pues el hombre jamás había dejado de avanzar hacia él; tampoco lo haría la magia, pues con escasa duda el arquero se adentraba también entre la oscuridad que les envolvía, apareciendo impertérrito y sin heridas ante él. El rostro, como ya había supuesto, no era uno conocido ni vislumbrado siquiera antes, pero era uno que ahora podría asegurarse de recordar. Gravó en su memoria el único ojo azul, el izquierdo, entrecerrado en una expresión que no podía ni quería leer en exactitud, acompañando a una inquietante sonrisa. La tez oscura, el parche sobre el ojo derecho, el cabello blanco y la vestimenta de corta capa azul serían memorables, por cuanto el pánico de la situación hacía que todo su mundo se centrase alrededor de ese sonriente personaje. Fuese quien fuese, no lo olvidaría, ni su aspecto ni su grave y cascada voz.

Podría haberle atacado con algo más fuerte, si no fuese sólo Ruina lo que tenía entre manos en la inesperada situación, o si no fuese sólo aquel tomo el que había caído abierto al suelo. Sin embargo, de ser verdad sus palabras, escasa diferencia habría hecho de todos modos. Y Pelleas se inclinaba a creer que lo eran; la magia rozaba cercanamente al arquero, mas no parecía afectarle como debía ni persuadirle de retroceder. Le hacía sentir más acorralado aún, viendo su único medio de defensa hacer poco más que acariciarle el cabello al hombre, aislándolos juntos en el entorno obscurecido que creaba. Supo que nada serviría, que continuar atacando sería inútil, que tan sólo se agotaría más a sí mismo, pero no halló la serenidad de detenerse. En algún lado debía aplicarse su desesperación, y así era como terminaba. Agotado y apoyándose sobre las páginas de aquel libro, gastándose en conjuro tras conjuro, pues físicamente nada más podía hacer. Hasta que toda magia falló, perdida inútilmente entre la neblina, y él varón llegó a él. Inimpedido, tal como decía, mas no inmune.

- ...t-tus manos tiemblan... al menos debió de doler. - Le respondió, escuchando su propia voz lejana y queda a causa del insistente pitido en sus oídos. Lo veía; no dejaba caer su arco ni había detenido su avance, pero ambas manos temblaban de forma notoria. Era algo, fuese por el dolor que la magia le hubiese ocasionado o la maldición que el príncipe inconscientemente invocaba a su alrededor. Cuando el libro fue pateado de debajo de sí, la agitación en el mago consiguió que intensificara aquel encantamiento, dirigiendo al extraño una mirada exasperada y obscurecida mientras invocaba con verdadera voluntad la peor aura de la que podía rodearse. Era todo lo que tenía. La oscuridad en él, eterna compañía y consuelo para tan solitario hombre, era lo que se alzaba por él cuando nada más podía protegerle.

Pelleas apretó los puños y se enfocó en ello, aunque apenas podía mantenerse despierto ya. Los espasmos musculares habían dejado lugar a nada más que un cansancio profundo y pesado, del que sus extremidades casi no l respondían ya, todo el cuerpo exigiéndole descanso. Cuando el arquero le levantó del suelo, no logró un movimiento coherente para impedírselo, tan sólo sorprendiéndose de la fuerza con que debía contar. Pudo ver aquella afilada sonrisa más cerca que nunca, con creciente aprehensión; despierto sólo por el pánico de todo, seguramente. - ¿Por qué... haces esto? Se trata de Nohr, ¿no es así? Nohr... - Cuestionó. Si así era, sabría que su vida peligraba. El lugar al que el hombre deseaba llevarlo seguramente fuese el lugar donde lo ejecutaría. Y sin respuesta podía asumirlo ya, buscando con desesperación algo más que pudiese hacer al respecto.

La maldición jamás había sido tan intensa en torno a él, pero no era suficiente. Ni con la inquietante aura que se acrecentaba, acompañada de la mirada desafiante del príncipe que sabía que era eso o morir, conseguiría dar por derrotado al arquero. Aún así se encomendó a ello, mientras con torpeza y pesadez llevó su mano a la muñeca ajena, apretando, intentando torcer y apartar. No lograba mucho pateando, no conseguía hacerlo con fuerza, mas los gruesos anillos en sus dedos compensaron por la debilidad del puñetazo que atinó a darle. Algo cayó en el lugar correcto, pues el príncipe sintió que su capa se deslizaba fuera de agarre y él mismo bajaba de regreso al suelo, trastabillando un par de pasos hacia atrás antes de caer por completo. Quería alejarse, aunque debiese arrastrarse para hacerlo, pero el sitio donde cayó fue el sitio donde su cuerpo dejó de reaccionar, dejándole con la capa esparcida a su alrededor y el desordenado cabello cubriéndole la vista. La maldición menguaba, apagándose.
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Re: Was this meant to be a date? [Priv. Pelleas +21 Entrenamiento]

Mensaje por Niles el Sáb Nov 12, 2016 3:59 am

La flecha había temblado sobre la curvatura del arco produciendo un sonido cliqueante que no habría podido disimular ni de haberlo querido, el silencio del lugar era demasiado como para que ese agudo sonido no fuese fácilmente detectable como el temblor de sus manos así que ni siquiera lo negó cuando el mago le hizo notar su temblor mostrando solo su sonrisa como respuesta. Con miedo o no, temblando o con el pulso firme, el arquero había avanzado y había continuado con su trabajo incluso si este le llevaba a una muerte segura. Su vida no era suya y una vez que la mente humana asumía eso era impresionante hasta donde podía llevarle la carencia de un deseo de supervivencia. Le ardía respirar, toda su garganta parecía al rojo vivo con cada bocanada de aire que tomaba, como miles de agujas enterradas en los mas profundo de sus músculos aún tenía los efectos residuales de la oscuridad que había ingresado en él. Dolía, sí, la magia le afectaba así como le afectaría un golpe en un brazo, el dolor estaría allí pero la costumbre lo hacía soportable y no le impedía continuar y había recibido peores castigos con magia oscura. Aunque había un factor que no había sentido en tanta intensidad y no era el dolor lo que mantenía el temblar de sus manos o la tensión de sus músculos si no el miedo, aquel sentido tan básico que alimentaba constantemente su cuerpo de adrenalina preparándole para huir pero que el arquero tan bien lograba reprimirlo, sin embargo el miedo seguía ahí presente presionando su pecho y haciendo que cada movimiento hacia el mago fuese una lucha interna de voluntad contra instinto. Su naturaleza de abandono por la seguridad propia por seguir ordenes había funcionado de maravillas en otras ocasiones poniendo de lado el miedo y lanzarse a las misiones más suicidas sin embargo allí estaba presente como nunca antes incluso haciéndole emitir pequeños quejidos en su respiración de manera involuntaria. Por un momento juraba que podía sentir una tercera presencia intangible que crecía alrededor del mago protegiéndole y era a eso lo que su instinto tanto le gritaba que huyera y salvase su vida. Pero tenía trabajo y no podía permitirse rendirse ante si mismo así que sus pies siguieron avanzando y sus manos tomaron al mago de todas maneras.

Había esperado que el hombre se resistiera pero confiaba que las sustancias ya hubiesen hecho efecto suficiente como para que no pudiese moverse pero el príncipe mostraba tener más resistencia de la que aparentaba al removerse suficiente como para lograr atinarle un pesado puñetazo en el costado de su rostro cerca de su oído, los gruesos anillos hicieron que el golpe fuese contundente y por un momento perdiese la visión y un mareo le obligase a soltar al príncipe para intentar agarrarse de algo para no caer. El cuerpo del mago oscuro cayó a un costado y el peliblanco trastabilló al lado opuesto golpeando con su cuerpo un barril del cual se sujetó mientras recuperaba la vista casi al instante y su mundo volvía a tener pies y cabeza - Wow... tienes más fuerza de la que tu cuerpito escuálido muestra, felicidades a ti que sabes donde golpear. - decía con creciente sarcasmo tocando el costado adolorido pero sin encontrar sangre se acercó al príncipe y solo por devolverle la misma moneda descargó una patada en la cabeza sin ver exactamente en que parte ya que los cabellos ondulados algo largos del príncipe de Daein estaban despeinados sobre su rostro. No respondió ninguna de las preguntas y afirmaciones que daba el hombre sobre su procedencia ya que tenía ordenes sumamente claras al respecto.

En su segundo intento de levantarle se encontró con un cuerpo suelto y posiblemente sin consciencia, tomó aire y notó que el dolor ya estaba pasando así como aquel molesto miedo que le hacía dudar en sus agarres y movimientos. Ahora con seguridad lo levantó sobre su hombro pasando el brazo del príncipe por detrás de su cabeza para sujetarlo con la mano opuesta al hombro donde el mayor peso descansaba. Ahora venía la parte más difícil que era llevar a aquel hombre de clara apariencia de noble, cargado sobre el hombro de su persona, persona de apariencia claramente de los bajos barrios, por las calles de una ciudad donde los guardias pasaban cada momento del día. Tenía vista las rutas de vigilancia pero no era una seguridad así que se mantuvo por los callejones y calles más apartadas de las principales, tomándose su tiempo para observar bien antes de salir al descubierto y pasar rápido de entre unas casas y otras hasta finalmente llegar al lugar. Abrió la puerta y dejó caer el cuerpo en la entrada cerrando y asegurando la misma con un grueso pasador.

Cuando el príncipe despertara estaría sentado, firmemente atado a una mecedora simple y rústica de la casa, sus pantorillas atadas a las patas, su pecho al respaldo y sus muñecas a los posabrazos, su cabeza descansaba en el alto respaldo e incluso se había molestado en ponerle una pequeña almohada para que no se cayera a un lado, también sus pies descansaban en l curva de madera que servía para mecer la silla. Le había quitado el bolso que llevaba así como todos los anillos de sus dedos y cuanta joya encontró al alcance, sería un pago extra. La habitación no tenía ventanas y las paredes de piedra y techo de madera le dejaría en claro que estaban en un sótano con bastante olor a humedad y la luz solo provenía de una vela sobre una mesa que junto con la silla eran los únicos dos muebles en esa área aunque a un lado se veían grandes cajas y muebles en desuso con bastante polvo encima. Sobre la mesa se llegaban a ver diversos objetos pero difícil de ver cada uno por separado por el desorden que tenía allí, aunque brillaban a la luz de la vela el dorado de los anillos sobre la mesa. El peliblanco esperaba con calma que el príncipe se despertara, sentado en el piso arreglaba las colas de sus flechas quitando las plumas rotas y poniendo plumas nuevas en las hendiduras de la varilla de madera.
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Mensaje por Pelleas el Miér Nov 30, 2016 10:26 pm

El hombre que Pelleas asumía como asesino no estuvo lejos de él por mucho tiempo. Agotada ya toda forma de evitarlo, el mago apretó los dientes en desesperación y furia hacia sí mismo por terminar de ese modo, habiendo llegado tan lejos, mas apenas al umbral de sus verdaderas metas sin cumplir. Y lo peor era que el hombre no le daba la respuesta que más necesitaba; palabras que quería oír de él, aunque en fuero interno había asumido ya cual era la mano ejecutora que venía a su cuello. No conseguiría saber con certeza si se trataba de Nohr. Cual injuria sobre herida, la patada vengativa del arquero dio contra la mandíbula de Pelleas como lo último que sentiría en consciencia, con el mundo cerrándose y obscureciéndose frente a sus ojos. Profirió un grave quejido. Sin embargo, no fue esta lo que terminó de hundirlo, sino el golpe que causó de su cabeza contra el suelo, a la vez que el doloroso chasqueo de sus dientes al cerrar de golpe. Tan pronto como aquel dolor llegó, todo lo demás se borró y el príncipe quedó lánguido en el suelo.

Bajo el efecto de la flecha envenenada no soñaría, ni percibiría realmente el paso del tiempo entre el instante en que la patada empujaba su cabeza y el instante en que recobraría el sentido, en un lugar completamente distinto. Tan sólo despertó incrédulo, impresionado de volver a sentir y pensar, vivo todavía. Ya no había dolor alguno en su rostro. Sin embargo, fue inevitable su sobresalto inicial, con que tiró la almohada tras su cabeza y ocasionó un confuso movimiento de atrás hacia adelante, al desequilibrar su peso sobre la silla mecedora. Sus ojos se abrieron ampliamente en la habitación oscura. En la penumbra a la que su vista todavía no se adaptaba del todo, era imposible discernir qué era qué. Creyendo que caería, Pelleas se removió con más fuerza, hallando rápidamente sus extremidades atadas contra el asiento, así como su torso imovilizado contra el respaldo. Con un grito ahogado entre dientes volvió a intentarlo, jalando y torciendo cuanto podía, con el miedo disparándose a vertiginoso nivel y el pulso muy perceptible en su garganta. No podía hacer mucho más que raspar sus muñecas y tobillos contra las ataduras, arañando el final de cada posabrazos, y hasta causando que la base de la mecedora se arrastrase con un chirrido al removerse con demasiada brusquedad sobre esta.

Una inclinación demasiado pronunciada hacia uno de los lados causó que la silla cayera, con el mago atado aún a esta y dando de costado contra el frío suelo. El golpe fue seco y breve. Y fue aquello lo que detuvo finalmente sus intentos, dejándole con los dientes apretados y un desesperado nudo en la garganta, sin más opción sino yacer al fin. Aún vivía, pero había sido capturado. Jamás habiendo participado en movimientos de guerra reales, ni siquiera habiendo tenido un sólo verdadero combate con un hombre vivo, el príncipe sabía apenas de sus libros y registros lo que una captura por un bando enemigo significaba; y su imaginación revivía en todo detalle aquellas lecturas, surgiendo por sobre todo los más horrorosos episodios, que otrora leyese con particular curiosidad. Temía por más que su vida.

A la escasa pero cálida luz de la única vela, finalmente vio el cabello blanco y la tez oscura del arquero otra vez. De inmediato el príncipe volvió a tensarse, mas no hubo sobresalto ya, sino un instinto y casi imperceptible temblor en las manos atadas. - Est-Estás aquí... - Al hablar, su voz se vio amplificada por el silencio entre las paredes de roca y el reducido tamaño del sótano, haciéndola fácil de oír. - P-Pensé que me m-matarías, pero y-yo... pero... - Entre tartamudeos y dudas, las palabras salieron sin que planease propiamente lo que deseaba decir. Había mucho que hubiese deseado decirle o preguntarle al hombre, mas nada venía con claridad a él, demasiado confundido aún.
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Re: Was this meant to be a date? [Priv. Pelleas +21 Entrenamiento]

Mensaje por Niles el Lun Ene 30, 2017 9:47 pm

El silencio era acogedor, la oscuridad tranquilizadora, solo la vela cercana a él brindandole la luz necesaria para su tarea, eran momentos así que su mente encontraba la turbación de estar en soledad consigo mismo, cuando no podía ocuparla en otra cosa que intentar recordar su pasado y revivir, de una forma masoquista no placentera, las pesadillas que había tenido la noche anterior. El mantener sus manos ocupadas ayudaba en cierta medida pero no tanto como para calmar las turbaciones de su mente, intentaba pensar conscientemente en todo lo que estaba haciendo, repetirse en su mente las ordenes que Leon le había dado, de pensar conscientemente que pluma utilizar y cual descartar, como cortarla metiendo la uña en medio del canuto para que rompiera parejo todo a lo largo. El pequeño ruido de la mecedora moviéndose como indicio de que quien estaba en ella se estaba despertando fue un alivio para el peliblanco.

Esperó tranquilo, bajando las flechas al piso y acomodando el resto de plumas entre dos placas de madera para mantenerlas secas y lisas, ató con una piolita las dos placas de madera y las metió dentro del boso de cuero cosido que tenía al lado, tiró dentro también el enrredo de finas fibras de caña que usaba para atar las flechas y cerró con la hebilla de madera. Nada de su equipamiento podía ser fácilmente reconocible como de Nohr, las flechas eran hechas por él en su mayoría, sus arcos eran conseguidos a lo largo y ancho del continente y ninguno de la armería del castillo, su ropa no era del negro carácterístico del ejercito de dicho país, tampoco tenía insignia alguna ni tampoco sus accesorios. Lo único que portaba directamente del ejercito de Nohr eran los guantes de arquería de cuerno negro, delgados y flexibles con buena tracción, solo teniendo tres dedos dejando el pulgar y el meñique desnudos en su mano derecha y el meñique y anular en su mano izquierda, ajustados de forma acordonada en las muñecas aunque se los había quitado para la tarea. Rió bajo y ronco cuando la silla terminó en el piso y se levantó rodeando al príncipe, en principio sin responder sus palabras solo levantándole y volviéndolo a acomodar dando un pequeño empujón para que quedase hamacándose. Se posicionó delante de él para que pudiese verlo aunque de lado a la vela solo la mitad de su rostro se dejaba ver, su ojo celeste y tez oscura asomando blancos dientes en una sonrisa - Vales mucho más vivo que muerto, no debería sorprenderte estar con vida. Tengo bastantes preguntas que hacerte y sería más fácil pero menos divertido si me las respondes de primera. ¿Serás bueno? - la melosidad de su voz tomaba cierto aire pervido cuando su rasposidad natural arrastraba alguna que otra palabra. Le dio el espacio para responder, la punta de su bota apoyada en el arco de la silla manteniendo el movimiento como quien acuna a un infante en su cuna.
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Mensaje por Pelleas el Mar Feb 21, 2017 4:58 pm

- Mis... joyas... - Se susurró a sí mismo. Lo único que faltaba sobre él, hasta donde podía notar, eran los anillos que tanto se había acostumbrado a sentir en sus dedos, así como los brazaletes gruesos pero livianos que sujetaban de forma más ajustada las mangas color vino a sus muñecas, bajo la túnica azul oscuro. El oro, las gemas y la ropa fina lo habían separado de sus mucho más humildes inicios para hacerle, en efecto, el hijo de un rey que nunca había conocido; la carencia de cualquiera de esas cosas era íntimamente extrañada, en cuanto la notaba. Con desazón, cayendo pieza a pieza en cuenta del aciago destino con que se hallaba, Pelleas sintió sus manos temblar con cada vez más violencia. No había posible defensa. Estaban solos, en aquel sitio aislado. Sus armas, sus tomos de magia, estaban fuera de su vista y del alcance de sus manos atadas. Lo que fuese a sucederle estaba a antojo y decisión del hombre presente allí con él, y aunque tal decisión no pareciese ser matarlo, había mucho más a lo que podía tener. No era una persona valiente, jamás había pretendido siquiera serlo, y en un momento como aquel no había huída de su propia naturaleza. Temía. Desde el suelo y sin poder hacer nada más, con el costado contra la roca, su mirada siempre algo decaída siguió al otro hombre en cada uno de sus movimientos, hallándolos demasiado lentos para su tranquilidad. Se acercaba, y con ello la ansiedad de Pelleas crecía cada vez más.

La silla fue levantada y él, atado a la misma, también lo fue. Sin aparente esfuerzo se le volvió a posicionar como originalmente estaba, e inclusive hamacado nuevamente, por algún motivo. La madera crujía de forma muy tenue en lo más frontal de aquel arco. Evitando mirar al extranjero al rostro, Pelleas mantuvo la cabeza tercamente gacha, con el cabello cayéndole sobra la mirada y el cuerpo en un estado de desmedida tensión, esperando un horror que no llegaba. A la luz de la única vela, distinguía hebillas y detalles claros pasar frente a sí, mas no los miraba. No podía hacerlo. Inclusive cuando el arquero se detuvo ante él, así permaneció, en su suspendida ansiedad. La voz que le habló no hizo mucho pr disminuirla, aunque poco a poco dejaba en claro que no sería atacado de súbito. El arquero sonaba demasiado relajado como para ello, con el bajo tono de una conversación secretiva e íntima; de alguna forma le avergonzaba sólo que le hablara con esa arrastrada entonación, independientemente de las casuales y a su parecer inocentes palabras. Sin comprender que era algo propio del otro, sino intencionalmente hecho, sólo agachó la cabeza más aún en verguenza, hasta ladeándola hacia un costado, abriendo y cerrando la boca antes de lograr articular respuesta.

- ¿Pre-Preg-Preguntas...? - Se le dificultó dar una sola palabra de corrido, tartamudeando como hacía tiempo no lo hacía. Su tono no era particularmente agolpado, su voz baja no reflejaba un exceso de pánico, pero no podía evitar que su lengua trastabillara. - Si q-- si quiere que h-hable sobre al-algo, p-puede decírme q-qué es... - Respondió. Sabía que las cosas tendrían que dar un giro terrible pronto, no había otra respuesta a una situación como aquella, pero de momento, todo lo que podía hacer era averiguarlo. Entre más rápidamente, mejor. - P-Pero no comprendo... lle-llegar hasta esto... - En un murmullo agregó. No comprendía aún por qué un secuestro, pues de eso se trataba lo que sucedía, habría sido necesario. No entendía por qué a él, qué podía saber de importancia y otras muchas cosas más, sobre la situación y hasta sobre su captor, pero eran demasiadas como para saber dónde comenzar a plantearlas. No creía contar con la oportunidad. Y la silla seguía su vaivén en los momentos acortados, constante, un poco mareador ya para el mago que lo seguía demasiado fijamente, además de contar con insistencia sus momentos entre crujido y crujido cuando se adelantaba a su máximo punto. Manteniendo su tono como siempre, cortés, como si hasta en su posición de cautivo no quisiera incomodar, habló. - L-Le agradezco si detiene eso. -
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Mensaje por Niles el Dom Abr 16, 2017 8:29 am

La tenue luz de la llama sobre la vela temblaba, había un ligero movimiento de aire que se colaba bajo la puerta pero era demasiado leve para ser percibido por los dos presentes aunque si por la llama. El ambiente frío y húmedo del lugar cercano a la costa habían hecho un excelente trabajo para hacer aquel sótano un cultivo de hongos entre el polvo dejando un aroma muy poco agradable, en los rincones la luz tenue hacía brillar las telas de araña de grandes extensiones y complejidades dando a entender que el pequeño arácnido (o no tan pequeño, no estaba a la vista) había tenido su buen tiempo para diseñar su hogar. La misma luz desdibujaba un poco los rasgos del arquero que sin borrar su sonrisa seguía examinando el rostro nervioso del príncipe. Lo veía grande en tamaño pero no con la fuerza que uno esperaría de un hombre de su altura, tampoco con el valor y arrogancia de alguien de su título y procedencia. Había escuchado un poco de Daein, no demasiado, apenas había tenido tiempo de hacer un mínimo de investigación antes de ir a seguirle el rastro, había hablado con un par de sacerdotes de los templos de Nohr donde había estado el príncipe y le habían dicho que Daein era un país con grandes fuerzas militares, su señor le había aclarado que su gobernante era un hombre ignorante y bruto, por lo que no necesitó demasiado para hacer dos más dos y asumir que Daein era un país de guerreros sin cerebro y mucho músculo que solo piensan en sangre y darse de palos con acero en la cara los unos a los otros. Se sorprendió cuando se encontró con aquel hombre de mirada caída que le miraba con temor.

La voz tartamuda y baja del príncipe se escuchó clara en el silencio solo interrumpido por el crujir de la mecedora sobre el piso de piedra y el arquero mostró aún más sus dientes en su sonrisa - Realmente no tienes mucha idea de la vida si aún no entiendes del peligro de un príncipe caminando solo sin seguridad en un país extranjero, sobretodo siendo de Daein... tu padre tiene muchos atrás de su cabeza ¿sabes? - hablaba lento y modulaba bien sus palabras, un acento bastante neutro y con la rasposidad de su garganta parecía poder disfrazar lo poco que podría notarse - Me costó encontrarte pero claramente fue mucho más sencillo llegar a ti que a tu padre. - empujó con su pie el borde del arco de la mecedora empujándola hacia atrás deteniendo el vaivén dejando la silla inclinada hacia la espalda del príncipe, el cuerpo del arquero se acercó un poco más hacia él y se podía ya ver más claro que uno de sus ojos estaba cubierto por un parche de cuero con una cruz bordada sobre este - Buu... ¿realmente vas a cooperar tan fácil? Bueno... cuéntame entonces un poco sobre la milicia de Daein y que pretende hacer a futuro con ese ejercito creciente que tiene. - apoyó una de sus manos sobre el brazo ajeno como si fuese el posabrazo directamente de la silla.

Las ordenes de Leon habían sido bastante sueltas por lo que para poder complacerle tendría que trabajar tan amplio como pudiese esperando que algo de lo que iba a reunir fuese lo que necesitaba el joven príncipe para sus planes, sean cuales fueren, no estaba en su posición cuestionar o siquiera consultar sobre lo que necesitaba, solo obedecer. Y eso hacía. Apostaba más derechamente que conseguiría lo que buscaba en el príncipe de Daein y si evitaba acercarse al país en si tendría menos chances de ser atrapado y terminar él en la posición que estaba ahora el pelivioleta y comprometiendo a su señor.
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Mensaje por Pelleas el Mar Mayo 09, 2017 11:30 pm

La exaltación por el escenario en que se veía tenía su pulso tan enloquecido que lo sentía golpear en sus cienes, el sudor frío ya presente tras su cuello y su concentración en un limbo entre esperar con excesivas ansias cada palabra de su captor, y ser incapaz de percibir su significado. Fue sólo gracias al relajado tono del arquero, sumado a la lentitud con que parecía que adrede se expresaba, que Pelleas pudo seguir con claridad lo dicho. Tragó saliva. Ese hombre sabía exactamente su identidad. No obstante, no era él a quien habría tenido como blanco originalmente, sino al rey de Daein. Usualmente ágil en pensamiento, en ese entonces Pelleas tardó largos momentos en entender todo lo que aquello significaba e implicaba, mirando al rostro del hombre de tez oscura y temblando en su forzado lugar. No era sorpresivo que su padre tuviese enemigos, no sólo por su breve conflicto con Nohr sino también en el continente. En los años a su lado, Pelleas había oído numerosas veces de su enemistad hacia Crimea, que jamás había visto mutua mas creía como tal si su padre lo decía. Begnion también era una posibilidad, por conflictos más dormidos pero a su vez más antiguos. De Nohr lo anticipaba más, dados los sucesos recientes, mas aún así, fuera cual fuera el origen de las ordenes que aquel misterioso hombre llevaba a cabo, el punto era que no habían conseguido ejecutarse en exactitud. En esos momentos, era lo que más relevante lucía para el joven heredero al trono.

- Q-Que... a-alivio... por mi rey... - Murmuró, apenas sacando voz al soltar al mismo tiempo todo el aire de sus pulmones. La situación se había esclarecido levemente, horrenda aún, pero al menos sabía que el objetivo del oculto enemigo no era cumplido. - N-No, nadie p-podría llegar a él... - Agregó, casi que hablando para sí mismo, aunque en el frío silencio del sótano casi vacío era de esperarse que nada escapase a los oídos del arquero, cuando no era el tartamudeo del príncipe el que impedía que se le entendiese. Su rey, su padre estaría a salvo, y tenía fe en que continuaría estándolo, ubicado todavía en Daein, rodeado de sus mejores tropas y tan inquebrantable contrincante como él sabía que era. El sólo alcanzarlo era un reto descomunal, y aún entonces, engañarlo o vencerlo lo sería en igual medida. En cierto nivel se alegraba de que, con esas condiciones, el único miembro de la familia real lo suficientemente débil como para ser arrinconado fuera él mismo. Prefería caer él en captura que saber a su padre siquiera en riesgo. - Y yo-- yo no s-soy tan importante. -

El alivio de saber lo que ocurría, como también que podría haber sido mucho más preocupante, no quitaba que temblara todavía. Al menos no temía que grandes consecuencias se desataran sobre su tierra patria, pero las inmediatas y personales persistían, las consecuencias que fuesen a recaer sobre él mismo por ser quien estaba allí, atrapado y atado a la silla. No podía evadir ese terror. Al menos, el rítmico y enloquecedor crujido de la silla cesaba cuando Niles la detenía en una fija posición, dejando a mago oscuro algo reclinado, tensando el cuello para mantener la cabeza un poco adelantada y no caer laxo hacia atrás. Inclinado por sobre él para mantener la silla de ese modo, el extranjero le sujetaba por el brazo, dejando en suma notoriedad el extremo temblor en las manos del daeinita. Lo que pedía era información sobre las fuerzas del reino. Información a puntada a combatirlo, seguramente. Pelleas comprendió finalmente la importancia que se esperaba que tuviese.

- ¿E-E-Eh? - Tartamudeó inútilmente. Su padre jamás había compartido demasiado con él. Era un heredero inepto, o lo había sido hasta el último momento de ver a su progenitor, jamás incluido en planificación de importancia o decisiones. Y sin embargo, a su pesar, sabía más de lo que en ese momento quería saber; una posible defensa de Nohr, el próximo anexo de Crimea, intenciones inconclusas que podían recaer tanto en Begnion como en los países subhumanos que lucían vulnerables. Lo que conocía era lo que podía traicionar; aquella idea le hizo torcer el gesto en desazón, acongojado. Su tartamudeo podía disimular tanto como podía remarcar su nula habilidad en mentir. - So-Solo nos d-defen... d-defendemos de los emergidos, c-como todos... -
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Mensaje por Niles el Lun Mayo 15, 2017 6:37 am

La respiración de su capturado parecía agitarse con sus temblores, si soltaba su pie seguramente se mantendría en movimiento de la hamaca con solo sus temblores... quizás exageraba pero le divertía pensar que era así, sobretodo cuando sus palabras reflejaron un claro tartamudeo. Había visto que era un hombre alto, le había sabido golpear y se había resistido muy bien, había mostrado ser un mago oscuro más tembible que su señor Leon sin embargo ahora temblaba como una hoja seca en otoño. Había visto ese efecto decenas de veces, hombres fuertes y rudos romperse tras los primeros minutos de tortura, incluso segundos, los había visto escupirle en la cara, insultar a su madre y a toda su familia, jurado que no dirían nada y sin embargo entre mocos y lagrimas gritaban lo que sea que tuvieran para decir. Este parecía que sería más sencillo y ya comenzaba a ver las primeras grietas de la rotura que esperaba que tuviese. Y el arquero sonreía como si lo disfrutase cada segundo.

La voz casi tímida del mago se escuchó con suma claridad en el silencio de aquel lugar y la mirada del hombre peliblanco se clavó en el rostro ajeno, sobretodo cuando su índice flexionado y su pulgar sujetaron el mentón y le elevó para que le mirase - Nadie es inalcanzable, pero tu exposición era casi que insultante para no seguirte. Como dije, eres mucho más fácil de alcanzar y te consideres o no importante, lo eres. - no descartaba nunca la posibilidad de presionar la mente del joven, de sugerirle posibilidades que Niles sabía que no ocurrirían ya que comprometerían a Nohr pero que serían fatales para Daein. Había estudiado un poco sobre su objetivo, lo básico para poder hacer bien su trabajo y sabía que el príncipe de Daein había sido presentado hacía relativamente poco, o así se lo había dicho Leon con molestia. Los detalles más finos los desconocía pero trabajaría con la improvisación - Eres el príncipe de Daein, incluso si tu padre no diese ni un cobre por ti ¿tienes idea el golpe al orgullo que sería para él si se hace público que su hijo fue capturado? La imagen impenetrable del gran Daein que nadie puede tocarlo es tan alcanzable que un solo sicario puede arrebatarle a su hijito de la cuna, no sería difícil imaginar que si un solo hombre puede quitarle el heredero a Daein un ejercito pueda quitar a su rey. - sembraba paranoia con sus palabras y manteniendo el mismo tono lento acentuaba aquel sentimiento. Teniéndole tan cerca a su rostro sonrió mirando con mayor detenimiento lo que tenía en frente, un rostro claramente masculino pero delgado, de ojos ligeramente caídos y preocupados, sopló contra su frente para despejar de cabellos esta y ver el sello que marcaba su frente aunque ignoraba su significado. Llegaba a la conclusión que le gustaba lo que estaba viendo.

Retiró sus manos de su mentón y también su pie cuando retrocedió dejando la silla moverse libremente - No te creo. - dijo con demasiada simpleza. Y volviéndose sobre la mesa tomó el cuchillo que había estado utilizando para tallar la madera para confeccionar sus flechas. De espaldas aún a él siguió hablando de la misma manera lenta con una entonación que parecía estar sugiriendo un trato indecente más que explicando y explayando su punto - Daein ya está libre de emergidos, no tienen nada de que defenderse ahora. - las noticias volaban y sobretodo de aquellos que habían triunfado y los que habían perdido, Daein había sido de los pocos que podían gozar de victoria y teniendo a Nohr de ejemplo, los que habían sabido hacerse libre eran países o ricos como Altea y Begnion o fuertes militarmente como Nohr y Daein, y sabía que los primeros lo habían logrado por que el oro siempre significaban más tropas, más armas y más recursos, incluso si no eran de sus propias tierras. No se equivocaba al decir que Daein era fuerte, cuanto menos tanto como Nohr y eso ya era de preocuparse para el país del dragón oscuro. Se giró y con el cuchillo en mano intentó una vez más - Ya no tienen que pelear contra los emergidos así que... ¿cual es el próximo objetivo de Daein? - preguntó y apoyando su mano libre en el pecho del príncipe lo recorrió desde sus pectorales hasta el cuello donde coló sus dedos entre los dobleces de la tela que cubrían la hilera de botones, colocando la punta del cuchillo en donde había abierto comenzó a bajar cortando uno a uno los hilos que unían los botones a la prenda abriendo la misma y apartando la primera capa de ropa del príncipe en camino a exponer su pecho.
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Mensaje por Pelleas el Lun Mayo 22, 2017 2:52 am

El hombre podía obligarle a alzar al rostro, mas no a mirarle de forma directa por mucho tiempo. Con el mentón entre los dedos ajenos, Pelleas no demoró en volver a apartar la vista, enfocándola en el parche y su cruz bordada en lugar del ojo sano. Su expresión jamás sería valiente o impávida, ni en ese contexto ni en cualquier otro; su decaída mirada siempre tenía aquel tinte melancólico, y en ese entonces la evasividad, el sudor bajo su cien y el bajar de su nuez de adán al tragar espeso no hacían más que delatar su naturaleza, sin disimulo. No intentaba pretender algo que él mismo sabía que no era. Al oír las lentas y claras palabras de su captor, se reflejó en su gesto inclusive la pequeña mella que pautalinamente hacían, dibujando en la tensión de su ceño una preocupación nueva.

- I-Incluso así... ¿h-hiero a mi reino...? - Susurró, mirándolo sólo un segundo antes de volver a desviar. La palabra "sicario" había sido mencionada, una que indicaba que tenía más posibilidades de estar ante una ejecución que un mero secuestro, pero no era lo que le importaba. La patria iba por sobre la vida. El daño que podía causar a Daein iba primero. Ante aquella perspectiva, la duda surgía y la culpa comenzaba a inundarle, incrustada como una severa punzada en el pecho, mas una que ya no podía evitar. - No hay nada que pueda ha-hacer sobre e-eso ahora... - Terminó por decir, visiblemente apesadumbrado y dolido por lo que él mismo ocasionaba, bajando la vista. Le hundía más de lo que cualquier amenaza de daño podía, disminuyendo sus temblores y dejándolo algo más lánguido en sus ataduras. No se resistió al ser apartado su cabello de su frente, ni escrutinio del arquero a la marca usualmente oculta allí, la roja seña del pacto que le había iniciado como mago. Sabía que no debía mostrarla libremente, mas ya no era relevante.

Merecería, pues, lo que viniese a él. Y aún así, aferrado cuanto menos a la necesidad de no ocasionar más problemas a su rey y su hogar, reafirmaba su decisión a no dar una sola palabra delatora. El temor que sintió al ver al hombre tomar una cuchilla fue apagado y distante; una tensión en sus manos al sujetarse al final de los posabrazos de la silla, un escalofrío adicional al temblor generalizado, pero nada que le convenciese a dejar de llevar la cabeza gacha o a vigilar mejor. Cabizbajo permaneció, contrariado por lo mala que había sido su mentira y con escasa confianza en poder hacerlo mejor. Aún así, lo intentó con algo más cercano a la verdad, hablando algo aprisa antes que sopesar en demasía su versión. - N-No hay ninguno, no lo sé... no soy un príncipe al que su Majestad le diría mucho... - Y en efecto, no lo hacía, pero sí lo suficiente como para que Pelleas conociese aquellas intenciones, que en ese entonces deseaba no saber. No era un príncipe apto para tanto, hasta su captor debía ya saberlo y esperaba que por ello aceptase su respuesta.

La mano en su pecho le tensó de tal forma que cesó por completo de temblar, tan sólo apretando su agarre en los posabrazos y conteniendo el aliento en expectativa, mas no hubo dolor que llegase de inmediato. Sin intención alguna de retractarse en lo dicho, sólo se contenía para lo que vendría, observando los dedos llegar a su huesuda clavícula y luego el cuchillo deshacerse de los botones de su túnica. Debía permanecer quieto, con el cuerpo hacia atrás, intentando mantener la silla quieta con su peso para no apresurar la cercanía del filo. La tela azul se abría, dejando a la vista la prenda color vino de cuello alto debajo, última que separaba su piel del cuchillo. Y bajo esta, justo a aquella altura, no tardarían en hallarse ya cicatrices puestas en el área, dibujando antiguos caracteres que alguna vez fuesen parte del aprendizaje arcano del príncipe. Percibiendo innecesaria paciencia o lentitud en la forma en que su captor ejecutaba aquel proceso previo a herirlo, a un inevitable final, Pelleas respiró hondo y murmuró, mirando en todo momento el cuchillo. - La-lastimarme no hará que yo le sirva más. -
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Re: Was this meant to be a date? [Priv. Pelleas +21 Entrenamiento]

Mensaje por Niles el Lun Jul 03, 2017 4:01 am

El temor del príncipe le decepcionaba un poco, esperaba que alguien como él tuviese sus testículos mejor puestos a fin de cuentas era el príncipe de uno de los países de mayor poder militar en el mundo y su rey se decía era un hombre fuerte capaz de bajar a un wyvern de un solo golpe de su hacha, se esperaba que su hijo, alguien que tenía el valor de andarse solo en la calle y de viaje, tuviese el valor de mirarlo al rostro al menos. La decepción no le quitaba que disfrutase cada momento. Cada hombre y mujer era único y había aprendido que todos daban sorpresas, habían hombres que miraban con desprecio y escupían en la cara pero que gritaban y rogaban por misericordia ante el primer signo de dolor, así lo había a la inversa, personas que temblaban como una hoja ante la amenaza pero que no revelaban ni el color de su pelo pese a haber más sangre en el piso que en su cuerpo. Claro, también estaban los que llorando y gritando ante la aproximación de una cerrilla encendida ya gritaban a los cuatro vientos hasta hacía cuantos días que no se cambiaban su ropa interior. Se preguntaba que clase de persona sería Pelleas.

Las prendas de ropa fueron apartadas de un tirón para bajalas por sus hombros sin poder ir más allá por las ataduras y mismo por la silla, aún teniendo más capas de ropa le sorprendía al arquero que aquel hombre no fuese una bolsa de sudor. No había visitado Daein, quizás era un país nevado que ameritase tales ropas - A tu reino, nada que puedas hacer realmente, por mí, puedes hacer mucho y ayudarme a mi te ayudará a ti. - dijo con el tono cascado y sugerente que podría recordar a un hombre hablándole a una prostituta en una taberna de mala muerte. Observó un poco el filo del cuchillo y decidiendo que sería más sencillo ir de abajo hacia arriba apoyó la punta del cuchillo en la entrepierna ajena, no presionó pero la punta claramente se sentía peligrosa en aquella área - Sigue costándome creerte... no hay príncipe que no sepa nada. Quizás haga más general mi pregunta y puedas solo hablarme de las políticas externas de Daein. ¿Eso es un buen punto de comienzo? Podremos trabajar en un plano más general e ir especificando poco a poco. - deslizó la punta del cuchillo por el vientre y metió la hoja bajo la prenda de tono vino cinchando hacia afuera para ir cortando y subiendo revelando el pecho pálido del pelivioleta.

A las primeras cicatrices se detuvo, sujetando el tejido de la prenda y abriéndolo para poder ver mejor, las marcas sobre la piel eran como líneas blancas sobre la palidez, difíciles de ver a simple vista pero a la luz de las velas se hacían un poco más evidentes. No era capaz de entender que era pero claramente eran alguna clase de dibujos y no solo heridas de pelea o siquiera tortura... ¿marcas de esclavo quizás? - Te haz estado divirtiendo mucho ¿quien pasó antes de mi por este cuerpo? Mmm... no estás tan mal como parecías. - el agudo filo rozó el cuello ajeno subiendo hasta terminar de abrir la prenda y apartar las dos piezas a cada lado del cuerpo. Se posicionó frente al joven y abrió sus piernas sentándose en el regazo ajeno de frente, la silla se inclinó hacia adelante por el peso y el peliblanco miró a la victima al rostro - Muchas de estas marcas están algo viejas, ya necesitarían un repaso. Juguemos. Comienzo a cortar y cuando tu me digas algo que a señor le sirva, me detendré. ¿Te parece? - era claro que aquello no era una pregunta que esperase respuesta pues el cuchillo bajó al pecho ajeno sobre un pectoral y se posicionó sobre el inicio de una de las marcas blancas y la punta presionó la piel hundiéndola un poco hasta que esta cedió y el filo se abrió paso un par de milímetros dentro.
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Re: Was this meant to be a date? [Priv. Pelleas +21 Entrenamiento]

Mensaje por Pelleas el Vie Jul 28, 2017 7:22 am

Se sentía ya demasiado culpable por su torpeza en ser capturado, por la mancha de su existencia sobre la reputación de Daein y de su familia real, como para hacer más daño. No soportaría el peso de ello sobre sus hombros, si delataba el menor dato en ese entonces. Podía no salir de allí con vida, como en su momento se había planteado también en Nohr, pero al menos sus últimas horas no serían una injuria a su hogar. Era esa pesimista y derrotada mentalidad la que alejó el miedo al dolor que vendría, sólo tensándose en anticipación a recibirlo, mas sin la desesperación de negarse o de buscarle desvíos; lo que fuera a sucederle sucedería, y sería mejor que morir siendo una molestia y una verguenza. No ignoró la voz y su leve eco en la habitación, imposible hacerlo cuando había tan poco más en lo que enfocarse, mas en respuesta sólo se reafirmó en fuero interno esa decisión. No negaría que sentía el sudor empaparle la espalda y sus piernas temblar, la rodilla rebotando un poco en inquietud, cuando la cuchilla se acercó entre sus piernas y se apoyó en la tela algo gruesa del pantalón blanco, mas hombre de cabello ondulado sólo permaneció cabizbajo en su sitio. Rendido, hasta los tirones que rompían y apartaban su ropa le movían un poco.

Pelleas era un hombre grande en constitución pero delgado, de hombros algo huesudos; sus cicatrices no llegaban a ser demasiado profundas, la mayoría de ellas puestas en ambos de sus brazos, mas cierta cantidad presente también en su pecho y pocas más en su vientre. De alguna forma, inclusive en ese contexto tenía espacio a sentirse demasiado consciente de su cuerpo y de ellas. Eran, según creía, algo que destacaba demasiado a la vista, pese a tratarse en su gran mayoría de cicatrices pequeñas, poco gruesas y blancas en coloración, dibujando marcas arcanas o líneas de caracteres propios de hechizos. La consciencia de sí se tornó mucho más intensa y bochornosa cuando la voz del arquero, de alguna forma, logró con su comentario que el estado de Pelleas le sonase a él mismo más extraño, pérvido en algún modo. Como si hubiese algo siquiera mínimamente sexual en cicatrices. Algo sobresaltado por lo sugerente que hacía a todo sonar, Pelleas mantuvo la vista gacha, respondiendo enseguida. - ¿A-A-Ah? E-Es de... de cuando es-estudiaba. - No halló palabras para dar una explicación más clara, más alejada de lo que fuese que el otro pensara. El bochorno aumentó de sopetón al encontrar al extranjero acercándose mucho más, poniendo su peso en el regazo del mago e inclinando con este la silla. Incómodamente cerca, el daeinita intentó hacer fuerza hacia atrás, mas no pudo detener a la silla de quedar inclinada en el otro extremo de su curva, con él un tanto sobre el varón de un sólo ojo azul. No obstante, permanecía tan tenso como para que los tendones en su cuello resaltaran visiblemente.

Y en esa posición, en ese modo, seguir cabizbajo no le ocultaba de verse al rostro con el arquero. Ya no intentó apartar la vista. Con su gesto desganado y pesimista lo miró al ser dadas sus indicaciones, a las que con lentitud Pelleas negó con la cabeza. - No voy a decir nada... - Musitó, mas antes de que su negativa sonase muy fuertemente a resistencia agregó. - T-Tampoco voy a intentar-- es decir, no es que pueda hacer nada respecto a usted pero... m-merezco esto. - Su voz fue bajando, al finalizar, como lo hizo también su mirada, posada entonces en el brillante filo del cuchillo, que desde allí aparecía anaranjado y luminoso al reflejar luz de fuego. En cierta forma, tanto le aliviaba el prospecto de que empezara, que hasta llegaba a ansiarlo. Relajó conscientemente el cuerpo, sin apartarse ni removerse siquiera del tacto frío de la hoja en su piel desnuda. - Así que... como quiera. -

Había algo correcto y tranquilizador sobre recibir dolor como castigo, cuando sabía que había cometido otro grandísimo error, o cuando sus frustraciones y decepciones simplemente alcanzaban un punto de quiebre. Jamás se había herido a sí mismo, pero cuando aquellos sentimientos coincidían con una situación dolorosa, el mago oscuro hallaba un inesperado sosiego. En esa ocasión, lo merecía y lo esperaba con cierta calma. La piel de una cicatriz fina no era tan difícil de cortar como la de una gruesa, donde la carne se tornaría nudosa y dura; el cuchillo penetró sin tanta dificultad allí donde Niles lo hundía, volviendo a hacer surgir la sangre del carácter final de un hechizo de tres conceptos, como si se escribiese en reversa. Pelleas soltó un pequeño quejido al principio, mas no perdió la relajación de su cuerpo entre las cuerdas que lo sostenían. Dejándose al destino que Niles le diera, respiró lento y hondo, y tal como había dicho, permitió el corte sin queja ni resistencia. Sus ojos permanecieron en el ajeno hasta que en breve los cerró, cual demostración de la disposición con que se abandonaba, y al próximo movimiento del filo en su piel su quejido sonó casi como uno de alivio, mezclado con una exhalación.
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Mensaje por Niles el Vie Sep 01, 2017 12:33 am

Los cortes superficiales podían ser mucho más dolorosos que solo una puñalada, en basta experiencia había aprendido algunos trucos en producir la mayor cantidad de dolor con el menor cantidad de esfuerzo y daño, de nada servía un rehén muerto que no pudiese hablar o uno tan débil que apenas pudiese abrir sus ojos, menos producir un par de palabras coherentes. Cortes superficiales llegaban a disparar todas las alarmas del cuerpo, el dolor era agudo y el ardor quemaba, sangraban poco  y no cortaba nada importante, podría revolver aquella herida con la punta de su cuchillo si necesitaba despertar los nervios y siempre estaba la opción de rozar sal de mar en las heridas o simplemente un cítrico o mismo la bebida alcoholica que tuviese a mano, sin importar cuanto chillase, se removiese o cuanto jugara con esas heridas nunca podrían ser tan graves como para quitarle la vida, al menos no de inmediato, infecciones era un tema totalmente a parte. A la respuesta del de cabello ondulado respecto a sus cicatrices frunció un poco el ceño mirando con mayor detenimiento manteniendo el cuchillo con la punta enterrada en su carne, apenas ejerciendo presion hacia abajo para ir cortando sobre la línea. - ¿Estudios? No me puedo hacer una idea de que clase de estudios requieran estas mutilaciones. Me agradan~ quizás debería anotarme a tus clases algún día así me hago profesor de esto. No lo hago tan mal, ¿no te parece? - dijo a broma aún con el cuchillo dentro de su piel al terminar de redibujar un caracter desconocido para el peliblanco.

Esperaba algo mas de reacción, incluso miedo, dolor, resistencia, algo... pero apenas si unas inaudibles quejas en un cuerpo relajado y entregado. Tenía que admitir que aquel hombre tenía una fortaleza testicular admirable para mostrarse así de calmado cuando estaba con un cuchillo metido en la piel avanzando tras un pequeño rastro rojo que se ensanchaba con cada segundo que pasaba hasta comenzar a gotear contra su pecho. Gruñó en disconformidad apartando el cuchillo - Hasta me atrevería a decir que te agrada esto. Bueno, entonces te volveré loco de placer si es lo que quieres. - Se acomodó mejor en el regazo ajeno, apoyándose mejor contra sus muslos y pasando una de sus piernas sobre el posabrazo apretando el brazo del príncipe bajo su muslo, la silla se movió volviéndose a equilibrar al cambiar la distribución del peso, la otra pierna se mantenía a un lado con el pie sobre el piso para tener mejor estabilidad.

Volvió a apoyar el cuchillo, esta vez no en el pecho si no que bajó sobre sus costillas donde la sensibilidad era mayor, nuevamente apoyó la punta pero esta vez bajó el filo para al presionar y bajar el cuchillo fuese un área mayor la que cortase, no siguió marca alguna si no que atravesó como si tachase una línea de runas que bajaban verticalmente, presionó un poco más para hundirlo a mayor profundidad, en esa área no llegaría más lejos que contra el hueso y seguía siendo una herida inofensiva - ¿Así te gusta más? Vamos, vuelve a gemir para mi~ - la otra mano le sujetaba la ropa abierta pero tras jalarla un tanto bajó hasta sujetar sin ningún reparo la entrepierna ajena, sus dedos se metieron entre las piernas del príncipe y presionó la palma contra la tela del pantalón venciendo la tensión de esta hasta llegar a sujetar su masculinidad - Tal vez no muestres dolor por que es este tipo de cosas las que te ponen, eso explicaría todas tus cicatrices~ sucio. - no era un juego sexual si no más bien de intimidación, humillación incluso.

Comenzaba ya a probar que era lo que sería efectivo contra el pelivioleta, cada hombre era diferente  y quedaba en claro que el dolor no sería el camino indicado con él.
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Mensaje por Pelleas el Vie Sep 29, 2017 5:54 am

El cuchillo se abrió paso sin tanta dificultad entre cicatrices finas, en manos de alguien que claramente sabía cómo llevarlo por la piel de un humano. Y las primeras oleadas de cálido dolor fueron casi un alivio para el mago oscuro, el castigo justo y correcto para sus fracasos, pero la dificultad de resistir inevitablemente aumentó a medida que el filo iba más profundo y las heridas se multiplicaban, redibujando caracteres rojos en su pecho. Si al primer corte su quejido fue poco más que un suspiro aliviado, al segundo y tercero se notó ya en su voz la tensión, tornándola más ronca cuando no apretaba los dientes para contenerla. El dolor le tomaba el pecho y le hacía tensar los dedos, uñas tan apretadas sobre el posabrazos que en cualquier momento alguna cedería. Pero persistió aún. Quieto, rendido a lo que se le había destinado, permanecía sin resistirse. La voz del otro hombre, la misma que le mantenía anclado a la realidad de ese oscuro sótano por cuanto seguía platicando con él o hacia él, sonó algo molesta en ese entonces. El tono siempre entre burlón y sugerente supo hacerse también amenazante, al declarar que le daría mucho más. Abriendo sus ojos al fin cuando el peso salió de su regazo para acomodarse de forma distinta, Pelleas se limitó a observarlo con repentina inquietud.

- ¿Q-Qué? Sólo... sólo sé q-que... lo merezco... - Sólo tuvo un par de segundos para seguirlo con la vista, tanto como para recuperar su aliento en agitada respiración por entre los labios, antes de que el corte vengativo se arrastrara sobre sus costillas. Golpeteando contra los huesos bajo la delgada piel, en su veloz trayecto no permitió que el príncipe perdiera detalle alguno del gesto, escuchando en su mente el eco del extraño ruido que el filo había hecho al dar contra cada costilla, raspar y seguir hacia abajo. La sagre brotó mucho más abundante, oscura, derramándose por el torso al descubierto; y él no gimió, no se quejó, sino que gritó en dolor, arqueándose y retorciéndose por un intervalo de dos insoportables segundos contra el asiento, ni tímido ni retraído en la crudeza de ello. La silla volvió a perder su centro de equilibrio, meciéndose bajo los movimientos, las cuerdas tensadas crujiendo contra la madera ni muy nueva ni de mucha calidad. Pelleas jadeó, sus manos temblorosas, al intentar volver en sí tras ello. Le había arrancado reacción demasiado bien, demasiado fuerte. No tuvo oportunidad de razonar o llegar a comprender a qué más apuntaba su captor con las palabras que le daba en ese entonces, sino hasta que la gruesa mano se posó en su entrepierna y el sucio matiz de todo ello se hizo también obvio. El dolor lo aceptaba, se reconocía más cercano a disfrutarlo de lo que debía ser normal; el dolor podía calmarlo y llevar confusas sensaciones allí, pero una mano tan obviamente masculina le abrumaba de pánico. Le miró con una gota de sudor ya bajada desde su cien, llegada a su mandíbula, y los ojos bien abiertos bajo el desordenado cabello ondulado. - N-No, no, no-- - Vocalizó tan rápido que casi juntó todas las sílabas.

Intentó apartarse él mismo, removiéndose en su lugar, pero su espacio a movimiento era demasiado limitado y cada intento le hacía apretar los párpados cerrados, una marcada mueca de dolor en el rostro, por la herida sangrante sobre sus costillas. Un nuevo quejido escapó de sus labios al sentir el dolor avivarse tal y como si el cuchillo regresara sobre su trayecto. Sin más remedio, alzó la mirada de regreso al único ojo azul del arquero, desconociendo él mismo cómo, tras sólo tragar saliva, consiguió hace salir con poco trastabilleo su voz. - Si duda de mi, hiérame más aún. Si me hará hablar respecto a Daein, hiérame. Sólo-- sólo hiérame... - Le dijo, insistente. No tenía racionalidad alguna pedir tal cosa, pero estaba haciéndolo, enfatizando con casi una súplica. - L-Le estoy pidiendo que lo haga. Que lo haga peor. - Su voz bajaba un poco, amenazaba con carecer de fuerzas, mas Pelleas se aseguraba de que no se perdiera. Volvió a intentar removerse, necesitaba esa mano lejos de su intimidad tanto como creía necesitar que el dolor lo recorriera otra vez, que le cediera otra dosis de escalofríos, calidez y confuso alivio. Su tono delató su tensión, su desesperación ante el giro de las cosas, así como su prisa por volver a las caricias del cuchillo. - Por favor. -

Prefería más dolor. Porque si así sucedía, como razonaba al mismo tiempo en que había hablado, podía herir de regreso a ese hombre. Podía inflingirle un inesperado dolor en retorno y eso, por seguro, lo haría distanciarse, que era todo en lo que Pelleas podía pensar en ese momento. Sabiendo que tenía tan sólo una oportunidad así y que debía de convencer al captor, acompañando a sus últimas palabras el mago irguió la espalda contra el asiento, bajando los hombros para que la ropa desgarrada y abierta cayese un poco más fuera de él, exponiendo y ofreciendo el torso con ya numerosas heridas sangrando, sus surcos y sus caminos de sangre a medio secar. La de sus costillas, entreabierta, sangró en mayor abundancia, sonsacándole otro quejido por el vivaz ardor.
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Mensaje por Niles el Lun Oct 02, 2017 12:02 am

Había sentido la resistencia del cuchillo al bajar contra la piel, el traquetear del filo dando contra las costillas, presionando el mango contra su palma en cada una y finalmente liberarse al apartarse casi contra su vientre. La sangre brotó de inmediato así como el grito de su victima, finalmente estaba reaccionando como esperaba y disfrutaba. Amplió su sonrisa mostrando sus dientes y un jadeo que se escapó entre estos, su mano se apretó un tanto más contra la masculinidad del príncipe como si quisiera sentir cada parte y doblez de piel debajo de la tela, sus dedos se hundieron un poco más contra la suavidad y su mirada se clavó en el rostro ajeno. La expresión de horror de su víctima dejó de lado la de dolor, las negaciones, la forma como se removió debajo de su peso y de las cuerdas le mostró donde eran más efectivas sus manos. Mantuvo su mirada ignorando de momento el ruego que este daba afirmando lo que había visto en un inicio, prefería el dolor que un contacto íntimo. Se inclinó tanto contra él que la silla, aún moviéndose en un hamacar irregular, se inclinó tanto hacia atrás que parecía que se iban a ir ambos al piso - ¿Con más dolor te haría hablar? ¿Es lo que me dices? ¿Qué te hizo cambiar de idea? Creo que estamos mucho más cómodos así. - acotó mientras su mano masajeó con brusquedad lo que tenía contra su palma.

Ignoraba a que punto el pelivioleta tenía control sobre el poder oscuro, si bien estaba acostumbrado a la presencia de los magos oscuros y a sus hechizos, no los comprendía ni le interesaba comprenderlos. Desconocía las diferentes maldiciones que podrían lanzar, apenas si sabía que había diferentes tipos de hechizos y maldiciones de las cuales algunos requerían libros y otros solo el conocimiento del mago. Habiendo quitado del camino los libros que cargaba confiaba que lo peor que podría hacer era generar esa inquietud pavorosa que había manifestado antes, nada que él no pudiese anteponerse nuevamente.

Apoyó mejor el pie en el piso para mantener estable, o tanto como pudiese, la mecedora, esta regresó un poco a su posición original y el peliblanco logró retroceder un poco su cadera para tener mejor espacio con su mano entre ambas entrepiernas - Jm... debería visitar Daein si los hombres de allí están tan bien dotados como tu~ - enfatizando su punto presionó desde abajo para acentuar la intimidad contra la ropa. Le agradaba aquel tacto tanto como la desesperación en la voz ajena, aquella urgencia para alejarlo de su intimidad, de preferir el dolor incluso por sobre aquel contacto - ¿Por que la prisa? Finalmente parece que nos estamos divirtiendo un poco más... - un tanto rasposa su voz continuó con la brusca caricia, subiendo y bajando, presionando y finalmente liberando solo para subir su mano por el vientre desnudo y jalar hacia abajo sus pantalones. No llegaría a bajarlos, no si el príncipe permanecía sentado y las cuerdas no le hubiesen permitido hacer mucho más, pero si suficiente como para poder espiar dentro y colar su mano para sentir piel contra piel - Cuéntame un poco de tu padre. - el rasposo tono se volvía íntimo mientras sus dedos apartaban el área de interés envolviendo ahora solo su miembro, jalando sin mucha delicadeza hacia atrás para exponer la zona más sensible y usando su muñeca para apartar un poco el pantalón colar la punta del cuchillo para rozar la rosada piel - Y te recomiendo que hables quietecito, no querrás que se me resbale el cuchillo cuando está tan cerca de lo que dará herederos a la corona. -
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Re: Was this meant to be a date? [Priv. Pelleas +21 Entrenamiento]

Mensaje por Pelleas el Lun Oct 16, 2017 2:54 am

Hablar. Cierto era que su captor quería que hablara de Daein, de sus números, de sus defensas y planes. En algún punto del proceso Pelleas lo había olvidado, vuelto a poner en conciencia de ello cuando la palabra clave surgió de la rasposa voz del arquero. Aún entonces, despojado de la resignación y la calma que antes había logrado, fue incapaz de enfocarse bien o de pensar al respecto, demasiado turbado por la forma en que era tocado y desesperado por nada más que hacerlo parar. No ayudaba que él no era un actor, ni siquiera alguien locuaz o ingenioso; no iba a engañar con sutiles palabras a Niles para que pensara que volver a herirlo era la mejor opción, lo sabía, ni iba a poder provocar a un hombre tan calmo, tan en la cima de la situación, para que perdiera los estribos y lo hiciera en un arranque. Pero si tan sólo consiguiese ser herido de gravedad, si tan sólo se alejara esa mano desvergonzada y amenazante y volviera nada más que el frío de la cuchilla...

- S-Sí-- esto es es poco. - Respondió, cabizbajo, juntando aplomo y tragándose la respiración para no reaccionar de sobra al dolor de sus heridas. Una sonrisa débil, torcida, había aparecido y desaparecido en un segundo de la comisura de sus labios, bajo la sombra del desarreglado cabello. Poco no era, mas tampoco suficiente para valer una maldición de la que sólo tendría una oportunidad. Ni siquiera un buen mentiroso, ni capaz de adentrarse en ese momento o cualquier otro en las sutilezas de psicología inversa, el mago oscuro tan sólo había soltado su respuesta aprisa, llanamente, y al criterio del otro hombre dejaba darle las vueltas que deseara a sus palabras. Era demasiado para su propia mente. Él se centró en respirar, en ignorar cuanto pudiera la mano entre sus piernas y ladear la cabeza para no mirar más que al suelo bajo la mecedora ahora quieta, a las piedras que lo constituían y las sombras que se hundían en los espacios entre estas, como también en sus ángulos y quiebres. Había sitios peores para morir y bien podía ser que él lo hiciera ese día, en ese sótano, con su sangre secándose eternamente entre los resquicios en las piedras. Pero si lograse dañar al arquero y llevarse en muerte lo que sabía de su patria, estaría bien. Un lugar poco vistoso, recóndito, oscuro y silente como ese sería hasta adecuado para su persona, un concepto más atrayente de lo que debería de ser.

Insistente y ya sin parecerle en modo alguno una amenaza, el agarre en su intimidad a través de la ropa persistió, prácticamente masajeando. Y no había nada propiamente agresivo al respecto ya, ni en las palabras del otro hombre, ni mucho menos en la forma en que se las decía. El daeinita juraría sentir su mirada sobre su piel, su respiración desde la distancia que los separaba, todo demasiado lascivo como para cualquier otra reacción, sino una de extrema verguenza. - ¿A-Ah? - Apenas tuvo voz para un murmullo en tono cuestionante, tan enrojecido de rostro y tan nervioso que por un instante se sintió mareado. Se removía tanto como la herida le permitía, entre quejidos ahogados y nuevos brotes de sangre derramada. Niles aún le indicaba que hablara. Sin comprender su método, pero queriendo desaparecer de vista ante quien le tenía atado y a cómoda distancia para seguirle observando, Pelleas mantuvo la cabeza gacha, única forma de ocultarse con que contaba. Y no dijo nada a las preguntas, las invitaciones a empezar a hablar, tan sólo negando con la cabeza. En parte porque no delataría lo poco que sabía de las intenciones de su Majestad, y en parte porque no se sentía capaz de hablar con coherencia.

Su corazón ya golpeteaba con fuerza contra su pecho, sus resentidas costillas. Su sangre fluía aprisa y, contra toda voluntad, bajaba hacia donde con firmeza era acariciado, sujetado en tacto desnudo, mas fue el apoyar del fino instrumento de amenaza lo que surtió el mayor efecto; no haciéndole palidecer en temor, sino al contrario, aumentando el ritmo al que la sangre bajaba. Sintió la confusa palpitación bajó el tacto metálico; ser herido era todo lo que esperaba para poder maldecir al arquero, quizás lo había deseado suficiente como para confundir a su cuerpo, o quizás el alivio de ser herido cuando lo merecía volvía a pedir satisfacción. Como fuese, su respiración salió temblorosa y el calor en su intimidad aumentó bajo el cuchillo, mas no dio palabra alguna, si acaso bajando la cabeza aún más para ocultar mejor su rostro. El negarse a hablar después de tanto debía de convencer al arquero al fin de lastimarlo, o impacientarle lo suficiente como para el tiro de gracia. Necesitando confiar en ello y haciéndolo a ciegas, el varón de cabello ondulado no aguardó, y en su voz baja, falta de aliento e irregular en lo poco que lograba, comenzó a musitar las palabras necesarias para la maldición.
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Re: Was this meant to be a date? [Priv. Pelleas +21 Entrenamiento]

Mensaje por Niles el Lun Nov 13, 2017 4:41 am

Ya respiraba por la boca, no jadeaba pero no estaba lejos de comenzar a hacerlo, su mano sujetaba con fuerza aquel miembro, grueso como su propio agarre y palpitante parecía crecer aún más entre sus dedos. Había esperado que se asustase, que comenzara a cantar tan rápido como su masculinidad se viese en peligro como normalmente lo hacían sus victimas. Soportar dolor era una cosa, latigazos, cortes, incluso quemaduras, en el pecho, en los brazos, en la espalda, incluso en las piernas o en el rostro pero cuando a un hombre se le acercaba un hierro al rojo vivo o el brillo de una daga afilada a su entrepierna cualquier muestra fe valía se derretía como mantequilla en el fondo de una olla de hierro al fuego, no solo eso si no que dicha masculinidad se encogía a tal punto que no quedaba más que un colgajo de carne húmedo y sin gracia entre sus manos. En cambio al príncipe no parecía importarle aquello, todo lo contrario, se alzaba orgulloso en todo su esplendor... bueno, su miembro lo hacía, el pelivioleta parecía querer ocultarse detrás de su cabello y contra su pecho. Apartó la hoja del cuchillo de la entrepierna solo para subirlo hasta su mentón, apoyó la parte chata debajo de su mentón y lo alzó para poder verle al enrrojecido rostro - Hey... hey... ¿de que te avergüenzas? No tienes nada de que avergonzarte. Hacía mucho que no veía a alguien tan bien dotado como tu. No me lo esperaba, y tan duro que siento que estoy agarrando el mango de una espada. - para realzar su punto apretó más y movió su mano en seco sobre la delicada piel - Seguro que tu papá debe estar orgulloso de ti, no solo bien dotado si no que también con los huevos bien puestos. - soltó para bajar su mano y sujetar los testículos ajenos presionándolos contra su palma - Otros ya estarían llorando y gritando que los suelte en cambio tu... ¡ja! ¡mirate! Duro como un toro que ve a una vaca de espaldas. ¿Qué debería hacer contigo? Quizás me estoy equivocando y no debería ir por el camino del dolor, quizás te sientas más inclinado a hablar después de liberar algo de estress. - volvió a subir su mano para volver a sujetarle de su masculinidad.

Ya comenzaba a doler su pierna, tensa para sujetarse, así que apartando el cuchillo del rostro ajeno se apoyó en el posabrazo para poder acomodarse mejor. Sin querer soltarle de su entrepierna fue un tanto descuidado al moverse, la mecedora se inclinó hacia adelante y el filo del cuchillo se presionó contra las cuerdas que sujetaban una de los brazos del mago, algunas fibras se cortaron y con el movimiento del arquero apoyando su rodilla entre las piernas ajenas acarició con más fuerza el filo hasta casi cortar por la mitad la cuerda antes de retirarla sin notar su error. Ahora con una pierna estirada y la otra apoyada por su rodilla dejaba más cerca del rostro ajeno su propia entrepierna que ya delataba su excitación a través del ajustado pantalón negro y azul con la tela tensa y abultada - O tal vez podemos dejar el trabajo de lado un rato y divertirnos un poco... ¿que dices, niño lindo? - Aunque le había escuchado susurrar solo consideró que era un balbuceo tímido como venía haciendo hasta el momento. Sin sospecha alguna volvió a jugar como parecía gustarle al otro, recorriendo su vientre con la punta del cuchillo mientras su mano le sujetaba con firmeza sintiendo las palpitaciones cálidas de su miembro - Mm... esto parecía gustarte. ¿Hasta que punto? - su ojo celeste parecía brillar por el reflejo de la vela, expectante a ver cualquier clase de reacción más vivida en el príncipe, atento a escuchar un gemido o verle retorcerse. Abrió su mano manteniendo el miembro erecto contra su palma y lo recorrió por la parte superior con la punta del cuchillo, arrastrando con algo de presión dejando una línea roja en su camino donde pequeños puntos de sangre comenzaban costosamente a salir.
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Re: Was this meant to be a date? [Priv. Pelleas +21 Entrenamiento]

Mensaje por Pelleas el Lun Nov 27, 2017 2:09 am

Se resistió a la hoja que intentaba guiarle el rostro a mostrarse, aunque el filo en el costado presionara contra el hueso de su barbilla, dejando en la piel que el metal mordía una fina marca. No podía enfrentar el rostro de un hombre tan licencioso, mucho menos en la situación en que se hallaba ante él. Suficiente le avergonzaba oírlo. La voz grave y el tono arrastrado no parecían reflejar más que calma, pronunciando lo que en la forma más simplista de verlo serían alabanzas, alguna suerte de confort cuyo motivo no comprendía, pero no había modo en que pudiera oír a otro hombre mencionar su estado, referirse a su físico con tales palabras. Ladeó la cabeza aprisa para evadirlo aún. Era el dolor el que había incitado tan súbita reacción de su parte, el alivio de sentir dolor cuando estaba convencido de merecerlo era algo que aún no comprendía, pero que no por primera vez había causado algo así. Agitado, el mago oscuro tragó saliva y tan sólo se dispuso al mayor de sus esfuerzos en ignorar la mano que presionaba, seca, áspera, al moverse en torno a su intimidad. Y sin embargo, un quejido incoherente rápidamente debió ser ahogado en su garganta, interrumpiendo y cancelando cualquier incipiente intento de maldecirlo. Lo último que quería oír en ese momento era un recordatorio de su Majestad, que seguramente lo desnucaría con sus solas manos de saber lo que ocurría ese día, víctima de captura o no, mas había presiones más inmediatas a las que prestar atención y debía de poder reaccionar. Tomó aire y no lo soltó, muslos tensos bajo el peso del hombre acomodado contra él. Las intenciones de su captor parecían haber cambiado por completo y por más que negara rápido con la cabeza, presentía que no estaría deteniéndose pronto.

Ya no mezclaba amenazas y muestras de dolor con confusas caricias, sino que tan sólo proseguía con lo último, desvergonzado toqueteo que intensificaba el acongojamiento del daeinita. A ciegas continuó negando con la cabeza mientras el hombre se movía, se acercaba, evidenciando su intención cada vez más, hasta sentir la cuchilla presionada sobre su muñeca abrirse paso a través de las cuerdas. Entonces Pelleas cesó, soltando el aliento contenido y atreviéndose, de a poco, a mirar por entre desordenados mechones violáceos el rostro del arquero. El único ojo bueno estaba fijo en él, no en las cuerdas algo rotas. Intimidado por el tono de su voz, que parecía pervertir de sobra, así como la mirada constantemente presente en aquel ojo azul, el príncipe volvió a agachar la suya para rehuirle. No obstante, esta vez sí respondió. - ... l... la cuchilla. - Aunque comenzara por lo bajo pronto alzó la voz a bastante más que un susurro, claramente audible en la silenciosa habitación. El hombre que sospechaba nohriano estaba acercando la cuchilla a su estómago y sí, en efecto, volviendo a pasear el filo presionado apenas por la piel, bajando hacia la ingle. Pelleas intuyó cercana su oportunidad de ser herido y por ende de herir, aferrándose a esa idea enseguida, con renovada impaciencia. - La cuchilla, por f-favor. - Repitió con más claridad, voz grave remecida por la falta de aliento que los actos del arquero ocasionaban, tan tomada que casi gemía las últimas palabras. No importaba, en ese momento debía de tenerlo. Su mano se tensaba ya contra las ataduras dañadas, torciendo la muñeca contra ellas, buscando el punto en que pudiese soltarlas.

Retomó de inmediato aliento, volviendo a comenzar el murmullo de su invocación. Escasas tres palabras, pero que debía iniciar ya. Los escalofríos le recorrían, haciéndole temblar por un instante, al sentir el filo arrastrarse tan cercano a su cálida masculinidad. Casi era tiempo. Su espalda se presionó contra la silla mecedora, sus muslos se separaron sólo un poco. Cuando el arma finalmente llegó y el corte ardió a lo largo de su miembro, en absoluto profundo pero mucho más doloroso de lo que habría creído, Pelleas soltó un pronunciado quejido, retorciéndose en el asiento tan súbitamente que percibió las cuerdas en su diestra al fin ceder. Jadeando, llenó y vació aprisa sus pulmones, hasta conseguir mascullar la palabra final que necesitaba. Desaliñado, ruborizado y con una gruesa gota de sudor bajando por su cuello, miró sin dudar al azul ojo sano de su captor, anticipando su reacción cuando sintiese el daño del mismo corte que acababa de realizar afectarle también. La mínima cantidad de sangre, sin dudas, se percibiría corriendo en tan delicado lugar. Sin perder tiempo, aferrado a su única breve oportunidad, el daeinita separó al fin su mano del posabrazos de la mecedora, dirigiéndola en un torpe puñetazo a la altura del estómago del otro, donde más fácilmente le alcanzaba a la brevedad. No aguardaría para desatar la zurda, mas en la prisa olvidaba las cuerdas en sus tobillos, y al intentar alzarse el movimiento de la silla sumado a aquellas ataduras le enviaron estrepitosamente contra Niles.
Afiliación :
- DAEIN -

Clase :
Dark Sage

Cargo :
Príncipe de Daein

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
Tomo de Worm [8]
Tomo de ruina [1]
Tomo Nosferatu [2]
Vulnerary [2]
Hacha larga de bronce [1]
Báculo Hammerne [2]

Support :
Judal
Virion
Advari
Yuuko

Especialización :

Experiencia :

Gold :
883


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Re: Was this meant to be a date? [Priv. Pelleas +21 Entrenamiento]

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