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Get away with murder [Privado. Justine] [Entrenamiento]

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Get away with murder [Privado. Justine] [Entrenamiento]

Mensaje por Xander el Miér Sep 14, 2016 6:00 pm

Las carpas violetas se veian como manchas de color sobre el terreno negro, tierra oscura incapaz de crecer ni la mas minima brizna de pasto pero al menos habia un rio que venia desde la cercana costa donde tenian agua fresca. Se veían los caballos beber agua y comer de un rollo de heno que habian desarmado cerca, todos con cuerdas atadas a estacas al piso con suficiente para que pudiesen caminar alrededor. Las carpas tenian una formacion apretada, no habia demasiadas pero en algunas apenas pasaba una persona sin mucho mas espacio, las utilizadas para dormir estaban en un solo costado y formaban un cuadrado dejando un area libre al centro donde se veía un fuego ya apagado, algunos habian ido a cazar para la cena, otros lavaba la ropa al borde del rio, algo alejados un grupo entrenaba y en una de las carpas utilizada para reuniones de estrategia estaba el estratega encargado de guiar aquel grupo de soldados. Un hombre ya entrado en la adultes y basta experiencia, había sido un general pero una factura en su rodilla le había dejado la pierna tiesa y no era mas apto para el campo de batalla, sin embargo volcandose a los estudios de la guerra y la historia se habia hecho un genio en estrategias militares llevando siempre a la victoria, especializandose en trabajar con ejercitos pequeños y agiles. Uno de los mas valorados de Nohr y el cual estaba en ese momento trabajando con el príncipe. Especialmente querido por ese ya que el actual estratega habia sido su tutor en varias materias y en esos momentos le perfeccionaba en estrategias pasando varias tardes explicando mas que simplemente presentando una.

El hombre se había quedado en la tienda mirando los mapas y documentos adelantando trabajo, ya se habia reunido con el principe y el rubio se habia retirado hacia unos pocos minutos dirigiendose a su propia tienda. Siempre cargando su armadura y espada como la mayoria de los hombres allí, listos para cualquier ataque de emergidos pero relajados en sus tareas, el area parecia despejada de enemigos y tras un par de dias así estaban todos demasiado relajados. El aire se habia vuelto un poco más alegre y menos tenso despues de una par de victorias en su marcha. Recorrió todo el campamento hasta el espcio abierto donde estaba la extinguida hoguera y se detuvo, revisó su costado y al no encontrar su arma, tampoco su cinturón intentó hacer memoria. Se la habia quitado cuando estaba sentado delante de los mapas y mientrs el estratega le explicaba, seguramente la dejo apoyada en la mesa y olvido de volver a tomarla. Giro sobre sus talones y volvió a caminar hacia la carpa desviando un poco para pasar por el area destinada a la cocina, ya habia pasado el almuerzo por lo que habia hombres limpiando y acomodando el lugar, un barril de manzanas parecia seducirlo desde aquel rincon, recien traidas desde el pueblo donde se celebraba una feria que traia mercaderia hasta de paises vecinos y de areas mas fertiles del pais, la fruta dulce era rara en Nohr y el principe no se resistió tomando la mas roja que encontro. Feliz y jugando con la manzana entre sus manos limpiando su cascara con un paño le dio una mordida a la vez que se acercaba a la carpa del estratega nuevamente - Permiso maesatro, creo que he olvidado algo. -
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Re: Get away with murder [Privado. Justine] [Entrenamiento]

Mensaje por Invitado el Sáb Sep 24, 2016 7:41 pm

Inicio: 20 flechas en el carcaj.

Por más acostumbrada que estuviese a ver ese tipo de formaciones horadando la tierra en tiempos de guerra, la asesina seguía sin entender cual era la línea de pensamiento que respaldaba a semejante carnaval. Escondida entre los altos peñascos que circundaban parcialmente al campamento en una media luna de toscas elevaciones, se preguntaba por qué los ejércitos solían elegir ese tipo de colores para que los representaran: o eran rojos, o eran verdes, o azules, o amarillos... o, como en este caso, de un violeta vibrante que destacaba de una manera extraordinaria sobre la tierra desnuda. No era algo estratégico, ni cuanto menos inteligente; todos estaban dibujando con sus tiendas y sus cuerpos una diana irregular que podía distinguirse a kilómetros. Al parecer, el orgullo a la patria no era una cualidad única de la gente de su país, sino que se trataba de una enfermedad que se manifestaba en el corazón de todos los hombres de combate. Sin embargo, sabía que no debía caer en el error de la subestimación; tenía que proceder con mucho cuidado. Ya que no se trataba de desarmar  a una parda de bandidos desorganizados... sino que la misión consistía en arrancarle la vida a un miembro del ejercito: un hombre capacitado para matar, defenderse y salvar a otros, todo al mismo tiempo. Aparte, ella contaba también con algunas instrucciones muy especificas:  

“No mates a nadie más que a él, Justine; a no ser que la situación realmente apremie. Por sobre todas las cosas, necesito que ésto se vea como algo personal

¿Personal? Aunque era un hecho de que se requería mucho más que las directrices y el dinero de un pusilánime inútil para reprimir el impulso de sus instintos asesinos, a ella le divertía imaginar que le estaba haciendo los mandados al mismísimo Iscariote.  

En la cara se le dibujo una sonrisa cruel, antes de darse media vuelta y apostarse en cuclillas. Revolvió el pequeño petate que había traído consigo hasta extraer un frasco grueso de tapón de corcho; el contenido era color granate y muy espeso. Justine había logrado recolectar la sangre de un zorro que tuvo la suerte de aparecerse unos kilómetros antes de dar con el campamento en el día anterior, cuya forma y consistencia logró conservar gracias a un anti coagulante casero fabricado con sal, jengibre y vino. La realidad era que debía de actuar pronto, aprovechar que todos los soldados estaban distendidos, ya que para la noche esa sustancia olería espantosamente y transformaría su endeble plan en una idea todavía peor. Así que con fuerza retiro el tapón, permitiendo que la mescolanza de aromas impregnara el aire. Se incorporo y aparto hacia arriba la parte superior de un tajo que tenía en su blusa al nivel de la cintura; aplico generosamente la sangre en una honda herida, souvenir de su última misión que todavía no había logrado cicatrizar. Utilizo ésta misma sustancia para empapar ese sector de la ropa, manchando de paso sus caderas. Al cabo de unos segundos, no hubo más que extraer, por lo que tuvo que guardar el recipiente vacío.  

Erguida de nuevo, miro en dirección al campamento con esa claridad inherente en toda ave de presa a la hora de cazar. Sus ojos desfilaron por las tiendas de campaña, ascendiendo hasta el rio, para luego regresar al punto inicial. Los había estado espiando toda la noche anterior y  esa misma mañana, sabía que había una enorme posibilidad de que no sólo tuviese que tratar con su próxima victima, sino que también con otro soldado que específicamente le había visto dispensar mucho tiempo en la misma tienda de campaña. Debía de tener esa posibilidad siempre presente, porque pese a llevar consigo su carcaj lleno de flechas y su arco,  necesitaba de mucho más que talento para lograr asestar un tiro letal a corta distancia.

Sin embargo, como si algo muy superior a ella hubiese leído sus pensamientos y se sintiese benevolente, ese mismo intruso salió de la carpa  y se distancio.    

No había otro momento. Era aprovechar el milagro o dejar que el tiempo solo complicase las cosas. Así que con la agilidad de una rata, la joven asesina se dispuso a descender esos 5 metros en peñascos que le separaban del suelo. Siempre cuidando que su cuerpo menudo no llamase la atención de nadie en particular, lo que menos necesitaba era dar explicaciones. Una vez en tierra, caminó con más tranquilidad los pocos metros que le quedaba hasta la formación de carpas, intentando que su cabeza adoptara el papel de victima y se desentendiese por unos minutos del de victimaria. En algún punto, se olbigó a sí misma a detenerse en la angosta separación de dos carpas y quedarse escondida, mientras otros tres soldados abstraídos en sus charlas se desplazaban, desapareciendo en dirección al río; ella recién se movió cuando sus voces no se escuchaban más fuertes que un trinar de pájaros en lo alto del cielo. Luego reanudo su avance  y doblo hacía la izquierda, topándose inmediatamente con la tienda de su objetivo.

Aguardo tres segundos antes de entrar. El descenso del peñasco le había raspado la piel de los brazos, detalle que se le antojo favorable. Aprovecho para inclinarse hacia delante y apretar con una mano la herida que supuestamente manaba sangre de forma copiosa.  Respiro profundo e ingreso lentamente  a la carpa.  

— Sepan disculpagme, señoges..— Sólo hubo una expresión que pudo interpretar: la de vergüenza. Pocas situaciones en su vida le habían colocado en un sitio tan incomodo, y eso para una Lorsange no era algo que se dijese a la ligera. No había arboles en las cercanías, estaba rodeada de soldados y su victima era demasiado especifica. Que pudiese usar toda esa indignación a su favor no era más que una feliz coincidencia   Señog, pegdón, mi nombre es Alessia y vivo al nogte del acantilado. Iba a la fegia megcantil cuando unos bandidos me empezagon a atacag. Sólo quiego ocultagme pog unos minutos hasta que me piegdan el gastgo...— Justine miro la mesa, llena de papiros y de mapas... evidentemente un hombre de semejante edad solo podía servirle de cerebro al ejercito. Ella era una firme partidaria de que los hombres solo empezaban a usar esa parte del cuerpo cuando ninguna otra podía responderles igual de bien. — Si es pog dinego, puedo pagaros el favog; pego deje que me quede, no alegte a nadie. Segan unos pocos minutos, se lo pgometo —

La espada sobre la mesa no se le había escapado, aunque sabía muy bien que, llegado el caso, ella alcanzaría a patearla antes de que él pensase siquiera en empuñarla. Si no había entendido mal, su cliente le había dicho que el viejo tenía un problema en una de sus piernas; punto que podría resultar de lo más conveniente. Lo único que le inquietaba... era la posibilidad de que se hombre fuese adepto a las supercherías, tan populares en aquel entonces. Justine era pálida como un muerto, de ojos grandes y amarillos, con el cabello renegrido y los dientes tan filosos como un juego de dagas.  Si no fuera evidente que era tangible, podría pasar por un espíritu de oscuras intenciones o un augurio de mala muerte (aunque ambas suposiciones empataban bastante bien con la realidad).

Quería aguardar pacientemente por la reacción de su victima, antes de hacer o decir algo más, pero fue entonces que escucho  una voz masculina proveniente de afuera. Y pese a que ésta se le antojaba ajena,  creía estar bastante segura de saber a quien le pertenecía... "menuda suerte". Dedico una mirada fugaz a la entrada y se retiro unos pasos, hasta quedar en la esquina opuesta: teniendo a su derecha al viejo soldado, y a la izquierda la próxima ubicación del intruso. Apretó más fuerte su “herida”, inclinándose hacia adelante, compungida por un dolor molesto  que no existía, pero que bien sabía fingir.
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Re: Get away with murder [Privado. Justine] [Entrenamiento]

Mensaje por Xander el Miér Sep 28, 2016 10:41 am

Los hombres estaban bastante relajados en el campamento asumiendo que nadie seria demasiado tonto como para meterse en medio de los enemigos y en caso de ser emergidos nunca venian de a uno si no mas bien de a grupos sencillos de ver por los sentinelas que conversando entre ellos se suponia que debian vigilar el lugar. Siendo la hora inmediata despues del almuerzo gran parte de las tropas se habian apartado para una siesta de digestion quedando bastante pocas en el area como para detectar a la intrusa que se escabullia entre las carpas. Ni siquiera cuando entro a la carpa donde el estratega revisaba aun mapas habia sido detectada mas que por este que miro de inmediato la herida. En desconfianza el hombre se quedo quieto ya que la apariencia de la mujer no era del todo humana aproximandose mas a la de un emergido con su piel blanca dientes afilados y mirada de un color algo antinatural pero que pudiese hablar coerentemente era un punto a favor... o tan coerente como para que se le entiendan palabras pese a su dificultad asumida de inmediato por la herida que portaba.

Entro a la carpa  antes que el estratega dijese algo aunque ya de pie sjetandose de la mesa para ayudarse a mantener un comodo equilibrio hizo una ligera inclinacion para recibir al principe - Mi Lord, esta muchacha esta herida y busca ayuda al parecer ha sido atacada en el camino. - la prudencia en la voz del estratega con una mente mas afilada para las trampas no parecio llegar al principe que enseguida miro a la chica con un rostro preocupado. Tomo uno de los asientos siendo no mas que estructuras de madera livianas aptas para el viaje y se la aproximo - Tome asiento lamentablemente no contamos con sanadores en este campamento pero podria ofrecerle limpiar la herida y descansar hasta que pueda seguir su camino. - no podian permitirse gastar recursos en una extranjera pero tampoco le negaria ayuda a quien acudia a ellos. Por el momento seguia estando lejos de su espada sin ver peligro - Te encuentras un poco palida seguro por la perdida de sangre descansa un poco y enviare por un poco de agua. - se acerco a la mesa pero solo para dejar la manzana en la esquina de esta. El estratega aun un poco esceptico con todo, en sobretodo como habia llegado a ese punto tan profundo de campamento no se acercaba ni abandonaba su posicion detras de la mesa - ¿Hacia cual feria te dirigias? No hay ninguna celebrandose aqui cerca. -
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Re: Get away with murder [Privado. Justine] [Entrenamiento]

Mensaje por Invitado el Mar Oct 04, 2016 4:03 pm

Inicio: 20 flechas en el carcaj.

“Mi lord”  

Esas dos palabras repicaron en la cabeza de Justine con la obstinación de un eco que se expande en una cueva oscura y siniestra. Ella era muchas cosas, excepto una bruta. Menudo error el de su cliente al no especificar que en el campamento podría encontrarse cara a cara con una joya de la corona o noble semejante; esos datos no se debían omitir bajo ningún concepto. Ya que si por alguna razón ese hombre salía mal parado de la reyerta, y alguien averiguaba su propia procedencia, acarrearía problemas inmediatos a Sacae.  

“Me tendrás que pagar con algo más que dinero, hijo de puta” pensó, para luego fruncir los labios e intentar adoptar una nueva postura. “Inclina la cabeza” se ordeno a sí misma “Inclina la cabeza, por favor. No lo eches a perder”.  

El cuerpo le obedeció, con lentitud, con dificultad; pero finalmente la sobria reverencia sucedió con todo el peso del compromiso sobre sus hombros. Nadie jamás podría poner en palabras lo indignante que era para ella bajar la guardia con el fin de rendir homenaje a alguien que no fuese un “Le sage”. Antaño, los Lorsange habían construido una red jerárquica muy particular, coronada por un conjunto de personas, a menudo muy ancianas, reconocidos bajo el título: “Le sage”. Uno podía llegar a éste rango después de décadas de estudio en el campo de la alquimia y la teología, para luego enfrentar una prueba de resistencia mental. Ésta prueba consistía en someter al aspirante en un sin fin de torturas bien estructuradas, que tenían como único objetivo llevar a la demencia por medio del dolor. Si la persona en cuestión lograba entrar en comunión con su propia locura, sin desvincularse intelectualmente del mundo tal cual se conoce y de los conocimientos adquiridos a través del estudio en años anteriores, era automáticamente conocido como un “Le sage"; fungiendo de nexo indiscutible entre el reino de los mortales y el caos reptante. A estos individuos no se les tenía que mirar a los ojos jamás, y las reverencias que se les dedicaban, tanto de hombres como de mujeres, debían ser rodilla al suelo. Reconocer, aunque sea por compromiso, jerarquías en otros que no fuesen ellos (como en este caso), era considerado una “abominación”, y debía de castigarse con la amputación de algún miembro importante.  

Sin embargo, ahora era la única Lorsange que quedaba con vida... ¿Quien podría juzgarla? Su conciencia y la costumbre, por supuesto. Por lo que ese simple gesto con la cabeza a Justine se le antojo como si directamente hubiese tocado el suelo con la frente.

— Me disculpo por habegos incogdiado, vuestga g-acia. No quiego suponeg un gasto... siquiega a vuestgo tiempo— Se refirió al más joven en tanto trataba de incorporarse lo mejor que podía, teniendo en cuenta la “herida de gravedad” que le tajaba la piel al nivel de la cintura. Camino unos pocos pasos hasta el asiento ofrecido y se acomodo allí, agradeciendo que ambos hombres continuasen siendo parte de un mismo campo de visión. Pego... sí, me gustagía aceptag un poco de agua. Que los que me hiciegon esto me integceptagon antes de llegag al gío...—

Resultaba evidente que aquel noble de Nohr manaba ese aire de inocencia tan natural en las personas de enormes virtudes, inexpertas en materia de traición. Lucía joven, sano y fuerte... quizás demasiado fuerte para su propio gusto. Hasta que ese elemento no abandonase temporalmente el tablero, la opción más prudente sería la de estirar aquel juego lo que buenamente se pudiese. Así que con su mano libre maniobro un poco hasta lograr descolgarse el carcaj de la espalda y dejarlo caer descuidadamente en el suelo, queriendo regalar la impresión de que aquellas flechas y arco representaban más una carga para ella, que una amenaza para ellos. Estos elementos quedaron recostados parcialmente sobre su pie izquierdo, pero la asesina les resto importancia al elevar nuevamente esa mano para despejar su frente blanca y lisa, como si sintiese calor. Entonces hecho un vistazo rápido a la espada, para después observar al estratega y dedicarle esa mirada firme y sincera de una depredadora nata.  

Ambos lo sabían. Ella venía a hacer daño, muchísimo daño. Aunque él quizás no tuviese claro a quien, precisamente, ni cuando. Se le veía en los ojos, se le escuchaba en la voz.  

Cegca no, señog. A 7 kilómetgos de aquí, en digección oeste...— la voz de Justine era pausada, pero extremadamente tranquila; cosa que podía constituir un error del cual no era plenamente consiente. Fingir estrés no se le daba demasiado bien —...Abgía hoy en la mañana... y ceg-aba dentgo de tges días...— Se inclino un poco hacia delante, como si la herida le hubiese punzado de repente. Su cara gesticulo acorde a eso, frunciendo el entrecejo — E-es... mi padge quien va nogmalmente, pego enfegmo de g-avedad hace cuatgo días... y soy la mayog entge todos mis hegmanos. Pog... lo que no pudiegon acompañagme y se quedagon cuidandolo... — respiro profundo y, con muchísima discreción, se mordió la lengua ejerciendo presión con las muelas a cada lado del musculo. Luego carraspeo como si algo le molestase en la garganta, hasta finalmente exhibir un grueso hilo de sangre, nacido en la comisura derecha de su boca y que descendió rápidamente hasta su barbilla. Empezando a gotear lánguida  y espesamente sobre la tela de su pantalón.  
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Re: Get away with murder [Privado. Justine] [Entrenamiento]

Mensaje por Xander el Jue Oct 06, 2016 12:27 am

Se escuchaba afuera el movimiento normal del campamento con los soldados pasando y coneversando tranquilamente y bastane calmo todo en general. No habia demasiada gente pero que ella llegase sin ser notada a una de las tiendas del centro del campamento despertaba aun mas las sospechas en el hombre mayor el como era posible que alguien herido y con aparente dificultad para caminar o siquiera mantenerse en pie ubiese pasado por varias carpas y no hberse cruzado con ningun soldado y de todas las carpas que habia en el camino entrase justo en esa. La mirada de sospecha del estratega crecia cada vez mas hacia la chica y no la apartaba mientras ella hablaba con el principe. El rubio de mirada severa y rasgos faciales fuertes estaba un poco mas relajado sin llegar a pensar en esas incongruencias que pasaban por la mente del hombre mayor.

Cuando ella acepto el asiento el se acercó a la puerta de la carpa y sin necesitar mas que un gesto con su mano llamo a un joven escudero que pasaba por alli - Trae una jarra de agua y un vaso, busca al maestre, dile que hay un herido que requiere su atencion. - el muchacho asintio y salio al trote a buscar lo pedido por su principe. Cuando ella se movio y explico de donde venia el estratega de mayor edad la seguia mirando con cada vez mas exeptisismo y se tenso al escuchar las flechas caer, con sus manos sobre la mesa sujetandose se pudo ver como sus dedos se pusieron blancos y su espalda se tenso un poco haciendo que se parase mas derecho. Aquel cambio de lenguaje corporal si fue mas obvio para el principe que observo al hombre mayor y luego al arco y flechas en el piso, arma de cazador y que si bien contaba con arqueros en su ejercito no los veia como unidades especialmente peligrosas no en unidad, en grandes cantidades y a considerable distancia podian hacer estragos en las filas enemigas con lluvias de flechas que reducian la fuerza del enemigo pero solos y de cerca no podrian hacer demasiado. Igual se enserio un poco y miro de reojo su espada apoyada contra la mesa donde podria tomarla con solo dar un par de pasos hacia esta pero cuando ella tosio la mirada dle principe se suaviso un poco al ver la sangre.

El estratega se acerco rodeando la mesa con una marcada renguera al no doblar su rodilla y sacando un pañuelo de su bolsillo se lo extendio a la chica para que se limpiase - Ya vienen a ayudarte pero dime... ¿Como llegaste hasta aqui...? no al campamento si no a esta carpa. ¿No encontraste a ningun soldado en tu camino? Podrian haberte auxiliado mejor e ir por los agresores. - como si aquellas palabras fueran mas dirigidas al principe que para la chica el hombre mayor miro al rubio y por unos momentos intercambiaron miradas. Aun tenia en su mano la manzana a medio comer por lo que se acerco a la mesa para dejar esta y de paso tomar su espada, de la funda colgaban las dos correas cortas con un par de ganchos gruesos que cerro en su cinturon a un costado y un poco mas atras - Enviare soldados hacia el lugar que indicas por si pueden llegar a atrapar a los bandidos. - no conforme el estratega exagero un poco su renguera y como si estuviese cansado se apoyo en la silla pateando con su pierna rigida el carcaj exparciendo las flechas por el piso - Perdone... a veces es dificil controlar esta tonta pierna. -
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Re: Get away with murder [Privado. Justine] [Entrenamiento]

Mensaje por Invitado el Miér Nov 02, 2016 1:21 am

Inicio: 20 flechas en el carcaj.

Justine podría haber jurado a pies juntillas que, en ese mismo instante, algo en su cabeza se rompió con el estrépito de un florero de vidrio contra el suelo. Una suerte de aviso. Una alarma instintiva que cobraba voz y adoptaba una forma especifica en lo torcido de su juicio. Una certeza que le exigía parar con ese circo forzado, repitiéndole incansablemente que ya era suficiente y que sus nulas capacidades para la actuación no le llevarían más lejos.  La desconfianza a estas alturas se podía sentir en el aire, aumentando la densidad de un ambiente de hostilidad paulatina. Se limito entonces a entornar los ojos, mientras el hombre más joven le hablaba a alguien afuera de la carpa. Poco a poco, ese apetito de guerra que tanto le caracterizaba empezó a latir con inquietud en sus sienes, provocando un molesto cosquilleo en los dedos de sus manos, una evidente dilatación en ambas pupilas y una calma infinita  en el rostro, asemejándola más a un tallado en mármol que a una mujer con el cuerpo tibio.  

Presto muchísima atención en cada movimiento realizado por el estratega, mientras éste se aproximaba sacando un pañuelo de su bolsillo para luego detenerse cerca de ella y ofrecérselo. La asesina tomo el elemento con una elegancia en el gesto de la muñeca que resultaba completamente impropia en una dama que decía pertenecer a una familia de bajos recursos. Justine se limpio la sangre de la barbilla, sin arrimar la tela a la comisura de sus labios (más por costumbre que por precaución) y sin despegar tampoco su mirada de la del más viejo mientras él le hablaba. A este punto de la situación, ya quedaba muy claro de que las preguntas eran capciosas, y de que no importaba realmente que ella respondiese algo ceñido a su improvisado papel de mujer sufrida o le mandase directamente a la mierda con todas las letras; el resultado sería el mismo.  

Así que con la paciencia que identifica a cualquier depredador que sabe elegir bien sus momentos, la mujer puso todo de sí para mantener los nervios a raya y la claridad de mente; inclusive cuando ese ruido metálico y pesado le dejo muy en claro de que el hombre joven había tomado la espada que estaba apoyada sobre la mesa... o cuando el más viejo disfrazo un movimiento estratégico de accidente al patear su carcaj. Justine supo admitir para si misma de que ambas iniciativas fueron muy inteligentes; el único problema es que, de todas las artes de la guerra en las que uno puede desarrollarse, la asesina solía destacar mucho más en el pragmatismo, que en el arco y la flecha. De manera que no movió ni un sólo musculo hasta que se aseguro de que su adversario había terminado su turno en el tablero, y de que ahora le tocaba a ella mover las piezas.  

— Oh, no se pgeocupe. Los accidentes pasan...— Respondió finalmente, ignorando el ofrecimiento del noble. Toda su atención se concentraba en el estratega, que en aquellos momentos yacía particularmente cerca debido a que, para patear su carcaj, se había tenido que sujetar al respaldo de la silla en dónde ella estaba sentada; por lo que la proximidad entre ambos no podía resultar más deliciosa. Justine le dedicó una sonrisa ladina de dientes filosos. La mano que hasta entonces se había dedicado únicamente a tapar su herida, ahora hurgaba en el bolsillo de su pantalón. Apagte, segía una tonta si sólo estuviese agmada con eso... ¿no cgees?— súbitamente, esa misma mano trazo en el aire un semicírculo gris empuñando un objeto semejante a una pirámide plana de bordes irregulares y con 15 centímetros de largo. Ésta maniobra abrió una boca roja en el cuello del viejo, en una perpendicular perfecta a su manzana de adán. Justine no pudo reparar en longitud ni en profundidad, ya que la necesidad de moverse velozmente después de ese primer ataque  le apremiaba. De inmediato se paro arriba de la silla y apoyo un pie sobre el respaldo para impulsar un salto, provocando que la misma cediera hacía atrás por el peso de su cuerpo. Una vez en el suelo, alcanzo a rescatar el carcaj desmayado, que de sus 20 flechas ahora sólo conservaba 9 dentro de el,  y el arco. En tanto con la otra mano volvió a guardarse la punta de la flecha sin asta en el pantalón.    

— ¡Un paso en falso y doy el aviso paga que lo quemen todo!— Amenazo agitadamente debido a la brusquedad en sus movimientos anteriores. Se colgó el carcaj cruzado a la espalda y sacó una flecha — Sólo vinimos pog él... sólo nos pagagon por él... sé gazonable, jeune, que no entge nadie más...— Dicho esto, tenso la cuerda de su arco, puso una de sus flechas en ristre y orientó la intención del disparo en un punto indeterminado entre el hombre noble y el estratega, sin dispararla.  Su posición actual en la carpa era la que había tenido antes de sentarse; por lo que tanto la zona del escritorio, como la de la entrada, comprendían un mismo rango de visión.  La sangre de zorro se había secado, permitiendo  que luciera manchas negruzcas e irregulares sobre su piel blanca; regalando de paso una visión poco alentadora de la honda herida que realmente existía a nivel de su cintura. De todas las ideas que se le podrían haber ocurrido...esa de seguro no fue la más higiénica.

Fin: 9 flechas en el carcaj.
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Re: Get away with murder [Privado. Justine] [Entrenamiento]

Mensaje por Xander el Vie Nov 04, 2016 9:21 pm

El cambio de expresion de la mujer o mejor expresado la subita ausencia de expresion en el rostro palido de la mujer no paso desapericibida para el viejo estratega de mente afilada y entrenada por años de experiencia como su cabello cano en las sienes mostraba pero no era prudente hacerlo notar ni podia adivinar cuales eran las verdaderas intenciones y si era una trampa lo seria para el principe, pensaba el veterano. El principe ya estaba armado y eso era una tranquilidad para el. El gesto de su muñeca tampoco paso por alto y este si fue uno que Xander pudo reconocer ya que era el mismo movimiento gracil que Leon insitia y corregia a su hermana menor para que aprendiese al tomar las cosas de la mesa o mover su baston, el principe no era tonto pero le faltaba experiencia y por mas que viese que habia algo mal no podia adivinar realmente lo que estaba ocurriendo o que hacia una mujer de enseñanzas nobles herida en su carpa. Tontamente el principe se relajo cuando la mujer respondio con naturalidad al accidente sin reaccionar violentamente o acorralada apartando la mirada de la escena para centrarse mejor en hacer lo que habia dicho que haria y dar unos pasos hacia la salida para ir por un equipo de ayuda que patruyaran la zona.

El estratega abrio sus ojos con impresion a la dentadura anormalmente filosa y llamando su atencion la mano que hurgaba miro el bolsillo, empujo el respaldo de la silla pero no tuvo suficiente fuerza para apartar a la falsa damita en problemas y sin aguilidad en sus pies no pudo retroceder a tiempo para evitar el corte que se acerco a su cuello - ¡Xand..ahg! - su voz se sintio ahogada por el dolor y el corte que se desvió de su nuez a un poco mas abajo abriendo una herida suficientemente profunda para que la piel se abriese y entre la sangre se viese el blanco y amarillo de la traquea lastimada. Se cubrio el cuello con su mano y sangraba pero no tanto ni salpicando por lo que no habia alcanzado ninguna vena o arteria importante del cuello, demasiada suerte para el hombre aunque si no recibia atencion esa herida le terminaria por ahogar con la traquea herida sangre pasaba a sus pulmones si no tenia cuidado al respirar y agitado por el ataque su respiracion se habia vuelto agitada. El principe reacciono al instante desenfundando su espada y dio un paso hacia ella pero la amenaza le hizo detenerse en seco, mostraba sus dientes y miraba a ella y al estratega viendose invadido por la impotencia - ¡¿Quien te envia?! ¡Estamos en un cese de armas con Hoshido mientras la situación de los emergidos se solucione! ¡¿Eres una enviada de ellos?! - era lo primero que venia a su mente pero la verdad era que el acento que ella tenia no era propio ni de Nohr ni de Hoshido y no podia diferenciar esa manera de hablar.

Miro con urgencia al estratega que se sujetaba el cuello con la sangre cayendo entre sus dedos y con su boca abierta intentando respirar lento tosiendo sangre, Xander se aparoximo paso a paso de manera lenta sin dejar de apuntar su espada a la mujer aunque ahora estaba en desventaja con ella a una distancia que no podia alcanzarla con el filo y ella con un arco que en un segundo podia atravezarle la cabeza, al menos contaba con su armadura aunque no completa contando solo con la pechera y los protectores de sus antebrazos - Maestro, salga de la carpa ahora, busque ayuda. Yo me encargo de ella. - el hombre rengo negó preocupado por la amenaza al campamento pero al intentar hablar solo tosio mas - ¡Muevase! ¡Si intentan incendiar el campamento los soldados actuaran! - se dirigio a la mujer - No permitiré que te lleves la vida de nadie, ni siquiera la tuya por más que ruegues que la tome. -
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Re: Get away with murder [Privado. Justine] [Entrenamiento]

Mensaje por Invitado el Jue Nov 17, 2016 1:31 am

Inicio: 9 flechas en el carcaj.

A esas alturas del partido, Justine exhibía una inquietante tranquilidad en la expresión de su cara. Como si de repente se hubiese transformado en una muñeca de mayólica, rota y sombría; y ésta se debiera al servicio de unos hilos invisibles e impalpables, que ahora mismo maniobraban en ella haciendo que negara con su cabeza. La muerte era la única certeza con la que podía contar, y pocas cosas son más tontas en ésta vida que temerle a lo inevitable. Por tanto, esa situación manejaba dos variantes con consecuencias bastante claras: morir o matar... y siendo así, entonces ¿Cuál es el problema? ¿Qué puede ser más implacable que dejar de ser, en sí mismo? ¿El dolor? ¿La soledad?; ella no tenía idea de si iba a salir de ahí o no, pero al menos manejaba la certidumbre de que podría poner punto final a la reyerta quitándose la vida cuando quisiera.  

—Ni Hoshido... ni Plegia... ni Altea... ni nadie que se te ocug-a. Aquí no estamos para integpgetag el papel de peones políticos. Eso es cosa de hombges. ¿Quieges enojagte con alguien, cielo? Enfádate con él — Inmediatamente hizo una seña con la cabeza en dirección al pobre viejo, que hace tan solo unos dos minutos atrás le había hecho frente con tanta etiqueta y dignidad. Era una lástima que lo único ágil en ese maltrecho cuerpo fuera su cerebro Pgegúntale que miegda ha hecho paga que alguien tenga tantas ganas de veglo muegto como paga contgatagnos.— entablo una breve pausa — Haciendo justicia a la autocgitica... quienes acuden a nosotgos suelen seg pegsonas muy desespegadas Sonrió con perfidia, exhibiendo ese juego de dientes horribles de los cuales se enorgullecía tanto.  

Con la flecha en ristre, y sin retroceder ni un sólo paso, su corazón se debatía entre el apetito por sangre y la obligación de mantener la mente clara y despierta. Una batalla que solía presentarse siempre en los momentos más complejos. Por un lado, sabía que estaba sumida en una enorme desventaja táctica frente a alguien que lucía mucho más fuerte que ella, que contaba con un ejercito a su servicio y una incuestionable superioridad logística. Era como si una viuda negra, después de envenenar a su victima, tuviese que hacerle frente a un poderoso tigre a la hora de escapar. Debería confiar en sus objetables aptitudes diplomáticas, y en la destreza de un cuerpo que parecía haber sido concebido únicamente para escurrirse como una rata de cada dificultad. Sin embargo, al mismo tiempo, a su derecha se descubría una "tarea a medio hacer"...agonizante, patética, que sangraba copiosamente y por la cual había arriesgado tanto. Un cerdo moribundo, que en el hoy por hoy ofrecía más beneficios vivo que muerto y cuya posibilidad de salvación resultaba imperdonable. Tenía que matarlo. Reprimir cada uno de sus instintos le quemaba por dentro. Necesitaba desgarrarlo a dentelladas. Los dedos le cosquilleaban ante la quimera fugaz de un desollamiento con la ayuda de sus uñas; imaginando que luego podría diseminar por el suelo de la carpa todo aquello que estuviese comprimido adentro de esos músculos vencidos. Nada en el mundo le resultaba más difícil que refrenarse a sí misma.  

“Estás sola. Recuerda que estás sola. Puedes mentirle a él... a ellos. Puedes inventar cuanto quieras. Que a la hora de la verdad, sabes que nadie vendrá por tí.”  

Trato de sofocar por más tiempo sus impulsos prestando atención a lo que el noble decía. Se refería al estratega con tanta firmeza, con tanta convicción; al punto de que parecía que la vida del viejo realmente le importaba. A Justine no le gustaban los héroes, se le antojaban imprácticos. Aún así, no bajo la guardia en ningún momento, retrocediendo la misma cantidad de pasos que el joven había adelantado en su dirección. Trataba de que su postura fuese siempre perfecta, quería ofrecer la certeza de que sería la primera en asestar una puñalada si alguien se atrevía a atacarla.  

—¿Que tú no me vas a dejag haceg qué?... miga, te lo gepetigé de nuevo por si no me he explicado lo suficientemente bien..— Entorno los ojos y borro la sonrisa cruel de su cara — Sí él se escapa, el campamento se pgende fuego. Y sí, puede que tus soldados actúen gápidamente y que la mayogía se salve. Pego... ¿y los que no? ¿la vida de un mogibundo vale más que la de tges... o cuatgo... o seis hombges? ¿Y las pgovisiones? El fuego atgaegía la atención de eme-gidos y de ladgones... ¿Estagías dispuesto también a cog-er ese giesgo?— En todo ese tiempo, su flecha estuvo apuntando en dirección al joven. Paso la lengua fina y lastimada por sobre sus labios amoratados para humedecerlos un poco. — Puedes atgapagme, togtugagme, aislagme... pego eso no te va a devolveg nada de lo que puedas pegdeg hoy,  ni impedigá que suceda de nuevo, ma vie....— se guardo el “piénsalo” que había tejido mentalmente para coronar su argumento, porque sinceramente no tenía ganas de perder más tiempo. Por cada segundo que pasaba, las posibilidades de que alguien entrara en la carpa aumentaban considerablemente...  

“Alguien más entre...”

Abrió los ojos como platos, en tanto un escalofrío nacido en las lumbares le recorrió la espalda. Casi se olvidaba de que el noble había llamado a alguien para que la asistiera antes de que se desencadenara el desastre. Entonces elevo el labio superior, subrayando un gesto que mezclaba el asco y la reprobación, para luego apuntar hacía el estratega en un movimiento tan rápido que siquiera ella pudo terminar de meditar. Cerro su ojo izquierdo, y mantuvo el derecho fijo en el cráneo de su objetivo. Acto seguido, soltó la cuerda del arco permitiendo que la flecha disparada dibujara una recta perfecta en el aire  con el fin de terminar perforando algún sector especifico en el rostro de su deseada victima.  

Fin: 8 flechas en el carcaj.
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Re: Get away with murder [Privado. Justine] [Entrenamiento]

Mensaje por Xander el Lun Nov 21, 2016 3:19 pm

Que ella señalase al estratega como el culpable de aquello le dejaba bastante atónito, podia hacerse una buena idea de por que alguien querria matar a un estratega de un ejercito sobretodo uno que estaba encargado del escuadron del principe a la corona pero seria enviado por otro reino para estropear los planes de avance. Un estratega era un blanco muy cotizado por los enemigos asi que por ese lado no le sorprendia el ataque tan especifico incluso evitando lastimarlo a él mismo lo que significaria una guerra segura pero que especificase que no era de ningun pais le dejaba un sabor amargo en la boca aunque siempre podia desconfiar de su palabra y que estuviese mintiendo y si fuese enviada por un reino... enviar asesinos no parecía ser una estrategia a la altura de la moralidad del príncipe de Hoshido pero si consideraba a los ninjas que eran asesinos que se movian en las sombras podia entender que esa moralidad no era tan inmaculada como su cultura queria mostrar, Altea era un pais que tenia comercio por ellos y no habian tenido disputas de ningun tipo incluso pese a las diferencias religiosas, lo mismo con Ylisse, Ragna Ferox era un reino aislado por una gran muraya que ni siquiera parecia ser parte del continente por la ausencia en las relaciones internacionales... y finalmente Plegia. Plegia era un pais simpatizante por religión pero que tomaba acciones de forma muy directa manteniendo siempre al frente que el fin justificaba los medios, los tratos de Nohr con Altea podian haber enfadado a alguien y aquello podia ser una advertencia o simplemente un llamado de atencion por la distancia generada entre ambos adoradores del dragon oscuro, un pais poseyendo sus huesos y otro su sangre. Los pensamientos en la mente de Xander pasaron rapido pero no suficiente como para lograr una imagen clara, el ruido de los nervios no le permitia sacar nada en limpio y la joven parecia no notar la importancia de un estratega en un ejercito tomando aquel trabajo como algo personal - La vida de un estratega vale más que la de cien hombres si su mente es buena. - no dudo en sus palabras por duras que fueran, la fuerza podia ser grande pero si no se sabia donde aplicar o como solo eran manotazos al aire, un estratega bueno podia llevar a la victoria incluso contra las probabilidades.

El hombre mayor trastabillo en su intento de apartarse y se sujeto de la silla en la que habia estado descansando temprano y cayendo sentado en esta sin poder continuar por su pierna su falta de fuerza y ahora el mareo por la perdida de sangre y su respiracion cada vez mas ahogada, sus pulmones cada vez mas llenos de sangre a cada respiro apresurado que daba. El principe volvio a levantar la voz de forma pesada - ¡¡VETE!! ¡BUSCA A UN SANADOR! Yo me encargo. ¡No te atrevas a morir asi! - el estratega se volvio a intentar parar sobre sus pies y se volteo para correr hacia una de las paredes, eran carpas de lona que con jalar de las tiras que las mantenian armadas podia abrir una nueva salida pero no llego a dos pasos que por la nuca ingreso la flecha saliendo por su cuello. Esta vez si hubo un reguero de sangre que dejo una mancha de gran tamaño en la lona chorreando hasta el piso, el estratega cayo sobre sus rodillas y enseguida su torso golpeo el piso de tierra con la cabeza a un lado y un lago de sangre creciendo a su alrededor aun con la flecha atravezando su cuello de lado a lado.

Todo fue demasiado rapido y Xander no pudo reaccionar hasta que el cuerpo toco el piso al tiempo que un jovencito se asomaba por la puerta de la tienda con una jarra con agua, se quedo quieto - ¡Estamos rodeados! ¡Notifica y envia patrullas alrededor del campamento! ¡AHORA! - el jovenzuelo tiro la jarra al piso y salio corriendo. Los soldados obedecerian y comenzarian a buscar a los supuestos compañeros de la asesina dejandolos por un tiempo mas solos en la tienda. El principe afirmo su espada con una sola mano y se acerco mas a ella rodeando hacia la abertura de la tienda por si ella decidia escapar corriendo podria darle alcance mas rapido - Da la señal que tengas que dar, si uno solo levanta un solo cerillo contra este campamento los soldados lo atraparan. Rindete ahora y terminaremos rapido con esto. - daba una ultima oportunidad de que ella se entregase antes de acudir a la violencia aunque ya por como se disponia en su postura se veia que el rubio estaba listo para avalanzarse contra ella. Afuera se escucharon los sldados tomar armas y las patas de los caballos golpear el piso al pasar corriendo junto a la carpa para comenzar a buscar alrededor.
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Re: Get away with murder [Privado. Justine] [Entrenamiento]

Mensaje por Invitado el Vie Dic 09, 2016 4:35 pm

Inicio: 8 flechas en el carcaj.

El éxito en su último tiro supo arrancarle todas y cada una de sus inseguridades de un plumazo, sustituyendo rápidamente ese gesto de tranquilidad escalofriante por una mueca de cruel satisfacción. Todo estaba hecho, lo había logrado. Lo había matado en sólo dos intentos, y ahora su cuerpo desvencijado yacía inanimado en el suelo. Debajo del robusto cadáver crecía un charco de sangre que iba coloreando la hierba en ese tono de rojo que parecía definir cada pequeño aspecto en ella. No cabía en sí misma de gozo. Una euforia deliciosa le llevó a alzar el mentón y a creerse, por unos instantes, dueña de cualquier oportunidad. Y tan grande era esa sensación de oscuro domino, que no pudo evitar aprovechar el momento para obsequiarse ciertas libertades. Mientras el hombre le gritaba una orden al único soldado que se asomó por la puerta de la carpa, Justine llevo el dorso de su mano derecha (la que había sostenido la flecha) hasta sus labios negros y lo besó, estableciendo un efímero contacto entre dos superficies tan frías como el mármol de un epitafio. Luego alzo el brazo  y susurro “Ascension pag la mogt”, respetando ese cierre especifico que antaño coronaba el fin del ciclo en los rites rouges de los Lorsange, momento en el que cualquier miembro de la familia  lograba arrancarle la vida a un animal muy peligroso o a un enemigo que supo mostrar una  indiscutible valía en el campo de batalla.   

En definitiva, una señal de victoria. 
 
No obstante,  cuando el hombre volvió a dirigirse a ella, la joven asesina ya tenía su arco en ristre apuntándole directamente con una de sus escasas flechas. Ante la orden, soltó una carcajada que se asemejó más a un conjunto de garras arañando un vidrio, que a la risa de una mujer — ¿Pog qué... tendgía que dag una señal si el ya está muegto? ¿Paga que me asistan? ¿Ag-iesgag a más de veinte pegsonas por una sola? El tgabajo está hecho, ma vie... ahoga vos sois mi pgoblema...— no dejó de sonreír ni un solo instante, estaba aliviada de que su mentira encontrase un punto final tan elegante. Pog ciegto... ¿esto quiege decig que soy mejog que cien hombges juntos? Menuda novedad... Esto es lo que pasa cuando uno pgiogiza a la teogía fgente a la pgactica...— Ladeo el rostro y arqueo una ceja — Aunque veo que ega muy impogtante paga ti, una lástima. Paga la pgóxima... no lleves a tu abuelo a la gueg-a, es de mal gusto.— en un gesto de provocación se mordió el labio inferior con tanta fuerza que se lo lastimo a drede. Inmediatamente un hilo de sangre descendió suavemente hasta su mentón — Si este enca-go te ha metido en un apgieto, te lo megeces ¿que clase de "mente iluminada" hay que teneg paga poneg la vida de un puñado de soldados al segvicio de un viejo? ¿Que es lo que ocug-e? Les gespetaba, gente de Nohr. Les cgeía letales e implacables. Las histogias de mi infancia se alimentaban de hazañas como las vuestgas... no me decepcionéis...—

No era necesario aclarar que, durante esos tres años en completa soledad, Justine había hilvanado sus propias teorías sobre como tendría o no tendría que ser una formación destinada a la guerra. Teorías cuya base se sostenía en el “yo”  y no en el “nosotros”.  Se negaba a ver a un grupo de personas como una unidad competente en su conjunto; para ella, cada quien debía de arreglarse solo y punto. Sin embargo, lo que buscaba ahora no era la victoria de ningún debate... lo único que quería era calentarle la cabeza a quien, evidentemente, estaba a cargo de todo. Quería que perdiera su eje, que se le nublara el juicio por la rabia. Físicamente ella no tenía la más mínima oportunidad, sus flechas se encontraban ante una desventaja absoluta frente al filo de esa espada. Necesitaba apostar todas las cartas a esa inocencia aparente en la conducta del hombre, a esa tierna credulidad que le llevo a creer cada una de sus mentiras. 
 
— ¡Pego sois hombges!... ¿que puedo espegag del genego más bguto pog antonomasia? Ggacias a que ustedes lidegan, el mundo se está cayendo a pedazos...— dicho esto, empezó a caminar lentamente de costado, hacía la derecha, sin dejar de apuntarle en ningún momento, como si estuviese rodeando a un león a punto de abalanzarse a su cuello. De un salto logro situarse sobre la mesa y, de un movimiento todavía más rápido,  dirparar una segunda flecha dirigida a un punto muy cercano al pie izquierdo de él. Su objetivo no era lastimarlo ni mucho más, simplemente quería que se moviera a un lado, que se atreviera a abandonar su posición frente a la puerta.

Fin: 7 flechas en el carcaj.
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Re: Get away with murder [Privado. Justine] [Entrenamiento]

Mensaje por Xander el Miér Ene 04, 2017 3:47 am

Tenia principios y honor, algo que era muy bonito en las historias pero un inconveniente en la vida real, su padre constantemente le ponía a prueba empujandolo tan al borde que muchas veces debio de romper sus propios principios y cada una de ellas la sufría pero seguía, a sus 33 años, firme a cada uno de sus principios y haciendo lo imposible por mostrarse que un hombre podía ser fuerte y un buen lider exitoso sin necesidad de volverse una persona baja y traicionera. Por esa misma razón se mantuvo quieto y alerta permitiendo a la dama hablar, no tomando ventaja de aquellos momentos en que ella se explayaba para interrumpirla pero no podía decir que era una tarea facil ya que cad apalabra que salia de su boca era una provocación aún mayor que la anterior. Despreciaba aquel grupo de mercenarios, dejando atrás a una de las suyas con total de tener su objetivo y ahora tenia mas sentido que estuviese ella sola allí, se había metido a la misma boca del lobo pero no parecia tener intencion de salir con vida, como ella lo ponia era una misión suicida - Insolente... ignorante. Sigues ordenes a ciegas y ni siquiera entiendes lo que haces. - las provocaciones funcionaban, palabra a palabra su entrecejo se fruncia mas y su puño se apretaba mas en el mango de su espada.

Las acciones que mostraba eran ilógicas para el, que se hiciera sangrar o que besase su propia arma parecian a sus ojos solo acciones que acompañaban la locura que estaba cometiendo, tenia que admitir que de admirar la habilidad que habia tenido para escabullirse tan dentro del campamento y efectivamente habia podido matar al hombre mas inteligente alli dentro. Era un hombre que Xander respetaba mucho y aquella mujer le comenzaba a faltar el respeto aun estando cálido su cadaver. Avanzó con firmeza un paso y su espada se alzó sobre su hombro pero sin alejarse demasiado, estaban a corta distancia, ella no tenia armadura, no necesitaba demasiada fuerza en sus golpes si no el ser rapido y preciso. Pero ella lo era mas como lo mostraba al saltar sobre la mesa y lanzar una flecha que apenas llego a tocar la bota del principe que apartó el pie gracias a sus reflejos entrenados. Se había apartado en direccion opuesta a la flecha y enojado ya le costaba mantenerse cauteloso así que alzando su voz avanzó ahora directo hacia ella empujando con su mano libre una silla hacia la salida por si intentaba irse al menos no le fuese un camino tan despejado - ¡Gente como tu, carente de escrúpulos y valores, son las que arruinan el mundo! - tenia intencion de capturarla con vida para interrogarla sobre quien habia enviado aquel asesinato pero la razón le habia abandonado en ese momento y el calor de su sangre era lo que lo movía.

Su espada trazó un arco en el aire directo hacia la mesa donde estaba ella, no apuntaba con cuidado, le daba igual darle en la pierna, brazo o incluso cuello. Aquella mujer no respetaba a los muertos, no respetaba a los mayores, sobretodo no respetaba los principios y la moral, era la clase de persona que la manera que tenian de mejorar el mundo era pereciendo.  Eso pasaba por su mente en ese momento aunque no era realmente lo que pensaba cuando tenia la cabeza fría, más humanitario solia creer que cada persona tenia una utilidad y que podia volcar sus habilidades en una causa, pero ahora solo quería verla sangrar. Sus pies pisaron la flecha clavada en el piso quebrando la delgada varilla de madera cuando avanzó, fuera aún se escuchaban los caballos y los soldados dando ordenes pero muchos menos que antes, ya varios habían dejado el campamento para hacer recorridos de reconocimiento buscando a los supuestos bandidos que los observaban así como unos pocos se habian quedado para examinar las tiendas buscando gente oculta.
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Re: Get away with murder [Privado. Justine] [Entrenamiento]

Mensaje por Invitado el Jue Ene 12, 2017 4:15 pm

Inicio: 7 flechas en el carcaj.

—¡Ginti cimi tí, ciginti di iscgipilis y viligis, sin lis qui ag-inin il mindiiii!—Se burlo y soltó una carcajada, en una suerte de retroceso a sus 7 años. Lo cierto era que a esas alturas del partido nada parecía importarle menos que salir en una pieza. El olor de la sangre conjuraba en ella el mismo efecto que suscitaba en los tiburones: una excitación que transformaba a la razón en histeria, a la prudencia en insolencia y, además, suprimía de un plumazo cualquier instinto de auto preservación a favor de la crueldad. En su cara de muñeca se podía descubrir una mueca desangelada, que mantenía los labios ligeramente abiertos y las comisuras de la boca tensas en una sonrisa inconclusa. No obstante, la mayor consecuencia de aquel estado era su exceso de confianza. Las más de las veces, Justine se presentaba como una guerrera con los pies en la tierra, que rara vez forzaba sus limites y que respetaba a sus adversarios; pero aquella misión había exigido tanto de ella que le transformo en un ser demasiado proclive al error. Como si el exceso de adrenalina le hubiese embotado la seriedad y la madurez, transformándola en lo que se conoce vulgarmente como:“una loca de mierda”.  

Por ende, termino subestimando la velocidad de su enemigo, al cual creía bastante más torpe después de haberlo sumido en una profunda indignación... aunque éste en aquellos instantes se aproximara raudamente con la aparente determinación de un verdadero homicida. En un principio pensó que podría esquivarlo teniéndolo a cuatro palmos de distancia sin mayor dificultad, que no sería capaz de moverse con las mismas facultades que ella y que, de esa manera, dejaría la salida de la carpa lo más despejada posible. Un error, por supuesto, ya que la fuerza del hombre resulto ser mayor de lo que había sospechado. Su enemigo no demoro en sorprenderla al alzar la espada y trazar una parábola en un tiempo mucho menor al que había calculado, y si bien Justine logró saltar atrás del escritorio, el filo del arma alcanzo a rajar su ropa en una diagonal casi perfecta, que nacía en su hombro izquierdo y se desarrollaba hasta concluir en su cadera derecha. Sobre su hombro y pecho izquierdo empezó a dibujarse una línea roja con perlas de sangre que no demoro en unificarse y escocer —Bien... no eges tan inútil, después de todo... CASI pageces un hombge de vegdad...— Volvió a mofarse de él, ya sin tanta sorna en la voz; la verdad es que su tono pareció coquetear más con la rabia que con la locura.  

Rápidamente, Justine guardó el arco y la flecha en el carcaj, para luego rodear el escritorio por la derecha. En una primera instancia, su plan había sido cortar una de las paredes de la carpa con la punta de flecha que aún tenía en el bolsillo; pero no demoro en descartar la idea al ser consciente de las verdaderas capacidades de quien a todas luces aparentaba ser el general de ese pelotón. Ya no sólo se trataba de alguien lo suficientemente fuerte como para cargar con naturalidad esa espada, sino que también se trataba de alguien lo suficientemente respetable como para moverse con semejante armadura sin sufrir demasiadas penalizaciones en la velocidad. La mujer debía limitarse, sí o sí, a sacar partido de su propia celeridad, agilidad y a su sobrehumana capacidad para soportar el dolor. Así que tomo aire y rodeo el escritorio por el lado derecho, apelando con ambas piernas a toda la velocidad de la cual podía valerse en un momento como ese. Esquivo por los pelos al general, pasando junto a él como una saeta negra y blanca, en dirección a la única salida. Aminoro imperceptiblemente la carga cuando estuvo a medio metro de la entrada, para inmediatamente flexionar las rodillas y tomar un breve impulso, logrando saltar y pisar sobre esa suerte de silla que el general había colocado en la “puerta” para que fuese menos sencillo escapar. Ahora se encontraba ridículamente cerca de huir, re descubriendo ese cielo eternamente encapotado que se cernía sobre Nohr.

Fin: 7 flechas en el carcaj.
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Re: Get away with murder [Privado. Justine] [Entrenamiento]

Mensaje por Xander el Jue Ene 26, 2017 1:48 am

No lo había hecho... no podia ser tan descuidada, tener tan poco instinto de auto preservación... no podía estar provocando con esas brulas a un hombre que debía tener el doble de su peso en músculo y metal y blandía una espada hacia ella teniendola técnicamente acorralada. Por unos momento el príncipe sintió que su rostro ardía subiendo la sangre a su cabeza intentando controlar la irracional ira que desataba aquella mujer, sus nudillos se ponían blancos de la fuerza que hacía para cerrarlos y su mente quedo completamente en blanco presa de aquel enojo ciego por el ser tan falto de escrúpulos. El ataque que había dado casi ciegamente había llegado a alcanzarla pero no lo suficiente aunque la tela de la ropa se abrió mostrando la piel blanca zurcada por la reciente herida sangrante. Había cumplido su intención, la había hecho sangrar pero ella seguía hechando más leña al fuego alimentando el lado irracional de aquel hombre.

Contrario a lo que podría parecer, Xander era un guerrero, honor, coronas y brillantes armaduras era la definición que muchos darían de él, pero eran gente que no le habian visto en el campo de batalla cuando la adrenalina le golpeaba y se rendía a la sed más básica que todo portador de espada y soldado de línea del frente tenía. Él tenía un lado irracional, salvaje y agresivo que a base de picarle con un palito la dama de cabello corto ébano le había sacado a relucir. Aquellas ultimas palabras fueron suficientes para hacerle perder el cuidado que le quedaba y sus acciones se volvieron mucho más básicas y directas. No articuló palabra en respuesta si no que un grito parecido a un rugido salió de su garganta cuando volvió a atacarla, persiguiendola en su corrida con su espada en mano sin llegar a alcanzarla, cegado en mirar a su presa y correr con una velocidad que no se esperaría de alguien de ese porte y armadura pero la agilidad no era parte de sus habilidades y menos cuando estaba en ese estado así que cuando se topó con la silla que él mismo había lanzado sus pies tropezaron y cayó rodando por el piso de tierra. Años de entrenamiento le hicieron caer bien impulsandose con su brazo para levantarse y manteniendo el filo de la espada alejado de su cuerpo pero cuando volvió a ponerse de pie ya su presa estaba demasiado lejos para ser apresada.

La caída despejó un poco su mente, lo suficiente para hacerle razonar la situación y que su instinto de seguir corriendo detrás de ella no le llevaría a ningun lado. Miro rapidamente a su alrededor y emprendio camino en dirección opuesta. Iría por su caballo para poder montar y poder darle caza a lomos del mismo, pero por más que se apresuraba ya sabía que sería muy poco probable que llegase a alcanzarla. Aquella mujer se había escabullido allí sin que nadie la hubiese detectado y como la comadreja que era seguro ya se había escabullido en su camino fuera.
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Re: Get away with murder [Privado. Justine] [Entrenamiento]

Mensaje por Invitado el Lun Feb 06, 2017 12:16 am

Inicio: 7 flechas en el carcaj.

Lo primero que sintió al salir de la carpa fue el viento fresco de la tarde atizándole la cara. Hubo algo en aquel lapso de tiempo que se antojo vigorizante y esperanzador. Enfrentar a semejante hombre le había agobiado muchísimo, pese a lo poco que duro el encuentro; sentir como el viento se le enredaba en el pelo, le acariciaba la piel o se inmiscuía bajo su blusa ensangrentada era lo más cercano a “ser alentada” que había experimentado durante toda su vida. Así que de alguna manera que ella siquiera podía llegar a explicar, aumento la velocidad de su carrera sin detenerse a escuchar si habían o no pasos que la precedieran. Doblo hacía la izquierda, ocultando su menudo cuerpo entre dos enormes carpas, para finalmente obligarse a frenar clavando los talones de sus botas en la tierra.  

Con la respiración agitada pero silenciosa, la arquera miro de un lado hacía otro examinando el panorama que la rodeaba. Los soldados dispersos formaban grupos con alguna ordenanza especifica que ella no podía ni quería llegar a entender en ese momento. Sabía que no tenía mucho tiempo,  razón por la cual se dedico únicamente a  tomar apuntes mentales sobre la ubicación de todos los arqueros al alcance de sus ojos; ya que sí alguien lograba descubrirla, éstos serían los primeros dolores de muelas al tener la capacidad de poder cazarla desde lejos. Sin embargo, rápidamente entendió que cada uno de esos hombres prefería vigilar cualquier sendero de cuerpo ancho o zonas con pronunciadas salientes, en donde era más coherente que se estuviesen ocultando más de veinte personas al acecho. La comprensión sobre ese hecho le recordó lo mucho que le extrañaba lo bien que había colado su mentira, o la suerte que había tenido al enfrentarse a alguien con principios tan sólidos. Si aquella cabecita rubia hubiese tenido dos gramos más de realidad inyectados en el corazón, Justine estaba segura que escapar en una pieza hubiese sido imposible.  

Después de aquella breve valoración, descubrió que a unos 100 metros de distancia, al pie de un sector del peñasco, se alcanzaba a ver una delgada hendidura en la roca que regalaba la impresión de ser larga y comunicar con un pozo de aire al otro lado (a juzgar por la lumbre grisácea que se manifestaba tímidamente en el aparente final de la grieta). Justine tomo aliento y hecho a correr de nuevo con todas sus fuerzas, amparada en aquellas islas de hierba sobre la tierra que silenciaban sus pasos. Tenía suerte de contar con un cuerpo pequeño, que para mejor compartía los colores de la muerte en toda su extensión; a lo lejos podía ser confundida con un pájaro moribundo que avanzaba de formas extrañas al ras de la tierra huyendo de sus depredadores. Apenas lograba ignorar el dolor en la herida que le cruzaba el pecho de lado a lado, ya que parte de la ropa se le había pegado en algunas zonas del corte por culpa de la sangre seca. Gracias al esfuerzo, sus mejillas, frente y cuello empezaron a perlarse por la sudoración, al tiempo que sentía también como la sangre se le agolpaba en las mejillas calentándolas a una velocidad alarmante. Las pocas flechas alojadas en su carcaj se chocaban entre si, amenazando con caerse por los trompicones y dejarla más indefensa de lo que ya se sentía. Así que cuando estuvo a la distancia de unos siete pasos de su objetivo, la joven asesina se arrojo a la delgada hendidura como si en ello se le fuera la vida, cayendo adentro de la misma y de rodillas sobre las piedras sueltas de aquel suelo tan sucio. Sus hombros se elevaron y disminuyeron al ritmo de una respiración acelerada, en tanto cerraba los ojos tratando de aguzar el sentido de la audición con el fin de interpretar alguna voz a la distancia.  

Ni cascos de caballo, ni sonido de armaduras, ni golpeteo de armas, ni violentas indicaciones, ni zumbido de flechas... ni nada. Aparentemente el general había preferido no perseguirla, o le perdió el rastro en algún punto de la persecución. Sea como fuese, Justine tenía muy claro que si se había logrado escapar fue más por voluntad ajena que por mérito propio.  

Con muchísima lentitud se puso de pie y pego la espalda a la pared derecha del delgado pasillo con el fin de desplazarse en dirección opuesta al campamento. Aquella cueva era más profunda de lo que había intuido en un principio, y se iba haciendo más estrecha conforme uno avanzaba. Así que en un punto del camino, tuvo que arrodillarse en el suelo e ir sacando lentamente su cuerpo por la abertura de salida, empezando por la cabeza y terminando por sus piernas. Lo que vio afuera una vez se hubo reincorporado, fue una altísima pared de piedra de gruesas rocas que fungían como salientes pronunciadas por las que uno podría trepar fácilmente y terminar en la cima del precipicio en unas cuatro o cinco horas, a la vez de que se encontraba oculta de toda vista gracias a esa suerte de muro natural por el que había estado cruzando, y que resultaba ser casi tan alto como aquella extensión de acantilado que la asesina planeaba trepar.  

"Ya no hay más" pensó "Ésta mierda se termina acá".  

Sí había algo de lo que el mundo podía estar completamente seguro, era que en esa misma noche cierto hombre de mediana edad y pelo renegrido iba a pagar muy cara la victoria de ese servicio. Ya que aparte de la suma acordada inicialmente, Justine le cortaría tres dedos y le destrozaría la cara por haber sido capaz de ocultarle que en ese sucio campamento se encontraba, ni más ni  menos, que una joya de la corona de Nohr.  
Hay errores que no tienen forma alguna de ser justificados.


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Re: Get away with murder [Privado. Justine] [Entrenamiento]

Mensaje por Eliwood el Dom Feb 19, 2017 10:22 pm

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Justine ha gastado un uso de su arco de bronce.
Xander ha gastado un uso de su espada de bronce.

Ambos obtienen +2 EXP.
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Espada de acero [2]
Gema de Ascuas
Tónico de res. [1]
Tónico de def [1]
.

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
746


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