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Demiurgos heresiarcas [Priv. Kmone] [Campaña Libre]

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Demiurgos heresiarcas [Priv. Kmone] [Campaña Libre]

Mensaje por Invitado el Mar Sep 13, 2016 5:06 pm

Sutil, perfumado, el astro de opulencia deja la esquela de los montes para anidarse como las pertinaces aves en el refugio antípoda, donde la tarde ha de fenecer fluctuante entre el blando espesor de los musgos y las hiedras como un vago rumor esparcido sobre la tierra. Era el mercado, testigo lacónico y de mortajas encerrado por puestos de campiña, el pragmático alborozo con que el valle del país humedecía y ungía los caudales de sus ríos, y disipaba de una intransigente vida a dalias retiradas, siendo objeto de refulgentes cálamos que la escarzaban del óbito como la misma benevolencia hace al hombre escapar de aquéllos predicamentos a mala fe aglutinados. En los céfiros se cargaban. Áureos de alborozo estaban los ojos de la gente, que por el desdichado ímpetu de elucubrar sus vanos deseos en un confín de mercancías y bienes de perpetua mudanza, no recaían en el dilema que mantenía a las finanzas funcionando asemejándose al engranaje que se unge del aceite propio de las ambiciones y las codicias.

Cierto era que el ambiente poco tenía que envidiarle al avezado de las fincas y haciendas, donde alrededor del ángaro se aunaban preceptivamente los lacayos de la recia labor, conformes y confirmados en un paraíso de sonrisas y copos de temblorosas danzas rústicas. Podía escrutarse, atusando y componiendo una sinfonía de rudimentario orden entre tanto caos y volcánico delirio, la agilidad de pies y cálculos enrevesados en suplir cada uno una satisfacción íntima y de prístina pujanza.  No así estaba el mesnadero replegado, desprovisto ya por la tradición más que por traición insurrecta de todas las estupefacciones e inadvertencias de los tercos visitantes, que en virtud de no mercar ni las gracias, ni siquiera tasaban en su ilícita y arbitraria balanza el esmero por otorgar una afrenta al acíbar. Fuese a reprocharle por divina imprecación el intruso por verle tan azuzado de los cánticos impalpables, pues sólo cabría en el verdugo inquisidor lo argüido por veleidoso y tumultuoso, al apreciar que al contrario de lo prendado en prejuicios, sí estaba inmerso en los más venturosos y suavizados entresijos, esperando en un péndulo encarnizado a quien le implantase sus demandas.

En su continente, duro y enriscado, se denotaban las vigilias pasadas por artificio de las cavilaciones y reflexiones que inquietan al racional natural, e inclusive tras la punzante seroja que esculpía su carisma de incógnito, había algún grado de hospitalidad y dulces bríos. Las mellas de su patentado destino eran, insufriblemente, las penurias de un infierno que se cernía nítidamente en lo precoz de lo que realmente debiese ser, y lo substancial de las palabras de protesta quedaba en sólo eso; vacuos discursos que no son por frugales lo que son por dichos en medio de un caudal de febril cólera e insensatez. ¿Quién hubiera de ofrecer cauto sino al que por soberbia no presenta sus querellas en formalidad, aguantando el primigenio cadalso de la pobreza, luchando infatigablemente en los albores para hacerse de apenas el vestigio del estatus?

Una sociedad cuyo mérito se desplomaba en una máscara de prosperidad y fructífera economía, siendo los ingentes agujeros de un modelo inútil cegados con la voluntad de un dedo oligarca y magistral, en cuya ley es incomparable la validez con análogos regimientos. Por eso, en lápida anticipada y como un óbolo sacrificado a largo plazo, los de su tanteada y errática calaña tenían que surcar en indómitos oleajes en búsqueda de ese mismo principio y precepto repetido por mero compromiso y pantalla; auge. No puede fingirse escrupulosamente un escenario donde ni el follaje ni las voces han sido formuladas, acaecimiento que por ser atingente a los cimientos sobre los que se erige toda la interpretación tergiversada de los parámetros idealistas, terminaría desmoronándose en una hecatombe general y en un colapso del sistema que reinaba en tiranía anacrónica yuxtapuesto al anhelo de brotar como gérmenes vírgenes en la hierba de aquéllos aún revestidos y embadurnados en la ilusión de su estabilidad.

El pacífico hombre de nociones amedrentadas, yacía en estas cismas en una constante indecisión, por las cuales su taciturno ánimo se escindía en el plano extemporáneo y en el efímero, siendo en el que tenía al horizonte como límite en el que comprendía y consumía la mayor parte de su emplazada rapsodia de adagios y escasa algazara. Sin embargo, mientras entregaba instrucciones a algunos íntegros miembros de su facción nómada en la cual su camino era la directriz, el restallido de las armas dio la señal que la impronta aguardaba en su guarida desde que las tejedoras soportan las precariedades del azar. Tal como un azote eléctrico secundado para derribar a una bestia de humo y arena, infundieron su vorágine los apadrinados por la sinuosa inmoralidad, aquellos que estruendosamente usurpaban la serenidad para acechar con sus ojos escarlata la tensión y el pánico ocultos en las huestes de ambulantes comerciantes y escuetos clientes del estraperlo.

- Ya me temía yo que el hedor del abismo tardaba demasiado en pronunciarse… - musitó cruentamente, agudizando sus sentidos y desenfadándose del asumido letargo, enarbolando tácitamente el sable que se desperdigaba de su muceta para unirse y vincularse a la acción en defensa de sus lejanos colegas. Entonces, realizó un amago para comunicarles a sus claudicantes que desertasen de ir en su socaire y vanagloriasen el privilegio de sostener su propia existencia, y así no dejarla escurrir entre sus manos como la límpida agua alicaída y alada en sus finos y acompasados dedos sin tanta experiencia.
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Re: Demiurgos heresiarcas [Priv. Kmone] [Campaña Libre]

Mensaje por Kmone el Miér Sep 14, 2016 5:44 pm

Después de días siguiendo sin descanso a su presa, el joven ladrón se encontró en un pequeño pueblo portuario de Begnion, viendo el barco en el que la persona a la que perseguía hace tantos años, se alejaba. "Estuve tan cerca, no se me puede escapar esta vez." Pensaba Kmone mientras buscaba alguien que pudiera saber a dónde se dirigía el barco y le dijera quién lo puede llevar. Pasaron unos minutos hasta que un hombre llegó al puerto, el hombre estaba alterado al llegar a la zona portuaria empezó a gritar -MI BARCO MI BARCO, SE HAN ROBADO MI BARCO ESOS MALDITOS RUFIANES.- El ladrón se acercó a la persona que gritaba rápidamente -Oiga uno de los que le robo el barco ¿tenía la cara quemada, estaba acompañado por una mujer con una piedra roja en el cuello y un hombre con máscara? De ser así yo son mis presas y si sabe a dónde se dirigen sería de ayuda.-  Lo dijo con un tono poco amigable y sumamente irrespetuoso, esto no le sentó nada bien al hombre ya que solo provoco que se exalte más, empezó a responder mientras agitaba ambas manos hacia arriba y hacia abajo  -SABES QUÉ, SI ME TRAES LA CABEZA DE UNO DE ESOS TRES TE PAGARÉ SI, TE PAGARÉ UNA GRAN RECOMPENZA... Pero no... necesito seguridad, si me escoltas hasta Jehanna te diré a qué parte exactamente de Akaneia se dirigen, por alguna razón esa mujer estaba loca por ir a ese continente no se qué tiene de bueno, los gastos irán por mi cuenta.- La idea no era del agrado de Kmone, sin embargo sería muy trabajoso encontrar un barco que se vaya a Akaneia y lo sería más ir de polizón, asintió con la cabeza a la proposición del hombre, este hizo que el ladrón lo acompañe a unos lugares no muy agradables de la ciudad, observó como el hombre hablaba con algunas personas que no parecían para nada fiables, tranquilamente podrían ser bandidos que se esconden de la leí allí. No tardó en conseguir un barco, le apresuró a Kmone para que suban y zarpen sin perder más tiempo, por lo poco que había escuchado el hombre era un contrabandista de esclavos y estaba por volver a su continente con una carga pequeña pero muy valiosa, un "lagúz león" esto le hizo pensar al ladrón "otra escoria más de Jehanna" de todos modos, no le importaba mucho el asunto, finalmente zarparon con la carga a bordo, tardarían una semana en llegar a Jehanna.

Una semana después empezaron a arribar en una ciudad portuaria de Jehanna, cuando estaban cerca Kmone se acercó a quien lo había contratado, sacó su daga y se la clavó en la garganta, luego dejó al hombre tirado en el camarote donde se encontraba, solo estaban él, el ladrón, el capitán y el esclavo, esa fue toda la tripulación que quiso llevar aquel hombre por miedo a que le hagan algo, pero hizo mal en confiar en alguien como Kmone. Se dirigió a la zona de carga del barco para buscar al lagúz, este actuó ferozmente al sentir que estaba cerca, abrió la jaula y le devolvió la beast stone que le robó a su contratista antes de cortarle la garganta, -Solo queda el capitán a bordo, matémoslo para no tener problemas.- Dijo sin pensarlo demasiado, si bien no le agradaba andar matando gente la persona que lo contrató le había desagradado mucho, y no podía con el capitán solo ya que no era un hombre débil, pero probablemente no haría nada contra un león, fueron a la cabina de mando y el león de un zarpazo acabó con el capitán. -Hay un bote que nos llevará hasta la costa.- El lagúz asintió, bajaron el bote hasta el nivel del agua y remaron hasta la costa.

Una vez en "playa" si es que podría llamarse así, Kmone pensaba cómo podría buscar, recordó que había un mercado en el centro de la ciudad, quizás allí podría encontrar algún empujón para ir a Akaneia. Luego de caminar unos minutos por las sucias y despreciables calles de la ciudad recordaba su pasado y cuanto desprecio le tenía a su país natal, lleno de gente codiciosa, al llegar al mercado estaba en pleno atardecer, sería disfrutable claro si estuviera en cualquier otro país en otro continente, no terminaba de dar un paso dentro del lugar cuando un grupo numeroso de emergidos empezó a atacar, el joven ladrón no tardó en sacar su daga y empuñarla con la zurda,  cuando vio pasar una flecha frente a sus ojos, había demasiados era imposible que él pudiera solo, del otro lado del mercado había un grupo de gente que parecía tener intenciones de combatir, rápidamente corrió hacia ellos, era más fácil si estaban cerca para poder defenderse entre sí, aunque no se conocieran tenían el mismo propósito. Cuando Kmone estaba cerca de aquel grupo de personas un emergido se le puso en frente, esquivó moviéndose hacia su derecha y luego ejecutó tres estocadas en el pecho de aquel demonio de ojos rojos, provocando que este quedara fuera de combate, aún le parecían demasiados enemigos, con el grupo no sería suficiente, pero escuchó un rugido de lo que parecía un león, lo que le devolvió su voluntad de pelea para seguir combatiendo, no podía morir sin vengar a su hermana antes.

Spoiler:
Espero que la respuesta sea de tu agrado xD
Me siendo como analfabeto comparado a tu escritura, pero puedo asegurarte que hice mi mejor esfuerzo
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Re: Demiurgos heresiarcas [Priv. Kmone] [Campaña Libre]

Mensaje por Invitado el Jue Sep 15, 2016 8:26 pm

Contrastaban las dificultades y las adversidades, a horcajadas tiranizando a las cuadrillas de recuerdos, que en su quid no distanciaban en lo más mínimo de fascinarse con la incomodidad o con el padecimiento fastuoso. El pasado no muere, es más, suele ser perecedero y nunca suelta la leontina fulgente con la que burla los prodigiosos vaivenes que provoca el mismo hombre para disuadir y alejar su cuita, asaltando como un encarnizado bandido las instalaciones en que la flema del estoicismo deja sus huellas y marchita sus flores en ensenadas de distensión. Muchas veces se está en constante luto, no porque la realidad desorbitada nos ahogue en sus marismas y trombas sin la piedad de los monjes que rezan por las causas perdidas, sino taxativamente por aquella circunstancia que nos delimitó a la crestomatía de las peripecias, con el único y sulfurado propósito de exhortar a los sucesores de la dinastía cubierta en oquedades para que así no reiteren los fallos de cálculo y puedan avecindarse en la espuma de la parsimonia, acompasados por los cánticos de náyades armoniosas y un albur siempre favorable.

Dechados son los primorosos cuya daga se haya hundido y haya calado hondo en los cuerpos de la finura altiva, la palabra ambigua, detrás de la que está furtiva la codicia de unos pocos, a costa de los numerosos en superávit de miseria. De ellos se debiese escribir el verdadero código de comportamiento, y con ello habría de desterrarse todo sorbo de la copa que a Baco se encarga, que amargase el amartelado mosto con que se pretende encantar a los astros siderales para tantear un cambio tan pletórico de esperanzas y vagas ideas difuminadas, siendo éstas el somero boceto de un quebranto que viene ariscándose briosamente desde hace siglos. Por supuesto, el de hierba arada nunca abdicaba del hegemónico trono de estos preceptos, y parecía hasta anacrónico el mandato que con su dedo resignaba a perjuros y a anacoretas de su labor diaria, con tan sólo el remoto imprevisto de servir las nupcias a las virtudes, y serles de honor con un matutino rezo de sencillez y candidez. Cabalmente debido a esas razones era que capturaba en su puño la tenacidad y el empeño suficiente para que su silueta fuese ora temida, ora respetada, aunque sea análogo el concepto para los viciados en la holganza, asendereando las calles y las antífonas a falta de deslomado patriarca que las suscite a la redención para con su amo.

El proscenio, purpúreo y prosélito de los tugurios tóxicos donde penetra la hiel de la gente que en su sangre sólo tiene la silvestre naturaleza de la limpidez falsa, embelecando a sus arcaicos claudicantes con una aurora de sonrisas y amabilidad, se detentaba en la adarga de un firme e indómito arrostramiento de los patriotas locales y comerciantes improvisados de armamentística que renegaban de su ensueño para probarle a los fieles del óbito que los observaban en pena de lujuria y pecados que valía la pena quedarse a resguardar lo execrado. Pese a que había dado la elucubrada y estratégica consigna de evaporarse como humaredas hacia el endrino firmamento, sus legionarios habían omitido esta felonía para alternarse entre los flancos a cada uno de sus ámbitos a modo de enroque o fianchetto, y así alcanzar la victoria tan ansiada y nerviosa. En comunión con ellos, de estro providencial y autoridad misteriosa, además de contar con un infalible estipendio cuyas raíces no estaban echadas todavía, propició su andanza quien por tralla imprecar y tildar de panacea más que de flagelo, empleaba los estiletes con maestría celestial y beatífica, acudió en el auxilio primigenio de los aquilinos y vultuosos nativos, que tampoco se diferenciaban demasiado del venidero delirio consumado en riquezas y epítetos de terrateniente.

- Parece que sabes manejar dócilmente las dagas, chico… ¿Cuál es tu nombre? – interpeló distraído, aunque blandiendo luego en el grosor de la amplitud de su engarzada mano el alfanje azafranado para embestir a una de las bestias apagadas y opacas que se le acercaban a incordiar la ilusoria fiesta. Sin embargo, ese no era cualquier emergido; justo antes de que la carúncula se rasgase como un velo de Arabia y escurriese el líquido loado en los templos de Grima, éste magreó un tomo que crepitaba como los rayos, y al declamar algunos sortilegios cifrados en runas tal como expelidos de la bífida y venenosa lengua de una áspid, desplomó de lleno a quien se lanzaba envalentonado a ponerle residente al epitafio. Oprimido y lánguido, forzando los ojos a sostenerse en la conciencia, imaginó que el siguiente trueno volaría su integridad y desvanecería la falange entera, por lo que encomendándose a su sombra, se suspendió en la empedrada recurrente y boicoteó cualquier esmero por liquidarlo, tratando de reunir la lozanía como merced de los vientos.
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Re: Demiurgos heresiarcas [Priv. Kmone] [Campaña Libre]

Mensaje por Kmone el Dom Sep 18, 2016 8:31 pm

Veía a algunos mercaderes caer, mejor dicho todo el que andaba solo terminaba cayendo, necesitaba llegar cuanto antes con las únicas personas que no habían corrido en el lugar, estaban combatiendo con los emergidos "¿Qué se les pasará por la cabeza?" Pensó el ladrón, mientras se acercaba lentamente hacia ellos combatiendo con los enemigos que se le pusieran en frente, intentaba acabarlos rápidamente pero no era tarea fácil, ya que tenías que darles más golpes que a un humano normal, sin mencionar que eran más ágiles a veces, todo el lugar estaba en caos, sin duda había más emergidos que personas presentes, sin embargo Kmone mantenía medianamente la compostura, hacía todo lo posible para mantenerse vivo e intentar llegar con los que estaban también luchando contra el mismo enemigo.

Sin embargo cuando ya estaba a pocos metros de los hombres, una bola de fuego impactó al ladrón, haciendo que este perdiera levemente el equilibrio y se inclinase a la izquierda, eso lo había cambiado todo, ya no le importaba si eran humanos o no, cualquiera que posea un tomo en el lugar estaba por caer ante su ira, Kmone se giró para mirar a su agresor, solo se podía ver odio en la mirada del ladrón, su corazón empezó a acelerarse, un espadazo vino de su derecha, pero sin mover más que su mano atajó el ataque agarrando la espada, no hizo más que azotarla con fuerza hacia atrás, haciendo que el emergido atacante caiga, no le importaba el dolor del corte, en ese momento no sentía dolor alguno. Kmone flexionó las piernas, se inclinó hacia adelante y empezó a correr hacia el emergido que había lanzado la bola de fuego, tiró otras bolas de fuego pero el ladrón las esquivó fácilmente al estar frente a frente ejecutó tres cortes en el pecho y luego uno en la garganta que provocó que el mago caiga.

Luego de ver al emergido caer, observó a otros dos que estaban cerca de los hombre, uno tenía un tomo y el otro un bastón "Más mierda" pensó el ladrón antes de embestir a ambos, los cuales cayeron fácilmente ante él y su arma, había terminado en frente de un hombre fuerte con una espada y que tenía una cicatriz le recorría todo el ancho de la cara y estaba situada justo debajo de los ojos, pasando encima de la nariz, esa persona lo alagó por su uso de la daga y le pregunto su nombre -Pst ya lo sé, y soy...- antes de que completara la oración observó a otro mago, pero este parecía más fuerte que los demás, saltó hacia atrás para evitar el ataque que había ejecutado el emergido, desgraciadamente el hombre no corrió la misma suerte y recibió el ataque de lleno, pero aún estaba dispuesto a seguir peleando, el ver eso solo hizo que Kmone se enfurezca más, abusar de un poder que viene del mal y no necesita práctica alguna no era honrado, eso era lo que pensaba él sobre las personas o bueno, cosa en este caso que usaban la magia, se sintió con la necesidad de salvar a aquella persona que había caído ante la magia, corrió hacia el emergido y le propinó un puñetazo con la mano derecha llamando la atención de este luego viendo que no caería fácil realizó un corte en el libro haciendo que este quede inutilizable, viendo que ya no podría seguir con la magia el emergido soltó el libro y sacó una espada mientas llamaba a algo, que a lo lejos se aproximaba, parecía ser ¿un caballo? Kmone soltó una leve sonrisa -Sin tu magia no me ganarás.- Dijo con seguridad antes de que empiecen a chocar espada con daga,  estuvieron quince segundos así, hasta que el emergido finalmente parecía que estaba por ganar y clavó la espada en el hombro izquierdo, nuevamente Kmone soltó una sonrisa, inclinó su cuerpo hacia adelante haciendo que la espada se clave más profundo en su hombro para poder tener una pequeña ventaja, eso era todo lo que necesitaba, mientras tanto agarraba su daga con la mano derecha para realizar un corte con toda su fuerza en el cuello de su oponente para de esa manera decapitarlo, luego se sacó el arma de su hombro, el dolor era muy fuerte, afortunadamente parecía que no había hecho mucho daño, más allá de lastimar algunos músculos el tendón seguía firme. El ladrón miró hacia arriba soltando una risa totalmente desquiciada y luego gritó: -¡¿QUIÉN SIGUE? TODOS CAERAN ANTE MI!- Generalmente no se comportaba así, el odio contra los magos hacían que el ladrón se ponga serio al luchar contra ellos, el odio contra los emergidos por atentar contra la vida de inocentes lo hacía enojar, y el odio profundo que tenía por su país natal provocó que Kmone explote con todas las emociones malas juntas, por desgracia la que más estaba concentrada de ellas era el odio.
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Re: Demiurgos heresiarcas [Priv. Kmone] [Campaña Libre]

Mensaje por Eliwood el Miér Oct 26, 2016 6:09 pm

Tema cerrado. 10G a Kmone.
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Re: Demiurgos heresiarcas [Priv. Kmone] [Campaña Libre]

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