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Mi primer viaje como emisario [Privado Sissi]

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Mi primer viaje como emisario [Privado Sissi] Empty Mi primer viaje como emisario [Privado Sissi]

Mensaje por Invitado el Mar Sep 13, 2016 3:08 pm

No sabía que pensar de un viaje como aquel.

Estaba demasiado impresionada como para poder decir algo en esos momentos. No es que haya tenido mucha elección debido a que ella era uno de los generales que menos territorio tenía a su cargo, por ende, su trabajo era dentro de todo recuperable por otro escuadrón. Aun así, le llamó la atención el ver que su majestad la reina la había llamado, pidiéndole expresamente que ella fuera en representación de su reinado para poder firmar o mantener acuerdos de paz con una duquesa de un territorio lejano dentro de lo que podía decirse.

Tenía que admitir que parte de sí estaba más emocionada que nerviosa, no solamente porque estaba a punto de ir a conocer otras tierras diferentes y exóticas, sino porque ella estaba a punto de hablar en nombre de su nación. La joven iba acompañada de tres personas en particular, Ka Koubun -su leal amigo y consejero- y dos de los asistentes de dicha persona. Kougyoku por su parte observaba con tranquilidad el horizonte desde la cubierta del barco, era de mañana aún, por lo que el sol que coronaba el día se hallaba en un punto mínimo, marcando que era de mañana.

Según las instrucciones de su majestad la reina, la dama tenía que tener un cuidado especial con la ropa que llevaría, no solamente porque debía verse presentable -digna de un emisario de reinado como el de Durban- sino porque el clima, según las cartas de la duquesa a la que debía visitar, era realmente cambiante en aquel territorio. Estaba acostumbrada a esa clase de cambios debido a que las islas que conformaban el reinado de Durban tenían un clima variado dentro de lo razonable, aun así, decidió seguir el consejo. Con el mapa que la reina le había provisto para llegar en mano, la joven sonreía algo esperanzada y con bastante entusiasmo por lo que iba a hacer. No podía dejar de sentirse emocionada por conocer tierras extranjeras, como si fuera una niña pequeña.

—¿Cuánto falta para llegar?

Preguntó la dama con una voz autoritaria mientras observaba a los hombres que le acompañaban, los cuales le informaron que tardarían unos minutos en llegar al punto marcado como el adecuado por la propia duquesa de Sindhu. La amenaza de los emergidos era sin duda alguna molesta para ella, pero eso no le quitaba la emoción al momento que iba a pasar. Sus ojos comenzaban a brillar con cada nuevo paisaje que pasaba por delante de los ojos, las montañas que se mostraban ante sus ojos eran majestuosas y extrañas ¡Maravilloso!

—¡No puedo esperar para conocer Sindhu! ¡Apresúrense!
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Mi primer viaje como emisario [Privado Sissi] Empty Re: Mi primer viaje como emisario [Privado Sissi]

Mensaje por Sissi el Dom Sep 25, 2016 12:19 pm

Desde que Sindhu se había abierto al mundo, se había encontrado con muchos problemas que necesitaban de soluciones rápidas para hacer frente a las exigencias de los demás países. Las reformas variaban desde crear compañías mercantes con las que comerciar, a crear un grupo de embajadores que enviar al extranjero o actualizar la Biblioteca con nuevos libros y conocimientos. Si bien el ducado estaba bien versado en muchas materias, los años de aislacionismo le habían sumido en una profunda oscuridad respecto a las demás naciones. Apenas sabían nada de ellos, salvo la información que comenzaba a llegar a raudales a la Ciudad Redonda y que se expandía gracias a la Universidad.

Sin embargo, Sindhu también tenía una enorme falta en infraestructuras: cada vez llegaban más viajeros, de los cuales muchos decidían quedarse a vivir allí. La zona universitaria rebosaba vida. Los comercios florecían. Pero la gran afluencia de gente hacía a los arquitectos plantearse si la ciudad podía acomodar a tantas personas. Solo les quedaba expandirse más allá de las murallas, mientras hacían frente a la amenaza de los Emergidos que, de vez en cuando, pretendían destruir sus nuevas construcciones. No solo debían edificar viviendas, sino también puertos que pudieran comunicarles mejor con los demás países. Si bien tenían muelles y astilleros para los canales de la ciudad, al no haber necesitado nunca salir a mar abierto, no poseían embarcaciones grandes ni puertos preparados para acoger a los navíos extranjeros o viajar de Sindhu a otros países por mar. Al igual que con el problema de la acomodación, los mejores ingenieros y escuelas de arquitectura trabajaban día y noche para diseñar, planificar y construir varias zonas portuarias que comunicaran mejor el Ducado, mientras mejoraban los que ya poseían.

La comitiva que provenía de Durban llegaría a un desembarcadero que estaba a medio hacer entre Daein y Hatari. Era un lugar estratégico por dos razones: porque se situaba más al sur de la costa Este de Hatari, sin violar la soberanía de Daein, y porque desde allí se podía acceder al puerto montañoso con facilidad. Años de experiencia le habían dado a los ciudadanos de Sindhu la certeza de que atravesar los montes era mucho más sencillo y rápido que ir por el desierto. Especialmente en los dos últimos años, las rutas entre las cordilleras eran más seguras que las vastas llanuras de arena, pues los Emergidos no conocían el terreno y preferían pasearse por el desierto sin temor al calor. Si bien el muelle aún no estaba finalizado, sí que serviría para guardar el barco de la Emisaria de la Reina Yuuko hasta que terminase su estadía en Sindhu. Una pequeña muralla de madera, con fines defensivos, protegía el puerto. Estaba guarecida por un pelotón de soldados: laguz, magos y clérigos que, a su vez, escoltarían al grupo de Durban desde allí hasta el inicio del estrecho montañoso.

La Duquesa Sissi había predispuesto como portavoz a una mujer mayor y agradable, llamada Ananda, con años de experiencia en educación y un carácter ameno que, una vez reunida con la Emisaria, le explicaría que se encontraría a la Duquesa frente a las montañas, pues ellos debían quedarse vigilando el navío y construyendo el muelle, y no podían protegerles todo el camino hasta la Ciudad Redonda. La comitiva de Sissi les aguardaría para escoltarles lo que les quedara de camino, a través de las peñas que tan bien conocían. En principio, la Duquesa no iba a poder recibir a la Emisaria de esa manera, pero había hecho lo imposible para dejar el trabajo necesario hecho para poder acudir allí. Aunque había razones de Estado bastante urgentes, la visita de una enviada especial de Durban tenía una importancia mayor para Sissi en esos momentos. Deseaba con todo su corazón poder formar un lazo con las islas y con la Reina Yuuko, por lo que hacer que la emisaria se sintiera bienvenida, era un punto fundamental para lograrlo.

En el puerto les esperarían, además, varios camellos que les servirían de montura hasta llegar a Sindhu. Eran animales de gran resistencia acostumbrados al clima y a escalar las montañas que aislaban el ducado por el sur, además de ser capaces de cargar con grandes cantidades de equipaje, lo que les hacía idóneos para moverse por Hatari. El mismo grupo de la duquesa venía a lomos de sus propios camellos, sitiados a la entrada del puerto montañoso y a la espera de ver aparecer en la lejanía al séquito de las Islas de Durban. Sissi se había ataviado con el estilo clásico de las mujeres de Sindhu: una falda larga que comenzaba justo bajo el ombligo, una camisa corta que dejaba el estómago al descubierto, y un lienzo de tela, como un velo, que o bien se llevaba estéticamente sobre un hombro como lo portaba Sissi en ese momento, o bien se empleaba para cubrirse del sol o protegerse del frío. Su conjunto era entero blanco, pero tenía preciosos bordados áureos, y los bajos y pliegues también estaban decorados por hilos de oro. El estampado de formas geométricas y florales sobre el fondo claro la hacía contrastar con los demás miembros de su comitiva, que vestían con colores más oscuros que ella. Su cabello rosa pálido, tan distinguible incluso desde lejos, ondeaba con suavidad a su espalda.

- Mi Señora, mire, se acercan ya los enviados de Durban. – le indicó uno de sus acompañantes, situado a su izquierda. Sissi dirigió la mirada al frente y, efectivamente, vio como el grupo que tanto había ansiado conocer estaba apenas a un minuto de llegar a su posición. Avanzó un poco con su montura para situarse frente a su grupo y ser la primera en dar la bienvenida a los viajeros. Supuso que la joven que cabalgaba por delante de los demás, junto a Ananda, debía ser la Emisaria de la Reina Yuuko. En cuanto estuvieron delante de Sissi, Ananda habló con voz solemne, llena de orgullo: Emisaria Ren Kougyoku, le presento a la Duquesa Sissi de Sindhu. Duquesa, esta es la Real Emisaria de las Islas de Durban, Ren Kougyoku.

Sissi, desde su camello, juntó ambas manos en una posición de rezo, e hizo una breve reverencia de respeto según la tradición de su ducado. Sus orbes dorados se entrecerraron unos momentos antes de volver a abrirlos. Dirigió una mirada curiosa y una sonrisa amable a la enviada especial. - Es un placer poder conocerla al fin. Espero que el viaje no haya sido muy incómodo. Aún queda un poco para llegar a Sindhu desde aquí, pero creo que el camino será un buen momento para que podamos ir conociéndonos mejor, si le pareciera bien.

Después se volvió hacia Ananda y el grupo de soldados y dijo: Mi estimada Ananda, muchas gracias por guiar a la Real Emisaria hasta aquí. Que Naga os proteja de todo peligro en el camino de vuelta. – Hizo otra reverencia, mucho menos formal, para despedir al grupo que regresó a vigilar el puerto en construcción. Seguidamente, regresó su atención hacia Kougyoku y le sonrió amable, al mismo tiempo que comenzaban a cabalgar juntas: Bienvenida a Hatari, lamento que llegar a  Sindhu no esté aún disponible por mar, es algo en lo que estamos trabajando aún. Pero no tema, mis soldados cuidarán de su barco hasta que decidan regresar. Por favor, camine a mi lado y pregunte lo que le inquiete. Estoy segura de que debe tener multitud de cuestiones sin resolver, así que estaré encantada de contestarlas con la mayor precisión posible. También siento mucha curiosidad sobre las Islas de Durban, así que espero que no le importe contestar algunas de mis preguntas. – Comenzó a decirle con voz suave, casi cercana, pero su tono seguía siendo respetuoso y formal.

Ropa que lleva Sissi:
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Mensaje por Invitado el Lun Dic 26, 2016 1:13 am

—Woah...

La vista de la tierra extraña era sin duda algo hermoso, estaba impresionada y no sólamente porque era la primera vez que podía ver algo así tan explícitamente, sino porque era la primera vez que lo veía con sus propios ojos y no a través de la biblioteca, por las imágenes que podían llegar a contener los viejos libros de historia mundial que estaban guardados en ese sitio. Kougyoku había estudiado con denuedo acerca de las tierras a visitar, pero su atención estaba totalmente puesta en el horizonte que, con impacto, mostraba la magnificencia que los dioses plasmaron en la tierra de los mortales. Una mirada seria y más relajada se hizo presente en su semblante por consejo de su amigo KaKoubun y sus compañeros, después de todo ella era un emisario que debía representar con honor la fuerza y elegancia de su país. Durban era un lugar magnífico, y ella tenía que plasmar en su propia persona la magnificencia y poder de su país.

Inclinó su cabeza en reverencia formal hacia la representante de la duquesa que había ido a recibirlos, de nombre Amanda, se dirigió con elocuencia hacia la general de Durban. Kougyoku con tranquilidad y respeto decidió seguir sus indicaciones, no solamente por cortesía y protocolo, sino también por una necesidad. Era una extraña en tierras desconocidas y era imprudente no seguir las indicaciones que habían puesto delante de ella, así que no dudó en dejar el barco en manos de esas personas, además de subirse a las bestias que oficiarían de montura para llegar a destino, la duquesa de Sindhu. Tenía una gran cantidad de preguntas que hacer después de todo porque era una completa novata en el conocimiento de otros países y otras culturas, pero se mantuvo callada por causa de la formalidad que el momento requería.

A lo lejos pudo visualizar una compañía de personas que, de pie, parecían aguardar la llegada de la general de Durban y su propia comitiva, no eran muchos los que habían ido a la isla, después de todo Kougyoku no contaba con un personal propio lo suficientemente grande como para poder ostentarlo, y tampoco veía necesaria a una cantidad mayor a siete u ocho personas por causa de que no quería ser piedra de tropiezo a sus anfitriones. Entre las personas que allí estaban había una que destacaba más que el resto, no solamente por la ropa -hermosa, por cierto- que llevaba sobre sí, sino por el color de su cabello contrastante y su presencia en particular, la cual mostraba una autoridad innata, característico de alguien con dignidad y liderazgo.

Kougyoku observó con curiosidad y tranquilidad los gestos de la señorita que se había presentado como la duquesa de Sindhu, la señorita Sissi, quién después de despedir en paz a las personas que habían escoltado a Ren hacia allí, prosiguió con el viaje que estaba dispuesto para ellas hacia la ciudad redonda. Mientras viajaban hacia el destino asignado por la duquesa, Kougyoku escuchó las palabras de la misma con una mirada que rebosaba de asombro y curiosidad puestas en su alrededor, cada paisaje montañoso y cada relieve eran un mundo nuevo para la joven que jamás había salido de las islas que la vieron nacer, era una curiosidad que no podía contener debido a su naturaleza, la joven general empezó a dirigir sus palabras con el mayor de los respetos para darle a conocer su posición dentro de lo que esta situación mostraba.

—En primera instancia, quisiera agradecerle por el buen trato y la dedicación de su gente al recibirnos tan cuidadosa y cálidamente a mi y a mi gente. Desde ya, debo decir que los paisajes que ilustran la tierra que estamos pisando son impactantes sin duda alguna, algo que es digno de ser admirado ante mis ojos inexpertos y carentes de experiencia. A propósito y como usted dijo, si desea hacer preguntas referentes a nuestra tierra y costumbres, puede realizarlas libremente, estaré encantada de responder cada uno de sus cuestionamientos siempre y cuando pueda hacerlo —una sonrisa adornó el rostro de la joven emisaria, y luego prosiguió con sus palabras —. Pero hay una duda que quiero que me responda, pues esta cuestión ha invadido mi mente durante la mayor parte del viaje hasta aquí. Nuestras tierras se hallan relativamente lejos de su ducado ¿Por qué es que usted ha tenido preferencias por las mismas para realizar una alianza? ¿Cuál fue el motivo por el cual usted contactó con Durban? Tengo curiosidad por saber qué es lo que fundó en su mente tal decisión.

No quería intimidarla y mucho menos deseaba dejar una sensación desagradable en la duquesa de Sindhu, solamente quería sacarse una duda que estuvo rondando por su mente durante los días que el viaje duró.
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Mensaje por Sissi el Mar Ene 10, 2017 10:29 am

El corazón de Sissi había latido con mucha fuerza contra su pecho. Estaba nerviosa por conocer al enviado de la Reina Yuuko, y su sorpresa había sido muy grata al ver a una muchacha joven llegar a ella. Si bien la Duquesa tenía unas grandes dotes sociales y se solía llevar bien con la mayoría de las personas de su entorno, le preocupaba que esto no pudiera aplicarse a los sureños, que tan extraños le parecían. Si bien ya había conocido  varias personas de otros países, aún sentía inquietud por la gran cantidad de diferencias que solían existir entre su cultura y la de los demás, en especial con los países solo habitados por beorcs. Por lo menos en su continente, el racismo era más que palpable por ambos bandos, y Sissi a menudo se encontraba en una especie de encrucijada porque Sindhu no pertenecía por entero a ninguno de los dos, sino que se intentaba mantener en el centro en una posición neutral. Por supuesto, esto no solía gustar a nadie, pues tanto los laguz como los beorc seguían una especie de filosofía donde “o estás conmigo, o estás contra mi”, en la que los amigos de mis enemigos son mis enemigos y los que no son mis amigos también. Sissi esperaba que Durban fuera diferente y que las diferencia de razas no fuera un problema.  

Su angustia se fue calmando poco a poco al ver la tranquilidad de su enviada y no detectar ninguna clase de recelo por su parte, sino una tremenda curiosidad. Respiró mucho más calmada y su rostro gentil se relajó notablemente, su mirada aurea puesta sobre Kougyoku con la misma atención que le profesaba la joven. Le agradó escuchar que por ahora solo tenía palabras buenas para lo que había visto. No podía esperar a enseñarle la Ciudad Redonda, que Sissi pensaba que era mucho más impresionante que el puerto montañoso o las inmensas dunas doradas del desierto. Aunque suponía que la Real Emisaria nunca había visto un paisaje como ese, pues tenía entendido que Durban era un país con un clima bastante distinto, por lo que solo asintió de forma amable y dejó que su invitada disfrutara de todo aquello que consideraba nuevo o interesante. La comitiva se internó entre las montañas. Sus soldados acompañaban al grupo de la Reina Yuuko y supervisaban que nada les ocurriera, pues a veces los desfiladeros podían ser traicioneros. Cuidarían que todo estuviera en orden y que no se encontraran con ningún grupo de emergidos, para lo que un grupo militar especializado iba delante como medida preventiva.

Sissi, por tanto, no debía preocuparse más que por prestar toda su atención a Kougyoku y comenzar las relaciones diplomáticas entre su ducado y las Islas de Durban. Se mostró algo sorprendida por sus preguntas, y tardó unos segundos en ordenar sus pensamientos para luego responder: hay tantas razones por las que he querido acercarme a Durban que me hace preguntarme si acaso hay alguna razón para no establecer relaciones con su reino. – comenzó a decirle con una sonrisa suave en los labios. – Mi Ducado ha ido abriéndose poco a poco al exterior, aunque lo primero que hicimos fue tratar de conocer a los demás países del mundo un poco mejor. La mayoría de nuestra información estaba bastante desactualizada, por lo que estuvimos casi dos años aprendiendo el nuevo orden mundial y tratando de establecer estrategias factibles para poder regresar a la vida internacional. Sin duda ha sido algo complicado, no solo por el increíble recelo que puede crear un Ducado desconocido y misterioso, sino porque dicho Ducado esté habitado por tantas razas diferentes entre sí. Somos conscientes de que esto pueda ocasionar alguna clase de desconfianza, e incluso odio, pero la Reina Yuuko no me mostró en nuestro carteo ninguna clase de repudio. Al contrario, fue amable allí donde muchos otros no lo han sido, y supo darnos una oportunidad para probar nuestra valía. Creo que Durban y Sindhu son algo parecidos en el sentido de que ambos hemos tenido que abrirnos al mundo, aunque cada uno en su tiempo y en sus circunstancias específicas, por supuesto. Pero eso no quiere decir que no podamos aprender de Durban y de la transición que hizo del aislacionismo a la internacionalización.

El paso montañoso no era demasiado amplio, de modo que solo podían ir dos camellos a la par. Sissi y Kougyoku cabalgaban juntas mientras el resto de la comitiva les dejaba espacio para poder charlar con cierta intimidad, pues los asuntos de Estado no eran objeto de conocimiento para soldados y demás acompañantes. La manakete hablaba a la emisaria con suavidad y calma, pero sus ojos brillaban al hablar de su hogar y de todo aquello por lo que habían estado luchando. - Las fronteras no importan cuando hay buen entendimiento entre dos pueblos. Eso es mucho más importante que compartir un espacio geográfico. Las alianzas no tienen porqué hacerse entre personas semejantes, sino que a veces lo que nos hace más fuertes es precisamente la variedad, las diferencias existentes; eso lo sabemos en Sindhu desde siempre, pues mi pueblo se ha formado en torno al amor y la confianza entre gente que no tenía ni el color de la piel en común. La distancia no es un problema cuando la comunicación es efectiva y hay un entendimiento de las necesidades y habilidades del contrario. – le explicó mientras acariciaba a su montura, un animal algo caprichoso y mimado que adoraba que su dueña le prestara atención.

- Además, he escuchado cosas muy buenas sobre vuestra Reina, Real Emisaria. No siento más que admiración por su trabajo y su dedicación hacia su nación. Tengo entendido que la mayoría de los gobernantes del sur son hombres, de modo que ver a una mujer en su posición, que además es alabada y respetada por todos, no hace más que acrecentar mi deseo de conocer a Su Majestad. Mi madre siempre me advirtió de que muchos otros monarcas no aceptarían que una mujer fuera quién dirigiera un territorio, pues era un cargo que siempre había caído sobre hombros masculinos. En ambas culturas a las que pertenezco esto es diferente: los manaketes adoramos a Naga como nuestra Señora y nuestra Reina. Ella vela por todos nosotros. En Hatari, además, nuestra gobernante es la Reina Nailah, de modo que las figuras femeninas en el poder siempre han llamado mi atención y han tenido mi absoluto respeto. Como una joven líder, creo que puedo aprender mucho de la Reina Yuuko, que lleva en su posición muchos más años que yo a pesar de que con toda probabilidad yo soy mucho más mayor. – terminó por bromear con tono ligero, pues no tenía problema en admitir que le era nuevo el dirigir un ducado a pesar de que tenía muchos más años que la mayoría del mundo. No obstante, en ningún momento perdió su actitud de respeto y cierta formalidad ante la muchacha de Durban. Prestó atención a lo que Kougyoku pudiera decirle con una expresión de sumo interés. No había habido más que tremenda honestidad en sus palabras y esperaba que la Emisaria le respondiera de la misma manera.
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Mensaje por Marth el Dom Feb 19, 2017 9:15 pm

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