Hora en el foro


Síguenos
Conectarse

Recuperar mi contraseña

TWITTER
afiliados


Project Fear.less

Crear foro

En los ojos de la lechuza | [Entrenamiento - Ram/Ayase]

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

En los ojos de la lechuza | [Entrenamiento - Ram/Ayase]

Mensaje por Invitado el Mar Sep 13, 2016 1:34 pm


La escasez de de trabajo a falta de un amo, obligaba a las gemelas De Montmorency a vivir en un muy pequeño hogar dentro de un pequeño pueblo remoto. Tierras áridas que la mayor parte de la temporada, se veían cubiertas por extensos mantos nevados impidiendo que pudieran ser aprovechados. La precariedad del hogar era tan semejante como la de un campesino; rusticas ventanas y puertas desgastadas por las fuertes tormentas, tejados que debían ser refaccionados ante cada nevada. En su interior, sólo contaban con un único ambiente, donde podía verse una mesa desgastada en su interior y un par de sillas junto a esta; sin mencionar el caldero donde debían de cocinar, alejado de las camas improvisadas de alfalfa seca con una manta. No obstante, ambas gemelas no tenían ninguna queja de vivir allí, ambas se tenían la una a la otra y eran capaces de sobrevivir intercambiando bienes con los demás campesinos, o haciendo algún pequeño trabajo extra a cambio de algo para comer. Ya no vivían en la gran mansión del anciano Kato, y deberían de buscar, en algún momento, un nuevo amo al cual poder servir.

Una helada tarde como frecuentaba en aquel lugar, Rem, la gemela que había dedicado sus años a mejorar su habilidad para realizar quehaceres se encontraba preparando lo necesario para iniciar a cocinar lo que comerían esa misma noche. Ella amaba a su hermana, y era por ello que dejaba que estudiara mientras se encargaba por su cuenta a cocinar y limpiar. De este modo, su hermana, no desperdiciaría su talento superior. Claro, también sabía que si Ram cocinaba o limpiaba, ella podría tener que repasar todo lo que ella realizara. Fue entonces, en el momento previo a lavar las hortalizas, que pensó que algo faltaba en la preparación. Un estofado sabía mejor si era acompañado con un trozo de pan. En el centro de la mesa, sólo se hallaban las migajas del último trozo que habían de tener. Dejose todo el preparativo antes de iniciar cualquier cocción para ir a buscar algo de pan a la casa de la señora panadera del pueblo.

La joven sirvienta menor, se preparó para salir al frío. Entonces, lista y preparada para traer el suministro faltante y continuar cocinando, se acercó a su hermana para informarle sobre su salida. ―Ram, saldré por algo de pan. Regresaré de inmediato, no tardaré― La gemela no necesitaba esperar respuesta alguna de su hermana, pues sabía que aunque ella no era exactamente buena en los quehaceres, podía contar en que no quemaría el hogar por una segunda vez. Después de aquellas palabras, partió al cerrar la puerta. Su plan era volver en menos de unos veinte minutos, pues la anciana no vivía muy lejos de allí, era un pequeño pueblo.

En el camino cruzó una carreta tirada por un caballo, le sorprendió ver uno allí, pues no recordaba que nadie en el pueblo tuviera una carreta de tales características; para ella, sólo debía tratarse de algún viajero o un comerciante interesado en realizar algún negocio con los bienes de algún pueblerino. Los cascos de los caballos dejaron de sonar, y ella continuó caminando hasta llegar a la puerta de la panadera. Tocó a su puerta alistando un pequeño recipiente para pedirle algo de pan que intentaría pagar anudándole en algo en la mañana siguiente. La mujer le abrió, y con mucho gusto le dio parte de lo que había horneado para sí; pues en aquel día no había realizado grandes amasados a causa de un fuerte dolor en su muñeca. La gemela menor, agradeció con una reverencia a la mujer de bajo estatus e informó que le llamara en cualquier momento si necesitaba de su ayuda. La grata oferta dejó en el arrugado rostro de la mujer, una sonrisa de satisfacción. Y allí, Rem, se marchó con pan en su poder.

El camino de retorno comenzó, y la gemela procuró volver tal y cuál le había anunciado a su preciosa hermana gemela que muy seguramente esperaría por ella. Podía presenciar el atardecer frente a ella, cielos teñidos de un imponente anaranjado deleitaban su helado caminar. Pero al momento de pasar junto al caballo que momentos atrás se había detenido a su pasar, el cielo para ella se volvió completamente oscuro. Con una bolsa en su cabeza dejó caer el pan que había ido a buscar. Forcejeó por su libertad, pero más de un par de manos la sometían y amordazaban contra su voluntad en un atraco fugaz. Desconocido:―Definitivamente es igual a la del retrato. Recuerden que las quiere vivas― Pudo escuchar decir a uno de sus captores. Sintió la rudeza de su trato al ser arrojada en la carreta siendo cubierta por el heno que esta cargaba.

Rem, omitiendo su propio peligro, sintió temor de lo que quisieran hacer con su hermana; pues, si había escuchado bien, estos hombres habían hablado en plural. Desconocía las razones de su captura, o quienes fueran, pero ya nada podía hacer para librarse, ni para alertar a Ram.

La carreta partió con tres captores armados, dejando también a tres de ellos en el pueblo ojeando las dos hojas que alguien les había entregado días atrás. En estas podían verse dos retratos prácticamente iguales, pues se trataba de gemelas en efecto. Estos hombres en un principio dudaban de si era una broma o si realmente eran hermanas, pero si la "lechuza" les había pagado por capturarlas vivas, ignorarían sus propias desconfianzas y cumplirían con su trabajo, la mitad del dinero, ya estaba en sus manos. Ya tenían a una, ¿dónde se encontraría la otra?

Una hora transcurrió, y la gemela jamás regresó. En el camino sólo unos bollos de pan dejó.

Una tarde perfecta para un crimen de semejante índole. Los caminos estaban absolutamente vacíos, y hasta los soldados se refugiaban de la fuerte helada que poco a poco cubría los suelos de un manto blanco de escarcha. Los tres sujetos cansados de esperar bajo ese clima, comenzaron a moverse, para poder así, encontrar y secuestrar a la otra "demonio" que la lechuza les había encomendado capturar días atrás. De este modo, con su objetivo cumplido, podrían volver a juntarse en su pequeña base antes de que la lechuza les contactara como había dado a entender. En la oscuridad, los ojos de la lechuza podían verlo todo.



off:
Bueno, debido a la inesperada ausencia post-ausencia de Ram, iniciaré el tema yo. No acorde mucho con ninguno, pero no me era muy necesario, les daré algo interesante para rolear.
Por orden, y para que quede mejor, hagamos Rem - Ram - Ayase.

Deje información como para que, si por alguna razón se encuentran, pueda investigar; y en eso, yo roleo paralelamente dando más información :'D (Me gusta el rol complicado, como juego de mesa :D)
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: En los ojos de la lechuza | [Entrenamiento - Ram/Ayase]

Mensaje por Ram de Montmorency el Sáb Sep 17, 2016 1:48 pm

Ten cuidado, hermana —dijo Ram mientras alzaba la vista del viejo libro que sujetaba entre sus delicadas manos para ver a Rem.

La muchacha de pelo color rosado había estado tan absorta en la lectura del ajado volumen de magia que no habría reparado en que su hermana estaba a punto de irse de no ser porque ella se lo acababa de decir. Antes de que Rem abriese la puerta de la humilde cabaña y saliese en busca de pan, le dedicó una dulce y breve sonrisa. Adoraba a su hermana, y por esa razón trataba de estudiar todo lo posible para convertirse en una excelente maga. Sus habilidades como sirvienta dejaban mucho que desear si se comparaban con las de Rem, pero quizá si consiguiese destacar lo suficiente en el dominio de la magia, podría llamar la atención de alguien importante que le ofreciese un trabajo decente con el que conseguir algo de dinero. De esa manera podría ofrecerle a su hermana gemela mejores condiciones de vida de las que tenían en ese momento. Si bien era cierto que el pequeño pueblo en el que residían ahora que estaban desempleadas era bonito y acogedor, Ram añoraba en secreto los grandes lujos de los que disponía en el pasado, cuando aún trabajaba en la mansión de Kato. Pero como Rem parecía muy satisfecha con aquella nueva vida, había procurado no decirle nada para evitar preocuparla.

La ex sirvienta se levantó del camastro sobre el que había estado estudiando para pasearse un rato por la única habitación que existía en la casa. Estaba cansada de tanta lectura y necesitaba despejarse un rato, así que se dirigió primero al caldero en el que su hermana solía preparar las comidas, observándolo con interés. Quizá se tratase del objeto más viejo y desgastado de todo el hogar, si no se tenía en cuenta al libro que hacía unos instantes había estado leyendo, y pese a eso, nunca le había prestado demasiada atención. Por lo que recordaba, ese mismo caldero ya estaba allí mucho antes de que su hermana y ella llegasen al poblado y reparasen la casa, hasta entonces abandonada.

A continuación, se acercó a la mesa de madera que decoraba el centro de la estancia para examinar los alimentos que reposaban sobre ella. Reconoció rápidamente los ingredientes y las intenciones de Rem.

Estofado, ¿eh?

Ram pensó que ya que se había quedado cuidando de la casa al menos podría adelantar un poco la preparación del guiso hasta que su hermana regresase. En la mansión de Kato solían cocinar juntas muy a menudo, así que más o menos sabía lo que tenía que hacer. Antes que nada, se dedicó a limpiar los restos de pan de la mesa y luego a limpiar las hortalizas con agua. Su dedicación a aquella tarea culinaria fue plena y no tardó en dejarse llevar. Sin llegar a habérselo propuesto con seriedad, se percató de un momento a otro de que el estofado estaba listo y preparado para servirse… y pese a que ya había transcurrido más de media hora, su hermana aún no había regresado. Supuso que quizá se habría entretenido en el camino con algo, por lo que le restó importancia al asunto y volvió a sumergirse en el estudio del libro de magia, esta vez sentada en una de las dos sillas en vez de recostada sobre su cama. Rem sabía defenderse y el pueblo era un lugar seguro. Más le preocupaba que el estofado se enfriase.

Mientras repasaba algunas de las páginas ya leídas y estudiadas del tomo mágico, Ram aplicaba estaba vez algunas correcciones a los textos originales con la ayuda de una pluma. A ojos de alguien inexperto, los garabatos de la joven serían interpretados como una sucesión de trazos alargados e inconexos. Cuando en realidad la muchacha de pelo rosado tan sólo estaba empleando el idioma antiguo para codificar sus anotaciones. Ram poseía un talento natural para la magia. De hecho, entender la complejidad de las fuerzas arcanas le resultaba mucho más sencillo que atender a sus quehaceres de sirvienta, y eso quedaba demostrado por la gran cantidad de correcciones que la muchacha seguía aplicando hoja tras hoja. Algunas de esas modificaciones eran meros retoques que mejoraban ligeramente la efectividad de los conjuros, mientras que otras contradecían por completo lo que el libro decía. Le pesase a quien le pesase, aquella manera tan peculiar de estudiar en la que nunca parecía quedar claro quién ejercía el rol de tutor era la que tenía Ram.

Transcurrió otra media hora y Rem seguía sin aparecer, por lo que la joven muchacha de cabello rosado terminó por impacientarse y salir de la casa decidida a encontrar a su hermana pequeña. No tenía ningún sentido que Rem se demorase tanto en volver. Fuera hacía mucho frío y viento debido a la ventisca que se intensificaba cada vez más, así que pensó que quizá la anciana panadera le hubiese ofrecido a Rem que se quedase en su casa a la espera de que el tiempo mejorase. Y aun así, esa explicación no tenía suficiente fundamento. Mientras avanzaba con dificultad por los senderos desiertos del pueblo, llegó a vislumbrar a lo lejos lo que parecía ser una figura humana. Ya había anochecido, por lo que no podía distinguirla bien, pero como quería asegurarse de que no fuese Rem, desvió su camino para acercarse y descubrir quién era.

¿Rem? ¿Eres tú? —inquirió conforme se aproximaba a la figura. Sus pisadas eran algo lentas y pesadas debido a los gruesos ropajes que vestía para protegerse del frío.
Afiliación :
- ILIA -

Clase :
Mage

Cargo :
Sirvienta

Inventario :
Tomo de fuego [2]
Vulnerary [3]
.
.
.
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1143


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: En los ojos de la lechuza | [Entrenamiento - Ram/Ayase]

Mensaje por Invitado el Mar Sep 20, 2016 3:28 pm

Tanto tiempo fuera de Akaneia era duro para ella, 5 meses habían pasado entre trabajos y viajes fuera de su amado continente y sus amigos, además su mapa se había perdido por el camino sin ella siquiera saber como, con lo cual le era muy difícil poder guiarse. En definitiva estaba perdida, caminando sin un rumbo fijo la chica de largo pelo y oscuro como la noche intentó encontrar un sitio para refugiarse lo antes posible... Pues sus ropas eran pocas y el ambiente del lugar por el que estaba no favorecía el poder caminar durante mucho tiempo en esas condiciones. Era un lugar climatológicamente frío, muy frío en la opinión de la joven espadachina, quien no soportaba además dichas temperaturas. Seguía caminando, encontrando un camino en el nevado suelo que al parecer la llevaban a algún lado donde poder resguardarse... O eso pensaba. Pese a que iba sola y el viento casi podía hacerla retroceder, ella caminaba rápido y sin pausa para llegar mas rápido a aquel lugar y mantener a duras penas el calor que aún su cuerpo conservaba.


Treinta y cinco minutos había tardado la chica en lograr ver algo mas que no fuese simple nieve caer. Se trataba de un pequeño poblado, esto tendría que ser parte de Ilia se decía así misma Ayase recordando lo poco que vio de su perdido mapa.


- ¡Al fin! Aquí podré refugiarme en algún lado, el frío aquí es incluso aterrador.


Siguiendo el sendero hecho en la nieve caminó por el pueblo, que tenía un color casi blanco enterizo a causa de la ventisca que había en estos momentos. Casas humildes y establecimientos pequeños la rodeaban nuevamente. Allí, en una de las casas Ayase encontró una especie de banco con una manta justo en la misma entrada, parecía ser algo así como un bello regalo de alguien que se preocupaba por los extranjeros en estas situaciones de frías ventiscas. Allí la chica se sentó, poniendo la manta por encima de su cuerpo, a decir verdad se sentía mucho mejor pues aquello que la tapaba era grueso y ponía a raya el frío pero no podía evitar que su nariz tornara a un color rojo y sintiera casi como si esta se congelara. Ayase, observó una vez mas los alrededores, viendo una carreta pasar cerca de donde ella se había sentado. Se había parado en unas dos casas mas a la derecha de donde se situaba la chica. Una rara visión distinguió, medio cerrando sus ojos para poder concentrar su vista en aquella carreta... ¿Habían metido a una chica dentro a la fuerza? No lo vio con exactitud así que lo dejó pasar.


- Realmente debería de ver si ellos me pueden llevar a algún lugar. - Dijo para si misma.


Y así, sin pensarlo mucho mas ella se levantó y fue en camino de aquella carreta donde alguien podría ayudarla. Por desgracia para ella, justo cuando estaba por llegar a ella esta partió dejándola en medio del camino. Allí pensando se quedó pues no sabía si seguir avanzando con estas dificultades nombradas anteriormente o volver atrás, donde el banco y la cálida manta aún la esperaban gentilmente.


- Parece que hoy la suerte no está de mi parte.


La pobre chica, perdida sin un lugar al que ir empezaba a tiritar. Su cuerpo perdía calor y nunca imaginó que sus ropas la entorpecieran. Pues siempre iba cómoda y muy "suelta", perfecta para poder moverse rápido y no agobiarse por el calor. Esto no era Nohr, ni nada por el estilo donde el calor era mas normal que el frío. Sin duda tenía que seguir hacia algún lugar o casa donde preguntar si podría pasar la noche.


- Todo sería mas fácil en Akaneía. Ambiciosa fui el día que decidí viajar a Elibe. - Decía con tono apagado mientras aún permanecía quieta en el lugar.
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: En los ojos de la lechuza | [Entrenamiento - Ram/Ayase]

Mensaje por Invitado el Miér Sep 21, 2016 3:23 pm


Yermos y blancos suelos resguardaban momentáneamente toda marca que se plasmaba allí. El suelo irregular borraría toda señal de movimiento con el pasar del tiempo, pues la nieve poco a poco comenzaba a aparecer. Acumulándose lenta y paulatinamente sobre suelos y tejados. Verticales nubes emergían en silencio hacia los cielos, causadas por las hogueras que mantendrían el calor en todo el pueblo. Como instintivos animales, toda la gente priorizaba su bienestar bajo el acogedor calor de su hogar. El cielo se había apagado, permitiendo a la noche presentarse antes de lo que realmente debía llegar. La tormenta ocultaba el colorido atardecer anaranjado para cambiarlo por un opaco gris.

Saliendo del pueblo, la carreta fue testigo del clima que se aproximaba, con cautela y manteniendo el ritmo, los tres mercenarios sobre esta continuaron. Se abrían paso sin mirar atrás, confiando que sus aliados, encontrarían a la otra persona que habían ido a capturar. Delegados por su líder, el trío sabría que no regresaría hasta que cumplieran su cometido.

Más allá del camino, iniciando una escarpada ruta entrando en un caducifolio bosque, una oscura figura caminando en la misma dirección se presentó. Cargaba en su mano un pequeño morral anudado con una soga, caminaba lento y sereno bajo la tormenta que lentamente comenzaba a azotar. El hombre al mando había dado la orden de detenerse al ver al emergente, y aun con su rehén oculta bajo su carga, el encargado de llevar las riendas aparcó. Habiendo pasado delante de él, el imponente hombre descendió de la parte trasero para acercarse al extraño. Observó entonces su rostro, arrugado, senil, calmado. Anonadado por su presencia ante tal clima que iba a empeorar, extendió su mano al anciano para ayudarle a continuar. Allí omitió el detalle que le haría quedar mal parado, pues el hombre ante él, sólo poseía una mano, con la cual justamente sujetaba su carga. Torpe y sin saber que decir, el líder del pequeño grupo mercenario intentó disculparse por su error, pero el experimentado hombre del morral lo calló.

El mercenario era un hombre de varios años, veterano de guerra y por edad retirado. Conocía sobre la guerra, la miseria, y la necesidad. Ver a un hombre de semejante edad a la intemperie, le obligaba a ser servicial por más que se encontraba en medio de un encargo de su trabajo. Tranquilamente, la joven gemela había sido atada y amordazada, no tenía por qué ser descubierta por un hombre que hasta podría tener problemas de visión y hasta audición. Con educación volvió a ofrecer su aventón, por lo mínimo que fuera, una ayuda sentía que debía de dar. Sin queja alguna, el anciano acató y junto al líder atrás se sentó. Él no mencionaría, que bajo la pila de heno y alfalfa, una chica se encontraría atada; no necesitaba explicar que era un mercenario, aunque su apariencia lo podía dar por sentado.

El grupo acompañó al hombre hasta que, el pequeño pueblo, parecía ser sólo un pequeño grupo de rocas a la distancia. El contratado hombre omitió toda su curiosidad como modo de disculpa por su anterior osadía; pero en había pensado en todo momento: ¿qué hacía un anciano lisiado y solo cargando una bolsa que despedía un olor algo fétido? Sabía que no podía juzgar a alguien más, pues bien él mismo podría ser juzgado, masera algo que no dejaría de pensar. Tras una muy simple y pequeña charla, el anciano indicó que continuaría por su propia cuenta internándose en el bosque; y fue entonces allí, donde nuevamente la carreta se detuvo, y sus camino se volvieron a separar. Al volver a la marcha, el anciano volteó hacia atrás tan sólo de reojo. Anciano:―No me interpondré si tú no lo haces. ¿Qué será de esa chica?― Murmuró para sí mismo al observar su propia carga continuando su camino. En la pupila de una lechuza se reflejó la escena, pero esta se ocultó cuando el anciano de reojo le miró. Con su propia calma y seguridad, desapareció al internarse en el bosque. Era anciano, pero veía mejor de los que se podía imaginar.

La carreta continuó sin contratiempos, esperando que sus hombres cumplieran su deber antes de alcanzarlos a pie o del modo que fuera al punto acordado entre ellos. Una carpa situada en la distancia, una base temporal donde los armados hombres acampaban durante la helada época. El tiempo transcurría, pero su cometido aún no se cumplía.
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: En los ojos de la lechuza | [Entrenamiento - Ram/Ayase]

Mensaje por Ram de Montmorency el Vie Sep 23, 2016 10:27 pm

La figura no contestó a su pregunta. Sin embargo, ahí seguía. Inmóvil e intimidante, como si fuese incapaz de escuchar a la joven que en vano gritaba el nombre de su hermana perdida. La ventisca se hacía más intensa a cada rato, y Ram tenía que cubrirse el rostro con su mano para tratar de vislumbrar mejor el sendero por el que andaba. Desde su llegada a aquel poblado, jamás había presenciado una tormenta de nieve semejante. Caminar costaba más a cada paso que daba, y por mucha ropa de abrigo que vistiese, inspirar aquel aire gélido congelaba sus entrañas y hacía temblar su frágil cuerpo. A menudo lo asociaba a su inusual afinidad con el control de la magia de fuego, pero lo cierto era que Ram nunca había soportado muy bien el frío. Lo aborrecía.

¿Rem? —insistió la ex sirvienta sin querer alzar la voz a pesar de que el sonido del viento opacaba casi por completo sus propias palabras.

Ya casi había alcanzado a la figura, así que extendió su otra mano para intentar tocarla. Pero quedó perpleja al sentir un tacto duro y helado en vez de la tela del grueso abrigo de su hermana pequeña. Intrigada, entornó un poco los ojos para descubrir qué se hallaba exactamente enfrente suyo. A esa distancia ni la blanquecina ventisca, que impedía que nadie pudiese ver con claridad más allá de unos escasos metros, pudo evitar que Ram descubriese que lo que había creído que era una figura humana era, en realidad, un montículo ordenado de piedras y rocas que formaban una especie de pilar. Semejante descubrimiento fue sin duda decepcionante para la muchacha. Pero se guardó ese sentimiento para sí misma y procuró retomar la ruta original que había planeado. Su destino era la casa de la anciana panadera, y aunque el sendero que seguía era difícil de distinguir a causa de la nieve y la oscuridad de la noche, no tuvo demasiados problemas para orientarse porque conocía de memoria el camino. No obstante volvió a detenerse una vez más cuando se percató de la presencia de otra figura. Esta vez no cabía lugar a dudas: la silueta se movía un poco. ¿Sería algún aldeano? Parecía poco factible, pues cuando las tormentas azotaban aquel pequeño pueblo perdido en las montañas de Ilia, los vecinos solían refugiarse a salvo en sus casas. ¡Debía de tratarse de Rem! Apresuró su paso para acercarse a su hermana, pero se llevó otra gran decepción. No era Rem la chica que se hallaba delante, sino una joven de cabellos oscuros y largos que se ataviaba con ropajes para nada adecuados si se tenía en cuenta el clima del lugar. A juzgar por lo mucho que tiritaba, tenía pinta de haber permanecido mucho tiempo allí, y si no entraba en calor pronto hasta podría morir de hipotermia.

Ram permaneció callada mucho rato, en busca de las palabras adecuadas. También sentía frío, aunque claramente en menor medida que aquella extranjera a la que nunca había visto con anterioridad. Tenía también muchas preguntas. Podía preguntarle si había visto a su hermana, por poner un ejemplo. Mas simplemente arrugó la nariz, disgustada, y le espetó unas mordaces palabras.

Hueles a perro mojado, ¿sabes?
Afiliación :
- ILIA -

Clase :
Mage

Cargo :
Sirvienta

Inventario :
Tomo de fuego [2]
Vulnerary [3]
.
.
.
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1143


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: En los ojos de la lechuza | [Entrenamiento - Ram/Ayase]

Mensaje por Invitado el Vie Sep 23, 2016 11:39 pm

La chica no podía pasar mas tiempo ahí parada, tendría problemas si permanecía mas tiempo parada pensando que hacer así que se dispuso a continuar su camino en busca de algún lugar donde refugiarse pero justo cuando esta iba a comenzar a andar atravesando la tediosa ventisca, una voz escuchó a su espalda. La sorpresa fue grata y a la vez molesta, pues ya tendría a alguien a quien preguntar y a la vez un comentario para la delicada espadachina dañino fue lo que escuchó.


Dio un giro para ver de quien era esa voz femenina, para su sorpresa era un chica de menor edad seguramente o así lo presentaba su altura y aspecto.


- ¿Forma parte de tu cortesía ese tipo de comentarios hacia alguien que no conoces?


- Deberías de cuidar tus formas, pues tu en este momento representas la gente del lugar para mí ya que yo no conozco nada de aquí. Si ahora yo me fuera, Ilia sería un lugar poco agradable ¿No crees? - Añadió de forma intimidatoria Ayase


- ¡Vamos! Es solo una broma, dudo que con esta ventisca seas capaz de siquiera oler algo que estuviese a 2 centímetros de ti, con lo cual supuse que estarías nerviosa o algo por el estilo y nunca lo tomé en serio. Por cierto, soy Ayase, el filo escarlata de Nohr. - Dijo con una amplia sonrisa en sus labios.


- A todo esto, me gustaría preguntarte donde podría refugiarme de este terrible frío. Quizás yo te pueda ayudar de alguna manera más tarde.


*A decir verdad, se parece mucho a la chica que subió por así decirlo a aquella carreta... ¿Se habría bajado o escapado justo antes de esta irse sin yo darme cuenta? No... El pelo de la otra chica era de otro color ¿Aunque de qué color era? Maldición, el frío no me deja pensar con claridad, además de que la escena me fue confusa y no pude ver con tanta claridad lo que pasó. Pero juraría que tienen cierto parecido ahora que la miro mas de cerca...* Pensó Ayase.
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: En los ojos de la lechuza | [Entrenamiento - Ram/Ayase]

Mensaje por Invitado el Mar Sep 27, 2016 3:34 pm


El extraño viajero había desaparecido entre la ventisca del bosque que se extendía más allá. En ese mismo lugar, el cambio de aquellos se separó; los hombres armados continuaron a caballo el trecho final, un par de kilómetros que no demorarían en concretar. A nueve kilómetros del pequeño y remoto poblado, se encontraba el pequeño "fuerte" que no era más que una mera tienda de campaña entre robustos troncos del bosque. Allí, el clima podía percibirse con más calma, debido a que los escasos restos de las copas de los árboles que aun mantenían su follaje, contenían las fuertes corrientes albergando entre sí, un pequeño área más controlada; lo que ayudaba a que la tienda soportara. La carreta se detuvo junto a la tienda, otorgando descanso al caballo tras su largo trabajo.

Todos descendieron, y a su prisionera sin delicadeza contra el suelo abatieron. La joven gemela mantuvo sus ataduras, mas la bolsa de su cabeza le fue retirada. Era mirada directamente por el líder de la cuadrilla, quien había tomado asiento en un tronco junto a la fogata que uno de sus socios había encendido. Aventó a sus pies carne sepa para que la muchacha se alimentara, y en respuesta ella había permanecido callada. Líder.M:―Come― Reiteró el hombre sin quitarle la mirada de encima. Y entonces, con ambas manos atadas, la joven sirviente comenzó a comer sin decir ninguna palabra. Desconfiaba de todos ellos por evidente razón, y no tenía ninguna intención de socializar o huir de allí. Considerando el largo viaje a caballo y bajo la ventisca helada, significaría que debía estar prácticamente a una hora del pueblo donde residía actualmente. Alejada de su hermana, sólo pensaba en hacer lo posible para impedir que a ella le hiciera algo, sin importar lo que a ella misma podría pasarle.

De la misma manera que había sido obligada a comer, se le ordenó acercarse al fuego para que no se muriera de frío. Cortante y abruptamente el líder del campamento le exigió mantenerse allí sentada por su propia seguridad. Aclaró además, que no tenían intensiones de hacerle nada, aunque si esta trataba de escapar, deberían de detenerla como fuera.

Entre la espada y la pared, la gemela nada podía hacer; desarmada y sin su talentosa hermana, era tan útil como los decorados de la empuñadura de una espada. No servía de nada, y tampoco parecía tener el valor como para que buscasen matarla. No comprendía ni por qué le habían capturado, pero aún así, mantenía la calma al priorizar el bienestar de su propia hermana.

El silencio se prolongó, hasta que ella su comida terminó. Mientras los dos hombres restante afilaban sus armas o simplemente se rascaban, el experimentado y veterano hombre que no le había quitado la mirada ni por un segundo, habló. Líder.M:―Dime que vendrá el cazador de lechuzas― Un diminuto silenció se sintió.

Sus palabras fueron extrañas, y la joven sólo quedó desconcertada. ¿Qué significaría aquello, si la temporada de cada de lechuzas no era algo que fuera habitual? ―¿A quién se refiere señor?― Respondió ella ingenia, pero con educación. Si lo que había escuchado al momento de su rapto era concreto, querían a ambas con vida por alguna razón; pero era extraño aquello último de lo que había hecho mención.

Cada persona allí presente tenía una diferente imagen al hacer mención del "cazador de lechuzas". No obstante, en la mente de la chica predominaba el desconcierto por la falta de conocimiento. ¿Tendría relación el motivo de su pregunta? ¿Era relevante o alguien importante? No sería su hermana Ram, de eso era lo único que podía estar segura.

Líder.M:―Entiendo, vendrá si las dos están aquí― Concluyó preocupando a la rehén bajo su poder.

Ella no comprendía nada. y creer que se confundían de persona era algo que podía descartar, pues buscar a dos personas que fueran idénticas, y que de casualidad fueran parecidas a ellas, era algo muy poco probable. Sin embargo, eso no ayudaba a saber a quién se refería, y por qué. ¿Por qué lechuzas? ¿No le gustaban las aves?

Los labios de ambos se reflejaron a la distancia, sobre los ojos de quien tenía un pie delante. La lechuza permanecía oculta en la noche, observando que todo resultara como debía ser, favorable para él.
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: En los ojos de la lechuza | [Entrenamiento - Ram/Ayase]

Mensaje por Ram de Montmorency el Sáb Oct 01, 2016 11:24 am

La respuesta de la extranjera, tan cortante como el comentario que había hecho la ex sirvienta instantes atrás, no perturbó en absoluto el semblante casi inexpresivo de Ram. La joven muchacha de cabellos rosados se limitó a no decir nada más mientras prestaba atención al monólogo de la otra chica. Hablaba mucho. Demasiado para su gusto. La mayoría de las personas solían hablar mucho también. Sin embargo, cuando estaba con Rem no necesitan intercambiar tantas palabras para entenderse. Era como si supiesen leerse la mente, y ambas sabían mejor que nadie que no todo podía expresarse con palabras. La extranjera, después de darle una reverenda regañina a Ram, se presentó con el nombre de Ayase, el filo escarlata de Nohr, y le dijo que todo lo que había dicho antes era una broma. La joven ex sirvienta parpadeó varias veces, como si le costase entender eso último. ¿Acaso le estaba diciendo que la lección entera que acababa de proferir no era más que una broma? A su parecer, hacer algo así era bastante inútil. Un malgasto de energía. Pero guardó silencio y siguió escuchando a su compañera. Ayase le preguntó a continuación si sabía de algún lugar donde pudiese refugiarse y calló, expectante, a la espera de una respuesta clara y concisa por parte de Ram.

La ex sirvienta alzó su brazo derecho y señaló en la dirección por la que había venido.

Sígame —dijo ella mientras empezaba a caminar en la trayectoria señalada previamente. Sin que se percibiese demasiado, había dejado de tutear a Ayase para empezar a tratarla con más respeto. Pues tener que satisfacer el deseo de la viajera de encontrar refugio bastaba para despertar sus oxidados instintos de servidumbre. Ram se dirigía de regreso a la casa en la que vivía con Rem. Allí podría ofrecerle cobijo a la extranjera, y de paso descubrir si sabía algo acerca del paradero de su hermana. La inquietud le carcomía por dentro, pero tampoco podía dejar a la extranjera a la intemperie. Quizá se estuviese preocupando por nada, mas su intuición no cesaba de indicarle que algo no iba bien.

El camino de regreso a la cabaña fue breve y estuvo carente de infortunios más allá del gélido frío. Tampoco se toparon con Rem. Pero al menos ya estaban frente a la destartalada edificación que las dos hermanas llamaban hogar. La arquitectura externa de la casucha era incluso más humilde que la de su interior. Largas vigas de madera se disponían desordenadamente para sostener el alto e inclinado tejado, y una estrecha chimenea de ladrillos sobresalía para rematar el conjunto. En comparación con las otras casas del poblado, ésta en particular se caía a trozos, y su techo parecía que fuese a ceder ante el peso de la nieve de un momento a otro. Ram se detuvo ante la puerta de entrada dispuesta a abrirla, pero se detuvo un segundo antes de insertar la llave en la cerradura. Su expresión no dejó entrever la alegría que sentía, pues acababa de escuchar un murmullo procedente del interior del hogar.

Hay alguien dentro —anunció a su acompañante—. Debe de ser mi hermana Rem.

Mas no tardaron en descubrir que en realidad no era Rem quien se encontraba al otro lado del recio portón. Ni bien entornó Ram ligeramente la puerta, los murmullos que se oían desde afuera se convirtieron en voces. Y esas voces no eran para nada las de su querida hermana pequeña. Eran voces masculinas y adultas. Lo primero en lo que pensó la joven de cabello rosado era en que debía de existir algún tipo de error. Pero no podía encontrar una explicación a todo aquello por mucho que se esforzase. ¿Serían ladrones entonces? Imposible a su parecer. En aquel poblado nunca había habido robos ni nada parecido. Ram se acercó un poco más a la puerta, con la intención de poder escuchar mejor lo que decían los desconocidos. Contaba con que Ayase captase lo que sucedía y se mantuviese callada.

Desconocido 1: ¿…Qué quieres decir, Fred? ¡Claro que esta debe de ser su casa! Aquella anciana nos dijo que ellas vivían aquí. Sigue rebuscando en ese montón de ahí y cállate de una maldita vez.

Desconocido 2: Pue’ yo creo que ‘tá má’ que claro que aquí hay gato encerrao. Mirá’, lo’ do’ retrato’ que no’ entregaron son idéntico’. Quizá’ se haya equivocao el lechuzo ese o algo.

Desconocido 1: ¡Silencio, estúpido! Somos profesionales. Si nos dijeron que había dos, es que hay dos. Ya tenemos a una, y la otra debe de ser su gemela… Pero ¡¿qué estás haciendo, pedazo de burro?!

El corazón de Ram dio un vuelco al escuchar eso. ¿A qué se refería aquel hombre con que ya tenían a una? Intrigada, siguió prestando atención a la conversación que tenía lugar en el interior de la casa.

Desconocido 2: ¿A qué se refiere’, jefe? ¿A e’to? No e’ má’ que un estofao que he encontrao por ahí. No sabe mu’bien, pero sirve pa’ entrá’ en calo’. ¿Quiere probá’ un poco?

Desconocido 1: ¿Pero tú estás bien de la cabeza? ¡Deja ese cuenco por ahí y ponte a buscar algo que nos ayude a salir cuanto antes de este maldito pueblucho…!

Desconocido 3: Disculpe mi interrupción, jefe. Pero creo que debería venir a ver esto. Parece alguna especie de… manuscrito, pero no entiendo lo que dice.

Desconocido 1: A ver, Fred. Dame eso. Hum… esto es idioma antiguo, sin duda alguna.

Desconocido 3: ¿Puede entender esos extraños caracteres, jefe?

Desconocido 1: ¡Claro que no puedo, idiota! Aunque deberíamos llevar esto al líder. Puede que él sepa descifrarlo.

Desconocido 2: Pue’ yo o’ dejo ahí con vuestra’ cosa’. Que yo tengo que salí’ afuera a tomá’ el aire.

Ram no tuvo tiempo a reaccionar, y fue entonces cuando la puerta principal se abrió de golpe. El desconocido que se encontraba ante ella quedó perplejo al descubrir a las dos jóvenes, y acto seguido echó un vistazo al par de carteles que sujetaba en su mano izquierda. En ellos estaban dibujados los retratos de Ram y Rem. Sin decir nada todavía, el orondo hombre ataviado con ropajes invernales, no cesaba de posar reiteradamente su mirada primero en los carteles, y luego en Ram. Como si no diese crédito a lo que veía y quisiese comprobar una y otra vez sus inquietudes.

Desconocido 2: ¡No se mueva’ u o’ corto la’ cabeza’ a sablazo’! —exclamó el hombre con sobrepeso. Para asegurarse de que las dos chicas le entendiesen, desenfundó su espada y la colocó a escasos centímetros de la garganta de Ram.

Desconocido 1: ¿A quién estás amenazando ahora, asnópido…? —empezó a decir el que parecía ser el jefe del grupo. A diferencia de su subordinado, éste parecía ser un caballero gallardo y musculoso, aunque con una lengua bastante afilada. También portaba una espada; más elegante y cara que la que portaba el mercenario gordo. A medida que se acercaba al umbral de la puerta, su expresión dejaba entrever cada vez más la sorpresa.

¿Quiénes sois? ¿Qué hacéis en mi casa?

Desconocido 1: Vaya, vaya… mirad quién estaba fisgoneando nuestra conversación. Buen trabajo, equipo. Hemos encontrado a la que faltaba.

El tercer desconocido, notablemente más delgado y callado que el resto, apareció como una sombra detrás de Ayase y le puso un cuchillo cerca del cuello. Estaba claro que aquel grupo no estaba compuesto por meros charlatanes. Eran hábiles y sabían lo que hacían, ya que en un abrir y cerrar de ojos se las habían apañado para arrinconar a las dos jóvenes.
Afiliación :
- ILIA -

Clase :
Mage

Cargo :
Sirvienta

Inventario :
Tomo de fuego [2]
Vulnerary [3]
.
.
.
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1143


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: En los ojos de la lechuza | [Entrenamiento - Ram/Ayase]

Mensaje por Invitado el Dom Oct 16, 2016 8:18 pm

¡Hasta su corazón se estaba helando! Suerte que esa chica tenía un lugar en el cual Ayase podía pasar un rato y esperar que la gran ventisca pasara. Caminó detrás de ella, casi siguiendo sus pasos y pronto llegaron a una humilde casa. Supuso que sería ahí pues ella paró justo en frente de tal acogedora casa... En la misma puerta, la joven de pelo rosado se detuvo en seco antes de abrir, cosa que Ayase, quien ladeaba la cabeza ante tal gesto, le extrañó bastante. Había alguien dentro parecía ser, no tenía pinta de ser algo malo, pues el rostro de la chica se mostraba feliz y las palabras que luego añadió, calmaron las inquietudes que a Ayase le comenzaban a salir. Según ella, debía de ser su hermana Rem. No mucho tardó la espadachina de oscuro cabello en darse cuenta de que no era así, voces de varios hombres eran lo que sus entrenados oídos escuchaban e incluso su compañera se dio cuenta de ello. Ella pegó su oído a la pequeña abertura que al abrir mínimamente estaba para escucharles mejor, en cambio, Ayase se mantuvo quieta y callada, no quería ser una molestia.



Debía de ser muy interesante lo que estarían diciendo, pues su compañera seguía escuchando atentamente. Aunque le quedaba poco tiempo, un hombre abrió la puerta y Ayase quedó perpleja, pues el hombre con unos cuantos kilos de más miró fijamente a la pequeña acompañante y seguidamente hacia lo que parecía ser una imagen de ella con alguien idéntica a ella pero con el cabello de color azulado... ¡Debía ser su hermana y la chica que se llevaron! El hombre hizo varias veces el mismo gesto, mirando una y otra vez a la imagen y a la chica... Algo raro estaba pasando y Ayase comenzaba a sentirlo. Habiendo solucionado sus dudas a base de mirar tantas veces al cartel con el retrato de la chica, de pronto puso su espada en una distancia demasiado corta de su garganta. Su forma de hablar era un tanto extraña, todo hay que decirlo y en parte a Ayase se la hacía particularmente gracioso.



Aún manteniendo la calma y la compostura, la mercenaria ni siquiera posó su mano en su katana y simplemente miró hacia dentro del lugar, pues escuchó otra voz acercándose a donde ellas se situaban, parecía ser alguien de "rango" superior por así decirlo, era alguien mas elegante y de mas buen ver. La hermosa chica de cabellos del color de un bonito cerezo de Hoshido, preguntó valientemente cual era la razón por la cual ellos se encontraban en su hogar pero la respuesta no fue para nada la mas amable y cuidadosa que podrían haber dicho. Parece que tendrían un problema, las buscaban por alguna razón y Ayase se había visto envuelto en ello y para demostrar que esto era cierto, un tercer hombre apareció sin casi haberse dado cuenta, portando con él un arma blanca pequeña que en ese mismo momento pasaba a estar cerca de la garganta de la mercenaria.


- Sonará extraño... Pero ¿Alguien me puede explicar lo que está pasando? Por cierto, el frío me está haciendo ya hasta tiritar... ¿Podéis daros prisa y... - Sin terminar la frase Ayase cogió rápida la mano de la persona que la mantenía atrapada entre él y el cuchillo y con un movimiento de cintura, lo tiró al suelo. Dio dos pasos para atrás y mostró el hermoso forro de su katana.


- No se que asuntos tendréis con ella, pero soltadla.


De poco sirvió que Ayase rogara por ello, pues el largiducho que se encontraba en el suelo, se levantó veloz y lanzó un pequeño tajo recto hacía Ayase. Ella, lo bloqueo con el mismo movimiento con el cual desenfundaba la katana, haciendo que el propio bloqueo hiciera que el cuchillo se resbalase de las manos del hombre y cayera al suelo nevado, justo al lado de ella. Con un golpe fuerte con el mango de la katana en el estómago del rival, logró que se apartará unos cuantos metros de ella pero eso fue lo último que Ayase recordó, ya que en el forcejeo entre los dos, el que parecía ser su jefe dejó inconsciente a Ayase aprovechándose de la situación con un golpe por sorpresa.
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: En los ojos de la lechuza | [Entrenamiento - Ram/Ayase]

Mensaje por Invitado el Jue Oct 20, 2016 2:18 pm


El silencio abrumaba el ambiente; cada persona allí presente, demostraba ser partícipe de sus propias conclusiones. Atisbaba su entorno la sirvienta cautiva, sosegada sin saber, las sospechas que creaba. El desconcierto de su desconocimiento ante la situación, nublaba su comprensión. Preocupada por su hermana en todo momento, sólo era capaz de pensar que mejor sería que en ese momento ella ya no estuviera allí. Arruinar el plan de sus cautivos era tan simple como quitarse la vida; mas tenía dudas que antes quería resolver, y a su misma vez, no tenía con qué.

Trueblade:―Oye, ¿por qué no lloras o gritas?― Preguntaba el hombre que, junto a la misma hoguera, afilaba su espada. Su pregunta tenía una razón, y era que el comportamiento de la gemela menor, no era algo a lo que estuvieran acostumbrados. Usualmente un cautivo suplica, llora, se queja y lamenta; mas esta simple sirvienta, permanecía sentada en silencio. Su actitud levantaba sospechas, como si en el fondo supiera lo que sucedía, a tal punto de no necesitar siquiera actuar; como si fuera cómplice de la lechuza que los acechaba, y eso a él le preocupaba.

La tímida fémina desconfiaba de cada uno de ellos, imposible sería confiar de quienes le habían tomado como prisionera en primer lugar. No buscaba socializar ni responder sus dudas, prefería ser ella quien lograda comprender lo que sucedía allí. Y por mera intuición o deducción, sólo podía confirmar que no entendía nada. Parecía ser que los hombres allí la relacionaban con un cazador de lechuzas o algo similar, mas jamás había escuchado ni visto semejante entidad. Del mismo modo demostraban enojo por la lechuza, un pequeño ave nocturna que nada podría hacer. ¿Habría defecado en sus calzados? ¿Qué relación tenían ellas? No tenían una mascota así como para asumir la responsabilidad. La única respuesta que por parte de la gemela recibió, fue una simple mirada silenciosa que su enojo hizo desatar.

Trueblade:―¡Te mataré!― Exclamó en un inminente y temperamental, cegado de rabia e ira que ella no podía comprender. Blandió la espada en lo alto para así acabar con su prisionera; no obstante su accionar fue detenido por quien ya había dejado muy en claro las órdenes que todo debían acatar. Sujetándole del brazo con rudeza, expresó con su mirada que ni siquiera por su causa se interpondría en criterio.

Rem, se mantuvo inexpresiva, aceptando morir allí en lugar de su hermana; conocía su escaso valor, y era consciente de que eso podría ser lo mejor para sí. Líder.M:―Tú, ¿realmente aceptas la muerte?― Preguntó el hombre que de igual manera desconfiaba. La actitud que ella demostraba podía ser aquella, pero a la misma vez podría ser un desbordante exceso de confianza que les subestimaría por completo. ―Si, señor― Alegó respetuosa y seriamente ante este. El hombre se mantuvo firme soltando a su compañero subordinado para que no volviera a molestar, observando en todo momento los ojos de la joven delante de él. ―Parece ser verdad. Siento lástima por ti― Concluyó distante, volviendo a tomar asiento.

Lástima, era algo de lo que ya estaba acostumbrada a causar. Siempre era opacada por el talento de su propia hermana, por lo que había llegado a aceptar no ser nada, literalmente nada. No tenía valor allí, a nadie le importaría lo que fuere de ella. ¿Cómo no aceptar la muerta sabiendo que las cosas serían así?

Comenzó a sentir nuevamente que la mirada vigilante del hombre que la había escudado; además también, la mirada gélida y de odio desmedida que no podía comprender, del otro hombre delante de ella. Comenzaba a sentir el temor de que aquel alborotado y enfadado hombre, se atreviese a poner una mano sobre su hermosa hermana mayor; el solo pensar lo que querría hacerle dejándose llevar por las emociones, le preocupaba. Ajeno a aquello, habías más de un ojo sobre ella, debía ser muy cautelosa.

Sentinel:―No pongas esa cara. Él tiene sus motivos para odiarte, y nosotros también. Pero parece que estás igual de confundida que nosotros― Dijo el tercero, quien por escasos segundos le había dedicado una mirada. Sin dejar de rascarse al momento de holgazanear calentando su espalda con el fuego, mientras mantenía su vista puesta en el entorno para vigilar.

Las palabras de aquel sujeto la desconcertaron más de lo normal. ¿A qué se refería? ¿Por qué tendrían motivos para odiarlas a ellas? ¿Qué era lo que pasaba allí? Lamentablemente para ella, él era realmente un holgazán, y ya había hecho mucho esfuerzo al decir tantas palabras, nada más podría conseguir de su persona.

Los demás integrantes del grupo no deberían demorar en alcanzarlos junto a la otra chica que debían capturar; para así captar la atención de la lechuza, y acabar con todo de una buen vez.



off:
Me acabo de percatar, de que los tres personajes ocultan un ojo bajo su flequillo.

Para Ayase, seguramente todo esto te es un enredo. Si se me da la chance, pienso dejar los motivos plasmados en el siguiente post. Los 6 mercenarios tienen su propio motivo y personalidades. La lechuza y el cazador por igual. Lo único que podrías omitir completamente es al viejo manco, le había dicho a Ram de hacerlo aparecer y solo fue un agregado que no aporta nada xD

Me gustó tu resolución, al dejarte caer así de fácil, simplificaste la diferencia de tiempo que tenemos. Ya que he dicho viajar a caballo como unas horas si no mal recuerdo, lo que a pie sería mucho como para que lo narrasen. Si las cargan, llegan en nada (?)

Ram, te amo celosamente (?)

Espero estar plasmando bien las multiples personalidades de los personajes que ambientan el tema.
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: En los ojos de la lechuza | [Entrenamiento - Ram/Ayase]

Mensaje por Ram de Montmorency el Dom Oct 30, 2016 9:36 pm

Aunque Ram no lo mostrase, tenía miedo. Miedo de lo que aquellos tres individuos le habían podido hacer a su hermana. A esas alturas ya resultaba más que evidente que retenían a Rem en algún sitio, por lo que prefirió no oponer resistencia. De haber querido, podría haberles hecho arder hasta que no quedase más rastro de ellos que meras y patéticas cenizas, mas la opción más sensata para reencontrarse con su hermana gemela era fingir sumisión. La llevarían a donde quería si se quedaba callada y obedecía sus órdenes. Eso estaba más que claro. No obstante, Ayase, que no tenía ni la más remota idea de lo que estaba sucediendo, decidió resistirse y plantar cara a los misteriosos desconocidos. La joven ex sirvienta observó el enfrentamiento con indiferencia. Sabía que no había manera de que la espadachina de cabellos negros, que tiritaba todavía a causa del frío, ganase a tres adversarios por su propia cuenta. La extranjera era osada y tenía valor, de eso no le cabía ninguna duda. Pero lo único que conseguiría con su comportamiento sería su propia muerte, pues tal y como había vaticinado en silencio Ram, no tardaron en noquearla y dejarla inconsciente.

Desconocido 1: ¡Fred! ¡Estúpido! ¡Casi te gana una mujer! —exclamó enfurecido el apuesto hombre que parecía liderar el grupo. La ex sirvienta fijó su inexpresiva mirada en él ignorando por completo la punta de la espada que rozaba su delicado cuello. Aquel caballero estaba impecablemente afeitado y su pelo, bien peinado, era rubio. Vestía con una coraza de cuero negra como el carbón y con un grueso abrigo del mismo color. Protegía sus manos con unos guantes de lana blanca, y la empuñadura de la valiosa espada que portaba tenía forma de dos serpientes entrelazadas.

Fred: ¿Qué haremos con esta chica, jefe? —le espetó su subordinado, ignorando los reproches de su superior. Se le veía notablemente abochornado por lo que acababa de suceder.

Desconocido 2: ¡Matarla! ¡Por supue’to! —sugirió el orondo hombre que retenía a Ram con su espada. A diferencia de sus otros dos compañeros, aquel mercenario no parecía ser muy inteligente debido a su manera tan coloquial de hablar. Tampoco resultaba ser tan agraciado como su jefe, y mucho menos delgado como aquel al que llamaban Fred.

Desconocido 1: ¡Deja de darme jaqueca, atontado! No la vamos a matar. No somos salvajes. La llevaremos con nosotros para que sea el líder quien decida qué haremos con ella.

Va a morir. —dijo Ram de repente. Los mercenarios, que habían estado muy ocupados discutiendo entre ellos, se volvieron extrañados para reparar al fin en la muchacha. El hombre apuesto se acercó a ella con una enigmática media sonrisa y con una de sus manos apoyada sobre su espada.

Desconocido 1: Casi me había olvidado de que seguías aquí, pequeña fisgona. —empezó a decir mientras se agachaba un poco para quedar a la misma altura que Ram—. ¿Por qué dices que se va a morir?

Porque tiene frío.

Ante semejante respuesta inocente, los tres desconocidos rompieron a reír a carcajadas. La joven no comprendía dónde estaba la gracia, pero le costaba soportar que se estuviesen mofando de ella de esa manera. A diferencia de su hermana, a ella le costaba más mantener la cabeza fría. Y de no ser porque quería que le llevasen con Rem a toda costa, habría procurado calcinarlos vivos como castigo. El jefe del grupo fue el primero en dejar de reírse, y su semblante volvió a tornarse burlón y desafiante.

Desconocido 1: Y dime, ¿acaso es amiga tuya?

No. —reconoció Ram sin saber a qué quería llegar su interlocutor.

Desconocido 1: Pues entonces cállate. Fred, regístrala mientras preparo a los caballos.

El hombre delgado al que Ayase le había dado una soberana paliza hacía unos instantes se acercó a la muchacha de cabello rosa. Sin ningún tipo de cuidado, le quitó su abrigo y le ató las manos con una cuerda. Su compañero con sobrepeso, cuyo brazo empezaba a cansársele por estar sujetando tanto tiempo la espada, enfundó su arma y ató también a la espadachina inconsciente. Ambos empezaron entonces a registrar con pocos escrúpulos a las dos jóvenes para asegurarse de que no guardaban nada peligroso entre sus ropajes. Ram no se quejó, ni tampoco se atrevió a volver a hablar. Estaba convencida de que pronto se reencontraría con su querida hermana gemela y no le importaba nada más. Tampoco quiso responder las preguntas de sus captores cuando éstos descubrieron los conjuros escritos en fragmentos de pergamino que escondía en sus bolsillos. Ni siquiera cuando los hicieron trizas delante de ella. Y cuando llegó el momento, aceptó de buen grado subir al interior de la carreta tirada por caballos junto con una Ayase todavía inconsciente. Los mercenarios al menos tuvieron la consideración de proporcionarles mantas de lana para que se resguardasen del frío durante el trayecto.

A nueve kilómetros del poblado, la carreta se detuvo y obligaron a Ram a salir. Delante de ella no había nada más que una enorme tienda de campaña erigida en medio de un bosque helado. La ventisca parecía ser menos intensa en aquel desamparado lugar, en el que también había más mercenarios.

¡Rem!
Afiliación :
- ILIA -

Clase :
Mage

Cargo :
Sirvienta

Inventario :
Tomo de fuego [2]
Vulnerary [3]
.
.
.
.

Support :
None.

Especialización :

Experiencia :

Gold :
1143


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: En los ojos de la lechuza | [Entrenamiento - Ram/Ayase]

Mensaje por Invitado el Dom Nov 13, 2016 2:24 pm

- No puedes evitar ser estúpida ¿Verdad?


- Si a estúpida se refieres a buena persona, no... No puedo evitarlo, maestro.


- Tu oficio no trata de salvar vidas Ayase, lo sabes bien. Matar, robar... Todo sea por dinero, no podemos permitirnos más pérdidas por tu no querer acabar tu trabajo de forma decente.


- Lo lamento, maestro. No volverá a suceder...


Las lágrimas por el rostro de Ayase eran visibles, caían formando un delicado río que llegaba hasta sus propios rojizos labios. Había fallado en su cometido, era una deshonra para su clan, o así pensaba ella. A pesar de todos tener una imagen de ella de chica joven e inocente, todos sabían en lo más profundo que ella de verdad les quería ser útil, les quería devolver el favor de haberla criado y mucho más importante que eso... Mostrar que las enseñanzas aprendidas de cada uno de ellos y de su maestro, no habían sido en vano. Por desgracia, no podía hacer cierto tipo de encargos. Su buen corazón o su ignorancia, hacían que en el momento de la verdad dudara y por ende, no consiguiera su objetivo... ¿Realmente era a eso a lo que se debía de dedicar? Ella no tenía respuesta clara para dicha cuestión, pues ¿Qué mas sabía hacer la inocente chica de pelo negro? Nada, para eso si tenía respuesta. El claro problema, la hizo preguntarse durante días que debía de hacer... ¿Como debía de afrontarlo? ¿Jugar a los héroes funcionaría? No, estaba claro que no. Con el tiempo, ella decidió que saldría en busca de hacerse dura y además la mejor espadachina del mundo, quizás con el oculto objetivo de aprender algo que no hiciera de ella únicamente una maquina de segar almas.


- Maestro, mañana partiré hacia un largo viaje.

- Por alguna razón, sabía que dirías algo parecido... ¿Sabes Ayase? Pase lo que pase allá donde vayas, nunca olvides quien eres y protege tus valores y principios por encima de cualquier cosa. No te olvides de tu fiel espada, ella será tu mayor compañera, te lo aseguro.


- Si, maestro. Pronto escuchará mis andanzas como espadachina errante, sus enseñanzas serán sin duda reconocidas allá donde camine.


- Siempre tendrás un lugar donde regresar pequeña, aquí siempre te recibiremos como nuestra niña bonita, como siempre ha sido. - Decía con tono un tanto amargo, por la despedida.


Al día siguiente partió en la hora mas temprana de la mañana, dando pasos fuertes y decididos, mirando al frente y con las ideas y sentimientos aún confusos en su mente. Hoy día echaba de menos el lugar donde era parte de algo, el lugar donde había crecido. Por ello soñaba muchas veces con sus últimos días allí, al estar tan alejada de casa esto se intensificaba y en esta ocasión, no era excepción.


- Hmm.. ¿D-donde estoy? - Dijo susurrando para si misma mientras despertaba de su sueño.


Un bosque congelado, lleno de blanco y de colores apagados era lo que los ojos aún entrecerrados podía ver. Levantó un poco su cuerpo, con ello pudo ver a varios hombres y a las dos chicas. Debían de ser gemelas pues eran copias la una de la otra.


- Oh... No tengo a Hizume... - Añadió muy triste por ello, alertando a los demás de que ya había despertado.
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: En los ojos de la lechuza | [Entrenamiento - Ram/Ayase]

Mensaje por Invitado el Lun Dic 12, 2016 10:52 am


El tiempo estipulado en la ejecución del plan de captura de los mercenarios, había sido escasamente mayor a lo que habían calculado. Sin relativa dificultad habían sido capaces de apoderarse de ambas gemelas; quienes a su desgracia, habían estado separadas. Además, junto a ellas, habían obtenido un rehén extra que no estaba involucrada en aquella desgracia. Finalmente, tras varias horas de esfuerzo, el grupo se había reunido en el campamento nuevamente. En respuesta a su llegada, el primero en ponerse de pie fue el líder de los mercenarios, quien no parecía estar de muy buen humor. Ellos tenían solo un caballo, pero en ese instante, los restantes del grupo habían llegado haciendo uso de otro par. No eran ladrones, a excepción de que algún trabajo lo exigiera. Impuso su autoridad, ordenando dejar a la ajena involucrada junto al fuego, y a la gemela restante junto a su hermana; mientras que, por otra parte exigió la devolución del transporte que a algún citadino le habrían tomado prestado. Posteriormente a la decepción del hombre a cargo, mantuvo su espera junto a la hoguera para mantener la vigilancia del campamento.

Inesperadamente ante la petición, el hombre de la lanza se levantó de su descanso para encargarse de llevarse de regreso a los equinos secuestrados. Estaba cansado de descansar, y muy posiblemente luego de devolverlos, descansaría en la ciudad; ya que por muy buenas intenciones que este demostrara tener, aun no se había percatado que de regresarlos, debería volver a pie; un esfuerzo desagradable. Un detalle notable a destacar, es que al tomar las riendas por propia voluntad, a todos sus compañeros los había dejado en completo silencio, impactados de verlo moverse sin que debieran de decirle que lo hiciera. Sucesos que no serían vistos dos veces en la vida.

Actualmente eran cinco los captores, y tres las capturadas; aunque una de estas no tenía razón para estar allí, y a quien liberarían posiblemente ese mismo día. Rem, la primera gemela en haber sido raptada, había permanecido con sus manos y pies atados; y acompañada por ella su hermana se veía en una situación similar. No era descartada la extraña que les acompañaba, quien además portaba un arma de la cual los mercenarios se habían apoderado para mantener el control de la situación. No sabía quién era, pero no tenían ningún asunto que tratar con ella tampoco.

El incómodo silencio se quebró con el despertar de la mercenaria desarmada. Atada por cuestiones de seguridad, permanecía junto al fuego, cerca de quien controlaba todo lo que estaba sucediendo allí. Inmediatamente, el líder mercenario le arrojó carne seca como con anterioridad lo había hecho con la primer rehén, diciendo exactamente las mismas palabras secas y cortantes. Come. Fue entonces, que ignorando todo su entorno y sin cambiar su gélida mirada hacia sus rehenes principales, el espadachín sumergido en ira preguntó. Trueblade:―¿Qué hacemos ahora?― Dirigió su mirada al líder quien parecía solamente querer encargarse de alimentar rehenes....


Un grupo de siete mercenarios se encontraba viajado a través de la frontera de Ilia. Unidos bajo la necesidad del dinero, y compartiendo un memorable sentido ético y moral de una justicia particular, el grupo ya llevaba poco más de un año conformado. Siete personas con sus propias historias, pasados difíciles y situaciones que les habrían hecho dejar su vida atrás para convertirse en lo que eran hoy en día; un grupo de mercenarios. Cada uno tenía un motivo para estar allí, conformando un grupo con personas que no conocían; un grupo que poco a poco se unificaría. Con el tiempo, ya no eran simples conocidos que compartían una recompensa, sino compañeros que por dicha recompensa de cuidaban las espaldas.

Seis días atrás, dicho grupo recibiría una insólita petición; una petición que desmoronaría todo por lo que habían estado luchando. Un enmascarado hombre que portaba una cabeza de lechuza se interpuso repentinamente en su viaje, solicitando lo que sería el peor trabajo en el cual se hubieran involucrado.

El misterioso hombre se presentó como una simple lechuza. Solicitó, o más bien les exigió, raptar a un par de demonios con vida. Portaba retratos de como actualmente se veían, y a simple vista solo era un par de chicas que apenas parecía haberse convertido en adultas. La solicitud sonaba turbia, más dado que podían ver las apariencias engañosas de quien solicitaba el trabajo. Como mercenarios, y por dinero, no era algo que fueran a negar; no obstante el pago que la lechuza les ofreció, no fue nada usual. Nada impediría su objetivo.

Dio nombres y descripciones de mujeres y niños que tendrían relación directa con cada uno de los mercenarios. Cómo medio de pago, les dejaría vivir. Los siete hombres debían aceptar la petición y convertirse en sus títeres por el bien de sus propias familias; ya que la casualidad de todo su conocimiento no podía darse a dudar de no ser verdad. ¿Pero por qué ellos? ¿Simple casualidad? Mencionó además, la necesidad de que ellos debían de ser quienes hicieran su trabajo, porque sino él, el cazador de lechuzas, posiblemente estaría allí; no era un riesgo que estuviera dispuesto a correr.

Siete mercenarios, un extraño. La impotencia y la potencial ventaja del grupo hizo que sin responder, uno de ellos, el único que realmente se veía libre de cualquier extorsión, tomara su espada en nombre de sus compañeros para eliminar la alimaña delante de él.

Las nubes del cielo se oscurecieron en un parpadeo, dejando caer un rayo sobre la espada que el hombre ya alzaba sobre su cabeza. La imponente descarga recorrió cada milímetro del cuerpo de mercenario inmovilizándolo por completo y quemando todo su ser en un abrir y cerrar de ojos.

Un pequeño sonido del cerrar de un libro resonó desde el interior de las largas túnicas que cubrían a quien había dicho ser una lechuza. Como si nada hubiera sucedido, como si nada allí estuviera fuera de lugar; el misterioso enmascarado les dio la espalda diciendo que cuando terminasen su trabajo, sería él quien los encontrara. Daba por hecho que les había dado una advertencia al asesinar a uno de ellos; no daría un paso atrás sin conseguir lo que había exigido.


El mercenario devolvió la mirada a su compañero, y tras una pequeña pausa finalmente respondió. Líder.M:―Esperar― No podían hacer nada más, y él no parecía que fuera a aparecer. Sólo eran ellos quienes tendrán que lidiar con su problema.

Detrás de la tienda de campaña, podía verse una cruz de madera clavada en el suelo si se prestaba atención.



Off:
Al fin, lamento la demora, traté de resumirlo lo más posible
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: En los ojos de la lechuza | [Entrenamiento - Ram/Ayase]

Mensaje por Eliwood el Jue Mar 02, 2017 11:03 pm

Tema cerrado. 30G a cada personaje. (Ya que no se llega al mínimo de 6 posts por persona [normalmente sumando 12 en un tema de 2, que serían 18 en un tema de 3] no se otorga EXP o el bono completo de gold.)
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Dagas de acero [4]
Espada de acero [3]
Gema de Ascuas
.
.

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
3823


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: En los ojos de la lechuza | [Entrenamiento - Ram/Ayase]

Mensaje por Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.