Hora en el foro


Síguenos
Conectarse

Recuperar mi contraseña

TWITTER
afiliados


Project Fear.less

Crear foro

La némesis del pecado [Priv. Mulitia] [Campaña Libre]

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

La némesis del pecado [Priv. Mulitia] [Campaña Libre]

Mensaje por Invitado el Lun Sep 12, 2016 5:43 pm

Vítreo el rosetón desde el cual los coruscantes rayos de luz impelían sus miradas acechantes y sibilinas, en cuya clámide comenzaban los bajeles a batanear sus velajes para oscilar con las bóreas una estoica marcha en el ensanchado imperio de las foscas y frágiles aguas, cuyo remota oscilación asemejaba a las lúgubres moradas en los tremedales de misticismo y sobresalto. Las dársenas, firmes y organizadas en torno a la contingencia con que recibían los ejércitos de mercaderes marítimos y transportes de pasajeros, parecían enfiladas ahusadamente en un perfecto y endémico entresijo autómata de fábrica, acometidas intrínsecamente a la ausencia de fallos. Podía especularse la diligencia y un vertiginoso continente en los asombrados rostros de las huestes, tan criminales en sus pasos que a sus pies no existía ser que morigerase el choque eléctrico o la colisión inevitable, poseída en la mente como un hado conocido, pero no por ello menos imprevisible.

La madera no soportaría tantos embates, sin lugar a duda. Las lágrimas del estero que en rocío dibujaba a las nubes, no hacía un suficiente esmero por escatimar las tragedias para los valientes en el trance del viaje, confundidos en el exordio de las nupcias entre estruendosos gritos marineros y el sobrecogimiento perpetuo de la parca y mirifica caída del sufrimiento celestial. Encomiándose de entre tantos birretes, gabardinas, y prendas cuyo recelo variaba entre lo moderado y lo que no se medía para impactar en un destello de lujo y desenfreno, se prendaba de la humedad como un catártico estandarte el apátrida y bohemio; aquel que por imprecación divina solía pender de un hilo más que los propios sucesos del ámbito terrestre. De su contexto, poco había que esclarecer, pues siempre podrá encontrarse que el tesón de los que jamás quedan estáticos es tan sordo como un precipicio al vacío, irónicamente. Todo se hace para y por el subsistir, quedando renegados al prolijo y metódico abandono cualquier otro tipo de prácticas vanas y cuyo objetivo es mero solaz.

El egregio mercenario demostró indirectamente su pujanza y los vestigios de su brío, al contactar presurosamente con su presencia la morada del barco que se rezagaría en los estuarios de Elibe, asimilándose al apasionado romance que tendría la virgen perlada de sudor y de nácar forjada, con su arráez blasonado y portando la égida de los vítores. Así, pululando los ensueños donde fantasías y realidades fusionaban sus características de ancestral nimbo, partió el navío pletórico de bastimentos, sosegando con modorras y náuseas la obcecación de parsimonia que preciaba el intercesor de las reyertas por donde la feracidad musitaba entre dientes de orífice y pálpito metálico.

La travesía supeditada por el alba opacada y las ninfas de la calígine, se precipitó entre guarniciones en las catacumbas de Morfeo y conversaciones influenciadas por la diversión de urentes barriles de un néctar que encauzaba la hiperestesia. Austero, blandiendo como portavoz el sable aranero y ascético, fue paliado amargamente por un clima que en su cadencia le arrojaba la violenta escarcha en sus fornidos brazos y complexión pesada, siendo ungido prolíficamente con el escarnio impúdico de la nieve. Avanzando como las vanguardias del infierno, siendo la galería por la que entrecruzaban sus recuerdos tan desperdigados como un apiñamiento de plumas en la zozobra nocturna, invadió su mente el pertinaz eco de espeluznados difuntos adormecidos en petates de granizo y displicencia. Una vorágine arrolladora y tenaz cernía a su inconexa inspección y la sumía en la preocupación de haber llegado tan lejos por tan poco. Sí, precisamente él no había de estar ahí, por moral y escrúpulos, sentenciándose a izar una bandera que mudaba de forma cada vez que convenía en un nuevo códice para adiestrar.

Los solares de los residentes, si consiguiesen un ápice de fuego que los absorbiera y les proporcionase la potestad de la advertencia, seguramente habrían sido consumidos por un profundo y antitético pasmo, recorridas sus paredes de prosapia por excesivo conocimiento y sigilos que en ocasiones era mejor callar. Sintéticamente, apareció en sumisión el indomable y evocado espíritu despojado, crepitando en la lujuria de arrancar de facto las esperanzas de quien perpetrase el óbice en su senda de devastación y destrucción.

Tras de él, en behetría y regidos por nada más que la distinción del impulso, sugirieron su apoyo en séquito invicto algunos compañeros, suscitados por el líder para atormentar tan sólo con su punzante comparecencia a los imprudentes y atropellados por la desidia. El temor, pese a que es la emoción más vigorosa y que suele ser por angustia una fiebre y una plaga, no se imbuyó de los factores inalienables que alimentarían su severa victoria; Gerik no dejaba deslaves en sus estrategias ni oprimía a su cautela para forcejear con el fortuito albur.

Preparado para delimitar la hegemonía de su experiencia, cuyo cénit le otorgaba con frecuencia una ventaja que acumulaba grácil y tentadoramente, capturó la iniciativa, y tal como una rosa inerte utiliza su único recurso espinado y sardónico, implantó sus reglas y corrió en el talante de un exterminador a sojuzgar a quien tenía en el anverso, tolerando a sus lados la planicie nívea y de alfaguara exiliada. Su hoja, broncínea en el pundonor, se abatió someramente al extraer la exigua vitalidad de su víctima, manchando con el triunviro del asesino a quien la maniobraba cencidamente. Desafiante y atingente al ímpetu de la reciedumbre que le desencadenaban los enfrentamientos individuales, invitó al siguiente ente vesánico, a procurar naufragar su alcázar inexpugnable, mientras de soslayo divisaba en su retaguardia que, notoriamente, el desamparo movía sus destacamentos para ponerlo en un ominoso y nefasto peligro.


Última edición por Gerik el Jue Sep 15, 2016 6:04 pm, editado 1 vez
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: La némesis del pecado [Priv. Mulitia] [Campaña Libre]

Mensaje por Mulitia el Mar Sep 13, 2016 11:09 am

No era raro que la joven cleriga viajera se perdiera,no era muy buena orientándose,no había viajado nunca por aquellos lugares,la chica iba buscando personas que la ayudasen y pasar por aquel camino no es que fuera una opción muy indicada,lo cierto era que en el camino no se había encontrado con casi nadie y cada vez hacía mas y mas frío,¿Debería haber hecho mas caso a las indicaciones que habían en los caminos?. Sentía frío,las ropas que llevaba no es que fueran muy abrigadas,eran ropajes finos de la nobleza,sus guantes eran finos y no es que ayudaran mucho,notaba como el frío viento azotaba con fuerza y con el la nieve,se estaba formando una gran tormenta y la joven estaba metida de pleno en ella. La joven tiritaba de frío caminando,a lo que ella creía que era una luz en la lejanía,no podría aguantar mucho tiempo mas caminando por aquel camino helado con aquella tormenta,además del propio cansancio que tenía la joven al caminar tanto,necesitaba un buen descanso y algo de calor,se abrazaba a si misma mientras caminaba intentando aguantar un poco el calor,aunque no es que tuviera mucho.

Llegó a las cercanías del pequeño pueblo,estaba helada,empapada y sin muchos ánimos,lo único que quería era llegar al pueblo,buscar un alojamiento y dormir del tirón toda la noche y ya ver como salir de allí,había sido buena idea seguir el curso de un río helado para llegar al pueblo,sabía por suerte que donde había un río,siempre había alguna población cercana y así fue. Duró muy poco su dicha,cuando llegó al lugar,hordas de Emergidos estaban atacando aquel pequeño lugar,los aldeanos corrían,gritaban y sollozaban sin parar por todo el pueblo mientras aquellos seres de brillantes ojos sin vida caminaban a sus anchas,destrozando,matando a todo lo que se ponía por delante. Mulitia decidió ir escondiéndose entre las casas,con la adrenalina del momento casi se le había quitado el frío al momento. Un Emergido paso justo delante de sus narices,cuando ella iba a salir de un callejón,por suerte este iba mirando hacia delante y no se percató de la joven,iba persiguiendo a alguien,un joven campesino que gritaba sin poder hacer mucho contra aquel ser. La chica avisto a un pequeño grupo,parecían guerreros y eran los únicos que estaban haciendo frente a la pequeña horda de Emergidos que asolaban aquel pueblo,lo mas seguro era acercarse a ellos,podría ayudarlos,no tenían ningún curandero y los emergidos eran demasiados para ellos solos sin curas. La joven decidió moverse del escondite,saliendo del callejón y corriendo hacia el grupo por un lado,un emergido salió tras ella hacía el grupo de guerreros,la joven llegó antes y se coloco detrás del que parecía mas grande,el que parecía el líder,saco su bastón entonces,al ver que uno de los compañeros estaba ya herido por aquel emergido que la había perseguido pero que este había derrotado de un tajo. Acercó el báculo a la herida y este empezó a brillar con un azureo color que reconfortaba al guerrero y curaba su herida sin problemas,no parecía ser un problema,no era una herida grave. -Os ayudaré,perdonadme pero he creído oportuno que necesitabais ayuda,os ayudare con mi magia,os curare,pero por favor mantened lejos a esos asquerosos seres...
Afiliación :
- ETRURIA -

Clase :
Valkyrie

Cargo :
Sacerdotiza

Autoridad :

Inventario :
baculo de heal [1]
baculo de mend [3]
concoction [6]
baculo de heal [2]
Tomo de Trueno [2]
Sello Maestro

Support :
Xander
Aran
Erk

Especialización :

Experiencia :

Gold :
729


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: La némesis del pecado [Priv. Mulitia] [Campaña Libre]

Mensaje por Invitado el Jue Sep 15, 2016 5:39 pm

La glacial horda de empíreos céfiros, fugaz en los entreveros de la hondonada nevada y voluptuosa para con la túnica que amenazaba con fruncirse cuando el sol avistase sus tímidas mentiras, volvía melindrosos y titubeantes a quienes en resignado tranco impedían el curso del arisco rostro del clima. Era como si por artilugio de los invencibles y borrascosos ausentes se hubiese desbancado de su sano juicio el elemento ínclito que extrapolaba la esencia del mundo, aquél que maniobraba el andamio tempestuoso del orden concreto y supremo. Aún escaseaba el conocimiento, tanto en libros como en trepidantes crónicas, sobre el válido origen de la vorágine emergida, gavilla de engendros cuyo objetivo se desviaba de lo usual y en donde se silenciaba la ambición tan amputada a los entes corruptos y agraciados por los viles mecenas del rencor. Incumbía, presumiendo de precaución y suficiente cautela, efectuar los rudimentos de rigor para morigerar las consecuencias de un magisterio de derrotas y bataholas ingentes, además de intentar forjarse la propia ventura para enfrentar a la huesa en su turístico y variopinto trance de ultratumba, en cierto tesón y supeditado amedrentamiento a recolectar las perdidas almas guerreras que ofrecían su turbada resistencia.

Los bastiones que se habían estipulado como parapetos ya de nada servían; la cantidad, en algunos casos, subyuga inefablemente a la calidad, pues ejércitos bien adoctrinados y enfrascados en un aura elísea y casi divina, habían caído a mano insufrible y de pútrida carne, tan sólo por el contacto con el hedor mortuorio o sofocados por la culpa del fin parcial. Honestamente, la devastación estaba a la vuelta de la esquina, aguardando en un callejón húmedo e ignoto, remaneciendo en la paz que precede fielmente a su gobernante póstumo, para empecinarse sobre los malhadados tal como una araña sobre sus rapiñas, sin imprecar de libre albedrío a la miserable sombra de lo que fue su esquela vital. Y él, sinuosamente, pecando de presidiario de su estirpe, acarreado en alzaprima como la dúctil madera fenecida en los aserraderos, pertenecía a los impertinentes e impenitentes bohemios que cernían sus culpas y sus secretos a la voluntad de los ínfimos rellanos de las rupturas, legando su ahuyentada fortuna a un ídolo vacío y cuyo bienestar primordial no presentía ni auguraba a concederles lo consensuado.

Empero, cuando uno menos lo percibe, y sobre todo, en asuntos de extrema delicadeza, aparece entre la niebla el estero  iridiscente, como un nuncio emplazado para disipar las ácratas sentencias del barbián bonachón que adopta la silueta de la tragedia. Las asperezas se limaron, y las malezas del vergel desaparecieron arrancadas desde su brote y raíz, naciendo así lo que puede decirse como una limerencia errática entre los vástagos del tremedal y la dulzura; lo recio y lo fino, como la argéntea seda que rodea los vestidos y emancipaciones de alta alcurnia. Una escuadra de soldados realizó su feroz escrutinio para salir en lícita defensa del único paria que le hacía colérica hecatombe al féretro y sus mortajas que lo ensimismaban a la rendición, con los cuales floreció también la belleza morisca de castaños cabellos, de faz guisada y rumiada en cellisca y de rasgos aristócratas, pero que denotaban seriedad acompañados de alero.

- Así lo hare, estimada dama, y no tema usted por su vida, que la ha puesto en las manos adecuadas – contestó en un suspiro incólume, pensando para sí que dicha frase no significase un revés en los acontecimientos, pues es tan común como ímprobo el temple evanescente de quienes se sienten en desventaja. Apenas hubo recitado la proeza, de epopeyas tumbada y que yacería en la fresca yesca de leyendas prístinas, agarró eternamente su armamento pertinaz y lo dirigió en un seco y férreo corte a un luchador de hachas, quien entrando en confianza, también sucumbió a la idílica idea de ponderar el júbilo del líder de la erradicación.

No tardaron demasiado en deslavarse los que restaba, rebasados y eclipsados por el dogma hierático de sus sayones. Pero, eso no indicaba la conclusión de la invasión que preparaban aquéllas arrepticias aberraciones de máscara y timbre humano; podían oírse proviniendo de las heredades de adoba e inquieta caoba los gritos alzados al viento de conciudadanos y civiles, por igual aterrándose por la ofensiva demoníaca de los marcados en fuego opaco en su contemplación. Tal fue el caos sembrado, que la imbricación de los tejados colapsó, la combustión inalienable de las llamas empezó a incinerar sueños y mérito, e incluso el hontanar céntrico del poblado sofocó el sendero y lo dotó de humectante abrazo.

- Esto no es nada bueno… Mi devota protegida, le pido encarecidamente me siga; la vida de los campesinos y habitantes de estos lares está en juego, y ahora está en nuestras manos revertir lo sucedido – imprimió en las comisuras de sus labios, arrugadas pero hermosas, dedicándose una mirada inquisidora y en busca de aprobación a su compañera, echó al galope como un hiperestésico hoplita en la batida sempiterna del cumplimiento de su deber, pensando en el grupo por sobre el individuo.
avatar
Invitado

Volver arriba Ir abajo

Re: La némesis del pecado [Priv. Mulitia] [Campaña Libre]

Mensaje por Mulitia el Lun Sep 19, 2016 9:21 pm

La joven se sorprendió por lo fuertes que eran,era un grupo de guerreros bastante bien organizados,no sabía si eran guerreros locales,mercenarios o personas que pasaban por allí como ella misma,el caso es que estaban ayudando al pueblo y eso era lo bueno,Mulitia intentaba mantener al grupo en plena forma,en cuanto veía alguna herida por parte de los emergidos,ella colocaba su báculo cerca de la herida y con brillo sanador,curaba las heridas de las armas de aquellos seres tan desagradables. Intentaba no apartarse de ninguno de ellos,no podía acercarse a los emergidos,era peligroso para ella así que era mejor estar rodeada de aquellos hombres que la protegían mientras ella cuidaba de que no resultaran heridos. Era una estrategia bastante efectiva pues en poco tiempo acabaron con la marabunta de seres emergidos que los amenazaba. La chica parecía un poco nerviosa,no había tenido que luchar hasta aquel momento,siempre había tenido que huir,pero en un lugar como aquel,de poco servía huir,ya fuera por la fuerza de una espada o por el frío viento invernal y las complicaciones del tiempo,huir no era una opción viable en una situación como aquella,además de que el grupo la necesitaba,no podía dejar morir a aquella gente y mucho menos teniendo un grupo con el que conseguirlo. Suspiró ya algo mas tranquila y observo seria al hombre que le había contestado,parecía ser mas alto que los demás y tenia varias cicatrices,probablemente de batallas pasadas.
Hay que ayudar a todos estos civiles a prisa,los emergidos aun no han cesado su ataque...
Como si de una vidente se tratara,así fue,el fuego empezó a formar el caos en el pueblo,la gente gritaba y lloraba,intentaba huir de los emergidos,del fuego,de todo el peligro en general,desde luego había que acabar con aquellos seres cuanto antes,para que la población pudiera calmarse y poder restaurar su orden natural. Agarró fuertemente el báculo y asintió ante las palabras del que parecía ser el líder de aquel grupo.
-No os fallare,ni a vos ni al pueblo...debemos acabar con esto de inmediato.
Al verlo ponerse en marcha corriendo los demás hombres que parecían luchar con el también empezaron a correr tras el,Mulitia también tuvo que hacerlo,no era tan rápida ni estaba tan en forma como sus doctos compañeros,pero podía seguir el ritmo,podía ver como los emergidos se iban acercando poco a poco,no parecían tener prisa,iban caminando la mayoría,aquellos seres no podían pertenecer a este mundo,no podían provenir de ninguna divinidad,al menos a ninguna divinidad decente y pura,no sentían nada.
Afiliación :
- ETRURIA -

Clase :
Valkyrie

Cargo :
Sacerdotiza

Autoridad :

Inventario :
baculo de heal [1]
baculo de mend [3]
concoction [6]
baculo de heal [2]
Tomo de Trueno [2]
Sello Maestro

Support :
Xander
Aran
Erk

Especialización :

Experiencia :

Gold :
729


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: La némesis del pecado [Priv. Mulitia] [Campaña Libre]

Mensaje por Eliwood el Miér Oct 26, 2016 5:50 pm

Tema cerrado. 10G a Mulitia.
Afiliación :
- LYCIA -

Clase :
Great Lord

Cargo :
Marqués de Pherae

Autoridad :
★ ★ ★

Inventario :
Vulnerary [1]
Espada de acero [3]
Gema de Ascuas
.
.
.

Support :
Marth
Lyndis
Nils

Especialización :

Experiencia :

Gold :
718


Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Re: La némesis del pecado [Priv. Mulitia] [Campaña Libre]

Mensaje por Contenido patrocinado

Contenido patrocinado

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.