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Un simple e indefenso asistente (Priv. Xander)

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Un simple e indefenso asistente (Priv. Xander)

Mensaje por Seimei el Sáb Sep 10, 2016 10:43 pm

- Esto no es bueno... -

-
Lo sé. Créeme, lo sé. -

- ¿Nos van a alcanzar? -

-
Probablemente. Son veloces. -

- ¿Y van... a...? -

-
¿Matarnos? Si nos atrapan, seguramente sí. Ve dentro, querido, manten la calma y quédate allí. Pensaré en algo y me aseguraré de que no nos atrapen. -

Seimei sonrió pacientemente. Con más tranquilidad de la que en el fondo sentía. Tras asegurar que se encargaría de la situación despidió de su presencia al pequeño cuervo, nuevo a los oficios pero criado en cautiverio, como la mayoría de ellos. Criaturas bellas y bien portadas, criadas para un fin, que definitivamente no era el de luchar o saber moverse por una zona de guerra. No tenían mucho que hacer para defenderse. Yendo al caso, tampoco era mucho lo que Seimei podía hacer, como un gato doméstico sin hábitos salvajes, pero siendo sincero, prefería afrontarlo de ese modo y con la mente en frío que con los demás esclavos lloriqueando a su alrededor. Era su líder y el esclavo de más tiempo en servicio, su deber era cuidarlos y guiarlos, pero su paciencia tenía límites. No iba a conseguir ser gentil y paciente para siempre, en una situación que presionara tanto como esa.

-
Mejor a solas, que con cargas extra. Ahora, veamos... ¿qué haré? - Susurró, levantando la vista al cielo y moviendo sus orejas en aquella dirección.

Dos gigantes sombras les rondaban por sobre los árboles poco frondosos, secos. Dos wyverns con monturas y jinetes, lo cual indicaba que debían de ser domesticados de alguna forma, mas Seimei jamás había visto criaturas tan enardecidas como esas. El chillido de una de ellas le hizo estremecer, encogiendo los hombros y achatando las orejas contra su cabeza, echadas hacia atrás por lo horrendo que se sentía el sonido en ellas. Se aferró al barandal de allí atrás, la especie de pequeño balcón detrás del último carruaje de toda la caravana. Se movían tan rápido como podían por el camino poco recto, los caballos en frente debían de estar exhaustos, pero aún así, no había forma en que pudieran superar en velocidad y perder a los dragones. Los árboles les protegían un poco arriba, pero en cuanto pasaran a un tramo con menos camuflaje natural, el gato negro estaba seguro de que tan grandes bestias serían capaces de descender y levantar uno de los carromatos enteros. En una situación así, ¿qué podía él hacer? Lo pensaba con todo ahínco, miraba los caminos, las áreas donde los árboles les cubrieran mejor, buscaba algún escondite donde meterlos a todos, pero no hallaba nada. Se preguntó de quién había sido la idea de cruzar por un lugar tan peligroso. Y cómo debería sugerir que se castigara esa imprudencia, si salían vivos del incidente.

Uno de los wyverns se lanzó en picada. Casi sin creer lo que veía, el felino observó con las pupilas contraídas en una fina línea a la criatura que bajaba contra ellos. La pesada masa de escamas, alas y garras no tuvo el menor problema atravesando las ramas muertas, quebrándolas todas bajo su peso al lanzarse sobre el carromato. El gato sintió que el sólo golpe de viento de todo eso le empujaba, azotando su espalda contra la pared. Las enormes garras de la bestia se posaron corta distancia sobre él, rasgando el techo de lona del carromato antes de que el movimiento se lo arrancara del agarre... no así con el felino que, atrapado bajo una garra que retrocedía, fue arrastrado por el wyvern. Cayó del carro, rodando por el camino de tierra ennegrecida, ensuciando su preciado pelaje, rasgando su valiosa ropa y dejando una variedad de raspones sangrantes en su piel. Los carros que se movían a toda velocidad, claro, lo dejaron atrás enseguida. Pero nada podía hacer. Su amo sufriría tanto con él ausente, pero tendría que arreglárselas para volver, después de arreglárselas para sobrevivir. Sin ser capaz de apoyar manos heridas en el piso para levantarse, el gato sólo se movió con un maullido de dolor para resguardarse contra el tronco de un grueso árbol. Manteniendo sus manos y brazos heridos contra u pecho, y esperando que el wyvern no volviera a notarlo.





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Re: Un simple e indefenso asistente (Priv. Xander)

Mensaje por Xander el Dom Sep 11, 2016 1:01 am

Los exploradores habían regresado al poco de salir, ni siquiera estaban terminando de montar el campamento que los dos jinetes llegaron con sus caballos brillantes de sudor y agitados desesperados por agua, no llegaban a bajarse del caballo que ya informaban las coordenadas del enemigo que venían siguiendo. Hacía tres días que rastraban desde la retaguardia a un grupo de emergidos intentando trazar sus caminos y visualizar sus intenciones pero no siendo un estratega ni letrado en tácticas militares, no habían conseguido mucho más que sumar líneas a un mapa ya rallado sin poder encontrar patrón alguno. El reducido pelotón del príncipe a la corona iba atacando a los más resagados de manera segura, sin perder hombres y reduciendo al enemigo de a poco mientras marchaban, los emergidos seguían su camino sin interrupciones, ni siquiera por la manada que mordía sus tobillos en su camino. Cuando llegasen a algún pueblo sería más fácil encargarse de ellos.

El infrome era completo, una hora de camino al noreste, dos jinetes wyverns y un grupo de dos arqueros a caballo se habían separado del grupo que seguían, los arqueros habían sido eliminados pero los wyvenrs habían escapado, distraídos por una caravana que pasaba. Sin portar estadarte de Nohr ni de Altea fueron tomados como simples mercaderes o viajeros que no tenían obligación de proteger por lo que abían regresado, también el tener solo dos caballeros contra dos wyverns era un poco suicida. Pero el príncipe no permitiría que más gente muriese, no si podía evitarlo de manera tan fácil. Ensilló su caballo y en compañía de caballeros descansados emprendieron dos grupos hacia el sitio indicado, el primero a caballo donde iba el líder y el segundo a pie, un sanador y algunos soldados que llegarían como refuerzos.

No tardaron en ver en el aire a los imponentes animales pero acostumbrados a verles mismo en el ejercito propio no se sintieron intimidados, apresuraron su marcha sorteando árboles y lograron ver como uno caía en picada, el sonido de las ramas romperse así como el carro cayendo y rompiéndose llegó a los oídos de los jinetes a caballo seguido de los gritos de miedo y dolor de los que iban en aquel carro. A grito de de guerra el principe desenvainó su espada y las patas de su caballo golpearon la tierra pasando a apenas un metro del gato que había caído, corriendo hacia el gran lagarto que a nivel de tierra mantenía prisionero a una persona con alas oscuras desgarraba sus estremidades con sus grandes fauces deborando como si de un bocadillo se tratase. La espada del príncipe se hundió más de la mitad en el costado del animal haciéndole retorcerse y chillar alertando a su jinete - ¡Ataquen las alas! - ordenó a sus otros dos caballeros. Si mantenían al animal en tierra tendrían más oportunidad.



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Re: Un simple e indefenso asistente (Priv. Xander)

Mensaje por Seimei el Dom Sep 11, 2016 2:52 am

El gato escuchó los caballos venir, pero por todo lo que sabía, bien podían ser más de los guerreros que les habían estado persiguiendo. Por todos los cielos, qué brutas e irracionales criaturas parecían ser los emergidos, pero qué difícil evadir cruzarse con ellos cuando su guerra estaba en cada rincón de cada país. No tenía más remedio sino quedarse donde estaba, esperar a que pasaran de largo y considerar sus otras opciones después. De ningun modo sería prudente salir al camino o exponerse. Sus heridas ardían y estaba adolorido, además. Así, quieto en su lugar y pensando tan sólo en mantenerse a sí mismo a salvo, pudo ver cómo el carruaje se alejaba a vertiginosa velocidad, pero no era él el único dejado atrás en su huida. Había otro, no se explicaba cómo había sucedido, pero alguien más había sido arrancado de la seguridad del vehículo. Y ese alguien, un cuerpo pequeño de alas negro azabache, yacía bajo el hocico del wyvern como presa fresca. Crujía al ser mordido. El rojo salpicaba bajo el feroz movimiento de la cabeza del dragón. Sus gritos eran los de una voz que Seimei conocía muy bien, habiéndola oído hace no más de un minuto, pero el gato no se hacía siquiera un intento de ir por él.

"Qué desperdicio. ¿Acaso no le dije que se quedara dentro? Si tan sólo me hubiese obedecido..." Según pensaba, el destino que caía sobre el joven cuervo no era sino culpa del mismo. Probablemente había salido tras Seimei otra vez. Y por ende, no había nada de lo que él debiese sentirse responsable. Ningún motivo para arriesgar su propia seguridad, en ir a su rescate.

Sólo observó al wyvern agazaparse sobre su presa y alimentarse, con la conciencia convencida y el corazón indiferente. Con suerte, se vería satisfecho y se iría cuando terminara. Fue entonces que los caballos finalmente pasaron frente a él, con los cascos golpeteando rápidamente y sus jinetes de armadura oscura reluciendo sobre ellos. No parecían ser emergidos, sino soldados comunes, presumiblemente del gobierno de aquel reino. Algo curioso, el gato los observó pasar, fijando la vista con más precisión en el varón de cabello rubio que los lideraba. Él, un mero hombre, se lanzaba a luchar contra la bestia que triplicaba el tamaño y peso de él y su caballo. ¿Defendiendo sus tierras? ¿O intentando salvar al pequeño cuervo para el que definitivamente era muy tarde? Sus orejas se giraron hacia él. Llamaba su atención. Por sobre todo, llamaba su interés. Podían ser aquellas las personas que le salvaran, de modo que sobreviviese la jornada y hallase forma de regresar a su amo. El valiente caballero de armadura negra podía ser su salvador personal. Debía apresurarse a atraparlo. Con un quejido lastímero, dolido y tembloroso por las heridas leves que no estaba en absoluto acostumbrado a soportar, el felino se puso de pie. Inestable, al sentir las piernas débiles tras la caída. Sin que pudiese evitarlo sus orejas decaían un poco. Seguía siendo un laguz de pelaje envidiable y rostro delicado, pero había visto mejores días.

-
Por favor, caballero... - Le llamó, aprovechando que estaba acompañado y que sus aliados se adelantaban a combatir al wyvern, para poder abordar al rubio. Salió de su escondite para aproximarse al centro del camino, acercándose al costado del caballo ajeno, siempre a la vista en su andar débil y algo arrastrado. Le miró con falsa melancolía, dócil en su semblante, empequeñecido por los horrores que acababa de presenciar, o tal era su máscara. Bajó la voz un poco, suave en su tono.  - No malgaste su esfuerzo. La víctima, un acompañante y amigo mío, ya ha fallecido. No hay nada qué salvar ahora. -

No pensaba pedir ayuda, no de forma directa, pues era algo que odiaba hacer. Aún así, pensaba probar suerte. Su objetivo era acercarse a ese caballero, quien había hecho tan heroica aparición y a quien quizás pudiese apelar exitosamente. Por supuesto, tan sólo se acercó hasta donde fue prudente, pues un gruñido del dragón que se giraba y removía, lanzando mordidas de un lado a otro contra los caballeros que lo acosaban con lanzas y espadas, le indicó que sólo hasta ahí podía avanzar. De inmediato Seimei retrocedió un par de pasos en cautela, encogiendo los hombros un poco, preparado a huir. No iba a aproximarse tanto al peligro. Pasó la vista entre el wyvern y el rubio, notando con interés su ornamentada armadura y porte de alguna forma refinado, menos tosco de lo que muchos guerreros solían ser. A él, le esbozó una pequeña sonrisa, limitada por el dolor que le recorría. -
Pero me alivia mucho que estén aquí... ¿son caballeros reales, acaso? - Preguntó. Parecía inclusive más que un caballero, en realidad, aunque desde esa distancia no podía verle en tanto detalle.





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Re: Un simple e indefenso asistente (Priv. Xander)

Mensaje por Xander el Dom Sep 11, 2016 3:25 am

Ni siquiera habia notado la presencia del hombre gato cerca, centrado en sus caballeros que arribaron casi al instante acosando a la criatura, rodeandola para no permitirle alzar vuelo, una lanza atravezó la membrana del ala y una espada llegó a desgarrar esta casi por completo dejandole ligado al piso, no menos peligroso pues seguía siendo un wyvern de varios metros de largo y dientes filosos como dagas trituradores de huesos que enfrentaba a los caballos. La espada salió del cuerpo del animal teñida de roja y dando una única sacudida a un costado el príncipe quitó el exceso de sangre para no permitir que gotease hasta el mango y afectase su agarre o lo volviese más resvaladiso. Su caballo restrocedió algunos pasos, resoplando y con sus musculos tensos sin ser un animal demasiado ágil como para esquivar tan facilmente la cola que se acercaba hacia ellos, el principe tiró de las riendas para hacerlo saltar y tropezando el caballo casi cae de costado recobrandose en un relincho fuerte con su jinete encima haciendo contrapeso con su cuerpo para ayudar al animal a volver sobre sus patas y poder hundir su espada hasta el hueso en el costado de la cola, cortando tendones y músculo la dejó inmovil.

Fue una voz debil que le distrajo de aquella pelea percatandose recien de la presencia del gato cerca, primero mirando distraido, solo viendo una figura humanoide pero despues regresando su mirada con sorpresa viendo orejas y cola. No conocía los hombres gato pero si los hombres lobo, raza que vivia muy lejos de allí y que no bajaban a los territorios de Nohr, también había escuchado leyendas de hombres zorro que vivían en Hoshido lejos de la civilización pero siendo criaturas casi míticas para él era eso: leyendas. Asumió enseguida que era un lobo perdido y escuchando lo que decía miró al cuerpo destrozado bajo las garras del wyvern, ya irreconocible - Lo lamento por tu amigo, pero no es a él quien estamos salvando. Estos son enemigos del país que no solo atacan a viajeros si no que a ciudadanos. El matarlos es proteger la vida de la gente de Nohr. - se alejó un poco de la pelea, volviendo a sacudir su espada para quitar el exceso de sangre y dejando que sus hombres se terinasen de encargar del moribundo wyvern y su jinete, estaban entrenados y sabian como atacar eficientemente, como un grupo de hormigas que rodean y matan a una gran araña con pequeños ataques precisos y sin soltar al enemigo una vez atrapado.

Su caballo de cuerpo grueso, un animal bien cuidado, elegante pero claramente de tiro, estaba decorado con estandartes de Nohr en sus ancas y en sus riendas, gran parte de este estaba cubierto por armadura protegiendolo de batalla, incluso sobre su cabeza portaba un casco que bajo las orejas del animal tenía dos cuernos hacia el frente que por su aspecto afilado podían ser armas si alguien caía contra el o embestía. El caballero sobre el caballo mostraba su armadura negra con detalles dorados, una capa violeta y una tela del mismo color por delante, el escudo de su país estaba bordado en cada rincón posible. Observó al animal herido pero no vio demasiada sangre pero por como se paraba y como hablaba parecía que estaba muy adolorido, supuso algun hueso roto - Si, soy el príncipe Xander de Nohr, mis hombres son caballeros reales, estabamos siguiendo a este grupo de emergidos desde hace algunos días. ¿Que hace alguien de tu raza por estas tierras? Pareces joven, deberias saber que hay muchos cazadores que matan a los de tu tipo por sus pieles. Quizás sea seguro que regreses a las montañas. - de momento era la mejor ayuda que podía ofrecer, una advertencia.



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Re: Un simple e indefenso asistente (Priv. Xander)

Mensaje por Seimei el Dom Sep 11, 2016 4:21 am

La sangre y la brutalidad no le intimidaban mucho, no cuando no eran una amenaza directa a él. Si se trataba de la batalla de otros y el riesgo de otros, podía ser desde interesante hasta agradable. No obstante, allí su foco de interés no era la batalla, ni siquiera la experta y segura técnica del grupo de caballeros, ni el firme manejo de espada del hombre mayor que los dirigía. Era sólo aquella persona en sí y la seguridad que representaba para el felino perdido, que por cada segundo que pasaba, era dejado más atrás por el lugar donde pertenecía. Ahora bien, ¿por qué ese hombre lo miraba a él con tanta sorpresa? Miró de regreso, ladeando la cabeza un poco, parpadeando, pero no lograba imaginarse el por qué. Más allá de, quizás, el estado tan desarreglado en que estaba. A él tampoco le gustaba estar así, pero no lo podía evitar. Agitó la cola un poco en inconformidad. El caballero de armadura negra decía que protegía a la gente de Nohr, sin incluir precisamente al gato extraviado en sus palabras... pero estaba prestándole la justa dosis de atención, y quedándose cerca de él. Calculaba que podía lograrlo aún. Dio una leve sonrisa, comentando en voz baja. - Loable intención. -

Estaba frente a un caballero con códigos, al parecer. La mirada del gato se posó con mayor atención en los emblemas y detalles de su armadura y la de su caballo, cuando este se identificó a sí mismo como el príncipe del reino. ¿Qué clase de suerte era esa? ¿Encontrarse con el mismo príncipe? ¿Ser salvado por él? Los emblemas eran auténticos, todo en él lo era, no daba motivo alguno para dudar de la identidad que daba. La suerte sólo era un tanto difícil de creer. Aún así, Seimei se aseguró de verse sorprendido en prudente medida, alzando la vista con su justo asombro. El príncipe Xander de Nohr... portaba una banda de precioso metal oscuro cruzando su frente y sujetando su cabello, un distintivo común fuera de las coronas de reyes. Haría bien en memorizar el nombre y persistir con él, de momento. En su papel de vulnerabilidad, el gato sonrió pacientemente, agachando un poco la vista. Ser expresivo se le daba con facilidad, y era la máscara que más a menudo utilizaba para buscar la simpatía de los demás.

-
Pensar que sería auxiliado por un príncipe... ha de estar a mitad de importantes y extensos deberes, señor Xander de Nohr. Le agradezco su ayuda, así haya sido enteramente una coincidencia. - Pese a la incomdidad que le generaba, agachó la cabeza profundamente en una inclinación. Al erguirse su sonrisa decayó, a cambio de una mirada entre sorprendida y temerosa, más exagerada respecto a la leve curiosidad que Seimei sentía por lo recién oído. - ¿Cazado por mis pieles, dice? Qué barbarie... jamás había oído de tal cosa. Tampoco había estado en Nohr con anterioridad, ¿tanto miedo debo de tener mientras estoy aquí? ¿En tanto peligro estoy? Más aún, ahora que sólo soy yo... - Se explicó con un suspiro, manteniendo la vista baja. - No provengo de las montañas. Y ahora que mis acompañantes, mi hogar, han sido arrebatados de mi...-

"¿Acaso no sentirás lástima, caballeroso príncipe? No me hagas ir más lejos con esto." Agregó para sus adentros. La gentileza y apacibilidad debían bastar, jamás había recurrido a las lágrimas y no pensaba empezar a hacerlo.

Súbitamente, sintió el cabello en su nuca erizarse. También lo hizo el de su cola, abultando el pelaje ya frondoso y volviéndola aún mas grande de lo que era ya. Sus orejas se echaron hacia atrás en cautela, sin que pudiese evitar ninguna de aquellas señales físicas. Antes de que los oídos humanos lo captasen, el sentido natural del felino captaba el distante chillido del otro wyvern, tornándose más fuerte, más tortuoso en su timbre, indicando que uno venía hacia ellos. El wyvern que seguía con vida, viniendo a por su par. De inmediato volvió la mirada hacia el príncipe.

-
Algo viene. -

Eso fue todo lo que pudo decir. En un par de instantes, descendiendo con la violencia y la súbita velocidad de un relámpago, la otra criatura apareció entre los árboles negros, volando con las alas extendidas de tal modo en que estas quebraron y torcieron árboles débiles a su paso, derrumbando soldados fuera de sus caballos y azotando todo a su paso con el peso de su cuerpo. Seimei no fue la excepción. Reaccionó a tiempo, pretendió saltar hacia atrás y agacharse para evadir el peligro, pero el dolor residual le robó de su agilidad natural, ni siquiera entrenada para esa clase de peligros, y no fue capaz. El salto no resultó exactamente como pretendía y apenas se distanció un poco sin salir de la trayectoria, viendo, entonces, el hocico del wyvern y las fauces abiertas precipitarse hacia él.





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Re: Un simple e indefenso asistente (Priv. Xander)

Mensaje por Xander el Dom Sep 11, 2016 4:44 am

Los otros caballeros tenían todo bajo control, el animal ya había sido rematado y su jinete por igual, los soldados se curaban sus heridas si tenían bebiendo pociones mientras que uno de ellos bajaba de su caballo con una daga de cazador para examinar el cuerpo y sacar cualquier cosa de provecho, en tiempos de guerra no se podía hacer asco a ningun recurso, incluso armas usadas, armaduras de las cuales sacar acero o re hacer otras armaduras, medicinas o en este caso, piel de wyvern, resistente y algo flexible para hacer protectores, botas o bolsos. Sin peligro inmediato la atención ahora si se centraba en la victima superviviente de aquel ataque - No tiene que agradecer lo que se ha hecho por casualidad, como dije, protegía el país aunque es un placer saber que en el proceso se ha salvado una vida, incluso la de un salvaje. - desconocia el origen del gato que tenía enfrente, aún tomándole por lobo de las montañas, pues pelaje negro no podía ser de un zorro, o eso creía, de todas maneras, era más probable ver un lobo en Nohr que un zorro. Aunque le despetó mas curiosidad al escuchar que no era de Nohr - ¿De donde viene y a donde se dirije? Es peligroso para los hombres bestia el andar solos, sobretodo en los bosques o pueblos linderos a las capitales. No poseemos leyes que protejan a los de tu raza, debido a esto son escasos en Nohr, agregando valor a sus pieles. - quizás no sería bueno mencionar que poseía capas de piel de lobo y que esta eran abrigadas y suaves como las de ningún otro animal, incluso más que las de los lobos normales. No lo consideró demasiado y miró por instinto hacia donde tenían el campamento - Lamento tu situación, podré darte un lugar seguro donde pasar la noche así como una cena y un desayuno para recobrar tus fuerzas, si estás herido serás atendido. Pero no podré hacer mucho más que eso por ti. - estaban en medio de una marcha y no podía detenerse a llevar a un lobo de regreso a su hogar, peor aún si ni siquiera era dentro de Nohr.

Su caballo movió las orejas y resopló cuando el gato se erizó dejando su cola como un arbolito de navidad mostrando lo largo y abultado de su pelaje. No tuvo tiempo de reacción tampoco, su caballo asustado intentó huír pero fue embestido por el ala, apenas había tenido tiempo de desenvainar la espada y apuntar hacia el wyvern. El impacto le tiró del caballo y empujó a este, los cuernos en el casco del animal se clavaron en el ala y la espada abrió una herida profunda al haberse lanzado contra ellos. Desde el piso apoyó su peso en su espalda y trancó el mango de la espada en el piso dejando esta clavada en el wyvern deteniendo el avance de este esperando haberlo hecho a tiempo para que no llegase a morder al gato con el que había estado hablando. El wyvern gritó en dolor y la pesada pata con garras sacaron chispas cuando arañó sobre el cuerpo del príncipe pasando por sobre su armadura desgarrando la tela de esta pero sin lograr penetrar el duro metal. Los caballeros se recuperaban de la caída yendo por sus armas y enfrentando a pie al nuevo enemigo, los caballos se levantaban, sacudian y i bien se alejaban asustados regresaban con sus dueños manteniendo distancia.



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Re: Un simple e indefenso asistente (Priv. Xander)

Mensaje por Seimei el Dom Sep 11, 2016 8:13 pm

"Salvaje... ¿eso ha dicho?"

No tenía demasiado de qué quejarse. El hombre lo había salvado, y estaba siendo relativamente gentil con él. Claro, el rescate no había sido nada intencional, no merecía demasiada alabanza ni desmedida gratitud en ese sentido. Pero para ser el príncipe de un reino como Nohr, por lo que Seimei sabía de tan rígido y peligroso lugar, bastante hacía con preocuparse de un extranjero solitario dejado atrás. Aún así... ¿salvaje? Sus ojos debían de estar mal. ¿Acaso no veía a Seimei como era? Estaba maltrecho, sí, sabía que no estaba en su mejor estado, pero no había modo concebible en que pudiese pasar como un salvaje. Ni siquiera la suciedad que tanto quería lavarse o el daño en su ropa lo rebajaban tanto de nivel, como para pasar de la elegante criatura que junto a su amo era, a un animalejo cualquiera. Decir que el comentario le molestaba quedaba realmente corto. Se contuvo por la conveniencia de la situación y se forzó a ser paciente, aunque le urgía alejar esa impresión lo más posible de su persona.

-
No soy un salvaje. - Era mejor que eso. Sonrió como si le causara alguna gracia, aunque por dentro ardía. Se permitió mostrarse una pizca desanimado para recalcar el error. - Agradecería profundamente su ayuda y recordaría siempre su amabilidad, príncipe Xander, pero no soy una desaseada e incivilizada criatura de la montaña. Me hiere el insulto... -

No quedó tiempo para más, aunque habría sido perfecto momento para plantearle su triste situación al hombre y ver cómo este podría resolvérsela. El wyvern venía sobre ellos y aunque Seimei llegó a caer y a sentir la calidez de su desagradable aliento, no llegó a ser tocado por el peligro. Se quedó en el suelo, agazapado, haciéndose lo más compacto que podía, hecho casi una bolita y con la cola enroscada en su costado, con los ojos cerrados ni siquiera pudo ver lo que pasaba los primeros momentos. Escuchó ruidos metálicos, nada más. Cuando abrió los ojos, encontró al tosco dragón casi encima suyo, y sólo al rubio y su espada atascando el camino para que las fauces no lo alcanzaran. Separándolo de su muerte. Desde allí, él podría haber mordido fácilmente el duro cuello del dragón, o podría haber arañado su hocico o sus ojos, pero no era un salvaje. Le había dicho a Xander que no lo era. No luchaba. Así que si el caballero de armadura negra esperaba que Seimei también atacara, si esperaba que ensuciara sus garras a menos que fuera el único que pudiese hacerlo y fuese totalmente necesario, estaba equivocado...

Aunque ahora, el rescate no era coincidencia. Esta vez, Xander había evitado activamente que el wyvern hiciera de él un segundo bocadillo, sosteniendo a escasa distancia al dragón en una posición que no parecía nada cómoda y con fuerzas que no se imaginaba de donde sacaba, como para repeler un animal así. El felino levantó un milímetro la cabeza para dirigir sus ojos grises a él, observando por dos eternos segundos el esfuerzo que hacía. Ahora sí, estaba haciendo algo por él. Y Seimei no podía ignorar tal cosa. El buen espíritu del príncipe y caballero quedó gravado en la atenta mente y eterna memoria del gato. Decidió que le debía. Claro, no iba a pelear, eso recaía en los soldados cuyo trabajo de por sí era ofrecer sus vidas para esas cosas, pero haría algo por el hombre noble. Una estela opaca cubrió el cuerpo del laguz, como arena negra pasando por su pelaje, y en un parpadeó hubo cambiado de forma. Donde cabía él, cabía todavía mejor su flexible forma felina, así que por el espacio no se preocupaba. Seimei, ahora un gran gato negro de enormes y redondos ojos grises, anduvo con las patas dobladas y el cuerpo casi a ras de suelo para acercarse a la cabeza de Xander, tomar entre sus dientes su capa o alguna pieza de ropa cerca de su cabeza, y de inmediato correr arrastrándolo fuera de su posición. La espada quedaría atrás, atascada contra el suelo y la carne del dragón, pero ellos ya no estarían allí. De un sólo salto se llevó al príncipe fuera del lugar peligroso, lo dejó a los pies del árbol más próximo y cambió de forma para asistirle mejor, tomándolo por la armadura para ayudarle a sentar.

-
Lo siento. Le he dicho que no soy un salvaje, y como tal, no está en mi naturaleza pelear. ¿Pero se encuentra bien? - Le dedicó una sonrisa atenta y tranquila.





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Re: Un simple e indefenso asistente (Priv. Xander)

Mensaje por Xander el Dom Sep 11, 2016 9:12 pm

Su armadura no agregaba demasiada anchura a su cuerpo, de hombros fuertes y espalda ancha era un hombre entrenado para la batalla física, si bien no podría igualar sus fuerzas con las de un wyvern si tenia un reccionar rápido como para distribuir la fuerza de ataque, en este caso suportando el peso con su espalda contra el piso y su espada como tranca. El mismo peso del animal y la misma fuerza del mismo hacía que el arma se hudiese más haciendo que el hombre solo se preocupase de mantener el mango trancado contra el piso, aora un tanto hundido en la tierra había quedado asegurado, y de mantener las partes de su cuerpo sin proteccion lejos de las garras como su rostro o parte de sus muslos.

Gruñó y pudo sentir el temor cerca al escuchar el rechinar de las garras nuevamente contra su armadura y esta vez dejar un rasguño plateado sobre el metal negro sacarndo el acabado que lo decoraba, rompiendo una de las terminaciones de oro al ser un metal más blando. La sangre del wyvern cayó sobre sus manos y en su pecho, escuchaba a sus soldados acercarse para intentar controlar a la criatura pero estaba mas interesada en la presa que tenía debajo, finalmente las heridas hechas por los solados la distrajeron suficiente como para que el principe pudiese dejar de mirar la muerte a los ojos y sentir como era arrastrado fuera del peligro. Penso que seria alguno de sus caballeros pero al levantar la mirada y ver un gato de tales dimensiones creyó por un momento que estaba siendo atacado por otra criatura de aquel bosque, algun felino salvaje pero sin su espada no tenía como defenderse. Permitió que le arrastrase lo más lejos posible, si tenia que pelear con ese animal no seria bajo las fauces de otro pero enseguida tomando forma humana de nuevo lo reconoció - Eres tu... no eres un lobo. Me disculpo, no era mi intención hacerle una ofensa de ninguna manera. - estaba agitado por el forcejeo y acepto la ayuda para apoyarse contra el tronco del arbol recuperando su aliento, para suerte no estaba seriamente herido, algunos golpes y raspones, su pierna sangraba pero solo era una rama que había lastimado su piel superficialmente, en su mejilla tenía un pequeño corte hecho por las garras del wyvern pero nuevamente, nada de gravedad.

Viendo como sus hombres se encargaban de reducir a la criatura, con mas dificultad esta vez por no estar sobre sus caballos, pero con la herida constantemente sangrante de la espada clavada en el pecho iba perdiendo fuerzas poco a poco viendose ya la desesperación de su jinete por alcanzar a los soldados y hacer reaccionar más rapido a su wyvern. Considero que podría apartarse de aquella pelea por un momento y centrarse en agradecer a la extraña criatura que le habia salvado - Le agradezco mucho, me ha salvado la vida, estoy en deuda con usted. No sabía que existían gatos que tomasen forma humana, en las montañas de Nohr hay lobos que son cazados por sus pieles... aunque si yo no he visto la diferencia, dudo que a otros les preocupe, igualmente está en peligro en estas tierras. - recuperando sus fuerzas se levantó haciendo impulso al sujetrse del tronco del arbol y temrinando de quitarse los restos de tela que colgaban desgarrados de su armadura, silbó llamando a su caballo que con la cabeza en alto volvió en un trote alegre al ver a su dueño de pie nuevamente, sujetó las riendas por más que no montó, revisando que estuviese sano, sobretodo sus patas - Por favor, busque un lugar seguro y espere allí a que liberemos la zona del peligro. Detrás de alguna roca o bajo de algún arbol muy espeso, esto no tardará demasiado. - rodeó su montura y subió a la misma dispuesto a regresar a ayudar a sus hombres.



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Re: Un simple e indefenso asistente (Priv. Xander)

Mensaje por Seimei el Dom Sep 11, 2016 10:50 pm

Revisó con atención el estado del hombre, al ver que aún podía sentarse sin problemas. Lucía alterado, y su armadura había recibido algo de daño, pero él no estaba herido... no de gravedad, al menos. Ladeando la cabeza y agachándose un poco, el gato reparó atentamente en cada pequeña herida y raspón pasajero, inflingidos por el terreno y los árboles más que los ataques del enemigo. Nada era digno de preocupación, aunque por supuesto, eran heridas que tendrían que ser limpiadas y cubiertas cuanto antes, para evitar infecciones. Por el momento, apartó sus manos de él. No acostumbraba tocar a las demás criaturas vivas, pues le disgustaban, generándole un profundo e innato rechazo al contacto con su piel. En aquella ocasión también se había limitado a tomar al rubio sólo por la armadura. Pero era quien le había salvado, y como tal, Seimei no estaría en contra de tocar sus heridas y limpiarlas o curarlas por él, en cuanto pudiera. En sus ojos, en su torcida visión de las personas fuera de él mismo, se había vuelto completamente otra categoría de ser. Uno digno de atención. Le escuchó, y aunque seguía un poco ofendido por haber sido llamado un salvaje, comprendió un poco de donde provenían esas ideas.

-
Soy un gato de Gallia, príncipe Xander. Pero sé que no hay de mi raza en Akaneia, descuide. - Explicó. Por eso hacían buenos negocios en Akaneia precisamente con los gatos. - Aunque acabo de aprender que los lobos sí existen en sus tierras, gracias a usted. -

Se separó un poco, con una rodilla apoyada en el suelo junto al hombre y la otra no, enderezando su espalda en una postura tan impecable como siempre. Era un esclavo, no sabía ni la primera cosa respecto a luchar, pero sí respecto a atender y asistir. Y estaba preocupándose del bienestar de ese caballero. No le cabía duda alguna de que sabía combatir y podía arreglárselas, no era ninguna criatura indefensa, oficiaba como el líder entre sus soldados, eso significaba algo, y además le había visto con sus propios ojos saber enfrentar a una criatura gigante e incuestionablemente mucho más fuerte que él. Por supuesto que era un buen guerrero. Pero no era eso lo importante para Seimei. Lo que le importaba era agradecer la ayuda que se le había brindado, además de continuar con el rubio y hacerse de su ayuda para su regreso a casa. De ser por él, dejaría que los demás soldados se enfrentaran y sacrificaran ante el wyevrn salvaje y simplemente se enfocaría en la persona que le era interesante. Pero, aparentemente, no era la forma en que el príncipe pensaba proceder. Al oíre decir que él había salvado su vida el felino soltó una suave risa, bajo en volumen, inclusive agachando su cabeza y cubriéndose la boca un poco con una mano.

-
Salvar su vida, haha... ¿me pregunto si realmente ha sido así? - Dijo, alzándose y permaneciendo junto al caballero. Parecía que realmente pensaba regresar. Seimei dio un paso con él antes de parar, quedándose atrás. - Si realmente debe acudir usted... si está seguro que es necesario... - Comunicó sus dudas, viendo al hombre volver a montar. No iba a aproximarse al peligro, no necesitaba que se lo dijesen dos veces. - Estaré fuera de su camino. -

Se quedó allí, aprovechando de revisar sus propias heridas y el estado de su ropa. Deseaba tanto limpiarse... suspiró pesadamente al pensarlo, sintiéndose desde ya cansado. No apreciaba mucho el dolor y toda la situación le tenía deseoso de verse ya en un lugar seguro, donde pudiese descansar de una vez y componerse. Alzó la mirada para seguir con esta a Xander, que se dirigía al animal iracundo, que actuaba cada vez más salvaje y agresivo a razón de cuanto más herido estaba. Miró también a sus soldados, tantos pero tan poco capaces en comparación con el rubio. "Sacrifíquense si deben. Pero si esa persona es lastimada y mi boleto de rescate arruinado..." Pensó, de antemano amenazante. Su nueva preferencia hacia Xander no se extendía al resto de los nohrianos, en ninguna forma. Tampoco sería de ellos de quienes esperaría la ayuda. Uno de ellos, un joven escudero que se mantenía en segunda fila, se acercó al felino al verle herido y apartado, reconociéndolo como un refugiado de ese combate. Amable, siguiendo el protocolo, se movió para tomarle por el brazo y ayudarle a apartarse un poco más.

- Venga tras los escuderos, señor, estará a salvo. -

-
No me toque. - Seimei respondió enseguida, apartando el brazo sin siquiera cambiar la expresión de su rostro. - Yo esperaré aquí. -





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Re: Un simple e indefenso asistente (Priv. Xander)

Mensaje por Xander el Dom Sep 11, 2016 11:17 pm

Un inclinar de cabeza fue el unico gesto que el rubio le dio al gato antes de tocar con sus talones los costados de su caballo para hacerle avanzar, agradecía que no se interpusiera y tomase su lugar como refugiado, muchos a veces intentaban unirse a la batalla o seguir ayudando, incluso disuadir a los soldados de seguir peleando siendo más una molestia pero el gato parecia tomar con mucha facilidad su postura y entender perfectamente el deber que los soldados tenian con su pais, al menos eso pensaba el principe. El caballo avanzó al trote hacia la criatura rabiosa y cegada por el dolor, olo necesitó gritar una orden para que uno de los caballeros, uno que forcejeaba con una lanza clavada en el costado del animal y lo mantenía con fuerza alejado de los demás usase solo un brazo para desprender su propia espada de su cintura y la lanzase hacia el principe con funda y todo. Tomándola en el aire por la funda tomó la empuñadura y dejó caer la funda así como el cinturón que la sujetaba, nuevamente armado arremetió contra la cabeza de la bestia esquivando un dentellazo clavó la espada en la nuca de la misma soltando enseguida la espada. El animal se retorció y chilló mientras el principe se apartaba, dejando a la criatura ya moribunda detrás.

Los soldados a pie llegaron por el mismo camino que los montados habían cruzado, un reducido pelotón que se dispersó enseguida, los caballeros más heridos se retiraron siendo sustituídos por las nuevas fuerzas, el wyvern ya apenas daba sus últimos respiros y el jinete fue velozmente reducido y capturado por los soldados, intentarían tomar información de él, si bien hasta el momento no habían conseguido nada, se seguía intentando. El principe regresó hacia el gato, con su caballo a un paso tranquilo y él bastante más aliviado al haber llegado el apoyo, la situación ya estaba controlada - ¿Sabe montar? - a la pregunta el escudero se apresuró a tomar uno de los caballos, si el príncipe le preguntaba y la respuesta era afirmativa ya deberían tener uno preparado, normalmente los refugiados caminaban pero si el príncipe decía que merecía un caballo, nadie le llevaría la contraria - El campamento no está lejos de aquí, allí podrá tratar sus heridas y descansar. - hizo una pausa mientras el escudero ya se acercaba con un caballo, una yegua mansa no demasiado grande. - Galia... no conozco ese lugar. Tampoco conocía la exitencia de gatos, en las montañas de Nohr hay lobos, alejados de la civilización, demasiado salvajes y agresivos como para convivir, matan personas y destrozan nuestro ganado. Hay leyendas que en Hoshido hay zorros pero nunca he visto uno ni conozco a nadie que los hayan visto, dicen que son criaturas mágicas y místicas, quizás ya extintas. En una época también hubieron conejos pero fueron llevados a la extinción. - sabía de los libros pero con sus propios ojos solo había visto lobos, criaturas que era sabido que debían ser matadas antes de que se acercasen demasiado o podrían abrir la garganta de un caballo de un solo mordisco y claro, aún faltaba algo más - Y manaketes, pero hace muchos años que no se ven de sangre pura. - ya estaba encaminando su caballo hacia el regreso al campamento, estaba en el gato si lo acompañaba a caballo o a pie.



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Re: Un simple e indefenso asistente (Priv. Xander)

Mensaje por Seimei el Lun Sep 12, 2016 1:55 am

Observó lo que restaba de la batalla, interesado, hasta un poco entretenido por el modo en que manejaban la situación y se organizaban para subduir al gran enemigo que enfrentaban. Le complacía ver que su salvador, su boleto a descanso y ventaja, no recibía nuevas heridas en el proceso. Era hábil en lo que hacía, un extraño rasgo de ver en un príncipe. De la forma en que Seimei acostumbraba a ver a la nobleza, estos preferían la comodidad de sus hogares y dar ordenes desde lejos, que acercarse al riesgo del campo de batalla... era interesante. Tomó nota mental de todo lo que veía, apoyándose con cansancio en aquel árbol, hasta que el caballero de armadura negra pudo regresar. Al fin delegaba el resto a sus soldados. Seimei volvió a su postura recta para recibirlo, aunque no podía evitar que sus orejas siguieran decaídas.

-
Sé montar, por supuesto. Es sólo la lucha lo que no se me da bien. No con la naturalidad que se le da a usted, diría... - Alabó con una media sonrisa, ladeando la cabeza hacia el animal que se le aproximaba. Se inclinó un poco en agradecimiento, no tan profundo como habría hecho si nada le doliese. - Príncipe y general de sus propios ejércitos. Y poseedor de una técnica muy... limpia y eficiente, según veo. Digno de admiración. -

Esa clase de observaciones eran inevitables de su parte. Miraba, aprendía todo lo que podía de los objetos de su interés, aunque fuesen temporales. Recibió las riendas de la yegua que le era ofrecida, y con paciencia se acercó al animal, tratándola con gentileza en el proceso de acostumbrarla a su presencia, acercarse a su costado y subir ágilmente a la montura, flexible y ligero en todos sus movimientos. Tan sólo mostraba de vez en cuando un gesto de dolor, incómodo con tomar las riendas en sus manos raspadas y no del todo limpias. Aún así, anduvo erguido sobre la yegua, apresurándose a ponerse junto al príncipe. No tomaría otro lugar sino ese, con él, quien le había ofrecido sanación y descanso. Miró hacia atrás, a los demás soldados, para asegurarse de que ninguno intentara desplazarlo. Por el momento, era lo más conveniente y lo que prefería hacer, aunque ser llevado al campamento podía significar ser distanciado. Tendría que encargarse de eso... escuchó lo que el príncipe decía y asintió con la cabeza, maquinando ya sus opciones.

-
Entonces está usted conociendo algo nuevo. Si bien el estilo de vida en Gallia no es muy distinto, según sé, yo no estoy allí y esto tampoco es Gallia. Un gato puede ser mucho más... civilizado y capaz, de lo que son esa clase de animales salvajes. - Dijo, dejando entrever una sonrisita complacida, aunque breve. - Yo mismo jamás viví afuera, en la intemperie. No me creo capaz de empezar, tampoco... verá, siempre he sido un mayordomo y asistente. - En toda excelente mentira debía haber una gran porción de verdad mezclada. Le daba credibilidad y bases. Rió un poco, con calma. - Aunque ahora, en el estado en que están las cosas, supongo que no lo soy más. -

Enseñarle no era mal proceder. Un príncipe podía ser un futuro cliente, tenían los fondos para eso. La información que le daba era bastante buena, le enseñaba que en Nohr podían conseguirse lobos sin buscar demasiado, pero que intentar venderlos en el mismo reino no funcionaría fácil, pues tenían fama de salvajes. Siempre podrían ser domesticados, de eso no cabía duda, pero la venta sería más fácil de realizar en otro continente. Y sobre el príncipe Xander... pues, podía enseñarle cuan distintos eran los felinos y quizás verlo en su lista de clientes, a futuro. Venderle algo de su agrado. Habiendo puesto en rumbo a la yegua, Seimei ató las riendas ligeramente al frente de la montura, a modo de no tener que sujetarlas, y pasó sus piernas a un sólo lado de la misma, centrándose mejor en el varón de aspecto mayor. La posición no se le dificultaba, de cierto modo era más cómoda. Y querría ver bien la reacción del hombre, pues pensaba hacer una pregunta importante, capciosa a propósito. De esa respuesta, muy necesaria para el gato, dependerían sus acciones a tomar respecto al caballero y su ejército.

-
Me siento curioso, príncipe Xander... ¿estoy yo en deuda hacia usted, o lo está usted hacia mi? Por favor no diga 'a mano', pues la perfecta equidad no existe en estas cosas. -





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Re: Un simple e indefenso asistente (Priv. Xander)

Mensaje por Xander el Lun Sep 12, 2016 2:41 am

El caballo era bastante más alto que los demás, ideal para cargar a alguien de la envergadura y con tanto metal como tenía el caballero que lo guiaba, sus pasos eran pesados y algo cansados por la tensión del momento antes, el hombre sobre el caballo recién en ese momento comenzaba a percatarse de sus heridas, comenzaba a resentir los golpes de la caída como los raspones y heridas, observó su muslo, en esa posición de piernas abiertas que se encontraba una de las placas de metal de su armadura cubría la herida pero podía sentirla bajo la presión del pantalón apretando, ya habiendo recibido gran cantidad y variedad de heridas en su vida sabía que esa no era grave, apenas si manchaba más oscuro su pantalón, ni siquiera llegaba a humedecer la tela la sangre.

Por primera vez desde que había llegado al lugar sonrió, sus facciones eran rígidas, sus cejas algo prominentes en un costante mirar severo, pero cuando sonreía parecía perder un poco aquella expresión tan dura - Gracias, desde pequeño fue entrenado en esgrima y combate cuerpo a cuerpo. No sería buen príncipe si no puedo defender a mi pueblo. - Nohr era un país duro y de aspecto hostil, la vida no era un campo de flores, de hecho no existian los campos de flores en Nohr haciendo bastante literal la expresión, nobles y plebeyos por igual tenían vidas duras a su manera y la gran mayoría de los habitantes sabían como utilizar una espada, la crudeza de las tierras constantemente azotadas por la ley del más fuerte lo hacía necesario. Miró como el felino se acomodaba sobre el caballo con naturalidad, bastante ágil haciendo dificil tener presente las heridas que tenía, aunque las orejas caídas y la insistencia en no utilizar sus manos eran señales bastante claras, cualquier animal con las orejas caidas estaba sufriendo o asustado - ¿Te has perdido o te haz escapado? - la pregunta no venía con dobles intenciones ni pronunciada de manera acusadora, la respuesta no afectaría realmente como actuaría el príncipe con el refugiado.

A sus espaldas poco a poco se les sumaron los caballeros montados, escuderos, sobre un caballo se encontraba el emergido atado, aunque no se quedaba quieto las fuertes cuerdas lo mantenían en su lugar, más atrás aún los soldados a pie marchaban cuidando la retaguardia. El príncipe ya estaba un poco más relajado aunque su espalda recta y cuello tenso mostraba que era un hombre que rara vez se tomaba un tiempo de paz - Todo el tiempo se aprenden cosas nuevas. Nunca había visto un gato en Nohr,no sabía que podían ser asi de civilizados tampoco, creí que los animales que tomaban forma humana eran justamente eso, animales, viviendo como tal. Veo que tiene conocimiento de costumbres humanas, como montar. ¿Viajaba con más gente de su raza? - miró sobre su hombro, el carromaje que había visto su explorador ya debía estar lejos, muy lejos - Dudo que pueda darle alcance ahora. - reflexionó en voz alta dejando un pequeño silencio entre ambos.

La pregunta del gato no fue respondida enseguida, el príncipe volvió a estar serio mirando el rostro del gato y volvieno la vista al frente donde aún habian árboles que no permitían ver el campamento. Pensativo finalmente respondió - Visto friamente usted me debería más, le he salvado, le ofresco resguardo, comida y descanso, en cambio si usted no hubiese intervenido en ese momento... no creo que haya muerto, quizás hubiese salido herido pero mis hombres y yo habriamos salido de la situación, en cambio usted hubiese sido deborado por aquellas bestias como lo fue su amigo. - dijo en voz suave, analitica al respecto.



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Re: Un simple e indefenso asistente (Priv. Xander)

Mensaje por Seimei el Lun Sep 12, 2016 3:49 am

Oh, esa sonrisa era buena señal. Significaba, entonces, que el príncipe estaba bastante orgulloso de sí mismo por lo que era capaz de hacer. Y que disfrutaba sentirse responsable de la seguridad de los suyos. Seimei mantuvo el mismo semblante de hasta entonces, atento y con gestos suaves, pero sus afiladas pupilas no habían perdido ese detalle, esa señal de que estaba yendo bien en congraciarse con el rubio. Notó que era un varón todavía joven, y que era simplemente la rigidez de su gesto la que agregaba años antes, desvanecidos al momento en que sonrió. Podía ser agradable. Eso haría la tarea venidera más disfrutable a él también, pues sería menos molesto acercarse a alguien educado y grato. Ahora bien, ¿cómo responder a su pregunta? Era un cuestionamiento importante. Aunque Xander no lo hiciese sonar como tal, lo era. El gato negro habría preferido que no lo preguntase tan temprano, sin darle tiempo a ver realmente qué le convenía más mostrar, pero no había de otro modo. Tendría que ser.

-
Oh, pero, ¿por qué escaparía? - Rió, como si lo tomase a la ligera.

Sí, por el momento sería un poco evasivo de ese modo. Dependiendo de cómo progresaran las cosas, quizás llegase a admitirle al hombre que era un esclavo. Y aún entonces, seguiría haciendo la misma pregunta. ¿Por qué querría escapar? Pero ese era un asunto para mucho después. En ese momento, Seimei hizo una tranquila y casual transición a un asunto menos delicado para él, escuchando con algo de diversión cómo el príncipe comprendía al fin que no era un salvaje. 'Todo el tiempo se aprenden cosas nuevas', qué altruista frase era esa. Pensó que el rubio no sería en absoluto difícil de tratar, para su fortuna. Haciéndose de cierto orgullo por oírle reconocer que él era distinto, el gato se acomodó en su montura para mover su frondosa y larga cola sobra su muslo, dedicándose a peinarla un poco con sus dedos. Volviendo a bajar el pelo erizado y a dejarla tan acicalada como antes. No tenía un cepillo apropiado consigo, pero se las arreglaba bien. Mantuvo la vista baja, fingiendo un toque de melancolía por la compañía que tardaría bastante en volver a ver.

-
No todos son animales salvajes, príncipe. Aquellos con quienes yo viajaba definitivamente no lo eran, tampoco. Oh, ¿eran o son...? Me pregunto si se habrán conseguido ponerse a salvo. - Debía sonar consciente y preocupado, lo suficiente para mostrar un nivel normal de sensibilidad y empatía, aunque no tanta urgencia como para que el príncipe le enviara adelante con un caballo y nada más. - Como sea, le aseguro que disfruto ropa limpia, un libro y un lugar junto a la hoguera tanto como usted o cualquiera de sus hombres. - Agregó con una sonrisa. Buena forma de insinuar sus gustos. - Pero, no me preste tanta atención. Soy un simple asistente. ¿No es usted alguien mucho más inusual? Un príncipe que guía a sus tropas en persona, que es el primero en recibir heridas en la defensa de su patria... ¿no tendría que estar siendo atendido, ahora mismo? -

Estaba seguro de que esa clase de pregunta llegaría bien al caballeroso, sacrificado y recto príncipe. Tan recto que había respondido la pregunta capciosa con suma seriedad, y exactamente del modo en que el gato le había pedido. La verdad era que la respuesta de Xander resultaba irrelevante, pues lo que Seimei respondería a continuación tendría muy poca variación. Preguntar sólo había sido una forma de encerrar al príncipe en lo que enseguida diría. Hacerle más propenso a aceptarlo. Le dio una suave tensión a un lado de las riendas atadas para mover al caballo un poco más cerca del ajeno, queriendo verse a nivel tanto como saber que su conversación quedaba sólo entre ellos, aunque se notaba desde ya que los soldados respetaban de sobremanera al príncipe. No confirmó ni negó que estuviese correcto en lo que había dicho, sólo asintió con la cabeza para mostrar su conformidad.

-
En ese caso, príncipe Xander de Nohr, permítame compensar, pues ya he pensado en la forma en que deseo agradecer lo que ha hecho. Si lo permite, claro está... deseo encargarme de esas heridas y de que se reponga, por el problema que yo mismo he significado. - Dijo. Lo que quería era que lo llevara consigo a un lugar mejor que un campamento. O si era a un campamento donde volverían, al menos estar en la tienda del general. Pero haciéndolo sonar como si le hiciese un favor con ello, por supuesto. Lo pondría en su deuda un poco, eso le sería útil para después. Bajó la cabeza un poco, enfatizando el gesto ya agachado de sus orejas. - Sabré hacerme de utilidad. ¿Qué dice? -





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Re: Un simple e indefenso asistente (Priv. Xander)

Mensaje por Xander el Lun Sep 12, 2016 4:16 am

Comenzaba a disfrutar la compañia del gato, algo que nunca hubiese pensado, siempre había visto a los animales que tomaban forma humana como animales y nada más, como sumo podría llegar a imaginar tener alguno de mascota como quien tiene un perro o tener alguno como bestia de guerra como quien tiene un caballo o mastines de caza, en cambio el gato mostraba no solo ser una criatura civilizada si no de buenos modales y costumbres refinadas, alguien que era digno de ser presentado a la nobleza sin ofender con comportamientos pobres. Que respondiese con una pregunta no era de su agrado sin embargo, no le gustaba la gente poco clara o que se daba muchas vueltas a un asunto simple, pero no acosaría, era un refugiado herido que acababa de perder a sus compañeros y acababa de ver a su amigo ser deborado frente a sus ojos... de hecho estaba demasiado tranquilo, quizás en shock aun, no juzgaría de primera, había visto soldados quebrarse por la perdida de un amigo o de un hermano semanas después de lo ocurrido, la mente y los sentimientos eran cosas complejas que en la guerra solo se desbarataban como una caja de clavos caída desde un estante alto.Al menos parecía consciente de sus compañeros y preocupado por ellos - Si son listos modificarán la ruta o se resguardarán en el próximo pueblo pero no puedo asegurarle, el grupo de enemigos que venimos siguiendo es extenso y este era solo un pequeño fragmento resagado. - no mentía al respecto, no era de dar falsas esperanzas aunque tampoco era fatalista, simplemente era franco.

La petición... o propuesta del gato tambien llegó al rubio dejando un silencio entre ellos, solo los caballos avanzando, los soldados detrás de ellos tambien iban en silencio pero a una distancia prudente, no demasiado lejos pero tampoco demasiado cerca, la voz baja del felino no había llegado a ellos. Por unos instantes parecia que el principe le había ignorado abiertamente pues ni siquiera habia apartado la mirada del horizonte, ahora saliendo del bosque se veian las carpas de techos de lona violeta y estandartes reales, finalmente hablo en un tono bajo y grave - No quiero exponerle a mas peligro, creo que ha pasado por mucho pero la verdad me vendría bien tener a un asistente capacitado. No me quedare mucho en el campamento, los hombres marcharan para encontrarse con la otra parte de pelotón. - tenía que regresar a uno de los castillos, no al castilo de la capital pero si a un fuerte también perteneciente a su familia, un castillo amurallado y fuertemente equipado con herrerías y caballerías, un fuerte militar donde Xander esperaría ordenes de su padre para continuar sus movilizaciones. Viajaba sumamente liviano y solo con soldados y siendo un príncipe acostumbrado a estar rodeado de mayordomos en el castillo, le vendría bien tener uno en el fuerte - Yo estaré partiendo pronto a una fortaleza. - ni se molestaba en decirle el nombre pues era obvio que el gato no la conocería - Allí tendrá las comodidades que no hay en un campamento como baños calientes y una cocina equipada, también un consultorio lleno con lo que necesite para tratar sus heridas. En el campamento podrá lavarlas y descansar, podrá partir conmigo después del almuerzo allí. - aceptaba la oferta del felino y esperaba que fuese un mayordomo capaz... aunque ya sabía lidiar con gente de servicio torpe y era mejor que simplemente nada.



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Re: Un simple e indefenso asistente (Priv. Xander)

Mensaje por Eliwood el Miér Sep 28, 2016 1:05 am

Tema cerrado. 80G a cada participante.

Xander ha gastado un uso de su espada de bronce.

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