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El que enriquece rápidamente no será muy inocente [Privado Pelleas] [+18]

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Re: El que enriquece rápidamente no será muy inocente [Privado Pelleas] [+18]

Mensaje por Judal el Miér Nov 08, 2017 2:17 am

Se sentía en tanto control con tan poco que su sonrisa dejaba un poco de ser sumisa y coqueta a ser un tanto más asertiva, ladeada incluso, mientras veía bajo sus espesas pestañas el retorcer del príncipe en la silla. No pensaba en Pelleas como un semental conquistador, de hecho lo había visto ser bastante torpe socialmente y no podía imaginárselo acercándose a una chica pero tenía dinero y este parecía caersele de los bolsillos, no necesitaba personalidad atrayente si tenía oro, en especial si ese oro venía acompañado por un titulo no solo noble si no que de familia real, cualquier chica se tiraría a sus brazos. Así que había asumido que algo de experiencia en las artes amatorias tendría, no basta y experta pero si que tendría alguna, si no de interesadas escaladoras de alguna prostituta que hubiese visto buen cliente al pelivioleta o mismo que el príncipe decidiese contratar para aliviar sus necesidades masculinas sin tener que someterse a la conquista. La reacción que el hombre mostraba era exagerada a su punto de vista, de alguien a quien nunca le tocaron de manera placentera o simplemente alguien que se entregaba demasiado a su cuerpo... y no creía que Pelleas fuese alguien así de pasional.

El agarre en su brazo se hacía más fuerte y tenso, trayéndole y mostrándole lo que sus palabras no podían. Con sus rodillas sobre el piso y el pantalón ajeno fuera del camino, el bailarín de larga cabellera se acercó un poco más al regazo del príncipe, su pecho se inclinó hacia adelante hasta apoyarse contra una de sus rodillas, escaso de carne utilizó aquello como cobertura dejando que la tela más amplia que le rodeaba los hombros y parte del pecho se apoyase contra la rodilla simulando que había algo más que su pecho delgado y hasta huesudo. Mantenía sus ojos relajados, parpados algo pesados para menguar su mirada más coqueta, evidenciar su maquillaje, ladeando un poco su rostro para poder mirarle un poco de costado, no tan directo, de esta manera evitar que se sintiese demasiado observado pero mostrando que tenía toda su atención. Sus dedos se mantenían contra la cálida piel íntima, deleitándose en silencio de la reacción que causaba, sintiendo como la tensión de la piel aumentaba y el músculo se tensaba en un suave palpitar.

Su lengua se asomó entre sus labios humedeciendo los mismos y dejando escapar un lento jadeo suficientemente audible para oídos del príncipe - No me alejaré. No se preocupe por nada y recuéstese contra la silla, yo me encargaré de usted. - su tono venía cargado con el jadeo contenido, un tanto actuado pero sorprendiénose a si mismo al oírse un poco agitado de verdad. Hacía mucho que no intimaba con nadie, se había dedicado demasiado al trabajo y no había encontrado a nadie de su agrado en los círculos en los cuales Pelleas se movía. El pelivioleta no era un hombre exactamente desagradable a la vista, de hecho le gustaban muchos detalles particulares en él, como su cabello, algunos rasgos de su rostro, la manera tan firme que tenía de tocar y manipular las cosas pese a su personalidad tan manipulable; y ahora mismo se sorprendía de mirar su masculinidad. No le parecía que fuese de sorpresa que un hombre tan alto y de contextura ancha estuviese con atributos acordes pero tampoco se lo había estado esperando. Recorrió con sus dedos desde la base hasta la punta y retrocedió utilizando toda su mano, vista fija en sus acciones y con su respiración cada vez más agitada, reconocía el deseo en si mismo y sin problemas personales en admitirse amante de lo masculino volvió a relamer sus labios con una idea fija en su mente - Cierre sus ojos. - susurró mientras llevaba a sus labios sus dedos, pasó suave su lengua entre estos dejando una gruesa capa de saliva, soltó solo para cambiar su mano que ahora mucho más húmeda se deslizó suave por toda la extensión. Sentía la piel tensa y caliente bajo su agarre firme, su ritmo aumentó solo un poco para lograr arrancarle un gemido audible.

Sus rodillas se juntaron apretando sus muslos sentía su propia erección, suelta y libre en las suaves telas que solo lo cubrían sin restringirlo y con un movimiento de caderas se acercó un poco más al hombre frente a si colándose entre sus piernas. Su mano libre subió hasta la cintura ajena sujetándole allí, permitiendo que se aferrase a gusto a su brazo mientras bajaba su propio rostro hacia la entrepierna ajena. Bajó un poco el ritmo de su movimiento y sosteniéndole por la base con un masaje lento y corto apoyó sus labios sobre la punta húmeda, ejerciendo algo de presión con estos bajó poco a poco recibiéndole en su interior contra su lengua. Cerró sus ojos solo recibiéndole hasta poco más de la mitad donde sus labios hicieron tope en su propia mano, a su suerte pues sentía ya al príncipe casi contra la parte trasera de su garganta. Repitiendo con su boca el mismo ritmo que antes tenía con su mano comenzó a subir y bajar su cabeza cuidando siempre de mantener sus dientes alejados y solo recibirle con calidez y suavidad.
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Re: El que enriquece rápidamente no será muy inocente [Privado Pelleas] [+18]

Mensaje por Pelleas el Jue Nov 09, 2017 1:29 am

Pese a la escala de autoridad que habría de posicionarle sobre su consejero, era un hecho que cuando Judal daba cualquier clase de indicación, Pelleas la obedecía al instante. Muchos eran los casos en que le pedía su estimación en algún u otro asunto, pero tantos más en los que el bailarín le decía qué comprar o qué comer, corregía cómo estaba usando su tiempo o hasta le daba alguna pequeña e inofensiva orden, como la de cederle una almohada o alcanzarle algo de un estante alto. En cualquiera de esas instancias, no dudaba en hacer como decía; confiaba de forma demasiado ciega en el otro y era, simplemente, el modo en que tendía a reaccionar a la voluntariosa actitud ajena. Allí, en el momento en que tan entregado se sentía a sus atenciones, no sería diferente. ¿Cómo podría, además? La perfecta figura dibujada por las delicadas ropas de baile allí, de rodillas y contra su regazo, la mirada enmarcada en esfumado violeta y el placentero tacto lo hacían en definitiva incapaz de cualquier otra cosa. El aliento ajeno que involuntariamente daba contra su entrepierna, tensándolo justo antes de que el roce de sus dedos llegara, no ayudaba. Por lejos había cruzado el umbral en que la excitación se sobreponía al pensamiento y no podía sino asentir y obedecer, agradecido ya por el alivio que se le daba. - S... Sí. - Musitó, breve; y una vez más hizo como su consejero le decía, soltando un tanto el apretado agarre al descansar su espalda en el asiento, ya acalorado y pesado de respiración.

Algo en el modo en que Judal le veía, algo en el modo en que respiraba por labios entreabiertos le hacía sentir que no estaba en absoluto mal continuar así, que el otro en efecto quería hacerlo, y eso tan sólo le convencía mejor. No era la primera vez que intimaba pero sí la única en que todo se sentía bien, sin contradictorio dolor o agresión mezclados de forma confusa en el asunto. Era la primera vez que alguien le tocaba con la sola intención de que lo disfrutase y lo hacía, sin dudas, bajo tan expertos y tan gentiles modos. Le sabía a primera vez. Le sabía a que cualquier cosa que Judal supiese hacer por él sería aún mejor que el húmedo tacto que ya le tenía por completo erecto, inconscientemente adelantando la cadera con ahogado gemir para dar contra la presión de la caricia, y ante ello no podía sino cerrar los ojos apenas se le indicaba. La sensación se tornaba mejor, aún si la mano ajena se separaba por un horriblemente tenso momento de su miembro. Cuando la caricia reanudó, tomándole nada preparado para los labios que enseguida tomaban su erección y la lengua deslizada cálidamente contra la parte inferior, no consiguió contenerse de gemir; con la cabeza gacha y el cabello oscureciendo la expresión de su rostro al hacerlo, con las manos posándose pesadas en los hombros del otro, con la voz ronca y prolongada y con los muslos temblando de tensión para no embestir de sopetón hacia adelante. Sí, había creído de forma correcta, demostrado le quedaba que Judal sabía hacer algo mejor inclusive que antes. Y no pensaba en lo pérvido que era eso, al igual que no se le había siquiera cruzado por el inexperiente pensamiento que lo recibiera en su boca, pero nada jamás se había sentido tan bien. El espacio parecía estrecho, el calor perceptible y el placer casi demasiado a cada mínimo movimiento de la suave lengua contra sí. Y el daeinita perdía noción, por unos momentos, de su volumen y de sus palabras, arrastrando graves sílabas. - Ju... dal... Judal, mmnh... -

El tenue y rítmico movimiento de la cabeza del bailarín al atenderle ya complacía pero, inmerso en ello, el príncipe inconscientemente buscó asidero para sostenerlo más cerca. Con los ojos cerrados se guiaba a tacto, sus dedos hundiéndose entre el largo y ondulado cabello negro hasta posicionarse tras el cuello, donde seguía atado el final de las livianas telas decorativas de su atuendo. No apoyaba con firmeza la palma, era así como creía regular brusquedad, mas igualmente inamovible le aproximó hacia sí, adelantando la cadera levemente a su vez. El interior de su boca y el roce contra su lengua era lo más placentero; el hecho de que la sensación no llegara a envolver por completo su excitación, sino deteniéndose a la mitad, dejaba una suerte de ansiedad de más allí, empujándole a buscar el resto con un acallado quejido. No pretendía apresurar ni forzar ni nada de tal índole, y sin embargo, con deliberada lentitud lo intentaba. No poseía más referencia en lo sexual que una única tórrida y violenta experiencia anterior, en comparación a la cual no sólo parecía normal sostener así o empujarse de ese modo un poco más profundo en la cálida boca que le atendía, sino un trato honestamente gentil en comparación. Disfrazada quizás de impaciencia, su falta de mesura le hizo arrastrar los dedos tras el cuello ajeno, soltando por un instante y volviendo a afirmarse en otro, indeciso entre buscarle más rápido o más profundo. Tan sólo sabía que quería más aún, de aquel trato que recibía por vez primera y que mantenía toda coherente duda en su mente por completo ahuyentada.
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Re: El que enriquece rápidamente no será muy inocente [Privado Pelleas] [+18]

Mensaje por Judal el Dom Nov 26, 2017 11:24 pm

En la silenciosa habitación de aquel barco sentía los jadeos y los gemidos arrastrados del príncipe con claridad, apenas de fondo la música seguía sonando con una celebración que ignoraba completamente lo que ocurría en la oscuridad de aquel lugar. Su mano subió un poco por los muslos ajenos y se aferró presionando con sus dedos en la cadera del pelivioleta, la otra seguía sujetando por la base su masculinidad haciendo una traba hasta donde sus labios llegaban con cada bajada d su cabeza. Se lengua le presionaba contra su paladar al recibirle y dejaba que una ligera succión le estimulase cuando subía, una película de saliva abrillantaba la piel por donde sus labios pasaban y ya gruesas gotas pasaban por sobre sus dedos, su pulgar acariciaba la base por mero placer, por solo sentir la gruesa vena inferior latir y el músculo tensarse con cada succión de su boca. Aunque no estuviese siendo él mismo tocado sentía placer por lo que hacía, se sentía en control de aquel hombre, reduciéndole a una masa de gemidos y una mente vacía que no podía concentrarse en más nada que no fuese él y lo que estaba haciéndole. Estaba seguro que con la delicadeza suficiente podía detenerse y pedirle lo que quisiera que el príncipe accedería con total que continuase... solo tendría que llevarlo más al borde.

Concentrado en el ritmo que marcaba y acariciando distraídamente la cadera ajena, abrió su boca dejando que su aliento caliente acariciase el miembro que pesado descansó sobre su lengua. Recorrió toda su extensión y antes de poder llegar al final sintió la mano firme posarse en la parte trasera de su cuello. Intentó retroceder para poner resistencia, no estando de acuerdo con aquello, era él quien estaba en control, no el hombre sentado. Gimió en un quejido un poco al cerrar sus labios en torno al miembro en su boca, incapaz de apartar su cabeza y tragó antes que su saliva y las primera gotas saladas del varón se escaparan sobre su mano. Presionó más sus dedos contra la cadera pero no los curvó para clavar sus uñas, no sería tan tonto como para enojar al príncipe, solo abrió sus ojos y alzó su mirada encontrándose con el rostro ensombrecido por el cabello desordenado, no había mirada jocosa, ni risa burlona, no era una muestra de poder si no solo un reflejo de la necesidad que sentía el otro por el placer que estaba recibiendo. Aquello cambiaba drásticamente su percepción y disposición, de no encontrarse con su boca ocupada habría sonreído, ahora más dispuesto volvió a cerrar sus ojos y acercarse hasta que sus labios tocaron su mano sin oponer resistencia a la mano en su nuca. Repitió el proceso, su lengua acariciando y presionando, intentó retroceder y la mano se lo impidió.

Su cuerpo se tensó, ya con la presencia del otro presionando contra su garganta se le imposibilitaba respirar y la presión en su nuca aumentó obligándole a avanzar más, apretó sus ojos al sentir que las lágrimas se acumulaban y sintió la contracción involuntaria de su garganta antes de obligarse a relajarse. Sus labios presionaron contra su mano que seguía firmemente agarrada y poco a poco la retrocedió, intentando en vano tener algo de control pero la fuerza aplicada por el pelivioleta se hacía más firme si encontraba resistencia. Apartó su mano apoyando a palma abierta contra el vientre ajeno y simplemente se relajó permitiendo la entrada del mayor invadir cada espacio disponible en su boca y garganta, ahogándole, presionándole hasta volverse doloroso. Extrañamente, así como se sentía, ahogado, imposibilitado siquiera de gemir o quejarse, sujetado por debajo de su largo cabello, e incluso adolorido por el tamaño excedido para un espacio tan angosto, se sentía a si mismo acalorado y erecto, sintiendo escalofríos por su espalda.
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Re: El que enriquece rápidamente no será muy inocente [Privado Pelleas] [+18]

Mensaje por Pelleas el Lun Nov 27, 2017 4:36 pm

Permanecía inconsciente tanto de su tamaño como de su torpeza, ignorante de que su forma de atraer al bailarín contra sí rayaba en lo brusco antes que cualquier otra cosa. No era más que el modo en que sentía necesidad de actuar, el que creía común, y sin señal o indicación alguna del mismo Judal aquello distaba de cambiar todavía. El príncipe tan sólo se había sumido en demasía en lo bien que se sentían aquellas atenciones, dejado llevar en el ritmo que el otro había sostenido al recibirlo en su boca y en cada experto gesto que difuminaba su coherencia de pensamiento a favor del placer. Ya no quería que se detuviese, eso era todo. A ojos cerrados, cuerpo relajado contra su asiento, no era consciente en detalle de todo lo que el otro hacía, pero la presión acariciando su miembro acalorado ya hacía imposible contener el arrastrado y grave gemir y él, del modo en que podía, perseguía más. Lo sostenía, lo aproximaba para detenerse de moverse demasiado él mismo. La sangre se agolpaba abajo de forma cada vez más notoria, acumulándose una ansiosa presión y si Judal continuaba de ese modo, si tan sólo le permitía más, si tan sólo tuviese la gracia de no detener lo que hacía, quizás Pelleas lograse habituarse a todo ello lo suficiente como para recobrar control y razón. Quería que durase mucho más, tanto como quería llevar esa presión a su cúspide con rapidez. En ese momento, en fascinación con su compañero y gratitud era probable que el mago hubiese dado cualquier cosa que el hombre ataviado en delicadas prendas y arrodillado entre sus piernas hubiese podido pedirle.

La mano sujetándose a su cadera y el pequeño ruido emitido por el bailarín eran escasas muestras de inconformidad por el modo en que lo limitaba, demasiado sutiles como para ser comprendidas por el príncipe, que tan sólo interpretaba que Judal había necesitado mejor asidero al que sostenerse. De un modo u otro, el hecho era que estaba continuando. Volvía a recibirlo, volvía a deslizar la suave humedad de su lengua y la presión de sus labios contra su erección, volvía a mecer con cuidado su cabeza al complacerlo, sólo en movimientos más cortos y dificultosos a medida que el espacio se sentía más estrecho. Con lentitud, de a poco, le adentraba unos centímetros más en su boca. Hasta que el mayor se sintió por completo envuelto en la calidez, más apretado de lo que había estado hacía unos momentos, estremeciéndose con el sobrecogedor alivio que eso representaba. Un gemido que ya no se reconocía del todo bien como el nombre de su consejero escapó de su boca, inclinándose instintivamente hacia adelante. El inicio de la garganta mantenía agradable presión en torno a la punta de su miembro, pero con su mano tras el cuello ajeno no se mantenía sino quieto allí mismo. Apenas notándolo, el daeinita se apresuró a retirar un poco su agarre, entreabriendo la mirada algo borrosa al acariciar con repentino cuidado el cuello bajo el frondoso cabello oscuro, mas permitiéndole nuevamente libertad.

Hasta el momento Judal había parecido entenderle bien sin necesidad palabras y así prefería él continuar; con el modo en que dejaba de sujetarle y en cambio le acariciaba con las yemas de los dedos, gentil en lugar de brusco, se disculpaba por sus modos y expresaba su complacencia, su contento para con él. A su vez, retrocediendo para salir a medio camino de la boca ajena y viéndose tentado a volver a adelantar la cadera, llevando su intimidad a rozar contra su lengua, era el único modo en que podría comunicar tan claramente lo que pedía; las palabras habrían sido demasiado vergonzosas, pero la presión de antes le había acercado demasiado a su límite y sólo necesitaba un poco más, necesitaba que lo atendiese otra vez. El hecho de que ahora mirase al pelinegro decía algo por sí mismo, la completamente embelesada mirada con que lo recorría allí, caricias bajando de su cuello a sus hombros, recogiendo un poco su cabello para apartarlo a un lado, donde no cayera tan libremente sobre la espalda y brazos del bailarín. Su aliento salió en más pesados jadeos al tener ante sí la vista ahora libre de todo él; su rostro, sus labios separados recibiéndolo, su cabello caído a su lado, la sutil curva de su espalda, la caída de las telas semitransparentes sobre pálida piel, la menudez de toda su figura. Inconscientemente los dedos del arcano se tensaron un poco al costado del cuello ajeno, delatando su estado cuando sus piernas se tensaron y su cadera continuó adelantándose y retrocediendo en cortos gestos, pequeñas estocadas, buscando más de la boca del otro, de la presión de sus labios en torno a su miembro y cualquier roce asequible en la calidez dentro. No soportaría la excitación mucho más. No podría. Consciente de lo que ocurriría entonces, mientras podría aún formular palabras intentó hacerlo, advertir; el otro sabría terminarle de una forma u otra, pero no ensuciaría su boca si podía evitarlo. - Judal-- apártese, quítelo-- - Masculló, entrecortado. Su vientre se tensaba por completo al sentir la tensión palpitar entre sus piernas, apretando los párpados cerrados al aguantarla cuanto menos un segundo más, un instante suficiente como para que el otro lo quitase de sus labios, pero no conseguiría más que eso. Cada músculo tenso tembló y un prolongado gemido acompañó al orgasmo que le sometería.
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Re: El que enriquece rápidamente no será muy inocente [Privado Pelleas] [+18]

Mensaje por Judal el Lun Ene 29, 2018 2:55 pm

No podía quedarse quieto, no se lo permitía a si mismo ser un compañero íntimo pasivo y menos cuando su contraparte en el acto se mostraba sin experiencia con el tema y se trataba de alguien de tan alto estatus en el que obviamente no podría hacer comentario al respecto. Todo había indicado en el pasado que Pelleas era la clase de hombre que no permitía un acercamiento de este estilo con alguien de su mismo sexo, por eso había sabido ser creativo y mostrar su lado menos masculino para aproximarse, y había dado resultado. Sus manos acariciaron el cuerpo naturalmente grande del hombre aunque delgado, sus dedos pasaron por los huesos de su cadera, preocupamentemente marcados y subieron por su abdomen carente casi de musculatura, sitió la piel suave apenas surcada por delgadas y pequeñas cicatrices mientras inclinaba su cabeza hacia adelante y acomodaba su lengua para amoldarse a cada movimiento, cuidando de no presionar demasiado ni muy poco.

El alivio se le hizo un regalo del cielo al sentir que la presión bajaba un poco y podía retroceder suficiente su cabeza para poder respirar y tragar la saliva que se acumulaba en su boca, cuidadoso de no hacer demasiado desastre con humedades donde no debían. Cerró sus ojos centrándose aún más en su ritmo, en no dejar demasiado esperando al príncipe o volvería su mano a cernirse como un grillete en su nuca, ahora mimada con suaves caricias casi que de disculpas. Apartado su cabello de su rostro y ladeado contra uno de sus hombros tuvo la frescura que necesitaba para mantenerse despejado, inclinó su cabeza hacia donde caía su cabello y ladeado entreabrió sus ojos para espiar el rostro del celebrado. Oscurecida la mirada del pelivioleta por las ondas de su cabello era difícil discernir realmente su expresión pero confió en los entrecortados gemidos y su mandíbula tensa dejando su boca entreabierta de que iba en buena dirección. Volvió a tragar y haciendo un poco de vacío en su boca volvió a adelantar su cabeza hasta que sus labios sintieron las cosquillas del vello púbico. Sus manos siguieron el camino hacia los lados, pasando por la cintura del príncipe y arrastrando suave sus uñas contra su piel atrayéndole con poca sutileza.

Podía sentir como la delgada tela de su pantalón se adhería contra su erección, el propio calor de su cuerpo había humedecido su piel y las telas se apegaban un tanto incómodas proporcionándole un falso y frustrante tacto que no podía mover sin resultar evidente. Apretó y aflojó sus muslos en un vano intento, incluso pensó en acercarse y presionarse contra la pierna del príncipe en un desesperado intento de encontrar alivio pero eliminó de inmediato esa idea. Romper la evidente ilusión que tenía el varón solo resultaría en desastre y todo el esfuerzo en vano. Manos en la cadera ajena y su boca ocupada más allá de su garganta se repitió en su mente que aquello no era un acto de unión para satisfacción de ambos. Intentó mantener su mente en frío en lo que estaba haciendo y por que lo hacía y como si fuese aún más estímulo que el mismo acto enfatizó más sus movimientos.

Dispuesto con nuevas energías asumía que su trabajo sería por varios minutos más, tenía aún varias ideas de como mejorar la experiencia del príncipe, de como arrancarle aún más gemidos y como aumentar su gratitud. Pero no pudo hacer mucho más que la mano del príncipe volvió a trancarse en su cuello y sintió los músculos de su cintura apretarse, las débiles palabras solo confirmaron lo que el pelinegro no creía que sucediese tan pronto... y con tanto para hacer aún, pero no le quitaría el placer al pelvioleta, lo habría hecho con cualquier otro compañero, prolongar su espera solo para acentuar el placer, pero no conocía tanto al heredero del trono y temía que un momento de frustración en este instante desembocase en un desastre. Al menos haría el mejor final que pudiese otorgarle. Sus manos bajaron hasta su cadera y allí se afirmaron, retrocedió solo un poco su cabeza para permitirse el espacio suficiente y su lengua ayudó a culminarle con caricias más precisas. Apretó sus ojos y tragó desde la primera embestida, apresurando en la segunda esforzándose por no derramar nada sobre los pantalones del otro. Poco a poco su agarre se aflojó y se convirtió en una caricia mientras terminaba de pasar lo que quedaba en su boca terminando con su lengua de limpiar con una suave pasada a sabiendas que podría estar sensible. Orgulloso de si mismo por no haber derramado ni una gota retrocedió hasta sentarse sobre sus talones y limpió las comisuras de sus labios con un gesto casual de su mano. Al apoyar sus manos sobre sus muslos movió las telas de su atuendo para disimular lo que se alzaba como una pequeña carpa entre la ropa tan suelta y sonriendo con recato observó a su señor casi con timidez, convencido que pasado la bruma mental del orgasmo el príncipe podría sentirse avergonzado, si él mismo se mostraba así atenuaría aquel sentimiento. Ante todo quería la comodidad del otro, aunque en su interior quisiera gritarle que había culminado gracias a la habilidad de un varón.
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Mensaje por Pelleas el Sáb Feb 17, 2018 12:52 pm

Contrario a lo que advertía, Judal no hacía más que continuar atrayéndolo, sosteniéndose a él y hasta estimulándolo aún, acariciando con más breves lamidas donde el daeinita no conseguía soportar mucho más. No podía no haberlo oído, en el camarote apartado del jolgorio en cubierta las voces no se perdían, bien lo sabía el hombre que no conseguía amortiguar suficiente los gemidos de agrado, pero no parecía haber intención de retroceder. Al contrario, se sobreponía una terca persistencia en el ademán de las manos ajenas, usando las uñas con plena intencionalidad al sostenerle los costados, firme, aunque para Pelleas el bailarín arrodillado a sus pies continuase luciendo la dulzura encarnada. Con los dedos entre el cabello negro, tocando el pálido cuello contra las joyas que lo decoraban, no pudo resistir el dejarse ir. Acabó en un orgasmo que parecía durarle demasiado, sintió la presión momentánea cuando el otro tragaba una y dos veces, y apenas entonces subsidió siquiera un poco la sensación placentera, dejando atrás una especie de suave entumecimiento. Su voz ya ronca se perdió en un quejido final cuando Judal se separó, quitándole del calor de su boca. Apenas consiguiendo entreabrir de regreso los ojos, parpadeando, el príncipe llegó a discernir los delgados labios dejando su masculinidad paulatinamente y, en ese momento, no le hizo sentido que hubiera podido recibirlo y hacer todo lo que había hecho.

Y habría sentido que todo era un abuso de su parte, que Judal había ido simplemente muy lejos por él, si fuera capaz de preocuparse como siempre hacía. Estaba demasiado satisfecho para eso. La relajación más rotunda y plácida se esparcía por sus músculos, dejándolo necesitado de apoyarse en su silla por los instantes que le tomaba recobrar su aliento. La bruma después del clímax inundaba hasta su mente, sin dejar atrás más que una imprecisa sensación de contento. Se pasó la mano por el cabello para retirarlo de al menos un costado de su rostro, sin el menor cuidado respecto a exponer la marca arcana trazada en su frente, y con ojos todavía nublados de complacencia miró a su consejero sentado a baja altura, con el cabello sobre uno de los hombros, las escasas gotas de sudor destellando tanto como las joyas decorativas en su persona y una expresión nada menos que bella en el rostro. Aún tan relajado como Pelleas se hallaba, le aliviaba tanto verlo sonreír un poco, sin un gesto recriminatorio ni arrepentido. Correspondió con la sonrisa más calma que jamás habría esbozado y, sin dudarlo, supo que quería ir a él. - Judal, yo... - Al amago de moverse acompañó el de hablar, mas de inmediato el joven hombre desistió, sin comenzar siquiera a imaginarse qué pretendía decir. Negó con la cabeza como para descartar el intento.

Tenía demasiado calor, prefería deshacerse de su ropa y ya no le preocupaba tanto hacerlo. Terminando de quitarse de los brazos la túnica ya abierta y caída, se puso en pie para retirarse por sobre la cabeza también la prenda color vino debajo, agradeciendo sentir en el torso algo de aire fresco. Sólo por comodidad se cerró el pantalón de regreso, sin acomodar mucho lo que dejaba aún un bulto bajo la ropa; tardaría un par de minutos en decrecer. Entonces se agachó ante el bailarín y sin preguntas ni gestos dubitativos, si acaso sólo algo lánguidos, le tomó con sumo cuidado entre brazos, llevándolo consigo al alzarse. Se movía lento, de lo contrario era posible que tropezara, pero las fuerzas no estaban faltándole; al contrario, no sentía el peso de nada. Acomodar la figura menuda y liviana del otro para cargarla no le resultaba difícil.

Con un brazo bajo los muslos y el otro tras la cintura, lo sostuvo contra sí en el corto camino que les separaba de la única gran cama en la estancia, y con reverencial gesto lo depositó allí. Sin desear separarse, no tardó él mismo en dejarse caer a su lado, por error casi sobre él, amplias manos buscándole enseguida para apretarlo contra su relajado cuerpo. No pretendía ser desconsiderado, no era conscientemente egoísta, pero no estaba pensando en la satisfacción que el otro también podría necesitar, sino en su propio antojo de no soltarlo todavía, de saciar su gratitud y su alegría abrazándose a la andrógina figura y volviendo a sentir el perfume de su cabello. Sus dedos le recorrieron con ligereza la cintura una vez más, acariciando con las yemas más que la palma de la mano, tuvo la osadía y la confianza ciega de besar su mejilla y el costado de su cuello un número incontable de veces; a nivel subconsciente percibía todavía esa imagen, ese físico, como el de una muchacha, y sus atenciones eran las que con una muchacha soñaría tener, complacido de sostenerle y tan cuidadoso al tocar, pero la quietud de su cuerpo en general delataba que estaba a menos pasos de adormecerse que de continuar lo que habían estado haciendo.
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