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El que enriquece rápidamente no será muy inocente [Privado Pelleas] [+18]

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El que enriquece rápidamente no será muy inocente [Privado Pelleas] [+18]

Mensaje por Judal el Jue Sep 08, 2016 1:07 pm

Sabía que el viaje no iba a ser agradable pero era la única manera que tenían de llegar a Durban. Judal odiaba los barcos, solo había tenido malas experiencias sobre estos y después de días a caballo y una dura travesía para cruzar la frontera entre Nohr y Hoshido, no encontró las comodidades básicas para él como ser capaz de lavar su cabello o cambiarse de ropa hasta que llegaron a Hoshido e incluso allí fue reducido el tiempo que tuvieron de comodidad antes de abordar el barco sin bandera que había sido enviado desde Durban. Sin despertar sospechas abordaron como simples pasajeros, nada de camarotes cómodos ni cenas ostentosas y ya al poco tiempo de llegar al puerto ya podía notar las miradas de los marineros sobre él, ni dos pasos sobre el barco que ya un silbido y una grosería respecto a la manera que movía sus cadera le hizo cargar una expresión amarga y apegarse más aún al alto mago que al menos por su altura imponía algo de respeto. Con el pasar de los días en altamar comenzó a ver que no era tan malo como había esperado, pese a los comentarios que a veces escuchaba nadie se había propasado con él, al parecer sabían que era un invitado más o menos importante en ese barco o al menos el acompañante de alguien importante así que su único problema comenzó a ser el movimiento de las olas que veces le revolvían el estomago, pero fuera de eso llegó a agradable aquel viaje.

Era la mitad de la noche, totalmente despejado se veían todas las estrellas en el cielo y una gran luna llena que iluminaba la cubierta, los tonos de azules llegaban a marcar diferentes partes de la bóveda celeste como si un pintor hubiese pintado acuarelas negro y azul y un vaso de agua se hubiese derramado sobre el canvas. Las aguas estaban quietas, tanto que el barco parecía estar en tierra firme, los ánimos de un clima despejado y algo cálido se habían contagiado por toda la tripulación y después de la cena el ambiente se tornó festivo. Se abrieron dos barriles de cerveza y ron bajado con agua, un par de marineros trajeron instrumentos y la música alegró aún más el lugar. Las risas eran casi tan fuertes como la música y contagiado por eso Judal había salido a lucir una habilidad, que si bien le había dicho a su nuevo jefe que la tenía, nunca la había mostrado. Vestido liviano, con pantalones anchos de tela vaporosa, su pecho solo estaba cubierto por una tela oscura que dejaba su vientre al descubierto, su cabello largo, suelto a su espalda, se movía como un manto oscuro y ondulado con cada giro y salto que el bailarín daba al son de la música acompañado por una tela semi trasparente que sujetaba con sus manos mientras bailaba acentuando sus movimientos. La tripulación acompañaba la música con sus palmas, un par de mujeres que viajaban con ellos acompañaban al bailarín y de tanto en tanto tomando a alguno de los hombres de la muñeca para hacerles bailar un poco y volverlos a dejar ir, muchos de ellos aprovechando la cercanía para meter mano de más. Si bien algunos intentaron acercarse al pelinegro este les esquivaba y rechazaba con la sutileza que lo hacía en los bailes de la corte, simplemente apartándose si alguno no entendía y seguía intentando sujetarlo. No permitía que aquello arruinase su alegría.

Había perdido por un momento de vista al príncipe de Daein, después de la cena le había visto acercarse a una de las antorchas para escribir en una de las mesas, seguramente haciéndole compañía pues solía hacer aquello en su recamara usualmente y no en la vista de todos, menos aún con la música y el ruido, así que cuando no le vio más allí solo asumió que se había retirado a su habitación hastiado por el ambiente festivo. Con un poco de ron en la sangre, Judal se había soltado un poco más de la cuenta, sus pies descalzos golpeaban el piso como una gacela dando saltos como si su cuerpo no pesara nada, su cabello lo envolvía y sus joyas brillaban con la luz del fuego así como su mirada carmín perfilada en negro y violeta con más delicadeza que las damas presentes. Después de tanto tiempo en viajes y trabajo aquello era como un trago de agua fresca para el bailarín, simplemente dejar su cuerpo fluir.
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Re: El que enriquece rápidamente no será muy inocente [Privado Pelleas] [+18]

Mensaje por Pelleas el Vie Sep 16, 2016 11:13 pm

Primera semana en altamar. Lejos ya de ser el primer viaje largo del príncipe, el tiempo detenido entre las olas se presentaba nuevamente familiar y cómodo para él, permitiéndole un necesario respiro entre una parada y la próxima. Largas noches de aislado silencio, largos días de sueño cobijándolo. Hasta que el mundo de distancia que ponía entre él y Nohr le quitó la aprehensión, al fin, y el noble en huida supo pensar en algo distinto. Como había hecho en sus anteriores travesías marítimas, mismo principio que obedecía cada vez que era dejado a sus anchas, empleó sus noches en avanzar sus escritos y estudios, tomando el hábito de dormir al amanecer y despertar entrada la tarde. La larga travesía divisaba su fin, había mucho que recopilar. Devoto a su tarea, Pelleas tan sólo corroboró que su acompañante contase con las comodidades que necesitara antes de prácticamente desaparecer de su compañía, cerrándose en su camarote a casi toda hora y sin toparse mucho siquiera en las comidas, pues aquello también lo hacía a destiempo. No pretendía ignorarlo, al contrario, intentaba hallarle en sus momentos fuera, pero la coincidencia no se daba y el mago, sin querer hacerse una molestia, tampoco realizaba especial esfuerzo. En noches como aquella, tan sólo escribía a la luz tenue que su vista ya acostumbraba, pensando que otra oportunidad surgiría en otro día.

"...y emprendo así mi retorno a casa. Las adversidades de Nohr me han convencido de la voluntad acallada de tantos meses, que con casino espíritu me exige el reencuentro con mi pertenencia, imposible ya de ignorar. Ni imagen, ni acto; el hombre es aquello que ama, nada más ni nada menos, y soy incapaz ya de no regresar a mi mismo. El horizonte de este extenso peregrinaje se divisa y lo acepto. Añorado Daein, al fin.

¿Es otro hombre el que atravesará el umbral del hogar, que el que otrora lo dejase? Jamás el hijo pródigo, jamás una persona renovada, pero ¿cuanto menos será distinto el heredero que regresa, como soñé al partir? Cien hechizos jamás antes invocados, la fé de dos hombres que tomo como tutores, las historias de corazones más grandes, la voz de arcanos conocidos y este aceptado deber son lo que llevo conmigo ahora, al retorno. Heridas, memorias, maldiciones, páginas de experiencia y nuevo poder. Y aunque este sucesor no sea sino la misma calaña de hombre que a un padre jamás enorgulleció, posee al menos la voluntad de más. Creo estar más preparado. Bajo esta determinación me encuentro ansiando mi arribo al Durban que en mi ruta me ampara, tanto como mi nueva reunión con su Majestad Yuuko, pues esta será la ocasión en que hable al fin mi pensar y proponga lo que para mi Daein amibiciono. Algo he de tomar en mis manos esta vez. Seré el príncipe que he de ser. Puesta mi confianza en el consejero que atravesó conmigo las desventuras de Akaneia, permitiré ahora que su voz de guía me envíe a..."


Pelleas pausó con un suspiro, distraído por la música y las risas en el barco. Todo estaba siendo más ruidoso que otras noches, si mal no recordaba; no estaba consiguiendo enfocarse en proseguir con la escritura. Limpió su pluma y tapó el frasco de tinta, distraído en consideraciones del pasaje que había dejado a medias. Tenía aquello para discutir con Judal aún, los detalles de aquel arreglo que al salir de Nohr había aceptado. Era su consejero, pero no había hablado con él de sus intenciones ni le había preguntado mucho sobre en qué consistiría su labor inmediata. Tenía la intención de hacerlo, pero seguían sin acompañarse mucho en el viaje. Escuchando a la tripulación y pasajeros del barco tan despiertos a aquella hora, consideró la posibilidad de hacerlo en aquel entonces, si encontrase al pelinegro en pie también, aunque la idea de salir a aquel ambiente festivo ciertamente no era su predilecta.

Pero no había mucho más que hacer, si no tenía la calma suficiente para lo suyo. Y se le antojaba algo del ron que había oído que subirían a cubierta, al menos para llevarse de regreso al camarote. Algo intimidado por todas aquellas voces y sus ánimos de fiesta, el mago dejó su mesa y se dirigió con lentitud allí afuera, saliendo con discreción a la luminosidad de las antorchas en la agradable noche despejada. Su mirada pasó con cautela por la escena, buscando la bebida tanto como a su nuevo consejero, a quien reconoció por el pasajero movimiento de livianas telas negras. - ¿Jud...? Oh. - Fue a llamarle, y de inmediato desistió. El movimiento de uno u otro hombre en cubierta le despejó la vista hacia el varón de larguísimo cabello negro, suelto en esa ocasión, y le permitió vislumbrar con claridad lo que hacía. No recordaba verle bailar con anterioridad, aunque sí recordaba que fuese uno de sus oficios. Tampoco le había visto con el cabello suelto antes, dibujando en la delicadeza de todo él una imagen hipnotizante. Lucía alegre, más alegre de lo que le había visto hasta el momento. Lo consideró demasiado ocupado como para una poco llamativa conversación con él, y con una tenue sonrisa prosiguió en otra dirección. - No hoy, supongo. -

Se dirigió a pedir una jarra de ron para él mismo, pensando en nada más que regresarse a su camarote. Y sin embargo, entre esquivar rostros conocidos y declinar con una sonrisita incómoda las invitaciones a cantar y celebrar, no consiguió ignorar del todo a Judal. De un momento a otro le veía danzar más cerca, moverse al borde de su campo de visión y atraerlo de regreso, guiando su vista a la fluidez y energía con que se desplazaba. De no conocerle, no le habría diferenciado de cualquier otra dama bailarina, pues sus movimientos eran los mismos y la flexibilidad de su vientre pálido fácilmente les superaba. Pelleas le observó unos instantes más, pronto topándose con su mirada carmín. Sin pensarlo de sobra sólo le dedicó una sonrisa, insegura pero honesta como eran las suyas, y siguió en su camino.
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Re: El que enriquece rápidamente no será muy inocente [Privado Pelleas] [+18]

Mensaje por Judal el Sáb Oct 29, 2016 7:21 pm

El aire alegre se respiraba y le contagiaba de más, saltando de un lado a otro apenas tocando el piso con la punta de sus pies su respiración se volvía cada vez más agitada por el movimiento y el ejercicio. Hacía muchos meses que no bailaba y comenzaba a cansarse antes de la cuenta obligándole a recurrir, de manera inconsciente, a algunos trucos que se le habían sido enseñados por sus instructores en Begnion para bajar el ritmo sin dejar de bailar, hacer movimientos no tan amplios y centrarse más en el movimiento de caderas o en encontrar la mirada de alguien para atraerle la atención con movimientos serpenteantes y sonrisas ladinas. Claro que no quería hacer aquello con cualquiera que pudiese mal interpretarlos, esto no era un baile en un gran salón de una mansión donde los que observaban no podían hacer más que sonreír con recato y apretar sus piernas sobre sus banquitos forrados de terciopelo y tallados en madera de cedro, aquí alguien que le viese demasiado disponible se lanzaría contra él y terminaría con un par de manos desagradables sobre su cuerpo delicado y pálido. Ya veía como eran tratadas algunas de las mujeres que se permitían tocar, malditas prostitutas de atención usando su cuerpo de manera física para llamar la atención restándole elegancia al arte de la danza y de seducir la atención con movimientos que parecieran música corpórea.

Un giro y su cabello le envolvió cayendo sobre su hombro, una inclinación hacia adelante y el cabello siguió el brusco movimiento haciendo un abanico en el aire, sacudió su cabeza y volvió a levantar su rostro dejando su cabello acompañar el movimiento volviendo a su espalda y su mirada encontró al hombre perfecto para eso. El príncipe pelivioleta se encontraba cerca de donde dispensaban la bebida, al parecer solo se había movido de la mesa para ir allí, o eso pensó el consejero, al parecer no estaba tan descontento con el ambiente festivo. Devolviendo la sonrisa se acercó un poco al príncipe en pasos y giros al compas de la música y las palmas de los marineros, la tela semi trasparente formó un arco a su espalda cuando la tomó con ambas manos y manteniendo un contacto visual movió su cadera de manera que su vientre, delgado y desnudo, serpenteó como si careciera de columna vertebral, con sus músculos relajados apenas se marcaban acentuando la suavidad de su piel y la curvas que formaba con los movimientos. Entrecerró su mirada y el tono violeta de sus parpados acentuó su belleza femenina, solo apartó su mirada para cerrar sus ojos y dar una vuelta quedando de lado para mostrar aún más el movimiento lento de su vientre.

Los hombres presentes gritaron alguna que otra grosería referente al movimiento de caderas y donde podía realizarlo pero el pelinegro hacía oídos sordos a aquellos comentarios mientras ninguno se atreviese a acercarse y cuando uno intentó estirar su mano para dar una nalgada su mano se blandió en el aire por el nuevo giro que apartó el cuerpo del bailarín del alcance del marinero pero le acercó aún más al príncipe.
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Re: El que enriquece rápidamente no será muy inocente [Privado Pelleas] [+18]

Mensaje por Pelleas el Miér Nov 02, 2016 8:07 pm

Según el príncipe daba por sentado ya, un mínimo contacto visual de un lado al otro de la cubierta sería todo lo que compartirían por la jornada. De ningún modo se atrevería a interrumpir con sus asuntos la alegría del otro hombre, que tan enfrascado parecía en su danza, ni a entrometerse en festividades en las que jamás encajaría; sabía que estaría mejor en el camarote, donde el ron quizás le ayudase a apartar su mente del ruido y podría escribir. Buscaría tan sólo eso y regresaría. La plática con Judal quedaría para la mañana, si continuase despierto. Convencido de que eso sería todo y bastante conforme con que lo fuese, no pretendió aproximarse ni buscar más al bailarín, sino pedir en voz baja su jarra de alcohol y aguardar a que se la llenasen. En aquella leve pausa en que se apoyaba contra la pared de las recámaras internas, pretendiendo poco más que desaparecer de toda atención entre las sillas desperdigadas y barriles cerrados, su vista regresó distraídamente en la dirección en que lo había hallado.

Le encontró prácticamente enseguida, mucho más cerca esta vez. De alguna forma se había abierto paso entre la tripulación y pasajeros, sin detenerse, sino que separándose él y las bailarinas en un área un poco más amplia, involucrando casi que a cada hombre y mujer en cubierta a participar. Y por algún motivo, muy por fuera del entendimiento del príncipe, parecía estar yendo específicamente hacia él. Lo fija que caía su mirada así sugería, aunque ante aquello el hombre de Daein no tuviese la menor idea de cómo reaccionar; indudablemente su vista seguía con confusión los gestos del consejero, luego con curiosidad y fascinación por la mezcla de fragilidad y fuerza en cada movimiento de su estrecho abdomen, pero no imaginaba en la más mínima medida qué se suponía que hiciese. Tan sólo le veía, tan sorprendido de lo bien que sentaba en él el cabello suelto, como de lo liviano y delicado que conseguía lucir al bailar. Inexperto, carente de contacto femenino o de la personalidad para buscarlo, Pelleas se perdía con facilidad ante un espectáculo de ese tipo, inclusive a sabiendas de quién era el bailarín; confundía que fuese tal y no una bailarina, mas no lo hacía menos llamativo.

Aún así, la atención de Judal sobre él ponía su nerviosismo en alerta, temiendo que se transformase en la atención de su público en general. Y él, la persona menos festiva y probablemente la más torpe sobre el barco, no haría más que quedarse parado como un idiota, si no huyese a la primera oportunidad. Desvió la vista hacia el marinero que servía y repartía jarra tras jarra de ron, atinando a tomar la que le había dejado a un lado. Ya podía regresar. Al moverse para hacerlo, sin embargo, se halló ante la clara escena de un hombre estirando una mano hacia Judal, y con el ceño fruncido y la defensa del pelinegro todavía como prioridad, se vio incapaz de retirarse. Aunque Judal lo envadió por su propia cuenta, sintió la necesidad de advertírselo cuanto menos. - Por favor tenga cuidado, Judal, alguien extraño se acercaba... c-con permiso. - No se atrevía a acercarse para hablarle; al contrario, se mantenía contra la pared de madera e intentaba dar paso hacia la puerta, aunque los obstáculos en su camino fuesen varios. Con torpeza su pierna dio contra un par de sillas que habían quedado vacías, apresurándose entonces a enderezarlas y apartarlas.

Para aquel entonces, ya era la cercanía de Judal la que le impedía seguir su camino de una forma que no fuese incómodamente obvia. Y no había parado de moverse, la tela semitransparente ondeando tan cerca que llegaba a rozar al mago. Su temor a ser incluido en la festividad se tornaba cada vez más tangible. - U-Um, no, no venga por aquí, este, yo no voy a quedarme-- - Alzó una mano, gesticulando con esta frente a sí para que parase. Aunque su tono fue más apresurado y menos parejo a medida que hablaba, había bajado la voz, como si de algún modo hablar más bajo fuese a disminuir la sensación de ser observado en un ambiente demasiado público, o de ser arrinconado por un bailarín. - Sólo vine a buscar esto, y-ya voy a regresar al camarote, tengo t-trabajo que terminar... -
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Re: El que enriquece rápidamente no será muy inocente [Privado Pelleas] [+18]

Mensaje por Judal el Dom Nov 27, 2016 11:50 pm

Los marineros cantaban y festejaban a su alrededor sin notar siquiera la presencia de alguien tan fuera de lugar en ese ambiente de fiesta, Pelleas podía ser un sapo de otro pozo en ese lugar pero la realidad era que pocos podían apartar la mirada de las chicas y sus movimientos, más atentos a las que se dejaban tocar que el pelinegro que esquivaba cada intento frustrando a los que sus intenciones. Aquello para algunos solo hacían que su atención se fuese a otra bailarina más predispuesta a dejarse tocar, otros gritaban más deseando más que lo que no podían tener y poco a poco en uno en particular crecía el enojo y después de un par de intentos ya comenzaba a moverse entre la gente para volver a acercarse con intenciones de tomar al pelinegro de manera más violenta. Este soloesquivaba y seguía con sus movimientos ligeros hacia el único que había llamado su atención y con quien sabía que estaría seguro sin importar que. Le vio tomar la jarra e intenta huir del lugar pero cerrando su camino se acercaba cada vez más manteniendo la distancia justa para no tocarlo directamente pero que las delicadas telas llegasen a rozarle.

La música cambiaba y los pasos del bailarín acompañaban con gracia siguiendo el ritmo sin esfuerzo alguno, improvisando en un baile simple pero vistoso, no era uno de los tantos que se sabía por coreografía y que involucraban saltos y vueltas más extremas, también requerían un piso más firme y sin riesgo de resbalar así como calzado más apto y quizás otra clase de ropa. Pero se divertía y saltaba a la vista que su danza era diferente a las de las chicas de puerto que acompañaban en el barco. Se acercó lo suficiente para poder escucharle y estando a tanta cercanía su mano se apoyó en el hombro del príncipe para mantenerle en el lugar mientras su cadera y vientre se seguían moviendo al ritmo de la melodía - No tema que ya sé como lidiar con quienes quieren mirar con las manos~ El trabajo puede terminar por esta noche y relajarse un rato. - no pretendía incluirlo en el baile pues saltaba a la vista que no sería la clase de hombre que se entregaría a la música o siquiera a esa clase de diversión pero si podía llegar a verlo como alguien que disfrutase de observar. Así era con los nobles, no se mezclaban con los demás hombres de placeres simples y directos, preferían desear antes de tener y elevar aquello a un punto de obsesión incluso, en cambio los hombres como los que estaban en ese barco preferían tocar, tomar lo que veían sin siquiera intentar saborear el momento antes. Manos toscas y brutas que no sabían tocar, mucho menos diferenciar una caricia de un pellizco. Su mirada bajó a las manos del príncipe y por primera vez cayó en cuenta de lo grandes que eran y seguramente al manejar libros y no espadas tendría manos especialmente suaves. Sus dedos bajaron por el hombro del príncipe delineando su pecho por sobre la ropa distrayéndose un poco con algunos detalles en esta  - Solo unos momentos, será como un pequeño descanso. Se lo tiene merecido. -

Tan centrado en mirar al hombre frente suyo no notó la presencia del marinero a su espalda, se había apartado mucho del centro del baile al arrinconar al pelivioleta ahora estaba más entre la gente que a la vista en el círculo improvisado de baile. Aquel marinero que se había visto frustrado en varias ocasiones por los movimientos esquivos del pelinegro se había acercado casualmente detrás de este cerrando su paso y la mano fuerte se aferró al escaso trasero del bailarín, los dedos gruesos y ásperos de una vida en altamar tirando de cuerdas y cargando cajas no eran para nada delicados y Judal soltó un chillido ofendido y se adelantó pegándose a Pelleas intentando escapar de aquella brusca mano - ¡INSOLENTE! - se giró apretando su cuerpo contra el del príncipe y miró con enojo al hombre que sonreía con sorna, apartándose un poco a un lado sujetó la mano libre de Pelleas - Usted tenía que trabajar y este lugar ya no es de mi altura. Demasiada mugre y no se puede bailar en paz. Le acompaño y seguimos en su habitación~ -
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Re: El que enriquece rápidamente no será muy inocente [Privado Pelleas] [+18]

Mensaje por Pelleas el Vie Dic 02, 2016 7:39 pm

Entendía que Judal sólo estaba divirtiéndose, disfrutando de al menos una noche alegre y despreocupada, entre las muchas que pasarían de forma monótona en altamar. Entendía que, para él, no debía de ser nada incómodo. Bailar parecía hacerle feliz y el ambiente parecía sentarle bien, pero Pelleas era una persona completamente distinta, sin la más ínfima idea ni la personalidad para acoplarse y comportarse como los demás. Aquel ambiente no era para él. Ciertamente tampoco lo era la cercanía física de otra persona, mucho menos alguien que se movía con tanta soltura y sin cesar por estar frente a él; muchísimo menos un varón, aunque no lo parecía del todo, y la delicadeza realmente hacía las cosas más confusas de lo que deberían ser. Perdido respecto a cómo reaccionar o qué hacer, sintió su rostro acalorarse más que nunca, tanto que seguramente debía ser visible y notorio. Agachó la cabeza un poco, como si con ello pudiese ocultarse. No suponía que Judal estuviese notando realmente cuan cerca estaba, o creía que estaría midiendo mejor sus movimientos, para evitar que su cuerpo a la altura de su cadera se aproximase tanto, base al movimiento de su plano vientre. A su incomodidad con el entorno y la atención, se sumó la tortuosa timidez de intentar no mirar e intentar no avergonzarse tanto por algo que, para Judal, parecía casual. Pese a las palabras del pelinegro, la necesidad de Pelleas de irse rápido se acrecentó y él negó con la cabeza. - N-No, gracias, creo que... esta clase de cosas, las fiestas en general, no son para mi... - Dijo, jamás habiendo mostrado una sonrisa tan nerviosa como en ese entonces.

Seguramente Judal solo quería que él también se divirtiese. Eso era lo que creía; que el consejero velaba por su bienestar y sus ánimos, intenando que pasara un buen rato allí. Pero no iba a relajarse o descansar si estaba avergonzado todo el tiempo, y estar con Judal, lamentablemente, no iba a servirle de mucho. Arrinconado, no podía prestarle atención a nada más, no podía tomar los pasos restantes hacia la puerta, mas se debatía en el intento de no mirar demasiado a la persona frente a sí, en temor de ser inapropiado o grosero. Le había visto en más relevadora vestimenta antes, también maquillado, pero fuera de parecerle un poco acongojante enseñar tanta piel en lugares públicos, jamás había llamado particularmente su atención. El cabello suelto hacía una diferencia, mas principalmente era la delicadeza al moverse y tocar, la femineidad de todo su aspecto en ese momento, lo que atraía su vista de regreso cada vez que intentaba apartarla. Un cuerpo masculino no llamaba su atención; uno de aspecto femenino lo hacía demasiado, más aún considerado el hecho de que jamás un miembro del sexo opuesto se le había aproximado así. Inclusive sabiendo que se trataba de Judal, era fácil confundirlo, y la inexperiencia amplificaba todo lo demás. El nerviosismo era inaguantable a esas alturas. Había dicho que no quería permanecer, pero no se iba, congelado en su lugar.

Hasta que la interrupción le sacó bruscamente de su dilema. El grito le dejó pasmado, más aún tener al bailarín contra su pecho, aunque instintivamente le tomó por el brazo. Sin un libro de magia entre manos, no tenía la valentía de enfrentarse a nadie, menos un hombre más fornido que él, aunque bastante más bajo. No habría sabido qué hacer, cómo evitar el conflicto. Judal, sin embargo, parecía enfrentarlo sin problemas, presto a responder sin miedo y soltar palabras desdeñosas. Le tomaba cada vez más desprevenido su fortaleza de carácter. - Judal, espere, no debería-- - Comenzó a advertirle, moviéndolo hacia un lado para detenerlo y en parte escudarlo de un problema. No obtante, sus palabras pronto hicieron un eco que volvió a considerar. - ¿S-Seguir qué? - Preguntó entonces, en una voz mucho más baja y cautelosa, poco más que un murmullo. No estaba seguro de todo el asunto, pero al menos, implicaría al fin salir de la concurrida cubierta y regresar donde había pretendido desde el principio. Carraspeó. - C-Cierto, tengo que irme-- tenemos que irnos, quiero decir. -

Se apresuró a andar, demasiado gustoso de alejarse del sitio. Sin liberar su mano de la ajena para no perder noción de donde estaba, se adelantó al bailarín para guiarle aprisa al interior de las recámaras y pasillos cerrados de la embarcación, vacíos a aquella hora y en aquella noche, pues casi todo pasajero y tripulante estaba en la cubierta. Entre más lejos de su fuente de ansiedad y aquel posible conflicto, más calmo se sentía. Empujó abierta la puerta de su camarote con el codo, pues su mano estaba ocupada con la gruesa jarra de ron, y allí se detuvo. Su mano dejó la del otro y su disposición se tornó nuevamente inquieta, hablándole con la vista hacia abajo. - Lo lamento mucho, parecía estar divirtiéndose... yo, um, iré a continuar mi trabajo, y si gusta puede... descansar aquí, donde nadie lo molestará. - Musitó. No creía poder tener la conversación que había querido tener con Judal, no esa noche; francamente, tampoco estaba seguro de que fuese bueno seguir tan cerca cuando la mera noción de invitarlo dentro le ponía tan nervioso, culpa del aspecto femenino que seguía pareciéndole embelesador. Pero no podía desentenderse, al menos debía ofrecerle sitio tranquilo y seguro. Entrando al camarote, se dirigió directamente a su escritorio, para dejar junto a sus tinteros y plumas la jarra de alcohol. Lo pensó dos veces, la empinó para beber dos gruesos tragos y entonces sí la dejó.
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Re: El que enriquece rápidamente no será muy inocente [Privado Pelleas] [+18]

Mensaje por Judal el Mar Dic 27, 2016 10:10 pm

Su actitud le podía meter en muchos problemas pero también le sacaba de otros tantos, la seguridad que mostraba y la altanería, acompañado de un hombre aún más alto detrás suyo y de ropas nobles habían ayudado a que el marinero perdiese interés, sobretodo por ser de conocimiento de la tripulación que aquel hombre debía llegar cómodo y seguro a Durban por ordenes de la reina. Libre de aquel problema llevó fuera del recinto al pelivioleta ignorando la pregunta que le había susurrado y dejando que le comenzara a guiar él cuando ya estaban lejos de la gente. Su humor comenzaba a mejorar pese a que su diversión había sido interrumpida, estaría a solas con el príncipe y si jugaba bien sus cartas podría complacerle y dejarle más feliz que esa jarra de ron. Un príncipe feliz y complacido era mucho más predispuesto a dar aumentos y ascensos, cosas que siempre venían bien para engrosar el bolsillo o sus antecedentes laborales.

El primer paso dentro de la recamara del príncipe en aquel barco eran los principales, si lograba mantenerle tranquilo y a gusto ya estría ganando pero no fue así, el hombre parecía nervioso y eso no era del todo bueno aunque podría hacerlo funcionar. Al verse librado de la mano ajena procuró dejar aquel agarre con una caricia casual mientras se aproximaba a la puerta y cerraba la misma para que no le molestasen - No debe preocuparse, príncipe~ Su presencia fue lo que necesitaba para salir de ese lugar, ya el público no era de mi agrado y cuando el alcohol estuviese más al orden de la carta hubiese sido momento para que me retirase. Acostumbro bailar para personas de más alta cuna y mejores modales, no a una masa de simios sin cerebro que solo se preocupan de ocupar las manos. - dijo con soltura mientras recorría el camarote examinando la cama, amplia y cómoda, mejor que la suya, una pequeña ventanita cerrada, el escritorio repleto de papeles y apuntes del príncipe, parecía desplegar esos apuntes a todo lado donde pudiese. La llama de la vela en la lámpara daba una buena iluminación al escritorio pero no al resto de la habitación dejando en una agradable penumbra. Estiró su espalda arqueándola lo suficiente para resaltar la cintura y caderas que no poseía y quebró un poco su cintura para remarcar la curva de sus piernas, estiró sus brazos hacia arriba y los bajó hacia su espalda pasando sus manos por la nuca y al levantarlas de nuevo llevarse su cabello empujándolo hacia atrás como una amplia cortina negra de ondas brillantes y suaves. Pasó la gran masa de cabello a su hombro y uso su mano para darse algo de aire al cuello delgado, la tela semi trasparente que había usado para bailar aún colgaba de su mano y se movía con la misma fluidez que su cabello - Hacía mucho que no bailaba y es bueno no perder el contacto con las artes. Muchos libros oxida el cuerpo~ - dijo acercándose con pasos silenciosos y su cabeza algo inclinada hacia donde caía su cabello por su hombro y pecho hasta casi sus rodillas.

Le veía beber con apremio y eso era bueno, cualquier cosa que le ayudase a relajarse y a permitirle al bailarín tomar ventaja de la favorable situación. Se apoyó en el borde del escritorio y su mano pasó por sobre algunos de los apuntes corriendo con cuidado de no mezclarlos, ya había visto lo cuidadoso que era con sus pequeñas historias y cartas así que no le daría razones para molestarlo, solo se hizo suficiente espacio para poder apoyar su trasero y su mano allí - ¿En que trabajaba? - nunca estaba de más mostrar interés por las cosas que hacía el otro.
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Mensaje por Pelleas el Lun Ene 02, 2017 9:31 pm

No podía cuestionar a Judal por preferir la calma y seguridad de una habitación cerrada, donde estaría en compañía en lugar de en soledad. Aún si Pelleas no se consideraba precisamente una presencia protectora, al menos esa recámara, por ser su camarote, probablemente sería suficiente. Tampoco podía culparle de hacer nada fuera de lugar, pues en sus viajes por Akaneia habían compartido repetidas veces habitaciones de paso y carruajes cerrados; si el cerrar de la puerta que los aislaba juntos le ponía un tanto nervioso, era sólo por motivos enteramente dentro de la mente del príncipe, dado que no era una situación anormal en absoluto. Aún así, en efecto, le tensaba un poco. Todavía no se quitaba de encima la cosquilleante sensación que el bailarín le había dejado allí afuera, aproximándose con las telas y joyas adornando sus movimientos, y el cabello largo enmarcándole tan grácilmente la mirada delineada en profundo violeta. Francamente, esperaba que pronto pasara.

No era cómodo verle de esa forma, en el ligero atuendo de baile, acomodándose el cabello en modos que cubrían cualquier rasgo masculino en su imagen. Al contrario, lo opuesto era realzado, y de alguna forma parecía encantador así. Pese a todo, Pelleas continuaba siguiéndole con la mirada. Esa clase de belleza, la de las mujeres danzantes y la del delgado y menudo varón en ese momento, siempre habían parecido demasiado como para alguien tan poco interesante como él mismo; difícilmente se habría atrevido a mirar a esa clase de personas antes. Ahora que alguien así yacía justo allí, sólo se hallaba distraído y un buen tanto avergonzado. Su mente no iba lejos, bloqueada de imaginar cualquier cosa, preocuparse de qué era lo que pensaba continuar en privado, o siquiera destascarse de sus confusiones, pero con verle bastaba. Y esperaba que sólo así quedase, a fin de cuentas.

- Oh... estoy seguro de que no es tan grave, pero si realmente prefiere dejarlo así... - Titubeó, bajando la vista al dorado opaco del líquido en su jarra, reflejando en su superficie la luz de la lámpara. Pese a su mirada esquiva y algo avergonzada, se esforzó por responderle con serenidad, sin olvidar cuanto le debía al consejero; cuanto menos, debía ser cordial y velar por él en la medida en que pudiese. - No es que sea una molestia aquí, así que, um, sírvase descansar. - Terminó por decir. Descansar era lo que esperaba que hiciese, lo que daría un simple y tranquilo término a la noche. Judal aprovechando la habitación para relajarse y él regresando a su trabajo, hasta que toda sensación de que algo era distinto se desvaneciese en las horas. El mago, inclusive, se dispuso enseguida a cambiar su enfoque, dándole la espalda por breves momentos al bailarín, mientras tomaba de una pequeña repisa cerrada, de cortas puertas de madera, un par de pisapapeles y lazos de fino cuero que necesitaría para resguardar sus escritos. Mantuvo la vista en tales objetos de momento, moviéndose aprisa para recogerlos entre manos.

- Recordaba que lo había mencionado, pero desde que partimos de Plegia, jamás le había visto bailar. Um, en realidad, tampoco había visto a un hombre hacer esa clase de cosas antes, creí que era un oficio femenino... pero ha sido-- - Al girarse de regreso, se halló con el pelinegro sentado ya en el escritorio, haciéndole frenar de súbito. Su cabello, al estar acomodado por sobre su hombro, sólo se derramaba frente al cuerpo de Judal en lugar de sobre sus documentos en el escritorio, sin entorpecerle en lo más mínimo. El consejero sólo ocupaba aquel reducido espacio, al parecer completamente casual al respecto. Tras el breve momento de sorpresa, Pelleas agachó la vista a la superficie de madera y lo que yacía en esta. - L-Lo hacía bien. Ha sido, um... vistoso. -

Evadiéndolo tan bien como podía, el mago ordenó los cuadernos abiertos que había dejado, su tinta ya seca en sus páginas. Acercó y apiló los demás pergaminos sueltos, apoyando sobre estos los pisapapeles para que el movimiento del barco, aunque suave, no fuese a moverlos de su orden. En ello, pasó frente y tras Judal un par de veces, recogiendo objetos de un lado o del otro del bailarín, mas nunca alzando la vista a él. El hombre de cabello ondulado se movía más aprisa de lo que debía en esos instantes, casi pretendiendo que el pálido cuerpo de cabellera larga no estaba en su escritorio, sólo acercando sus cosas a un espacio distanciado. Aún así, pese a todo, la pregunta causó un ligero cambio en su expresión, una sonrisa leve pero honesta. - Escritos personales, principalmente, ahora que estoy tan cerca de regresar a casa... supongo que no es algo exactamente importante. Hay cosas que debo de pensar y redactar antes de la llegada, cosas que quisiera preparar para presentar en Daein tanto como a la reina de Durban, pero no creo comenzar ahora mismo... usted no se preocupe de esto, de momento. - Dijo, relativamente calmo en ese aspecto. Declararse prácticamente desocupado quizás no fuese la mejor idea, aunque en ese momento, pensaba más bien en aclarar que no necesitaba de su asistencia en su trabajo.
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Mensaje por Judal el Jue Mar 30, 2017 1:38 pm

Se regocijaba en lo que veía, el príncipe de un país, un mago poderoso y sabio entre los suyos capaz de traer la misma ira de Grima a la faz de la tierra en forma de sombras y hacer temblar hasta el más ruin de sus enemigos con solo concentrar su energía oscura estaba frente a él con manos sudorosas y miradas esquivas. Sabía el poder de la seducción y la desgracia que podía traer una mujer hermosa a la vida de un hombre, así como hasta el más fiero de los guerreros podía morir bajo las garras de un arpía... pero él era más que eso, lograba aquello incluso sin aquella despiadada arma que las mujeres poseían, aún siendo varón y aún sabiendo que al pelivioleta no le gustaban los varones de ese modo él estaba logrando el mismo nerviosismo que había sido la perdición de muchos. Se volvió a acomodar, adelantó un poco una pierna y cruzó a la altura de los tobillos para dar la sensación de torneado en sus piernas y de sobresalir de su cadera, subió un poco su hombro y lo movió para que la tela ligera lo descubriera mostrando aún más piel pálida, bajó su mentón para que las sombras de la vela marcasen de manera más delicada sus facciones y no delataran cualquier estructura ósea masculina, incluso su nuez de Adán estaba cubierta por el collar ancho de oro, sus dedos acomodaron su cabello para que pasase por su costado y cayera sobre su muslo con apariencia casual aunque en realidad fue sumamente cuidadoso en poner cual y tal mechón de un lado o sobre su pierna.

Al levantar un poco su mirada observó la espalda del príncipe, ancha y de hombros huesudos, tenía buen porte pero no sabía que tanto llenaba aquella anchura... ahora que lo recordaba nunca había visto a Pelleas con poca ropa, el día que lo conoció había estado con un uniforme de tela ligera pero a diferencia de los uniformes comunes en Plegia el suyo no era semi trasparente y la capa siempre parecía cubrirlo demasiado. Recordaba haber pensado que aquel hombre tenía más fuerza que él, cosa que había comprobado en varias ocasiones cuando lo manipuló para atarlo o incluso cuando lo cargó sin dificultad en la iglesia de Grima en Nohr, era un hombre fuerte pero aparentemente no macizo. Vio sus manos grandes tomar con cuidado las piolas de cuero y los pisapapeles, le encantaban esas manos, miró su altura y como se movía con velocidad pero con cuidado exteriorizando su nerviosismo de esa manera. Era un gigante amable a primera vista. Sonrió con mesura - Disfruto mucho el bailar por diversión pero también extraño el bailar en un lugar amplio, de pisos de mármol o alfombrados, música de una banda que sepa lo que hace y un público que aprecie realmente los movimientos del cuerpo más que solo para poder tocarlo. Extraño tener vestuarios acordes y no solo lo que tengo en el viaje. - estaba seguro que si Pelleas lo viese bailar así lo desearía tanto como los nobles lo habían deseado, ese deseo que iba más allá de cualquier timidez.

Miró una última vez los escritos que le importaban poco en ese momento pero que el arcano parecía despertarle pasión solo con mencionarlos, era maravilloso ver a alguien hacer lo que ama pero para Judal no podía ser más aburrido si esa cosa que amaba no era algo de su interés, igualmente fingió estar escuchando cada palabra aunque lo único que captó de inmediato fue que estaba libre. Pelleas tenía una noche libre de sus papeles, una jarra de ron en sus manos y a él en escasa ropa en su camarote, nada podía haber hecho aquella noche más perfecta - Entonces disfrutemos una noche libre, toma asiento y beba tranquilo, se merece un descanso y un momento relajación. - se había separado de la mesa y tomando la mano libre del príncipe con suaves caricias le guiaba hasta la silla para que se sentase allí, sus movimientos eran especialmente ondulantes marcando siempre el mover de sus inexistentes caderas y cintura - Quizás pueda ayudarme en algo... aún tengo ganas de bailar pero afuera es imposible, quizás pueda ser el público civilizado que busco. -
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Mensaje por Pelleas el Sáb Abr 15, 2017 2:22 am

Insistentemente evitaba mirarlo. La lámpara que había tenido encendida antes de salir de la habitación casi había terminado de consumirse, además de hallarse un poco distanciada del escritorio, pero bastaba para permitir una vista suficientemente clara de Judal sentado sobre el mueble, con las joyas destellando en su cuello y muñecas. Su largo cabello oscuro, suelto, cubría un tanto su piel donde la ligera vestimenta de bailarín adrede la mantenía descubierta, pero no lo suficiente. Seguía siendo distrayente de una forma confusa, delicada y desconcertante. Cabizbajo, manteniendo las manos ocupadas en ordenar lo que yacía sobre el escritorio, Pelleas se aseguraba de no darse siquiera oportunidad de volver la mirada a él, centrándose sólo en su voz, aunque seguirle el tema se tornara cada vez más difícil. Mencionaba justamente en lo que no quería pensar, a lo que se dedicaba usualmente y cómo lucía, ahora que él lo había visto. - Uhm, bueno, sí... n-no sé si en Daein sea muy... común... - Murmuró en respuesta, intentando y fallando en atar el nudo adecuado alrededor de un escrito sin encuadernar. El nerviosismo le entorpecía las manos de sobremanera. Ciertamente no se había oído de bailarines varones en su país de origen, hasta donde Pelleas había sabido en su vida; la separación de rasgos de género era clara y tajante, y con esos conceptos había crecido él. Era una lástima privar al otro de lo que disfrutaba hacer, pero era todo lo que podía decirle.

Ni siquiera cuando Judal siguió pudo contestar de forma adecuada, tornándose horriblemente notoria, a su propio criterio, su falla del habla. Estaba libre, tenía su jarra, podía relajarse, pero no pensaba que fuese buena idea hacerlo. Agachó la cabeza un poco más, tomando aire para hablar pero no llegando a formular palabra alguna; su renuencia a mirar a Judal en esos momentos, a realmente verse a solas con él, rozaba el miedo. Usualmente podía ser un poco más elocuente que eso a su lado. Era una persona callada, por naturaleza, pero hablar con quien había sido su compañero de viaje desde su segunda vez en Plegia, en su ruta por toda Akaneia y ahora aquella travesía en el mar se había vuelto bastante cómodo para él, con el paso del tiempo. Cada largo tramo en carruaje cerrado y cada tarde en una posada u otra le habían hecho capaz de expresarse con Judal, así fuese en voz baja gran parte de las veces. En ese momento, ni siquiera eso lograba. Tragó saliva. Sin saber qué decir, primero se rindió respecto a la tarea manual que sus temblorosas manos en definitiva no podrían realizar, sólo juntando los documentos bajo los pisapapeles, separados como debían estar. Allí se quedó sin distracciones, sin excusas, y mientras juntaba sus manos para acomodarse ociosamente los anillos, cometió el error de volver la vista instintivamente al bailarín.

Caminando en pasos ligeros y silentes, con el cabello sobre su hombro y cayendo a un costado de su cuerpo, el hombre de ojos rojizos se aproximaba directamente a él. Bajando y subiendo la vista con clara inquietud entre su rostro y su pequeña cintura, Pelleas no llegó a retroceder medio paso antes de que las manos de Judal tomaran una de las suyas; jamás, hasta ese punto, había notado cuan pequeñas parecían en contraste, cuan suaves se le hacían al tacto. Quizás su imaginación tornaba más femeninos muchos de aquellos rasgos, pero era el modo en que lo percibía en ese momento. Delicado y bello, una muchacha de corta estatura y complexión fina a sus ojos, del tipo que jamás prestaría atención a alguien como él. Sin el carácter como para negarse a ser llevado, dejó que esas manos guiasen la propia. Sin embargo, enseguida un movimiento tenue del barco, un ladeo en algunos objetos de la habitación y una disminuición notoria de la iluminación, causada por la lámpara que al fin se agotaba, sobresaltaron de más al mago oscuro. Este, en lugar se ser guiado grácilmente a su silla, trastabilló y se sintió más bien empujado, cayendo con torpeza en el asiento. Las intenciones de Judal, expresadas con más claridad en ese momento, no hicieron mucho por aliviarlo.

- ¿Q-Qué? Eh, yo-- eh, e-este-- - Tartamudeó enseguida, con más intensidad que antes. Entendía a la perfección lo dicho, pero no se creía capaz de estar en una situación así. Apenas podía ver el espectáculo de lejos sin avergonzarse en demasía, algo así de personal era demasiado. Apenas había bebido, pero ni con todo el ron del navío habría tenido esa clase de coraje. Todavía incapaz de ver al rostro ajeno por más de un segundo consecutivo, nuevamente sus ojos hicieron el subconsciente recorrido hacia abajo y hacia arriba al intentar excusarse. - N-No lo sé, Judal, yo no-- es v-vergonzoso, disculpe... - Hizo amago de levantarse también, mas con el consejero frente a sí, tenía que acercarse demasiado o bien moverlo a él para salir de su posición. Lo intentó, llevando la mano pero apoyando sólo las puntas de los dedos contra el torso ajeno, y retirando apenas al sentir la piel y algún mechón de cabello. Tocarle no era una opción, ya no, la situación había hecho que se sintiera demasiado extraño al respecto. El color había subido a sus mejillas de súbito, disimulado por el cabello ondulado al agachar el rostro. El calor se hacía presente en el resto de él. No obstante, no tardó en hallar otra excusa que dar. - ¡C-Creo que se a-acabó el aceite de la l-lámpara! D-Debería cambiarlo... -
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Mensaje por Judal el Mar Mayo 02, 2017 11:17 pm

El barco se movía y las olas lo acariciaban con más o menos violencia a cada vez, os vientos nocturnos arremolinaban algo de agua en los costados de la estructura de madera y a veces el suave mecer apenas perceptible se podía transformar en vuelcos un poco violentos que movían uno que otro mueble o hacía que objetos rodasen por sobre la mesa. El príncipe había perdido equilibrio con uno de estos movimientos y cayendo sobre la silla la arrastró un par de centímetros sobre la rugosa madera del piso, mismo el bailarín se tuvo que sujetar del escritorio de manera sutil para no tropezar, con un punto de referencia para su equilibrio era mucho más sencillo solo mover su cuerpo para mantenerse en pie. El contacto de los dedos del príncipe le hicieron soltar una risita traviesa pero entendió enseguida que no había sido ni por asomo intención del pelivioleta siquiera rozarle, ni siquiera por accidente ya que parecía morirse de verguenza en el acto, entretenido con ello se quedó en el lugar sin permitirle levantarse. Las luces habían bajado y viendo la ventaja de aquello aprovechó la cortita llama para inclinarse sobre la lámpara y soplar para dejar el lugar a oscuras mientras los ojos se acostumbraban a la nueva noche - Seguro aún queda pero no lo gastemos, seguro que después va a necesitarlo y no querrá ir a buscar aceite fuera. - desconocía si Pelleas tenía reservas de aceite para quemar en aquel lugar o efectivamente tenía que ir al depósito de provisiones para recoger más, pero muchas veces solo necesitaba decir con seguridad lo que quería hacer para que fuese hecho - Usted siéntete, beba y relájese, con poca luz será menos vergonzoso ¿No lo cree así? Permítame. - con sus pies ligeros estiró su pierna para dar un paso pero se quedó allí un instante, como si dudase hacia donde ir antes de efectivamente avanzar hacia una de las paredes del camarote, no había dudado pero si se había tomado el tiempo de ver su pierna estirada y como la tela se desplazaba por su extremidad, con sus ojos acostumbrándose a la oscuridad observó como la escasa luz hacía ver su cuerpo y conforme con lo que veía se dirigió hacia la pequeña ventana cerrada y la abrió. El aire salado entró a la recamara pero al no tener pasaje por la puerta no formó corriente de aire alguna, solo salpicando de tanto en tanto unas gotas de agua y dejando que la luz de la luna de aquella noche despejada fuese lo que diese iluminación para su espectáculo.

Los tonos fríos de la noche desaturaban los colores de su traje y cada vez que la luz lunar tocaba de la manera correcta la joya en su cuello un destello rojo daba un toque de color a su figura. Sonriendo suave ignoró por completo las palabras de nerviosismo de su príncipe que negaba la oferta y se paró frente a él, afuera aún se escuchaba ahogada y lejana la música de los marineros, las risas y el ritmo marcado de las palmas y las pesadas botas contra el piso, eso sería suficiente, él podía transformar esa burda canción mediocre en una pieza de baile digna de un príncipe - Le agradezco mucho que me de su atención... - a conciencia afinaba ligeramente su voz y mantenía un tono bajo y sumiso mientras adelantaba una pierna poniendo un pie frente al otro y levantaba sus brazos dejando que su cabello cayera por su espalda y se abriese como un abanico por uno de sus brazos hasta que los mechones ondulados se dividieron al unirse sus manos alto sobre su cabeza. La luz de la luna solo iluminaba un lado del bailarín acentuando curvas y suavizando las partes más rígidas de su cuerpo. Poco a poco acostumbró su mente al ritmo y moviendo su cadera siguiendo este, en inicio lento y sutil hasta hacerlo un movimiento ondulante y marcado de vientre, las telas que caían por los costados de su pantalón bajo seguían este movimiento. Sin darle demasiado tiempo para que lograse interrumpirle bajó poco a poco sus brazos haciendo contacto visual tal pronto como encontrase su mirada y sin dejar de mover su vientre se acercó paso a paso hacia la silla donde descansaba el futuro monarca.
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Re: El que enriquece rápidamente no será muy inocente [Privado Pelleas] [+18]

Mensaje por Pelleas el Dom Mayo 21, 2017 5:41 pm

Había algo en lo que Judal tenía indiscutiblemente la razón: la oscuridad lo hacía todo un poco más tranquilizador. Si bien el hecho de que apagase adrede la lámpara le había dejado perplejo, la negrura que reinó después en su camarote se le hizo tanto más cómoda, permitiéndole un momento de bajar los hombros y exhalar en paz, dejando la espalda yacer contra el respaldo de la silla. Lo que no veía, no le preocupaba tanto. Repentinamente parecía mejor dejarlo así. Se mantuvo por unos instantes bajo la impresión de que eso sería todo, a luces apagadas Judal no tendría opción sino hacerle caso al príncipe, desistir de las intenciones que tanto lo avergonzaban y terminar su noche así. Judal estaba apartándose un poco, por lo que eso debía ser. Bebió en parte porque aún sus nervios lo necesitaban y en parte porque rara vez no hacía como el otro le indicaba, empinando la jarra para un par de gruesos tragos. El ron no ayudaba al calor esparcido por su cuerpo a irse, pero de algo servía.

Fue al bajar la jarra sobre la superficie del escritorio que cayó en cuenta de que las cosas no procedían como pensaba, y su instante de calma se desvaneció. Una pizca más de iluminación se hizo presente a través de la ventana abierta por el hombre de delicada vestimenta, así como el suave sonido de las aguas en movimiento. Nuevamente podía verle posicionarse ante sí, con la mirada tan acostumbrada ya que se dibujaba no sólo su silueta, sino que claramente todo asomo de piel pálida bañada en luz azul. Su cabello y sus joyas resaltaban otra vez, y no le había dado tiempo a salir de la silla antes de volver a tenerle arrinconado, sin más con qué distraerse ni posible evasión. - J-Ju-- - Apenas intentó hablar, la voz ajena le calló y le aceleró el pulso en el pecho, leve y fina. Cerró la boca. No podría siqiuiera pretender que no estaba mirándolo, no al rostro sino a la preciosa imagen de una cintura femenina decorada por telas vaporosas, largo cabello ondulado y la brillante caída de alguna que otra cuenta dorada a borde inferior de la ropa. La timidez le carcomía, pero seguía cada ínfimo gesto suyo, complementado por música distante y ajena. Si su atención era todo lo que pretendía, había conseguido mucho más.

El hecho de que fuese precisamente para sus ojos que diese esa delicada y agradable muestra era, por lejos, lo más abrumador. En su vida jamás le había prestado atención alguien que se viese así, como la clase de muchachas que un hombre sin carácter sólo podía admirar desde lejos; moría de verguenza, pero estaba fascinado por ello, sin voz, sin poder separar la vista. El calor se acumulaba bajo su vientre y no podía evitarlo. Separó los labios sin conseguir nada qué tartamudear, despertando del ensimismamiento sólo cuando Judal se le aproximó; de súbito fue consciente del acaloramiento dentro de su ropa y la incomodidad en su entrepierna que, algo abultada, se sentía más que apretada en sus pantalones. Todo su rostro se ruborizó en verguenza por su estado, y de inmediato adelantó las manos para detener al bailarín de acercarse más. Poca esperanza albergaba de que su agitación pasara desapercibida, pero al menos quería evitar eso. Aunque tocarlo fuera lo último que pretendiera hacer, con las manos acaloradas le tomó con firmeza por la cintura y le echó un tanto hacia atrás, antes de volver a soltar. - L-Lo s-siento, no p-puedo... di-disculpe... - Se excusó en un hilo de voz, poco más que una exhalación. No podía moverse; cada intento era otra presión incómoda entre las piernas, además del peligro de rozar contra el otro o hacer más obvio lo que le sucedía. Sólo podía ladear la cabeza para apartar la mirada al suelo, deseando desaparecer.
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Re: El que enriquece rápidamente no será muy inocente [Privado Pelleas] [+18]

Mensaje por Judal el Dom Mayo 21, 2017 9:22 pm

El ambiente había quedado a punto de caramelo para el bailarín, con la ventanilla abierta se escuchaba un poco mejor la música y el sonido del agua ahogaba la claridad del sonido haciendo un murmullo blanco de las voces de los marineros y posibles improperios que arruinasen el ambiente, el aire fresco y salado despejaban la mente y seguramente aliviaban un poco el calor del alcohol pero no había suficiente corriente como para que se llevase la posible borrachera, ignoraba completamente el bailarín la resistencia que tenía el príncipe y que media jarra de ron puro le haría lo mismo que un trago de agua cuando para otro ya era suficiente para dejar una risa fácil y manos atrevidas. Aún era temprano para ver que el alcohol no hacía nada en el pelivioleta pero seguramente se daría cuenta mas tarde que temprano de la frescura de mente de este, claro, si no es que lograba que otros factores le turbasen la razón. Y era justo a eso a lo que apostaba.

Comenzaba a tener todas las reacciones que deseaba, la voz baja y cortada sumada a la intensidad de su mirada le alentaban a seguir, a mover aún más lenta su cadera sin perder el ritmo, acentuar más el movimiento de su cintura y el hundir de su vientre en cada movimiento, el tener sus brazos alzados expandía un poco su pecho y acentuaba su cintura al dejarle más delgado y estirado, como una sirena hacía con su canto, él hacía con su cuerpo seduciendo mostrando la belleza femenina que podía poseer antes de mostrar su verdadera naturaleza masculina. Finalmente, manos sobre su cuerpo le hicieron cosquillear la piel al sentirlas calientes, incluso ligeramente húmedas, sea por los nervios, por el calor o mismo por haberse mojado con el ron y el movimiento del barco, pero cuando le abandonaron los fuertes dedos del príncipe sintió el escalofrío de la humedad sobre su piel. Y de inmediato aquella infamia de apartar la mirada, aquella maldita costumbre de mirar el piso como si este fuese mucho más interesante de lo que tenía enfrente. Un poco frustrado bajó sus brazos sin retroceder, inclinándose un tanto para tomar con la punta de sus dedos en una caricia los lados del rostro ajeno e incitarle para que alzara nuevamente la mirada - ¿Ha perdido algo o el piso le da un mejor espectáculo que yo? Me sentiré mal si me desprecia así. - el tono juguetón de su voz ligeramente aguda se coronó con una ligera risa que si bien no era exactamente femenina tampoco se le podía catalogar como masculina, apenas un risita traviesa que acentuaba su actuar femenino a sabiendas que era eso lo que el hombre buscaba.

Demasiada cercanía podía jugarle en contra, pero con el cabello suelto cayendo por un costado de su rostro apenas confirmó que Pelleas hubiese alzado su mirada terminó de rozar con una caricia su rostro hasta su mentón y se apartó solo lo necesario para girar y que su cabello cayera como una cascada por su espalda cubriendo casi todo su cuerpo hasta sus rodillas, acentuando el movimiento de sus caderas permitía que estas asomasen por un lado y otro del manto negro ondulado y levantando sus brazos por su cabeza acarició el costado de esta para apartar muy lentamente su cabello revelando su espalda arqueada, cintura marcada y caderas pequeñas, las telas que caían lo hacían tan bajo en su cadera que el comienzo de su trasero se hacía evidente incluso mostrando un tanto más de lo que se consideraba decente. Ladeó un poco su cabeza para mirar sobre su hombro siempre espiando las reacciones de su príncipe, mirada entrecerrada y enmarcada en negro y violeta que le invitaba a mirar lo que poco a poco su cabello revelaba - Mh, ¿podría apartar un poco la tela de mi espalda que me hace cosquillas mientras me muevo? - dijo doblando un poco sus rodillas sin dejar de marcar el ritmo quedando más al alcance de sus manos, su espalda estaba casi al descubierto pero una de las telas vaporosas se enganchaba en el traje a su espalda y una colita de esta caía por el centro de esta, efectivamente acariciando de un costado a otro en cada movimiento.
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Re: El que enriquece rápidamente no será muy inocente [Privado Pelleas] [+18]

Mensaje por Pelleas el Lun Mayo 22, 2017 1:17 am

Los finos dedos del bailarín se sentían notoriamente frescos contra su acalorado rostro, agradables de tener allí. Y sin embargo, desbarataban sus nervios más de lo que necesitaba en esa situación. Por un momento se resistió a la gentil guianza, agachando la cabeza cuanto pudiese para evitar aún mirarlo, aunque por ello terminase viendo sólo la tenue curvatura del vientre ajeno al inclinarse. No se atrevía a enfrentarse a sus ojos, avergonzado por sí mismo, por su propia forma de contemplarlo justo antes, además de convencido de que en cualquier instante sería notada su agitación. El calor no parecía querer ceder. Aún así, la voz ajena de algún modo le ilusionó, convenciéndolo de dejarse llevar por su tacto; tanto parecía querer que lo mirase, que no ayudaba en absoluto a deshacer la fantasía, sino a alimentarla. Atraído por la voz fina y los suaves ademanes, el daeinita alzó la mano para rozar el dorso de la ajena y responderle de inmediato, encontrando su mirada al desear asegurar su sinceridad. - N-No lo despreciaría. No ha sido mi intención que lo parezca, lo siento, y-yo sólo... es sólo que debería de... -

Separarse de Judal era lo que debía de hacer, pero moverse fuera de su silla no parecía una buena idea. Las manos frescas dejaron su rostro y el bailarín hasta tomó algo de distancia, pero aún de ese modo, le habría tornado demasiado nervioso perder la caída de la túnica sobre su regazo como disimulo, como para alzarse. Tampoco era que verdaderamente quisiera hacerlo. De súbito le preocupaba si Judal estaba dándole la espalda para irse de regreso afuera o si se quedaba aún; y no supo si sentirse aliviado o no de constatar que era lo segundo, que sólo se estaba acomodando el cabello y la ropa un poco. De cualquier modo, la atención del príncipe inmediatamente volvía a recaer en sus gestos, hallando igual de fascinante el experto y medido movimiento de su cintura, como el tan simple y mundano gesto de tomarse y acomodarse el cabello. Con una imagen femenina, del tipo que otrora pudiese admirar lejanamente, lo común podía serle inmensamente entrañable. El sólo lucir delicado y andrógino era lo encantador, en sí, aunque fuesen los movimientos sugerentes los que apresuraran su pulso y aumentaran el calor que sentía, ya ahogado en la ropa de cuello cerrado. Hizo lo posible por ignorar aquello, aunque su rostro siguiera por completo ruborizado. Una invitación a estar más cerca y a tocarlo no ayudaba.

El primer impulso era decir que sí. Quería seguirlo, tener la oportunidad de rozar algo que estaba seguro que yacía fuera de su nivel; estaba decidido a ignorar el efecto físico que todo había tenido, pero se contentaría con ayudarle con su ropa y verle lucir aún más agraciado. El resto pasaría. Hizo amago de alzarse y enseguida desistió, tomando aire rápidamente al vover a sentir la presión del pantalón cerrado contra su entrepierna, semi excitado como mucho, pero incómodo igualmente. Creyendo que Judal miraba al frente, apresuradamente se acomodó la ropa sobre el regazo, asegurándose de que la caída de la túnica, dividida, quedara entre sus piernas. - Uhm... s-será mejor que me quede. - Murmuró. Tenía la voz tomada, y ni siquiera hablando en tan bajo volumen terminaba de disimularlo. Sólo estiró la mano para tomar el final de la liviana tela con cuidado, en ningún momento rozando siquiera la pálida piel de la espalda ajena. - P-Pero lo ataré para que no sea una molestia, si me permite. - Completó. Judal era lo suficientemente pequeño como para quedarle a una altura accesible todavía; podría atar la tela en un pequeño nudo tras su cuello si sólo bajase un poco más. Con un leve toque de nada más que las yemas de los dedos en su costado, hacia abajo, se lo indicó.
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Re: El que enriquece rápidamente no será muy inocente [Privado Pelleas] [+18]

Mensaje por Judal el Miér Jun 28, 2017 1:13 am

Finalmente podía sentir aquella sensación familiar, ese peso en su nuca y placer al estar bailando, le estaba mirando, el príncipe de Daein, el mago oscuro de mayor poderío de todo Tellius, el hombre con más poder y oro para el que había trabajado, le estaba mirando pesadamente. Casi podía sentir su mirada recorrer su cuerpo, sus movimientos. Se sentía seguro de que ahora si le había atrapado fuese por sus palabras y gestos o por que el ron finalmente subía a su cabeza, cualquiera de las dos servía aunque comenzaba a notar que era la primera pues Pelleas no mostraba ni un ápice de alcohol en su sangre, era eso o estaba frente al borracho más discreto del mundo. Su iris carmín miraba por el rabillo del ojo las reacciones ajenas con mesura propia de las damas por si era descubierto espiando. Verle ruborizado le hací aun mantener su teoría del alcohol sobre la mesa pero rápidamente esta se evaporaba a medida que Pelleas se desenvolvía en la situación actuando como siempre lo hacía... quizás en el barco el ron estaba tan cortado con agua que no afectaba casi al daenita. Sobretodo cuando este se movió incómodo en la silla en un gesto que reconocía con familiaridad intentando ocultar con su ropa la entrepierna. Volvió su visa al frente para evitar que fuese visto su rostro pues le fue imposible contener una sonrisa despiadada y venenosa de triunfo. Ya no tenía duda que lo que estaba haciendo funcionaba y el príncipe lo disfrutaba.

- ¿Hm? Claro, ¿a donde iría? Espere que me acerco. - dijo como si no hubiese notado el tono de su voz ni a que se refería, en el silencio del lugar era sencillo escucharlo incluso murmurar por encima de a lejana música y olas marinas. Retrocedió un poco y dejó su torso quieto solo moviendo suavemente su cadera dejando al alcance la tira de tela, esperaba que solo la apartase, que se tentase con acariciar su espalda donde su piel era más suave y tensa, sobretodo donde podía marcar más curvas por su postura y recordar más a una figura femenina pero los dedos gruesos del príncipe, cálidos, apenas le rosaron la piel para mover la tela. Se sintió un poco decepcionado pero de inmediato sintió los dedos firmes sujetar su sus costados, era un toque delicado pero incluso la delicadeza del pelivioleta marcaba la fuerza que poseía y el pelinegro la revivía con cada toque recordando como le había sujetado y movido sin dificultad en su primer encuentro.

Aprovechó la oportunidad para mal interpretar a conciencia aquella simple indicación y bajando su cadera retrocedió para apoyar su trasero sobre el regazo ajeno riendo nuevamente de manera traviesa girando solo su rostro para mirar al príncipe por sobre su hombro dejando pasando su mano por su cuello para apartar el cabello y evitar sentarse encima o que cubriese demasiado la vista a su espalda - ¡Oh! Perdón, debió ser el movimiento del barco. Aquí abajo se siente más que en la cubierta, quizás pueda quedarme un poco en su regazo. Sabe... puedo bailarle en su regazo si quiere también... - movió sus piernas para quedar sentado de lado, aún casi sobre sus rodillas sin llegar a apoyarse en sus muslos pero ya acercándose un poco y de lado estiró su brazo para apoyar su muñeca en el hombro ajeno y jugar con sus dedos en los cabellos ondulados de su nuca. Entrecerró sus ojos y bajó considerablemente su voz - Hay bailes privados que siempre me dio curiosidad realizar pero no he tenido a nadie de confianza para hacerlos. Me siento tan a gusto con usted que no me molestaría hacer algo que solo he visto a otras chicas hacer pero nunca hice. - evitaba utilizar pronombres masculinos que pudiesen romper cualquier idea que el mayor se hiciera y deslizando sus caderas sobre los muslos ajenos restó la distancia que había entre ellos y presionando la intimidad del pelivioleta con su cadera le sonrió a pocos centímetros de su rostro - No se preocupe, mi príncipe, puede confiar en mi... esto es algo que queda solo entre nosotros. - susurró estas palabras bajando sus dedos por el pecho ajeno incluso sobre todas las capas de ropa jugando sus cartas de la manera más descarada donde sabía que podría ganar el premio grande o ser lanzado por la cubierta.
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Mensaje por Pelleas el Sáb Jul 01, 2017 1:30 am

No evitaba el contacto con la piel del bailarín porque no deseara tocarla; el hecho era todo lo contrario, pero acariciar con adoración la cintura pequeña y la piel tersa de una persona tan inalcanzablemente hermosa era sólo una fantasía, que en eso debía quedarse. A sus ojos, él con el cabello perfilándole tan armoniosamente el rostro y sus atrapantes gestos se sentía como ella, y bajo esa perspectiva Pelleas moría por el inocente gesto de acariciar, como mucho besar la curva de sus hombros o pasar los dedos entre su cabello al abrazarlo, pero hasta allí detenía firmemente a su imaginación, aunque el calor en su cuerpo presionara de sobra. Sin embargo, ni siquiera eso se permitía hacer. Era en extremo cuidadoso, y al atar la caída de la cinta de tela no rozaba contra nada, ni siquiera la nuca ajena al afirmar el nudo allí. A fin de cuentas, no era un hombre asertivo ni de carácter, y jamás se permitiría tales acercamientos si no contaba con claro permiso, si no se le hacía saber incuestionablemente que la otra persona no rechazaría sus manos allí. Todas las señales de Judal no significaban nada para él sin un puedes tocar deliberado. No creía que su consejero hubiera hecho nada sino intentar divertirse, compartir tiempo con él o relajarlo, no sería capaz de adjudicarle segundas intenciones ni pensar que buscaba más. No, era sólo él quien pervertía la situación con la excitación tornándose ya demasiado obvia contra su ropa y en la pesadez de su aliento, y lo mínimo que podía hacer era contenerse hasta conseguir forma de alejarse.

La situación cambió nuevamente cuando bailarín cayó sobre sus piernas. Inconscientemente el mago adelantó los brazos para sostenerlo, mas siendo torpe con sus manos no pudo sino tomarlo con demasiada brusquedad al primer agarre, sin ver ni pensar. Pasado el instante de sobresalto, halló que su zurda yacía tomando con demasiada fuerza su costado, los gruesos anillos presionando contra la piel en los lugares en que quedaba descubierta y el pulgar casi donde se hallaría la curvatura de un seno si en efecto se tratara de una muchacha; la diestra, mal puesta y con los dedos demasiado abiertos, de modo que era de lleno sobre aquella mano que Judal había caído sentado. El aroma de los aceites con que a menudo le veía peinar su cabello llegó de inmediato a él, con las hebras negras cayendo cerca. El ansioso golpeteo de su pulso en su pecho se intensificó de tenerlo allí, con su rostro maquillado para resaltar su mirada y sus delicadas manos tocándole la base del cuello, pero notar la mala forma en que lo tenía tomado fue un sobresalto mucho mayor. Enseguida, aprisa, Pelleas retiró sus manos. Y con ello, nada hizo para frenar la aproximación del otro sobre su regazo. Sus palabras eran demasiado para imaginar y su cercanía ya insoportable para el agitado y sonrojado príncipe.

- N-No podría, no puedo, pare-- - Intentó decirle que no había forma en que pudiese ser su audiencia para algo así, no con todo lo que le estaba ocasionando hasta ese punto, pero fue allí que la cadera que tanto había mirado presionó contra su entrepierna. Judal era menudo y su peso se le hacía escaso, la presión ejercida contra aquella área al acomodarse no era demasiada, pero llevó la sangre hacia allí mucho más rápido. En ese momento, en definitiva, un estremecimiento bajó hasta su miembro erecto dolorosamente contra la estrechez del pantalón; de sus labios escapó un quejido breve pero ronco, la garganta tomada como si hubiese bebido mucho más de lo que en realidad había hecho. No podía encorvarse lo suficiente para esconder su rostro de la vista de Judal, avergonzado como no creía haber estado jamás. El único modo fue agachando la cabeza hasta que su frente y el ondulado cabello caído sobre esta rozaron el hombro del bailarín, demasiado ensimismado en su verguenza y en el pánico de quedar expuesto como para entender lo que Judal había dicho o dejase confortar por la privacidad. Le tomó por ambos hombros, torpemente echándolo un poco hacia atrás, fuera del bulto en su regazo.

- ...lo siento mucho, realmente lo siento mucho. - Masculló entonces, la voz todavía ronca y el aliento pesado contra el hombro ajeno. Ya no cabía duda de que su compañero de viaje, su consejero, habría notado el estado en que el príncipe estaba, y no esperaba que lo tomase bien. Sabía que él mismo no lo haría, de hallar lo mismo en otro hombre. Con los ojos fuertemente cerrados y muy mínimamente consciente de la mano en su pecho, se excusó de forma agolpada, aún con las manos en sus hombros. - L-Le falto muchísimo e-el re-respeto, lo sé, no era mi in... in-intención... por favor no se e-enfade. -
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Re: El que enriquece rápidamente no será muy inocente [Privado Pelleas] [+18]

Mensaje por Judal el Lun Ago 07, 2017 5:55 am

La caída no podría haber sido mejor, sintió al caer la presencia de la mano cubriendo casi la totalidad de su trasero, extendida y de gran medida habría jurado, si no conociese a Pelleas, que lo habría hecho a propósito por el conveniente lugar donde había terminado y de manera tan centrada. Pero lo que realmente le agradó fue la presencia de su segunda mano, sujetándole por las costillas hasta su pecho los fuertes dedos le agarraron con fuerza incluso dándole algo de dolor a su agarre que le hizo soltar un pequeño jadeo. Tocando su debilidad por el agarre firme recordó por un momento el primer encuentro con el mago oscuro donde iba a ser víctima de un ritual pero la situación le había llevado a un futuro mejor, en dicho momento también había sentido en piel propia el agarre firme del príncipe y la fuerza que este tenía, después siempre le había tratado con delicadeza y timidez. Le incitaba a continuar, a probar más pese a que el pelivioleta retiraba sus manos con velocidad de donde habían caído.

Con sus dedos aún jugueteando con el cabello ajeno cuando escuchó el conocido sonido de la excitación, aquel ligero quejido ronco le hizo estremecer, como si revelase la verdadera voz del daeinita y despertase en Judal un deseo un tanto más genuino que solo el interés mostrado hasta el momento. Se creyó ganador pero el agarre en sus hombros le llenó de pánico. Iba a ser rechazado, se había pasado con sus atrevimientos y Pelleas le sacaría del lugar, probablemente le despediría... y es que hasta ese momento siempre que había intentado algo así las respuestas eran claras, o negación absoluta o aceptación, lo más neutro era no reaccionar y permitirse hacer pero nunca una reacción con la del príncipe que de inmediato comenzó a disculparse como si hubiese sido él quien se le hubiese tirado encima al bailarín y no a la inversa. Un poco confundido y obligado a apartarse de su regazo lo miró por un momento sin comprender lo que estaba ocurriendo. Cuando finalmente logró entender la situación una sonrisa se dibujó en su rostro.

Sus manos no abandonaron al príncipe, si no que cuando se apartó un poco se deslizaron por los brazos de este y sin querer alzarse demasiado en altura bajó una rodilla al piso y quedó frente a él hincado, intentó que su expresión fuese de preocupación aunque un ligero gesto seguía levantando una de las comisuras de sus labios - Pellas... No sabía que se sentía así... - habló bajo, muy bajo, solo para que él lo escuchase, incluso si alguien pudiese estar escuchando detrás de la puerta - Me alaga... mucho... - continuó bajando sus manos por los costados del varón hasta llegar a sus caderas y muslos, aún acariciando por sobre la ropa cuidaba de tener un tacto delicado y suave, inclinar ligeramente su cabeza y alza un poco uno de sus hombros permitiendo que con la vista asimétrica de su cuerpo se viese más curvilíneo de lo que realmente era. Terminó apoyando ambas rodillas en el piso y bajó su cadera hasta sentarse sobre sus talones quedando con su cabeza casi a la altura de las rodillas ajenas, apenas un poco por encima. Bajó su mirada con timidez fingida mientras se quedaba con el tacto sobre sus muslos - ¿Sabe...? lo decía enserio...  esto puede solo quedar entre nosotros... no diré nada, ni siquiera lo volveré a mencionar ni estando a solas... solo... relájese y permítame hacerle sentirse bien. - había aprendido que con el pelivioleta no debía ser demasiado sutil, las sutilezas en ese ámbito no parecían hacer efecto en él y por eso empleó palabras más directas en cuanto a las condiciones. Aprovechando también al bajar su mirada y con las caricias empujar la capa a un costado viendo la irregularidad de los pantalones ajenos y como era de esperarse con un hombre de su tamaño. Su interés creció así como su curiosidad cuando notó que el pantalón no era tan ajustado como había pensado en un principio y que la tensión que se mostraba no era tan evidente como lo sería con una prenda más ajustada pudiendo haber más de lo que se revelaba a simple vista.
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Re: El que enriquece rápidamente no será muy inocente [Privado Pelleas] [+18]

Mensaje por Pelleas el Jue Ago 17, 2017 10:29 pm

Expuesto el hecho de que había pervertido horriblemente las amables atenciones del bailarín, le aterraba la posibilidad de que se alejara y le abandonara. Cualquier movimiento allí, como el empuje al borde de un interminable acantilado, significaría que Judal lo repudiaba por ello. No había medida para la gratitud que sintió por el hecho de que no le dejara, de que no le soltara aún, manos delicadas bajando por sus brazos con aparente intención de quedarse. La belleza sabía ser también misericordiosa. La voz queda le proporcionó tan inmenso alivio, que Pelleas consiguió detener su largo balbuceo de disculpas y con lentitud hasta volver la vista hacia el rostro ajeno. No veía desprecio ni rechazo en él, sino una sonrisa ladina que a sus ojos no era más que otro gesto bello en un rostro perfecto. Allí nada tenía que ver el poco alcohol consumido; era el cabello suelto de Judal el que más desbarataba la forma de Pelleas de actuar para con él. La vestimenta delicada, por supuesto, también contribuía lo suyo, así como la cuidadosa forma en que se movía y se mostraba. Le veía con infinita diferencia y caía atónito ante esa clase de encanto, al fin dejándose llevar por cada palabra. El alivio de ser tratado así bastaba para dejar de lado todo lo demás; y el hecho de que fuera por alguien que lucía así era suficiente para aumentar el calor que sentía.

No había sido repudiado, ni siquiera por su reacción física tan vulgar. Su carácter endeble y la excitación que presionaba cada vez más se habían torturado lo suficiente el uno al otro, y ahora que en definitiva la figura de curvas pequeñas no se alejaría de él, no había retroceso. Asintió mudamente a lo dicho. Sus palabras le insinuaban que podría estar con él después de todo y quería, quería besar sus hombros y acariciar su cintura mientras lo hacía. Quería ver su cabello caer y ondularse sobre su piel un poco más. Quería lo que fuese que Judal pensara hacer por darle satisfacción. La caricia que bajaba por sus costados y terminaba en sus muslos, demasiado cercana al bulto erguido contra su ropa, disparó los escalofríos nuevamente a través de él mas no le dio al príncipe una idea certera de lo Judal pensaba hacer. Al contrario, sin comprenderle el por qué de su posición, estiró las manos para tocar su rostro, intentando atraerle más cerca. No tenía la experiencia ni el sentido innato para esas cosas, tampoco la consciencia de sí mismo con que usualmente se recordaba ser delicado; algo torpe, hasta brusco si no cuidaba no serlo, las yemas de sus dedos presionaban demasiado y sus manos afirmaban más de lo necesario al tocar el pálido cuello. Sólo le quería más cerca, poder tocar con más libertad los detalles que antes había mirado con admiración.

- Ju-- - Comenzó a hablar, dispuesto a pedirle que no permaneciera tan lejano, cuando la mano que apartaba la caída de su ropa rozó apenas su intimidad. Y con eso fue suficiente para que reaccionara. Así fuera indirecto, el contacto en aquel lugar le arrancó otro ahogado y corto quejido. Agachó la cabeza de modo que su cabello cayese a obscurecer un tanto más su rostro, abochornado, mas había entendido la señal. Aunque sus manos no consiguieran ser ágiles en ese momento, enseguida soltó los pequeños broches que cerraban la túnica, quitándola del camino del bailarín y simplemente dejándola caer arrugada en el asiento. Se acaloraba demasiado, de todos modos. Restando sólo la fina prenda color bordó que pensaba conservar para mantener fuera de vista las cicatrices en su torso, pudo sentir que respiraba con más facilidad, aunque la sola cercanía de las manos ajenas donde estaban amenazaba con arrebatarle de regreso el aliento. Su estado ya no estaba en lo más mínimo oculto de vista. La sensación de su miembro erectándose donde no había espacio había alcanzado el punto de dolor muy rápido y no estaba por disminuir, la tela del pantalón marcadamente alzada y tensa hasta donde cedía. Incapaz de apresurar al otro pero muriendo por el alivio que había ofrecido, sólo adelantó la cadera un tanto en la silla. Su mano se sujetó a lo alto del brazo de Judal más pesadamente de lo que pretendía.
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Re: El que enriquece rápidamente no será muy inocente [Privado Pelleas] [+18]

Mensaje por Judal el Lun Oct 09, 2017 8:57 pm

No era una persona pequeña por norma general, si delgada y menuda, pero alta y de dedos largos, muchas veces le habían dicho que debería haber sido pianista. Pero junto a Pelleas parecía pequeño, el gran hombre de Daein le llevaba más de una cabeza de altura y sus hombros eran mucho más anchos que los propios, incluso sus manos eran mucho más grandes y ahora se evidenciaba más cuando los dedos del príncipe recorrieron el hombro y cuello del bailarín, un tacto algo torpe pero firme que le atraía casi autoritario y el pelinegro obediente se acercó. No se consideraba atacado ni abusado, solo guiado. Sus hombros bajaron un poco y su rostro se ensombreció cuando el flequillo se deslizó sobre su frente así como varios mechones de cabello, su mirada había bajado hasta los muslos delgados del príncipe, aún con el juego de luces que las sombras y la escasa luminosidad de la luna y las estrellas que se colaba por el la pequeña escotilla. Sus manos recorrieron la curva de sus piernas y tanteó con una suave caricia los músculos tensos de los muslos, la tela tensa ofrecía algo de resistencia pero con el presionar de sus manos sabía que la hacía ceder e indirectamente presionar contra la intimidad de su jefe.

El gemido arrancado de sus labios le estremeció y una respiración pesada y ansiosa escapó de los labios del bailarín. Notaba el estado de excitación del mayor pero que lo expresara tan fuertemente solo le confirmaba lo entregado que se ponía a él y la situación. Pensaba tomarse un poco de tiempo, extender un tanto el juego y dejar que el deseo aumentase en busca de sensaciones más fuertes. Cuidaba que sus caricias nunca fueran directas y los masajes en los muslos fuesen suaves pero cada vez más firmes, subiendo hasta su cadera y pasando sobre su vientre para buscar el botón de su pantalón. Apenas rozó el pequeño cilindro metálico que la mano pesada del príncipe le sujetó con firmeza su hombro, los gruesos dedos se hundieron un poco en el delgado brazo y el pelinegro sintió el peso de la ansiedad ajena sobre él. No quería hacerle esperar tanto como para que se enojara, aunque la ira en Pelleas había brillado por su ausencia en el tiempo que habían estado juntos pero Judal no arriesgaría en disgustarle en ese momento. Sabía lo básica que podía ser la mente de alguien en estado de excitación y no quería invocar la ira de un hombre que controlaba las fuerzas oscuras a voluntad. Así que sus dedos ágiles libraron el primer botón bajando por el doblez de la prenda para ir librando uno a uno hasta el último - Príncipe... - murmuró con suavidad mientras sus dedos se colaban dentro de su ropa, rozando su piel y acariciando el corto pelo que se unía desde su vientre en una fina línea que se engrosaba hacia la intimidad. Jaló hacia abajo con firmeza, aprovechando el adelantar de las caderas ajenas para poder bajar un poco más fácil su pantalón arrastrando con este también la ropa interior - Relájese y no se preocupe por nada... la puerta está cerrada y la música de afuera cubrirá cualquier sonido indiscreto. - intentó tranquilizarle sin detener su acción hasta que la resistencia que ofrecía el miembro erecto se liberó finalmente dejando al aire al mismo.

Por un instante permaneció quieto, observando la anatomía del daeinita esperar ansiosa al aire por algo de atención, no había esperado que efectivamente el pantalón estuviese conteniendo la erección del mayor pero así era, ahora libre se veía incluso más grande de lo que había supuesto en un inicio. La ligera curvatura que formaba le hacía alzarse evidente, pálida en contraste con los bajos del buzo bordó que cubría el vientre ajeno. Sus dedos se movieron casi de inmediato, recorriendo el camino de regreso hacia arriba por los muslos ahora desnudos del príncipe, sintiendo la suavidad de lo cortos cabellos sobre la piel y regresando hacia el centro del cuerpo. Levantó su dedo índice al llegar y apenas rozó la parte baja del tronco, un tacto suave que secundó con el apoyar de su dedo anular. Ambos dígitos subieron en una caricia por la curva inferior empujando más hacia arriba el miembro hasta llegar a la corona, ligeramente más rosada. Sonrió sin poder evitarlo al rodearlo con su mano y comprobar que no podía cubrirlo por completo y la dureza hacía presión contra su mano, palpitante y caliente. Alzó su mirada al pelivioleta intentando captar aquel momento de alivio al sentir la primera caricia, muy suave por la sequedad pero que de inmediato remediaría al rozar la punta con su pulgar recogiendo algo de humedad - ¿Cómo se siente? - habló con suma suavidad, apenas un suspiro que no podría llamarse siquiera susurro.
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Re: El que enriquece rápidamente no será muy inocente [Privado Pelleas] [+18]

Mensaje por Pelleas el Jue Oct 19, 2017 12:36 am

Cuando llegara un nuevo día y ya no viera a Judal en las ropas de baile que para su entendimiento eran femeninas, con el cabello suelto para complementarlas, probablemente tuviera una impresión muy distinta y muy fuerte de las decisiones que estaba tomando en ese momento y lo que estaba permitiendo ocurrir. Los ojos sólo egañaban a la mente cuando esta era débil; la suya lo era demasiado a menudo. Pero le gustaba lo que veía y en ese entonces todo le parecía bien, todo estaba perfecto, estupendo, hasta se sentía colmado de gratitud de que una persona tan agraciada se rebajara a tocar a alguien tan poco llamativo como él. La diferencia era abismal. No obstante, de acercar sus manos y acariciar apenas sugiriendo, dándole al mago más necesidad que alivio, el bailarín pasaba a los botones de su pantalón haciendo aún más claras sus intenciones. Realmente pensaba hacer algo. Y Pelleas quería preguntarle al menos cinco veces si estaba seguro de lo que eso fuera, pero no parecía haber duda en el semblante del otro. Sus dedos se movían con placidez, sin salir de un parejo y deliberado ritmo, haciéndole tensar de sobremanera el abdomen al tocar lo bajo de este. Su calma se le hacía admirable, a la vez que fascinante a los ojos el modo en que manipulaba. Las joyas en sus muñecas casi no repiqueteaban por la suavidad de los gestos. Si ya tenía poco en mente, todo eso barría lo que quedaba con facilidad, sólo manteniendo el contacto con el consejero y mirándole hacer. Al oír sus indicaciones asintió primero, comprendió después y sólo en tercer lugar respondió, por lo bajo. - ¿Sólo... relajarme? Pero... -

Se sentía suficientemente en privado en el camarote a oscuras, de eso no se preocupaba, pero aunque no podía decir que quedarse y relajarse no sonara inmejorable, se sentía injusto. Aún si al tener a la preciosa figura en su regazo él había pensado como mucho en besar o tocar piel que ya estuviera al descubierto, no hacerle más que eso, contenido por humildad, no parecía bien que sólo su necesidad fuera atendida después de todo. Aunque sólo él la tuviera siquiera, al parecer. Pero todo fue empujado fuera de su mente otra vez, en el pasar de un sólo segundo más, cuando la ropa que se había llegado a sentir excesivamente ajustada fue apartada de su entrepierna. Con una sonora exhalación de alivio, Pelleas se movió en el asiento para permitir a la tela ceder y reacomodarse mejor, instantes en los que no se preocupó siquiera de ser visto; la habitación estaba oscura, calculaba que lo suficiente para disimularlo a él, quería creer eso y no preocuparse de sobra, no cuando al fin tenía espacio. Menos aún cuando su intimidad, acorde en tamaño a un hombre de su contextura, se apoyaba pesada y cálida contra gentiles dedos que apenas lo acariciaban. La piel antes presionada contra áspera tela ahora hallaba en demasía placentero sólo el alivio de no estarlo, perceptible contra el tacto ajeno la palpitación inicial. Incluso sin más contacto que el de ser rozado por Judal, una probada de como debía sentirse que lo tomara, se sentía excitar de golpe al punto que no había llegado antes; el tacto de piel a piel ajena no tenía comparación. Y el joven daeinita, cuya experiencia en ello iba de pésima a nada, no podía precisamente procesar con calma el novedoso agrado, dejando escapar contra su voluntad otro suave gemido antes siquiera de que las caricias verdaderamente empezaran. No había modo de disimular eso, Judal lo había desbaratado con poco, lo tenía tensando todo el cuerpo y apretando el agarre en su brazo con necesidad.

De igual involuntario modo, su espalda dio contra el respaldo del asiento, sintiéndose incapaz de sostenerse recto cuando todos sus sentidos estaban prestando atención en algo distinto. Quería ver y a la vez no; le avergonzaba verse a sí mismo pero deseaba ver a Judal tocarlo, con sus manos gráciles y la maravillosa imagen de todo él. No pudo hacer mucho, desde el primer roce de yema de dedo había gemido y ahora que en efecto lo tomaba en su mano, presionando con suavidad al moverla, tomaba toda la fuerza de voluntad del mago no ser más ruidoso. Su cabeza gacha escondía su rostro vulnerable un poco tras ondulados mechones de cabello algo largo. Grave, con la garganta repentinamente muy cerrada, su voz traicionaba el excesivo efecto que todo eso tenía, el primer placer puro del que hasta el momento había podido gozar. Que su acompañante le pidiera hablar en ese instante era casi un acto contradictorio. - Est-- ahh... - Ese intento falló apenas iniciado. Tras tragar saliva, forzándose a buscar la mirada ajena abajo y ante sí, en tácita disculpa por lo que tardaba en responderle, consiguió hacerlo con más claridad. - B-Bien... no esté tan lejos, por favor... -

Sentía que remarcaba lo obvio, pero al menos había podido expresarlo. Al estar contra el respaldo del asiento ya había atraído un poco a Judal hacia sí, mas en ese entonces volvía a hacerlo, tan distraído respecto a medirse que por poco y le halaba por una extremidad hacia su regazo. Él mismo no planificaba bien lo que buscaba, quería que siguiera tocándolo, sus reacciones seguramente lo hicieran obvio, pero también le quería más cerca, donde pudiera aferrarse a él. No era como si supiera mucho de lo que hacía, de cualquier modo. Más aún, la poca y mala experiencia que tenía con ello sugería que debía ser normal tomar, halar o sostener con fuerza si el cuerpo así guiaba.
Afiliación :
- DAEIN -

Clase :
Sorcerer

Cargo :
Príncipe de Daein

Autoridad :
★ ★ ★ ★

Inventario :
Concoction [1]
Tomo Nosferatu [2]
Tomo worm [1]
Vulnerary [2]
Hacha larga de bronce [1]
.

Support :
Judal
Virion
Advari
Yuuko

Especialización :

Experiencia :

Gold :
2057


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