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Mensaje por Invitado el Mar Sep 06, 2016 3:52 pm

—Esta noche es realmente agradable, no como la de ayer...

La mirada de la joven se concentraba en la oscuridad del cielo, estrellado y bastante fresco a pesar del clima de esa isla en particular. Kougyoku era una mujer que le gustaba la noche, el cielo oscuro que daba lugar a los resplandecientes luminares que, majestuosos, imperaban a esas horas. No tenía idea de la hora que era, tampoco le importaba después de todo, no tenía mucho sueño así que decidió pasear por los jardines de la isla a la que tenía que custodiar esa noche, además era una forma de observar y custodiar el lugar y aprovecharía eso para poder mantenerse alerta en todo momento, después de todo era la hora más esperada por los piratas para atacar.
La noche anterior no había sido para nada bonita después de todo porque estaba cansada, y sus soldados no estaban lo suficientemente alertas como para poder revisar el terreno que tenían bajo custodia. Así que ayer se la pasó renegando, discutiendo con todos aquellos que no habían acatado las órdenes como debía ser. Hoy mismo estaban descansando todos menos tres o cuatro que se ofrecieron a cuidar el perímetro a como dé lugar.

Por un lado se hallaba ella de pie frente al mar que oficiaba como fuente natural de transporte, y perdida en sus pensamientos empezó a observar cómo es que el frío se apoderaba de su cuerpo, pero ella no se movía de allí. Con una sonrisa la muchacha empezó a caminar tranquilamente por la orilla de la playa con sus pies calzados, dejando que el frío y las pequeñas ráfagas de viento comenzaran a jugar con su cabello. No le molestaba el viento de hecho pues era su elemento afín, pero la inquietante sensación de querer acercarse al agua para poder cruzar se hacía cada vez más latente dentro de sí.
Algo impresionada por su pensamiento, la joven detuvo su caminar por un segundo, meditando en aquello que estaba pasando por su mente ahora mismo como si de una idea imposible se tratase. Sabía que podía salir del país cuando quisiera pero parte de su corazón estaba en la tierra que pisaba.

Aun así quería conocer el mundo.
Quería saber acerca de todo aquello que había más allá.
Quería ver con sus propios ojos todo aquello que contaban los libros que ella había leído con tanto denuedo...

Pero tenía miedo de salir de su propio lugar de confort...
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Re: Completando espacios en blanco [Social privado-Alim]

Mensaje por Invitado el Lun Sep 19, 2016 3:04 pm

Las olas se remecían bajo la brisa marítima, impregnada de aquel aroma tan característico y soplando en la costa con mucha más fuerza de lo que soplaría al interior de la isla. Un viento como ese, fuerte y constante, era exactamente lo que Alim había estado buscando. El viento perfecto para probar sus nuevas ideas. Con orgullo y emoción, viendo en movimiento al fin un concepto que había estado planeando desde su parada en Ilia, el pequeño marcado corrió por la cubierta del barco en que se hallaba hasta la proa, lugar en que se trepó para sentarse en el barandal, con las piernas pendiendo por al lado exterior. Había necesitado la ayuda de un par de magos de viento que encontró trabajando en el puerto para poner su práctica en marcha, pero se había logrado.

Y ahora el reducido barco en que estaba, mágicamente levantado sobre los vientos por el esfuerzo de tres magos, zurcaba el aire nocturno a varios metros por sobre la superficie del agua. Un navío de escaso tamaño y en claro mal estado, con el mástil roto, una infinidad de agujeros y rupturas a estribor y bastante musgo apegado a la parte inferior, pero un barco volador al fin y al cabo. Alim, pequeño y liviano, era todo lo que el navío cargaba en esos momentos. Fascinado, el marcado se dejaba llevar y pensaba ya en cómo aplicaría esa nueva idea a sus espectáculos, considerando las batallas navales que podría narrar si pudiese mover un par de esos por sí sólo, u otras puestas en escena que pudiese generar con ello. Todavía no tenía nada en particular en mente, eso tomaría tiempo de desarrollar, pero veía el inmenso potencial desplegarse y se emocionaba ya de explotarlo. Súbitamente se sentía bastante satisfecho con haber caído en Durban, en lugar de proseguir directamente hasta Etruria, como había planeado. Agradecía a su mal sentido de la orientación y las distancias más que nunca, pues en cualquier otro lugar, estaba seguro de que nadie habría oído de tan buen humor las ideas de un pequeño mago, ni hubiese ofrecido ayuda.

Con una satisfecha sonrisa, paseó la vista por las aguas debajo y la costa junto a la que pasaba, hallando allí una imagen curiosa. Alguien había en tierra, una mujer cuyas características no podía adivinar desde esa distancia, mas sí que se hallaba a solas y que vestía como una verdadera dama. Siempre dispuesto a entretener e impresionar, más aún con una chica de agraciado aspecto, Alim estiró el brazo desde la proa de su barco flotante, saludando en un gesto amplio y animado. Quizás él no fuese fácil de detectar a la distancia, pero su vehículo debería de serlo, y si se movía suponía que sería visto. No se molestó en gritar un saludo, pues el vaivén de las olas lo tragaría; tal como ahogaba, en gran medida, el crujido del barco que se remecía entonces, sucumbiendo en su propio peso a medida que el hechizo se agotaba. En uno o dos segundos más, ya había dejado de moverse. Otros dos instantes, y se desplomó por completo a las aguas, arruinando las posibilidades del mago de impresionar.

El barco dañado, ya imposibilitado de navegar, no tardó en sucumbir. Por el sólo impacto con la superficie del mar perdió ya varias tablas y piezas, comenzando de inmediato el inevitable proceso de hundirse. Desestabilizado de su lugar, Alim había conseguido abrazarse al barandal para evitar que la peor parte los lastimara, mas su situación actual exigía que se moviese. Con un resignado suspiro de aceptación, se alzó para pararse lo más recto que pudiese, tomar impulso y dar el más largo salto posible al agua. Había logrado su cometido y eso estaba bien, seguía sintiéndose optimista respecto a todo y feliz de que hubiese funcionado en primer lugar; lo único que le generaba cierta aprehensión era lo malo que era nadando. Era un muchacho de los desiertos de Jehanna, íntimo conocedor del calor abrasante y la arena contra la piel, pero sus encuentros con grandes cuerpos de agua habían sido escasos y breves. Intento moverse hacia la costa y, pese a estar esta tan cerca, la fuerza de las olas fue suficiente para arrastrarle fuera de su curso. - Nggh... ow... esto no viene bien... - Murmuró para sí mismo, recibiendo de inmediato una gran bocanada de agua salada por ello.
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