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Sobreviviendo en tierras extranjeras. {Privado; Lyn}

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Sobreviviendo en tierras extranjeras. {Privado; Lyn}

Mensaje por Invitado el Miér Oct 14, 2015 4:29 pm

Cuando eres pegasus knight, te vuelves experta en realizar las tareas más variopintas encima de tu alado corcel, a quién sabe cuántos metros sobre el suelo, y con el ventarrón pegándote en la cara. Es simplemente natural: una pegasus knight pasa un montón de tiempo encima de su pegaso, por lo que gran parte de las actividades cotidianas debería poder realizarlas encima de él, ¿no?... ¿No?

¡H-Huey! ¡No aletees tanto! ¡Lo estás haciendo a p-propósito! —reclamó la pequeña jinete, sosteniendo un mapa con tanta fuerza que si no se le había roto era por obra y gracia de Santa Elimine. Entrecerró los ojos, intentando leer qué demonios decía aquel papel, pero el viento agitaba la hoja como una persona con epilepsia— Vaya, esto es más difícil de lo que parece… ¿Lo tendré del lado correcto? —Volteó el mapa, intentando que no saliese volando— … Sí. Lo tenía del lado correcto —y lo volteó de nuevo… Y el mapa, cansado de tantos daños por parte de la chica, salió volando hacia un futuro mejor— ¡No no no no no noooooo! ¡¡Mi… mi mapa!! —alargó la mano hacia el punto en el infinito cielo donde su única guía en tierras desconocidas había partido. Y se quedó ahí unos cuantos segundos… Hasta que suspiró, bajando los hombros y resignándose.

¿Irse de Edessa? Sencillo, mucho más sencillo de lo que había esperado. ¿Cruzar la frontera? También había sido sencillo, venga, podía haber sido mucho peor. Ahora bien… ¿ubicarse en las amplias llanuras de Sacae? Eso era otra cosa. Con toda la sinceridad del mundo, la muchacha podía decir… que no tenía ni la más mínima idea de dónde estaba o hacia dónde ir. No haber salido nunca de Ilia tenía sus desventajas, pues aunque ella había recibido sus buenas clases de geografía, un libro no se comparaba en nada a estar realmente en el lugar… y bueno, ella estaba en el lugar.

Sacae era mucho más hermoso de lo que había leído o visto en pinturas: Una vasta planicie repleta de fauna y flora, de un verde brillante y llena de vitalidad. Visto desde el cielo, era toda una obra de arte hecha por el más habilidoso pintor. Ahí donde estaba, Florina podía distinguir pequeñas tienditas por aquí y por allá, aglomeraciones de estas en lo que, asumía, debían ser los puntos principales de reunión de las tribus de Sacae… una especie de ciudad amurallada a lo lejos… pero lo que más le llamaba la atención de todo, era el gran camino de hierba marchita, que prácticamente cruzaba de un extremo del aquella tierra al otro, prácticamente en la frontera con… uhm… ¿Lycia? Sí, Lycia. Desde donde ella lo veía, era como una raya café que irrumpía el hermoso panorama. ¿Por qué sería? Se veía tan abrupta que no podía haber sido obra de la naturaleza. Le causaba mucha curiosidad…

Ah, estaba desvariando. Lo importante en ese momento era un lugar donde poder detenerse y descansar, antes que nada, pues su montura ya llevaba un buen tiempo volando, y no quería agotar mucho al pegaso. No le gustaba forzarlo más de lo que sentía que era correcto; Huey era su compañero, y ella no quería abusar de la ayuda que su compañero le prestaba. Descendiendo lentamente, observó detenidamente la superficie… y vio un punto dónde se aglomeraban muchos árboles con puntitos de colores. ¡Síii, árboles de fruta! ¡Ah, era verdad que uno no sabía lo que quería hasta que lo veía!... ¿Era así el dicho?

¡Vamos, Huey! —comandó al pegaso, empezando a descender para poder llegar al pequeño bosquecito.

Una vez en tierra, bajó de su (casi) siempre fiel corcel de un salto, y tomándolo de las riendas, empezó a caminar entre el vasto catálogo de árboles frutales que tenía a su alrededor. ¡Ah, qué extraño era ver tantos árboles fértiles! En Ilia cosechar cualquier cosa era una aventura. La gente de Sacae había sido bendecida con un terreno tan maravilloso, ¡cuánto no daría ella porque pudiese ser así en sus tierras! Sonrió ampliamente al ver un árbol de duraznos. Duraznos… ¡¡Oh, a ella le encantaaaban las duraznos!! ¡Y cuánto llevaba sin probar uno! Casi se le sale una lagrimilla de la emoción que embargaba su cuerpecito. ¡Ssssiiiiiiiiiii!

¡Huey! ¡Duraznos! —le indicó al corcel, agitando sus brazos y apuntando al árbol con el ánimo de quien no ha visto la fruta desde, quién sabe, su nacimiento— Agarremos algunos para las provisiones —le dijo, más para sí misma que para el pegaso, todo sea dicho. Yendo hacia el árbol, todavía con la alegre sonrisa en sus labios, alzó la mano…

… Y ahí se quedó quieta, por lo menos medio minuto, la rama de duraznos más baja como a tres cabezas de distancia.

—Bueno, eso podía ser un problema. A veces ser tan bajita le jugaba pasadas de ese tipo... bueno, no a veces, realmente la mayoría del tiempo— Ay… Uhm. ¿Huey? —llamó a su montura, y ésta se acercó, mirándole con los ojos de quien ha estado viviendo lo mismo durante muuucho tiempo— Déjame montarme sobre ti un momento…

Subiendo a su pegaso y haciendo equilibrio para pararse sobre este sin caer de boca al suelo, empezó a agarrar duraznos entre sus brazos para posteriormente meterlos en el saco de comida que colgaba de las riendas de Huey. Feliz como una lombriz, la muchacha ni cuenta se dio que una terrible amenaza se encontraba mucho más cerca de lo que se imaginaba… hasta que escuchó el primer zumbido.

¿Uh? —musitó. Y la primera avispa le dijo hola, posándose sobre su nariz. Oh, bueno… jeje… IBA A MORIR— ¡¡Aaaaahhh!! —gritó asustada, alterando a su alado corcel que tan tranquilo estaba en el proceso, éste echando a correr despavorido y haciendo que, por ende, la chica perdiera el equilibro— ¡¡Aaaahhh, no no no!! ¡H-Huey! ¡¡AAAAHH!!

Y a punto estuvo de caer… pero no cayó. Estaba colgando de algo… ¡Su traje se había quedado colgado en una de las ramas! Se removió, intentando soltarse del agarre, pero nada, estaba atascada. Y Huey había salido corriendo, ¡no podía perder de vista a su pegaso! ¡Era una irresponsabilidad! Y por si eso no era suficiente…

Bzzzzz… bzzzzz… bzzzzzzzzzz…

… A-ay, no… —susurró, su temor subiendo y subiendo. Como si olieran el miedo de la pobre jinete, un enjambre de avispas decidió que ese era el momento perfecto para hacerle una visita a la chica de cabellos violáceos. Pista: No, realmente no lo era— ¡¡No, no, no!! ¡¡AAAAAAAAHHHH!! —removiéndose como un pez fuera del agua, presa del pánico, intentaba zafarse de su prisión improvisada, pero no había chiste. ¿¿Acaso ese sería su fin?? ¿¿Moriría picada por avispas, colgada de un árbol del que no podía bajar?? No pudo más con la vista de su fracaso inminente, echando a llorar— ¡H-Huey, vuelveee! Sniff* ¡¡F-Farinaaa, Fioraaaa!! ¡¡AAAHH!!

Su primer día en tierras extranjeras estaba yendo de perlas.
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Re: Sobreviviendo en tierras extranjeras. {Privado; Lyn}

Mensaje por Lyndis el Jue Oct 15, 2015 8:34 am

Cortando los duraznos en rebanadas, Lyn las ensartó en una rama y las clavo en el claro del bosque, dejando que los rayos del sol dieran de lleno en ellas comenzando a secarlas. Tras abastecerse de aquello que la naturaleza no le proveía con facilidad en Bulgar, era tiempo de abastecerse de aquello que sí.

La visita a la ciudad de las llanuras, la única digna de mención para los extranjeros por más que hubiera otras, le había dado algo más que provisiones: información. Siempre mantenía los oídos agudos en las calles del asentamiento, era invaluable lo que aprendía de los cuchicheos de mercaderes y viajeros.

Había reportes de grupos de bandidos atacando a las montañas al este. Según los rumores, habían emigrado de Bern, lo que explicaba la extraña locación de los ataques. Pero bandidos eran bandidos... Y mientras viviera no les dejaría actuar a sus anchas.

Notando como la primera tanda de fruta seca estaba lista, guardó los gajos de durazno en una bolsa y colocó nuevos en cada rama. Era un proceso lento, pero necesario para el largo viaje que le quedaba. La carne abundaba en las llanuras, pero semanas enteras comiendo solo eso cansaba a cualquiera. Conocía algunas raíces y plantas silvestres comestibles y recolectables a lo largo y ancho de Sacae... Pero la mayoría no se comparaba al sabor de la fruta, aun si esta era seca.

Había varios bosques como aquel en las llanuras, no todo era pasto en las tierras de los nómadas, pero tampoco es que abundaran demasiado. Cuando se encontraba uno, mejor aprovecharlo y pensar en las provisiones a futuro.

Un grito femenino sobresaltó a Lyn haciéndole incorporarse al instante, un sudor frío recorriendo su espalda ¿Alguien? ¿Allí? ¿Pero como...?

No tenía tiempo para pensar, ni para volver a ensillar a Madelyn que se retorcía por los gritos a unos metros de ella. Calmando a la yegua con rapidez, e incorporándola en sus patas, la montó a pelo y comenzó a avanzar entre los arboles, guiada por los gemidos de la muchacha.

En cuanto la vio no dudo en espolear a Madelyn, aumentando el trote rápido a un galope a toda velocidad. Estaba siendo atacada por avispas, colgada extrañamente de un árbol, y su orgullo le impedía quedarse de brazos cruzados viendo a alguien sufrir y pudiendo hacer algo al respecto. Extranjero o nómada, cuando en apuros a sus ojos eran lo mismo.

Tiró del pelo de la yegua para detenerla junto al tronco, conteniendola con las rodillas para evitar que escapase de la nube de insectos que a cada segundo se hacía más frondosa y que no había dudado en empezar a picar a ambas siquiera acercarse. Dolía, pero ya era tarde para replantearse su decisión.

Rodeó la cintura de la mujer de violáceos cabellos con sus brazos, empujando con su pierna contra el tronco del árbol y liberandola junto al ruido de ropas rasgándose. Manteniendo a duras penas el equilibrio sobre su yegua, cubriendo con su cuerpo el de extremadamente liviana chica, Lyn chasqueó la lengua y su corcel comenzó a avanzar con rapidez por el bosque, feliz de por fin escapar de las avispas que no dudaron en darles caza hasta darse cuenta que alcanzar a Madelyn les era imposible.

Con otro chasquido de lengua de su dueña, la yegua disminuyó el paso entre bufidos de dolor por las picaduras. Los cuerpos de las 3 fáminas estaban cubiertos de ronchas, algunas más que otras, pero las 3 aun con vida.

-Lyn, mucho gusto- se presentó a la chica en sus brazos con una sonrisa que pronto lamento. Había varias ronchas en su cara y el cambiar la expresión de su rostro le dolía a horrores, pero si ese era el precio de calmar a la extranjera era uno bastante bajo.
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Re: Sobreviviendo en tierras extranjeras. {Privado; Lyn}

Mensaje por Invitado el Vie Oct 16, 2015 12:03 am

A-ayy… me duele… —lloraba la pequeña Florina, de unos cinco años, con una picadura de avispa en su antebrazo. Con toda la concentración del mundo su Fiora trataba de sacar el aguijón de su bracito. Farina, a su lado, bufó.
¡Pff! ¡Sí te pones así con una, cómo será si te pican varias! —se burló, sonriendo socarronamente. Fiora negó con la cabeza, en desaprobación.
No hagas caso, Florina. No es tan terrible como te lo pinta…

{ . . . }


Oh, sí que lo era.

Cuando la primera avispa la picó, sintió que todos sus terribles recuerdos de la niñez volvían. Y cuando sus amigas de la colmena le acompañaron, se dio cuenta que todos esos años confiando en la palabra de Fiora fueron en vano: Oh, sí que era tan terrible como Farina se lo había dado a entender ese día. Cada picada se sentía como si le arrancaran un trocito de su piel, y los zumbidos incesantes no la dejaban siquiera calmarse y tratar de pensar en una solución. Su rostro bañado en lágimas, lo único que se le ocurría en ese momento era llorar, gritar el nombre de su pegaso en esperanza de que éste de alguna forma la rescatara, y agitarse cual pez fuera del agua, pese a que eso sólo alterase más a los insectos.

Sinceramente, ella no notó cuando fue jalada de la rama del árbol, parte de su traje rasgándose en el proceso. Tampoco notó cuando su propio cuerpo fue cubierto por el de otra persona, ésta haciendo de escudo para que ella no saliese aún más picoteada de lo que ya había sido. No sintió el galopar del caballo, no sintió los rayos del sol caer sobre su herida piel al salir del bosque. Veía todo borroso, se sentía débil… y no exageraba. Sus ojos estaban entreabiertos, y sólo distinguía manchones de colores que se movían. Un gran manchón celeste… y un manchón verde que se movía insistentemente. Ya no sentía más picaduras, sólo el insistente dolor de las que ya había recibido. Un agudo dolor de cabeza la invadía, y sentía que en cualquier momento podría desfallecer. Sin embargo, sentía… sentía que estaba a salvo. ¿Pero cómo, si lo último que recordaba era estar enganchada en el árbol de durazno, siendo ensartada por agujitas cual acupuntura? Escuchaba cosas incomprensibles, ruidos que no entendía, le costaba mucho racionar lo que sucedía.

Con mucho esfuerzo, logró siquiera enfocar levemente su mirar. Aún veía turbio, más distinguía mejor las formas… y se dio cuenta de que la mancha verde que había visto correspondía al cabello de su salvadora. Y ésta le habló, sonriendo a pesar de lo doloroso que debía ser dedicarle una sonrisa con las picadas que tenía en su rostro. Aún se sentía alarmada por lo que había pasado, pero al mismo tiempo estaba tan débil que no podía seguir agitándose para gritar. Sin embargo… la habían salvado… alguien que ni siquiera la conocía la había ayudado…

A-ah… —no pudo emitir palabra. Quería agradecerle, corresponder la presentación, hacer algo, pero se sentía tan mareada que no podía hacer nada de eso en condiciones. Lo único que hizo, de forma casi inconsciente, fue levantar sus brazos, llevando sus manos a las mejillas de la mujer de verdosa cabellera y mirándola fijamente. De no ser porque era claro que sus ojos brillaban por el exceso de lágrimas contenidas en estos, su salvadora podría haber pensado que los ojos de la pequeña jinete brillaban casi con adoración, como si estuviera viendo la criatura más maravillosa que hubiese visto en su vida. Casi podía imaginarse los brillitos mágicos y resplandecientes de fondo, con música heroica. Era una chica… oh, y era tan linda…

Respiró profundo, intentando recuperarse de los efectos de las picadas de avispa que había recibido. ¡Su rescatadora seguía intacta, como si nada le hubiese pasado! ¡Era tan fuerte! Había salido herida también por su culpa… Se sentía culpable. No le gustaba que la gente fuese lastimada, menos si era salvándola de sus propias meteduras de pata. Oh, dioses, tenía que hacer algo por ella…

El cabello de la muchacha de ojos verdes se detuvo tras un buen galopar, bastante cerca de un arroyo. Al bajar del corcel, le costó mantenerse el pie, mas con fe y fuerza de voluntad logró mantenerse sin caer como un saco de papas o caer encima de su valerosa salvadora. Volteó a verla, y no pudo si no bajar la mirada al suelo. Oh, estaba tan avergonzada… le había hecho pasar tantos problemas…

L… lo siento —se disculpó ante todo— Yo… bueno, uhm… gracias. —Sonreir le dolía horrores, pero una pequeña y modesta sonrisilla se formó en sus labios. Quería acercarse a la joven, pero no quería molestarla más de lo que ya lo había hecho; sin embargo, ella también había salido algo maltrecha del encuentro con las avispas. Poco le importaba que ella misma estuviese vuelta un asco, para Florina, su salvadora era primero. Bueno, su salvadora y su corcel… SU CORCEL— ¡H-Huey! —exclamó de repente, antes de poder decir cualquier otra cosa a la mujer. ¡Oh, no, Huey! ¿¿Dónde estaba su pegaso?? Había salido corriendo… ¡¡No sabía dónde estaba!! ¡Oh no, oh no, oh no! —¡Huey, Hueeeeyyyy! —llamaba, desesperada, a punto de empezar a llorar otra vez. No podía separarse de su alada montura, eso era un sacrilegio para toda pegasus knight. ¡Lo había descuidado! ¡Ay, no! ¡Estaba frita! —H… Huey… —y una lágrima corrió por su adolorida mejilla. ¡Tenía que buscarlo! ¡Pero tenía que ayudar a la muchacha! Podía… ¡Podía ayudar a su salvadora, y luego buscar a Huey! ¡Sí, eso podía ser!— P-por favor… Lo siento tanto. Déjame ayudarte —le pidió a la joven, con tono quedo, acercándose con la intención de ayudarla a curar sus picaduras. Estaba en tensión. Oh, Huey…
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Re: Sobreviviendo en tierras extranjeras. {Privado; Lyn}

Mensaje por Lyndis el Vie Oct 16, 2015 10:56 am

La imposibilidad de emitir palabras y la mirada febril de la chica hicieron a Lyn preocuparse y espolear a Madelyn para que aumentara el paso. Había escuchado de gente que había muerto por menor cantidad de picaduras...

Dirigió la marcha hacia un arroyo cercano, y sonrió al ver que la joven se incorporaba por su cuenta. Su paso era inestable pero estaba consiente, al parecer el estado febril en disminución... Aunque no por eso la situación era menos grave. Eran muchas picaduras y eso implicaba mucho veneno que pronto se desperdigaría por sus organismos.

Un sudor frio recorrió la espalda de Lyn al ver como la chica parecía comenzar a delirar. Gritaba una palabra extraña, pasando inmediatamente después a solicitarle que le permitiera ayudarle. El cambio de emoción era tan rápido que la nómada comenzó a dudar de si le quedarían secuelas mentales aun si se curaba del veneno de las avispas.

-Sentada- le ordenó con tono firme, señalando una roca junto al arroyo. Era un orden que no aceptaba peros, sorprendiendole lo parecida que había sonado a su madre... Al parecer toda mujer llevaba la capacidad de aquella entonación en la voz, aun una tan alejada de los conceptos de familia como ella.

Inspeccionó el cuerpo de la extranjera con detenimiento: muchos de los aguijones habían dado contra el cuero o metal del equipo de la chica. Al menos una docena habían impactado en su piel pero comparándolo con los pinchazos que sentía en todo lo largo y ancho de su cuerpo, la nómada sospechaba que la extraña había sido más suertuda que ella.

Con cuidado comenzó a sacar los aguijones de la piel de la tersa piel de la damisela en apuros, succionando alrededor de la herida con su boca y escupiendo el contenido amargo que llenaba sus papilas gustativas. No había mucho tiempo que perder, y había dejado en el bosque todas sus plantas medicinales junto al resto de sus cosas, debían actuar con medidas preventivas sin mucha oportunidad de palabras o permisos.

Sintió su cuerpo agarrotado al terminar, su piel levemente tostada por la intemperie había cobrado un color blanquecino insano... Pero no podía parar, aun quedaba Madelyn.

La yegua había sido la más afortunada de las 3. Con su cola y cabezazos había podido espantar gran parte de los insectos, contando tan solo con 3 picaduras distribuidas en un pata y dos en el torso que rápidamente la nómada limpió.

Fue terminar con el ultimo aguijón de su montura que las piernas de Lyn fallaron, cayendo de rodillas al suelo y sintiendo como un aguijón en su pierna se clavaba con mayor profundidad gracias al peso de su propio cuerpo. Su visión se oscureció obligando a un gemido de dolor escapar de sus labios, presa no solo del veneno y las agujas punzantes en su cuerpo, sino del miedo de que fuera ya demasiado tarde.

Tanto por hacer aun en su vida... El saber que su venganza aun quedaba incompleta se clavaba en su corazón, pero aun así se forzó a sonreír en dirección a la muchacha, para tranquilizarla.
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Re: Sobreviviendo en tierras extranjeras. {Privado; Lyn}

Mensaje por Invitado el Sáb Oct 17, 2015 6:18 pm

Y a la orden de “sentada” de su salvadora, muy obedientemente Florina tomó asiento en la roca que tan imponentemente se le indicaba, callándose y quedándose quieta a la espera de lo que la (mucho más cuerda en esos momentos) mujer fuese a decir o hacer. Ni siquiera se lo pensó, obedeciendo por acto reflejo. Después de todo, ella se veía en mejores condiciones de ella… aunque sabía que se había llevado también un montón de picaduras de esas pequeñas criaturitas del mal.

Aunque todavía mareada y sin el pleno dominio de sus facultades, no pudo si no sentirse un tanto avergonzada e incómoda cuando su heroína, aplicando técnicas de primeros auxilios improvisadas que la joven nunca había visto en su vida, empezó a succionar alrededor de sus picaduras tras remover el aguijón y tirarlo con saña al suelo, con la maestría y rapidez de quien lo ha hecho toda su vida. Florina no podía si no sentir admiración: ella misma probablemente sólo habría entrado en crisis, agonizando en plena llanura, rodando y sin saber qué hacer pues ella misma nunca había tratado sus picaduras (que lamentablemente habían sido más a lo largo de su vida de lo que le gustaría), siempre teniendo a alguien a su lado que las tratara por ella. Venga, sin la ayuda de la mujer de cabellos verdes, probablemente ya sería una figura hinchada e irreconocible de todas las picaduras que se habría llevado… que era, de hecho, en lo que veía que la otra chica se estaba volviendo.

E-eh… disculpa… —trató de llamar su atención, pero la joven estaba muy concentrada en su tarea— T-te ves algo… pálida… yo, uhm… —Pero cuando fue a ver, ya la chica se había levantado, yendo directa hacia su montura. Florina tragó saliva, preocupada. De verdad la muchacha se veía mal… Y ya ella no se sentía tan mal como hacía unos momentos gracias a la peliverde. Tenía que ayudarla.

Levantándose con cuidado, su fatiga y mareos disipándose progresivamente, se acercó con muuucha precaución a la salvadora de humanos y animales por igual. No le tenía miedo, no; se sentía… un tanto intimidada. No quería que la mandase a sentarse otra vez viendo el estado en el que ella misma se encontraba, pero al mismo tiempo no quería ayudarla sin su consentimiento, ¿entienden? Estaba pasando por un dilema moral en el que quería ayudar pero la otra persona no quería pero sentía que era su deber pero no quería desentender los deseos de la mujer pero sentía que sólo era necedad pero tampoco podía simplemente ignorarla y hacer lo que quisiera pues eso era una clara invasión a—

Su preocupación subió hasta límites inimaginables por el hombre y algunos pegasos cuando la joven de cabello verde cayó al suelo, y estuvo al borde del infarto ante su gemido adolorido, que había sonado demasiado tétrico para el gusto de la jinete, que de puro milagro no entró en crisis. ¡Ay no, ay no ay no ay no! Corrió despavorida al lado de la espadachina, prácticamente derrapando en la hierba para arrodillarse justo a su lado. Su salvadora estaba pálida cuan espíritu, sudando frío a mares y como pudo verificar tras sentir sus pulsaciones, débil tirando a muy, muy grave. La sonrisa que ésta le dedicó, como tratando de calmarla, no hizo si no ponerla aún más nerviosa. ¡Debió ayudarla desde el principio, ella estaba mucho peor! ¡No podía perder el tiempo! Respiró profundo… y exhaló.

Y-yo… lo siento. P-permiso… —y, disculpándose mentalmente mil veces por la invasión al espacio personal que estaba a punto de perpetuar, empezó su trabajo.

Siguiendo la misma técnica que había visto a la joven de ojos verdes, comenzó a retirar las agujas lo más rápido que podía e inclinándose para succionar el veneno, el cual escupía automáticamente, tosiendo por la amargura del asqueroso líquido. La chica tenía muchas más picaduras de las que ella misma había sido víctima debido a la vestimenta ligera que portaba, por lo que había muchas más zonas de las que la pegasus knight se debía encargar. Incómoda, y murmurando “permiso” y “lo siento” cada vez que lo hacía, se veía obligada incluso a apartar levemente los ropajes de la espadachina, cosa de descubrir nuevas zonas en las que las avispas habían decidido hacer de las suyas. En cuanto terminó alzó nuevamente la cabeza, sudando del nerviosismo y con sus manos temblando por el temor… pero, para su desgracia, la muchacha no se veía mejor.

Oh, no… —¿Era muy tarde acaso? ¿No había sido capaz de sacar al menos el noventa por ciento del veneno del cuerpo de la muchacha? ¿Había sido en vano? ¡No! No podía dejar las cosas así, no cuando ella había acabado así por salvar su propio pellejo. Tragó saliva, pensando lo más rápido que podía… y soltó una leve exclamación, llevando una mano a su boca.

¡Pero qué tonta! ¡Claro! Con todo el cuidado del mundo, no fuese a ser que se rompiese por su torpeza, la chica de ojos celestes sacó una botella de rojizo líquido de sus alforjas. Arrastrándose en el suelo a gatas, se acercó a la muchacha, y con delicadeza la levantó como pudo, apoyando la cabeza de la peliverde en sus piernas. Destapó el contenedor con delicadeza, y colocó una mano en el aún hinchado rostro de la mujer.

T-todo va a estar bien… por favor, b-bebe esto —le pidió, sin saber si ella le escuchaba o no, y como pudo colocó la boquilla de la botella en los labios de la chica, cuidando que la poción sanadora no escapase por las comisuras. Tenía que funcionar…
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Re: Sobreviviendo en tierras extranjeras. {Privado; Lyn}

Mensaje por Lyndis el Sáb Oct 17, 2015 7:17 pm

Las fuerzas le flaqueaban a la nómada para resistirse al tratamiento de la chica. Tampoco es que tenía mucha opción al respecto: su mente comenzaba a divagar, yendose por tangentes y pasando entre muecas de dolor y felicidad a intervalos irregulares, el veneno claramente cobrando lentamente su efecto.

Lyn sintió las suaves manos de la muchacha contra su piel, y el calor de sus labios mientras le extraía su veneno. Era doloroso a la vez que suave cuando extraía lo dejado por aquellos endemoniados insectos, pero aun en su delirio sabía que aquello era para su propio bien.

Dejó de sentir las agujas clavadas en su piel, pero su estado de animo no mejoraba. El sudor aumentaba y comenzaba a hacersele más borrosa su visión. Por un momento creyó ver a su madre junto a ella, pero aun en el delirio supo descartar esa visión... Ella había partido hacía años de aquel mundo y el tiempo no volvería atrás.

Minutos pasaron a horas, y horas a minutos haciendo el paso del tiempo algo difuso. La oscuridad le llamaba, con un tono de voz dulce que ofrecía liberación del dolor. Sonaba bien, demasiado bien quizás.

Algo entró en su boca a la fuerza, bajando por su garganta en un sabor conocido y peculiar. Su cabeza parecía saber que era algo bueno, que todo estaba pasando, pero tardo una buena cantidad de minutos en que su cuerpo lo registrara.

Lentamente, la luz comenzó a volver a su visión, la hinchazón de las picaduras de las avispas calentaban sus extremidades y rostro y le daban conciencia de la existencia de los mismos. Aquellas palabras de muerte se alejaron al fin de sus oídos, siendo reemplazadas por el arrullo del agua corriendo que pronto la llevaron al mundo de la inconsciencia.

Abrió los ojos al fin. La luz del sol teñóa ahora las llanuras de naranja y hacía al arroyo a unos metros suyo resplandecer como si fuera un río de oro liquido. Era sus queridas llanuras en todo su esplendor.

Se intentó aclarar las ideas, acomodándose en la mullida almohada en la que reposaba su cabeza para así poder observar mejor el paisaje mientras lo hacía...

...¿Desde cuando tenia una almohada?

Con un sudor frió, se levantó rápidamente encontrándose con un rostro extraño de una cierta familiaridad... Cierto, las avispas.

-...¿Buen dia?- saludó con un cierto rubor en las mejillas.
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Re: Sobreviviendo en tierras extranjeras. {Privado; Lyn}

Mensaje por Invitado el Lun Oct 19, 2015 8:55 pm

No dejó de sostener la cabeza de la muchacha hasta que la última gotita de poción entró a sus labios. Sólo ahí alejó la botella, colocándola de nuevo en su alforja (podía utilizarla para guardar cualquier otro líquido... ¡o para meter más poción en ella! Había que reciclar) y relajando el agarre que tenía. Posó suavemente una mano en la frente de, probablemente por sus ropajes, nómada: seguía caliente, pero no tan caliente como la había sentido en un principio. Parecía que la poción estaba haciendo efecto, pues la muchacha relajaba su rostro lentamente, antes tensado por el dolor que debía estar sintiendo.

Suspiró aliviada. ¡Uff! La poción sí estaba haciendo efecto en la joven de coleta verde, por suerte. Sí, había gastado una de sus pociones, las cuales no eran del todo baratas, pero no le importaba: luego de casi matar a la pobre mientras ella la salvaba a ella, eso era lo menos que podía haber hecho. No se arrepentía ni un poquito… bueno, se arrepentía de no haber ayudado a la espadachina en primer lugar, pero ustedes me entienden. Sin querer moverse, no fuese a ser que eso regresase a la muchacha a ese estado de dolor y alucinaciones en el que había estado, se quedó cual estatua en su lugar, sólo colocando la palma de su mano en su frente para verificar el buen funcionamiento del brebaje en ella.

Y el tiempo pasó… y pasó… y pasó… y llegó un momento en el que tuvo la idea de que ya la mujer estaba recuperada, pero había quedado dormida como una bebé, apoyada en sus piernas. La cara de Florina se transformó en una mueca de preocupación: no se quería mover por temor a despertar a la muchacha, pero al mismo tiempo, no había olvidado que debía buscar a Huey, donde sea que estuviera el pegaso a esas alturas. Huey siempre volvía solo, pero… era un terreno desconocido, y algo podía haberle pasado. Sin embargo, no podía decir que estaba perdiendo el tiempo; quien había perdido el tiempo probablemente era la chica en su regazo, que probablemente estaba en cosas mucho más importantes y tuvo que detenerse a salvarla. Así que, estaba claro: No pensaba moverse de ahí hasta que ella solita despertara.

Fue mucho menos tiempo del que ella sintió que había pasado, pero por fin la muchacha abrió sus ojos verdes… cosa que Florina no notó, muy distraída jugando con la botella vacía de poción, hasta que sintió como muy panchamente la peliverde acomodaba su cabeza sobre sus piernas. Bajó la mirada, parpadeando lentamente. Iba a bajar la mano para poder sentir nuevamente la temperatura en la frente de la joven, pero ésta solita salió disparada de su cómoda posición, incorporándose de zopetón frente a la jinete. Una risilla nerviosa escapó de los labios de la pequeña, rascando levemente su cuello.

B-buen día —saludó también, sus mejillas sonrojándose levemente. Aún con una mano en su cuello, prosiguió— ¿Te… te sientes mejor? U-usé una poción para a-ayudarte… no sabía qué más hacer… d-disculpa si te molesta… —se disculpó, apenada. Se levantó como pudo, más tomando en cuenta que sus piernas estaban bastante entumecidas por haber estado en la misma posición de almohada más rato del que ella solía mantener, y ahí donde estaba se acercó leeentamente a la muchacha— Uhm… Gracias… p-por salvarme. Muchas gracias —dijo, haciendo una leve reverencia frente a la espadachina, que se veía muchísimo mejor ahora— Ah, yo… me llamo F-florina. Es un placer… Disculpa que hayas salido herida por mi culpa. No quería… no quería causar molestias —se excusó, pero sabía que luego de casi matar a la pobre muchacha, no era tan seguro que se fuera a tomar bien sus explicaciones.

Miro al suelo. Quería compensarle a la joven de cabellos verdes lo que le había hecho, pero… Ya había pasado mucho tiempo quieta sin buscar a su pegaso. Huey… ¡Era muy deshonroso perder a su pegaso! Y caer de él, aunque técnicamente no había caído montada de él, pero para ella era lo mismo. En tierras desconocidas, le tomaría tiempo buscarle, quizás ella misma se perdería en el proceso… pero era su deber. Tomó aire.

P-perdona, pero… debería irme… —se excusó, bajando nuevamente la mirada— Yo… mi pegaso se perdió cuando atacó el enjambre… Tengo que buscarlo… N-no soy de aquí y… bueno, eso se nota, ¿no? —se burló de sí misma, riendo quedamente, aunque igual muy avergonzada— El punto es… que no sé dónde está… o a qué se puede enfrentar. Y tengo que encontrarlo… A-así que… m-mucho gusto —estiró su mano hacia la espadachina—, pero tengo que irme…

Le sentía dejar a la joven así, pero era su deber como pegasus knight era estar al lado de su pegaso, y en ese momento no estaba cumpliendo su deber. Y no le gustaba no cumplir su deber. Era hora de aventurarse en esa tierra desconocida…
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Re: Sobreviviendo en tierras extranjeras. {Privado; Lyn}

Mensaje por Lyndis el Lun Oct 19, 2015 9:22 pm

El comportamiento de la chica le recordó a la nómada a los pequeños conejos de las praderas. Avanzaba con cuidado y delicadeza, midiendo cada pequeño saltito o frase que daba como si un depredador fuera a echársele encima... Era demasiado adorable para vivir a la intemperie, lo que hacía aun más misteriosa la presencia de la chica allí. Sin hablar del hecho que no había detectado su llegada al bosque hasta que escuchó los gritos ¡Y no era aquello una proesa menor en sus propias tierras!

-Ah... Gracias, hiciste bien y estoy totalmente agradecida por ello- contestó, con una sonrisa dulce, conteniendo el deseo de revolverle el pelo a la chica. -Y no tienes que disculparte, yo te ayude y tu a mi. No hay más de que hablar- sanjó el tema de la deuda y agradecimientos con un movimiento de mano. Sospechaba que si la dejaba, estarían intercambiando disculpas todo de lo que quedaba de las horas del día.

-Mi nombre es Lyn, el placer es mio Florina- respondió instintivamente, teniendo la sensación de que eso ya lo había hecho ¿O lo había soñado?

La mente de la joven de las llanuras quedó en blanco unos segundos al escuchar la excusa para irse de la extranjera. Tardó unos instantes en atar cabos, golpeando su puño contra su palma al comprender al fin todo. Claro ¡un pegaso! Eso explicaba todo.

Poniéndose en pie con rapidez, afianzando con fuerza de voluntad sus inestables piernas, tomó con en un agarre férreo el brazo de la joven antes que pudiera alejarse. Volteándola hacia ella, negó con la cabeza agitando su larga coleta en el proceso.

-Es claro que no conoces la llanura, su geografía y peligros, y siendo una jinete sin tu corcel es claro que tu capacidad de combate esta reducida a algo nulo- señalo luego a toda la indumentaria de la chica y prosiguió -Y a menos que seas un jinete que usa dagas, no creo que tengas tus armas encima ¿Planeas simplemente caminar sin rumbo a esperas que un silente, un bandido o cualquier depredador te alcance?- preguntó, en tono duro y regio, con la franqueza más pura de su sangre nómada.

Agitó la nuevamente su coleta de lado a lado, y endureció aun más la mirada -Tu vienes conmigo- su mano se desplazo hacia la cabeza de la chica, y le dio una caricia dulce, casi maternal para luego sonreir de forma tranquilizadora -Encontraremos a tu corcel, juntas-
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Re: Sobreviviendo en tierras extranjeras. {Privado; Lyn}

Mensaje por Invitado el Mar Nov 03, 2015 12:06 am

Y por cinco segundos, cuando Lyn (que así se llamaba la joven de cabello verde) le tomó con firmeza de su bracito, Florina sudó frío. Ay no, ¿sería que la joven se había dado cuenta de que le había hecho perder el tiempo y ahora la agarraría a golpes por su ineptitud? Aunque bueno, la chica la había tratado tan amablemente hasta el momento, no parecía ser de esas personas violentas… ¿¿Pero y si sí?? ¡Estaba tan arrepentida! ¿Qué podía hacer para compensarla? ¡Ah, claro! Sería su saco de boxeo. ¡Sí! ¡Que la golpeara y se desahogara con ella! ¡Total, era su culpa que casi hubiese muerto! No quería ser golpeada pero si eso era lo que su salvadora quería, que así fuera. Estaba dispuesta a auto sacrificarse y…

Ah, vale, no era eso. Jeje, suerte que no dijo nada en voz alta… No pudo si no bajar la mirada, sus mejillas sonrojándose de vergüenza ante las palabras de la nómada. Tenía toda la razón: La pequeña jinete no tenía ni la más mínima idea de dónde estaba o qué le depararía el destino. Si se lanzaba en una aventura para buscar a su pegaso, iba a ser completamente a ciegas y expuesta a todos los peligros que pudiesen esconderse en esas praderas. Y para colmo…

Ah… ¡Ay, no! —Se sintió la más tonta de la bolita del mundo. Todo ese tiempo, y apenas se venía dando cuenta de que no tenía su lanza. ¡Claro! Es que siempre la tenía colgando de Huey, y como siempre estaba con él… era en ese momento en el que se daba cuenta lo dependiende que era ella realmente de su pegaso, llegado al punto tal que dejaba en él todos los objetos de supervivencia básica por la costumbre de su cercanía. ¡Suerte tenía de haber tenido la poción para la espadachina en su alforja! Y la verdad, incluso con su lanza, probablemente le costaría mucho luchar sin su montura. Viera como lo viera, estaba perdida, a la merced de más avispas, fauna rabiosa, bandidos (que aparentemente abundaban por la zona), y… ¿silentes?

Así pues cuando, con tono severo, la nómada le insistió para ir juntas a buscar a la alada criatura, no pudo si no asentir quedamente, todavía avergonzada. No quería causarle más molestias a la joven, aunque en cierto modo esta no parecía sentirse molesta en lo absoluto con ella y de hecho querer ayudarla sinceramente… pero de todas formas, Florina sabía que tarde o temprano la chica quizás se cansaría de su ineptitud y de la cantidad de tiempo que le estaba haciendo perder, por lo que tenía que moverse rápido y encontrar a su corcel lo más rápido que pudiese. Con ayuda de Lyn, con suerte, sería mucho más rápido.

Sonrió tímidamente ante la caricia que recibió en su cabeza e, ipsofacto, empezó la búsqueda implacable. Ambas sobre la yegüa de la (quizás) mayor, emprendieron su cabalgata hacia donde sea que el pegaso de la pelivioleta estuviese.

Muchas gracias por ayudarme —agradeció, apenas y alzando la voz para que la joven que manejaba las riendas la escuchase—. Lamento estar causando tantas molestias… yo, uhm… es mi primera vez fuera de Ilia —comenzó a explicar, tratando de ser lo más elocuente posible, para no aburrir a su interlocutora—. Eh… L-la verdad no estoy muy segura de lo que hago… Perdí mi mapa, y no podía estar volando con Huey todo el día… ¡Ah! Uhm, Huey es mi pegaso —aclaró de una vez por todas. Luego de haber estado gritando su nombre todo ese rato, probablemente la sacaeana tendría al menos un poco de curiosidad por saber qué demonios era un Huey—. Bajamos a buscar provisiones y a descansar para poder seguir nuestro viaje, y… bueno… pasó lo que pasó…

Oh, sí. Florina era una chica sumamente elocuente. Pero la verdad, la muchacha de ojos verdes le inspiraba cierta confianza, y sentía que podía hablar de forma más distendida con ella. Era algo en ella, su forma de actuar, su aura tan amigable, el hecho de que la había salvado y casi había estirado la pata por su culpa y sin embargo la chica no se había molestado ni le había pedido nada a cambio… Se sentía inusualmente cómoda a su lado. Quizás la psicosis que tenía de que la joven en cualquier momento la echaría del caballo por su inutilidad no era tan cierta…

Luego de unos cuantos minutos de cabalgata por la pradera, escuchó voces. Gritos a la lejanía, de voces masculinas, bastante gruesas y toscas. No entendía mucho lo que decían, pero con la suerte que había tenido la pobre pegasus knight hasta ese momento, empezaba a hacerse a la idea. Ah, qué mala sueeeerteeee…

L-lyn… tengo un mal presentimiento… —Pero por supuesto, eso no evitó que de todas formas se acercasen a investigar lo que sucedía en el origen de los gritos.

Y, por supuesto, tal como se imaginaba, Huey estaba ahí.

¡AUGH! ¡¡Quítenmelo de encima, maldita sea!! ¡¡AGH, AUCH!! —exclamaba fúrico un hombre grande y fortachón, siendo aplastado vilmente por el pegaso de la pequeña jinete. Florina suspiró. A Huey le encantaba aterrizar encima de la gente… era todo un buscapleitos…
¡Sal de encima del jefe, pajarraco… uhm, caballo… en fin! —Como entre tres hombres, más delgados que su jefe (más sin embargo fibrosos y con las mismas pintas macarras) trataban de sacar al alado corcel de encima de éste, sin mayor éxito. Era digno de investigación el cuánto tiempo llevaba la criatura voladora pisoteando al hombre, lo suficientemente poco como para que sus subordinados no hubiesen sacado sus armas todavía.

Florina tragó saliva, nerviosa. Tenía que sacar al pegaso de ahí antes de que la situación, de momento inofensiva (al menos para él) terminase tan mal como probablemente podía terminar. Pero… inconscientemente retrocedió dos pasitos, juntando sus manos entre sí. Nunca había tenido una batalla de verdad… mucho menos peleado contra un hombre, y muchísimo menos contra cuatro. Sabía lo que tenía que hacer, pero temía demasiado el hacerlo… Aunque pensándolo bien, quizás no tendría que llegar a mayores. ¡Sí! Sólo tenía que tomar a su corcel, dar media vuelta e irse. No sería tan difícil. ¡Sí, no era mala idea… creía!

P-permiso —las caras de póker generales fueron un poema cuando, prácticamente salida de la nada, la pequeña guerrera tomó las riendas de su corcel—. Jeje, sí, vengo por mi pegaso, permiso… —y trató de huir por la tangente, pero en cuanto sintió una mano agarrando su antebrazo, supo que habrían problemas.

Bueno… ahí vamos.
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Re: Sobreviviendo en tierras extranjeras. {Privado; Lyn}

Mensaje por Lyndis el Mar Nov 03, 2015 8:11 am

Sus palabras parecieron pesar sobre la chica, aunque cobrando el resultado deseado y haciendola recapacitar sobre su situación actual. Parecía que hasta el momento ni había notado la perdida de su arma y el resto de sus posesiones a lomos de su corcel, sospechaba que de no decirselo quizás hasta hubiera continuado avanzando por las planicies, notandolo al fin cuando fuese demasiado tarde...

Tras una escala en el campamento de Lyn en el bosque para recuperar su silla de montar, espada y resto de sus posesiones, partieron a lomos de Madelyn en busca del pegaso mientras Florina le narraba lo sucedido. Lentamente fue uniendo la entrecortada historia, confirmando las cosas que ya había comprendido en el embrollo de conversaciones anteriores.

La jinete no parecía poseer el don de la palabra, ni ser la exploradora más capaz, pero era claro a sus ojos que luchaba día a día para mejorar eso ¡Y era incuestionable su valentía y decisión! El no dudar en dejar todo atrás para ir en busca de su montura, de su compañero, demostraba más de su corazón y entrega que cualquier palabra embellecida de un noble. Y eso Lyn lo valoraba.

{color=cadetblue]-Yo creo que has sido muy valiente al no rendirte a pesar de todo eso-[/color] comentó con una sonrisa maternal, volviendo a darle una caricia en la cabeza para calmarla. Era su primera exploración fuera por lo que dijo, solo necesitaba más experiencia y seguro terminaría siendo una guerrera imparable.

Pasaron cerca del panal de avispas, el cielo mostrando sus últimos rayos antes de ocultarse por el horizonte. No le fue difícil a la nómada identificar desde allí la dirección hacia la que Huey había huido, habiendo dejado un rastro claro de copas de arboles rotas en su frenesí por dejar atrás al enjambre de insectos (y a su jinete).

La noche se sumió sobre ellas prontamente mientras seguían el errante rastro. Una vez acabó el bosque, no tuvieron otra opción más que continuar cabalgando en la dirección aproximada, rogando que el corcel no haya decidido virar bruscamente a medio camino...

Los gritos les guiaron a la luz de una fogata en la lejanía, coincidiendo la nómada con Florina en que no auguraban nada bueno...

Cruzando la colina, tuvieron al fin visión del incidente que ocurría a escasos 100 metros de ellas: 4 hombres de apariencia lamentable y cubiertos en musculos atacando y siendo atacados por un caballo alado.

-Bandidos...- murmuró Lyn con un gruñido, cogiendo la funda de su espada con un agarre ferrero y rechinando sus dientes ¿Porque no lo había adivinado? Era claro que si el corcel no había vuelto por su dueña, algun motivo debía de haber para ello... Se insultó por dentro por no haberlo pensado antes y haber apurado el paso ¡Esos malditos la pagarían con sangre!

-Quedate aquí Florina, yo me encargo de... ¿Eh?- decidida, estaba a punto de lanzarse contra los desgraciados cuando notó como la chica ya se le había adelantado. Estaba en el rango de luz de la fogata tomando las riendas de Huey e intentando irse sin molestar a nadie. Desgraciadamente, aun siendo tontos como eran, los bandidos no dejarían ir así como así a una presa a la que ya habían puesto sus ojos, menos cuando venía con una muchacha de regalo.

Lyn no tuvo tiempo de considerar como, nuevamente, la jinete se había escabullido por su campo de visión sin ser detectada, lanzándose a la carrera y cubriendo con rapidez la distancia que le separaba del improvisado campamento enemigo. Sus pies volaban por sus queridas llanuras, y pronto se encontró junto a la chica, espada desenfundada y cubierta de la sangre del brazo que sujetaba a su amiga.

Si se habían sorprendido al ver a la jinete, más aun lo hicieron al llegar Lyn. El corte obligó al bandido a soltar a Florina, aferrando su extremidad cubierta en sangre y soltando un grito mientras intentaba parar la hemorragia. Una estocada en su pecho cortó los gritos y sumió nuevamente al grupo en silencio, pero uno bastante más violento que el anterior. La pelea era inevitable...

-Huye- ordenó Lyn a la jinete interponiendose entre esta y los bandidos, su instinto protector hablando por sobre la lógica que dictaba la diferencia numérica.
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Re: Sobreviviendo en tierras extranjeras. {Privado; Lyn}

Mensaje por Invitado el Jue Nov 05, 2015 12:36 am

La compañía de Lyn la mantuvo relativamente tranquila, pese a enfrentarse a una realidad que no hacía si no estresarle: Caía la noche, y todavía no había encontrado a su pegaso. Era algo que la ponía nerviosa y la torturaba internamente, pues una de las máximas de las pegasus knight (y algo bastante obvio incluso para quien no perteneciese a su profesión) era no perder de vista a su montura, y ella ya llevaba sus buenas horitas sin verle. Con suerte nadie más tendría que saber nunca de ese incidente, y podría mantener su (corto) historial como jinete limpio y reluciente.

Quizás fue por ello que, guiada por la necesidad de reunirse con la criatura alada a su autoría, no pensó del todo bien sus acciones. Pasando olímpicamente de la nómada, que obviamente estaba mucho más capacitada que ella para lidiar con vándalos como aquellos (no en vano estaban en sus tierras), tomó las riendas de Huey, totalmente dispuesta a huir elegantemente como si nada hubiera pasado; pese a que el corcel llevaba un rato entreteniéndose a pisotones con uno de los matones. Bien pensado, aunque no le habría extrañado en lo absoluto que el pegaso pisotease a aquel hombre por pleno entretenimiento, también era muy posible que aquellos bandidos hubiesen tratado de secuestrarle y éste se hubiera visto obligado a defenderse. Ella sabía muy bien el valor que un pegaso tenía en el mercado, más uno tan joven y bien cuidado como el suyo; y en Sacae, donde las majestuosas criaturas no se pasaban ni por casualidad… bueno, hubiese sido una estupidez de parte de los ladrones el no tratar de capturarlo.

Su mirada fija al frente y al suelo, evitando totalmente el contacto visual con los cuatro hombres, que por varios segundos se quedaron igual o más perplejos que la espadachina que estaba en la distancia. La perplejidad de los bandidos rápidamente pasó a hacer relaciones sencillas: tenían un pegaso, y ahora estaba una chica, la cual probablemente era su jinete. Sin necesidad de siquiera preguntarse por ella, la dueña del corcel alado había aparecido solita. ¡Era como servicio a domicilio!

¡Ah! —se quejó la pequeña jinete cuando su brazo fue agarrado con fuerza, siendo jaloneada hasta quedar cerca de su captor. Al contacto de su mirada con la mirada de éste, Florina se dio cuenta de lo muy, muuuy mala que había sido su idea.
¿Por qué tanta prisa, lindura? —En Ilia, cualquier hombre que le hubiese hablado así hubiese sido víctima de reclamos y bofetadas por parte de cualquiera que estuviese con ella en esos momentos. Ahí, donde estaba, no tenía muchas esperanzas de que eso pasara. Jaloneó por su parte para soltarse del agarre, pero de nada sirvió— Dos ventas sin esfuerzo, muchachos, ¡la suerte nos sonríe!
¿Y no podemos quedarnos con la chica? —preguntó otro de los bandidos— Es bonita, aún se puede vender bien si no está pura —Oh, eso no sonaba naaada bien. Sí, definitivamente había tenido una mala idea.
Es posible. Habrá que… —Pero, por suerte, no le dio chance de terminar su oración.

En tiempo récord, pues ni siquiera la vio llegar, Lyn apareció para salvarle nuevamente el pellejo: Realizando un corte en el brazo de su captor, consiguió que la jinete escapase del agarre del que antes era presa, tironeando con desesperación de las riendas del pegaso para alejarlo de los bandidos lo más rápido posible. ¡Ya era la tercera vez en el día que la espadachina la rescataba! Y ésta vez, cuando ésta clavó su espada con saña en quien antes la había atrapado, supo que esta vez SÍ las había metido en un problema grande, muy grande.

El enfrentamiento que se desataría en ese momento era tan obvio que, incluso recién llegada a la situación, la joven se habría dado cuenta de lo que pasaría a continuación. Tragó saliva, sus manos apretando con fuerza las riendas del corcel, temblando en demasía. Apenas acababa de salir de su hogar, y si bien había salido de Ilia para entrenar por su cuenta y convertirse en una buena pegasus knight, digna de unirse a las filas mercenarias de Ilia, nunca pensó que su primera batalla sería una batalla de verdad, contra malhechores de verdad, que la matarían tanto a ella como a Lyn y a su pegaso si les apetecía. Se enfrentaba a peligro muy real, y ello le asustaba, al punto que sus ojos empezaron a empañarse. Sentía que era demasiado, que se había metido de cabeza en algo que nunca habría podido manejar y que todo se le iría de las manos…

Pero cuando Lyn le dijo que huyera, reaccionó. Que… ¿¿Qué?? ¿Y dejarla sola ahí, cuando ELLA la había metido en ese embrollo? No. Por más que quisiera hacerse bolita y pretender que nada estaba pasando… no, simplemente no podía. Una lagrimilla solitaria rodó por su mejilla, y ni siquiera se preocupó en secarla. Tomando su lanza de entre las riendas de Huey, negó con la cabeza.

Lo siento, Lyn… yo te metí en esto. Al menos te ayudaré a resolverlo… —le dijo, con un tono bajo, más sin embargo decidido. No podía dejar las cosas así y dejarlas resolverse solas como hacía en Ilia, se había prometido que no lo haría más. Si esa debía ser su primera batalla… que así fuera.

Subió a su pegaso. Todo estaba en su lugar, incluida ella misma, por supuesto. Una leve exclamación y un golpecillo bastó para que su montura alzase vuelo, más no uno lo suficientemente elevado como para que resultara difícil comunicarse con la nómada o perder de vista a los bandidos. No estaba muy segura de qué hacer. No quería estorbar a la espadachina… sostuvo su lanza con fuerza, y se lanzó en picada hacia el bandido que vio más cercano, y aunque este definitivamente la esperaba, su arma ya bien agarrada, no pudo evitar la embestida que la joven le propició con su arma, impactando justamente en su brazo armado. Lyn debía tener mucha más experiencia que ella en ese tipo de… asuntos, seguro ella sabría qué hacer mucho mejor de lo que ella misma estaba haciendo.
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Re: Sobreviviendo en tierras extranjeras. {Privado; Lyn}

Mensaje por Lyndis el Jue Nov 05, 2015 8:10 am

Uno de los bandidos intentó pasar de largo de Lyn, pero el bronce de les espada de la nómada silbó surcando el aire y le hizo retroceder antes que la punta de su nariz saliera volando lejos del resto del cuerpo. Con eso lo dejó en claro: superioridad numérica o no, no pasarían de ella a menos que muriera.

Soltando insultos a todo su árbol genialogico, los bandidos se abalanzaron sobre ella. Escuchó la voz de Florina entre el barullo, pero no pudo identificar lo que decía. Mas del rabillo del ojo le vio montar en su pegaso y tomar vuelo. Suspiró aliviada, sabiendo que la chica ya estaba a salvo.

Sus pies se movían con rapidez, esquivando las hachas de los 3 bandidos con destreza. En circunstancias normales podría tener tiempo de contraatacar entre ataques, pero el arma del líder del pequeño grupo era particularmente rápida. Mientras los cortes de los otros dos cortaban la nada, el primero del jefe encontró la punta de su coleta acortandola. El segundo, rozó su muslo, reduciendo su movilidad y asegurándole a Lyn que el primer ataque no había sido de suerte. Era bueno.

Tomo a los 4 desprevenidos cuando como una flecha Florina embistió, lanza al frente, con fuerza a uno de los bandidos, hiriendo su brazo y desarmándolo. La sorpresa de la nómada fue más corta que la de los otros 3, aprovechando para cortar la garganta del otro esbirro mientras los gritos del dolor por el ataque de la jinete resonaban aun en el aire.

Una sonrisa despiadada cruzó el rostro de la sacae volviendo su mirada de nuevo hacia el jefe del grupo. Dos muertos, un incapacitado que dudaba pudiera blandir su arma muy pronto... Alzó su espada y tomo esta vez ella la iniciativa comenzando a intercambiar ataques con el bandido, comenzando las balanzas a inclinarse en favor de la chica.

Ya habría tiempo luego de agradecer debidamente a Florina. ¡Había sido impresionante!
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Re: Sobreviviendo en tierras extranjeras. {Privado; Lyn}

Mensaje por Invitado el Sáb Nov 07, 2015 2:02 pm

Retomó el vuelo tras su primer ataque, y bajó la mirada. Tan impactados habían quedado por la aparición aparentemente repentina de la jinete (¿De verdad era tan increíble que ella atacara a alguien?... … Ah, a quién engañaba, claro que sí), que la distracción causada sirvió a Lyn de móvil para cercenar el cuello de uno de los bandidos. Florina tuvo que luchar consigo misma para no desviar la mirada por el desagrado que le causaba aquella imagen. Ojos que no ven, corazón que no siente.

Dos malhechores abajo, uno (el que ella había atacado) tirado en el suelo, aparentemente inconsciente y de todas formas inutilizado debido al daño en su brazo de lucha… quedaba uno. Tal como había imaginado, Lyn gozaba de una soltura y rapidez dignas de admiración a la hora de batallar, no en vano se había deshecho de dos de aquel grupito ella sola (porque no contaba la poca cosa que había hecho como una ayuda significativa, qué va). La joven había empezado a batirse en duelo con el jefe de la banda, mas sin embargo, a ojos de la chica de violácea cabellera no pasó desapercibido el ligero corte que la muchacha presentaba en uno de sus muslos.

Claro, siendo el jefe, era natural que fuera más habilidoso que los otros tres. Sin preocuparse por los otros dos cadáveres o por el único que aparentemente seguía con vida, pues era imposible que lo hubiese matado con un ataque en el brazo, Florina se quedó pensativa volando alrededor de la escena. La pelea se veía bastante pareja, y aunque confiaba mucho en las habilidades de la nómada, sabía que ella probablemente tendría su límite y que, aunque su herida fuese leve, tarde o temprano se empezaría a cansar. Ella debía hacer algo para ayudar, pero…

Una idea pasó por su cabeza, mas le puso los pelos de punta.

Florina nunca había matado a nadie. Sinceramente, ni siquiera había herido de gravedad a nadie, más que a los muñecos de entrenamiento y diversos objetivos inanimados que ocupaban en los entrenamientos de pegasus knight en Ilia. El simple pensamiento de hacer algo que ella siempre había considerado cruel y barbárico con sus propias manos hacía que sus manos sudaran y su ceño se frunciese en preocupación. Sabía que en algún momento le tocaría, pero… ¿debía ser tan pronto? ¿Por qué todo debía pasar tan rápido? Sin embargo, ¿no era por ello por lo que había partido por su propio camino?

Temblaba ligeramente, la tensión de lo que estaba a punto de hacer a flor de piel en su pequeño ser. Detestaba la violencia en todas sus facetas… pero era algo necesario. No quería, pero debía. Y así sería, ya se podría arrepentir después.

Huey… no soy mala persona… ¿verdad? —preguntó, su tono de voz tan compungido como nunca antes lo había estado. Un leve relincho del animal fue la única respuesta— Ojalá no tuviera que ser así… —murmuró. Inhaló… y exhaló. Era ahora o nunca.

Lanzándose nuevamente de picada, asió su lanza con firmeza, sosteniendo con su otra mano las riendas del pegaso. Su enemigo estaba concentrado esquivado y devolviendo los ataques de la espadachina, y así debía permanecer. Bajando con rapidez, su corazón latiendo con fuerza y con ligeras gotitas asomándose por sus ojos, ni siquiera tuvo tiempo de arrepentirse de lo que estaba a punto de hacer.

Fue así como, con su fuerza y el impulso que llevaba por el vuelo, atravesó con su lanza al jefe de los bandidos.

Se hizo el silencio.

El labio inferior de la pequeña guerrera temblaba incontrolablemente, igual que la mano que sostenía su lanza. Aterrizó a su pegaso, y cerrando los ojos con fuerza, y ladeando la cabeza hacia un lado como si no quisiera ver, sacó su arma del cuerpo del hombre. Escuchó cómo el peso muerto caía al suelo, y abrió los ojos, el horror impregnado en sus pupilas. Respiró lo más profundo que pudo, intentando no conmocionarse… pero en cuanto volteó y vio el cadáver no hubo forma de controlarse.

Dejando caer su lanza al suelo, echó a llorar incontrolablemente. Escondió su rostro en sus manos, sollozando y murmurando cosas que ni ella misma entendía, al ahogarse sus palabras entre lágrimas y respiraciones entrecortadas. Había matado a alguien… había hecho algo horrible, y aquello podría haberse evitado de no haber sido por su culpa. ¿Qué podía pensar de sí misma al haber cometido tal atrocidad?
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Re: Sobreviviendo en tierras extranjeras. {Privado; Lyn}

Mensaje por Lyndis el Sáb Nov 14, 2015 6:01 pm

La sonrisa despiadada de la nómada pronto volvió a una expresión de concentración y preocupación a medida que el intercambio de ataques aumentaba. Su velocidad en incremento tras la caída del resto de sus oponentes comenzó a disminuir a pasos agigantados y no fue hasta notar el calor en su muslo que recordó la herida recibida allí. Nuevamente, había sido descuidada.

Sus estoques y cortes pronto pasaron a desvíos defensivos. Las aperturas en su guardia no pasaron desapercibidas por el bandido, quien aumento más y más la presión. Cualquier ventaja en la situación para Lyn había desaparecido por completo.

Pero como un fantasma su salvación llegó, como una flecha blanca en la noche acabando con su enemigo cuando parecía todo perdido. Tardó unos segundos en reaccionar, habiendo olvidado nuevamente la presencia y poderío de la jinete en el campo de batalla. Y por la mirada de incredulidad en el bandido mientras caía al suelo, él también.

El desconcierto pronto se transformó en regocijo en los labios de Lyn. No podía nunca evitar el placer de ver que esas escorias con piel de humano recibieran su merecido. Pero al voltear con la intensión de compartir su felicidad con la causa de su victoria, cualquier pizca de regocijo se alejó del rostro de la nómada.

Con rapidez redujo la distancia que le separaba de Florina y le envolvió en un abrazo, dejando que sus lagrimas se enjuagaran en su túnica. -Calma, ya todo pasó- le susurró, con aquel cariño maternal que aun le sorprendía saber tuviera en ella.

Se sentía... Sucia, culpable de arrastrar a alguien como Florina al campo de batalla. A SU campo de batalla, lleno de rencor y odio, venganza en pos de la justicia... Por eso prefería viajar sola... Era su carga a llevar y no la de otros.

Sosteniendo con firmeza a la chica contra su cuerpo, se incorporó y comenzó a alejarse lentamente del campamento. El olor a sangre en el aire tras la batalla no ayudaría a calmar los ánimos de la jinete. Aun si siendo miembro de aquella orden de caballería la muchacha debería de aprender a acostumbrarse a cosas así... El pensar en la Florina alegre y despistada le hacían querer que fuera tarde y no temprano que se hiciera normal para ella aquello. No era alguien nacida para el calor del combate, y eso era lo que hacía más loable el esfuerzo realizado en pos de su bienestar.

Había matado por ella. Por salvarla a Lyn... Y así había quedado... La culpa pesaba grandemente en sus hombros.

Tras largos minutos de caminata, llegó nuevamente a la colina donde había dejado a Madelyn y comenzó a armar campamento. Dejo por su cuenta a Florina, debía de tener aun muchas cosas que ordenar en su cabeza tras algo así. Ella aun recordaba la primera vez que el metal de su espada había probado sangre y... no había sido fácil.

¿En que momento había dejado de sentir repulsión por las vidas acabadas y se había reemplazado por felicidad? Nunca... pero ahora el sentimiento de justicia era mucho mayor que cualquier descontento que pudiera sentir al respecto.

Dejó que su mente se alejará de esos recuerdos, sumergiéndose en la tarea de prender la fogata y comenzar a preparar la comida para una cena caliente. Pronto sin darse cuenta comenzó a tararear, volviendo a ser la alegre y animada nómada de siempre.
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Re: Sobreviviendo en tierras extranjeras. {Privado; Lyn}

Mensaje por Invitado el Vie Nov 27, 2015 1:53 am

Ahogó sus sollozos en el hombro de la nómada, aferrándose a ella como si en eso se le fuera la vida, su llanto aumentando cada vez más, al punto en el que la jinete prácticamente gritaba de la pena. Y es que por más que intentaba no pensar en ello, en convencerse de que lo que había hecho era lo correcto y no podía haber sido de otra forma; su lado bueno, ese lado que consumía básicamente la totalidad de su moral, le reclamaba una y otra vez por haber cometido tal atrocidad. Pudo haberlo evitado de tantas formas: Estando pendiente de su pegaso, dejando que Lyn tomase cartas en el asunto por su cuenta sin inmiscuirse, no saliendo de Ilia en primer lugar…

Se dejó guiar por la guerrera, sosteniendo con fuerza las riendas de su alado corcel, secando cada cierto tiempo sus lágrimas y aceptando el consuelo de la peliverde. Poco más podía hacer, pues ahora se sentía la persona más horrible e inútil del universo entero. Entre más la peliverde le decía que todo estaba bien y que no había hecho algo malo, más pensaba la pequeña jinete que sólo lo decía para no hacerla sentir culpable del crimen atroz que había cometido. Era verdad que lo había hecho por defender a su amiga, pero… ella misma la había metido en ese embrollo, ¿era excusa acaso matar a alguien que había actuado como lo hizo debido a sus propias meteduras de pata? Ni siquiera era defensa propia, es decir… Incluso buscar algo para excusar la muerte de ese hombre a sus manos le parecía una grosería.

Caminaba mecánicamente, ni siquiera se daba cuenta de a donde la espadachina la estaba llevando, aunque ya llevaban su buen rato en ello. Si bien no oler más la sangre ajena ni ver los cuerpos fallecidos en el suelo la relajaba, no era suficiente como para sacarla del shock en el que se encontraba inmersa. Apenas y reaccionó al ver que Lyn se detenía junto a su corcel, sólo dándose cuenta de que allí acamparían cuando la joven empezó a armar por su cuenta el lugar donde acamparía. Aunque no le había dicho lo contrario, tampoco le había dicho que podía acampar con ella, por lo que dudosa optó por alejarse junto con su corcel; mas no mucho por si la chica requería de su ayuda… aunque bueno, ¿quién querría su ayuda?

Se echó en el pasto, soltando el agarre de Huey. Éste, por suerte, optó por echarse a su lado también, replegando sus alas en pos del descanso. Ella volteó a verle, y el equino le miró también. Acarició la cabeza del corcel cuando éste repegó su hocico a su mejilla. Si bien Huey era un pegaso bastante obstinado y la mitad del tiempo hacia lo que quería, ella sabía que se arrepentía de lo que había sucedido. No era su culpa por supuesto: por culpa de su propia torpeza el alado corcel pudo haber salido gravemente herida o hasta peor. Una pegasus knight debía velar por su montura incluso más que por sí misma, pues sin pegaso, ¿qué era ella entonces? No sólo era su medio de transporte y de batalla, si no su fiel compañero, debía protegerlo a toda costa… y no llevaba ni un día fuera de su hogar y lo había hecho bastante mal tratando de protegerle. Vaya jinete era…

Matar no la hacía una mejor guerrera. Sí: su objetivo como futura mercenaria de las pegasus knights de Ilia era convertirse en la mejor combatiente que pudiese llegar a ser, pues probablemente en eso se basarían sus mandatos, en asesinar la persona que le indicaran… pero, ¿era acaso mejor? ¿Era mejor matar por encargo a alguien que quizás no le había hecho nada a ella ni a lo suyos, que matar por defender a un ser querido? ¿Dar muerte a cualquiera tenía siquiera algún tipo de justificación?

Aunque era el negocio familia, pues sus hermanas se dedicaban también a ello, ella siempre había carecido de la convicción de la que ellas gozaban. Estaba segura que ellas nunca había tenido dudas y dilemas como los que ella ahora tenía, más sin embargo, la joven siempre había sido así: demasiado preocupada por el bienestar de los demás, incluso de aquellos a quienes no conocía. No quería desearle el mal a nadie, nadie merecía que pusieran fin a su vida de forma tan cruel, ¿pero qué sentido tenía pensar así, si a eso se dedicaba? ¿Sería que de verdad entrenar para ser mercenaria era lo suyo? ¿No sería mejor retirarse ahora que podía y no hacer daño a otras personas?

Pero no. Florina no había tomado ese camino sólo por el dinero, o por pertenecer al equipo al que sus hermanas pertenecían, no. Debía recordar por qué lo había hecho realmente: para proteger a los inocentes, a la gente de bien, a sus amigos, a su familia, a todo aquel que requiriese protección. Ella quería ser útil para los demás, ser un apoyo a tomar en cuenta, alguien con quien pudieran contar. Detestaba la violencia, pero en el mundo actual, ¿de verdad era posible llevar la fiesta en paz? Había tratado de llevarse a Huey tranquilamente y sin pelear y los bandidos no se lo habían permitido. Si las cosas debían acabar en violencia, ¿estaba mal que ella lo hiciera cuando era para proteger a los demás? ¿No era eso lo que ella quería en primer lugar?

Se reincorporó mucho rato después, cuando ya el aroma de la comida recién hecha llenaba el ambiente en la pradera. Lyn se veía como si nada, alegre y animada como si nada hubiese pasado hacía un rato. ¿Cómo lo hacía, se preguntaba la pelivioleta? Le daba curiosidad cuánto tiempo podría llevar la nómada batallando. No parecía ser mucho mayor que ella, más parecía tener muchísima más experiencia, al punto en el que ni siquiera le parecía afectar lo que había sucedido. Le parecía tan admirable como entrañable.

¿Cómo está tu pierna? —preguntó quedamente, sentándose al lado de la espadachina con cierta timidez. No sabía si podía hacerlo realmente, pero de momento no le había dicho lo contrario— Lamento no haber ayudado con la comida o con el campamento, yo... uhm, no sé si puedo estar aquí...

Pasaron algunos minutos antes de que pudiese reunir el valor para hacer su pregunta. Era algo personal, pero incluso una respuesta vana le serviría. Sólo necesitaba sacarse las dudas de su mente…

Lyn… ¿puedo preguntarte algo?... —Espero su afirmación para continuar— Yo… ¿cómo lo haces? Digo, para… para no sentirte culpable por… dañar a otra gente… no lo sé, yo, uhm… —rascó su mejilla con su dedo índice, mirando al suelo— Sé que trataban de hacernos daño, pero… ¿no te sientes mal por… tú sabes… lastimar así a otras personas? ¿No te sientes... algo culpable? —preguntó, y en su compungido tono de voz podía notarse el miedo y la sinceridad con la que formulaba su cuestión.
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Re: Sobreviviendo en tierras extranjeras. {Privado; Lyn}

Mensaje por Lyndis el Vie Nov 27, 2015 6:28 pm

Como tratando con una bestia, Lyn no volteó al escuchar sus pasos, dejando sus movimientos en aquellos mecánicos y simples de la preparación de la comida. Procuró no hacer nada súbito, por miedo de asustar a la joven tras tanto que había pasado aquel día.

La primer pregunta le agarró desprevenida, rozando con su cuchillo de cocina la yema de su dedo tentando a crearse una herida allí. Omitió la posible herida en su mano para redirigir su mirada hacia la sangrante herida de su muslo que señalaba la jinete y que estando en cuclillas había comenzado a crear un río carmesí en su pierna. Bueno, era más bien un arroyo pero no por eso daba menos fe de lo descuidada que había sido con la misma.

Tan meticulosa para algunas cosas, para dejar algo tan simple sin atender...  Comenzaba a ver un patrón en su vida.

Tratando de hacer caso omiso del rubor que plagaban sus mejillas, tomó un trapo y limpio pierna y herida para luego atarlo alrededor del corte. Era superficial, dejaría una cicatriz un par de semanas pero la piel terminaría creciendo sobre ella. Dura, firme y curtida, como la mayoría de la que cubría su cuerpo que tantas batallas ya había experimentado.

-Esta bien, gracias por preguntar, es una herida más molesta que grave- le aseguró, intentando mantener calmada su voz y no mostrar su desconcierto ante su propia torpeza.

La verdadera pregunta llegó después, pregunta que ya esperaba y, a su vez, temía desde que vio el estado de shock de la chica al acabar con la vida del bandido. Se tomó unos segundos para ordenar sus ideas, no era fácil expresar abiertamente algo que ya estaba tan arraigado en ella, no de una forma en que otra persona ajena a su situación entendiera.

-Nunca es del todo fácil- comenzó, con una sonrisa amarga. Le hubiera gustado decir lo contrario, pero los sacae no mentían, y no planeaba empezar aquella noche. -Prefiero nunca pensar mucho en el asunto, es... Una cuestión de tu vida o la suya, o peor aun la de alguien querido...- dejó su mirada perderse de los ojos de la chica hacia el cielo, rememorando aquella escena de su niñez que le había marcado y transformado en la persona que era hoy día.

-Solo dejo que mi instinto me guíe. Si siento que la única opción es solucionarlo con el filo de mi espada, que así sea. Una vez me decido a hacerlo no me arrepiento. Conozco las consecuencias de ello y estoy dispuesta a cargar con ellas.-

Volvió su mirada a la de Florina, con ojos compasivos y poniendo una mano sobre su cabeza. -Tu solo piensa en el motivo por el cual cargaste tu arma ¿Fue un motivo puro? ¿Justo? Si es así, hiciste lo correcto, y nadie puede decirte lo contrario-

Le costaba creer que aquella sonrisa y tonos maternales salían de sus labios. Pero lo hacían, y no dejaba de asombrarse de ello ¿Habría en alguna parte de Lyn algo más que la guerrera nómada en busca de venganza? Temía grandemente el encontrar la respuesta a eso...
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Re: Sobreviviendo en tierras extranjeras. {Privado; Lyn}

Mensaje por Invitado el Vie Dic 04, 2015 4:42 pm

Ver el camino sangrante que la obviamente no tratada herida de la nómada había dejado en su pierna hizo que la chica de violáceo cabello le mirara a los ojos, con una cara de póker que a los pocos segundos mostró un deje de preocupación. ¿No le dolía que no se había dado cuenta hasta ahora? No parecía muy profunda, pero no creía que fuese saludable simplemente dejarla así. Y aparte había estado a punto de cortarse el dedo… Quiso ofrecerle su ayuda para tratar la herida, pero en un periquete ya ella se la había tratado solita, por lo que se quedó quietecita en su lugar.

Pudo notar su gesto meditabundo, quizás un tanto preocupado, cuando escuchó su pregunta. Y la joven no pudo si no bajar su mirada al suelo nuevamente, pues estaba segura de que la pregunta seguro incomodaría o haría sentir mal a la espadachina, aunque en apariencia no pareciese sentir remordimientos al asesinar a otros. No era algo fácil de responder, a menos que fuese algún tipo de asesino serial y pudiese responder que lo hacía sólo por diversión; pero sobraba decir que no era el caso. En el tiempo que esperó se mantuvo mirando a sus manos, jugando con sus dedos, nerviosa de las palabras que pudiesen salir de boca de la guerrera.

Apenas alzó la cabeza cuando Lyn empezó a responderle, sus ojos bien puestos sobre ella, mas con un deje de duda a la vez que temor en sus ojos. Apretó los labios a medida que escuchaba en un gesto pesaroso, dándose cuenta de que, efectivamente, estaba haciendo sentir mal a la muchacha a medida que respondía a su pregunta. Quién sabe qué recuerdos dolorosos la estaba haciendo rememorar… sin embargo, asentía atentamente a sus palabras, bastante ciertas. De no haber sido por el instinto principal que tuvo, probablemente no habría hecho nada… y quizás eso habría llevado a un desenlace mucho peor para ellas dos. Venga, quizás ni siquiera estarían hablando en ese momento.

Una muy leve sonrisa se asomó en sus labios cuando la nómada posó una mano en su cabeza, aceptando el gesto con timidez; mas su mirada volvió al suelo al escuchar sus últimas palabras. Su motivo…

Lo había hecho para proteger a Lyn. No lo había hecho sólo por matar, ni siquiera por defenderse a sí misma… lo había hecho para proteger a su amiga. Sí, no debía llevar ni medio día de conocer a la muchacha, pero en el poco tiempo que habían pasado juntas, ya la sentía cercana, como si llevaran tiempo de conocerse. ¿Por qué sería? Era algo que la chica de las llanuras emanaba, que la hacía sentirse segura y en confianza… Ya era prácticamente un ser querido para ella… No se habría perdonado a sí misma que algo le hubiese pasado cuando ella podía evitarlo, más cuando casi la mata al principio del día con el incidente de las avispas. Suspiró.

Disculpa… Sé que es una pregunta un poco… uhm… fuerte —se disculpó, su mirada aún baja, jugando con sus manos—. Es sólo que… no lo sé. Cuando me enlisté en las filas de entrenamiento para ser parte de las mercenarias de Ilia, sabía que probablemente tendría que asesinar muchas persona en mi trabajo, pero… creo que nunca había caído en cuenta de que de verdad tendría que hacerlo. Lo sentía tan lejano, tan… tan ajeno a mí… —hablaba con voz muy queda, ahora con sus manos juntas sobre su pecho— Supongo que nunca pensé que realmente fuera capaz de hacerlo… hasta ahora. Incluso con la situación de los emergidos… Seguro muy pronto iba a tener que alzar mi lanza por el bien de mi pueblo de todas formas y… —suspiró de nuevo, pasando una mano por su rostro.

Alzó la mirada para ver a Lyn, una pequeña sonrisa, bastante resignada, adornando su rostro.

Supongo que es tonto… ¿verdad? Una aprendiz de jinete pegaso sufriendo porque mató a una persona… A veces pienso que quizás este no es el camino que debí haber seguido… —le confesó a la nómada, ahora abrazando sus piernas con sus brazos y apoyando su cabeza en sus rodillas, en una pose de pura resignación. No pensaba darse por vencida, pero… las cosas por las que pasaba hacían que a veces pensara que el universo trataba de mandare una señal. Igual y hubiese sido mejor clériga, o algo así.
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Re: Sobreviviendo en tierras extranjeras. {Privado; Lyn}

Mensaje por Lyndis el Sáb Dic 05, 2015 9:33 pm

-No tienes que disculparte- le aseguró, con tono maternal y una sonrisa a juego con el tono. Lo que experimentó no era fácil para nadie. Le sorprendía que no les prepararan para ello en los entrenamientos... ¡Era la parte más importante de un soldado!

Soltar gente que no esta preparada para matar... Era algo muy cruel. Incluso en la tribu más despiadada de Sacae acompaña un guerrero preparado a uno más joven en su primera experiencia en el campo.

Lyn había sido una excepción, pero estaba dispuesta a brindar la contención necesaria a la jinete en tal difícil primera experiencia. Era algo que le había sido negado ¡Y que los vientos de Hanon le arrasaran sino había sido difícil! Doloroso... Había salido más fuerte de aquello, sí, pero no había sido algo para nada fácil.

Prestó simplemente su oído mientras la chica se expresaba, dejando que soltará todo aquello que tenía apresado en su pecho. Mejor fuera que dentro.

Recién cuando le fue dirigida la palabra en forma directa sonrió, comprensiva, dando un golpesito suave con la yema de su dedo  en la frente de Florina.

-No es tonto. El querer vivir en paz sin dañar a nadie es un sentimiento noble, aunque inocente- le respondió, con total sinceridad, pero dejando en claro que no encontraba eso repulsivo ni ridículo. Era... adorable, en una forma que poco veía en su vida más plagada en muerte que en vida. Había sido obligada a dejar atrás esa parte inocente suya muy temprano en su vida, a aprender en la forma difícil.

Extendiendo su mano, la poso sobre el hombro de la chica y la obligó a inclinarse contra ella, su cabeza recostada sobre la ajena.

-No puedo decirte si este camino es el correcto o no... Es algo que solo tu puedes responder.- encontrar las palabras era complicado. Eran... cuestiones que se había planteado pero a las que había llegado a sus propias conclusiones. Nunca había hablado sobre ello con nadie, y mucho menos con alguien que necesitará consejo al respecto.

-Lo que si puedo decirte con seguridad es esto: me salvaste la vida contra esos bandidos, y siempre tendrás toda mi gratitud por ello y por haber decidido tomar una lanza y elegir ser una jinete.- Sonrió, de oreja a oreja, completamente agradecida por estar viva, en una pieza y solo con un corte sin importancia en su pierna. Tenía su gratitud, y su cariño de todo corazón.

-Gracias, Florina-
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Re: Sobreviviendo en tierras extranjeras. {Privado; Lyn}

Mensaje por Invitado el Lun Dic 07, 2015 6:04 pm

Bizcó los ojos cual niña, pestañeando un tanto confundida cuando el dedo índice de su interlocutora picó en toda la frente. Sacada por un momento de sus depresivas meditaciones, pues el movimiento la había tomado algo desprevenida, miró a los ojos a la joven de cabellos verdes.

Apreciaba que la nómada, aunque le tratase de animar, no dudaba en hablarle con la verdad. Sabía que sus actitudes pacifistas eran tontas, más aún en esos tiempos de guerra; pero hablaba con sinceridad al decir que prefería no tener que levantar su lanza en pos de herir a otras personas. Era simplemente algo que no podía evitar, el sentirse culpable por algo que en cierto modo iba en contra de sus principios. Había sido criada para convertirse en una jinete, sí, pero aunque sus hermanas no compartían aquel mismo pudor que ella tenía hacia el acabar la vida de otro ser humano, tampoco le habían inculcado el ser una asesina a sangre fría. En las filas de entrenamiento, sin embargo, se hablaba de que si el cliente así lo requería, poco importaba a quién tuviese que poner a dormir con tal de recibir monedas a cambio. Sobra decir que Florina nunca había aceptado ese tipo de mentalidad… pero sin embargo se había mantenido allí. Entre más lo pensaba, más consideraba que su futuro como jinete era más bien oscuro, que se había adentrado de lleno a un mundo al que no pertenecía, en el que nunca iba a encajar…

Se dejó inclinar hacia Lyn, recostando su cabeza en su hombro, no quejándose en lo absoluto porque la peliverde recostase su propia cabeza sobre la suya. Aunque abatida, la cercanía con la espadachina la hacía sentir al menos un poco mejor, al igual que sus palabras. Ella misma no podía decir en ese momento si de verdad estaba siguiendo el camino correcto, y se sentía temerosa de descubrir que estaba tomando la ruta equivocada cuando ya fuese muy tarde como para cambiar de opinión. ¿Habría sabido Lyn cuál era su camino correcto desde el principio? ¿Cómo lo habría hecho? ¿Habría sido fácil, difícil? Encontraba en la nómada una sabiduría que consideraba inusual para una chica que fácilmente podría tener su edad.

Deseaba poder ser tan fuerte como ella lo parecía, tan decidida como lo era, tan calmada y táctica a la hora del enfrentamiento, tan inteligente… Deseaba conocer su propio camino, así como ella ya parecía conocer el suyo propio.

No pudo evitar que una sonrisa pequeña, pero sincera, se asomase en su rostro ante las últimas palabras de la joven. Como pudo alzó la mirada, ahí encogida donde estaba, para poder ver los ojos verdes de su interlocutora, que brillaban vivazmente por sí solos, sin necesidad de los reflejos del fuego en éstos.

Aún no estaba segura de si estaba siguiendo el camino correcto… pero saber que la gente a la que ayudara en el proceso le agradecería haber tomado ese rumbo, la hacía sentir un poco menos insegura. Si podía hacer felices a los demás, quizás no estaba haciendo lo incorrecto.

Quizás seguir el camino de una jinete pegaso no era algo tan descabellado para alguien como ella.

Ay… Sniff*—se quejó de su propio llanto, al sentir las lágrimas rodar por sus mejillas por tercera vez en el día. Lyn pensaría que era una llorona… aunque no iba muy desencaminada— Disculpa… es que… sniff* estoy feliz… —murmuró, sonriendo como podía pese a estar llorando, recostándose y acomodándose más en el costado de la espadachina, mientras seguía desahogando la mezcla extraña de penas y alegrías que ahora le llenaban.

No fue si no rato después que la jovencita dejó de llorar, ya más tranquila de todo, evitando sobrepensar más las cosas. Bostezó ligeramente. No tenía sueño, pero luego de tantas emociones en un día sentía que no valía para nada más. Se separó levemente de su amiga, mirando el improvisado campamento que la nómada había armado… el cual constaba solamente de la fogata que usaban para calentarse. Uhmm…

Lyn… ¿dónde vamos a dormir? —preguntó, tímida pero sincera, pues no fue si no hasta ese momento que se dio cuenta que no había una tienda, ni bolsas de dormir, ni mantas, ni nada que pudiese contar como un sitio de descanso en condiciones.
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Re: Sobreviviendo en tierras extranjeras. {Privado; Lyn}

Mensaje por Lyndis el Lun Dic 07, 2015 8:10 pm

Se mantuvo en silencio, dándole su apoyo mientras la jinete se desahogaba nuevamente, dejaba fluir sus penas ¿Cuantas lagrimas había dejado correr ella sin ser vista por nadie? ¿Cuanto había anhelado tener alguien en quien contar aquel duro primer año?

Podía gracias a eso comprenderla, darle la contención que le había sido negada por el destino que le había tocado. No, no era el destino, era la crueldad e injusticia de unos pocos. Dudaba hubiera un plan mayor basado en hacer sufrir a la gente. Los hombres provocaban las penas, no los dioses o poderes ocultos y mayores.

Frotó con su brazo el hombro ajeno, las palabras trabadas en su garganta para expresar la alegría de saber que ya estaba mejor. Los retos para Florina por disculparse nuevamente tendrían que esperar para cuando pudiera recuperar la posibilidad del habla.

Tras un tiempo incierto, la extranjera rompió el abrazo. Lyn le dedicó una sonrisa, y volvió a dirigirse junto a los preparativos de la cena, que habían quedado a medio realizar con todo aquello. Prepararía algo rápido y...

La pregunta de su nueva amiga volvió a descolocarle, completamente. Una expresión de total confusión en su cara, intentando comprender a lo que se refería.

-Dormiremos aquí- confirmó, señalando el suelo. Seguía sin comprender el motivo exacto de la pregunta.

Era una jinete pegaso la chica, presumía tendría lo suficiente para dormir a la intemperie como ella, de una forma u otra...

Un sudor frío recorrió su espalda... Era así ¿cierto?
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Re: Sobreviviendo en tierras extranjeras. {Privado; Lyn}

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